{"id":29480,"date":"2021-05-18T22:00:00","date_gmt":"2021-05-18T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-05-18T22:00:00","modified_gmt":"2021-05-18T22:00:00","slug":"el-regalo-un-antes-y-un-despues-sexta-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-regalo-un-antes-y-un-despues-sexta-parte\/","title":{"rendered":"El regalo: Un antes y un despu\u00e9s (Sexta Parte)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"29480\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 17<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Sal&iacute; en silencio de mi hogar, sin hacer ning&uacute;n ruido como si yo fuera un vulgar ladr&oacute;n. Afuera amanec&iacute;a fr&iacute;o y gris. Penumbra todav&iacute;a. Sub&iacute; a mi coche sin tener un destino cierto, gir&eacute; la llave y puse en marcha el motor, m&aacute;s no cambi&eacute; la marcha ni pis&eacute; el acelerador. Inm&oacute;vil el auto, inanimado yo. Lo apagu&eacute;. &iquest;Qu&eacute; camino tomo? Pensaba en aquellas tempranas horas qu&eacute; hacer. &iexcl;Un caf&eacute;! S&iacute;, pero&hellip; &iquest;D&oacute;nde? Un golpe seco proveniente del cofre de mi auto me sobresalt&oacute;. Un gato negro caminaba elegante y sin afanes sobre &eacute;l. Finalmente se sent&oacute; cerca del parabrisas y me observ&oacute;.<\/p>\n<p>&iexcl;No, ahora no necesito que me mires con compasi&oacute;n, ni que recalques con el color de tu pelaje mi mala suerte! Le habl&eacute;, m&aacute;s no cre&iacute; que me hubiese escuchado, ni siquiera se inmut&oacute;. Tan solo el movimiento nervioso de sus orejas, como radares de alguna instalaci&oacute;n militar, giraban expectantes de un lado al otro, escuchando lo que a &eacute;l, &ndash;en aquel nuevo amanecer&ndash; si le importaba. Me maull&oacute; en una lastimera despedida, presagiando el azabache felino, como yo girar&iacute;a la llave en el switch del encendido. Las detonaciones perezosas en un comienzo, posteriormente se volvieron constantes en incandescentes mezclas inyectadas de gasolina y aspirado ox&iacute;geno, haciendo bajar por fuerza el robustecido acero, ascendiendo luego los pistones para expulsar al exterior por el ca&ntilde;o de escape, los gases sobrantes como si fuesen ellos, mis miserias. Un coordinado equipo de a cuatro, distribuidos en aquel peque&ntilde;o compartimento. Las vibraciones le hicieron saltar hacia un lado, desapareciendo sin el ruido con el que lleg&oacute;.<\/p>\n<p>Mir&eacute; la radio del auto y en la boca t&iacute;mida de la ranura para los CD&rsquo;s, un poco por fuera estaba &eacute;l. Mi dedo delicadamente le envi&oacute; de un tembloroso empuj&oacute;n hacia su interior. Y entonces un Do, luego un Re, perseguido de un La, dieron inicio a la canci&oacute;n. Al escuchar sus primeras letras, tras las notas de aquel piano que la hab&iacute;an iniciado, lograron abrir las compuertas de mi retenido llanto&hellip;<\/p>\n<p>&hellip;&laquo;Sabe Dios c&oacute;mo me cuesta dejarte&raquo;&hellip;<\/p>\n<p>Fa, Sol, La&hellip; Do.<\/p>\n<p>&hellip; &laquo;Y te miro mientras duermes m&aacute;s no voy a despertarte&raquo;&hellip;<\/p>\n<p>Re, Sol, Do, La&hellip; Re.<\/p>\n<p>&hellip;&laquo;Es que hoy se me agot&oacute; la esperanza, porque con lo que nos queda de nosotros ya no alcanza&raquo;&hellip;<\/p>\n<p>Re, Sol, Do, La&hellip; Re.<\/p>\n<p>&hellip;&laquo;Eres lo que m&aacute;s, he querido. En la vida lo que m&aacute;s, he querido&raquo;&hellip;<\/p>\n<p>Graves y agudos, tonos en teclas pulsadas y en su voz&hellip; Palabras rasgadas, tan sentidas. &iquest;Graves? &iquest;Agudas? Tal cual mi situaci&oacute;n sentimental, destrozada mi confianza. La luz de un sem&aacute;foro en amarillo parpadeante, que no cambiaba a ning&uacute;n otro color. &iexcl;Precauci&oacute;n! Muchas l&aacute;grimas desparramadas en la curvatura de mis mejillas, vidriosos mis ojos con mis pesta&ntilde;as empapadas y en la acera afuera, una pareja tan enamorada. Dos mujeres abrazadas demostrando su amor en besos largos y miradas llenas de intensa entrega, ellas dos con sus ansiadas ganas, frente al local de Lara. Un hombre sosteniendo de su mano un cordel que le ataba de un extremo y al otro, lo esperaba su perro, tras &eacute;l, apurado el due&ntilde;o por alcanzar la velocidad necesaria del trotar de sus cuatro patas, pasando por el lado de un borracho que se hallaba sentado en la esquina, y en la mano de este ca&iacute;do en batalla, aferrada una botella de desconocido licor. Transcurr&iacute;a la vida, normal para muchos, diferente para m&iacute;, el segundo d&iacute;a de aquel julio.<\/p>\n<p>Finalmente atraves&eacute; las avenidas y la ciudad, de un punto cardinal hasta el otro. Muy temprano, todo solitario a&uacute;n. Apagu&eacute; el motor, la m&uacute;sica dej&oacute; de sonar. Y sin embargo en medio de tanto silencio, al dejar de funcionar las cosas, yo segu&iacute;a llorando. Me baj&eacute; del auto sin prisas pero con ganas de fumar. En mi bolsillo una arrugada cajetilla, dentro tan solo uno. Afuera en mis ojos la salina precipitaci&oacute;n continuaba y levant&eacute; mi mirada, Madrid y su cielo, te&ntilde;ido de gris plomizo. Negros nubarrones presagiaban un d&iacute;a de tristes aguaceros.<\/p>\n<p>Al buscar mi encendedor en el bolsillo de mi pantal&oacute;n, vi acercarse hacia mi a Mar&iacute;a, la vigilante, que a esas horas tal vez, acababa de recibir la guardia.<\/p>\n<p>&mdash;Buenos d&iacute;as don Rodrigo. &iquest;Le han quitado las frazadas muy temprano? &mdash;Me pregunt&oacute; sonriente.<\/p>\n<p>&mdash;Eso parece, le dije. &mdash;Apartando el llanto de mi rostro&ndash;. Y posteriormente, d&aacute;ndole fuego al enrollado tabaco.<\/p>\n<p>&mdash;Se&ntilde;or C&aacute;rdenas, disculpe usted&hellip; &iquest;Est&aacute; llorando? &iquest;Le sucede algo malo?<\/p>\n<p>La mir&eacute; de soslayo, sin levantar mi cabeza. Mar&iacute;a era una mujer bajita, ancha de cuerpo, cara regordeta, mejillas siempre rosadas y una voz ani&ntilde;ada. Ojos redondos y como siempre, delineados con gruesas l&iacute;neas negras, resaltando su circular contorno.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que me he resfriado. Eso solo eso. &ndash;Le dije finalmente&ndash;. Pero entonces ella se quit&oacute; su acolchado abrigo y me lo alcanz&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Tome, col&oacute;quese esto que est&aacute; haciendo fr&iacute;o y ser&aacute; peor. &mdash;Y ca&iacute; en cuenta lo que mi madre tantas veces me advert&iacute;a. &ndash;&laquo;De quien menos esperas, recibir&aacute;s refugio y consuelo&raquo;&ndash;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Le traigo un cafecito? &iquest;Para que acompa&ntilde;e el cigarrillo? &mdash;Ser&iacute;a un detalle de fina coqueter&iacute;a. &mdash;Le respond&iacute;. &mdash;&iquest;Con una de az&uacute;car?&ndash;. Con dos por favor, si no es mucha molestia.<\/p>\n<p>Beb&iacute; ese caf&eacute; con ganas, le di espaciadas caladas al cigarrillo, intentando infructuosamente que no se terminara. Pensaba en Silvia, me atropellaban aquellas im&aacute;genes de ella dentro de aquel auto y esa demorada despedida. A esas tempranas horas ya mi esposa habr&iacute;a le&iacute;do la carta que le hab&iacute;a dejado encima de la mesa. La imaginaba angustiada, temerosa y pensativa. Ella con sus remordimientos o con las verdades que yo no podr&iacute;a soportar. Fueron pasando los minutos y empezaron a llegar los compa&ntilde;eros de trabajo.<\/p>\n<p>Mi jefe estacion&oacute; su auto al lado del m&iacute;o. Nos saludamos estrechando las manos. Me mir&oacute; y fue a decirme algo, pero al final se contuvo y prosigui&oacute; hacia la entrada. Yo segu&iacute;a all&iacute; de pie, sin ganas de nada recostado sobre el lateral de mi coche. Saqu&eacute; mi celular para revisar las llamadas por si tuviera yo alguna perdida de mi esposa, la noche anterior. Ninguna, tampoco mensajes de audio, comunic&aacute;ndome su tardanza. Sin explicaciones, las que yo quer&iacute;a tener para disculparla y disminuir as&iacute; mi dolor.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Rodrigooo! A trabajar. &mdash;Me grit&oacute; mi jefe desde la puerta del concesionario&ndash;. &iexcl;A mi oficina, ahora mismo! &mdash;&iquest;Y ahora yo que hice? me pregunt&eacute;. Camin&eacute; despacio hasta la entrada a su oficina.<\/p>\n<p>&mdash;Y bien Rocky, cu&eacute;ntame, &iquest;c&oacute;mo te fue ayer con la muchacha? &iquest;Te parece que tiene madera? &mdash;Pues jefe, yo creo que puede ser un buen elemento. Es jovial y &laquo;entradora&raquo;. &mdash;En espa&ntilde;ol Rocky, en espa&ntilde;ol&ndash;. Pues jefe, que tiene la virtud de caerle bien a las personas, se expresa muy bien y es bastante &laquo;abierta&raquo;. &mdash;Sonre&iacute;, maliciosamente.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Abierta? &iquest;C&oacute;mo as&iacute;? &mdash;Pues espont&aacute;nea jefe, muy f&aacute;cil para entablar conversaciones. Creo que le va a ir muy bien.<\/p>\n<p>&mdash;Entiendo, y&hellip; La camioneta de tu cliente &iquest;c&oacute;mo la encontraste? Ves el negocio &iquest;Viable? &mdash;Est&aacute; muy bien cuidada, usted ni se imagina el estado de la carrocer&iacute;a y de su interior. &mdash;Y me sonre&iacute;, al recordar la visita a mi cliente Almudena.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Algo m&aacute;s jefe? Debo revisar mi agenda y preparar unas propuestas. &mdash;Nada m&aacute;s Rocky&hellip; Ehhh, Rodrigo recuerda cuidar muy bien de ella. &mdash;Claro jefe, descuide&ndash;. Y Sal&iacute; de aquella oficina para intentar ocupar mi mente en otras cosas y dejar aparcados mis problemas familiares para que no afectaran mi desempe&ntilde;o laboral.<\/p>\n<p>Al rato llego Paola como un vendaval, hablando alto, saludando a todo el mundo como si los conociera de tiempos antes. Me record&oacute; en esos momentos, las im&aacute;genes de los Carnavales de Barranquilla, las mujeres hermosas vestidas de reinas, saludando a la multitud reunida a uno y otro lado de las calles, encaramadas en aquellos disfrazados carruajes, lanzando besos con sus manos, a diestra y siniestra. Y todos por supuesto, en aquella sala de ventas, hombres y mujeres por igual, volteando a mirarla a ella, dejando por un momento de lado lo que cada uno estaba haciendo. Arrebatadora imagen de mujer tan deseable, risue&ntilde;a, afable&hellip; Preciosa tentaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Paola tra&iacute;a aquella ma&ntilde;ana sus dorados cabellos recogidos en una elegante mo&ntilde;a alta, y dos mechones ondulados ca&iacute;an graciosamente a lado y lado de su rostro, coqueteando con sus mejillas, maquillada su cara en delicados tonos de rosa pastel. Dos pendientes dorados en forma de gotas perladas colgaban de sus orejas, adornando su estilizado cuello. Y en &eacute;l, una gargantilla dorada y en su centro un hermoso rub&iacute; en forma de coraz&oacute;n. Por traje vest&iacute;a una blusa blanca de seda, dejando dos botones abiertos. &iquest;O tres? Un pantal&oacute;n de lino azul marino y zapatos de mediano tac&oacute;n cuadrado de color blanco. En su brazo izquierdo, pend&iacute;a una chaqueta blanca con finas l&iacute;neas azules equidistantes. De su hombro derecho, colgaba un bolso de cuero, de un &iacute;ndigo bastante opaco. Sobria, preciosa, una visi&oacute;n hermosa que me sac&oacute; unos instantes de mis atribulados pensamientos.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hola mi &laquo;Rolito precioso&raquo;! &iquest;C&oacute;mo amaneciste hoy? &mdash;Me pregunt&oacute; a manera de gracioso saludo.<\/p>\n<p>&mdash;Buenos d&iacute;as se&ntilde;orita Torres. &iexcl;Bien y mejorando! &mdash;Ment&iacute;. Tampoco sonre&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Hummm, Rocky tienes tus ojitos enrojecidos. &iquest;Te encuentras bien? Me parece que no pasaste bonita noche. &iquest;Me equivoco?<\/p>\n<p>&mdash;Me arden un poco los ojos, tal vez me vaya a enfermar. Por cierto, d&eacute;jame decirte que hoy estas elegant&iacute;sima. &iquest;Te disfrazaste de ejecutiva? &mdash;Y terminando aquellas aduladoras frases, por fin me sonre&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Jajaja &iexcl;Y Aj&aacute;! Es que decid&iacute; anoche asaltar los guardarropas de mi mam&aacute;. Necesitaba ponerme hoy en actitud de &laquo;compinche&raquo; comercial tuya. &mdash;Y logr&oacute; Paola, sacarme una amplia carcajada. &mdash;Y para hoy&hellip; &iquest;Qu&eacute; nueva sorpresa me tienes preparada? &mdash;Me pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Pues no lo s&eacute;, sinceramente hoy no tengo planeado nada. Voy a preparar unas ofertas a unos clientes y mientras tanto t&uacute; puedes terminar de leer el libro que te prest&eacute;. &mdash;Y dicho esto me dispuse a revisar mi agenda y buscar un listado de empresas para ofertar la renovaci&oacute;n de sus flotas de veh&iacute;culos&ndash;. Era necesario desconectar de mis problemas familiares, no pod&iacute;a dejar que me afectara.<\/p>\n<p>Pero no fue as&iacute;. No dejaban de aparecer en mi mente las preguntas sin respuesta. Meditaba sobre los cambios de actitud en Silvia los d&iacute;as anteriores y no hallaba nada. Confiaba en ella, no me hab&iacute;a dado ninguna se&ntilde;al hasta ese viernes pasado. Cuando me llam&oacute; para decirme que se demoraba por cuestiones de trabajo. No le vi problema alguno. &iexcl;Tan seguro de ella!<\/p>\n<p>La llegada tarde regresando en un auto tan costoso, no me pareci&oacute; trascendental. Quiz&aacute;s solo un alto funcionario, su jefe de pronto, le hab&iacute;an acercado a modo de agradecimiento por su compromiso laboral. &iquest;Normal? Su nerviosismo al llegar al piso y sus abrazos, los besos desbordados de inusitada pasi&oacute;n por verme, si me parecieron diferentes. Mal pensado que soy. Alarmas injustificadas, pens&eacute; en esos momentos.<\/p>\n<p>&iexcl;Excusas! S&iacute;, buscaba en mi mente aquel s&aacute;bado en el bar, otorg&aacute;rselas. Dici&eacute;ndome, recrimin&aacute;ndome mentalmente, por convertirme yo, en uno de esos maridos celosos y controladores con sus mujeres, y que aquello no era m&aacute;s que un invento m&iacute;o. Pero y entonces la noche anterior&hellip; &iquest;Que sucedi&oacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Rocky me alcanzas por favor, &iquest;esa carpeta azul?&#8230; &iquest;Rocky?&#8230; Tierra llamando a Rodrigo. Hey, &iexcl;Rocky! La azul no la roja. &mdash;Juro que la o&iacute;, a lo lejos pero s&iacute; la escuch&eacute;, mientras yo segu&iacute;a tratando de encontrar fallas en m&iacute; y disculpas para Silvia.<\/p>\n<p>Le alcanc&eacute; a Paola una carpeta pero ni me fij&eacute; cu&aacute;l era la que necesitaba. Lo hice de manera autom&aacute;tica. &iexcl;Esto no pod&iacute;a seguir as&iacute;! Observ&eacute; mi m&oacute;vil y en el no hab&iacute;an llamadas, mensajes ni tan siquiera audios de mi esposa. Finalmente ella me hab&iacute;a hecho caso. &iexcl;Puff! suspir&eacute; lentamente y le dije a Paola que ir&iacute;a por un caf&eacute; y un cigarrillo.<\/p>\n<p>&mdash;Te acompa&ntilde;o entonces. &mdash;Me dijo Paola, levant&aacute;ndose de su asiento, sin darme lugar a alguna interpelaci&oacute;n. Acept&eacute; su compa&ntilde;&iacute;a.<\/p>\n<p>Tan solo me encog&iacute; de hombros y fuimos hasta la m&aacute;quina expendedora. Dos caf&eacute;s y un par de rubios, catorce pasos y ya est&aacute;bamos en el costado del parking, fumando y bebi&eacute;ndonos con sorbos cortos, la caliente bebida. Pensativo yo, mi rubia Barranquillera tambi&eacute;n. Silenciosas miradas de ella hac&iacute;a m&iacute;, aspiradas intensas a mi cigarrillo y el humo expulsado al firmamento por mi boca un poco, por mi nariz lo dem&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Anda nene, a ti te pasa algo malo. &iquest;Fue por lo de ayer? &mdash;Me pregunt&oacute; sin colocar en su hermoso rostro, aquella sonrisa que tanto me gustaba.<\/p>\n<p>&mdash;No, para nada preciosa. Contigo no es la cosa. Es mi mujer. Anda rara conmigo desde hace unos d&iacute;as. Pero ya miraremos c&oacute;mo solucionarlo. Dame tiempo, voy a estar bien. &mdash;Paola se acerc&oacute; a m&iacute;, coloc&oacute; su mano diestra sobre mi hombro izquierdo, luego se coloc&oacute; frente a m&iacute; y me abraz&oacute;, sin decirme nada m&aacute;s, sent&iacute; en ella, una tibia tranquilidad.<\/p>\n<p>Apuramos los caf&eacute;s y apagamos en el piso las colillas. Las levant&eacute; del suelo y las termin&eacute; por tirar en la caneca de la basura. Ya &iacute;bamos cruzando la entrada cuando una voz me llamo a mis espaldas.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;or Rodrigo! Se&ntilde;or&hellip; Lo buscan. &mdash;Me gir&eacute; y me di cuenta que era Mar&iacute;a, quien detr&aacute;s de m&iacute;, me requer&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n? &mdash;Pregunt&eacute; finalmente a la mujer, quien sonriente me indic&oacute; con su mano, a una pareja que se hallaba observando los autom&oacute;viles de segunda mano que ten&iacute;amos para la venta. Y entonces me encamin&eacute; a su encuentro. Al menos, entrar en actividad podr&iacute;a ayudarme a olvidar, mi inobjetable realidad.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Buenos d&iacute;as, bienvenidos! Mi nombre es Rodrigo C&aacute;rdenas, y estoy aqu&iacute; para colaborarles en lo que necesiten. &mdash;Me present&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Hola Rodrigo que tal &iquest;Me recuerda? Estuve aqu&iacute; el domingo &laquo;fisgoneando&raquo; su inventario de usados. He venido hoy con mi esposa para que ella tambi&eacute;n me ayude a elegir. Finalmente es ella, quien lo va a disfrutar. &iquest;No es cierto, mi amor? &mdash;&iexcl;Su amor! y el m&iacute;o mientras tanto&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Ahhh, si claro por supuesto que lo recuerdo, se&ntilde;or&hellip; &iquest;Gonz&aacute;lez? Y usted se llama, dirigi&eacute;ndome a la mujer&hellip; &mdash;Beatriz, encantada. Mire se&ntilde;or C&aacute;rdenas, estoy buscando un autom&oacute;vil no muy costoso y eso s&iacute;, que est&eacute; muy bien cuidado. No debe ser muy grande pues apenas estoy haciendo el curso de conducci&oacute;n en la escuela. &iquest;Me podr&iacute;a ayudar?<\/p>\n<p>&mdash;Encantado, se&ntilde;ora Beatriz. &mdash;Rodrigo solo ll&aacute;mame Bea, ese nombre completo me hace sentir vieja. &mdash;&iexcl;Oops! si claro por supuesto, aunque Beatriz es un nombre precioso y con un sonido que al decirlo, suena bastante elegante, como usted&ndash;. Se sonri&oacute; ella y &eacute;l se&ntilde;or Gonz&aacute;lez tambi&eacute;n, aunque algo abrumado tal vez por mi galanter&iacute;a. &mdash;De hecho, &ndash;prosegu&iacute; con la adulaci&oacute;n&ndash; es nombre de reina, como usted, la reina del hogar.<\/p>\n<p>Y los tres entre sonrisas, ella del brazo de su esposo y yo un poco por delante de ellos, &iacute;bamos mirando las opciones disponibles. En unos casos el tama&ntilde;o fue la objeci&oacute;n, en otros lo fue el color y en muchos el interior. La marca no le importaba a ella; el estado exterior, el tapizado que oliera bien y definitivamente el color, eran la clave para cerrar la venta. As&iacute; que fui desechando opciones hasta que al final al llegar al parking, en el rostro de la mujer apreci&eacute; su desencanto. No le hab&iacute;a agradado ninguno de los autos.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno y como dice el conejo Bugs Bunny, eso es todo amigos. Les dije al final del recorrido. &mdash;&iquest;Y &eacute;ste? Mi amor me encanta, est&aacute; perfecto y el color me fascina &iquest;No te parece mi cielo? &mdash;Hummm, se refer&iacute;a ella al Seat verde de mi jefe, parqueado al lado del m&iacute;o.<\/p>\n<p>&mdash;Lo siento Bea, pero ese es el auto de mi jefe y lo quiere m&aacute;s que a su mujer. Pero no se preocupe, esta semana nos debe de llegar un lote de coches que nos traen desde Barcelona, all&iacute; tenemos otra sede. Y cuando eso suceda, les llamar&eacute;. &mdash;Tomen, esta es mi tarjeta&ndash;. La se&ntilde;ora puso cara de tristeza pero ni modos. Nos despedimos asegur&aacute;ndoles que yo les encontrar&iacute;a el autom&oacute;vil de su predilecci&oacute;n, solo que me dieran unos d&iacute;as y no fueran a buscar en otros distribuidores.<\/p>\n<p>Y sin venta a la vista, me volv&iacute; hacia mi escritorio, para terminar las propuestas y seguir con mi malestar.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>Retir&eacute; el cenicero de af&aacute;n y tom&eacute; el papel con mis manos temblorosas. Y le&iacute; despacio aquella nota, o mejor su expresada desconfianza escrita a modo de lista de instrucciones&hellip;<\/p>\n<p>&hellip; &laquo;Silvia, desde anoche dej&eacute; listo todo lo de los ni&ntilde;os, as&iacute; que no te tienes que apurar hoy y preocuparte en llegar tarde a tu oficina. No quiero que tu&hellip; En fin, lo que sea para ti, se vaya a molestar contigo.<\/p>\n<p>No dorm&iacute; bien y creo que t&uacute; sabes por qu&eacute;.<\/p>\n<p>Ser&eacute; breve, no quiero que en todo el d&iacute;a me llames, ni me env&iacute;es mensajes o audios. Mucho menos que faltes a tu trabajo por ir a buscarme. Tal vez ni estar&eacute;. Tengo unas citas pendientes fuera de la ciudad, quiz&aacute;s encuentre disponible alg&uacute;n cliente que me pueda recibir hoy.<\/p>\n<p>Silvia, deber&aacute;s hoy ir a buscar a los ni&ntilde;os al colegio, o si prefieres de nuevo enviar a tu mama por ellos. El caso es que cuando regrese esta noche, quiero que est&eacute;s y hablemos. Te estoy dando todo este d&iacute;a para que pienses bien, para que medites y calcules tus palabras. Vamos a hablar claro y conciso, as&iacute; que espero que lo que me tengas que decir, sea con total honestidad, sin guardarte nada. &iexcl;Ojo con lo que me vas a decir! Espero sinceridad.<\/p>\n<p>Por cierto, se me estaba olvidando lo m&aacute;s importante: La ropa mojada sin ventilaci&oacute;n puede llegar a coger mal olor. As&iacute; que me tom&eacute; la molestia de sacar tu sost&eacute;n blanco y los calzones azules del interior de la m&aacute;quina, para dej&aacute;rtelos colgados en el tendedero. Y no, no me lo agradezcas. Las gracias te las debo yo a ti, por despejarme el panorama. Hasta la noche. Rodrigo&raquo;.<\/p>\n<p>Hummm, me qued&eacute; en shock. Mi mente en blanco aunque mis ojos se dirigieron muy abiertos hacia la cocina. Fui hasta all&iacute; y al fondo, colgados de un cordel, mi ropa &iacute;ntima sec&aacute;ndose. &iexcl;Mierda! Con mis ojos aguados y mi alma arrugada, me dirig&iacute; en b&uacute;squeda de mis hijos para despertarlos. Este iba a ser un d&iacute;a muy largo&hellip;<\/p>\n<p>Llegu&eacute; cinco minutos tarde, a pesar de coger un taxi despu&eacute;s de dejar a los ni&ntilde;os en el colegio. Colgu&eacute; de la percha, mi abrigo y la chaqueta fucsia de mi traje. A un lado de mi escritorio, en el piso, el bolso gris claro. Al sentarme me cayeron todas mis compa&ntilde;eras encima. Acribill&aacute;ndome con sus preguntas indiscretas. Que t&iacute;a&hellip; &iquest;C&oacute;mo as&iacute;? Que t&iacute;a&hellip; &iquest;C&oacute;mo fue? Que t&iacute;a&hellip; &iquest;A d&oacute;nde te llev&oacute;? y claro, que&hellip; &iexcl;Venga t&iacute;a! &iquest;Para hacer qu&eacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Vamos Silvia, cuenta t&iacute;a, cuenta coraz&oacute;n como te fue ayer con el &laquo;ogro&raquo;. &mdash;Me preguntaban emocionadas. &mdash;Y yo por el contrario, me sent&iacute;a abrumada por su desatado inter&eacute;s&ndash;. Pero entonces me salv&oacute; la campana&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Buenos d&iacute;as se&ntilde;oritas!<\/p>\n<p>Salud&oacute; a todas las all&iacute; presentes don Hugo, con su voz fuerte y masculina. Y raro en &eacute;l, sonriente. Todas se pusieron p&aacute;lidas, le devolvieron el saludo respetuosamente y raudas, cada una de ellas, se dirigieron a sus respectivos escritorios. Mi jefe entr&oacute; a su oficina, se demor&oacute; all&iacute; dentro solo unos minutos para luego llamarme por el interno.<\/p>\n<p>&mdash;Buenos d&iacute;as Silvia, &iquest;todo bien? &mdash;S&iacute; se&ntilde;or, respond&iacute;. &mdash;Por favor, despu&eacute;s de que env&iacute;es el informe para los norteamericanos, vienes a mi oficina un momento. &iexcl;Ahh! y p&iacute;dele a&hellip; &iquest;C&oacute;mo es que se llama? &mdash; Dolores, don Hugo, se llama Dolores. &mdash;S&iacute;, a ella. Qu&eacute; nos traiga dos caf&eacute;s. &iquest;O prefieres otra cosa? &mdash;Ehh no se&ntilde;or, perfecto, ya me ocupo de eso.<\/p>\n<p>Y en seguida me puse manos a la obra, escaneando el informe para enviarlo a las oficinas de Nueva York por correo electr&oacute;nico y luego entreg&aacute;ndoselo a la inquieta Amanda, para que en f&iacute;sico lo hiciera llegar junto a otra correspondencia. Me dirig&iacute; hasta la cocina para pedirle el favor a Dolores de prepararnos dos caf&eacute;s y llevarlos a la oficina de mi jefe, cuando escuch&eacute; la exclamaci&oacute;n de mis compa&ntilde;eras, y una muy animada llamada.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Silvia!, mujer ven y mira lo que te lleg&oacute;. &mdash;Me dijeron todas al un&iacute;sono.<\/p>\n<p>Sal&iacute; apresurada e intrigada para ver cu&aacute;l era el motivo de tanto aspaviento. Un hermoso y grande ramo de flores, rosas rojas, blancas y amarillas, en un amplio jarr&oacute;n de delicado vidrio tallado, sobre mi escritorio. Fastuoso e imponente, en verdad.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y esto? &mdash;Me pregunt&eacute; bastante intrigada.<\/p>\n<p>&mdash;Ayyy, pero que precioso Silvia, tu marido te ama con locura &iquest;D&oacute;nde se compran en Colombia? &iquest;Es una fecha especial para los dos? &mdash;Me pregunt&oacute; Amanda, totalmente enamorada por aquel env&iacute;o. Y tom&oacute; ella sin permiso una peque&ntilde;a tarjeta blanca ley&eacute;ndola en voz alta, tipografiado mi nombre y m&aacute;s abajo un&hellip; &iexcl;Para mi precioso &aacute;ngel! Y yo ruborizada.<\/p>\n<p>&mdash;Pero Silvia ni siquiera sonr&iacute;es. &iquest;Est&aacute;s bien mujer? &mdash;Ahhh, si claro. Es que estoy tan sorprendida como ustedes. Rodrigo a veces me sale con este tipo de sorpresas.<\/p>\n<p>&mdash;Ven y lo colocamos aqu&iacute;. Quitemos esto y esto otro tambi&eacute;n&ndash;. Y Amanda, dispuso que el portarretrato de Rodrigo y mis ni&ntilde;os fueran a parar a una esquina de mi escritorio y la solitaria orqu&iacute;dea artificial en su maceta termin&oacute; en el piso, cerca del cesto de basura. El ramo bien en alto, a la vista de todo el mundo. Y mi universo tan agitado.<\/p>\n<p>&mdash;Se&ntilde;ora Silvia, ya est&aacute;n listos los caf&eacute;s, &iquest;se los llevo a la oficina? &mdash;Ehhh si por favor, ya voy.<\/p>\n<p>Pero no fui, me sent&eacute; en mi escritorio para pensar. Obviamente la situaci&oacute;n me estaba superando. Una hoja en blanco en mi ordenador y en ella fui escribiendo tradicionales motivos familiares para componer mi carta de renuncia. La imprim&iacute; con temor de que alguien m&aacute;s la observara. Y con ella en la mano, mis pasos temblorosos me llevaron hasta la oficina de don Hugo.<\/p>\n<p>&mdash;Don Hugo, le estoy muy agradecida por el detalle, esta precioso en verdad, pero&hellip; &mdash;Y estir&eacute; mi mano ofreci&eacute;ndole la carta&ndash;. &Eacute;l ni siquiera se tom&oacute; la molestia de leerla. La dobl&oacute; y la rompi&oacute; en varios trozos. &mdash;Ahora no Silvia, y menos aqu&iacute;. Necesito tenerte de mi lado, que me ayudes a superarlo. &iexcl;Se te enfri&oacute; el caf&eacute;! &mdash;Pues ojal&aacute; tambi&eacute;n fuera as&iacute; con sus ganas de m&iacute;&ndash;. Y Sal&iacute; de aquella oficina, llorando.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>Hab&iacute;a terminado de preparar ya dos ofertas y mi mente segu&iacute;a con la imagen de mi esposa, con la carta en su mano. Mi imaginaci&oacute;n se negaba a apartarla, lo mismo mi coraz&oacute;n. Quer&iacute;a buscarle pretextos, hallarle justificaciones a las evidencias de que algo iba mal. En ella, en m&iacute; por igual. Ten&iacute;a que saber, conocerlo de su boca y no me aguantar&iacute;a hasta la noche. Ir a buscarla a su oficina, invitarla a almorzar y hablar, si alcanzaba el tiempo, calmar mi hambrienta ansiedad. Era la decisi&oacute;n que m&aacute;s correcta, me pareci&oacute;.<\/p>\n<p>Tom&eacute; mi saco gris y busqu&eacute; a Paola con la mirada. Se encontraba charlando animada con Federico y otras dos compa&ntilde;eras de ventas, cerca de la m&aacute;quina expendedora. Hubiera podido irme sin que se diera cuenta, pero la necesitaba para ocultar mi ausencia. No necesit&eacute; llamarla, pues ella se dio por enterada de mi presencia, al dirigir el verde de sus hermosos ojos hac&iacute;a m&iacute; y despidi&eacute;ndose de ellos con un agitar de su mano, enfil&oacute; sus pasos a mi encuentro. Su figura sinuosa, su elegancia al caminar y el contoneo de sus caderas me hipnotizaban. Se tom&oacute; con sus manos las dos nalgas, como si quisiera constatar que no las hab&iacute;a dejado atr&aacute;s. Federico y unos clientes m&aacute;s all&aacute;, no dejaron de &laquo;com&eacute;rsela&raquo; con la mirada. En su rostro la alegr&iacute;a caribe&ntilde;a, ilumin&aacute;ndolo todo con su sonrisa. Era un im&aacute;n que lo atra&iacute;a todo.<\/p>\n<p>&mdash;Anda Nene por fin, estaba muy aburrida. &mdash;Me dijo colocando sus brazos en cruz frente a su pecho.<\/p>\n<p>&mdash;Pao, mira. Necesito que por favor me &laquo;cubras&raquo;. Es una diligencia personal y no comercial, por lo tanto no necesito que me acompa&ntilde;es. &mdash;Ella puso cara de enfado, pero yo continu&eacute; explic&aacute;ndole mi estrategia para escapar.<\/p>\n<p>&mdash;Ver&aacute;s, si don Augusto me busca, solo dile que se me quedaron unos apuntes en mi piso, y tuve que ir a buscarlos. No me demoro, una hora y media tal vez.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y yo que hago mientras tanto? &mdash;Pues en primer lugar dejar de perder tu tiempo hablando por ah&iacute;. &ndash;Lo dije en un tono que son&oacute; a reproche&ndash;. &iquest;Celos? Si, pudo ser. &mdash;En vez de eso puedes sentarte y prospectar.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Prospectar? &iexcl;Aj&aacute; Nene!&hellip; &iquest;Y eso con que se come? &mdash;Me pregunt&oacute; intrigada. &mdash;Pues Pao es convertirte en cazadora y olfatear a tus posibles presas. Buscar clientes potenciales, inicialmente dentro de tu c&iacute;rculo m&aacute;s cercano, familiares y amigos. Luego ya veremos qu&eacute; mercado te gustar&iacute;a m&aacute;s atacar&ndash;. Ten, si&eacute;ntate y en esta libreta vas a anotar los nombres, tel&eacute;fonos y direcciones de correo electr&oacute;nico de todos a quienes creas que pueda interesarle un veh&iacute;culo. Comprar uno nuevo y cambiar el viejo. &mdash;No me demoro.<\/p>\n<p>Tom&eacute; su mano derecha entre las dos m&iacute;as, la mir&eacute; con cari&ntilde;o y luego la solt&eacute; suavemente. Sal&iacute; con prisa para dirigirme al encuentro no concertado con mi esposa.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Silvia tesoro, &iquest;por qu&eacute; lloras? &iquest;Te rega&ntilde;o ese ogro? &mdash;Me pregunt&oacute; Amanda, colocando su mano sobre mi brazo, consol&aacute;ndome sin saber el motivo.<\/p>\n<p>&mdash;No te preocupes que no es por &eacute;l. &mdash;Es que me lleg&oacute; la menstruaci&oacute;n fuerte y t&uacute; sabes que los primeros d&iacute;as la pasamos mal&ndash;. Me excus&eacute; y me dirig&iacute; al ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>Ya estando encerrada all&iacute;, pens&eacute; con rabia, que como se hab&iacute;a atrevido mi jefe a enviarme aquellas flores, ponerme en aprietos delante de mis compa&ntilde;eras. Si ellas se enteraran, se me formar&iacute;a un problema mayor. Yo siempre en los almuerzos les hablaba de Rodrigo y estaban locas por conocerlo. Nunca &eacute;l hab&iacute;a venido y las pocas veces que me acerc&oacute; a la oficina, me dejaba a dos calles de distancia para facilitarle la salida a la avenida m&aacute;s pr&oacute;xima, para regresar directo al concesionario.<\/p>\n<p>Mi carta de renuncia rota por aquellas manos que me hab&iacute;an acariciado, la promesa de hablar los dos de&hellip; &iquest;Lo nuestro? Y en mi interior la angustia por lo que aquella carta que guardaba en mi bolso, en la que mi esposo me ped&iacute;a&hellip; &iexcl;No me llames! &iexcl;Por la noche hablamos! Y que le iba a decir para que me comprendiera, para que entendiera que a pesar de estar a solas con mi jefe casi desnuda, bajo una ducha de una habitaci&oacute;n de hotel, no pas&oacute; nada grave. &iquest;Y los besos del viernes? &iexcl;Mierda! mierda. Mi matrimonio hac&iacute;a agua por todas partes. &iexcl;Te amo Rodrigo, te amo! &iexcl;No te voy a fallar! Me habl&eacute; a m&iacute; misma, saliendo para tomar compostura y distraerme en mis quehaceres.<\/p>\n<p>Me sent&iacute;a observada por mis compa&ntilde;eras, se&ntilde;alada por sus sonrisas disimuladas, como si conocieran mi posible infidelidad y yo inquieta, enmarcada en lo alto por aquel ramo de rosas detr&aacute;s de mi cabeza. Abr&iacute;a programas, revisaba documentos, archivaba carpetas tratando de parecer normal. Cinco minutos para las doce y pocos para enfrentarme a ellas en el almuerzo, expuesta a sus preguntas e inquietudes. A las doce en punto mi jefe sali&oacute; de su oficina y delante de todas las all&iacute; presentes con su voz firme llam&oacute; mi atenci&oacute;n y el asombro en mis compa&ntilde;eras.<\/p>\n<p>&mdash;Bien Silvia, &iquest;ya est&aacute; lista? Vamos a almorzar y terminamos con las compras para mi aniversario. &mdash;Lo dijo as&iacute;, sereno, en un tono de voz confiado y yo&hellip; Me qued&eacute; de piedra. Asombrada por aquella inusitada propuesta.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Silvia?&#8230; &mdash;Ehhh, si claro, si se&ntilde;or un minuto. &mdash;Y tom&eacute; mi abrigo, mi bolso y fui tras de &eacute;l, sin mirar a ninguna de mis compa&ntilde;eras, cruzando la entrada de vidrio para seguirlo hasta los elevadores en el pasillo&ndash;. Don Hugo puls&oacute; el bot&oacute;n del S2 y aguardamos.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Lloviznaba ya por la zona financiera y encontr&eacute; afortunadamente un espacio disponible en el parking p&uacute;blico de aquellas torres de oficinas. Me baj&eacute; de mi auto, mire mi reloj y a&uacute;n faltaban algunos minutos para el medio d&iacute;a. Ten&iacute;a tiempo y ning&uacute;n cigarrillo para ayudar a calmar mi nerviosismo. Camin&eacute; por la acera para buscar alg&uacute;n kiosco donde poder comprarme una cajetilla de Marlboro rojo. Fum&eacute; apresurado en la calle, en medio de mis angustias y la prisa por no mojarme con la ya fuerte llovizna, mirando andar el minutero en mi reloj. Ya casi las doce, ya casi encima de m&iacute; la fuerte lluvia. Tir&eacute; la colilla al piso y corr&iacute;. Atraves&eacute; la calle evitando los peque&ntilde;os charcos y los gruesos goterones del chubasco, pero al cruzar frente a la entrada a los s&oacute;tanos del parking subterr&aacute;neo, un fuerte sonido de advertencia me hizo sobresaltar. Por muy poco, una mujer en un Mini Cooper Works rojo y con las caracter&iacute;sticas franjas negras en los bordes del cofre, casi me atropella. Levant&eacute; mi brazo en se&ntilde;al de molestia, pues yo era el peat&oacute;n que estaba moj&aacute;ndose y ella tan seca dentro de su auto. Continu&eacute; hasta la acristalada entrada.<\/p>\n<p>&iquest;Y ahora? No recordaba exactamente la planta en la que Silvia laboraba. Me acerqu&eacute; a recepci&oacute;n y en el tablero de informaci&oacute;n, encontr&eacute; la correcta ubicaci&oacute;n. Present&eacute; mi documento de identificaci&oacute;n y la solicitud de a qui&eacute;n iba a visitar all&iacute;. Y la mujer que me atendi&oacute;, despu&eacute;s de un leve repaso a mi anatom&iacute;a, llam&oacute; a aquellas oficinas para informar de mi llegada.<\/p>\n<p>Me dio el visto bueno para el ingreso y me indic&oacute; la zona de los elevadores. Bajaban dos y los otros all&iacute;, ascend&iacute;an. &laquo;Hola Silvia, he venido para invitarte a almorzar &iquest;Quieres? y de paso hablamos&raquo;.<\/p>\n<p>&iexcl;No! Idiota, as&iacute; no. Tendr&iacute;a que parecer molesto y no un cachorrito asustado. Deb&iacute;a mantener mi posici&oacute;n, la distancia justa para que ella comprendiera mi molestia y asumiera su posici&oacute;n de mujer infiel.<\/p>\n<p>A pesar del fr&iacute;o medio d&iacute;a, yo sudaba. Y por fin un elevador abri&oacute; sus puertas en secuencia de izquierda a derecha&hellip; Vac&iacute;o. Piso d&eacute;cimo. &iexcl;Silvia, all&aacute; voy!<\/p>\n<p>Un largo pasillo, varias puertas de transparente cristal. A mi izquierda la vi. Las letras grandes de aquella empresa. Y fui tembloroso hasta la entrada.<\/p>\n<p>&mdash;Buenas tardes, ehhh, vengo a buscar a Silvia Garc&iacute;a, soy su esposo. &mdash;Me present&eacute; ante una mujer algo m&aacute;s baja de estatura que mi esposa. Ella me mir&oacute; y t&iacute;midamente me extendi&oacute; su mano. Se le pusieron coloradas las mejillas y casi sin levantar su mirada me salud&oacute; de manera menguada pero efusiva a su vez.<\/p>\n<p>&mdash;Buenas tardes, tu eres el famoso Rodrigo, Encantada. Tu esposa no deja de hablar de ti y pregonar el amor que le demuestras todos los d&iacute;as. &mdash;Ehh, pues si soy yo, muchas gracias y usted es&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Ohh, disc&uacute;lpame, me llamo Amanda, la mano derecha, de la mano derecha de nuestro adorado jefe. &iexcl;Jajaja! O sea soy la asistente de tu esposa. &mdash;Y le regal&eacute; una sincera sonrisa, aunque no le prest&eacute; mucha atenci&oacute;n y busqu&eacute; el posible lugar donde mi esposa trabajar&iacute;a.<\/p>\n<p>Al fondo a la derecha una amplia oficina y en frente un escritorio, sin nadie en &eacute;l. Un ramo inmenso de coloridas rosas sobre un archivador y un portarretrato bien conocido por m&iacute;. En el suelo, cerca de una papelera de madera, una solitaria orqu&iacute;dea, casi ladeada. All&iacute; era pero&hellip; &iquest;D&oacute;nde estaba mi esposa?<\/p>\n<p>La mujer se dio cuenta r&aacute;pido de que yo pasaba de ella, aunque a&uacute;n tuviera estrechada su mano con la m&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Oops, Rodrigo, Silvia acaba de salir con don Hugo, nuestro jefe. Se debieron de cruzar por el camino. &mdash;Hice una mueca de disgusto que Amanda comprendi&oacute;. &mdash;No te afanes, si quieres le puedo llamar al m&oacute;vil para que se&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;No se preocupe, est&aacute; bien&ndash;. Solo pasaba por otra planta de esta torre a visitar un cliente. &mdash;Sabe usted si&hellip; &iquest;Demorar&aacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Humm, pues no lo s&eacute; con seguridad. Desde ayer por la tarde, acompa&ntilde;a a mi jefe para asesorarle sobre algo, unos regalos por motivo de su aniversario. Tal vez quiera que Silvia le ayude a escoger algo para su esposa despu&eacute;s de que terminen de almorzar&ndash;. &iexcl;Humm! entonces era casado. Buen dato, pens&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno Amanda muchas gracias. &mdash;Y me di vuelta r&aacute;pidamente para no demostrar mi enojo. Pero escuch&eacute; que su despedida fue con un&hellip; &laquo;Muy hermosas las rosas que le enviaste&raquo;&ndash;. Medio gir&eacute; mi cabeza y sonre&iacute;. &iexcl;Est&uacute;pida, no fui yo! &mdash;Eso quise decirle m&aacute;s no lo hice. Frente al elevador tom&eacute; mi tel&eacute;fono y llam&eacute; al m&oacute;vil de Paola.<\/p>\n<p>&mdash;Hola &laquo;rolito&raquo; precioso, todo bien por ac&aacute;, descuida. &mdash;Gracias preciosa, ya voy para all&aacute;. Hazme un inmenso favor. En la agenda caf&eacute; del primer caj&oacute;n del escritorio, en la tercera p&aacute;gina en resaltador, est&aacute; el nombre de un cliente que vive en las cercan&iacute;as de Madrid. &iquest;Podr&iacute;as hacerte pasar por mi secretaria y concertar una cita para ma&ntilde;ana a primera hora?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Jajaja! por supuesto, pero me vas a tener que subir el salario o darme un rico besito. Te espero Nene, no demores, Bye&ndash;. Y nos despedimos. Me sonre&iacute; por aquel aumento solicitado. &iexcl;Paola, mi rubia tentaci&oacute;n!<\/p>\n<p>Las puertas del elevador a mi derecha se abrieron y del interior, con pasos apurados y tacones finos como una puntilla, de al menos diez cent&iacute;metros, una mujer muy elegante, falda negra entubada por debajo de sus rodillas unos tres o cuatro dedos, figura delicada, cabellera de tintes cobrizos por debajo de sus hombros y simplemente llamativa por sus grandes y oscuras gafas de Dolce &amp; Gabbana, ocultando sus ojos y un pa&ntilde;ol&oacute;n blanco terciado sobre sus hombros, que le hac&iacute;an ver a&uacute;n m&aacute;s majestuosa. Me introduje en el interior del ascensor y un instante antes de cerrarse las puertas, las detuve con mi mano izquierda.<\/p>\n<p>Pude escuchar la voz de la tal Amanda diciendo&hellip; &mdash;Se&ntilde;ora Martha, que milagro tenerla por aqu&iacute;, su esposo acaba de salir a almorzar. &mdash;Retir&eacute; entonces mi mano y las puertas se cerraron.<\/p>\n<p>Continuar&aacute;&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 17<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Sal&iacute; en silencio de mi hogar, sin hacer ning&uacute;n ruido como si yo fuera un vulgar ladr&oacute;n. Afuera amanec&iacute;a fr&iacute;o y gris. Penumbra todav&iacute;a. 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