{"id":29700,"date":"2021-06-01T22:00:00","date_gmt":"2021-06-01T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-06-01T22:00:00","modified_gmt":"2021-06-01T22:00:00","slug":"el-regalo-un-antes-y-un-despues-decima-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-regalo-un-antes-y-un-despues-decima-parte\/","title":{"rendered":"El regalo: Un antes y un despu\u00e9s (D\u00e9cima parte)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"29700\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 20<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Hab&iacute;a dejado preparada la comida, revisado sus deberes y alistado sus uniformes de deportes. Mis peque&ntilde;os jugaban, revoloteando en la sala y correte&aacute;ndose alrededor de la mesa del comedor. Felices, llenos de energ&iacute;a esperando la llegada de su padre. Demoraba un poco&#8230; Y ya lo extra&ntilde;aba.<\/p>\n<p>Estando en mi alcoba matrimonial, fui retirando de mi cuerpo la ropa de aquel d&iacute;a. La americana del sastre ya colgaba al interior del guardarropa. Mi blusa con sus mangas arrugadas, la falda con sus pliegues extendidos. Los zapatos de tac&oacute;n mediano para lustrarlos otro d&iacute;a y posteriormente las medias de liga vueltas al rev&eacute;s y listas para tirar a la basura por una desastrosa rasgadura causada por mis u&ntilde;as, reposando enredadas sobre la funda n&oacute;rdica de mi cama. Pero al agacharme el pendular movimiento de aquella obsequiada cadena dorada con ese delicado &aacute;ngel de alas extendidas, golpe&oacute; suavemente mi ment&oacute;n. Y no solo fue esa parte de mi rostro, tambi&eacute;n golpe&oacute; mi pensamiento y en el sentimiento de ser yo para otro hombre, la causa de su sexual renacer. &iquest;Y el m&iacute;o tambi&eacute;n?<\/p>\n<p>La retir&eacute; con cuidado, acariciando con la yema de mis dedos sus elaborados eslabones planos entrelazados y busqu&eacute; con mi mirada un lugar, un espacio donde guardarla y ocultarla de la visi&oacute;n de Rodrigo. &iquest;D&oacute;nde? Y un minuto despu&eacute;s, all&iacute; sentada en el borde de la cama pens&eacute;&hellip; &iquest;Y por qu&eacute;? No iba a ocultar nada m&aacute;s, era una decisi&oacute;n tomada, as&iacute; que la coloqu&eacute; sobre mi baulito de madera donde guardaba mis otras joyas. Retir&eacute; tambi&eacute;n mi brassier y en panties ingres&eacute; en el ba&ntilde;o para darme una ducha r&aacute;pida. Por pijama de nuevo aquella camiseta ancha y larga de mi esposo. Lo esperar&iacute;a as&iacute;, quiz&aacute;s si me viera us&aacute;ndola, &eacute;l tal vez entendiera que yo era exclusivamente suya y de nadie m&aacute;s. Ojal&aacute; recapacitara y me dejara hablar.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Bien jefe, y pues color&iacute;n colorado, ese cuento est&aacute; terminado. &iexcl;Jajaja! &mdash;Hab&iacute;a terminado de explicarle a don Augusto la negociaci&oacute;n y sus t&eacute;rminos.<\/p>\n<p>Paola a nuestro lado no dijo nada. Mi jefe se percat&oacute; de ello y con algo de preocupaci&oacute;n en su rostro me solicit&oacute; que me retirara, dejando a mi rubia tentaci&oacute;n a solas con &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Paola, te espero fuera para acercarte hasta el hotel, si quieres. &mdash;Le dije, apoy&aacute;ndome sobre el marco de aluminio de la puerta de aquella oficina.<\/p>\n<p>&mdash;Anda nene, que caballerosidad, por supuesto que s&iacute;. Cons&iacute;gueme un caf&eacute; y ya te busco. &mdash;En sus ojos pude observar algo de nerviosismo y en el tono de sus palabras algo de inquietud.<\/p>\n<p>Sin pensar en nada m&aacute;s fui hasta mi escritorio para dejar mis cosas listas para el siguiente d&iacute;a y luego fui por los dos caf&eacute;s. Ya estando fuera, pasaban los minutos y Paola no llegaba, termin&eacute; con mi cigarrillo y dej&eacute; el vaso desechable del caf&eacute; para mi rubia compa&ntilde;era sobre el techo de mi auto, mientras revisaba mi tel&eacute;fono por si tuviera alguna llamada o mensaje de Silvia. &iexcl;Nada!<\/p>\n<p>&mdash;Disculpe usted joven. &mdash;Me dijo alguien desde atr&aacute;s de mi coche&ndash;. Un hombre alto, calvo y gordo, vestido con una cazadora de cuero marr&oacute;n y pantalones blancos y anchos, por zapatos unas botas de caucho que le llegaban casi hasta las rodillas, amarillas y sucias.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Este coche est&aacute; para la venta? &mdash;Ehhh, no. &iexcl;No se&ntilde;or! Este auto no est&aacute; en venta. &mdash;Se refer&iacute;a al auto de mi jefe, s&iacute;, el mismo Seat. El hombre daba vuelta a su alrededor y acercando sus manos a modo de visera, sobre la ventanilla del lado del conductor, se deleitaba con su interior.<\/p>\n<p>&mdash;Pero aquellos de all&iacute; &iquest;los ve? De esos puede usted escoger el que m&aacute;s le guste. &iquest;Quiere observarlos? &mdash;Le coment&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Quiz&aacute;s otro d&iacute;a, ahora voy retrasado para mi casa, es por all&aacute;. &mdash;y me se&ntilde;al&oacute; con su dedo el lugar, unas calles m&aacute;s al sur.<\/p>\n<p>&mdash;Si lleg&oacute; m&aacute;s tarde mi esposa me descuartiza. Debo tenerle preparada la comida. Solo pas&eacute; a mirar bien este coche, llevo algunos d&iacute;as interesado en averiguar por &eacute;l. Es una l&aacute;stima que no est&eacute; disponible, pues tengo el dinero para pagarlo en efectivo. &mdash;Y se dio la vuelta por la parte posterior del Seat para finalmente decirme antes de marchar&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Vendo muy buenas carnes y embutidos, cuando guste usted se pasa por m&iacute; salsamentar&iacute;a y me hace la compra, es all&iacute;, tome este volante. &mdash;Por supuesto, lo tendr&eacute; en cuenta&ndash;. Le respond&iacute; esbozando una leve sonrisa. Y el hombre, continu&oacute; acelerado su camino.<\/p>\n<p>Un firme taconeo escuch&eacute; detr&aacute;s de m&iacute;, causando que me diese vuelta y la vi. Ven&iacute;a Paola apresurada y con cara de angustia.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Rocky, Rocky! Nene me tienes que sacar de este apuro. &mdash;Y llegando a m&iacute; me abraz&oacute; con fuerza.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pas&oacute; Pao? &iquest;Qu&eacute; te dijo el jefe para que est&eacute;s tan preocupada? &mdash;Paola solo recost&oacute; su frente sobre mi hombro izquierdo y me cont&oacute; el motivo de su intranquilidad.<\/p>\n<p>&mdash;Es qu&eacute; ma&ntilde;ana en la sala de reuniones, debo presentar a manera de ejemplo el negocio que hicimos ante todos los dem&aacute;s compa&ntilde;eros. Y aj&aacute;, no s&eacute; c&oacute;mo lo hiciste. Ni puta idea de los planes de cr&eacute;dito, mucho menos de los tipos de financiaci&oacute;n que les ofreciste. Tampoco como les planteaste el negocio del arrendamiento. &iexcl;Aj&aacute; Nene! Que voy a hacer ma&ntilde;ana el oso delante de todos. &iexcl;Ay&uacute;dame, ay&uacute;dame! &mdash;La not&eacute; tan preocupada que me caus&oacute; primero una inefable ternura y posteriormente, no aguant&eacute; mis ganas y solt&eacute; una sonora carcajada. Es justo contar que aquella risa, motiv&oacute; en Paola cierto enfado y un soberano pellizco en mi brazo izquierdo.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno Pao, no te afanes, yo te explico. Tom&eacute;monos algo en alg&uacute;n sitio y hablamos de eso. Este caf&eacute; ya se te enfr&iacute;o. &iquest;Vamos ya? &mdash;Le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;No Rocky, no puedo ahora. Me quedo. En un rato va a llegar Carlos a buscarme.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Tu novio? &mdash;Y me acomod&eacute; el cuello de mi camisa, no porque estuviera mal, sino para que Paola no observara la sensaci&oacute;n de vac&iacute;o que sent&iacute; de repente. &iquest;Celos? S&iacute;, algo de eso sent&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Vaya, est&aacute; bien, vete con &eacute;l. &mdash;La tonalidad melanc&oacute;lica en mi voz no pas&oacute; desapercibida por Paola, y ella solo hizo un gesto con su cabeza de afirmaci&oacute;n, mientras soltaba sus manos de mi brazo.<\/p>\n<p>&mdash;Rocky, vamos a comer algo por ah&iacute; pero&hellip; &iquest;Ser&aacute; prudente si nos conectamos m&aacute;s tarde por video llamada y me explicas bien? No quiero importunarte. Ya suficientes problemas tienes con lo de tu esposa y tal vez a ella le moleste si te llamo.<\/p>\n<p>&mdash;No te preocupes por eso Pao. &iquest;Qu&eacute; tal a las diez? &mdash;Le dije y a Paola le pareci&oacute; bien.<\/p>\n<p>Nos despedimos all&iacute; con un beso m&iacute;o en su mejilla y un&hellip; &iexcl;hasta m&aacute;s tarde! de mi rubia tentaci&oacute;n. Arranqu&eacute; para mi hogar, feliz por lo productivo de ese d&iacute;a y tambi&eacute;n pensativo por lo que hab&iacute;a sucedido entre aquella rubia y yo. Nos hab&iacute;amos besado, acariciado un poco y eso no era todo. Lo que sent&iacute;a por Paola ya traspasaba un poco aquella l&iacute;nea roja del mero deseo. Me gustaba y me sent&iacute;a muy c&oacute;modo, tranquilo con ella a mi lado. Un poco de culpa, m&aacute;s no sent&iacute;a que fuese una traici&oacute;n en toda regla hac&iacute;a mi mujer, aunque quiz&aacute;s en parte la mereciera.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>Escuch&eacute; la puerta abrirse y la algarab&iacute;a de mis dos hijos para recibir como siempre a su padre. Me apresur&eacute; a salir de la alcoba y tras recorrer los pocos pasos que me separaban de la entrada, me qued&eacute; un momento all&iacute; de pie en el pasillo para observar, la misma escena de siempre, con Rodrigo de rodillas, mi hijo menor bajo su est&oacute;mago y la mayor encima de su espalda. Los dos esforz&aacute;ndose con sus manitas para causar en mi esposo, las carcajadas exageradas por las cosquillas recibidas, pero en aquella ocasi&oacute;n no pod&iacute;a, pues Rodrigo entre sus dientes, sosten&iacute;a apretada una bolsa de papel mediana. El olor tan caracter&iacute;stico de pan, carne asada y papas fritas, llegaba hasta mi nariz.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hola mi vida! Lo salud&eacute; amorosa. &mdash;Espera te ayudo con esas hamburguesas. Y tras decir estas palabras m&aacute;gicas, la batalla ces&oacute;.<\/p>\n<p>Mis ni&ntilde;os al escuchar aquella palabra, detuvieron el &laquo;feroz&raquo; ataque hac&iacute;a su cansado padre y de inmediato cambiaron las amenazantes cosquillas por tiernos besos y apretados abrazos de agradecimiento. Me agach&eacute;, tom&eacute; de su boca aquella bolsa y aprovechando su indefensa posici&oacute;n, acaricie su rostro y le bes&eacute; en la frente. Rodrigo me mir&oacute; algo serio, seguro d&aacute;ndose cuenta de que usaba su camiseta de deporte por pijama.<\/p>\n<p>&mdash;Rodrigo&hellip; Eso no se hace amor. Yo esforz&aacute;ndome por tenerles algo de comida decente a estos ni&ntilde;os y llegas t&uacute; con esta&hellip; Hummm &iexcl;Qu&eacute; delicia! &mdash;Mis hijos brincaban de alegr&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; no se puede Rodrigo, me da&ntilde;as todo con estas hamburguesas y las papitas fritas. &mdash;Extra&ntilde;amente, mi esposo alzando en cada uno de sus brazos a nuestros dos hijos, me mir&oacute; y me sonri&oacute;, despu&eacute;s de tantos d&iacute;as de caras largas.<\/p>\n<p>&mdash;Hummm, es que ten&iacute;a antojos Silvia, y pues solo pasaba por el frente del local y te juro que escuch&eacute; como si me llamaran. Pens&eacute; en estos dos terremotos y pues ya llev&aacute;bamos tiempo sin probar estas delicias. &mdash;Cielo, ehhh&hellip; La tuya sin queso y con bastante cebolla es la m&aacute;s grande&ndash;. Las otras tres m&aacute;s peque&ntilde;as son para nosotros. &mdash;Me dijo, mientras con sus dedos abr&iacute;a un poco la bolsa para se&ntilde;alar cu&aacute;l era la m&iacute;a.<\/p>\n<p>As&iacute; como si nada, dej&aacute;ndome de piedra y tal vez, no lo recuerdo bien, mir&aacute;ndolo con la boca abierta. &iquest;Cielo? A ver, a ver. &iquest;Ese era el mismo hombre enojado de d&iacute;as anteriores? &iquest;Me lo cambiaron en alguna parte? Y&hellip; &iquest;Qui&eacute;n?<\/p>\n<p>&mdash;Y eso mi vida&hellip; &iquest;No tienes hambre? &mdash;Termin&eacute; por preguntarle, mientras colocaba los platos en la mesa del comedor. Algo hab&iacute;a pasado con &eacute;l. &iquest;Pero qu&eacute;? Y tratando de no ser tan evidente, me fije en su rostro, en su cabello y obviamente en su ropa. Busque alg&uacute;n gesto o un m&iacute;nimo detalle, que pudiera aclarar ese repentino cambio. &iexcl;Nada! Simplemente &eacute;l estaba feliz.<\/p>\n<p>&mdash;La verdad no mucha. Es que el cliente nos invit&oacute; a almorzar para celebrar el negocio y en verdad qued&eacute; muy satisfecho. Hoy nos fue muy bien. &mdash;Me respondi&oacute; al tiempo que sacaba del refrigerador una cerveza.<\/p>\n<p>&iquest;Nos? Y de inmediato saltaron por los aires de aquella estancia, mis alarmas. &iquest;Qui&eacute;nes? &iquest;Con qui&eacute;n hab&iacute;a estado mi esposo en ese viaje?&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;Espera, espera. C&oacute;mo as&iacute; qu&eacute;&hellip; &iquest;Nos fue? A ti y&hellip; &iquest;A qui&eacute;n m&aacute;s? &mdash;Le pregunt&eacute;, ya un poco con la mosca detr&aacute;s de la oreja. &mdash;Voy a darme una ducha antes de comer, ustedes vayan comenzado sin m&iacute;.<\/p>\n<p>Y diciendo esto descolg&oacute; amorosamente de sus brazos a los ni&ntilde;os y se fue hasta el cuarto de invitados, sin responder mi pregunta. Pens&eacute; que deber&iacute;a revisar su camisa o la ropa interior, un cabello, un aroma desconocido o un rastro de l&aacute;piz labial que me confirmaran mis infundados temores. Obviamente no pude indagar m&aacute;s pues las ansias en mis hijos por devorar sus hamburguesas me lo impidieron.<\/p>\n<p>La verdad que no se demor&oacute; en el ba&ntilde;o y regres&oacute; con su camiseta amarilla de la selecci&oacute;n Colombia, autografiada por varios de los jugadores y un b&oacute;xer negro. El largo de aquella camiseta no me permiti&oacute; observar el bonito bulto que se le formaba y que tanto me excitaba, pero si algo de sus redondas nalgas. &iquest;Sus? No perd&oacute;n, m&iacute;as. Eran solo para m&iacute;.<\/p>\n<p>Cuando terminamos todos de cenar, mis hijos le pidieron que les leyera un cuento. Rodrigo tom&oacute; el grueso volumen de las historias de los Hermanos Grimm y se fue a sentar en el sof&aacute; de la sala, pero mi hija mayor le pidi&oacute; que fuera mejor en la&hellip; &iquest;Nave espacial? No entend&iacute; en su momento a qu&eacute; se refer&iacute;a mi mu&ntilde;equita, pero entonces los vi caminar a los tres por el pasillo, sonrientes dirigi&eacute;ndose hasta la alcoba de invitados donde mi esposo hab&iacute;a decidido vivir su vida sin m&iacute;.<\/p>\n<p>Estando all&iacute; extendi&oacute; aquel sof&aacute; cama, arregl&oacute; un poco el edred&oacute;n y se recost&oacute; mi esposo colocando tras su espalda su &uacute;nica almohada y apretujados junto a &eacute;l, mis hijos le abrazaron, comenzando aquella rutinaria lectura antes de dormirlos.<\/p>\n<p>&mdash;Mi amor, pero que no se duerman porque a&uacute;n les falta el ba&ntilde;o. &mdash;Le solicit&eacute; de manera algo autoritaria.<\/p>\n<p>&mdash;Por un d&iacute;a sin ba&ntilde;o no creo que ma&ntilde;ana vayan a oler a pescado. D&eacute;jalos, solo por esta vez. &mdash;Y acariciando sus cabecitas, continu&oacute; con la lectura.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Mamita, mamita! &iquest;No quieres t&uacute; tambi&eacute;n meterte en nuestra nave espacial? &mdash;Me pregunt&oacute; mi peque&ntilde;o beb&eacute;. En seguida mir&eacute; a Rodrigo y &eacute;l ya me observaba, palme&oacute; a su costado derecho, haciendo para m&iacute; un espacio en aquella &laquo;nave espacial&raquo;. Sonre&iacute; y con cuidado sortee la mara&ntilde;a de piernas y fui acerc&aacute;ndome a &eacute;l.<\/p>\n<p>No me abraz&oacute; como siempre lo hac&iacute;a, tal vez por tener sus manos ocupadas pasando las p&aacute;ginas ilustradas de aquel libro, por lo cual yo delicadamente por detr&aacute;s de su cuello, acarici&eacute; sus cabellos, ofreci&eacute;ndole con mis dedos un placentero masaje. Otra vez como siempre unidos en familia, todo como antes, sintiendo su calor. Mis hijos felices, Rodrigo calmado y haciendo a veces la voz de un ogro malo o la de variados monstruos, cambiando el tono si el personaje era el de un caballero valiente o de la delicada princesa en apuros, seg&uacute;n lo iba relatando.<\/p>\n<p>Pero&hellip; Mi coraz&oacute;n present&iacute;a que algo no estaba bien, a pesar de estar all&iacute; tan juntos, de nuevo. Era un cambio muy abrupto, me esperaba otro tipo de situaci&oacute;n y eso me hab&iacute;a descolocado. Estaba esa noche muy sorprendida y de verdad, algo preocupada. Y a&uacute;n me faltaba hablar. No solo a m&iacute;, quiz&aacute; a los dos.<\/p>\n<p>Cumplidos unos veinte o treinta minutos de lectura, el sue&ntilde;o venci&oacute; a los ni&ntilde;os y Rodrigo se encarg&oacute; de llevarlos a su alcoba y yo me dediqu&eacute; a colocarles su pijama y arroparlos bien, dese&aacute;ndoles con un beso, dulces sue&ntilde;os. Apagu&eacute; la luz y se encendi&oacute; en m&iacute; de nuevo aquella maldita incertidumbre.<\/p>\n<p>La sala estaba iluminada, con algo de temor avanc&eacute; por el angosto pasillo y me dirig&iacute; hacia all&iacute;. Mi esposo estaba sentado en el comedor, revisando algunos documentos y su computador port&aacute;til encendido, dando la espalda hacia el balc&oacute;n. Levant&oacute; su mirada hacia m&iacute;, se acomod&oacute; mejor en la silla y posando sus codos sobre la mesa, entrecruz&oacute; los dedos de sus manos, apoyando luego en ellos su barbilla.<\/p>\n<p>&mdash;Y bien Silvia, soy todos o&iacute;dos, aunque no tengo mucho tiempo Por lo tanto si quieres puedes omitir los detalles y hacerme un resumen de cuantas veces te hizo llegar. &mdash;Lo dijo sin premura, despacio y con la clara intenci&oacute;n de herirme con cada una de sus palabras. M&aacute;s no era momento para discutir. Estaba en su derecho a dudar de m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Ok, le respond&iacute; en calma, pero necesito algo antes. &mdash;Y me dirig&iacute; hasta el refrigerador y de all&iacute; tom&eacute; una botella de aguardiente que ya estaba casi a la mitad. Dos peque&ntilde;as copas de cristal alcanc&eacute; del anaquel y el cenicero que nos obsequi&oacute; nuestra amiga Lara. Me sent&eacute; frente a Rodrigo, y en un costado coloqu&eacute; la botella de licor.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;As&iacute; de fuerte es? &mdash;Me dijo al verme all&iacute; junto a &eacute;l, tan decidida para hablar.<\/p>\n<p>&mdash;Vaya, que bueno, entonces ahoguemos pues las penas en el ardor del alcohol. &iquest;Un cigarrillo?&ndash;. Y acept&eacute; su oferta con una t&iacute;mida sonrisa, mientras serv&iacute;a casi hasta el borde las dos copas.<\/p>\n<p>&mdash;Espera los traigo, est&aacute;n en el bolsillo del pantal&oacute;n y lo dej&eacute; encima del lavabo. &mdash;S&eacute; bien que abr&iacute; mucho mis ojos y sopl&eacute; un mech&oacute;n de mi cabello, elevando mi cabeza hacia el techo, en clara alusi&oacute;n a que era lo usual en &eacute;l. Su desorden tan acostumbrado.<\/p>\n<p>&mdash;Lo siento Silvia, se me olvido colgarlo. &mdash;Me respondi&oacute; mirando al piso como un chiquillo rega&ntilde;ado. &mdash;Tranquilo, yo voy&ndash;. Le respond&iacute; coloc&aacute;ndome en pie.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ya estoy acostumbrada a tu desorden! &mdash;Y le sonre&iacute;, mientras Rodrigo buscaba con su mirada algo.<\/p>\n<p>Fui hasta el ba&ntilde;o auxiliar y efectivamente, &ndash;tirado sobre el mueble del lavabo&ndash; estaba su pantal&oacute;n de jean. Aprovech&eacute; para revisar el cuello de su camisa y no hall&eacute; rastros de alguna descuidada culpabilidad. Me sent&iacute; mal por dudar de mi esposo, pero es que&hellip; S&iacute;, lo s&eacute;. &laquo;La que las hace las imagina&raquo;. Tom&eacute; el encendedor y la cajetilla de cigarrillos, su camisa y el pantal&oacute;n los dej&eacute; en la cesta de la ropa para lavar, al igual que sus medias. Colgu&eacute; en nuestro armario la bomber de gamuza caf&eacute; que yo le hab&iacute;a obsequiado y fui decidida para hablar ya resignada a mi suerte con mi esposo.<\/p>\n<p>Rodrigo ya estaba fuera en balc&oacute;n esper&aacute;ndome con las dos copas de aguardiente en sus manos.<\/p>\n<p>&mdash;Mi vida, le habl&eacute;&hellip; Antes que nada quiero que sepas que te am&hellip; &mdash;Me interrumpi&oacute; apoyando su dedo &iacute;ndice sobre mis labios.<\/p>\n<p>&mdash;No digas palabras que no sientes y sobre todo Silvia, despu&eacute;s de todo lo que has desecho.<\/p>\n<p>&mdash;No amor, en serio que s&eacute; perfectamente lo que siento y lo que digo. &mdash;Le respond&iacute; con suavidad, m&aacute;s con la firmeza necesaria en mis palabras, para darle a entender mi sincero sentimiento.<\/p>\n<p>Cog&iacute; de la cajetilla un cigarrillo y lo llev&eacute; hasta mi boca. Recuerdo que mis manos temblaban y no pod&iacute;a encender ese cigarrillo. Me gir&eacute; un poco, acercando mi rostro a la amarillenta flama y vi a mi esposo sonre&iacute;r.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quieres uno mi vida?&ndash;. Le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Humm ahora en un rato es que debo alistar unas tablas para&hellip; &mdash;Y se fij&oacute; en mis nerviosas manos, tratando de encender el cigarrillo, apurada tambi&eacute;n por la brisa que soplaba esa noche. Se acerc&oacute; a m&iacute; para ofrecerme su ayuda. Encendi&oacute; el m&iacute;o y luego otro para &eacute;l, finalmente. Y me abraz&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Silvia, solo quiero saber por qu&eacute;. Los detalles no me importan, solo&hellip; &mdash;&iexcl;Pufff! suspir&oacute; profundamente para posteriormente, darle una buena calada al cigarrillo y por completo de un sorbo, beberse el primer aguardiente.<\/p>\n<p>&mdash;Mi vida, cr&eacute;eme que no lo s&eacute; bien&hellip; O s&iacute;, pero es que no entiendo por qu&eacute; sucedi&oacute;. Ni s&eacute; por d&oacute;nde empezar. &mdash;El pr&oacute;logo siempre es una buena idea para preparar al que va a leer o escuchar, como yo, en este caso&ndash;. Me respondi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Ok, Esta bien. Y tras dar el primer sorbo de aguardiente, continu&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;No hemos tenido sexo, lo juro por lo m&aacute;s sagrado&hellip; &iexcl;Pero si nos hemos besado! &mdash;Y tras esa dura revelaci&oacute;n sus brazos se descolgaron a mis costados, dej&aacute;ndome hu&eacute;rfana de su abrigo. Se dio vuelta, dejando el cigarrillo prisionero entre sus labios y sus manos, esas las dej&oacute; aferradas a la baranda met&aacute;lica del balc&oacute;n. Sent&iacute; el frio de su dolor al levantar su cabeza mirando al firmamento. Escuch&eacute; sin disimulo su quejumbroso y largo suspiro. Ca&iacute; en cuenta de la profunda herida que le causaba con mi confesi&oacute;n, lo vi tomar aire por la nariz y mirando a un algo m&aacute;s all&aacute; de la copa de los &aacute;rboles del frente, llor&oacute;.<\/p>\n<p>Y entre sus sollozos le o&iacute; decir aquellas palabras, tan imaginadas por mi esposo&hellip; &mdash;&iexcl;Lo sab&iacute;a, maldita sea, lo sab&iacute;a!<\/p>\n<p>&mdash;Mi amor, perd&oacute;name. &iexcl;Perd&oacute;name! &mdash;Le dije mientras yo lo abrazaba por detr&aacute;s con todas mis fuerzas. Pero Rodrigo ech&oacute; hacia atr&aacute;s su espalda, mostrando claramente su enfado y las ganas de que yo no me acercara a &eacute;l.<\/p>\n<p>Empec&eacute; tambi&eacute;n a llorar y desgonzada por la pena y el arrepentimiento, me dej&eacute; caer de rodillas sobre las baldosas, rodeando con mis brazos sus piernas. Tom&eacute; aire, me beb&iacute; el poco aguardiente en mi copa, ten&iacute;a que continuar mi confesi&oacute;n, a&uacute;n a costa de infligir tal vez, mayor dolor en mi esposo y por supuesto con el temor a perderlo todo.<\/p>\n<p>Rodrigo dio la vuelta y con suavidad me tomo por debajo de mis brazos y me levant&oacute;. Sin embargo me solt&oacute; y se encamin&oacute; hacia el comedor y de la mesa tomo la botella y se sirvi&oacute; otra copa. Se acerc&oacute; a m&iacute; y llen&oacute; la m&iacute;a igualmente.<\/p>\n<p>&mdash;Ok, Silvia, a lo hecho, pecho. &iquest;Te gust&oacute;? &mdash;a&uacute;n resbalaban por sus mejillas las l&aacute;grimas.<\/p>\n<p>&mdash;No fue nada espectacular, pero s&iacute;, lo reconozco. Me gust&oacute;, le respond&iacute;. &mdash;Pero d&eacute;jame continuar por favor. &mdash;En ese momento la que volteo la espalda fui yo, para mirar al exterior por el balc&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Mi vida, mi jefe est&aacute; mal en su matrimonio. La semana pasada cuando regres&oacute; del viaje a Nueva york, se mantuvo encerrado en su oficina. Yo supuse que algo no estaba bien con &eacute;l y sin pedir permiso, ingres&eacute; en su despacho para encontrarme con la imagen de un hombre distinto al que yo conoc&iacute;a en todos estos meses a su lado. Su prestancia y orgullosa entereza, la seguridad que demostraba todos los d&iacute;as al llegar a trabajar, no estaba. &mdash;Y aspir&eacute; el poco tabaco que quedaba en mi cigarrillo.<\/p>\n<p>&mdash;Mi amor, verlo as&iacute; me confundi&oacute;. Solo mirarlo all&iacute; sentado en el borde del sof&aacute;, derrotado y con la cabeza entre sus manos, me caus&oacute; un sentimiento de pesar y surgi&oacute; un poco de ternura. Lloraba casi en silencio, me acerqu&eacute; a &eacute;l y pos&eacute; mi mano en su hombro. Le dije que se calmara y que todo lo malo pasar&iacute;a, sin saber qu&eacute; le ocurr&iacute;a o porque raz&oacute;n sufr&iacute;a. &mdash;&iexcl;Puff! en ese instante de esa noche, la que suspiraba era yo, al recordar y relatarle a mi esposo la escena. Y me coloqu&eacute; de lado, buscando el cenicero para dejar all&iacute; la colilla.<\/p>\n<p>Me dio por acariciar su cabello y el entonces levant&oacute; su rostro y sin decirme nada se puso en pie frente a m&iacute;, una sonrisa sincera me obsequi&oacute;, para de improviso, sorprenderme con un beso. Yo mantuve en un comienzo mi boca cerrada y el sencillamente me abraz&oacute; con fuerza y de a poco me fue llevado de para atr&aacute;s, hasta dar yo de espalda, mis nalgas contra el filo de su escritorio. Rodrigo se manten&iacute;a en silencio, mir&aacute;ndome con la tristeza del enga&ntilde;o reflejada en sus bonitos ojos caf&eacute;s, bebiendo mucho m&aacute;s despacio su copa de aguardiente.<\/p>\n<p>&mdash;Te juro que no sent&iacute; nada&hellip; Atractivo o sexual en ese beso precipitado. Estaba sorprendida por aquella reacci&oacute;n de don Hugo. Pero &eacute;l no me soltaba y debido a su peso me inclin&oacute; sobre la mesa y continu&oacute; presionando sus labios sobre los m&iacute;os y sent&iacute; su&hellip; &Eacute;l logr&oacute; meter una pierna en el medio de las m&iacute;as, su llanto mojaba mis mejillas y de paso humedec&iacute;a mi boca y&hellip; Acept&eacute; ese beso, abr&iacute; mi boca y dej&eacute; que su lengua se introdujera buscando la m&iacute;a. Nos besamos un rato largo, pero luego reaccion&eacute; y lo apart&eacute; con decisi&oacute;n. Los dos nos observamos como extra&ntilde;ados y confundidos. No me dijo nada y yo tampoco se lo reproche. Sal&iacute; de la oficina confundida y me encerr&eacute; en el ba&ntilde;o. No pas&oacute; nada m&aacute;s, te lo juro.<\/p>\n<p>&mdash;Pero Silvia, esa noche &eacute;l te trajo hasta aqu&iacute;, no es verdad. Y&hellip; &iquest;No hablaron? &iquest;No averiguaste que le pasaba? &mdash;Me pregunt&oacute; mi esposo, intercambiando nuestras posiciones, &eacute;l para el balc&oacute;n y yo hacia nuestra sala.<\/p>\n<p>&mdash;No mi vida, en serio que ten&iacute;amos mucho trabajo en la oficina, preparar unos informes para su viaje esta semana a las filiales de la empresa en Portugal y en Inglaterra, tambi&eacute;n deb&iacute;amos arreglar unos detalles que a &eacute;l, incre&iacute;blemente se le hab&iacute;an pasado por alto cuando estuvo en Nueva York. Sin embargo qued&oacute; todo a medias y se ofreci&oacute; a acercarnos a todas hasta nuestros hogares. Yo no fui la &uacute;ltima, por eso no pude hablar con &eacute;l y llegu&eacute; a casa con ganas de abrazarte y que me hicieras sentir tuya. Por qu&eacute; lo soy mi vida, soy tuya. &mdash;Y por fin Rodrigo sonri&oacute; esa noche desde la penumbra del balc&oacute;n y avanz&oacute; hasta llegar a mi lado, sent&aacute;ndose conmigo en el sof&aacute;, para luego tomarme de la mano y entonces yo, me recost&eacute; sobre su hombro, con la firme intenci&oacute;n de revelarle toda la verdad.<\/p>\n<p>&mdash;Estaba confundida, me sent&iacute;a culpable y por eso el fin de semana me notaste distante. Pero no era contra ti, era por m&iacute;, me sent&iacute; sucia, traidora pero necesitaba pensar en la causa de que yo lo hubiera permitido. Cari&ntilde;o, mi jefe nunca, jam&aacute;s hab&iacute;a tenido conmigo o alguna de mis compa&ntilde;eras un roce inapropiado o unas frases de doble sentido. Nada. Todo en &eacute;l era tan correcto, demasiado parco y distante para mi gusto. Pero en fin, pens&eacute; en tantas cosas, me sent&iacute;a culpable, y estaba preocupada de que yo le hubiera dado alguna vez un motivo, me preguntaba si alguna mirada m&iacute;a le hab&iacute;a parecido vanidosa o coqueta. Tambi&eacute;n repasaba en mi mente si yo con alg&uacute;n gesto, le hubiese podido causar que mi jefe, interpretara aquello como una aprobaci&oacute;n, una invitaci&oacute;n m&iacute;a para intimar, tener algo con &eacute;l. Lo siento amor, de verdad lo siento.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Otro trago? Me pregunt&oacute;. &mdash;S&iacute;, por supuesto&ndash;. Le respond&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Con otro cigarrillo pues falta otra parte. Esta noche mi amor, te contar&eacute; todo, pase lo que pase. Decidas t&uacute;, lo que quieras hacer con nuestras vidas, de ahora en adelante. &mdash;Y Rodrigo llen&oacute; de nuevo las dos copas y en su boca coloc&oacute; dos cigarrillos, para luego dirigirnos los dos, fuera en la intimidad de nuestro balc&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Ok. Entonces Silvia, el primero te forz&oacute; pero luego t&uacute;&hellip; Lo aceptaste. Entonces por lo que veo, no podemos denunciarlo por acoso laboral. &mdash;Y yo reaccion&eacute; apresurada a sus palabras, al tiempo que tomaba de su boca un cigarrillo ya encendido.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No! &iquest;Por qu&eacute; habr&iacute;amos de hacer eso? &mdash;Le respond&iacute; en voz alta y de manera precipitada.<\/p>\n<p>&mdash;Ahhh, entonces no s&oacute;lo te no te disgust&oacute; el beso, sino que ahora lo defiendes. Qu&eacute; bien Silvia, muy bonito. &mdash;Y ca&iacute; en cuenta que mi actitud distaba mucho de ser perdonada. No supe porque reaccion&eacute; as&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Rodrigo, es qu&eacute; no es justo. La verdad es que mi jefe no estaba actuando en sus cinco sentidos. Est&aacute;&hellip; &Eacute;l est&aacute; dolido porque su mujer lo enga&ntilde;a. &mdash;Rodrigo me observ&oacute; detenidamente, rasc&aacute;ndose la frente sin comprenderme todav&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;A ver te sigo contando. El lunes al regresar a la oficina para terminar con la preparaci&oacute;n de los informes, sobre todo el que hab&iacute;a dejado a medias en Nueva York, &eacute;l no hab&iacute;a llegado. Me met&iacute; en su oficina para darme cuenta de unas maletas de viaje, puestas al lado de su escritorio. Un portarretratos estaba boca abajo sobre el escritorio y all&iacute; tambi&eacute;n abierto estaba un port&aacute;til que yo no hab&iacute;a visto antes. Tom&eacute; en mis manos aquella enmarcada fotograf&iacute;a para colocarla en pie, y por casualidad roc&eacute; el teclado; la pantalla se ilumin&oacute;, dej&aacute;ndome ver un circuito cerrado de TV. Eran cuatro c&aacute;maras mostrando diferentes estancias de una casa. No hab&iacute;a nadie all&iacute;. &mdash;Mi esposo me observaba expectante ante mi relato, terminando con su bebida y el cigarrillo consumido, lo oprimi&oacute; en el cenicero de cristal.<\/p>\n<p>&mdash;Mi vida, sabes que soy muy respetuosa con lo que no es m&iacute;o, y no me meto donde no me llaman, pero hab&iacute;a una pesta&ntilde;a minimizada que me causo intriga y la curiosidad me gan&oacute;. Ampli&eacute; la ventana y all&iacute; hab&iacute;a un v&iacute;deo pausado. Una mujer desnuda sobre un hombre muy atl&eacute;tico y la verdad, muy atractivo. Ten&iacute;a temor de que me pescara alguien en esa oficina, pero no me contuve y le di al play de esa grabaci&oacute;n. La mujer estaba de espaldas hacia la c&aacute;mara, que los enfocaba diagonalmente. Ella cabalgaba con delirio sobre su amante, gem&iacute;a duro as&iacute; que tuve que bajar el volumen al m&aacute;ximo para que nadie se percatara de mi intromisi&oacute;n. No la reconoc&iacute; en principio pero en un momento ella, seguramente en &eacute;xtasis por llegar a su orgasmo, se ech&oacute; hacia atr&aacute;s un poco y pude ver su rostro.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Amor, era ella! La misma de la fotograf&iacute;a que ten&iacute;a yo en mis manos. Y all&iacute; entend&iacute; la situaci&oacute;n por la que mi jefe se encontraba y pues, cre&iacute; que era debido a eso, la reacci&oacute;n que tuvo conmigo ese viernes. &mdash;Rodrigo volvi&oacute; hasta la mesa del comedor, para revisar algo en el port&aacute;til. Luego mir&oacute; su reloj y tom&oacute; su tel&eacute;fono m&oacute;vil. Se sirvi&oacute; otro trago de aguardiente y me dijo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Uhum, entiendo. El hombre est&aacute; mal sentimentalmente y busca refugio en una de sus secretarias. Listo, es medianamente razonable pero&hellip; &iquest;Y t&uacute; por qu&eacute; motivo Silvia?. Por qu&eacute; te dejaste bes&hellip; T&uacute;, t&uacute; lo besaste Silvia y eso que dec&iacute;as no saber la causa esa noche. Acl&aacute;rame ese punto, por favor. &mdash;Y finalmente me vi enfrentada a la realidad que tanto me cost&oacute; entender y dilucidar con plenitud.<\/p>\n<p>&mdash;Necesito un trago&ndash;. Y fui directamente por la botella. De ella directamente beb&iacute;, causando en mi esposo m&aacute;s incertidumbre. &mdash;Rodrigo se sent&oacute; en una esquina del sof&aacute; y yo me hice en el otro extremo.<\/p>\n<p>&mdash;Sinceramente, porque lo que yo cre&iacute;a ya olvidado, regres&oacute; esa noche. &ndash;&iexcl;Puff! Suspir&eacute; profundamente y contin&uacute;e.<\/p>\n<p>&mdash;Llevamos ya muchos a&ntilde;os juntos, despu&eacute;s de que me dej&eacute; arrastrar por ese hombre. Y no hab&iacute;a pensado que me volviera a ocurrir. Te amo Rodrigo, y estamos bien, a pesar de nuestras dificultades econ&oacute;micas y nuestros peque&ntilde;os disgustos. Pero&hellip; Y carraspee antes de proseguir.<\/p>\n<p>&mdash;Me sent&iacute; deseada de nuevo mi amor, deseada por otro hombre diferente a ti. Una boca diferente a la tuya, unos labios distintos, diferente la manera tan afanosa de besarme &eacute;l. Pero despu&eacute;s de analizarlo ese fin de semana, comprend&iacute; que tambi&eacute;n contribuy&oacute; el hecho de que fuera mi jefe, ese hombre antes tan tosco y hura&ntilde;o, tan distante y ajeno el que me tomaba entre sus brazos y me besaba apasionadamente en medio de sus sollozos. &Eacute;l como yo, tan prohibidos y sin embargo en esa oficina por unos instantes&hellip; Entregados como si fu&eacute;ramos antiguos amantes. &mdash;Beb&iacute; otro trago y sin que mi esposo lo pidiera, llen&eacute; su copa igualmente.<\/p>\n<p>&mdash;Algo m&aacute;s ocurri&oacute; este lunes, algo que me hizo temer por lo nuestro. &mdash;Y me puse en pie para ir un momento hasta la habitaci&oacute;n de mis ni&ntilde;os y revisar que estuvieran dormidos.<\/p>\n<p>Al volver, Rodrigo estaba estirado cuan largo es sobre el sof&aacute;, quit&aacute;ndome un espacio donde poder acomodarme. As&iacute; que opt&eacute; por arrodillarme a su lado, no quer&iacute;a hablar muy alto para no despertar a mis hijos o que alg&uacute;n vecino pudiese escuchar nuestra conversaci&oacute;n. &mdash;Le tom&eacute; su mano izquierda y la apret&eacute; con fuerza.<\/p>\n<p>&mdash;Mi amor, yo no voy a volver a caer con otro hombre. Te juro que lo que te voy a contar es toda la verdad de lo sucedido y que lo hice debido a las circunstancias tan apremiantes. &mdash;Rodrigo que miraba al techo, al escucharme decir aquellas palabras gir&oacute; su rostro hacia m&iacute;, temeroso, angustiado.<\/p>\n<p>&mdash;En la oficina nos apur&aacute;bamos entre todas para terminar de organizar los folders y las carpetas para presentarlas esta semana en Lisboa y en Londres. Pero la urgente era la de las oficinas principales en Nueva York. Y don Hugo no daba se&ntilde;ales de vida. Al medio d&iacute;a recib&iacute; despu&eacute;s de la tuya una llamada de su m&oacute;vil. Era una mujer la que me hablaba, pidiendo ir a un hotel donde se encontraba ella con mi jefe. Le urg&iacute;a que fuera yo hasta all&iacute;, muy cerca de las torres de nuestras oficinas. As&iacute; que al llegar all&iacute;, la mujer me recibi&oacute; en la habitaci&oacute;n y me cont&oacute; que hab&iacute;a sido contratada por &eacute;l. &mdash;Y entonces Rodrigo me interrumpi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Espera. Entonces el hombre se decidi&oacute; a echarse una canita al aire, supongo que en venganza. Bueno al menos se desquit&oacute; con otra mujer y no contigo. &iquest;O No? &mdash;Y me mir&oacute; fijamente para esperar observar en mi rostro alguna reacci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;No Mi vida, estaba borracho por completo. Tendido sobre la cama y desnudo de cintura para abajo. La mujer me coment&oacute; que no fue capaz de hacer nada con ella. Que solo le dio por beber whiskey hasta perder el conocimiento y solo en su borrachera, le pidi&oacute; llamarme. Y tras contarme aquello, la chica se march&oacute; a cumplir con otro servicio. Me qued&eacute; all&iacute; con mi jefe, sola y pensando en c&oacute;mo solucionar la situaci&oacute;n pues era urgente su firma en los documentos para enviar. Ped&iacute; un servicio a la habitaci&oacute;n con sopa caliente y caf&eacute; para recomponer el estado de don Hugo, pero lo que sucedi&oacute; fue que le dieron ganas de trasbocar lo poco que me hab&iacute;a recibido. Lo llev&eacute; hasta el ba&ntilde;o para que vomitara y as&iacute; recobrara en algo la conciencia. Fue cuando t&uacute; y yo habl&aacute;bamos, mi jefe se resbal&oacute; y se golpe&oacute;. Ese fue el ruido que escuchaste &iquest;Recuerdas? &mdash;Mi esposo asinti&oacute; con su cabeza y me hizo un gesto con su mano para que continuara.<\/p>\n<p>&mdash;Mi amor, estaba desesperada, cr&eacute;eme. Y entonces record&eacute; cuando alguna vez llegamos de la fiesta de celebraci&oacute;n por nuestro aniversario, yo tan ebria que no me sosten&iacute;a en pie y que ten&iacute;a esa est&uacute;pida reuni&oacute;n de gerencia muy temprano y t&uacute; decidiste meterme bajo la regadera y ducharme con agua fr&iacute;a. &mdash;Rodrigo se sonri&oacute; recordando aquel vergonzoso momento.<\/p>\n<p>&mdash;Pues mi vida, tome la misma decisi&oacute;n. Lo termin&eacute; de desvestir y con esfuerzo lo met&iacute; dentro de la cabina y abr&iacute; el grifo con la esperanza de que se despertara. Pero no sucedi&oacute; eso, se qued&oacute; all&iacute; en el piso enroscado, sin moverse para nada.<\/p>\n<p>&mdash;Humm, entonces t&uacute; te metiste junto a &eacute;l bajo la ducha y por eso tu brassier y los panties mojados. Ya comprendo. Pero&hellip; Podr&iacute;as hab&eacute;rmelo contado tal como ahora y yo no hubiera pensado mal de ti. Te hubiera entendido Silvia. &iquest;Por qu&eacute; no lo hiciste? Has dejado avanzar esto demasiado. &mdash;Mir&eacute; a mi esposo con ternura y sin embargo dentro de m&iacute;, surgi&oacute; el temor a su reacci&oacute;n por el faltante de aqu&eacute;l relato.<\/p>\n<p>&mdash;Es que&hellip; &Eacute;l estaba desnudo y yo en ropa interior. Se fue recuperando. Yo lo tuve que sostener, ayudarle a mantenerse en pie bajo el agua fr&iacute;a. Te juro que yo no hice nada para que a mi jefe se le&hellip; Se le puso duro el pene y lo sent&iacute; en mi vientre. Me apart&eacute; amor, no te miento, pero &eacute;l se aferraba a m&iacute; y yo no resist&iacute; la tentaci&oacute;n de observ&aacute;rselo. Lo compar&eacute; en tama&ntilde;o y grosor con el tuyo, no te enojes es algo normal en nosotras las mujeres, creo. Pero para nada es muy distinto al tuyo. Nada que me hiciera pensar en hacer locuras como en las pel&iacute;culas porno que hemos visto. La tuya es m&aacute;s bonita, algo m&aacute;s grande. &mdash;Mi esposo se acomod&oacute; en el sof&aacute;, recogiendo sus piernas hasta rodear sus rodillas con los brazos.<\/p>\n<p>&mdash;Pues gracias por el detalle Silvia, no sabes c&oacute;mo me haces sentir mejor. &iexcl;Por Dios! No s&eacute; qu&eacute; pensar. En serio. &mdash;Trat&eacute; de tomar su mano nuevamente pero la apart&oacute; sin brusquedad.<\/p>\n<p>&mdash;Sin embargo, continu&eacute;, don Hugo intent&oacute; acercarme a &eacute;l, acarici&aacute;ndome la espalda por encima de las nalgas y tratar de besarme de nuevo. Y apareciste t&uacute;, en mi mente y me diste la cordura necesaria para salir de all&iacute; y dejarlo solo. Tom&eacute; dos toallas y le alcance una. Yo me sequ&eacute; y &eacute;l segu&iacute;a all&iacute; como un ente sin conciencia, pero mir&aacute;ndome detenidamente. Me toc&oacute; cerrar el grifo y secarlo&hellip; Todo. En fin mi vida, que ya un poco recuperado, nos sentamos en la cama tiritando los dos por el fr&iacute;o. Me brind&oacute; un trago de whiskey para entrar en calor, sabes que no me gusta mucho y luego vino otro sorbo a la botella. Al tercero ya le insist&iacute; de irnos para la oficina, al verlo ya m&aacute;s recompuesto. El caso es que al tomar la botella se me desato el nudo de la toalla y qued&eacute; all&iacute; desnuda de la cintura para arriba, mostr&aacute;ndole las tetas a mi jefe. La situaci&oacute;n era&hellip; &iexcl;Mierda! lo siento mi amor. Me excit&eacute; al ver como los ojos de mi jefe me devoraban. Me hizo sentir deseada por otro hombre diferente a ti. Y entonces &eacute;l puso su mano sobre una de mis tetas, sent&iacute; la tibieza de su palma sobre mi pez&oacute;n y me bes&oacute;. Pero hasta ah&iacute;. No fue m&aacute;s, no pas&oacute; nada m&aacute;s. Me levant&eacute; de esa cama y con decisi&oacute;n le dije que ya no m&aacute;s, que nos visti&eacute;ramos y nos fu&eacute;ramos. Y finalmente me hizo caso y llegamos a trabajar, sin decir nada. &mdash;Rodrigo se puso en pie como un resorte. Era previsible la reacci&oacute;n de mi esposo y entonces me puse a llorar.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>La diez y diez de la noche. Y la llamada salvadora de Paola no llegaba. Mi esposa hab&iacute;a descrito sus aventuras con su jefe y para m&iacute;, ella hab&iacute;a traspasado la raya que divid&iacute;a la frontera entre los actos de est&uacute;pida inocencia y la marcada infidelidad. Silvia se qued&oacute; sentada de medio lado en el piso, llorando. No sent&iacute; deseos de voltear a mirarla m&aacute;s, mucho menos de consolarla, habiendo conocido por su propia boca el deseo y las licencias que se permiti&oacute; con su jefecito.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno Silvia, creo que esta dicho todo. Gracias por tu sinceridad. &mdash;Y fui hasta la cocina para tomar del refrigerador una nueva cerveza. Me regres&eacute; hasta el balc&oacute;n para fumar el &uacute;ltimo cigarrillo de esa noche, mientras meditaba sobre mis futuros pasos. Silvia intent&oacute; acercarse a m&iacute;, pero tan solo con el rencor y la decepci&oacute;n en mis ojos, que ella pudo observar, se contuvo, desisti&oacute; y desde all&iacute;, muy quieta me habl&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;El ramo de rosas fue un obsequio de &eacute;l para m&iacute;. Los vestidos&hellip; S&iacute;, los compr&oacute; para m&iacute;, pero como una excusa para que en la oficina mis compa&ntilde;eras no fueran a pensar mal pues se supon&iacute;a que lo acompa&ntilde;aba para ayudarle a escoger un regalo de aniversario para su infiel esposa. Te ment&iacute; por temor a que precisamente reaccionaras como ahora. &mdash;Yo Segu&iacute; fumando y bebiendo mi cerveza como si no la escuchara, pero mi esposa continu&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Salimos a almorzar los dos ese mediod&iacute;a para hablar con calma de lo sucedido. No te llam&eacute; porque segu&iacute; las instrucciones de tu carta. Su esposa lo llam&oacute; y escuch&eacute; claramente su intenci&oacute;n de divorciarse y yo le recomend&eacute; hablar con Albert. Y pensando en ti, en lo nuestro mi vida, a don Hugo le dej&eacute; claro que no tendr&iacute;amos nada. Solo una relaci&oacute;n laboral o yo renunciaba. Supuestamente todo hab&iacute;a quedado claro entre &eacute;l y yo, pero parece que mi jefe est&aacute; obsesionado conmigo y hoy, una caja de bombones lleg&oacute; a mi nombre en la oficina y luego se apareci&oacute; &eacute;l con una cadena de oro con un colgante de un &aacute;ngel, porque para &eacute;l eso soy yo. Solo una amiga que le acompa&ntilde;&oacute; en su tristeza. No soy m&aacute;s que eso, una simple confidente. Y don Hugo no es nada para m&iacute;, solo es mi jefe. Aunque t&uacute; ahora no me creas. &mdash;Y era cierto, aunque apreciaba su sinceridad, sent&iacute;a que mi esposa me ocultaba sin querer o queriendo, la atracci&oacute;n que sobre ella, ejerc&iacute;a &eacute;l. &iexcl;Y me dol&iacute;a!<\/p>\n<p>&mdash;Rodrigo no voy irme a &laquo;culiar&raquo; con &eacute;l c&oacute;mo piensas. Y aunque no te guste, ni me creas yo&hellip; &iexcl;Tampoco voy a renunciar! Hoy nos dieron un aumento de salario a todas y a m&iacute; un adicional, aunque tendr&eacute; que viajar ocasionalmente con &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No me mires as&iacute;! Es una orden de la junta directiva, reconocen ellos mi desempe&ntilde;o, la labor que realizo con esmero y mis conocimientos, por lo tanto a veces ser&aacute; imprescindible viajar con &eacute;l. Es importante para m&iacute;, para mi desarrollo profesional. &mdash;Y si, la mir&eacute; con desd&eacute;n, no me tragaba aquel cuentico de los viajes y el aumento repentino de salario. De seguro el tipo ese, la quer&iacute;a tener a solas para seducirla y terminar con lo que ya hab&iacute;a empezado.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Enti&eacute;ndeme mi vida! Ganar&eacute; m&aacute;s dinero, viajar&eacute; y conocer&eacute; otros lugares. Puede ser que escale alguna posici&oacute;n en la organizaci&oacute;n y dejar de ser simplemente una asistente m&aacute;s. Ser&aacute; mejor para nosotros dos, trabajar&eacute; por mejorar nuestra situaci&oacute;n econ&oacute;mica. Por ti y por nuestros hijos. Si tu mi vida&hellip; Si puedes confiar en m&iacute;. &mdash;Y mi esposa se limpiaba de las mejillas las l&aacute;grimas, observ&aacute;ndome con una mirada llena de firmeza. Palabras que hab&iacute;an sido meditadas y por supuesto, analizadas. Yo, entre la espada y la pared.<\/p>\n<p>Tir&eacute; la colilla de cigarrillo por los aires con rabia y disgustado, Sal&iacute; del balc&oacute;n hacia el comedor. Al escuchar su decisi&oacute;n, tom&eacute; la m&iacute;a.<\/p>\n<p>Yo me acomod&eacute; de nuevo frente a la pantalla de mi port&aacute;til y cog&iacute; con mis manos el tel&eacute;fono m&oacute;vil para buscar el n&uacute;mero nuevo, agregado por aquella elegante mujer. Y marqu&eacute; sin importarme la hora, menos a&uacute;n, que Silvia se mantuviera de pie, cerca de m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Alo? &mdash;Le habl&eacute; al escuchar que atend&iacute;an la llamada despu&eacute;s de tres o cuatro timbrazos.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;S&iacute;? &iquest;Qui&eacute;n habla? &mdash;Escuch&eacute; su armoniosa voz del otro lado de la l&iacute;nea.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;El hombre al que le debes un caf&eacute;!<\/p>\n<p>Continuar&aacute;&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 20<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Hab&iacute;a dejado preparada la comida, revisado sus deberes y alistado sus uniformes de deportes. Mis peque&ntilde;os jugaban, revoloteando en la sala y correte&aacute;ndose alrededor de la mesa del comedor. 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