{"id":31550,"date":"2021-09-22T22:00:00","date_gmt":"2021-09-22T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-09-22T22:00:00","modified_gmt":"2021-09-22T22:00:00","slug":"mi-timidez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/mi-timidez\/","title":{"rendered":"Mi timidez"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"31550\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Durante mi ni&ntilde;ez fui extremadamente t&iacute;mido.&nbsp; Cuando iba con mis padres a reuniones familiares, sudaba fr&iacute;o desde dos d&iacute;as antes de llegar; la visi&oacute;n de los varios ni&ntilde;os, casi todos desconocidos, aunque hab&iacute;a algunos primos, me aterraba; quer&iacute;a que me tragara la tierra.<\/p>\n<p>M&aacute;s tarde, durante mi juventud, a los trece o catorce a&ntilde;os nada cambi&oacute;; los mismos ni&ntilde;os eran ya adolescentes y las ni&ntilde;as y las primas ya hab&iacute;an crecido; yo no las entend&iacute;a y adem&aacute;s me atemorizaban.<\/p>\n<p>En esa &eacute;poca, o&iacute; en el radio en un programa de aficionados, una canci&oacute;n llamada &ldquo;Mantelito Blanco&rdquo;, la que era cantada por una ni&ntilde;a con una voz angelical y sublime. Algo extra&ntilde;o pas&oacute; en m&iacute;; la bendita canci&oacute;n se me grab&oacute;, imborrable como un tatuaje en el cerebro. Cada vez que la recordaba, mi coraz&oacute;n saltaba como loco y deseaba por lo menos, saber el nombre de la ni&ntilde;a que cantaba con esa dulce voz, que se estaba apoderando de mis noches; me la imaginaba delicada como una princesa y hermosa como un &aacute;ngel. Hoy en d&iacute;a, pens&aacute;ndolo bien, creo que me hab&iacute;a enamorado por primera vez. Despu&eacute;s, como en todas las historias de amor, ella pas&oacute; al olvido, aunque todav&iacute;a me acuerdo de la letra: &ldquo;Mantelito blanco, de la humilde mesa, donde compartimos el pan familiar&hellip;&rdquo;<\/p>\n<p>Varios a&ntilde;os despu&eacute;s, cuando estaba ya en los dieciocho, en una de las vacaciones familiares decembrinas, llegamos a Tol&uacute; con el nutrido grupo de amistades de mis padres, el que se compon&iacute;a de cuatro, a veces cinco parejas, con hijos y todo. La situaci&oacute;n se repet&iacute;a de nuevo; el grupo de seis o siete j&oacute;venes ten&iacute;an diferentes actividades vacacionales. La angustia y la timidez de que habl&eacute; antes, se apoderaban de m&iacute; de la misma forma, lo que me obligaba a marginarme de ellos. Hoy en d&iacute;a pienso que curiosamente, nunca se me pas&oacute; por la mente revelarles a mis padres mi grave problema. Nunca supieron de mi timidez.<\/p>\n<p>Una ma&ntilde;ana, caminaba solo por una playa un poco retirada al hotel; era temprano y por consiguiente hab&iacute;a marea baja. Entr&eacute; al mar con las aletas y la m&aacute;scara de caucho que me hab&iacute;an regalado de Navidad, las que tanto me envidiaban; me encantaba bucear conchitas, clavando mis manos en la blanca y tibia arena.<\/p>\n<p>Ese d&iacute;a, estaba entretenido con mi b&uacute;squeda de conchitas, cuando not&eacute; que se me acercaba una mujer. Cre&iacute; que aparentaba unos veinticuatro a&ntilde;os, ten&iacute;a una cara muy bonita y sonre&iacute;a; su pelo mojado y desarreglado le daba cierto toque enigm&aacute;tico a su apariencia.<\/p>\n<p>&minus;Hola, &iquest;eres turista? &minus;pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&minus;Si &minus;contest&eacute; t&iacute;midamente.<\/p>\n<p>&minus;Cu&aacute;l es tu nombre? Yo me llamo Milena.<\/p>\n<p>&minus;Yo soy Rafael, me llaman Rafa. &minus;contest&eacute;.<\/p>\n<p>&minus;De d&oacute;nde vienes?<\/p>\n<p>&minus;De Bogot&aacute;. &minus;repliqu&eacute; con algo de sequedad.<\/p>\n<p>No era com&uacute;n para mi que una mujer as&iacute; me entablara conversaci&oacute;n. Donde yo estaba parado, la profundidad del agua no era mayor y me llegaba m&aacute;ximo a los hombros; peque&ntilde;as olas corr&iacute;an hacia la playa y volv&iacute;an suavemente mar adentro; cuando lo hac&iacute;an, el nivel del agua bajaba, descubriendo algo de nuestros cuerpos. Querido lector, te cuento que pude observar un par de enormes pechos que se agitaban con lentitud, los que en aquella &eacute;poca no estaba acostumbrado a ver.<\/p>\n<p>&minus;Ah, eres &ldquo;cachaco&rdquo;! &minus;exclam&oacute;.<\/p>\n<p>&minus;&iquest;Que soy qu&eacute;? &minus;pregunt&eacute; extra&ntilde;ado.<\/p>\n<p>&minus;&ldquo;Cachaco&rdquo; &minus;contest&oacute;&minus;. As&iacute; le decimos en la costa a los del centro del pa&iacute;s. Yo vivo en el pueblo, aqu&iacute; nac&iacute;; y t&uacute;, &iquest;d&oacute;nde te est&aacute;s quedando?<\/p>\n<p>&minus;En el Hotel Principal. &minus;contest&eacute; muy orgulloso&minus;. &iquest;Lo conoces?<\/p>\n<p>&minus;Claro. &minus;respondi&oacute;&minus; &iquest;quien no lo conoce?<\/p>\n<p>Ella se desenvolv&iacute;a con facilidad, yo no. Me atemorizaba su conversaci&oacute;n y tan inexperto era, que ella iniciaba cada di&aacute;logo, al que yo respond&iacute;a con dificultad, tratando de aparentar una muy inexistente experiencia. Milena me intimidaba un poco, aunque tengo que admitir que a medida que los temas se desarrollaban, adquir&iacute;a algo de confianza. Me habl&oacute; de b&eacute;isbol, deporte que yo nunca hab&iacute;a practicado, pero tema &uacute;nico en ese peque&ntilde;o pueblo de la Costa Atl&aacute;ntica.<\/p>\n<p>&minus;&iexcl;Loj cachacoj no saben bail&aacute;! &minus;dijo sin importarle lo que yo pensara.<\/p>\n<p>Yo guard&eacute; silencio, pues no sab&iacute;a si alegar o asentir.<\/p>\n<p>&minus;&iquest;Qu&eacute; son esoj extra&ntilde;oj aparatoj que tienej? &minus;pregunt&oacute; con su marcado acento coste&ntilde;o.<\/p>\n<p>&minus;No son aparatos. &minus;contest&eacute;.<\/p>\n<p>Proced&iacute; a explicarle que era mi equipo de buceo, el que me hab&iacute;an dado mis padres de Navidad. Le mostr&eacute; como lo usaba e inclusive saqu&eacute; unas cuantas conchitas, para que las viera, aunque estaba seguro de que, siendo lugare&ntilde;a, sab&iacute;a lo que eran. Hab&iacute;a pasado m&aacute;s de una hora desde que se aproxim&oacute; a m&iacute; y convers&aacute;bamos animadamente; me hab&iacute;a adaptado bastante bien a los varios temas, aunque siempre iniciados por ella. En el proceso de instruirle sobre la pesca de las conchitas, hab&iacute;amos cerrado las distancias y con algo de agrado, mejor, de alivio, not&eacute; que me sent&iacute;a un poco mejor, confiado y menos atemorizado. En un momento baj&eacute; la vista y cuando la sub&iacute; de nuevo, ella me tom&oacute; r&aacute;pidamente de la quijada con una de sus manos y me estamp&oacute; un beso en la boca. Segundos despu&eacute;s, cuando repiti&oacute; su acci&oacute;n, sent&iacute; su lengua invadiendo mi boca con insistencia, algo que yo ni siquiera sab&iacute;a que exist&iacute;a. Fueron varios segundos, durante los cuales no supe que hacer. Ella separ&aacute;ndose de mi, me mir&oacute; y viendo el gesto que creo que hice, mezcla de estupidez, pavor y sorpresa, dijo con un marcado acento coste&ntilde;o.<\/p>\n<p>&minus;&iexcl;Mieda Rafa, tranquilo que no te voy a com&eacute;! &minus;al mismo tiempo, solt&oacute; una simp&aacute;tica risotada, que me tranquiliz&oacute; un poco.<\/p>\n<p>&minus;Tengo que ime Rafa, &iquest;vas a ven&iacute; ma&ntilde;ana? &minus;pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&minus;Si, seguro que si. &minus;contest&eacute;, tomando la pregunta como una invitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Esa noche pens&eacute; en sus besos; hab&iacute;a sido una experiencia totalmente desconocida para mi, como en las pel&iacute;culas y adem&aacute;s en traje de ba&ntilde;o, lo que lo hac&iacute;a m&aacute;s emotivo. Pens&eacute; que nunca hab&iacute;a experimentado que una mujer me besara y adem&aacute;s&hellip; con lengua, en mi vida. Ese momento con Milena, me inundaba el cerebro, pero no pod&iacute;a definir si lo que ten&iacute;a era miedo, alegr&iacute;a o terror, pues dichos sentimientos se mov&iacute;an con rapidez en mi mente. Definitivamente algo especial. Pensaba en sus enormes pechos, los que sent&iacute; tan cerca de mi cuerpo. Ten&iacute;a s&oacute;lo dieciocho a&ntilde;os y en el entorno del colegio no hab&iacute;a aprendido mucho, pues en dicho plantel, bastante elitista por cierto, disfrut&aacute;bamos de una adolescencia extremadamente sana.<\/p>\n<p>Cuando apagu&eacute; la luz, mis manos se dispararon raudas hacia abajo y con ansiedad busqu&eacute; alivio, de la &uacute;nica forma que hab&iacute;a conocido, por varios a&ntilde;os ahora. Fueron tres o cuatro minutos, durante los cuales hubiera querido pronunciar el nombre de Milena, pero lo que no hice, pues mi hermano dorm&iacute;a en la cama contigua.<\/p>\n<p>El d&iacute;a siguiente, llegu&eacute; al mismo sitio a las diez de la ma&ntilde;ana; esper&eacute; hasta despu&eacute;s de mediod&iacute;a. Milena no lleg&oacute;. Trat&eacute; de sacar conchitas, pero se me entraba el agua dentro de la careta, el aceite protector del sol me hac&iacute;a arder los ojos y me estorbaban las aletas, en fin, me di cuenta de que las conchitas me importaban un carajo. Despu&eacute;s de esperar un par de horas m&aacute;s, sin sacar conchitas, me fui al hotel deambulando y pas&eacute; el resto del d&iacute;a con el desagradable grupo de j&oacute;venes, obviamente sin divulgar el nombre de Milena&hellip; pero sin dejar de pensar en ella&hellip; y en sus enormes pechos.<\/p>\n<p>Esa noche, s&oacute;lo y en la oscuridad, me asalt&oacute; un sentimiento indescriptible de temor e inseguridad; trataba de encontrar explicaci&oacute;n alguna de porqu&eacute; Milena no hab&iacute;a venido a nuestra cita. Me preguntaba, &minus;&iquest;hab&iacute;a sido en realidad una cita? Se me vino a la mente la ni&ntilde;a de la canci&oacute;n &ldquo;Mantelito Blanco&rdquo;, a quien nunca llegu&eacute; a conocer, pero que me acompa&ntilde;&oacute; muchas noches. La &uacute;nica diferencia entre ellas dos, era la edad, los tiernos once o doce de la ni&ntilde;a cantante&hellip; y los sensuales veinticuatro de Milena. En la oscuridad, mis manos empezaron a jugar inquietas abajo de mi cintura y al final, encontr&eacute; descanso como otras veces en el pasado&hellip; y como la noche anterior.<\/p>\n<p>La siguiente ma&ntilde;ana llegu&eacute; a la playa a eso de las nueve; mi coraz&oacute;n dio un vuelco cuando desde la distancia divis&eacute; a Milena, parada en la orilla donde el agua le llegaba apenas abajo de las rodillas. Cuando llegu&eacute; cerca, a unos veinte metros, me salud&oacute; agitando con entusiasmo uno de sus brazos. Un enorme sentimiento, mezcla de alegr&iacute;a y seguridad, me hizo sonre&iacute;r, aunque el brusco movimiento de sus enormes pechos no le pas&oacute; desapercibido a mi fr&aacute;gil mente.<\/p>\n<p>&minus;&iquest;Vinijte ayer Rafa? &minus;pregunt&oacute; con inter&eacute;s.<\/p>\n<p>&minus;No, me compliqu&eacute;. &minus;respond&iacute; minti&eacute;ndole&minus;. Estuve con mi familia.<\/p>\n<p>Ella no dio explicaci&oacute;n alguna sobre su ausencia el d&iacute;a anterior y empez&oacute; a caminar mar adentro con lentitud, hablando continuamente sobre esto y aquello. Era evidente que ella lideraba nuestro entorno, la conversaci&oacute;n, nuestros movimientos, todo.<\/p>\n<p>&minus;&iquest;Vas a buscar conchitas hoy? &minus;inquiri&oacute; ri&eacute;ndose con cierto tono de burla, el que al principio me molest&oacute;.<\/p>\n<p>&minus;No son conchitas Rafa, se llaman almejas. &minus;agreg&oacute; alegremente.<\/p>\n<p>Como sab&iacute;a que las aletas y la careta flotaban, me deshice de ellas y tratando de disimular mi ingenuidad, me re&iacute; con ganas y recib&iacute; su broma con agrado, pues la tom&eacute; como un intento de iniciar un buen rato. Pens&eacute; en la frustraci&oacute;n y ansiedad que me hab&iacute;a causado su ausencia ayer y en los tumbos mentales que me impidieron dormir la mayor&iacute;a de la noche. Quer&iacute;a preguntarle por qu&eacute; no hab&iacute;a venido; quer&iacute;a preguntarle si estaba ansiosa de verme, como lo estaba yo de verla a ella. Conceptu&eacute; que deb&iacute;a callar y olvidarme del asunto.<\/p>\n<p>Igual que hace dos d&iacute;as, los temas fluyeron siempre iniciados por ella; debo admitir que me sent&iacute;a bien, tranquilo y lejos de mi odiada timidez, aunque un poco nervioso. Me pregunt&oacute; con gran inter&eacute;s sobre detalles de mi vida en Bogot&aacute;, sobre mis estudios, sobre el f&uacute;tbol y el atletismo, deportes que siempre me apasionaron y los que practiqu&eacute;, y sobre costumbres del interior, las que le causaban extra&ntilde;eza. Su inter&eacute;s parec&iacute;a leg&iacute;timo, sin embargo, yo notaba tambi&eacute;n una no muy disimulada coqueter&iacute;a en su trato hac&iacute;a m&iacute;. Su idioma corporal, aunque no exagerado, era parecido al que hab&iacute;a usado hace dos d&iacute;as cuando me bes&oacute;. Mientras nad&aacute;bamos, lentamente se hab&iacute;a aproximado de tal forma, que un par de veces pude sentir su aliento cerca de mi cara. Varios minutos pasaron entre retozos y risas, pero mi inexperta mente no me daba orden alguna, por lo tanto, s&oacute;lo esper&eacute; con ansiedad.<\/p>\n<p>Mientras conversaba, me miraba fijamente a los ojos; por un instante, pens&eacute; que ella estaba preparando un nuevo ataque, el que cre&iacute;, era totalmente premeditado con tiempo. Minutos despu&eacute;s, cuando me abraz&oacute; de nuevo Milena, te confieso querido lector, que mi cuerpo temblaba como una hoja al viento, lo que empeor&oacute; cuando sent&iacute; de nuevo sus labios sobre los m&iacute;os. Pens&eacute; en las pel&iacute;culas francesas para mayores de veinti&uacute;n a&ntilde;os de aquella &eacute;poca y trat&eacute; de responder a sus besos en una forma que cre&iacute;a bastante inexperta. Su lengua inici&oacute; de nuevo su invasi&oacute;n, la que te confieso querido lector, estaba deseando.<\/p>\n<p>Observ&eacute; c&oacute;mo las suaves olas empujaban su cuerpo contra el m&iacute;o y sent&iacute; sus abultados pechos estrujarse inquietos contra mi torso. Ella me sigui&oacute; besando con pasi&oacute;n por varios minutos, una de sus manos sobre mi nuca, trayendo con firmeza mi cabeza hacia ella, la otra en la parte baja de mi espalda, me halaba con fuerza hac&iacute;a su vientre, el que mov&iacute;a con un er&oacute;tico ritmo de cumbia.<\/p>\n<p>En un momento me sorprend&iacute;, pues Milena empez&oacute; a horadar mi boca, de aquella forma que yo ya conoc&iacute;a. Sent&iacute; su fuerte respiraci&oacute;n, lo que empez&oacute; a excitarme; su lengua bailaba alg&uacute;n ritmo caribe&ntilde;o dentro de mi boca, al que trat&eacute; de adaptarme. As&iacute; mismo sent&iacute; una tremenda erecci&oacute;n, no causada por una de mis manos, como de costumbre, sino por una mujer. Por primera vez, querido lector, una mujer me causaba una pasi&oacute;n indescriptible, con la que yo no pod&iacute;a, ni sab&iacute;a lidiar.<\/p>\n<p>Tom&oacute; una de mis manos y con decisi&oacute;n la dirigi&oacute; hacia abajo entre sus piernas; ya all&iacute;, apart&oacute; su bikini hacia un lado y con fuerza aplast&oacute; mi mano contra su cuerpo. Sent&iacute; una tremenda humedad, la que cre&iacute; no era causada por el agua marina; sent&iacute; un l&iacute;quido resbaloso, el que no sab&iacute;a qu&eacute; era. Adem&aacute;s, aquella &aacute;rea era considerada por un joven como yo, como algo prohibido. Perd&oacute;name querido lector por repetirte, pero mi cuerpo temblaba como una hoja al viento. Quise decirle algo, pero no me dejaba hablar.<\/p>\n<p>&minus;&iexcl;Acar&iacute;ciame Rafa, mueve tu mano con fuerza! &iexcl;Mueve tus dedos! &minus;orden&oacute; con decisi&oacute;n.<\/p>\n<p>Yo obedec&iacute;, tratando de adivinar lo que ella quer&iacute;a. Iba a pedirle que me explicara, pero pens&aacute;ndolo bien, cre&iacute; que era una estupidez. Hab&iacute;a gente mayor y algunos ni&ntilde;os cerca de nosotros y aunque el nivel del agua alcanzaba la altura de nuestros hombros, mi preocupaci&oacute;n era que esos ba&ntilde;istas cercanos, viendo mi expresivo gesto de desconcierto y estupidez, detectaran lo que estaba all&iacute; sucediendo.<\/p>\n<p>Continu&eacute; moviendo mi mano all&aacute; abajo con cierta decisi&oacute;n, siguiendo las instrucciones de Milena, cuando intempestivamente dijo, &minus;&iexcl;M&iacute;rame a los ojos Rafa, m&iacute;rame!<\/p>\n<p>La observ&eacute; con intriga.<\/p>\n<p>Ella repiti&oacute; &minus;&iexcl;M&iacute;rame Rafa!<\/p>\n<p>Mi sorpresa fue mayor cuando sus ojos se clavaron en los m&iacute;os por un largo transcurso de tiempo; me enlaz&oacute; con sus brazos y sent&iacute; su cuerpo temblar lo que termin&oacute; con algo as&iacute; como espasmos, acompa&ntilde;ados con hermosos sonidos, confundidos con su intensa respiraci&oacute;n.<\/p>\n<p>No pasaron muchos segundos, cuando sent&iacute; como una fuerte explosi&oacute;n, la que no pude saber si era f&iacute;sica o mental; sent&iacute; el trastorno ese de diez segundos que sufr&iacute;a al final, cuando me masturbaba. Lo que s&iacute; s&eacute;, fue que despu&eacute;s de dar un extra&ntilde;o y grave gemido, se me aflojaron las rodillas, lo que caus&oacute; que mi cabeza se desplazara ligeramente hacia abajo, oblig&aacute;ndome a tragar un gran buche de agua salada, el que me hizo atorar severamente. Milena, un tanto asustada, sali&oacute; al rescate d&aacute;ndome fuertes palmadas en la espalda.<\/p>\n<p>&minus;&iexcl;Mieda Rafa, casi te ahogaj! &minus;dijo burlonamente&minus; a lo que no contest&eacute;.<\/p>\n<p>&minus;&iquest;Nos vemoj ma&ntilde;ana? &minus;dijo, caminando sonriente hacia la playa, mientras agitaba su cabeza para escurrir algo del agua de su pelo.<\/p>\n<p>&minus;Seguro, a la misma hora. &minus;le contest&eacute;, aunque sab&iacute;a que al d&iacute;a siguiente part&iacute;amos de vuelta hacia la capital.<\/p>\n<p>Mientras nadaba para rescatar mi equipo de buceo, el que divis&eacute; flotando a unos diez metros, me sent&iacute; como un simple idiota, pues me di cuenta y te repito, querido lector, de que acababa de experimentar ese raro trastorno que sufr&iacute;a al final de mis frecuentes masturbadas, aunque esta vez con la planeada complicidad de una joven y bella mujer, a la que seguir&iacute;an a&ntilde;os despu&eacute;s&hellip; cientos m&aacute;s.<\/p>\n<p>As&iacute; termin&oacute; aquel inolvidable y accidentado encuentro, el que creo contribuy&oacute; algo a combatir mi exagerada timidez. Milena desapareci&oacute; de mi vida, igual que la ni&ntilde;ita de la canci&oacute;n &ldquo;Mantelito Blanco&rdquo;.<\/p>\n<p>&minus;&iquest;Se puede saber a qu&eacute; viene esa amplia sonrisa que tienes? &minus;me pregunt&oacute; mi hermano al d&iacute;a siguiente, ya en el avi&oacute;n de regreso.<\/p>\n<p>&minus;Oh, aventuras que tuve en la playa mientras sacaba conchitas. &minus;contest&eacute; t&iacute;midamente, manteniendo mi sonrisa.<\/p>\n<p>De ah&iacute; en adelante, durante las fr&iacute;as noches de Bogot&aacute;, rutinariamente mis manos proporcionaron sin timidez y muchas veces, alivio a mi cuerpo, all&aacute; debajo de mi cintura. As&iacute; mismo, empec&eacute; a conocer mujeres y aprend&iacute; a manejar situaciones con ellas, teniendo como preludio aquel inolvidable orgasmo de Milena, en el mar Caribe de Tol&uacute;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Durante mi ni&ntilde;ez fui extremadamente t&iacute;mido.&nbsp; Cuando iba con mis padres a reuniones familiares, sudaba fr&iacute;o desde dos d&iacute;as antes de llegar; la visi&oacute;n de los varios ni&ntilde;os, casi todos desconocidos, aunque hab&iacute;a algunos primos, me aterraba; quer&iacute;a que me tragara la tierra. 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