{"id":29206,"date":"2021-05-03T22:00:00","date_gmt":"2021-05-03T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-05-03T22:00:00","modified_gmt":"2021-05-03T22:00:00","slug":"los-ojos-de-mi-vecina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/los-ojos-de-mi-vecina\/","title":{"rendered":"Los ojos de mi vecina"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"29206\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Su nombre era Ana. Era todo lo que sab&iacute;a de ella hasta ese d&iacute;a en que realmente nos conocimos. Eso y que ten&iacute;a los ojos color avellana m&aacute;s hermosos que me hubiera tocado conocer, una figura esbelta, que se lograba apreciar a trav&eacute;s de su ropa sencilla y holgada; piel blanca y cabello casta&ntilde;o claro a la altura del hombro y una sonrisa hermosa que rara vez sacaba a pasear. Deb&iacute;a tener no m&aacute;s de 35 y no menos de 27 a&ntilde;os y hasta donde yo sab&iacute;a, no ten&iacute;a hijos, al menos viviendo con ella. Hab&iacute;a coincidido unas tres o cuatro veces con ella y su marido en el pasillo de los departamentos donde viv&iacute;amos. Ellos se hab&iacute;an mudado hac&iacute;a unos 5 meses apenas y yo llevaba a&ntilde;o y medio, desde mi divorcio, en el departamento de al lado, en el cuarto piso del edificio.<\/p>\n<p>Sab&iacute;a su nombre porque su esposo le hab&iacute;a llamado para apurarla a que saliera en una de las ocasiones que hab&iacute;amos coincidido, con gesto de frustraci&oacute;n. Ella, con la vista baja, hab&iacute;a obedecido, sin mirar apenas a verme.<\/p>\n<p>El cuarto piso ten&iacute;a cuatro departamentos, uno de ellos desocupados, otro semi-habitado por un ejecutivo de una empresa local que lo utilizaba como su discreto nidito de amor, el que ocupaban Ana y su esposo y finalmente el m&iacute;o.<\/p>\n<p>Mi nombre es Rub&eacute;n y la historia que les voy a contar tiene que ver con Ana y la manera en que nos conocimos e hicimos amigos, pero antes debo platicarles un poco de m&iacute;.<\/p>\n<p>Mi ex esposa y yo ten&iacute;amos muy claro desde hac&iacute;a varios a&ntilde;os que lo nuestro no ten&iacute;a ning&uacute;n futuro. Era simplemente una relaci&oacute;n cuyo &uacute;nico v&iacute;nculo a trav&eacute;s de los a&ntilde;os, era nuestro hijo Eduardo al cual tuvimos cuando ambos &eacute;ramos muy j&oacute;venes. Demasiado j&oacute;venes para saber en la que nos met&iacute;amos. La rutina nos fue agotando y al final continuamos juntos solo para darle un hogar estable a Eduardo. Cuando &eacute;l se march&oacute; a la Universidad al otro lado del pa&iacute;s, supimos que era el momento para poder separarnos sin que hubiera un encono de por medio. Acordamos los t&eacute;rminos de la pensi&oacute;n, la dej&eacute; vivir en nuestra casa y me mud&eacute; a este departamento donde ahora vivo.<\/p>\n<p>No he tenido una relaci&oacute;n seria desde entonces. No estoy listo para dejar ir mi libertad todav&iacute;a, aunque no he cerrado la puerta a una nueva oportunidad a mis cuarenta a&ntilde;os, tal vez despu&eacute;s, pero no ahora. Mientras la gente normal mojaba sus ganas en el caf&eacute; o tomando lo ocasional copa y las aventuras de una noche, yo me conformaba con leer y escribir algunos relatos er&oacute;ticos, algunos pasables, otros no tanto pero era lo que hab&iacute;a y de alguna manera, mi trabajo como consultar y entrenador en l&iacute;nea, me daba para vivir bien y mantenerme ocupado.<\/p>\n<p>No les voy a mentir, no soy un adonis, ni tengo una herramienta de 20 cm en todo su esplendor. Ni siquiera s&eacute; cu&aacute;nto mide y no me interesa saberlo, pero estoy seguro que no se acerca ni por mucho a esos terrenos. Creo que soy de tama&ntilde;o normal y no estoy esperando que me llame una productora de material pornogr&aacute;fico en un futuro cercano. Por lo dem&aacute;s, me mantengo en forma, mido 1.70 m, soy de complexi&oacute;n media, blanco de pelo caf&eacute; claro con un ligero aire intelectual. B&aacute;sicamente en eso se resume mi vida y lo que le rodea.<\/p>\n<p>Esa ma&ntilde;ana me levant&eacute; temprano aunque no ten&iacute;a ninguna clase agendada. Pas&eacute; por la cocina y me recibi&oacute; el agradable olor del caf&eacute; reci&eacute;n hecho por mi cafetera programada. Pens&eacute; llenar una taza pero decid&iacute; darme un regaderazo primero ya que el incipiente calor del d&iacute;a lo demandaba. La temperatura del agua estaba en su punto y estaba disfrut&aacute;ndola m&aacute;s tiempo del habitual cuando son&oacute; el timbre de la puerta. Supuse que ser&iacute;a alg&uacute;n mensajero con un paquete o correspondencia, aunque no esperaba nada urgente por lo que decid&iacute; seguir disfrutando del agua tranquilamente, cuando volv&iacute; a escuchar el sonido del timbre, esta vez con demasiadas repeticiones. Mascullando maldiciones de grueso calibre, me sal&iacute; y me puse la bata de ba&ntilde;o encima sin alcanzar a secarme el pelo y me puse las sandalias mientras gritaba que iba en un momento.<\/p>\n<p>Con gesto hosco, abr&iacute; la puerta esperando ver al mensajero cuando me top&eacute; cara a cara con mi atribulada vecina, Ana. Llevaba un holgado short blanco y una camiseta deportiva de esas que se usan para andar c&oacute;modamente por la casa. Me qued&eacute; boquiabierto sin saber qu&eacute; decir hasta que ella rompi&oacute; el silencio.<\/p>\n<p>&#8211; Vecino, disculpe que lo moleste, pero tengo una urgencia y necesito de su ayuda, por favor. &ndash; Me implor&oacute; poniendo una mirada de angustia en sus bellos ojos color avellana.<\/p>\n<p>&#8211; D&iacute;game vecina. &iquest;Qu&eacute; se le ofrece? &#8211; atin&eacute; a decir apenas repuesto de la sorpresa de verla ah&iacute; a mi puerta despu&eacute;s de cinco meses de no dirigirnos la palabra siquiera.<\/p>\n<p>&#8211; Tengo una fuga de agua en mi cocina y estoy intentando llamar a un plomero pero no quiero que se me vaya a inundar toda la casa&hellip; se est&aacute; mojando la alfombra&hellip; &#8211; En este punto se le quebr&oacute; la voz y sin m&aacute;s, la tom&eacute; del brazo y nos dirigimos a su casa. &ndash; Mi marido est&aacute; fuera de casa en un viaje de negocios y regresa hasta la pr&oacute;xima semana. &ndash; Me aclar&oacute; sin que yo le hubiera pedido una explicaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; No se preocupe, vecina. Ahorita lo arreglamos. &ndash; Le dije mientras entrabamos a su departamento y ve&iacute;a el enorme charco que se estaba empezando a formar, brotando por debajo del fregadero.<\/p>\n<p>&#8211; Muchas gracias. &ndash; Me dijo todav&iacute;a con ese aire de angustia. Me met&iacute; bajo el fregadero tratando de mantener mi bata cerrada mientras giraba las manijas del agua fr&iacute;a y la caliente tambi&eacute;n pero el chorro segu&iacute;a manando con la misma intensidad.<\/p>\n<p>&#8211; Supongo que todos los departamentos son iguales as&iacute; que voy a buscar y cerrar la llave maestra, &#8211; le dije. Al hacer esto, me levant&eacute; y me dirig&iacute; al cuarto de servicio donde, efectivamente, ten&iacute;an una llave maestra para el agua, similar a la de mi departamento. Esta vez la cerr&eacute; de igual forma y el flujo del agua par&oacute; finalmente.<\/p>\n<p>La cara de Ana se ilumin&oacute; mostrando esa hermosa sonrisa que s&oacute;lo me hab&iacute;a tocado ver en una ocasi&oacute;n anterior. El estropicio no hab&iacute;a sido tan severo despu&eacute;s de todo y el agua solo hab&iacute;a mojado el borde la alfombra aunque el piso de la cocina parec&iacute;a un peque&ntilde;o chapoteadero. Ana cogi&oacute; su celular e intent&oacute; marcar un n&uacute;mero. &ldquo;El plomero&rdquo; musit&oacute; apenas, explic&aacute;ndome el motivo de su llamada. Yo asent&iacute; en silencio, d&aacute;ndome por fin cuenta del aspecto que ten&iacute;a, solo con mi bata de ba&ntilde;o y mis sandalias en aquella casa extra&ntilde;a.<\/p>\n<p>&#8211; No me contestan. &ndash; dijo Ana finalmente y colg&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Si gusta le puedo ayudar a encontrar un plomero en un momento. S&oacute;lo necesito ir a vestirme y&hellip;<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Bueno? &ndash; Me interrumpi&oacute; Ana al recibir una llamada en su celular. &ndash; Si. Yo estaba llamando hace un momento. Me urge que me vengan a arreglar una fuga en la tuber&iacute;a de agua&hellip;<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de un momento de silencio en que escuchaba a la voz al otro lado de la l&iacute;nea, contest&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; No, dos horas es mucho tiempo. Por favor, necesito que vengan lo antes posible. No puedo estar as&iacute; con la cocina en esas condiciones&hellip; &#8211; &iquest;45 minutos? Est&aacute; bien. Aqu&iacute; lo espero. Le mando la direcci&oacute;n por mensaje. Gracias. &ndash; Termin&oacute; la llamada.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, parece que ya tiene todo resuelto&hellip; &#8211; Dije con la noci&oacute;n de que mi tarea ah&iacute; estaba concluida.<\/p>\n<p>&#8211; Much&iacute;simas gracias, vecino. No s&eacute; qu&eacute; hubiera hecho sin usted.<\/p>\n<p>&#8211; No hay de qu&eacute;. Para eso estamos, para apoyarnos entre nosotros&hellip;<\/p>\n<p>Ana me interrumpi&oacute; diciendo.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Le podr&iacute;a pedir un nuevo favor, si puede hacerlo? &#8211; Me dedic&oacute; esa mirada compungida que tan buenos resultados le hab&iacute;a dado cuando me sac&oacute; apresuradamente de mi departamento.<\/p>\n<p>&#8211; D&iacute;game&hellip; &#8211; Contest&eacute; sin saber exactamente de qu&eacute; se trataba todo aquello.<\/p>\n<p>&#8211; Es que, bueno&hellip; tuve una mala experiencia con un plomero en una ocasi&oacute;n y la verdad me da temor quedarme a solas con &eacute;l. S&eacute; que es absurdo y entiendo si no&hellip;<\/p>\n<p>&#8211; Est&aacute; bien, no se preocupe, le acompa&ntilde;ar&eacute; con gusto pero necesito ir a cambiarme primero. &ndash; Dije mostr&aacute;ndole mi escasa indumentaria. &ndash; Ella sonri&oacute; de nueva cuenta.<\/p>\n<p>&#8211; Claro, s&iacute;. No hay problema. El plomero dijo que llegaba en 45 minutos. Muchas gracias vecino. A prop&oacute;sito, mi nombre es Ana.<\/p>\n<p>&#8211; Lo s&eacute;. &ndash; Dije sonriendo. &ndash; Mi nombre es Rub&eacute;n. Mucho gusto.<\/p>\n<p>Sal&iacute; de su departamento y me dediqu&eacute; a preparar mi caf&eacute;, prepar&eacute; un par de panes tostados con mermelada y me vest&iacute; r&aacute;pidamente con un pants deportivo y una camisa del mismo tipo, y unos tenis. Nada formal para aquella ocasi&oacute;n tan peculiar.<\/p>\n<p>Cuando regres&eacute; al departamento de Ana, cuarenta y cinco minutos despu&eacute;s, el plomero a&uacute;n no hab&iacute;a llegado. No me sorprendi&oacute; en absoluto pero no hice ning&uacute;n comentario al respecto. Ana me ofreci&oacute; un refresco y lo declin&eacute; amablemente. De pronto se form&oacute; un espeso silencio entre ambos ya que nuestro tema de conversaci&oacute;n solo pod&iacute;a girar en torno al desperfecto del fregadero y as&iacute; ah&iacute; me dirig&iacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Tal vez sea conveniente que vea d&oacute;nde est&aacute; la fuga para que no le vaya a querer estafar el plomero, &iquest;no cree?<\/p>\n<p>&#8211; Si. Creo que es una buena idea. &ndash; Dijo Ana sigui&eacute;ndome.<\/p>\n<p>Me volv&iacute; a colocar debajo del fregadero, esta vez sin preocuparme de mi pudor ya que mi pants y mi camisa me cubr&iacute;an perfectamente. Ana se acerc&oacute; a m&iacute; y se agach&oacute; para ver el lugar donde estaba tratando de localizar la fuga, despu&eacute;s de un rato se cans&oacute; de esa posici&oacute;n y se enderez&oacute; sin moverse del mismo lugar.<\/p>\n<p>&#8211; Estoy viendo que la tuber&iacute;a despu&eacute;s de las llaves est&aacute; seca as&iacute; que tuvo que ser en la parte pegada a la pared. &ndash; Le dije mientras exploraba esa zona con mis dedos para buscar evidencia de la humedad. Al voltear a verla, me encontr&eacute; con sus esbeltas y bien torneadas piernas, frente a m&iacute;. Asom&eacute; un poco m&aacute;s la cabeza y vi el inicio de sus shorts blancos donde se alcanzaba a mirar el contorno de unas braguitas de color azul cielo. Al parecer, ella no se hab&iacute;a percatado que me estaba dando una visi&oacute;n privilegiada de sus piernas y la zona VIP. Segu&iacute; hablando para no levantar sospechas mientras deleitaba mi pupila con aquel inesperado regalo. &ndash; Ac&aacute; si se siente la humedad y hasta est&aacute; cayendo una gota todav&iacute;a. &ndash; Dije sin abandonar mi posici&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Ser&aacute; mucho el da&ntilde;o? &iquest;Cree que se vaya a tardar mucho?<\/p>\n<p>&#8211; Depende de qu&eacute; tan da&ntilde;ado est&eacute; el tramo de tuber&iacute;a. Si tiene que remplazarlo por completo&hellip;<\/p>\n<p>Me detuve un momento al girar mi cabeza y ver un poco m&aacute;s all&aacute; en el reflejo del horno de la estufa. Ana, sin el temor de ser descubierta, miraba el bulto que se empezaba a formar en mi entrepierna ante el panorama que me ofrec&iacute;a. Ambos est&aacute;bamos dando un espect&aacute;culo ajeno a los ojos del otro, aunque ahora yo llevaba la ventaja gracias al fortuito reflejo del vidrio opaco del horno. Sentirme observado de esa manera increment&oacute; mi excitaci&oacute;n y la tela el&aacute;stica de mi prenda dio muestra de ello. Aunque la visi&oacute;n reflejada en el vidrio del horno no era perfecta, me pareci&oacute; que Ana llevaba su mano derecha a su seno y se lo estrujaba con nerviosismo.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Entonces si es algo grave? &ndash; Pregunt&oacute; llenando el s&uacute;bito silencio que se hab&iacute;a formado entre nosotros.<\/p>\n<p>&#8211; No lo creo. Es relativamente sencillo, solo que yo no tengo las herramientas para soldar pero debe ser un trabajo f&aacute;cil. D&eacute;jame ver si alcanzo a ver m&aacute;s da&ntilde;o. &ndash; Dije para ganar un poco m&aacute;s de tiempo ante aquella visi&oacute;n. Me di cuenta vagamente que la hab&iacute;a tuteado y a ella no pareci&oacute; importarle demasiado.<\/p>\n<p>&#8211; Est&aacute; bien. Creo que ya se est&aacute; tardando este se&ntilde;or. &ndash; Me pareci&oacute; percibir un sobresalto en su voz y not&eacute; que su mano vagaba de su cuello a sus senos, sin saber que estaba siendo observada por m&iacute;. En un arrebato, decid&iacute; subir un poco m&aacute;s la temperatura y me extend&iacute; hacia adentro con la guisa de alcanzar a tocar la pared y la parte m&aacute;s alejada de la tuber&iacute;a, teniendo buen cuidado de que mi camisa se levantara del pants, exponiendo mi vientre ante su mirada de forma que pareciera un movimiento casual sin ninguna doble intenci&oacute;n. Pude notar que Ana se movi&oacute; un poco inquieta y su pierna girada me ofreci&oacute; una vista un poco m&aacute;s amplia de sus braguitas azules casi al punto donde se hubiera apreciado el pliegue de su vagina. No corr&iacute; con tanta suerte pero con lo que ve&iacute;a me bastaba para hacer de aquel un momento bastante er&oacute;tico.<\/p>\n<p>&#8211; Rub&eacute;n, necesitas que te ayude con&hellip;<\/p>\n<p>La pregunta qued&oacute; en el aire porque justo en ese momento tocaron el timbre de la puerta. Ana se alej&oacute; de ah&iacute; para abrir la puerta y encontr&oacute; al inoportuno plomero que hab&iacute;a llegado finalmente a romper ese m&aacute;gico momento entre ambos. De mala gana, me levant&eacute; del fregadero y le expliqu&eacute; al muchacho moreno y delgado que se identific&oacute; como el plomero, lo que hab&iacute;a descubierto acerca de la fuga. Obviamente, mi otro descubrimiento me lo guard&eacute; para m&iacute;.<\/p>\n<p>Una vez que el plomero se hubiera puesto a trabajar, le acept&eacute; el refresco que me hab&iacute;a vuelto a ofrecer y platicamos un poco acerca de nosotros. Le platiqu&eacute; brevemente de mi divorcio, de mi hijo en la Universidad, de mi l&iacute;nea de trabajo y alguna que otra cosa no demasiado trascendental. Ella a su vez, me coment&oacute; que ten&iacute;a 6 a&ntilde;os de casada, no ten&iacute;an hijos a&uacute;n, se hab&iacute;an movido a la ciudad hac&iacute;a apenas seis meses gracias a una oportunidad laboral que se le hab&iacute;a presentado a su esposo pero que a&uacute;n ten&iacute;a que ir de forma regular a liderar un proyecto que hab&iacute;a quedado inconcluso en su otra plaza. Entre pl&aacute;tica y pl&aacute;tica, la observ&eacute; con mayor detenimiento, sus bonitos ojos, la piel clara que hac&iacute;a un contraste muy bello con su cabello oscuro, su figura delgada pero bien torneada que se lograba apreciar a trav&eacute;s de esa ropa tan casual. Era una mujer bonita sin llegar a ser demasiado bella, y sonre&iacute;a con los ojos cuando se daba la oportunidad.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Te puedo preguntar algo? &ndash; Le dije, ya salvado el escollo del tuteo entre ambos.<\/p>\n<p>&#8211; Dime, si puedo te contestar&eacute;. &ndash; Me contest&oacute; sonriente a&uacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Cu&aacute;l fue esa experiencia que tuviste con aquel plomero? &ndash; Dije bajando la voz y volteando a ver hacia la cocina a sabiendas de que el plomero no nos pod&iacute;a escuchar ac&aacute; en la sala donde nos hall&aacute;bamos.<\/p>\n<p>Ana titube&oacute; un poco y su cara reflej&oacute; el disgusto que le provocaba aquella imagen que se present&oacute; en su mente.<\/p>\n<p>&#8211; Hmm, fue algo muy desagradable para m&iacute;. Hace tres a&ntilde;os, ya estaba casada&hellip;<\/p>\n<p>&#8211; Si te incomoda, no tienes qu&eacute; platicarlo. Descuida.<\/p>\n<p>La mujer dud&oacute; por un breve instante y al final decidi&oacute; continuar.<\/p>\n<p>&#8211; Era una situaci&oacute;n similar. Ten&iacute;amos una fuga en la regadera que goteaba d&iacute;a y noche. Era desquiciante porque el tic-tac-toc era constante. Mi esposo me dijo que llamara a un plomero porque &eacute;l estaba muy ocupado as&iacute; que lo hice. El se&ntilde;or se dedic&oacute; a hacer su trabajo, muy serio y todo. Nada fuera de lo normal.<\/p>\n<p>&#8211; Y luego &iquest;qu&eacute; pas&oacute;? &ndash; Inquir&iacute; intrigado por el rumbo de aquella historia y temiendo lo peor.<\/p>\n<p>&#8211; Cuando termin&oacute; de arreglar todo y le pagu&eacute;, me pidi&oacute; que si pod&iacute;a utilizar mi ba&ntilde;o y yo acced&iacute;. Pasaron los minutos y aquel se&ntilde;or no sal&iacute;a. Lo llam&eacute; un par de veces sin respuesta y me asust&eacute; que le hubiera pasado algo dentro del ba&ntilde;o. Despu&eacute;s de la segunda vez que le llamaba decid&iacute; abrir la puerta&hellip; &#8211; Ana hizo un moh&iacute;n de disgusto al llegar a esta parte de la historia.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;En serio? Y &iquest;qu&eacute; viste?<\/p>\n<p>&#8211; El se&ntilde;or estaba de pie frente al sanitario, masturb&aacute;ndose&hellip;<\/p>\n<p>&#8211; Qu&eacute; barbaridad, no lo puedo creer. &ndash; le interrump&iacute; pero inmediatamente me di cuenta que a&uacute;n no terminaba la historia. Le dej&eacute; continuar.<\/p>\n<p>&#8211; Y ten&iacute;a unas braguitas m&iacute;as en su rostro mientras se masturbaba con los ojos cerrados. Hab&iacute;a hurgado en el cesto de ropa sucia y se estaba excitando con el olor de mi ropa interior. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; diablos crees que est&aacute;s haciendo?&rdquo; le grit&eacute; muy molesta.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Y &eacute;l qu&eacute; hizo?<\/p>\n<p>&#8211; Abri&oacute; sus ojos espantado y volte&oacute; a verme justo en el momento en que empez&oacute; a eyacular. Cuando se gir&oacute;, en vez de que su corrida cayera en el sanitario, se esparci&oacute; por el espejo, por el lavabo y a&uacute;n unas gotas cayeron en mi cara. Me acuerdo y me da un asco, todav&iacute;a a veces siento la mejilla mojada&hellip;<\/p>\n<p>&#8211; Lo siento. &ndash; Dije sin poder dejar de sonre&iacute;r internamente ante la imagen que se mostraba en mi mente. Tuve el buen tino de no dejar que esa sonrisa se manifestara en mi rostro y puse la cara compungida m&aacute;s cre&iacute;ble que pude encontrar en mi repertorio. Con eso fue suficiente para no regalarla.<\/p>\n<p>&#8211; El se&ntilde;or se disculp&oacute; tratando de darme mis bragas de vuelta y yo le dije que saliera inmediatamente de mi casa. Apenas se subi&oacute; los pantalones y sali&oacute; como exhalaci&oacute;n sec&aacute;ndose las manos contra el pantal&oacute;n. Me qued&eacute; rabiando mientras trataba de limpiar el lavabo y el espejo antes de que llegara mi marido&hellip;<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Quieres decir que &eacute;l no sabe nada de esto? &ndash; Pregunt&eacute;<\/p>\n<p>&#8211; No, no lo sabe, solo el plomero, que por supuesto jam&aacute;s regres&oacute;, yo, y ahora t&uacute;. As&iacute; que cuento con tu discreci&oacute;n. Mi esposo es muy celoso y a veces no reacciona bien ante estas situaciones.<\/p>\n<p>&#8211; Pierde cuidado, ser&aacute; nuestro secreto. &ndash; Dije gui&ntilde;&aacute;ndole un ojo.<\/p>\n<p>&#8211; Gracias Rub&eacute;n. Gracias por todo. &ndash; Me dijo tomando mi mano con un gesto de gratitud sincera. Record&eacute; que esa misma mano estaba acariciando sus senos antes de que llegara el joven plomero y me estremec&iacute; por dentro. Siempre he tenido debilidad por las mujeres casadas, pero eso es tema para otra historia.<\/p>\n<p>&#8211; No tienes nada qu&eacute; agradecer, Ana. Ha sido un placer hacerte compa&ntilde;&iacute;a en lo que termina el trabajo&hellip;<\/p>\n<p>Como si lo hubi&eacute;ramos conjurado, el plomero se acerc&oacute; a nosotros y le comunic&oacute; que ya hab&iacute;a quedado reparada la tuber&iacute;a. Volte&oacute; a verme para decirme el costo de la reparaci&oacute;n pero ella tom&oacute; el mando del asunto. Cuando nos quedamos solos de nueva cuenta, el momento de magia hab&iacute;a desaparecido y s&oacute;lo me qued&oacute; despedirme de ella de la manera m&aacute;s efusiva que pude, reiter&aacute;ndole que pod&iacute;a contar conmigo para cualquier otra crisis que se pudiera presentar.<\/p>\n<p>No me imagin&eacute; que esa oportunidad se volver&iacute;a a presentar cinco d&iacute;as despu&eacute;s.<\/p>\n<p>Dark Knight<\/p>\n<p>jbmx36a@hotmail.com.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Su nombre era Ana. Era todo lo que sab&iacute;a de ella hasta ese d&iacute;a en que realmente nos conocimos. 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