{"id":30604,"date":"2021-07-28T22:00:00","date_gmt":"2021-07-28T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-07-28T22:00:00","modified_gmt":"2021-07-28T22:00:00","slug":"el-regalo-un-antes-y-un-despues-vigesima-septima-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-regalo-un-antes-y-un-despues-vigesima-septima-parte\/","title":{"rendered":"El regalo: Un antes y un despu\u00e9s (Vig\u00e9sima s\u00e9ptima parte)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"30604\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 22<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Hab&iacute;an transcurrido por lo menos diez minutos desde que mi esposo Rodrigo y Paola, &ndash;su bella compa&ntilde;era de trabajo&ndash; se hab&iacute;an marchado del piso para pasar toda la madrugada juntos. Y yo, segu&iacute;a all&iacute; de rodillas, tan desnuda y devastada, llorando sin poder detener la marea que empapaba mis mejillas y respirando agitada sin conseguir la calma. Por supuesto tambi&eacute;n con tantos pensamientos como remordimientos, sobre la alfombra de m&iacute; sala de estar. Completamente sola y tan&hellip; &iexcl;Desconsolada!<\/p>\n<p>Nunca pens&eacute; que todo fuera a terminar de esta manera. Intent&eacute; salir de caza en medio de la espesura de sentimientos, en la mitad de esas intranquilas sensaciones y simplemente no pude. Hab&iacute;a ca&iacute;do en la trampa, una muy bien preparada por mi esposo y con la colaboraci&oacute;n de su amante. &iquest;Pero c&oacute;mo iba yo a saberlo? &iquest;C&oacute;mo poder adivinarlo? Rodrigo me hab&iacute;a sorprendido aquella noche con una velada inesperada y yo, sencillamente me hab&iacute;a hecho a la idea de que al volver a mi hogar y enfrentarme a &eacute;l despu&eacute;s de todo lo ocurrido, seria recibida por mi marido con centenares de reproches, algunos injustificados insultos o como aquella primera vez, con su dolorosa indiferencia. Nunca se me pas&oacute; por la mente aquella &laquo;amorosa&raquo; bienvenida.<\/p>\n<p>&iexcl;Me sorprendi&oacute;! Esa fue la amarga verdad. Descolocando mis pensamientos y de paso, mandando a la mierda todo el discurso que aquella tarde junto a mi amiga Amanda, hab&iacute;amos preparado. Porque en sus brazos me refugi&eacute; despu&eacute;s de reconocerme que el pr&eacute;stamo del dinero era para quitarme en parte la preocupaci&oacute;n de los gastos que apremiaban mi hogar, &ndash;la otra usada para mi nuevo ajuar&ndash; aunque ese nido de amor estuviera roto por las mentiras de un hombre que mi amiga, &ndash;sin conocerlo realmente&ndash; hab&iacute;a colocado en un pedestal primero y luego ella misma con sus propios ojos y medios lo baj&oacute; de ese lugar. &mdash;Hombres, tesoro. &iexcl;Todos son la misma mierda!&ndash;. Me dijo entreg&aacute;ndome el dinero envuelto en un sobre de papel.<\/p>\n<p>&iexcl;S&iacute;! Amanda me revel&oacute; como d&iacute;as atr&aacute;s, en aquella misma discoteca, mi esposo se hab&iacute;a citado con aquella joven con quien compart&iacute;a ella el piso y que por lo visto tuvo claros visos de una infidelidad de Rodrigo, si ella no se hubiera anticipado. Pero qued&oacute; marcado en mi coraz&oacute;n ese otro intento de traici&oacute;n. &iexcl;Ojo por ojo y diente por diente! Infidelidad pagada con otra traici&oacute;n.<\/p>\n<p>Una botella de Vodka con etiqueta roja, una cubeta con hielo, rodajas de &aacute;cido lim&oacute;n, hojas de verde menta y solo dos vasos. &iexcl;Dos!, no tres. Y las velas rojas que iluminaban aquella sala, creando un ambiente c&aacute;lido y especial, uno que cre&iacute; tan rom&aacute;ntico. Asombrada completamente, cuando abr&iacute; la puerta del piso y supuse que todo aquello, era una forma de pedirme perd&oacute;n y &laquo;hacer las paces&raquo;. Porque todo tengo que decirlo, y es que Rodrigo siempre ha sido un alma noble y por sus venas fluye la sangre de un rom&aacute;ntico empedernido. En extremo detallista y desgraciadamente para m&iacute;, muy calculador.<\/p>\n<p>Observ&eacute; a m&iacute; alrededor, las tiras rasgadas del papel que momentos antes envolvi&oacute; tentadoramente, aquel &laquo;inolvidable&raquo; regalo. Solitarias y dispersas como yo, adornaban en descoordinado desorden el suelo de laminado caoba y a mi lado izquierdo, &ndash;arrugada como mi alma&ndash; reposaba la fina bata de un translucido negro en el centro de nuestra sala y sobre uno de los brazos del sof&aacute;, m&iacute; tanga brasilera, poco usada y extendida al rev&eacute;s. Trofeos ca&iacute;dos y apartados de mi cuerpo por aquellas suaves manos que solo pude imaginar, mostrando explayada en aquella peque&ntilde;a prenda, la humedad blanquecina del &eacute;xtasis estimulado por electrizantes ondas, a causa de aquella rosada mariposa de silicona, que permanec&iacute;a en calma sobre la mesita auxiliar, simulando ser una vanidosa compa&ntilde;&iacute;a a la botella de aguardiente sin tapar.<\/p>\n<p>Todo all&iacute; no colaboraba para apaciguar mi dolor. Me hac&iacute;an mala compa&ntilde;&iacute;a, presionando a&uacute;n m&aacute;s el abatimiento en mi pecho e impulsando mis ganas de salir corriendo a cualquier lugar. Me levant&eacute;, recog&iacute; la bata y con ella abrigu&eacute; un poco mi desnudez. Apagu&eacute; las rojas velas con rabia y ardores moment&aacute;neos en las yemas de mis dedos. Y as&iacute; en penumbras, me fui alejando del terreno donde no disput&eacute; la batalla, enga&ntilde;ada me entregu&eacute;. Sin comer nada, porque hambre no sent&iacute;a y el malestar en mi coraz&oacute;n, con seguridad se hubiera encargado de apartarla. Pero con la botella de aguardiente en mi mano izquierda, los cigarrillos y el rosado encendedor en la derecha, me dirig&iacute; con pasos derrotados hacia la alcoba principal. &iexcl;Vac&iacute;a!<\/p>\n<p>Pero era mejor para m&iacute; refugiarme all&iacute;, pues en aquella sala me sent&iacute;a perseguida por el fantasma de una m&aacute;s que segura separaci&oacute;n. Busqu&eacute; mi bolso, uno nuevo de estilo &laquo;carryall&raquo; en neopreno negro, muy ligero y pr&aacute;ctico, que hab&iacute;a comprado con el dinero que Amanda, &ndash;dos d&iacute;as antes de cumplir con el pacto&ndash; me hab&iacute;a ofrecido como pr&eacute;stamo, el cual nunca llegar&iacute;a a cancelar, pues cuando mi amiga se enter&oacute; del uso que le iba a dar, ella emocionada me lo entreg&oacute; para que yo tambi&eacute;n consiguiera la justificada&hellip; &iquest;Compensaci&oacute;n?<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Rodrigo, &eacute;l se fue! Hugo&#8230; &Eacute;l finalmente me abandon&oacute;. &mdash;Y pude escuchar como Martha sollozaba al otro lado de la l&iacute;nea.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Martha!&hellip; Primero que todo c&aacute;lmate. Lo que sucedi&oacute;, consumado est&aacute;. Y ahora tanto t&uacute; como yo, debemos enfrentar las consecuencias. &iexcl;Tranquil&iacute;zate! Dime donde estas, preciosa. &iquest;Quieres que te recoja? &mdash;Y Paola aferrada a mi brazo derecho, quien pudo escucharlo todo con bastante claridad, agitando con rapidez en el aire su mano derecha como si se le estuviera quemando, apret&oacute; tambi&eacute;n sus carnosos labios rojos, en coloquial gesto suyo de&hellip; &mdash;&iexcl;Erdaa, nene! Que hijueputa cagada&ndash;.<\/p>\n<p>&mdash;Me quiero morir Rodrigo. &iexcl;No puedo seguir sin &eacute;l! &mdash;Me habl&oacute; entre gritos que causaron m&aacute;s que sobresaltos, una gran pena en mi coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Ya voy Martha. Dime por favor donde te encuentras y esp&eacute;rame. Estoy con Paola y ya vamos por ti. &mdash;Le respond&iacute; apurando el paso junto a mi rubia compa&ntilde;era, para llegar a la SUV.<\/p>\n<p>&mdash;Rodrigo, si ven por m&iacute;, ay&uacute;dame. Estoy fuera de la casa de Almudena. Ella&hellip; ella no me escuch&oacute;. Tiene una de sus fiestas privadas ya sabes d&oacute;nde e insisti&oacute; en que yo participara. Pero no&hellip; &iexcl;Yo no quiero! Ya no s&eacute; qu&eacute; hacer ni a qui&eacute;n acudir. &mdash;Gir&eacute; la llave de encendido y me puse en marcha con af&aacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Ok, no te muevas, paso a recogerte y hablamos. &mdash;Y en la camioneta que antes era de Almudena, literalmente vol&eacute; por las avenidas, las calles iluminadas y los sem&aacute;foros titilantes en amarillo, que me ped&iacute;an precauci&oacute;n pero que a su vez, me separaban de aquella doncella en apuros.<\/p>\n<p>Los faros de la camioneta ubicaron la figura de una mujer con la cabeza recostada sobre sus dos brazos, cruzados ellos a su vez por encima de sus piernas recogidas; sentada a un lado de la entrada, sobre la fr&iacute;a acera aquella madrugada, se abrigada Martha con una chaqueta vaquera de azul deste&ntilde;ido que llevaba colocada, apenas por encima de sus hombros. Un s&oacute;lido bolso grande y marr&oacute;n de lona con flecos largos, al mejor estilo de una bandolera del viejo oeste, pantalones de jean a juego y zapatillas blancas con las famosas tres franjas diagonales a los costados. Parquee justo a su lado y descend&iacute; para tomarla de los hombros y levantarla, solo para perderme en el brillo h&uacute;medo de sus ojos de miel. &iexcl;Agradecida por el reencuentro!<\/p>\n<p>&mdash;Ya estoy aqu&iacute; preciosa. Tranquila Martha, entra a la camioneta y hablamos. &mdash;Le dije, mientras abrazado a ella la conduc&iacute;a a la portezuela trasera. Mi rubia barranquillera la esperaba ya en el asiento posterior para acogerla ofreci&eacute;ndole como amparo, el c&aacute;lido espacio que se formaba entre la cintura y sus rodillas.<\/p>\n<p>&mdash;Y ahora&hellip; &iquest;A d&oacute;nde vamos? &mdash;Les pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>Del interior tom&eacute; mi tel&eacute;fono pensando en llamar a mi esposo para decirle&hellip; &iquest;Para pedirle?&hellip; &iquest;Qu&eacute;? &iexcl;Mierda! No sab&iacute;a exactamente ni como hablarle. &iquest;Rogarle? &mdash;&iexcl;Vuelve mi amor!&ndash;. Pens&eacute; y continuaban anegados mis enrojecidos ojos, por el llanto. &iquest;Suplicarle perd&oacute;n? &mdash;&iexcl;Lo siento mi vida, en serio lo lamento!&ndash;. Cavil&eacute;. Y entre quejidos, en medio de prolongados suspiros, segu&iacute;an brotando gruesas y continuadas mis l&aacute;grimas, sin intenciones de detenerse ni calmar la obligada soledad, resbalando juntas desde mi ment&oacute;n hasta sentirlas caer, mojar y deslizarse por los laterales de mis senos desprovistos de sus recordadas caricias.<\/p>\n<p>&iquest;Un trago? &iexcl;No! Dos largos sorbos m&aacute;s de seguidos. Uno tras del otro. Quer&iacute;a que el alcohol me invadiera internamente con sus ardores, hasta hacerme claudicar la raz&oacute;n. Borrar con cada trago dado a esa botella de aguardiente, &ndash;entre inestables espejismos&ndash; toda la realidad. Y yo, al parecer me sobre act&uacute;e. &iexcl;S&iacute;! fui con &eacute;l, una desafiante hija de puta. Lanzarme borracha al solitario abismo que me esperaba, en mi amplia cama matrimonial; retardar lo inevitable del d&iacute;a posterior. Aletargar las sensaciones, ocultar mis errores tras sus et&iacute;licos efectos, sin coordinaci&oacute;n ni motricidad alguna. Ahuyentarme, dejarme caer al precipicio que significar&iacute;a de ahora en adelante vivir sola, sin &eacute;l, sin el padre de mis dos hijos. Lo amaba, s&iacute;. Infinitamente lo quer&iacute;a tener all&iacute; para m&iacute;, tanto como deseaba en esa madrugada, cerrar mis ojos con ganas de despertar m&aacute;s tarde y que todo hubiera sido una maldita pesadilla.<\/p>\n<p>Recuerdo sentarme a mi lado acostumbrado de la cama. Mis ojos a&uacute;n aguados, recayeron casi por inercia, en las fotos colgadas en la pared, mi Rodrigo y yo, &ndash;sonrientes tomados de las manos&ndash; disfrutando con nuestros hijos del Parque del Retiro, a los pocos d&iacute;as de haber llegado a Madrid. Y volv&iacute; a recaer en mis intensos sollozos. No se deten&iacute;an mis l&aacute;grimas, ca&iacute;an y ca&iacute;an, humedeciendo bastante la s&aacute;bana gris. Aspir&eacute; y levant&eacute; mi cabeza hasta visualizar las luces en el techo.<\/p>\n<p>Luego gir&eacute; mi cabeza, buscando un poco de aliento, un apoyo necesario y baje la mirada para observar un cuadro con forma de coraz&oacute;n, una fotograf&iacute;a antigua, donde &eacute;l y yo reci&eacute;n casados, nos bes&aacute;bamos con ternura y en ese beso dado la promesa de una vida entera, juntos hasta ya ancianos, morir los dos al mismo tiempo tomados de nuestra envejecidas manos. Esa foto fue de nuestro comienzo, sin tener nada, solo los dos con nuestros peque&ntilde;os y nuestro amor. Desconsolada la tom&eacute; entre mis manos y la acerqu&eacute; a mi pecho, pensando si acaso ser&iacute;a posible que se repitiera por mi estupidez y por la suya tambi&eacute;n, que Rodrigo se alejara de m&iacute;, por segunda ocasi&oacute;n.<\/p>\n<p>Me puse en pie porque no me hallaba a pesar de que mi cuerpo si estuviera en aquella habitaci&oacute;n, creer&iacute;a que ni me sent&iacute;a viva aunque respiraba estremecida, adormilada por el dolor y con la gran ayuda del alcohol. Me acerqu&eacute; a la ventana de la habitaci&oacute;n y la abr&iacute; de par en par. Sent&iacute; la brisa golpear mi rostro, mecer mi ondulada melena. &iexcl;Refresc&aacute;ndome! Dej&eacute; sobre mi almohada aquel retrato y tom&eacute; con ganas la botella de aguardiente y un cigarrillo, me apetec&iacute;a fumar. Observ&eacute; sin mayor atenci&oacute;n la calle, a los pocos transe&uacute;ntes mucho m&aacute;s alla de nuestra edificaci&oacute;n y uno que otro auto, circulando silenciosos por la alumbrada avenida. Las nubes pocas y aquella luna, &ndash;tan admirada por mi esposo&ndash; que en su cuarto creciente, parec&iacute;a muy sonriente, simular burlarse tan elevada en el firmamento de mis desgracias.<\/p>\n<p>Lo hab&iacute;a exteriorizado todo, por culpa de esa mujer de dorados cabellos. Un parlamento insinuado y descrito por mi amiga Amanda. De tanto insistirme, presionarme para imaginarme nuevamente deseada, recordar mi desaforada venganza al ver la cara abatida de Rodrigo, al dejar que mi jefe me besara enfrente suyo y dejarme desear por aquel fornido americano, para incrementar su humillaci&oacute;n. Y entre tantos gemidos germinados, &ndash;en amplias vocales aspiradas y afirmativos si prolongados&ndash; de mi garganta, obtenidos por los finos, juguetones y delicados dedos de aquella mujer, penetrando agitadamente mi mojado interior, termin&eacute; por recordar aquella noche anterior con mi jefe, reconocido ante mi esposo y delante de todos en aquel bar, como mi nuevo amante. &iexcl;Sublime actuaci&oacute;n! Fatal la decisi&oacute;n.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&laquo;Rolito hermoso&raquo;, a mi d&eacute;jame en el hotel. &mdash;Me pidi&oacute; mi rubia barranquillera, aduciendo que lo mejor para Martha y yo, era algo de privacidad al hablar.<\/p>\n<p>Estacionado a&uacute;n frente al hotel le ped&iacute; a Martha que me acompa&ntilde;ara a fumarme un cigarrillo, sentados en una banca bajo la artificial claridad de uno de los faroles de la entrada.<\/p>\n<p>&mdash;Sabes Martha&hellip; &iquest;No comprendo que pas&oacute;? &iquest;C&oacute;mo as&iacute; que se fue tu esposo, despu&eacute;s de realizar su dichosa terapia? &iquest;No funciono para &eacute;l o para ti? &mdash;varias inquietudes que esperaban por una respuesta y dando luego la segunda aspirada a mi tabaco rubio, sent&iacute; las dos suaves manos aferrarse a mi brazo.<\/p>\n<p>&mdash;Pero&hellip; &iquest;C&oacute;mo as&iacute; Rodrigo? &iquest;Acaso Silvia no te lo cont&oacute;? Todo iba muy bien entre ellos dos y yo aunque nerviosa, deb&iacute;a permitir que pasara y me centr&eacute; en intentar dejar quererme por el americano que te present&eacute;. Aunque por dentro los celos de ver a tu mujer y a mi esposo tan compenetrados, me carcomieran el alma. &mdash;Y yo no sal&iacute;a del asombro con aquella declaraci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Hugo la dej&oacute; tan solo un momento, lo juro. Fue hasta la cocina para prepararnos unos cocteles y entonces nuestro amigo bastante excitado por la situaci&oacute;n, bes&oacute; a la fuerza a Silvia e intent&oacute; arrancarle la blusa de un tir&oacute;n y se jodi&oacute; todo por culpa de David. Silvia de un rodillazo en los test&iacute;culos lo derrib&oacute; en el sal&oacute;n de mi casa. Y hasta ah&iacute; nos lleg&oacute; la fiesta, tu mujer estaba hist&eacute;rica, Hugo alterado le reclamaba en ingles a David por su abusiva actitud y yo, recordando el mensaje que me escribiste en tu tarjeta de presentaci&oacute;n, la que pusiste sin darme cuenta dentro de mi bolso, abrac&eacute; a tu esposa y la llev&eacute; para mi habitaci&oacute;n, protegi&eacute;ndola e intentando calmarla.<\/p>\n<p>&mdash;Gracias, preciosa. Le agradec&iacute;. &mdash;Tambi&eacute;n guardo el que t&uacute; me escribiste la noche anterior, y aun no lo he borrado del m&oacute;vil&ndash;. Y desbloqueando mi tel&eacute;fono, busqu&eacute; el mensaje que anticipaba lo que yo sab&iacute;a que ir&iacute;a a suceder y entre los dos sin hablarnos, tan solo lo repasamos&hellip;<\/p>\n<p>&hellip; Van a salir este jueves por la noche. &iquest;Lo sabias? &#8211; 8:02 P.M.<\/p>\n<p>&iexcl;No! Aunque lo esperaba no cre&iacute; que fuera a ser tan pronto. &ndash; Doble Check azul.<\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo te enteraste? Fue Almudena la que te lo dijo. &iquest;No es verdad? &ndash; Doble Check azul.<\/p>\n<p>&hellip; No y s&iacute;. Fue el mismo Hugo quien me lo confes&oacute; ayer en la cena. Est&aacute; nervioso as&iacute; t&uacute; no lo creas. &#8211; 8:04 P.M.<\/p>\n<p>&hellip; &Eacute;l ha querido hacerlo pero no ha sabido c&oacute;mo cont&aacute;rmelo sin romperme el coraz&oacute;n. Hugo a&uacute;n me ama. &#8211; 8:05 P.M.<\/p>\n<p>&hellip; Yo no quiero que el matrimonio de ustedes dos se rompa. &ndash; 8:06 P.M.<\/p>\n<p>Finalmente va a ser como pensabas desde un principio. &iexcl;Ganaste! &#8211; Doble Check azul.<\/p>\n<p>&hellip; Pero t&uacute; pr&aacute;cticamente la obligaste. No es solo mi culpa. &ndash; 8.08 P.M.<\/p>\n<p>&hellip; Hugo se decidi&oacute; a hacerlo con tu esposa, al parecer ayer despu&eacute;s del almuerzo. &ndash; 8:08 P.M.<\/p>\n<p>&hellip; Silvia llor&oacute; y se desahog&oacute; con mi esposo. Le cont&oacute; que t&uacute; la hab&iacute;as traicionado con una compa&ntilde;era del trabajo, obviamente se refer&iacute;a a Paola, pero tambi&eacute;n le doli&oacute; que hubieras intentado hacerlo con una amiga de una de sus compa&ntilde;eras. Era ella, &iquest;cierto? &iquest;La tabernera? &ndash; 8:09 P.M.<\/p>\n<p>Si, seguramente esa amiga nos vio esa noche en la discoteca. Silvia nunca me dijo nada. De hecho, llevamos varios d&iacute;as en que pr&aacute;cticamente ni hablamos. Lo esencial nada m&aacute;s. &#8211; Doble Check azul.<\/p>\n<p>&hellip; Est&aacute; muy dolida y quiere darte tu merecido. Lo siento. &ndash; 8.11 P.M.<\/p>\n<p>&hellip; As&iacute; que finalmente Almudena le indic&oacute; a Hugo, que lo mejor para superar su baja autoestima y probarse como hombre, ser&iacute;a promover una cita en la cual, &eacute;l aceptara verme con otro hombre y a su vez, Hugo estuviera con tu mujer. &ndash; 8:12 P.M.<\/p>\n<p>Y entonces la bendita terapia es probarse los dos a ver si su amor persiste despu&eacute;s de saberse traicionados. &iexcl;Que estupidez! &#8211; Doble Check azul.<\/p>\n<p>&hellip; Lo s&eacute;, y Hugo tambi&eacute;n se lo est&aacute; pensando. No quiere espantar a tu mujer, cuando llegue a verme por ah&iacute;. Tal vez lo hagamos como si nos encontr&aacute;ramos de improviso. No lo s&eacute;. No estoy muy segura de que eso nos pueda servir. &ndash; 8: 14 P.M.<\/p>\n<p>Y con quien piensas ir t&uacute;. &iquest;El que se te atraviese por ah&iacute;? &#8211; Doble Check azul.<\/p>\n<p>&hellip;Es una idea loca porque ni yo misma estoy segura de poder verlo besar o acariciar a otra mujer y menos conociendo que es tu esposa. Hugo no se siente seguro con alg&uacute;n extra&ntilde;o. Hay un amigo que est&aacute; de paso por la ciudad. Quiz&aacute;s con &eacute;l se sienta m&aacute;s c&oacute;modo. Vamos a pensarlo bien. &ndash; 8.16 P.M.<\/p>\n<p>Esto es tan extra&ntilde;o para m&iacute;. Martha si t&uacute; vas con ellos&hellip; &iexcl;Cu&iacute;damela por favor! &#8211; Doble Check azul.<\/p>\n<p>&hellip; Tranquilo Rodrigo, Silvia estar&aacute; bien. Finalmente me preocupas m&aacute;s t&uacute;. &iquest;Est&aacute;s seguro de esto? &ndash; 8:18 P.M<\/p>\n<p>&iexcl;Es inevitable! &#8211; Doble Check azul.<\/p>\n<p>&hellip; Es verdad. Finalmente han decidido consumar lo que tanto has evitado y yo promov&iacute;, pero ya no a escondidas, sino a la vista de todos. Si tan solo no le hubiera hecho caso a tu dichosa idea de que yo no buscara a Silvia y hablara con ella, exponi&eacute;ndole mi idea directamente, quiz&aacute;s podr&iacute;a haberte evitado este dolor. &ndash; 8:14 P.M.<\/p>\n<p>&hellip; &iexcl;A veces es mejor no saber! No s&eacute; bien a que le temes, ni porque deseas ocultarle a tu esposa que me conoces. En todo caso, ellos piensan ir a un bar, tomar algo por ah&iacute; y despu&eacute;s encontrarme con ellos, de pura casualidad. Almudena piensa que lo mejor es enfrentar los celos m&iacute;os y los miedos de &eacute;l, al vernos departir una noche con otras personas. &ndash; 8:15 P.M.<\/p>\n<p>Ya le he mentido lo suficiente. Si se entera de que siempre he estado al tanto de esta locura y no la detuve a tiempo, la voy a perder para siempre. &#8211; Doble Check azul.<\/p>\n<p>Ok, lo entiendo. Pero tengo miedo Rodrigo, quisiera que fueras t&uacute;, contigo me sentir&iacute;a mejor y no con&hellip; No me siento capaz de hacer nada con nadie m&aacute;s pero es verdad que debo ayudar a Hugo a recobrar su hombr&iacute;a. Yo me ocupar&eacute; de cuidar a tu esposa y no permitir&eacute; que le suceda nada malo. Te avisar&eacute; despu&eacute;s como termin&oacute; todo. &#8211; 8:17 P.M.<\/p>\n<p>No te preocupes por eso, solo se feliz e intenta recuperar a tu esposo cuando pas&eacute; lo que tendr&aacute; que suceder y luego s&iacute;, promete devolverme sana y salva a mi mujer. Un beso. Bye. &#8211; Doble Check azul.<\/p>\n<p>&hellip; &iexcl;Cuanta con ello! Un beso, mi caballero sin armadura. &ndash; 8:19 P.M.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>&iexcl;Una fantas&iacute;a por cumplir! Rodrigo como tantos hombres, se mor&iacute;a del deseo por verme en brazos de otra mujer. Se supon&iacute;a que ser&iacute;a un trio, tan anhelado por &eacute;l. Me excit&oacute; esa idea. &iexcl;Y s&iacute;! Tambi&eacute;n Paola, al procurarme tan prolongados orgasmos, logr&oacute; transportarme hacia aquellos nocturnos instantes para que me acordara, de la forma como me comport&eacute; de seductora manera, con un extra&ntilde;o americano, due&ntilde;o de una labia jovial, amable y con divertidas ocurrencias, &ndash;pero de manos sueltas y largas&ndash; que estuvo de suerte al estar presente y se dej&oacute; utilizar sin plane&aacute;rselo, para mis oscuras intenciones, a pesar de haber sido invitado por Martha, la infiel esposa de mi querido jefe. No deb&iacute; dejar que pasara, no deb&iacute; continuar con mi venganza.<\/p>\n<p>Me dej&eacute; llevar por el deseo, incentivada primero por el roce estremecedor de un dedo extra&ntilde;o sobre mis labios, luego complementado mi &eacute;xtasis por los besos de una boca con delicados y suaves labios; su femenina fragancia me embriagaba, m&aacute;s las expertas caricias, que con sus manos me conquistaba. Pero sobre todo, influenciada adem&aacute;s por las brasas de una fogata que a&uacute;n ard&iacute;a dentro de m&iacute;, despu&eacute;s de mi madrugada entre los brazos de Antonella y mis ganas de sentirme tan deseada por una joven mujer. Todo eso y el alcohol que tambi&eacute;n colabor&oacute; con su granito de arena para que al final, yo me decidiera a visualizar en mi mente, con los ojos vendados, situaciones ya no tan imaginadas.<\/p>\n<p>&iexcl;Y gem&iacute;! Clam&eacute; por mayor placer, por su culpa, por su boca recorri&eacute;ndome, por sus dedos apartando los p&eacute;talos de mi flor y penetrando mi mojada vagina, agradecida de su lengua explorando, procur&aacute;ndome tan apetecidos orgasmos y yo colaborando, tanto mental como f&iacute;sicamente para alcanzar mi cl&iacute;max, al traer a mi mente las im&aacute;genes de aquellos dos hombres que me deseaban, excit&aacute;ndome con la idea de saber que mi esposo estaba all&iacute;, &ndash;al lado m&iacute;o&ndash; escuchando entre mis jadeos, suspiros y electrizantes convulsiones, las convenientes confesiones de placeres nuevos, &ndash;recibidos aparentemente de otras manos&ndash; disfrutando yo, como &eacute;l&hellip; &iexcl;De un precioso y juvenil cuerpo! &iquest;C&oacute;mo lo iba a saber?<\/p>\n<p>&iexcl;No! no lo pude llamar. Sin embargo al desbloquear mi m&oacute;vil, en &eacute;l ten&iacute;a varias llamadas perdidas de Hugo, mi jefe, mi casi nuevo&hellip; &iquest;Amante? Y&hellip; &iquest;Qu&eacute; pretend&iacute;a &eacute;l de m&iacute;? &iquest;Simplemente sexo? &iexcl;Por supuesto que no! &iquest;Un nuevo comienzo para &eacute;l, para m&iacute;? S&iacute;, dentro de su coraz&oacute;n, Hugo ya albergaba la esperanza de que yo lo ocupara. Hab&iacute;a nacido tal vez entre los dos una especie de&hellip; &iquest;Romance? No, al menos yo no lo sent&iacute;a as&iacute;. Era una sensaci&oacute;n diferente, de cari&ntilde;o obviamente, una sincera amistad pero sin llegar m&aacute;s all&aacute; en lo sentimental, lo apreciaba y le quer&iacute;a, pero nunca con la pasi&oacute;n que yo sent&iacute;a por mi esposo.<\/p>\n<p>&iquest;O hab&iacute;a encontrado &eacute;l, en m&iacute;, solo un refugio moment&aacute;neo? Algo m&aacute;s hab&iacute;a entre su esposa y &eacute;l, aquella noche. Una conexi&oacute;n que yo no ve&iacute;a tan rota. Pero la presencia de aquel americano me hab&iacute;a descolocado bastante. Me ofend&iacute; con mi jefe por no avisarme, por no ponerme al tanto y sorprenderme. Y ese gringo abusivo confundi&oacute; los papeles e intent&oacute; propasarse conmigo a espaldas de su amigo, con la primera oportunidad en la que mi nuevo &laquo;amante&raquo; se apartaba de m&iacute;. Al parecer con la esposa de Hugo, la qu&iacute;mica no fluy&oacute; o simplemente Martha, solo ten&iacute;a ojos esa noche para aquel colombiano desconocido.<\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo verle a la cara la pr&oacute;xima vez que nos vi&eacute;ramos en el trabajo? &iquest;Y Hugo? &iquest;Volver&iacute;a a ser el mismo conmigo, o ya solo como mi jefe, aquel distante hombre que dirig&iacute;a fr&iacute;amente, la oficina? No pod&iacute;a calcular lo qu&eacute; pensar&iacute;a de mi ahora despu&eacute;s de&hellip; De haber terminado s&uacute;bitamente nuestra cita. &iexcl;Puff! Suspir&eacute;.<\/p>\n<p>Pero no me hizo feliz saber que me hab&iacute;a llamado y me buscaba, por el contrario, me enfurec&iacute; a&uacute;n m&aacute;s conmigo misma. &iexcl;Est&uacute;pida, mil veces est&uacute;pida! Me dec&iacute;a a gritos para mis adentros. &iexcl;Qu&eacute; gran actuaci&oacute;n la m&iacute;a! me dije ahora s&iacute; en voz alta, mir&aacute;ndome en el reflejo que ofrec&iacute;a el espejo del angosto tocador. &iexcl;De seguro que con ella, te hubieras ganado un &laquo;Oscar&raquo; Silvia! Pero no, no fue as&iacute;, &ndash;no fui contratada para ninguna serie o telenovela&ndash; por el contrario el &uacute;nico papel que hab&iacute;a conseguido, era el de una puta esposa que logr&oacute; con aquel falso parlamento, la estampida del infiel esposo y con ello, la casi entrega por mi parte hacia un hombre que me deseaba, pero qu&eacute; por su culpa, mi amado Rodrigo termin&oacute; yaciendo en otros brazos. &iquest;Otro trago Silvia idiota? &iexcl;S&iacute;! &iquest;Por qu&eacute; no? Y beb&iacute; directamente de la botella.<\/p>\n<p>No, no, no. &iexcl;Idiota! Rodrigo no era el &uacute;nico culpable. Yo tambi&eacute;n empec&eacute; a dejarme involucrar sentimentalmente por la situaci&oacute;n matrimonial de mi jefe, meses atr&aacute;s. Solo que nunca di el paso, ni el insisti&oacute; demasiado. Su tristeza, su desencanto, su amargura y sus confesiones, al considerarme a mi digna de ser un abrigo, un respiro entre toda aquella agitaci&oacute;n, fueron minando mi resistencia hacia &eacute;l. Antes tan lejano de sus empleadas, tan elevado sobre los dem&aacute;s. Callado, hablando solo lo suficiente. &Oacute;rdenes dadas, mandatos cumplidos. Y ya, no hab&iacute;a m&aacute;s que admirar en Hugo. Mi jefe &eacute;l y yo, su obediente secretaria.<\/p>\n<p>Un abrazo vespertino lleg&oacute;, uno lleno de compasi&oacute;n, que le ofrec&iacute; una tarde ya casi a la hora de mi salida, mientras aquel hombre lloraba desconsolado, colocando su cabeza en mi pecho y mis manos acariciando su melena. Y as&iacute;, sentados en el sof&aacute; de su oficina, al levantar su cabeza para apaciguar con m&aacute;s gestos que palabras su tristeza, sus ojos h&uacute;medos tan grises como la faz de la luna, se encontraron con el brillo abrigador de los m&iacute;os. Un beso surgi&oacute; ligero, casi casto y n&uacute;bil. Un momento despu&eacute;s Hugo se aferr&oacute; a m&iacute;, forzando con su lengua la apertura de mis labios, serpenteando, hurgando en mi interior. Un beso tan apasionado como atrevido, que me sorprendi&oacute; en un primer momento. Intent&eacute; apartarme pero la fuerza de sus brazos, rodeando mi espalda y la cintura, me lo impidi&oacute;. Gir&eacute; mi rostro en un vano intento por desobedecer la sensaci&oacute;n de est&uacute;pida calentura y humedad en mi entrepierna y razonar, luchar contra lo que no podr&iacute;a ser ni suceder. Pero ese abrazo muy cercano, esa boca necesitada y la m&iacute;a tan deseada por &eacute;l, me venci&oacute; y los dos nos abandonamos ya, en un beso m&aacute;s intenso y correspondido. Pero recapacit&eacute; y me apart&eacute; de &eacute;l. La imagen de mi esposo hab&iacute;a aparecido en mi mente, representando ser una brillante l&iacute;nea roja que yo no deb&iacute;a cruzar. Y en Hugo, supongo que la de Martha, infiel pero por &eacute;l, tambi&eacute;n muy amada. &iexcl;Dos seres confundidos! Los dos tan cercanos y prohibidos.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Rodrigo, tengo mucho frio. &mdash;Me dijo Martha, abraz&aacute;ndose con mayor fuerza a m&iacute;. Por lo tanto pis&eacute; la colilla de cigarrillo y nos levantamos para meternos en la camioneta que le hab&iacute;a negociado a Almudena.<\/p>\n<p>&mdash;Y bien, seg&uacute;n te entiendo mi mujer no hizo nada ni con tu esposo ni con el pedante gringo ese. &mdash;Y Martha asinti&oacute; con el movimiento afirmativo de su cabeza, sin decir nada m&aacute;s intentando por en&eacute;sima ocasi&oacute;n contactar a su marido por tel&eacute;fono.<\/p>\n<p>&mdash;Nada, Rodrigo. Nada que me contesta Hugo. Y s&iacute;, a tu pregunta la respuesta es que nada sucedi&oacute;. Tranquil&iacute;zate. &iquest;No habr&aacute;s cometido alguna injusticia con ella? Rodrigo&hellip; &iquest;O s&iacute;? &mdash;Y yo me tom&eacute; la cabeza a dos manos, para luego golpearme repetidas veces mi frente contra el cuero del volante, hasta que Martha reaccion&oacute; y con fuerza interponiendo sus brazos, impidi&oacute; que siguiera haci&eacute;ndolo.<\/p>\n<p>&mdash;Soy un completo idiota Martha. Acabo de lastimar a&uacute;n m&aacute;s a mi mujer. La humill&eacute; sin conocer la verdad. &mdash;Y ella asombrada, aun forcejeando conmigo, me pregunt&oacute; la raz&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Es que yo cre&iacute; que no solo lo hab&iacute;a hecho con tu esposo, sino que ella me hizo creer que con el americano tambi&eacute;n. &iquest;Por qu&eacute; me minti&oacute;? &mdash;Me pregunt&eacute; interiormente&ndash;. Y yo Martha, fui a casa con una estrategia ideada por Paola para hacerla sentir mal, veng&aacute;ndome de una manera diferente, proporcion&aacute;ndole gracias a mi amiga, mucho sexo con la idea de que ella creyera que arrepentido, buscaba yo su perd&oacute;n. Silvia nos dijo muy convencida que se hab&iacute;a acostado con los dos. Que hab&iacute;a disfrutado por igual de ambos. Y luego la dejamos entre excitada y confundida, salimos del piso con la idea de disfrutarnos unas &uacute;ltimas horas, hasta que con tu llamada, nos cambiaste nuestro destino. &iexcl;No comprendo porque raz&oacute;n me tuvo que mentir! &mdash;Y Martha acomod&aacute;ndose el rebelde mech&oacute;n de siempre, detr&aacute;s de su oreja izquierda me contest&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Debes comprender sus razones. Le fuiste infiel con Paola y adem&aacute;s le ocultaste tu cita con aquella joven de la taberna. Es una mujer dolida, con sus sentimientos vueltos al rev&eacute;s por todo esto. T&uacute; le aconsejas acostarse con mi esposo a modo de equilibrar la balanza. Hugo le insiste en dejarse querer por &eacute;l y yo&hellip; Yo al igual que t&uacute;, le ocult&eacute; mis verdaderas intenciones. La usamos Rodrigo y ella se siente as&iacute;, desbastada y ahora humillada por la mujer que se acost&oacute; contigo. Pero no te odia, ella te ama con locura, me lo dijo estando las dos a solas. Ten paciencia con ella y ahora entre los dos, le pediremos perd&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Tenemos que ir a buscarla. Al menos sabemos d&oacute;nde est&aacute; y desde all&iacute; seguiremos intentando contactar a Hugo. &mdash;Y arranqu&eacute; con m&aacute;s prisa que antes.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; bien Rodrigo, vamos primero all&aacute;, porque a Silvia le debemos una explicaci&oacute;n. &mdash;Me dijo muy sincera, acariciando mi mejilla.<\/p>\n<p>&mdash;Me va a odiar cuando lo sepa. &iexcl;La voy a perder para siempre! &mdash;Y se empez&oacute; a fraguar en mis ojos, la humedad de un llanto amargo por herir a la mujer que tanto amaba.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>Un sorbo adicional, esta vez breve, mirando la pantalla de mi m&oacute;vil. Temblorosos mis dedos, tecleaban y borraban sucesivamente, mensajes con frases colmadas de err&aacute;ticos sentimientos, &ndash;carentes de procedente sentido&ndash; pero con una sola raz&oacute;n y mil motivos para solicitar su perd&oacute;n. Mi necesidad de explicarme, solo era superada por mi temor a no ser escuchada. Estaba perdiendo a mi esposo, por una est&uacute;pida venganza. Dej&aacute;ndole ir de nuevo, cogido de las manos de su hermosa amiga, entreg&aacute;ndole al padre de mis hijos, mi amor&hellip; &iexcl;Como Martha con Hugo, lo hizo a su vez conmigo!<\/p>\n<p>Me cuestion&eacute; si era posible que ya no me amara como antes, que hubiese dejado ser para Rodrigo, yo, su eterna &laquo;Emmanuelle&raquo;. Y llev&eacute; de nuevo mi boca hacia el pico de la botella, pero no di solo un trago, literalmente fue un &laquo;chorro&raquo; de aguardiente el que inund&oacute; mi garganta. En seguida me tumb&eacute; boca arriba sobre la cama, con mi mano izquierda limpi&eacute; los restos de alcohol de la comisura de mis labios y con la diestra, la humedad de mis ojos y de paso la de la nariz. Y sent&iacute; el inmediato efecto del licor palpitar en mis sienes. Cerr&eacute; los parpados y me dej&eacute; llevar por los recuerdos. Otra calada al cigarrillo, profunda aspirada. La &uacute;ltima, hasta consumirse entre mis dedos y en su azulado humo, transportarme a&ntilde;os atr&aacute;s.<\/p>\n<p>&iexcl;S&iacute;! Me vi de nuevo all&aacute; en la distante ciudad donde nos conocimos, transport&aacute;ndome a la antigua sensaci&oacute;n de perderlo. Porque s&iacute;, ya la hab&iacute;a vivido y sufrido. Le fui infiel a Rodrigo con otro hombre, cuando apenas &eacute;ramos novios, en nuestra &eacute;poca de estudios universitarios, aquel otro tambi&eacute;n casado, con diferente estampa a mi actual jefe, mas alto y fornido, con un rostro de esos que tienen los hombres que se baten d&iacute;a a d&iacute;a en medio de las calles y se sienten poderosos, capaces de obtenerlo todo con apenas una simple sonrisa de falsa amistad y con la mirada penetrante, posesiva magia de un cruel conquistador. Y su personalidad festiva y arrasadora, atractiva para cualquier &laquo;mocosa&raquo; como yo, sin disimular que le atra&iacute;an los desaf&iacute;os, &ndash;yo convertida para &eacute;l en uno nuevo&ndash; pero con similar historia a este matrimonio m&iacute;o tan&hellip; &iexcl;Agonizante!<\/p>\n<p>Fui la doncella tonta e inocente, qu&eacute; por joven e inexperta, cay&oacute; rendida ante el embrujo de lo prohibido y de la atractiva novedad; de la complicada ansiedad por probar los placeres que me ofrec&iacute;a la vida, convertidos en la apariencia ruda, varonil y con aquella mirada dominante, de un hombre que ejerc&iacute;a igualmente, como mi superior en aquella empresa donde apenas iniciaba mi vida laboral. &Eacute;l y su moto, Rodrigo y yo andando a pie.<\/p>\n<p>Me fui envolviendo en su telara&ntilde;a, me dej&eacute; confundir por sus patra&ntilde;as y los consejos de mis nuevas compa&ntilde;eras, igualmente de una t&iacute;a, mi familiar confidente. &mdash;Silvia &iexcl;Hay que disfrutar la vida, mientras se pueda! &ndash;. Todas ellas repitiendo las mismas frases hasta anidarlas en mi subconsciente.<\/p>\n<p>Su bienvenida fue cordial, reconfortante y amistosa, atray&eacute;ndome con la hermosura de su p&iacute;cara sonrisa. El galante trato y su esmerada paciencia para explicarme los diferentes procesos de facturaci&oacute;n. Un caf&eacute; sobre las diez y media de la ma&ntilde;ana fue lo primero, pocos d&iacute;as despu&eacute;s una docena de donuts con Coca-Cola por la tarde, lo secundario. Y sin claridad alguna, me fui apartando de un ya alejado novio y acerqu&eacute; mis afectos hacia qui&eacute;n me hacia la vida feliz, hablar de cosas y casos distintos, re&iacute;r de nuevo pero por bromas y apuntes diferentes, cada dia de la semana y cada jueves seguidos de los viernes en una u otra discoteca. En cambio con Rodrigo era solo estudiar y trabajar. La rutina de los deberes nos fue apartando, minando nuestro amor. &iexcl;Intenso aburrimiento! Yo pensaba solo en bailar, pasear, beber y disfrutar. Mario con sus picaras diabluras y Rodrigo, con su amor casi angelical.<\/p>\n<p>Porque ambos, Rodrigo y yo, estudi&aacute;bamos en la misma universidad y el automatismo de nuestro diario vivir me nubl&oacute; la raz&oacute;n y descuid&eacute; el verdadero amor. &iquest;O lo cambi&eacute;? Ambos trabaj&aacute;bamos para ayudarnos con libros y materiales. Viv&iacute;amos cerca, a&uacute;n en la casa de nuestros padres, por lo cual pas&aacute;bamos muchas horas del d&iacute;a, juntos, yo con mis matem&aacute;ticas, contabilidad y clases de inform&aacute;tica, Rodrigo metido entre sus pinturas, planos y maquetas. Y se me fue haciendo aburrido verle solo interesado en ser el mejor de la facultad, dejamos de salir a bailar para ahorrar pensando en los gastos del semestre y solo permanec&iacute;a entre los dos, el transitar desde nuestras respectivas casas, cada uno para el trabajo y en la tarde-noche, reencontrarnos con un beso en los labios, al frente de la Universidad. Como en un cuadro de Dal&iacute;, empec&eacute; a percibir como se derret&iacute;a de a pocos mi juvenil amor por &eacute;l. Me fui haciendo a un lado, apart&aacute;ndome de la diaria costumbre y ya no ve&iacute;a a mi amor como antes, lejano estaba ya, viviendo tan cercano.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Vive experiencias nuevas! &iexcl;No te ates a uno solo!&ndash;. Esas fueron las frases de mi mejor amiga de la universidad, que detestaba a Rodrigo por tener una personalidad similar a la de su novio, un reci&eacute;n graduado arquitecto, igualmente de temperamento so&ntilde;ador, con m&aacute;s ganas de construir sin concreto sus sue&ntilde;os que en edificar con reales bases, la arquitectura de su propia existencia juntos.<\/p>\n<p>Esas indicaciones me elevaron las ganas de vivir una prohibida aventura. Mario, que as&iacute; se llamaba aquel nuevo jefe m&iacute;o, comprendi&oacute; a base de mis sonrisas y de las furtivas miradas que nos ofrec&iacute;amos en aquellas oficinas, que pod&iacute;a actuar con mayor diligencia, m&aacute;s libertad y con mi pleno consentimiento.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de una semana de arduo trabajo en la oficina y desveladas noches para cumplir con la entrega de proyectos y esquemas de planeaci&oacute;n empresarial para la universidad, lleg&oacute; un viernes, donde despu&eacute;s de unos provocadores roces y un beso robado a la hora del almuerzo, al atardecer varias compa&ntilde;eras sugirieron salir a tomar algo por ah&iacute;. Llevaba encima muchas horas de esfuerzo y no voy a negarlo, la invaluable ayuda de Rodrigo con unos gr&aacute;ficos que no me sal&iacute;an tan bien como a &eacute;l.<\/p>\n<p>Ten&iacute;a una entrega final con mi compa&ntilde;era de estudios, donde el trabajo lo realizaron en su mayor&iacute;a mi amiga y Rodrigo, abriendo espacio en sus ya complejas madrugadas. &iquest;Fiesta y rumba? O &iquest;Rutina y universidad? &iexcl;Adivinaron, s&iacute;! Esa noche de viernes me fui acompa&ntilde;ando a mis amigas y compa&ntilde;eros del trabajo y obviamente cogida de las varoniles manos de Mario.<\/p>\n<p>En mi cabeza ya giraban luces estereosc&oacute;picas, marrones, amarillas, verdes y rojas, todas ellas en mi cabeza, en plena efervescencia lum&iacute;nica. Estaba mareada, me recost&eacute; sobre un brazo mirando en la mesa de noche de mi lado derecho, las fotos enmarcadas de mi familia.<\/p>\n<p>Y llor&eacute; de nuevo. Esa maldita noche de un viernes finalizando junio, me dej&eacute; seducir a conciencia por aquel hombre, &ndash;experto embaucador&ndash; bes&aacute;ndonos ya frente a todos, debilitando mis ya reducidas defensas morales. Su palabrer&iacute;a, su forma de manejar mis vueltas al bailar, tom&aacute;ndome de la cadera unas veces, otras de la cintura y entre besos y sus roces con su bulto en medio de mis muslos, me fui humedeciendo. &iexcl;Cedi&eacute;ndome&iexcl;<\/p>\n<p>El alcohol que tambi&eacute;n me desinhibe, confabul&oacute; otra vez, deshaciendo los nudos de mi cordura, venciendo mis temores a ser infiel.<\/p>\n<p>&mdash;&laquo;Me voy a separar de mi mujer&raquo;. &mdash;Me dec&iacute;a continuamente al o&iacute;do, &ndash;mientras me acariciaba sin pudor mis nalgas&ndash; para que lo vieran los dem&aacute;s y tan solo yo le escuchara.<\/p>\n<p>&mdash;&laquo;No comparto nada con ella. De hecho estoy durmiendo en el cuarto de mis hijos&raquo;. &mdash; Y yo ca&iacute; redondita en sus mentiras.<\/p>\n<p>No fui a la universidad. No present&eacute; mi trabajo y dej&eacute; en el aire a mi compa&ntilde;era de estudio, con un gran cero por calificaci&oacute;n, poniendo en peligro nuestro semestre. Pero tambi&eacute;n abandon&eacute; a mi novio. Desde esa noche y para siempre, perder&iacute;a su confianza. Al menos as&iacute; lo alcanc&eacute; a pensar, entrando ya con Mario a un motel para parejas cercano al sitio donde nos hab&iacute;amos &laquo;rumbeado&raquo;. Era un hecho que consumado con sexo, Mario ser&iacute;a mi nuevo novio. Rodrigo era un cuento pasado.<\/p>\n<p>Mario no demor&oacute; en desvestirme con deseo. No, no hubo er&oacute;ticas caricias por pre&aacute;mbulo, su ego de macho lo sac&oacute; pronto a relucir. Bajo mis jeans descoloridos con premura, dej&aacute;ndolos enrollados en mis tobillos. Mi tanguita de algod&oacute;n, humedecida en la mitad del p&aacute;lido azul, tambi&eacute;n fue retirada hacia un lado por sus gruesos dedos. Hurg&oacute; como pudo en mi interior, facilitando yo su labor al abrir lo que pod&iacute;a mis piernas. La pasi&oacute;n era evidente en su rostro de dominante profanador de tesoros. Levant&oacute; mi su&eacute;ter amarillo y con el mi blusa blanca, jalando con fiereza mi delicado sost&eacute;n, &ndash;rompi&eacute;ndolo de hecho&ndash; y su boca se fue apoderando de mis senos. Lamiendo, chupando y mordiendo mis pezones hasta causarme un aguantable dolor.<\/p>\n<p>Y yo deje explorar las m&iacute;as por dentro de su pantal&oacute;n, tocando aquella verga endurecida, palpitante y tan tibia. Estaba tan bebida y caliente, que sinceramente no repar&eacute; en su tama&ntilde;o, aunque no era peque&ntilde;a al sentirla cuando me penetr&oacute;, casi a la fuerza. Recuerdo que aquella primera vez con &eacute;l, no s&eacute; si por el susto de vivir aquella infidelidad, compar&eacute; por breves segundos con la de mi novio y not&eacute; que no me satisfac&iacute;a ni su grosor ni sus precipitados movimientos. Era eso o que ya estaba acostumbrada a otro tipo de sexo, a un cuerpo conocido, a unas manos esmeradas que me llevaban f&aacute;cilmente a la cumbre, entre m&uacute;ltiples orgasmos. No fue una experiencia fabulosa, para nada. Mario solo me tom&oacute;, me abri&oacute; las piernas y busc&oacute; satisfacer su ego&iacute;sta placer sin reparar en otorgarme el que ansi&eacute; obtener de &eacute;l. Tan distinto, tan brusco el cambio, que esa noche con el no llegu&eacute; la primera vez y fing&iacute;. Mario se derram&oacute; dentro de m&iacute;, sin preguntar, sin importarle si me proteg&iacute;a o pod&iacute;a dejarme embarazada. &iexcl;Gracias a Dios eso no sucedi&oacute;!<\/p>\n<p>Cuando se dio vuelta a mi lado para descansar de su orgasmo, me qued&eacute; yo all&iacute; mirando al techo de aquella habitaci&oacute;n, escuchando variados gemidos provenientes del televisor encendido, uno de mediana pantalla, donde se recreaban escenas de sexo entre una mujer y dos hombres. Me levant&eacute; para ir al ba&ntilde;o y all&iacute; me encerr&eacute;. Lave mi cara y al mirarme al espejo, comprend&iacute; que iniciaba algo nuevo, pero no tan rom&aacute;ntico ni pausado c&oacute;mo aconteci&oacute; con Rodrigo. No hubo poemas ni cartas entregadas, llenas de amor y ternura para allanar el camino de la pasi&oacute;n, para terminar en aquella faena. &iexcl;No! Nada de eso. Solo un capricho m&iacute;o, que termin&oacute; en menos de cinco minutos. Pero volv&iacute; a la cama y lo mir&eacute;, &ndash;y pues a lo hecho pecho&ndash; me envolv&iacute; entre los brazos de Mario, lo abrac&eacute; con ternura, esperando ser retribuida con besos y caricias delicadas.<\/p>\n<p>Pero de nuevo sus dedos hurgaron mis orificios. Los dos. Abri&oacute; con fuerza mis nalgas y sin preguntar me fue penetrando, con un dedo, luego dos. Hasta que mi ano se fue dilatando con sus acometidas y luego me coloco en cuatro sobre aquella cama y puso su glande a la entrada de mi virginal orificio. Algo que Rodrigo deseaba y yo no se lo permit&iacute;. Pero con Mario fue distinto, no dije nada, solo me tom&oacute; por detr&aacute;s, casi como si fuese una violaci&oacute;n, una que fue consentida, mas no disfrutada. Lo intent&oacute; pero solo al sentir dolor con sus varios intentos, me hizo entrar en raz&oacute;n, apret&eacute; con fuerza mis nalgas y con mis dos manos apart&eacute; de mi culo aquel intruso trozo de carne.<\/p>\n<p>Mario no se lo tom&oacute; muy bien, aunque mascullando algo entre dientes, le escuch&eacute; decirme que lo dejar&iacute;a para despu&eacute;s. Volvi&oacute; a besarme morbosamente y yo opt&eacute; por encaramarme sobre &eacute;l cabalg&aacute;ndolo, penetr&aacute;ndome lujuriosamente con su miembro, agitando mis caderas para hacerlo llegar hasta el fondo de mis entra&ntilde;as. Quer&iacute;a mi placer, era perentorio para m&iacute; obtenerlo rendida pero feliz, uno o varios orgasmos, Mario aguant&oacute; m&aacute;s esa vez y pude alcanzar mi cl&iacute;max, fue uno r&aacute;pido, para nada trepidante. La verdad no duramos mucho, pues el cansancio y el alcohol ingerido causaron que los dos termin&aacute;ramos durmiendo, m&aacute;s de lo debido.<\/p>\n<p>Despert&eacute; sobresaltada por la mediana claridad que pod&iacute;a divisar por el rect&aacute;ngulo de la ventana. &iexcl;Mierda, mierda! Ya casi ser&iacute;an las seis de la ma&ntilde;ana. Como pude me vest&iacute; lo m&aacute;s r&aacute;pido posible, necesitaba llegar a mi casa. Nadie sab&iacute;a nada de m&iacute; desde la noche anterior. Ni donde estaba, si bien o mal, ni con quien. Y ese fue mi garrafal error. No tuve la precauci&oacute;n de fabricarme una coartada. Y simplemente sucedi&oacute;. Mi mam&aacute; angustiada, mis hermanos busc&aacute;ndome en las casas de mis amigas del barrio y Rodrigo&hellip; Mi novio como siempre en su trabajo de d&iacute;a, presentando proyectos para terminar aquel semestre y en la madrugada, terminando sus maquetas y los planos para la presentaci&oacute;n final. Ocupado como estaba en sus trabajos finales, supuse que no me extra&ntilde;ar&iacute;a. &iexcl;Ilusa! Grand&iacute;sima idiota.<\/p>\n<p>El destino sabe c&oacute;mo usar sus cartas, y yo no supe jugar. Le ped&iacute; a Mario que me acercara en su moto a mi casa, pero apenas llegando le dije que me dejara a una prudente distancia. Me desped&iacute; de mi nuevo amante con un beso apurado. Me encamin&eacute; con pasos r&aacute;pidos, cabizbaja, perdida en mis pensamientos, meditando en el discurso que tendr&iacute;a que darle a mi madre por llegar al otro d&iacute;a. Y angustiada, completamente abstra&iacute;da de mi solitario entorno, cruc&eacute; por el parque, ya a poca distancia de mi casa, y no pens&eacute; en la posibilidad de lo improbable. Sin reparar en nada ni nadie, no lo vi, no me di cuenta de que Rodrigo me observaba a prudente distancia, inmerso en una profunda melancol&iacute;a. Era a&uacute;n temprano, no deb&iacute;a estar por all&iacute;, si no camino a su trabajo. No deb&iacute;a verme llegar a esas horas.<\/p>\n<p>Ped&iacute; perd&oacute;n a mi madre por la tardanza y la angustia que caus&eacute;. Me duch&eacute; afanosamente y me vest&iacute; para continuar con mi d&iacute;a. Otro en la oficina, al lado de Mario, mi jefe. Al mediod&iacute;a, hora del almuerzo, no recib&iacute; la acostumbrada llamada de Rodrigo. En la noche, al llegar a la universidad, tampoco estaba esper&aacute;ndome, como siempre. Pase por su facultad y de lejos lo vi, atareado con sus planos y la maqueta de la presentaci&oacute;n final. Me qued&eacute; un momento observando aquella sustentaci&oacute;n. Fue aplaudido por profesores y compa&ntilde;eros. Fue como lo so&ntilde;&oacute;, el mejor. &iexcl;Lo hab&iacute;a logrado! Pero en su rostro no vi alegr&iacute;a, tan solo unos gestos de amargo &eacute;xito. No tuve el valor de enfrentarlo, de mirarle a la cara y decirle que ya lo hab&iacute;a reemplazado. Ni el me busc&oacute;, ni yo le llam&eacute;. Se esfum&oacute; de mi vida, en prudente silencio como lo hizo al llegar una tarde acompa&ntilde;ando al hombre que me despreci&oacute;. Hasta que un d&iacute;a supe la raz&oacute;n de su desaparici&oacute;n y me quede literalmente de piedra, avergonzada y arrepentida, cuando me enter&eacute; por boca de una de mis cu&ntilde;adas lo que Rodrigo hab&iacute;a presenciado.<\/p>\n<p>Lo de Mario me dur&oacute; lo que te demoras en soplar las velitas de la torta en tu d&eacute;cimo octavo cumplea&ntilde;os. Una tarde, tres semanas despu&eacute;s de mi reciente &laquo;noviazgo&raquo;, despu&eacute;s de haber sostenido relaciones sexuales espor&aacute;dicas con &eacute;l, tal vez tres o cuatro m&aacute;s, que la verdad me supieron a poco, quiz&aacute;s debido al alcohol que siempre fung&iacute;a como actor determinante de aquella relaci&oacute;n. A la salida cuando iba abrazada con Mario, se nos atraves&oacute; una se&ntilde;ora alta, con un ni&ntilde;o de unos cinco a&ntilde;os de la mano y un cochecito para bebes de color rosado. Mario se separ&oacute; inmediatamente de m&iacute;. Su esposa le cruzo la cara con dos cachetadas. Me escupi&oacute; la cara y me llamo &iexcl;Puta destroza hogares! Mario se fue tras de ella sin determinarme. Yo me quede est&aacute;tica, convertida en fr&iacute;a laja de m&aacute;rmol. &iexcl;Hermosa, joven y muy solitaria! Completamente abandonada, como ahora volv&iacute;a a estarlo.<\/p>\n<p>Mir&eacute; hacia la mesita de noche, la botella de aguardiente me hac&iacute;a caritas, me llamaba insistiendo mucho en que la ingiriera hasta dejarla vac&iacute;a. Fui a tomarla con mi mano pero al fondo del piso escuch&eacute; el reconocido ruido del manojo de llaves del amor m&iacute;o que regresaba a su hogar, de mi esposo Rodrigo que volv&iacute;a a mis brazos. Me levant&eacute; r&aacute;pido, mareada por el ingerido alcohol y a tientas, golpeando mi cuerpo entre las dos paredes, corr&iacute; por el oscuro pasillo hacia la sala y entonces lo vi, a mi amor regresar &iexcl;Hab&iacute;a vuelto! Lo vi al encenderse la luz, pero&hellip; &iquest;Por qu&eacute; hab&iacute;a regresado a nuestro hogar, precisamente con ella?<\/p>\n<p>Continuar&aacute;&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 22<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Hab&iacute;an transcurrido por lo menos diez minutos desde que mi esposo Rodrigo y Paola, &ndash;su bella compa&ntilde;era de trabajo&ndash; se hab&iacute;an marchado del piso para pasar toda la madrugada juntos. Y yo, segu&iacute;a all&iacute; de rodillas, tan desnuda y devastada, llorando sin poder detener la marea que empapaba mis mejillas y respirando agitada sin conseguir [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":18051,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":{"0":"post-30604","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-infidelidad"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30604","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18051"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30604"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30604\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30604"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30604"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30604"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}