{"id":30698,"date":"2021-08-04T22:00:00","date_gmt":"2021-08-04T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-08-04T22:00:00","modified_gmt":"2021-08-04T22:00:00","slug":"la-entrevista-de-trabajo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-entrevista-de-trabajo\/","title":{"rendered":"La entrevista de trabajo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"30698\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 13<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Sheila decide hacer un alto y parar en un hotel de carretera.&nbsp; La idea inicial era hacer el recorrido Valencia-Sevilla de un tir&oacute;n, pero ahora reconoce que ha salido demasiado tarde y no podr&aacute; aguantar todo el trayecto conduciendo. A&uacute;n le quedan dos horas largas de viaje y empieza a tener dificultades para mantenerse despierta, por consiguiente, la decisi&oacute;n m&aacute;s sensata es la de hacer noche en un hotel y ya ma&ntilde;ana continuar.<\/p>\n<p>La recepci&oacute;n es peque&ntilde;a, y mientras se registra echa un vistazo a su alrededor comprobando que el sitio merece la pena, de modo que cuando termina el registro coge su equipaje y enfila hacia la habitaci&oacute;n que le han asignado. Tiene que subir a pie, ya que el ascensor se ha roto, seg&uacute;n le comunica el conserje, sin embargo, el cartel que hay en la puerta est&aacute; lo suficientemente ra&iacute;do como para indicar que lleva ya algunos meses averiado. Al llegar arriba cruza un largo pasillo de paredes altas con aspecto poco lustroso. Algunas baldosas y z&oacute;calos est&aacute;n rotos, y eso le lleva a pensar que la calificaci&oacute;n de hotel quiz&aacute;s es demasiado pretenciosa. Lo que aparentaba ser un lugar medianamente aceptable est&aacute; resultando ser un cubil. No hay televisi&oacute;n, tampoco nevera, aunque piensa que por el precio por noche tampoco puede exigir m&aacute;s. Hasta ah&iacute; todo en orden, ahora bien, cuando intenta darse una ducha, el agua caliente se niega a salir, por lo que decide bajar y avisar al conserje.<\/p>\n<p>&mdash;La caldera est&aacute; rota, &mdash;le informa.<\/p>\n<p>&mdash;Podr&iacute;a hab&eacute;rmelo dicho antes, &iquest;no le parece? &mdash;se queja lanz&aacute;ndole una mirada disconforme, no obstante, se queda con eso y con su indignaci&oacute;n. Seguidamente vuelve a subir las escaleras y regresa al cuchitril de habitaci&oacute;n que le han asignado.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de una ducha m&aacute;s que refrescante, se acuesta confiando en que no haya vida silvestre en la habitaci&oacute;n, pero esas preocupaciones no son inconveniente para que el cansancio la venza en pocos minutos y el sue&ntilde;o envuelva su zozobra, un sue&ntilde;o que es interrumpido en su fase REM debido al traqueteo de la cama en la habitaci&oacute;n contigua, unido a los gritos desenfrenados de sus ocupantes, y por ello maldice una vez m&aacute;s su mala suerte. Est&aacute; por bajar de nuevo a recepci&oacute;n y poner una reclamaci&oacute;n por todos los contratiempos con los que se ha encontrado. Pens&aacute;ndolo bien, tendr&iacute;a que haber seguido su camino hasta Sevilla.<\/p>\n<p>Se levanta en un arrebato de la cama para decirle al conserje que ponga orden o les llame la atenci&oacute;n a sus indiscretos vecinos, pero recapacita y reconoce que esos contratiempos van incluidos en el precio irrisorio por noche y desiste del intento, por lo tanto, vuelve a la cama e intenta ignorar lo que ocurre tras las paredes, aferr&aacute;ndose al cansancio.<\/p>\n<p>Dado el poco &eacute;xito obtenido, enciende la lamparita y opina que es mejor repasar su carpeta para la entrevista de trabajo que tiene por la ma&ntilde;ana, en vista de que comprende que intentar dormir es tarea in&uacute;til, a sabiendas de que el insomnio repercute al d&iacute;a siguiente en su rendimiento. La falta de descanso, unida a sus problemas conyugales son un caldo de cultivo para que la entrevista acabe en desastre y eso le preocupa enormemente.<\/p>\n<p>Repasa mentalmente una y otra vez sus puntos fuertes y todo aquello con lo que cree que puede deslumbrar a su entrevistador. A su vez, los ruidosos vecinos parecen incansables en una batalla carnal que parece no tener fin, y despu&eacute;s de sobrellevar estoicamente los estridentes gemidos y bramidos, las manos de Sheila dejan a un lado sus notas e inician un paseo por su anatom&iacute;a, al mismo tiempo que empieza a fantasear intentando materializar a un amante imaginario foll&aacute;ndola salvajemente igual que a su vecina de habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>El distanciamiento cada vez mayor con su marido ha propiciado que la actividad sexual de ambos se vea mermada, al igual que lo est&aacute; cada vez m&aacute;s su relaci&oacute;n, de tal manera que la falta de sexo, unida al incesante trasiego en la habitaci&oacute;n contigua ha conseguido excitarla eludiendo, tanto el cansancio, como la indignaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Una voz al otro lado del tabique est&aacute; pidiendo a gritos que le reviente el culo, y los ojos de Sheila se abren como platos, mientras que sus o&iacute;dos se agudizan para escuchar cada demanda y cada gemido de su afortunada vecina. No debe faltarle mucho para disfrutar de su premio, piensa, y como si fuese ella a la que est&aacute;n fornicando, Sheila intenta coordinarse con la pareja, al tiempo que escucha cada frase, de tal modo que despu&eacute;s de veinte minutos maltratando su co&ntilde;o, &mdash;cuando parece adivinar que la mujer est&aacute; a punto&mdash;se corre entre espasmos, conjuntamente con el d&uacute;o din&aacute;mico. Levanta sus caderas en busca de una polla imaginaria y exhala un gemido liberador que es amortiguado por los berridos de los dos amantes. Segundos despu&eacute;s el silencio vuelve a adue&ntilde;arse del lugar y la ansiada paz regresa abrazando a Sheila y sumi&eacute;ndola en un merecido sue&ntilde;o, si bien, demasiado corto para su gusto.<\/p>\n<p>Son las cinco de la ma&ntilde;ana y vuelven a escucharse unos murmullos que consiguen perturbar el ligero dormitar de Sheila. La puerta de la habitaci&oacute;n de al lado se abre, y por m&aacute;s que espera que se cierre de nuevo y vuelva a reinar el silencio, las risas contin&uacute;an, evidenciando una falta de &eacute;tica vecinal.<\/p>\n<p>Sheila, enojada, se levanta de la cama, se coloca una camiseta larga y abre la puerta dispuesta a maldecir, si hace falta. Al asomarse observa a un hombre completamente desnudo pag&aacute;ndole sus honorarios a la prostituta que en ese momento le gui&ntilde;a un ojo a ella sin ning&uacute;n recato, y tras la muestra de descaro, se aleja por el pasillo dichosa y satisfecha. A su vez, las miradas de Sheila y del hombre se encuentran, y en cada una de ellas un torbellino de pensamientos se agolpan calibrando la situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Esos breves segundos son suficientes para que Sheila contemple al hombre maduro que muestras sus verg&uuml;enzas sin ning&uacute;n pudor, a decir verdad, parece querer exhibir sus atributos ante la joven que lo mira, pero tras el rubor que le provoca la situaci&oacute;n a ella, cierra la puerta y regresa de nuevo a su cama para intentar dormir las pocas horas que le quedan, si bien, la imagen del hombre desnudo de aspecto tosco empieza a deambular por su cabeza. Admite que no es atractivo, en realidad, es m&aacute;s bien, todo lo contrario. Por su constituci&oacute;n, supone que puede ser el conductor del cami&oacute;n que hay aparcado en el parking del hotel. Quiz&aacute;s si no tuviese esa protuberante barriga&hellip; &mdash;piensa ella&mdash;, pero el exceso de vello en el cuerpo tambi&eacute;n la echa para atr&aacute;s. Entretanto recuerda la sesi&oacute;n de sexo que se ha marcado con la prostituta y se convence de que, pese a su aspecto, ha conseguido que la mujer ara&ntilde;e el suelo durante una hora seguida, al fin y al cabo, con el calibre que colgaba de sus piernas, &iquest;c&oacute;mo no iba a gozar?, &mdash;opina, mientras empieza a evaluar que la falta de sexo est&aacute; haciendo estragos en su gusto por los hombres, pero tambi&eacute;n en su forma de pensar. Con treinta y dos a&ntilde;os y sin la carga de hijos, su cuerpo est&aacute; en plena vor&aacute;gine. Est&aacute; claro que sus d&iacute;as de mujer casada est&aacute;n contados, mientras tanto, la masturbaci&oacute;n es su aliada en esos momentos de calent&oacute;n.<\/p>\n<p>Su mano se pasea por sus bragas y piensa que ya ser&aacute; m&aacute;s reflexiva ma&ntilde;ana. Ahora lo que le apetece es masturbarse otra vez. Los dedos incursionan dentro de la fina tela para masajear el peque&ntilde;o n&oacute;dulo del placer. Cambia de mano y utiliza el dedo de su mano izquierda para as&iacute; poder introducirse dos dedos de la otra mano. Cierra los ojos y recapitula lo ocurrido unas horas antes. Calibra cada frase y cada gemido, intentando materializarlo en sus carnes. Fantasea con el rudo camionero posey&eacute;ndola de todas las maneras imaginables. Su dedo coraz&oacute;n fricciona el r&iacute;gido bot&oacute;n aceleradamente, al mismo tiempo que levanta su pelvis y echa la cabeza hacia atr&aacute;s buscando un orgasmo que parece querer resistirse. No lo consigue, aun as&iacute; necesita correrse.<\/p>\n<p>&iquest;Y si&hellip;?<\/p>\n<p>La idea de llamar a la puerta de su vecino empieza a tomar forma, pese a no gustarle f&iacute;sicamente ese individuo, de todos modos, Sheila lo que necesita ahora es una polla que aplaque su ardor, independientemente de quien sea su due&ntilde;o, adem&aacute;s, el badajo que le ha quedado grabado a fuego en su cabeza promete placenteras sensaciones.<\/p>\n<p>Sheila se recoloca las bragas, se levanta de la cama y estira su camiseta, seguidamente coge la llave y sale de la habitaci&oacute;n convencida de que es tarea f&aacute;cil. No tiene por qu&eacute; preocuparse por su conducta, ya que no conoce de nada a ese hombre y nunca m&aacute;s volver&aacute;n a verse. Cuenta hasta tres antes de llamar, a continuaci&oacute;n respira hondo y se encomienda a Dios, pensando despu&eacute;s, que &Eacute;l solo puede reprocharle su actitud.<\/p>\n<p>El hombre rudo abre la puerta conforme Dios lo trajo al mundo y una fugaz mirada se posa en el p&eacute;ndulo oscilante que luce el camionero. Por su parte, su vista repasa los atributos de la treinta&ntilde;era que acaba de caerle del cielo. Unos pechos peque&ntilde;os se insin&uacute;an debajo de la camiseta con unos duros pezones intentando perforarla y unas esbeltas piernas soportan una figura realmente deseable.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Has venido a que te folle?, &mdash;le pregunta el hombre sin remilgos, y ante su interpelaci&oacute;n, Sheila se ruboriza, sin embargo, &iquest;para qu&eacute; enga&ntilde;arse? Es precisamente a eso a lo que ha ido. El silencio por respuesta de la joven es interpretado por el rudo hombre como un s&iacute;, por consiguiente, la coge del hombro, la anima a pasar y cierra la puerta. Al entrar, un intenso olor a humanidad golpea sus fosas nasales confirm&aacute;ndole la intensa sesi&oacute;n de sexo que hace unas horas ha tenido lugar all&iacute;. Unos rodales de un tono m&aacute;s subido en las s&aacute;banas ratifica el derroche de fluidos de ambos amantes.<\/p>\n<p>&mdash;Menuda zorrita est&aacute;s hecha, &mdash;le suelta sin ning&uacute;n reparo, y ella un poco molesta por sus ordinarios comentarios, le amonesta.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute; vas?, &mdash;pregunta desconcertada ante tanta insolencia, empezando a calibrar que intentar razonar con &eacute;l puede ser lo mismo que hacerlo con un besugo, pero el camionero hace caso omiso a su reproche y sin ning&uacute;n pre&aacute;mbulo le mete la mano en el co&ntilde;o, y Sheila responde con un peque&ntilde;o respingo.<\/p>\n<p>&mdash;Chiquilla, est&aacute;s empapada. Por lo que veo tu marido no te atiende como es debido y por eso acudes a m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;No estoy casada, &mdash;miente antes de percatarse de que su anillo la delata.<\/p>\n<p>&mdash;No me enga&ntilde;es cari&ntilde;o, vas a tener tu raci&oacute;n de polla igualmente, &mdash;asegura el hombre, mientras Sheila nota el enorme dedo adentr&aacute;ndose en su raja, de tal manera que los soeces comentarios se disipan a medida que los dedos van trabaj&aacute;ndole el co&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;Lo que hay que ver, &mdash;a&ntilde;ade&mdash;. Resulta que el pobre cornudo cree que te hace feliz en la cama y no sabe que a su mujercita le va la marcha y necesita otros alicientes m&aacute;s desmedidos para contentarse, &mdash;contin&uacute;a al mismo tiempo que coge la mano femenina y la posa en su polla que ya va ganando firmeza. Con ella en la mano, Sheila empieza a masturbarlo agitando la mano con t&iacute;midos movimientos, al mismo tiempo que goza con los dedos del individuo que parece reci&eacute;n salido de las cavernas, y como tal, le quita la camiseta, la coge en brazos y la lanza bruscamente encima de la cama, por lo que Sheila queda tendida, de piernas abiertas y a la espera de que la penetre, mientras observa como el fulano la contempla con lascivia, a la vez que se frota una verga que ahora, en plena erecci&oacute;n podr&iacute;a ser capaz de abrirla en canal.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;P&iacute;deme que te folle!, &mdash;le ordena, por el contrario, Sheila no est&aacute; acostumbrada a esa jerga irreverente de la que hace gala el hombre de croma&ntilde;&oacute;n, y es incapaz de articular palabra. Sali&oacute; de su habitaci&oacute;n muy decidida y ahora parece una t&iacute;mida colegiala sin saber qu&eacute; decir ni qu&eacute; hacer. Nunca ha vivido una situaci&oacute;n semejante en la que sienta cierto rechazo, y a la vez, una atracci&oacute;n animal.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;P&iacute;demelo o te largas de aqu&iacute; a toda leche conforme has venido, zorra!<\/p>\n<p>Sheila est&aacute; a punto de marcharse. No quiere seguir escuchando semejante avalancha de improperios hacia su persona, pero en el fondo quiere quedarse y que la haga gemir igual que a la prostituta.<\/p>\n<p>&mdash;Es tu &uacute;ltima oportunidad, &mdash;le advierte el fulano balanceando su miembro y mostr&aacute;ndoselo en todo su esplendor.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;F&oacute;llame!, &mdash;le pide finalmente, claudicando ante su arrogancia. Lo que quiere es echar un buen polvo. Sabe que no lo volver&aacute; a ver, y si con ello tiene que aguantar sus impertinencias, cree que merecer&aacute; la pena.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Lo ves? No ha sido tan dif&iacute;cil, cari&ntilde;o.<\/p>\n<p>El fulano le abre las piernas y contempla su sexo abierto y enteramente a su disposici&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; buena est&aacute;s cabrona, &mdash;afirma mientras posa el glande a la entrada de la raja. Sheila est&aacute; preparada para recibirlo, en cambio &eacute;l cambia de tercio y se arrodilla delante de su cara coloc&aacute;ndole la polla en la boca. Sheila se siente frustrada. Desea que se la clave, pero no le queda otra que abrir la boca y acoger el puntal que quiere abrirse paso hacia su gaznate.<\/p>\n<p>&mdash;Por lo que veo eres una aut&eacute;ntica putilla mamando pollas, &mdash;afirma el fulano mientras coge su cabello y empieza a follarle la boca.<\/p>\n<p>Sheila no puede contestar con la boca llena, pero mueve su cabeza afirmativamente a la vez que unos sonidos guturales escapan por su boca. Parece que el lenguaje tan grosero que en un principio la incomodaba, la est&aacute; excitando cada vez m&aacute;s, de modo que sigue aplicada en su tarea de mamona, zamp&aacute;ndose el pedazo de carne, mientras ingentes cantidades de saliva resbalan por la comisura de sus labios. Por un momento, el energ&uacute;meno saca el puntal y le profiere contundentes golpes en las mejillas y en la nariz, por ende, Sheila abre la boca intentando capturar de nuevo la polla que empieza a hacerle perder el norte, pero al parecer, siempre, contrariamente a sus deseos, su amante decide que es el momento de clav&aacute;rsela y se posiciona para ello, le abre las piernas, posa el glande a la entrada y con un contundente y firme golpe de ri&ntilde;&oacute;n se la hunde por completo en la babosa raja. Sheila exhala un gemido al sentir el gara&ntilde;&oacute;n caliente hundirse por completo en su co&ntilde;o, y la sensaci&oacute;n de sentirse completamente llena es indescriptible. Siente que no queda resquicio por llenar. Ahora el hombre que parec&iacute;a un pat&aacute;n empieza a mover sus caderas iniciando un movimiento basculante en el que la verga se le incrusta a Sheila hasta el tu&eacute;tano para volver a salir en un repetitivo movimiento de vaiv&eacute;n. Ella se abre completamente para &eacute;l y sus piernas se enroscan en su espalda como brazos de pulpo. Los jadeos no se hacen de esperar con las fuertes acometidas que el cafre de su amante le est&aacute; propinando. &Eacute;l es consciente del placer que le brinda y por ello su ego va en aumento cada momento que pasa.<\/p>\n<p>&mdash;Tu marido no est&aacute; a la altura para complacer a una mujer como t&uacute;, por lo que veo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Deja a mi marido en paz y f&oacute;llame fuerte, cabr&oacute;n!, &mdash;grita jadeante, totalmente desinhibida&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Menuda puta est&aacute;s hecha. Cuando llegues a casa recomi&eacute;ndale que haga ejercicios de cuello para que pueda soportar la cornamenta que su querida mujercita le est&aacute; poniendo.<\/p>\n<p>Unos vecinos golpean la pared reiteradas veces ante la batalla que est&aacute; teniendo lugar de nuevo en aquella habitaci&oacute;n que parece destinada al placer. Por suerte para Sheila, &eacute;sta vez es ella la que est&aacute; al otro lado, de tal manera que ya no ve las cosas del mismo modo. En este momento es ella la gritona y la que, seg&uacute;n su criterio de hace unas horas, deber&iacute;a tener m&aacute;s modales, lo que pone de manifiesto que las cosas no son siempre blancas o negras, sino que tambi&eacute;n tienen sus matices de gris, por tanto, dependiendo del prisma en el que se miren, ser&aacute;n de un tono u otro.<\/p>\n<p>Como en una sincronizaci&oacute;n ensayada, se dan la vuelta y se recolocan al rev&eacute;s, de tal modo que Sheila empieza a cabalgar sobre la estaca de su amante, a la vez que &eacute;ste se aferra a sus prietas nalgas. Ella se contorsiona y se retuerce buscando recorrer y sentir cada cent&iacute;metro del pist&oacute;n que percute en su co&ntilde;o, pero una vez m&aacute;s, el fulano vuelve a cambiar de tercio. Se levanta, se pone en pie sin sac&aacute;rsela, la coge en brazos por debajo de sus nalgas, mientras ella se engancha a su cuello, de forma que la levanta y la baja en el aire con la fuerza de sus brazos. Sus piernas se enroscan nuevamente igual que una serpiente envuelve a su presa. Sheila gime de placer al sentir como el cipote invade una y otra vez su ser, pero es &eacute;l quien lleva las riendas de la c&oacute;pula y cuando se cansa de la inc&oacute;moda posici&oacute;n la recuesta en una desvencijada c&oacute;moda, le abre las piernas completamente, las engancha a sus hombros y la vuelve a penetrar, jodiendo igual que dos amantes que hayan estado dos a&ntilde;os sin verse y ahora se reencuentran, y eso no conduce a otra cosa que a fornicar como posesos.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;F&oacute;llame!, &mdash;pide a gritos Sheila mientras su amante la penetra con vehemencia.<\/p>\n<p>&mdash;Estoy foll&aacute;ndote, zorra.<\/p>\n<p>Ella avanza entre gemidos de placer que se corre y los suspiros se convierten en alaridos durante el orgasmo interminable. Ni ella misma se reconoce en ese momento, y cuando remite el cl&iacute;max, es su amante el que empieza resoplar como un toro y a proferir toda clase de insultos mientras el potente orgasmo invade todo su ser y aloja toda la corrida en su interior.<\/p>\n<p>&mdash;Menudo polvazo, &mdash;dice completamente satisfecho&mdash;. Parec&iacute;as una remilgada y follas mejor que la puta, &mdash;a&ntilde;ade mientras se enciende un cigarro.<\/p>\n<p>&mdash;Eres un hijo de perra, &mdash;le recrimina ella, pero a sabiendas de que ha sido el mejor polvo que le han dado en a&ntilde;os.<\/p>\n<p>&mdash;Pero bien que te gusta, &mdash;le confirma al mismo tiempo que le ofrece una calada. &mdash;&iquest;Sabes que est&aacute;s muy buena?, &mdash;pregunta pas&aacute;ndole el cigarro.<\/p>\n<p>&mdash;Gracias por el piropo.<\/p>\n<p>&mdash;No es un piropo. Est&aacute;s de esc&aacute;ndalo. Tu marido debe ser un imb&eacute;cil &iquest;no?<\/p>\n<p>&mdash;Voy a separarme.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Tan buena impresi&oacute;n te he causado?<\/p>\n<p>&mdash;Menos lobos, caperucita&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Quiero met&eacute;rtela por el culo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Pero c&oacute;mo eres tan cabr&oacute;n?, &mdash;se queja.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Tu marido no te da por el culo?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y a ti qu&eacute; te importa?<\/p>\n<p>&mdash;Ya veo que no, &mdash;afirma convencido&mdash;. &iexcl;D&eacute;jame darte por el culo y ver&aacute;s como lo gozas.<\/p>\n<p>&mdash;Va a ser que no, &mdash;dice convencida.<\/p>\n<p>&mdash;No te arrepentir&aacute;s, &mdash;insiste &eacute;l, en cambio ella no lo tiene tan claro despu&eacute;s de haber sentido semejante calibre en el co&ntilde;o, por tanto, pretender que eso entre en el estrecho agujero son palabras mayores.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;D&eacute;jame prepararte y ver&aacute;s como lo gozas!, &mdash;le repite empecinado. &mdash;Si en alg&uacute;n momento no te gusta y me dices que pare, lo har&eacute;, &iquest;de acuerdo?, &mdash;le dice a modo de consuelo y Sheila asiente sin convicci&oacute;n, aunque con cierto morbo de probar un buen polvo por el culo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Vamos all&aacute;!, &mdash;le dice entusiasmado mientras se incorpora. &mdash;&iexcl;Date la vuelta!, &mdash;le pide.<\/p>\n<p>Sheila se da la vuelta y respira hondo posando su mirada en el amenazante miembro. Piensa que la va a partir en dos. &Eacute;l se levanta un instante y se aproxima a su maleta para sacar un tubito de gel lubricante con el que se empieza a embadurnarse el falo.<\/p>\n<p>&mdash;Ha llegado el momento de probar tu culazo.<\/p>\n<p>El comentario consigue asustarla todav&iacute;a m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hazlo con cuidado, por favor! &mdash;le ruega.<\/p>\n<p>&mdash;No te preocupes cari&ntilde;o. Vas a gozar como nunca.<\/p>\n<p>Comienza a embadurnarle el agujero con el gel y le mete primero un dedo, dilatando poco a poco el orificio, despu&eacute;s introduce dos, tom&aacute;ndose su tiempo, a continuaci&oacute;n a&ntilde;ade un tercero y la presi&oacute;n aumenta, pero no le duele. Est&aacute; dilatando bien y empezando a gozar con aquella pr&aacute;ctica. Vuelve a embadurnarse con gel la verga considerando que ya est&aacute; a punto para incursionar en el incipiente orificio.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Levanta la pierna! Voy a empezar a presionar y va a ir entrando poco a poco. Rel&aacute;jate y ver&aacute;s c&oacute;mo gozas.<\/p>\n<p>Ella le hace caso y, contrariamente a lo que pudiera parecer, est&aacute; siendo de lo m&aacute;s delicado y eso le ayuda a relajarse. Nota que la cabeza presiona el agujero y empieza a meter la punta caus&aacute;ndole un dolor agudo que hace que se queje, pero &eacute;l intenta tranquilizarla dici&eacute;ndole que todo va bien y que aguante un poco, pues pronto empezar&aacute; a disfrutarlo, como si hubiese estado toda la vida dando por el culo a mujeres inexpertas en ese campo. A su vez, Sheila no sabe el trozo que tiene dentro ya. A ella le parece tener una jodida barra de hierro, y acerca su mano para calibrar lo que tiene metido y lo que a&uacute;n queda por meter, comprobando que no ha introducido ni la mitad. Ahora ya no penetra, ahora inicia el movimiento de entrar y salir para ir adaptando el agujero a su di&aacute;metro. Con cada empuj&oacute;n cierra los ojos mientras muerde la almohada y se le escapan los gritos y jadeos, en su mayor&iacute;a de dolor, un dolor al que acompa&ntilde;a en parte un extra&ntilde;o placer. Va aumentando el ritmo y a la vez penetra un poco m&aacute;s el intruso en el estrecho orificio. Los jadeos y los gritos se intensifican al mismo tiempo que las sensaciones, sin embargo, llega un momento en el que, sin saber por qu&eacute;, se da cuenta de que ya no grita por el suplicio que supone semejante polla invadiendo sus entra&ntilde;as, ahora lo hace por el placer, a pesar de que un ligero y punzante dolor contin&uacute;a persistiendo.<\/p>\n<p>Sheila empieza a gozar con aquella pr&aacute;ctica y jam&aacute;s crey&oacute; que fuese posible hacerlo con el sexo anal. Deber&iacute;a haber sido m&aacute;s paciente cuando lo intent&oacute; su marido hace a&ntilde;os, o quiz&aacute;s &eacute;l no tuvo la maestr&iacute;a de su amante, o tal vez, en aquel momento no sent&iacute;a el morbo que siente ahora. Vuelve a pensar en su marido, pero no hay remordimientos. Sabe que sus d&iacute;as juntos est&aacute;n contados, incluso se lo imagina sentado de espectador entretanto su amante le rompe el culo.<\/p>\n<p>&mdash;Ya la tienes toda dentro. &iquest;Est&aacute;s gozando?<\/p>\n<p>Un &ldquo;s&iacute;&rdquo; euf&oacute;rico se escapa de su boca y es lo suficientemente elocuente para responder a su pregunta.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ves como eres muy puta? &iquest;O quieres que te la saque?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No me la saques! &iexcl;F&oacute;llame! &iexcl;No pares! Me das mucho gusto.<\/p>\n<p>&mdash;Pero qu&eacute; zorra que eres.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Tu marido no te da por el culo como te mereces, verdad, cari&ntilde;o?, &mdash;le dice completamente desatado por la lujuria.<\/p>\n<p>Su amante le sujeta la pierna en alto, haci&eacute;ndolo de lado e intensificando el ritmo progresivamente, consiguiendo que vaya gozando de forma gradual. Valida con ello que es todo un profesional y lo estaba haciendo de f&aacute;bula. De pronto nota que se la saca entera y nota un gran vac&iacute;o. &Eacute;l vuelve a embadurnarse el miembro con el gel lubricante.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Levanta el culo! Quiero que la sientas entera.<\/p>\n<p>Sheila obedece mostr&aacute;ndole su divino trasero y poni&eacute;ndolo a su disposici&oacute;n. Tiene los codos apoyados en la cama esperando que se la vuelva a ensartar, y no tiene que esperar mucho para sentir todo su potencial en el esf&iacute;nter. Esta vez s&iacute; que le hace da&ntilde;o y se queja cuando entra lentamente, pero sin hacer paradas, sin embargo, &eacute;l obvia sus quejas y sigue embistiendo hasta que el goce regresa bajo las acometidas del martillo pil&oacute;n. Se aferra a sus caderas, acelerando los movimientos y torn&aacute;ndose cada vez m&aacute;s salvaje, mientras profiere toda clase de groser&iacute;as. Se agarra a su cabello con las dos manos, formando dos trenzas como si fueran las riendas de su yegua. Sheila goza del energ&uacute;meno que arremete en su retaguardia. Un sinf&iacute;n de sensaciones extra&ntilde;as refuerzan la posibilidad de tener un orgasmo de esa manera, y cada vez est&aacute; m&aacute;s segura de alcanzarlo si el energ&uacute;meno de su amante sigue embistiendo de aquel modo, e intenta alcanzarlo retorciendo sus caderas.<\/p>\n<p>El hombre intensifica unos movimientos que cada vez son m&aacute;s en&eacute;rgicos, mientras le susurra al o&iacute;do las m&aacute;s infames groser&iacute;as, mientras tanto, Sheila mueve el trasero al comp&aacute;s de los embates.<\/p>\n<p>&mdash;Hoy volver&aacute;s a casa con el culo complacido. &iquest;Te gusta la follada que te estoy dando, puta?<\/p>\n<p>&mdash;Me encanta, &mdash;responde entre jadeos&mdash;. Estoy muy caliente y quiero correrme. Nunca lo he hecho por ah&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Vamos a tener que darle unas clases intensivas al pusil&aacute;nime de tu marido. Voy a hacer que te corras, zorrona.<\/p>\n<p>Vuelve a ponerla con el culo en alto y a cogerla del pelo, estir&aacute;ndole la cabeza como si fuese un jinete intentando frenar a su yegua. La polla golpea su ano repetidas veces con gran &iacute;mpetu, y vuelve a sentir la sensaci&oacute;n de que puede correrse. Siente muchas ganas de hacer pis, dado que la verga en su interior presiona su vejiga. Est&aacute; a punto de culminar, puede sentirlo. Aunque el orgasmo se resiste, est&aacute; segura de que puede lograrlo. Un poco m&aacute;s y lo conseguir&aacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Voy a correrme en tu culazo, cabrona, &mdash;grita el salvaje.<\/p>\n<p>Acto seguido un orgasmo diferente irrumpe en su esf&iacute;nter transitando por sus terminaciones nerviosas para disfrutar de una sensaci&oacute;n completamente nueva. Seguidamente, percibe como el semen impacta, lechazo tras lechazo en su interior hasta que remite la corrida. Cuando su amante extrae la verga del ano, su esencia se le escapa a borbotones del peque&ntilde;o orificio, convertido ahora en un bebedero de patos. Sheila est&aacute; exhausta y se queda tumbada e inerte un momento junto a los fluidos de ambos.<\/p>\n<p>Ahora quiere dormir. Est&aacute; exhausta, pero todav&iacute;a le quedan dos horas de viaje y tiene que arreglarse, por consiguiente, se levanta, se coloca las bragas y la camiseta y se despide del extra&ntilde;o del que ni siquiera conoce su nombre.<\/p>\n<p>&mdash;Ha sido un buen polvo, &mdash;se despide, al tiempo que cierra la puerta y se dirige a su habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>El hombre se sonr&iacute;e m&aacute;s que satisfecho.<\/p>\n<p>Todav&iacute;a nota ligeros pinchazos en su ano mientras conduce hasta Sevilla, pero reconoce que, tanto las contrariedades, como la insolencia de su amante han merecido la pena. Ahora se encuentra motivada y con la energ&iacute;a y entereza necesarias para afrontar la entrevista de trabajo.<\/p>\n<p>La secretaria le pide que espere, y al cabo de unos minutos le manda pasar al despacho. Sheila golpea tres veces en la puerta antes de abrir, a continuaci&oacute;n atraviesa el umbral y se queda at&oacute;nita cuando contempla sentado en su despacho al hombre trajeado que va a ser su futuro jefe y reconoce al supuesto pat&aacute;n que hace unas horas le ha roto el culo. Sheila permanece con ojos como platos, y una p&iacute;cara sonrisa se dibuja en los labios de su futuro jefe.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 13<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Sheila decide hacer un alto y parar en un hotel de carretera.&nbsp; La idea inicial era hacer el recorrido Valencia-Sevilla de un tir&oacute;n, pero ahora reconoce que ha salido demasiado tarde y no podr&aacute; aguantar todo el trayecto conduciendo. 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