{"id":29244,"date":"2021-05-05T22:52:41","date_gmt":"2021-05-05T22:52:41","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-05-05T22:52:41","modified_gmt":"2021-05-05T22:52:41","slug":"el-regalo-un-antes-y-un-despues-tercera-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-regalo-un-antes-y-un-despues-tercera-parte\/","title":{"rendered":"El regalo: Un antes y un despu\u00e9s (Tercera parte)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"29244\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 16<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>&mdash;Y&hellip; &iquest;Ahora qu&eacute; hago? Pens&eacute; a quien acudir, obviamente a mi esposo ni hablar. &iquest;Alguna compa&ntilde;era de oficina? No, claro que no. Dejar&iacute;a en evidencia a mi jefe y eso ser&iacute;a imperdonable.<\/p>\n<p>Necesitaba&hellip; Me urg&iacute;a despertarlo y traerlo de vuelta de su embriaguez. &iquest;Pero c&oacute;mo? &iexcl;Una bebida energizante! Si obviamente. &iexcl;Mierda! &Eacute;l las detestaba. Entonces&hellip; &iquest;Algo de comer? &iexcl;S&iacute;, eso podr&iacute;a ser! Un buen plato de sopa caliente, especul&eacute; y sonre&iacute; por mi brillante idea. Sin embargo, su brazo segu&iacute;a abarcando mi cintura, su cara vuelta hacia m&iacute;. No roncaba pero si emit&iacute;a ligeros sonidos, palabras enredadas, cortas y espaciadas en medio de sus ebrios gru&ntilde;idos. Con sumo cuidado retir&eacute; su brazo y me fui colocando en pie, necesitaba llamar a recepci&oacute;n y pedir servicio al cuarto. De la mesita auxiliar tom&eacute; el blanco tel&eacute;fono y descolgu&eacute;.<\/p>\n<p>Escuch&eacute; la voz de aquella mujer de la recepci&oacute;n y le ped&iacute; que por favor me hiciera llegar un desayuno, con un buen plato de sopa caliente. Me ley&oacute; el men&uacute; y opt&eacute; por un cocido madrile&ntilde;o y para m&iacute;, una taza de buen caf&eacute;. &iexcl;Lo necesitaba con urgencia! Al terminar el pedido, levant&eacute; del piso aquel estropicio. Su chaqueta la colgu&eacute; en el armario y los pantalones&hellip; &iquest;Se los pongo? Prefer&iacute; dejarlos doblados al extremo de la cama. Levant&eacute; los zapatos y los acomod&eacute; en el fondo de aquel guardarropa. Lo mir&eacute; durante unos minutos y no me decid&iacute;a a moverlo. Tom&eacute; con mis dedos delicadamente un borde de sus pantaloncillos, creyendo que estar&iacute;a bien si se los acomodaba. Estaba yo en esos menesteres cuando tocaron a la puerta. Desist&iacute; y me encamin&eacute; a la puerta para recibir el pedido.<\/p>\n<p>Un joven de aspecto marroqu&iacute;, pretend&iacute;a entrar con su carrito y el desayuno, al interior de la habitaci&oacute;n. Con mucha pena de mi parte le obstaculic&eacute; la entrada, y de un bolsillo de mi traje, tom&eacute; un billete, se lo entregu&eacute; como propina y me hice due&ntilde;a de aqu&eacute;l pedido. Lo ingres&eacute; con prisas dentro de aquella habitaci&oacute;n, para posteriormente cerrar con apuro la puerta.<\/p>\n<p>Al darme la vuelta, ya don Hugo se hab&iacute;a cambiado de posici&oacute;n y ahora si me ofrec&iacute;a una vista de su fisiolog&iacute;a frontal. Sus cabellos revueltos, sus ojos cerrados y la boca entreabierta, dejando escapar un hilo fino de saliva. La camisa apenas cerrada con dos o tres botones y la corbata a medio desanudar, enredada por el cuello, &ndash;larga tela de fina seda&ndash; estirada hacia su costado izquierdo. Los laterales de la camisa se abr&iacute;an hac&iacute;a uno y otro lado de su tronco. En su pecho un poco de vello oscuro, tan parecido a Rodrigo en eso. El abdomen con algo de panza, subiendo y bajando al comp&aacute;s tranquilo de su respiraci&oacute;n. Y debajo de su hundido ombligo, una secuencia de vellos, a modo de lujurioso camino, que descend&iacute;a en sensual desorden hasta su pubis, cubierto de grueso pelambre negro. &iexcl;Pufff! Me qued&eacute; fijamente observando el resto de su cuerpo desnudo.<\/p>\n<p>Ten&iacute;a &eacute;l, un pene fl&aacute;cido de tama&ntilde;o normal y de un tono m&aacute;s oscuro que el resto de su blanca piel, eso s&iacute;, debidamente circuncidado. El glande era como una seta grande y rojiza, sus test&iacute;culos se me antojaron m&aacute;s abultados que los de mi esposo. Estaba absorta mirando su sexo cuando abri&oacute; los ojos y me extendi&oacute; sus brazos, llam&aacute;ndome por mi nombre&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Sil&hellip;via? &mdash;Y me acerqu&eacute; nuevamente hacia &eacute;l. Me sent&eacute; en el borde de la cama, al costado y le tom&eacute; de sus dos manos. Pero don Hugo con fuerza, me atrajo hacia &eacute;l, tom&aacute;ndome por sorpresa.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Porr&hellip; queee, Silviaaa? Meee trai&hellip; cioonoo. &mdash;Jefe, por favor, su&eacute;lteme. &ndash;Y &eacute;l empez&oacute; a llorar&ndash;.<\/p>\n<p>Logr&eacute; zafarme de su abrazo, incorpor&eacute; mi cuerpo pero segu&iacute; all&iacute;, de medio lado sentada, observando la pena y el dolor de aqu&eacute;l hombre en ruinas.<\/p>\n<p>&mdash;Jefe, por favor&hellip; &iexcl;Tranquil&iacute;cese! No llore m&aacute;s. &mdash;Pero &eacute;l continuaba dejando escapar entre sus jadeos, una y mil l&aacute;grimas.<\/p>\n<p>&mdash;A ver, venga. Ay&uacute;deme a acomodarlo y se toma esta sopa caliente. Por favor, no puede seguir as&iacute;, aqu&iacute; derrotado. Venga don Hugo, usted no es de aquellos que se dejan vencer tan f&aacute;cilmente.<\/p>\n<p>Lo tom&eacute; por debajo de sus brazos, intentando alzarle, m&aacute;s por su peso y la posici&oacute;n en aquella cama, yo no lograba incorporarlo. Me acerqu&eacute; a su rostro y acariciando su frente le di un beso en su mejilla.<\/p>\n<p>&mdash;Don Hugo, colab&oacute;reme un poco que usted pesa demasiado. &mdash;Pero nada, no reaccionaba, solo lloraba y suspiraba&ndash;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Por quee Sil&hellip;viaa! Siii yioo la&hellip; amabaa. &mdash;Era lo &uacute;nico que yo le entend&iacute;a cuando hablaba en su borracho y enredado dialecto.<\/p>\n<p>Por fin, abri&oacute; sus ojos y me mir&oacute;. Pas&oacute; su antebrazo por el rostro, retirando la humedad en ojos y mejillas, seguramente con la intenci&oacute;n de volver de la embriaguez de su desgracia, hacia la calmada compa&ntilde;&iacute;a que yo le ofrec&iacute;a, en esa nueva realidad. Se apoy&oacute; torpemente en sus codos y entonces aproveche para ayudarle a recostar su espalda contra el cabecero de la cama. Deslic&eacute; una almohada detr&aacute;s de su cabeza, le retir&eacute; del cuello aquella roja corbata; acomod&eacute; lo mejor posible su camisa y tom&eacute; en mis manos la sopa, con la plateada cuchara en su interior.<\/p>\n<p>Una y dos. A la tercera hizo un gesto de agrado y me regal&oacute; su gris&aacute;cea mirada. &iexcl;Sonri&oacute;!<\/p>\n<p>El nivel del cocido ya iba por la mitad, cuando tosi&oacute; y escupi&oacute; entre arcadas lo que acababa yo de darle con la cuchara. R&aacute;pidamente dej&eacute; el plato en la bandeja y mi jefe a trompicones se puso en pie, buscando de manera confusa el lugar donde se hallaba el ba&ntilde;o. Cay&oacute; al piso de rodillas al tercer paso, hab&iacute;a pisado la tela de su pantaloncillo y se fue de bruces sobre la alfombra. Entonces me apresur&eacute; para ayudarle a levantarse. Recostado su brazo derecho por sobre mis hombros, como pudimos dimos los siguientes pasos y lo acompa&ntilde;&eacute; hasta dejarle de rodillas frente al blanco inodoro. All&iacute; descarg&oacute; toda la bebida, revuelta con los restos de comida. Me apart&eacute; de &eacute;l, con mi mano derecha tapando boca y nariz, totalmente asqueada, me di vuelta para no mirarle y darle un poco de privacidad.<\/p>\n<p>Era una imagen triste y penosa, ver all&iacute; a mi jefe, vencido y sin fuerzas, con su mirada perdida, p&aacute;lida su piel como un cirio pascual, sudoroso en la frente y temblores por todo su cuerpo. Meditaba yo que m&aacute;s hacer para recomponerlo. Lo necesitaba lucido, para irnos a la oficina y concluir con su firma el informe pendiente por enviar. &iexcl;Mierda! &iexcl;La oficina! Mi bolso, mi tel&eacute;fono&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Hola? &iquest;Amanda?&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Silvia! mujer&#8230; &iquest;Pero d&oacute;nde co&ntilde;o estas metida? Estas de suerte, el gru&ntilde;&oacute;n a&uacute;n no se aparece, pero apres&uacute;rate, puede aparecer en cualquier momento y donde no te vea aqu&iacute;&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;Tranquila Amanda, estoy con &eacute;l. &mdash;Le conteste pausadamente.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;? &iquest;C&oacute;mo as&iacute;? Tanto tiempo con &eacute;l. &iquest;Qu&eacute; est&aacute;n haciendo? &mdash;&iexcl;Puff! Si ella supiera.<\/p>\n<p>Tiempo era lo que no ten&iacute;a, sin cre&eacute;rmelo no me di cuenta de la hora. Como transcurren los minutos de r&aacute;pido cuando estas ocupada y distra&iacute;da en otras cosas&hellip; &iexcl;No! No puede ser. El colegio, mis hijos&hellip; &iexcl;Rodrigo!<\/p>\n<p>&mdash;Amanda, despu&eacute;s te cuento, ahora no puedo. Ehhh, mira, aseg&uacute;rate de cerrar bien la oficina. En un rato lleg&oacute; y recojo mis cosas. Ma&ntilde;ana nos vemos temprano. &iquest;Todo quedo preparado? &mdash;Si por supuesto. &iquest;Est&aacute; todo bien? &mdash;Me pregunt&oacute; algo preocupada&ndash;.<\/p>\n<p>&mdash;Todo bajo control. Nos vemos ma&ntilde;ana. &mdash;y colgu&eacute; la llamada.<\/p>\n<p>Dios m&iacute;o y ahora &iquest;A qui&eacute;n llamo? Primero a mi madre y luego a mi esposo. R&aacute;pidamente marque al m&oacute;vil de mi mam&aacute; y sin dejarle casi hablar le invent&eacute; una excusa peregrina y luego ped&iacute; el favor de que pasara por mis hijos al colegio y que en la noche se los llevara a Rodrigo.<\/p>\n<p>Llev&eacute; mis ojos hacia el ba&ntilde;o, donde mi jefe continuaba tirado en el piso. Sin reaccionar y yo, tratando de calmar mi angustia y mi temor, llam&eacute; a mi esposo.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Quieren ver a que me dedico en mis tiempos libres? &mdash;Nos pregunt&oacute; Almudena mientras nos entregaba las copas de Brandy. &mdash;Por supuesto que s&iacute;&ndash;. Contestamos al un&iacute;sono Paola y yo.<\/p>\n<p>Y se dio vuelta para ascender por las escaleras, con nosotros dos sigui&eacute;ndola. No supe si fue por el alcohol ingerido, si fue un accidente o una patra&ntilde;a de ella, pero al ir por el tercer escal&oacute;n, perdi&oacute; un poco el equilibrio y yo alcanc&eacute; a tomarla con mis manos por sus nalgas, favoreci&eacute;ndola de caer de espaldas. La diferencia de altura entre los dos, me impidi&oacute; que la tomara de m&aacute;s arriba, como ser&iacute;a lo correcto. Me puse colorado, me disculp&eacute; con sinceridad pero ella no se inmut&oacute; y me dio un ligero beso en la boca a modo de agradecimiento. Paola me mir&oacute; bastante sorprendida por aquel gesto, y pues tambi&eacute;n yo. Ella, Almudena, continu&oacute; su cadenciosa ascensi&oacute;n y yo embelesado, observando sus piernas torneadas y su acaramelado bronceado, esperando ver un poco m&aacute;s all&aacute;. Pero un fuerte carraspeo se escuch&oacute; tras de m&iacute;. Era Paola, que observ&oacute; la situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Aj&aacute; nene, se te van a salir los ojos de las orbitas, de tanto mirar! &mdash;Y me re&iacute; por su oportuno comentario&ndash;. Paola se acerc&oacute; a&uacute;n m&aacute;s a m&iacute; y muy suave al o&iacute;do me dijo: &laquo;La se&ntilde;ora como que quiere armar una comparsa contigo y luego llevarte de carnaval&raquo;.<\/p>\n<p>Y justo en eso llegamos al segundo nivel y a la izquierda un vasto estudio de pintura con un amplio ventanal. A los costados tres caballetes port&aacute;tiles, dos mesitas de madera. Un gran anaquel con diversos utensilios y algunos pinceles recientemente usados sobre una amplia mesa de dibujo, junto a varios tarros de acr&iacute;lica pintura. Tableros de lienzos blancos, un cuadro a medio terminar y al fondo un c&oacute;modo div&aacute;n, con un taburete alto a su lado y una estilizada l&aacute;mpara para ofrecer iluminaci&oacute;n artificial. All&iacute; se sent&oacute; Paola, de medio lado ofreci&eacute;ndonos, gracias a la abertura de su falda, una vista amplia de sus hermosas piernas. &iexcl;Toda una modelo!<\/p>\n<p>Recuerdo que esa tarde me acerqu&eacute; hasta la mesa de dibujo, donde entre acuarelas, trozos de carboncillos y olor a aguarr&aacute;s, pude apreciar algunos bocetos, cuerpos desnudos de mujeres sin rostro, en poses er&oacute;ticas y en otra hoja debajo de aquellas, la figura de un hombre con su cabeza cubierta por una capucha y su torso cruzado por cintas simulando ser de cuero y con taches de metal, sosteniendo en su mano un l&aacute;tigo o una fusta de cuero, de aquellas usadas en equitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te gusta lo que ves? &mdash;me dijo Almudena, recostada ya en aquel &laquo;chaise longue&raquo; de rojo terciopelo, bebiendo sensualmente de su copa.<\/p>\n<p>&mdash;La verdad me parece interesante. Trabajas muy bien los trazos, imprimes delicadeza en las figuras y los contrastes de luz&#8230; Mucha sombra y tan poca luz. La tem&aacute;tica es un poco sado. &iquest;Lo haces por gusto y placer o pintas por encargo? &mdash;Le respond&iacute; a Almudena mientras daba pocos pasos, hasta acercarme a un tornamesa que estaba sobre una mesita cercana. En &eacute;l estaba colocado un disco de negro vinilo, con una circular etiqueta que obviamente yo reconoc&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Puedo? &mdash;Le dije a Almudena mir&aacute;ndola, y sin esperar su respuesta encend&iacute; el aparato y coloqu&eacute; suavemente el delicado brazo y su aguja de diamante sobre los surcos que giraban ya, a las revoluciones adecuadas.<\/p>\n<p>La m&uacute;sica invadi&oacute; el ambiente. Paola me mir&oacute; con cara de circunstancia, seguramente al desconocer aquella melod&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No puede ser! &iquest;Es en serio?&#8230; &iexcl;Bilitis! &iexcl;Pufff! &mdash;Y suspir&oacute; emocionada, descendiendo de la silla y acerc&aacute;ndose a donde yo me encontraba.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Me encanta Rodri! Tanto tiempo sin escucharla. &iexcl;Aj&aacute; nene! sube un poco el volumen. &mdash;Me dijo aquella rubia, sorprendi&eacute;ndome a m&iacute; y tambi&eacute;n a Almudena, que aplaudi&oacute; la efusividad de la Barranquillera.<\/p>\n<p>&mdash;No jodas Paola, &iquest;es verdad? Me sorprende que la conozcas. &iquest;Algunas buenas remembranzas? &mdash;Le pregunt&eacute;, mientras yo daba un sorbo a mi copa del c&aacute;lido Brandy.<\/p>\n<p>&mdash;Hummm, tantos recuerdos hermosos de Barranquilla. Estudi&eacute; todo mi bachillerato en un colegio femenino y &iexcl;Aj&aacute;! tuve all&iacute; mi primer amor. &mdash;Paola miraba al tocadiscos mientras nos comentaba. Ella tambi&eacute;n bebi&oacute; el &uacute;ltimo trago de su licor, para apreciar despu&eacute;s el aroma a madera de roble, vainilla y coco, al acercar su copa vac&iacute;a hasta las fosas nasales de aquella preciosa y recta nariz. Impreso en el borde, permanecieron las huellas de sus apetecibles labios, en un difuminado carm&iacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Una novicia, t&iacute;mida y como t&uacute; mi &laquo;rolito&raquo;, nacida en la sabana. &mdash;Me dijo sonriendo para luego girarse y observar a Almudena&ndash;. Ella fue el beso primero Rodri. Las escondidas miradas, disimuladas sonrisas y las delicadas e inexpertas caricias nacientes. La mujer con quien despert&eacute; al sexo&hellip; Ella fue mi tierna y prohibida iniciaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Almudena se puso en pie, recompuso el largo de su veraniego vestido y sin decirnos nada, baj&oacute; nuevamente por las escaleras hacia el piso inferior. Paola se acerc&oacute; a una puerta a la derecha de aquel estudio, que en penumbras, estaba entre abierta. Y fiel a su estilo libre y osado, dio un leve empuj&oacute;n, permiti&eacute;ndonos observar en algo su interior.<\/p>\n<p>&mdash;Esa es&hellip; &laquo;La habitaci&oacute;n del pecado&raquo;. &mdash;Era la voz de la due&ntilde;a de casa, que nos hablaba desde la entrada al estudio, tra&iacute;a en sus manos la botella de Brandy y un pl&aacute;stico envase mediano de Coca-Cola. Paola se sinti&oacute; pillada, volte&oacute; su cara hacia la voz que nos describ&iacute;a lo que se podr&iacute;a hallar en aquel cuarto, si persist&iacute;a en continuar. M&aacute;s aun as&iacute;, d&aacute;ndose vuelta dio un primer paso dentro de aquella habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ten cuidado coraz&oacute;n! &mdash;Se escuch&oacute; de nuevo la aguda voz de Almudena, advirti&eacute;ndole a Paola, un futuro incierto si prosegu&iacute;a adelante. &mdash;Es muy probable que s&iacute; entras, ya despu&eacute;s no desees salir.<\/p>\n<p>Y fui yo, quien bastante sorprendido, me voltee para observar el rostro de aquella mujer tan segura, elegante y ahora&hellip; &iquest;Demasiado intrigante?<\/p>\n<p>En aquel instante el sonido y la vibraci&oacute;n de mi tel&eacute;fono m&oacute;vil, llam&oacute; mi atenci&oacute;n. Mir&eacute; la llamada entrante y era Silvia. &iexcl;Juepu&hellip;! Por estar en esos jueguitos, se me hab&iacute;a pasado por alto llamarla despu&eacute;s de almorzar y ahora eran pasadas las cuatro de la tarde. Seguramente estaba por salir a recoger a los ni&ntilde;os del colegio&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Hola mi amor. Lo siento mucho, me &laquo;encarret&eacute;&raquo; haciendo una visita a un cliente y se me pas&oacute; el tiempo. Perd&oacute;name. &iquest;C&oacute;mo est&aacute;s?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Bien mi vida! Disc&uacute;lpame t&uacute; a m&iacute; tambi&eacute;n. Aqu&iacute; en la oficina tenemos mucho por hacer. &mdash;Ment&iacute; inmisericordemente a mi marido&ndash;. &mdash;Mientras tanto no dejaba de observar la desnudez desparramada de don Hugo en aquel ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;Mi amor, hoy tambi&eacute;n me voy a demorar un poco. Te llam&oacute; para avisarte que habl&eacute; con mi mam&aacute;. Le ped&iacute; el favor de recoger a los ni&ntilde;os y luego por la noche como a las siete y media, llev&aacute;rtelos hasta el piso. &iquest;Ser&aacute; que no te molesta esperarlos e ir preparando algo de cenar?<\/p>\n<p>&mdash;Perfecto mi cielo. No te preocupes, yo salgo de aqu&iacute; para nuestro apartamento y miro a ver que me invento de comida. Ya sabes que a m&iacute; se me quema hasta un agua hervida, pero intentar&eacute; preparar algo medianamente comestible. Que tal&hellip; &iquest;Pasta con at&uacute;n y tomate? &iquest;Te parece bien?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Jajaja! Por supuesto, por m&iacute; no te preocupes que m&aacute;s tarde Amanda solicitar&aacute; algo de comer. &mdash;Y en esos momentos vi como mi jefe trataba de levantarse apoy&aacute;ndose del lavabo, para luego resbalar y caer nuevamente, haciendo ruido al golpearse contra la cer&aacute;mica del piso.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Silvia estas bien? &iquest;Que fue ese ruido?<\/p>\n<p>&mdash;Nada grave mi vida. Aqu&iacute; que me tropec&eacute; con un archivador y se cayeron unos folders. Te tengo que dejar amor. Un beso y cu&iacute;date mucho. Hasta m&aacute;s tarde.<\/p>\n<p>&mdash;Chao mi vida. Que te rinda. &iquest;No quieres que te recoja m&aacute;s tarde en t&uacute; oficina?<\/p>\n<p>&mdash;No, no&hellip; &iexcl;Ehh! no te preocupes. Yo pido un taxi. Bye.<\/p>\n<p>&mdash;Hasta la vista Baby. Un beso tambi&eacute;n.<\/p>\n<p>Y all&iacute; me qued&eacute; pensando, recordando aquella medianoche del viernes anterior. Silvia tambi&eacute;n se hab&iacute;a demorado en llegar por culpa de no s&eacute; qu&eacute; informes importantes. Tambi&eacute;n esa noche me hab&iacute;a quedado con mis hijos. Por no cocinar ped&iacute; una pizza extra grande y dos litros de Coca-Cola. Extra&ntilde;amente despu&eacute;s de marcarle a su m&oacute;vil en la noche, no lo contest&oacute;. Dej&eacute; un audio en el buz&oacute;n. Le envi&eacute; un mensaje de texto pero nunca respondi&oacute;.<\/p>\n<p>Acost&eacute; a los ni&ntilde;os y me puse a &laquo;canalear&raquo; en la tv de la sala, esper&aacute;ndola. Hasta que dieron las doce y sin pensar en nada malo, sal&iacute; al balc&oacute;n para fumarme el &uacute;ltimo cigarrillo de aquel d&iacute;a, sin cervezas en el &ldquo;Juli&rdquo; como lo hab&iacute;a planeado, pues primero estaban los deberes del trabajo y a Silvia todo se le hab&iacute;a acumulado encima.<\/p>\n<p>Recuerdo qu&eacute; me devolv&iacute; hasta el mes&oacute;n de la cocina para servirme otro vaso de aquella bebida gaseosa y me regres&eacute; hasta apoyar una mano en las barandas del balc&oacute;n. No hacia frio y el cielo estaba despejado, pero al observar hacia abajo, &ndash;en la entrada al edificio&ndash; me congel&eacute; al ver como mi esposa descend&iacute;a de un veh&iacute;culo con prisa, como asustada o nerviosa, no lo s&eacute; bien. El auto negro era uno de alta gama, de marca alemana y con los vidrios oscurecidos. Debido a la distancia y oscuridad, no me permiti&oacute; una clara visi&oacute;n de quien lo conduc&iacute;a.<\/p>\n<p>Cuando Silvia abri&oacute; la puerta de nuestro piso, se sorprendi&oacute; al verme all&iacute;. No me dijo nada de eso ni nada le insinu&eacute;. Solo la abrac&eacute; con miedo, con esa extra&ntilde;a sensaci&oacute;n en la boca del est&oacute;mago y la sangre palpit&aacute;ndome en la sien. La bes&eacute; con algo de pasi&oacute;n, pero su beso me supo extra&ntilde;o, &iexcl;No! no el sabor de sus labios. Era&hellip; era como si estuviese besando a otra mujer. Y ahora esta llamada, tan similar a la de aquella vez. Palpitaba mi coraz&oacute;n alocadamente y en mi mente, se empezaron a dejar caer recuerdos de un amargo ayer.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>Bueno con todo aclarado y cubierto, &ndash;eso cre&iacute; est&uacute;pidamente&ndash; me dirig&iacute; hacia el ba&ntilde;o para arrodillarme junto al cuerpo desvanecido de mi jefe.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Don Hugo?&#8230; &iquest;Jefe? Por favor no me haga esto. &iexcl;Despierte ya! &mdash;Y desesperada comenc&eacute; a zarandearlo de un brazo, pero nada, el pobre hombre solo balbuceaba palabras sin sentido.<\/p>\n<p>Una soluci&oacute;n r&aacute;pida. &iquest;Pero cu&aacute;l? &iexcl;Dios m&iacute;o ilum&iacute;name! Y entonces me fij&eacute; en la ducha. Pues claro, eso era. &iquest;Agua caliente o fr&iacute;a? &iquest;Caliente para dormir o fr&iacute;a para despertarlo ya? Fr&iacute;a, s&iacute;. &iexcl;Definitivamente! Como pude, me di ma&ntilde;as para llevarlo hasta acomodarlo bajo la ducha. Humm, no pod&iacute;a abrir el grifo y mojarle todo. Ni modos, ya entrada en gastos pues&hellip; &iexcl;Tocar&aacute;!<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Jefe?&#8230; &iquest;Don Hugo? Mire, esc&uacute;cheme bien. Esto le va a salir caro. &mdash;Y mientras le hablaba, iba desabotonando su camisa, retir&aacute;ndola con esfuerzo para sac&aacute;rsela de los brazos y luego dejarla en el piso tras de m&iacute;. Sus medias tambi&eacute;n y claro c&oacute;mo no, sus pantaloncillos por igual. Todo tan&hellip; &iquest;F&aacute;cil?<\/p>\n<p>&mdash;Me va a tener que dar un buen aumento de salario en contraprestaci&oacute;n por estar arriesgando mi matrimonio. &ndash;Le dije alzando el tono de mi voz, acerc&aacute;ndome a su o&iacute;do derecho.<\/p>\n<p>Con cuidado gir&eacute; la perilla y de la regadera surgi&oacute; un torrente de agua fr&iacute;a que cay&oacute; sobre su cuerpo. Parec&iacute;a haber dado resultado. Movi&oacute; la cabeza de un lado para el otro y sus manos, las elev&oacute; tratando de resguardarse de las gotas heladas. Me estaba salpicando, as&iacute; que me apart&eacute; un poco. De repente me sent&iacute; optimista, pens&eacute; que aquella ducha, traer&iacute;a de vuelta a la realidad a mi jefe con prontitud. &iexcl;Equivocaci&oacute;n! &eacute;l segu&iacute;a all&iacute; tirado, encorvado en posici&oacute;n fetal, sin reaccionar. &iexcl;Maldici&oacute;n!<\/p>\n<p>No hab&iacute;a nadie all&iacute; que se diera cuenta y mi jefe en su borrachera, no reparar&iacute;a en lo que yo me aprestaba a realizar. Me despoj&eacute; de la chaqueta de mi negro traje sastre, desaboton&eacute; mi blusa satinada y la fui acomodando sobre la tapa del bid&eacute;. Luego baj&eacute; la cremallera lateral de la falda gris. Me deshice de los zapatos y con cuidado de no romperlas, mis medias veladas fueron a parar encima de la falda y de mi chaqueta. Me mir&eacute; en el redondo e iluminado espejo y me vi rid&iacute;cula, sonre&iacute; sin querer, al mirarme all&iacute; en aquella at&iacute;pica situaci&oacute;n; semi desnuda en un ba&ntilde;o junto a mi jefe, aquel hombre desnudo y traicionado por su esposa. Mi sujetador blanco &laquo;push up&raquo;, regalo de mi esposo como casi toda mi ropa interior, realzando mis medianos senos. Las bragas que yo ten&iacute;a puestas, eran de un azul claro en algod&oacute;n, para nada transparentes y del tipo bikini. Estaba cercano el d&iacute;a en que me bajara el periodo, as&iacute; que de sexi, nada.<\/p>\n<p>Pufff, suspir&eacute; y tom&eacute; una bocanada de aire que me diera valor e impulso. El frio me invadi&oacute; casi de inmediato y empec&eacute; a tiritar. Pas&eacute; mis brazos por debajo de las velludas axilas de don Hugo y con fuerza, apoy&aacute;ndome en la pared interior, fui enderezando su cuerpo hasta lograr ponerlo medianamente en pie. Mi jefe y yo bajo una ducha fr&iacute;a, recibiendo la lluvia de la regadera, abrazados durante no s&eacute; cuantos minutos. Pareci&oacute; reaccionar, me mir&oacute; y&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Mar&hellip; tha? &mdash;De improviso me habl&oacute;, pero sin mirar.<\/p>\n<p>&mdash;No se&ntilde;or, Silvia, jefe. Soy yo, Silvia.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Sil&hellip; via? &iquest;Miii &aacute;ngeeel? &mdash;S&iacute; se&ntilde;or, su &aacute;ngel. &mdash;Le respond&iacute; yo, mientras pasaba mi mano por sus cabellos h&uacute;medos, apart&aacute;ndolos de su rostro. Sus ojos grises, ya no estaban tan enrojecidos. &iexcl;Me sonri&oacute;!<\/p>\n<p>Y se abraz&oacute; fuertemente a m&iacute;. Recost&oacute; su quijada partida a la mitad sobre mi hombro y pude sentir su barba picando mi piel y su aliento calentando la m&iacute;a, obviamente aquel aroma a alcohol y comida persist&iacute;a en su boca. Pero no, no me dio asco. Al igual que el gir&eacute; mi cara hacia el lado opuesto y la apoy&eacute; en su pecho. Pod&iacute;a sentir el latir de su coraz&oacute;n, el seguramente el m&iacute;o, al estar tan juntos. El agua recorr&iacute;a medio lado m&iacute;o. El cabello se me empap&oacute; y los minutos gastados en el alisado del domingo, se fueron a la mierda. Don Hugo fue recobrando de a poco sus sentidos y yo percib&iacute; un ligero movimiento en mi vientre. Se le estaba endureciendo su pene y me arrepent&iacute; de estar as&iacute;. &iexcl;Tan juntos!<\/p>\n<p>Apart&eacute; mi cintura pero al hacerlo una pierna suya se meti&oacute; en el medio de las m&iacute;as. Y a pesar del agua fr&iacute;a, sent&iacute;a el calor y la firmeza de su muslo rozando mi piel. Aquello no pod&iacute;a seguir as&iacute;. Era demasiada intimidad, pero mis brazos desobedientes, permanecieron all&iacute;, rodeando su espalda, aferr&aacute;ndome a &eacute;l. Tantos a&ntilde;os de duchas dadas junto al mismo hombre, un cuerpo tan mojado y conocido, en un principio tan er&oacute;tico y sensual, ba&ntilde;os de tibia agua y de placer deseado y buscado, ahora vueltos tan comunes y distanciados por la rutinaria realidad tan familiar. &iquest;Cu&aacute;ndo dejamos que se volviera tan mon&oacute;tona y fr&iacute;a? &iquest;C&oacute;mo fuimos dejando que ingresara en nuestras vidas, la calmada indiferencia?<\/p>\n<p>Y baj&eacute; mi mirada hasta observar el tama&ntilde;o de su pene r&iacute;gido, grueso y de tama&ntilde;o diferente, color distinto, de un largo similar al de mi esposo y las venas marcando el contorno hasta llegar a coronar la punta de aquel rosado glande. Un cuerpo distinto al que yo me abrazaba, mi maquillaje desvanecido por las gotas, apartando en su constante deslizar, de mi mente la imagen de m&iacute; esposo. Sus manos grandes abarcando mi espalda. Una de ellas tom&aacute;ndome de la parte superior, la otra abierta por debajo de mi cintura. Un dedo muy cercano al comienzo de mis nalgas, como ense&ntilde;ando el camino hacia un destino indebido. Los dem&aacute;s manteniendo ligera presi&oacute;n sobre mi piel. &iexcl;Para no distanciarnos tanto!<\/p>\n<p>En mi interior, un sentimiento empez&oacute; a fluir. &iexcl;Placentera sensaci&oacute;n de mujer deseada! &iexcl;Angustia! por dejarme acariciar de otro hombre, inadecuado &eacute;l, vedada yo. Pero me sent&iacute; halagada, por aquella virilidad exhibida por estar el all&iacute;, conmigo. Don Hugo ech&oacute; hacia atr&aacute;s su cabeza, recibiendo en su cara la cascada de agua, abri&oacute; su boca y le permiti&oacute; la entrada. Tom&oacute; un sorbo, largo y la lluvia de la regadera escurr&iacute;a por su frente, acariciando su varonil rostro, descendiendo liberados hilillos hasta su boca, mojando aquellos labios antes resecos. Humedecida su quijada y las gotas gruesas, ca&iacute;an como rendidas sobre su amplio pecho. Luego me observ&oacute; detenidamente, sin sorpresa alguna en su mirada. Una agradecida sonrisa se dibuj&oacute; vasta, mostr&aacute;ndome su blanca y perfecta dentadura.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ufff! Gracias Silvia. &mdash;Y acerc&oacute; lentamente su boca a la m&iacute;a. Entreabierta, h&uacute;meda con gotas de agua introduci&eacute;ndose continuamente en ella, tan mojadas como yo. &iexcl;No! no m&aacute;s besos.<\/p>\n<p>Apart&eacute; mi rostro y con firmeza me separ&eacute; de &eacute;l. Me di vuelta y sal&iacute; del escaso espacio de la ducha. Tom&eacute; una toalla grande del anaquel inferior y se la alcanc&eacute; con mi brazo estirado pero sin mirarle, d&aacute;ndole la espalda. Luego tom&eacute; otra para m&iacute;. Don Hugo permanec&iacute;a all&iacute; de pie sin cerrar el grifo. Embobado escrutando mi cuerpo, de arriba hasta abajo. Me envolv&iacute; r&aacute;pidamente en la suave tela y acerc&aacute;ndome hasta &eacute;l, estir&eacute; mi brazo y mi mano dio el giro necesario para cerrar la llave. El agua dej&oacute; de caer sobre &eacute;l y de su mano tome la toalla y luego de esa misma, lo jal&eacute; hacia fuera.<\/p>\n<p>El muy sumiso y obediente, avanz&oacute; tres pasos y yo empec&eacute; a secar su pecho, los hombros, sus fuertes brazos y el vientre despu&eacute;s. Me detuve all&iacute; para luego hacerme por detr&aacute;s y pasar la toalla por su ancha espalda, despacio baj&eacute; mis manos envueltas en la tela y frot&eacute; sus nalgas. Me arrodill&eacute; y sequ&eacute; sus muslos, pantorrillas por igual, hasta llegar a sus tobillos y pies.<\/p>\n<p>Se dio vuelta de improviso y casi a la altura de mis ojos, quedo expuesto su velludo sexo. Sin perder su firmeza, se manten&iacute;a izado y arqueado en algo hacia mi izquierda. &iexcl;Hermosa tentaci&oacute;n! Tan cerca de mi boca si yo quisiera, al alcance de mi lengua de un lamet&oacute;n, si mi raz&oacute;n lo permitiera.<\/p>\n<p>Pero no lo hice, tan solo baj&eacute; mi rostro para continuar el proceso, secando sus piernas por el frente hasta que sin opci&oacute;n alguna, tom&eacute; delicadamente su pene con mi mano izquierda, mientras que con la tela en mi derecha, lo fui envolviendo y suavemente lo frot&eacute;, de su base hasta la punta, luego pase la toalla por sus test&iacute;culos, sopes&aacute;ndolos con delicadeza hasta secarle toda su expuesta intimidad.<\/p>\n<p>&mdash;Gracias mi &aacute;ngel. &mdash;&iquest;Otra vez aquel apelativo? Y de nuevo, me hizo sentir conmovida. Not&eacute; que mi vagina se humedec&iacute;a, m&aacute;s no por la ducha fr&iacute;a, sino por el c&aacute;lido flujo que empezaba a emanar de mi interior.<\/p>\n<p>&mdash;Lo siento Silvia, disc&uacute;lpame. &mdash;Y quit&aacute;ndome con suavidad la toalla de mis manos, se envolvi&oacute; en ella y posteriormente me ayud&oacute; a incorporarme. Quedamos cerca, muy juntos nuevamente, pero esta vez su piel y la m&iacute;a, estaban apartadas del contacto por el grosor de las telas.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Se encuentra usted mejor? &mdash;Le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, gracias a ti. Aunque sigo un poco mareado. Vamos a la cama. &mdash;Y me llev&oacute; tras &eacute;l o simplemente me dej&eacute; llevar sin hablar, sin rechistar. Nos sentamos y al mirarnos, tal vez fui yo o tal vez empez&oacute; don Hugo, el caso es que comenzamos a re&iacute;r con ganas, y no par&aacute;bamos. Feliz &eacute;l y yo tambi&eacute;n. En esos minutos no hab&iacute;a tristeza en sus ojos y en mi mente, por ninguna parte aparec&iacute;a la imagen de mi marido.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de unos minutos se hizo silencio en la habitaci&oacute;n, cubiertos en las toallas, tirit&aacute;bamos los dos por el frio.<\/p>\n<p>&mdash;Te vas resfriar Silvia, ven. &mdash;Y con sus manos, fue apartando el pliegue de la tela que me cubr&iacute;a, desenroll&aacute;ndola lentamente.<\/p>\n<p>&mdash;Don Hugo no siga, por favor. &mdash;Pero el omiti&oacute; mi ruego y yo sencillamente le dej&eacute; hacer&ndash;. Ten&iacute;a mi sost&eacute;n emparamado en verdad y de mis calzones ni hablar. Me encog&iacute; como una chiquilla y me abrac&eacute; a mis piernas con mis brazos. Met&iacute; mi cabeza entre ellas y esa oportunidad &eacute;l no la desaprovech&oacute;. Fue un poco torpe pero logr&oacute; desabrocharme por la espalda aquel brassier. Me enderec&eacute; sorprendida y algo enojada. Lo mir&eacute; seriamente pero el&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Es que te puedes resfriar Silvia! Y pues despu&eacute;s de mi bochornosa actuaci&oacute;n, al verme desnudo, ya ni quita ni pone que te vea yo tambi&eacute;n. De hecho t&uacute; has tenido que lidiar con mi ebriedad, me has duchado y secado&hellip; &iexcl;Todo! No tenemos nada que ocultarnos. &mdash;Dijo mi jefe con un tono de voz cari&ntilde;osa y para nada autoritaria. Lo mir&eacute; ruborizada.<\/p>\n<p>Era verdad, pero no deb&iacute;a pasar de ah&iacute;. &iexcl;Una circunstancia de la vida, nada m&aacute;s! Nadie podr&iacute;a saberlo, ni su esposa ni Rodrigo, ninguno. Con cuidado de no ense&ntilde;ar de m&aacute;s, retir&eacute; por completo mi sost&eacute;n. Lo dej&eacute; caer a un lado de la cama, y de igual manera, levant&eacute; un poco mis caderas, me acomod&eacute; la toalla presionando la tela bajo mis axilas y mis manos retiraron afanosamente mis emparamadas bragas. Don Hugo se coloc&oacute; en pie tambi&eacute;n, pero respetuosamente, no desvi&oacute; su mirada hacia m&iacute; desnudez. Sencillamente se acerc&oacute; hasta el mueble donde reposaba la botella de whiskey y se devolvi&oacute; hasta la cama.<\/p>\n<p>&mdash;Estar&iacute;a bien un trago para quitarnos este frio. &iquest;No te parece? &mdash;Me dijo sonriente y blandiendo en su mano aquella botella.<\/p>\n<p>&mdash;En realidad se me hace el colmo que despu&eacute;s de todo, vuelva usted a querer beber. &iquest;Es que no lo entiende jefe? Tenemos cosas urgentes en la oficina, mejor nos vestimos que se est&aacute; haciendo tarde.<\/p>\n<p>&mdash;Solo un trago Silvia, tan solo para entrar en calor. &iquest;Qu&eacute; mal nos puede hacer? &mdash;Y como respuesta m&iacute;a, &iexcl;Pufff! le ofrec&iacute; un suspiro, con mis ojos mirando al techo&ndash;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Prometido! &mdash;Termin&oacute; por decirme y sent&aacute;ndose a mi lado, acomod&oacute; su toalla alrededor de su cintura, sin ajust&aacute;rsela completamente&ndash;.<\/p>\n<p>Me pas&oacute; la botella, y mir&aacute;ndolo tom&eacute; un peque&ntilde;o sorbo. Me supo horrible he hice una mueca de desagrado. Mi jefe solt&oacute; una risa y a continuaci&oacute;n bebi&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Jajaja, el primero siempre entra mal. Brrrr, que frio. Gracias Silvia, si no fuera por ti&hellip; &mdash;Y se acerc&oacute; a&uacute;n m&aacute;s a m&iacute;, pas&aacute;ndome un brazo por encima de mis hombros desnudos.<\/p>\n<p>&mdash;Jefe en serio, tengo los documentos pendientes para su firma y es urgente enviarlos a la oficina en Nueva York.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Jajaja! Silvia &iquest;sabes qu&eacute; horas son all&aacute;? Es temprano para ellos, tenemos tiempo suficiente.<\/p>\n<p>Y me ofreci&oacute; de nuevo aquel ambarino botell&oacute;n. El segundo trago me supo mejor. Se lo agradec&iacute; porque s&iacute; estaba dejando ya de temblar. Don Hugo bebi&oacute; un trago m&aacute;s largo y se tendi&oacute; en la cama y con su movimiento sin quitar su brazo de mis hombros, me recost&oacute; con &eacute;l. Termin&oacute; mi cabeza sobre su brazo derecho y &eacute;l me observ&oacute;. Se hizo silencio en aquella habitaci&oacute;n; tan solo se escuchaba mi respiraci&oacute;n y la suya, bastante agitadas; nerviosos ambos, desacostumbrados los dos, por estar as&iacute; tan cerca y tan desnudos bajo esas humedecidas telas.<\/p>\n<p>Se incorpor&oacute; un poco, de medio lado y dio otro trago a la botella, me la alcanz&oacute; sin dejar de mirarme a los ojos y me dijo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Este si es el &uacute;ltimo. &mdash;Me negu&eacute; a beber, moviendo mi cabeza en un claro no. &mdash;Por favor, mi &aacute;ngel, hazlo por m&iacute;.<\/p>\n<p>Y lo hice, al levantarme sobre mis codos y estirar mi brazo para recibir la botella de su mano, el nudo de mi toalla se deshizo y esta se abri&oacute;. Extra&ntilde;amente no hice nada por ocultar mi desnudez. &Eacute;l ten&iacute;a la toalla cubriendo su cuerpo de cintura para abajo. Y yo a medias, pues tambi&eacute;n. Semejantes est&aacute;bamos los dos, aunque nuestras verdaderas parejas no se lo pudieran imaginar.<\/p>\n<p>Me mir&oacute; a la cara y luego el gris de sus ojos, descendi&oacute; para admirar la redondez de mis senos. Sent&iacute; calor en aquella mirada y mis pezones, ya de por s&iacute; erguidos por el frio, se pusieron m&aacute;s duros y mis aureolas m&aacute;s anchas, en clara se&ntilde;al de excitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Que hermosa eres Silvia. Tantos meses t&uacute; entrando y saliendo de mi oficina, sin saber que yo te miraba a hurtadillas. Tu cabello ondulado, tu rostro de tan delicada juventud, tus ojitos achinados y tu boca, tu cuerpo&hellip; &iexcl;Si Silvia! lo confieso, te observaba y en silencio te deseaba. Tanto como ahora siento que te deseo.<\/p>\n<p>Y su rostro se fue haciendo m&aacute;s grande, m&aacute;s cercano, hasta que su boca se pos&oacute; sobre mis labios y su mano fr&iacute;a arrib&oacute; sobre mi seno derecho&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;No, no Jefe, por favor, &iexcl;basta! No podemos, no debemos. &mdash;Y &eacute;l se apart&oacute;, inseguro, como angustiado de haber cruzado una prohibida l&iacute;nea, un alto en rojo, que se hab&iacute;a formado en mi rostro.<\/p>\n<p>&mdash;Don Hugo, esta &laquo;eventualidad&raquo; no es m&aacute;s que una broma del destino, tuve que verlo desnudo s&iacute;, pero le recuerdo que soy una mujer casada y con hijos. Y usted tambi&eacute;n tiene un matrimonio, una esposa y por supuesto, tambi&eacute;n dos hermosos ni&ntilde;os. Esto que ha sucedido aqu&iacute; no puede salir de esta habitaci&oacute;n. Aqu&iacute; pas&oacute;, aqu&iacute; se queda. &iexcl;Simple! Ni debe, entre usted y yo, pasar nada m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Vamos a vestirnos ya, tenemos que ir a la oficina, firmar ese bendito informe y usted, despu&eacute;s de llevarme hasta mi hogar, se va directo al suyo para arreglar sus problemas. Y me puse en pie, dirigi&eacute;ndome hasta el ba&ntilde;o para encerrarme all&iacute; y terminar de secarme el cabello, tomar las bragas y exprimirlas lo que m&aacute;s pude al igual que mi sost&eacute;n.<\/p>\n<p>Continuar&aacute;&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 16<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>&mdash;Y&hellip; &iquest;Ahora qu&eacute; hago? Pens&eacute; a quien acudir, obviamente a mi esposo ni hablar. &iquest;Alguna compa&ntilde;era de oficina? No, claro que no. 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