{"id":30981,"date":"2021-08-20T22:00:00","date_gmt":"2021-08-20T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-08-20T22:00:00","modified_gmt":"2021-08-20T22:00:00","slug":"gitana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/gitana\/","title":{"rendered":"Gitana"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"30981\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>-Sana&#8230; y entera, Coronel.<\/p>\n<p>-Entera? Qu&eacute; edad puede tener? -responde, asombrado. De esa etnia lo poco que sabe es que las mujeres se casan cuando a&uacute;n son ni&ntilde;as.<\/p>\n<p>-Pues esta chica parece que de ni&ntilde;a tiene ya poco, y de haber catado hombre&#8230; sabe poco tambi&eacute;n. Te has quedado con una joya. Est&aacute; en buen estado, buenas caderas, flacucha y con signos de trabajar como pocas. Los dientes bien y los an&aacute;lisis correctos, dentro de la necesidad que haya podido vivir en tiempos de guerra.<\/p>\n<p>-Gracias D. Luis. Puedes retirarte.<\/p>\n<p>Joan era Coronel desde que estall&oacute; la Guerra Civil. A la muerte de su padre, el Gran Coronel Silvio G&oacute;mez, le sucedi&oacute; por el arte de las prisas, y sobre todo por ser alguien con muchas agallas y sangre fr&iacute;a. Viudo desde hac&iacute;a varios a&ntilde;os y prometido con la hija del empresario de tejidos m&aacute;s rico de Espa&ntilde;a, nada podr&iacute;a irle mejor. Desde su posici&oacute;n la guerra era algo que deb&iacute;a afrontar con energ&iacute;a, pero pod&iacute;a disfrutar de una vida c&oacute;moda y agradable a las afueras de Sevilla, desde donde se pod&iacute;an o&iacute;r los bombardeos, pero apenas le llegaba el problema. Coordinaba a la perfecci&oacute;n el per&iacute;metro que el General Franco le ten&iacute;a dispuesto, y su misi&oacute;n m&aacute;s importante, aunque macabra, era eliminar cualquier atisbo de &quot;rojo&quot; al frente. Ante la duda, pum!<\/p>\n<p>No le temblaba el pulso. Ni siquiera esa noche en la que le avisaron de un asentamiento gitano a las afueras de Carmona. &quot;Los gitanos van al mejor postor&quot;. Le dec&iacute;a su segundo a bordo. Para &eacute;l nunca fueron gran problema. Los gitanos izaban la bandera que m&aacute;s les conven&iacute;a, pues de todos es sabido, no predican con ninguna pol&iacute;tica, con ning&uacute;n bando ni con colores. Pero supon&iacute;an una amenaza, pues los republicanos pod&iacute;an coger a todos los hombres como armamento, y ante la merma en la zona del ej&eacute;rcito franquista, hab&iacute;a que cuidarse. Y as&iacute; hizo. Mand&oacute; a un batall&oacute;n de la Legi&oacute;n a acabar con el asentamiento. Hombres, ni&ntilde;os y ancianos deb&iacute;an ser aniquilados. Las mujeres que estuvieran en buena edad, podr&iacute;an ayudar a levantar la moral de las tropas. Lleg&oacute; cuando met&iacute;an a las mujeres en un cami&oacute;n descubierto, y ese cabello negro centelle&oacute; con el reflejo de la luna. Baj&oacute; del comboy y aceler&oacute; el paso, mandando a frenar el cami&oacute;n. Asom&oacute; la cabeza, y la chica, con la mirada clavada en el suelo, brillaba. Mand&oacute; bajarla. Con las manos atadas a la espalda, la colocaron frente a &eacute;l. El coronel la observ&oacute; de arriba abajo. Era realmente preciosa. Cabello negro revuelto de la lucha que habr&iacute;a dispuesto para meterla en el cami&oacute;n, piel morena, tostada, iluminada por el sudor y unos ojos marrones claros, que contrastaban entre tanta oscuridad.<\/p>\n<p>S&iacute;, preciosa.<\/p>\n<p>Ahora daba vueltas en su despacho. Excitado por la idea de que ning&uacute;n otro hombre hubiera rozado su piel, ni la hubiera hecho mujer. El calor le sub&iacute;a por el cuerpo, y ante tal agon&iacute;a, actu&oacute; en consecuencia.<\/p>\n<p>-Matilde, dile a Sara que me prepare el ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>-S&iacute;, se&ntilde;or.<\/p>\n<p>Matilde era su ama de llaves. Una mujer dispuesta a pesar de su avanzada edad, que dispon&iacute;a todo aquello que &eacute;l ped&iacute;a sin rechistar, habiendo servido primero a sus padres, y ahora a &eacute;l. Callada, prudente y servicial. Era perfecta para el momento. Al cabo de unos minutos, Sara estaba en la puerta.<\/p>\n<p>-Se&ntilde;or, le preparo el ba&ntilde;o en un momento. Matilde le hab&iacute;a dado la orden de manera clara y concisa, pero su rostro se volvi&oacute; tierno y la agarr&oacute; del brazo. &quot;Cu&aacute;nto menos te resistas, menos te doler&aacute;, hija&quot;. Sara se qued&oacute; paralizada. Nunca hab&iacute;a estado a solas con un hombre, pero recuerda a sus cu&ntilde;adas contando sus noches de boda. S&oacute;lo pod&iacute;a recordar las palabras dolor y sangre. Sent&iacute;a el coraz&oacute;n en su sien, y tras largos segundos de espera, Matilde le advirti&oacute; &quot;Abre bien las piernas y respira hondo, acabar&aacute; en unos minutos&quot;.<\/p>\n<p>Ataviada con una falda larga de tela gruesa marr&oacute;n anudada delante y una camisa abotonada en un color beige, Sara se dispuso a llenar la ba&ntilde;era del coronel. Joan la miraba desde su mesa de trabajo, donde daba la sensaci&oacute;n que estudiaba el terreno a batir al d&iacute;a siguiente. Nada m&aacute;s lejos de la realidad. La miraba, la imaginaba desnuda y no pod&iacute;a m&aacute;s. &quot;Ya est&aacute; lista, Se&ntilde;or&quot;. Joan se levant&oacute; y Sara se apart&oacute; hasta la puerta. &quot;Qu&eacute;date&quot;. Recta, asustada y con la cabeza al suelo, sent&iacute;a como el coronel se iba desnudando. Recogi&oacute; la ropa y la dej&oacute; en una cesta para tal efecto, Volvi&oacute; a su posici&oacute;n.<\/p>\n<p>-Sara, m&iacute;rame. Joan, desnudo, de pie, firme, la miraba con rudeza. La quer&iacute;a y la quer&iacute;a ya. Se acercaba lentamente como fiera a su presa, sereno, excitado&#8230; su miembro estaba a punto de estallar del deseo.<\/p>\n<p>-&iexcl;M&iacute;rame! &iexcl;Es una orden!<\/p>\n<p>Sara abri&oacute; los ojos, llorosos&#8230; y temblando le mir&oacute; a los ojos.<\/p>\n<p>-M&iacute;rame entero.<\/p>\n<p>Ella sab&iacute;a a lo que se refer&iacute;a. &Eacute;l quer&iacute;a que lo viera desnudo. Con una mirada fugaz lo vio todo. El cuerpo del coronel era bello a pesar de su edad (rondaba los 45), con pelo justo en el pecho que le daba un aire varonil, vientre plano y estaba muy&#8230; excitado. Se acercaba despacio hacia ella, y cogi&eacute;ndole la cara con sus manos, la bes&oacute;. Los ojos verdosos del coronel se clavaron en los suyos. Mientras la besaba, hizo que su mano lo acariciara. Estaba caliente y era suave. Y estaba dura. Sinti&oacute; la mano mojada de un l&iacute;quido pegajoso que sal&iacute;a de la punta, mientras segu&iacute;a con el movimiento que &eacute;l le guiaba. Al cabo de unos segundos, desat&oacute; el nudo de su falta, arranc&oacute; la camisa y desnuda, la tendi&oacute; sobre la cama. &quot;Abre bien las piernas y no pongas resistencia, as&iacute; te doler&aacute; menos&quot;. Recordaba una y otra vez la voz de Matilda en su cabeza. Joan abri&oacute; sus piernas y se qued&oacute; quieto encima de ella. La besaba con todas las ganas que sent&iacute;a, acariciaba sus pechos y &eacute;stos se endurec&iacute;an. &Eacute;l ve&iacute;a la excitaci&oacute;n de Sara. Sus pezones oscuros se iban haciendo peque&ntilde;os y duros, la piel de gallina, sus ojos cerrados&#8230; pod&iacute;a o&iacute;r peque&ntilde;os gemidos, apenas imperceptibles&#8230; o&iacute;a su coraz&oacute;n. Acercaba su sexo al de ella, y con un dedo pudo ver que ya estaba lista. Mojada, entregada. Iba a ser suya. La guio hasta la entrada. La mir&oacute;. Alzando la cadera, dej&oacute; caer su primera embestida. La sinti&oacute; caliente, h&uacute;meda, estrecha. Un gemido ahogado sali&oacute; de la garganta de Sara. Le ard&iacute;a. Not&oacute; como las paredes de su vagina se abr&iacute;an ante su polla, larga y dura, hasta el fondo de su ser. El peso de &eacute;l encima apenas la dejaba respirar. S&oacute;lo se aliviaba cuando levantaba la cadera y al segundo volv&iacute;a a embestirla con m&aacute;s fuerza. Le dol&iacute;a. &quot;No te resistas, acabar&aacute; en unos minutos&quot;. Y una y otra vez, Joan embest&iacute;a gimiendo, besando y pasando su lengua por cada rinc&oacute;n de su cuello, oliendo una mezcla de lavanda y sudor, que lo pon&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s excitado.<\/p>\n<p>Era ella, ah&iacute; debajo de &eacute;l, con sus piernas abiertas, sus pechos desnudos&#8230; era ella&#8230; era Sara. Sinti&oacute; sus manos agarrando su espalda y aceler&oacute; el movimiento. Una y otra y otra y otra vez&#8230; y verti&oacute; en ella todo su ser. Sara sinti&oacute; como le llenaba las entra&ntilde;as de un l&iacute;quido caliente y cerr&oacute; los ojos. &quot;Se acab&oacute;&quot;, pens&oacute; ella. La mir&oacute; y se retir&oacute;. Al cerrar las piernas not&oacute; c&oacute;mo se derramaba el semen de dentro. &quot;Es normal. Espera&quot;. Joan cogi&oacute; una toalla y la sec&oacute;. Vio el semen abundante saliendo, mezclado con la sangre de la primera vez. Manchada la toalla y la s&aacute;bana, Joan la miraba. Lo excitaba s&oacute;lo pensar que nadie m&aacute;s hab&iacute;a estado donde &eacute;l est&aacute;. No imaginaba hacerlo con nadie m&aacute;s que con ella. &quot;Era de &eacute;l o no era de nadie&quot;, se sorprendi&oacute; pensando. Era una mezcla de deseo, &iquest;amor?, y propiedad. Era suya, suya y de nadie m&aacute;s. Una punzada de celos sin sentido se apoder&oacute; de &eacute;l.<\/p>\n<p>Al levantarse de la cama, Sara vio la mancha de sangre. Helada, sinti&oacute; verg&uuml;enza por haberle manchado las s&aacute;banas al coronel.<\/p>\n<p>-Cambio las s&aacute;banas en seguida, Se&ntilde;or.<\/p>\n<p>-Sara.<\/p>\n<p>-Lo siento mucho, Se&ntilde;or&#8230; no sab&iacute;a que eso&#8230; en un momento se las cambio y las lavo&#8230; se quedar&aacute;n bien se lo prometo&#8230; Dios m&iacute;o&#8230;<\/p>\n<p>-Sara. M&iacute;rame. -Joan, sentado en el filo de la cama la atrajo hac&iacute;a s&iacute;, hasta sentarla en sus rodillas, aun desnuda, sudando, temblando.- Est&aacute;s bien?<\/p>\n<p>-&#8230; s&iacute;, se&ntilde;or.<\/p>\n<p>-&iquest;Sabes qu&eacute; es esto? -dijo se&ntilde;alando la mancha de la cama.- Es el mejor regalo que me podr&iacute;as haber hecho. No te averg&uuml;ences. &iquest;Te ha dolido? -aparentaba preocupaci&oacute;n por haberle hecho da&ntilde;o, pero en el fondo le excitaba pensar en su dolor. Eso la hac&iacute;a m&aacute;s suya, eso lo hac&iacute;a m&aacute;s hombre, m&aacute;s arriba, y a ella m&aacute;s suya.<\/p>\n<p>-S&iacute;&#8230; ha dolido un poco&#8230;<\/p>\n<p>-Bien&#8230; &iquest;te duele ahora?<\/p>\n<p>-Me escuece&#8230;<\/p>\n<p>-Bueno&#8230; &iquest;te gustar&iacute;a repetir? -s&oacute;lo con la pregunta, sinti&oacute; como de nuevo su polla se endurec&iacute;a. Ella, tan fr&aacute;gil, tan dispuesta, tan bella. Ignorante de que a partir de ah&iacute;, s&oacute;lo estaba &eacute;l. No habr&iacute;a nadie m&aacute;s. Sara no contest&oacute;. Quiz&aacute;s no sab&iacute;a ni qu&eacute; contestar. Le ard&iacute;a su sexo y le escoc&iacute;a&#8230; el acto anterior le hab&iacute;a dolido y, aunque hab&iacute;a intentado mantener la calma, era dif&iacute;cil con las embestidas que Joan le daba. Parec&iacute;a que la partir&iacute;a en dos en cualquier momento. Con la pregunta del coronel, se sinti&oacute; mojada, el coraz&oacute;n le lat&iacute;a m&aacute;s deprisa y no sab&iacute;a bien si quer&iacute;a o no. Era un hombre guapo. Contrastaba su color con el que ella estaba acostumbrada. Blanco como la n&aacute;car, rubio y con ojos verdosos, con una barba a punto de salir que le hab&iacute;a destrozado el cuello, una boca limpia y perfecta&#8230;&quot;&iquest;duele siempre, se&ntilde;or?&quot;<\/p>\n<p>-No.<\/p>\n<p>La levant&oacute; de sus rodillas y se sent&oacute; en la cama. Apoy&oacute; su espalda en el cabecero y la hizo subirse encima de &eacute;l&#8230; agarr&oacute; firme y apuntando a su entrada&#8230; y la sent&oacute; de golpe&#8230; Sara ech&oacute; la cabeza hacia atr&aacute;s, mientras Joan agarraba sus caderas sent&iacute;a el pelo caer en cascada, negro&#8230; y cogi&eacute;ndolo con fuerza le mordi&oacute; su cuello mientras ella bajaba y sub&iacute;a sobre &eacute;l&#8230; gem&iacute;an&#8230; se besaban&#8230; chupando sus pezones&#8230; mordi&eacute;ndolos&#8230; la notaba estremecerse entre el dolor y el placer&#8230; en pocos minutos sinti&oacute; c&oacute;mo Sara suspiraba con m&aacute;s fuerza&#8230; con m&aacute;s ganas&#8230; &quot;se va a correr&quot;&#8230; y ser&aacute; con &eacute;l dentro, con su polla dura, entrando y saliendo de su cuerpo&#8230; cuando entre sus manos el cuerpo de Sara tembl&oacute;.<\/p>\n<p>Se agarr&oacute; al cuerpo de Joan, tiritando, extasiada, y con dos golpes de cadera volvi&oacute; a notar el l&iacute;quido caliente del coronel entrar. En esa posici&oacute;n, casi a la misma velocidad que entraba&#8230; sal&iacute;a&#8230; manch&aacute;ndolo todo. En esa posici&oacute;n se quedaron mir&aacute;ndose, exhaustos, sin saber qu&eacute; estaba pasando. Ella, habiendo vivido la sensaci&oacute;n m&aacute;s extraordinaria de su vida. &Eacute;l, con las ganas de un toro, sintiendo que no, no era suficiente. El haberla sentido correrse con &eacute;l hab&iacute;a sido algo incre&iacute;ble, algo distinto a todo lo dem&aacute;s.<\/p>\n<p>La miraba y pensaba que estaba perdido&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>-Sana&#8230; y entera, Coronel. -Entera? Qu&eacute; edad puede tener? -responde, asombrado. 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