{"id":30321,"date":"2021-07-12T22:00:00","date_gmt":"2021-07-12T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-07-12T22:00:00","modified_gmt":"2021-07-12T22:00:00","slug":"al-viejo-de-don-margarito-le-gustan-jovenes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/al-viejo-de-don-margarito-le-gustan-jovenes\/","title":{"rendered":"Al viejo de don Margarito le gustan j\u00f3venes"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"30321\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">2<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Conoc&iacute; a Don Margarito cuando ya vetarro &eacute;l ten&iacute;a un hijo de seis a&ntilde;os (conocido por el mote del &ldquo;Chiquis&rdquo;). En ese entonces era su hijo m&aacute;s chico justamente, pues el hombre ten&iacute;a ya una docena de descendientes, unos hasta casados y con hijos propios por supuesto. Me asombr&oacute;, ya en aquel tiempo, que un hombre sexagenario no tuviese empacho en presumir a su hijo que bien parec&iacute;a su nieto.<\/p>\n<p>En las juntas escolares las mujeres se burlaban de &eacute;l a sus espaldas diciendo que de seguro el Chiquis era hijo de otro hombre, y que la mam&aacute; (que dicho sea de paso era por lo menos treinta a&ntilde;os m&aacute;s joven que el Don) se lo hab&iacute;a enjaretado al viejo. La Se&ntilde;o era su tercera esposa pues Don Margarito se las daba de gal&aacute;n y conquistador. M&aacute;s tarde incluso supe que el muy cabr&oacute;n presum&iacute;a de tener varias amantes, aparte de sus esposas. Claro que hab&iacute;a dinero de por medio pues si hay algo que reconocerle al viejo era que supo hacerse de un buen patrimonio gracias a sus distintos negocios. No por nada de esas se&ntilde;oras chismosas que acud&iacute;an a las mismas juntas escolares no faltaba qui&eacute;n descaradamente &ldquo;le lanzara el calz&oacute;n&rdquo;, como suele decirse, pues el dinero les llamaba el inter&eacute;s.<\/p>\n<p>El viejo picaba m&aacute;s que adolescente calenturiento; por lo menos eso presum&iacute;a &eacute;l.<\/p>\n<p>Eso s&iacute;, era un hombre que se encabronaba cuando lo llamaban abuelo. Pues aunque en realidad lo era, como ya he mencionado algunos de sus varios hijos ya eran padres a su vez, este apelativo lo tomaba como mentada de madre si se lo llegaban a decir. Don Margarito era de esas personas que se niegan a envejecer, siempre se quer&iacute;a mostrar vigoroso, enjundioso, y m&aacute;s en lo sexual. Se negaba a considerarse un anciano. Tanto as&iacute; que, siendo de ojo alegre, ya le hab&iacute;a echado el mismo a Mari Paz, una joven que trabajaba como mesera en su restaurant.<\/p>\n<p>La chica no llevaba ni una semana all&iacute; y el viejo ya se la quer&iacute;a chingar.<\/p>\n<p>&mdash;Usted ya no est&aacute; para esos trotes &mdash;le dije francamente cuando me lo coment&oacute;&mdash;. C&oacute;mo cree que le va a hacer caso una chamaca como as&iacute;.<\/p>\n<p>Y es que la mencionada se ve&iacute;a de buen ver. Su figura era como de edec&aacute;n o modelo; quiz&aacute;s no tan bonita de rostro, pero con una figura muy deseable. Se hac&iacute;a antojable, deliciosa. Silueta bien delineada, formada por un par de piernas morenas cuyos muslos (bien carnosos, hay que decir) conduc&iacute;an la mirada a unos gl&uacute;teos pulposos de generosa carne; cintura finamente delgada; vientre plano; pechos con perfil de gota amamantadora; y una cara con una boca de mamadora innata, por su grosor y forma.<\/p>\n<p>La verdad yo s&iacute; me echaba mi buen taco de ojo cuando iba al restaurante de Don Margarito, pero hasta ah&iacute;. Bien sab&iacute;a que la chamaca ya era casada.<\/p>\n<p>&mdash;Vas a ver que s&iacute; me la chingo &mdash;me afirmaba don Margarito con total seguridad.<\/p>\n<p>&mdash;Ya estamos algo mayores para una joven as&iacute; &mdash;le dec&iacute;a incluy&eacute;ndome, para que no me lo tomara a mal&mdash;. Est&aacute; muy polluela.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;&iquest;Estamos&#8230;?! &mdash;Dijo el Don, ofendido en lo m&aacute;s hondo&mdash;. &iexcl;Lo estar&aacute;s t&uacute;, pendejo! &mdash;todav&iacute;a me dijo&mdash;. Yo me echo mis buenos brincos en la cama y sin resuellos.<\/p>\n<p>Tal fue la forma en c&oacute;mo dijo esto &uacute;ltimo que yo me re&iacute; en vez de molestarme.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ya entiendo porque se ha casado tres veces!<\/p>\n<p>&mdash;Pues es lo que te digo&#8230; pinches viejas, no aguantan los palos que les doy &mdash;dijo, e hizo ademan de arremeter con fuerza a una hembra que tuviera delante. Luego se rio.<\/p>\n<p>Mari Paz ni en cuenta estaba del inter&eacute;s de su patr&oacute;n. Ella estaba casada con un joven pescador.<\/p>\n<p>Mari Paz de seguro lo montaba cada noche, por lo menos as&iacute; me lo imaginaba pues de ser yo as&iacute; lo har&iacute;a. Ya la pod&iacute;a ver, ella triturando el pubis de su macho con su pelvis femenina montada en un falo grueso y venoso haciendo un sexo desaforado, tal cual metlapil sobre metate haciendo masa. As&iacute; me los imaginaba mientras la ve&iacute;a limpiar las mesas del restaurante de don Margarito en el entallado y escueto uniforme que el Don la hac&iacute;a usar. &Eacute;ste consist&iacute;a en una faldita negra, entallada, que le llegaba m&aacute;s arriba del medio muslo; la blusa bien escotada; y su infaltable peque&ntilde;o delantal atado a la cintura.<\/p>\n<p>Y es que vi&eacute;ndola era m&aacute;s que obvio que su marido deb&iacute;a de aprovech&aacute;rsela en la cama. Si yo fuera me la chingar&iacute;a de a perro, sac&aacute;ndole profundos gemidos a su escueta figura. Me le abrazar&iacute;a con fuerza para met&eacute;rsela toda; la abrir&iacute;a bien separada de piernas y as&iacute; me le seguir&iacute;a metiendo a su cuerpo para al final inyectarle mi esperma estando bien metido roci&aacute;ndole as&iacute; su intimidad con mi caliente secreci&oacute;n. De seguro que ella lo agradecer&iacute;a.<\/p>\n<p>Est&aacute; de m&aacute;s decirlo, pero el cuerpo de Mari Paz parec&iacute;a rogar por quedar pre&ntilde;ado. La naturaleza es as&iacute;, llegado a su edad es natural que se lo exija; todo llega a su hora.<\/p>\n<p>Tal parec&iacute;a que Mari Paz ten&iacute;a un matrimonio de ensue&ntilde;o, sin embargo, Alejandro ten&iacute;a un gran defecto, le gustaba beber a desmedida. As&iacute; como ganaba el dinero lo derrochaba en las bebidas, era por eso que Mari Paz ten&iacute;a que trabajar. Como siempre hab&iacute;a sido chambeadora, eso no le importaba, y no lo ve&iacute;a mal, sin embargo, la expon&iacute;a a los ojos libidinosos de clientes, pero en especial a los de su patr&oacute;n.<\/p>\n<p>&ldquo;Cada d&iacute;a me gusta m&aacute;s la condenada&rdquo;, me dec&iacute;a el cabr&oacute;n de don Margarito pese a estar ella a tan s&oacute;lo unos pasos de nosotros. Sin dec&iacute;rselo lo comprend&iacute;a, la hembra exudaba un no s&eacute; qu&eacute; que daba a entender que estaba m&aacute;s que apetecible necesitada de ser inseminada. Como ya he dicho, as&iacute; es la naturaleza, todo llega en su divino momento.<\/p>\n<p>El morboso del Don (y yo mismo) no dejaba de mirarle los sudorosos senos; y la hermosa colita de se&ntilde;ora\/se&ntilde;orita, envuelta en aquella apretada y cort&iacute;sima falda, en especial cuando ella se empinaba.<\/p>\n<p>&mdash;Hasta ma&ntilde;ana don Margarito &mdash;le dec&iacute;a al despedirse la muchacha, sin sospechar los sucios pensamientos de su patr&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Que Dios te acompa&ntilde;e Mari &mdash;le respond&iacute;a el viejo libidinoso, a quien se le iba endureciendo el miembro nom&aacute;s la ve&iacute;a retirarse brind&aacute;ndole la espalda y caminando en sensual contoneo. El muy cabr&oacute;n me mostraba su erecci&oacute;n bajo su pantal&oacute;n como para presumir que a&uacute;n se le paraba, como demostrando que no era ning&uacute;n viejo chocho.<\/p>\n<p>Aquel lujurioso no dejaba de contemplarle las nalgas sin que ella lo notara. &ldquo;Un d&iacute;a ah&iacute; mismo te la encajo, vas a ver&rdquo;, dec&iacute;a mir&aacute;ndole el culo a la muchacha estando yo presente. Luego me confiaba lo que le har&iacute;a a aquella nom&aacute;s pudiera: &ldquo;Uno de estos d&iacute;as la llamo a mi privado y ah&iacute; mismo me la chingo, vas a ver. A mano abierta me voy a apoderar de esas deliciosas nalgas&rdquo;.<\/p>\n<p>Seg&uacute;n &eacute;l le enrollar&iacute;a la faldita en la cintura y se atascar&iacute;a tocando sus suculentas carnes para despu&eacute;s meter su cara entre aquellas mejillas que le serv&iacute;an de asentaderas a la joven.<\/p>\n<p>&ldquo;&iquest;De qui&eacute;n son estas nalgas mi alma?, le dir&eacute; y ella me va a responder: son tuyas Margarito &mdash;me advert&iacute;a el Don&mdash;. Luego le meter&eacute; la lengua en la raya hasta llegarle a la jugosa raja de adelante.<\/p>\n<p>En seguida le abrir&eacute; la blusa, sacando sus dos tetas al aire y me amamantar&eacute; de ellas; le chupar&eacute; cada uno de sus pezones oscuros con tal succi&oacute;n que le causar&eacute; dolor a la muchacha, pero le va a gustar, te lo aseguro&rdquo; &mdash;me indicaba como queriendo enfatizar su fuerza de macho.<\/p>\n<p>Sus prop&oacute;sitos no terminaban ah&iacute;, claro. Ya que se la imaginaba echada en el piso por propia iniciativa de la muchacha y as&iacute;, totalmente encuerada, ella misma se le ofrendar&iacute;a bien abierta de piernas, al m&aacute;ximo, para rogarle que &eacute;l le diera una rica chupada a la pelambrera y la raja en medio de esta.<\/p>\n<p>&ldquo;Ah&iacute; te voy cabrona, as&iacute; le dir&eacute; cuando le meta mi vergota, vas a ver, se la obligar&eacute; a tragar&rdquo;.<\/p>\n<p>Parec&iacute;a casi venirse el viejo de s&oacute;lo pensarlo. De hecho hasta puedo jurar que lo vi menearse en movimientos copulares mientras me lo contaba. Pinche viejo libidinoso. Vi&eacute;ndolo as&iacute; era evidente que un d&iacute;a el viejo cabr&oacute;n se le ir&iacute;a sobres a la pobre chamaca.<\/p>\n<p>&mdash;Sabes Mari Paz, cada d&iacute;a te pones m&aacute;s chula &mdash;le dijo un d&iacute;a don Margarito como lanz&aacute;ndose por fin a su joven empleada.<\/p>\n<p>&mdash;Ah, gracias don Margarito &mdash;respondi&oacute; ella cort&eacute;smente. Tomando aquello como un sano halago, sin darse cuenta de las malas intenciones de su patr&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;De verdad lo digo muchacha. Est&aacute;s preciosa.<\/p>\n<p>La otra se sonroj&oacute; pero ya no dijo nada en respuesta. Era notorio que se sent&iacute;a inc&oacute;moda. Yo lo not&eacute;, hasta estuve tentado a intervenir pero al fin no tuve que hacerlo.<\/p>\n<p>&mdash;Y yo &iquest;qu&eacute; te parezco? &iquest;No dir&aacute;s que soy mal parecido, o s&iacute;? &mdash;inquiri&oacute; el veterano.<\/p>\n<p>&mdash;Usted&#8230; no, claro, es bien parecido &mdash;dijo sonriendo la muchacha, no queriendo ser descort&eacute;s con su patr&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;De verdad? &iquest;Te soy agradable?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, de hecho me recuerda a un hombre que quise mucho, hace varios a&ntilde;os ya.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;S&iacute;? &mdash;dijo aqu&eacute;l, ansioso&mdash;. &iquest;Y qui&eacute;n era aqu&eacute;l afortunado?<\/p>\n<p>&mdash;Mi abuelo. Mi abuelito que en paz descanse. Se parece mucho a &eacute;l &mdash;dijo.<\/p>\n<p>Casi se me sale la carcajada. Eso era lo peor para Margarito, mejor le hubiese mentado la madre. Con dificultad encubr&iacute; mi reacci&oacute;n pues no quer&iacute;a problemas con el Don.<\/p>\n<p>Jijo, esa no se la perdon&oacute;. Antes de que acabara la semana la despidi&oacute;.<\/p>\n<p>&ldquo;&iquest;C&oacute;mo est&aacute; eso de que le recuerdo a su abuelo? Hija de su&#8230;&rdquo;, me dec&iacute;a el Don, no queriendo aceptar su evidente edad.<\/p>\n<p>Su frustraci&oacute;n lo llev&oacute; a un estado encabronante de mal humor. Cada rato: &ldquo;Tengo que ching&aacute;rmela&rdquo;, dec&iacute;a. Estaba obsesionado con Mari Paz pese a que ya no trabajaba para &eacute;l, tanto que lo invit&eacute; a un putero para que se desahogara. Y no les miento, el viejo s&iacute; que era enjundioso, pod&iacute;a o&iacute;r en el cuarto que a m&iacute; me toc&oacute; los crujidos del catre del cuarto de arriba, donde aqu&eacute;l se beneficiaba a la suripanta elegida.<\/p>\n<p>&laquo;Caray, de la que se salv&oacute;&raquo;, pens&eacute; cavilando en la muchacha. &laquo;Para su buena suerte no se la ching&oacute; este viejo cabr&oacute;n&raquo;.<\/p>\n<p>Pero estaba equivocado. Para mala suerte de Mari Paz y buena de Margarito, Alejandro, el esposo de Mari Paz, hab&iacute;a tenido un accidente automovil&iacute;stico. Luego de una noche de copas, mientras regresaba a casa, se juntaron su estado et&iacute;lico, la tormentosa lluvia y un desafortunado peat&oacute;n que hab&iacute;a atravesado la calle en mal momento. Aqu&eacute;l no s&oacute;lo lo arroll&oacute; sino que huy&oacute; y luego dieron con &eacute;l.<\/p>\n<p>Alejandro se ve&iacute;a en un tr&aacute;gico predicamento y junto con &eacute;l su esposa. Tendr&iacute;an que pagar los da&ntilde;os ocasionados, adem&aacute;s de responder judicialmente por atropellar a aqu&eacute;l. El dineral que le costar&iacute;a pagar los da&ntilde;os era cuantioso. Ya no digamos el riesgo de ir por varios a&ntilde;os a la c&aacute;rcel.<\/p>\n<p>Fueron d&iacute;as muy angustiosos para la muchacha y lleg&oacute;, incluso, a pedirle ayuda a don Margarito, quien se port&oacute; especialmente atento y cari&ntilde;oso con ella. Claro que era porque ya se tra&iacute;a entre manos su sucio plan. Mari Paz no sab&iacute;a lo perverso que pod&iacute;a ser su antiguo patr&oacute;n. As&iacute; pasaron los d&iacute;as y&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;Cuanto deseaba esto &mdash;dec&iacute;a el viejo verde, mientras se as&iacute;a de las nalgas de la muchacha varios a&ntilde;os menor que &eacute;l, e incluso m&aacute;s joven que algunos de los hijos del &ldquo;venerable&rdquo;.<\/p>\n<p>Don Margarito y ella estaban hincados, uno frente a otro, en la cama; ella s&oacute;lo vistiendo sost&eacute;n y bragas, y &eacute;l mostrando orgulloso su correoso cuerpo desnudo. La pareja de joven hembra y hombre curtido, destacaba en sus cualidades por contraste. Quedando frente a frente estaban a punto de enfrascarse en cruda uni&oacute;n sexual.<\/p>\n<p>Yo pude verla pues el viejo la grab&oacute; sin que ella lo supiera y tal video me lo presumi&oacute; lleno de orgullo por su fechor&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;De qui&eacute;n son estas nalgas, mi amor? &mdash;dec&iacute;a don Margarito en la grabaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Mari Paz se quedaba callada pero eso a &eacute;l no le importaba, el Don sab&iacute;a bien que eran suyas, el dinero que le hab&iacute;a facilitado a la pobre necesitada pagaba por ellas. Eran tan suyas que podr&iacute;a hacer con ellas lo que quisiera y nadie se lo impedir&iacute;a.<\/p>\n<p>Le baj&oacute; entonces las pantaletas dejando al descubierto los dos gajos de carne morena y la raya que los divid&iacute;a. Eran tan bellos como me los imaginaba. Luego retir&oacute; el brasier y se apoder&oacute; de los pechos, tomando ambos con sus dos manos, y sorbi&eacute;ndolos uno por uno con chupetones bien tronados.<\/p>\n<p>&mdash;Mi nena linda, te adoro &mdash;le dec&iacute;a a la pobre mujer que ten&iacute;a delante quien indefensa s&oacute;lo guardaba silencio.<\/p>\n<p>Y es que Mari Paz se ve&iacute;a culpable. Culpable de haber aceptado el trato ofrecido por su patr&oacute;n, quien se hab&iacute;a comprometido a pagar gran parte del adeudo generado por el accidente, siempre y cuando ella se le entregara como mujer mientras su esposo estuviera en presidio.<\/p>\n<p>Mari Paz no sab&iacute;a c&oacute;mo volver&iacute;a a ver a los ojos a su marido despu&eacute;s de eso, de eso que don Margarito le estaba haciendo en ese preciso momento, lo que la mortificaba y eso para m&iacute; era evidente en la grabaci&oacute;n mientras Margarito le chupaba los labios vaginales.<\/p>\n<p>Por su parte: &ldquo;De verdad que te saben delicioso&rdquo;, dec&iacute;a don Margarito luego de chupar aquella tierna carne. Goloso se trag&oacute; los jugos que inevitablemente se le escurrieron a la hembra.<\/p>\n<p>Como la oy&oacute; sollozar, el hombre le dijo:<\/p>\n<p>&mdash;Ya no sufras m&aacute;s que ahorita te penetro &mdash;y la ensaliv&oacute; de ah&iacute; lo mejor que pudo, humedeci&eacute;ndole a consciencia la entrada con el fin de dejarla bien lubricada para lo que vendr&iacute;a&mdash;. Ah&iacute; te voy &mdash;le dijo, y el veterano hombre guio su pene a la abertura vaginal de su empleada, aquella mujer que hab&iacute;a aceptado eso s&oacute;lo por verse necesitada. De no ser as&iacute;&#8230;<\/p>\n<p>A pesar de eso gimi&oacute; levemente cuando el anciano entr&oacute; en ella. Mari Paz se estaba uniendo sexualmente a un se&ntilde;or mayor, y, ciertamente, se notaba su desencanto. Como tantas otras veces le sucediera con su marido era penetrada, pero ahora lo hac&iacute;a con un viejo cerdo. Por lo menos as&iacute; lo calificaba yo. Don Margarito era un viejo bien libidinoso, que hab&iacute;a nacido para fornicar y engendrar hijos. &ldquo;Desgraciado viejo cabr&oacute;n&rdquo;, me dije y esper&eacute; haberlo dicho en voz baja.<\/p>\n<p>&mdash;A partir de hoy te voy a hacer el amor a diario &mdash;le dijo el descarado, como si no supiera que para ella aquel acto estaba muy lejos de ser un acto amoroso. Ella lo hac&iacute;a obligada por las circunstancias.<\/p>\n<p>Luego se la subi&oacute; para que ella lo montara mientras &eacute;l le dec&iacute;a: &ldquo;Te amo; te amo&#8230;, jinet&eacute;ame amor, jinet&eacute;ame. Anda cari&ntilde;o, m&oacute;ntame, m&oacute;ntame como si fuera tu potro.&rdquo; Y la agarraba de las nalgas, no s&oacute;lo con inter&eacute;s de manosearla, sino tambi&eacute;n para marcarle el ritmo con que &eacute;l quer&iacute;a que se meneara.<\/p>\n<p>Con deseo de presumirle su potencia, se incorpor&oacute; carg&aacute;ndola, y as&iacute; la sigui&oacute; bombeando en pie.<\/p>\n<p>Joven mujer y viejo hombre as&iacute; muellearon unidos en sus sexos, pero muy alejados en sus motivos para hacer tal acto. Margarito lo que quer&iacute;a era saciar su lujuria, a la vez que presumir ante c&aacute;mara lo vigoroso, activo y enjundioso que era; capaz de hacerle el sexo a una mujer joven; pero Mari Paz, por su parte, s&oacute;lo lo hac&iacute;a por el bienestar de su marido.<\/p>\n<p>Varias veces lo hicieron y aqu&eacute;l me lo mostraba a trav&eacute;s del celular. Claro que aquella relaci&oacute;n lleg&oacute; a un desgaste.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Pinche vieja despreciativa! &mdash;le vocifer&oacute; don Margarito una ocasi&oacute;n que Mari Paz hizo a un lado su cara rechazando as&iacute; el beso que aqu&eacute;l le quer&iacute;a dar en sus labios.<\/p>\n<p>Y es que esa era la &uacute;ltima vez que lo har&iacute;an y ella lo &uacute;nico que quer&iacute;a era terminar cuando antes con aquello. Hab&iacute;a cumplido con aquel sucio trato y lo que en verdad deseaba era ir con su amad&iacute;simo esposo, quien por fin volv&iacute;a a casa.<\/p>\n<p>La esposa, queriendo ocultar ante su marido y ante s&iacute; misma lo que hab&iacute;a hecho, lo recibi&oacute; con el mayor de los afectos.<\/p>\n<p>&mdash;Te extra&ntilde;&eacute; mucho, amor &mdash;le dec&iacute;a Mari Paz mientras lo acariciaba de los muslos, hincada ante &eacute;l quien estaba sentado en la cama.<\/p>\n<p>Alejandro vio que su mujer se mostraba de lo m&aacute;s excitada, subi&eacute;ndosele sobre el pecho desnudo, haciendo qu&eacute; &eacute;ste se recostara mientras ella no dejaba de besarlo.<\/p>\n<p>Cuando ella se deshizo de su ropa, dejando sus pechos al descubierto, a Alejandro inmediatamente se le par&oacute; la verga, ya que ten&iacute;a tiempo de no mojarla.<\/p>\n<p>&mdash;Acar&iacute;ciame Alejandro, te necesito.<\/p>\n<p>El hombre empez&oacute; el contacto palp&aacute;ndole la vulva, aun sobre la prenda &iacute;ntima. Luego, cuando ella se coloc&oacute; sobre &eacute;l, se apoder&oacute; de sus nalgas.<\/p>\n<p>&mdash;Ya las extra&ntilde;aba &mdash;le dijo aqu&eacute;l.<\/p>\n<p>Luego de darle unos buenos chupetones a la verga de su marido le dijo:<\/p>\n<p>&mdash;Ya quiero tu verga.<\/p>\n<p>El c&oacute;nyuge debi&oacute; haberse extra&ntilde;ado, no s&oacute;lo de esa manera de expresarse; pues Mari Paz com&uacute;nmente no hablaba as&iacute;; sino de que aquella llevara la iniciativa en esa entrega carnal, sin embargo, embriagado por la calentura del momento, no le dio mayor importancia y sigui&oacute; sus instrucciones.<\/p>\n<p>Obedeciendo a su mujer se incorpor&oacute;, hinc&aacute;ndose en la cama y apoy&aacute;ndose en la cabecera que quedaba a sus espaldas. Mari Paz, entonces, se coloc&oacute; en cuatro justo frente a &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ya est&aacute;s bien apoyado? &mdash;le pregunt&oacute; ella.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute; amor &mdash;le respondi&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Pues no te muevas que ahorita me voy a ensartar solita.<\/p>\n<p>Moviendo sensualmente su trasero coloc&oacute; la punta del tolete de su marido justo a la entrada de su sexo, sin meter manos.<\/p>\n<p>&ldquo;&iexcl;Ah qu&eacute; rico!&rdquo;, dec&iacute;a la esposa, mientras la pieza iba entrando y a la vez su marido pensaba: &laquo;Me encanta que est&eacute; tan jariosa. Se ve que le hice falta&raquo;, viendo como su propio trozo de carne era tragado por la hambrienta y mojada vagina de su mujer.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te gusta mi amor? &mdash;le pregunt&oacute; ella volte&aacute;ndolo a ver, en esa posici&oacute;n a cuatro patas como estaba.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute; mi amor &mdash;dijo Alejandro sinceramente.<\/p>\n<p>La mujer ech&oacute; hacia atr&aacute;s las suaves nalgas, devorando as&iacute; la virilidad de su hombre hasta topar con el vientre, el cual se vio varias veces golpeado luego por el trasero de la dama quien, agarrada de las s&aacute;banas que cubr&iacute;an el colch&oacute;n sobre el que estaba, tom&oacute; apoyo para darse con todo contra su marido.<\/p>\n<p>&laquo;Mari Paz est&aacute; insaciable&raquo;, se dec&iacute;a Alejandro mientras que su esposa, por su lado, pensaba: &laquo;A como d&eacute; lugar debo hacerle creer que es suyo, a como d&eacute; lugar&#8230;&raquo;.<\/p>\n<p>Y la mujer azot&oacute; varias veces su trasero al pubis de su hombre, con toda su fuerza, machac&aacute;ndole as&iacute; la verga a su amado hasta sacarle un buen chorro de semen.<\/p>\n<p>&ldquo;&iexcl;Aaahhh..!&rdquo; gritaron ambos al un&iacute;sono, al conseguir lo que tanto ansiaban. &Eacute;l: el tan satisfactorio orgasmo. Ella: la pretensi&oacute;n de hacerle creer a su marido que &eacute;l la hab&iacute;a embarazado, aunque a su pesar ella misma se hab&iacute;a dado cuenta que estaba encinta desde hac&iacute;a m&aacute;s de una semana, antes de que saliera libre su marido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>2 Conoc&iacute; a Don Margarito cuando ya vetarro &eacute;l ten&iacute;a un hijo de seis a&ntilde;os (conocido por el mote del &ldquo;Chiquis&rdquo;). En ese entonces era su hijo m&aacute;s chico justamente, pues el hombre ten&iacute;a ya una docena de descendientes, unos hasta casados y con hijos propios por supuesto. 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