{"id":30388,"date":"2021-07-17T22:00:00","date_gmt":"2021-07-17T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-07-17T22:00:00","modified_gmt":"2021-07-17T22:00:00","slug":"el-regalo-un-antes-y-un-despues-vigesima-cuarta-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-regalo-un-antes-y-un-despues-vigesima-cuarta-parte\/","title":{"rendered":"El regalo: Un antes y un despu\u00e9s (Vig\u00e9sima cuarta parte)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"30388\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 18<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El viaje de regreso tuvo un retraso de media hora por la fuerte lluvia sobre la ciudad de Tur&iacute;n, pero la verdad ni me importaba y por el contrario s&iacute; qu&eacute; lo agradec&iacute;, pues agobiada por no poder comunicarme con mi esposo, &ndash;tras aquella videollamada al alba&ndash; aprovech&eacute; para sumergirme en mis pensamientos sopesando mi futuro, sin saber si a mi llegada, Rodrigo me dar&iacute;a la oportunidad de hablar o si por el contrario, en su conciencia tendr&iacute;a ya tomada la decisi&oacute;n.<\/p>\n<p>En la sala de embarque, una silla de oscuro tapizado y cromado armaz&oacute;n, me separaba del causante de mi debacle. No hab&iacute;amos cruzado palabra, m&aacute;s que el apenado y educado saludo de buenos d&iacute;as al desayuno, cuando Antonella y Francesco hab&iacute;an pasado al mediod&iacute;a para trasladarnos del hotel al aeropuerto.<\/p>\n<p>No hab&iacute;amos hecho nada y sin embargo su presencia en mi habitaci&oacute;n esa madrugada, implosion&oacute; la tambaleante torre de mi relaci&oacute;n matrimonial. Me dol&iacute;a fuertemente la cabeza, y los brillos repentinos de cualquier fuente de luz, aumentaban la migra&ntilde;a. Mi jefe me miraba de reojo pero no dec&iacute;a nada, tan solo giraba el m&oacute;vil entre sus manos y de vez en cuando revisaba su reloj como si &eacute;l, afanado por llegar a Madrid, quisiera desde su elegante palco, observar mi enfangado matrimonio y beneficiarse del desastre que caus&oacute; sin obtenerme. &iexcl;Lo odi&eacute;!<\/p>\n<p>&iexcl;S&iacute;! Muy a pesar de que fuera inocente, &ndash;a medias&ndash; pero por su imprudente presencia en la habitaci&oacute;n a esas tempranas horas, mi esposo intuy&oacute; que estaba &eacute;l conmigo y yo se lo ocultaba; no respondi&oacute; las llamadas, ni a la multitud de mensajes que le escrib&iacute;, hasta que cansada de llorar, el abrazo consolador de mi asistente y la ternura de sus labios, absorbiendo aquella salina humedad de las l&aacute;grimas que rodaban sin pausa sobre mis mejillas, me hicieron odiarlo tambi&eacute;n a &eacute;l, al hombre que yo amaba tanto. Me juzg&oacute; y me sentenci&oacute; siendo yo una mujer&hellip; &iexcl;Parcialmente exenta de pecado!<\/p>\n<p>Tan inmersa me hallaba en acomodar palabras en mi mente, como si se tratase de ganar una partida de Scrabble, que no me fij&eacute; en el caos que causaba generalmente en m&iacute; el despegue. Armaba algunas frases de ruego, un locuaz discurso sin las consabidas&hellip; &iexcl;Lo juro&hellip; no supe que paso! O&hellip; &iexcl;Fue sin intenci&oacute;n! Me urg&iacute;a enlazar palabras, con las cuales yo lograra remediar lo que se rompi&oacute; en el coraz&oacute;n de Rodrigo, pero que no se dio en realidad, tan solo en su quimera y con el hombre que mi esposo me imagin&oacute; ya entregada; no me percat&eacute; del movimiento del avi&oacute;n, sometido a vientos fuertes, turbulencias que en mi estado natural, me hubieran f&aacute;cilmente llevado a gritar por el espanto, tal cual lo hicieron en la cabina muchas personas a mi alrededor. Nunca intent&eacute; extender mi brazo con mi mano buscando el ya conocido refugio en las de mi jefe. Iba all&iacute; sentada, afirmada contra el espaldar del c&oacute;modo sill&oacute;n, pero era como si solamente viajara el cuerpo, &ndash;la materia presente&ndash; pues la mente&hellip; Esa estaba kil&oacute;metros m&aacute;s all&aacute;.<\/p>\n<p>Ya pasada la turbulencia, el avi&oacute;n desplaz&aacute;ndose por encima de las ensombrecidas nubes, en suave calma me envolv&iacute; en mis pensamientos, recordando los &uacute;ltimos acontecimientos de mi estad&iacute;a en Tur&iacute;n&hellip;<\/p>\n<p>&hellip; Al ingresar al hotel aquella tarde despu&eacute;s de despedirme de Antonella, lo encontr&eacute; sentado en un mullido sill&oacute;n del encantador lobby, ojeando un peri&oacute;dico. Tan pronto me divis&oacute;, lo dej&oacute; perfectamente doblado sobre una mesita central y se puso en pie, sonri&eacute;ndome.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hasta que por fin! Pens&eacute; que te hab&iacute;as perdido en alguna de estas empedradas calles. &mdash;Me dijo mi jefe, claramente burl&aacute;ndose de mi p&eacute;simo sentido de orientaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Hummm, no lo creo Hugo. Es verdad que frecuentemente no me ubic&oacute; bien, pero para su desgracia y fortuna m&iacute;a, en mi paseo iba muy bien acompa&ntilde;ada por una inteligente gu&iacute;a tur&iacute;stica que consegu&iacute;. &iexcl;Jajaja! &mdash;Le respond&iacute; tambi&eacute;n en tono jocoso.<\/p>\n<p>&mdash;Antonella y yo colocamos sus pertenencias en la habitaci&oacute;n. &iquest;A&uacute;n no ha reclamado su tarjeta de acceso? La m&iacute;a tiene una encantadora vista desde donde puedo ver la torre de oficinas. Est&aacute; ubicada frente a la suya. &mdash;Y mi jefe me miraba, un tanto diferente. &iexcl;Quiz&aacute;s evocando aquella tarde en el hotel de Madrid!<\/p>\n<p>&mdash;Por qu&eacute; supongo, &ndash;le inst&eacute;&ndash; que tendr&aacute; deseos de darse una ducha y ponerse usted, algo m&aacute;s informal para salir conmigo a cenar. Adem&aacute;s Hugo&hellip; &iexcl;Creo que me debe una explicaci&oacute;n! &mdash;Le habl&eacute;, advirti&eacute;ndole de mi molestia por la encerrona que me hab&iacute;a hecho en la sala de juntas, mientras nos dirig&iacute;amos hasta la recepci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Es verdad, tienes la raz&oacute;n como siempre. &iquest;Vamos a la habitaci&oacute;n y me esperas un momento? &mdash;Me dijo muy sonriente, como fiera agazapada esperando la oportunidad para saltar encima de su presa.<\/p>\n<p>&mdash;Hummm&hellip; Hugo, prefiero esperarle en la cafeter&iacute;a, no vaya a ser que le d&eacute; a usted por querer que le refriegue la espalda. &iexcl;Otra vez! &mdash;Y me re&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Vaya no est&aacute; nada mal esa idea mi &aacute;ngel. &mdash;Me respondi&oacute; y en su rostro se proyect&oacute; aquella expresi&oacute;n de intenciones encubiertas, obviamente acompa&ntilde;adas por su sonrisa de malicia.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Jajaja! Claro que ya quisiera, pero no Hugo, me apetece mejor un caf&eacute; y de paso realizo una llamada importante.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;A tu esposo? &mdash;Curioso me pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, y saludo a mis hijos. Me hacen mucha falta. &iquest;Usted ya hablo con su mujer? &mdash;E inmediatamente cambio su semblante, de feliz conquistador ha vencido seductor.<\/p>\n<p>&mdash;Esta tarde lo hice, cuando estaba reunido con mi amigo Peter recordando viejos tiempos y adem&aacute;s para avisarle que David, otro amigo con el que coincidimos en Boston, va a pasar unos d&iacute;as en Madrid y desea verla nuevamente.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hummm vaya! S&iacute; que es peque&ntilde;o este mundo. &iquest;No le parece? Y qui&eacute;n es ese amigo suyo&hellip; &iquest;Peter? &iquest;Lo pronunci&eacute; bien? &iquest;Trabaja en las oficinas principales en Nueva York? &mdash;Le pregunt&eacute; interesada.<\/p>\n<p>&mdash;En realidad Silvia, Peter hizo el MBA con David y yo en Harvard. Pero David se hizo muy amigo de mi esposa Martha, quien por esa &eacute;poca hab&iacute;a decidido viajar para estar conmigo y de paso, preparar mejor su ingl&eacute;s, seis meses antes de culminar mi estad&iacute;a en Norteam&eacute;rica. Y Peter, pues ahora trabaja para &eacute;l. David se inmiscuy&oacute; en la industria petrolera. Y est&aacute;n en esta ciudad gestionando una probable adquisici&oacute;n de acciones de un importante grupo italiano.<\/p>\n<p>Saciada mi curiosidad, mi jefe se dirigi&oacute; a su habitaci&oacute;n y yo a la cafeter&iacute;a del hotel. Habl&eacute; con mi esposo ya m&aacute;s en calma, relat&aacute;ndole mi d&iacute;a lleno de buenas noticias laborales y culturales, pues yo estaba dichosa de haber deambulado y fotografiado parte de la ciudad. Me escuch&oacute; con detenimiento, emocionado por los detalles de mi paseo junto a mi asistente y felicit&aacute;ndome por mi buen desempe&ntilde;o. Rodrigo tambi&eacute;n estaba dichoso por su doble negocio, muy cansado eso si para poder cumplir con su palabra al comprador. Y para no da&ntilde;ar aquel buen momento, omit&iacute; el peque&ntilde;&iacute;simo detalle de que tendr&iacute;a que dejarle a &eacute;l y a mis peque&ntilde;os, cada tres meses a partir de ese momento. Un sacrificio que pens&eacute;, ser&iacute;a mejor expon&eacute;rselo personalmente.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; prefieres para comer? &mdash;Me dijo llamando mi atenci&oacute;n, cuando baj&oacute; de su habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Y ese hombre all&iacute; esper&aacute;ndome de pie, con su look informal pero distinguido, me pareci&oacute; muy guapo. Verlo con un jersey negro de cuello alto, pantalones negros tambi&eacute;n a cuadros y zapatos de amarrar perfectamente lustrados, m&aacute;s con los lentes oscuros de carey sobre su cabeza y su sonrisa que en Madrid parec&iacute;a dejar en casa cuando iba a la oficina, le hac&iacute;an ver realmente como un maduro muy atractivo.<\/p>\n<p>Salimos los dos separados hacia a la calle, dejando atr&aacute;s la recepci&oacute;n y ya fuera del hotel, mi jefe ahuecando su brazo derecho, me invit&oacute; a pasar el izquierdo m&iacute;o por debajo del suyo, para as&iacute; caminar como una pareja de&hellip; &iexcl;Muy buenos amigos! Claro, de esos sin derecho a nada m&aacute;s cercano que una buena relaci&oacute;n laboral. &Eacute;l como m&iacute; elogiado jefe y yo, su fiel secretaria y amiga confidente, lejos de nuestras respectivas parejas.<\/p>\n<p>Mi jefe revis&oacute; una aplicaci&oacute;n en su m&oacute;vil y atravesando la Piazza San Carlo, por una calle empedrada, dimos con una v&iacute;a ancha y pavimentada con sus edificaciones de estilo barroco, engalanada por arcos de piedra y frisos preciosos. Y un poco m&aacute;s all&aacute;, ingresamos a un bello y elegante restaurante de comida japonesa.<\/p>\n<p>Y en verdad se comport&oacute; como todo un caballero durante la cena. Hablamos de aspectos organizativos y administrativos, entre bocado y bocado. Orgulloso de mi por la presentaci&oacute;n y claro, disculp&aacute;ndose por dejarme a mi toda la exposici&oacute;n. Seg&uacute;n &eacute;l, porque yo estaba m&aacute;s enterada que &eacute;l, al haberlo realizado en conjunto con mi compa&ntilde;era Magdalena y adem&aacute;s porque estaba plenamente convencido de mis habilidades.<\/p>\n<p>Un hermoso lugar en una bella ciudad y en una noche estrellada, la comida deliciosa y la manera tan eficiente y amigable con la que nos atendieron, redondearon unas horas ciertamente agradables. No hizo en toda la velada, alguna inapropiada proposici&oacute;n. Tan normal, que de vuelta hacia el hotel baj&eacute; mis defensas y sin reservas le invit&eacute; una cerveza para hablar de cosas m&aacute;s banales, &ndash;mientras yo fumaba un cigarrillo&ndash; como por ejemplo el noviazgo de Francesco y si su familia no lo ve&iacute;a mal.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n conversamos sobre Antonella, quien me hab&iacute;a parecido adem&aacute;s de hermosa, muy eficiente y as&iacute; me enter&eacute; que fue el mismo, quien despu&eacute;s de revisar sus estudios y experiencia laboral, sugiri&oacute; la contrataci&oacute;n de Antonella por encima de las dem&aacute;s, debido a su edad muy similar a la m&iacute;a, lo cual pens&oacute; que me dar&iacute;a m&aacute;s seguridad y familiaridad, sumado obviamente al hecho de hablar espa&ntilde;ol. Agradeci&eacute;ndole con un beso en su mejilla, nos fuimos cada uno a su habitaci&oacute;n a descansar, yo personalmente estaba rendida de mis pies y adem&aacute;s que por la ma&ntilde;ana, muy temprano pasar&iacute;an nuevamente a recogernos para ultimar algunos detalles en la oficina. Medio d&iacute;a de trabajo y despu&eacute;s a esperar la gran inauguraci&oacute;n.<\/p>\n<p>El viernes muy temprano, bebiendo la primera taza de caf&eacute; moca, llam&eacute; a Rodrigo para saludarlo amorosamente y de paso, recomendarle recoger a los ni&ntilde;os a mediod&iacute;a del s&aacute;bado para reunirnos ya en el piso a mi llegada. Me coment&oacute; que no se demorar&iacute;a mucho en la entrega de los dos autom&oacute;viles debido a que el s&aacute;bado deber&iacute;a trabajar media jornada y domingo completo, el martes si podr&iacute;a descansar. Lo not&eacute; muy emocionado y con sendos &iexcl;Te amo!, nos despedimos hasta una nueva comunicaci&oacute;n en la noche.<\/p>\n<p>Entretenida en el trabajo junto a m&iacute; jefe y Antonella en &laquo;mi oficina&raquo;, se acerc&oacute; hasta la puerta el divino Francesco, &ndash;con su sonrisa sana y resplandeciente&ndash; para recordarme la invitaci&oacute;n a almorzar junto a su novio Dom&eacute;nico. Inmediatamente dirig&iacute; el com&uacute;n caf&eacute; de mis iris hac&iacute;a los escasos grises de mi jefe, quien tan solo me mir&oacute; con resignaci&oacute;n. Antonella por el contrario, tom&oacute; su bolso, el informe respectivo en la carpeta gris y nos acompa&ntilde;&oacute;, despidi&eacute;ndose prudentemente con su mano, estrechando la de don Hugo.<\/p>\n<p>&mdash;Solo es un lugar para que la comunidad LGBT disfrute sin reservas. &mdash;Me fue comentando emocionado, &ndash;como un ni&ntilde;o con juguete nuevo&ndash; el guapo Francesco con respecto a la nueva adquisici&oacute;n de su prospera familia y que &eacute;l personalmente administrar&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;La idea fue de Dom&eacute;nico, que tiene un amigo que es un DJ internacional. Organizaremos fiestas, con pista de baile interior y exterior. Tambi&eacute;n fuera un espacio amplio para divertirse sin temor al rechazo. Tendremos buena m&uacute;sica y tarimas para espect&aacute;culos Drag Queen y shows con artistas invitados. &iexcl;Sera sensacional! &mdash;Me parece que vas a necesitar de un fuerte plan de marketing, utilizar las redes sociales y aplicaciones de citas. Hay que generar mucha recordaci&oacute;n entre las personas y no solo en la ciudad sino a nivel nacional e internacional. &mdash;Le respond&iacute; y contin&uacute;e con mi explicaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Las cifras en tu informe no pintan nada mal, sin embargo debes tener en cuenta otros aspectos cruciales para que se obtengan beneficios a mediano y largo plazo. Debes mantener los n&uacute;meros en verde. &mdash;Le coment&eacute; mientras daba el ultimo bocado a mi &laquo;Rissotto alla Millanese&raquo;. Y Antonella revalid&oacute; mi acotaci&oacute;n con el movimiento afirmativo de su cabeza.<\/p>\n<p>&mdash;No solo los espect&aacute;culos y la m&uacute;sica har&aacute;n la diferencia. Debes atraer al p&uacute;blico con el buen servicio, ya qu&eacute; ser&aacute; fundamental para lograr crear un buen nombre, que se traduzca en un importante factor diferencial. &iquest;Est&aacute; bien ubicado? &mdash;Le pregunt&eacute; terminando de un peque&ntilde;o sorbo, mi copa de vino tinto.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute; lo deseas preciosa Silvia, podemos ir en seguida y as&iacute; me das tu sincera opini&oacute;n. &mdash;Me ofreci&oacute; de manera jovial visitar aquel local Francesco, mientras Antonella bat&iacute;a sobre la mesa sus dos manos y exponiendo a continuaci&oacute;n el porqu&eacute; de su negativo gesto.<\/p>\n<p>&mdash;Pues ser&aacute; m&aacute;s tarde en la noche, ya qu&eacute; estas dos plebeyas, deben salir con urgencia al sal&oacute;n de est&eacute;tica, para que esta noche parezcamos todas unas princesas ante el escrutinio de las damas de la realeza. &iexcl;Jajaja! &mdash;Y mi bella asistente tom&aacute;ndome del brazo, me hizo poner de pie.<\/p>\n<p>&mdash;Desconozco ese mundo nocturno de fren&eacute;tica rumba gay, especialmente el tuyo aqu&iacute; en esta ciudad, coraz&oacute;n. &mdash;Le respond&iacute; con sinceridad a bello italiano.<\/p>\n<p>&mdash;Yo, lamento no ser de mayor utilidad, Francesco querido, tal vez solo sea buena con las cifras pero si gustas, esta noche nos escapamos temprano de la inauguraci&oacute;n y vamos a la tuya. Ya con m&aacute;s tiempo y calma, me ense&ntilde;as tu nueva adquisici&oacute;n. &iquest;Te parece? &mdash;Y el guap&iacute;simo muchacho, resignado, asinti&oacute; con su cabeza y de la mano de su novio, nos acompa&ntilde;&oacute; hasta la salida.<\/p>\n<p>Mir&eacute; la hora en mi dorado reloj de pulsera con incrustaciones de fantas&iacute;a y le envi&eacute; un mensaje a mi esposo, relat&aacute;ndole por encima lo que iba a suceder en las pr&oacute;ximas horas. Me respondi&oacute; casi en seguida y me cont&oacute; que hab&iacute;a estado ocupado, ultimando algunos tr&aacute;mites y que solo hasta el atardecer, acudir&iacute;a al piso para arreglarse. Nos deseamos mucha suerte en nuestras respectivas reuniones y quedamos de hablarnos por la noche. Efectivamente Antonella me llev&oacute; a un sal&oacute;n para que nos maquillaran y peinaran y luego me dej&oacute; a las puertas del hotel.<\/p>\n<p>Hacia las siete de la noche, llam&eacute; a mi jefe para avisarle que ya estaba lista. Finalmente me coloqu&eacute; el vestido platinado, que con su brocado de finos hilos de plata, distribuidos en formas geom&eacute;tricas, centelleaba bajo las luces del pasillo y que con su profundo escote, y espalda al aire, no me permitir&iacute;a mucha libertad de movimiento. Y cuando pude ver a don Hugo, abriendo la puerta de su habitaci&oacute;n, los dos al mismo tiempo nos quedamos con la boca abierta.<\/p>\n<p>El estilo del traje elegido por mi jefe, con su blazer blanco a rayas azules, camisa de lino azul marino, corbata de seda y pantal&oacute;n tambi&eacute;n &iacute;ndigo pero en un solo tono, le hac&iacute;a lucir sumamente atractivo y el olor de su colonia, la misma que dej&oacute; impregnada en mi vestido aquella tarde y me caus&oacute; dolores de cabeza con mi esposo, inundaba con agrado mis fosas nasales. Le acomod&eacute; un poco el pa&ntilde;uelo de lunares blancos diminutos sobre la tela de seda a&ntilde;il, en el peque&ntilde;o bolsillo de su blazer y le adul&eacute; por su imagen tan varonil. El tambi&eacute;n hizo lo mismo, agradeciendo que por fin llevara encima, el vestido que &eacute;l juraba que yo hab&iacute;a escogido en ese almac&eacute;n, pensando en &eacute;l. No fue as&iacute;, pero el destino quiso que antes que mi esposo, fuera mi jefe quien tuviera el placer de posar el gris de sus ojos sobre la brillante tela que cubr&iacute;a a medias mi cuerpo, admir&aacute;ndome de arriba hacia abajo, paseando t&iacute;midamente la punta de la lengua sobre sus resecos labios.<\/p>\n<p>Reci&eacute;n se abrieron las puertas del elevador, del falso techo colgaban globos platinados y festones escarlatas; y de pronto me sent&iacute; intimidada por todas esas miradas escrutadoras, mi jefe por el contrario, feliz y presuntuoso de llevarme a su lado, tomada del brazo. Saludos del personal y de algunos de los socios quienes estaban acompa&ntilde;ados por sus esposas. Se&ntilde;oras tambi&eacute;n de edad con vestidos mucho m&aacute;s recatados, que saludaban fingiendo agrado por la reci&eacute;n llegada y aparte deb&iacute; sonriente, soportar las miradas obscenas de sus esposos hacia mi pecho, esperando por un eventual descuido m&iacute;o.<\/p>\n<p>Dom&eacute;nico, Francesco y su padre, afortunadamente vinieron a mi rescate y aprovech&eacute; el encuentro para preguntar por mi asistente.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y Antonella? &mdash;Le pregunt&eacute; a Francesco, con mi voz y mirada.<\/p>\n<p>&mdash;Humm Silvia, creo que no demora. Es mujer y como tal, es de las que se hace esperar. &iquest;Champagne? &mdash;Y separ&aacute;ndome del cobijo de mi jefe, me llev&oacute; hasta el fondo del amplio piso, exactamente al lugar donde hab&iacute;an preparado una larga mesa cubierta con un delicado mantel blanco bordado, sillas altas e igualmente cubiertas por similares telas y un amplio mo&ntilde;o de brillante tela carmes&iacute; en el espaldar.<\/p>\n<p>All&iacute; le solicit&oacute; a un mesero, las respectivas copas de la espumosa bebida. Y as&iacute;, acompa&ntilde;ada por el guapo italiano, Francesco me fue presentando a algunas personas que no trabajan en la organizaci&oacute;n pero que &eacute;l las hab&iacute;a invitado primero a este evento y posteriormente a la inauguraci&oacute;n de su discoteca. Eran j&oacute;venes como &eacute;l, y de clara tendencia homosexual, aunque tambi&eacute;n hab&iacute;a all&iacute; tres mujeres, con edades de entre los veinte a los veinticinco a&ntilde;os.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hasta que por fin te encuentro Silvia! &mdash;Escuch&eacute; la delicada voz de mi asistente personal a mi espalda. Me gir&eacute; y me qued&eacute; de una sola pieza al ver la imagen de una sin igual obra de arte italiana.<\/p>\n<p>Antonella se encontraba all&iacute; de pie tan preciosa como la m&aacute;s deseada de las joyas de la realeza. Me remont&eacute; a mi breve &eacute;poca de modelo de lencer&iacute;a, sin embargo la preciosa italiana parec&iacute;a m&aacute;s una modelo de pasarela y revista de modas, con su talle fr&aacute;gil y espigado, la tez de una laja de m&aacute;rmol pulido, con su boca entre abierta como los p&eacute;talos m&aacute;s delicados de una urbana rosa turinesa y la redondez de sus preciosos ojos almendrados que se ve&iacute;an m&aacute;s grandes que nunca, gracias al arco alto de sus cejas negras matizadas.<\/p>\n<p>Su vestido era suntuoso, muy provocativo y seductor. Los delicados pliegues del chiffon rojo envolv&iacute;an su figura y que en sesgadas franjas ascend&iacute;an desde sus muslos, entrelazando la delicada tela translucida hasta un palmo por encima de la cintura, muy ajustado a sus caderas, confirmando visualmente las rotundas elevaciones de sus nalgas y terminando en unas ajustadas copas que recubr&iacute;an sus senos, ya arrullados por un coqueto brassier con transparencias y de negros encajes.<\/p>\n<p>Complementando el ajuar de princesa turinesa, Antonella usaba unas mangas del mismo hilado retorcido, que desde las mu&ntilde;ecas los cubr&iacute;an hasta unos cuatro dedos por encima de los codos, perfeccionada su admirada belleza por aquel peinado irreverente y distinto al del jueves que me recibi&oacute;. Rizada su azabache melena, labios de fresco melocot&oacute;n sin brillo, contrastando con la brillantez de su vestido, Ojos bien marcados por un r&iacute;mel potente y suave rubor mate en los p&oacute;mulos. Hermosa y encantadora mi asistente. &iexcl;Matadora! Como dir&iacute;a mi esposo si la viera.<\/p>\n<p>&mdash;Estas&hellip; &iexcl;Precios&iacute;sima! &ndash;Fue lo &uacute;nico que atin&eacute; a decirle&ndash;. Menos mal que has llegado, con tanta mirada y comentarios al o&iacute;do entre las se&ntilde;oras de los socios, me estaba sintiendo fuera de lugar. Debe ser por este vestido tan&hellip; &iquest;Te parece inapropiado?<\/p>\n<p>&mdash;Para nada Silvia. &iexcl;Resplandeces como una hermosa estrella! &mdash;Me respondi&oacute; Antonella. Honesta su voz y coqueta aquella mirada con trazas de avellanas.<\/p>\n<p>Don Hugo nos ubic&oacute; hablando en medio de las personas que nos colaborar&iacute;an en la ejecuci&oacute;n de nuestras propuestas y pasando su brazo derecho por detr&aacute;s de m&iacute; desnuda espalda, repos&oacute; con suavidad, su mano sobre mi cadera diestra y alej&aacute;ndome de Antonella, recorri&oacute; el lugar conmigo de su lado, bebiendo &eacute;l de su vaso de escoc&eacute;s y yo otra copa de champagne. Orgulloso de pasearme por aquella amplia oficina, &ndash;tal cual mi esposo me lo hab&iacute;a expresado d&iacute;as antes- y lucirme junto a &eacute;l, para terminar unos metros m&aacute;s all&aacute;, dialogando mi jefe con dos de los socios, ellos acompa&ntilde;ados de sus aristocr&aacute;ticas mujeres, quienes en italiano hablaban y me miraban mientras lo hac&iacute;an.<\/p>\n<p>Los hombres adultos con sus ojos puestos en la &laquo;V&raquo; del escote, o el perfil de seno que se adivinaba bajo la delicada tela, devorando imaginariamente los poros de mi piel y las se&ntilde;oras, simulando una afable sonrisa. No supe de qu&eacute; conversaban. Aparentemente yo era el punto focal de sus palabras y las risas, y como una idiota solo les agradec&iacute;a en espa&ntilde;ol sin saber si era ofendida o halagada en italiano. &iexcl;Tal vez era esto &uacute;ltimo! &iquest;Pero debido a qu&eacute;? &iquest;A mi desempe&ntilde;o profesional? &iquest;Mi figura latina tal vez? O&hellip; &iquest;A lo atrevido del vestido que les ofrec&iacute;a tanta piel para fantasear retozando conmigo?<\/p>\n<p>Francesco y su novio, de pronto aparecieron como a las diez de la noche, tomados de la mano y sonri&eacute;ndole a mi jefe, el apuesto italiano apoy&oacute; su brazo por encima de los hombros de mi jefe, para decirle muy confiado y en un perfecto espa&ntilde;ol, como para que yo lo comprendiera todo y diera seguramente el visto bueno a su proposici&oacute;n&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Bueno Hugo, creo que ya es hora. Vamos a secuestrar unas horas a tu hermosa asistente. La juventud debe buscar ahora un lugar un tanto m&aacute;s movido y dejar de estar rodeados de tantos &laquo;vejestorios&raquo;. No te preocupes por ella que la cuidaremos y te la devolveremos muy temprano en el hotel, sana y salva. En sus cinco sentidos, no lo podr&iacute;a asegurar. &iexcl;Jajaja!<\/p>\n<p>Y don Hugo con cara de conformismo, se despidi&oacute; de m&iacute; cari&ntilde;oso y con una casi paternal expresi&oacute;n en su rostro, me dijo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ten mucho cuidado y bebe con moderaci&oacute;n! &mdash;Y la iluminaci&oacute;n de sus ojos de luna plateada, se fue diluyendo tras los pasos que me fueron separando con rapidez de &eacute;l.<\/p>\n<p>Iba Francesco junto a su novio en su deportivo plateado por delante de nosotras, trazando con el relumbrante rubio de las luces, las curvas de una colina no muy elevada, en las afueras de Tur&iacute;n. Antonella conduc&iacute;a el rojo suyo y sonriente, a veces me miraba y en otras ocasiones el retrovisor. Yo pendiente del paisaje iluminado por la claridad que otorgaba la luna, pens&eacute; en mi esposo y en su promesa de mantener lejos las manos del cuerpo de su compa&ntilde;era de trabajo en esa noche.<\/p>\n<p>Luego de una amplia curva a izquierda, ante nosotras se hizo luz primero y al detener los autos ante un gran port&oacute;n de madera, en medio de dos columnas de piedra de rio, escuchamos ruidosa m&uacute;sica, elevados gritos, aplausos y festejos por doquier. &iexcl;Demasiada algarab&iacute;a! Pens&eacute;.<\/p>\n<p>La reja se abri&oacute; raudamente y pude observar una mansi&oacute;n de paredes pintadas de cal. Dos pisos soportados en amplios arcos y cubiertas a dos aguas en rojas tejas romanas. Pinos altos y delgados iluminados para navidades, a uno de los costados de la amplia zona de estacionamiento y en el centro una fuente de agua, con dos &aacute;ngeles desnudos iluminados por tres focos de rosada luz.<\/p>\n<p>&mdash;Bienvenida Silvia, este es el lugar. Nuestro sitio para vivir y disfrutar como lo deseamos ser, sin restricciones ni miradas acusadoras. &mdash;Me dijo muy feliz Francesco, entre tanto Dom&eacute;nico saludaba efusivo a un grupo de personas con vestuarios para un carnaval, pelucas de colores encendidos y exuberantemente maquilladas.<\/p>\n<p>De lejos parec&iacute;an mujeres, pero ya m&aacute;s de cerca, pude darme cuenta de que eran hombres, por los rasgos rudos de sus rostros y la musculatura de los brazos que permanec&iacute;an rodeados con las adornadas guirnaldas de plumas coloridas. Eran altos, y mucho m&aacute;s gracias a su calzado de plataformas que yo como mujer, me dar&iacute;a temor usar. Uno de ellos era muy parecido a Marilyn Monroe, otro m&aacute;s imitaba a una cantante americana que a Rodrigo le encanta por sus espectaculares shows, no record&eacute; su nombre pero Madonna claramente no era. Los otros tres, la verdad que ni idea.<\/p>\n<p>&mdash;Vamos &laquo;cara m&iacute;a&raquo;. &iexcl;Ven y te das una idea del lugar! Me acaban de comentar que hace veinte minutos empez&oacute; la fiesta, &iexcl;Dentro est&aacute; que arde! &mdash;Me invit&oacute; Francesco, abrazando por igual a Antonella y esta a su vez, extendi&eacute;ndome su mano y en el interior, bajando unas preciosas escalinatas hacia un ampl&iacute;simo sal&oacute;n, nos recibi&oacute; una oleada de calor.<\/p>\n<p>Sonido estridente, colores rosas en las delicadas cornisas, una ardiente franja roja un poco m&aacute;s abajo. Naranjas y amarillos intensos; el verde de un bosque y a continuaci&oacute;n una franja turquesa seguida de un profundo azul &iacute;ndigo y por &uacute;ltimo el color violeta de la pasi&oacute;n. Festones, globos platinados en forma de coraz&oacute;n y letras doradas que hinchadas, flotaban sobre las mesas circulares a los dos costados. Luces multicolores y olores variados a menta, canela, fresa y otro apestoso, muy dulz&oacute;n, que sin dudarlo era pura marihuana fumada.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y las oficinas? &mdash;Le pregunt&eacute; a mi agraciado anfitri&oacute;n.<\/p>\n<p>Y &eacute;l mirando a mi hermosa asistente, le habl&oacute; al o&iacute;do algo y me envi&oacute; con ella hacia unas escaleras, tambi&eacute;n con pisos de m&aacute;rmol, hacia el segundo nivel. All&iacute; una c&oacute;moda oficina con sof&aacute;s de cuero beige, pinturas de desnudos amantes bastante explicitas, dos escritorios y pantallas gigantes de televisi&oacute;n, que en alta definici&oacute;n, mostraba desde las alturas, la espectacular imagen de la rumba m&aacute;s abajo. Dejamos nuestros bolsos y amparada en el medianero silencio, tom&eacute; mi tel&eacute;fono y marqu&eacute; al de mi esposo. No respondi&oacute;. Mir&eacute; la hora en mi reloj y pens&eacute; que era tiempo de disfrutar de la noche, obsequi&aacute;ndole una sonrisa a mi asistente seguida de unas pocas palabras&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ya es hora Antonella, vamos pues las dos a divertirnos! &mdash;Y dej&eacute; confiada mi bolso y dentro, la tarjeta de la habitaci&oacute;n, mis documentos y tambi&eacute;n el m&oacute;vil.<\/p>\n<p>Extend&iacute;a sus brazos hacia las alturas de la nada y luego de aquella misma l&oacute;brega nada, sacudiendo las ondas de su melena rizada como el mar agitado, se aparec&iacute;an albas sus dos manos y diez dedos clarificados frente a mis ojos y que sin reparos, acariciaban mi rostro con efusiva alegr&iacute;a y en perpetua ternura, el contorno de mi boca. El fervoroso fulgor en su mirada avellana y la constante sonrisa en su rostro, me seduc&iacute;an con mucha picard&iacute;a. Aquella risa contagiosa que me alegraba la noche, despejando mis temores y controvirtiendo mi apost&oacute;lica moral, me animaba a seguir sus pasos; bueno al menos a intentarlo, dando saltos descoordinados, ella arriba y yo abajo. Sub&iacute;a yo emocionada al cielo, despegando la suela de mis zapatos de tac&oacute;n del brillante entablado y con los brazos abanicando la nube blanca del gas que por ratos permit&iacute;a exhibir los colores de un arco iris y que a mediana altura, nos envolv&iacute;a a todos en el centro de la pista de baile, muy feliz Antonella me rodeaba con sus brazos, evitando mi probable ca&iacute;da.<\/p>\n<p>Y ella, mi preciosa asistente italiana, se acercaba para cubrir con la esquivada tela mi seno izquierdo, brillante por el sudor y rebelde por su agitada desnudez. Una primera vez, despu&eacute;s de la segunda se venci&oacute;. &iquest;O no? A la tercera tan solo me lo acarici&oacute;, presionando la redondez y con su pulgar, rot&aacute;ndolo por encima del altivo pez&oacute;n. Y entre tanta m&uacute;sica, luces de mil colores rompiendo de vez en cuando la oscuridad del lugar, aprovechaba la intimidad que el humo colorido y aroma a fresa nos ofrec&iacute;a, para mirarme con vibrante intensidad y orillar el grosor de sus labios, sobre los apacibles m&iacute;os.<\/p>\n<p>Cuando cansada de mis pies estaba, me acompa&ntilde;aba hasta nuestra mesa y en una de las tantas veces, una mano delicada y tersa, pretend&iacute;a escalar mi muslo por la abertura de la falda. Me gustaba esa sensaci&oacute;n, caricias permitidas, seductores avances&hellip; &iexcl;Para qu&eacute; negarlo! Estaba dichosa y algo excitada por todo lo que se viv&iacute;a all&iacute;. Observ&eacute; la hora en mi reloj al levantar la copa de acr&iacute;lico verde con mi&hellip; &iquest;Noveno? Cocktail Margarita y me sobresalt&eacute; por la hora. No hab&iacute;a reparado en toda la noche en mi esposo, hipnotizada por el ambiente liberador de aquella discoteca y obviamente, siendo objeto de todo tipo de atenciones y licores ofrecidos por Francesco las primeras veces o por Dom&eacute;nico despu&eacute;s.<\/p>\n<p>Al comienzo me sent&iacute; cohibida por sus manifestaciones de afecto, pero despu&eacute;s me acostumbr&eacute; a verles muy entregados a comerse las bocas a punta de besos apasionados, lenguas ros&aacute;ceas y h&uacute;medas escrutando sus paladares y caricias demasiado sensuales por debajo de la mesa, que en otro lugar serian objeto de desaprobaci&oacute;n. Lascivas im&aacute;genes que me calentaban, de a poco, pero mojaban mi intima hendidura. Todo aquello en frente de nosotras dos, y al observar a mi alrededor la situaci&oacute;n era igual entre hombres con su disfrazada pareja Drag, mujeres con mujeres&hellip; &iexcl;Todos en su disfrutada libertad!<\/p>\n<p>&mdash;Antonella, se le acabo la fiesta a esta cenicienta. Debo marcharme ya. &iquest;Me puedes llevar al hotel? Le habl&eacute; sinceramente afectada por el alcohol y las ganas de reposar en mi habitaci&oacute;n. &iexcl;Hab&iacute;a pr&oacute;ximamente un vuelo que tomar!<\/p>\n<p>&mdash;Solo si prometes dejar aqu&iacute;, &ndash;se&ntilde;al&aacute;ndome su boca&ndash; una muestra de que te gust&oacute; todo y hasta m&aacute;s tarde en sano juicio, me juras ahora que no te arrepentir&aacute;s. &mdash;Pens&eacute; en Rodrigo r&aacute;pidamente, con seguridad que le iba a gustar cuando se lo contara.<\/p>\n<p>Y sin demostrarle mi af&aacute;n, &ndash;entrecerrando los p&aacute;rpados&ndash; me prend&iacute; pausadamente de aquella boca primero, y desbocada unos segundos despu&eacute;s, de sus labios encarnados que se me antojaban apetitosos y dulces, de un carm&iacute;n naranja pastel hipnotizante, estrechando el cerco que mi lengua pretend&iacute;a tomar de su boca, Antonella me recibi&oacute; con codicia el beso, y tom&oacute; con experimentada intrepidez, posesi&oacute;n de mi lengua absorbi&eacute;ndola dentro de aquella c&aacute;lida abertura.<\/p>\n<p>No med&iacute; el tiempo, quiz&aacute;s solo breves segundos, de pronto las dos entregadas m&aacute;s de dos minutos, lo &uacute;nico real es que me humedec&iacute;. &iexcl;Bastante! Y en medio de nuestras respiraciones no contenidas y sexualmente expresadas, no s&eacute; c&oacute;mo me dio por decirle a mi deseada asistente&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Vamos a mi habitaci&oacute;n a continuar nuestra fiesta! &mdash;Y en el rostro de Antonella, una carita de felicidad se le fue bosquejando con visos de una m&aacute;s que segura conquista. Ella s&iacute;, &eacute;l no.<\/p>\n<p>El cielo plomizo de la ciudad y el viento helado, me recibieron en el and&eacute;n, presagiando tempestades. Con mi trolley arrastrando tras de mis apurados pasos, me separ&eacute; de mi jefe, sin despedirme ni darle las gracias por todo y por nada. Y &eacute;l avergonzado, ni hizo el intento de acercarse a mi o si lo realiz&oacute;, yo no me fij&eacute; en &eacute;l y tampoco lo escuch&eacute;. Tras pisar la acera del aeropuerto de Barajas, un taxi me acerc&oacute; a mi hogar ya en la tarde. La verdad, me tom&eacute; unos minutos, indecisa en el pasillo en frente de la puerta. Respiraba muy agitada y las palpitaciones en mi coraz&oacute;n, por supuesto aceleradas.<\/p>\n<p>Finalmente como una piadosa mujer, que no lo era tanto en verdad, me persign&eacute; y respirando profundamente liber&eacute; la tensi&oacute;n de los m&uacute;sculos y gir&eacute; la perilla abriendo la puerta a la realidad.<\/p>\n<p>Encarnado el silencio en cada objeto, en cada mueble y rinc&oacute;n de la sala de mi hogar, me dio de frente el frio de la soledad que proven&iacute;a de las habitaciones por el estrecho pasillo. No esperaba el abrazo de mi esposo, obviamente. Pero si al menos la algarab&iacute;a calurosa de mis hijos como recibimiento. Descargu&eacute; el abrigo sobre el brazo del sof&aacute;, el trolley plateado ni siquiera lo acomod&eacute;. Lo dej&eacute; solitario a mitad de camino entre el comedor y la cocina. Lo importante era averiguar y entonces tel&eacute;fono en mano le marqu&eacute; esperanzada a Rodrigo. Todo igual con &eacute;l y con su m&oacute;vil fuera de servicio o apagado. &iexcl;Mi madre! Pens&eacute;, y en pocos minutos por fin el generoso saludo de la persona que siempre me acoger&iacute;a con ternura y amor entre sus brazos, abri&eacute;ndome de par en par, las puertas de su casa si llegado el caso, lo pudiera necesitar.<\/p>\n<p>&mdash;Ya llegu&eacute; madre m&iacute;a, ya estoy aqu&iacute;. &mdash;La salud&eacute;.<\/p>\n<p>Y cuando ella me escuch&oacute; se emocion&oacute; tanto, como casi siempre lo hac&iacute;a con las llamadas de sus hijos, casi hasta llorar.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hola mi princesa! &iquest;C&oacute;mo me le fue en el viaje de regreso? &mdash;Pregunt&oacute; animada por mi retorno.<\/p>\n<p>&mdash;Bien mamita hermosa. &mdash;Le respond&iacute;. &iquest;Y los ni&ntilde;os? &iquest;Ya los recogi&oacute; Rodrigo? &mdash;Le pregunt&eacute; con ansias por saber de mis dos peque&ntilde;os amores.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Rodrigo?&#8230; Pero mi amor si el &laquo;arremuesco ese&raquo; llam&oacute; temprano para decirme que t&uacute; vendr&iacute;as por ellos. &iexcl;Que &eacute;l estaba trabajando hoy! &mdash;Y s&iacute;, a mi madre mi esposo nunca le agrad&oacute;. Por un medroso y est&uacute;pido silencio de mi parte, Rodrigo carg&oacute; con la cruz de mi desfloraci&oacute;n y eso mi madre nunca se lo perdon&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Ahhh, si es verdad. Lo siento mamita pero se me olvido. &iexcl;Ya paso por ellos! &mdash;Le respond&iacute; evitando entrar en m&aacute;s detalles. Pero mi madre que es como una bruja, esa tarde algo sospech&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Tranquila, no te afanes que ahora que regrese Alfonso con ellos del parque, los arregl&oacute; y vamos para all&aacute;. De paso me muestras las fotos y me cuentas como es Italia, mientras tomamos un chocolate caliente. Nosotros llevamos los churros. &mdash;Me respondi&oacute; con gran alegr&iacute;a y yo, sin ganas de verla a la cara. De seguro con su intuici&oacute;n, sospechar&iacute;a que entre mi esposo y yo, algo suced&iacute;a.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Me llamaste? &mdash;Aquellas palabras de un mensaje al m&oacute;vil de Martha, hab&iacute;an sido escritas a las 3:10<\/p>\n<p>&mdash;Ya estaba durmiendo, Martha. &iquest;Sucede algo con los ni&ntilde;os? &mdash;Escribi&oacute; un minuto despu&eacute;s. &iexcl;Mentiroso!<\/p>\n<p>La respuesta de Martha a su esposo, tan solo fue&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, ellos est&aacute;n durmiendo en casa de sus compa&ntilde;eritos. Te marqu&eacute; porque te extra&ntilde;aba. Disculpa por despertarte. Vuelve a dormir y cuando puedas o quieras me llamas.<\/p>\n<p>Pero ni le escribi&oacute; ni la llam&oacute;, mientras yo conduc&iacute;a con precauci&oacute;n en direcci&oacute;n al hotel.<\/p>\n<p>&mdash;Rodrigo&hellip; En serio que lo lamento. No pens&eacute; que Hugo y t&uacute; esposa, fueran a terminar liados en este viaje. La terapia con Almudena parec&iacute;a estar funcionando. Dormimos en la misma cama, aunque no hacemos nada, a&uacute;n. Pero si hablamos y nos comportamos delante de los ni&ntilde;os como antes de que yo&hellip; &mdash;Y de nuevo Martha llor&oacute; amargamente. Se acomod&oacute; en el centro del asiento posterior y continu&oacute; dici&eacute;ndonos&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Deber&iacute;amos llevar las cosas con calma, nos lo pidi&oacute; Almudena. &mdash;Y diciendo esto la escuch&eacute; maldiciendo varias veces y golpeando fuertemente sus muslos, pero no con las palmas de sus manos, en lugar de ello, lo hac&iacute;a con sus pu&ntilde;os cerrados. &iexcl;Me minti&oacute;! &iquest;Porque?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, Claro. Por supuesto Martha, muy en calma entre ustedes dos, pero por lo visto, tu querid&iacute;simo esposo segu&iacute;a a tus espaldas empe&ntilde;ado en tirarse con todas sus ganas a mi mujer. &iexcl;Y por lo visto lo logr&oacute;! &mdash;Le respond&iacute; con mi voz entrecortada.<\/p>\n<p>&mdash;Se supon&iacute;a que Hugo deber&iacute;a de abstenerse de tener sexo hasta que Almud&hellip; &iexcl;Por Dios! Rodrigo ser&aacute; qu&eacute;&hellip; &iquest;Crees que ella tambi&eacute;n nos minti&oacute;? &mdash;Me pregunt&oacute; Martha bastante afectada y limpi&aacute;ndose la nariz.<\/p>\n<p>&mdash;Pero porqu&eacute; lo har&iacute;a, si es nuestra amiga. Que ganar&iacute;a Almudena con eso. &iexcl;No! ni s&eacute; qu&eacute; pensar ya, Martha. Es que no veo a mi mujer minti&eacute;ndome de nue&hellip; &iexcl;Mierda! Pero s&iacute; yo habl&eacute; con ella y la escuchaba muy bien. Todo estaba normal. &mdash;Y golpeando el volante con fuerza, me detuve a un costado de la avenida.<\/p>\n<p>&mdash;Martha ser&aacute; qu&eacute; &eacute;l, que tu esposo&hellip; &iquest;La emborrach&oacute; para poder follarsela? &mdash;Segu&iacute;a enojado y llorando. Aun as&iacute;, yo continuaba buscando una raz&oacute;n y mil motivos para disculparla y dije una estupidez que hiri&oacute; a Martha.<\/p>\n<p>&mdash;Mira Rodrigo, Hugo podr&aacute; ser todo lo malo que tu pienses, pero jam&aacute;s se aprovechar&iacute;a de una mujer. Tiene sus principios, y es tan buen hombre como t&uacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Disc&uacute;lpame! Es que no s&eacute; qu&eacute; m&aacute;s pensar Martha. &mdash;Me excus&eacute; con ella y Paola me alcanz&oacute; un pa&ntilde;uelo de los que llevaba yo en la guantera del Mazda, para poder sonarme la nariz.<\/p>\n<p>&mdash;Rodrigo, cr&eacute;eme que si lo hubiera sabido no habr&iacute;a insistido en que Hugo se acostara con su secret&hellip; Con tu esposa, para aliviar en algo su dolor y emparejar as&iacute; nuestra relaci&oacute;n. &mdash;Y continu&oacute; llorando y sorbiendo por su humedecida nariz.<\/p>\n<p>&mdash;Yo, en serio que lo &uacute;ltimo que quer&iacute;a era destruir tu matrimonio. &iexcl;Nunca! Esc&uacute;chame bien Rodrigo, jam&aacute;s pretender&iacute;a utilizarte ni matarte en vida, como ahora estas. Lo siento, lo siento mucho. &iexcl;Perd&oacute;name, Rodrigo! &iexcl;Perd&oacute;nanos a las dos!<\/p>\n<p>Y llorando amargamente, Martha me pidi&oacute; que la llevara mejor hasta su casa. Paola asombrada, acariciaba mi mejilla para luego posar su mano con firmeza sobre la m&iacute;a, la que reposaba sobre la palanca de cambios y decirme con su acostumbrada jovialidad&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No jodaaa, Nene! Pero que carnaval te han montado. &iquest;Y todo para qu&eacute; Rocky? Es mejor que la dejemos en su casa y los dos ya m&aacute;s tranquilos en mi hotel, tomemos algunos roncitos con rodajas de lim&oacute;n para tranquilizarnos y deja de andar cuidando el culo de tu mujer. All&aacute; ella con sus parrandas y los remordimientos. Anda &laquo;Cachaquito&raquo; hermoso, no te preocupes tanto, que como bien dec&iacute;a mi abuela&hellip; &iexcl;Eso con jaboncito y agua se lava y queda igual!<\/p>\n<p>Continuar&aacute;&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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