{"id":30750,"date":"2021-08-09T22:00:00","date_gmt":"2021-08-09T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-08-09T22:00:00","modified_gmt":"2021-08-09T22:00:00","slug":"el-regalo-un-antes-y-un-despues-final","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-regalo-un-antes-y-un-despues-final\/","title":{"rendered":"El regalo: Un antes y un despu\u00e9s (Final)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"30750\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 38<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Trig&eacute;sima tercera parte.&nbsp;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Jajaja! Vamos a ver caballeros. Ustedes se van a quedar aqu&iacute; quietecitos un momento mientras Silvia y yo decidimos que les vamos a preparar. &mdash;Nos dijo Martha muy alegre y bastante despeinada, cubriendo sus preciosas y redondas tetas con las manos abiertas y mi esposa, obsequi&aacute;ndonos la visi&oacute;n de su espalda desnuda, pasando sus brazos por detr&aacute;s y extendiendo los dedos de las manos, entrecruz&oacute; solo los pulgares y moviendo los otros ocho graciosamente sobre sus dos bronceadas nalgas, tratando de evitar, &ndash;sin lograrlo del todo&ndash; que nos qued&aacute;ramos extasiados Hugo y yo, admirando como una de ellas, la derecha, sub&iacute;a firme, rotunda y el pliegue que se formaba en la de su izquierda, aparec&iacute;a encantadoramente, obsequi&aacute;ndonos lo que simulaba ser un ligero gui&ntilde;o. Sonri&eacute;ndose se alej&oacute; hacia el otro nivel, despidi&eacute;ndose de los dos hombres que la deseaban sin mirar a ninguno y del sal&oacute;n poco iluminado que se qued&oacute; hu&eacute;rfano de su hermosa figura semidesnuda.<\/p>\n<p>&mdash;Y bueno Hugo&hellip; &mdash;Le digo cuando nos hemos quedado solos y me acomodo justo a su lado y &eacute;l cubriendo su evidente excitaci&oacute;n con un coj&iacute;n, sobre su b&oacute;xer blanco y yo tranquilo sin se&ntilde;ales de erecci&oacute;n, con el m&iacute;o azul oscuro, uno al lado del otro en el mismo sof&aacute;. &mdash;&hellip; Cu&eacute;nteme algo&hellip; &iquest;C&oacute;mo es ese famoso tratamiento que Almudena opina que les podr&iacute;a servir?<\/p>\n<p>&mdash;Pues vera usted. &ndash;Hugo bebiendo un trago de su Manhattan y yo sin tener a mano lo que m&aacute;s me gustaba beber&ndash;. Almudena pens&oacute; que lo mejor para los dos seria permanecer siempre juntos pero con distintas parejas, observ&aacute;ndonos en algo que ella llama &laquo;Terapia del Espejo&raquo;. Se trata de realizar exactamente lo mismo que la otra pareja vaya efectuando. Observar y replicar. Reflejos, actos iguales a lo que Martha deb&iacute;a realizar con nuestro amigo David y entre tanto yo con mi &aacute;ng&hellip; &iexcl;Con su esposa, hacerlo igual! &mdash;Me respondi&oacute; Hugo, pero sin mirarme, manteniendo su mirada fija en la penumbra del jard&iacute;n, unos metros m&aacute;s alla del muro divisorio del iluminado porche. A&uacute;n se sent&iacute;a cohibido ante mi presencia all&iacute; y yo, a&uacute;n no hallaba mi lugar en aquel sal&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;A ver Hugo&hellip; &iexcl;Jajaja! &ndash;Me re&iacute; fingiendo tranquilidad&ndash; Esa dichosa terapia aqu&iacute; conmigo no va a poderla realizar. Porque yo no le voy a indicar a usted como debe hacer sentir a mi mujer. Yo nunca tengo un plan inicial con ella. Cuando es solo sexo, me lanzo a su boca con ganas, aprieto sus pechos con urgida fiereza y hurg&oacute; con avidez con mis dedos en su vagina, pero previamente ya la he estimulado con palabras, frases o con im&aacute;genes. El alcohol ayuda bastante, y el ambiente lo recreo, seg&uacute;n se presenten las circunstancias. &iexcl;Lo inesperado es lo m&aacute;s atrayente! Para cuando deseamos hacernos el amor es muy diferente. A veces solo coloco m&uacute;sica ligera, suave y as&iacute; mismo sin prisas voy ador&aacute;ndola, explorando cada poro de su tersa piel y acariciando sin apuro yo su cuerpo y ella el m&iacute;o. &mdash;El hombre algo inquieto en la esquina del sof&aacute;, me miraba con expectaci&oacute;n ante la entrega de tantos detalles y de un largo sorbo, termin&oacute; con su Manhattan.<\/p>\n<p>&mdash;Y no le pienso ense&ntilde;ar mis t&eacute;cnicas. As&iacute; como yo aprend&iacute; a deleitarla y hacerla explotar, usted deber&aacute; darse ma&ntilde;as para hacerlo; usando su percepci&oacute;n, sus ganas de ella y por supuesto toda su imaginaci&oacute;n. Esa es su tarea y la m&iacute;a con su mujer&hellip; Esa, t&eacute;ngalo por seguro Hugo, que ya la tengo bien visualizada. Perm&iacute;tame le lleno su copa y de paso si no es mucha la molestia, vi que tiene algunas latas de cerveza americana, que me encantar&iacute;a beber para calmar la sed y adem&aacute;s para usarla como&hellip; &iexcl;Jajaja! Despu&eacute;s con Silvia y Martha usted ver&aacute; para que me van a servir. &mdash;Y Hugo me entreg&oacute; la copa vac&iacute;a y con su otra mano, me hizo el ademan de que podr&iacute;a meter las m&iacute;as con tranquilidad en el refrigerador y tomar de all&iacute; lo que tanto me apetec&iacute;a y me serv&iacute;a de paso como un buen afrodisiaco. &mdash;Tome las que desee. Al fin y al cabo esas las dej&oacute; mi amigo David aquella noche y no son de mi marca preferida&ndash;. &iexcl;Qu&eacute; casualidad! Pens&eacute; yo. &mdash;&iexcl;A m&iacute; me encantan! Le termin&eacute; por responder y enseguida me regres&eacute; para ocupar la antigua posici&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Pero para ello debe relajarse y olvidar de que Silvia es mi esposa y que yo con Martha tambi&eacute;n voy a estar. &mdash;Le dije a Hugo, entreg&aacute;ndole su coctel y yo dejando en el piso sobre la alfombra, las cinco latas de cerveza y a la primera destapada ya le daba un largo sorbo&ndash;. Debemos hacer de cuenta que estamos en una reuni&oacute;n entre amigos y que pensar que esto no es ning&uacute;n intercambio&hellip; &iexcl;Corporal! Usted est&aacute; con la mujer que tanto desea y a m&iacute;, me sucede algo similar. Despreocup&eacute;monos de todo y por supuesto cr&eacute;ame, no s&eacute; si a m&iacute; me gustar&aacute; mirar cuando Silvia y usted&hellip; &iquest;Si me entiende? Supongo que a usted le ocurre algo igual si me ve con su esposa. &iquest;No es verdad? &mdash;Y Hugo hundi&oacute; entre sus cabellos, los dedos de su mano izquierda para revolcarlo una y otra vez, analizando lo que me quer&iacute;a responder.<\/p>\n<p>&mdash;Pues es que yo a Martha ya la vi hacerlo con otro y cr&eacute;ame Rodrigo que no sent&iacute; ning&uacute;n tipo de placer, al contrario, sent&iacute; dolor, mucha frustraci&oacute;n y con esa t&eacute;cnica es precisamente como esperaba Almudena que aconteciera la otra vez y pudiera vivirlo de otra manera y lograr superarlo. &mdash;Me respondi&oacute; en voz algo baja.<\/p>\n<p>&mdash;Lo que sucede Hugo, es que esas im&aacute;genes no eran para ser observadas en aquel momento y ese fue el error de Martha. Era necesario crear un contexto m&aacute;s &iacute;ntimo, personal y er&oacute;tico, para causar el efecto que ella pretend&iacute;a que usted tuviera con agrado, como cuando para entrar en ambiente Silvia y yo observamos algunos videos porno, la cuesti&oacute;n es ponerse a tono. Pero como le digo Hugo, olvide ese video y relaj&eacute;monos. &iexcl;Eso ser&aacute; lo mejor! Para nuestras mujeres y para nosotros dos, por supuesto.<\/p>\n<p>Y tras decir esto, seguramente en puntas de pies y descalzas para no hacer ning&uacute;n tipo de ruido, nuestras mujeres se acercaron por detr&aacute;s de los dos y cubrieron &aacute;gilmente nuestros ojos a la vez, con alg&uacute;n tipo de pa&ntilde;uelo. El usado en mi era bastante suave, como la seda y desprend&iacute;a el aroma con seguridad, de alg&uacute;n perfume exquisito, utilizado anteriormente por la elegante Martha. Quien quiera que fungiera como bella verdugo, se asegur&oacute; de apretarlo muy bien por detr&aacute;s de la nuca, verificando con los delgados dedos que la tensi&oacute;n de la tela fuera la suficiente, entre el borde de aquel pa&ntilde;uelo y mis pobladas cejas. Me ajust&oacute; lo que sobraba de tela por sobre mi nariz y el extremo roz&oacute; mi quijada, caus&aacute;ndome tenues cosquillas. &iexcl;No! Yo no pod&iacute;a ver nada, la tela era larga y eficiente para privarme de la luz.<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>Martha tuvo una idea genial para distender nuestra com&uacute;n timidez ante lo que se avecinaba. &iexcl;Ninguno! Nadie en verdad all&iacute; aquella madrugada, ten&iacute;a la menor idea de c&oacute;mo proceder, ninguna de las dos con la valent&iacute;a de decidir en qu&eacute; segundo y durante cuantos minutos seriamos la pareja sexual del otro marido. Y en ellos dos, aunque yo notaba a Rodrigo m&aacute;s dispuesto, percib&iacute;a a veces en mi marido como temblaba su pulso, cuando al alzar con su mano la copa para beber un trago o simplemente retirarse de sus labios el humeante cigarrillo, habl&aacute;ndole a Hugo algo sobre m&iacute;, se estremec&iacute;a. No, ninguno de ellos con la gallard&iacute;a de ceder primero, de entregar lo m&aacute;s preciado en brazos diferentes para ser gozadas y gozar por supuesto, las dos de ellos.<\/p>\n<p>Nadie decid&iacute;a, ninguno dirig&iacute;a aquella obra de teatro, nadie pendiente de los di&aacute;logos de su pareja respectiva, de pronto fij&aacute;ndonos m&aacute;s en las argumentadas miradas de aquel hombre ajeno que nos deseaba y que se disputar&iacute;an de manera cari&ntilde;osa, el primer asalto a nuestra deseada piel. Hab&iacute;a que dar el paso, eso s&iacute;, sin tropiezos de &uacute;ltima hora; sin causar alg&uacute;n tipo de molestia, enojo, frustraci&oacute;n o renovado dolor. Por lo tanto, Martha me expres&oacute; entre susurros al o&iacute;do, qu&eacute; lo mejor ser&iacute;a jugar con ellos un poco, llevarlos hasta el borde de la excitaci&oacute;n, a la cumbre de sus deseos. &iquest;C&oacute;mo lograrlo? Bueno, pues si ya de sal saciados estaban nuestros est&oacute;magos&hellip; &iquest;Qu&eacute; tal si agreg&aacute;bamos algo de dulce sobre los cuerpos de nosotras dos para equilibrar?<\/p>\n<p>Y as&iacute; fue, que ya Martha y yo semidesnudas, al igual que mi esposo y lo mismo Hugo estaban, corrimos las dos hasta la alcoba principal y de una gaveta escogimos dos foulard de seda de variados colores, lo suficientemente largos como para doblarlos una y otra, y otra vez muy bien y tras comprobar que no se podr&iacute;a ver nada a trav&eacute;s de ellos, nos devolvimos silenciosas hasta el sal&oacute;n para pillar a nuestros esposos, sentados juntos en el sof&aacute; bebiendo y dialogando como un par de viejos conocidos. Y los sorprendimos por detr&aacute;s, ajustando r&aacute;pidamente la suave tela sobre sus ojos, priv&aacute;ndoles de su visi&oacute;n. Yo a la vida m&iacute;a y Martha&hellip; &iexcl;Ella a su esquivo amor!<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Vaya, vaya! Ya veo que no han permanecido quietecitos y han empezado a beber otra vez. &iexcl;Ni&ntilde;os malos! Se merecen un castigo, pero por el momento los vamos a perdonar. &iquest;No es as&iacute; querida? &mdash;Me pregunt&oacute; Martha y yo respond&iacute;&hellip; &mdash;&iexcl;Solo por ahora! Pero despu&eacute;s se van a ganar una fuerte reprimenda en esas nalgas por desobedientes&ndash;. Y Martha contin&uacute;o con la explicaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Por ahora les retirar&eacute; sus bebidas pues junto a Silvia, hemos pensado que nos vendr&iacute;a muy bien jugar un poco. Vamos a ver cu&aacute;l de ustedes dos, podr&aacute; adivinar con certeza, los ingredientes de los postres que vamos a prepararles y claro, en que parte de nuestros cuerpos van a estar servidos, eso s&iacute;, sin usar las manos, solo sus bocas y lenguas. &iexcl;Ahhh! me faltaba lo principal&#8230; Sobre quien de las dos estar&aacute; servido. &iquest;Les parece? &mdash;Y picaronamente se mordi&oacute; el labio inferior, mir&aacute;ndome de manera coqueta y entre tanto, Hugo como mi esposo respondieron afirmativamente, aceptando aquel dulce desaf&iacute;o.<\/p>\n<p>Junto a Martha me dirig&iacute; hasta la cocina y del refrigerador tomamos algunas frutas y del estante superior algunos frascos con mermeladas y otros ingredientes. Picamos en trocitos las frutas escogidas y en una gran bandeja de plata colocamos todo en peque&ntilde;os platos pandos. Rodrigo permanec&iacute;a impasible pero escuchando atento nuestros movimientos, con los brazos cruzados y ladeando su cabeza para el lado derecho. Hugo por el contrario estaba inquieto, su cabeza se encontraba gacha y sus piernas, abri&eacute;ndolas y cerr&aacute;ndolas en un perpetuo movimiento, las mov&iacute;a nerviosamente.<\/p>\n<p>&mdash;Ven preciosa y ay&uacute;dame a retirar todo esto de encima de la mesa. &mdash;Me indic&oacute; Martha, para que le colaborara en dejar libre la superficie de una mesita de centro de al menos un metro de largo, medio de ancho y de baja altura, forjada en fuerte metal y con una tapa superior de resistente y pesado m&aacute;rmol de Carrara. A su lado pero sobre la alfombra ubic&oacute; la bandeja, y se dispuso a preparar los variados platos.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno&hellip; &iquest;Y el que gane de los dos que premio obtendr&aacute;? &mdash;Pregunt&oacute; de repente mi esposo, y yo presta le respond&iacute;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Mi amor, el ganador se lleva todo. O sea, tendr&aacute; el privilegio de tenernos a las dos antes que el perdedor. Ese, el que pierda se tendr&aacute; que conformar con sentarse a observar, sin participar y mucho menos tocarse por all&iacute;. &iexcl;Manita quietas! Que por supuesto despu&eacute;s, le tocara a &eacute;l gozarnos. &iexcl;Jajaja! &mdash;Y yo le di un besito en la mejilla y me apart&eacute; de &eacute;l, acerc&aacute;ndome a Martha que ya ten&iacute;a listas las primeras pruebas.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno vamos a empezar. &iquest;Qui&eacute;n va primero? &mdash;Les pregunt&oacute; Martha, feliz como cuando de ni&ntilde;os hac&iacute;amos travesuras. &mdash;&iexcl;Yo voy primero!&ndash;. Dijo Hugo levantando su mano derecha.<\/p>\n<p>&mdash;Ok, mi amor. Mucha suerte. &mdash;Le respondi&oacute; Martha y en seguida me hizo estirarme boca abajo sobre la fr&iacute;a laja de m&aacute;rmol y sobre mi cintura, esparci&oacute; un poco de fresas picadas y dej&oacute; caer sobre ellas, algo de crema de leche batida, caus&aacute;ndome un leve escalofr&iacute;o.<\/p>\n<p>Vi de medio lado como Martha se acerc&oacute; a su esposo y le ayud&oacute; a arrodillarse a mi lado izquierdo y luego cautamente se retir&oacute; en silencio hasta hacerse a mi derecha.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Puedes inclinarte un poco Hugo? Y ya sabes nada de manos. &iexcl;As&iacute;, as&iacute; mi amor! Un poco m&aacute;s, baja la cabeza y abre tu boca. &iexcl;Siiii&iacute;! Adelante, ya casi llegas&hellip; &mdash;Y Hugo pos&oacute; la punta de su nariz y de inmediato sent&iacute; tibia la respiraci&oacute;n sobre la piel de mi cadera, con su boca entreabierta dej&aacute;ndome percibir con el vaho si se quiere, a&uacute;n m&aacute;s calor y sent&iacute; la humedad de su lengua recorrer unos cent&iacute;metros de mi cintura, para luego seguramente atra&iacute;do por el aroma, hacer una gran &laquo;O&raquo; con sus labios y absorber con bastante ruido las fresas con crema. No sobra decir que volvi&oacute; con su lengua a humectar aquella frugal zona, limpiando con esmero los restos de fruta y crema que me quedaban y de paso, logrando con esa acci&oacute;n erotizarme bastante.<\/p>\n<p>&mdash;Bien, es suficiente mi amor. Ahora, podr&iacute;as decirnos&hellip; &iquest;Qu&eacute; postre era, donde estaba y en qui&eacute;n? No demores en tu repuesta por favor. &mdash;Le dijo Martha a Hugo y yo poni&eacute;ndome con cuidado de medio lado, observ&eacute; como la tela de su b&oacute;xer blanco se empezaba a atirantar y una leve mancha de humedad a la izquierda la oscurec&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Es f&aacute;cil, eran fresas con crema de leche y&hellip; estaba sobre la espalda de&hellip; &iquest;Silvia? &mdash;Respondi&oacute; Hugo con su voz grave y una sonrisa dibujada en sus labios, que ten&iacute;an en la comisura, el blanco de la crema. Me llev&eacute; la mano a mi boca para disimular mi risa.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Dudas? Debes ser preciso de lo contrario ser&iacute;a un punto negativo. &mdash;Le dijo serena Martha y Hugo afirm&oacute; con vehemencia&hellip; &mdash;S&iacute;, sobre mi &aacute;ngel&ndash;. Y creo que aunque estaba algo caliente, me ruboric&eacute; al escucharlo, sobre todo mencionarme de aquella manera delante de mi marido.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Perfecto! Un punto para ti mi amor. Y ahora es tu turno, mi colombiano precioso, arrod&iacute;llate con cuidado. &mdash;Ni ella ni yo le ayudamos, Rodrigo bastante decidido lo hizo solo, quedando a prudente distancia de la mesa.<\/p>\n<p>&mdash;Yo ver&eacute; mi vida, no vayas a fallar. &mdash;Habl&eacute; en voz alta. Y de paso con Marta sentada e inclinada un poco hacia atr&aacute;s, en su ombligo deposit&eacute; un poco de chocolate l&iacute;quido y sobre el espeso dulce, ubiqu&eacute; una redonda cereza y tres goterones del centro hacia la parte baja de su vientre.<\/p>\n<p>Martha se estir&oacute; boca arriba sobre la mesa con cuidado, dejando caer sus largas piernas abiertas a los costados y los brazos los cruz&oacute; bajo su cuello, sosteni&eacute;ndose la cabeza para poder observarlo todo y no perderse detalle alguno.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Listo! &mdash;Dije con suavidad a mi esposo&ndash;. &iexcl;Ya puedes intentarlo! A tu izquierda un poco, eso, eso. As&iacute;, con cuidado y sin las manos. &mdash;Y con la nariz, Rodrigo olfate&oacute; como un perro de caza lo hace con su presa. Gir&oacute; la cabeza a su izquierda y fue bajando lentamente el ment&oacute;n. A dos cent&iacute;metros tal vez de su objetivo se detuvo y sopl&oacute;. No s&eacute; porque carajos hizo eso, pero el caso es que pude notar como los pezones de Martha, se endurecieron de inmediato con aquella inusual acci&oacute;n y los vellos dorados en sus antebrazos se erizaron al mismo tiempo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Vamos mi amor, un poco m&aacute;s! Acerca tu boca&ndash;. Le inst&eacute; y Rodrigo por fin puso labios y lengua sobre el plano y ejercitado vientre de la esposa de mi jefe. Pronto ubic&oacute; el lugar y con la lengua en forma de cono, fue girando despacio la cereza sin sacarla del hundido ombligo, tan solo la punta la utiliz&oacute; para saborear el chocolate, &ndash;esparciendo alrededor un poco&ndash; y luego de escuchar un peque&ntilde;o gemido, proveniente de la garganta de Martha, de un peque&ntilde;o sorbo se llev&oacute; al interior de su boca la cereza y luego con todo el ancho de la parte superior de su lengua, lami&oacute; y relami&oacute; el chocolate que esparc&iacute; dirigi&eacute;ndose presuroso hasta un lugar que seguramente mi esposo deseaba probar igual.<\/p>\n<p>&mdash;Ya est&aacute;. &iexcl;Detente, detente! &mdash;Dije yo, casi con un grito&ndash;. Y Rodrigo se incorpor&oacute; echando su torso un poco para atr&aacute;s, algo sobresaltado.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno cari&ntilde;o m&iacute;o&hellip; &iquest;Dinos que has probado, ad&oacute;nde y de qui&eacute;n? &mdash;Le pregunt&oacute; Martha a mi esposo, limpiando con su dedo &iacute;ndice, algo del chocolate que qued&oacute; alrededor de su ombligo y con su otra mano, acarici&aacute;ndose tiernamente su pez&oacute;n derecho, sin mirarme.<\/p>\n<p>Y mi esposo haciendo gala de su buen humor, graciosamente y en un rebuscado franc&eacute;s nos respondi&oacute;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hummm!&#8230; Era una cerez&eacute;, en sals&eacute; de chocolat&eacute; y servid&eacute; en el ombligu&eacute; de&hellip; &iexcl;Mademoiselle Marth&eacute;! &mdash;Y entre risas de todos all&iacute;, incluido un ya m&aacute;s tranquilo Hugo, yo lo aplaud&iacute; y me acerqu&eacute; para besar sus labios y felicitarlo por su brillante actuaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Eso es&hellip; &iexcl;Correcto Monseiur C&aacute;rdenas! &mdash;Le respondi&oacute; tambi&eacute;n Martha con bastante gracia y a continuaci&oacute;n les dijo a aquellos dos participantes&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Van empatados caballeros. &iquest;Desean continuar? &mdash;Les pregunt&oacute; y mi esposo nuevamente nos dijo a las dos&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Estoy como Cristo colgado en la cruz. &iexcl;Tengo sed! Me puede alguna de ustedes&hellip; &iquest;Dar un poco de mi cerveza? &mdash;Y yo diligentemente alcanc&eacute; la lata blanca, pero en vez de acerc&aacute;rsela, yo tom&eacute; un largo trago y lo retuve dentro de mi boca para acercarme a la suya y en su interior deposit&eacute; aquel sorbo, &ndash;recordando el trago de aguardiente que me dio a beber la rubia amante de Rodrigo&ndash; aprovechando para besarlo durante unos segundos hasta que Hugo carraspeando tambi&eacute;n pidi&oacute; un poco de su coctel.<\/p>\n<p>Martha tom&oacute; la copa de Manhattan y se acerc&oacute; a su esposo, para decirle con tierna voz que abriera un poco su boca y sumergiendo en el l&iacute;quido de aquel coctel, dos dedos de su mano derecha, los pas&oacute; empapados con suavidad por los labios de Hugo haci&eacute;ndolos brillar bajo la tenue luz que nos iluminaba, proveniente de los dos focos que permanec&iacute;an encendidos en el porche de su casa, para luego de darle a beber un corto trago. Ella bebi&oacute; tambi&eacute;n algo de aquel coctel y as&iacute; terminaron finalmente por besarse. Y en mi interior me sent&iacute; feliz por el &oacute;sculo reencuentro de aquellas dos almas tan atormentadas.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Continuamos? Les pregunt&eacute; a los tres, interesada en seguir jugando y sentir esas nuevas y excitantes sensaciones sobre mi cuerpo y deleit&aacute;ndome con la visi&oacute;n de lo que Martha tambi&eacute;n pod&iacute;a sentir. Unos segundos despu&eacute;s, ella se hizo de nuevo a mi lado por detr&aacute;s de la mesa de m&aacute;rmol y prepar&oacute; el siguiente postre. Mermelada de pi&ntilde;a y un poco de yogur griego que yo esparc&iacute; horizontalmente sobre aquella peque&ntilde;a hondonada, que se formaba entre su cuello y el hombro del lado izquierdo. Cauta, retir&eacute; su elegante pendiente dorado de la oreja para evitar dar alguna pista al pr&oacute;ximo participante, y con cuidado e igual esmero, hacia la derecha apart&eacute; su cabellera casta&ntilde;a y un mech&oacute;n largo y revolucionario, que al parecer no quer&iacute;a separarse de su rostro. Ese lo ubiqu&eacute; por detr&aacute;s de su oreja.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Listo Cari&ntilde;o? &mdash;Pregunt&eacute; yo y tanto Hugo como Rodrigo, acostumbrados a mi cari&ntilde;osa manera de llamarles as&iacute; de vez en cuando, respondieron los dos al tiempo. Eso caus&oacute; que tanto a Martha y por supuesto en m&iacute;, nos diera un ataque de risa.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Jajaja! A ver. Les voy a aclarar algo. Cuando me refiera a ti Rodrigo, siempre ser&aacute;s &iexcl;Mi amor! o &iexcl;Mi vida! Y en cuanto a ti Hugo, si yo soy para ti un &aacute;ngel, t&uacute; ser&aacute;s siempre&hellip; &iexcl;Mi cari&ntilde;o! &iquest;Comprendido? &mdash;Y los dos sin hablar, tan solo asistieron. Rodrigo se recompuso y apoy&oacute; de nuevo su torso contra el espaldar del sof&aacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno cari&ntilde;o m&iacute;o, arrod&iacute;llate de nuevo y prepara tu paladar. &mdash;Le dije yo, mientras que Martha sentada de medio lado sobre la baja mesa, ladeaba bastante su cuello y ofrec&iacute;a en aquella desnuda zona, un delicioso fest&iacute;n para su nuevo comensal. &mdash;Hummm, vamos cari&ntilde;o, levanta un poco la quijada, eso&hellip; as&iacute;. Muy bien y ahora adelanta un poco tu rostro. Un poquito m&aacute;s&ndash;. Le indiqu&eacute; y la boca de Hugo se dirigi&oacute; dubitativa sobre el hombro de su esposa.<\/p>\n<p>Con bastante entusiasmo, los labios de Hugo, &ndash;cerrados un poco&ndash; erraron el primer avance, pero un momento despu&eacute;s cambi&oacute; de direcci&oacute;n con su boca y dieron de lleno con el espeso yogur, unt&aacute;ndose tambi&eacute;n la punta de su nariz. Y luego sacando un poco su rosada lengua, la gir&oacute; alrededor de aquella dulce mezcla y chup&oacute; con avaricia, tanto que pod&iacute;a escuchar su agitada respiraci&oacute;n, absorbi&oacute; lo que all&iacute; encontr&oacute;, hasta dejar casi limpio por completo el hombro de su mujer y decidi&oacute; seguir el recorrido hasta el cuello. Y all&iacute; lo detuve.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Basta cari&ntilde;o! Suficiente. &mdash;Y mi jefe con sus dos manos echadas hacia atr&aacute;s, ubic&oacute; el borde del sof&aacute; y se sent&oacute; muy aplicado, bastante sonriente. Al parecer ten&iacute;a muy clara su respuesta.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y bien? &iquest;Qu&eacute; ingredientes has probado? &iquest;Ad&oacute;nde se te sirvi&oacute;? Y&hellip; &iquest;En cu&aacute;l de las dos? &mdash;Le termin&eacute; por realizar la pregunta y Hugo totalmente confiado nos respondi&oacute; sin vacilar&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Pi&ntilde;a&hellip; &iexcl;S&iacute;, mermelada de pi&ntilde;a! Y&hellip; &iexcl;Yogur griego! Del que te recomienda siempre tu amiga Almudena. &iquest;No es verdad, tesoro? &mdash;A lo cual le contest&eacute;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Vas bien cari&ntilde;o, pero te falta decirnos algo m&aacute;s. &mdash;Le insist&iacute;. Hugo se llev&oacute; un dedo a su nariz para limpiar de yogur la punta y me respondi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno creo que era sobre el hombro de&hellip; &iexcl;Mi esposa! &mdash;Y Martha en seguida palmeo tres veces seguidas y le respondi&oacute; que s&iacute;, que la respuesta era la correcta. Hugo respir&oacute; profundamente, sinti&eacute;ndose vencedor y acomod&aacute;ndose con la mano derecha su verga, que permanec&iacute;a morcillona y esquinada hacia el otro lado, tambi&eacute;n recost&oacute; su espalda comprimiendo el coj&iacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Ok, ahora es tu turno precioso. &mdash;Le habl&oacute; Martha a Rodrigo.<\/p>\n<p>Y aunque pens&eacute; que el siguiente postre seria servido en alguna parte de mi cuerpo, fue la misma Martha quien gui&ntilde;&aacute;ndome su ojo derecho, se unt&oacute; de bastante mermelada de mora, la corva de su pierna izquierda y yo divertida termin&eacute; por secundar su idea. Y sobre aquel dulce alm&iacute;bar, esparc&iacute; un poco de queso parmesano. Si Rodrigo no consegu&iacute;a adivinar, ser&iacute;a casi un hecho que Hugo podr&iacute;a disfrutar con Martha y obviamente calmar sus ganas de m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Bueno, estoy listo! &iquest;Cu&aacute;l de ustedes dos va a disfrutar de mis lamidas? &mdash;Nos dijo Rodrigo manteniendo su buen humor y acomod&aacute;ndose con sus piernas dobladas y abiertas. A&uacute;n mi esposo no demostraba se&ntilde;ales de excitaci&oacute;n. &laquo;Mi pajarito&raquo; segu&iacute;a bien resguardado, bajo aquella el&aacute;stica tela azul, y Martha se acondicion&oacute; de medio lado, cost&aacute;ndole esta vez un poco, mantener su pierna a medio doblar, en aquella inc&oacute;moda posici&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Dale precioso, ese manjar es todo tuyo! &mdash;Le dijo con voz muy sexy Martha a mi esposo y este inclin&aacute;ndose un poco, iba su boca abierta y la punta de su lengua por fuera, directo a la pantorrilla de la esposa de mi jefe.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No, no! Vas un tanto desviado de tu blanco, mi amor. &mdash;Le suger&iacute; a Rodrigo para que se detuviera y tomara una mejor decisi&oacute;n.<\/p>\n<p>Y as&iacute; fue que volviendo como un viejo zorro a oler sobre la piel, adelant&oacute; un poco su rodilla derecha sobre la alfombra y cambi&oacute; de direcci&oacute;n hasta dar de lleno contra la mermelada y el queso raspado. Labios morados y restos de queso qu&eacute; se resbalaban por los laterales de la rodilla hacia la superficie de m&aacute;rmol. La lengua de mi esposo se deleitaba lamiendo lentamente la piel de Martha, dejando un rastro brillante de humedad. Se detuvo un momento a escasos cent&iacute;metros de la corva de Martha, como meditando en la siguiente acci&oacute;n. Movi&oacute; la cabeza de izquierda a derecha tal cual si estuviera perdido y volvi&oacute; con la punta de su lengua a recorrer los lugares que ya se hab&iacute;a absorbido y lamido. No hab&iacute;an m&aacute;s residuos de mora sobre la piel, pero si algo del rayado queso por el costado.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ya? &mdash;Dijo de improviso Hugo, intrigado por la demora de mi esposo.<\/p>\n<p>&mdash;Ok, mi amor, se te termin&oacute; el tiempo. Dinos por favor tu respuesta. &mdash;Le pregunt&eacute; un tanto preocupada pues notaba que Rodrigo dudaba.<\/p>\n<p>&mdash;Esta vez me la pusieron m&aacute;s dif&iacute;cil. D&eacute;jame pensar&hellip; La mermelada de mora est&aacute; un poco pasada de dulce. &iquest;Si revisaron antes la fecha de vencimiento? No quiero morir envenenado. &mdash;Y Martha terminando de limpiarse con un pa&ntilde;ito h&uacute;medo la parte posterior de la rodilla, le respondi&oacute; a mi esposo&hellip; &mdash;No te me hagas el loco ahora, precioso&ndash;. Y Rodrigo encogiendo sus hombros continu&oacute; hablando.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; bien Martha. &iexcl;Pero que af&aacute;n el tuyo mujer! Pues el queso obviamente es un parmesano por la consistencia, pero si me gustar&iacute;a haber probado la mora otro m&aacute;s cremoso. Y d&eacute;jenme decirles que esta vez se pasaron conmigo. &iquest;C&oacute;mo se les ocurre servirme en la axila? &iexcl;Guacala! Espero que te la hayas lavado muy bien esta ma&ntilde;ana mi amor. Por qu&eacute; fuiste t&uacute;&#8230; &iquest;No es verdad Silvia?<\/p>\n<p>&mdash;Pero que mal Rodrigo. Punto negativo. &iexcl;Vas ganando t&uacute;, mi amor! &mdash;Le dijo Martha a Hugo bastante emocionada y yo observ&eacute;, la mueca de disgusto en mi esposo cuando ech&oacute; hacia atr&aacute;s un poco su cabeza.<\/p>\n<p>&mdash;Mi vida, tranquilo que a&uacute;n te queda la &uacute;ltima oportunidad. Mora y queso correcto, pero no fue en la axila m&iacute;a, sino en la corva de la pierna de Martha. &iexcl;Jajaja! Te logramos enga&ntilde;ar. &mdash;Y Hugo, Martha y yo nos re&iacute;mos. &iexcl;Rodrigo no!<\/p>\n<p>&mdash;Hummm, me parece que ustedes dos&hellip; &iexcl;Par de brujas! Armaron todo este aquelarre para quedarse a solas con Hugo. &mdash;Coment&oacute; mi esposo, medio en serio y medio en broma, pero sin levantar demasiado el tono de su voz y prosigui&oacute; con el tema.<\/p>\n<p>&mdash;En fin, creo yo que lo justo para el perdedor ser&aacute; obtener un premio de consolaci&oacute;n. &iquest;No les parece? &mdash;Y Martha y yo nos miramos sorprendidas y sin saber exactamente que tramaba Rodrigo.<\/p>\n<p>&mdash;Bien precioso, a pesar de que ya te sientas perdedor faltando una prueba, creemos que s&iacute;, que tienes raz&oacute;n. Pero no sabemos cu&aacute;l premio le podamos ofrecer al que pierda de entre ustedes dos. &mdash;Le respondi&oacute; muy calmada Martha a mi marido&ndash;. A los caballeros&hellip; &iquest;Qu&eacute; se les ocurre? &mdash;Finalmente les pregunt&oacute; Martha.<\/p>\n<p>Entonces Rodrigo inclin&aacute;ndose un poco a su izquierda, para rozar con su mano a tientas, el hombro de Hugo y acerc&aacute;ndose un poco a &eacute;l, en voz baja le habl&oacute; algo. Mi jefe aguard&oacute; unos segundos su respuesta y luego tambi&eacute;n girando su cabeza a la derecha, le susurro algunas palabras a mi esposo. Martha me miraba expectante y a ella, yo igual, sospechando las dos que nuestras parejas intentar&iacute;an algo inusual con alguna de nosotras. Rodrigo le pregunt&oacute; algo y luego Hugo intent&oacute; a ciegas estrechar la mano de Rodrigo, solo que se la extendi&oacute; al aire y mi esposo, lo alcanz&oacute; pero por el antebrazo y finalmente en voz alta, los dos dijeron al un&iacute;sono&hellip; &iexcl;De acuerdo!<\/p>\n<p>&mdash;Ok. El que pierda de los dos, tendr&aacute; derecho de pedir a cualquiera de ustedes, la que deseemos escoger, algo a lo cual no podr&aacute;n negarse. &iexcl;Ninguna pondr&aacute; objeci&oacute;n! Si aceptan continuamos, de lo contrario dejamos esto as&iacute;. &mdash;Y Rodrigo con la seguridad tal vez de verse ya perdedor, urdi&oacute; alg&uacute;n plan para vengarse de la alianza entre Martha y yo.<\/p>\n<p>Y fue Martha precisamente, quien sin contar conmigo le respondi&oacute; a Rodrigo que s&iacute;, que acept&aacute;bamos su propuesta y de inmediato me abraz&oacute; para decirme al o&iacute;do&hellip; &mdash;Ya es hora Silvia, vamos a subir la temperatura de estos dos. &mdash;Y extendiendo sus delicadas y suaves manos por mis caderas, estir&oacute; los encauchados lazos del peque&ntilde;o triangulo de tela negra que faltaba por retirar, sorprendi&eacute;ndome, desliz&aacute;ndolas hacia abajo por mis muslos e inclin&aacute;ndose un poco, termin&oacute; por bajarlas a mis tobillos y yo, levantando uno y despu&eacute;s el otro pie, le colabor&eacute; para quedar expuesta ante ella y a la vez, &ndash;para que negarlo&ndash; poni&eacute;ndome nerviosa pues el siguiente en probar el postre seria precisamente su marido, mi jefe y&hellip; &iquest;Mi cari&ntilde;o?<\/p>\n<p>A continuaci&oacute;n, Martha me acomod&oacute; sobre el m&aacute;rmol aquel, sentada en frente de los dos hombres, apoyadas mis manos a los costados sobre la mesa, doblando mis dedos contra su chato borde y con mis piernas bien abiertas, reposando mis talones sobre las fibras de la alfombra.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Bueno chicas! &iquest;Estamos esperando a alguien m&aacute;s? &mdash;Nos habl&oacute; Hugo, decidido a ganarse el premio mayor.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Deja el af&aacute;n cari&ntilde;o! Mira que estamos indecisas sobre en cual plato vas a poder degustar tu postre. &mdash;Le coment&eacute; yo, dej&aacute;ndolo en intrigante silencio y observando como Martha iba acomodando con paciencia de artesano en el medio de mi rajita, una, dos y hasta tres mitades de las rodajas de un amarillo banano ecuatoriano y la punta restante&hellip; &iexcl;La fui devorando!<\/p>\n<p>Martha abriendo delicadamente con sus dedos &iacute;ndice y medio la hendidura de mi vulva, ya de por si humedecida por las sensuales im&aacute;genes que mi mente avizoraba, introdujo con cuidado en la entrada de mi vagina, la punta roma de una parte, y sent&iacute; ingresar dentro m&iacute;o al menos un cuarto de aquella f&aacute;lica fruta, quedando a la vista un poco, disponible para una hambrienta boca o la lengua golosa de Hugo. &iexcl;Hummm!&#8230; &iquest;Y si deseaban sus dientes tambi&eacute;n morder? &iexcl;Pufff! Un leve jadeo huy&oacute; de la oscuridad de mi boca, como ladr&oacute;n furtivo a media noche, tan solo de imaginar lo que pronto iba a ocurrir.<\/p>\n<p>Luego Martha, con el tarro pl&aacute;stico repleto de miel y dominado en el centro por su mano, fue demarcando un serpenteante y empalagoso camino de gruesas l&iacute;neas &aacute;mbar, desde la parte baja de mi vientre, ascendiendo luego por mi pubis convertido en un desierto de piel suave y libre de vellitos hasta llegar a las dos dunas que formaban mis labios superiores y chorre&oacute; de espesa melaza la ingle derecha, esquivando mi central abertura, para saltar en medio del abismo de mis muslos y ya en el otro, con aquel jarabe, ascender de nuevo imitando el anterior recorrido y llegar de nuevo hasta unir los caminos un poco m&aacute;s arriba, sobre mi Monte de Venus.<\/p>\n<p>Esparci&oacute; sobre las otras tres mitades bastante miel y las coloc&oacute; sin prisa sobre uno de los senderos primero una, luego otra en el adyacente y en el centro, en el comienzo de la uni&oacute;n de los caminos, la &uacute;ltima. &iexcl;Y yo muy excitada! Not&eacute; como un involuntario espasmo recorri&oacute; mi interior e inconscientemente lanc&eacute; fuera el pedazo de banano. Martha con agilidad felina lo alcanz&oacute; en el aire, antes de que se precipitara sobre la alfombra. Me mir&oacute; vanidosa y sonri&eacute;ndose me dio un beso en la boca corto, casi inmaculado y aprovech&oacute; para introducir de nuevo aquel falo de fruta fresca que ya me hac&iacute;a desear otro tipo de penetraci&oacute;n y mantuvo su pulgar all&iacute; para que permaneciera c&aacute;lido y h&uacute;medo por mis flujos, derramando desde cierta altura una mayor cantidad del espeso alm&iacute;bar unt&aacute;ndose bastante el dedo que manten&iacute;a aquella fruta esperando ser degustada. Y de espaldas a Hugo, le dijo sin nervios ni temblor en la voz, que ya pod&iacute;a acomodarse para proseguir.<\/p>\n<p>Hugo adelant&oacute; su rostro muy entusiasmado, quiz&aacute;s demasiado, y dio la punta de su nariz contra la redondeada parte baja de mi busto derecho. De inmediato Martha, ubicada ya por detr&aacute;s de m&iacute;, presurosa me asi&oacute; por las axilas y mi espalda encontr&oacute; un t&oacute;rrido apoyo sobre sus pechos, exponi&eacute;ndome a&uacute;n m&aacute;s al devorador pecado. &mdash;&iexcl;M&aacute;s abajo querido! Siiii&iacute;, por ah&iacute; vas bien. &mdash;Le dijo ella a su esposo, en el casi musical tono, bajo y muy dulce de su voz.<\/p>\n<p>La boca con seguridad alentada por el aroma que se desprend&iacute;a de mi sexo o el dulce caracter&iacute;stico de aquella fruta, descendi&oacute; muy cercana a los poros erizados de la epidermis en mi vientre y la lengua jugosa toc&oacute; con timidez un poco a su izquierda, la mitad de la rodaja de aquel banano y su miel en el centro. Prob&oacute; triunfante el camino a la diestra y con sus carnosos labios se dio a la tarea de pasearla, en un lento lamer y absorber, encontrando a medio camino hacia mi intimidad, la suave textura de la otra rodaja partida a la mitad. Se le desliz&oacute; un poco y tuvo que morderla, llev&aacute;ndosela al interior de su boca casi tambi&eacute;n con algo de mi piel. Delicioso pellizco que me hizo estremecer y reaccionando a su leve mordisco, levant&eacute; mis dos piernas sosteni&eacute;ndolas bien abiertas y elevadas, magnificando la er&oacute;tica sensaci&oacute;n de ser alimento de su placer. &iexcl;Rozando sin querer la rodilla de mi amor!<\/p>\n<p>Por fin volvi&oacute; el m&uacute;sculo pastoso a apoderarse en mi ingle de la miel. La respiraci&oacute;n agitada, s&iacute;. En Hugo soplando ardores sobre mi raja. De Martha el suyo lo sent&iacute;a muy cercano a mi o&iacute;do izquierdo, detallando toda la acci&oacute;n y nuestras reacciones&hellip;. &iexcl;Aghhh! Gem&iacute; pues claramente en m&iacute;, el aire hu&iacute;a de mis pulmones, escap&aacute;ndose entre jadeos cortos y continuados, cuando despu&eacute;s de mantener prisionero entre mis dientes, el labio inferior de mi boca, la entreabr&iacute;a para poder aspirar necesariamente y evitar un quejido m&aacute;s audible para los all&iacute; presentes, incluido mi esposo. Pero Hugo no salt&oacute; de inmediato de un muslo al otro. &iexcl;No!, Sencillamente se desplom&oacute; con boca, labios, lengua y hasta su nariz en la mitad de mi gruta abierta.<\/p>\n<p>Recorri&oacute; sin prisa de arriba hacia abajo los bordes de mis pliegues, chupando de paso mi empinado cl&iacute;toris brillante, rosado y usando su lengua como un cucurucho, se dio por enterado de aquel pedazo que mi vagina pugnaba por expulsar y mis m&uacute;sculos reten&iacute;an con fuerza. Abri&oacute; Hugo a&uacute;n m&aacute;s su boca, apoder&aacute;ndose por completo de la entrada; sus dientes pronto aprisionaron aquel pedazo de fruta y la sorbi&oacute;, mastic&oacute; y volvi&oacute; a descender sobre los flujos que brotaban ya de mi abierto interior, mezcl&aacute;ndolos con su saliva. &iexcl;Bebi&oacute; de ellos, calmando su sed y por supuesto acrecentando la m&iacute;a! Segundos pasaron&hellip; &iquest;Un minuto o dos? Ni idea, lo que si recuerdo es que no me pude contener y enlac&eacute; su torso desnudo con mis piernas, en pasional cerrojo de requerido placer, atray&eacute;ndolo hacia mi empapada cavidad.<\/p>\n<p>Y mi cadera se adelant&oacute; entre agitaciones ya entregada y sumisa para recibir de aquella boca mi mayor placer, mientras que los dedos de Martha, pellizcaban y jalaban hacia fuera, la carne endurecida de mis pezones. Ya casi me llegaba, reconoc&iacute;a las vibrantes ondas, ramalazos de urgido placer obtenidos desde tan ni&ntilde;a; aquella corriente de electricidad recorri&eacute;ndome las piernas, desde los muslos hacia arriba. Tremor carnal que me indicaba que estaba por llegarme mi deseado orgasmo, pero nos olvidamos de alguien, del otro comensal y este con sus palabras que percib&iacute; como justos reclamos, nos contuvo. &iexcl;Apartando de m&iacute; la excitaci&oacute;n!<\/p>\n<p>&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Creo que ya ha sido suficiente. &iquest;Pues qu&eacute; carajos es lo que pasa? &iquest;Tanta demora? &iexcl;Si quieren me visto y me voy! &mdash;Y es que escuchaba yo con bastante claridad, las desbocadas respiraciones en aquella sala, por supuesto no era una de ellas, la m&iacute;a. Yo estaba en calma, pero imaginaba las de Martha, entrecortada la de su esposo y los gemidos por a&ntilde;os tan conocidos por m&iacute;, de mi esposa.<\/p>\n<p>No ve&iacute;a, pero si sent&iacute;a y ol&iacute;a. Escuchaba y sin ver, yo sospechaba. Era obvio que Martha y Silvia hab&iacute;an tomado la decisi&oacute;n de embelesar a Hugo, hacerlo entrar en mayor confianza asegur&aacute;ndose de que fuera el ganador y eso no estaba tan mal. Sin embargo tambi&eacute;n yo me sent&iacute;a inc&oacute;modo, raro y mi disimulada angustia no parec&iacute;a haber sido tomada en cuenta. Mi situaci&oacute;n personal dej&oacute; en alg&uacute;n momento de la velada, de ser primordial para ellas dos.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Alto, Hugo! Basta ya. Creo que es suficiente y Rodrigo tiene raz&oacute;n. Debemos escuchar tu respuesta y darle la oportunidad a &eacute;l tambi&eacute;n. &mdash;Escuch&eacute; a Martha hablar, un segundo despu&eacute;s de que mi pulgar derecho empezara a introducirse por debajo de la tela que me evitaba ver. Ese comentario bast&oacute; y me detuve, apartando mi mano, permaneciendo a ciegas. Sin embargo si Hugo no fallaba en su respuesta, yo ser&iacute;a claramente el perdedor.<\/p>\n<p>&mdash;Ehhh, &iexcl;Miel y Banano! Un delicioso postre servido en el vientre y en medio de tu deliciosa vagina. &iexcl;&Aacute;ngel m&iacute;o! &mdash;Y su deseado ser alado, que era tambi&eacute;n mi amor entregado, respondi&oacute; en seguida, a&uacute;n con su respiraci&oacute;n entrecortada y mi coraz&oacute;n simulando un instrumento de percusi&oacute;n, empez&oacute; a golpear con mayor ritmo desde el interior mi pecho.<\/p>\n<p>&mdash;Pufff&hellip; Si cari&ntilde;o, eso es correcto. &iexcl;Ganaste! &mdash;Y de inmediato escuch&eacute; de nuevo aplausos, risas de ellos tres y yo, retir&aacute;ndome aquel pedazo de tela negra de mis ojos, palmee el hombro de mi contrincante, en claro mensaje de mi aceptada derrota.<\/p>\n<p>Dej&eacute; pasar unos momentos para que mis pupilas se acostumbraran de nuevo a la mediana claridad del sal&oacute;n. Y me puse en pie, ante la mirada asombrada de mi esposa que sentada sobre la mesa de m&aacute;rmol, segu&iacute;a all&iacute; est&aacute;tica, cubriendo con su brazo derecho la desnudez de su pechos y el izquierdo sobre la rodilla de su pierna cruzada sobre la otra; las mejillas rojas como un par de tomates y peque&ntilde;as g&oacute;ticas brillantes de sudor en su frente, en las aletas de su hermosa nariz y claro est&aacute;, del cuello hacia abajo, en el canalillo que se formaba por la compresi&oacute;n del antebrazo sobre sus senos.<\/p>\n<p>Martha estaba ya al lado de su marido, sentada sobre el descansa brazos del sof&aacute;, retir&aacute;ndole el pa&ntilde;uelo azul con sus dorados arabescos, variadas formas de manchas rojas y anaranjados rombos equidistantes, que cubrieron su rostro. Y en la faz de Hugo apareci&oacute; de nuevo aquella sonrisa de campe&oacute;n.<\/p>\n<p>Tom&eacute; del piso la lata abandonada y de un solo trago la vaci&eacute;. Las cinco que permanec&iacute;an unidas por el tirante pl&aacute;stico, se fueron conmigo de la mano hacia la mesa circular en el porche de aquel chalet. De all&iacute; cog&iacute; un cigarrillo y por el filtro lo estamp&eacute; sobre el lateral de mi zippo plateado unas tres veces, para apisonar bien el tabaco y que su enrollado sabor fuera m&aacute;s penetrante, m&aacute;s condesado el humo azul para expulsar.<\/p>\n<p>Silvia se acerc&oacute;, el brazo derecho segu&iacute;a all&iacute; en la misma posici&oacute;n pero la izquierda iba por delante ocultando del caf&eacute; de mis ojos, su depilado pubis. Temerosa me habl&oacute;, m&aacute;s no con un&hellip; &mdash;&iexcl;Lo siento!&ndash;. Por el contrario a modo de trueque us&oacute; otra interrogante frase para quebrar el inc&oacute;modo silencio. &mdash;&iquest;Te encuentras bien?&ndash;.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute; mi amor, no te preocupes. D&eacute;jame fumar un momento y ya regreso para continuar con la funci&oacute;n. &mdash;Pero se lo dije esquivando su mirada, observando el titilar de las estrellas en el firmamento, en algo veladas a mi vista por el danzante humo que brot&oacute; de mi boca, hasta que sent&iacute; en mi hombro el roce continuado de sus cabellos largos y ondulados. Me abraz&oacute; por la cintura y en mi brazo apreci&eacute; la redondez de su seno, aplastarse contra m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ya empezamos con esto mi vida! Ambos sabemos que tenemos que terminarlo. &mdash;Me dijo con suavidad y un peque&ntilde;o beso me obsequi&oacute; en el hombro. &mdash;&iquest;Me das un poco de tu cigarrillo?&ndash;. Y entonces si me fij&eacute; en la expresi&oacute;n de su rostro y coloqu&eacute; en el medio de sus labios, el amarillo filtro.<\/p>\n<p>Hermosa carita de mu&ntilde;eca, ojos brillantes y pupilas dilatadas. Con las rosadas areolas henchidas y expandidas, los pezones a&uacute;n empitonados y el rubor en sus mejillas, claros indicios de su excitaci&oacute;n. Martha y Hugo abrazados nos observaban y me sent&iacute; de repente inc&oacute;modo, como fuera de lugar. Cerr&eacute; mis ojos, presi&oacute;n en mi pecho y el fuerte latido de mi coraz&oacute;n. Y record&eacute; de pronto a Almudena y su frase premonitoria&hellip; &mdash;Rodrigo, tesoro&hellip; &iexcl;Quieras o no, suceder&aacute;!&ndash;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Vamos dentro ya! &mdash;Le mencion&eacute; a Silvia, quien me entreg&oacute; de nuevo el cigarrillo. Di una &uacute;ltima calada y expuls&eacute; en descuidados remolinos el humo azulado. Luego lo dej&eacute; asfixiado, apag&aacute;ndolo contra el fondo del cenicero. Y despu&eacute;s de un beso largo e intenso, la arrop&eacute; en mis brazos mientras d&aacute;bamos cortos pasos, cinco para ser exactos yo hacia adelante y Silvia de espaldas para atr&aacute;s. La gir&eacute; por el hombro y abr&iacute; con mis brazos los de mi mujer para dejarla all&iacute; de pie en frente de la pareja de anfitriones que ya la deseaban, estirando Martha y Hugo al tiempo sus brazos con las manos bien abiertas para recibirla.<\/p>\n<p>Y me retir&eacute; en silencio con la cerveza nueva en mi mano, hasta hacerme un lugar en diagonal, sentado en el otro sill&oacute;n. Silvia en medio de los dos me mir&oacute; con algo de temor. Fue solo un destello fugaz, pues ya una cabellera larga y casta&ntilde;a se interpuso apropi&aacute;ndose tal vez de su boca y la mano velluda y pesada de Hugo encontr&oacute; el muslo bronceado de mi mujer y de la rodilla fue inst&aacute;ndola a abrirse para &eacute;l.<\/p>\n<p>Tembl&oacute; mi pulso al levantar la lata de cerveza para pasar con un trago aquel momento de pasional entrega y cuando beb&iacute; y baj&eacute; de nuevo mi brazo derecho, vi el rostro de mi esposa con sus ojos cerrados y la boca entre abierta. Martha succionaba un pez&oacute;n y la cabeza de Hugo inclinado de medio lado sobre el costado de Silvia, lamia y por el sonido que escuchaba, chupaba con ganas la vagina de mi amor.<\/p>\n<p>Unos minutos bastaron para que en medio de un beso en la boca entre Martha y mi mujer, gimiera fuerte, elongara los m&uacute;sculos de sus piernas y obtuviera su primer orgasmo. Triunfante Hugo se hizo con su mojada boca del otro pecho de Silvia y luego comparti&oacute; su sabor, en un beso con la serpenteante lengua de Martha. &iexcl;Y ella me llam&oacute;! Silvia con su mano abierta y dedos extendidos, me invit&oacute; a acercarme ofreci&eacute;ndome un espacio entre aquellos tres cuerpos, dos desnudos por completos y el de Hugo con medio culo por fuera de la blanca tela.<\/p>\n<p>Era el momento que me tem&iacute;a, pero extra&ntilde;amente me sent&iacute;a en paz. Y fui. Martha se apart&oacute;, acomod&aacute;ndose por detr&aacute;s de su esposo y termin&oacute; por bajar el b&oacute;xer de su esposo, dej&aacute;ndolo apartado a un lado, cerca del abandonado coctel. Una verga blanca, pubis bastante velludo como el azabache del amplio pecho y los brazos, surgi&oacute; de la oscuridad. El glande brillante y casi amoratado fue besado, absorbido por la boca de Martha, humectando de saliva luego el tronco y mi esposa me bes&oacute;, bloqueando aquella visi&oacute;n.<\/p>\n<p>La mano derecha se introdujo bajo el caucho ancho de mi b&oacute;xer y se apropi&oacute; de lo que siempre hab&iacute;a sido tan suyo. El calor de la palma rode&oacute; el contorno y ascendi&oacute;. Baj&oacute; luego, volvi&oacute; y subi&oacute;. Y su pulgar hizo peque&ntilde;os c&iacute;rculos sobre la abertura de la cabeza, humedeciendo el alrededor de mi glande con mi propio flujo y caus&aacute;ndome bastante gratas sensaciones, espasmos que levantaban y produc&iacute;an mayor rigidez en m&iacute; ariete. Su boca y la m&iacute;a tan juntas y separadas para respirar. Lam&iacute; su cuello y ella se dej&oacute; hacer, mientras a nuestro lado se produc&iacute;a el milagro de escuchar a Hugo quejarse de placer y en el momento indicado, llamarle &iexcl;Amor! a su mujer. &mdash;Detente mi amor, que as&iacute; me vas a hacer correr&ndash;.<\/p>\n<p>Y se detuvo Martha, m&aacute;s Silvia abandonando mis labios de una media vuelta me abandon&oacute;, dejando la redondez de sus nalgas a mi merced, se apoder&oacute; sin permiso del miembro duro del ganador. Una velluda mano, que no era m&iacute;a acarici&oacute; todo su culo, rozando incluso con el dorso mi muslo y Martha de improviso, rodeando la mara&ntilde;a de pies y piernas extendidas, se ech&oacute; encima de m&iacute; a horcajadas, y al o&iacute;do muy bajo me dijo&hellip; &mdash;Por fin estaremos juntos mi noble caballero sin armadura&ndash;. Nos besamos con ganas, casi podr&iacute;a decirse que con algo de furia me absorb&iacute; su lengua, mord&iacute; su labio superior y empap&eacute; de saliva el alrededor de su boca.<\/p>\n<p>Luego, mientras se escuchaban mezclados en el ambiente nuestros gemidos con los sonidos de lamidas y chupadas provenientes de la boca de mi esposa, Martha apret&aacute;ndose los senos con sus manos me ofreci&oacute; gustosa aquel par de pezones rosados, endurecidos por el alto grado de excitaci&oacute;n en ella, por m&iacute;, por toda aquella b&aacute;quica velada. Los mam&eacute;, lam&iacute; y succion&eacute;, ensalivando la circunferencia de su areola y los finos dedos de mi preciosa madrile&ntilde;a, retiraron afanosamente la tela que persist&iacute;a en cubrir la mitad de mi verga tiesa, necesitada de una ardiente guarida y por supuesto sintiendo cargados los test&iacute;culos, frotando su disponible intimidad con esperanzas de sentirme dentro suyo, pero&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;No, preciosa, a&uacute;n no puede ocurrir. &mdash;Le dije en medio de mis jadeos. &mdash;Este es tu momento, la oportunidad de recomponer tu error y remendar con hilos de morbo y sexo, la herida de haberte dejado ver de &eacute;l, gozando tanto con aquel otro. &iexcl;Anda mujer, disfr&uacute;talo mucho y cumple con tu deber! Martha&hellip; &iexcl;Atr&aacute;palo otra vez!<\/p>\n<p>La tom&eacute; por la cintura y con firmeza la deslic&eacute; hacia mi costado izquierdo, donde mi esposa ya no estaba. Al ponerme de pie la vi estirada por completo, cubriendo con todo su cuerpo el de su afortunado jefe, comi&eacute;ndose uno al otro los labios, las mejillas y congestionados sus rostros, ondulando Silvia sus caderas hacia arriba y hacia abajo, seguramente sintiendo contra su vientre la desplegada virilidad de Hugo.<\/p>\n<p>&iexcl;Sed! &iexcl;Calor! &iexcl;Olor a sexo! Mucho hab&iacute;a acontecido y yo conteniendo mis ganas, por supuesto que estaba muy excitado, pero mi palabra era hacerme a un lado y observar como el triunfador se devoraba el premio ofrecido. Y me sent&eacute; en el sill&oacute;n, agach&eacute; mi cabeza, tom&eacute; la cerveza en su lata, tibia bebida que me esperaba. Ninguno de ellos se enter&oacute; de mi huida. Y escuch&eacute; las palabras que sentenciaban algo por m&iacute; ya previsto&hellip; &mdash;&iexcl;No tengo condones!&ndash;. Mencion&oacute; Hugo y yo le respond&iacute;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Yo tampoco! No suelo utilizar cauchitos que me impidan sentir. &iexcl;Piel con piel es mucho mejor! Cerr&eacute; mis ojos y simplemente echando hacia atr&aacute;s mi cabeza, beb&iacute; todo el contenido sin separar mis labios ni por un segundo, del perforado recipiente de aluminio.<\/p>\n<p>Deb&iacute;a cumplir el pacto y me permit&iacute; abrir los ojos para observar lo que acontec&iacute;a alrededor, exactamente en diagonal a m&iacute;. Silvia se hab&iacute;a recostado contra la esquina izquierda de aquel sof&aacute; de piel. Solo un almohad&oacute;n se interpon&iacute;a entre su espalda y el reposa brazos&hellip; &laquo; &iexcl;Perder&aacute;s un poco al ofrecer, pero ganar&aacute;s mucho al obtener! &raquo; El rostro sonriente de Almudena habl&aacute;ndome como en tecnicolor y la mirada de mi amor tan vivaz, fija seguramente en los brillantes iris grises de Hugo y los brazos de mi mujer abiertos en apacible espera, casi a 180 grados, tal cual sus piernas con los talones apoyados sobre el borde del sof&aacute;, obsequiando la agradable vista de un pubis exuberante, liso y desprovisto de vellos, de labios abultados por la sangre, haci&eacute;ndolos a la vista m&aacute;s rosados y colmados de pura excitaci&oacute;n, tan abiertos los p&eacute;talos de su flor despu&eacute;s de ser chupados y estirados, abiertos por la boca de &eacute;l, y ella dispuesta para sentirse &laquo;otra&raquo; mujer en brazos de su nuevo amante, a punto de ser perforada por el pene que la deseaba, y yo a cuatro o cinco pasos de distancia para detenerlo todo si quisiera o por el contrario, para empujarlo por las nalgas y que diera comienzo todo y calmara su obsesi&oacute;n. &iquest;La de Hugo o la de mi mujer?<\/p>\n<p>Pude observar en su rosada abertura, el rociado brillo de la pasi&oacute;n fluyendo de su interior y el deseo de Silvia por sentirse arrebatada por el goce. Extra&ntilde;a esa sensaci&oacute;n, recorri&eacute;ndome la espalda desde la zona sacra hasta mis palpitantes sienes y&#8230; &iexcl;Sudor frio! Lo inicial fue la consternaci&oacute;n por la evidente y tan pr&oacute;xima penetraci&oacute;n de la intimidad que cre&iacute;a tan m&iacute;a. &iexcl;Exclusiva!<\/p>\n<p>&iquest;Despu&eacute;s que sentir&iacute;a yo? &iquest;Dolor o alivio? &iquest;Un b&aacute;lsamo de paz por el placer alcanzado de mi esposa a manos de otro hombre? No lo supe, ni lo quer&iacute;a asumir. Al ver como aquel falo blanquecino con la bolsa ros&aacute;cea, pesada por los colgantes test&iacute;culos, comenzaba el franco asedio al que fue mi exclusivo reino, me inquiet&eacute;. Y despu&eacute;s vestigios de&hellip; &iquest;Excitaci&oacute;n? S&iacute;, al escuchar con su caracter&iacute;stica sensualidad, la voz de Silvia pidi&eacute;ndome que me acercara a ella, casi rogando por mi compa&ntilde;&iacute;a antes de&hellip;<\/p>\n<p>Con indecisos pasos llegu&eacute; hasta hacerme de nuevo a su lado y Silvia, me agarr&oacute; con fuerza la mano izquierda y en medio de un beso entre ella y &eacute;l, me mir&oacute; como con apremio y de su boca entre susurros dej&oacute; escapar de sus preciosos labios ya sin carm&iacute;n, aquellas nunca imaginadas palabras&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Mi amor, ya&hellip; &iexcl;Ummm!&hellip; &iexcl;Aghhh! Mmmm&hellip; &iexcl;Siiii&iacute;! Lo siento intentando penetrarme. &iquest;Amor? &iquest;Quieres que lo deje? &mdash;Y yo no respond&iacute;a en muda proximidad&ndash;. Mi vida d&eacute;jame que me coja, que me piche ya&hellip; &iexcl;Ufff!&hellip; Mi vida me est&aacute; entrando&hellip; &mdash;&iexcl;Te amo mi vida! Eres t&uacute; mi amor&ndash;. Le respond&iacute; muy suave asimilando y mirando como con su cuerpo a mi lado, la sent&iacute;a emanar sudoroso calor con tan cercana separaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Me lo est&aacute; metiendooo!&hellip; Oughhh, tan despacio y ricooo. &mdash;Y sus ojos dejaron de mostrarme el brillo marr&oacute;n, tras ocultarse detr&aacute;s de sus parpados que se le cerraban por el gozo y la fuerza de su mano apretando la m&iacute;a, la sent&iacute; ceder. &mdash;Te amo Rodrigo. &iexcl;Te amo mucho mi vidaaa! &ndash;. Y se fue apagando su amorosa declaraci&oacute;n, por una boca, la lengua y las caricias de aquel ganador.<\/p>\n<p>Pulsaciones, palpitaciones y sus primeros gemidos. Batallaba mi sensaci&oacute;n de perder al compartir. La fui soltando&hellip; &iexcl;Liber&aacute;ndola de una puta vez! Era eso a lo que yo hab&iacute;a consentido y no hab&iacute;a marcha atr&aacute;s. El placer concluy&oacute; por vencer mi cordura y mi raz&oacute;n domin&oacute; al sentimiento de haber perdido mi exclusividad. Jadeaba Silvia, Hugo transpiraba agitado con sus embestidas. &iquest;Y Martha?<\/p>\n<p>Martha se encarg&oacute; aferrada a dos manos de la cintura de su esposo, empujando, ayudando a la penetraci&oacute;n tan constante. Besaba la espalda, los hombros y su lengua se perd&iacute;a de mi vista, al recorrer el cuello y la oreja derecha de Hugo. Este volteo su rostro y busco algo de aliento, una bocanada de aire que recibi&oacute; de la c&aacute;lida boca de su esposa. El con su verga en la intimidad de mi mujer y reconcili&aacute;ndose a su vez con Martha, teniendo por fin bajo el peso de su pecho, las tetas oprimidas de mi mujer y la complicidad de su esposa para acrecentar la lujuria, desbaratando con aquel sexo consensuado&hellip; &iquest;Las intenciones de separarse de su mujer?<\/p>\n<p>&iquest;Doli&oacute;? Un poco s&iacute;. Pero la tirantez en mi pene, los latidos de mi coraz&oacute;n percibidas a lo largo de mi verga, claramente hablaban por m&iacute;. No fue mucho tiempo, Hugo no aguant&oacute; tanto ofrecido placer, y su sue&ntilde;o de acostarse con Silvia, haci&eacute;ndola suya lo traicion&oacute;; termin&oacute; derram&aacute;ndose sobre el vientre de mi esposa. &iexcl;Silvia no lleg&oacute; a su cl&iacute;max! Lo pude percibir, casi hasta sentir. Sin embargo respiraba agitada sin abrir sus ojos, sin dejar de acariciar con sus manos los costados de su nuevo amante y Martha con &aacute;nimo de no hacer sentir mal a su cansado pero apenado marido, se lanz&oacute; por aquellas esparcidas gotas de simiente para humectar sus labios y terminar de cabeza, metida entre las piernas de Silvia, posey&eacute;ndola con su lengua y vi, dos dedos que entraban y sal&iacute;an con suma facilidad. Logr&oacute; lo que su esposo no consigui&oacute;. En pocos minutos mi amor, gimi&oacute;, grit&oacute; y apret&oacute; con sus muslos el torso desnudo de la mujer que la llev&oacute; a su ansiado apogeo.<\/p>\n<p>Me retir&eacute; con cautela de all&iacute; para destapar otra cerveza y beber. Serv&iacute; otro par de pi&ntilde;as coladas, enfri&aacute;ndolas con algo de hielo picado; no hubo ganas ni tiempo para decorarlas, las rodajas de pi&ntilde;as quedaron all&iacute; apiladas en el peque&ntilde;o plato. &mdash;&iquest;Otro Manhattan Hugo?&ndash;. Le pregunt&eacute;, con la intenci&oacute;n de hacerle ver que yo estaba bien, que todos all&iacute; lo est&aacute;bamos. Sonrisas por fin fluyeron en aquella sala, aunque al parecer el ox&iacute;geno escaseaba. Me acerqu&eacute; a ellos como un buen camarero lo har&iacute;a y en la bandeja de plata les llev&eacute; sus respectivos cocteles.<\/p>\n<p>Recompuestos los tres en el sof&aacute; me agradecieron y yo sal&iacute; al porche, en busca de un nuevo cigarrillo. Hab&iacute;a soportado m&aacute;s o menos bien el primer ataque a mi masculina sensaci&oacute;n de compartida propiedad y al momento lleg&oacute; a mi lado mi mujer, limpi&aacute;ndose el pubis y su vientre con un pa&ntilde;ito h&uacute;medo. &mdash;&iquest;Est&aacute;s bien mi amor? &iquest;C&oacute;mo te encuentras?&ndash;. Me dijo preocupada, abraz&aacute;ndose con algo de verg&uuml;enza en su rostro de mujer&hellip; &iexcl;Para nada infiel!<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute; mi amor, mientras tu est&eacute;s feliz, yo me encontrar&eacute; bien. Y la bes&eacute; en la frente. Su boca busc&oacute; la m&iacute;a pero se encontr&oacute; de pronto con mi lata de cerveza. &mdash;Un trago primero para que sacies tu sed&ndash;. Le dije yo. Despu&eacute;s de que ella bebi&oacute; un trago, con algo de espuma en la comisura de su labio inferior, si la bes&eacute;.<\/p>\n<p>Consumido el tabaco y casi por completo mi bebida, de nuevo ingresamos a la sala. Separ&eacute; a Silvia de mi abrazo y mientras mi mujer tomaba su sitio en medio de los tres, yo de pie estir&eacute; mi brazo y con el dedo &iacute;ndice se&ntilde;al&eacute; a Martha y le dije con claridad&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Bueno preciosa, ahora ha llegado el momento de que me entregues el premio de consolaci&oacute;n. &iexcl;Ven conmigo! &mdash;Y Martha sonriente se puso en pie y sus pechos redondos y brillantes, se bambolearon como un par de pudines dispuestos a ser probados por m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hag&aacute;monos por ac&aacute;, preciosa! &mdash;Le dije yo, acomodando el sill&oacute;n y apartando de asiento el coj&iacute;n. &mdash;Ofrece tu espalda a nuestra respetable audiencia y pon tus manos sobre el espaldar. As&iacute; muy bien. Y ahora preciosa, ve prepar&aacute;ndome el terreno, usa como t&uacute; sabes tus dedos y mast&uacute;rbate un momento.<\/p>\n<p>&mdash;Pero Rodrigo. Precioso yo no&hellip; &iexcl;No puedo, me da pena!&ndash;. Me respondi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Un pacto es un pacto. &iquest;O no Hugo? &mdash;Y un tanto cariacontecido, &eacute;l respondi&oacute; que era lo justo, mientras mi esposa meneaba con poco &eacute;xito, su fl&aacute;cida verga y acariciaba sus pelotas con su otra mano.<\/p>\n<p>&mdash;Entonces mi querida Martha, no te puedes negar. &iexcl;Hazlo ya! &mdash;Le orden&eacute; en un tono autoritario. Y ella con sus piernas abiertas y sus nalgas como esplendido panorama para los que est&aacute;bamos detr&aacute;s, toc&oacute; su rajita con sus dedos, rozando t&iacute;midamente su rosada abertura y dio inicio con verg&uuml;enza, a la b&uacute;squeda de su propio placer.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que necesitas un poco de ayuda, algo m&aacute;s de estimulaci&oacute;n. &mdash;Entonces llam&eacute; a mi esposa&ndash;. Silvia, ven mi amor y ayuda a Martha, por favor enci&eacute;ndela como tu italiana lo realiz&oacute; contigo, ven y ub&iacute;cate aqu&iacute;. De rodillas mi vida y chupa bien toda su vulva.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No! As&iacute; no, mi amor. De espaldas a ella t&uacute; tambi&eacute;n y reposa tu nuca en el coj&iacute;n. &mdash;Le orden&eacute;.<\/p>\n<p>Y Silvia como una fiel sumisa me hizo caso, acomodando su cabeza de manera que su boca y lengua quedaran debajo de la vagina de Martha y luego empezara a tirar con sus dientes, de los labios menores que se extend&iacute;an fuera como delicadas y suaves corolas de aqu&eacute;l tulip&aacute;n, pero que en sus crestas yo, pod&iacute;a apreciar un morado color.<\/p>\n<p>&mdash;Hugo, no te quedes solo ah&iacute;. &iquest;Quieres ayudarme t&uacute; tambi&eacute;n? Ven ac&aacute; y prueba este arrugado y virgen agujerito de tu mujer. Ensal&iacute;valo bien para m&iacute; por favor. &mdash;Martha dio un respingo, no supe nunca si fue al escuchar mis palabras o por el esfuerzo incesante de sus dedos friccionando su cl&iacute;toris o por la boca de mi esposa, horadando con su lengua aquel delicioso interior.<\/p>\n<p>Y sin rechistar, &ndash;aquel triunfador ya vencido&ndash; me hizo caso postrando su rostro en el medio de las blancas y tersas nalgas de su reconquistado amor, apartando con sus manos las carnes blancas, para besar y lamer, donde le indiqu&eacute; yo.<\/p>\n<p>&mdash;Esp&eacute;renme aqu&iacute; un minuto mientras busco algo en la cocina. &mdash;Y dando un largo sorbo a mi cerveza, dej&eacute; la lata sin l&iacute;quido en su interior, reposando sobre el gris mes&oacute;n, busqu&eacute; en los anaqueles algo que me sirviera para lubricar.<\/p>\n<p>&iquest;Aceite de cocina? &iexcl;Podr&iacute;a ser! Mejor aceite de oliva, que dec&iacute;an que serv&iacute;a contra la hipertensi&oacute;n arterial, pero acaso&hellip; &iquest;Marta sufr&iacute;a de aquel malestar? Ni idea. Hasta que vi refundido entre varios frascos, el empaque del gel de aloe vera que sab&iacute;a yo muy bien de su lubricante poder analg&eacute;sico y lo tom&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo vamos con la tarea? Les pregunt&eacute; a los tres y de Martha solo obtuve por respuesta un prolongado gemido y el apretar de sus dedos sobre el borde del espaldar. De Silvia su rostro feliz, y alrededor de su boca embadurnada de flujos y saliva, una sonrisa de complicidad y picard&iacute;a. Y de Hugo un&hellip; &mdash;Creo que ya est&aacute; bien&ndash;. Y tras decirme eso, &eacute;l me cedi&oacute; su lugar.<\/p>\n<p>Derram&eacute; sobre mis dedos, abundante liquido de aquel ingrediente natural, lubriqu&eacute; con mi pulgar su oscurecido agujerito y luego introduje con suavidad mi dedo &iacute;ndice, una vez dentro Martha lo apret&oacute;. Mi otra mano bajo su cadera izquierda ejerciendo presi&oacute;n hacia arriba, luego dos dedos pude introducir y frotar sus paredes, entre alg&uacute;n &iexcl;Ayyy! de dolor y un gemido m&aacute;s placentero, ella se acostumbr&oacute; y colabor&oacute; echando su culo hacia atr&aacute;s.<\/p>\n<p>Con mi verga humectada y lubricada, mi glande apoyado ya sobre su lubricado orificio y a punto de comenzar, le dije a mi esposa&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Silvia, ll&eacute;vate a Hugo a otro lugar por favor&ndash;. Y d&aacute;ndome un beso en la boca, le tom&oacute; de la mano pero sorpresivamente Hugo se opuso.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No Mi &aacute;ngel! Debo estar aqu&iacute; y verlo. &mdash;Y d&aacute;ndome una palmada por aprecio y rendici&oacute;n en mi hombro, termin&oacute; &eacute;l por decir&hellip; &mdash;&iexcl;Es que necesito aprender a hacer gozar a mi mujer!&ndash;. Y permaneci&oacute; abrazado a su &aacute;ngel, que era mi tambi&eacute;n mi amor.<\/p>\n<p>Martha con un peque&ntilde;o esfuerzo se empin&oacute; y parte de mi pene la penetr&oacute;, quietos los dos por un momento, disfrutando de su estrechez, d&aacute;ndole a ella tiempo para asimilar en su mente y en su cuerpo lo que yo sin pedir, el destino me ofreci&oacute;. Ella pronunciando un extendido &iexcl;Aghhhh! y yo trenzando su melena con mi mano, finalmente le pregunt&eacute;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo te sientes preciosa? &mdash;Y la mano blanca de dedos largos y finos con su alianza matrimonial destellando brillos dorados, se pos&oacute; sobre mi vientre y a continuaci&oacute;n de un gemido, me dijo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Sigue precioso, que estoy muy bien. &mdash;Y prosegu&iacute; con lentitud sintiendo ensanchar su interior y a la vez, latir las venas de mi verga, bombeando con fuerza mi coraz&oacute;n y Martha con su cadera adelantada por segundos, atrasada instantes despu&eacute;s, en un r&iacute;tmico movimiento me encendi&oacute; y empuj&eacute; un poco m&aacute;s.<\/p>\n<p>Un ahogado gemido y alguna frase que no entend&iacute; escaparon de su boca. &mdash;&iquest;Qu&eacute; dijiste preciosa?&ndash;. Pero Martha con su boca abierta no me pudo responder y fue mi esposa la que me dijo&hellip; &mdash;&iexcl;Que quiere que se lo metas ya! Todo completo, mi amor&ndash;. Y termin&eacute; por jalarla del cabello y penetrarla lo que faltaba.<\/p>\n<p>Y me un&iacute; a su agitado movimiento, con su esposo a nuestro lado observando sin perder detalle y Silvia acariciando la espalda sudorosa de una Martha ya sometida. Yo con mi boca entrecerrada, apretando dientes y abri&eacute;ndola posteriormente, tan urgido de ox&iacute;geno, resbal&aacute;ndose mi falo ya sin esfuerzo, en aquella virginal cavidad y gruesa gotas de sudor bajando por mi cuello.<\/p>\n<p>Gemidos, jadeos, un&hellip; &laquo;&iexcl;Jueputa!, que apretadita estas&raquo; de mi parte y un mordisco de mi boca a un lado de su cuello, hasta que un &mdash;Ya me viene. &iexcl;Ufff! Qu&eacute; deliciaa&hellip; &iexcl;Aughhh!&mdash; y que escuchamos todos all&iacute; con claridad proveniente de Martha, me hizo acelerar los embates y yo tambi&eacute;n me vine dentro del culo de aquella hermosa mujer.<\/p>\n<p>Al cabo de unos minutos de recuperaci&oacute;n, la bes&oacute; Hugo en la boca con mucha pasi&oacute;n y yo galante, la tom&eacute; de la cintura, levant&aacute;ndola del sill&oacute;n por mis brazos, dici&eacute;ndole que me indicara el camino hacia su ba&ntilde;o para darnos una ducha y asearnos. Mi esposa y Hugo se quedaron atr&aacute;s en encubridor silencio y ya con mi preciosa madrile&ntilde;a de frente y su caballero desnudo y sin armaduras, nos ubicamos dentro de la cabina, me v&iacute; descargando con suavidad los pies de Martha sobre las blancas baldosas, abr&iacute; el grifo y de la regadera un amplio chorro de agua&hellip; &iquest;Nos enfri&oacute;? &iexcl;No! &iquest;Nos besamos? &iexcl;S&iacute;! &iquest;Lo volvimos a hacer all&iacute; tambi&eacute;n de pie? &iexcl;Por supuesto! Mientras dec&iacute;a Martha con su delicada voz, siendo penetrada por mi m&aacute;stil endurecido, que nos agradec&iacute;a a los dos y a m&iacute; en especial, que me quer&iacute;a. &mdash;Yo a ti tambi&eacute;n. &iexcl;Un lugar en mi coraz&oacute;n te has ganado! Madrile&ntilde;a preciosa&ndash;. Le respond&iacute;.<\/p>\n<p>Cuando salimos los dos del ba&ntilde;o a&uacute;n sin secarnos a pesar de tener la toalla en las manos, Silvia cabalgaba sobre Hugo, d&aacute;ndole la espalda, ofreci&eacute;ndonos la visi&oacute;n de su abierta vagina, incrust&aacute;ndose por completo aquel blanquecino miembro y las velludas manos de su jefe, estrujaban con deseo el par de senos. Martha me mir&oacute;, sonri&oacute; y me gui&ntilde;&oacute; un ojo. Se adelant&oacute; hasta el borde de la cama y observ&oacute; de cerca la profunda penetraci&oacute;n. Mi esposa cegada por las sensaciones no se dio cuenta hasta que sinti&oacute; sobre su cl&iacute;toris la llegada intempestiva de una lengua sedienta, que le devolv&iacute;a los favores. Hugo se contuvo m&aacute;s, mucho m&aacute;s de lo pensado, tanto que Silvia sudorosa, comprendi&oacute; que deb&iacute;a dar la oportunidad a Martha de yacer junto a su amado esposo.<\/p>\n<p>Su cuerpo brillando por el sudor se apart&oacute; del que era ahora en aquella alba ma&ntilde;ana, ya no solamente su jefe, tambi&eacute;n su amigo y su nuevo amante, para acercarse de manera sexy y plena, al hombre que am&aacute;ndola tanto, la esperaba con los brazos abiertos bajo el umbral de aquel ba&ntilde;o. Y ella, mi Silvia, entr&oacute; cogi&eacute;ndome por la cintura, arrastr&aacute;ndome al interior. &iquest;Otro ba&ntilde;o? &iexcl;Claro! &iquest;Por qu&eacute; no tambi&eacute;n con mi amor?<\/p>\n<p>Mientras refregaba su espalda, las piernas y sus nalgas, &ndash;con esmerado amor&ndash; a aquella mujer que sent&iacute;a tan m&iacute;a a pesar de ya ser tan compartida, acariciando con ternura los senos enrojecidos, besando suavemente las amoratadas marcas en su cuello, todo su cuerpo adorado por mis manos embadurnadas de l&iacute;quido jab&oacute;n, pensaba en las escenas vividas, tan presagiadas por mi amiga y cliente, la liberal Almudena.<\/p>\n<p>&iquest;Ahora era mi esposa y yo, Martha y Hugo como ella? No lo pude concebir, no lo quise admitir. Solo deseaba que lo nuestro no terminara como ella acab&oacute; con su matrimonio&hellip;<\/p>\n<p>&hellip;&mdash;Ofrecer libertad, agregando unos dos o tres eslabones a la cadena social que los une, at&aacute;ndolos tan visibles ante los dem&aacute;s. Desmembrando con boca y lengua, manos y dedos agit&aacute;ndose, en tantos cuerpos como quieras y desees mi querido Rocky. Explorando otros cuerpos, y recibiendo el benepl&aacute;cito de un placer buscado en tu interior al amar y compartir lo que tanto aprecias.<\/p>\n<p>Pero yo pensaba un poco diferente, de seguro Silvia tambi&eacute;n. Con la samaritana sensaci&oacute;n de haber brindado cari&ntilde;o, seguridad y confianza a pesar de las arraigadas pautas morales que no nos permit&iacute;an entregarnos hacia los dem&aacute;s. Transgredir las normas instauradas en nuestra psique, sin someter al escrutinio familiar o p&uacute;blico, la libertad del amor sobre la acostumbrada raz&oacute;n; ahora la &eacute;poca era otra y en nuestras fronteras se acababan de levantar las barreras que nos imped&iacute;an amarnos con libertad, desobedeciendo leyes sociales, maritales pero nunca jam&aacute;s, las afectivas. Liberar cuerpo y mente, tan habitualmente educados dentro de una falsa &laquo;normalidad&raquo;.<\/p>\n<p>Lleg&oacute; mi amor a besar mi rostro, entre remolinos aromatizados de sus cabellos, blandiendo como espada su bonita sonrisa, para cortar de tajo mis pensamientos y apartando el escudo de la desconfianza con su juvenil y amoroso atrevimiento. Me bes&oacute; como si no hubi&eacute;ramos nunca cruzado la l&iacute;nea roja, comenzando a vivirnos y a ser disfrutados. Su boca y los labios, la lengua y el sabor de su h&uacute;meda saliva, todo me supo a nuevo en aquel amanecer. El agua ca&iacute;a en brillantes torrentes por su espalda y se aposaba precipitada por su costado, hasta rebosarse en el espacio ahuecado que formaba mi antebrazo afirmado a la suave piel de su cintura. Mi miembro reaccion&oacute; de inmediato y Silvia solo se dio vuelta y me dijo&hellip; &mdash;Quiero que me estrenes esta otra parte de m&iacute;, que me atemorizaba ofrecer y nunca te entregu&eacute;, este culito lo guard&eacute; para ti. &iexcl;T&oacute;mame mi amor! Y h&aacute;zmelo como se lo hiciste a ella&ndash;.<\/p>\n<p>En aquel ba&ntilde;o ajeno rozaron mis dedos lo que antes era tan prohibido y tan alcanzable a su vez. La c&aacute;lida suavidad de su interior, la estrechez virginal de mi vida y los dos tan unidos, rompiendo prejuicios y de paso nuestra moral compostura; por supuesto la tan requerida y acostumbrada fidelidad de no presionar a Silvia, si ella no quer&iacute;a&hellip; &laquo;Porque en el dolor, tambi&eacute;n hallar&aacute;s la c&uacute;spide de un cl&iacute;max que despu&eacute;s no querr&aacute;s abandonar&raquo;. &mdash;Y fue mi amor, completamente m&iacute;a&ndash;.<\/p>\n<p>&mdash;Vamos a entregarnos de a pocos y amarnos bastante, aunque estando tu y yo entre multitudes, a la distancia siempre, siempre&#8230; &iexcl;Nos reconozcamos! &mdash;Le dije yo y la bes&eacute; mientras secaba su cuerpo y ella el m&iacute;o con la otra esquina de la misma toalla blanca.<\/p>\n<p>&mdash;Todos aqu&iacute; hemos sido v&iacute;ctimas de las consecuencias. Y a pesar de todo mi amor&hellip; Los cuatro tan causantes de un renovado placer. &iquest;Y el amor? &iquest;Me amas a&uacute;n? Porque yo mi vida&hellip; &iexcl;Siento que te adoro m&aacute;s! &mdash;Me respondi&oacute; antes de abandonar el ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>Y lo que estaba escrito y tan visual ante el mundo, en medio de los dos por tantos a&ntilde;os, ese &laquo;T&uacute; y yo&raquo; se march&oacute;, dando paso a un &laquo;Nosotros&raquo;. Y nos fuimos a la sala en puntas de pies para no perturbar, dej&aacute;ndolos all&iacute; durmiendo abrazados, muy serenos. Martha se ve&iacute;a hermosa, abarcando con su brazo izquierdo el velludo y ancho t&oacute;rax del hombre que compart&iacute;a sus d&iacute;as y Hugo roncando boca arriba, respirando ya sosegado despu&eacute;s de batallar sexual y mentalmente para superar aquella dura prueba.<\/p>\n<p>Ya listos para marchar me acerqu&eacute; hasta la mesa de m&aacute;rmol, indecente la superficie con restos de los postres, las pi&ntilde;as coladas a medio consumir, los dos vasos de Manhattan a los costados del blanco sof&aacute; de piel y en el suelo cerca del sill&oacute;n, las latas usadas que yo me beb&iacute;.<\/p>\n<p>All&iacute; sobre ella, pos&eacute; como ofrenda de agradecimiento, la caja nueva de condones sin usar que mantuve oculta en la velada. &iexcl;Si iba a ser todo, pues que fuera completo!<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Te amo mucho, vida m&iacute;a! &mdash;Me dijo Silvia asegur&aacute;ndose el cintur&oacute;n en la silla del copiloto&ndash;. &iexcl;Y yo te adoro hasta el infinito y mucho m&aacute;s! &mdash;Le respond&iacute; inmediatamente, sonri&eacute;ndome y acariciando su mejilla.<\/p>\n<p>&mdash;Eres y ser&aacute;s por siempre mi preciosa Emmanuelle. Pero mi amor, ma&ntilde;ana iremos temprano al sal&oacute;n de est&eacute;tica para oscurecer tu cabello. &mdash;Le coment&eacute; con seriedad.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; mi vida? &iquest;No me veo bien as&iacute;?&ndash;. Me pregunt&oacute; angustiada. Y yo le respond&iacute;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Te lo cambiaste para &eacute;l, Silvia! Y acabamos de dar los pasos de lo que aquella noche no sucedi&oacute;. Ahora quiero verte como eras antes mi vida, con el color casta&ntilde;o del cual me enamor&eacute;.<\/p>\n<p>Y la bes&eacute; con ternura, un beso corto y esperanzado en ser siempre yo para mi amor, su imperecedero amor. Recogimos a nuestros hijos y ya en nuestro hogar, acompa&ntilde;ados por la inoportuna visita, compartiendo como antes, ella con su madre en la cocina, Alfonso y yo distrayendo a los peque&ntilde;os, nos busc&aacute;bamos constantemente con la mirada. A&uacute;n no hab&iacute;amos hablado nada sobre lo sucedido en aquel chalet, hasta que su tel&eacute;fono vibr&oacute; y son&oacute;. El m&iacute;o casi al tiempo por igual. Me mostr&oacute; la pantalla de su tel&eacute;fono y era Hugo que solicitaba una videollamada y en la de mi m&oacute;vil, alguien que figuraba como siempre permaneci&oacute;&hellip; &iexcl;N&uacute;mero desconocido! Pero los dos sabiendo perfectamente quien me llamaba.<\/p>\n<p>Juntos abrazados, salimos al balc&oacute;n de nuestro piso y ella a mi lado desliz&oacute; su huella para aceptar el video. Yo hice lo mismo y salud&eacute; con cari&ntilde;o a Martha. Ellos al igual que nosotros estaban reunidos en el amplio jard&iacute;n de su hogar, &eacute;l con una bata de ba&ntilde;o gruesa y ella cubierta tan solo con una camiseta holgada de los &laquo;Lakers&raquo; a su lado, tan feliz ella y visiblemente emocionado &eacute;l; con la timidez ya apartada y con ganas de saber c&oacute;mo nos encontr&aacute;bamos Silvia y yo despu&eacute;s de aquella er&oacute;tica velada. Una invitaci&oacute;n a almorzar que tuvimos que rechazar por estar en casa m&iacute; querida suegra y su esposo, pero que sin dudarlo, dejar&iacute;amos apartada alguna mesa y unas cervezas en un desconocido bar, de pronto para complementar, una amplia cama para algunos d&iacute;as despu&eacute;s.<\/p>\n<p>Y hablando de d&iacute;as&hellip; Ocho d&iacute;as despu&eacute;s, m&aacute;s exactamente un viernes, abr&iacute; con cuidado la puerta de nuestro piso, acompa&ntilde;ado por mi rubia tentaci&oacute;n. Silvia muy bien arreglada como si fu&eacute;semos a salir a festejar por ah&iacute; y feliz por nuestra llegada, ya que previamente lo hab&iacute;amos acordado y esa noche si nos esperaba. La nerviosa era la rubia, la casta&ntilde;a permanec&iacute;a serena. El domingo pr&oacute;ximo seria la boda. Hab&iacute;a prometido Paola un regreso despu&eacute;s de entregar junto a m&iacute;, su regalo a mi esposa y yo lo anticip&eacute;. Y por supuesto que un obsequio se paga tambi&eacute;n con otro y esa era Silvia, que deseaba estar con mi rubia compa&ntilde;era y junto a m&iacute;, devolverle con ganas y la experiencia ya obtenida en Tur&iacute;n y en aquel chalet, una c&aacute;lida y sexual despedida de soltera.<\/p>\n<p>&mdash;Y esa es nuestra historia mi apreciado Thomas, lo que ocurri&oacute; para estar ahora aqu&iacute; disfrutando de este ardiente sol, de las playas tan maravillosas y de la grata compa&ntilde;&iacute;a de esta preciosa madrile&ntilde;a. &mdash;Y Martha abraz&aacute;ndome con mayor fortaleza, me bes&oacute; con ans&iacute;as y sin remordimientos delante de nuestro teut&oacute;n anfitri&oacute;n, recostados sobre una amplia colchoneta a rayas azules y blancas, en la cubierta superior de popa del lujoso yate alquilado y que anclado en el puerto esperaba por los dem&aacute;s para irnos a una playa escondida por Puerto Plata, durante tres d&iacute;as y sus dos noches, anclados en altamar.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y d&oacute;nde est&aacute;n sus parejas? &mdash;Me pregunt&oacute; Thomas intrigado por la tardanza. &mdash;&iexcl;Ahh! Pues Silvia y Hugo se fueron a dar una caminata en compa&ntilde;&iacute;a de la Mechas y su esposo, ya que deseaba darles un peque&ntilde;o recorrido por playa B&aacute;varo. Pero ya est&aacute;n tardando demasiado. &iquest;Los llamamos precioso m&iacute;o? &mdash;Me pregunt&oacute; inquieta Martha y yo levant&eacute; del piso de aquella embarcaci&oacute;n mi tel&eacute;fono, que permanec&iacute;a en silencio sobre mis blancos shorts adquiridos en un local chino, para marcarle al de mi esposa, cuando ya puesto en pie, Thomas agit&oacute; su brazo en el aire y era su efusivo saludo para aquel cuarteto de bronceados turistas que ya se acercaban por la pasarela flotante de madera, unos metros m&aacute;s all&aacute;. Hugo tomando de la mano a Silvia que ven&iacute;a preciosa con su bikini negro y el pareo translucido ce&ntilde;ido a sus caderas, ondeando por la brisa, acompa&ntilde;ados por la mujer de Thomas y obviamente por su &laquo;oficial&raquo; marido.<\/p>\n<p>Le ayud&eacute; a mi preciosa esposa a subir a bordo y una vez puestos sus pies sobre la cubierta, Silvia me abraz&oacute;; nos besamos y me pidi&oacute; que nunca le soltara de la mano. Su miedo al agua a&uacute;n no lo superaba y el ir y venir de babor a estribor, tampoco ayudaba a apaciguar su temor. Solo yo a su lado y al nuestro, ellos dos.<\/p>\n<p>&hellip; Dos a&ntilde;os y unos meses despu&eacute;s, una mujer que no reconoc&iacute;, se acerc&oacute; a mi escritorio y tan solo al responderle afirmativamente que yo era a quien buscaba, me entreg&oacute; en una bolsita de regalo, tres bombones de chocolate envueltos en un dorado papel, de los mismos que sol&iacute;a yo regalar a mis clientes cuando los visitaba. Hab&iacute;a dejado esa dulce costumbre hacia muchos meses ya. Dentro del bonito empaque, una nota con una letra conocida y aquella direcci&oacute;n desconocida. Era un jueves creo, a comienzo de abril cuando a medio d&iacute;a, papel en mano, caminando despacio y al girar en una calle encontr&eacute; la direcci&oacute;n indicada. Bonita la casa de dos niveles, techos empinados a dos aguas y una amplia fachada revestida de ladrillos naranjas y brillantes por el barniz. Barrotes blancos resguardando de ladrones las ventanas. En una de ellas, en el segundo piso un fugaz movimiento de un velo blanco.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Anda nene! Sigue que est&aacute;s en tu casa!&ndash;. Escuch&eacute; con alegr&iacute;a aquella voz tan familiar. &mdash;Empuja la puerta que la dej&eacute; entreabierta&hellip; &iexcl;Y aj&aacute;! No te quedes ah&iacute; fuera Rolito precioso&ndash;. Y con un leve empuj&oacute;n, abr&iacute; el ocre port&oacute;n, para encontrarme con un peque&ntilde;o recibidor y un gran espejo adosado a la frontal pared. Una amplia sala bajando un nivel, decoradas con festones las paredes color marfil, globos y tiras de colores pendiendo del anguloso techo de listones de madera lacada y en frente m&iacute;o, una hermosa peque&ntilde;a rubia, diminuta versi&oacute;n de aquella querida tentaci&oacute;n, que se me qued&oacute; mirando fijamente, sin temor pero callada.<\/p>\n<p>Dorados sus cabellos, con sedosos rizos que le ca&iacute;an con mucha gracia por el frente de su carita sorprendida y de un verde intenso le brillaban sus ojitos, iguales a los esmeraldas de su madre, sin embargo la forma y el color de sus cejas y pesta&ntilde;as, eran muy diferentes. Por saludo le obsequi&eacute; mi sonrisa, arrodill&aacute;ndome en frente de la peque&ntilde;a ni&ntilde;a, tom&eacute; del bolsillo de mi chaqueta de pa&ntilde;o, un peque&ntilde;o dulce por presente que ten&iacute;a forma de cono, envuelto en un brillante papel aluminizado. La rubia miniatura no lo quiso recibir y asustada, sali&oacute; corriendo en busca de su protectora madre que se encontraba en la cocina, gritando dos veces&#8230; &mdash; &iexcl;Mam&aacute;, mam&aacute;! &mdash;<\/p>\n<p>Casi que enseguida, por la puerta a mi espalda sale mi rubia tentaci&oacute;n, carente de maquillaje y su melena dorada que en tantas ocasiones tan bien peinada la manten&iacute;a, sin embargo esa tarde la ten&iacute;a trenzada y apartada hacia un costado, cayendo por delante de su pecho. Con la ni&ntilde;a en brazos, la sonrisa fresca de siempre y que nunca olvidar&eacute;, me estamp&oacute; un delicado beso en la mejilla, a modo de bienvenida.<\/p>\n<p>Raro sentimiento ese de un reencuentro entre dos personas que tanto cari&ntilde;o se entregaron. La blanca mano de Paola, se hizo con el bomb&oacute;n que le hab&iacute;a ofrecido a su hija y se lo entreg&oacute;. Por fin la chiquilla lo acepta y me sonr&iacute;e con su infantil timidez. &iexcl;Hermosa y sonrosada! &iexcl;Peque&ntilde;a y vivaz! Obviamente despu&eacute;s de algunos minutos por fin entra en confianza conmigo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Agatha! Da las gracias a mi amigo. Se llama Rodrigo pero para las dos, le llamaremos como a &eacute;l m&aacute;s le gusta. &iexcl;Rocky!&#8230; &iquest;Roti? &mdash;Y la criatura por fin se dej&oacute; alzar en mis brazos. &mdash;&iexcl;Y aj&aacute; Cachaco precioso! Sostenla un poco mientras le preparo su biber&oacute;n. Anda no te quedes ah&iacute;, me dice reclamando mi atenci&oacute;n. &iexcl;Acomp&aacute;&ntilde;ame!&ndash;. Me orden&oacute; Paola, d&aacute;ndose de nuevo la vuelta para dirigirse al fondo de la cocina<\/p>\n<p>Ya junto al mes&oacute;n del fregadero, sosteniendo el leve peso de Agatha en mis brazos, observ&eacute; su angosta espalda y las caderas anchas, el largo de sus piernas y los pies calzados simplemente por unas sandalias abiertas del color de la arena y de tac&oacute;n muy bajo. El vestuario de mi rubia tentaci&oacute;n no era el que yo me imaginaba, hermosa a&uacute;n pero ya con su porte de una habitual ama de casa. Paola se dio la vuelta y me mir&oacute; con la seriedad en su rostro de Barbie, d&aacute;ndome a entender que suced&iacute;a algo m&aacute;s de lo cual no estaba enterado.<\/p>\n<p>Con el biber&oacute;n bati&eacute;ndolo de arriba abajo y de un lado para el otro, intentando enfriarlo en su mano, se me acerc&oacute; para tomar en sus brazos a la peque&ntilde;a doble suya. &mdash; &iexcl;Es muy hermosa, igualita a ti! &ndash;. Le dije con sinceridad. Paola un poco entristecida y p&aacute;lidas sus nacaradas mejillas, baj&oacute; levemente su cabeza y entornando el verde esmeralda de sus ojos, me dijo con mucha suavidad, justo en m&iacute; o&iacute;do derecho, roz&aacute;ndolo levemente con sus carnosos y rosados labios, como para que Agatha no se enterara&hellip; &iexcl;Es tu hija Rocky! Pero rolito hermoso&hellip; &iexcl;T&uacute; nunca podr&aacute;s ser su padre! Y dos o tres l&aacute;grimas empezaron un recorrido desde sus p&aacute;rpados, bajando por sus ojeras y alcanzando sus p&oacute;mulos, hasta que las detuve antes de que cayeran, con mi dedo &iacute;ndice estorbando su camino hacia las mejillas, mientras mi coraz&oacute;n lat&iacute;a perturbado.<\/p>\n<p>&mdash;Esp&eacute;rame aqu&iacute; Rocky, mientras se la entreg&oacute; a Carlos que la espera arriba y se encargar&aacute; de cuidarla un rato. &iexcl;Tan solo tendremos tres horas! &laquo;Rolito&raquo; precioso, para que me obsequies otro regalo antes de qu&eacute; regrese a esta casa, mi suegra.<\/p>\n<p>Esta es la historia de un comienzo de libertad consensuada, de las &laquo;Nuevas Sensaciones&raquo; obtenidas por una pareja que algunas veces separados, siempre permanecieron unidos por &laquo;lo tuyo es m&iacute;o&raquo; y &laquo;lo m&iacute;o todo de ti&raquo;. Tan pendientes ambos del bienestar y del placer del otro, durante muchos, muchos a&ntilde;os, hasta que un d&iacute;a sin pensarlo, todo aquello termin&oacute;.<\/p>\n<p>&laquo;El pasado es lo que recuerdas, lo que imaginas recordar.<\/p>\n<p>Lo que te convences en recordar o lo que pretendes recordar&raquo;<\/p>\n<p>-. Harold Pinter.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Es el fin? &mdash;<\/p>\n<p>Todos los derechos reservados.<\/p>\n<p>Queda prohibida su reproducci&oacute;n parcial o total.<\/p>\n<p>Bogot&aacute; &ndash; Colombia.<\/p>\n<p>Julio 20 del 2021<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 38<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Trig&eacute;sima tercera parte.&nbsp; &mdash;&iexcl;Jajaja! Vamos a ver caballeros. Ustedes se van a quedar aqu&iacute; quietecitos un momento mientras Silvia y yo decidimos que les vamos a preparar. &mdash;Nos dijo Martha muy alegre y bastante despeinada, cubriendo sus preciosas y redondas tetas con las manos abiertas y mi esposa, obsequi&aacute;ndonos la visi&oacute;n de su espalda desnuda, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":18051,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":{"0":"post-30750","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-infidelidad"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30750","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18051"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30750"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30750\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30750"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30750"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30750"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}