{"id":29294,"date":"2021-05-09T22:00:00","date_gmt":"2021-05-09T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-05-09T22:00:00","modified_gmt":"2021-05-09T22:00:00","slug":"el-regalo-un-antes-y-un-despues-cuarta-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-regalo-un-antes-y-un-despues-cuarta-parte\/","title":{"rendered":"El regalo: Un antes y un despu\u00e9s (Cuarta parte)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"29294\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 18<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Un destello lejano parpade&oacute; un instante, fastidiando el iris marr&oacute;n de mis ojos, llamando mi atenci&oacute;n. Sac&aacute;ndome de mis pensamientos, tray&eacute;ndome de nuevo a aquel presente, seguramente producido al mover alg&uacute;n cristal de una de las ventanas de los pisos del frente, que yo pod&iacute;a observar tras de aquel ventanal. La m&uacute;sica fue decreciendo, y la aguja del tocadiscos cay&oacute; en el vac&iacute;o del surco que aparta una pista de la siguiente y se hizo un silencio breve, solo interrumpido por el sonido caracter&iacute;stico de un peque&ntilde;o motor en funcionamiento y produciendo una mon&oacute;tona vibraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Me di vuelta sin guardar el m&oacute;vil en mi bolsillo, sosteni&eacute;ndolo en mi mano derecha. Las delicadas notas primeras de aquella preciosa composici&oacute;n de Francis Lei, me causaban tranquilidad, tan necesaria como recordada, al escuchar despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os las melod&iacute;as de &laquo;Les Deux Nudit&eacute;s&raquo;. Me fij&eacute; entonces que en aquel estudio estaba yo solo. Ni la se&ntilde;ora Almudena ni Paola se hallaban all&iacute;. &iexcl;La habitaci&oacute;n del pecado! S&iacute;, all&iacute; deber&iacute;an de estar conversando. Y me dirig&iacute; hasta la abierta entrada.<\/p>\n<p>Me encontr&eacute; de golpe con una imagen jam&aacute;s imaginada y en mi rostro se dibujar&iacute;a con seguridad, una expresi&oacute;n de profundo desconcierto. No sabr&iacute;a expresar muy bien aquellas lejanas sensaciones, por lo que ve&iacute;a, por lo que estaba sintiendo al ver aquella&hellip; &iquest;Er&oacute;tica visi&oacute;n? Su perfecto rostro de anguladas facciones tan p&uacute;beres, sus abochornadas mejillas y el &aacute;ureo cabello revuelto&hellip; &iquest;Sus agitados gestos? Descifrado en aquella carita de ni&ntilde;a buena, por contraste el rostro de una mujer que goza. Ahogados gemidos con los p&aacute;rpados cerrados y grititos incesantes, pretendiendo salir con mayor fuerza y placer de&hellip; &iquest;su boca?<\/p>\n<p>En aquella habitaci&oacute;n con m&oacute;dica claridad, embelesado me qued&eacute; tan solo unos dos pasos dentro. &iexcl;Inm&oacute;vil! La puerta tras de m&iacute; completamente abierta y tapizada por dentro con acolchado rojo de cuerina, tal como las dem&aacute;s paredes del lugar. Maderos en cruz, estanter&iacute;as altas de barnizada madera con artilugios varios, met&aacute;licos unos, de cuero otros. Una cama tan amplia como para jugar all&iacute; una partida de squash, de barrotes altos y cromados. Cubierta ella por una satinada s&aacute;bana de seda negra, almohadones anchos y rojos, de formas rectangulares, otros bastante largos, como tabacos cubanos y unos amarres con sogas en sus extremos. Algunos taburetes y un mueble sinuoso a modo de las colinas que rodeaban mi lejano terru&ntilde;o. Por cielo raso una malla acerada, con cables y poleas. Y tres juegos de luces, azul, roja y &aacute;mbar; distribuidos en lo alto de las cuatro esquinas. Velos suspendidos, rojos, negros y blancos. Cintas anchas, otras angostas de tela brillante, negras, rojas tambi&eacute;n. Velones sin fulgor y m&aacute;s velas encendidas. Aromas, olores&hellip; Aquella era sin duda alguna, la &laquo;Habitaci&oacute;n del pecado&raquo;.<\/p>\n<p>Un poco al fondo, Paola estaba acostada boca abajo sobre algo parecido a una camilla de baja altura. Brazos y manos a sus costados, sus piernas blancas y largas abiertas a 45 grados, dobladas tambi&eacute;n hasta rozar con los dedos de sus pies el suelo de madera. Ella con su falda remangada por encima hasta su cintura y sus zapatos beige de alto tac&oacute;n, ordenados a un costado. En la boca una pelota roja, de goma tal vez, unida a una delgada cinta de cuero negro que se aseguraba con una hebilla met&aacute;lica tras su nuca.<\/p>\n<p>Y entonces comprend&iacute; el porqu&eacute; de aquellas vibraciones. Una m&aacute;quina de aspecto extra&ntilde;o para m&iacute;, se hallaba justo por detr&aacute;s, en medio de sus piernas. Un marco de negra tuber&iacute;a met&aacute;lica, hac&iacute;a las veces de soporte para un motor el&eacute;ctrico, el cual mediante un engranaje, hacia girar una rueda plateada y esta a su vez mov&iacute;a con empe&ntilde;o y frecuencia constante un pist&oacute;n brillante y delgado, en cuyo extremo se adosaba una verga gruesa y negra, un falo descomunal. Desplaz&aacute;ndose hacia adelante y luego atr&aacute;s, como siguiendo el ritmo de la m&uacute;sica que se escuchaba al fondo.<\/p>\n<p>De nuevo escuch&eacute; aquel&hellip; &laquo; &iquest;Te gusta lo que ves? &raquo;. Y s&iacute;, morbosamente me gustaba, tanto que fui notando como mi pene iba alcanzando tama&ntilde;o y consistencia bajo mis b&oacute;xer y mi pantal&oacute;n de pa&ntilde;o. Apart&eacute; mi mirada de aquellas nalgas que sub&iacute;an afanosas, que se adelantaban un poco, para luego volver bajando, insaciables hacia atr&aacute;s, lo que ella pod&iacute;a por la posici&oacute;n y la sujeci&oacute;n de sus piernas con correas a cada extremo de la camilla. Recibiendo las percutidas embestidas.<\/p>\n<p>&mdash;Ser&aacute;s bienvenido cuando quieras Rodrigo. Si quieres probar otros l&iacute;mites del placer. Explorar nuevos caminos y fronteras, dejarte llevar por lo que es tan natural e inocente, aunque muchos lo tilden de pecado. &mdash;Me dijo una Almudena sonriente, orgullosa de seguramente, poder deleitarme con aquellas vistas, de ense&ntilde;arme su lugar secreto y de tener a su disposici&oacute;n la c&aacute;ndida belleza de mi rubia compa&ntilde;era.<\/p>\n<p>Y yo segu&iacute;a all&iacute;, mis pies fijados al tablado como si fuesen de concreto e impidieran mi libre movimiento. Y la Barranquillera, complacida m&aacute;s all&aacute;. Desde mi posici&oacute;n no pod&iacute;a observar como aquel falo de pl&aacute;stico profanaba su, &ndash;de seguro&ndash; rosada intimidad. M&aacute;s mi mente si la imaginaba, entre sus h&uacute;medos fluidos, recibiendo ella agradecida, su grosor y artificial virilidad. A pesar de estar mi rubia aprendiz tan expuesta ante nosotros, respet&eacute; su momento lleno de er&oacute;tica intimidad. Nos olvidamos los dos por un momento de Paola y de su placentero sufrimiento. Aunque jadeaba, aunque gru&ntilde;&iacute;a, no la escuchaba con mucho inter&eacute;s. Solo su voz, la de Almudena. Aquella suave, firme y segura, la voz de una cliente jam&aacute;s imaginada.<\/p>\n<p>&mdash;Si quieres te ense&ntilde;ar&eacute; un mundo nuevo, uno diferente donde confluyen en un mismo oc&eacute;ano, dos corrientes. &mdash;Continu&oacute; Almudena habl&aacute;ndome, pervirtiendo mis normales emociones con su discernimiento.<\/p>\n<p>&mdash;Por un lado tu mon&oacute;tono placer tan conocido, el cual con un poco de tiempo y algo de esfuerzo tuyo, despojar&eacute; de tus recuerdos. Y por la otra vertiente, el placer por el dolor que te niegas a reconocer. &mdash;Estaba confundido, nervioso y como no, expectante ante aquel soliloquio.<\/p>\n<p>&mdash;Aquel temor que guardamos internamente todos. &iexcl;Si tesoro! Aunque me pongas esa carita de desconcierto. Toda esa adrenalina que sentimos frente al peligro, expuestos a perderlo todo en un &iacute;nfimo instante. Nuestra ilusa moralidad, nuestras honestas sensaciones. La conmoci&oacute;n causada por la euforia cuando alcanzamos una victoria, cuando tenemos en nuestras manos el poder. Esa fuerza interior para entregar gozo, causando antes un poco de dolor, que al final no es lo m&aacute;s importante. Nuestro placer es lo primero. Ego&iacute;sta emoci&oacute;n, aunque sea alcanzando nuestro cl&iacute;max por medio del arrebatamiento en otro ser. &iquest;Deseas experimentar? &iquest;Conocer tus fronteras? As&iacute; como &eacute;sta fr&aacute;gil preciosidad que se arriesg&oacute;, que ahora disfruta, sufre y gime. &iexcl;S&iacute;! Rodrigo, ella tambi&eacute;n busca, sondea sus bordes&hellip; &iexcl;M&iacute;rala! Rodrigo, llora. Placer, dolor&hellip; T&uacute;, &iquest;cu&aacute;l puedes ver? &iquest;Cu&aacute;l de las dos?<\/p>\n<p>No sab&iacute;a qu&eacute; contestar, sencillamente al mirar el rostro de Paola, con aquella bola en su boca, impidi&eacute;ndole articular entendibles frases, permiti&eacute;ndole tan solo gestos y un breve espacio para babear. &iexcl;Sudor! En su frente y en la m&iacute;a. Escalofr&iacute;os recorriendo mi espalda y en ella, tanta vida y mil espasmos. Sus lagrimales dejaban escapar algunas brillantes gotas de salada humedad. Pod&iacute;a observar como sus manos esposadas a los costados, se crispaban una y otra vez, como si quisiera ara&ntilde;ar con sus largas u&ntilde;as, la espalda de un invisible amante, o tan solo afirmarse en las vol&aacute;tiles mol&eacute;culas que formaban el aire a su alrededor.<\/p>\n<p>Contra&iacute;a sus dedos por momentos para luego estirarlos tan largos eran y sucumbir al orgasmo recibido. Escuchaba m&aacute;s fuerte su respiraci&oacute;n, jadeante belleza de cabellos dorados y tan desordenados por el agitar de su cabeza, hacia un lado y luego hacia atr&aacute;s, para despu&eacute;s, desvaneci&eacute;ndose entre atrapados gemidos caer hacia el frente, ocultando de mi panorama su hermoso perfil. &iquest;Rendida quiz&aacute;s? o &iquest;Satisfecha y agradecida? Y la respuesta a esas preguntas, era un rotundo s&iacute; para las dos.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Rocky! &iquest;Puedo llamarte as&iacute;? Creo que ya nos tenemos bastante confianza. &iquest;O no? &iexcl;Jajajaja! Ven coraz&oacute;n, y s&iacute;rveme otra copa, brindemos por el destino que ha entrelazado nuestros caminos. &mdash;Y me acerqu&eacute; para recibir de sus manos la botella de Brandy, para llenar primero su copa y posteriormente la m&iacute;a. Mir&eacute; luego hacia el &iexcl;Aughhh! prolongado que proven&iacute;a del lugar donde se suced&iacute;a un encuentro sexual tan disfrutado como bizarro. La v&iacute; por un instante, Paola que segu&iacute;a all&iacute;, batallando sola en una guerra desde un comienzo p&eacute;rdida. La m&aacute;quina en su constante funcionar, embisti&eacute;ndola desde su posterior posici&oacute;n, al final iba a vencerla con plena seguridad.<\/p>\n<p>&mdash;Cuando causamos gozo en otras pieles, cuando hurgamos en sus mentes y en las profundidades de angostos orificios, buscando los l&iacute;mites del gusto por el dolor en los dem&aacute;s para hacerlo propio, nuestros miles de orgasmos sentidos, al tomar de nuestros amantes, lo suyo, &iexcl;lo que al parecer nos es tan clandestino! &mdash;No daba cr&eacute;dito a lo que escuchaba. Y menos al ver como Almudena, muy cercana a la cabeza inquieta de Paola, sub&iacute;a una de sus piernas en un taburete cercano, tomando el borde de su vestido para levantarlo y llevarlo a su cadera, ofreci&eacute;ndole con total seguridad, la vista de aquella vulva de morenos y gordos labios, con la &iacute;ntima argolla atravesando su cl&iacute;toris y a m&iacute;, un amplio campo de visi&oacute;n. Media nalga, doblada y bronceada pierna, un tobillo decorado por aquellas sandalias, cubriendo un pie de u&ntilde;as bien pintadas. Muy cerca. &iexcl;Demasiado!<\/p>\n<p>&mdash;Ese deleite al final, cuando paramos de disfrutar o de tolerar y al que nunca queremos dejar emerger. &iexcl;Vencer&eacute; tus miedos Rocky! Si t&uacute; quieres y deseas, juntos alcanzaremos la libertad a&ntilde;orada, descubrir&aacute;s placeres sin demarcaciones ni confines, porque en el dolor, tambi&eacute;n hallar&aacute;s la c&uacute;spide de un cl&iacute;max que despu&eacute;s no querr&aacute;s abandonar. &mdash;Y entonces se encendi&oacute; la flama de un zippo de plata, dando calor y vida a un rubio cigarrillo. Aspir&oacute; con la hermosa firmeza de sus labios, dibujando en sus mejillas una leve oquedad, para luego expulsarlo muy lentamente. Despacio liber&oacute; el humo en azuladas ondas flotantes. Muchas mujeres he visto fumar en mi vida, tan pocas contadas con los dedos de mi mano, sab&iacute;an hacerlo de manera &iacute;ntima, tan espectacular. Er&oacute;tica imagen de pura elegancia y sensualidad.<\/p>\n<p>Me llev&eacute; la copa a la boca y beb&iacute;, un trago profundo, no lo saboree como es debido. Me urg&iacute;a calmar mi sed f&iacute;sica, pues la mental ya estaba siendo colmada con aquella informaci&oacute;n. Almudena se agach&oacute; &aacute;gilmente para observar el rostro de aquella entregada rubia. Le acarici&oacute; la cara, acomod&oacute; un poco aquella bola roja y luego su mano la pas&oacute; por la cabeza de Paola, tomando entre sus dedos, su larga cabellera, levant&aacute;ndola con fuerza, provocando otro espasmo en mi hermosa compa&ntilde;era de trabajo. Le acerc&oacute; su vulva al rostro, su cigarrillo pendiendo de su boca y con la mano libre, abri&oacute; deliberadamente los pliegues de su vagina para restregarla contra las delicadas facciones de aquella Barranquillera, antes tan desatada y ahora tan sumisa.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ac&eacute;rcate Rocky! &mdash;Exclam&oacute; de repente Almudena&ndash;. &mdash;Comprueba t&uacute; mismo si en este inocente rostro, ves t&uacute; el pecado o la virtud del placer alcanzado. &mdash;Y me acerqu&eacute; a ellas con mi copa de Brandy casi vac&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Ven Rocky, dame tu mano. &mdash;Y se la entregu&eacute; sin rechistar, alucinado por aquel s&oacute;rdido ambiente de parcializada claridad y fragancia a flujo de mujer, de artificial sexo consentido, al igual que los vol&aacute;tiles aromas que se desprend&iacute;an de su copa, de la m&iacute;a y aquel olor a tabaco de su cigarrillo.<\/p>\n<p>Tibia la temperatura de su mano, firme el sonido de su mandato.<\/p>\n<p>&mdash;Arrod&iacute;llate aqu&iacute; y obs&eacute;rvala. &mdash;Y me arrodill&eacute;.<\/p>\n<p>Almudena manten&iacute;a la cabellera rubia de Paola, firmemente enredada entre los dedos su mano cerrada, obligando a la Barranquillera, a mantener su cuello en alto, dificultando en algo su estremecida respiraci&oacute;n. Excitada mov&iacute;a sus caderas, elev&aacute;ndolas, desplaz&aacute;ndolas hacia atr&aacute;s. Gem&iacute;a, gru&ntilde;&iacute;a, temblaba y su sudor resplandec&iacute;a en su hermoso rostro, desmaquillando sus p&oacute;mulos, corriendo desordenadamente la l&iacute;nea azul en sus delineados ojos esmeraldas. &iexcl;Lloraba!<\/p>\n<p>&mdash;B&eacute;sala ahora, calma su ans&iacute;a y m&eacute;tele tu dura polla en la boca. &mdash;Me orden&oacute; Almudena.<\/p>\n<p>Me acerqu&eacute; como en c&aacute;mara lenta hacia aquella boca abierta, con la bola roja entorpeciendo sus sexuales lamentos. Tom&eacute; con cari&ntilde;o y delicadeza su cabeza y me apresur&eacute; a liberar su nuca de aquel artilugio, deshaciendo su ligadura.<\/p>\n<p>Almudena tom&oacute; entonces una de las esposadas manos de Paola, la izquierda para ser exactos. La provey&oacute; primero de caricias suaves y dando vuelta por la palma, un poco por encima de la mu&ntilde;eca, esper&oacute; el &uacute;ltimo jadeo de aquel orgasmo, uno m&aacute;s de los tantos conseguidos en corto tiempo y estamp&oacute; la encendida colilla de su cigarrillo, en la blanca piel. Paola grito de dolor, al tiempo que me ofrec&iacute;a con ans&iacute;as, la humedad de su boca, en un &uacute;ltimo estertor de placer.<\/p>\n<p>&iexcl;Pero no! no la bes&eacute;. Me puse en pie r&aacute;pidamente y a mi mente vino el rostro de mi esposa, mi amada Silvia, mi &uacute;nico amor. Y adicional a esa hermosa imagen un recuerdo, aquel de c&oacute;mo hab&iacute;a aprendido yo sobre el sexo, sobre el cari&ntilde;o y el respeto, la primera vez de un adolescente amor.<\/p>\n<p>Me encontr&eacute; de golpe con una extra&ntilde;a sensaci&oacute;n tan antigua como olvidada. Porno duro de mi adolescencia. Pecaminosas revistas acompa&ntilde;antes de mis primeras pajas a escondidas, en aquella ciudad tan elevada y fr&iacute;a; de cl&aacute;sica moralidad y r&iacute;gida educaci&oacute;n espiritual.<\/p>\n<p>Una colecci&oacute;n valiosa solo para mis ojos y mis cinco dedos, temerosamente escondidas bajo el colch&oacute;n. Im&aacute;genes posteriormente apartadas, bloqueadas por el sexo buscado en las calles angostas de antiguas casas de puertas abiertas, invitando todas y cada una de ellas, para entrar en sus laberintos de pasi&oacute;n. Disfrutar de intimidades en su buscada oscuridad a las faldas de una monta&ntilde;a de verdes y altos pinos, bosques de arom&aacute;ticos eucaliptos, barrio de tejas de barro escarlata, en la zona roja y prohibida de Bogot&aacute;.<\/p>\n<p>Sexo conseguido con una peque&ntilde;a maestra, sola Soledad conmigo, desnudo yo, vestida de experta prostituta esa hermosa &laquo;sardina&raquo;. Rubias sus trenzas tejidas de inocencia, blanca piel usada de mujer. Dos adolescentes amantes en escapadas tardes, tomados con nervios de la mano la primera vez. Una piel besada en un final de mayo, ense&ntilde;adas muestras de placer a comienzos del soleado junio; la segunda vez que falt&eacute; a clases por ir a verla, hablar con Soledad, besarla y amarla, hacernos a un amor por pago, sobre la misma cama con variadas frazadas de lana, sin importarnos que fuera en una habitaci&oacute;n con poca ventilaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Llena ella de un dolor tan humano, tan vac&iacute;a mi Soledad del amor de una madre. Aromas de sexo mezclados con madera enmohecida, pintada la pared de mucha mugre que para nada deshonraba a su rosa virginal. Tambi&eacute;n, ocupaban aquellos espacios mis hormonados temores, la inexperiencia de social intimidad y su inocente manera de ense&ntilde;arme ella, a acariciar, besar y penetrar de cari&ntilde;o, su c&aacute;lido interior. Fue Soledad la mujer primera, la llave que abri&oacute; la cerradura de mi despertar.<\/p>\n<p>Todo termin&oacute; en un instante, tan repentinamente como tal vez comenz&oacute;. Su cara sudorosa, su boca h&uacute;meda por la exagerada salivaci&oacute;n, denotaba una leve sonrisa. Tan agradecida como confundida. Su pecho sub&iacute;a y bajaba, su top blanco de delgada tela, parec&iacute;a querer desgarrarse por la presi&oacute;n de sus pechos, dejando percibir, la dureza de sus pezones embravecidos. En su rostro una extra&ntilde;a mezcla de lujuria e inocencia. Al verla as&iacute; tan entregada, a mi nueva compa&ntilde;era de trabajo, &ndash;mi rubia Barranquillera&ndash; aquella figura tan sumisa y dispuesta, se incrust&oacute; para siempre en mi mente, con su sexual atracci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Rocky, has visto c&oacute;mo se obtiene un poco de placer, m&aacute;s yo te auspicio que gozaras muchos momentos, obtenidos y ofrecidos. Pero solo si al buscarlo, entregas. Aunque debo advertirte tambi&eacute;n qu&eacute; al hallarlo, encontrar&aacute;s en &eacute;l, un poco de dolor.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que por hoy ha sido suficiente, me esperan mis hijos y mi esposa. Luego hablamos de la retoma, despu&eacute;s de entregarle a mi jefe las impresiones de tu camioneta. &mdash;Y ayud&eacute; a Paola a recomponer su vestuario, abrig&aacute;ndola con su chaqueta por encima de los hombros, arrodill&aacute;ndome ante ella para colocar en sus pies los zapatos beige y todo, sin observar ni un instante el rostro de Almudena.<\/p>\n<p>Bajamos en silencio los tres hasta la puerta de salida. Tom&eacute; mis cosas y Paola su cartera de charol negro. Y salimos fuera de aquella hermosa casa en direcci&oacute;n a mi coche. Paola se detuvo y se gir&oacute; hacia Almudena, abraz&aacute;ndose con entregada complicidad, d&aacute;ndole un beso en la mejilla a modo de agradecimiento por las molestias causadas y por despedida una mirada extra&ntilde;a y de su voz, un hasta pronto.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Rocky?&#8230; &mdash;&iquest;Se&ntilde;ora?&ndash;. Contest&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ser&aacute;s capaz de aguantar unos d&iacute;as tu propuesta? Debo salir de viaje por unos d&iacute;as. &mdash;Claro que s&iacute;, me puedes llamar cuando regreses, ojala antes de fin de mes&ndash;. Le respond&iacute;, envolviendo sus manos, dentro de las m&iacute;as.<\/p>\n<p>&mdash;Oye Almudena, tengo curiosidad. &mdash;Ella entonces me regal&oacute; su pl&aacute;cida mirada&ndash;. &iexcl;T&uacute; dir&aacute;s Rocky! &mdash;Me respondi&oacute; con su aguda voz.<\/p>\n<p>&mdash;Ver&aacute;s, todo esto es extra&ntilde;o para m&iacute; y pues&hellip; &iquest;Que piensa a todas estas tu marido?<\/p>\n<p>&mdash;Jajaja, Cari&ntilde;o, digamos que no supo estar a mi altura. No pudo asumir mis deseos de experimentar, de conocer mis l&iacute;mites y menos estaba dispuesto a compartir mis deseos ni tan siquiera&hellip; &iexcl;Dejarme volar sola! Me aburr&iacute; de su ego&iacute;smo. Nos divorciamos hace unos meses atr&aacute;s. &iquest;Satisfecho? &mdash;Por supuesto, esta todo m&aacute;s claro. Gracias.<\/p>\n<p>Abr&iacute; la puerta del acompa&ntilde;ante y dej&eacute; seguir a Paola hacia el interior, con ella acomodada cerr&eacute; la portezuela del auto y me di la vuelta por la parte delantera. Ya dentro de mi veh&iacute;culo, baj&eacute; los vidrios delanteros y Almudena se acerc&oacute;, colocando a modo de repisa sus dos brazos cruzados y sobre ellos su ment&oacute;n. Y me habl&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Volver&aacute;s Rocky! pero no solo. Y no con esta. &mdash;Me advirti&oacute; aquella rara cliente m&iacute;a, se&ntilde;alando con un gesto de sus labios a Paola.<\/p>\n<p>&mdash;Regresar&aacute;s con tu esposa, con la mujer a quien dices tanto amar. &iexcl;Rocky!&hellip; Perder&aacute;s un poco por ofrecer&hellip; &iexcl;Pero ganar&aacute;s mucho al obtener! &mdash;La mir&eacute; con cara de asustado, exteriormente nervioso y confundido mi interior. Meti&oacute; su cabeza hasta alcanzar la cercan&iacute;a justa y necesaria para darme un beso con su boca entreabierta, un beso al cual no correspond&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Almudena&hellip; &mdash;le dije. &mdash;Y a qu&eacute; te dedicas aparte de pintar y de&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hummm! En serio con todo lo que te expuesto &iquest;a&uacute;n no lo descifras? Te lo dejar&eacute; de tarea y la pr&oacute;xima vez que t&uacute; y yo hablemos, me dar&aacute;s tu respuesta. &mdash;Ok, perfecto&ndash;. Contest&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Sin embargo&hellip; Puedo entender que la gente busque la &laquo;felicidad&raquo; a su manera. Soy comerciante, un hombre de negocios y lo sabes. Un vendedor normal de autos y camiones, m&aacute;s nunca negociar&eacute; ni canjear&eacute; mis principios. Para m&iacute; el amor es un sentimiento &uacute;nico, personal e indivisible. A sola una persona se lo puedo entregar. Y ya lo hice a&ntilde;os atr&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Y s&iacute;, tienes raz&oacute;n en algo&hellip; &laquo;Amar, usualmente duele&raquo;. Pero es un riesgo que no te niego, ni al que yo me ocultar&eacute;. Lo dem&aacute;s es querer y ganas. Cari&ntilde;o es distinto y la estimaci&oacute;n puede confundirnos, mi atractiva Almudena. &mdash;Ella tan solo sonre&iacute;a, no se inmutaba para nada y ni una de mis palabras parec&iacute;an afectarla&ndash;. Y continu&eacute; mi disertaci&oacute;n&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Puedo tener sexo contigo por lujuria, o deseos de estar con una u otra mujer que se me antoje, si rubias o morenas, altas o bajitas de estatura; planas o rellenas de carne y silicona. Que sean hermosas y atractivas no estar&iacute;a de m&aacute;s, &ndash;y mir&eacute; a Paola&ndash; pero nunca&hellip; &iexcl;Jam&aacute;s! me aprovechar&iacute;a de ellas en estados de embriagada insensatez o de maniatada indefensi&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Soy un hombre de luces y de sombras. Yo doy de lo que recibo. Un hombre sencillo de rectas muy derechas y de curvas escabrosas. Necesito de visuales est&iacute;mulos y de n&iacute;tidas sensaciones. Porque soy de estructura bastante f&iacute;sica y de qu&iacute;mica enso&ntilde;aci&oacute;n&hellip; &iexcl;Coraz&oacute;n!<\/p>\n<p>&mdash;Hasta pronto Almudena. No olvides llamarme al regresar.<\/p>\n<p>&mdash;Con el tiempo tesoro, todo va perdiendo consistencia. El cuerpo, los &oacute;rganos y por supuesto&hellip; &iexcl;El amor, Rocky! &mdash; Me dijo Almudena a modo de despedida.<\/p>\n<p>Finalmente arranqu&eacute;.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>Salimos con prisa de aquel hotel, caminando &eacute;l unos dos pasos por delante de m&iacute;. &Iacute;bamos en silencio los dos, el sumido en sus problemas con sus manos en los bolsillos del pantal&oacute;n y yo de brazos cruzados, mi cabeza inclinada mirando mis pasos, con ganas de llegar a poner todo en orden y hablar. &iexcl;S&iacute;! Conversar sinceramente con mi jefe acerca de lo ocurrido entre los dos aquella tarde del viernes pasado. &iquest;C&oacute;mo empezar a hablar? &iquest;Qu&eacute; decirle despu&eacute;s de todo lo acontecido entre los dos, en aquella habitaci&oacute;n de hotel? &iquest;Y lo de la oficina? &iexcl;Pufff! Muchos suspiros y pocas ideas. Y luego estaba en mi mente, aquel revelador video que mi jefe no sab&iacute;a que yo hab&iacute;a observado. Mi esposo no.<\/p>\n<p>Justo antes de llegar a la entrada del edificio, mi jefe se detuvo y se dio vuelta para abrazarme y acerc&aacute;ndose a mi o&iacute;do derecho, me dijo casi susurrando&hellip; &iexcl;Gracias por todo, por cuidar de mi con tanta dedicaci&oacute;n y esfuerzo, mi &aacute;ngel! Seguramente me puse colorada, por aquellas palabras y por su inesperado abrazo. Fue un instante, quince o veinte segundos de breve cercan&iacute;a, pero me separ&eacute; de &eacute;l educadamente y continuamos hacia las amplias puertas de cristal. Don Hugo como de costumbre sigui&oacute; de largo sin saludar a los guardas de seguridad, por el contrario yo s&iacute;. Nos metimos al elevador y el puls&oacute; el n&uacute;mero diez. Escasos los metros cuadrados, inc&oacute;modo silencio al interior, nerviosa mi respiraci&oacute;n. Llegamos a la oficina y de manera profesional, me sent&eacute; yo en mi puesto, encend&iacute; mi ordenador y la luz de la oficina de don Hugo se ilumin&oacute;. Revis&eacute; los folders y las carpetas acumuladas a la derecha de mi escritorio, mientras escuchaba como el entraba a su ba&ntilde;o, la puerta no la cerr&oacute;.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de observar que todo estaba completo y en orden, tom&eacute; aquellos informes y me dirig&iacute; a su oficina. El segu&iacute;a en el ba&ntilde;o, la puerta a medio cerrar. Coloqu&eacute; con cuidado las carpetas al costado izquierdo, fij&aacute;ndome que aquel port&aacute;til se encontraba apagado. El retrato segu&iacute;a boca abajo, todo tan igual. Me qued&eacute; de pie all&iacute; por un momento, hasta que escuch&eacute; el sonido del interruptor y el aroma intenso de una colonia varonil, invadir la oficina y mis despiertos sentidos. Y lo mir&eacute; dar un rodeo hasta situarse en frente de m&iacute;, sent&aacute;ndose como siempre, imponente en su sill&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno Silvia, vamos a ver qu&eacute; es tan urgente para ti. &mdash;Me dijo sonriente, empezando a encender su computadora y luego el port&aacute;til. Se acomod&oacute; los tres botones de una camisa tipo polo, de color amarillo, pues se hab&iacute;a cambiado de ropa en el ba&ntilde;o. Ambas pantallas iluminaron su rostro, y su mirada se detuvo unos minutos en la de su personal laptop. Frunci&oacute; el ce&ntilde;o, hizo una mueca de disgusto y luego se gir&oacute; hacia el ordenador, escribi&oacute; su clave sin hacer el m&iacute;nimo gesto por ocultarla de mi vista. Abri&oacute; un programa y tom&oacute; la carpeta con el primer informe, el que yo hab&iacute;a preparado para las oficinas principales en Nueva York.<\/p>\n<p>No hab&iacute;a ruido en aquella oficina, aunque mis pensamientos quiz&aacute;s, se pod&iacute;an escuchar con fuerza en el exterior. Solo el sonido de las teclas presionadas por sus dedos, al deslizarse sobre letras y n&uacute;meros, con inusitada velocidad, romp&iacute;a la mon&oacute;tona reuni&oacute;n, &eacute;l y yo de nuevo a solas.<\/p>\n<p>&mdash;Pues Silvia, todo est&aacute; en orden. Eres simplemente magn&iacute;fica en tu desempe&ntilde;o laboral, t&uacute; tan bella y eficiente como siempre. &mdash;Muchas gracias jefe&ndash;. Le respond&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Don Hugo debe firmar aqu&iacute;, en la &uacute;ltima hoja. &mdash;Le habl&eacute;, indic&aacute;ndole el lugar donde deber&iacute;a estampar su elegante r&uacute;brica, d&aacute;ndome para entonces la vuelta a su escritorio, coloc&aacute;ndome a su izquierda.<\/p>\n<p>&mdash;Ok, perfecto. Ya est&aacute;. Lo puedes enviar ma&ntilde;ana a primera hora, por favor. &mdash;Levant&eacute; mi mirada y mis ojos los dirig&iacute; sin querer hacia la pantalla del port&aacute;til. Las c&aacute;maras segu&iacute;an all&iacute;, en cuatro recuadros mostrando se&ntilde;al de actividad. Su esposa se paseaba de la alcoba principal hasta la sala de aquel hogar. Hablaba con alguien por el m&oacute;vil. Obviamente con mi jefe no. &iquest;Ser&iacute;a con su amante? Ella vest&iacute;a ligera, con un pijama de tela brillante y perlada palidez. Descalza y su rostro desmaquillado. C&oacute;moda ella, tan intranquila yo.<\/p>\n<p>Don Hugo se dio cuenta de mi curiosa impertinencia y con dos dedos, baj&oacute; la tapa del notebook.<\/p>\n<p>&mdash;Hummm, &iquest;Continuamos, Silvia? &mdash;S&iacute; se&ntilde;or, disculpe usted&ndash;. Le respond&iacute;, apart&aacute;ndome un poco para luego inclinarme para tomar el siguiente informe, el de Portugal.<\/p>\n<p>Lo revis&oacute; con calma, hoja por hoja y lo firm&oacute; tambi&eacute;n. Finalmente el dossier con los documentos para entregar a la oficina de Londres. Estuvo varios minutos inspeccionando la documentaci&oacute;n y confront&aacute;ndola con los datos que estaban en su programa, los acomod&oacute; finalmente y mir&aacute;ndome satisfecho, me los entreg&oacute;. Con todo firmado, recog&iacute; las tres carpetas y me di la vuelta para llevarlas a mi escritorio, con tan mala fortuna de que al pasar por el costado de su escritorio, tropec&eacute; con una de sus maletas y me torc&iacute; el tobillo, haci&eacute;ndome trastabillar y gritar saltando en una pierna, por el dolor en mi pie.<\/p>\n<p>No solt&eacute; las carpetas, pero tuve que sentarme apurada en una de las sillas que estaban frente a &eacute;l. Con cuidado deposit&eacute; en el asiento de la otra los informes y cerrando mis ojos, con claro gestos de dolor, cruc&eacute; mi pierna maltratada sobre la otra y llev&eacute; mi mano hasta el tobillo para apret&aacute;rmelo, mientras que la otra frotaba mi frente, como si el golpe hubiese sido all&iacute;. &iexcl;Juro que lo hice sin querer!<\/p>\n<p>Con mi cabeza echada hacia atr&aacute;s por el agudo padecimiento, sent&iacute; las tibias caricias de otras manos, las de mi jefe sobando mi tobillo, delicadamente. Que agradable sensaci&oacute;n de firmeza y de calor, frotando hacia arriba y hacia abajo el lugar en el cual sent&iacute;a de a poco, llegar la calma y bajar el ardor del golpe.<\/p>\n<p>&mdash;Silvia&hellip; &iquest;te lastimaste mucho? &mdash;Le escuche decir&ndash;.<\/p>\n<p>Abr&iacute; mis ojos y lo mir&eacute; agradecida&hellip; &iexcl;Mierda! Los ojos de mi jefe no estaban a la altura de los m&iacute;os. Por el contrario, estaban fijos mirando el espacio abierto entre mis dos piernas, que hab&iacute;a dejado mi falda por aquel intempestivo movimiento. Yo no ten&iacute;a mis panties puestos. H&uacute;medos estaban dentro de mi bolso junto a mi brassier. Con seguridad, don Hugo me habr&iacute;a visto toda la vulva, con mi descuidada mata de pelos. Mi vagina expuesta a su indiscreta mirada.<\/p>\n<p>R&aacute;pidamente retir&eacute; mi pie de sus manos y descruc&eacute; las piernas, para luego acomodar el largo de mi falda. Ruborizada y sin mirarlo, le di las gracias, me puse en pie y sal&iacute; cojeando presurosa de su oficina. En ning&uacute;n momento busqu&eacute; su mirada. Apenada, orden&eacute; todo y tom&eacute; mi abrigo y mi bolso&hellip; &iexcl;Juep&hellip;! No hab&iacute;a mirado mi tel&eacute;fono por descuidada. &iquest;Ocupada? &iexcl;Qu&eacute; tarde era por Dios!, ya casi las diez. Revis&eacute; los mensajes, las llamadas perdidas. Nada, cero mensajes, ni una sola de Rodrigo. &iexcl;Qu&eacute; raro! Un solo mensaje de mi madre, confirm&aacute;ndome haber dejado ya a mis hijos al cuidado de mi esposo.<\/p>\n<p>&mdash;Silvia, vamos te llevo a casa. &mdash;Y entonces apagu&eacute; mi m&oacute;vil y le observ&eacute; su rostro. Estaba serio, como molesto. De seguro no por m&iacute;. &mdash;Acepto encantada jefe, &iexcl;pues ya se me ha hecho tarde!&ndash;. Le respond&iacute;.<\/p>\n<p>Ya metidos en el auto, &eacute;l, yo y sus maletas, de manera diligente y caballerosa se ofreci&oacute; a acomodarme el cintur&oacute;n de seguridad. Nuevamente la fragancia de su colonia me envolvi&oacute; al acercarse a m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Tomamos la misma ruta? &mdash;Me dijo sonriendo, mostr&aacute;ndome el perlado de su perfecta dentadura.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Si se&ntilde;or! A estas horas no debe de existir mucho tr&aacute;fico. &iquest;Recuerda bien la direcci&oacute;n? &mdash;C&oacute;mo olvidarla Silvia. &mdash;Me respondi&oacute; r&aacute;pidamente y en sus ojos grises, una maliciosa mirada que me hizo sonrojar. Y sent&iacute; un hormigueo importunando mi vagina. &iquest;Humedad tambi&eacute;n?<\/p>\n<p>Y arrancamos en silencio, sin mirarnos ni decirnos nada, un recorrido largo de avenidas iluminadas y pocos autos rodando, hasta que mi jefe encendi&oacute; la radio del auto. Una balada pop en espa&ntilde;ol sonaba, la reconoc&iacute; de inmediato, pues su voz flamenca y la figura preciosa de aquella morena, era una de las preferidas cantantes espa&ntilde;olas de Rodrigo.<\/p>\n<p>&hellip;&laquo;Se despierta azul Madrid por la ma&ntilde;ana,<\/p>\n<p>Entre las perdidas, tengo tu llamada.<\/p>\n<p>El mundo est&aacute; ya en la televisi&oacute;n, pero yo<\/p>\n<p>Sigo aqu&iacute; resistiendo a la confusi&oacute;n&raquo;&hellip;<\/p>\n<p>Y entonces lo mir&eacute;, pero &eacute;l segu&iacute;a concentrado, su vista puesta al frente, en la ruta.<\/p>\n<p>&hellip;&laquo; Quiero rendirme en sus brazos<\/p>\n<p>Quiero conocerle y abrir un camino de nuevo<\/p>\n<p>Es que cuando me roza, prendo fuego al mar, te digo<\/p>\n<p>Quiero encontrarme en sus ojos y volverme a ver<\/p>\n<p>Ya lo s&eacute; es cruel, perd&oacute;name, todo no es casualidad&raquo;.<\/p>\n<p>Al terminar esa estrofa, Mi jefe se detuvo en un sem&aacute;foro y me mir&oacute;. No esquiv&eacute; sus ojos para nada, y de la misma nada, sent&iacute; su mano acariciar mi mejilla y sus dedos bordear mis labios.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Jefe, por favor!&#8230; Tenemos que hablar de lo que pas&oacute; el viernes y de lo que aconteci&oacute; hoy. &mdash;Me mir&oacute; sin hacer comentario alguno, el sem&aacute;foro cambi&oacute; su color y prosigui&oacute; la marcha el auto, suavemente. &mdash;Lo s&eacute; preciosa, mi &aacute;ngel salvador. &mdash;La canci&oacute;n estaba por terminar y yo&hellip; le sonre&iacute;, consentida por aquel halago&ndash;.<\/p>\n<p>Gir&oacute; a la derecha y unos metros antes del portal de la entrada a los edificios de mi hogar, se detuvo. Apag&oacute; el motor y se gir&oacute; un poco en su asiento. &iquest;Solo para hablar?<\/p>\n<p>&mdash;Mire don Hugo, el viernes no s&eacute; por qu&eacute; sucedi&oacute;, yo me dej&eacute; llevar al verlo tan triste y llorando sin saber por qu&eacute;. Me conmovi&oacute; mucho verlo a usted tan abatido. Yo solo me acerqu&eacute; para darle consuelo y&hellip; &mdash;No me dej&oacute; continuar, pues estir&oacute; su brazo y un dedo suyo se pos&oacute; en mi boca, en se&ntilde;al de no dejarme hablar m&aacute;s. Nos miramos fijamente y por algunos minutos, tres, tal vez seis o diez, no lo recuerdo, sin hablarme &eacute;l ni continuar yo, tan solo nos un&iacute;a la conexi&oacute;n en nuestros ojos y la suave caricia de nuestras manos.<\/p>\n<p>&mdash;T&uacute; no tienes que disculparte Silvia, ni yo tampoco por lo sucedido el viernes en la oficina. Pas&oacute;, te bes&eacute;, me besaste. Nos besamos. Simplemente sucedi&oacute;. Pero lo de hoy si&hellip; Perd&oacute;name, disculpa mi torpeza y la embriaguez. Pero quiero que sepas el porqu&eacute; de todo. Por qu&eacute; te llam&eacute; en mi borrachera, yo&hellip; &iexcl;Silvia te necesito! &mdash;Solt&oacute; su cintur&oacute;n de seguridad, yo desabroche el m&iacute;o. El pas&oacute; su mano por detr&aacute;s de mis cabellos, pos&aacute;ndola brevemente por mi nuca, caus&aacute;ndome escalofr&iacute;os.<\/p>\n<p>Las diez y veinte y yo all&iacute;, a su lado y tan cerca de las miradas indiscretas de alg&uacute;n vecino. M&aacute;s la verdad, no me importaba, no estaba haciendo nada malo ni dando espect&aacute;culo en la calle. Solo conversaba con alguien, aunque ese alguien me estuviera gustando.<\/p>\n<p>&mdash;Silvia, quiero que sepas que estoy as&iacute;, pues Martha, mi esposa me ha sido infiel. Y lo que sucedi&oacute; entre los dos el viernes no fue por venganza o desespero. Ser&eacute; honesto contigo&hellip; &iexcl;Me gustas Silvia! me atraes desde mucho tiempo antes, solo que yo cre&iacute;a ser feliz en mi hogar con ella y con mis hijos y t&uacute;, pues tan eficiente y tan presente en mis d&iacute;as, eras una mujer prohibida. &mdash;&iexcl;Soy don Hugo! No se le olvide que estoy tambi&eacute;n casada. &mdash;Le afirm&eacute; mis palabras, mostr&aacute;ndole la alianza que rodeaba el dedo de mi mano&ndash;.<\/p>\n<p>&mdash;Silvia, Martha se viene acostando con un tipo que seguramente conoci&oacute; en alguna de sus salidas los jueves, quiz&aacute;s se lo present&oacute; una de sus amigas. Hay una de ellas, una divorciada que no me pasa. Es un tipo alto y de piel morena, quiz&aacute;s de una edad similar a la m&iacute;a&hellip; &mdash;Lo escuch&eacute; sorprendida completamente, pues la descripci&oacute;n de aquel amante, no era para nada equivalente al joven rubio y musculoso del video.<\/p>\n<p>&mdash;&hellip; Pero el fin de semana anterior, mientras yo estaba de viaje, pude constatar que no era el &uacute;nico amante. Los vi Silvia. &mdash;Y empez&oacute; nuevamente a dejar caer por sus mejillas, las l&aacute;grimas y en sus manos, un leve temblor.<\/p>\n<p>&mdash;Yo la amaba y te consta que no di motivo alguno para ser traicionado de esa manera. Los grab&eacute; Silvia, lo hicieron en mi propia casa, en mi sala. No le import&oacute; nada, ni los rumores de los vecinos si la hubieran visto entrar con otro a mi hogar. No le carcomi&oacute; la conciencia para nada, mancillando nuestro hogar, donde convive conmigo y con mis hijos. Por eso al llegar de Nueva York, yo empec&eacute; a evitarla, hablarle lo justo y necesario. Mand&eacute; a mis hijos a Par&iacute;s, con mis padres y mi hermana. He decidido divorciarme. T&uacute; no has da&ntilde;ado nada, tu imagen para mi permanece &iacute;ntegra. Me has salvado de mi tristeza, de mi maltratado ego, pues con los besos de tus labios, me has demostrado que aun gusto y atraigo, que puedo encontrar a alguien m&aacute;s para entregarle mi amor. Me gustar&iacute;a que ese &laquo;alguien&raquo; fuera como t&uacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Pues jefe, en serio que lo siento, lo lamento mucho y agradezco su confianza, pero conmigo no cuente. Yo tengo un esposo a quien quiero, y que me ama con locura. Entre usted y yo no puede&hellip; &iexcl;No debemos tener nada! &mdash;Y abr&iacute; la puerta del coche, aunque solo pude colocar un pie en el asfalto, pues mi jefe, estir&aacute;ndose hasta mi lado, me tomo del brazo con firmeza, de mi mano despu&eacute;s con suavidad.<\/p>\n<p>&mdash;Silvia solo acl&aacute;rame una duda. &mdash;Me dijo sin soltarme&ndash;. Me agach&eacute; un poco introduciendo mi cabeza y medio cuerpo en su auto, para escucharle.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te gusto? &iquest;Te parezco atractivo? &mdash;Me pregunt&oacute;. &mdash;Lo mir&eacute; insegura, y sin contestarle, hice un esfuerzo por soltarme. &mdash;Ma&ntilde;ana tendr&aacute; mi carta de renuncia en su escritorio&ndash;. El me solt&oacute; de improviso, y aproveche para incorporarme y decirle al final&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, me gusta! Me parece atractivo y eso es una se&ntilde;al de peligro. Hasta ma&ntilde;ana don Hugo.<\/p>\n<p>Me sal&iacute; por completo del habit&aacute;culo sin esperar alg&uacute;n comentario adicional. Cerr&eacute; la puerta de su auto con firmeza y me di vuelta. Al hacerlo levant&eacute; mi mirada hacia el tercer piso del bloque de los apartamentos. La luz en la sala de mi hogar, iluminaba el balc&oacute;n y all&iacute;, la figura ensombrecida de Rodrigo estaba de pie. De su boca se elevaba hacia el exterior, una bocanada de humo de un cigarrillo que permanec&iacute;a encendido en una de sus manos.<\/p>\n<p>&iexcl;Mierda! Seguramente lo hab&iacute;a visto todo. Y en m&iacute;, empez&oacute; a habitar el temor. Llena mi alma de angustia y mi coraz&oacute;n emprendiendo su palpitar con inusitado bombeo, hasta llegar la sangre a pulsar aceleradamente mis sienes. Apresur&eacute; mi llegada hasta el elevador, puls&eacute; el tercer bot&oacute;n y afortunadamente el ascensor me subi&oacute; en calma y sin mis prisas. Cuando camin&eacute; sobre las baldosas del pasillo para alcanzar la caoba puerta de mi hogar, solo se pod&iacute;a escuchar el taconeo afanado de mis zapatos.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; le digo? &iquest;C&oacute;mo explico mi tardanza? &iquest;Le confieso qui&eacute;n me trajo a casa? &iquest;Le miento nuevamente o le explico todo, con pelos y se&ntilde;ales? &iexcl;No! no me comprender&iacute;a, pensar&iacute;a mal de m&iacute; y yo en su lugar, seguramente har&iacute;a igual con &eacute;l.<\/p>\n<p>Tom&eacute; del fondo de mi bolso las llaves que estaban fr&iacute;as por quedar ellas, bajo la humedad de mis bragas y mi sost&eacute;n, introduje la llave con miedo, nerviosamente la gir&eacute; y abr&iacute; la puerta dispuesta a contarlo todo, para bien o para mal. Y entonces&hellip;<\/p>\n<p>Oscuridad total, luces apagadas. Me descalc&eacute; con cuidado para no despertar a mis hijos al pisar el laminado suelo del corredor. Encend&iacute; mi m&oacute;vil para brindarme con su iluminada pantalla, algo de claridad. Fui hasta la cocina y en el patio de ropas dentro de la m&aacute;quina de lavar, deposit&eacute; perturbada mis calzones y el brassier. Regres&eacute; mis pasos para dirigirme nerviosa al encuentro con mi esposo en nuestra alcoba.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n las luces apagadas, pero a&uacute;n dentro de mi inseguridad, las encend&iacute;. Nada, nadie all&iacute;. Fui hasta la habitaci&oacute;n de los ni&ntilde;os y me fij&eacute; bien, tampoco estaba &eacute;l. Hummm, la alcoba de invitados y la colchoneta para las visitas, pens&eacute;. Estar&iacute;a muy enojado para quedarse a dormir all&iacute;. Abr&iacute; con cuidado la puerta, dispuesta a enfrentar su desconfianza y sus demonios. Pero tampoco estaba. &iquest;Entonces ad&oacute;nde?&#8230; Nuestra sala, aquel sof&aacute;.<\/p>\n<p>Puls&eacute; el interruptor de la cocina, brindando una ramplona claridad hacia el balc&oacute;n. All&iacute; estaba Rodrigo, acostado d&aacute;ndome la espalda, cubierto por la frazada de nuestra cama, recogidas sus piernas y en inc&oacute;moda posici&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Mi&hellip; amor? Mi vida, hola. &iexcl;Ya llegu&eacute;! &mdash;Me acerqu&eacute; hasta posar mi mano en su hombro, pero ni se inmut&oacute;&ndash;. Lo sab&iacute;a, lo intu&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Rodrigo, cari&ntilde;o comprendo que est&eacute;s enfadado, pero se complic&oacute; todo hoy. &mdash;Me inclin&eacute; un poco para darle un beso en su mejilla, pero con su hombro, hizo el gesto aquel de inconformidad y me apart&oacute; la intenci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Amor, no volver&aacute; a pasar &iexcl;Te lo juro! Ya terminamos de completar los informes. Volver&eacute; a ser la de antes, a estar temprano en nuestra casa, contigo y los ni&ntilde;os. &mdash;Pero Rodrigo no me contestaba&ndash;. Por favor Rodrigo, estaba trabajando&hellip; &mdash;le dije en un tono suplicante, diciendo la verdad en parte.<\/p>\n<p>&mdash;Al menos tiene buen gusto para las colonias. &mdash;Me habl&oacute; por fin, sin siquiera volverse&ndash;. &iexcl;Rodrigo me hab&iacute;a pillado!<\/p>\n<p>&mdash;Amor no es lo que piensas. &mdash;M&aacute;s no obtuve respuesta, ni un movimiento en &eacute;l.<\/p>\n<p>Un largo silencio, tan solo roto por un lastimero y prolongado&hellip; &iexcl;D&eacute;jame en paz!<\/p>\n<p>Continuar&aacute;&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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