{"id":31059,"date":"2021-08-24T22:00:00","date_gmt":"2021-08-24T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-08-24T22:00:00","modified_gmt":"2021-08-24T22:00:00","slug":"la-maye","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-maye\/","title":{"rendered":"La Maye"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"31059\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Un s&aacute;bado conoc&iacute; a Mayela en un night club en Los &Aacute;ngeles. Esa noche de 1985 se presentaba en el Club Candilejas, Eddie Santiago, quien estaba en la c&uacute;spide de su carrera y por consiguiente sus discos se vend&iacute;an como pan caliente. Ninguna de mis amistades era amante de la salsa rom&aacute;ntica, pero adem&aacute;s, se atraves&oacute; el alto costo de la entrada, con la necesaria reservaci&oacute;n. Nunca se interesaron, por lo tanto, asist&iacute; al esperado evento solo, como lo hac&iacute;a en algunas ocasiones. Algunos pensar&iacute;an que era raro encontrar un hombre asistiendo solo a algo as&iacute;; yo lo hice, pues ese conocido ritmo caribe&ntilde;o siempre me ha fascinado y no me quer&iacute;a perder la presentaci&oacute;n del hombre de moda.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a pasado tal vez una hora desde mi llegada; todav&iacute;a actuaban artistas preliminares a Eddie y la multitud se limitaba a escucharlos con poco inter&eacute;s y a consumir licor, como pre&aacute;mbulo a la presentaci&oacute;n principal.<\/p>\n<p>Mientras trataba de ordenar una Cuba, me tropec&eacute; con ella, quien, con desespero, tambi&eacute;n intentaba lo mismo en la barra de licores. A causa de la insistencia com&uacute;n, nos miramos con curiosidad y unos minutos despu&eacute;s, convers&aacute;bamos animadamente.<\/p>\n<p>&minus;Hola, &iquest;c&oacute;mo te llamas?<\/p>\n<p>&minus;Yo me llamo Mar&iacute;a Elena, pero me llaman Mayela.<\/p>\n<p>&minus;Yo soy Rafael, s&oacute;lo Rafa. &minus;contest&eacute;.<\/p>\n<p>&minus;Estas s&oacute;lo?<\/p>\n<p>&minus; Si &minus;repliqu&eacute;&minus; Y t&uacute;?<\/p>\n<p>&minus;Vine con mi amiga Emilia &minus;contest&oacute;&minus; pero creo que ella acaba de ligar con un flaco medio feo y me ha dejado abandonada como una idiota.<\/p>\n<p>&minus;Bueno, yo estoy solo, si quieres compartamos la estad&iacute;a, sin ning&uacute;n compromiso &minus;contest&eacute;.<\/p>\n<p>Ella acept&oacute; aparentemente, con agrado. Por la siguiente hora, conversamos, nos re&iacute;mos y consumimos algunos tragos, a los que yo invit&eacute;.<\/p>\n<p>Mayela era costarricense, aparentaba unos treinta y ocho o cuarenta a&ntilde;os, los que contrastaban con mis cincuenta; ella pose&iacute;a un cuerpo bastante menudo, pero bien proporcionado; ten&iacute;a baja estatura, con unos senos de buen tama&ntilde;o y un atractivo rostro, adornado de una larga y negra cabellera; su comportamiento general, denotaba una posici&oacute;n social y econ&oacute;mica tal vez favorable.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de transcurrida dicha hora, anunciaron la aparici&oacute;n de Eddie Santiago. Para ese entonces, hab&iacute;a una gran aglomeraci&oacute;n de gente justo frente al estrado principal, donde nos hab&iacute;amos situado estrat&eacute;gicamente hac&iacute;a una media hora, sosteniendo sendas Cubas dobles en nuestras manos. Nuestro trato en ese momento ya era alegre y no inclu&iacute;a timidez alguna&hellip; parec&iacute;a que fu&eacute;ramos amigos desde hace cien a&ntilde;os.<\/p>\n<p>El concierto dur&oacute; cerca de dos horas, incluyendo un descanso, durante el cual me apresur&eacute; a ir al bar a obtener nuevas Cubas, mientras ella guardaba nuestros privilegiados lugares.<\/p>\n<p>Las canciones de Eddie se sucedieron una tras otra, ante el entusiasmo, no s&oacute;lo del gent&iacute;o, sino del nuestro. La multitud era bastante densa, lo que hab&iacute;a juntado nuestros cuerpos a una distancia, la que me hubiera sido muy dif&iacute;cil lograr en una situaci&oacute;n normal, con una mujer a quien acabara de conocer. Est&aacute;bamos literalmente con nuestros cuerpos pegados el uno al otro. Por su baja estatura, ten&iacute;a mi brazo derecho sobre sus hombros y por mi naturaleza, pronto me olvid&eacute; del famoso Eddie y empec&eacute; a planear un ataque lento pero efectivo, hac&iacute;a ella, ayudado enormemente por nuestro entorno. As&iacute;, le plant&eacute; a Mayela un beso en la mejilla y medio minuto m&aacute;s tarde, otro m&aacute;s, a los que ella no se opuso, continuando con sus brincos y algarab&iacute;a. Me entusiasm&eacute;, pues vislumbr&eacute; una posibilidad sexual, para esa noche&hellip; o para un futuro.<\/p>\n<p>Durante la canci&oacute;n &ldquo;Lluvia&rdquo;, le coloqu&eacute; a Mayela mi mano derecha alrededor de la nuca, y la atraje con suavidad; para mi sorpresa, ella volte&oacute; su cara hacia m&iacute; y me mir&oacute; a los ojos. Sin dudarlo, le estamp&eacute; un beso en la boca. Ella me lo sostuvo por unos diez segundos y sigui&oacute; con su entusiasmo en la m&uacute;sica. En ese momento me di cuenta de que mi batalla, as&iacute; lo cre&iacute;, estaba parcialmente ganada, pero deb&iacute;a seguir con mis planes de depredador. Mi experiencia era grande y no dudaba que, si no lograba algo hoy, lo lograr&iacute;a en unos d&iacute;as. Me invadi&oacute; el deseo de cogerme a esa peque&ntilde;a y deliciosa Tica.<\/p>\n<p>Durante el tiempo restante del concierto, goc&eacute; varias veces de sus besos y mi lengua horad&oacute; una boca desconocida, que respondi&oacute; con deseo a mis embates llenos de lujuria. Un tiempo despu&eacute;s, el gent&iacute;o abandonaba el famoso Candilejas, la mayor&iacute;a de ellos arriesgando tener un no deseado encuentro con la polic&iacute;a, pues su alto estado et&iacute;lico, les hubiera dado un grave problema. Mi caso no era diferente, pero mi preocupaci&oacute;n era Mayela. Estaba decidido a cog&eacute;rmela. Ella, hab&iacute;a tomado algo m&aacute;s que yo y su actitud hacia mi, era abierta e interesada.<\/p>\n<p>&minus;Te puedo llevar a casa Maye? &minus;pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&minus;Estoy manejando mi auto. &minus;contest&oacute;.<\/p>\n<p>&minus; Oh &minus;repliqu&eacute;&minus; Pens&eacute; que podr&iacute;amos ir a alg&uacute;n sitio, a tomar algo y estar juntos.<\/p>\n<p>&minus;Si quieres, s&iacute;gueme hac&iacute;a mi casa. &minus;dijo de inmediato.<\/p>\n<p>&minus;Depende Maye, d&oacute;nde vives? &minus;pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&minus;En Long Beach, no es lejos. &minus;respondi&oacute;.<\/p>\n<p>Su localidad no era lejos de mi casa, por lo tanto, no dud&eacute; un minuto en seguirla. Durante el viaje hice toda clase de conjeturas; deduje que deb&iacute;a vivir sola, pues de otra forma, no podr&iacute;a traer a casa un invitado a casi la media noche. Manejamos por casi media hora; desde la avenida principal y despu&eacute;s de un par de giros, entr&oacute; a una bastante oscura calle, flanqueada por enormes y frondosos &aacute;rboles. Detect&eacute; un apacible barrio, donde las contadas y altas luces el&eacute;ctricas, eran eclipsadas por los tupidos follajes. Detuvo su auto y yo aparqu&eacute; detr&aacute;s de &eacute;l. Ella se ape&oacute; de su camioneta y en la oscuridad, se dirigi&oacute; hacia mi.<\/p>\n<p>&minus;Cu&aacute;l es tu casa Maye? &minus;pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&minus;Vivo a dos cuadras de aqu&iacute; &minus;contest&oacute;&minus; pero este es mi sitio; es tranquilo y a esta hora, no hay nadie. Ven a mi camioneta.<\/p>\n<p>No entend&iacute;a, pero cerr&eacute; mi auto; al mismo tiempo, mi mente se llen&oacute; de estupor, sorpresa, asombro, desconcierto y sobresalto. Mayela me estaba invitando a su camioneta, querido lector, pero tengo que describ&iacute;rtela. Era una lo que llamaban &ldquo;furgoneta&rdquo; Volkswagen de los a&ntilde;os cincuenta; si te acuerdas, parec&iacute;an una cuadrada caja de bocadillos, que le encantaban a los &ldquo;Hippies&rdquo; en aquella &eacute;poca; la costumbre era pintarlas de colorines, seguramente para llamar la atenci&oacute;n. All&iacute; me estaba invitando ella, en plena calle! No ir&iacute;amos a su casa!<\/p>\n<p>Mayela abri&oacute; la puerta lateral de atr&aacute;s, se subi&oacute; y yo la segu&iacute;. Ya all&iacute;, me apresur&eacute; a preguntar esto y aquello y a comentar y a indagar, pues no sab&iacute;a cuales eran sus planes.<\/p>\n<p>&minus;Ven Rafa &minus;dijo tomando asiento atr&aacute;s y atray&eacute;ndome hacia ella.&minus; Tranquil&iacute;zate.<\/p>\n<p>Me acerqu&eacute;, tratando con mis manos y brazos de evaluar el amplio pero muy oscuro espacio. Pronto sent&iacute; su boca cerca de la m&iacute;a y o&iacute; su agitada respiraci&oacute;n. Despu&eacute;s de convencerme de que no hab&iacute;a problema alguno, decid&iacute; hacer mi ataque a esta mujer que se brindaba f&aacute;cil, muy f&aacute;cil, en nuestra primera noche.<\/p>\n<p>Analizando la situaci&oacute;n, conceptu&eacute; que lo que Mayela hab&iacute;a fraguado hoy, era una aventura que deb&iacute;a haber hecho anteriormente, varias&hellip; o muchas veces, con otros. En otras palabras&hellip; yo no era el primero, all&iacute;, en la oscuridad de su apacible barrio residencial y cerca de su casa y dentro de su camioneta!<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de unos minutos, durante los cuales volaron por los aires nuestras prendas de vestir, empez&oacute; el forcejeo, preludio a toda relaci&oacute;n carnal; nos abrazamos, nos besamos, nos tocamos y me lanc&eacute; al ataque. Como pude en esas tinieblas, la posicion&eacute; sentada en el amplio asiento y arrodill&aacute;ndome, lanc&eacute; mi boca hacia su vagina. All&iacute; dur&eacute; varios minutos saboreando sus deliciosos jugos de amor; me incorpor&eacute; para besar su boca y compartirle su dulce elixir vaginal. Mientras lo hac&iacute;a, mi mano derecha vol&oacute; hacia su co&ntilde;o, le introduje lentamente uno, dos y tres de mis dedos, a lo que ella respond&iacute;a con movimientos de pelvis tan fuertes que hac&iacute;an tambalear aquella camioneta. Mientras nos bes&aacute;bamos, mov&iacute;a mi mano por toda aquella mojad&iacute;sima &aacute;rea, acariciaba su cl&iacute;toris, la deslic&eacute; hacia atr&aacute;s y sin intenci&oacute;n alguna roc&eacute; levemente su ano.<\/p>\n<p>&minus;Oh, te gusta por ah&iacute;?. &minus;dijo.<\/p>\n<p>&minus;Lo siento Maye, qu&eacute; dijiste? &minus;pregunt&eacute; con extra&ntilde;eza.<\/p>\n<p>&minus;Te pregunt&eacute; si te gusta por ah&iacute;. &minus;repiti&oacute;.<\/p>\n<p>Su pregunta me conmocion&oacute;, pues no entend&iacute;a el sentido de ella. Por qu&eacute; habr&iacute;a ella de preguntarme eso en este momento, si le toqu&eacute; sin querer su cueva de atr&aacute;s por medio segundo? Estaba esta mujer insinuando que me la cogiera por el trasero? Me sent&iacute; casi obligado a contestarle, y lo hice.<\/p>\n<p>&minus;Oh s&iacute; Maye, me fascina, a ti te gusta? &minus;pregunt&eacute; con firmeza.<\/p>\n<p>&minus;Si Rafa, mucho! &minus;contest&oacute; de inmediato.<\/p>\n<p>Con decisi&oacute;n tom&eacute; mi verga, que estaba como un riel de acero, visit&eacute; dos o tres veces su desconocida cueva delantera para humedecerme y proced&iacute; a penetrarle lentamente su deseado culo. Lo hice cuidadosamente; mis a&ntilde;os en la batalla me han ense&ntilde;ado que, al cogerme un culo, especialmente al principio, debo tener suavidad y tacto, as&iacute; como paciencia.<\/p>\n<p>&minus;Rafa, tranquilo, me gusta duro &minus;dijo&minus;. Dame duro!<\/p>\n<p>Su comentario me conmocion&oacute; a&uacute;n m&aacute;s! Maye me estaba pidiendo que le diera duro, mientras yo hasta ahora empezaba, con suavidad. Me retir&eacute; un poco y le mand&eacute; la verga con toda mi fuerza, tratando de que le entrara hasta la garganta.<\/p>\n<p>&minus;As&iacute; te gusta, puta? &minus;dije.<\/p>\n<p>&mdash;Ay qu&eacute; rico, siii! Ay qu&eacute; rico! Me gusta duro, dame duro! &minus;grit&oacute;.<\/p>\n<p>No s&eacute; c&oacute;mo me aguant&eacute; para no terminar, pero unos minutos despu&eacute;s, la Maye se peg&oacute; una corrida tan fuerte, que se desacomod&oacute; completamente del asiento de su camioneta. Mi mano libre vol&oacute; r&aacute;pido a tapar su boca, pues su grito fue tan alto, que tem&iacute; que despertara el apacible vecindario.<\/p>\n<p>Bueno querido lector, ya te narr&eacute; c&oacute;mo conoc&iacute; a La Maye, apodo que us&eacute; por varios encuentros, los que publicar&eacute; en un futuro pr&oacute;ximo. Hasta pronto.<\/p>\n<p>ruc1941@gmail.com.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Un s&aacute;bado conoc&iacute; a Mayela en un night club en Los &Aacute;ngeles. Esa noche de 1985 se presentaba en el Club Candilejas, Eddie Santiago, quien estaba en la c&uacute;spide de su carrera y por consiguiente sus discos se vend&iacute;an como pan caliente. 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