{"id":30295,"date":"2021-07-10T22:00:00","date_gmt":"2021-07-10T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-07-10T22:00:00","modified_gmt":"2021-07-10T22:00:00","slug":"el-regalo-un-antes-y-un-despues-vigesima-segunda-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-regalo-un-antes-y-un-despues-vigesima-segunda-parte\/","title":{"rendered":"El regalo: Un antes y un despu\u00e9s (Vig\u00e9sima segunda parte)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"30295\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 20<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>&mdash;Son las diez de la ma&ntilde;ana y nuestro &laquo;ogro&raquo; no ha llegado. &iquest;Sabes algo de &eacute;l, coraz&oacute;n? &mdash; Pregunt&oacute; desde su escritorio Magdalena, gir&aacute;ndose en su silla y coloc&aacute;ndose de pie, se acerc&oacute; hasta uno de los archivadores para buscar alguna carpeta, sin dejar de observarme.<\/p>\n<p>&mdash;Pues nada la verdad. No ha dado se&ntilde;ales de vida. Tal vez est&eacute; de compras, prepar&aacute;ndose para el viaje o reunido con su familia. &mdash;Le respond&iacute; completamente desinteresada.<\/p>\n<p>Hasta esa hora de la ma&ntilde;ana no hab&iacute;a reparado en mi jefe. Pero la pregunta de mi compa&ntilde;era de oficina, despert&oacute; en m&iacute; el inter&eacute;s por saber si &eacute;l habr&iacute;a cumplido con su promesa. Pero no hice el intento de llamarlo. &iexcl;Para qu&eacute; molestarlo! Mejor me dirig&iacute; hasta la cocina y prepar&aacute;ndome un caf&eacute;, realic&eacute; la rutinaria llamada a Rodrigo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hola mi amor! &iquest;C&oacute;mo te ha ido esta ma&ntilde;ana? &mdash;Lo salud&eacute; y le pregunt&eacute; a continuaci&oacute;n como se encontraba.<\/p>\n<p>&mdash;Mi vida&hellip; &iexcl;Pero qu&eacute; milagro! Jajaja. Yo bien, ando un poco apurado con los documentos para el pr&eacute;stamo de la empresa aquella que visit&eacute; en Cercedilla. Debo tramitarlo con la gerente del banco cuanto antes; necesitamos que salga esa comisi&oacute;n para el otro mes, que sabes bien c&oacute;mo andamos, con los bolsillos tan ajustados. &iquest;Y t&uacute;? &iquest;Todo bien en tu oficina? &iquest;Qu&eacute; tal con tu jefecito? &mdash;Otro que estaba interesado por tener noticias. &mdash;Ya &eacute;ramos tres&ndash;.<\/p>\n<p>&mdash;Pues Cielo, ni idea. &mdash;Y me apart&eacute; del mes&oacute;n con mi taza en la mano, buscando un espacio lejos de los o&iacute;dos de la se&ntilde;ora Dolores, y qu&eacute; me otorgara la intimidad necesaria para conversar con Rodrigo&ndash;. Hasta el momento no ha llegado y no tengo raz&oacute;n ni chica ni grande de c&oacute;mo le habr&aacute; ido con su esposa. Esperemos que bien. &iquest;Y t&uacute; amiguita Paola?&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;Hoy no trabaja mi amor. Tiene un d&iacute;a de compensatorio, por haber trabajado el fin de semana. Pero si t&uacute; quieres, la busco despu&eacute;s en su hotel para darle tus saludos. &iexcl;Jajaja! &mdash;Me respondi&oacute; tan gracioso y despreocupado que entend&iacute; que mis dudas, sobre la relaci&oacute;n de esa mujer y mi esposo, eran totalmente infundadas. O bueno, eso cre&iacute;. Entre cosas&hellip; &iquest;Cu&aacute;l hotel?<\/p>\n<p>Y sin mucho m&aacute;s por contarnos, nos despedimos los dos, con un beso, un te amo y un &iexcl;Hasta m&aacute;s tarde! Tan esperanzador como amoroso. Trabaj&eacute; muy concentrada, empe&ntilde;ada en tener todo en orden para la visita a las oficinas en Tur&iacute;n, compilando datos, facturas y documentos, diagramas y presentaciones, todo lo necesario para realizar nuestra financiera evaluaci&oacute;n. Lo guard&eacute; todo en dos memorias USB, una para mi jefe y la otra de respaldo para m&iacute;.<\/p>\n<p>Ya en la hora del almuerzo, Amanda emocionada por mi viaje, me coment&oacute; que ya hab&iacute;a realizado las reservas de vuelo y estad&iacute;a en un hotel en el centro de aquella ciudad, muy cerca de las nuevas oficinas. Magdalena se sobresalt&oacute; acord&aacute;ndose de algo y de inmediato meti&oacute; su mano al bolso negro y del interior, tom&oacute; una bolsa peque&ntilde;a de regalo y me lo entreg&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Silvia, tesoro. Mira, casi lo olvido por completo. Ayer pas&eacute; por el almac&eacute;n y escog&iacute; estos pendientes para complementar tu vestuario. Es que mujer&hellip; &iexcl;Vas a lucir espectacular! Y quiero fotos, muchas fotos de los lugares que visites. Y de paso por supuesto de esos bombones italianos tan apuestos que te vas a encontrar por all&iacute;. Claro est&aacute;, si nuestro &laquo;ogro&raquo; te desampara en alg&uacute;n momento. &iexcl;Jajaja! &mdash;Me dijo muy sonriente y yo mirando el contenido del empaque, no pude m&aacute;s que darle un gran abrazo y un par de besos en se&ntilde;al de agradecimiento. Amanda aplaudi&oacute; aquel gesto nuestro con efusividad.<\/p>\n<p>&mdash;Y Magda, &iexcl;por Dios! Ser&eacute; yo la que no me apartar&eacute; de don Hugo. &iquest;Te imaginas? &iquest;Yo sola andando por ah&iacute;? &iexcl;No, no, para nada mujer! Con el sentido de orientaci&oacute;n tan p&eacute;simo que tengo, soy capaz de perderme dando una vuelta a la manzana. Mejor siempre acompa&ntilde;ada en esas calles o guardada en las oficinas trabajando. Quiz&aacute;s&hellip; &iexcl;Ni salga de ese hotel! &mdash;Le respond&iacute; a ambas con honestidad y s&iacute;, aunque se me escuchara a broma, detr&aacute;s persist&iacute;a mi honesta prevenci&oacute;n a estar sola y en un lugar extra&ntilde;o, sin el refugio que me brindaba mi esposo.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, bueno. A ver tesoro, hoy si no te me puedes escapar. Nos vamos de compras y luego al spa esta tarde ni&ntilde;as. &iexcl;Uhuuu! &mdash;Grit&oacute; Magdalena de improviso. Oops, eso tambi&eacute;n se me hab&iacute;a pasado por alto, pero era cierto, as&iacute; que ni modos.<\/p>\n<p>Tome mi m&oacute;vil y le envi&eacute; un mensaje a Rodrigo, comunic&aacute;ndole mi salida con las chicas hasta la peluquer&iacute;a y que de nuevo estuviera pendiente de los ni&ntilde;os. Lo suavic&eacute; con caritas apenadas, otras envi&aacute;ndole besitos y un gran coraz&oacute;n purpura finalizando el escueto texto.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Hola Almudena, buenos d&iacute;as.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Rocky tesoro!&#8230; Qu&eacute; alegr&iacute;a saber de ti. &iquest;Va todo bien?<\/p>\n<p>&mdash;Gracias a ti, todo marcha sobre ruedas. Ya habl&eacute; con tu amigo, me parece una persona muy correcta y amable. Ya concertamos una cita para este jueves.<\/p>\n<p>&mdash;No es nada coraz&oacute;n, solo que una que es muy atenta y ajustando bien mis antenas, me entero de cositas por ah&iacute; y quien mejor que t&uacute; para asesorarlo con esa compra. &iquest;Se citaron en su casa o en la oficina?<\/p>\n<p>&mdash;En su oficina por supuesto. Creo que no le interesa para nada que su esposa sospeche. Oye&hellip; Y de Martha&hellip; &iquest;Ya has hablado con ella?<\/p>\n<p>&mdash;Rocky, no solo con ella, tambi&eacute;n con su esposo. Los dos decidieron acudir a una terapia de pareja&hellip; &iexcl;Conmigo! Pero ni creas que te contar&eacute;, eso va en contra de la &eacute;tica profesional como comprender&aacute;s. &iexcl;Jajaja!<\/p>\n<p>&mdash;Lo entiendo. En verdad me alegra que todo se le solucione a Martha.<\/p>\n<p>&mdash;Pues ojala tengas raz&oacute;n. Deben estar por llegar a consulta. Debo dejarte y prepararlo todo. Ha sido grato saludarte. Un besote tesoro m&iacute;o y espero que no pierdas tu compostura cuando conozcas esa oficina. Hasta pronto coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>Me sent&iacute; contento y tranquilo al saber que la conversaci&oacute;n con mi esposa hab&iacute;a fructificado y que ese beso entre ellos dos, aunque no me agradara, consigui&oacute; finalmente su objetivo. Y me dediqu&eacute; a buscar nuevos negocios, en el lugar que pocos sol&iacute;an mirar&hellip; Los peri&oacute;dicos y las noticias econ&oacute;micas. Sonriente sobre mi escritorio abr&iacute; las p&aacute;ginas de la secci&oacute;n que me interesaba, ya dejar&iacute;a que Almudena se encargara de recomponerles el camino.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>Mir&eacute; hacia la pared, a la izquierda de mi escritorio, justo encima de la fotocopiadora el circular reloj de tablero negro y n&uacute;meros plateados. Quince minutos faltaban para la hora de salida y yo sin saber de &eacute;l. Ni llamadas, tampoco mensajes. Estaba inquieta y deseosa de hablar con mi jefe, conocer por su boca los motivos de su ausencia.<\/p>\n<p>Amanda recibi&oacute; una llamada y s&iacute;, por sus gestos apresurados y nervioso tartamudeo en sus respuestas, comprend&iacute; que era don Hugo. &iquest;Por qu&eacute; a ella s&iacute; y a m&iacute; no? Mi compa&ntilde;era se dirigi&oacute; hasta la oficina de nuestro jefe, permaneci&oacute; poco tiempo dentro y regres&oacute; de nuevo, ya m&aacute;s calmada y con su m&oacute;vil en la mano. Y yo muri&eacute;ndome de ganas por saber de qu&eacute; se trataba y de que hab&iacute;an hablado. Estuve a punto de preguntarle, cuando Magdalena se acerc&oacute; a mi escritorio hablando con alguien por su tel&eacute;fono y mir&aacute;ndome, tan solo le escuch&eacute; que confirmaba nuestra cita en aquel spa.<\/p>\n<p>&mdash;Se&ntilde;ora Silvia&hellip; &iquest;Necesita usted algo m&aacute;s o ya me puedo retirar? &mdash;Me pregunt&oacute; desde la puerta de la peque&ntilde;a cocina la se&ntilde;ora Dolores, ella siempre tan puntual, tan correcta y aun con su inmaculado delantal blanco sobre su uniforme gris.<\/p>\n<p>&mdash;Tranquila Dolores, ya te puedes cambiar e irte a descansar. Muchas gracias por todo y nos veremos ma&ntilde;ana si Dios nos lo permite. &mdash;Le respond&iacute; a lo cual ella, sonriendo tom&oacute; su bolso y se dirigi&oacute; hacia el ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno muchachas, el jefe no se apareci&oacute; hoy, as&iacute; que creo que podremos salir unos cinco minuticos antes y as&iacute; ganamos tiempo, que quiero llegar al piso y poner en orden la cocina que esta ma&ntilde;ana no alcanc&eacute;. &iexcl;Rodrigo ayer cocino! &mdash; Y levantando mis hombros con mi gesto de resignaci&oacute;n, les mencion&eacute; a mis dos compa&ntilde;eras, quienes sonrientes se dieron a la tarea de apagar sus equipos y organizar sus escritorios al igual que yo.<\/p>\n<p>Sobre las siete y media, al abrir el port&oacute;n de nuestro piso, me encontr&eacute; con mi esposo tirado en la alfombra de la sala, a cuatro patas con mi ni&ntilde;o sobre su espalda y debajo de el a mi hija, suplicando por socorro entre carcajadas y gritos de auxilio&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Mami, mamitaaa! Ayudaaa&hellip; &iexcl;Ayudaaa por favor! &mdash;Me suplicaba apoyo mi princesita.<\/p>\n<p>Mi peque&ntilde;o descabalg&oacute; con premura, la humanidad de mi esposo y corri&oacute; a mi encuentro, yo alcanc&eacute; a dejar en el piso mi bolso y los paquetes de las compras, para acogerlo entre mis brazos; y mi ni&ntilde;a por fin pudo evadir los ataques de los dedos de Rodrigo, causando mil cosquillas, escabull&eacute;ndose por entre sus piernas para buscar en m&iacute;, su ansiado amparo y Rodrigo, sonriente y rojo como un tomate por el esfuerzo, de rodillas tambi&eacute;n vino hacia m&iacute; y me rode&oacute; las piernas con sus brazos, besando mi vientre y un poquit&iacute;n m&aacute;s abajo.<\/p>\n<p>Esos recibimientos ciertamente eran la mejor manera de agradecer a la vida por mi familia y su amor hac&iacute;a m&iacute;, aunque poco despu&eacute;s de cambiarme la ropa y colocarme el pijama, tuviera que salir yo a recoger la monta&ntilde;a de sus juguetes, levantar el desorden de crayolas, rotuladores y hojas sueltas; revisar con ellos posteriormente sus deberes. Mientras mi esposo adecentaba el mes&oacute;n de la cocina, lavaba la vajilla y luego se acomodaba en el comedor para con documentos en mano, sumergirse en su ordenador y alistar algunas propuestas comerciales para los pr&oacute;ximos d&iacute;as.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno mi vida&hellip; &iquest;Y c&oacute;mo te fue hoy? &mdash;Le pregunt&eacute; despu&eacute;s de cenar y acostar a los ni&ntilde;os, qued&aacute;ndonos por fin solos, yo recostada en el sof&aacute; revisando en mi m&oacute;vil las redes sociales y Rodrigo sentado a la mesa, absorto en su port&aacute;til.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Todo normal! &mdash;Me respondi&oacute; sin levantar la mirada de la pantalla y nos quedamos en silencio, disfrutando de una noche despejada y el ambiente entre los dos en calma.<\/p>\n<p>Al parecer, Rodrigo estaba tan concentrado en sus quehaceres que no repar&oacute; en mi nuevo peinado, ni en el dorado color de mi piel, lo cual ciertamente me molest&oacute; un poco. Mucho menos me dijo nada acerca de verme llegar con dos paquetes adicionales. Revisando las redes sociales pude ver una solicitud de amistad nueva de una mujer que yo no conoc&iacute;a, por supuesto no le di importancia y la dej&eacute; pasar. Me interesaba m&aacute;s averiguar por el estado de mi jefe, pero aquella noche tambi&eacute;n segu&iacute; sin mensajes ni notas de voz de su parte. Me aburr&iacute;a, por lo cual era mejor ponerme manos a la obra.<\/p>\n<p>&mdash;Voy a alistar la ropa para el viaje. &iquest;Quieres venir a ayudarme a escoger? &mdash;Le habl&eacute; a mi esposo cari&ntilde;osamente, pero Rodrigo tal vez no me escuch&oacute;, por lo tanto alc&eacute; mis hombros en se&ntilde;al de resignada queja, y obviamente tampoco mi marido se percat&oacute; de ello. O sencillamente no le import&oacute;.<\/p>\n<p>En silencio me dirig&iacute; a la habitaci&oacute;n para luego de abrir las puertas del armario, sentarme en la cama y pensar que ropa ser&iacute;a m&aacute;s adecuada y me fij&eacute; en el vestido plateado, el que mi amiga Magdalena hab&iacute;a dicho que me quedar&iacute;a genial para la inauguraci&oacute;n y que yo cre&iacute;a que era demasiado sensual para esa celebraci&oacute;n. &iexcl;Dud&eacute;!<\/p>\n<p>Haciendo un esfuerzo, me puse en puntas de pie y alcanc&eacute; de la parte superior el trolley mediano para empacar all&iacute; mis cosas. Sola y en silencio, abr&iacute; los cajones, escog&iacute; con detenimiento mi ropa interior, tres bragas casi nuevas, tambi&eacute;n un par de tangas brasileras, dos sostenes blancos de encaje y de una de las bolsas, el juego de lencer&iacute;a nuevo que Magdalena me hab&iacute;a regalado para la ocasi&oacute;n. De color negro el conjunto, transparencias y encajes muy sexys lo adornaban. Ese tambi&eacute;n lo guard&eacute; en el malet&iacute;n de viaje. Y el vestido nuevo, que ven&iacute;a en la segunda bolsa, ese lo colgu&eacute;. Y de mi esposo nada. No escuchaba ni un suspiro, lo imaginaba all&iacute; en el comedor solo, y con sus dedos, el teclear en su computadora.<\/p>\n<p>&laquo;Buenos d&iacute;as amor, tengo que salir ya. Voy a hacer una correr&iacute;a fuera de la ciudad. Visitar&eacute; algunas industrias y no quiero que me coja la tarde. Antes de que preguntes&hellip; &iexcl;No! en esta ocasi&oacute;n voy solo, sin compa&ntilde;&iacute;as. Que tengas bonito d&iacute;a y m&aacute;s tarde hablamos. Te amo. Besitos a los ni&ntilde;os. Por cierto, quedaste preciosa con ese tono dorado en tu piel&raquo;.<\/p>\n<p>Eso fue todo, una nota escrita sujetada de la puerta del refrigerador. Ni lo sent&iacute; acostarse y mucho menos levantarse a la madrugada. &iquest;Tan cansada estaba? &iexcl;Se march&oacute; sin darme yo cuenta! Pero Rodrigo si puntualiz&oacute;, el cambio en mi color.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>Un nuevo d&iacute;a comenzaba, un mi&eacute;rcoles diferente sin ir a la reuni&oacute;n de ventas, pero acordado anticipadamente con mi jefe, ya que me apremiaba sentirme sin negocios y ver como se vaciaban de a pocos mis bolsillos. Unas nuevas instalaciones lecheras de una f&aacute;brica en expansi&oacute;n, dos empresas de construcci&oacute;n iniciando proyectos de vivienda en una poblaci&oacute;n cercana y medio tanque de combustible en mi Mazda, que esperaba yo y me alcanzara para el recorrido.<\/p>\n<p>Dorm&iacute; apenas cuatro horas la noche anterior, preocupado por redactar bien las tres ofertas, presupuestos y formas de pago diversas, cat&aacute;logos listos, mi mejor traje de pa&ntilde;o para la batalla de las preguntas, las objeciones, los &laquo;No lo necesito&raquo; o los &laquo;Ya tengo de esos&raquo;. Todas esas frases tan acostumbradas y a las que ya estaba tan familiarizado. Debatir, argumentar y crear las necesidades. Un &iexcl;No! despu&eacute;s de entrar y recibido con una sonrisa de mi parte, era una puerta a medio abrir para m&iacute;. &iexcl;Y s&iacute;! C&oacute;mo me lo hab&iacute;a recalcado Silvia, con el tema de aquel beso que a ella no le supo a nada, cargaba yo encima con mis suvenires, para conseguir al menos una risita y un&hellip; &iexcl;De pronto m&aacute;s adelante! Sombrillas, gorras, llaveros, bol&iacute;grafos, etc. Todo listo para una nueva aventura comercial e intentar cerrar los tratos.<\/p>\n<p>Cuarenta y cinco minutos a buen ritmo, m&uacute;sica de Toto, Sting, Aerosmith, The Cranberries y por supuesto, &laquo;Don&rsquo;t Let it End&raquo; de Styx, cant&aacute;ndola casi entre susurros para antes de llegar a Las Vegas, al sureste de Madrid detenerme unos momentos y por desayuno, solicitar un caf&eacute; en la primera gasolinera que encontr&eacute;, poco antes de llegar a la poblaci&oacute;n. Obviamente acompa&ntilde;ado de un cigarrillo y a esperar una hora m&aacute;s adecuada. &laquo;Al que madruga, Dios le ayuda&raquo;. Reza el dicho popular. Y de paso pensar un poco en Paola, recordar la sorpresa de aqu&eacute;l primer beso, en el disfrute apasionado del segundo, como no. Y si yo, como hombre ante una mujer hermosa lo sent&iacute;, con seguridad el jefecito tambi&eacute;n disfrut&oacute; de los labios suaves y tiernos de mi esposa. Pero&hellip; &iquest;Y Silvia? Hummm, no lo sabr&iacute;a hasta tiempo despu&eacute;s.<\/p>\n<p>Pasada una media hora, me apostaba ante la primera puerta en espera de lograr atrapar aquella ma&ntilde;ana, la inicial de las presas.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>Apurada oprim&iacute; el bot&oacute;n del d&eacute;cimo piso, temprano a&uacute;n, me hall&eacute; sola en aquellos escasos y claustrof&oacute;bicos metros cuadrados, que en su suave ascender, me causaban como era lo usual en m&iacute;, un poco de v&eacute;rtigo. Las puertas se abrieron y all&iacute; como siempre ya me esperaba la se&ntilde;ora Dolores.<\/p>\n<p>&mdash;Buenos d&iacute;as se&ntilde;ora Silvia. &mdash;Buenos d&iacute;as tenga usted, Dolores. &iquest;Si descans&oacute; bien? Y le di un abrazo, para proceder a desactivar la alarma y abrir la puerta para comenzar la matinal jornada.<\/p>\n<p>&mdash;Le voy a ir preparando su t&eacute; y el caf&eacute; para don Hugo. Me dijo amablemente, ingresando ella a la cocina y yo, retir&aacute;ndome el abrigo y colg&aacute;ndolo de la percha junto a mi mediano bolso.<\/p>\n<p>A los cinco minutos llegaron ellas, Amanda y Magdalena, sonrientes y casi enseguida, un elegante y formal &laquo;ogro&raquo;, quien saludando cordial a las all&iacute; presentes, me dirigi&oacute; una mirada con la que comprend&iacute; que necesitaba hablar conmigo, en privado.<\/p>\n<p>&mdash;Buenos d&iacute;as Don Hugo, ya le est&aacute;n preparando su caf&eacute;. En un momento se lo lleva la se&ntilde;ora Dolores. &mdash;Le dije en frente de mis compa&ntilde;eras, &ndash;disimulando mis ganas de enterarme el motivo de su ausencia el d&iacute;a anterior&ndash; para luego dirigirse &eacute;l, muy orondo hacia su oficina, sin responder.<\/p>\n<p>Algunos minutos pasaron y ya ten&iacute;a sobre mi escritorio mi taza de humeante t&eacute; verde, lo que supon&iacute;a que mi jefe en el suyo, tendr&iacute;a ya su caf&eacute;. No me llamaba por el interno ni a los gritos, aunque le pod&iacute;a escuchar hacer varias llamadas y posteriormente, salir de su oficina para dirigirse por el pasillo hasta los elevadores, pero tom&oacute; por las escaleras para ir al piso de la direcci&oacute;n general. Actuaba muy extra&ntilde;o conmigo. &iquest;O era solo mi impresi&oacute;n?<\/p>\n<p>En fin, que a media ma&ntilde;ana cerca de las diez, poco antes de llamarle, recib&iacute; varios mensajes de texto. Eran de Rodrigo avis&aacute;ndome que terminaba de realizar su primera entrevista y que desafortunadamente no hab&iacute;a conseguido nada. Adjunt&oacute; dos o tres fotos del lugar donde estaba y en el pen&uacute;ltimo texto, me confirmaba que en breve, saldr&iacute;a para otro lugar distante una hora aproximadamente, una f&aacute;brica en Toledo. Finalizaba el siguiente con &laquo;Te qued&oacute; precioso el cabello con ese alisado. Te hace un rostro m&aacute;s juvenil&raquo; y luego un gran coraz&oacute;n rojo con un&hellip; &iexcl;Te amo mi vida! Qu&eacute; alegr&oacute; mi coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Silvia tesoro&hellip; &iquest;Por qu&eacute; tan risue&ntilde;a, si se puede saber? &mdash;Me pregunt&oacute; resuelta Magdalena y de inmediato Amanda tambi&eacute;n se gir&oacute; en su silla, pendiente de mi respuesta.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Solamente el amor, ni&ntilde;as! La fortuna de tener a mi lado a un hombre tan especial. &mdash;Y les cont&eacute; que por la noche mi esposo no hab&iacute;a reparado en mi cambio de look, y por ese motivo me hab&iacute;a sentido contrariada, pero que hoy me hab&iacute;a piropeado, vanagloriando mi belleza, o sea que s&iacute;, que lo hab&iacute;a notado y solo por estar muy ocupado, se le hab&iacute;a olvidado comentarlo. Y les sonre&iacute; muy dichosa, d&aacute;ndoles la espalda para continuar con mis labores.<\/p>\n<p>Sobre el medio d&iacute;a, minutos antes de salir con mis amigas, regres&oacute; don Hugo a la oficina y en un tono serio me dijo delante de ellas que me invitaba a almorzar para ultimar los detalles del viaje. Magdalena, moviendo su mano derecha con sus dedos agit&aacute;ndolos en el aire, se despidi&oacute; en un sonriente silencio, arrastrando consigo del antebrazo a una sorprendida Amanda. Se adelantaron a mi jefe y a m&iacute;, tomando con rapidez uno de los elevadores que abrieron sus puertas como por arte de magia, casi colmado de personas que tambi&eacute;n saldr&iacute;an de la torre en busca de algo que comer.<\/p>\n<p>&mdash;Y bien je&hellip; Hugo, perd&oacute;n. &iquest;A d&oacute;nde me piensa llevar esta vez? &mdash;Le dije mientras me abrochaba el cintur&oacute;n de seguridad y dejaba en el piso a la izquierda de mis pies, mi bolso.<\/p>\n<p>&mdash;La verdad que no muy lejos, tengo una cita en la tarde, la segunda entrevista con la terapeuta. &mdash;Me respondi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; bien! Entonces qu&eacute; le parece si almorzamos algo r&aacute;pido, como un buen s&aacute;ndwich de at&uacute;n o de pollo, de pronto se antoje usted de un wrap de pavo y vegetales frescos. Claro que tambi&eacute;n podr&iacute;amos pedir unas patatas horneadas que son una delicia. Y queda un local por aqu&iacute; cerca a escasos minutos en auto. &iquest;Le parece? Le coment&eacute; mi opci&oacute;n y mi jefe para nada se opuso, sonri&eacute;ndome por primera vez ese d&iacute;a. Nos atendieron afortunadamente con rapidez y pedimos para llevar, meti&eacute;ndonos entre risas dentro de su auto con nuestros almuerzos, y all&iacute; en el parking empec&eacute; con el interrogatorio.<\/p>\n<p>&mdash;A ver Hugo, me ha ignorado toda la ma&ntilde;ana y de ayer ni hablemos. Me tiene enojada. &mdash;Le dije d&aacute;ndole luego, la primer mordida al s&aacute;ndwich de tocino y salsa BBQ.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Est&aacute;s que te mueres por saber! &iquest;No es verdad? &mdash;Me respondi&oacute; sereno pero sus labios se fueron estirando, formando un leve arco que termin&oacute; en una amplia sonrisa.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Jajaja! &iquest;Tanto se me nota? &mdash;Le contest&eacute;, metiendo en mi boca la mitad de una patata horneada.<\/p>\n<p>&mdash;Te lo voy a contar pero despu&eacute;s de almorzar. Tengo mucha hambre. &mdash;Y mi jefe abri&oacute; su boca cual tibur&oacute;n dispuesto dar la gran mordida, dej&aacute;ndome completamente en ascuas.<\/p>\n<p>Terminamos a la par y con las botellas de refresco en las manos, descendimos del auto, y me ubiqu&eacute; recostada sobre la cajuela tomando un cigarrillo y don Hugo, presto a mi necesidad, tom&oacute; de mi mano el rosado encendedor y &eacute;l me ofreci&oacute; fuego, para posteriormente decidirse a hablar.<\/p>\n<p>&mdash;Haber, como te lo promet&iacute;, al llegar a casa le dije a Martha que deb&iacute;amos hablar. Con tus palabras en mi mente, le dej&eacute; que ella se expresara y lo primero que hizo, fue pedirme de nuevo perd&oacute;n. Honestamente le dije que ser&iacute;a dif&iacute;cil para m&iacute; olvidarlo todo, hacer como si no hubiese sucedido nada y que tal vez deber&iacute;amos acudir a alg&uacute;n especialista, si quer&iacute;amos salvar nuestro matrimonio. Se puso feliz, mucho. Habl&oacute; con su amiga la divorciada, que es una reputada terapeuta. &mdash;Y me re&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Jajaja! Espere, espere Hugo. &iquest;Me est&aacute; diciendo que lo va a tratar una mujer que es especializada en temas de parejas pero que no fue capaz de sostener su propio matrimonio y para rematar es amiga de su esposa? Jejeje. &iexcl;Pero por Dios!&#8230; &iquest;Est&aacute; usted tom&aacute;ndome del pelo? &iexcl;Es una broma! &iquest;Cierto Hugo? &mdash;Pero mi jefe solo levant&oacute; sus hombros y neg&oacute; con su cabeza de izquierda a derecha.<\/p>\n<p>&mdash;Para nada mi &aacute;ngel. Todo lo que te digo es verdad. Almudena es una amiga de mi mujer desde hace muchos a&ntilde;os. Pero tienes raz&oacute;n en que es muy raro tener que hablar de&hellip; Mis cosas con ella. Es absurdo, lo s&eacute;. Pero al menos ayer pude expresarle a ella y a mi esposa, todo lo que siento, lo que Martha me hizo sufrir. Siempre contigo en mi mente, continuamente con tus palabras presentes, habl&eacute; de frente, y creo que me sirvi&oacute;. Pero no puedo decirte mucho m&aacute;s, lo lamento. &mdash;Y me qued&eacute; pensando en lo dif&iacute;cil que habr&iacute;a debido ser para mi jefe, explicar su temor para volver a la intimidad con su esposa y por supuesto en ese&hellip; &laquo;Siempre contigo en mi mente&raquo;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y ya durmieron juntos? &mdash;Me dio por preguntarle y pude observar como esquivaba mi mirada y agachando su cabeza me respondi&oacute; con algo de timidez.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, pero no es como lo imaginas. Yo&hellip; Dormimos en la misma cama pero sin ning&uacute;n tipo de contacto o alguna clase de acercamiento por parte de mi esposa. M&aacute;s que nada lo acordamos para no afectar a nuestros hijos. &mdash;Bueno Hugo, me alegra. Le respond&iacute;. Y a continuaci&oacute;n le expres&eacute;&hellip; &laquo;Algo es algo y peor es nada&raquo;, dec&iacute;a mi abuelo.<\/p>\n<p>&mdash;Es un comienzo y en serio que me alegro por usted y su se&ntilde;ora. Y por sus peque&ntilde;os ya que se merecen tener una familia feliz y completa. Entonces Hugo&hellip; &iquest;Tiene usted otra sesi&oacute;n esta tarde? &mdash;Le pregunt&eacute; finalmente.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; es Silvia. Debo recoger a Martha en el gimnasio y de all&iacute; salimos hacia el consultorio. Pero ma&ntilde;ana pasar&eacute; a recogerte temprano, para irnos al aeropuerto y tomar el vuelo. Ya Amanda tiene coordinado todo. No se te olvide solicitarle la informaci&oacute;n y realizar el Check-in en la aerol&iacute;nea esta tarde, y que Magdalena tramite con la administrativa los vi&aacute;ticos. Ahhh, Silvia&hellip; &iquest;T&uacute; necesitas algo de dinero para hacer compras? P&iacute;deme lo que necesites, con tranquilidad. &mdash;Me manifest&oacute;, apostando sus fuertes manos sobre mis hombros y esa vez s&iacute;, sin dejar de mirarme con el apacible gris de sus ojos.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>Fatigado arrib&eacute; al piso, mi esposa Silvia se encontraba duchando a mis dos peque&ntilde;os y debido tal vez a su algarab&iacute;a, no escucharon ni el chirrido de las bisagras ni mis pasos sobre el piso laminado. Encima del mes&oacute;n de la cocina dej&eacute; la bolsa de papel con los cinco aguacates Hass que hab&iacute;a adquirido en la nueva tienda de frutas. Sobre la mesa del comedor un plato pando de cer&aacute;mica, cubr&iacute;a boca abajo a su similar y al levantarlo, &ndash;caliente a&uacute;n&ndash; una buena porci&oacute;n de arroz chino. A su lado la agridulce salsa roja y un tenedor de madera.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hola mi amor! La sorprend&iacute;, abraz&aacute;ndola por detr&aacute;s. &iquest;Y mis terremotos c&oacute;mo est&aacute;n? &iquest;Muchas aventuras hoy? &mdash;Los salud&eacute; con un beso en sus mejillas y a mi mujer con uno algo casto en su boca.<\/p>\n<p>Ayud&eacute; a Silvia a secarlos e ir coloc&aacute;ndoles sus pijamas y luego en su habitaci&oacute;n luego de leerles una corta fabula de Rafael Pombo, los fui dejando a cada uno, pl&aacute;cidamente dormidos. Silvia organizaba la cocina y yo cansado, opt&eacute; por una reparadora ducha. Al salir del ba&ntilde;o, la encontr&eacute; trasteando nuestro trolley plateado hasta la sala y sent&iacute; un vac&iacute;o en la boca del est&oacute;mago.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Mi amor! Estar&eacute; bien, no te preocupes. &mdash;Me dijo ella al verme parado bajo el arco del pasillo que conduc&iacute;a a las habitaciones. Y yo&hellip; &iquest;Yo me quedar&iacute;a bien y tranquilo?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no has comido? No tienes hambre o&hellip; Lo siento precioso, pero no tuve tiempo ni ganas de preparar comida. Estoy muy nerviosa cari&ntilde;o. &mdash;Me dijo mientras me abrazaba y recostaba su cabeza sobre mi hombro izquierdo.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que me siento igual que t&uacute; y he perdido el apetito. &iquest;Quieres un traguito de aguardiente o una cerveza? Y as&iacute; me acompa&ntilde;as, que tengo deseos de fumar en el balc&oacute;n para calmar los nervios. &mdash;Le pregunt&eacute; y Silvia amorosa, me bes&oacute; en el cuello y acarici&aacute;ndome la espalda se separ&oacute; de m&iacute;, camin&oacute; hasta la cocina y abriendo el refrigerador, tom&oacute; la botella de aguardiente que estaba a medias.<\/p>\n<p>Del estante superior, agarr&oacute; dos copas peque&ntilde;as de cristal y sobre la mesa del comedor, las llen&oacute; casi hasta desbordar el cristalino y frio l&iacute;quido.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Te amo mucho! &iquest;Lo sabes, no es verdad? &mdash;Me lo dijo con mucha suavidad, pero a su vez con pasos firmes se posicion&oacute; a mi costado, retirando de mi boca el cigarrillo y entreg&aacute;ndome una de las copas. Y bebimos haciendo sonar antes, suavemente el cristal al chocar las copas como si festej&aacute;ramos su partida.<\/p>\n<p>&mdash;Lo s&eacute;, mi amor. Me vas a hacer mucha falta y a los ni&ntilde;os tambi&eacute;n. &iquest;Quieres que te lleve al aeropuerto?&mdash;Le pregunt&eacute; con algo de tristeza en el tono de mi voz.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Y ustedes a m&iacute; tambi&eacute;n! Y no mi amor, no es necesario. Don Hugo pasar&aacute; a recogerme muy temprano. No pongas esa carita mi vida, que me duele. S&eacute; bien que me echaras de menos, pero el s&aacute;bado mi cielo, antes del atardecer ya estar&eacute; por aqu&iacute;. &mdash;Y acariciando mi ment&oacute;n, pos&oacute; su boca sobre la m&iacute;a y sin dejar de mirarnos, nos fundimos los dos en un beso intenso, demostr&aacute;ndonos nuestro gran amor, pero los dos al tiempo, inevitablemente, tembl&aacute;bamos por dentro.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Vamos adentro ya, mi vida! Ven y hazme el amor. &mdash;Me dijo con intranquila seducci&oacute;n y yo d&oacute;cil ante su propuesta, espant&eacute; el humo azul abanicando el aire con mi mano y engatillando mi dedo medio contra el pulgar, dispar&eacute; la colilla hacia el vac&iacute;o, en la profunda oscuridad de aquella noche madrile&ntilde;a.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Mi amor, ya lleg&oacute; a recogerme. Cu&iacute;date mucho y a mis chiquitines tambi&eacute;n. &iexcl;Los amo! &iexcl;Te adoro! Y te echar&eacute; de menos. &iexcl;Ll&aacute;mame amor!&#8230; Ll&aacute;mame siempre cuando quieras, cuando yo te haga falta, que no importa lo que est&eacute; haciendo, te responder&eacute;. Qu&eacute;date tranquilo, y conf&iacute;a en m&iacute;, que yo tambi&eacute;n confiar&eacute; en ti. Eso s&iacute; mi vida, ya sabes&hellip; &iexcl;Tu p&oacute;rtate bien! Jajaja. Si necesitas algo con urgencia, habla con mi madre. &iexcl;Te amo mucho!<\/p>\n<p>Y con un beso, culmin&eacute; mi despedida e hice rodar el trolley sobre el piso de cer&aacute;mica del pasillo hasta el ascensor y desde all&iacute; pude ver como Rodrigo, de pie junto a la puerta, miraba hacia la entrada con una mezcla de tristeza y preocupaci&oacute;n, donde el auto negro de mi jefe estacionado, me esperaba.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Nerviosa? &mdash;Me pregunt&oacute; don Hugo al ingresar al blanco avi&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Y como no estarlo! le respond&iacute; mientras le segu&iacute;a por el pasillo. &mdash;Si dentro de poco voy a estar sufriendo con este vuelo. No s&eacute; c&oacute;mo acepte venir, en serio. &iexcl;Soy una est&uacute;pida!<\/p>\n<p>Y &eacute;l prestando atenci&oacute;n, busc&oacute; con su mirada de plenilunio nuestras sillas, que para fortuna m&iacute;a, se hallaban en el centro de la cabina bien alejadas de las ventanillas, en la secci&oacute;n de Business Class de aquel 737-800. A pesar de que se ve&iacute;an sumamente c&oacute;modas, la forma en &laquo;V&raquo; se me hizo demasiada intima por la cercan&iacute;a entre mis piernas y las suyas. Sin embargo una delgada divisi&oacute;n a la altura de los hombros, lograba en parte ofrecer algo de privacidad con respecto a mi jefe. La secci&oacute;n nuestra no estaba al completo y solamente a mi izquierda, viajaba una pareja de j&oacute;venes. Ella muy rubia y el muchacho, bien moreno.<\/p>\n<p>A la derecha de mi jefe, nadie ocupaba las dos plazas. Por equipaje de mano no llevaba encima m&aacute;s que mi bolso grande de charol y el malet&iacute;n con el port&aacute;til y dos folders con alguna informaci&oacute;n. Los acomod&eacute; en el mueble que ten&iacute;a frente a m&iacute;, debajo de la apagada pantalla. El movimiento del avi&oacute;n sobre la pista, el atronador bramido de los motores m&aacute;s la inclinaci&oacute;n s&uacute;bita y el cabeceo de la cabina, me produjo la tan acostumbrada sensaci&oacute;n de v&eacute;rtigo y el p&aacute;nico se apoder&oacute; de m&iacute;, provocando que cerrara mis ojos y con fuerza me aferrara de la mano izquierda de don Hugo, lastim&aacute;ndolo sin querer por el largo de mis u&ntilde;as.<\/p>\n<p>&mdash;No temas, esto pasar&aacute; como en un suspiro, mi &aacute;ngel. &iexcl;Ya lo veras! &mdash;Con sus palabras pretend&iacute;a darme valor pero yo ni le prest&eacute; atenci&oacute;n hasta que sent&iacute; como nos inclin&aacute;bamos y el avi&oacute;n elev&aacute;ndome junto a &eacute;l del suelo, tomaba distancia alej&aacute;ndome de mis amores.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te encuentras bien? &iquest;Deseas tomar algo? &iquest;Agua? &iquest;O tal vez un poco de licor? &mdash;Muy atento y cordial, don Hugo intent&oacute; calmarme, lo que despu&eacute;s de unos minutos sucedi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Agua podr&iacute;a ser, muchas gracias. &mdash;Y cuando la azafata se aproxim&oacute;, mi jefe le inform&oacute; sobre mi nervioso estado y la necesidad de beber un poco de agua.<\/p>\n<p>Amanda me hab&iacute;a informado de la duraci&oacute;n de aquel vuelo, poco m&aacute;s de dos horas si no suced&iacute;a nada anormal. Don Hugo recibi&oacute; la botellita de agua mineral y me la entreg&oacute; colabor&aacute;ndome en destaparla. Beb&iacute; y le ofrec&iacute;. El tambi&eacute;n dio dos sorbos y luego la cerr&oacute;. Le mir&eacute; y sonre&iacute; agradecida.<\/p>\n<p>Aprovechando la calma en las alturas, port&aacute;til en mano debatimos la estrategia de marketing para encausar las diferentes l&iacute;neas de comunicaci&oacute;n y mercadeo entre las diversas compa&ntilde;&iacute;as del holding. Don Hugo presentar&iacute;a ante los socios en Tur&iacute;n, algunas estrategias y nuevos caminos para consolidarlas y ejercer un mejor control y rendimiento financiero. Se har&iacute;an algunos cambios, reacomodando actividades en el personal y evitando en lo posible, la p&eacute;rdida de puestos de trabajo. Por el contrario, nuestras propuestas incentivar&iacute;an la generaci&oacute;n de empleos tanto directos y por supuesto, varios indirectos. Ten&iacute;amos mucho trabajo por desarrollar entre tan variados frentes de trabajo. Refacciones para autos, nav&iacute;os y tambi&eacute;n el sector agroindustrial, sin olvidar las empresas vin&iacute;colas y una curiosa inversi&oacute;n por parte del padre de Francesco, que de manera privada nos hab&iacute;a encomendado revisar.<\/p>\n<p>Nuevamente la azafata se acerca a nosotros dos, se le ilumina su bonito rostro con una sonrisa y nos indica que estamos listos para aterrizar. Organizamos todo de nuevo y pens&eacute; en como &laquo;vuela el tiempo&raquo;, cu&aacute;ndo la mente se ocupa. Y de nuevo ajust&eacute; mi cuerpo contra el mullido sill&oacute;n con el cintur&oacute;n y de regreso yo, a mi temido suplicio. Me encomend&eacute; a Dios y a la Virgen, por supuesto tambi&eacute;n mir&eacute; a don Hugo y con honesta necesidad, le ped&iacute; que estrechara mi mano con fuerza. El de manera cari&ntilde;osa y atenta, la acarici&oacute; y aprovech&oacute; de paso para darme un beso paternal en mi frente. Vibraciones, movimientos bruscos. &iexcl;Agacho mi cabeza! Un golpe seco que se escucha y aprieto con mayor fuerza la mano que me auxilia y mis piernas, rodilla contra rodilla, aguantando mis repentinas ganas de orinar. Otro golpe despu&eacute;s y en un instante todo ces&oacute;. &iexcl;Tur&iacute;n, estoy aqu&iacute; por fin! Me habl&eacute; a m&iacute; misma, agradecida por estar de nuevo en tierra. Y mi jefe&hellip; &iexcl;Feliz! Sin privarme de su tibieza, no retir&oacute; ni un segundo, mi mano de la suya hasta que finalmente se detuvo aquel &laquo;Unicornio Volador&raquo;.<\/p>\n<p>Recorrimos sin premura, los amplios pasillos del aeropuerto, maravillada yo de tanta tranquilidad pues a esas tempranas horas, no ese encontraba muy concurrido. Una mujer de cabello negro y muy lacio, joven y elegante, agitaba un cartel con el nombre de mi jefe y sus apellidos en el hall de llegadas. Miraba en varias direcciones hasta que por sorpresa don Hugo a su costado, la salud&oacute; en un correcto italiano.<\/p>\n<p>La joven italiana despu&eacute;s de asimilar su sobresalto, sonriente le estrech&oacute; la mano y se present&oacute; hablando en un esmerado espa&ntilde;ol, aunque con algo de acento al final que se me antojo muy dulce y tierno.<\/p>\n<p>&mdash;Buenos d&iacute;as se&ntilde;or B&aacute;rcenas y Esguerra. &iquest;Se&ntilde;oraaa?&hellip; &mdash;Silvia, preciosa. &iexcl;Simplemente Silvia! Me apresur&eacute; a presentarme.<\/p>\n<p>Le di un r&aacute;pido vistazo a la bella joven. Rostro ovalado, primorosamente maquillada, ojos avellanas preciosos y vivaces, cejas perfectamente delineadas y ligeramente arqueadas. Rectil&iacute;nea y perfilada su nariz y boca no muy grande, con labios gruesos y brillantes por el carm&iacute;n de su pintalabios. Sus dientes perlados y bien alineados, los exhib&iacute;a abiertamente con su juvenil sonrisa. Varios cent&iacute;metros m&aacute;s alta que yo, destacaba en su mano derecha un tatuaje de una colorida rosa, con gotitas rojas alrededor y un brazalete dorado, ancho y forjado. Falda de un solo tono azul petr&oacute;leo de polyester y acampanada hasta una cuarta por encima de sus rodillas, con el&aacute;stico en la cintura.<\/p>\n<p>La blusa blanca con delgadas franjas transversales rojas que permit&iacute;an al buen observador, detectar por debajo de aquella suave tela, el estilo de su delicado brassier de encaje, sin privarle para nada de la libertad de movimiento de unos senos de mediana talla y un blazer rojo tipo sastre con solapas, bolsillos verticales y por cierre un solo bot&oacute;n. Unos preciosos botines de piel negros con cremallera al lado, lustrosos tanto que, al contraste de la luz artificial, mostraba visos rojos y naranjas en las formas geom&eacute;tricas de la imitaci&oacute;n de piel de cocodrilo. Cintura estrecha, vientre plano y de amplias caderas, toda su piel tan blanca como la m&iacute;a; obviamente seriamos muy parecidas, casi pasar&iacute;amos por familiares, pero ella no ten&iacute;a como yo, el dorado canela que me hab&iacute;an otorgado las dos sesiones de tanning en el spa.<\/p>\n<p>&mdash;Encantada, mi nombre es Antonella y ser&eacute; su asistente se&ntilde;ora Silvia. Bienvenida a Tur&iacute;n. Lo que necesite me lo pide y lo obtendr&aacute;. Y obviamente para usted se&ntilde;or&hellip; &mdash;Y mi jefe sonri&eacute;ndole y retirando su mano, de la blanca y delicada de la joven mujer, se le adelant&oacute; al igual que yo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hugo! Solamente ll&aacute;meme Hugo. &mdash;Le respondi&oacute; mi jefe y despu&eacute;s de aquel recibimiento, Antonella tom&oacute; mi equipaje y se adelant&oacute; unos pasos por delante de nosotros, dirigi&eacute;ndose hacia la salida.<\/p>\n<p>Fuera nos esperaba un auto de cuatro puertas y color rojo bermell&oacute;n, con los vidrios bastante oscurecidos. Ella, control en mano, abri&oacute; la cajuela y deposit&oacute; mi trolley y el equipaje de mi jefe tambi&eacute;n. Abri&oacute; las puertas traseras y de manera muy cordial, me ayud&oacute; a subir al coche. Don Hugo lo hizo por el lado contrario y Antonella, subi&eacute;ndose en el puesto del piloto, nos pregunt&oacute; mir&aacute;ndonos por el espejo retrovisor con sus hermosos ojos avellana&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Al hotel primero? La reuni&oacute;n ser&aacute; en hora y media. Tal vez deseen darse una ducha y dejar sus cosas all&iacute;. &mdash;Don Hugo observ&oacute; la hora en su Rolex dorado y le respondi&oacute; con seriedad&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Mejor directo a las oficinas y despu&eacute;s miramos lo del hotel. Debemos preparar la presentaci&oacute;n y los informes para los socios. &mdash;Y Antonella, de manera diligente, puso en marcha el motor y gui&ntilde;&aacute;ndome un ojo, le respondi&oacute; a mi jefe&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&laquo;Come desidera, signore&raquo;. Se&ntilde;ora Silvia, aqu&iacute; est&aacute; mi curr&iacute;culo para que por favor lo revise y si considera realizarme alguna entrevista, solo av&iacute;seme por favor. &mdash;Y me alcanz&oacute; un sobre amarillo para luego emprender el recorrido por la avenida. Mir&eacute; asombrada a mi jefe y &eacute;l solo atin&oacute; a alzar sus hombros y sonre&iacute;rse. Aprovech&eacute; el corto viaje, para tomar mi tel&eacute;fono m&oacute;vil y enviar un mensaje a mi esposo, avis&aacute;ndole de mi arribo a Tur&iacute;n e inform&aacute;ndole de que todo estaba bajo control, para que Rodrigo pudiera trabajar en paz.<\/p>\n<p>Minutos despu&eacute;s, nos encontramos en medio del tr&aacute;fico de las c&eacute;ntricas calles de esa encantadora ciudad y como ni&ntilde;a curiosa, observaba para uno y otro lado, preguntando fascinada y Antonella mi asistente, me respond&iacute;a enseguida aclarando mis inquietudes. Tur&iacute;n con sus adoquinadas plazas, casas de fachadas con piedra caliza, antiguas y muy divinas, edificios de poca altura, cuatro, cinco, seis pisos tal vez, y catedrales plenas de antigua belleza arquitect&oacute;nica, simplemente me convidaba a dejar el trabajo y salir a pasear. Emocionada, record&eacute; la solicitud de Magdalena y con el m&oacute;vil capturaba im&aacute;genes a diestra y siniestra, de todo aquello que me rodeaba. Las compartir&iacute;a m&aacute;s tarde, pens&eacute;, cuando tuviera alg&uacute;n momento de relax, quiz&aacute;s en la habitaci&oacute;n del hotel.<\/p>\n<p>Llegamos a un edificio bastante alto de con su fachada de cristal y descendimos por el subterr&aacute;neo hasta el cuarto nivel. Y con malet&iacute;n en mano y mi bolso colgado de mi hombro, seguimos los pasos de Antonella hasta la zona de los elevadores. Piso octavo y de nuevo la sensaci&oacute;n de vac&iacute;o en mi est&oacute;mago. Se abrieron las compuertas del ascensor y nos recibi&oacute; un amplio ambiente aromatizado, lavanda y alguno que otro c&iacute;trico, mandarina tal vez. De inmediato el personal dirigi&oacute; la atenci&oacute;n hacia nosotros, los reci&eacute;n llegados. Pero con igual rapidez prosiguieron en sus labores y nosotros hacia la derecha siguiendo la figura gr&aacute;cil de Antonella.<\/p>\n<p>&mdash;Por aqu&iacute; est&aacute; su oficina se&ntilde;ora Silvia. &mdash;Me dijo la bella italiana, sorprendi&eacute;ndome de nuevo, pues siempre se dirig&iacute;a a m&iacute;, obviando a mi jefe. Me caus&oacute; gran curiosidad pero despu&eacute;s a solas con ella, saldr&iacute;a de mis dudas.<\/p>\n<p>La oficina ten&iacute;a un gran ventanal que me regalaba la hermosa panor&aacute;mica de la ciudad, los techos de las casas muy por debajo y hacia el horizonte m&aacute;s all&aacute;, las hermosas cumbres nevadas de los Alpes. Dos amplios escritorios de translucido acr&iacute;lico, con sus respectivos computadores de pantallas anchas y planas. C&oacute;modas sillas de tapizado gris y ribetes rojos, alfombra del piso de pared a pared, de color cereza y la luz del techo proveniente de tres circulares plafones blancos de luz led. &iexcl;Y mi tel&eacute;fono son&oacute; y vibr&oacute;&iexcl; Y me hizo sentir muy feliz.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Amor? Mi vida preciosa&hellip; &iquest;C&oacute;mo est&aacute;s? &iquest;Andas ocupada ya? &mdash;Rodrigo amoroso y pendiente de mi llegada y yo, agradecida por su llamada.<\/p>\n<p>&mdash;Aun no, apenas llegamos a las oficinas. &iexcl;Mi vida, esto es muy hermoso! Y la vista que tiene la oficina es sencillamente espectacular. Le tomar&eacute; unas fotograf&iacute;as y te las enviar&eacute;. Vamos a organizar todo para la reuni&oacute;n con los directivos y despu&eacute;s nos iremos para el hotel.<\/p>\n<p>&mdash;Genial mi amor, disfr&uacute;talo mucho y l&uacute;cete en esa reuni&oacute;n, como siempre. &iexcl;Eres la mejor! Te adoro vida m&iacute;a. &iexcl;Cu&iacute;date mucho!<\/p>\n<p>&mdash;Gracias, precioso m&iacute;o. Tenemos que venir aqu&iacute; como sea con los ni&ntilde;os. Todo es hermoso y afortunadamente el vuelo no estuvo tan agitado. Todo marcha sobre ruedas mi vida. &iquest;Sabes una cosa?&#8230; Hasta tengo una asistente italiana muy preciosa y atenta, que no me va a desamparar. Despu&eacute;s te la presento si puedo&#8230; &iexcl;Y habla espa&ntilde;ol! &iquest;Mi amor?&hellip; Tengo que dejarte pero m&aacute;s tarde, te llamo. Un beso y que tengas bonito d&iacute;a. &iexcl;Te amo!<\/p>\n<p>Cuando me gir&eacute;, don Hugo que me observaba mientras yo hablaba, esquiv&oacute; r&aacute;pidamente mi mirada, pero en su rostro algo pude percibir. Quiz&aacute;s&hellip; &iquest;Envidia? Y de pronto casi a los gritos, a la oficina ingres&oacute; Francesco salud&aacute;ndonos efusivamente, junto a otro joven, m&aacute;s apuesto que &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;ora Silvia!&hellip; &iexcl;Hugo! Que alegr&iacute;a tenerlos ya por aqu&iacute;. Les presento a Dom&eacute;nico, mi novio. &mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o!&#8230; Pero que desperdicio, pens&eacute;.<\/p>\n<p>Continuar&aacute;&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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