{"id":30001,"date":"2021-06-20T22:00:00","date_gmt":"2021-06-20T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-06-20T22:00:00","modified_gmt":"2021-06-20T22:00:00","slug":"el-regalo-un-antes-y-un-despues-decimoquinta-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-regalo-un-antes-y-un-despues-decimoquinta-parte\/","title":{"rendered":"El regalo: Un antes y un despu\u00e9s (Decimoquinta parte)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"30001\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 18<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>No era frecuente que Silvia y yo discuti&eacute;ramos y menos a&uacute;n, que ella con sus ofensivas palabras me sacara f&aacute;cilmente de quicio, pero esa vez lo hab&iacute;a logrado. Mi paciencia ten&iacute;a un l&iacute;mite y ella lo estaba cruzando, no supe si lo hac&iacute;a por gusto, pero ciertamente lo ejecutaba a ciegas. &iquest;Y de mi amor por ella qu&eacute;? Me estaba cansando de luchar solo, por mantenerlo sobre mis hombros a flote. En algo m&aacute;s de ocho d&iacute;as el destino nos hab&iacute;a puesto a prueba. &iquest;Qui&eacute;n entre ella y yo vencer&iacute;a y cu&aacute;l de los dos caer&iacute;a?<\/p>\n<p>Termin&eacute; por avanzar unos dos pasos hacia la terraza que ofrec&iacute;a unas c&oacute;modas sillas para disfrutar la suave brisa de aquel atardecer. Retir&eacute; por el espaldar una de ellas dispuesto a acomodar mi trasero, pero por detr&aacute;s de m&iacute;, unas suaves manos alcanzaron mis ojos, cubri&eacute;ndolos y a su vez, en lugar de causarme asombro o dejarme perplejo, logr&oacute; con su infantil gesto, hacerme sonre&iacute;r.<\/p>\n<p>La fragancia de su aroma, la tibieza de su piel y un absurdo pero gracioso&hellip; &iexcl;Adivina qui&eacute;n soy! de su delicada y tierna voz, acompa&ntilde;ado por sus labios humectados, empalagando con su viscoso brillo mi mejilla izquierda, cambi&oacute; mi enojo por una s&uacute;bita alegr&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;A ver, dije yo. &mdash;D&eacute;jame adivinar&hellip; Hummm, no tienes las manos fr&iacute;as y rugosas, por lo tanto no eres mi abuela. Y eres alta, as&iacute; que no puedes ser una caperucita roja. Tu perfume a rosas frescas, jazm&iacute;n, canela y&hellip; &iquest;Duraznos? Ese te podr&iacute;a delatar. La verdad que no s&eacute; qui&eacute;n eres, pero de lo que si estoy plenamente seguro es que no eres mi enojada esposa.<\/p>\n<p>Martha las retir&oacute; de mi rostro, y despeinando mis cabellos con ambas manos, se coloc&oacute; en frente de m&iacute; para darme otro beso en la mejilla hu&eacute;rfana de su labial. Estaba preciosa, opacando con su belleza, los arreboles de aquel atardecer. Su cabellera h&uacute;meda todav&iacute;a y peinada ella por la mitad, con aquellos rizos sueltos, casi lisos desde la ra&iacute;z hasta la mitad y de all&iacute;, m&aacute;s o menos a la altura de sus orejas hasta las puntas, ca&iacute;an oscilando por la brisa, sus iluminados bucles casta&ntilde;os.<\/p>\n<p>Su angulado rostro levemente maquillado, dejaba percibir una mir&iacute;ada de peque&ntilde;&iacute;simas pecas caf&eacute;s que le otorgaban un aspecto muy juvenil. Para nada demostraba estar tan cercana a los cuarenta. Y el tinte en sus ojos, mezcla perfecta de caramelo, miel y rasgos verdes, con sus brillos chispeantes que tanto me encantaban, los destacaba sin necesitarlo obviamente, con los parpados sombreados de fucsia, acrecentando en m&iacute;, el gusto por observarlos. Un negro r&iacute;mel, otorgaba a sus pesta&ntilde;as el volumen necesario para hacerlos percibir m&aacute;s grandes. Bajo su recta y respingada nariz, los labios delgados, brillantes y perfectamente delineados, de un rosa suave casi p&aacute;lido, rivalizando con el esplendoroso magenta sobre sus ojos, como invitando a besarlos m&aacute;s tiernamente que con excedida pasi&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Tu abuela! &iquest;Ehh? &iexcl;Y de caperucita no tengo ni siquiera la capa, aunque puede ser que alguno que otro lobo si me ronde! Jajaja. &mdash;Y se sonri&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;As&iacute; que con tu esposa est&aacute;n disgustados? &iquest;Y se puede saber por qu&eacute;? &mdash;Pregunt&oacute;, dejando sobre la mesa un celular con funda rosada y luego otro, de carcasa azul.<\/p>\n<p>Me acerqu&eacute; por su lado derecho y de medio lado, ofrec&iacute; sin ella ped&iacute;rmelo, mis manos como aparejos para retirarle su deportivo blazer de poli&eacute;ster blanco, sin premura alguna, casi que logrando escuchar, el deslizar del sat&eacute;n que forraba el interior de sus largas mangas en un suave rozar, como si al sentirse retiradas, besaran en triste despedida la epidermis de sus delicados brazos. La coloqu&eacute; dobl&aacute;ndola con esmero, sobre el respaldo de la silla donde ella hab&iacute;a dejado un momento antes, colgado su gran bolso.<\/p>\n<p>No pude evitarlo, embelesado admir&eacute; la elegancia de sus movimientos al acomodarse en la silla cercana a la m&iacute;a, girar su cabeza hacia un lado, atisbando en la lejan&iacute;a algo o alguien. Como percat&aacute;ndose de haber sido observada por varios pares de ojos, pertenecientes algunos a hombres ansiosos y otros tantos, a mujeres llenas de envidia unos metros m&aacute;s all&aacute;. Delicada y fina mujer, causando en m&iacute; el agrado de estar compartiendo su espacio.<\/p>\n<p>Y morbosamente feliz, pues Martha al agacharse un poco colocando sus brazos sobre la mesa, me regal&oacute; la s&uacute;bita visi&oacute;n de ver la tensa perfecci&oacute;n de la tela que cubr&iacute;a, tras un leve temblor, la artificial redondez de sus tetas marcando pez&oacute;n, libres y sueltas bajo un top rosa encendido de tirantes y escote cuadrado, dejando sus hombros desnudos pero arropados tambi&eacute;n por min&uacute;sculas pecas desordenadas como si fuesen una multitud de lunas y asteroides, flotando sobre su n&iacute;vea piel.<\/p>\n<p>Su look de viernes lo complementaba con unos vaqueros blancos y estrechos, de esos llamados Slim, bien ce&ntilde;idos a su cintura, alargando si se quiere a&uacute;n m&aacute;s, su estilizadas piernas. Y doradas sandalias abiertas de alto tac&oacute;n recto, dejando al descubierto la blancura de sus pies, con sus u&ntilde;as decoradas con puntitos rojos, rosa y blancos, simulando una peque&ntilde;a flor en cada dedo.<\/p>\n<p>Me mir&oacute;, sorprendida quiz&aacute; de verme all&iacute; de pie, perdido dentro de toda su atenazante belleza y fue cuando Martha sonriendo, coloc&oacute; su mano frente a su boca y cerr&aacute;ndola posteriormente, carraspeo dos veces, llamando mi atenci&oacute;n, baj&aacute;ndome de la nube a la que ella sin quererlo, me hab&iacute;a elevado. Y as&iacute;, reaccion&eacute; para retomar la conversaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Pues s&iacute; Martha, para que te lo voy a negar. &iexcl;Un poco! Es que ustedes las mujeres son tan complicadas y dif&iacute;ciles de entender. Yo pienso que Dios cuando ide&oacute; a Eva, en alg&uacute;n descuido de tan esmerada creaci&oacute;n, debi&oacute; olvidar hacerle entrega a Ad&aacute;n, de una gu&iacute;a ilustrada para poderlas comprender. &mdash;Y de inmediato ella se ech&oacute; a re&iacute;r.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno Martha&hellip; &iquest;Y que deseas tomar hoy? &iquest;Caf&eacute;? o si gustas acompa&ntilde;arme a mojar la palabra con&hellip; &iquest;Un buen par de cervezas? &mdash;Le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Jajaja, a ver mi caballero sin armadura, la cerveza puede ser. &mdash;Me respondi&oacute;, acomod&aacute;ndose de medio lado en su silla, cruzando con su caracter&iacute;stica prestancia, una pierna sobre la otra y echando mano de su bolso, lo coloc&oacute; sobre su regazo, e intent&oacute; en vano sacar su billetera.<\/p>\n<p>&mdash;No, no, no. Esta vez invito yo, preciosa. &mdash;Y colocando mi mano sobre su hombro para evitar que se saliera con la suya nuevamente, me gir&eacute; r&aacute;pidamente hacia el interior del local para buscar en la estanter&iacute;a de madera, una marca diferente, importada y con un poco m&aacute;s de contenido de alcohol.<\/p>\n<p>Regres&eacute; hasta la mesa unos minutos despu&eacute;s, con un salero, algunas rodajas de lim&oacute;n, un cenicero y dos botellas fr&iacute;as de Corona Extra con sendos vasos desechables cubri&eacute;ndolas. Martha ya ten&iacute;a colocadas sobre el blanco mantel, una cajetilla nueva de cigarrillos de mi marca de tabaco rubio preferida y otra de unos delgados More, que hac&iacute;a mucho tiempo no ve&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Y bien tesoro&hellip; &iquest;Hablas tu primero o hablo yo? &mdash;Destap&eacute; las dos cajetillas de cigarrillos y agitando un poco la roja de More, le ofrec&iacute; uno de aquellos que sobresalieron. Con su pulgar y el &iacute;ndice, escogi&oacute; el m&aacute;s externo y lo llev&oacute; a su boca. Yo tom&eacute; un Marlboro y enseguida le ofrec&iacute; fuego, para despu&eacute;s con la vivaz flama en pleno, encender el m&iacute;o.<\/p>\n<p>&mdash;Voy yo, le dije. &mdash;Martha aspirando un poco, se encogi&oacute; de hombros y sonri&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno si soy sincero, preciosa, a&uacute;n no encuentro respuesta a tu pregunta. C&oacute;mo comprender&aacute;s es una situaci&oacute;n tan personal, tan &iacute;ntima y fuerte que no s&eacute; por donde puedas tu lograr el perd&oacute;n. &mdash;Martha desvi&oacute; su mirada hacia una pareja de ancianos que deambulaban cansinos, buscando alg&uacute;n lugar para sentarse y tomar algo. Los dos bien entrados en a&ntilde;os, la se&ntilde;ora apoyada en un bast&oacute;n al dar sus cortos pasos y &eacute;l se&ntilde;or precavido, amorosamente la tomaba con cari&ntilde;o de su otra mano.<\/p>\n<p>&mdash;Lo s&eacute;, Rodrigo. Y entiendo que lo m&iacute;o ha de parecerte una barbaridad. &mdash;Me habl&oacute; aplacada, volteando su cabeza, dirigiendo toda su atenci&oacute;n en m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Es tan malo en la cama? &mdash;Le espet&eacute; sin reparo alguno en parecerle entrometido. Directo y al grano.<\/p>\n<p>&mdash;Es algo inocente en verdad. Creo que al casarnos tan tempraneramente, sin mayores experiencias con otras personas, Hugo al igual que yo, cre&iacute;mos que lo hac&iacute;amos bien. El amor y el sexo. Todo en conjunto. Cre&iacute; que era lo mismo sin diferenciar amor del placer. &iquest;Me entiendes? &mdash;Acerc&oacute; su mano derecha y con sus dedos fue rozando los m&iacute;os, pero sin atreverse a entrelazarlos por completo. No me pareci&oacute; que lo hiciera por tontear conmigo sino para concentrarse en alguna acci&oacute;n externa, que le diera cierta ubicaci&oacute;n mental.<\/p>\n<p>&mdash;No es muy imaginativo, m&aacute;s bien lo hacemos de la manera tradicional. Es mi culpa tambi&eacute;n, por no hablarle, no expresarle con claridad mis inquietudes al respecto. Nunca hablamos en la cama de si ten&iacute;amos o no fantas&iacute;as. Por pena nunca le dije que me aburr&iacute;a hacerlo siempre tan&hellip; &iquest;Igual? &mdash;Martha se enderez&oacute; en su silla, aspir&oacute; nuevamente un poco de tabaco y luego bebi&oacute; un trago largo de su vaso de cerveza&ndash;. Yo por el contrario no utilic&eacute; el desechable. Sencillamente, introduje una rebanada de aquel lim&oacute;n dentro de la botella y con otra m&aacute;s, humedec&iacute; con su &aacute;cido n&eacute;ctar, el pico y lo decor&eacute; con un poco de sal.<\/p>\n<p>&mdash;Y debido a ese comportamiento, decidiste buscar por otros lados lo que deseabas experimentar y no pod&iacute;as hallar en tu hogar. A ver, cu&eacute;ntame. &iquest;Lo obtuviste? &mdash;Termin&eacute; por preguntarle.<\/p>\n<p>&mdash;No fue exactamente as&iacute;. De hecho no lo estaba buscando o deseando. M&aacute;s bien se me present&oacute; la oportunidad. En una salida con mis amigas, conoc&iacute; a un hombre que me llam&oacute; la atenci&oacute;n por su caballerosidad, sus buenas maneras y ese aspecto de hombre seguro de s&iacute; mismo tan directo, rudo y varonil, muy diferente al t&iacute;mido actuar de mi esposo. Siempre tan contenido y anal&iacute;tico; nunca fue avezado, ni aventurero. &mdash;Al escucharla hablar as&iacute; de su amante y de su marido, me transport&eacute; a mis primeros meses de noviazgo con Silvia. Todo tan similar. Hugo el retra&iacute;do esposo de Martha, id&eacute;ntico en su actuar al m&iacute;o a&ntilde;os atr&aacute;s por mi deseo de ser el mejor y caer en el descuido. Tan similar &eacute;l a m&iacute;, que me causo tremendo escalofr&iacute;o.<\/p>\n<p>&mdash;Podr&iacute;a decirte que fue precisamente aquella diferencia de personalidad, lo que me llam&oacute; la atenci&oacute;n y despu&eacute;s de intercambiar algunos mensajes, cont&aacute;ndonos un poco de nuestras vidas, surgieron nuevas salidas, ya solos. Fue espontaneo. Halagada por sus palabras, y animada por sus constantes mimos, terminamos bes&aacute;ndonos en la pista de baile de una discoteca. Una que otra caricia permitida que me encendi&oacute;, s&iacute;. Pero me contuve y aquella noche no pas&oacute; nada m&aacute;s entre nosotros pero me creo una gran inquietud. &mdash;En vano, Martha intento darle otra calada a su delgado cigarrillo, pero este se hab&iacute;a apagado a la mitad por la falta de uso.<\/p>\n<p>Ella misma tom&oacute; mi encendedor y de nuevo dio vida al restante, para aspirar otra bocanada de tabaco y lanzar sutilmente el humo azulado por los aires. Otro sorbo a su cerveza y mordiendo una tajada de lim&oacute;n, hizo una mueca de desagrado, cerrando sus ojos y apretando fuertemente sus labios. Luego me observ&oacute;, y al hacerlo se dio cuenta de que me sonre&iacute;a por su gesto de repulsi&oacute;n y entonces bebi&oacute; otro sorbo, para proseguir relat&aacute;ndome su encuentro con aquel amante, no sin antes sonre&iacute;rme de manera burlona.<\/p>\n<p>&mdash;Luego aprovechando un viaje de mi marido por cuestiones de su trabajo, tom&eacute; la decisi&oacute;n de aceptar una r&aacute;pida salida, solo tres horas para estar en la intimidad con el hombre que ocupaba mis interiores fantas&iacute;as. Consegu&iacute; que una ni&ntilde;era se hiciera cargo de mis hijos y sal&iacute; en b&uacute;squeda de algo diferente. Deseaba hacerlo con &eacute;l, pero no por nada sentimental, lo consideraba como un buen amigo con el cual experimentar. Solo sent&iacute;a que deb&iacute;a hacerlo. Averiguar c&oacute;mo era tener sexo con un hombre diferente a mi esposo. &mdash;&iquest;Y te gust&oacute;? Le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;! Maldita sea, s&iacute;. &iexcl;Lo disfrut&eacute;! Aunque no puedo mentirte. Al principio dud&eacute;, me sent&iacute; nerviosa y confundida, sopesando en una imaginaria balanza, los pros y los contras de mi proceder. Sobre todo cuando este hombre, ya completamente desnudo frente a m&iacute;, retiraba con delicadeza mi sost&eacute;n, deleit&aacute;ndose la vista con mis pechos, para tocarlos luego y acarici&aacute;rmelos tiernamente, mam&aacute;ndomelos con deseo. Desnuda por primera vez ante uno diferente al hombre al cual deb&iacute;a fidelidad. Pero mi amigo fue muy considerado, aguard&oacute; a que perdiera mis miedos y &eacute;l con mucha paciencia fue rompiendo mis defensas, los complejos e inseguridades. Lo hizo todo muy bien, aunque el preliminar fue algo precipitado, pero si me hizo sentir distinta. Experiment&eacute; demasiadas sensaciones nuevas junto a &eacute;l. &mdash;Me acomod&eacute; contra el respaldo de mi silla, bebiendo de un solo sorbo el poco contenido de mi botella. Con mi lengua saboree un poco el lim&oacute;n que pugnaba por salir tambi&eacute;n de su interior y termin&eacute; por dejar la colilla de mi cigarrillo en el surco de aquel cenicero, sin dejar de apreciar en Martha la tranquilidad de su mirada. Quer&iacute;a intervenir con una pregunta pero ella, siempre tan intuitiva, se me adelant&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Y no Rodrigo, si lo est&aacute;s pensando, antes de que me lo preguntes te digo que no sent&iacute; remordimiento alguno al regresar a mi casa. Fue para m&iacute; un gran descubrimiento y en lo &uacute;nico que pensaba era en como poder compartirlo con mi marido e intentar convencerlo de cambiar &eacute;l y yo en nuestra intimidad. Aumentar nuestra libido y gozar de mi nuevo conocimiento sexual. &mdash;Entonces levant&eacute; mi mano, interrumpi&eacute;ndola para aclarar un aspecto importante.<\/p>\n<p>&mdash;Ok, y visto lo visto, no lo conseguiste. Y aun as&iacute;, despu&eacute;s de obtener tu cometido personal, seguiste vi&eacute;ndote con ese hombre. Continuabas con tus revelaciones a espaldas del padre de tus hijos. &iquest;Por qu&eacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Fue una noche hace algunos meses atr&aacute;s, que sin saber c&oacute;mo hablarle de lo acontecido, me atrev&iacute; a proponerle hacer algunas posiciones diferentes. Le suger&iacute; que intent&aacute;ramos la penetraci&oacute;n anal, coloc&aacute;ndome en cuatro, tan disponible para &eacute;l sobre nuestra cama, para ver c&oacute;mo se sent&iacute;a. Y me trato b&aacute;sicamente de puta barata. Me dijo que eso no lo hac&iacute;an las parejas casadas. Que solo una prostituta lo permitir&iacute;a. Entonces discutimos, me hizo sentir terrible y afectada por la ofensa, se me sali&oacute; decirle que muchas veces yo le hab&iacute;a mentido y que en nuestra cama, hab&iacute;a fingido varios orgasmos. Que no me daba la talla. &mdash;Martha call&oacute;. Y fum&oacute; de nuevo, para posteriormente beber.<\/p>\n<p>Vaya con el jefecito de mi mujer. Inexperto, tradicionalmente aburridor en la cama. &iquest;Baja autoestima? &iexcl;Falto de imaginaci&oacute;n en cuanto al sexo! &iquest;Eyaculador precoz? Tantos problemas y aun as&iacute;, tan insistente con mi mujer. &iquest;Por qu&eacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Eso le sent&oacute; mal. Lo her&iacute;, lo s&eacute;. Y desde all&iacute;, dejamos de intentar tener relaciones, que tampoco eran diarias, tal vez una o dos veces cada quince d&iacute;as&hellip; &iquest;Rodrigo? &mdash;Y Martha, extendiendo su brazo por sobre el mantel blanco, pos&oacute; su mano sobre la m&iacute;a, con la que yo jugaba distra&iacute;damente con mi encendedor, buscando al lanzarlo por los aires, que cayera de pie sobre la mesa. Creo que Martha pens&oacute; que yo no le prestaba la suficiente atenci&oacute;n y le desesperaba mi actitud. M&aacute;s no era as&iacute;, yo solo analizaba la situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Te estoy escuchando preciosa. &iexcl;Cr&eacute;eme! Le respond&iacute;, mir&aacute;ndola fijamente y colocando mi otra mano con cari&ntilde;o sobre la suya. Prosigue.<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto que volv&iacute; a verme con mi amigo y nos convertimos en compa&ntilde;eros de cama. Un par de amigos con derechos. Solo fueron dos veces m&aacute;s, pues not&eacute; que en &eacute;l surg&iacute;an motivos diferentes al mero encuentro sexual. Me dijo que se estaba enamorando de m&iacute; y luego en una de esas tardes de hotel, me propuso hac&eacute;rmelo por atr&aacute;s y me negu&eacute;. Si no era con mi esposo la primera vez no ser&iacute;a con nadie m&aacute;s. Obviamente se molest&oacute; por ello y el hecho de conocer que no abandonar&iacute;a a mi marido por nada en el mundo y dejamos de vernos, no as&iacute; de hablarnos. A&uacute;n lo seguimos haciendo por aqu&iacute;. &mdash;Y me se&ntilde;al&oacute; el m&oacute;vil azul.<\/p>\n<p>&mdash;Espera voy por las dos &uacute;ltimas, pues mis hijos regresaran a casa esta noche con sus abuelos. Hace d&iacute;as que no los veo porque est&aacute;n con ellos de paseo en el Disneyland de Par&iacute;s y muero de ganas por abrazarlos. &mdash;Y sin dejarme oponer resistencia se puso en pie y me regal&oacute; de nuevo aquella visi&oacute;n hipn&oacute;tica de su melena ondeando, su espalda recta y la firmeza de sus nalgas, subiendo y bajando, contoneando de izquierda a derecha y viceversa, sus caderas. Curiosamente recuerdo sonre&iacute;r al notar como en su nalga derecha, al ascender y bajar a cada paso, dejaba percibir la formaci&oacute;n de un hoyuelo que aparec&iacute;a y luego se esfumaba. Pocas mujeres tienen ese donaire al caminar que pose&iacute;a Martha. No levantaba mucho del piso la suela de sus sandalias, apenas parec&iacute;a deslizarse, colocando una pisada exactamente frente a la otra, como si de una esmerada modelo de pasarela se tratara, desfilando por la tarima que esa tarde-noche, era un piso de piedra.<\/p>\n<p>Sus hijos&hellip; &iexcl;Mierda!&#8230; Y de los m&iacute;os &iquest;Qu&eacute;? De inmediato reaccion&eacute;, tomando mi tel&eacute;fono y marc&aacute;ndole al n&uacute;mero de Silvia&hellip; &iexcl;No! al de ella no. Colgu&eacute; sin dejar que sonara la primera vez. Busqu&eacute; en la agenda el n&uacute;mero telef&oacute;nico de mi suegra y marqu&eacute; con decisi&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Siii, buenas? &iquest;Con qui&eacute;n? &mdash;No me sorprendi&oacute; que mi querid&iacute;sima suegra no me tuviera grabado en sus contactos.<\/p>\n<p>&mdash;Soy yo. Rodrigo. Buenas noches suegra. &iquest;C&oacute;mo est&aacute; todo?<\/p>\n<p>&mdash;Ohh, Rodrigo &iquest;Y ese milagro a que se debe? &mdash;Nada especial suegra, solo quer&iacute;a saber de mis hijos y hablar con ellos antes de que se vayan a la cama. Supongo que estar&aacute;n felices por el viaje.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Viaje? &iquest;Cu&aacute;l Viaj&hellip;? Ahh, s&iacute; que tonta soy. Espera te comunico a tus hijos.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Papito? &mdash;Respondi&oacute; mi hija.<\/p>\n<p>&mdash;Hola mi cielo hermoso. &iquest;C&oacute;mo est&aacute; la princesa de mi coraz&oacute;n?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Bien papito! &iquest;Vas a venir ya por nosotros? &mdash;No mi vida, ma&ntilde;ana tengo que trabajar un rato, mejor disfruta con tu hermanito del paseo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;A d&oacute;nde papi? &mdash;Me respondi&oacute; dej&aacute;ndome intrigado con su respuesta.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No has hablado con tu mamita? &iexcl;Hummm debe ser una sorpresa!<\/p>\n<p>Y en ese momento escuch&eacute; la voz de mi hijo, pidiendo a la fuerza a su hermanita que le dejara hablar conmigo.<\/p>\n<p>&mdash;Papi, papi, papiii&hellip; &iexcl;Te amo mucho! &mdash;Yo a ti m&aacute;s. Le respond&iacute; y enseguida mi peque&ntilde;o me coment&oacute; sus tiernas aventuras.<\/p>\n<p>&mdash;Estoy jugando con el abuelito a las carreras de carritos pero &eacute;l los hace estrellar contra las paredes.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Jajaja! me imagino que no es un buen piloto como t&uacute;. &iexcl;Te amo mi chiquit&iacute;n precioso! Ten mucho cuidado en la piscina. &iquest;Bueno?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;l piscina papi? &mdash;Ehhh creo que era una sorpresa de tu mamita. Preg&uacute;ntale a ella. Y mi ni&ntilde;o feliz y dichoso, seguramente empez&oacute; a saltar y en medio de su algarab&iacute;a, tirar&iacute;a al suelo el m&oacute;vil de mi suegra y al hacerlo me termin&oacute; sin querer la llamada.<\/p>\n<p>Mi suegra me hab&iacute;a demostrado no saber nada del viaje programado por Alonso, menos a&uacute;n mis dos hijos, lo cual me hizo rebobinar la pel&iacute;cula y en mi mente se aparecieron varias inquietudes. O Silvia me hab&iacute;a mentido para refugiarse en brazos de su madre y no verme para as&iacute; evitar que sigui&eacute;ramos discutiendo y darnos tiempo para respirar y qu&eacute; alguno de los dos, terminara pidiendo perd&oacute;n o simplemente ten&iacute;a algo planeado con anterioridad y la excusa perfecta era precisamente pelearse conmigo la noche anterior.<\/p>\n<p>Otro cigarrillo a mi boca, otra vez la sensaci&oacute;n de que algo estaba mal, muy mal con mi esposa.<\/p>\n<p>&mdash;Rodrigo&hellip; &iquest;Y esa carita? &iquest;Ahora que te sucede? Te vi hablar por tel&eacute;fono. &iquest;Tu esposa sigue disgustada? &mdash;Martha estaba all&iacute; a mi lado, colocando las cervezas sobre la mesa, al lado de sus dos tel&eacute;fonos.<\/p>\n<p>&mdash;No habl&eacute; con ella; lo hac&iacute;a con mis hijos que se supone van de paseo a la Sierra ma&ntilde;ana con mi suegra, su marido y mi mujer. Lo raro Martha es que, ninguno al parecer, estaba enterado, a parte de mi esposa claro est&aacute;. Es como si ella me estuviera ocultando algo. &iquest;Y tus hijos? &iquest;Has hablado con ellos? Deben haberlo pasado en grande con tantas atracciones. &mdash;Le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;No Rodrigo, no los veo hace varios d&iacute;as, aunque con mi hija mayor, Isabel se llama, en honor a mi madre y el menor se llama Luis, igual que su abuelo paterno. Con ella he sostenido video llamadas casi a diario. Est&aacute;n muy bien los dos. &iexcl;Felices! Me hace tanta ilusi&oacute;n volver a tenerlos junto a m&iacute;. Son todo en mi vida, por eso necesito que me ayudes a pensar en una soluci&oacute;n para no perderlos. &iquest;Qu&eacute; hago Rodrigo? &iquest;C&oacute;mo soluciono todo este caos? &mdash;Di una calada a mi cigarrillo, tom&eacute; la botella de cerveza con la otra mano y coloc&aacute;ndome de pie, empec&eacute; a caminar alrededor de la mesa, pensando en Silvia y mi situaci&oacute;n, sopesando la posibilidad de agachar mi cabeza y pedirle perd&oacute;n. &iquest;De qu&eacute; y por qu&eacute;? No lo sab&iacute;a ciencia cierta pero alguien deber&iacute;a equilibrar la balanza para&hellip; &iexcl;Mierda! eso es. Esa era la soluci&oacute;n para Martha y de paso para mi matrimonio.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Lo tengo! &mdash;Le dije a Martha y ella de inmediato concentr&oacute; su atenci&oacute;n en m&iacute;. &mdash;Me acerqu&eacute; hasta ella, arrodill&aacute;ndome para estar casi a la altura de sus hermosos ojos y se lo expres&eacute; con contundencia.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Equilibrio! Creo que esa es la soluci&oacute;n, pero no con su secretaria que de seguro lo debe hacer como una vaca muerta, &ndash;obviamente Silvia para nada era pasiva al momento de tener sexo&ndash; y de pronto vea la oportunidad de arrebat&aacute;rtelo. &iexcl;No! Debes buscar ayuda de una profesional, una terapeuta de esas que se encarga de solucionar los problemas de las parejas.<\/p>\n<p>Martha encendi&oacute; otro de sus cigarrillos, aspir&oacute; profundamente sin dejar de observar mi entusiasta reacci&oacute;n y luego tom&oacute; su vaso de cerveza, dejando caer en el fondo la &uacute;ltima rebanada de lim&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Debes hacer que tu esposo te acompa&ntilde;e y entienda que aunque &eacute;l sea tu problema, tambi&eacute;n puede ser la soluci&oacute;n. O ll&eacute;valo una noche a un local liberal, as&iacute; no hagan nada en un principio que &eacute;l entienda que debe exigirse m&aacute;s como hombre para brindarte el placer que necesitas y vivir como las lombrices, bien felices. &mdash;Mi idea parec&iacute;a no convencerla pues no ve&iacute;a en su rostro una reacci&oacute;n favorable a mi propuesta. Sin embargo contin&uacute;e mi exposici&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Demu&eacute;strale que para ti, &eacute;l es lo m&aacute;s importante!<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ayyy! coraz&oacute;n, si eso ya se lo insinu&eacute; la noche anterior y no te imaginas como se puso. Tengo una amiga que se dedica a eso precisamente, el problema es que mi esposo siempre ha desconfiado de ella y m&aacute;s despu&eacute;s de conocer que se hab&iacute;a divorciado recientemente. &mdash;Martha observ&oacute; con detenimiento su reloj de pulsera, tal vez ten&iacute;a alguna otra cita pues tambi&eacute;n desbloqueo ambos tel&eacute;fonos, pero sin hallar nada nuevo en ellos, los volvi&oacute; a acomodar sobre la mesa.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te tienes que marchar o esperas alguna llamada? Le pregunt&eacute; y ella con un gesto indiferente en sus labios me respondi&oacute;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;A&uacute;n tengo tiempo! Como te dec&iacute;a Rodrigo, mi esposo me respondi&oacute; que &eacute;l no necesitaba de tratamiento alguno y que tampoco se iba a rebajar a mi posici&oacute;n. Acostarse con otras mujeres y ser tanto o m&aacute;s infiel que yo, no estaba en su forma de ser. Me dijo muy seriamente, que en su vida nunca estar&iacute;a con una prostituta. Es por eso que viendo la complicidad que parece mantener con esa secretaria suya, he pensado que si logro conseguir hablar con ella, le propondr&eacute; que lo seduzca a cambio de una buena suma de dinero y por supuesto, teniendo alguna grabaci&oacute;n como prueba, pueda persuadirlo para lograr que hablemos y que comprenda que lo que hice fue solo por experimentar y conocer. Que fue solo por sexo y nada m&aacute;s. Y estando en igual posici&oacute;n podremos seguir adelante juntos. &mdash;La vi muy convencida de hacerlo, y me preocupe a&uacute;n m&aacute;s. Y con la restante cerveza en mi mano, esper&eacute; por conocer la siguiente parte de aquella conversaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Hoy fui de almuerzo con otra de sus secretarias para averiguar m&aacute;s acerca de las andanzas de mi esposo con su asistente. Porque&hellip; &iquest;Sabes algo Rodrigo? Ya mi esposo la invita a salir a almorzar. Luego algo hay entre ellos dos. &mdash;&iquest;Estas segura de eso? &iquest;Te lo confirmaron acaso? &mdash;Le pregunt&eacute; con bastante nerviosismo. &iquest;Sabr&iacute;a Martha que est&aacute;bamos hablando de mi esposa?<\/p>\n<p>&mdash;Desafortunadamente al parecer no ha visto entre ellos, nada inapropiado en la oficina, pero si me coment&oacute; que la junta directiva la apreciaba mucho por su talento y otra cosa m&aacute;s averig&uuml;&eacute; y que puede jugar a mi favor. &iexcl;Van a viajar juntos la pr&oacute;xima semana a Italia! Por asuntos de trabajo obviamente, pero s&iacute; logr&oacute; hablar con esa mujer sin que mi esposo lo sepa, antes de que viajen, quiz&aacute;s sea esa la oportunidad para que suceda algo entre ellos. &mdash;Martha me hablaba con mucha convicci&oacute;n en su idea de colocarle una trampa a su esposo, usando a mi mujer como cebo para equilibrar sus faltas. No pod&iacute;a permitirlo.<\/p>\n<p>&mdash;Y una cosa m&aacute;s me coment&oacute;, que me confirma que hay algo entre ellos. Imag&iacute;nate que los vio salir a almorzar y regresar con unos paquetes grandes, supuestamente para celebrar nuestro aniversario. Y como adivinaras, no hay tal aniversario hasta noviembre. &iexcl;Los putos vestidos!<\/p>\n<p>&mdash;Mira preciosa, creo que sigues confundida. Lo que tu marido necesita es una mujer que le tres vueltas en la cama y logre despertar la fiera que hay dormida en &eacute;l. No utilizar a una secretaria aburrida y quiz&aacute;s principiante en el sexo. Lo que puedes lograr con esa idea tuya es que sentimentalmente se unan por el dolor y el odio que ahora tu esposo siente hacia ti. Lo lanzar&aacute;s en brazos de esa mujer que quiz&aacute;s no tenga nada que perder y s&iacute; mucho por ganar. &iexcl;Reacciona! Deja a esa asistente en paz y mejor concentr&eacute;monos en mi idea, solo que con una peque&ntilde;a variante. &mdash;Y se le iluminaron los ojitos de miel a Martha.<\/p>\n<p>&mdash;A ver, soy toda o&iacute;dos. Me respondi&oacute;. &mdash;No es tan complicado, mira&hellip; &mdash;Y en ese momento una llamada se escuch&oacute; proveniente de uno de los tel&eacute;fonos m&oacute;viles que reposaban al lado del cenicero. Ella tom&oacute; el rosado, me mir&oacute; y me hizo la se&ntilde;al con su dedo sobre los labios de que mantuviera silencio. Se dio vuelta en su silla para hablar, diciendo antes de hacerlo&hellip;.<\/p>\n<p>&mdash;No lo s&eacute;. No s&eacute; c&oacute;mo conseguir que mi esposo acceda para acudir a una cita, ni tan siquiera que me acompa&ntilde;e a la primera entrevista con la terapeuta. Dame un segundo y respondo esta llamada que es mi hija.<\/p>\n<p>Entonces tom&eacute; la decisi&oacute;n de encender otro cigarrillo y pasearme por all&iacute; cerca para darle a Martha la necesaria privacidad en su llamada. Tambi&eacute;n necesitaba pensar en mi mujer y en la manera de evitar que Martha la ubicara. &iexcl;Complicado! La conexi&oacute;n ya la ten&iacute;a a mano y era precisamente esa compa&ntilde;era de trabajo. &iquest;Y si lograba contactarla? &iquest;Qu&eacute; posici&oacute;n tomar&iacute;a Silvia al respecto? &iquest;Se ofender&iacute;a o por el dinero, aceptar&iacute;a y se prestar&iacute;a para tama&ntilde;o enga&ntilde;o?<\/p>\n<p>Lo m&aacute;s probable es que mi esposa mandara a Martha a comer mierda hasta la china. Por lo tanto, mi mejor idea de colaborar a que ello no sucediera, ser&iacute;a ayudar a Martha a encontrar una buena terapeuta de parejas de la mano de su esposo y mi c&oacute;mplice para llevarlo a cabo ser&iacute;a mi propia mujer. Si primero lograba que me perdonara, me entendiera y yo por supuesto, poder confiar de nuevo en ella.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Es una mierda! Todo esto me va a enloquecer. &mdash;Le escuch&eacute; decir m&aacute;s o menos en voz alta a Martha y regres&eacute; hasta la mesa para darme cuenta de que ocultaba su rostro con las dos manos. &iexcl;Lloraba!<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; sucede? Le pregunt&eacute; mientras colocaba mi mano derecha sobre su desnudo hombro izquierdo. &mdash;Y fue en ese momento en que Martha se puso de pie, y aun con las l&aacute;grimas rodando por sus mejillas, me abraz&oacute; con fuerza y yo a ella, ci&ntilde;endo con mis brazos la estrechez de su espalda, permiti&eacute;ndole entre mi compasivo silencio y sus espaciados sollozos, unos segundos de relajado desahogo.<\/p>\n<p>&mdash;Mi hija me ha comentado que por decisi&oacute;n de su padre, ellos no regresaran esta noche a la ciudad como estaba previsto. Y que tomar&aacute;n el vuelo de regreso hasta ma&ntilde;ana temprano. Hugo en realidad me quiere apartar de ellos. Adem&aacute;s que al encontrarse con su padre en el aeropuerto, partir&aacute;n de inmediato hacia el chalet de mis suegros. &iexcl;Sin m&iacute;! Rodrigo&hellip; &iexcl;Tengo mucho miedo! &mdash;Me apart&eacute; un poco de ella, solo para mirar la preocupaci&oacute;n reflejada en sus ojos enrojecidos.<\/p>\n<p>Levant&eacute; su barbilla un poco con mi mano derecha, forz&aacute;ndola a que me mirara fijamente, ella entreabri&oacute; su boca levemente y yo la m&iacute;a. Lentamente acunando entre mis manos sus h&uacute;medas mejillas, pos&eacute; mi boca sobre su frente con ternura y la bese una y dos, tres veces seguidas tal vez. Y volvimos a abrazarnos pero esa vez, como un par de enamorados. Yo rodeando su cabeza con mis brazos por detr&aacute;s de su nuca y Martha a m&iacute;, entrecruzando los suyos por detr&aacute;s de m&iacute; espalda a la altura de mi cintura. Menguando con aquella cercan&iacute;a, nuestras aflicciones.<\/p>\n<p>&mdash;Hoy es viernes, le dije sin dejar de sentirla respirar pausada, m&aacute;s tranquila. &mdash;Nadie te espera en casa, Martha. En la m&iacute;a igual. &iexcl;T&uacute; sola, yo solo! Ven preciosa, recojamos nuestras cosas menos las preocupaciones, a esas, dej&eacute;moslas por aqu&iacute; olvidadas y vay&aacute;monos por ah&iacute;, los dos. Dejemos que la noche de Madrid haga su magia y nos sorprenda. &mdash;Ella asinti&oacute;, se apart&oacute; algunos rastros de su salina amargura y me sonri&oacute; de manera complaciente.<\/p>\n<p>Y record&eacute; entonces a Eva y su invitaci&oacute;n para salir los dos por ah&iacute;. Tom&eacute; mi tel&eacute;fono y abr&iacute; la aplicaci&oacute;n de mensajer&iacute;a para textearle, averiguando si a&uacute;n estaba en pie aquella invitaci&oacute;n y en d&oacute;nde. Luego de recibir la respuesta a mi mensaje, tom&eacute; la suave y c&aacute;lida mano de Martha, entrelazando nuestros dedos y sin pensarlo m&aacute;s le dije&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Martha&hellip; &iquest;Te gusta bailar?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te han dicho que est&aacute;s loco? Pero&hellip; &iquest;Sabes qu&eacute;? Me gusta tu locura. &iquest;En tu coche o en el m&iacute;o? &mdash;Me pregunt&oacute; mucho m&aacute;s animada.<\/p>\n<p>&mdash;Podr&iacute;as seguirme en el tuyo y dejo mi corcel pastando en el establo. Es que quiero pasarla bueno esta noche. Tomarme varios tragos sin pensar en las probables multas. &iquest;Te parece preciosa?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Vamos tesoro! &iquest;Y entonces pretendes que yo sea tu conductora elegida y pasarme la noche a punta de agua? &iexcl;No se&ntilde;or! Vamos en el m&iacute;o, pero buscamos un parking donde dejarlo hasta el otro d&iacute;a, que esta noche quiero gozar con tus desvar&iacute;os. &mdash;Me encog&iacute; de hombros y nos dirigimos los dos en busca de nuestros coches.<\/p>\n<p>Y as&iacute; fue. Despu&eacute;s de dejar mi coche en la urbanizaci&oacute;n, subir a mi piso para en poco m&aacute;s de cinco minutos, cambiar mi formal vestuario de asesor comercial por algo m&aacute;s c&oacute;modo y rumbero, esquivando esos s&iacute;, las inoportunas miradas de mis vecinos, entre ellas a la se&ntilde;ora Gertrudis y su &laquo;adorable&raquo; Toretto, en un santiam&eacute;n regres&eacute; hasta la entrada donde ella me esperaba. Al acercarme al coche, Martha se hab&iacute;a colocado en el puesto del copiloto, con el espejo retrovisor girado en diagonal, arreglando su maquillaje sin apuro.<\/p>\n<p>&mdash;Coraz&oacute;n&hellip; &iquest;Te importar&iacute;a conducir mientras me retoco un poco? &mdash;Me pregunt&oacute; risue&ntilde;a. Nos fuimos en el rojo deportivo de Martha hacia la discoteca donde Eva me esperaba, claro est&aacute;, sin compa&ntilde;&iacute;a.<\/p>\n<p>Aquel lugar donde est&aacute;bamos por ingresar, era un local de pura rumba latina. Vallenatos, salsa, bachatas, algo de puro reggae tambi&eacute;n y por supuesto el infaltable reggaet&oacute;n. Justo en la entrada le coment&eacute; a Martha que all&iacute; dentro me encontrar&iacute;a con la chica de la barra, y que por lo tanto har&iacute;amos el teatro de que nos hab&iacute;amos encontrado de casualidad. Martha no puso problema por ello y de improviso, bastante emocionada, tom&oacute; su m&oacute;vil rosado del bolso y le marc&oacute; a una amiga para invitarla tambi&eacute;n a rumbear con nosotros, de esa manera parecer&iacute;a m&aacute;s real nuestro ficticio encuentro. La idea era que Eva no se ofendiera al verme acompa&ntilde;ado, pues la andaluza tabernera ten&iacute;a en su mente otros planes para divertirse conmigo. &iexcl;A solas!<\/p>\n<p>Entre tantas personas fue dif&iacute;cil ubicar a Eva. Junto a Martha deambulamos un rato entre aquella multitud de brazos elevados en descoordinado movimiento, caderas cimbreantes y juegos de luces multicolores, al comp&aacute;s de la m&uacute;sica del grupo Niche y su &laquo;Cali pachanguero&raquo;, himno oficial de las ferias de Cali, para posteriormente el Dj, &ndash;que para nada parec&iacute;a colombiano&ndash; mezclar con acierto el ritmo salsero con el discotequero rock de &laquo;La Pachanga&raquo; de Vilma Palma e Vampiros. No ve&iacute;amos donde poder ubicarnos, por lo que nos acercamos a la barra y dialogando con el barman, consegu&iacute; finalmente un reservado disponible en la zona VIP.<\/p>\n<p>Una vez acomodados, Martha casi a gritos por el elevado volumen de la m&uacute;sica, hablaba por su m&oacute;vil, dando indicaciones a su amiga. Mientras tanto yo le escrib&iacute;a a Eva, para avisarle de mi presencia en el lugar y donde me hallaba ubicado. Un cocktail caribe&ntilde;o para Martha, una botella de aguardiente, dos copas, vasos desechables y una jarra con cristalina agua. A su lado otra de jugo de naranja, una bandeja con granos de man&iacute; salado y uvas pasas.<\/p>\n<p>Un rato despu&eacute;s de calentar mi garganta al tomar de una sola vez y hasta el fondo de mi copa, lleg&oacute; Eva agitada y algo sudada.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Holaaa! Pero ni&ntilde;o, casi que no llegas. &mdash;Y nos saludamos con unos besitos en las mejillas y otro corto en los labios. Eva de inmediato repar&oacute; en Martha para saludarla tambi&eacute;n de manera efusiva. Le coment&eacute; que era una amiga con la cual, casualmente nos hab&iacute;amos encontrado en la entrada.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Vamos a bailar que esta canci&oacute;n me fascina! &mdash;Y me llev&oacute; del brazo, sin yo poder rechistar hasta el centro de la azulada pista de baile. La canci&oacute;n no la recuerdo con exactitud, pero creo que era una del grupo Duncan Dhu, si no estoy mal era &laquo;En Alg&uacute;n Lugar&raquo; y entre mis saltos y los suyos, disfrutando entre tanta contagiosa algarab&iacute;a y su risa andaluza, pasamos en un instante a brincar, gritar, cantar y agitarnos con el viol&iacute;n y las guitarras el&eacute;ctricas de &laquo;Molinos de Viento&raquo; del grupo M&auml;go de Oz y finalizar de nuevo en el caribe con el pegajoso merengue de &laquo;Abusadora&raquo;, del siempre divertido, Wilfrido Vargas.<\/p>\n<p>Realmente que Eva se mov&iacute;a con gran soltura y se ve&iacute;a muy feliz. Igual yo, para que negarlo. Con tanto movimiento, alboroto y gent&iacute;o enrumbado, me olvid&eacute; de Silvia, de su jefe y de aquel inc&oacute;gnito viaje, tan desconocido por mis hijos a la Sierra. Y en una de tantas vueltas, alguien jal&oacute; del brazo derecho a mi andaluza tabernera alej&aacute;ndola de m&iacute;, entre risas y gritos se la fue llevando y la perd&iacute; de vista entre tantos cuerpos agitados.<\/p>\n<p>Al regresar hasta la zona VIP, donde hab&iacute;a dejado abandonada a Martha, la encontr&eacute; feliz sentada de medio lado hablando con una mujer de cabellos cortos y m&aacute;s azules que nunca por el brillo que a ellos otorgaban, los dirigidos focos led&acute;s que iluminaban desde la pared, la baja mesita y aquellos oscuros sillones.<\/p>\n<p>Martha se fij&oacute; en mi cercan&iacute;a y con la sutil gentileza que tanto la caracterizaba, me present&oacute; a su desconocida amiga.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Rodrigo! Tesoro mira. Ella es una de mis mejores amigas, la divorciada que tanto detesta mi esposo y adem&aacute;s la terapeuta de la cual no quiere saber nada. &iexcl;Jejeje! &mdash;La mujer gir&oacute; su rostro elevando su mirada hacia m&iacute;, pues a&uacute;n permanec&iacute;a en pie junto a ella.<\/p>\n<p>Abri&oacute; sus ojos sorprendida, seguramente al igual que yo. Me agach&eacute; y sonriendo le extend&iacute; mi mano derecha, ella me la estrech&oacute; con cari&ntilde;o y su rostro se ilumin&oacute; con una sonrisa bastante amplia, regal&aacute;ndome la visi&oacute;n de su blanca dentadura, para segundos despu&eacute;s, obsequiarme directamente, un casto beso sobre mis labios.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hola Almudena! Pero qu&eacute; bacano tenerte por aqu&iacute; y poder vernos otra vez. &mdash;Le dije yo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Rocky querido! Lo mismo digo yo. Como negarme a venir, si hoy es viernes y el mundo gira feliz. &mdash;Me respondi&oacute;.<\/p>\n<p>Y Martha asombrada, no lograba cerrar su encantadora y rosada boca.<\/p>\n<p>Continuar&aacute;&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 18<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>No era frecuente que Silvia y yo discuti&eacute;ramos y menos a&uacute;n, que ella con sus ofensivas palabras me sacara f&aacute;cilmente de quicio, pero esa vez lo hab&iacute;a logrado. 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