{"id":30752,"date":"2021-08-09T22:00:00","date_gmt":"2021-08-09T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-08-09T22:00:00","modified_gmt":"2021-08-09T22:00:00","slug":"placeres-peligrosos-iii-el-desenlace","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/placeres-peligrosos-iii-el-desenlace\/","title":{"rendered":"Placeres peligrosos (III): El desenlace"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"30752\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>&mdash;&iquest;Has le&iacute;do esto?, &mdash;pregunt&oacute; C&eacute;sar, mientras le&iacute;a el peri&oacute;dico.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;El qu&eacute;?, &mdash;respondi&oacute; Cristina acerc&aacute;ndose a leer el titular.<\/p>\n<p>&mdash;Un coche se ha precipitado desde lo alto de un mirador en la sierra. Parece ser que se trata de un crimen pasional.<\/p>\n<p>Cristina no contest&oacute;, cogi&oacute; el peri&oacute;dico y se qued&oacute; leyendo la cr&oacute;nica. Al menos en la prensa no hab&iacute;a indicios de que se la involucrara en el tr&aacute;gico suceso. Otra cosa era la investigaci&oacute;n policial que se estuviese llevando a cabo, en cualquier caso, estaba segura de no haber dejado ninguna prueba que la implicara, ni ning&uacute;n indicio por el cual se la pudiera rastrear.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Has acabado de leer?, &mdash;pregunt&oacute; Alberto reclamando el diario.<\/p>\n<p>Cristina se lo devolvi&oacute;, despu&eacute;s cogi&oacute; sus cosas, le dio un beso a su marido y se despidi&oacute; march&aacute;ndose al hospital.<\/p>\n<p>&mdash;Hoy tengo guardia, &mdash;dijo ya en la puerta, mintiendo una vez m&aacute;s.<\/p>\n<p>De camino al hospital sinti&oacute; una extra&ntilde;a sensaci&oacute;n, mezcla entre resarcimiento como venganza y animadversi&oacute;n a s&iacute; misma por el atroz crimen que hab&iacute;a cometido.<\/p>\n<p>&iexcl;Ojo por ojo! Se dijo para aliviar su conciencia, pensando que se lo merec&iacute;a por haberla violado. Pensaba que al deshacerse de uno de sus violadores se encontrar&iacute;a mejor y sus pesadillas desaparecer&iacute;an, en cambio, no era as&iacute; como se sent&iacute;a. &iquest;Era porque el asesinato no era el camino para tal fin, o porque a&uacute;n faltaba una pieza para completar el puzle? La segunda opci&oacute;n era la que fue tomando forma durante todo el d&iacute;a mientras operaba.<\/p>\n<p>Como era muy habitual, se hab&iacute;a inventado la guardia, no sab&iacute;a exactamente para qu&eacute;. Era ya como una costumbre, aunque no saliese a echar un polvo. Quiz&aacute;s necesitaba ese espacio de reflexi&oacute;n tras haber cometido un terrible crimen. Lo cierto es que aprovech&oacute; la ficticia guardia, y por la noche volvi&oacute; al lugar donde hab&iacute;a conocido a sus dos violadores con la intenci&oacute;n de tantear el terreno. Entend&iacute;a que las posibilidades de encontrarse con Jorge eran escasas, pero quer&iacute;a intentarlo.<\/p>\n<p>El camarero la reconoci&oacute; al instante. No era una mujer f&aacute;cil de olvidar. Le pregunt&oacute; si le pon&iacute;a lo mismo de la otra vez y Cristina asinti&oacute; mostrando una t&iacute;mida sonrisa, sin duda, sabedora de que el mozo sab&iacute;a que aquella noche ella se hab&iacute;a ido con dos de sus clientes a echar un polvo, sin embargo, su discreci&oacute;n profesional le obligaba a ser respetuoso y educado.<\/p>\n<p>Hubiese querido preguntarle si conoc&iacute;a a los dos bastardos con los que se fue esa noche, pero no quer&iacute;a dejar evidencias para que no la pudiesen rastrear. Pero Cristina no era una criminal profesional, era neurocirujana, de modo que el hecho de presentarse all&iacute; era m&aacute;s que suficiente para estar ya dejando un rastro, si es que llegaban a indagar el asesinato con su presencia all&iacute;.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de dos gin tonics desisti&oacute; de su aventura detectivesca y sali&oacute; del local sin un destino fijo. Deambul&oacute; de noche por la calle durante dos horas absorta en pensamientos descabellados e irracionales. Alguien le pirope&oacute; haci&eacute;ndole saber que ten&iacute;a un polvazo, como si ella no lo supiera. En otras circunstancias, quiz&aacute;s se lo hubiera llevado a la cama, pero sus pensamientos estaban en otras cosas.<\/p>\n<p>La siguiente semana lo volvi&oacute; a intentar, pero su suerte no cambi&oacute;. Record&oacute; que aquel d&iacute;a era mi&eacute;rcoles y prob&oacute; suerte, pero tambi&eacute;n sin &eacute;xito. Fue al tercer mi&eacute;rcoles cuando su fortuna cambi&oacute;. Al entrar, Jorge estaba solo jugando su partida de billar. &Eacute;l la vio aparecer y la reconoci&oacute; al instante. Ella tambi&eacute;n le vio, pero hizo como si no y se dirigi&oacute; a la barra como era costumbre. El camarero la salud&oacute; y le sirvi&oacute; su gin tonic, despu&eacute;s sigui&oacute; con sus tareas.<\/p>\n<p>Jorge dej&oacute; el taco de billar y se aproxim&oacute; a ella con su habitual petulancia.<\/p>\n<p>&mdash;Hola Cristina, &mdash;salud&oacute; mostrando una c&iacute;nica sonrisa que no le fue devuelta. No se tom&oacute; el gin tonic, dej&oacute; diez euros en la barra y se fue sin decir nada sabiendo que Jorge iba a ir tras ella. Ya en la calle accion&oacute; el mando, el sonido agudo rasg&oacute; el silencio de la noche y la puerta del veh&iacute;culo se abri&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Eh!, &iexcl;Eh!, &iexcl;Eh!&#8230; &iexcl;Espera!<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No te acuerdas de m&iacute;?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;T&uacute; qu&eacute; crees?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Vamos, no te enfades!<\/p>\n<p>&mdash;No es exactamente la palabra que yo usar&iacute;a, &mdash;dijo mientras se sentaba y cerraba la puerta.<\/p>\n<p>&mdash;No me digas que no te lo pasaste bien, &mdash;manifest&oacute; &eacute;l al tiempo que se sentaba en el asiento del copiloto.<\/p>\n<p>&mdash;Te mentir&iacute;a si te dijera que no, pero tambi&eacute;n recuerdo que acab&oacute; en violaci&oacute;n. No s&eacute; si t&uacute; te acuerdas de eso, &mdash;declar&oacute; con sarcasmo.<\/p>\n<p>&mdash;Recuerdo que te hicimos gozar como nadie en tu vida, &iquest;o me equivoco?<\/p>\n<p>&mdash;No, en absoluto, pero tuvisteis que violarme luego para sentiros m&aacute;s machos. Yo ya no pod&iacute;a m&aacute;s, y eso creo que os lo dej&eacute; bien claro, &mdash;protest&oacute; alterada&mdash;. No eres t&uacute; s&oacute;lo el que decide. Yo tambi&eacute;n tengo voz y voto. No soy ning&uacute;n trapo.<\/p>\n<p>&mdash;Crees que te violamos, pero no fue as&iacute;. A veces es necesario cruzar el umbral para seguir avanzando.<\/p>\n<p>&mdash;No me vengas con gilipolleces. Eres un demente. Me violasteis. Ll&aacute;malo como quieras, eso no cambiar&aacute; lo que es. &iquest;Qui&eacute;n eres t&uacute; para decidir por m&iacute; lo que quiero y lo que no, y para decir lo que es y lo que no es? Una cosa es disfrutar del sexo, y otra muy distinta es que me violes, pedazo de cabr&oacute;n. Yo tambi&eacute;n tengo algo que decir.<\/p>\n<p>&mdash;T&uacute; no eres una mojigata que se conforma con dos polvos de su marido a la semana. Eres una t&iacute;a exigente en la cama, y tu marido no te hace gozar, por eso necesitas que te den ca&ntilde;a.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; sabr&aacute;s t&uacute;&hellip; &mdash;dijo con firmeza, pero sin convencimiento. Le costaba admitir que esa &uacute;ltima frase era cierta. &mdash;Una cosa no quita la otra. No puedes tratarme como si fuera un trasto.<\/p>\n<p>&mdash;No. Yo no lo veo as&iacute;. Una mujer que deja a su marido por la noche y sale en busca de sexo significa que lo que tiene en casa no es suficiente, o no le satisface. &iquest;Me equivoco? Te digo m&aacute;s, te gusta ser sometida y as&iacute; me lo demostraste. M&aacute;s a&uacute;n, si crees que con tu mon&oacute;tona relaci&oacute;n marital eres feliz, &iexcl;estupendo!, pero te digo lo que va a pasar. Ya sabemos que tu marido en la cama es un cero a la izquierda, aunque t&uacute; lo sabes mejor que yo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Deja a mi marido en paz!, &mdash;le advirti&oacute; molesta. &mdash;Crees saberlo todo de m&iacute;. &iquest;Qui&eacute;n te crees que eres? &iquest;Mi psiquiatra?<\/p>\n<p>&mdash;Seguro que cree que te hace feliz en la cama y lo que no sabe que a su mujercita le va la marcha y se las come a pares &iquest;Le dijiste que te violamos o que disfrutaste como una loca con dos pollas a la vez?<\/p>\n<p>&mdash;Eres un hijo de puta.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, pero un hijo de puta que te hizo ver las estrellas sin ser astr&oacute;nomo, &mdash;rio&mdash;. Tarde o temprano querr&aacute;s viajar de nuevo al espacio, gatita. T&uacute; necesitas un hombre de verdad que te haga vibrar, y no un oficinista de tres al cuarto. Tu marido no es ese hombre, cari&ntilde;o. No lo niegues. &iquest;O me equivoco? Si no soy yo, ser&aacute; otro, pero lo que est&aacute; claro es que, aunque no dejes a tu esposo, buscar&aacute;s a otro que te d&eacute; el placer que precisas. Aunque est&eacute;s molesta conmigo, dentro de un tiempo recordar&aacute;s esta conversaci&oacute;n y me dar&aacute;s la raz&oacute;n. Eres mucha mujer para el inepto de tu esposo.<\/p>\n<p>&mdash;Posiblemente tengas raz&oacute;n, pero me violaste, pedazo de cabr&oacute;n. Eso no era necesario. Puede que yo necesite ser sometida, como dices, en cambio, t&uacute; necesitas someter, pero lo malo es que no sabes discernir entre la sumisi&oacute;n que va impl&iacute;cita en el juego sexual y la violencia real. Desvirt&uacute;as esa sumisi&oacute;n y la conviertes en una imposici&oacute;n en la que necesitas humillarme hasta denigrarme. Intentaste anularme por completo como persona. Me injuriaste y ultrajaste, pero se acab&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Entonces, a qu&eacute; has venido aqu&iacute;? Si fuera como t&uacute; dices, &eacute;ste ser&iacute;a el &uacute;ltimo lugar donde querr&iacute;as tomarte una copa, &iquest;no te parece?<\/p>\n<p>El argumento era m&aacute;s que coherente y ella lo sab&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Puedo tomarme una copa donde me d&eacute; la gana, &mdash;se quej&oacute; a falta de un razonamiento mejor.<\/p>\n<p>&mdash;Cierto, pero tambi&eacute;n s&eacute; que llevas rondando por aqu&iacute; varias semanas y me temo que conozco el motivo.<\/p>\n<p>&mdash;Eres muy perspicaz, aunque quiz&aacute;s te equivoques<\/p>\n<p>&mdash;No creo. T&uacute; tambi&eacute;n sabes a qu&eacute; has venido, &mdash;dijo presumiendo una vez m&aacute;s de una soberbia desmedida, mientras posaba su mano en la pierna de Cristina.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Vamos! &iexcl;Dime que no te apetece!, &mdash;dijo al mismo tiempo que su mano se adentraba por dentro de su falda hasta alcanzar su co&ntilde;o y un estremecimiento recorri&oacute; su columna vertebral en una mezcla de sentimientos.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Por Dios! Si est&aacute;s mojada&hellip; &iquest;Ves como eres muy puta, Cristina? No puedes resistirte ante un buen rabo.<\/p>\n<p>Cristina no contest&oacute; y se apresur&oacute; a desabrocharle el pantal&oacute;n para extraer la polla que tanto placer le brindo semanas atr&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Vamos, c&oacute;metela que te mueres de ganas!, &mdash;le orden&oacute;, y Cristina no se hizo de rogar. Cogi&oacute; el madero de la base con ambas manos, se lo introdujo en la boca y empez&oacute; a devorarlo como si hiciese a&ntilde;os que no lo hac&iacute;a. Intentaba con empe&ntilde;o met&eacute;rselo todo en la boca a sabiendas que era una proeza impracticable. Su excitaci&oacute;n aument&oacute; y quiso sentir su virilidad.<\/p>\n<p>A esas horas no hab&iacute;a nadie por la calle, menos a&uacute;n en el parking donde estaban, por lo que Cristina decidi&oacute; echar el resto. Se quit&oacute; la cazadora, se deshizo de la falda, se baj&oacute; las medias y las bragas y se sent&oacute; encima del manubrio que le llen&oacute; por completo su angustiada raja. Cerr&oacute; los ojos y suspir&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash; Eso es, &iexcl;goza! que has estado en dique seco, le exigi&oacute;, mientras ella brincaba con vehemencia sirvi&eacute;ndose de movimientos p&eacute;lvicos, conjuntamente con en&eacute;rgicas contorsiones de caderas en busca de su placer, al mismo tiempo que &eacute;l cog&iacute;a sus nalgas y las apretaba. Los cristales del veh&iacute;culo empezaron a empa&ntilde;arse a causa del vaho causado por las aceleradas respiraciones, de tal manera que desde afuera no pod&iacute;a verse nada, eso s&iacute;, si alguien pasaba por all&iacute;, de seguro sabr&iacute;a lo que estaba ocurriendo en el interior del coche, puesto que el bamboleo constataba la actividad de su interior.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Dame polla!, &mdash;pidi&oacute; entre jadeos Cristina, mientras cabalgaba como una experta amazona.<\/p>\n<p>&mdash; Estoy foll&aacute;ndote, zorra, ya no puedo m&aacute;s.<\/p>\n<p>Cristina anunci&oacute; entre suspiros que se corr&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash; Eso es. &iexcl;C&oacute;rrete, puta!<\/p>\n<p>Los suspiros se convirtieron en alaridos de placer durante el interminable orgasmo. Despu&eacute;s se qued&oacute; extenuada encima de Jorge sin moverse, sin embargo &eacute;l segu&iacute;a moviendo la polla y percutiendo en su interior como un pist&oacute;n buscando su orgasmo, sin embargo, en esa posici&oacute;n era dif&iacute;cil encontrarlo. Le dio la vuelta, se agarr&oacute; a sus ancas y se la volvi&oacute; a meter para seguir foll&aacute;ndola por detr&aacute;s. Una fuerte palmada en una nalga le hizo un poco de da&ntilde;o, y una segunda todav&iacute;a m&aacute;s fuerte cambi&oacute; el tono de su piel, torn&aacute;ndola rojiza. Los azotes iban in crescendo, al igual que los embates que Jorge le daba. Por su parte, Cristina quer&iacute;a que acabase pronto y su amante no se hizo de esperar. Le dio la vuelta y puso su polla a la altura de su cara y en tres meneos el semen escap&oacute; del glande con la misma rapidez que la lengua de un camale&oacute;n alcanzaba su presa. En este caso, la presa era el rostro de la neurocirujana, quien iba recibiendo cada impacto con la misma virulencia que el anterior. El l&iacute;quido resbal&oacute; formando regueros por su cuello hacia sus tetas.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de someterse a sus deseos, toda la credibilidad que podr&iacute;an haber tenido sus palabras minutos antes se desmoron&oacute;, pero le daba igual, nadie mas que ella iba a saberlo.<\/p>\n<p>Cristina encendi&oacute; un cigarro sin inhalar el humo, a continuaci&oacute;n se lo pas&oacute; a Jorge que, satisfecho de su conquista aspir&oacute; una profunda bocanada de humo que le hizo escupir el cigarro inmediatamente. Una tos aguda se apoder&oacute; de &eacute;l impidi&eacute;ndole respirar, y con cada intento de aspirar aire limpio, &eacute;ste parec&iacute;a ser cada vez m&aacute;s t&oacute;xico. Abri&oacute; la puerta y sali&oacute; del coche a trompicones para respirar el aire fresco de la noche sin entender por qu&eacute; con cada inhalaci&oacute;n le parec&iacute;a cada vez m&aacute;s nocivo. Cay&oacute; de rodillas en busca de un aire que no exist&iacute;a, porque por m&aacute;s que respiraba, el ox&iacute;geno no entraba en sus pulmones. Sus ojos aparentaban querer escap&aacute;rsele de las &oacute;rbitas y busc&oacute; con la mirada a Cristina. Estaba all&iacute; de pie, impasible, mientras sin poder articular palabra alz&oacute; la mano hacia ella pidiendo auxilio. Fue en ese momento cuando Jorge cay&oacute; en la cuenta de lo estaba pasando.<\/p>\n<p>&mdash;No puedes respirar. &iquest;Notas una sensaci&oacute;n de ardor en tus pulmones? Es lo que tiene el &aacute;cido sulf&uacute;rico. Tienes los bronquios gravemente da&ntilde;ados.<\/p>\n<p>Cristina cogi&oacute; de la cabeza a Jorge como si estuviese consol&aacute;ndolo ante los &uacute;ltimos estertores, y le dijo imp&aacute;vida, como si la agon&iacute;a que estaba sufriendo no fuese con ella:<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Todav&iacute;a crees que necesito que me sometan?, &mdash;le pregunt&oacute; mientras &eacute;l la miraba con ojos desorbitados sin poder contestar.<\/p>\n<p>&mdash;En fin&hellip; Dicen que fumar puede matarte, lo que no dicen es que violar tambi&eacute;n puede hacerlo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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