{"id":29373,"date":"2021-05-13T22:00:00","date_gmt":"2021-05-13T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-05-13T22:00:00","modified_gmt":"2021-05-13T22:00:00","slug":"el-regalo-un-antes-y-un-despues-quinta-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-regalo-un-antes-y-un-despues-quinta-parte\/","title":{"rendered":"El regalo: Un antes y un despu\u00e9s (Quinta Parte)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"29373\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 14<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>&mdash;&iquest;Rocky?&#8230; &iquest;Y no piensas decirme nada?&nbsp; &mdash;Me dijo Paola, colocando su mano izquierda sobre mi muslo derecho, como para llamar mi atenci&oacute;n hacia sus palabras. La hab&iacute;a escuchado pero yo estaba pensativo&ndash;.<\/p>\n<p>Ya hab&iacute;amos tomado camino de regreso, cinco minutos de silencio entre los dos, metidos en un peque&ntilde;o tranc&oacute;n, antes girar a la derecha debido a un accidente de tr&aacute;fico para seguir por la Avenida de los Reyes Cat&oacute;licos.<\/p>\n<p>&mdash;Pues s&iacute;&ndash;. Le respond&iacute; a Paola. Y continu&eacute;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Alabado sea Dios! Virgen Sant&iacute;sima, por fin. Exclam&eacute; en voz alta. &mdash;Y la rubia sorprendida, abriendo a&uacute;n m&aacute;s sus hermosos ojos esmeraldas, y elevando a la par sus delineadas cejas doradas, para luego quedar a la expectativa, me observ&oacute; en silencio&ndash;. Y tras una breve pausa me dijo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Aj&aacute; Nene, y esa expresi&oacute;n&hellip; &iexcl;Qu&eacute; o qu&eacute;! &mdash;Jajaja, mira Pao, &ndash;le respond&iacute;&ndash;. &iquest;Puedo llamarte as&iacute;? Y ella asinti&oacute; amablemente con su sonrisa franca.<\/p>\n<p>&mdash;Es que me acabas de llamar como me gusta, y no con ese &laquo;Rodri&raquo; tuyo que no me agrada para nada. &mdash;Paola se recompuso en su asiento y apartando de su mejilla uno de sus mechones rubios, acomod&aacute;ndolo por detr&aacute;s de su oreja, se puso seria, borr&aacute;ndose la sonrisa de su rostro.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Y Aj&aacute;! Pues es que era por fastidiarte. &iexcl;Me ca&iacute;ste gordo, Nene! Cuando nos conocimos, me pareciste pedante y orgulloso. Casi levitando en vez de caminar por las instalaciones del concesionario. Aparte de que casi y me matas esta ma&ntilde;ana. &mdash;&iquest;Yo pedante y orgulloso? &ndash;Le respond&iacute;, perdi&eacute;ndome de nuevo al mirar fijamente el verde de sus dos joyas tan brillantes &ndash;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Soberbio! con &iacute;nfulas de ser tan importante, y con esa mala cara que pusiste cuando te dijeron que me pondr&iacute;an a tu cargo. Porque &iexcl;aj&aacute;! un &laquo;pajarito&raquo; me cont&oacute; que no te gust&oacute; para nada tenerme a tu lado. &mdash;Ya sab&iacute;a yo cu&aacute;l era ese &laquo;pajarito&raquo; tan&#8230; &iexcl;Sapo!<\/p>\n<p>&mdash;Mira Pao, lo siento. Es que tiendo a caer mal en la primera impresi&oacute;n y adem&aacute;s porque yo&hellip; &iexcl;Mierda! Pues es que estoy acostumbrado a trabajar solo. Me gusta la soledad. Y adem&aacute;s porque tengo que realizar varias visitas a unos clientes y contigo a mi lado&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Jajaja, no me vas a decir que te desconcentro. Ayyy&hellip; &iexcl;Rocky! Jajaja. &mdash; Y entonces fui yo, quien coloc&oacute; la mano sobre su cercana rodilla y le contest&eacute;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Y qui&eacute;n no! si t&uacute; eres&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;? Anda, dime. &iquest;Que soy para ti? &mdash;Y me ruboric&eacute;&ndash;. Tampoco le contest&eacute;, evitando sentirme m&aacute;s apenado ante aquella rubia tentaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno Pao, pero entonces&hellip; &iquest;Qu&eacute; te hizo cambiar de opini&oacute;n sobre m&iacute;? &mdash;Le pregunt&eacute;, colocando en mi rostro mi mejor sonrisa.<\/p>\n<p>&mdash;Anda nene, porque tuviste la oportunidad de tomarme. Y&hellip; &laquo;A papaya puesta, papaya partida&raquo;, como dec&iacute;a mi abuelita. Pudiste meter tu verga en mi boca, cuando Almudena te lo orden&oacute; y si lo quisieras, tambi&eacute;n en mi mojada vagina y follarme a placer. Inclusive te hubiera permitido darme por el culo. Pero estando tu rostro tan cerca del m&iacute;o, en vez de abusar me liberaste y pude ver en tus ojos, la imagen de un hombre &iacute;ntegro y honesto. Incapaz de propasarte conmigo o con cualquier otra mujer indefensa. Y adem&aacute;s porque tienes una fidelidad a toda prueba. La amas mucho, &iquest;No es verdad? &mdash;Me dijo aquella rubia, con sus ojos esta vez conmovidos, aunque con su verde tonalidad tan sincera. &mdash;Y eso me gust&oacute; de ti mi &laquo;rolito&raquo; hermoso. Eres un amor de hombre&ndash;.<\/p>\n<p>&mdash;Pues gracias Pao. Pero no me vuelvas a tentar as&iacute;, que de pronto me pueda cansar de ser tan bueno y ya sabes que el diablo es puerco. Quien quita que me d&eacute; por hacer cochinadas con tu cuerpo. &mdash;&iexcl;Uyyy, que miedo me das!&ndash;. Y los dos, agradecidos uno con el otro, nos echamos a re&iacute;r.<\/p>\n<p>&mdash;Y a todas estas Pao&hellip; &iquest;Te acerco hasta el concesionario? &iquest;O quieres que te deje en otro lado? &mdash;Y mientras tanto pude observar como la rubia barranquillera llevaba su mano izquierda hacia el dorso de la diestra, acariciando el ardor de aquella marca circular, obtenida durante su &uacute;ltimo orgasmo.<\/p>\n<p>&mdash;Hummm, Rocky y&hellip; &iquest;Tenemos que volver hasta all&aacute;? &iexcl;Buahhh, qu&eacute; pereza!<\/p>\n<p>&mdash;No necesariamente, de hecho yo pienso ir &laquo;volado&raquo; para el piso, a esperar a mis hijos y hacer mis acostumbrados destrozos en la cocina. &mdash;Le respond&iacute; a mi nueva compa&ntilde;era, haciendo un mueca de resignaci&oacute;n ante mis pocas habilidades culinarias. &iexcl;La rubia tentaci&oacute;n se sonri&oacute;!<\/p>\n<p>&mdash;Ok, &iquest;Y por d&oacute;nde vives? &mdash;Le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ahh! Por Azca. &iquest;Conoces? &mdash;Si claro, por la zona financiera, de hecho Silvia, mi esposa, trabaja en una oficina por all&aacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;! Qu&eacute; coincidencia. Mira qu&eacute; vivo muy cerca al estadio. &mdash;Me respondi&oacute; Paola.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Al Bernab&eacute;u? &mdash;Le indagu&eacute;. &mdash;S&iacute;, por la calle de Don Quijote, me puedes dejar all&iacute; cerca. &mdash;&Oacute;yeme, y por qu&eacute; no&hellip; &iquest;La recogemos y de paso me la presentas?<\/p>\n<p>&mdash;Hummm, pues no se va a poder hoy Pao, mi esposa anda &uacute;ltimamente muy atareada de trabajo por culpa del inepto de su &laquo;jefecito&raquo;. Hablamos hace un rato, y va a tener que quedarse a trabajar hasta tarde. Me toca de hecho, ir temprano a casa y esperar a mis hijos, que me los va a llevar mi querid&iacute;sima suegra. Y como un buen hogare&ntilde;o padre, revisarles los deberes, alistarles la ropa de ma&ntilde;ana y prep&aacute;rales algo de comida. &mdash;Le respond&iacute; yo, entre sonriente y preocupado por lo que me esperaba en aquella cocina.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno entonces tocar&aacute; otro d&iacute;a, pero podemos quedar por ah&iacute; los tres una tarde de estas, ya que ella trabaja cerca. Vivo en un hotel, propiedad de mi padrastro, no s&eacute;, pi&eacute;nsalo y nos reunimos. Si no te da miedo. &iexcl;Buuuu! jejeje.<\/p>\n<p>&mdash;Ahhh &laquo;carachas&raquo;, pero que tenemos aqu&iacute;. &iexcl;Vaya! no me dir&aacute;s que&hellip; &iquest;Eres una de esas ni&ntilde;as &laquo;hijas de papi&raquo; que no hacen nada m&aacute;s que respirar y vivir a cuerpo de rey? &mdash;Le dije sin m&iacute;rala, ya algo preocupado por la demora con el tr&aacute;fico.<\/p>\n<p>&mdash;Anda Nene, pues s&iacute;, pero no como rey ni de reina, solo soy una princesita muy consentida y que vive en lo alto de un castillo, pero no le digas a nadie. &iexcl;Jajaja! La verdad es que soy una ni&ntilde;a mimada pero vivo mi vida como plebeya, jejeje&hellip; &iexcl;Una mujer libre! Rocky. Vivimos en uno de sus hoteles, en el pent house. Es m&aacute;s c&oacute;modo para los tres, y lo tienes todo a la mano. &mdash;Y la Barranquillera retir&oacute; su mano de mi pierna.<\/p>\n<p>&mdash;Pero si te queda complicado Rocky, yo puedo pedir un taxi para que me lleve. &mdash;No tranquila, sin cuidado. &ndash;Le contest&eacute;&ndash;. Ya sabes que vengo de conducir en el ca&oacute;tico tr&aacute;nsito vehicular de Bogot&aacute; y esta ciudad en comparaci&oacute;n, es m&aacute;s peque&ntilde;a. Casi es como salir a dar una vuelta a la manzana. Estamos cerca. &iexcl;Jejeje!<\/p>\n<p>Por fin empezamos a avanzar y me dispuse a preguntar.<\/p>\n<p>&mdash;Ok, Pao, necesito saber si Almudena te oblig&oacute; a&hellip; &mdash;Para nada Rocky. Me entregu&eacute; y eso es&hellip; lo m&aacute;s excitante. &mdash;Me contest&oacute; con mucha seguridad&ndash;.<\/p>\n<p>&mdash;Soy dominante por naturaleza y por los privilegios con los que nac&iacute; y fui criada. Me encanta aventurarme y experimentar. Al escuchar a Almudena hablar de aquella &laquo;habitaci&oacute;n del pecado&raquo;, tratar de convencerme de no ingresar&hellip; la curiosidad me venci&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Pero ya sabes que &iexcl;La curiosidad, mat&oacute; al gato! &mdash;Le dije, mientras echaba un r&aacute;pido vistazo a mi reloj.<\/p>\n<p>&mdash;Rocky, pero no me puedes negar que el gato muri&oacute; conociendo. &iexcl;Jejeje! Y adem&aacute;s, esa necesidad por saber de m&aacute;s, es lo que ha llevado al hombre hacia grandes descubrimientos. &mdash;Eso es muy cierto. &iquest;Te gust&oacute;? &mdash;Le indagu&eacute;, esta vez s&iacute; mir&aacute;ndola fijamente, aprovechando la lentitud de la fila de autos por delante.<\/p>\n<p>&mdash;Aha Nene&hellip; Simplemente me encant&oacute;. &mdash;En su rostro pude atisbar un brillo extra&ntilde;o, una excitaci&oacute;n al contarme lo sucedido en aquella habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Ser dominada, atada, tomada y ultrajada. Sentirme un mero objeto sexual, para con mi cuerpo, mis gemidos y mi placer, otorgarle a quien me lo proporcionaba lo mismo, en mayor o menor val&iacute;a. &iexcl;Poder Rocky! la satisfacci&oacute;n de cumplir su fantas&iacute;a de ser amo, o ama en este caso, de mi cuerpo m&aacute;s no de mis sentimientos. &mdash;Pao, yo&hellip; en serio trato de entender pero me niego a creer que se pueda conseguir placer sin amor y adem&aacute;s mezclado con dolor. Sexo s&iacute;, solo porque quieres y puedes, salvaje y loco, hacer de todo lo inimaginable, pero para m&iacute; el amor es una parte muy importante en la ecuaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Ella se crey&oacute; tenerme dominada, Rocky. Deseaba tenerme suya como una sumisa y solamente me ofrec&iacute;. &laquo;Me dan y yo doy&raquo;. &mdash;La observ&eacute; asombrado&ndash;. &iexcl;Ayyy, no me hagas esa carita Nene! Es mi primera vez, lo juro. No te creas que ya lo hab&iacute;a probado anteriormente. Todo esto fue nuevo para m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Esa habitaci&oacute;n a media luz, con esas paredes rojas, la cama, &iquest;la viste? Y aj&aacute;, esa m&aacute;quina extra&ntilde;a, con esa verga negra y tan grande, los l&aacute;tigos, las esposas y cadenas. La bola esa si no me gust&oacute;. No me permit&iacute;a gritar con ganas. Quer&iacute;a llamarte, suplicarte que fueras tu quine me penetrara y no esa verga de pl&aacute;stico. Y no pod&iacute;a. &mdash;La rubia agach&oacute; su cabeza, observando el dorso de su mano. Posteriormente sin dejar de acariciar suavemente aquella peque&ntilde;a herida, levant&oacute; su mirada y prosigui&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Lo novedoso es demasiado atractivo, sobre todo cuando ese &laquo;todo&raquo;, parece tan prohibido. &iexcl;Es por eso que a veces terminamos con todo, pues no muchos sabemos diferenciar lo espor&aacute;dico del querer, a lo eterno del amor! &mdash;Y al decir estas &uacute;ltimas palabras, se inclin&oacute; hacia mi lado y me dio un beso en la mejilla&ndash;. No lo olvides Rocky, el placer m&aacute;s grande se encuentra en alcanzar lo que crees que no vas a poder conseguir f&aacute;cilmente o sin ansiarlo&hellip; &iexcl;Jam&aacute;s!<\/p>\n<p>&iexcl;Mierdaaa! A mi mente lleg&oacute; la pregunta m&aacute;s importante para la pr&oacute;xima hora&hellip; &iquest;Habr&aacute; pasta en la alacena? o &iquest;Tendr&eacute; que comprar antes de llegar? Estaba pensando en eso y que tal vez tendr&iacute;a que llamar a Silvia para consultarle, cuando divis&eacute; a lo lejos sobre la acera de mi derecha a una pareja, hombre y mujer, cerca de la entrada a la torre donde mi esposa laboraba, abrazados y &eacute;l, un tipo de apariencia mayor, ladeaba su cabeza sobre el rostro de&hellip;<\/p>\n<p>Rocky&hellip; &iquest;Por qu&eacute; te detienes? Por aqu&iacute; no es Nene. Queda m&aacute;s adelante y girando a la izquierda despu&eacute;s&hellip; &iquest;Rocky? Est&aacute;s p&aacute;lido. &iquest;Qu&eacute; te pasa? &iquest;Te sientes mal? &iquest;Qu&eacute; has visto?<\/p>\n<p>&mdash;Paola, tan solo he visto la vida. &mdash;Le respond&iacute; antes de acelerar nuevamente&ndash;. Mi vida Pao, de nuevo tan&hellip; &iexcl;Comprometida!<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de dejar a Paola a la entrada de su hotel, con un beso suyo cerca, muy cerca de mis labios y un&hellip; &iexcl;Ma&ntilde;ana nos vemos mi &laquo;rolito&raquo;!, a modo de despedida, me apresur&eacute; a llegar al piso. Me deshice de mi ropa y me coloqu&eacute; una sudadera gris y mis zapatillas azules, para estar m&aacute;s c&oacute;modo en la cocina. All&iacute; revis&eacute; en la alacena y afortunadamente nos quedaba un paquete de pasta. Del anaquel superior, tom&eacute; la lata de at&uacute;n y una de ma&iacute;z tierno. En el refrigerador encontr&eacute; dos tomates rojos y me dispuse a preparar la &laquo;suculenta&raquo; cena.<\/p>\n<p>Parec&iacute;a yo un zombi, muerto s&iacute;, pero realizando labores de un vivo. De manera rob&oacute;tica alzaba, lavaba, llevaba y cortaba, de pie frente al mes&oacute;n y luego de una media vuelta, mirando al fog&oacute;n, observando la lenta cocci&oacute;n. Mientras en mi mente las im&aacute;genes, las nuevas y las pasadas, se paseaban despertando mis demonios, acorral&aacute;ndome de preguntas inciertas. &iquest;O no?<\/p>\n<p>&iquest;Porque? &iquest;En que hab&iacute;a vuelto a fallar? &iquest;A qu&eacute; horas me descuid&eacute; y volvi&oacute; ella a caer? No lo sab&iacute;a, no lo pod&iacute;a descubrir. Repasaba los momentos previos de d&iacute;as pasados, solo encontraba en mi memoria las frases de Silvia, renegando de las actitudes tan distantes de su jefe. &iquest;Ser&iacute;a &eacute;l? Problemas de oficina, importantes para ella y tan est&uacute;pidas para m&iacute;. La pasta estaba casi lista y mientras abr&iacute;a la lata de at&uacute;n, el timbre de la puerta son&oacute;. Detr&aacute;s de ella pod&iacute;a escuchar la algarab&iacute;a feliz de mis ni&ntilde;os y la voz grave de mi suegra, despidi&eacute;ndose de&#8230;<\/p>\n<p>No alcanc&eacute; a abrir la puerta cuando mis dos hijos se abalanzaron hacia m&iacute;, como un peque&ntilde;o regimiento de enanas alegr&iacute;as.<\/p>\n<p>&iexcl;Papi!, &iexcl;Papi!, &iexcl;Papiii!&hellip; Y me tumbaron al piso, ech&aacute;ndose encima de m&iacute;, para que yo me dejara vencer con sus besos y sus peque&ntilde;os brazos extendidos, tratando de hacerme cosquillas en mi est&oacute;mago. Una peque&ntilde;a batalla que con gusto perd&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Gracias suegra, que pena la molestia. &mdash;Ese fue el saludo de agradecimiento para ella, la madre de mi adorado tormento&ndash;.<\/p>\n<p>&mdash;No es nada Rodrigo, ellos dos son muy felices conmigo. &iquest;Silvia no ha llegado a&uacute;n? &mdash;Me pregunt&oacute; y yo negu&eacute; de inmediato con mi cabeza y mi alzar de hombros.<\/p>\n<p>&mdash;Pobrecita, &iquest;Cierto que s&iacute;? Mi pobre ni&ntilde;a siempre trabajando tan duro. &mdash;Si se&ntilde;ora, bastante y muy &laquo;entregada&raquo; a las &oacute;rdenes de su jefe. Usted ni se lo imagina suegra.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno Rocky, me voy porque Alonso esta abajo esper&aacute;ndome. Si necesitan que los recoja de nuevo, por mi encantada&ndash;. Tenerlos a mi lado, me alegra el d&iacute;a.&nbsp;<\/p>\n<p>&mdash;Ahh, por cierto ya adelant&eacute; con ellos sus deberes. Los dos colorean muy bien. &mdash;Uhum, debe ser la herencia, llevan en su sangre el gusto por el arte&ndash;. Puntualic&eacute;, mientras que mi suegra, me obsequiaba en su rostro una mueca de desagrado. Nunca le simpatic&eacute;, apenas si nos soport&aacute;bamos.<\/p>\n<p>Junto a mis dos ni&ntilde;os, cenamos escuchando de ellos las canciones aprendidas y sus divertidas aventuras en el colegio. Luego de ver un rato la televisi&oacute;n con los dibujos animados que tanto les gustaban, los met&iacute; en la ducha y de uno en uno, despu&eacute;s les fui colocando sus pijamas, acariciando sus cabecitas y cont&aacute;ndoles un cuento de princesas, caballeros y dragones, logrando al cabo de un rato, dormirlos con una leve sonrisa que me alegr&oacute; el alma. Les dej&eacute; sus uniformes listos, zapatos lustrados y las maletas listas junto a sus refrigerios.<\/p>\n<p>Recog&iacute; luego los trastos y los enjuagu&eacute;, dej&aacute;ndolos apilados y en orden, brillantes sobre el mes&oacute;n. &iquest;Un trago? Hummm, una cerveza fr&iacute;a tal vez. Mir&eacute; hacia el reloj de la cocina, pocos minutos faltaban para las diez. Recog&iacute; la basura y los desechos en una bolsa y dejando la cerveza sobre la mesa de centro de la sala, baj&eacute; para dejar los desperdicios en el dep&oacute;sito, cerca de la porter&iacute;a.<\/p>\n<p>Abajo me encontr&eacute; con la se&ntilde;ora Gertrudis, nuestra anciana vecina, quien vociferaba angustiada y me acerqu&eacute; para conocer el porqu&eacute; de sus gritos. Me inform&oacute; que su perrito, un peludo y hermoso Yorkshire Terrier, se hab&iacute;a soltado de su correa y hab&iacute;a salido corriendo detr&aacute;s de un gato. El animalito se hab&iacute;a pasado por en medio de las rejas de la urbanizaci&oacute;n hacia la calle. La tranquilic&eacute; dici&eacute;ndole que yo ir&iacute;a por &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo se llama? &mdash;le pregunt&eacute;&ndash;. &iexcl;Toretto! me respondi&oacute;. &mdash;Pero tranquilo Rodrigo que el solo ladra y no muerde. &mdash;Me dijo algo m&aacute;s calmada en medio de sus l&aacute;grimas. Al llegar a la acera, pude observar que se encontraba cerca de un &aacute;rbol, en medio de unos arbustos bajos. Me acerqu&eacute; por detr&aacute;s con cuidado de no asustarlo, sin embargo las luces de un autom&oacute;vil, que se acercaba a la urbanizaci&oacute;n, le dieron de lleno iluminando sus redondas pupilas e intent&oacute; correr hacia la calle.<\/p>\n<p>Corr&iacute; un poco hasta darle alcance y lo tom&eacute; de sus caderas. Me descuid&eacute; y me mordi&oacute; la mano. Sin embargo no lo solt&eacute;. Al regresar con Toretto en mis brazos, un auto negro estaba estacionado unos cuantos metros antes de la entrada. Los cuatro aros entrelazados se me hicieron un tanto familiares. Me acerqu&eacute; por detr&aacute;s para observar si pod&iacute;a algo, aunque en su interior reinaba la oscuridad. Afortunadamente para m&iacute;, &ndash; &iquest;O no? &ndash; un taxi que ven&iacute;a de frente, ilumin&oacute; el habit&aacute;culo y all&iacute; los vi de perfil. Un instante me bast&oacute;, tan solo un breve momento.<\/p>\n<p>El mismo hombre de la acera, y era por supuesto Silvia, quien le acompa&ntilde;aba. Hablaban. Sin embargo el, se inclin&oacute; hacia el lado de mi esposa, estir&oacute; su brazo hacia ella, acarici&aacute;ndola por detr&aacute;s de su cuello y no quise mirar m&aacute;s. Pas&eacute; con pasos firmes por su lado, hasta cruzar la porter&iacute;a y entregar a la Se&ntilde;ora Gertrudis a su nervioso perrito. &iexcl;Sangraba mi mano! La anciana se asust&oacute; y ofreci&oacute; curarme la herida. No me dol&iacute;a, aquello era lo de menos. Me desped&iacute; amablemente y sub&iacute; a mi piso. Tom&eacute; mi cerveza y un trapo de la cocina y en el envolv&iacute; mi lacerada mano. L&aacute;stima que no pudiera yo, envolver con algo m&aacute;s adecuado, mi destrozado coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>Apagu&eacute; la luz de la cocina y encend&iacute; todas las de la sala. Sal&iacute; al balc&oacute;n con un cigarrillo en mis manos. Lo encend&iacute; y aspir&eacute; con ganas. El auto con aquellos dos furtivos amantes continuaba estacionado pero con la puerta del acompa&ntilde;ante abierta y medio cuerpo de mi esposa por fuera, despidi&eacute;ndose tal vez, prometi&eacute;ndole de pronto un nuevo ma&ntilde;ana y dese&aacute;ndole, &ndash;como no&ndash; una feliz noche.<\/p>\n<p>Ella cerr&oacute; la portezuela de aquel negro autom&oacute;vil, se gir&oacute; y elev&oacute; su mirada hacia el lugar donde yo permanec&iacute;a, a&uacute;n en pie. Se dio cuenta de mi presencia, creo que alcance a notar en su rostro, el temor por haber sido desenmascarada. Sobra decir que lo hice con plena intenci&oacute;n, de ser yo&hellip; &iexcl;Descubierto!<\/p>\n<p>Apresur&oacute; sus pasos hacia la entrada y yo, mand&eacute; muy lejos la colilla de aquel cigarrillo y me devolv&iacute; hasta nuestra habitaci&oacute;n. Tom&eacute; la manta que cubr&iacute;a nuestra cama y con ella sujetada de mi herida mano, la fui arrastrando por el piso junto a mis pesares; me dirig&iacute; hasta el inc&oacute;modo sof&aacute;. Apagu&eacute; las luces y dej&eacute; encima de la mesa de centro, la mitad de mi cerveza. Me arrop&eacute; con ella y le di la espalda a mi nueva realidad. S&iacute;, escuch&eacute; claramente sus pasos apurados y el nerviosismo al tomar el manojo de llaves, acelerada para abrir la puerta. &iexcl;Entr&oacute;!<\/p>\n<p>Sigilosa se descalz&oacute; e iluminada por la pantalla de su encendido tel&eacute;fono, avanz&oacute; hasta la cocina, para dejar en el cuarto de ropas algo, un no s&eacute; qu&eacute;, que supuse la confirmaci&oacute;n de su pecado. Era algo que introdujo con af&aacute;n en la m&aacute;quina de lavar. Y se fue despacio, iluminada a medias, hasta el interior del piso. Dio vueltas de una alcoba a la otra, regres&oacute; busc&aacute;ndome y por supuesto&hellip; &iexcl;Me encontr&oacute;!<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>Permanec&iacute; arrodillada a su lado, en el medio de un borde la alfombra y un espacio desnudo y fr&iacute;o de aquel piso de madera laminada. Fueron tal vez cinco minutos en que lo observaba, mejor dicho, a su espalda cubierta por el cobertor de nuestra cama. Lo conoc&iacute;a tan bien, que entend&iacute; que no iba a dar su brazo a torcer. Era esa, una de las actitudes que m&aacute;s detestaba de Rodrigo. Su man&iacute;a para no hablar en los momentos oportunos. Callarse sus pensamientos y no decir nada. &iexcl;No explotar, por Dios!<\/p>\n<p>Era una p&eacute;sima habilidad suya, absorber todo como una esponja, los problemas m&iacute;os, los suyos, los de los dem&aacute;s y por supuesto, nuestras inconformidades. Se tragaba todo hasta que por su propio peso, despu&eacute;s se le escurr&iacute;an a borbotones los resentimientos, afectando todo alrededor.<\/p>\n<p>Y ten&iacute;a miedo a su reacci&oacute;n. &iexcl;Pero no! No porque fuese agresivo ni violento, al contrario. Con &eacute;l era todo tan distinto, ver como se alejaba siempre en calma, como si fuese &eacute;l, una marea suave, apart&aacute;ndose de sus orillas; siempre callado sin decir nada, como aquella otra vez que le fall&eacute;. Se fue sin decirme nada, y aunque soy consciente de que en un principio no lo busqu&eacute;, me abandon&oacute; en manos de un extra&ntilde;o, cerrando ventanas y puertas, cualquier espacio vac&iacute;o o resquicio por donde yo lo pudiera hallar de nuevo. Sin luchar, sin intentar.<\/p>\n<p>Me puse de pie y march&eacute; resignada a nuestra habitaci&oacute;n, necesitaba una ducha reconfortante y que me aliviara la tensi&oacute;n de aquel dia. De paso los calambres que hab&iacute;a venido sintiendo en mi bajo vientre. Me fui desvistiendo de aquel traje de oficina, para darme cuenta de mi completa desnudez. Y al tomar la chaqueta de mi traje, volvi&oacute; a m&iacute; aquella varonil fragancia. &iquest;Pero cuando? &iquest;En qu&eacute; momento?&#8230; S&iacute;, aquel abrazo en la calle, tal vez. La acerqu&eacute; hasta mi rostro e inhale despacio. Si, ol&iacute;a a &eacute;l. &iexcl;Desagradable aroma a traici&oacute;n! Eso ser&iacute;a lo que mi esposo percibi&oacute; aquella noche. La orden&eacute; con cuidado al fondo del armario, escondida entre m&aacute;s vestidos, no sin antes rociar sobre ella un poco de m&iacute; perfume. Tom&eacute; camino hacia el ba&ntilde;o y ya debajo de la regadera, fui enjuagando mi cuerpo, mojando mis cabellos y cerrando mis ojos, recorriendo con la esponja enjabonada mis brazos, los hombros, desliz&aacute;ndola sobre mi piel. Rememorando los pasados momentos.<\/p>\n<p>Mis manos se resbalaron desde mi cuello hasta mis senos hinchados, rode&aacute;ndolos de suave espuma, uno primero, el otro despu&eacute;s. Ambos con mis pezones duros y tan sensibles al tacto que me dol&iacute;an, clara se&ntilde;al de que estaba por bajarme la menstruaci&oacute;n. Mis manos fueron descendiendo por mi vientre, deteni&eacute;ndolas un poco en mi ombligo, circulando suavemente a su alrededor. Y de all&iacute; hasta mi pubis, sin demora, como compitiendo con los chorros de agua tibia que lo empapaban. Pas&eacute; con esmero la esponja por la mata de mis vellos negros, formando burbujas, brillantes y tornasoladas, goterones de espumoso jab&oacute;n cayendo unidos en un solo manantial hasta el piso de la ducha.<\/p>\n<p>Me estaba relajando y excitando en verdad. Mientras me esmeraba en enjabonar mis nalgas y las piernas hasta mis pies, la imagen de mi jefe desnudo, lleg&oacute; a mi mente para acompa&ntilde;ar aquel &iacute;ntimo ritual. Al pasar mis manos por mi cintura hacia atr&aacute;s, intentando abarcar la totalidad de mi espalda, sent&iacute; el cosquilleo t&iacute;pico de la excitaci&oacute;n. Y a mi mente, don Hugo lleg&oacute;. Sus manos en mi espalda, su pecho tan pegado a mis tetas, oprimi&eacute;ndolas, sinti&eacute;ndolas &eacute;l. Mi mano solt&oacute; la espumada esponja y se fueron perdiendo dos de mis dedos en mi interior. Abriendo mi raja, apartando mis labios mayores y hallando sin reparo alguno, la tan ansiada entrada. H&uacute;meda, no solo por el agua.<\/p>\n<p>Y me penetr&oacute; &eacute;l en mi pensamiento, en la realidad fui yo con dos de mis dedos. La otra mano se pos&oacute; con firmeza y entendida complicidad sobre el bot&oacute;n rosado, que ya estaba hinchado, tan r&iacute;gido como mis doloridos pezones. Frotando, girando, oprimiendo. Y los otros entrando y saliendo de m&iacute;. Como seguramente aquella verga suya, lo hubiera podido hacer con mayor fuerza y grosor, si le hubiera permitido. Lento, pausado. Firme, duro y constante. Me agitaba en medio de gemidos acallados para no llamar la atenci&oacute;n de mi marido.<\/p>\n<p>Met&iacute; mi rostro por completo bajo la cascada de agua, abriendo yo mi boca como mi embriagado jefe lo hab&iacute;a hecho horas antes, abrazado a m&iacute;. Con mis muslos apretaba la mano que hurgaba con ah&iacute;nco, y que con esmerado ritmo me proporcionaba un inmenso y privado &eacute;xtasis. Esa cara mojada, aquellos ojos grises y redondos que escrutaban la parcial desnudez de mis encantos. Luego su mano posada en mi pecho y en su boca la resuelta oferta, tan h&uacute;meda, entreabriendo con su lengua, la m&iacute;a, tan deseada por &eacute;l&hellip; Ummm&hellip; Aghhh&hellip; Oughhh&hellip; &iexcl;Siiii&iacute;! S&iacute;, s&iacute;, s&iacute;&hellip; &iexcl;Ya!<\/p>\n<p>&iexcl;Pufff! Me lleg&oacute; el fuerte orgasmo, entre gritos de placer silenciados por mi mano ahuecada sobre mi boca. Rel&aacute;mpagos y truenos en mi cabeza, electrificadas sensaciones en mis piernas y estrellas brillantes parpadeando internamente en mis apretados ojos. Su rostro, sus gestos y sus palabras. Nuestra prohibida cercan&iacute;a. Sus motivos revelados para m&iacute;, entre aquellas sexuales im&aacute;genes de su mujer cogiendo con otro hombre. Entendida su tristeza, empuj&aacute;ndolo ella a &eacute;l, hacia m&iacute;, tras aquella traici&oacute;n. Todo en conjunto, me llev&oacute; al cl&iacute;max.<\/p>\n<p>Relax, descanso por el placer obtenido a base de una er&oacute;tica fantas&iacute;a. Mi jefe y yo. &iexcl;Wow! Como si fuese yo la protagonista de los videos porno que miraba de vez en cuando con Rodrigo en nuestra ahora, vac&iacute;a sin mi esposo, cama matrimonial. Hab&iacute;a sido solo eso, un momento &iacute;ntimo bajo la ducha. &iquest;O no? Abr&iacute; mis ojos, para tomar el frasco de shampoo y lavar mi cabello y de pasada mis pecados. Y en el piso hab&iacute;a rastros de una escarlata humedad, gotas que proven&iacute;an desde mi vulva, descendiendo en delgadas y acuosas hileras rojas por mis piernas, dirigi&eacute;ndose con lentitud hacia el sif&oacute;n.<\/p>\n<p>Terminada aquella sesi&oacute;n en la ducha, envolv&iacute; en una toalla mi cabeza y en la otra la tentaci&oacute;n de mi jefe. &laquo;El cuerpo del pecado&raquo;. Infiel, yo. S&iacute;, al menos en mis pensamientos. Rodrigo enojado conmigo y yo&hellip; &iexcl;Mierda no pod&iacute;a dejar que sucediera! Me sequ&eacute; con rabia mis cabellos, agit&aacute;ndolos, frotando capas y mechones con mis dedos. &iquest;Calzones anchos? Obviamente, de aquellos que Rodrigo hab&iacute;a bautizado como los &laquo;mata pasiones&raquo; y una toalla higi&eacute;nica de las grandes para no ir a manchar las s&aacute;banas al dormir.<\/p>\n<p>Ten&iacute;a que adormecerme, me sent&iacute;a agitada, f&iacute;sica y espiritualmente. Tendr&iacute;a que poner fin a todo aquello. Renunciar a sus planes de conquista, resguardar la integridad de mi matrimonio, poner un alto en la oficina. Aj&aacute;, ma&ntilde;ana&hellip; &iexcl;Ma&ntilde;ana! Y fui cerrando mis ojos, para entre im&aacute;genes y sentimientos de culpa analizar el porqu&eacute;.<\/p>\n<p>Estaba atra&iacute;da de improviso, sin saber exactamente la causa. &iquest;Era &eacute;l? Mi jefe y su ahora conocida por completo&hellip; &iquest;Fisonom&iacute;a? O quiz&aacute;s, su altaner&iacute;a pasada, transformada ahora en&hellip; &iquest;Galanter&iacute;a? Ser&iacute;a por conocer sus aflicciones. Me atra&iacute;a don Hugo por su pesar&hellip; &iquest;La traici&oacute;n y su dolor? Apart&eacute; las inquietudes, ma&ntilde;ana hablar&iacute;a en calma con &eacute;l y con Rodrigo despu&eacute;s. Me persign&eacute; y or&eacute; antes de dormir, porque la que reza y peca, empata. Cerr&eacute; mis ya pesados p&aacute;rpados&hellip; Rodrigo, perd&oacute;n mi amor&hellip; Si &eacute;l me dejara explicarlo todo. Ma&ntilde;an&hellip;<\/p>\n<p>Me despert&eacute; sobresaltada al clarear la ma&ntilde;ana. La alarma del despertador, se escuchaba lejana, cinco minutos m&aacute;s, cinco por favor. &iexcl;Mis hijos! El colegio. Levantarlos y ba&ntilde;arlos, siempre era una peque&ntilde;a guerra. Preparar el desayuno para los cuatro, revisar maletas y uniformes. Me puse en pie sin esfuerzo, autom&aacute;tica cotidianidad. Fui hasta el ba&ntilde;o y me cambie de toalla. Dolores continuos desde mi vientre hasta mis muslos, molesta bendici&oacute;n de ser mujer. La cocina primero. Despertar con al menos una caricia a Rodrigo.<\/p>\n<p>Encend&iacute; la luz del pasillo, y el ba&ntilde;o auxiliar desprend&iacute;a de su interior una tibia atm&oacute;sfera, olor a Santos de Cartier, la colonia de mi esposo. Con cuidado empuj&eacute; la puerta y encend&iacute; la luz. La divisi&oacute;n de vidrio de la peque&ntilde;a ducha estaba h&uacute;meda, aun las gotas permanec&iacute;an resbalando lentas, uni&eacute;ndose unas a otras en su recorrido final. Me fij&eacute; que en el peque&ntilde;o espacio de la repisa superior, se hallaban los envases de sus colonias, la crema para afeitar, su m&aacute;quina el&eacute;ctrica y un empaque de tres cuchillas desechables sin abrir. El frasco de shampoo, su cepillo de dientes y la crema dental que usaba para los viajes.<\/p>\n<p>&iexcl;Juep&hellip;! Mierda aquello no pintaba bien. Era una clara se&ntilde;al de que Rodrigo hab&iacute;a tomado ya una decisi&oacute;n. De nuevo alejarse de m&iacute;, buscar su propio espacio. Llegu&eacute; afanada hasta la sala, requer&iacute;a con urgencia hablar con mi marido y aclararle todo, con sinceridad. Pero Rodrigo ya no estaba. Yo no lo hab&iacute;a sentido salir, seguramente el cansancio hab&iacute;a logrado sumirme en un profundo sue&ntilde;o, y yo creyendo que hab&iacute;a sido reparador. Doblada perfectamente sobre un brazo del sof&aacute;, la manta. Y sobre la mesa de centro, pisada con el cenicero de vidrio tallado, &ndash;regalo de nuestra amiga Lara&ndash; una hoja extendida de papel cuadriculado, de seguro arrancado de la agenda de mi marido, y s&iacute;, sus letras escritas usualmente en cuadriculadas may&uacute;sculas, expresando con sentimiento, &ndash;como siempre&ndash; su tormentos.<\/p>\n<p>Continuar&aacute;&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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