{"id":30694,"date":"2021-08-04T22:00:00","date_gmt":"2021-08-04T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-08-04T22:00:00","modified_gmt":"2021-08-04T22:00:00","slug":"el-regalo-un-antes-y-un-despues-vigesima-novena-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-regalo-un-antes-y-un-despues-vigesima-novena-parte\/","title":{"rendered":"El regalo. Un antes y un despu\u00e9s (Vig\u00e9sima novena parte)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"30694\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 23<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Mientras de los cajones del armario tomaba un sujetador negro semi translucido y de encaje en las copas, estando solo con mis braguitas puestas, miraba que falda ponerme encima, apresurada para salir al encuentro de Hugo. Martha con mi m&oacute;vil a&uacute;n en su mano, recibi&oacute; por fin la notificaci&oacute;n de la ubicaci&oacute;n de su esposo.<\/p>\n<p>&mdash;Vaya, deb&iacute; imaginarlo. Est&aacute; en un hotel, bastante cerca de la oficina. &iquest;Lo conoces? &mdash;Y de nuevo aquel escalofr&iacute;o eriz&oacute; los vellitos por detr&aacute;s en mi nuca y antebrazos.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;S&iacute; se&ntilde;ora! Ya s&eacute; d&oacute;nde est&aacute;. Martha&hellip; &iquest;Qu&eacute; te parece si me coloco esta falda? Hummm, creo que me queda algo corta. Es eso o que me engorde. &iexcl;Jajaja!<\/p>\n<p>&mdash;Te queda muy bien mujer. Hugo no se podr&aacute; quejar de tener a dos hermosas mujeres a su lado. &mdash;Me respondi&oacute; sonriente y mucho m&aacute;s calmada.<\/p>\n<p>&mdash;Y no te olvides de Rodrigo, a &eacute;l tambi&eacute;n le debemos gustar. A prop&oacute;sito Martha&hellip; &iquest;D&oacute;nde dejaste a mi marido? &mdash;Y es que por las prisas por ducharme y vestirme, los dej&eacute; a los dos, muy juntos bebiendo y fum&aacute;ndose otro cigarrillo en el balc&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Ahhh, pues me dijo que mientras te duchabas &eacute;l tambi&eacute;n se iba a ba&ntilde;ar. &iquest;Voy y miro? &mdash;Nahh!, d&eacute;jalo. Ya es un hombre hecho y derecho. Puede ducharse solito. A no ser que quieras ir a secarlo. &iexcl;Jajaja! &mdash;Y Martha ri&eacute;ndose apenada, me ayud&oacute; a subir la cremallera de la minifalda blanca respondi&eacute;ndome con voz baja&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ufff! Silvia, la verdad que me gustar&iacute;a pero no tenemos tiempo. &mdash;Y tomando del armario dos de mis blusas, escogi&oacute; una y me dijo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Creo que combinar&iacute;a bien ese coqueto sujetador con esta blusa de organza negra. &iexcl;Pufff! Mujer, si no lo convences hablando, al menos lo vas a enloquecer con este look. &mdash;Y yo terminando de asegurar el tercer bot&oacute;n, mir&aacute;ndome al espejo del tocador, tom&eacute; del cofrecito donde guardaba las joyas, la cadena de oro con el &aacute;ngel alado para luc&iacute;rselo a &eacute;l.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No crees que se est&aacute;n tardando demasiado? &iexcl;Puede que Silvia no haya logrado convencerlo! Rodrigo&hellip; &iquest;Y si est&aacute;n ya&hellip;?<\/p>\n<p>&mdash;Tranquila preciosa y dales tiempo, que para tu esposo no debe ser f&aacute;cil tomar esta decisi&oacute;n. Y si est&aacute;n los dos anticip&aacute;ndose, que espero no sea as&iacute;, para ellos puede ser su comienzo y para nosotros dos, pues no debe ser un amargo final. Fresca Martha, si pasa pues que le vamos a hacer, si ya lanzamos las cartas y la partida est&aacute; sobre la mesa por definirse, el que tenga la mejor combinaci&oacute;n se lleva lo apostado y cr&eacute;eme algo&#8230; &iexcl;Todos sabemos lo que podr&iacute;amos perder!<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Pero y si Hugo no quiere apostar? Puede que a mi esposo no le interese jugar. &iquest;No lo crees? &iquest;Y en su cabeza solo tenga la idea de alejarse de m&iacute; y planear de paso, irse con tu mujer tambi&eacute;n? &mdash; &iexcl;Dudas! Tan solo eso ten&iacute;amos los dos en aquella desesperante espera a la madrugada.<\/p>\n<p>&mdash;Puede ser una posibilidad preciosa, pero s&iacute; acept&oacute; verse con Silvia en el hotel y hablar, es una puerta abierta, una oportunidad que no resistir&aacute;. Tambi&eacute;n Martha, piensa que para nosotros dos, sea la vista de una salida a todo esto y para ellos, a la vez, la de su entrada. &iexcl;Ahhh, mira!&hellip; &iquest;Los ves? Ya est&aacute;n saliendo y tu esposo trae las maletas. &iquest;Tantas? Ok, eso es una buena se&ntilde;al. &iquest;No lo crees mujer? &iexcl;Observa! Ya le est&aacute;n entregando las llaves de su auto. &mdash;Y la preciosa Martha, acarici&oacute; con suavidad mi mano y sonri&oacute;.<\/p>\n<p>El autom&oacute;vil negro ya cargado de maletas y de esperanzas, dio la vuelta y deslumbr&aacute;ndonos con la luz de los faros se detuvo a nuestra derecha, justo al lado del lugar que ocupaba Martha y Silvia, baj&oacute; por completo la ventanilla para decirnos muy donosa y sonriente&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Y bien, ya est&aacute; todo hablado. As&iacute; que somos todo o&iacute;dos. &iquest;Para d&oacute;nde vamos? &mdash;Nos pregunt&oacute; y en su voz se percib&iacute;a tranquilidad y la alegr&iacute;a.<\/p>\n<p>Yo ten&iacute;a en mi mu&ntilde;eca la manilla de cuero con la dorada herradura y en el bolsillo interior de mi chamarra de cuero, la que no hab&iacute;a entregado a Silvia. Pero no cre&iacute; oportuno dirigirnos los cuatro a aquel lugar, sin antes hablar. Tanto mi esposa como Hugo se podr&iacute;an asustar al conocer lo que ocurr&iacute;a dentro de ese local.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Pues no se mi amor! &ndash;le respond&iacute; casi a los gritos&ndash;. De pronto, lo mejor ser&aacute; dejar las maletas en su casa. &iquest;No lo crees? Preg&uacute;ntale a &eacute;l que quiere hacer. Igual tengo mucha hambre, as&iacute; que despu&eacute;s podr&iacute;amos salir a ver que encontramos o nos pedimos algo a domicilio. &iquest;Qu&eacute; opinas tu Martha? &mdash;Y el precioso fulgor de aquellos ojitos de miel se fijaron en los caf&eacute;s m&iacute;os para responder&hellip;<\/p>\n<p>Y el rostro de Hugo apareci&oacute; de repente por delante del torso de mi esposa, para decirle a Martha con su voz grave que fu&eacute;ramos a su casa. Y simplemente el auto negro emprendi&oacute; su camino y yo a prudente distancia los segu&iacute;. Mi esposa con &eacute;l y la suya junto a m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Cari&ntilde;o en casa tenemos algunas cazuelas de mariscos listas para calentar. Solo ser&aacute; cuesti&oacute;n de ponerlas en el horno si quieres. La verdad que yo tampoco he comido nada y por lo visto esos dos, mucho menos. &iquest;Te parece? &mdash;Me encanta esa idea preciosa y a Silvia estoy seguro que tambi&eacute;n le agradar&aacute;&ndash;. Le confes&eacute; acariciando su mano izquierda, terminando por confirmar su apetitoso ofrecimiento.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Bienvenidos! &mdash;Nos dijo Hugo subiendo un poco el tono de la voz.<\/p>\n<p>&mdash;Gracias, ciertamente es un chalet muy impresionante, con un estilo bastante vanguardista. &mdash;Le respond&iacute; con sinceridad e impresionado por el bonito panorama de los jardines iluminados.<\/p>\n<p>&mdash;Si Rodrigo, la escog&iacute; por las vistas y la parcela de 900 metros cuadrados. De construcci&oacute;n son 600 metros. &iquest;No es as&iacute; Martha? &mdash;Pero ni la dej&oacute; responder, cuando prosigui&oacute; vanaglori&aacute;ndose de su elegante hogar como queriendo impresionarme. Era eso o&hellip; &iquest;Pens&oacute; tal vez que yo meditaba en adquirirla?<\/p>\n<p>&mdash;Cuenta con amplios jardines, piscina climatizada y un porche espectacular. En el s&oacute;tano se ubica el garaje para cuatro autom&oacute;viles, la despensa, una peque&ntilde;a bodega y la estancia de lavadero y el servicio. Aqu&iacute; en esta planta baja, se encuentran distribuidos un sal&oacute;n de dos ambientes, el comedor, la cocina y el aseo. Y en la primera planta, disponemos de cuatro habitaciones y tres ba&ntilde;os. La planta superior la adecuamos para varios usos, un peque&ntilde;o gimnasio y la terraza. &mdash;Ya veo, es sumamente amplia y se antoja muy acogedora&ndash;. Le respond&iacute; y con una sonrisa maliciosa dibujada en mi boca, le pregunt&eacute;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y el dormitorio para la mascota? &mdash;Le dije claramente por molestar&ndash;. Y Hugo gir&aacute;ndose, me mir&oacute; un tanto extra&ntilde;ado y dud&oacute; unos segundos antes de responderme, eso s&iacute; antes de hacerlo, mir&aacute;ndome de soslayo.<\/p>\n<p>&mdash;Nunca hemos tenido una. Son un peque&ntilde;o complique. &mdash;Y prosigui&oacute; adelant&aacute;ndose a nosotros con sus dos maletas grandes a rastras, las otras dos m&aacute;s peque&ntilde;as las llevaba una Martha y la otra, mi mujer.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Est&aacute;n en su casa! Martha podr&iacute;as por favor, ofrecerles algo de beber mientras dejo mis cosas en&hellip; &mdash;Y se qued&oacute; mudo, meditando la continuaci&oacute;n. Silvia, gui&ntilde;&aacute;ndome un ojo se anticip&oacute; a su respuesta y le dijo levantando la voz para que a todos nos quedara perfectamente claro.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ven cari&ntilde;o! Te acompa&ntilde;o hasta la alcoba principal y te ayudo a acomodar de nuevo la ropa en tu vestidor. &mdash;Y Hugo no tuvo m&aacute;s remedio que dejarse conducir por mi esposa hasta el segundo nivel. Con bastante familiaridad se encamin&oacute;, en un recorrido para mi esposa&hellip; &iquest;Ya conocido?<\/p>\n<p>&mdash;Rodrigo, cielo. &iquest;Qu&eacute; les gustar&iacute;a beber? &mdash;Me pregunt&oacute; Martha cari&ntilde;osa y tom&aacute;ndome de la mano, me condujo hacia la cocina para buscar en los estantes superiores, el licor deseado para tomar. &iquest;O calmar los nervios de los all&iacute; presentes?<\/p>\n<p>&mdash;Preciosa, que tal si mientras tu esposo y mi mujer, se entretienen acomodando la ropa en la habitaci&oacute;n de ustedes dos, tu y yo calentamos las cazuelas porque la cuesti&oacute;n ahora es de hambre y&hellip; &iquest;De paso nos preparamos unos coctelitos y tomamos valor para lo que se nos viene encima? &mdash;Le expres&eacute; a Martha, abraz&aacute;ndola por la espalda y mordisqueando su oreja derecha.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Me parece perfecto, precioso!&#8230; Debe estar muy hambriento mi guapo caballero sin armadura. &mdash;Me respondi&oacute; sosegada, a la vez que con su brazo derecho extendido hacia atr&aacute;s, hund&iacute;a en mi melena los dedos de su mano para revolcar mis cabellos, mientras se re&iacute;a por su infantil y cari&ntilde;osa broma.<\/p>\n<p>&mdash;Hummm&hellip; &iquest;Pi&ntilde;a colada para las ni&ntilde;as? &mdash;Le dije a Martha que se encontraba con medio cuerpo dentro del refrigerador, buscando las cazuelas.<\/p>\n<p>Mientras tanto yo recog&iacute;a del elevado estante, una botella de Ron blanco y la otra sin destapar, con licor de coco.<\/p>\n<p>&mdash;Y un refrescante Manhattan&hellip; &iquest;Para tus dos hombrezotes? &mdash;Me mir&oacute; risue&ntilde;a, un destello del ojo diestro con aquel color de la miel pude observar, e instantes despu&eacute;s, me sac&oacute; la punta de su lengua moviendo la cabeza de izquierda a derecha y luego al rev&eacute;s, a modo de burla, sin quitar su mano de la perilla que graduaba la temperatura del horno.<\/p>\n<p>Y tambi&eacute;n me hice del whiskey, una botella 12 a&ntilde;os &aacute;mbar de la que me antoj&eacute; por probar. De igual forma, tom&eacute; una de un famoso vermut rojo y el amargo de Angostura por igual.<\/p>\n<p>&mdash;Pero dime algo preciosa&hellip; &iquest;Te has quedado en modo &laquo;Mute&raquo;? &mdash;Le pregunt&eacute; a aquella hermosa mujer, que en silencio solo me miraba embelesada y con admiraci&oacute;n, para posteriormente regalarme su bonita sonrisa y acerc&aacute;ndose a m&iacute;, como acechando a una presa, &ndash;sin esper&aacute;rmelo&ndash; me bes&oacute; con bastante pasi&oacute;n, pellizc&aacute;ndome de paso, la nalga izquierda.<\/p>\n<p>&mdash;Eres un colombiano muy seductor. &iquest;Lo sabias? &mdash;Termin&oacute; Martha por decirme al o&iacute;do despu&eacute;s de aquel delicioso beso y yo solo le respond&iacute;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Hummm&hellip; Eso debe ser porque me encanta el timbre de la voz en las mujeres espa&ntilde;olas, pero mucho m&aacute;s de aquellas que son unas madrile&ntilde;as preciosas y adem&aacute;s bien casadas. &mdash;Y le devolv&iacute; el beso, m&aacute;s profundo e intenso y en vez de pellizco, a dos manos apret&eacute; con bastante decisi&oacute;n y firmeza, ese redondo culo &laquo;Made in Spain&raquo;, restregando mi duro paquete latinoamericano contra su abultado y bien formado, Arco de la Victoria.<\/p>\n<p>&mdash;Precioso, mientras se calienta la cena, voy a darme una ducha y ponerme ropa m&aacute;s c&oacute;moda. Est&aacute;s en tu casa y en el refrigerador podr&aacute;s encontrar los ingredientes que necesites para que puedas terminar de preparar tus cocteles. En seguida regreso, de paso miro en que andan esos dos. &mdash;Y se dio vuelta Martha, dej&aacute;ndome all&iacute; solo en la amplia cocina.<\/p>\n<p>Dentro de la coctelera de cristal, coloqu&eacute; zumo de pi&ntilde;a, un poco de crema de leche, hielo picado y como no ubiqu&eacute; por ninguna parte los clavos de olor, utilic&eacute; un poco de canela en polvo. Agit&eacute; repetidamente con firmeza y&hellip; &iexcl;Voil&aacute;! Busqu&eacute; las copas en la vitrina y hall&eacute; unas altas que eran perfectas para verter en cada una el coctel y termin&eacute; la decoraci&oacute;n con unas rodajas de pi&ntilde;a que encontr&eacute; fr&iacute;as dentro de una bandeja de poliestireno blanco al fondo del refrigerador.<\/p>\n<p>Aunque permanec&iacute; ocupado junto al mes&oacute;n de m&aacute;rmol gris, buscando que las rodajas de pi&ntilde;a quedaran centradas y equilibradas en el borde de las copas, intentaba en vano escuchar algo de lo que ocurr&iacute;a en aquella casa, estando Silvia, Martha y Hugo en la misma habitaci&oacute;n. No lo voy a negar, en aquella casa ajena me encontraba nervioso pensando de qu&eacute; manera y con cuales palabras podr&iacute;a afrontar la necesaria conversaci&oacute;n con el hombre que ser&iacute;a el pr&oacute;ximo amante de mi mujer.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Mi amor, pero rico se ve eso! &iquest;D&oacute;nde aprendiste a prepararlo? &mdash;Era Silvia que llegaba acompa&ntilde;ada solamente por Hugo, quiz&aacute;s diez o quince minutos despu&eacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Seguramente tu esposo trabaj&oacute; alguna vez sirviendo copas en alg&uacute;n bar. &iexcl;Jajaja! &mdash;Ese fue el comentario de Hugo a modo de broma para aliviar la tensi&oacute;n entre los tres, &ndash;pero que a m&iacute; me son&oacute; algo despectivo&ndash; qui&eacute;n colocando sus dos manos sobre los hombros de mi esposa, se mostraba ante m&iacute; sonriente, orgulloso y sinti&eacute;ndose de repente, todo un campe&oacute;n. &mdash;Silvia, se dio la vuelta y mirando a Hugo con seriedad, le aclar&oacute; que yo jam&aacute;s hab&iacute;a laborado en ning&uacute;n bar y se hizo a mi lado abraz&aacute;ndome por la cintura y apart&aacute;ndose de &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Hugo, para algo debe servir internet. No solo para postear fotos y estados an&iacute;micos, ufan&aacute;ndose de los viajes y las nuevas relaciones amorosas ante las amistades. &mdash;Le respond&iacute; y enseguida agregu&eacute;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Entre cosas Hugo&hellip; &iquest;Prefiere su Manhattan Dry o Medium? &iexcl;S&iacute;! Creo que el Medium nos vendr&aacute; mejor para lo que usted y yo tendremos que hablar, que como comprender&aacute;, ser&aacute; una conversaci&oacute;n larga y tendida. &mdash;Y sin dejarle opinar serv&iacute; a partes iguales en las dos copas de Martini, decor&aacute;ndolas con una cereza y la consabida rodaja de verde lim&oacute;n en cada una.<\/p>\n<p>Cuando estir&eacute; mi brazo por encima del mes&oacute;n para entregarle su coctel, Hugo hab&iacute;a perdido de improviso su burlona suficiencia y algo de sudor pude observar, que se esparc&iacute;a por los surcos de su frente.<\/p>\n<p>&mdash;Mi amor ten. &iexcl;Este es el tuyo! Y ojal&aacute; disfrutes mucho de esta pi&ntilde;a colada que les he preparado con mucho amor. &ndash;Y la bes&eacute; en la boca, justo en frente de &eacute;l&ndash;. &iexcl;Ahhh! Y por favor ll&eacute;vale a Martha este otro, mientras que Hugo me acompa&ntilde;a al porche para hablar y conocernos mejor mientras me fumo un cigarrillo. &mdash;No le molesta &iquest;Cierto Hugo?&ndash;. Y dando el primer sorbo a su Manhattan, con un movimiento cabizbajo asinti&oacute; y en el p&aacute;lido gris de sus ojos pude percibir su turbaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hombre!&#8230; &iquest;Sabe una cosa? &mdash;Le dije chocando suavemente el cristal de mi copa contra la de &eacute;l&ndash;. Somos un par de tipos afortunados. &mdash;Y beb&iacute; un trago corto, apenas para humedecer la resequedad de mis labios. Prosegu&iacute; con mis meditadas palabras, tomando antes un cigarrillo de mi cajetilla nueva y con mi zippo plateado, d&aacute;ndole un ardor de vida.<\/p>\n<p>&mdash;Tenemos un par de hermosas mujeres, inteligentes y educadas, que nos aman con locura y han decidido formar con nosotros dos hogares, regal&aacute;ndonos con sus dolores, unos hijos maravillosos. &mdash;Y Hugo chocando su copa contra la m&iacute;a, brind&oacute; pero mirando a lo lejos, el oscuro panorama del amplio jard&iacute;n de su casa, posteriormente sin mirarme me respondi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Pero a mi Martha me traicion&oacute;! Silvia para nada se le parece. Ella es tan diferente&hellip; &mdash;Y call&oacute;. Bebi&oacute; un buen trago de su Manhattan y empez&oacute; a caminar por el porche, agachando su cabeza, removi&eacute;ndose con seguridad dentro suyo, tantos sentimientos encontrados.<\/p>\n<p>&mdash;Mire Hugo, para serle muy franco, y no s&eacute; si Silvia ya lo puso al tanto de que yo conozco muy bien su historia, pero s&iacute;, ya se sobre su problema con ella y s&iacute;, Martha estrope&oacute; terriblemente su relaci&oacute;n, pero tenga la plena seguridad de que es la m&aacute;s interesada en conseguir que usted, perdon&aacute;ndola, fortalezca su matrimonio de esta manera tan inusual y que por lo que tengo entendido, su amigo americano frustr&oacute; por ser un tipo abusivo. &mdash;Y el esposo de Martha se detuvo justo al lado de una de las sillas blancas de metal, ornamentadas con dorados p&eacute;talos de flores en el tapizado a&ntilde;il. &iexcl;M&aacute;s no se decidi&oacute; a sentarse all&iacute;!<\/p>\n<p>&mdash;Rodrigo, para serle sincero, debo admitir que siento algo intenso por su esposa. Solo fue surgiendo con el paso de los d&iacute;as y lamento haber sido el causante de los problemas que usted ha tenido con ella. S&eacute; que pens&oacute; que Silvia y yo hab&iacute;amos permanecido juntos esa noche en Tur&iacute;n, y que debido a ello usted tom&oacute; la decisi&oacute;n de acostarse con una amiga suya y que hab&iacute;a intentado tener algo antes con otra mujer. Eso defraud&oacute; mucho a mi &aacute;ng&hellip; a Silvia. Le doli&oacute; su traici&oacute;n y fue en gran parte, culpa m&iacute;a. Disc&uacute;lpeme. &mdash;Y me estir&oacute; la mano esperando que con la m&iacute;a, se la estrechara. &iexcl;Y lo hice!<\/p>\n<p>&mdash;Gracias por su sinceridad y le acepto las disculpas. Yo tambi&eacute;n mantengo con Martha una relaci&oacute;n de amistad que me ha permitido conocerla m&aacute;s a fondo. Su esposa es una mujer admirable, elegante y bella, con un cuerpo de infarto. S&iacute; Hugo, y no me abra as&iacute; esos ojos que no le voy a echar gotas para su ardor. As&iacute; como usted pudo disfrutar la desnudez de Silvia, yo tambi&eacute;n apreci&eacute; la figura curvil&iacute;nea sin ropa de la suya. Estamos a mano. Jajaja. Y tranquilo que ni siquiera la roc&eacute;, m&aacute;s si nos hemos besado, aunque para ser claros, la primera vez los dos est&aacute;bamos ya muy pasados de tragos. Otra feliz coincidencia. &iquest;No cree usted? &mdash;Hugo asombrado por la revelaci&oacute;n, finalmente se sent&oacute;, apartando por la base un poco, la redonda mesa con los pies.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No la abandone Hugo! No lo haga como alguna vez yo casi pierdo a Silvia. Mi mujer, la que usted tanto admira, apoya y s&eacute; que la quiere, me traicion&oacute; una vez. Doli&oacute; mucho y confundido por el rencor, sencillamente no luch&eacute; como deb&iacute;a y la deje irse para caer en brazos de un hombre que la enga&ntilde;&oacute;. Ya ve Hugo, c&oacute;mo en esta vida y en apartados lugares, son tan similares las alegr&iacute;as y por supuesto el dolor. Usted y yo hemos estado en la misma posici&oacute;n y adem&aacute;s, estoy al tanto de todo lo que ha sucedido entre mi esposa y usted. Si quiere por m&iacute; no se preocupe y tr&aacute;tela como lo que es para su coraz&oacute;n. &iexcl;Un &aacute;ngel que se le apareci&oacute;! &mdash;Y el hombre por fin se sonri&oacute; y gir&oacute; la cabeza para admirar el suave contoneo de esas dos encantadoras mujeres que se acercaban a nosotros. Silvia me tom&oacute; de la mano y mir&aacute;ndome coqueta, me rob&oacute; de los labios la mitad del cigarrillo, entre tanto Martha cautelosa, se acomod&oacute; a la izquierda de su marido en la otra silla.<\/p>\n<p>&mdash;Hugo estamos aqu&iacute; no para ponerle fin a nuestras relaciones, sino a dar comienzo a algo que para los cuatro va a ser nuevo y al igual que Martha, Silvia y usted, yo tambi&eacute;n tengo miedo de lo que se vendr&aacute; para todos despu&eacute;s de que suceda lo que entre todos, vayamos a emprender. No se puede olvidar lo pasado, pero de ello es mejor aprender para no cometer los mismos errores y botar a la basura tantos a&ntilde;os de uni&oacute;n. He hablado desde hace varios d&iacute;as con su esposa, y cr&eacute;ame que lo que Martha m&aacute;s a&ntilde;ora es poderle brindar a usted, m&aacute;s a&ntilde;os de felicidad. &mdash;Martha estir&oacute; su brazo con la mano abierta sobre el vidrio laminado de la mesa circular; la mirada a su esposo descendida en espera de una decisi&oacute;n, los ojitos de miel algo aguados y un leve temblor en su labio inferior. Hugo la mir&oacute;. Se la acarici&oacute; primero y luego de unos segundos, entrelazaron sus dedos. &iexcl;Martha le sonri&oacute;!<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hombre!&#8230; Pero si quiero que quede bien claro algo y de var&oacute;n a var&oacute;n le digo que espero que usted no se tome esto como una competencia de relevos pornogr&aacute;ficos o una marat&oacute;n de sexo desaforado. &iexcl;No! Aqu&iacute; usted y yo, Martha a su vez con Silvia, no estamos para competir por ver qui&eacute;n lo hace mejor y consigue sacarle mas gritos, mas gemidos o los mejores orgasmos a la pareja del otro. Olvid&eacute;monos todos de los temores, nos vamos a relajar. Vamos a intentar querernos y amarnos, hag&aacute;monos despacito y rico disfrutando de esta velada. &iexcl;Animo! Vamos a ser quienes ilustremos el Kama Sutra en una despejada madrugada en Madrid. &mdash;Y todos sonre&iacute;mos, aunque con algo de intriga en nuestros rostros.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ohhh! Las cazuelas deben estar ya listas. Silvia&hellip; &iquest;Me acompa&ntilde;as y arreglamos la mesa para alimentar a este par de hombres hambrientos? &mdash;Dijo de repente Martha, recordando la prometida cena y mi mujer abraz&aacute;ndome, me obsequi&oacute; un inicialmente beso con sabor a tabaco, una sonrisa amplia y la acostumbrada palmada fuerte en mi trasero cuando Silvia, pretend&iacute;a iniciar alguna travesura para irse luego detr&aacute;s de nuestra bella anfitriona, que se hab&iacute;a cambiado el atuendo, coloc&aacute;ndose unos leggins blancos bastante ce&ntilde;idos al cuerpo y un top rosa de algod&oacute;n, ataviando sus pies con unas zapatillas rosadas para hacer deporte. Muy casual y sin embargo, bastante atractiva la visi&oacute;n para el caf&eacute; de mis ojos, al observar sin recato una fina tira que se transparentaba disip&aacute;ndose en el medio de aqu&eacute;l par de hipnotizantes nalgas.<\/p>\n<p>&mdash;Rodrigo&hellip; &iquest;Usted est&aacute; seguro de que quiere verme amar a su esposa? Es que yo no me siento capaz de hacer algo con Silvia estando usted y mi mujer presentes. Tengo&hellip; &iexcl;Miedo de no poderlo hacer! &iquest;Qu&eacute; tal que yo no pueda hacerla sentir y que por el contrario a lo que he pensado, le falle a Silvia como lo he hecho con Martha? &iquest;Y usted si le haga gritar de placer a mi mujer y eso me termine por afectar a&uacute;n m&aacute;s? &mdash;Me habl&oacute; Hugo casi entre susurros, aferrando con fuerza a su copa ya consumida de aquel coctel que le prepar&eacute;, tan bajo me lo dijo, como para que ninguna de las dos mujeres ocupadas en la cocina, lo pudieran escuchar.<\/p>\n<p>&mdash;Usted olv&iacute;dese del pasado y lo que no ha hecho con su mujer. &mdash;Le respond&iacute; con sinceridad&ndash;. Y de improviso lleg&oacute; a mi mente el sonido de aquellas palabras que Almudena me hab&iacute;a dicho cuando nos conocimos en su casa&hellip; &laquo;Pero solo s&iacute; al buscarlo, entregas&raquo;. &mdash;Hugo, mejor ded&iacute;quese a gozar con naturalidad esta velada junto a esas dos preciosas mujeres y trate con pasi&oacute;n y mucha dulzura a mi amor, que yo har&eacute; lo mismo con la suya.<\/p>\n<p>Y me sent&eacute; junto a &eacute;l con la intenci&oacute;n de ofrecerle mi confianza, el intranquilo sentimiento que habitaba en mi interior aquella madrugada, de participarle del cuerpo de la mujer que m&aacute;s yo amaba.<\/p>\n<p>&mdash;Los dos nos vamos a encargar de brindarles placer, uno que ser&aacute; compartido a cuatro manos si ellas quieren y el ambiente desinhibido lo permite. Sea como es o como se lo hab&iacute;a imaginado aquella noche en el bar cuando me presente en su famosa terapia de improviso, pero act&uacute;e mejor. &mdash;Y fue Hugo quien haciendo un tamborilero sonido con sus dedos sobre el cristal, me mir&oacute; y se puso en pie para comenzar de nuevo con su procesi&oacute;n, a pasos lentos a m&iacute; alrededor.<\/p>\n<p>&mdash;Estoy con los mismos nervios a flor de piel como seguramente estar&aacute;n nuestras esposas y usted tambi&eacute;n. Pero tenga en mente, que si Silvia est&aacute; aqu&iacute; es por usted y junto a usted, ella desea darme algo de un desconocido placer a m&iacute;. &mdash;Y aquella voz retumbando en mi cabeza&hellip; &laquo;Cuando causamos gozo en otras pieles&raquo; &ndash;. Ella es mi esposa, mi mujer, la &uacute;nica que he amado y amar&eacute; por el resto de mis d&iacute;as, as&iacute; que usted tan solo la podr&aacute; querer, ya que es lo que m&aacute;s desea. Pero no se enamore porque no pienso perderla. &mdash;Hugo parec&iacute;a no escucharme y sencillamente se debat&iacute;a entre continuar o detener todo aquello.<\/p>\n<p>&mdash;Y s&eacute; muy bien que Martha es la suya, su esposa y la madre de sus hijos. La mujer que en sus entra&ntilde;as Hugo, es muy amada por usted. No es cuesti&oacute;n de rotarnos sus cuerpos como hienas devor&aacute;ndose la carro&ntilde;a, hasta saciar el hambre de nuestras ganas sino de quererlas, hacerlas sentir especialmente deseadas por ser ellas dos, nuestras entra&ntilde;ables compa&ntilde;eras y amigas, confidentes y pr&oacute;ximamente&hellip; &iexcl;Nuestras deseadas amantes! &mdash;Y Hugo se detuvo, con sus brazos cruzados hacia su espalda, la mano izquierda reposando sobre la diestra y una mirada de pavor que me estremeci&oacute;. &iexcl;Todo podr&iacute;a irse a la mierda en un instante!<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; usted ama a Martha no es verdad? Y comprendo que mi esposa le ha movido el piso por su manera de ser con usted, la admira por su compromiso laboral y su coraz&oacute;n ahora la quiere por las horas que ella le ha dedicado a escuchar sus penas y tratar de amainar con sus palabras y compa&ntilde;&iacute;a esa desilusi&oacute;n. Hugo&hellip; S&eacute; que la desea, pero Silvia no es una moneda de trueque entre Martha y usted. Es el puente, la conexi&oacute;n que usted debe encontrar de nuevo con su mujer, mientras besa, acaricia y hace sentir placer a mi mujer. &mdash;Y Almudena aunque ausente en aquella velada, permanec&iacute;a presente en mi pensamiento&hellip; &laquo;Ego&iacute;sta emoci&oacute;n, aunque sea alcanzando nuestro cl&iacute;max por medio del arrebatamiento en otro ser&raquo;.<\/p>\n<p>&mdash;La verdad Rodrigo es que s&iacute;. Martha es el amor de mi vida, aunque haya causado tanto dolor a mi coraz&oacute;n. &mdash;Y me coloc&oacute; su mano sobre mi hombro derecho, apretando con sus dedos un poco para acentuar el mal que Martha hab&iacute;a causado en &eacute;l. El temor que deb&iacute;a combatir Hugo, deseando hacerle el amor a mi mujer.<\/p>\n<p>&mdash;Buena sesi&oacute;n de sexo vamos a tener, pero se trata m&aacute;s de comprendernos y aprender lo que podamos para mejorar en nuestra propia intimidad. Hugo, comprenda que hemos venido aqu&iacute; para ayudarle a superar sus miedos, como parte activa de su rara terapia. Estamos aqu&iacute; para lograr encontrar la soluci&oacute;n a nuestros temores. Los suyos, los de Martha y por supuesto los de Silvia y los m&iacute;os por igual, dejar atr&aacute;s los malditos celos y el temor a perderlas, porque Hugo, no las vamos a poseer pues no son propiedad de nadie. Nos compartiremos nuestros cuerpos con mucho sentimiento. &mdash;La boca de Almudena, el movimiento de sus labios al pronunciar&hellip; &laquo;Expuestos a perderlo todo en un &iacute;nfimo instante&raquo;&ndash;. Son mujeres, las que decidieron un d&iacute;a, compartir nuestros caminos y son dos personas con sentimientos como nosotros dos y Hugo, tampoco somos exclusivos de ellas, pero si somos su complemento, la pieza faltante para ser felices en esta vida.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; servida la mesa, ya pueden pasar si gustan. &mdash;Grit&oacute; desde el comedor Silvia, terminando de colocar las copas de vino blanco en cada uno de los puestos que ocupar&iacute;amos, reclamando all&iacute; nuestra presencia.<\/p>\n<p>La mesa rectangular de seis puestos, con su alisado mantel blanco bordado y colgando apenas medio metro de los bordes, un llamativo arreglo de blancas flores naturales, compartiendo su espacio en el centro, con un antiguo candelabro de dos brazos de fina plata y estilizadas velas amarillas ya encendidas. Las servilletas de tela adornadas con su respectivo servilletero en el extremo izquierdo junto a los tenedores. Copas de vino tinto, una jarra de cristal con agua y otras colmadas de vino blanco. Aquello parec&iacute;a m&aacute;s un buffet profesional que una simple comida de cuatro hambrientas personas y era algo que por lo visto a Martha y Silvia les encantaba realizar, pues entre las dos se ve&iacute;a una buena camarader&iacute;a, se sonre&iacute;an y cuchicheaban al o&iacute;do algo que ni &eacute;l o yo pudimos escuchar.<\/p>\n<p>Hugo se acomod&oacute; en el frente, &ndash;supuse que era su lugar habitual&ndash; tras de s&iacute; un amplio ventanal y bajo este, una preciosa chimenea moderna con las llamas azules, t&iacute;midamente surgiendo en medio de las irregulares piedras blancas y proporcionando una agradable temperatura en aquella estancia. Martha a su lado derecho y en el otro extremo yo y de igual manera, a mi diestra se ubic&oacute; Silvia. Todo muy bonito y elegante, sin embargo mucho silencio reinaba en el ambiente.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Les parece si amenizo nuestra encantadora afon&iacute;a con algo de m&uacute;sica, como para ir relajando el esp&iacute;ritu? Es que al parecer, a&uacute;n tenemos todos encalambradas las lenguas. &mdash;Y me dirig&iacute; hasta el tocadiscos y revis&eacute; con atenci&oacute;n los Lp&rsquo;s que all&iacute; en el estante inferior hab&iacute;a.<\/p>\n<p>M&uacute;sica cl&aacute;sica que no era lo ideal, flamenca que me encanta pero por supuesto no primordial para aquel momento, grupos de rock en espa&ntilde;ol que desconoc&iacute;a, hasta que por fin di con algo que me gust&oacute;. Tom&eacute; el circular vinilo y lo coloqu&eacute; con esmero. Y me devolv&iacute; hasta mi lugar de comensal.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Esto se ve apetitoso! Espero que les agrad&eacute; la m&uacute;sica ambiental y Sade enton&oacute; las primeras frases de &laquo;Hang On to Your Love&raquo;&hellip;<\/p>\n<p>&hellip; In heaven&acute;s name why are you walking away<\/p>\n<p>Hang on to your love<\/p>\n<p>In heaven&acute;s name why do you play these games<\/p>\n<p>Hang on to your love<\/p>\n<p>Take time if you&acute;re down on luck<\/p>\n<p>It&acute;s so easy to walk out on love<\/p>\n<p>Take your time if the going gets tough<\/p>\n<p>It&acute;s so precious&hellip;<\/p>\n<p>Recuerdo que mi padre, antes de abandonar el familiar nido, siempre nos dec&iacute;a que en la mesa no se hablaba mientras se com&iacute;a, pues era de mala educaci&oacute;n. Pero yo necesitaba, &ndash;siendo maleducado&ndash; hablar de algo para derrotar mis propios nervios, pues Hugo se concentraba en mirar su cazuela, Martha serv&iacute;a con demasiada parsimonia, agua en un vaso y Silvia de reojo observaba el movimiento de los dem&aacute;s, mientras llevaba a su boca un peque&ntilde;o bocado de los deliciosos mariscos.<\/p>\n<p>&mdash;Cuando se entere Almudena de que estuvimos en estas le va a dar un &laquo;patat&uacute;s&raquo;. &mdash;Termin&eacute; por abrir mi boca y soltar esa perla, encomillando la &uacute;ltima palabra con dos dedos de ambas manos. Y me re&iacute;. &iexcl;Solo! Hugo levant&oacute; las cejas y frunci&oacute; el ce&ntilde;o. Martha casi se atora con un camar&oacute;n y Silvia me mir&oacute; perturbada, dejando de saborear una almeja. &iexcl;Yo y mi bocota!<\/p>\n<p>Como nadie dijo nada, decid&iacute; callar y concentrarme en devorar mi cazuela.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>Al terminar de cenar, Rodrigo y Martha se encargaron en la cocina, de lavar y secar la vajilla. Hugo se dispuso a servir una nueva ronda de los cocteles que mi esposo hab&iacute;a preparado y yo, me fui hacia el porche para encender uno de mis mentolados y meditar. Me hab&iacute;a besado con Hugo en su alcoba, a espaldas de Martha y de Rodrigo. Fue un acto impulsivo, pues ya en la habitaci&oacute;n del hotel donde Hugo se hab&iacute;a hospedado, lo hab&iacute;a intentado y yo se lo negu&eacute;, aduciendo que no iba a hacer nada a espaldas de nuestras parejas.<\/p>\n<p>Pero es que esa vez mientras en el vestier yo colgaba sus camisas, quiz&aacute;s por los nervios y de pensar en que finalmente mi jefe iba a poder estar conmigo como lo hab&iacute;a so&ntilde;ado, desobedec&iacute; a la raz&oacute;n y me pudo la tentaci&oacute;n. Y ese beso fue mejor que la &uacute;ltima vez en el parque. Ya estando abrazados y Hugo con sus brazos descolgados a mis costados, con sus dos manos acariciaba con deseo mi culo y Martha nos sorprendi&oacute; en esas. No dijo nada, simplemente tom&oacute; algo de ropa y se dio vuelta para ingresar al ba&ntilde;o. Dejo entreabierta la puerta y luego solo escuchamos como ca&iacute;a el agua de la regadera. No hicimos nada m&aacute;s, terminar de colgar sus vestidos y salimos de all&iacute;<\/p>\n<p>Estuvo mal lo s&eacute;, y tem&iacute;a que ella le contara a Rodrigo y finaliz&aacute;ramos en una nueva discusi&oacute;n, separados. &iexcl;Siempre juntos! Record&eacute; mis palabras, un compromiso. Y me estremec&iacute; por haber traicionado mis propios ideales y de paso a ella y a mi esposo. Un beso, tan solo eso pero ese beso podr&iacute;a dar al traste con la velada y mi relaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;As&iacute; est&aacute; bien mi &aacute;ngel? &iquest;O deseas algo m&aacute;s? &mdash;Me pregunt&oacute; Hugo llegando por detr&aacute;s sin que me hubiera dado cuenta de su llegada, con mi coctel en una mano y en la otra su Manhattan. De pas&oacute; me fij&eacute; en Martha que se re&iacute;a a&uacute;n en la cocina y apartaba su cara hacia un lado, debido a que Rodrigo de manera bromista la salpicaba con el agua que escurr&iacute;a entre sus dedos. &iexcl;Ellos ten&iacute;an tambi&eacute;n mucha qu&iacute;mica! Flu&iacute;a el cari&ntilde;o con tanta naturalidad que pens&eacute; que si Hugo y yo no existi&eacute;ramos, ellos dos formar&iacute;an tambi&eacute;n una bonita pareja. &iexcl;Sent&iacute; celos!<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; te ocurre? &iexcl;Estas p&aacute;lida! &iquest;Te sientes bien? &mdash;Me pregunt&oacute; Hugo, tom&aacute;ndome por el antebrazo. &mdash;Debe ser que quede muy satisfecha pero no te preocupes que en un momento se me pasar&aacute;&ndash;. Y me sent&eacute; en una silla, fumando mi cigarrillo lentamente.<\/p>\n<p>&mdash;Hugo, no quiero que te vayas a enamorar de mi despu&eacute;s de&hellip; De lo que suceda m&aacute;s tarde entre los dos. Si siento, si noto algo o si me entero de que tu relaci&oacute;n en vez de mejorar empeora con todo esto, no me volver&aacute;s a ver. &iexcl;Lo juro! Me gusta saber que me aprecias, pero soy la mujer de ese hombre que ves all&iacute; y lo amo por encima de todo. A mi qui&eacute;reme pero a Martha&hellip; &iexcl;A ella amala! Y prom&eacute;teme que har&aacute;s tu mejor esfuerzo para volver a estar con Martha, a partir de ahora, mucho mejor que antes.<\/p>\n<p>&mdash;Prometido Silvia. Tienes un buen hombre a tu lado. S&eacute; que te adora y no voy a interferir en su matrimonio. Rodrigo me ha dejado muy en claro que Martha es especial y yo tan solo, lo hab&iacute;a olvidado. Sin embargo &aacute;ngel m&iacute;o, esta situaci&oacute;n me tiene bastante nervioso. &iquest;Qu&eacute; hacemos ahora? Cada uno por su lado o&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Bueno parejita, que tal si empezamos por mover el esqueleto, mientras vamos aflojando lo dem&aacute;s. &iexcl;La lengua, por ejemplo! &iquest;Te parece mi amor? &mdash;Y Rodrigo agach&aacute;ndose me dio una peque&ntilde;a mordida en el cuello y abraz&aacute;ndome, me levant&oacute; de la silla para invitarme a bailar.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Esta m&uacute;sica se baila? &mdash;Le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto mi vida, es algo lenta pero por algo hay que empezar. A Martha le trae bonitos recuerdos. &mdash;Y me gui&ntilde;&oacute; un ojo de manera c&oacute;mplice.<\/p>\n<p>Y es que quien hab&iacute;a elegido aquella balada americana hab&iacute;a sido Martha, y fue ella al encuentro con su esposo que se qued&oacute; en el porche, mir&aacute;ndonos. Martha estir&oacute; sus brazos hacia el lugar donde se encontraba de pie Hugo y con sus dedos &iacute;ndices, sensualmente comenz&oacute; a incitarlo a bailar con ella. Hugo no se mov&iacute;a aunque si le sonre&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Vamos mi amor, ord&eacute;nale bailar con Martha y que no la desaire as&iacute;. &mdash;Me dijo al o&iacute;do Rodrigo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Hugo? Cari&ntilde;o&hellip; &iquest;No pensaras dejar bailando sola a tu mujer no es verdad? &mdash;Y efectivamente, me hizo caso y aunque se mov&iacute;a m&aacute;s alguna momia del museo egipcio en Tur&iacute;n que &eacute;l, al menos perdi&oacute; la pena y se balanceaba graciosamente alrededor de Martha.<\/p>\n<p>En cambio a m&iacute;, Rodrigo me tomaba de la cintura con sus dos manos y al ritmo lento de la canci&oacute;n, acompasaba las r&iacute;tmicas notas con el subir y bajar de mis caderas mientras mir&aacute;ndome con dulzura, me enviaba besitos por los aires hasta que me acerqu&eacute;, lo abrac&eacute;, nos detuvimos un instante y&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Mi amor, nos besamos con Hugo mientras acomod&aacute;bamos su ropa y Martha nos vio. Lo siento. &mdash;Confes&eacute;, bajando de inmediato mi cabeza, mirando las fibras blancas del tejido en la alfombra.<\/p>\n<p>&mdash;No te preocupes por eso mi vida. &mdash;Me dijo Rodrigo levantando mi rostro al tomarme con sus dedos del ment&oacute;n. &mdash;Martha y yo hicimos lo mismo pero en la cocina. Es solo un beso y no tiene mayor importancia ante lo que vamos a hacer m&aacute;s tarde. &iexcl;Te amo! &iquest;Y en el hotel tambi&eacute;n pas&oacute;? &mdash;Termin&oacute; por preguntar mi esposo.<\/p>\n<p>&mdash;No mi amor, te lo juro. Hugo ten&iacute;a toda la intenci&oacute;n pero yo le dije que no. Que deb&iacute;amos esperar a estar todos reunidos. &mdash;Y entonces la canci&oacute;n termin&oacute; y Hugo se acerc&oacute; esta vez hasta el tocadiscos y colocando una canci&oacute;n tambi&eacute;n suave y en el idioma que yo no entend&iacute;a, extendi&oacute; su mano hacia m&iacute; y con una palmada en la espalda de Rodrigo, me llev&oacute; con &eacute;l hacia el centro del sal&oacute;n.<\/p>\n<p>Su brazo izquierdo alrededor de mi cuello y el derecho abarcando por completo mi cintura. Mis senos apretados contra su pecho, su respiraci&oacute;n meciendo suavemente un mech&oacute;n de mis cabellos al reposar su cabeza sobre el lateral de mi cara. Cercanos sin mirarnos a los ojos, as&iacute; que me deje guiar por &eacute;l y cerr&eacute; mis parpados unos instantes. Mientras tanto, cuando en un giro trastrabill&eacute; con la alfombra y los abr&iacute;, pude observar como Rodrigo y Martha se reun&iacute;an fuera a un costado de la mesa circular, mi esposo encendiendo un cigarrillo, sostenido entre sus labios y ella, muy cerca de &eacute;l abraz&aacute;ndolo con sus dos brazos entrecruzados y bailando tambi&eacute;n como una pareja de enamorados lo hacen, mir&aacute;ndose a los ojos fijamente y con deseo.<\/p>\n<p>Tan pronto termin&oacute; la canci&oacute;n, Hugo me bes&oacute; t&iacute;midamente en la boca y me llev&oacute; caminando hacia atr&aacute;s hasta dar mi espalda contra el vidrio frio de aquella puerta de cristal que daba hacia el porche, inmediatamente voltee mi cabeza hacia donde Martha y mi esposo permanec&iacute;an con el vaso de whisky escoc&eacute;s y la copa de pi&ntilde;a colada sobre el vidrio de la mesa, cruz&aacute;ndose los brazos de un cuerpo al otro, las manos acariciando la piel que encontraban, compartiendo de una boca a la otra, el mismo humo azul de un cigarrillo rubio. &iexcl;Queri&eacute;ndose!<\/p>\n<p>Al escuchar el seco golpe, los dos se quedaron fuera observando aquella escena. Hugo levant&oacute; mis manos y las dej&oacute; all&iacute; arriba, aprisionadas las mu&ntilde;ecas solamente con su izquierda. La derecha empez&oacute; un viaje por mis cabellos, para despu&eacute;s de rozar mi mejilla, tomar posesi&oacute;n de mi quijada y acercar sus labios cerca de los m&iacute;os. Y empezar con su lengua a recorrer el interior de mi boca. La mano pronto la dej&oacute; resbalar por el cuello hasta llegar a mi pecho, estrujando con vehemencia mi seno izquierdo por encima de la delgada tela negra de mi blusa y todo ese costado lo recorri&oacute; despacio, como constatando con sus dedos, costilla tras costilla, la firmeza de la piel por debajo de la seda.<\/p>\n<p>Su beso se hac&iacute;a m&aacute;s intenso y yo se lo correspond&iacute; con ganas y mi boca a medio abrir. Nuestras lenguas se compart&iacute;an la saliva entre jadeos y suspiros de los dos, luego mi querido jefe, mi nuevo amante, la hizo descender de afanosa manera hacia mi cadera y rodeando la nalga de ese mismo lado, apret&oacute; con fiereza primero el cuero de la falda para posteriormente meterla por debajo, levant&aacute;ndola de medio lado por la abertura y casi por completo introducirla en el medio de mis nalgas, apartando el hilo de mi tanguita negra y sac&aacute;ndola luego de haber alcanzado a humedecer sus dedos con los flujos de mi lubricada vagina. En un r&aacute;pido movimiento levant&oacute; su brazo y sin aflojar la tirantez de su otra mano, atenazando las dos m&iacute;as, llev&oacute; luego aquella con la que ya hab&iacute;a hurgado en mi interior, hasta mi boca para darme sus dedos a lamer y chupar. Y luego de ensalivarlos yo, el con su lengua los termin&oacute; de empapar y ya por delante, busco la manera de acceder por el talle de la minifalda hasta mi vulva, que estando henchida por la expectativa de ser pronto explorada, intent&oacute; con poco &eacute;xito meter un dedo hasta que yo se lo facilit&eacute;, tomando aire y oprimiendo mi vientre lo m&aacute;s que pude para ah&iacute; s&iacute; sentirlos ingresar. Uno, dos dedos m&aacute;s, cuando arquee por la excitaci&oacute;n mis piernas para facilitarle el acceso a mi interior.<\/p>\n<p>Su manera hosca de acariciarme, abrir los labios de mi boca para morder los m&iacute;os con algo de torpeza y hacerme sentir suya con su esmerado esfuerzo, me hizo gracia debido a que tal vez intentaba Hugo, impresionar m&aacute;s a nuestros dos c&oacute;mplices espectadores, que al cuerpo deseado de la mujer que manten&iacute;a &eacute;l, atrapada entre el frio cristal y el calor excitante de su respiraci&oacute;n agitada sobre mi rostro y de su verga tiesa oprimi&eacute;ndose contra mi vientre. Pero s&iacute;, me gust&oacute; y m&aacute;s a&uacute;n imaginando como a trav&eacute;s del cristal, Martha y Rodrigo, podr&iacute;an haber observado la desnudez de mis nalgas aplastadas contra el cristal y una mano nueva que las palpaba &aacute;gilmente ante su presencia.<\/p>\n<p>Hugo intent&oacute; ser a la vez rom&aacute;ntico y seductor. A la primera idea no le peg&oacute; mucho en verdad, pero a la segunda por supuesto que s&iacute;. Me encant&oacute; su brusca manera de estamparme contra el cristal para besarme y toquetearme; estuve al momento excitada por aquel primer beso apasionado y ya no ocultado antes los ojos de su esposa o los de Rodrigo. Y para ser franca, yo me encontraba encantada con la idea de ser compartida, siendo deseada por dos hombres, querida por uno y amada por el otro. &iquest;Y Martha? &iexcl;Mierda! No repar&eacute; en ella en un principio y de manera ego&iacute;sta me dej&eacute; llevar por hacer sentir c&oacute;modo a su esposo, a pesar de que ella junto a mi marido, compartieran aquella er&oacute;tica iniciaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Pensaba en c&oacute;mo iba a continuar aquella velada. &iquest;Cu&aacute;ndo empezar&iacute;amos? &iquest;D&oacute;nde lo har&iacute;amos? Y por supuesto, como suceder&iacute;a nuestro &iacute;ntimo encuentro y quien de todos, ser&iacute;a el indicado para oprimir el bot&oacute;n de aquella esperada explosi&oacute;n de entregada pasi&oacute;n. Pero tan pronto como hice el esfuerzo por bajar mis brazos y liberarme, Hugo me solt&oacute; y se apart&oacute; de m&iacute; un paso atr&aacute;s, algo temeroso de mi reacci&oacute;n y obviamente de la de su esposa y de Rodrigo, que ya ingresaban al sal&oacute;n. Pero yo decidida, pas&eacute; mis brazos por sobre su cuello a modo de un tierno candado y me lanc&eacute; a comerle su boca, deseosa de probar otra vez sus labios, mordi&eacute;ndoselos despacio.<\/p>\n<p>Con mi esposo casi al lado y Martha abrazada a &eacute;l, yo fui estirando con mis dientes la fresca y h&uacute;meda carne que ten&iacute;a en frente de mi boca. Una vez arriba, extensa en segundos y dos m&aacute;s corticos en el labio inferior. Mi aliento soplando hacia su interior y de esa cavidad mi lengua extra&iacute;a saliva, lengua y Hugo a su vez, me devolv&iacute;a con ansias su resuello.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>Cuando Martha y yo dirigimos nuestras miradas hacia el lugar de donde provino el golpe que hab&iacute;amos escuchado, ninguno de los dos nos turbamos por aquella visi&oacute;n de su esposo meti&eacute;ndole la mano por debajo de la minifalda de cuero blanco a mi mujer, tan solo permanecimos all&iacute; por breve instante tomados de nuestras manos mientras en mi boca apretada por mis dientes, se manten&iacute;a cautiva la colilla de un cigarrillo que compartido con ella, estaba pr&oacute;ximo a expirar. &iquest;Y mis manos? Estaban las dos ocupadas, una p&eacute;rdida por debajo del rosado top, teniendo como prisionero su peque&ntilde;o y endurecido pez&oacute;n y la otra frotando con la palma, la curvatura de un pubis liso, c&aacute;lido y anegando de su viscoso n&eacute;ctar, los labios de su vulva.<\/p>\n<p>&mdash;Hace frio coraz&oacute;n, ven. &iexcl;Entremos ya! &mdash;Me dijo con su voz de mujer consentida y excitada, arrastr&aacute;ndome de la mano hacia el interior del sal&oacute;n. Silvia segu&iacute;a de pie junto a Hugo, pero ya no sorprendida como antes, sino ahora ya una amante liberada; se fund&iacute;a en un emocionado beso con su jefe, entre cerrando los p&aacute;rpados ella, cerrados por completo los de &eacute;l, aferrado con sus fuertes brazos a las nalgas de mi esposa.<\/p>\n<p>Aprovech&eacute; para acercarme al elegante equipo de sonido japon&eacute;s con su tocadiscos de &uacute;ltima referencia y los altos y anchos altavoces, uno a cada lado y distribuidos por aquella estancia en medio del sof&aacute; blanco y las tres poltronas, los otros dos, mucho m&aacute;s delgados y estilizados. Revis&eacute; con cuidado los vinilos que se encontraban acomodados en el estante y ninguno fue de mi agrado, as&iacute; que sin dudarlo, conect&eacute; por bluetooth mi tel&eacute;fono al equipo y escog&iacute; la carpeta de m&uacute;sica variada, un tema de Otto Serge y Rafael Ricardo, &laquo;Se&ntilde;ora&raquo; e invit&eacute; a la preciosa madrile&ntilde;a bien casada, a bailar conmigo aquel vallenato que alguna vez le hab&iacute;a dedicado a mi esposa, cuando era a&uacute;n la novia de mi mejor amigo.<\/p>\n<p>Martha intentaba seguirme el paso, d&aacute;ndole yo, vueltas a la izquierda despacio y mi mano sobre su cadera para guiarla. La fui atrayendo hacia m&iacute;, pegando mi pecho contra sus redondos senos y mi muslo furtivamente lo dej&eacute; en el medio de sus piernas al dar el paso. Y la bes&eacute; con ganas. Me bes&oacute; con deseo, nos besamos con fogosidad. Ya Hugo y mi esposa hab&iacute;an dado la orden de salida y continuamos. &iquest;O fuimos Martha y yo, los que lo iniciamos? &iexcl;Una vez untado el dedo, untada la mano!<\/p>\n<p>Luego otro vallenato, bailando m&aacute;s cerca de mi esposa con su jefe, gir&aacute;ndonos lentamente pero sin apartar ni las bocas ni quitar las manos de donde las ten&iacute;amos acarici&aacute;ndonos. Y Silvia que nos observaba con detenimiento, me sonri&oacute; y estir&oacute; su mano, m&aacute;s no para tomar la m&iacute;a sino por el contrario, para acercar a Martha junto a ellos y como lo hab&iacute;amos hecho anteriormente, los tres se besaron y yo me qued&eacute; a un lado, detallando la uni&oacute;n de labios, lenguas, humedad y respiraciones entre cortadas.<\/p>\n<p>Fue Martha la que repar&oacute; en mi apartada soledad de espectador y jalando a mi esposa con ella, se acercaron las dos sonrientes para comernos las bocas tambi&eacute;n, mientras Hugo nos observaba y en sus ojos grises por fin pude percibir un brillo, el de la excitaci&oacute;n por haber sellado as&iacute;, el excitante trato. &iexcl;Todas para uno y uno para todas!<\/p>\n<p>Martha volvi&oacute; a mis brazos pero despu&eacute;s de mirarme coqueta, se dio vuelta y por la espalda de mi esposa, adelant&oacute; sus brazos para perderlos en el medio de aquella bailarina pareja. En un santiam&eacute;n, la tela de los laterales de la blusa semitransparente de Silvia se abrieron a los costados y los dedos de Martha terminaron la labor de vencer la timidez, pinzando con ternura la gasa y por los brazos la desliz&oacute;. Faltaba liberar las manos de aquellas arrugadas mangas y con la colaboraci&oacute;n final de su esposo, mi mujer qued&oacute; cubierta apenas por su sost&eacute;n, semidesnuda para &eacute;l.<\/p>\n<p>Yo me acerqu&eacute; tambi&eacute;n y besando por un lado el cuello de mi esposa, con una sola mano baj&eacute; la cremallera de su minifalda de piel sint&eacute;tica y sac&aacute;ndosela por los pies, con cuidado la acomode sobre un brazo del sill&oacute;n cercano. Hermosa visi&oacute;n del culo de Silvia para m&iacute;, le obsequi&eacute; un beso h&uacute;medo en cada redondez de carne suave y bronceada. Silvia se dio vuelta y me abraz&oacute;, para en medio de un amoroso beso, seguir bailando conmigo otro vallenato, ella apoyando su cabeza de medio lado y yo apasionado sabore&aacute;ndome la humedad de sus labios.<\/p>\n<p>Celestial fue aquel momento en que sent&iacute; las manos de Martha acariciar mis mejillas, abrir mis ojos para verla acercar su boca a la m&iacute;a y degustar la humedad de mi lengua, absorbi&eacute;ndola con ansiedad y luego Silvia, &ndash;con Hugo por detr&aacute;s desabrochando su brassier&ndash; con decisi&oacute;n liber&oacute; el torso de Martha de aquel rosado top, sac&aacute;ndoselo por encima de la cabeza. Los cuatro rosados pezones embravecidos a mi visual alcance, el derecho de Martha contra mi costado izquierdo y el zurdo de mi esposa, un poco m&aacute;s debajo de mi tetilla derecha, excit&aacute;ndome tan pegadas a m&iacute;, el izquierdo de Martha refreg&aacute;ndose contra el diestro de Silvia, intentando seguir con nuestro acompasado baile pero con verdaderas ganas de iniciar ya, algo m&aacute;s. Luego di la vuelta a Silvia, enfrent&aacute;ndola con su jefe, entreg&aacute;ndosela por fin con mi consentimiento, para que se deleitara con sus turgentes tetas liberadas, el gris de sus ojos, hasta que con su velluda mano, hizo posesi&oacute;n de aquella suave piel y se besaron con ansias.<\/p>\n<p>Olvid&aacute;ndome de Silvia un instante, con mis celos ya sometidos y el pudor disipado entre los cuatro, introduje mis manos por el talle alto del firme vientre y a cada lado de sus caderas, me arrodill&eacute; ante Martha, jalando hacia abajo el licrado leggins albo y sin apuro, poco a poco, mirando el acaramelado color de sus ojitos de miel, la despoj&eacute; por sus tobillos de aquella frontera. La &uacute;ltima, su tanguita blanca perfumada de su aroma de mujer excitada, la dejar&iacute;a yo para despu&eacute;s. Ahora s&iacute;, nuestras mujeres estaban en igualdad de condiciones y de natural desnudez, dispuestas ellas y con muchas ganas los dos.<\/p>\n<p>Silvia empuj&oacute; a Hugo hacia el sof&aacute;, desaboton&aacute;ndole la camisa azul y Martha a m&iacute; me oblig&oacute; a sentarme en un sill&oacute;n, &ndash;encorvada un poco&ndash; liber&aacute;ndome de la prisi&oacute;n del cintur&oacute;n de mi pantal&oacute;n. Las dos empe&ntilde;adas en desvestirnos, para que esa madrugada en aquella calurosa sala, todos qued&aacute;ramos en la misma situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Bueno, bueno! Creo que ya es hora del postre. &mdash;Dijo Martha, besando a mi esposa en la mejilla y coment&aacute;ndole entre risas al o&iacute;do algo. Ten&iacute;an en mente alg&uacute;n complot y no precisamente de una receta de cocina se hablaban las dos.<\/p>\n<p>Continuar&aacute;&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 23<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Mientras de los cajones del armario tomaba un sujetador negro semi translucido y de encaje en las copas, estando solo con mis braguitas puestas, miraba que falda ponerme encima, apresurada para salir al encuentro de Hugo. Martha con mi m&oacute;vil a&uacute;n en su mano, recibi&oacute; por fin la notificaci&oacute;n de la ubicaci&oacute;n de su esposo. 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