{"id":30498,"date":"2021-07-23T01:33:43","date_gmt":"2021-07-23T01:33:43","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-07-23T01:33:43","modified_gmt":"2021-07-23T01:33:43","slug":"una-deuda-pendiente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/una-deuda-pendiente\/","title":{"rendered":"Una deuda pendiente"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"30498\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 19<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Viv&iacute;amos en Kiel, Alemania,&nbsp; donde fui asignado para complementar mi preparaci&oacute;n como piloto de helic&oacute;ptero al servicio de la Marina de Guerra de mi pa&iacute;s. Nuestra estad&iacute;a all&iacute;, junto con mi esposa, representaba no solo un pelda&ntilde;o m&aacute;s en el proceso de ascenso profesional en mi carrera sino tambi&eacute;n la oportunidad de conocer otros pa&iacute;ses, convivir en otro tipo de cultura, aprender otro idioma y compartir con gente de diferentes lugares.<\/p>\n<p>Por alguna raz&oacute;n, las personas con las que nos vincul&aacute;bamos en aquella ocasi&oacute;n, parejas, practicaban relaciones abiertas en sus matrimonios, de manera que, en principio, aquello nos pareci&oacute; un tanto raro, pero indudablemente nos llamaba la atenci&oacute;n. Aquello de que los miembros de la pareja tuvieran la libertad de compartir con diferentes parejas sexuales, con el consentimiento consensuado de ambos, nos resultaba un tanto dif&iacute;cil de aceptar, por una parte, pero, por otra, una opci&oacute;n de vida que nos parec&iacute;a atractiva. Aquello nos despertaba curiosidad y tengo que decir que nos alborotaba la libido.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a actividades que superaban nuestra capacidad de sorpresa. Nunca hab&iacute;amos presenciado un show de sexo en vivo, ni participado en actividades de sexo grupal, por ejemplo, de manera que ser espectadores de aquello en diferentes sitios, as&iacute; como la amplia oferta de espect&aacute;culos, art&iacute;culos relacionados con el sexo, v&iacute;deos pornogr&aacute;ficos, juguetes, literatura y dem&aacute;s, ciertamente captaban nuestra atenci&oacute;n. Pero, en condici&oacute;n de pareja joven, relativamente reci&eacute;n casados, aquello de las relaciones abiertas y la posibilidad de que tanto hombre y mujer se permitieran esa posibilidad en su matrimonio, definitivamente ejerc&iacute;a una atracci&oacute;n especial y nos llevaba a comportarnos de una manera diferente, m&aacute;s abierta y desinhibida.<\/p>\n<p>Las esposas de nuestros instructores alemanes, por citar un caso, se iban solas a vacacionar en las Islas Lanzarote, donde, al decir de algunos colegas espa&ntilde;oles, el plan era ligar con gente del lugar, pasarla bien y dar rienda suelta a su sexualidad. Lo que m&aacute;s nos sorprend&iacute;a era que aquello suced&iacute;a con el conocimiento y consentimiento de sus maridos. Preguntados al respecto, y curiosos nosotros de saber si el conocer de antemano que sus esposas pretend&iacute;an practicar sexo con otras personas durante sus vacaciones, ciertamente nos maravill&aacute;bamos con sus respuestas. &iquest;Por qu&eacute; no? Nos cuestionaban. Cada quien decide libremente lo que hace o deja de hacer.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s, conoci&eacute;ndolos y compartiendo un poco m&aacute;s, ellos mismos nos confesaban que tener sexo no era lo m&aacute;s importante en su relaci&oacute;n. Se valoraba m&aacute;s la compa&ntilde;&iacute;a, el apoyo del uno al otro para llevar adelante un proyecto de vida y la idea de tener una familia. El sexo, por decirlo de alguna manera, se ve&iacute;a como un entretenimiento que se compart&iacute;a en pareja. Para ellos, mi esposa, de origen latino, cabello y ojos oscuros, de buen cuerpo y piernas atractivas, era bastante admirada y asediada por los ellos, atracci&oacute;n bastante notoria cuando compart&iacute;amos eventos sociales.<\/p>\n<p>M&aacute;s de una vez parecieron insinu&aacute;rsele, pero, muy inocentes, jam&aacute;s nos dimos cuenta de la real intenci&oacute;n y quiz&aacute; no respondimos como ellos hubieran esperado. Hab&iacute;a mucho respeto y para nada llegamos a sentirnos presionados o forzados a hacer algo que no quisi&eacute;ramos. Lo cierto es que aquellas experiencias nos influenciaron y cambiaron en mucho nuestras actitudes con relaci&oacute;n al manejo de los v&iacute;nculos entre hombres y mujeres, especialmente en lo que a la pr&aacute;ctica del sexo se refer&iacute;a.<\/p>\n<p>Se nos dec&iacute;a que para mantener una convivencia equilibrada en el matrimonio, la pareja deber&iacute;a tener diferentes tipos de relaciones: las amistades de ella, las amistades de &eacute;l y las amistades de la pareja, y que tales amistades deber&iacute;an atender diferentes intereses. Es decir, algunas amistades eran para compartir actividades familiares, otras para compartir intereses profesionales, otras para compartir pasatiempos y aficiones, y otras para compartir sexo, entre otras cosas.<\/p>\n<p>Aunque no muy convencidos, ambos encontr&aacute;bamos algo de raz&oacute;n en aquello, porque no con todo el mundo se puede hablar de lo mismo y no todos comparten los mismos gustos e intereses en un momento espec&iacute;fico de la vida. Lo cierto es que all&iacute; tuvimos miles de oportunidades para satisfacer nuestra curiosidad, hablar abiertamente de nuestras preferencias y desfogar toda nuestra energ&iacute;a, pero evidentemente nos falt&oacute; voluntad y decisi&oacute;n para pasar del dicho al hecho, de la idea a la realizaci&oacute;n, y nos abstuvimos de satisfacer muchas de aquellas curiosidades.<\/p>\n<p>All&iacute; conocimos a Edgar, otro piloto que fue destacado conmigo durante aquel tiempo. &Eacute;l estaba soltero en aquella &eacute;poca y andaba con nosotros, mi esposa y yo, para arriba y para abajo durante nuestra estad&iacute;a. Era, por decirlo as&iacute;, nuestro compa&ntilde;ero y c&oacute;mplice, un agregado a la pareja, pues compart&iacute;amos con &eacute;l todas las circunstancias de nuestra permanencia en ese pa&iacute;s, a falta de contar con un c&iacute;rculo m&aacute;s amplio de amistades. Adem&aacute;s, creo, tambi&eacute;n, porque &eacute;l era muy pr&aacute;ctico y nosotros, tal vez inocentemente, le brind&aacute;bamos la comodidad de permitirle que nos acompa&ntilde;ara a donde fu&eacute;ramos y, efectivamente podr&iacute;amos decir que desde afuera podr&iacute;a decirse que se trataba de una convivencia permanente de tres personas. Mi esposa, &eacute;l y yo.<\/p>\n<p>Con &eacute;l tuvimos la oportunidad de conversar acerca de las situaciones que all&iacute; ve&iacute;amos y compartir varias experiencias. Juntos fuimos a explorar el barrio Saint Pauli y su famosa calle Reeperbahn, en Hamburgo, un sitio de vida nocturna caracterizado por muchos bares, tiendas y cabarets donde se pueden apreciar shows de sexo en vivo y distintos tipos de entretenimiento para adultos. Nunca sucedi&oacute; nada entre nosotros, pero el compartir este tipo de experiencias y aventuras, ciertamente elevaba la confianza que hab&iacute;a entre nosotros, como alguna vez que, siendo conscientes que &eacute;l estaba s&oacute;lo, lo alentamos a que desfogara sus &iacute;mpetus sexuales en alguno de estos lugares. Nosotros lo esperamos mientras eso suced&iacute;a y, despu&eacute;s, en sentido anecd&oacute;tico, coment&aacute;bamos con lujo de detalles todo lo ocurrido.<\/p>\n<p>Alguna vez, conversando los tres, sali&oacute; a relucir el tema de las relaciones abiertas y los &ldquo;m&eacute;nage a trois&rdquo; que normalmente presenci&aacute;bamos en el ambiente en que nos mov&iacute;amos. Pens&aacute;bamos que una cosa era una relaci&oacute;n consentida de una noche, una aventura, y otra diferente una relaci&oacute;n de confianza y permanente. Sin embargo, mi esposa, para extra&ntilde;eza de ambos en aquella ocasi&oacute;n, nos sorprendi&oacute; afirmando que esa relaci&oacute;n de tres podr&iacute;a funcionar siempre y cuando hubiera la madurez necesaria por parte de los involucrados, sin celos, sin escenas ni reclamos, sabiendo cada cual su rol en la relaci&oacute;n, y que la mujer encontrara satisfacci&oacute;n en la aventura. Palabras mayores, pens&eacute; yo.<\/p>\n<p>Varias veces tuve que ausentarme por varios d&iacute;as, en raz&oacute;n de mi trabajo, y Edgar siempre estuvo disponible para asistir a mi esposa si algo se sal&iacute;a de control y requer&iacute;a de su apoyo, que a veces, simplemente, consist&iacute;a en hacerle compa&ntilde;&iacute;a. Durante estas ausencias yo hablaba con ella a diario, pero nunca jam&aacute;s se mencionaba nada relativo a la especial atenci&oacute;n que &eacute;l le prodigaba cuando yo no estaba presente. Hab&iacute;a entre ellos, digamos, una relaci&oacute;n de amistad prudentemente distante y respetuosa, trat&aacute;ndose del v&iacute;nculo de un hombre soltero con una mujer casada. Pero era evidente que &eacute;l disfrutaba de la compa&ntilde;&iacute;a de mi esposa y de seguro, en ese momento, hab&iacute;an consolidado un v&iacute;nculo de mutua confianza.<\/p>\n<p>Edgar era un hombre guapo, nada del otro mundo, pero ten&iacute;a una voz de tono grave, como de locutor de radio, que cautivaba a mi esposa, llegando a confesarme alguna vez que aquello le atra&iacute;a, le gustaba y le despertaba un no s&eacute; qu&eacute; especial, que le despertaba sensaciones placenteras. Lejos estaba yo de imaginarme el tipo de experiencias en que podr&iacute;a desembocar aquella confesi&oacute;n porque, socialmente hablando, la relaci&oacute;n entre ellos se mostraba educadamente distante y respetuosa.<\/p>\n<p>En alguna ocasi&oacute;n, compartiendo los tres en un evento social, presenciamos c&oacute;mo la esposa de nuestro amigo alem&aacute;n, casi al final, abandon&oacute; la reuni&oacute;n acompa&ntilde;ada por otro hombre. Le preguntamos el motivo y, sin preocupaci&oacute;n aparente, nos manifest&oacute; que tal vez se hab&iacute;a interesado en un muchacho y que seguramente iba a estar un rato con &eacute;l. Extra&ntilde;ados y sorprendidos preguntamos, intrigados, &iquest;Y esto no te afecta? Para nada, respondi&oacute;. Cuando llegue a casa, m&aacute;s tarde, s&eacute; que ella estar&aacute; all&iacute;.<\/p>\n<p>De verdad, nos parec&iacute;a muy civilizado comportarse de esa manera en la relaci&oacute;n de pareja, entendiendo y apoyando, aparentemente, las necesidades del otro, por lo menos en lo referente al aspecto sexual del v&iacute;nculo matrimonial. Y nuevamente, en nuestras conversaciones, sal&iacute;a a relucir si tendr&iacute;amos la apertura de mente necesaria para permitir esas libertades dentro de nuestras relaciones de pareja. &iquest;Permitir&iacute;a yo, preguntaba Edgar, que &eacute;l, por ejemplo, se le insinuar&aacute; a mi esposa y procurara tener alg&uacute;n tipo de contacto sexual? La sola idea, expresada as&iacute;, de repente, sonaba extra&ntilde;a. Yo la miraba a ella, y me preguntaba&hellip; &iquest;Ser&iacute;a cuesti&oacute;n de que yo lo permitiera, que t&uacute; lo permitieras, o que, m&aacute;s bien, ambos lo permiti&eacute;ramos?<\/p>\n<p>Tendr&iacute;a que ser algo consensuado, dec&iacute;a ella. Ustedes, los hombres, tienen m&aacute;s libertad para actuar en ese sentido. Pero, replicaba yo, un hombre puede pretender conquistar a una mujer, bien sea para una aventura de una noche, o una relaci&oacute;n de toda la vida, sin saber que ella es casada, que tiene novio o que ya tiene compromisos. &iquest;Y? le cuestionaba yo. Pues en ese caso, afirmaba ella, la decisi&oacute;n queda bajo responsabilidad de la mujer. Es ella quien decide si la propuesta prospera o no. &iquest;Y de qu&eacute; depender&iacute;a? Le preguntaba yo. &iquest;De las necesidades de la mujer, del hombre, o de ambos? Pues, si las necesidades son correspondientes con el momento emocional de cada uno, hombre y mujer, bien pudiera ser que la propuesta se vuelva realidad. &iquest;Por qu&eacute; no? &iquest;Acaso no es lo que ustedes hacen normalmente?<\/p>\n<p>Y es por eso se dice que el hombre propone y la mujer dispone. Ustedes intentan ligarse a una mujer a la primera oportunidad, pero es ella quien finalmente decide y dispone si aquello puede o no puede ser. Aqu&iacute;, por lo visto, la mujer tambi&eacute;n est&aacute; en posici&oacute;n de proponer, y ya ver&aacute; el hombre si acepta o no la invitaci&oacute;n. Yo creer&iacute;a que, por lo general, el hombre nunca se negar&iacute;a a la petici&oacute;n de una mujer, pero pudiera estar equivocada. Por el contrario, pienso que, la mujer tiene mayores opciones de escoger con quien compartir ese tipo de aventura. Para ella estaba claro, dec&iacute;a, que, por ejemplo, Edgar, como hombre, podr&iacute;a proponerle algo a ella, pero que, depend&iacute;a de ella aceptar o no.<\/p>\n<p>Nos quedamos un tiempo m&aacute;s en Alemania, antes de regresar a nuestro pa&iacute;s de origen, pero, al parecer, nunca sucedi&oacute; nada entre nosotros tres. Las palabras de mi esposa seguramente hab&iacute;an quedado flotando en el ambiente, tal vez como una invitaci&oacute;n para que nuestro amigo se atreviera a algo, si as&iacute; lo quer&iacute;a, pero nunca se dio la oportunidad y nosotros, tanto &eacute;l como nosotros, tampoco lo buscamos. Seguimos compartiendo nuestra experiencia de viaje, tanto social como laboralmente, guardando las debidas y correspondientes distancias. De hecho, compartimos con Edgar y algunas de sus conquistas antes de nuestra partida y el v&iacute;nculo de amistad pareci&oacute; fluir sin contratiempos.<\/p>\n<p>Llegados de nuevo a nuestra sede, el destino nos ubic&oacute; en caminos separados. Edgar estuvo destacado en otras unidades, lejos de nosotros, y al tiempo supimos que se hab&iacute;a retirado para emigrar y buscar nuevos horizontes en otro pa&iacute;s. La comunicaci&oacute;n entre nosotros, poco a poco se fue apagando, hasta no volver a saber m&aacute;s el uno del otro. Por ah&iacute;, eventualmente, a trav&eacute;s de las redes sociales llegamos a conocer de sus andanzas, pero nada m&aacute;s. En alguna ocasi&oacute;n chateamos por whatsapp y quisimos saber de la vida de uno y otro, pero eran conversaciones muy livianas y superficiales.<\/p>\n<p>En alg&uacute;n momento fuimos a visitarle a Miami, en Estados Unidos, donde estaba radicado. Lo encontramos felizmente casado, concentrado en labrarse un futuro profesional y fortalecer su situaci&oacute;n econ&oacute;mica en ese pa&iacute;s. Durante nuestra corta estad&iacute;a pudimos compartir con &eacute;l y su esposa, Carmenza, quien se mostr&oacute; muy amistosa y amable. La relaci&oacute;n entre nosotros no pas&oacute; de lo socialmente aceptado. Y todo estuvo bien. Tal vez, en alguna conversaci&oacute;n, rememoramos lo vivido en Alemania a&ntilde;os atr&aacute;s, y &eacute;l llego a manifestar que, si alguna vez intentara proponerle algo a Laura, por ejemplo, yo, por puro respeto de su parte, lo tendr&iacute;a que saber. Al fin y al cabo, en ese v&iacute;nculo, era una cuesti&oacute;n entre &eacute;l y ella, hombre y mujer, libres de decidir. Y que &eacute;l pensaba que hab&iacute;a una deuda pendiente entre los dos.<\/p>\n<p>La verdad, nunca me preocup&eacute; por saber las intimidades del trato entre mi esposa y &eacute;l en aquellas &eacute;pocas. Me hab&iacute;a parecido que toso se hab&iacute;a dado dentro de lo esperado, pero nunca pregunt&eacute; qu&eacute; pasaba cuando ella y &eacute;l quedaban solos. Nunca me preocup&oacute;. Y tampoco nunca supe si &eacute;l en alg&uacute;n momento lleg&oacute; a interesarse por mi esposa o a proponerle algo. Tampoco ella me coment&oacute; si se hab&iacute;a presentado alguna situaci&oacute;n que se saliera de control y no se pudiera manejar.<\/p>\n<p>Pasado un tiempo, Edgar volvi&oacute; a aparecer de vuelta en nuestro pa&iacute;s, por motivos de trabajo. Nos visit&oacute; en Cartagena de Indias, donde viv&iacute;amos por aquellos d&iacute;as, y nos comentaba que, por alg&uacute;n tiempo, iba a estar viajando regularmente entre Estados Unidos y Colombia, y que seguramente nos ir&iacute;amos a ver con mayor frecuencia. Y as&iacute; fue. Cada vez que aparec&iacute;a, procur&aacute;bamos compartir alguna actividad durante su estad&iacute;a.<\/p>\n<p>Para esa &eacute;poca, ya mi esposa hab&iacute;a tenido la oportunidad de calmar su curiosidad y tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, todas consentidas, unas presenciadas por m&iacute; y otras a solas, de manera que, ya, digamos, manejaba mejor el tema, estaba m&aacute;s segura de lo que quer&iacute;a, me comunicaba sus deseos y no se armaba enredos a la hora de decidir qu&eacute; hacer al respecto. Y siempre, ante ese tipo de situaciones, volv&iacute;an a mi mente sus palabras de a&ntilde;os atr&aacute;s; el hombre propone y la mujer dispone.<\/p>\n<p>Sucedi&oacute; que Edgar se volvi&oacute; visitante frecuente durante dos largos a&ntilde;os. Fueron bastantes las veces que coincidimos en actividades, comidas, paseos, espect&aacute;culos, bailes y noches de bohemia. Era evidente que, cuando viajaba, le faltaba distracci&oacute;n y nosotros, como anfitriones en la ciudad, se la proporcion&aacute;bamos, al menos en parte. Y, pasado un tiempo, alguna vez, al calor de unas bebidas, me confes&oacute; que le gustar&iacute;a proponer y que Laura dispusiera lo correspondiente. No me diga que le tiene ganas, coment&eacute; en aquella ocasi&oacute;n. Pues s&iacute;, dijo, &iquest;por qu&eacute; no? Recuerde que yo soy hombre. Yo propongo. Bueno, dije, y cu&aacute;l es su estrategia, si puede saberse. Nada especial. Esperar la oportunidad. &iquest;Por qu&eacute; no? Pues s&iacute;, contest&eacute; yo, &iquest;por qu&eacute; no?<\/p>\n<p>&iquest;Y no le molesta que lo diga, pregunt&oacute;? La verdad, no, contest&eacute;. Ya estamos mayorcitos para saber qu&eacute; quiere cada uno. Eso ser&iacute;a un asunto entre ustedes dos, aunque no s&eacute; de d&oacute;nde surge el inter&eacute;s, precisamente ahora. Y si algo pasara a mis espaldas, ya ser&iacute;a un asunto entre ella y yo. Ciertamente me disgustar&iacute;a que aquello se diera a escondidas, no tanto por usted sino por ella y nuestra relaci&oacute;n. Estoy seguro que, si algo se da, ella me lo dir&iacute;a. Ya tenemos experiencia previa cuando ella se encapricha con alguien y est&aacute; dispuesta a llevarlo a la cama, as&iacute; que no encontrar&iacute;a raz&oacute;n para que esta vez fuera diferente. &iexcl;No! dijo &eacute;l. Para tranquilidad m&iacute;a, yo le prometo que lo mantendr&eacute; informado.<\/p>\n<p>No es que esto se haya vuelto una obsesi&oacute;n y est&eacute; enloquecido por ganarme sus favores, continu&oacute;, pero, si se dan las cosas y existe alguna posibilidad, yo le confieso que me gustar&iacute;a intentarlo. Ella me atrae, usted lo sabe, y hemos compartido experiencias en el pasado que pudieran facilitar y dar v&iacute;a libre a esa aventura, pero, bien pudiera no pasar nada. Y si as&iacute; fuera, al menos quedo con la certeza de que lo intent&eacute; y no me quedo con la incertidumbre de saber qu&eacute; hubiera pasado, si es que acaso no lo intento.<\/p>\n<p>Siendo m&aacute;s jovencitos tuvimos el deseo, pero no nos dimos esa oportunidad. &iquest;Qu&eacute; pasar&aacute; si lo intentamos ahora? Bueno, no estoy enterado de qu&eacute; situaciones se dieron en el pasado y cu&aacute;l es la deuda pendiente entre ustedes. Por m&iacute; no hay inconveniente, repliqu&eacute;, pero, si algo hubo en el pasado, no quisiera ser yo el &uacute;ltimo en saberlo ahora. Tenga la certeza de que nada hubo, coment&oacute; &eacute;l, pero tuvimos mucha confianza y creo que hubo cosas que no nos dijimos y dejamos de vivir en su momento, y es por eso que ahora s&iacute; quisiera intentarlo.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de dicho aquello, aparentemente, nada pas&oacute;. Compartimos varias veces, y ellos, en mi ausencia, tuvieron la oportunidad de estar a solas otras tantas veces, y al parecer las cosas no avanzaban en el sentido en que &eacute;l quer&iacute;a. Hasta que un d&iacute;a apareci&oacute; creado un grupo de whatsapp denominado &ldquo;A la conquista del sue&ntilde;o prohibido&rdquo;, cuyos miembros &eacute;ramos Edgar y yo. El primer mensaje que recibo, mientras me encontraba fuera de la ciudad, dec&iacute;a: &ldquo;Primer acercamiento&rdquo;. Ven&iacute;a acompa&ntilde;ado por una fotograf&iacute;a donde se les ve&iacute;a a ellos dos, sentados en una mesa de un conocido restaurante. Con cautela, respond&iacute;. Paso a paso&hellip; Y respondi&oacute;: Eso intento. No me quiero dejar llevar por la ansiedad.<\/p>\n<p>Y ese mismo d&iacute;a, m&aacute;s tarde, recib&iacute; otro mensaje que dec&iacute;a: &ldquo;Todav&iacute;a hay confianza&rdquo;. Ven&iacute;a acompa&ntilde;ado por otra fotograf&iacute;a donde se le ve&iacute;a a &eacute;l pasando su brazo por detr&aacute;s de la espalda de mi mujer, al parecer muy a gusto ambos. Y comentaba: Estamos recordando lo que vivimos en Alemania. Se acuerda bien y con detalle.<\/p>\n<p>Luego otro mensaje, m&aacute;s tarde, dec&iacute;a: &ldquo;Hay que ir muy despacio&rdquo;. De pronto es muy evidente que me quiero acostar con ella. Es la idea, pero no quiero arruinar la posibilidad. &iquest;Qu&eacute; paso? Pregunt&eacute; e aquella ocasi&oacute;n. Tal vez dije algo que no deb&iacute;a y pareci&oacute; molestarse, respondi&oacute;. La invit&eacute; a bailar y me acept&oacute;.<\/p>\n<p>Y m&aacute;s tarde, otro mensaje, dec&iacute;a: &ldquo;Relajados, bailando&rdquo;. Y comentaba: No tanta conversaci&oacute;n y m&aacute;s acci&oacute;n. Le gusta el movimiento. S&iacute;, respond&iacute; yo. Con eso la conquista. Espero que sepa aprovechar las bondades de su cuerpo. Lo estoy haciendo, respond&iacute;a.<\/p>\n<p>Luego, en otro mensaje, dec&iacute;a: &rdquo;El encendido soy yo&rdquo;. Y comentaba: Desde que empezamos a bailar tengo mi verga erecta y ella pareciera no inmutarse, con todo y que me las he arreglado para que se d&eacute; cuenta c&oacute;mo me tiene. Paciencia, me limit&eacute; a contestar.<\/p>\n<p>Ella, por su parte, bastante menos fogosa en sus comentarios, solo acertaba a contarme que hab&iacute;a acompa&ntilde;ado a Edgar, que hab&iacute;an conversado acerca de su trabajo, sus proyectos y que pronto terminar&iacute;a su trabajo. Seg&uacute;n ella, &eacute;l estaba empe&ntilde;ando en que su esposa pasara algunos d&iacute;as en la ciudad, algo que a&uacute;n estaba en proyecto. Pero nada respecto a sentirse asediada por este hombre, o seguirle la corriente en el juego, o estar realmente interesada en hacer algo con &eacute;l.<\/p>\n<p>Y as&iacute;, a trav&eacute;s del tiempo, con ese tipo de mensajes, acompa&ntilde;ados de fotograf&iacute;as, Edgar cumpl&iacute;a su compromiso de mantenerme informado de sus avances, cada vez que ten&iacute;an la oportunidad de encontrarse con mi mujer, especialmente en mi ausencia. Y, con el tiempo, los mensajes ven&iacute;an m&aacute;s cargados de comentarios y apreciaciones. Los reportes, por decirlo as&iacute;, no hac&iacute;an m&aacute;s que describir lo que se iba presentando en cada uno de los eventos.<\/p>\n<p>Pas&oacute; tiempo antes de recibir algo que indicara un mayor avance en las intenciones de Edgar. En otra ocasi&oacute;n, su mensaje dec&iacute;a: &ldquo;Fin de semana largo&rdquo;. Y comentaba: Me ha aceptado compartir todo el fin de semana. Espero sacar provecho y ver si salimos de la inercia que hemos mantenido a lo largo de todo este tiempo. La estrategia de aproximaci&oacute;n a ella es a trav&eacute;s del baile. Es muy f&iacute;sica. Se logra avances a trav&eacute;s de lo que perciben sus sentidos. Lo tengo claro, pero no s&eacute; c&oacute;mo ser m&aacute;s espec&iacute;fico y directo para expresarle abiertamente que me gustar&iacute;a tener sexo con ella.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente, otro mensaje suyo, muy temprano, dec&iacute;a: &ldquo;Paseo swinger&rdquo; D&iacute;a de paseo y descanso en una finca privada, con piscina. Van otras parejas. Ella lo sabe y acept&oacute;. Es mismo d&iacute;a, m&aacute;s tarde, el mensaje dec&iacute;a: &ldquo;Actividades&rdquo;. Y comentaba: Disfrutamos de piscina, sol y baile, sin sexo. Solo accedi&oacute; a despojarse del corpi&ntilde;o y estar en topless durante la jornada. Se prest&oacute; para participar en el show que dispusieron los organizadores con unos strippers y le chup&oacute; el pene a uno de los muchachos, como parte del show. Eso me prendi&oacute; much&iacute;simo.<\/p>\n<p>El mensaje ven&iacute;a acompa&ntilde;ado de una fotograf&iacute;a donde se apreciaba un grupo de personas, posando al borde de la piscina. Se ve&iacute;a all&iacute; gente desnuda, gente en vestido de ba&ntilde;o y mujeres en topless, todos mezclados. A Laura se la ve&iacute;a en un extremo, al lado de una mujer desnuda, y a Edgar en el extremo opuesto. Y comentaba: No pareci&oacute; molestarse cuando las parejas empezaron a jugar, a tener sexo y compartir entre ellas. No participamos y tampoco quise insinuar algo, esperando de ella alguna se&ntilde;al que nunca apareci&oacute;. Me parece que no le gusta exhibirse en p&uacute;blico. Es un buen descubrimiento. Y voy a actuar de otra manera.<\/p>\n<p>M&aacute;s tarde, otro mensaje dec&iacute;a: &ldquo;Noche de Bohemia&rdquo;. Y comentaba: Me busqu&eacute; un sitio apartado, m&aacute;s bien oscuro, donde escuchar m&uacute;sica, bailar y hablar de lo que pas&oacute; en el d&iacute;a. La cosa pinta bien. Y luego, m&aacute;s tarde, otro mensaje dec&iacute;a: &ldquo;Manos inquietas&rdquo;. Ven&iacute;a acompa&ntilde;ado por una fotograf&iacute;a donde se ve&iacute;a su mano, apoyada en uno de los muslos desnudos de mi mujer, bastante arriba de sus rodillas. Y comentaba: Me voy acercando. No lo ha impedido.<\/p>\n<p>M&aacute;s tarde, sin embargo, colocaba un mensaje que dec&iacute;a: &ldquo;De regreso a casa&rdquo;. Ven&iacute;a acompa&ntilde;ado de una fotograf&iacute;a donde se le ve&iacute;a a ella entrando a casa, sonriente, despidi&eacute;ndose de &eacute;l con la mano. Y comentaba: Debido a lo avanzado de la hora llegu&eacute; a pensar que acceder&iacute;a a que darse conmigo en el hotel. Sutilmente lo suger&iacute;, pero ella dijo que no era necesario, pues para eso ten&iacute;a su hogar y me pidi&oacute; que la llevara a casa. Hoy no se dieron las cosas como esperaba. Ma&ntilde;ana tenemos previsto asistir a un concierto, luego una comida y, m&aacute;s tarde, quiz&aacute;, despedir la semana tom&aacute;ndonos unos tragos.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente, su mensaje dec&iacute;a: &ldquo;Optimista&rdquo;. Y comentaba: La recog&iacute; en su casa y la percib&iacute; muy animada. Espero que todo vaya bien hoy, aunque el programa es menos atrevido que ayer. Espero tener m&aacute;s suerte. El mensaje ven&iacute;a acompa&ntilde;ado con una fotograf&iacute;a donde se les ve&iacute;a entrando a un auditorio. Y m&aacute;s tarde, en otro mensaje, dec&iacute;a: &ldquo;Nos vamos de copas&rdquo;. Y comentaba: El concierto fue de m&uacute;sica rom&aacute;ntica de todos los tiempos. Prefiere irse de copas. Me ha permitido caminar junto a ella rumbo a un bar, tomados de la mano, pero no me hago ilusiones. Vamos a ver qu&eacute; pasa<\/p>\n<p>Y luego, como a las dos horas de aquello, envi&oacute; otro mensaje que dec&iacute;a: &ldquo;Progresando&rdquo;. Y comentaba: Me siento m&aacute;s en confianza y m&aacute;s dispuesto a ir m&aacute;s all&aacute;. Ella me ha regalado tiernos besos y me ha permitido palpar todos los rincones de su silueta, aunque a&uacute;n hay sitios vedados. Para m&iacute; termin&oacute; bien este fin de semana. En la siguiente oportunidad ser&aacute; la vencida. El mensaje ven&iacute;a acompa&ntilde;ado con una fotograf&iacute;a donde se les ve&iacute;a bailando, con Edgar bien aferrado a las nalgas de mi mujer<\/p>\n<p>Mi esposa solo comentaba que hab&iacute;a estado s&uacute;per distra&iacute;da gracias a que Edgar le hab&iacute;a programado actividades todo el fin de semana y ella hab&iacute;a aceptado porque se sent&iacute;a muy encerrada, de modo que aquellas distracciones le hab&iacute;an ca&iacute;do bien para recargar energ&iacute;as. Que hab&iacute;a aprovechado para bailar como hac&iacute;a mucho tiempo no lo hac&iacute;a, y que &eacute;l la hab&iacute;a complacido en todo. Coment&oacute; que hab&iacute;an pasado el d&iacute;a en una finca con piscina, pero para nada dio detalles de la actividad con las parejas swinger. Ciertamente hab&iacute;a contraste entre los comentarios que &eacute;l y ella hac&iacute;an.<\/p>\n<p>En alg&uacute;n momento llegu&eacute; a preguntarle si ella sent&iacute;a que hab&iacute;a quedado algo pendiente en su relaci&oacute;n con Edgar, desde aquella vez que compartimos en Alemania. Me dijo que no. Pues, que a ella le parec&iacute;a que, si bien hab&iacute;an estado juntos, y muy pr&oacute;ximos f&iacute;sicamente en muchos instantes, quedaba claro que la situaci&oacute;n de ambos marcaba distancias. Y que en aquella ocasi&oacute;n no hab&iacute;a pasado nada. Bueno, pregunt&eacute;, pero &eacute;l si te atrae como hombre. S&iacute;, me dijo. Pero las cosas deben estar justo en su lugar. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. No hay ning&uacute;n compromiso.<\/p>\n<p>Pasaron varias semanas antes de un nuevo encuentro. Esta vez no hubo comentarios. Solo empezaron a llegar muchas fotograf&iacute;as donde se ve&iacute;a a Laura, mi esposa, vestida, semidesnuda y totalmente desnuda, posando en diferentes posiciones. Un escueto mensaje dec&iacute;a: &ldquo;El sue&ntilde;o se hizo realidad&rdquo;. Y comentaba: Finalmente, las cosas se dieron. Tal vez se decidi&oacute;, porque ya esto de vuelta. Ella es toda una dama. Cu&eacute;ntame, dije yo. Mejor vea su correo. Le dej&eacute; constancia. Ma&ntilde;ana viajo de regreso a los Estados Unidos. Gracias por su confianza.<\/p>\n<p>Con mucha curiosidad fui a mi computador, abr&iacute; mi correo y verifiqu&eacute; la bandeja de entrada. Ciertamente ten&iacute;a un mensaje de Edgar, titulado, &ldquo;El sue&ntilde;o se hizo realidad&rdquo;. El texto que conten&iacute;a el mensaje dec&iacute;a que muchas veces la realidad superaba la ficci&oacute;n, y que la experiencia hab&iacute;a superado en mucho todos los sue&ntilde;os que despierto hab&iacute;a imaginado en esa relaci&oacute;n. Dec&iacute;a que quiz&aacute;s hab&iacute;a sido mejor concretar la experiencia ahora y no en aquellos tiempos, donde realmente ninguno de los dos estaba claro sobre lo que se quer&iacute;a y que, tal vez, de haber forzado las cosas, se hubiese cometido un error.<\/p>\n<p>El video era expl&iacute;cito, con una duraci&oacute;n de 01:15 minutos, grabado en la habitaci&oacute;n de un hotel, al parecer desde una c&aacute;mara en posici&oacute;n fija, que dominaba la mayor parte de la habitaci&oacute;n, especialmente la cama. Empieza cuando &eacute;l pone a funcionar la c&aacute;mara, quedando en un primer plano, y ella, mi mujer, se observa acomodando su bolso en una silla y acomod&aacute;ndose en una peque&ntilde;a mesa, situada contigua a la cama. El procede a sacar una botella de vino y sirve dos copas. Bueno, brindemos, se escucha decir. &iquest;Por qu&eacute;? Replica ella. Pues porque me hayas aceptado la invitaci&oacute;n a venir a mi habitaci&oacute;n. Es un logro. Y &iquest;por qu&eacute;? Dice ella. Nunca antes lo hab&iacute;as propuesto. Tienes raz&oacute;n, contest&oacute; &eacute;l. Siempre lo imagin&eacute;, pero nunca lo dije. Bueno, que sea un motivo, dijo &eacute;l, alzando su copa y bebiendo ambos un trago.<\/p>\n<p>Bueno, Laura, dijo, ma&ntilde;ana me vuelvo para los Estados Unidos y va a pasar mucho tiempo antes de que nos volvamos a ver. Y en todo este tiempo siempre estuve imaginando que en alg&uacute;n momento pudi&eacute;ramos compartir un momento de mucha confianza e intimidad. Me refiero a llevar a realizar cosas que tal vez hemos imaginado y que, por pena, por timidez, o simple respeto, nunca llegamos a mencionar. Yo quisiera tener unas fotograf&iacute;as tuyas, algo especial, secreto y atrevido, que quedar&iacute;a tan solo entre los dos. &iquest;Estoy pidiendo algo inalcanzable? Pregunt&oacute; &eacute;l. No respondi&oacute; ella. &iquest;Qu&eacute; tienes en mente? Replica ella. Bueno, dice &eacute;l, totalmente dispuesto a las consecuencias: &iquest;Estar&iacute;as dispuesta a posar para m&iacute;? S&iacute;, dijo ella. &iquest;Qu&eacute; quieres?<\/p>\n<p>Tal vez, trat&aacute;ndose de fotograf&iacute;as, algo sensual, atrevido y sexy. &iquest;Qu&eacute; sugieres? Pregunt&oacute; ella. Bueno, p&aacute;rate, abre tus piernas, y posa para m&iacute;, como tu pienses que esas fotos deber&iacute;an ser. Entonces ella apur&oacute; su bebida, se levant&oacute; de su puesto y empez&oacute; a posar en diferentes posiciones, aun con la ropa puesta. El escenario de fondo, claro est&aacute;, era la cama, as&iacute; que bien pronto &eacute;l dijo&hellip; &iquest;podr&iacute;amos intentar algo m&aacute;s atrevido? &iquest;Qu&eacute; quieres ver? Dijo ella. Pues quisiera que repiti&eacute;ramos las mismas poses, pero solo dejando tu cuerpo solo decorado con tu ropa interior. Bien, dijo ella, eso merece otro trago. No s&eacute; si esto sea una locura. Pero, sin recato alguno, poco a poco se fue despojando de su vestido, acci&oacute;n que Edgar no dej&oacute; de fotografiar.<\/p>\n<p>En el video, ella quedaba de espaldas a la c&aacute;mara y se observa su cuerpo desde atr&aacute;s, y no se aprecia su rostro. Edgar, por el contrario, queda de frente y claramente se ve el gusto que experimenta contempl&aacute;ndola a ella mientras posa, y la dedicaci&oacute;n que coloca cuando dispara su c&aacute;mara, una y otra vez. Ella, coqueta, desabrocha la cremallera y deja caer su vestido, dej&aacute;ndose ver solo vestida por una sensual lencer&iacute;a negra. Y as&iacute;, en ropa interior, &eacute;l la dirige para que se ubique en diferentes posiciones; frente a &eacute;l, de espaldas a &eacute;l, de lado, abriendo sus piernas, sentada en el borde de la cama, arrodillada sobre la cama, en posici&oacute;n de perrito, recostada sobre la cabecera de la cama con sus piernas abiertas a lado y lado&hellip; Ella, siguiendo todos sus caprichos, parece disfrutarlo.<\/p>\n<p>&iquest;Podr&iacute;amos repetir las mismas tomas, pero sin tu brasier? Bueno, responde ella y, poco a poco, con una traviesa sonrisa, se despoja del brasier, dejando sus senos a la vista. Y ahora, siguiendo las gu&iacute;as de su improvisado fot&oacute;grafo, se acomoda como &eacute;l indica. Bueno, dice &eacute;l, &iquest;podemos hacer lo mismo, dejando que la c&aacute;mara goce tu desnudez? Seguro, dice ella. Espero que todas las fotos salgan bien. No quisiera pasar por todo este proceso de nuevo, dijo ella mientras se fue despojando de sus pantis, quedando solo vestida con sus zapatos, su collar, sus pulseras y sus aretes. Divina, divina, dijo &eacute;l. Quiero que abras bien tus piernas para deleitarme con la vista de tu sexo. &iexcl;S&uacute;per! &iexcl;S&uacute;per! P&aacute;rate aqu&iacute;, posa as&iacute;, acom&oacute;date all&aacute;, de modo que hizo varias tomas con ella, su modelo, totalmente desnuda.<\/p>\n<p>Al final le pidi&oacute; que se pusiera de pie, frente a &eacute;l, y, dejando su c&aacute;mara encima de la mesa, le dice. No sabes c&oacute;mo lo he disfrutado y deseo agradecerte, dijo, acerc&aacute;ndose para besarla. Ella lo acept&oacute; y lo acogi&oacute; sin reparos. Se observa c&oacute;mo aquel empez&oacute; a besarla y a acariciar su cuerpo, especialmente sus nalgas. As&iacute;, deleit&aacute;ndose el uno al otro, permanecen un inmenso rato. El pareciera no avanzar en la acci&oacute;n, as&iacute; que es ella quien insin&uacute;a que se vaya desnudando, empezando a retirarle lentamente la ropa, sin dejar de besarse y tocarse por todas partes. Y, ante esa iniciativa de ella, ahora es &eacute;l quien se ve apurado para quedar igual de desnudo a ella. &iquest;Te acuerdas que estuvimos as&iacute;, desnudos los dos, cuando fuimos a los ba&ntilde;os turcos en M&uuml;nich? Si, dijo ella, ri&eacute;ndose, pero aqu&iacute; no hay vapor.<\/p>\n<p>A continuaci&oacute;n, ella empez&oacute; a masajear el pene de Edgar, dici&eacute;ndole, all&aacute; nos falt&oacute; hacer esto. Hab&iacute;a mucha gente alrededor. S&iacute;, dijo &eacute;l, avanzando hacia la cama, de manera que fue inevitable que ella cayera tendida de espaldas, y, sin m&aacute;s pre&aacute;mbulos, abri&oacute; sus piernas, y, haciendo una se&ntilde;a con su mano, le invitaba a que se aproximara, indicando con este gesto su disposici&oacute;n a recibirle. El, comprendiendo lo que pasaba, sin tardanza, se apresur&oacute; a cubrir con su cuerpo el de ella y penetrarla, en posici&oacute;n de misionero, con mucha atenci&oacute;n y cuidado, empujando suavemente hasta que todo su miembro desapareci&oacute; totalmente dentro del sexo de mi excitada y ansiosa se&ntilde;ora, empezando a empujar con ritmo, lentamente, sacando y metiendo su miembro en toda su extensi&oacute;n.<\/p>\n<p>Aunque su pene no se ve&iacute;a muy grande, s&iacute; parec&iacute;a bastante grueso, obligando a que el sexo de mi mujer se abriera dificultosamente para acogerle. Ella, algo debi&oacute; sentir porque, tan pronto se sinti&oacute; penetrada, empez&oacute; a gemir con un volumen un tanto bajo, ya que Edgar no dej&oacute; de besarla mientras continuaba su faena. Sus manos acariciaban las piernas de mi mujer y ella, colocando sus manos en las nalgas de &eacute;l, atra&iacute;a su cuerpo hacia ella. Sus piernas, bien abiertas y levantadas, indicaban que estaba experimentando inmensas y gratas sensaciones. Sus brazos se desplazaban por encima de su cabeza y, al comp&aacute;s de las embestidas de &eacute;l, volv&iacute;an hacia sus nalgas para acariciarle. De hecho, se le ve&iacute;a bastante excitada.<\/p>\n<p>Laura, &iquest;por qu&eacute; no te pones de espaldas? Quiero penetrarte desde atr&aacute;s. &iquest;Quieres? Y ella, sin decir palabra, simplemente se acomod&oacute; siguiendo la gu&iacute;a de su corneador. Se coloc&oacute; de rodillas sobre la cama, se apoy&oacute; en la baranda de la cabecera y expuso sus nalgas hacia atr&aacute;s para que su macho la embistiera como deseaba. &Eacute;l estaba encantado. Se acomod&oacute; detr&aacute;s de ella, tom&oacute; su miembro entre las manos y lo apunt&oacute; a la entrada del agujero de mi mujer, quien se mostraba deseosa de tener de nuevo aquel miembro taladrando dentro de s&iacute;. Y &eacute;l, respondiendo a ese gesto, empez&oacute; a empujar con mayor fuerza y vigor.<\/p>\n<p>Se escucha a Laura gemir al vaiv&eacute;n de las embestidas del macho, quien se esfuerza para darle y darle, con insistencia, desfogando todas las ganas contenidas despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os de espera, aprovechando para disfrutar cada cent&iacute;metro del cuerpo de ella, puesto a su entera disposici&oacute;n. Y as&iacute;, despu&eacute;s de algunos minutos, entre embestidas y gemidos, ambos parecen llegar a la c&uacute;spide de la excitaci&oacute;n y del gozo. Aquel, de repente, retira su miembro y descarga toda su leche en la espalda de ella, quien, tambi&eacute;n excitada, retuerce su cuerpo, inclina su cabeza hacia abajo y parece desfallecer por el placentero esfuerzo.<\/p>\n<p>&Eacute;l se acuesta sobre la cama, de espaladas, para descansar y reponerse del esfuerzo. Pareciera que ya cumpli&oacute; su cometido y solo se concentra en recuperarse. Ella, se incorpora, se levanta, y se dirige al ba&ntilde;o, permaneciendo all&iacute; varios minutos. Al salir, se le nota altiva, repuesta, m&aacute;s guapa. Es evidente que retoc&oacute; su maquillaje y su peinado para salir nuevamente al encuentro del hombre que reposa en la cama. Y, llegando hasta &eacute;l, coment&oacute;: Acaso, &iquest;ya fue suficiente? Ten&iacute;a pensado que podr&iacute;a haber algo m&aacute;s, dijo ella, mientras tomaba su pene con las manos y lo frotaba de arriba abajo, procurando que despertara de nuevo.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; tal estuvo? Pregunto Edgar. &iquest;Te gust&oacute;? Si, dijo ella, mientras continuaba dedicada a su labor de estimulaci&oacute;n. Estuvo rico. Lo disfrut&eacute; mucho y quisiera extender este momento un poco m&aacute;s, si te parece. Mi reina, estoy disponible para ti. Solo dame un tiempito y ya esto contigo. No te esfuerces, dijo ella. D&eacute;jame el trabajo a m&iacute;. Y, diciendo esto, se inclin&oacute; sobre &eacute;l para chupar su pene mientras segu&iacute;a frot&aacute;ndolo insistentemente con una de sus manos, mientras con la otra acariciaba sus test&iacute;culos, as&iacute; que aquel miembro no tard&oacute; mucho en ponerse en condiciones para volver a la acci&oacute;n.<\/p>\n<p>Ella, entonces, se acomod&oacute; a horcajadas sobre &eacute;l, permitiendo que su erecto pene penetrara profundo en su vagina. Y as&iacute;, ya acomodada sobre aquel hombre, empez&oacute; a moverse r&iacute;tmicamente, adelante y atr&aacute;s, describiendo c&iacute;rculos con su cadera, a su antojo, seguramente buscando la mayor estimulaci&oacute;n en su sexo. El, mientras tanto, se dedicaba a acariciar el torso de ella, especialmente sus senos, que amasaba con mucha intensidad. Poco a poco los movimientos de ella fueron adquiriendo velocidad, se la notaba m&aacute;s animosa y, una vez m&aacute;s, fueron apareciendo los gemidos que suger&iacute;an que aquello le estaba gustando mucho, hasta que, nuevamente explot&oacute; de placer, dejando caer su cuerpo sobre el de &eacute;l, sin dejar de mover sus caderas a medida que la excitaci&oacute;n disminu&iacute;a y el &iacute;mpetu de aquel instante se apagaba.<\/p>\n<p>As&iacute;, tendida ella sobre el cuerpo de &eacute;l permanecieron un tiempo. Ella, minutos despu&eacute;s se incorpor&oacute;. &iexcl;Oye! Eso estuvo muy ch&eacute;vere. Creo que vali&oacute; la pena la espera, &iquest;no crees? Para m&iacute;, ciertamente vali&oacute; la pena la espera, coment&oacute; &eacute;l. Bueno, dijo ella, ya no quedan pendientes &iquest;verdad? El ciclo ya est&aacute; cerrado. Ya hicimos lo que hab&iacute;a quedado pendiente y podemos seguir la relaci&oacute;n en paz, sin ansiedad ni incertidumbre. &iquest;No te parece? Estoy de acuerdo, dijo &eacute;l. Ya descubrimos qu&eacute; se sent&iacute;a y dejamos de fantasear. Para mi fue la culminaci&oacute;n de un sue&ntilde;o. Bueno, dijo ella, espero que lo hayas disfrutado igual que yo. Ya tengo que irme.<\/p>\n<p>En el video se observa c&oacute;mo ella entra al ba&ntilde;o de nuevo y luego, al salir, y frente a &eacute;l, se ve c&oacute;mo se va vistiendo hasta quedar arreglada y lista. Se despide como teniendo prisa por irse y sale de la habitaci&oacute;n. &Eacute;l se acerca a la c&aacute;mara y dice; ah&iacute; qued&oacute; la evidencia. Saludos&hellip;!!! Y todo concluy&oacute;.<\/p>\n<p>Como yo no estaba en la ciudad, la expectativa por conocer los detalles de ese encuentro me generaba expectativas, solo por el hecho de que Edgar me hab&iacute;a dado su versi&oacute;n, pero a&uacute;n no conoc&iacute;a de aquello por boca de mi esposa. Y estaba observando las fotograf&iacute;as de la sesi&oacute;n, cuando entr&oacute; una llamada en mi tel&eacute;fono celular. Era ella. Hola, amor, &iquest;c&oacute;mo has estado? Bien, dije, &iquest;y t&uacute;? Bien. Pas&eacute; la tarde con Edgar, coment&oacute;. La pasamos bien. Entiendo, dije. O sea, quieres decir, que, &iquest;por fin cerraron el ciclo? &iquest;C&oacute;mo as&iacute;? dijo ella.<\/p>\n<p>Pues, nada. Como Edgar ha estado interesado en compartir contigo, no solo ahora sino desde siempre, llegu&eacute; a pensar que, cuando dices que la pasaron bien, el evento tuvo que ser memorable. &Eacute;l no va a volver con la facilidad que se dio en este tiempo, as&iacute; que, despu&eacute;s de haber compartido tanto, imagino que la despedida tuvo que ser memorable. Bueno, dijo ella, memorable es que dejamos atr&aacute;s incertidumbres. Lo normal. El propuso y yo dispuse.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; quieres decir? Pregunt&eacute;. Pues que, despu&eacute;s de muchos ires y venires, y muchas insinuaciones, compartimos sexualmente un ratico con motivo de su despedida. Entiendo, dije. Y, entonces, agregu&eacute;, por eso dices que la pasaron bien, supongo. No te hagas, respondi&oacute;. Si quieres los detalles, ya te contar&eacute;. Conf&oacute;rmate con saber que, s&iacute;, finalmente, y despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os, tanto &eacute;l como yo supimos que se sent&iacute;a al estar el uno con el otro. No puedo decir que fue lo m&aacute;ximo, pero, en general, la pasamos bien. La pasamos rico. La deuda pendiente qued&oacute; saldada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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