{"id":30070,"date":"2021-06-25T06:18:34","date_gmt":"2021-06-25T06:18:34","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-06-25T06:18:34","modified_gmt":"2021-06-25T06:18:34","slug":"entre-cactus-y-pavimento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/entre-cactus-y-pavimento\/","title":{"rendered":"Entre cactus y pavimento"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"30070\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>D&iacute;a martes, pasado el mediod&iacute;a. El calor del desierto se refleja en el pavimento, imp&aacute;vido e inclemente se deja caer sobre la esforzada vegetaci&oacute;n que habita en este paisaje. No se ven animales, est&aacute;n todos escondidos en sus sombr&iacute;as madrigueras esperando que sol baje, parece sensato.<\/p>\n<p>El jazz, el aire acondicionado y el despampanante entorno se contraponen con el rugido de mi est&oacute;mago. Ya son 6 horas seguidas manejando por este hipn&oacute;tico camino que siempre logra enamorarme y hacerme desear m&aacute;s y m&aacute;s kil&oacute;metros como si algo fuese a pasar m&aacute;s adelante. Veo la hora y vuelvo a conectarme con mi ser terrenal, es hora de parar.<\/p>\n<p>Un poco m&aacute;s adelante est&aacute; la picada donde siempre almuerzo, es una carta infalible y ya saben lo que voy a pedir. Sigo avanzando con la mente en blanco, solo esperando llegar, cuando de pronto un fuerte estruendo es acompa&ntilde;ado de un duro golpeteo en el volante. La camioneta se me arranca hacia la izquierda, pero logro controlarla y llevarla a la berma. No s&eacute; si me afect&oacute; m&aacute;s la impresi&oacute;n del pinchazo o la frustraci&oacute;n de no llegar a mi ansiado destino, pero el punto es que ahora son dos los asuntos urgentes que atender.<\/p>\n<p>Puedo ver que a unos doscientos cincuenta metros, alej&aacute;ndome de la autopista, hay un caser&iacute;o bajo la sombra de un viejo pimiento, sin pensarlo dos veces emprendo mi caminata con la seguridad de que alguien podr&aacute; echarme una mano. Poco a poco voy notando en detalle esta antigua casa de adobe, con tejas coloniales y cortinas en vez de puertas. Es como si de un minuto a otro el tiempo empezara a girar a otro ritmo y todos mis recursos se volvieran obsoletos. Ac&aacute; estoy, cara a cara con el verdadero desierto, donde las almas se vuelven fr&aacute;giles ante la inmensidad.<\/p>\n<p>Tengo cierta reticencia de llamar, pero realmente no tengo alternativa y emito un t&iacute;mido silbido. En ese instante una mujer mayor me dice desde la ventana; &ldquo;la suerte que ha tenido, joven&rdquo;. Mi cara de sorpresa la hace continuar; &ldquo;pase no m&aacute;s, que bien acalorado y hambriento debe estar&rdquo;.<\/p>\n<p>Sin decir nada, cruc&eacute; el umbral del grueso dintel de madera de donde colgaban las cortinas, la sensaci&oacute;n de frescura era sobrecogedora en el interior de la casa y solo atin&eacute; a alabar la belleza de este lugar. La se&ntilde;ora era de pocas palabras, pero amablemente me invit&oacute; a su cocina a tomar asiento y me ofreci&oacute; un vaso de agua y algo de comer. Le cont&eacute; lo que me hab&iacute;a pasado, del pinchazo y como fui a parar a su casa, en eso veo de reojo una figura moverse en el pasillo.<\/p>\n<p>Un vestido corto, de tono claro, dejaba ver dos piernas fuertes y bien formadas. Las caderas y las nalgas se dibujaban n&iacute;tidamente en el algod&oacute;n. Tuve que acelerar mi mirada hacia arriba porque pens&eacute; que era evidente la desfiguraci&oacute;n de mi rostro al verla, ah&iacute; cruzamos miradas nerviosas.<\/p>\n<p>Por suerte la se&ntilde;ora no me estaba mirando en ese instante y pude seguir la conversaci&oacute;n con total normalidad. Ella me dijo que ten&iacute;a que ir al pueblo a buscar un encargo y que podr&iacute;a ayudarme a encontrar alguien que llevara la rueda a reparar. Le dije que pod&iacute;a esperarla en la camioneta, pero me insisti&oacute; que me quedara, que cualquier cosa que necesitara se la pidiera a su sobrina que estaba pasando unos d&iacute;as con ella. Se lo agradec&iacute; enormemente, pero no hubo caso que ella accediera a recibir ning&uacute;n tipo de retribuci&oacute;n y as&iacute; se fue en direcci&oacute;n al pueblo.<\/p>\n<p>Siempre he encontrado sumamente excitantes las horas despu&eacute;s de almuerzo. Es como si la sangre abandonara el cerebro y se dejara caer tibia en las zonas er&oacute;genas, provocando casi alucinaciones sexuales. Me hace pensar que el invento de la siesta ib&eacute;rica siempre fue una mera excusa para ir a atender este deseo que emerge, sobretodo en climas templados.<\/p>\n<p>En ese estado me encontraba cuando la volv&iacute; a ver. Lleg&oacute; con un evidente sobre-desinter&eacute;s a ordenar unas cosas que se encontraban cerca de m&iacute;, su actitud infantil contrastaba con la mujer resuelta que parec&iacute;a ser. Pude seguir mir&aacute;ndola con cierto disimulo, la suave tela de cebolla de su vestido era muy generosa, sumado a que no usaba sost&eacute;n. La libertad de sus pechos evidenciaba que estos ya hab&iacute;an alimentado descendencia, ya hab&iacute;an cumplido su tarea mundana y que jubilosos se hab&iacute;an entregado al goce propio (y m&iacute;o, por cierto). En eso, mirando por la ventana, llev&oacute; sus manos a su suelto pelo y lo amarr&oacute; en un certero movimiento. Sus hombros perfectamente dibujados y su cuello espigado descansaban sobre su estructura m&aacute;s fornida de mujer trabajadora.<\/p>\n<p>Finalmente tuve el valor para hablarle; &ldquo;as&iacute; que andas de paso&#8230;&rdquo;<\/p>\n<p>&ldquo;igual que tu no?&rdquo;, me responde desafiante.<\/p>\n<p>Quise subir una ficha y le digo, &ldquo;al final todos lo estamos.&rdquo;<\/p>\n<p>Me mir&oacute; con cara de suspicacia y ah&iacute; pude ver un tono gris&aacute;ceo que se escond&iacute;a en el caf&eacute; de sus ojos. Nos sonre&iacute;mos, pero simult&aacute;neamente distingu&iacute; una cierta nostalgia.<\/p>\n<p>Seguimos en este tira y afloja, provocando, molestando, pero a la vez entregando. Volvi&oacute; a soltar su pelo y una tira de su vestido se dej&oacute; caer por su hombro, dejando al descubierto todo el recorrido desde su ment&oacute;n hasta su pecho donde conecta con su costado en direcci&oacute;n a la espalda.<\/p>\n<p>La miraba con un deseo que solo iba en aumento, la luz y calor del desierto se sent&iacute;an en la ventana, pero la sequedad del aire refrescaba en la sombr&iacute;a casa.<\/p>\n<p>Se levant&oacute; a tomar agua, al girar pude ver como su calz&oacute;n se dibujaba en el vestido, as&iacute; como la l&iacute;nea de su espalda. A esa altura, luego de un caf&eacute;, iba sintiendo como cada pulsaci&oacute;n recorr&iacute;a mis test&iacute;culos y mi pene, subiendo su temperatura y aumentando su peso y tama&ntilde;o.<\/p>\n<p>Tras tomarse el agua nos miramos unos segundos, como reconoci&eacute;ndonos mutuamente lo que estaba pasando. Luego, el de la jugada infantil fui yo; &ldquo;&iquest;porque no me haces un tour por la casa?&rdquo; Me sonri&oacute; incr&eacute;dula y accedi&oacute;.<\/p>\n<p>La casa era m&aacute;s bien peque&ntilde;a y r&aacute;pidamente llegamos a su pieza. Su cama era antigua, de fierro y ten&iacute;a una ventana sobre el respaldo. Los muros eran revocados con tierra y las grietas le daban un car&aacute;cter m&iacute;tico. Le pregunt&eacute; si el colch&oacute;n era de esos duros antiguos y me dijo que me sentara, obviamente lo hice. Acto seguido est&aacute;bamos los dos sentados en sobre su cama.<\/p>\n<p>Mi coraz&oacute;n empez&oacute; a latir con fuerza, ante la inminencia de lo que estaba por pasar. Nos miramos nerviosos, como en el primer acercamiento que tuvimos un par de horas atr&aacute;s. Le toque la mano y luego segu&iacute; con su brazo, por la parte trasera. Le volv&iacute; a bajar el tirante de su vestido para acariciar su hombro, me acerqu&eacute; y empec&eacute; a besar ese cuello que me ten&iacute;a totalmente cautivado. Su respiraci&oacute;n se empez&oacute; a agitar r&aacute;pidamente hasta que rompi&oacute; su quietud y con fuerza me tom&oacute; la cabeza y nos empezamos a besar. Se rompi&oacute; completamente la tensi&oacute;n entre nosotros, como si este fuera el estado natural y todo lo anterior una mera interpretaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Le segu&iacute; besando el cuello, mientras mis manos empezaban a confirmar lo bien formado que ten&iacute;a su cuerpo. La acost&eacute; en la cama y la di vuelta, para besar su nuca y espalda, luego comenc&eacute; a frotar mi pene entre sus nalgas para que sintiera la gran erecci&oacute;n que estaba teniendo. Con su mano me agarr&oacute; el pene por sobre el pantal&oacute;n, estaba tan excitada que su respiraci&oacute;n se comenz&oacute; a transformar en gemidos y eso que aun ten&iacute;amos nuestra ropa puesta.<\/p>\n<p>Me levant&eacute; r&aacute;pidamente para sacarme los bototos, ella sentada me solt&oacute; el cintur&oacute;n para seguir con el pantal&oacute;n. Agarr&oacute; mi pene y sacando toda su lengua la empez&oacute; a recorrer por &eacute;l, desde la base hasta la cabeza, con total convicci&oacute;n y soltura. Su genuino goce me excitaba enormemente.<\/p>\n<p>Le tom&eacute; las manos y la levant&eacute;, para luego agarrar sus nalgas con fuerza. Le saqu&eacute; el vestido y empec&eacute; a besar sus pechos mientras se los masajeaba con una intensidad que solo iba en aumento.<\/p>\n<p>Nos acostamos de costado y volvimos a los besos, ah&iacute; empezaron a aparecer m&aacute;s miradas, palabras y matices en el desenfreno. Volvi&oacute; a aparecer la nostalgia mezclada con la risa, el juego infantil y la ilusi&oacute;n del enamoramiento. Ella estaba en calzones y yo solo con una incansable erecci&oacute;n con la que pod&iacute;a sentir el calor y la humedad que emanaba entre sus piernas.<\/p>\n<p>Volv&iacute; a sus pechos, que sin ser grandes ten&iacute;an gran presencia. Por el costado de estos pod&iacute;a sentir su piel erizada, desde ah&iacute; segu&iacute; bajando hasta llegar al hueso de su cadera. Le saqu&eacute; suavemente el calz&oacute;n que se encontraba empapado a esa altura y sent&iacute; el olor de sus fluidos. Ella empez&oacute; a tocarse, yo la acompa&ntilde;&eacute; recorriendo mi nariz por su cuerpo, pero dejando que ella se conectara con su propio placer. No hay nada que me caliente m&aacute;s que una mujer transpirando de excitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Recorr&iacute; sus muslos y por la parte interior fui subiendo con besos hasta llegar su cl&iacute;toris que se le pod&iacute;an sentir las pulsaciones. Con la punta de la lengua lo fui lentamente amasando, mientras la respiraci&oacute;n de ella iba intensific&aacute;ndose cada vez m&aacute;s. Los gemidos fueron transform&aacute;ndose en gritos, las sabanas estaban empapadas, mi movimiento suave se transform&oacute; en un verdadero canibalismo. Le met&iacute; la lengua lo m&aacute;s profundo que pude y dentro la mov&iacute;a intensamente buscando sus paredes vaginales, mientras extend&iacute;a mis manos para agarrar sus tetas que estaban dur&iacute;simas en ese punto. La di vuelta y le levant&eacute; el trasero, as&iacute; fui alternando la estimulaci&oacute;n entre vagina y ano.<\/p>\n<p>En esa posici&oacute;n, con ella afirmada del respaldo de cama, la empec&eacute; a penetrar lentamente, de manera que sintiera cada cent&iacute;metro de mi pene entrando y saliendo. Estuvimos as&iacute; unos instantes y luego nos pusimos de frente, yo sobre ella. Era tal el grado de excitaci&oacute;n que sab&iacute;amos que iba quedando poco, as&iacute; que nos miramos para luego abrazarnos. As&iacute; fui penetr&aacute;ndola, pasando mi brazo por su espalda y tomando su hombro para atraerla hacia m&iacute;.<\/p>\n<p>Aumentando la intensidad y velocidad, vocalizando e incluso con alg&uacute;n garabato para sostener la tensi&oacute;n mientras mi pene se llenaba de sangre dentro de ella alcanzando un gran tama&ntilde;o y textura. Finalmente, entre gritos se fundieron todos nuestros fluidos y nos miramos tan vulnerables, tan distintos a como nos vimos nerviosamente hace un par de horas atr&aacute;s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>D&iacute;a martes, pasado el mediod&iacute;a. El calor del desierto se refleja en el pavimento, imp&aacute;vido e inclemente se deja caer sobre la esforzada vegetaci&oacute;n que habita en este paisaje. No se ven animales, est&aacute;n todos escondidos en sus sombr&iacute;as madrigueras esperando que sol baje, parece sensato. 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