{"id":31043,"date":"2021-08-23T22:00:00","date_gmt":"2021-08-23T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-08-23T22:00:00","modified_gmt":"2021-08-23T22:00:00","slug":"descubriendo-la-puta-que-hay-en-ti","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/descubriendo-la-puta-que-hay-en-ti\/","title":{"rendered":"Descubriendo la puta que hay en ti"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"31043\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 26<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Mi esposa trabajaba en una fundaci&oacute;n dedicada a la atenci&oacute;n de ni&ntilde;os con dificultades de aprendizaje y, en raz&oacute;n de su trabajo, deb&iacute;a relacionarse con personal que laboraba en el &aacute;rea de la salud, m&eacute;dicos, psiquiatras, psic&oacute;logos, terapeutas, enfermeras y param&eacute;dicos, entre otros, as&iacute; que su c&iacute;rculo social era bastante amplio y tambi&eacute;n la posibilidad de compartir diferentes tipos de experiencias, tanto propias como de sus compa&ntilde;eros de trabajo.<\/p>\n<p>No era de extra&ntilde;ar que, por compartir actividades con miembros del sexo opuesto, no se diera uno que otro acercamiento que sugiriera intenciones m&aacute;s all&aacute; de lo estrictamente profesional, aunque, en el desempe&ntilde;o de su trabajo, se procuraba mantener las distancias convenientes entre todos para evitar situaciones que alteraran el ambiente laboral y afectaran las relaciones en el equipo de trabajo. Sin embargo, no faltaban las insinuaciones y los comentarios de doble sentido que en alg&uacute;n momento se pudieran considerar.<\/p>\n<p>Marta era una enfermera, compa&ntilde;era de mi esposa en el trabajo, casada con un marino mercante, y madre de dos hijos; un ni&ntilde;o de 10 a&ntilde;os y una ni&ntilde;a de 8 a&ntilde;os. Adem&aacute;s de su dedicaci&oacute;n al hogar, el trabajo como enfermera le permit&iacute;a, entre otras cosas, obtener unos ingresos que le hac&iacute;an sentirse aut&oacute;noma e independiente, satisfacer sus caprichitos personales y colaborar con su esposo en los gastos de la casa. Y, por otra parte, tambi&eacute;n le distra&iacute;a de las largas ausencias de su pareja, haci&eacute;ndole centrar su atenci&oacute;n en otras cosas y no pensar en el tiempo que, estando sola, deb&iacute;a resolver muchas situaciones.<\/p>\n<p>Ella era una mujer relativamente joven, unos treinta y ocho a&ntilde;os quiz&aacute;, guapa, de buen estado de &aacute;nimo, espont&aacute;nea, alegre, sociable, servicial y, por lo tanto, de f&aacute;cil trato con las personas que entraban en contacto con ella. Muchas veces compartimos con ella y su esposo en actividades sociales. En ocasiones sus pap&aacute;s le colaboraban qued&aacute;ndose en la casa con los ni&ntilde;os, de manera que, en algunos momentos, pod&iacute;a disponer de tiempo para salir sola y atender compromisos sociales. Nosotros, considerando su situaci&oacute;n, y procurando que la pasara lo mejor posible, regularmente la invit&aacute;bamos a salir, a cenar, a disfrutar de un evento musical, a presenciar una obra de teatro, a cine y dem&aacute;s.<\/p>\n<p>Sin embargo, agradecida con nosotros por tratar de distraerla, era claro que le hac&iacute;a falta la compa&ntilde;&iacute;a masculina en esos momentos y que quiz&aacute; anhelaba poder desfogar todo su deseo y ganas que le despertaban aquellas salidas con su amiga, mi esposa, que casi siempre iba acompa&ntilde;ada conmigo, pero ella, siempre acud&iacute;a sola. As&iacute; que, en alguna ocasi&oacute;n le pregunt&eacute; a mi esposa si ella se sentir&iacute;a mal si la permit&iacute;amos que fuese acompa&ntilde;ada por alguien, de modo que no se sintiera como un estorbo para nosotros. La verdad, dijo mi esposa, nunca hemos hablado en profundidad de aquello, pero le voy a proponer, a ver qu&eacute; dice.<\/p>\n<p>Pasaron los d&iacute;as y, acerc&aacute;ndose un fin de semana, le propuse a mi esposa irnos de discoteca el fin de semana y, teniendo en mente a Marta, pregunt&eacute;. &iquest;Al fin hablaste con ella? S&iacute;, respondi&oacute;, pero dijo no tener la suficiente confianza con nosotros para estar con otra persona diferente a su esposo y, le incomodaba un poco pensar en la impresi&oacute;n que ella nos pudiera dar. Bueno, dije en aquel momento, tocar&aacute; ir de a poco. Si ella no quiere, pues, no se le puede presionar. La idea es que est&eacute; relajada y disfrute el momento, sin preocuparse del qu&eacute; dir&aacute;n. S&iacute;, dijo mi esposa, pero ella anda un tanto prevenida. Y &iquest;ser&aacute; que tiene alg&uacute;n noviecito y no quiere que sepamos? No creo, dijo mi esposa. No que yo sepa. Bueno, pues inv&iacute;tala a ver que dice.<\/p>\n<p>Efectivamente, mi esposa le coment&oacute; la idea de salir a divertirnos, a bailar, y ella acept&oacute;. As&iacute; que nos fuimos de fiesta el fin de semana, un s&aacute;bado en la noche, los tres &uacute;nicamente. El lugar escogido estaba bastante concurrido, con un ambiente fenomenal, que invitaba a salir a la pista de baile y no descansar, y as&iacute; lo hicimos. Yo ten&iacute;a que multiplicarme para bailar con mi esposa y con Marta, procurando pasar la velada lo mejor posible y que ellas no se aburrieran.<\/p>\n<p>Pasado el tiempo, y como siempre, en aquellos lugares, se ve&iacute;a hombres solos echando un vistazo a ver que pescaban. Decid&iacute;, de puro impulso, darme una vuelta por la barra y curiosear. Le dije a mi esposa que le iba a conseguir un parejo a Marta y que, cuando estuviera con &eacute;l, si lograba convencer a alguien, lo iba a presentar como un amigo, de manera que necesitaba que me siguiera la corriente para darle a aquello un aire de causalidad. Y, de all&iacute; en adelante, ver qu&eacute; pasaba.<\/p>\n<p>Me fui de correr&iacute;a por la barra y ped&iacute; un trago, haci&eacute;ndome pasar por uno m&aacute;s. Puse mis ojos en un hombre, tal vez de la misma edad de Marta, o un poco m&aacute;s, que correspond&iacute;a m&aacute;s al prototipo de hombres que desvelan a mi mujer, como de mi estatura, de tez morena, de cuerpo armonioso, manos cuidadas, con vestimenta adecuada y bien arreglado. Hola &iquest;c&oacute;mo est&aacute;s? Me llamo Fernando. &iquest;Y t&uacute;? Jorge, respondi&oacute; un tanto sorprendido. Bueno, viejo, le dije, voy sin rodeos. Estoy con dos hembras, coment&eacute; se&ntilde;al&aacute;ndoselas; una es mi esposa y la otra es una amiga. Ella tambi&eacute;n es casada y un tanto prevenida con el tema de conocer gente nueva, as&iacute; que se me ocurri&oacute; contactar a alguien para que me haga el cuarto y terminar de pasar la noche. &iquest;Le interesa? Pues, s&iacute;, dijo, &iquest;por qu&eacute; no?<\/p>\n<p>Bueno, Jorge, ponga atenci&oacute;n. Vamos a llegar a la mesa los dos y yo lo voy a presentar como un amigo, conocido de tiempo atr&aacute;s, que encontr&eacute; por causalidad y que invit&eacute; para que nos acompa&ntilde;ara, si a la dama en cuesti&oacute;n no le molesta. Mi esposa lo va a saludar como si lo conociera, as&iacute; que tiene que tratarla como si hubiera confianza. Ella se llama Laura. &iquest;Ok? Perfecto, dijo. &iquest;Bailas? Si, respondi&oacute;. Creo que lo hago bien. Excelente, coment&eacute;, porque a mi esposa le encanta bailar y yo tratar&iacute;a que ella y usted compartieran una ronda mientras yo entretengo a la otra se&ntilde;ora y procuro que entre en confianza. Y despu&eacute;s procurar&eacute; que usted haga pareja con ella. &iquest;Est&aacute; bien? S&iacute;, no hay problema, contest&oacute;. Bueno, &iexcl;vamos! Dije.<\/p>\n<p>Cuando llegamos a la mesa, Marta y mi esposa me miraron un tanto sorprendidas. Laura, dije, mira qui&eacute;n est&aacute; aqu&iacute;, Jorge, &iquest;lo recuerdas? Ummm musit&oacute; ella, viendo a ver qu&eacute; respond&iacute;a. &iquest;Jugando tenis, tal vez? Si, dijo &eacute;l, en el Club Campestre. &iquest;C&oacute;mo est&aacute;s, Laura? Bien gracias. Hac&iacute;a rato que no te ve&iacute;amos. S&iacute;, dijo &eacute;l, estuve por la capital un tiempo, pero ya estoy de nuevo aqu&iacute;. &iexcl;Qu&eacute; bien! Dijo ella. Y &iquest;nos vas a acompa&ntilde;ar? Pues&hellip; si no les molesta, dijo &eacute;l. Para nada, dijo mi esposa, &iexcl;si&eacute;ntate! Mira, te relaciono con una amiga&hellip; Marta, &eacute;l es Jorge, un compa&ntilde;ero de juego de Fernando. Mucho gusto, respondi&oacute; ella, mostr&aacute;ndose de acuerdo, Marta. Encantada de conocerle&hellip;<\/p>\n<p>Empezamos una corta conversaci&oacute;n, donde nuestro nuevo invitado, muy posicionado en su papel, nos cont&oacute; que hab&iacute;a estado finalizando un post-grado en mantenimiento mec&aacute;nico y que volv&iacute;a a su puesto como Jefe de la secci&oacute;n mec&aacute;nica en una importante refiner&iacute;a. Le deseamos suerte en el retorno a sus actividades y, bueno, dije, se&ntilde;al&aacute;ndole a mi mujer, pero aqu&iacute; lo importante no es hablar sino bailar. El, obediente, estir&oacute; su mano invit&aacute;ndola a salir a la pista y ella, sin dudarlo, acept&oacute;. Yo, entonces, segu&iacute; el juego e invit&eacute; a Marta a bailar.<\/p>\n<p>Las dos parejas estuvimos en la pista, bailando por largo rato. Jorge, al parecer, llenaba las expectativas de mi esposa en cuanto a baile se refiere, porque se ve&iacute;a muy animada compartiendo con &eacute;l. Marta, quien no les perd&iacute;a el ojo, se atrevi&oacute; a decirme&hellip; &iexcl;Oye! Tu amigo baila muy bien. &iquest;Qu&eacute; quieres decir? Acaso &iquest;Yo no? &iexcl;No! respondi&oacute; riendo, no he dicho eso. T&uacute; tambi&eacute;n lo haces bien, pero parece que Laura lo est&aacute; disfrutando. S&iacute;, coment&eacute;, a ella le gusta mucho bailar. Y si el parejo le da la talla, mejor. Eso parece, dijo ella. Bueno, ya tendr&aacute;s oportunidad, coment&eacute;.<\/p>\n<p>Volvimos a la mesa para darnos un respiro. Ellas, ambas, decidieron ir al ba&ntilde;o, as&iacute; que nos quedamos Jorge y yo en la mesa, bebi&eacute;ndonos unos tragos. Bueno, &iquest;c&oacute;mo le fue? Bien, dijo. La se&ntilde;ora baila muy bien. Gracias, contest&eacute;. Pero recuerde que lo contrat&eacute; para que me haga el cuarto con la otra. No me diga que no est&aacute; bonita la se&ntilde;ora, afirm&eacute;. Si, dijo. Se nota muy alegre. S&iacute;, es muy espont&aacute;nea y alegre, coment&eacute;. As&iacute; que necesito que me la mantenga as&iacute; el resto de la noche. &iquest;Se le mide? Descuide, dijo.<\/p>\n<p>Ellas, al rato, volvieron a la mesa. Se hab&iacute;an dado un respiro y tal vez hab&iacute;an aprovechado para conversar cosas de mujeres y las impresiones que le produc&iacute;a el invitado. No m&aacute;s llegar, Jorge invit&oacute; a Marta a bailar y, como se dice coloquialmente, hasta ah&iacute; los vimos, porque conectaron de maravilla, no solo bailando sino tambi&eacute;n en otros aspectos. El hombre tal vez hizo que Marta se soltara, se desinhibiera y descargara toda la adrenalina que hab&iacute;a mantenido reservada para un momento as&iacute;, porque, pasado el tiempo, la vimos muy abrazada a su pareja, permiti&eacute;ndole ciertas libertades que tal vez no hubiera consentido momentos antes. Sin embargo, adem&aacute;s del baile y la coqueter&iacute;a, nada pas&oacute;. Y muy de madrugada dimos por terminada la velada, nos despedimos y volvimos a nuestras casas.<\/p>\n<p>Aquel evento seguramente despert&oacute; deseos dormidos en ella y la hizo ver las situaciones de otra manera. Me cont&oacute; mi esposa que las conversaciones durante la semana se refirieron a la posibilidad de repetir un evento as&iacute;, m&aacute;s adelante. Pues, cuando quieras, le hab&iacute;a dicho ella. Al fin y al cabo, eres tu quien ha sido muy reservada al respecto y nosotros para nada queremos que te sientas mal ni obligada a hacer algo que t&uacute; no quieras. &iquest;C&oacute;mo as&iacute;? le hab&iacute;a replicado ella.<\/p>\n<p>&iexcl;Mira! f&aacute;cil de entender, replic&oacute; mi esposa. Que por estar nosotros, mi marido y yo, presentes, te abstengas de hacer algo que t&uacute; quieres y que te nace hacer. No es otra cosa. No entiendo, hab&iacute;a dicho ella. Marta, si estando en una actividad de esas, por ejemplo, tu quisieras vivir un instante de intimidad con tu pareja, puedes vernos a nosotros como impedimento y limitarte. Y eres libre para hacer lo que te parezca, si lo consideras que te hace bien en ese momento. Nosotros no somos qui&eacute;nes para juzgarte, se&ntilde;alarte o criticarte. Lo que pase all&iacute; queda entre nosotros y ya. Eso te quer&iacute;a decir. Gracias, dijo ella, lo tendr&eacute; en cuenta.<\/p>\n<p>Pues claro que lo tuvo en cuenta, porque al poco tiempo, estando su marido y yo ausentes, Marta le propuso a mi esposa que salieran juntas un s&aacute;bado en la noche, como en aquella ocasi&oacute;n. Uno de sus compa&ntilde;eros de trabajo le hab&iacute;a mencionado la posibilidad de salir a divertirse un d&iacute;a cualquiera, y ella, habiendo visto que no hab&iacute;a nada de malo en eso, hab&iacute;a concretado con &eacute;l tal oportunidad. Su compa&ntilde;ero, por supuesto, estaba entusiasmado con la idea, pero no contaba que la condici&oacute;n era que ella fuera acompa&ntilde;ada por otra amiga, en este caso mi esposa.<\/p>\n<p>No obstante, aquello no era impedimento alguno, porque el muchacho ya sab&iacute;a cu&aacute;l de sus amigos pod&iacute;a secundarlo en la aventura. Y fue un m&eacute;dico, director del programa, quien complacido atendi&oacute; la invitaci&oacute;n. As&iacute; que las dos parejas se fueron de fiesta el fin de semana. Y, como cabe esperarse en un evento de personas adultas, la invitaci&oacute;n comenz&oacute; con una cena donde, en medio de una conversaci&oacute;n agradable, surgi&oacute; la idea de extender la noche, ir a escuchar m&uacute;sica o ir a bailar, escogiendo por unanimidad la segunda opci&oacute;n. De modo que fueron a seducirse y sacudir sus cuerpos un rato, pero, aparte de gozar de la proximidad de sus cuerpos durante el baile, tampoco nada pas&oacute; en aquella ocasi&oacute;n.<\/p>\n<p>Poco a poco, no obstante, la curiosidad por ir m&aacute;s all&aacute; en tales encuentros se fue acrecentando m&aacute;s y m&aacute;s. Marta empez&oacute; a ser m&aacute;s intensa con la idea de salir con mayor frecuencia y fue as&iacute; como en alguna ocasi&oacute;n la diversi&oacute;n abarc&oacute; todo el fin de semana, viernes, s&aacute;bado y domingo, y era cuesti&oacute;n de tiempo que la aventura fuera subiendo de intensidad. Aquel fin de semana, los tres d&iacute;as, hab&iacute;an compartido con Oscar, su compa&ntilde;ero de trabajo, pero, aparte de paseos, comidas y conversaci&oacute;n, las cosas no hab&iacute;an ido m&aacute;s all&aacute;.<\/p>\n<p>En alg&uacute;n momento acudimos a un concierto, un viernes en la noche. Marta, sin prevenci&oacute;n alguna, acudi&oacute; al evento con Oscar, quien al parecer ya era su compa&ntilde;ero de reemplazo cuando su marido Antonio se encontraba ausente, as&iacute; que ya nos hab&iacute;amos acostumbrado a su constante y frecuente presencia. El tipo, para qu&eacute;, era apuesto y bien coqueto, de modo que hac&iacute;a pareja perfecta con la espontaneidad y desparpajo de Marta. Pero, seg&uacute;n me cont&oacute; mi esposa, &eacute;l no hab&iacute;a dado se&ntilde;as de ir m&aacute;s all&aacute; y ella, aunque lo deseaba, no sab&iacute;a c&oacute;mo proceder, porque le daba miedo actuar y, por impulsiva, da&ntilde;ar esa bonita amistad y que &eacute;l pudiera pensar mal de ella.<\/p>\n<p>Mi esposa, tratando de ser imparcial y coherente, y aconsejar bien a su amiga, si as&iacute; pudiera decirse, le hab&iacute;a preguntado a Marta, qu&eacute; era lo que realmente quer&iacute;a dar a entender con ser impulsiva y da&ntilde;ar la bonita amistad. Pues que &eacute;l se atreva a tener algo conmigo cuando estemos juntos, hab&iacute;a respondido ella, porque, si eso pasa, yo le sabr&eacute; responder. Y a qu&eacute; te refieres con que &eacute;l se atreva a tener algo contigo. Pues, ya t&uacute; sabes, le confes&oacute;, que quiera hacer el amor conmigo. Y t&uacute;, &iquest;tienes ganas? le hab&iacute;a preguntado mi esposa, &iquest;lo quieres hacer? S&iacute;, le hab&iacute;a respondido ella. &iquest;Y qu&eacute; te ha impedido hacerlo? Le pregunt&oacute;. Me da miedo, fue su respuesta.<\/p>\n<p>Bueno, le preguntaba yo a mi esposa, y &iquest;c&oacute;mo crees que podr&iacute;as ayudarla? No s&eacute;, de pronto acompa&ntilde;&aacute;ndola en alguna actividad, para que se sienta confiada y m&aacute;s segura. Pero, reflexionaba yo, &iquest;qu&eacute; actividad ser&iacute;a esa? La verdad, dec&iacute;a mi esposa, ella cree que al tener sexo con alguien que no sea su marido estar&iacute;a incurriendo en algo indebido y no quisiera cargar con eso. Jajaja, me re&iacute;. &iquest;Y c&oacute;mo venciste t&uacute; eso, acaso no pensabas lo mismo? S&iacute;. Aventur&aacute;ndome para verificar que esa idea no era tan cierta, pero, la verdad, cont&eacute; con tu apoyo para que eso sucediera. Una cosa es el placer f&iacute;sico como parte de una experiencia y otra diferente el proyecto de vida, la profesi&oacute;n, los objetivos propios y en conjunto, la familia. Son muchas cosas, la verdad. Quiz&aacute; la variedad en el disfrute sexual es tan solo un caprichito, que hay que vivirlo para poderlo comprender.<\/p>\n<p>Seguramente tendr&aacute;s que hablar con ella, largo y tendido, m&aacute;s all&aacute; de lo meramente profesional, de manera que se construya confianza y una sana compincher&iacute;a. Eso, hab&iacute;a dicho, mi esposa, creo que ya est&aacute;; pero tal vez no lo hemos llevado m&aacute;s all&aacute; de algunas travesuras. Y si el miedo de ella es aventurarse, &iquest;porque no le ofreces recorrer el mismo camino que t&uacute; recorriste? &iquest;O es que ya te olvidaste de c&oacute;mo empez&oacute; todo? &iexcl;No s&eacute;! Tendr&iacute;a que hablar con ella y ver c&oacute;mo reacciona. Veremos qu&eacute; pasa y te contar&eacute;.<\/p>\n<p>El tiempo fue pasando y aparentemente nada suced&iacute;a. Las salidas con Marta segu&iacute;an siendo frecuentes, pero hab&iacute;an tomado un tinte familiar. Sal&iacute;amos en familia, ella con sus hijos, nosotros con los nuestros, y todo se manejaba de manera formal. En alg&uacute;n momento, nuevamente, tuvimos la oportunidad de salir a bailar; ella, como ya est&aacute;bamos acostumbrados, volvi&oacute; a acudir al evento acompa&ntilde;ada de Oscar, pero, igual que en otras oportunidades, nada extra&ntilde;o o fuera de lo com&uacute;n pas&oacute;. Pregunt&eacute; a mi esposa el porqu&eacute; de aquella aparente indiferencia, y me cont&oacute; que las cosas entre ellos parec&iacute;an haberse enfriado, ya que ella, aun cuando se mor&iacute;a de ganas por estar con &eacute;l, hab&iacute;a preferido evitarlo al m&aacute;ximo para evitar problemas.<\/p>\n<p>Sin embargo, m&aacute;s tarde, me coment&oacute; que ella no pod&iacute;a sacarse de la cabeza la idea de tener relaciones sexuales con &eacute;l, pero esperaba que Oscar fuera quien tomara la iniciativa y, desafortunadamente, &eacute;l se mostraba muy prudente al respecto y ella no quer&iacute;a mostrarle el hambre, seg&uacute;n sus palabras. Pero le hab&iacute;a pedido consejo sobre c&oacute;mo hacer para dejar atr&aacute;s tantas prevenciones y ser m&aacute;s decidida con respecto a lo que quer&iacute;a. Laura, mi esposa, entonces, le coment&oacute; el camino que ella hab&iacute;a recorrido y Marta, admirada y sorprendida, le hab&iacute;a dicho: Si le propongo algo as&iacute; a Antonio, me mata.<\/p>\n<p>Mi esposa le coment&oacute; que todo empez&oacute; cuando, en alg&uacute;n momento de crisis en la relaci&oacute;n, hab&iacute;amos acudido a una psic&oacute;loga. El tema que nos indispon&iacute;a, en el fondo, era el poder de decisi&oacute;n en la relaci&oacute;n y utiliz&aacute;bamos el control y manejo del dinero como excusa para exteriorizar nuestras personales frustraciones.<\/p>\n<p>&iexcl;Claro! En el fondo hab&iacute;a muchas situaciones propias insatisfechas, entre ellas lo sexual, de modo que se nos plantearon tres alternativas de soluci&oacute;n: en primer t&eacute;rmino, abordar las inquietudes de manera individual, d&aacute;ndonos un tiempo para andar cada uno por separado y resolver las propias necesidades; en segundo t&eacute;rmino, abordar en pareja la soluci&oacute;n a las propias necesidades e inquietudes, considerando que cada uno tiene sus propios intereses y necesita experimentar una u otra cosa para adquirir mayores recursos y, esencialmente, confianza; y, en tercer t&eacute;rmino, tomar caminos diferentes y seguir cada uno por su lado, dando fin al compromiso matrimonial. Y ella le coment&oacute; que, sin hablar mucho, hab&iacute;amos optado por la segunda opci&oacute;n, de all&iacute; que nos hubi&eacute;ramos involucrado en diferentes situaciones para experimentar c&oacute;mo lo gestion&aacute;bamos y c&oacute;mo lo &iacute;bamos resolviendo.<\/p>\n<p>Mi esposa le comparti&oacute; las fotos que tomamos con uno de sus amantes y le cont&oacute; los detalles de c&oacute;mo se hab&iacute;a dado aquella aventura. Y tambi&eacute;n le coment&oacute; que, si ella o yo tuvi&eacute;ramos alg&uacute;n capricho sexual en este momento, por ejemplo, hab&iacute;a toda la libertad y apertura para conversarlo y ponerse de acuerdo en c&oacute;mo llevarlo a cabo si fuera el caso. Le indic&oacute; que muchas de esas aventuras se dieron de manera espont&aacute;nea, sin ninguna programaci&oacute;n y resultado de las circunstancias del momento. Las cosas surgieron en el momento y ya, le hab&iacute;a dicho.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s me cont&oacute; que Marta se hab&iacute;a mostrado interesada en aquello y le hab&iacute;a pedido apoyo para aventurarse, aunque con mucho recelo sobre la manera de ponerlo en pr&aacute;ctica. Y &iquest;c&oacute;mo has pensado hacerlo? Pregunt&eacute;. Pues, realmente, no s&eacute;. Bueno, dije yo, empieza por los bares swinger, tal como lo hicimos nosotros. Si, dijo ella, pero nosotros contactamos con quien hacerlo y gracias a eso las aventuras fluyeron. Entonces, dije, pues toca empezar de nuevo y volver a repetir, de alg&uacute;n modo, aquellas experiencias. Tal como en el pasado. &iexcl;No s&eacute;! Dijo ella, porque, pens&aacute;ndolo bien, toca dedicarle tiempo al asunto. T&uacute;, como siempre, dispones, mencion&eacute;. Entonces, &iexcl;dime qu&eacute; hacer!<\/p>\n<p>Pasaron unas semanas antes de que mi esposa me comentara que, si ech&aacute;bamos a andar la idea de acudir a los bares swinger, ten&iacute;amos que conseguir alguien de confianza con quien acudir all&iacute;. Y &iquest;Qui&eacute;n ser&iacute;a ese alguien de confianza? Hoy no hay ese alguien, contest&oacute;. Tendr&iacute;amos que ponernos en el plan de conseguirlos. La idea de recurrir a las p&aacute;ginas de contactos no se consider&oacute;, porque se daban muchas sorpresas en el proceso y, como dec&iacute;a Laura, era mejor en vivo y en directo. Ser&aacute;, entonces, gastar unos fines de semana en plan de conquista y ver si se logra lo que queremos. &iquest;Y sabes cu&aacute;l es el tipo de hombre que excita a Marta a primera vista? Tenemos gustos parecidos; los hombres morenos son su debilidad.<\/p>\n<p>Entonces, con el pretexto de apoyar a Marta a decidirse, arrancamos el proyecto que denominamos, en broma, claro est&aacute;, &ldquo;Marta, descubriendo la puta que hay en ti&rdquo;. Para ello, y con el prop&oacute;sito de ubicar a los muchachos m&aacute;s adecuados, volvimos a las andanzas. Nos fuimos de discoteca varios fines de semana, con el prop&oacute;sito de ubicar candidatos y probar, por qu&eacute; no, si se prestaban para la aventura.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de varios intentos fallidos, una noche, por fin, apareci&oacute; alguien del gusto de mi mujer. Un tipo joven, apuesto, mulato, de buen cuerpo, bonita sonrisa, al parecer educado y de buenos modales. El hombre estuvo en la barra, bebiendo cerveza y mirando aqu&iacute; y all&aacute;, como buscando a alguien. Aprovech&eacute; para acerc&aacute;rmele y preguntarle si ten&iacute;a alguna cita. No, me dijo. Bueno, me present&eacute;, mi nombre es Fernando y quise conversar un rato. &iquest;Le importa? No dijo. Entonces, continu&eacute;, &iquest;vino a ligar, si se da la oportunidad? S&iacute;, contesto. Pero no es f&aacute;cil. No hay muchas mujeres solas. Entiendo, dije. &iquest;Me aceptas que te invite una cerveza? S&iacute;, claro. Y nos tomamos no una sino dos cervezas mientras convers&aacute;bamos, por lo cual el encuentro dur&oacute; varios minutos.<\/p>\n<p>Pasado el tiempo y hablando de temas varios, le pregunt&eacute;. &iquest;Y su radar ya capt&oacute; a alguien a quien echarle el ojo? S&iacute;, me contest&oacute; riendo, por all&aacute; hay una veterana que parece estar sola y pudiera ser. La veterana result&oacute; ser mi esposa, quien, tal como estaba vestida, llamaba la atenci&oacute;n. Ella, que sab&iacute;a en las que yo andaba, buscando el macho adecuado, nos miraba a la distancia y, distra&iacute;da con el agite del lugar, esperaba. Bueno, le dije al muchacho, la veterana que a usted le llama la atenci&oacute;n es mi esposa. &iexcl;Disculpe! Se apresur&oacute; a decir, no fue mi intenci&oacute;n. Tranquilo. No se preocupe. Est&aacute; usted de suerte, porque estoy buscando a alguien que est&eacute; interesado en foll&aacute;rsela esta misma noche, ahora mismo, si se puede. &iquest;Estar&iacute;a interesado?<\/p>\n<p>El hombre, entre sorprendido e incr&eacute;dulo, me respondi&oacute;, pues un hombre como yo y en estas circunstancias no pierde oportunidades y, si a usted no le molesta, me gustar&iacute;a probar, &iquest;por qu&eacute; no? Eso s&iacute;, le dije, con una sola condici&oacute;n. &iquest;Cu&aacute;l? Pregunt&oacute; curioso. Que la tiene que poner a gemir como nunca. &iquest;Ser&aacute; capaz? Har&eacute; el intento, contest&oacute;. Y otra cosa. &iquest;Qu&eacute;? Pregunt&oacute; &eacute;l. Tiene que bailar muy bien, porque ella lo calibra de esa manera. Si se mueve bien bailando, seguramente lo har&aacute; bien follando. Yo tengo lo m&iacute;o, contest&oacute;. Cuente con eso. Bueno, dije, &iquest;c&oacute;mo te llamas? Joaqu&iacute;n. Ok, Joaqu&iacute;n. &iexcl;Acomp&aacute;&ntilde;eme y se la presento!<\/p>\n<p>Llegados a la mesa, las presentaciones de siempre. Ella, haci&eacute;ndose la sorprendida, y Joaqu&iacute;n, expectante, dispuesto a lo que fuera. Y, seg&uacute;n nuestro ya trillado ritual, el baile defini&oacute; lo que iba a pasar esa noche. Ella, tal como lo acostumbra, se qued&oacute; con &eacute;l en la pista casi que una hora completa, despu&eacute;s de lo cual, regresaron a la mesa para tomarse un descanso. Ella, como siempre, se disculp&oacute; para ir al ba&ntilde;o, d&aacute;ndome tiempo para que le preguntara a nuestro nuevo amigo si estar&iacute;a o no dispuesto a continuar.<\/p>\n<p>Bueno, joven Joaqu&iacute;n, &iquest;c&oacute;mo le fue? Estupendo. La se&ntilde;ora es toda una fiera. &iquest;Eso qu&eacute; significa? Pregunt&eacute;. Nada raro, dijo ri&eacute;ndose, que se nota que tiene ganas. &iquest;Ganas de qu&eacute;? Insist&iacute;. De comerse a un muchacho joven como yo, dijo. Entiendo. &iquest;Y usted? &iquest;Tambi&eacute;n tiene ganas de ella? Por supuesto, contest&oacute;. &iexcl;Bien! Ahora que llegue mi esposa, por favor, deme un tiempo a solas con ella, para preguntarle si ella tambi&eacute;n est&aacute; dispuesta. Y, si as&iacute; es, nos vamos a un sitio donde podamos estar m&aacute;s c&oacute;modos. &iquest;Le parece? Si, dijo, de acuerdo. Est&aacute; bien.<\/p>\n<p>Mi esposa regres&oacute; al rato, compuesta, nuevamente maquillada y arreglada. Y &eacute;l, Joaqu&iacute;n, de acuerdo a lo concertado previamente, se disculp&oacute; para ir al ba&ntilde;o. Mientras &eacute;l se iba alejando me fij&eacute; en la mirada de mi mujer y de inmediato supe que le hab&iacute;a gustado. No obstante, evitando equivocarme, pregunt&eacute;. &iquest;Pas&oacute; el examen? S&iacute;, dijo ella sonriendo. Est&aacute; bien. Entiendo. &iquest;Quieres decir que tiene la verga como a ti te gusta? Yo no hablo as&iacute;, me interpel&oacute;. Digamos que lo siento muy viril y que ciertamente me excit&oacute;. Y dej&eacute;moslo as&iacute;. &iquest;Arrancamos, entonces? S&iacute;. Bueno, dije, entreg&aacute;ndole las llaves del carro, adel&aacute;ntate y nos vemos en el parqueadero. Voy a pagar la cuenta y all&aacute; te llego con la conquista.<\/p>\n<p>Yo anduve hasta la barra y me dispuse a pagar. Nuestro amigo, mientras tanto, hab&iacute;a vuelto a la mesa, encontr&aacute;ndola sola, y estaba un tanto extra&ntilde;ado. Lo llam&eacute;, entonces. &iexcl;Hey, Joaqu&iacute;n! Por ac&aacute;. Se tranquiliz&oacute; cuando me vio y llegando al encuentro dijo; pens&eacute; que me hab&iacute;an plantado porque no los vi en la mesa. &iexcl;C&oacute;mo se le ocurre! Protest&eacute;. Somos gente seria. &iquest;Qu&eacute; dijo su esposa? Me pregunt&oacute;. Que pas&oacute; la prueba, le contest&eacute;. Y, &iquest;ahora qu&eacute;? Pues nos vamos a alg&uacute;n lado para que la pueda montar. &iquest;No era eso lo que quer&iacute;a? S&iacute;, por supuesto, contest&oacute;.<\/p>\n<p>Seguramente usted ya la habr&aacute; manoseado y besuqueado hasta la saciedad mientras bailaban &iquest;no es cierto? Bueno, s&iacute;, un poco. Y seguramente tambi&eacute;n le habr&aacute; arrimado la verga para que ella sienta lo que va a tener entre las piernas. &iquest;Me equivoco? No. Esta en lo cierto, contest&oacute;. Entonces no debiera demorar mucho las cosas y hacer lo que le llame la atenci&oacute;n. &iquest;Hay alguna posici&oacute;n preferida? Me gusta penetrarlas en posici&oacute;n de perrito, dijo. Perfecto, coment&eacute;. A ella le gusta mucho esa posici&oacute;n, pero trate de hacerlo en diferentes posiciones. Ella le ir&aacute; indicando d&oacute;nde se siente m&aacute;s c&oacute;moda.<\/p>\n<p>Como cosa anormal en estas circunstancias, Laura, mi esposa, se acomod&oacute; en el asiento delantero del veh&iacute;culo, dejando a nuestro joven amigo atr&aacute;s. No era lo acostumbrado, pero no dije nada. Nos asignaron la habitaci&oacute;n en el motel y, mientras yo ped&iacute;a un servicio de bebidas, les dije que se adelantaran, pero que no aseguraran la puerta, que yo les llegaba de inmediato. Lo cierto es que me demoraron unos minutos que se hicieron eternos, de modo que cuando llegu&eacute; a la habitaci&oacute;n, me encontr&eacute; que aquellos no hab&iacute;an aguantado las ganas y ya hab&iacute;an empezado la faena. Cuando entr&eacute;, Laura estaba medio desnuda, en posici&oacute;n de perrito, sobre la cama, y Joaqu&iacute;n, en cuclillas, detr&aacute;s de ella, la taladraba con mucho vigor. No m&aacute;s entrar en la escena, ya mi mujer estaba empezando a gemir de lo lindo.<\/p>\n<p>Joaqu&iacute;n, no se contuvo y, despu&eacute;s de moverse como loco y acelerar sus embestidas, sac&oacute; su miembro y dispar&oacute; su semen por el aire, carga que roci&oacute; la espalda de mi mujer y alcanz&oacute; a humedecerle el cabello. Mmmm, pens&eacute;, fue demasiado r&aacute;pido. Ella, sin decir nada, se gir&oacute; hacia &eacute;l y lo invit&oacute; a que se acercara, recibi&eacute;ndole de frente, para acariciar su miembro mientras se besaban. La maniobra dur&oacute; poco, porque, su miembro se puso erecto r&aacute;pidamente. Y ella, para asegurarse que no fuera a decaer, decidi&oacute; met&eacute;rselo en la boca y regalarle una intensa mamada. Chup&oacute; y chupo el pene de Joaqu&iacute;n, quien disfrutaba de lo lindo, hasta que, ya dispuesta, se recost&oacute; de espaldas, abri&oacute; sus piernas y le guio para que la penetrara en esa posici&oacute;n.<\/p>\n<p>El muchacho no perdi&oacute; el tiempo y la atac&oacute; nuevamente, llenando su sexo con su negro y endurecido miembro. No hab&iacute;a duda de que la polla de nuestro amigo obraba maravillas en la vagina de mi mujer, porque no m&aacute;s entrar en contacto los dos sexos, ya ella estaba contorsion&aacute;ndose de placer y gimiendo ante la emoci&oacute;n que tal penetraci&oacute;n le produc&iacute;a. Y as&iacute;, en posici&oacute;n de misionero, Joaqu&iacute;n hizo que ella alcanzara la cima del placer y acabara rindi&eacute;ndose de excitaci&oacute;n con sonoros y profundos gemidos. Ya no pudo m&aacute;s y, casi que, al mismo tiempo, &eacute;l volvi&oacute; a eyacular, quiz&aacute; estimulado por los gritos que ella produc&iacute;a. La cosa qued&oacute; ah&iacute;. Un poco apresurado el hombre, coment&eacute;, pero, &iquest;te gusto? Ella asinti&oacute; afirmativamente con la cabeza, porque todav&iacute;a no se recuperaba del agite del momento.<\/p>\n<p>Laura se dirigi&oacute; al ba&ntilde;o, saliendo vestida al rato, se&ntilde;al inequ&iacute;voca de que aquello hab&iacute;a sido suficiente. As&iacute; que, Joaqu&iacute;n, ante la situaci&oacute;n, tuvo que hacer lo mismo. Al salir del ba&ntilde;o y, teniendo bebidas disponibles, le invit&eacute; a que nos acompa&ntilde;ara para charlar un rato. Le coment&eacute; que est&aacute;bamos buscando candidatos para servir de parejas a mi esposa y su amiga, a quien pretend&iacute;amos iniciar en relaciones swinger, pero que requer&iacute;amos a alguien de confianza, que entendiera la situaci&oacute;n y nos acompa&ntilde;ara en el proceso. Podr&iacute;a haber varias salidas en el futuro, pero no en todas existir&iacute;a la posibilidad de tener sexo con las damas, ya que nuestra amiga no ten&iacute;a experiencia y aun no se decid&iacute;a a dar el paso. Nos tocaba ir con calma. Y, le preguntamos, si conoc&iacute;a alguien que, tal como &eacute;l lo hab&iacute;a hecho, nos hiciera el cuarto.<\/p>\n<p>Joaqu&iacute;n dijo tener varios amigos, j&oacute;venes y fogosos todos ellos, y que cre&iacute;a que cualquiera de ellos estar&iacute;a interesado en participar. Pero, dije, hay una condici&oacute;n. &iquest;Cu&aacute;l? Pregunt&oacute; &eacute;l. Sea quien fuere, el candidato, al igual que t&uacute;, tiene que tener su visto bueno, le dije, se&ntilde;al&aacute;ndole a ella. Mi esposa, muy atenta y despierta, coment&oacute; que, debido a que era una aventura entre cuatro personas, ella quer&iacute;a sentirse a gusto con los hombres que les acompa&ntilde;aran en los encuentros. Y que, al fin y al cabo, ella estaba decidiendo en ausencia de su amiga, de modo que procuraba que las cosas salieran bien y que la experiencia, tanto para ella, como para su amiga, fuera lo mejor de lo mejor. Y, pregunt&oacute; &eacute;l, &iquest;c&oacute;mo le gustar&iacute;a a usted que fuera el otro muchacho? Alguien como t&uacute;&#8230;<\/p>\n<p>Intercambiamos n&uacute;meros de tel&eacute;fono y quedamos de conversarnos en el transcurso de la semana. La idea era que no pasara mucho tiempo para evitar que las cosas se enfriaran. Y as&iacute; fue. A mediados de la semana Joaqu&iacute;n me contact&oacute; para comentarme que uno de sus amigos se hab&iacute;a mostrado interesado y quer&iacute;a conocernos. Perfecto, pero ya le cont&oacute; c&oacute;mo es el juego. S&iacute;, me dijo. Y sabe qu&eacute; le espera si logramos concretar una cita para conocernos este fin de semana. S&iacute;, dijo, follar con su esposa para ver si pasa la prueba. Okey, estamos claros entonces. El s&aacute;bado, mismo sitio, a las 10:30 pm. &iquest;Usted va a acompa&ntilde;arlo? &iexcl;No s&eacute;! De pronto me animo.<\/p>\n<p>En la fecha y hora, como acordamos, estuvimos puntuales en el lugar. Al llegar, Joaqu&iacute;n y su amigo ya se encontraban all&iacute;. Y fueron ellos quienes, muy educados y atentos, nos recibieron y nos invitaron a una mesa. Rafael, su amigo, resulto ser todo un gentleman, de modo que mi mujer se sinti&oacute; muy c&oacute;moda desde el principio. Bueno, le dije yo a Joaqu&iacute;n, parece que lo desbancaron. Esperemos que el hombrecito la calibre como a ella le gusta y cuente con su aprobaci&oacute;n, porque, entre otras cosas, ella tendr&aacute; que v&eacute;rselas con ustedes dos cuando est&eacute;n con su amiga. Y, ya sabe, este primer round entre ella y &eacute;l ser&aacute; de estudio. S&iacute;, respondi&oacute; &eacute;l, Ya s&eacute; lo que le espera. Pero est&aacute; bien&hellip;<\/p>\n<p>Lo mismo que la semana anterior, despu&eacute;s de una corta conversaci&oacute;n Laura y Rafael se dirigieron a la pista de baile y hasta ah&iacute; supimos de ellos. Mientras tanto Joaqu&iacute;n y yo conversamos de todo un poco, entre otras cosas, de lo que podr&iacute;a suceder cuando finalmente defini&eacute;ramos qu&eacute; se iba a hacer con las dos hembras. Mi mujer, como ya se pudo dar cuenta, no tiene problemas en pasar el rato con los tipos que le gustan. El tema es que su amiga se deje llevar, se atreva y lo disfrute igual. La hembra tiene ganas de comerse a un amiguito, pero le da miedo y, por no da&ntilde;ar la amistad, dice, pues nada de nada.<\/p>\n<p>Y, bueno, coment&eacute;, hoy la cosa va a ser diferente. &iquest;Por qu&eacute;? Pregunt&oacute; &eacute;l. Pues porque no nos vamos a meter los cuatro en una habitaci&oacute;n para verlos tener sexo a ella y &eacute;l, que son los interesados. S&iacute;, tiene raz&oacute;n. O a su amigo le gustar&iacute;a disfrutar de mi mujer con p&uacute;blico presente. &iexcl;No lo s&eacute;! Dijo. Habr&iacute;a que preguntarle. Mejor que la cosa funcione entre ellos dos. Quiz&aacute; en otra ocasi&oacute;n nos volvamos m&aacute;s civilizados y podamos compartir esa intimidad con tal apertura. Por ahora, dejemos las cosas as&iacute;.<\/p>\n<p>Y ciertamente, as&iacute; fue. Despu&eacute;s de bailar y bailar, mi mujer lleg&oacute; bastante despelucada, se&ntilde;al de que aquel hab&iacute;a hecho de las suyas y, esta vez, no hubo necesidad de preguntar. Tan pronto llegaron a la mesa, ella, con una p&iacute;cara mirada, nos dijo, &iquest;vamos? Tal vez, coment&oacute;, &iquest;no ser&iacute;a mejor que nos esperaran? &iquest;Van a seguir bailando? Pregunt&eacute;, haci&eacute;ndome el bromista. S&iacute;, dijo ella, pero en otra pista y en otro lugar. Mmmm, pens&eacute; yo, palabras mayores. Bueno, si quieres, los llevo. S&iacute;, te agradezco, pero me gustar&iacute;a que estuvieras por ah&iacute;, cerca. T&uacute; sabes que no me gusta estar sola. Joaqu&iacute;n, al escuchar esto, entendi&oacute; que su presencia era inoportuna, as&iacute; que se apresur&oacute; a decir, tranquilos, vayan y divi&eacute;rtanse que yo los espero. Viejo Rafa, nos vemos aqu&iacute; &iquest;vale? S&iacute;, yo regreso, contest&oacute; su amigo.<\/p>\n<p>Nuevamente, como la semana anterior, emprendimos el camino hacia el motel. Esta vez entramos los tres y mi esposa, asumiendo el control de la situaci&oacute;n, decidi&oacute; tomar la iniciativa, as&iacute; que se acerc&oacute; a Rafael, lo abraz&oacute; y empezaron a besarse y tocarse. Y, entre caricia y caricia, poco a poco, se fueron desnudando. Ella se esmer&oacute; por desabrochar el cintur&oacute;n y bajar los pantalones de su macho, y, no era para menos su inter&eacute;s, porque bien pronto dej&oacute; al descubierto el pene endurecido de aquel muchacho. Si el pene de Joaqu&iacute;n era grande, debo decir que el miembro de Rafael era extragrande y, tal vez por eso, ella hab&iacute;a decidido tom&aacute;rselo con calma y disfrutar a plenitud de ese hombre.<\/p>\n<p>Y ahora, desnudos, como estaban, ella invit&oacute; Rafael a que se tumbara de espaldas en la cama. Y as&iacute;, en esta posici&oacute;n, ella empez&oacute; a besarlo de arriba abajo, hasta alcanzar su pene, concentrando su atenci&oacute;n en &eacute;l. Era evidente que aquel miembro le excitaba, de modo que empez&oacute; a chuparlo con especial dedicaci&oacute;n y fuerza, frotando el tallo con sus manos, con gran intensidad, como si quisiera exprimirlo all&iacute; mismo y degustar su semen. Rafael estaba que no cab&iacute;a de la dicha y se dejaba consentir de la se&ntilde;ora, que extasiada estaba con su juguete. M&aacute;s adelante ella se incorpor&oacute;, se mont&oacute; sobre el cuerpo de su hombre y se sent&oacute; sobre su pene, introduci&eacute;ndoselo en su vagina.<\/p>\n<p>Ella, ciertamente, ten&iacute;a el control de sus movimientos y se contorsionaba a voluntad, acorde a la intensidad de las sensaciones. Rafael, excitado, tambi&eacute;n, ya empezaba a empujar, siguiendo el ritmo de los movimientos de ella, que, en un lento vaiv&eacute;n, se mov&iacute;a adelante y atr&aacute;s, acompasadamente. Pero no hab&iacute;a gemidos, tan solo expresiones de estar disfrutando del momento y querer extender al m&aacute;ximo aquellos momentos de placer. El hombre no pensaba lo mismo y, apurado, le dijo a mi mujer que si lo dejaba colocarse arriba y ella accedi&oacute;. Cambiaron de posici&oacute;n y all&iacute;, Rafael, casi de inmediato, aceler&oacute; sus movimientos hasta que fue &eacute;l, quien presa de la emoci&oacute;n, emiti&oacute; un grito de placer cuando eyacul&oacute;. Sac&oacute; su miembro del cuerpo de mi mujer y en el cond&oacute;n se pudo ver la acumulaci&oacute;n del semen extra&iacute;do.<\/p>\n<p>A Rafael le pareci&oacute; muy r&aacute;pida su faena, as&iacute; que se escurri&oacute; hasta colocar su cara en frente del sexo de mi esposa, para dedicarse a chupar su sexo mientras su miembro volv&iacute;a a recuperarse. Esta maniobra la excit&oacute; a ella a tal punto que gimi&oacute; ante las sensaciones que estaba experimentando. El hombre, entrado en calor nuevamente, y con su miembro dispuesto, no perdi&oacute; tiempo, se coloc&oacute; un nuevo cond&oacute;n y volvi&oacute; a penetrar a mi mujer, acomodando su cuerpo encima del de ella, pero ahora empujando delicadamente mientras sus manos inquietas se deleitaban acariciando a mi mujer por todo su cuerpo. No tard&oacute; en empezar a empujar m&aacute;s fuerte y, al cabo de un rato, entre gemidos y contorsiones de mi mujer, nuevamente eyacul&oacute;. La faena, entonces, lleg&oacute; a su fin.<\/p>\n<p>El encuentro, seg&uacute;n palabras de mi mujer, estuvo intenso. El sexo de Rafael excita porque su penetraci&oacute;n es muy profunda, dijo. Eso estuvo s&uacute;per. Ambos se ba&ntilde;aron, se vistieron y se acicalaron para abandonar el lugar bien elegantes y acomodaditos. Regresamos a la disco para encontrar a Joaqu&iacute;n quien, al ver su compa&ntilde;ero, le pregunt&oacute;. &iquest;C&oacute;mo le fue? &iquest;Pas&oacute; la prueba? Creo que s&iacute;, contest&oacute; Rafael riendo. Y as&iacute;, con el visto bueno de mi esposa, acordamos que ellos, si quer&iacute;an, iban ser las parejas de mi esposa y su amiga en lo que vendr&iacute;a, que a&uacute;n no estaba muy claro. Por ahora se vislumbraba una reuni&oacute;n para charlar, bailar, conocerse y entrar en confianza. Y despu&eacute;s, seg&uacute;n como fueran las cosas, ya se ver&iacute;a que ir&iacute;a a suceder.<\/p>\n<p>Efectivamente, esa reuni&oacute;n finalmente, despu&eacute;s de varios ires y venires, se vino a concretar casi dos meses despu&eacute;s. Laura, actuando como la coordinadora del evento, se encarg&oacute; de convocar a Marta, Joaqu&iacute;n y Rafael. El encuentro tuvo lugar en un afamado restaurante de la ciudad y su prop&oacute;sito era conocerse, charlar, explorar si la relaci&oacute;n podr&iacute;a funcionar y ver qu&eacute; se podr&iacute;a hacer m&aacute;s adelante. El encuentro estuvo tranquilo y muy ameno. Los muchachos fueron del agrado de Marta, y Laura, quien ya conoc&iacute;a les conoc&iacute;a, se comportaba con ellos con total confianza y naturalidad, situaci&oacute;n que infundi&oacute; en su amiga el &aacute;nimo necesario para persistir en el prop&oacute;sito, porque estaba claro que la salida con estos hombres, tarde que temprano tendr&iacute;a que terminar con un encuentro sexual. &iexcl;Claro! Si se daban las cosas y Marta finalmente se decid&iacute;a.<\/p>\n<p>El segundo encuentro se dio en una discoteca. Los cuatro se encontraron para cenar, reconocerse nuevamente, y salir a divertirse, bailando un rato. Marta entabl&oacute; una conversaci&oacute;n muy cercana con Joaqu&iacute;n, lo cual hizo suponer a mi mujer que esa ser&iacute;a su pareja de aventura. Adem&aacute;s del baile, aquellos coquetearon y, de alguna manera, se insinuaron sexualmente, pero ellas estaban en plan de divertirse, relajarse y disfrutar de sus parejas, por lo cual aquello no pas&oacute; a mayores. Laura les record&oacute; a los caballeros que la aventura se iba construyendo de a poco y que no hab&iacute;a necesidad de forzar las cosas. Ella me cont&oacute; que, sin embargo, durante la velada intercambiaron a menudo sus parejos de baile, de modo que no estuvo claro, finalmente, qui&eacute;n hac&iacute;a pareja con quien.<\/p>\n<p>Pasados los d&iacute;as, Laura, en respuesta a las conversaciones que ten&iacute;a con su amiga, y su impresi&oacute;n de que aquello, de a poco, le estaba gustando, consider&oacute; que hab&iacute;a necesidad de elevar el nivel de excitaci&oacute;n en los encuentros y pens&oacute; qu&eacute;, despu&eacute;s de un rato de baile, bueno ser&iacute;a intentar algo en un club swinger. Al menos, como dec&iacute;a ella, para despertarle la curiosidad y las ganas. Y la ocasi&oacute;n, tal como ella lo hab&iacute;a planteado, se dio a los pocos d&iacute;as. Concurrieron muy formales a su evento bailable en la discoteca y, entrada la noche, con la excusa de ir a conocer alg&uacute;n otro lugar, acudieron a un club swinger.<\/p>\n<p>Para Marta, aquello fue toda una novedad y revelaci&oacute;n, porque no hab&iacute;a estado nunca en uno de esos lugares, y estuvo m&aacute;s concentrada en observar y ver c&oacute;mo funcionaba aquello, que en pretender hacer algo en concreto. El momento, sin embargo, se aprovech&oacute; para interactuar entre los cuatro, algo soft, bailar medio desnudos, caricias, besitos, abrazos, cambiarse con otras parejas de baile, pero para ella, Marta, sobre todo, mirar. Los muchachos se desnudaron y prestaron para que ellas, muy pudorosas como parec&iacute;an estar, les acariciaran sus cuerpos y frotaran con delicia sus penes. Mi esposa, seg&uacute;n me relat&oacute;, hab&iacute;a tomado la iniciativa y le hab&iacute;a proporcionado a Rafael una interminable mamada. Y Marta, sorprendida, aunque continuo frotando entretenida el pene de Joaqu&iacute;n, no se atrevi&oacute; a ir m&aacute;s all&aacute;.<\/p>\n<p>Y, presa de la excitaci&oacute;n, como estaba mi mujer, invit&oacute; a su amiga a que les acompa&ntilde;aran a la sala de fantas&iacute;as. Bueno, Marta, si t&uacute; no te animas, yo s&iacute;. Ya llegamos a este punto y para nada voy a desperdiciar la ocasi&oacute;n. Adem&aacute;s, me parece injusto con los muchachos que, despu&eacute;s de permitirnos los jueguitos previos, les salgamos con nada. Y Marta, a rega&ntilde;adientes, tomada de la mano de Joaqu&iacute;n, hab&iacute;a aceptado acompa&ntilde;arlos, pero ciertamente, como expres&oacute; mi esposa, se encontraba bastante inc&oacute;moda. El miedo se hab&iacute;a apoderado de ella.<\/p>\n<p>De modo que, para no echar a perder el momento, seg&uacute;n coment&oacute;, decidi&oacute; no hacerle caso. Y como Marta no daba pie con bola con Joaqu&iacute;n, ella decidi&oacute; involucrarlo en la actividad y me confes&oacute; que empez&oacute; a mamarle su pene tan pronto &eacute;l se hab&iacute;a aproximado a ellos. Y que Rafael no hab&iacute;a desaprovechado la oportunidad y que la hab&iacute;a cogido desde atr&aacute;s. Adem&aacute;s, que, caliente, como estaba, lo hab&iacute;a disfrutado much&iacute;simo. Marta, seg&uacute;n me dijo, simplemente se hab&iacute;a quedado viendo lo que pasaba entre los tres. Y que, como yo pod&iacute;a suponer, la cosa no hab&iacute;a terminado ah&iacute;, porque los muchachos se hab&iacute;an turnado para penetrarla.<\/p>\n<p>Al final ella, muy excitada, se hab&iacute;a tumbado de espaldas con sus piernas abiertas y Rafael la hab&iacute;a penetrado en esa posici&oacute;n, haci&eacute;ndola llegar varias veces al orgasmo. Pero que despu&eacute;s de aquello se levantaron, sin comentarios, para no incomodar a Marta y se quedaron mirando un rato m&aacute;s lo que pasaba con otras parejas. Despu&eacute;s se tomaron unos tragos, bailaron un poco m&aacute;s y, finalmente, dieron por terminada la velada. No puedo creer lo que hiciste, hab&iacute;a exclamado su amiga. T&uacute; me llevas ventaja en esto. Ciertamente, me tengo que soltar.<\/p>\n<p>En la semana siguiente, seg&uacute;n me cont&oacute; mi esposa, tuvo la oportunidad de hablar con Marta sobre el tema y preguntarle. Bueno, cu&eacute;ntame, &iquest;Qu&eacute; pas&oacute;? &iquest;Acaso no estabas excitada y con ganas de probar? S&iacute;, le hab&iacute;a dicho ella, pero no me sent&iacute; c&oacute;moda estando en presencia de tanta gente. Pues, lo hubieras dicho antes y hubi&eacute;ramos hecho otra cosa, le reclam&oacute; mi esposa, pero, entonces, &iquest;qu&eacute; te gustar&iacute;a hacer? Bueno, realmente no s&eacute;. Tal vez algo m&aacute;s &iacute;ntimo &iquest;no? Contest&oacute;. Entonces, indag&oacute; Laura, &iquest;quisieras verte con uno de ellos a solas? No s&eacute;, tal vez, pero quisiera que me acompa&ntilde;aras, respondi&oacute;. No me refiero a que est&eacute;s ah&iacute; cuando lo hagamos sino a que me acompa&ntilde;es cuando me vea con &eacute;l. &iexcl;Intent&eacute;moslo! Bueno, hab&iacute;a dicho mi esposa. &iquest;Y con quien te quieres ver? Con Rafael, le hab&iacute;a contestado.<\/p>\n<p>Pasaron varias semanas, sin embargo, antes de que Marta, en alg&uacute;n momento, buscara a mi esposa para buscarle conversaci&oacute;n. &iexcl;Oye! Laura, &iquest;Cu&aacute;ndo lo vamos a hacer? &iquest;A qu&eacute; te refieres? Le hab&iacute;a respondido mi mujer haci&eacute;ndose la desentendida. Bueno, ya sabes, creo que ya estoy lista para Rafael. Solo dime c&oacute;mo enfrentarlo y qu&eacute; debo hacer. T&uacute; sabr&aacute;s lo que te gusta y lo que, en medio de la excitaci&oacute;n, te hace sentir mejor, le hab&iacute;a dicho m&iacute; esposa. Que sea lo que t&uacute; quieras. Vive el momento, disfruta la experiencia y olv&iacute;date del resto. Si eso es as&iacute;, para nada importa si hay o no alguien presente. De hecho, en mi experiencia, varias veces mi esposo ha estado presente cuando he tenido encuentros con alguno de esos hombres, y yo me concentro en lo que estoy haciendo y pr&aacute;cticamente me olvido que &eacute;l est&aacute; ah&iacute;. &iexcl;Incre&iacute;ble! Hab&iacute;a comentado su amiga.<\/p>\n<p>Y a ti, &iquest;qu&eacute; es lo que m&aacute;s te excita? Hab&iacute;a preguntado Marta. Pues, solo pensar que el miembro de un hombre, el que me gusta, va a estar dentro de m&iacute;, me dispara el deseo y la excitaci&oacute;n. Por eso el baile es importante para m&iacute; cuando tengo el deseo de darme un caprichito con alguien. Es all&iacute; cuando puedo sentir si el cuerpo de ese hombre me atrae, y, ciertamente, el tama&ntilde;o y la dureza de su miembro es definitiva para que me decida a estar con &eacute;l. Alguna vez, Fernando, concert&oacute; un encuentro con un mulato que hab&iacute;amos contactado por internet. En principio, la verdad, no me llam&oacute; la atenci&oacute;n, pero, una vez, que palp&eacute; su pene, no me pude resistir. Y, despu&eacute;s de haber estado dudosa, tuve sexo con &eacute;l. Y fue una experiencia super. Al escuchar eso, Marta dijo. &iexcl;Hag&aacute;moslo!<\/p>\n<p>Y se lleg&oacute; el momento. Mi esposa se las arregl&oacute; para verse con Rafael unos d&iacute;as antes, encuentro durante el cual le coment&oacute; los deseos de su amiga de verse a solas con &eacute;l, pero querer estar acompa&ntilde;ada por ella durante la aventura. En consecuencia, le hab&iacute;a dicho, la prioridad era que se concentrara en estar con Marta y olvidarse que ella estuviese presente durante el encuentro. &Eacute;l se mostr&oacute; de acuerdo en hacer que aquello funcionara lo mejor posible y que ellas no se fueran a defraudar. Bueno, Rafael, le hab&iacute;a dicho mi esposa, esperemos que todo salga bien.<\/p>\n<p>Como ven&iacute;a sucediendo recientemente, acordaron encontrarse en una discoteca, situada frente al motel donde todo se ir&iacute;a a consumar. Ese primer contacto entre los tres, seg&uacute;n me hab&iacute;a relatado mi mujer, despu&eacute;s de varias semanas sin verse, fue muy cordial y emotivo. Era evidente la atracci&oacute;n que Rafael ejerc&iacute;a sobre su amiga y, preparada para la ocasi&oacute;n, Marta se hab&iacute;a vestido de manera sexy y sugestiva. Nos ve&iacute;amos muy zorras ambas, me confes&oacute; Laura.<\/p>\n<p>Rafael, desde el principio, se mostr&oacute; muy atento y especial, de modo que ella estuviera c&oacute;moda y se sintiera a gusto durante la velada. Se acomodaron en una mesa y, tal cual lo acordado con mi esposa previamente, &eacute;l se concentr&oacute; en estar con ella y pr&aacute;cticamente ignoraron a mi mujer, a tal punto que ella, para estar distra&iacute;da y no desentonar, se hab&iacute;a procurado una compa&ntilde;&iacute;a masculina casual. Un hombre, Gustavo, que los acompa&ntilde;&oacute; por largo tiempo. Rafael estuvo coqueteando con Marta todo el tiempo y, durante el baile, se dio sus ma&ntilde;as para prepararla, excitarla y ponerla a punto. Y pasadas unas dos horas, estim&oacute; mi mujer, su amiga se acerc&oacute; a mi mujer para decirle, bueno, creo que ya es hora. &iquest;Nos vamos? S&iacute;, hab&iacute;a dicho mi mujer.<\/p>\n<p>Se despidieron de Gustavo, pagaron la cuenta y, sin musitar palabra alguna, se dirigieron directamente al motel. Mi papel, cont&oacute; mi esposa, fue el mismo que t&uacute; haces cuando vamos a esos sitios. Yo me adelant&eacute; para rentar la habitaci&oacute;n mientras ellos, esper&aacute;ndome, se besaban y acariciaban en la recepci&oacute;n. Cons&iacute;guete unos condones le hab&iacute;a encargado Rafael, de modo que ella les dijo, bueno, subamos, nos acomodamos y vuelvo a buscar lo que se necesite. &iquest;Les parece? Y, estando de acuerdo, los tres hab&iacute;an subido a la habitaci&oacute;n. Ella les abri&oacute; y ellos, acaramelados, como estaban, ingresaron. Bueno, bajo y ya vuelvo, les hab&iacute;a dicho mi mujer. Espero no demorarme.<\/p>\n<p>Eso fue r&aacute;pido, me confes&oacute; mi mujer. Ambos estaban que se com&iacute;an. Tal vez me habr&eacute; tardado de diez a quince minutos en regresar, porque, adem&aacute;s de los condones, pregunt&eacute; y compr&eacute; un aceite lubricante por si fuera necesario. Cuando llegu&eacute; a la habitaci&oacute;n y abr&iacute; la puerta, muy discreta y silenciosamente, encontr&eacute; a Rafael desnudo de la cintura para abajo, sentado en un sill&oacute;n, y Marta, de rodillas frente a &eacute;l, chup&aacute;ndole la verga y acarici&aacute;ndole los test&iacute;culos con sus manos. Estaba muy tragona y excitada mi amiga, fascinada, porque parec&iacute;a que nunca iba a parar. Pero, despu&eacute;s de un rato, se detuvo.<\/p>\n<p>&iquest;Trajiste los condones? Dijo mir&aacute;ndome. S&iacute;, le respond&iacute;, alcanz&aacute;ndoselos de inmediato. Ella tom&oacute; uno, lo coloc&oacute; sobre el pene de Rafael y, dej&aacute;ndolo listo, se incorpor&oacute;, se levant&oacute; la falda, se baj&oacute; las bragas y se sent&oacute; sobre su pene. Y ah&iacute; s&iacute;, de verdad, Marta se volvi&oacute; como loca, porque cerr&oacute; sus ojos y empez&oacute; a moverse como endiablada encima de &eacute;l. Hab&iacute;a que ver c&oacute;mo mov&iacute;a sus caderas, manteniendo los brazos apoyados en los hombros de &eacute;l.<\/p>\n<p>Rafael solo contemplaba lo que Marta hac&iacute;a y, lo &uacute;nico novedoso, es que la fue desnudando poco a poco. E incluso &eacute;l mismo termin&oacute; de desnudarse. Pero Marta estaba tan ensimismada en lo suyo que creo que ni se dio cuenta a qu&eacute; hora le hab&iacute;an quitado la ropa. Me llam&oacute; la atenci&oacute;n que no pronunci&oacute; palabra, ni gimi&oacute;. En los movimientos de su cuerpo y los gestos de su casa se ve&iacute;a que lo estaba pasando de maravilla. De repente volvi&oacute; a levantarse, se volte&oacute; de espaldas a &eacute;l, y muy r&aacute;pido se volvi&oacute; a acomodar sobre su pene. Rafael la tom&oacute; por las caderas y empez&oacute; a empujar dentro de su vagina.<\/p>\n<p>Ella, en alg&uacute;n momento, abri&oacute; sus ojos un tanto, y quedamos vi&eacute;ndonos unos instantes. Sonri&oacute; y me pico el ojo. La verdad es que no parec&iacute;a tan mojigata como cre&iacute;amos que era. Estaba realmente posicionada en su papel y totalmente transformada. No deber&iacute;a yo decirlo, pero se ve&iacute;a realmente bonita. Y, adem&aacute;s, el contraste del color de su piel con la de Rafael hac&iacute;a muy llamativo ese cuadro. Imagino, dijo riendo, que es lo mismo que t&uacute; ves cuando presencias mis encuentros. S&iacute;, no lo dudes, as&iacute; es, respond&iacute;.<\/p>\n<p>Y, luego, de un momento a otro, Rafael, empujando m&aacute;s r&aacute;pido, dijo, Marta, &iexcl;ap&uacute;rate, que yo ya me vengo! Dale tranquilo, respondi&oacute; ella, que yo ya llegu&eacute;. M&aacute;s bien ap&uacute;rate y termina t&uacute;. As&iacute; que Rafael subi&oacute; la velocidad de sus embestidas hasta que, de un momento a otro, par&oacute; en seco, presionando su cuerpo contra el de ella. Marta se separ&oacute; de &eacute;l y viniendo hacia m&iacute;, dijo ri&eacute;ndose, bueno, gracias a ti, misi&oacute;n cumplida. Por fin me gradu&eacute;. Oficialmente me he convertido en una puta convencida. Me est&aacute; haciendo falta el cart&oacute;n.<\/p>\n<p>Para nada, le hab&iacute;a dicho mi mujer. No hables as&iacute;. Lo &uacute;nico es que has dejado atr&aacute;s ideas y creencias que te llevaban a comportarte diferente. De ahora en adelante t&uacute; eres quien decide como vives y expresas tu sexualidad, si haces o dejas de hacer, pero no hay l&iacute;o si decides una u otra cosa. Y no necesitas cartones. El que t&uacute; te sientas bien ser&aacute; suficiente para comprobar que haces lo que te gusta, sin el consentimiento u opini&oacute;n de otros, y sin culpas ni rollos. Y, si puedes compartir estas aventuras con tu marido, mejor. Ah&iacute; va a estar el problema, dijo, no es f&aacute;cil cambiar la imagen de se&ntilde;ora educada y con valores al de puta pervertida, afirm&oacute; con una sonora carcajada.<\/p>\n<p>Y Rafael, para terminar, despu&eacute;s que nos dimos un descansito, tendidos los tres en la cama, charlando y recordando lo que hab&iacute;amos hecho hasta ese d&iacute;a, nos consinti&oacute; a las dos. &iquest;C&oacute;mo as&iacute;? pregunt&eacute;. Pues que, con dos mujeres a su disposici&oacute;n, muy educado, mir&aacute;ndome a m&iacute; y tomando su pene entre sus manos, le dijo a Marta, &iquest;no te importa? &iexcl;No! para nada, hab&iacute;a respondido ella. Seguramente Laura est&aacute; que se muere de ganas, como estaba yo hace un rato. Entonces, dirigi&eacute;ndose hacia m&iacute;, apart&oacute; mis piernas y tuvimos nuestro retoz&oacute;n. Y despu&eacute;s de aquello, volviendo a Marta, le dijo, &iquest;la despedida? &iquest;Por qu&eacute; no? Dijo ella. As&iacute; que el la mont&oacute; de nuevo y tuvieron su jaleo hasta que aquello termin&oacute;.<\/p>\n<p>Nos vestimos, salimos y volvimos a la discoteca. Estuvimos all&iacute; otro rato, charlando y bailando, ya descargadas las tensiones. Rafael estuvo muy atento con las dos. Marta me agradeci&oacute;, porque dijo que yo la hab&iacute;a ayudado a abrir los ojos. Y mi esposa, bromeando, le hab&iacute;a dicho, los ojos no tanto, m&aacute;s bien te ayud&eacute; a que aprendieras a abrir las piernas. Bueno, tambi&eacute;n, hab&iacute;a dicho ella, ri&eacute;ndose. Despu&eacute;s de aquello, me cont&oacute; mi esposa, hab&iacute;a sabido que Marta se hab&iacute;a pegado sus escapaditas con Rafael, a escondidas de su marido. Y &iquest;por qu&eacute;? Pregunt&eacute;. &iquest;Acaso no podr&iacute;a contar contigo para secundarla? No. Ella lo ha preferido, porque dice que as&iacute; se excita y disfruta mucho m&aacute;s el encuentro. La llamada, la cita, la escogida de lugar, su alistamiento, el encuentro y todo lo dem&aacute;s. En fin. Cosas de cada uno. As&iacute; somos las mujeres.<\/p>\n<p>Poco tiempo despu&eacute;s pudimos compartir una cena las dos parejas, mi esposa y yo, Marta y su marido. Y haciendo gala de madurez y confianza, y hablando de todo un poco, atrevidamente pregunt&eacute;, bueno, Antonio, y &iquest;puede saberse cu&aacute;l es el patr&oacute;n er&oacute;tico sexual de Marta? Pues, dijo &eacute;l, mirando a su esposa, a ella se le mojan los calzones cada vez que ve un negrito simp&aacute;tico. &iexcl;Oye! Le reclam&oacute; ella, golpe&aacute;ndolo en un brazo. No seas as&iacute;. Ahhh, dije yo, r&aacute;pidamente. Igual que a Laura, les gusta el chocolate. &iquest;Por qu&eacute; ser&aacute;? Adivinen, dijo mi esposa, y los cuatro no echamos a re&iacute;r. Despu&eacute;s de aquello las cosas parecieron fluir para ellos en todo sentido. Y es seguro que Marta ahora se procura sus gustos de vez en cuando, sin remordimientos, est&eacute; o no est&eacute; acompa&ntilde;ada de su marido, porque, gracias a nuestro patrocinio, pudo descubrir y disfrutar la puta que hab&iacute;a en ella.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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