{"id":30643,"date":"2021-07-31T22:00:00","date_gmt":"2021-07-31T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-07-31T22:00:00","modified_gmt":"2021-07-31T22:00:00","slug":"memorias-de-frica-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/memorias-de-frica-ii\/","title":{"rendered":"Memorias de \u00c1frica (II)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"30643\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>La luz del d&iacute;a se filtraba por las paredes de la choza. Todo el interior se divid&iacute;a como si fuera un c&oacute;digo de barras, en trozos alternativos opacos y luminosos. Ten&iacute;a mucho calor, estaba sudando, me sent&iacute;a sucia y pegajosa, y un dolor detr&aacute;s de mi cabeza. Pase&eacute; los ojos por el recinto pero sin atreverme a mover. Estaba tumbada en una especie de camastro, hecho de troncos, y a modo de colch&oacute;n un amasijo de hojas de platanera y helechos. De la misma manera que no me atrev&iacute;a a levantarme, tampoco era capaz de hablar o gritar. Sent&iacute; sed y hab&iacute;a perdido la noci&oacute;n del tiempo. Sent&iacute; pasos y voces que se iban acercando, y el parapeto de hojas que hac&iacute;a de puerta se abri&oacute;. La luz inund&oacute; la caba&ntilde;a, pero estaba por detr&aacute;s de las figuras que entraron haciendo sombras. Por el tono de voz eran mujeres y entre gestos, cuchicheos y alguna sonrisa, entraron en la caba&ntilde;a.<\/p>\n<p>Cuando mis ojos se acostumbraron a la luz, pude ver el exterior&hellip; cielo azul, &aacute;rboles, m&aacute;s caba&ntilde;as y una especie de poblacho. Las mujeres estaban desnudas, o casi. Un taparrabos cogido a la cintura con una especie de cuerda era todo lo que llevaban. Pelo corto, muy rizado, y seg&uacute;n la posici&oacute;n en la que se acercaban, a algunas les brillaba la piel. Se sentaron hablando entre ellas y me examinaban con esos ojos negros grandes y brillantes. No sab&iacute;a si me estaban preguntando algo o simplemente hablaban sin m&aacute;s, pero intent&eacute; hacerme la valiente. Puede que fuera por el aturdimiento de mi dolor de cabeza, pero lo primero que me sali&oacute; de la boca fue preguntar por mi tel&eacute;fono:<\/p>\n<p>-&iquest;D&oacute;nde est&aacute; mi IPhone?, &iquest;pueden darme agua?, tengo sed.<\/p>\n<p>Se pusieron a hablar entre ellas y a re&iacute;rse:<\/p>\n<p>-&iexcl;Aifon!, &iexcl;aifon!&#8230; &iexcl;jajaja!<\/p>\n<p>Sin mediar m&aacute;s palabra, dos de ellas se pusieron por los pies y otras dos por los hombros, y de forma brusca me pusieron boca abajo. El dolor de cabeza, la sed y porqu&eacute; no decirlo tambi&eacute;n, el miedo, me ten&iacute;an atenazada. Examinaron mi cabeza y la herida que ten&iacute;a. Una de ellas sali&oacute; y cuando volvi&oacute;, llevaba en las manos una masa que no acert&eacute; a ver de qu&eacute; estaba hecha, pero que chorreaba un l&iacute;quido. Me lo pusieron sobre la herida y al dolor y la quemaz&oacute;n que sent&iacute; al principio, le sigui&oacute; un frio que me alivi&oacute; bastante, a la vez que me despej&oacute;. Cuando mi cara se relaj&oacute;, una de las chicas empez&oacute; a re&iacute;r, hablaron de nuevo entre ellas, y casi sin darme tiempo a descansar, una de las mujeres intent&oacute; quitarme a tirones la camiseta que llevaba puesta. Cuando descubrieron que sac&aacute;ndola por la cabeza no ten&iacute;an que esforzarse mucho, lo hicieron. Cuando empezaron a hurgar en el broche del sujetador intent&eacute; rebelarme, pero una de ellas se sent&oacute; en mis lumbares, desabrocharon el sujetador y me desnudaron. Luego hicieron lo mismo con el short y las bragas entre risas y exclamaciones.<\/p>\n<p>Una de las m&aacute;s viejas cogi&oacute; mis nalgas y me las abri&oacute; para comprobar no s&eacute; muy bien el qu&eacute;, y casi seguido, las dos que estaban al pie del camastro, me abrieron de piernas. No s&eacute; si era la misma que me abri&oacute; de nalgas u otra, pero unas manos empezaron a deslizarse por mis muslos. Esta vez s&iacute; que pude agitarme, deshacerme de esas manos y cerrar las piernas. Se echaron a re&iacute;r y me volvieron a sujetar los pies; entre las cuatro me volvieron a dar la vuelta poni&eacute;ndome boca arriba. Estoy acostumbrada a que me vean desnuda en la playa, pero aquello era diferente, as&iacute; que intent&eacute; zafarme de los brazos para taparme al menos la entrepierna, pero me lo impidieron sujet&aacute;ndome m&aacute;s fuerte las mu&ntilde;ecas y sent&aacute;ndose dos de ellas sobre mis piernas.<\/p>\n<p>Me miraban a los ojos, palpaban mi pelo casta&ntilde;o, recorr&iacute;an con el dedo &iacute;ndice mis labios&hellip; Una de las m&aacute;s j&oacute;venes me acarici&oacute; los pechos, los apretaba, pellizcaban mis pezones y una se atrevi&oacute; incluso a comerme uno de los pezones, lo que provoc&oacute; que se pusieran duros y rectos. Hasta mi ombligo les llamaba la atenci&oacute;n. Mientras me esforc&eacute; en que no se notara ninguna de las reacciones que todo aquello ten&iacute;a en mi cuerpo, y gracias a esa distracci&oacute;n, las dos que se sentaron sobre mis piernas, se hab&iacute;an levantado y me las hab&iacute;an abierto m&aacute;s de lo que estaban. Algunas se inclinaron sobre sobre mi sexo, &ldquo;jodidas cabronas, dejadme en paz de una puta vez&rdquo;, pens&eacute;.<\/p>\n<p>Otra de las j&oacute;veness se acerc&oacute; con un recipiente que me parec&iacute;a una especie de calabaza ahuecada llena de agua, y con una especie de musgo o manojo de helechos. Empezaron a lavarme. Mira que me gusta ba&ntilde;arme y estar limpia, pero desde luego la forma en que aquellas mujeres lo estaban haciendo no era la mejor. Aquella suerte de esponja era suave, pero no era la que tengo en casa, los movimientos era violentos y daba la sensaci&oacute;n que lo que quer&iacute;an eran borrarme el moreno de mi cuerpo; digo moreno para entendernos, porque para ellas era blanca como la cal. Menos mal que al tomar el sol desnuda en la playa, no tengo marcas porque de lo contrario hubiera sido otro motivo m&aacute;s para la algarab&iacute;a o para que me escrutaran m&aacute;s a fondo.<\/p>\n<p>Mientras me limpiaban el sexo con mucho cuidado, menos mal, la m&aacute;s vieja puso su mano sobre mi vientre y dej&oacute; caer todo su peso sobre m&iacute;. Esa repentina presi&oacute;n me dio unas ganas tremendas de orinar y me lo hice sin querer. Me dio una verg&uuml;enza tremenda y pens&eacute; &ldquo;mierda, tierra tr&aacute;game&rdquo;. Al ver eso, sonrieron y asintieron con la cabeza como si hubiera conseguido lo que ellas esperaban. Volv&iacute; a rebelarme, &ldquo;que os jodan cabronas de mierda&rdquo;, me dije para mis adentros. Una de ellas sali&oacute; de la caba&ntilde;a y volvi&oacute; con otro mont&oacute;n de hojas y helechos. Me levantaron mientras volv&iacute;an a &ldquo;hacer la cama&rdquo;. Me volvieron a acostar y se ve que aquello tambi&eacute;n las divert&iacute;a, porque no dejaban de sonre&iacute;r y mirarme.<\/p>\n<p>Las m&aacute;s j&oacute;venes volvieron a lavarme los muslos y el sexo sobre todo. Mientras me secaban, yo me dej&eacute; llevar. Una de las m&aacute;s j&oacute;venes, la que no dej&oacute; de repetir &ldquo;aifon, aifon&rdquo; momentos antes, se sent&oacute; en el borde del camastro, y mirando a las que me sujetaban, les dijo algo en aquella extra&ntilde;a lengua. En aquel momento decid&iacute; &ldquo;bautizar&rdquo; como Aifon a aquella joven que no creo que tuviera m&aacute;s de 25 a&ntilde;os. Las otras chicas obedecieron y me sentaron junto a Aifon. La pude ver de cerca esta vez, sus grandes ojos marrones, nariz chata pero elegante, labios gruesos, una fila de dientes blancos y perfectos para ser una ind&iacute;gena, pelo corto negro y muy tupido. Los pechos al aire, redondos, brillantes, no muy grandes, joder, eran casi perfectos. Contrastaba conmigo, m&aacute;s alta, blanca en comparaci&oacute;n con su cuerpo color chocolate, mi pelo casta&ntilde;o, sus piernas m&aacute;s estilizadas contra las m&iacute;as m&aacute;s musculosas y desarrolladas gracias al voleibol y al gimnasio. No le envidi&eacute; sus pechos ni por tama&ntilde;o, ni por postura.<\/p>\n<p>Aifon cogi&oacute; uno de mis pechos en su mano, lo acarici&oacute; y con su pulgar estimul&oacute; el pez&oacute;n hasta que lo puso duro y crecido. Se interes&oacute; por mi sexo, lo acarici&oacute; despacio y pas&oacute; de abajo hacia arriba sus dedos por la raja. Pareci&oacute; gustarle que estuviera depilada, aunque desde mi &uacute;ltima sesi&oacute;n de belleza me hab&iacute;an crecido algunos pelillos. Aquella caricia en mi sexo me puso la piel de gallina, me confundi&oacute;, pero fui incapaz de cambiar la situaci&oacute;n. No era la primera vez que estaba con otra mujer, pero en otras circunstancias. Las otras mujeres que estaban en la caba&ntilde;a le dijeron algo y entonces dej&oacute; de acariciarme el sexo, tir&oacute; de mi hacia ella y yo me resist&iacute;, no entend&iacute;a nada de lo estaba pasando. Las otras mujeres la ayudaron empuj&aacute;ndome, y me acostaron boca abajo sobre las rodillas de Aifon, en una postura parecida a cuando le vas a dar una torta a un ni&ntilde;o en el culo. Me sent&iacute; absolutamente desprotegida, avergonzada, expuesta, como si fuera un monigote. Cuando se aseguraron de que no me pod&iacute;a mover, Aifon empez&oacute; a darme azotes en el culo. Que a mis 35 a&ntilde;os una ni&ntilde;ata me trate as&iacute; me enfad&oacute; much&iacute;simo:<\/p>\n<p>-&iexcl;Hija de puta, negra cabrona, su&eacute;ltame y deja de pegarme! &nbsp;le grit&eacute;.<\/p>\n<p>Me sent&iacute; humillada al ver a todas aquellas mujeres mirando y sujet&aacute;ndome. En cuanto intentaba moverme o rebelarme, m&aacute;s fuerte me sujetaban. Aifon me pegaba no con mucha fuerza, pero no por eso dejaba de dolerme. En esas intentonas por zafarme, contra&iacute;a el culo y lo pon&iacute;a duro, pero me di cuenta que as&iacute; me dol&iacute;a m&aacute;s, y opt&eacute; por relajarlo. No se porqu&eacute; extra&ntilde;a raz&oacute;n Aifon me daba azotes no s&oacute;lo en las nalgas, sino que mov&iacute;a su mano por todo el culo, llegando incluso al interior, y a la parte donde el culo se une al muslo. Sus golpes llegaron hasta la zona donde la vagina y el culo casi se unen, pero al llegar ah&iacute; los golpes se hac&iacute;an m&aacute;s suaves. Sin saber muy bien la raz&oacute;n, cuando eso pasaba, me relajaba a&uacute;n m&aacute;s, mis piernas se destensaban y parec&iacute;a como si mi sexo se abriera. No pude aguantar mucho y se me nublaron los ojos, llor&eacute; de rabia y las l&aacute;grimas sal&iacute;an de mis ojos cayendo al suelo.<\/p>\n<p>Como si hubieran conseguido una victoria, las mujeres que yo pod&iacute;a ver, sonrieron y asent&iacute;an con la cabeza. Todav&iacute;a era de d&iacute;a y hac&iacute;a sol. Alguien pas&oacute; por delante de la choza y la sombra se proyect&oacute; dentro. Gir&eacute; la cabeza y pude ver a un hombre, un hombre alto, corpulento, fuerte y que tambi&eacute;n iba desnudo salvo ese peque&ntilde;o taparrabos igual que el de las mujeres. Se qued&oacute; mirando hacia dentro, y tuve miedo de que entrara y se uniera &ldquo;a la fiesta&rdquo; de mi sufrimiento; ese ten&iacute;a que pegar fuerte. Mi coraz&oacute;n se aceler&oacute;, sent&iacute; miedo ante la posible brutalidad que podr&iacute;a ocurrir, pero por otra parte sent&iacute; una reacci&oacute;n extra&ntilde;a, casi de placer.<\/p>\n<p>Durante mis experiencias de pareja, en tr&iacute;os o intercambios, descubr&iacute; que me daba mucho morbo mirar pero tambi&eacute;n ser vista. No confundir con ser una exhibicionista, pero el hecho de saberme observada me pone. Por eso cuando aqu&eacute;l ind&iacute;gena se par&oacute; en la puerta de la choza, not&eacute; que mi sexo se mojaba. El hombre sigui&oacute; con lo suyo, pero las mujeres y especialmente Aifon, se dieron cuenta de lo que me hab&iacute;a pasado. Aplaudieron suavemente, sonrieron, volvieron a asentir con la cabeza, y Aifon afloj&oacute; la intensidad de sus azotes. Pas&oacute; su mano por mi raja y empap&oacute; sus dedos con mis l&iacute;quidos. Me masaje&oacute; el sexo, extendiendo el flujo e incluso se permiti&oacute; el lujo de intentar meter un dedo en mi raja. Pararon un momento como esperando a que me relajara del todo. Mis piernas se aligeraron, el culo perdi&oacute; la tensi&oacute;n y sin querer abr&iacute; las piernas dejando mi sexo y el culo a la vista.<\/p>\n<p>Aifon hablaba con el resto de mujeres, miraba especialmente a las m&aacute;s j&oacute;venes, como explic&aacute;ndoles que mediante el castigo hab&iacute;a conseguido doblegarme. Meti&oacute; su dedo en mi sexo, busc&oacute; mi cl&iacute;toris y lo estimul&oacute;. Me dej&eacute; llevar, pero ten&iacute;a una mezcla de rabia y placer. Sent&iacute;a ese dedo extra&ntilde;o en mi sexo masaje&aacute;ndome, estimul&aacute;ndome, masturb&aacute;ndome&#8230; me sent&iacute; todav&iacute;a m&aacute;s mojada. Cerr&eacute; los ojos y me dej&eacute; llevar. No me dio tiempo de tener un orgasmo y correrme, Aifon decidi&oacute; quitar la mano y dejarme en paz. Las mujeres se levantaron y se fueron en silencio. Se llevaron la ropa y me dejaron desnuda en el camastro. Me dol&iacute;a el culo de los azotes, ten&iacute;a el coraz&oacute;n a mil por hora, el sexo mojado y los pezones de mis tetas estaban duros. El dolor de la nuca casi se me hab&iacute;a ido. Fuera de la caba&ntilde;a la vida de estos salvajes continuaba. Pod&iacute;a o&iacute;r risas de ni&ntilde;os, mujeres hablando, golpes de le&ntilde;a cayendo al suelo, incluso el crepitar de un fuego. Estaba cansada, ten&iacute;a hambre y en esas estaba cuando me qued&eacute; medio dormida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 La luz del d&iacute;a se filtraba por las paredes de la choza. 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