{"id":31585,"date":"2021-09-25T22:00:00","date_gmt":"2021-09-25T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-09-25T22:00:00","modified_gmt":"2021-09-25T22:00:00","slug":"como-en-la-cenicienta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/como-en-la-cenicienta\/","title":{"rendered":"Como en la cenicienta&#8230;"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"31585\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 16<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Muchas de las aventuras sexuales que hemos experimentado en compa&ntilde;&iacute;a de mi esposa, han sido inesperadas, sorpresivas, improvisadas y espont&aacute;neas. La oportunidad se ha presentado y hemos tomado la decisi&oacute;n de disfrutar el momento. Sin m&aacute;s ni m&aacute;s. Las circunstancias, casi siempre se han dado en ambientes especiales, de fiesta, elegantes y glamorosos. Y tal vez ese sea el ingrediente que genere el atractivo y despierte el deseo de ir m&aacute;s all&aacute; despu&eacute;s de haber establecido un v&iacute;nculo con alguien.<\/p>\n<p>Fuimos invitados a la celebraci&oacute;n del matrimonio de un compa&ntilde;ero de trabajo. Se trataba de un evento especial, que se iba a realizar por todo lo alto en las instalaciones de un lujoso hotel situado a casi tres horas de viaje de nuestra residencia. La convocatoria indicaba que hab&iacute;a que observar vestido de etiqueta para el evento principal y que deb&iacute;amos confirmar nuestra asistencia con anticipaci&oacute;n, porque estaba dispuesto el hospedaje de los invitados. As&iacute; que, previendo lo necesario, emprendimos el viaje hacia el lugar, un d&iacute;a s&aacute;bado, temprano en la ma&ntilde;ana.<\/p>\n<p>Al llegar al sitio nos encontramos con un estricto protocolo de identificaci&oacute;n, recepci&oacute;n y acomodaci&oacute;n de los asistentes. Por alguna raz&oacute;n, tal vez porque &eacute;ramos una pareja casada, se nos aloj&oacute; en una caba&ntilde;a, un tanto alejada del edificio principal, pero bastante c&oacute;moda y con una vista hermosa a un lago y un pueblo cercano. Estaba compuesta por una gran habitaci&oacute;n, dotada con su ba&ntilde;o, una cama doble bastante grande, una sala de estar con chimenea, un ba&ntilde;o auxiliar y una peque&ntilde;a cocina. La chimenea, muy moderna, no funcionaba con le&ntilde;a sino con gas, de modo que era f&aacute;cil ponerla en operaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Reci&eacute;n instalados, y dado que el evento se celebraba en la noche, nos dimos un recorrido por las instalaciones, ubicamos el sal&oacute;n donde se llevar&iacute;a a cabo el festejo posterior a la celebraci&oacute;n de la boda, la cual se realizar&iacute;a en una capilla campestre, muy bonita, situada dentro de las mismas instalaciones. La decoraci&oacute;n del lugar estaba muy elegante y realmente atractiva. Seguramente los padres de la novia hab&iacute;an hecho una inversi&oacute;n importante para celebrar el matrimonio de su hija con tanta pompa y gala. Y, la verdad, nos sent&iacute;amos muy a gusto en ese lugar.<\/p>\n<p>Volvimos a la caba&ntilde;a y decidimos disfrutar del paisaje mientras se llegaba la hora de los eventos, as&iacute; que nos sentamos en el balc&oacute;n y, mientras tanto, dimos cuenta de una peque&ntilde;a botella de vino que encontramos, junto con otras bebidas en la nevera. En esa actividad pudimos ver la llegada de otra gente que, como nosotros, acud&iacute;a al evento. Hab&iacute;a personas de todo tipo, colores y sabores, como dicen, autos de diferentes gamas, personas glamorosas y de elegante vestimenta, suponiendo una gran asistencia, as&iacute; que el evento promet&iacute;a ser de grata recordaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Pasado el tiempo y ya cerca de la hora, 8 pm, empezamos con el ritual de alistamiento. Cada uno de nosotros, ella y yo, dispusimos de nuestras mejores galas. Ella utiliz&oacute; un vestido largo, de color negro y blanco, con un escote generoso y una abertura en la pierna, que dejaba ver el contorno de sus piernas al caminar. Por alguna raz&oacute;n, y no pregunt&eacute; el por qu&eacute;, us&oacute; un body transparente negro, con ligas para enlazar las medias, tambi&eacute;n negras, y un diminuto panty, complementado, l&oacute;gicamente, con zapatos de tac&oacute;n alto, que la hac&iacute;an ver muy elegante. Ese proceso de arreglo result&oacute; para m&iacute; bastante excitante, porque parec&iacute;a coquetear frente al espejo, y ver c&oacute;mo iba adornando su cuerpo despert&oacute; en m&iacute; deseo de abrazarla y poseerla. Adem&aacute;s, que, muy bien perfumada, resultaba atractiva y deseable para cualquier hombre.<\/p>\n<p>Yo me vest&iacute; con un esmoquin y corbat&iacute;n negro. El hombre es m&aacute;s sencillo en su vestir y arreglo, de modo que mi ritual no demor&oacute; tanto y bien pronto estuvimos dispuestos para asistir a la ceremonia de bodas y el festejo posterior. Ambos luc&iacute;amos elegantes y hac&iacute;amos juego como pareja. Ella se ve&iacute;a bastante bien para m&iacute; y, con su cabello negro suelto y bien peinado, no dudaba para nada que otros, hombres y mujeres, pusieran sus ojos en ella.<\/p>\n<p>Pasada la ceremonia religiosa, nos dirigimos todos al sal&oacute;n. All&iacute;, las mesas hab&iacute;an sido dispuestas con los nombres de los asistentes, as&iacute; que tardamos un tiempo en encontrar el puesto que nos correspond&iacute;a. Se trataba de una mesa para cuatro personas, bastante alejada de la pista de baile y la tarima principal, pero, no le dimos importancia al asunto. Estuvimos solos en aquel aquella mesa por largo rato, porque nuestros acompa&ntilde;antes al parecer no llegaron, o asistieron a la ceremonia religiosa y no al festejo. En fin. Y lo mismo suced&iacute;a en una de las mesas que hab&iacute;a al lado, donde un caballero, muy elegante, vestido con un esmoquin de chaqueta blanca y pantal&oacute;n negro, bastante apuesto, permanec&iacute;a solo.<\/p>\n<p>Yo, como siempre, sintiendo pena ajena, me atrev&iacute; a preguntarle, &iquest;espera a alguien? No, contest&oacute; &eacute;l, por qu&eacute; lo pregunta, me dijo. Bueno, es que estamos solos en esta mesa porque al parecer los invitados no van a llegar y, vi&eacute;ndolo a usted s&oacute;lo, pens&eacute; que pudi&eacute;ramos hacernos compa&ntilde;&iacute;a. No lo hab&iacute;a pensado, reflexion&oacute; &eacute;l. &iquest;Por qu&eacute; no? &iquest;Y el puesto para las personas que a&uacute;n no han llegado? Inquiri&oacute;. Pues, hagamos una cosa, repuse, coloquemos estos nombres en su mesa y, si aquellos llegan, que se ubiquen all&iacute; y se hagan compa&ntilde;&iacute;a. O, si hay l&iacute;o, ah&iacute; vemos. Lo consideramos y vamos resolviendo. De acuerdo, dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>Rafael Loaiza se llamaba nuestro nuevo compa&ntilde;ero de mesa. Tanto &eacute;l supo nuestros nombres, como nosotros el suyo, por los letreros que hab&iacute;an ubicado en la mesa. El tipo result&oacute; ser una persona jovial, alegre, de trato agradable y bastante ir&oacute;nica en sus comentarios, por lo cual la pasamos riendo casi toda la noche. En una de sus intervenciones afirm&oacute;, pues si a m&iacute;, que soy uno de los amigos favoritos del novio, me ubicaron por ac&aacute;, en estas lejan&iacute;as, imag&iacute;nese a los que no son tan allegados. Como nosotros, repliqu&eacute; yo. As&iacute; que fue f&aacute;cil que ambos, mi esposa y yo, congeni&aacute;ramos con &eacute;l. Y, pasados unos cuantos minutos, parec&iacute;a que los tres nos conoci&eacute;ramos de toda la vida.<\/p>\n<p>Vinieron las consabidas sesiones de fotos. Los novios posaron con todos en cada una de las mesas, y en alg&uacute;n momento llegaron a posar con nosotros, ocasi&oacute;n que aprovechamos para conversar un poco. Ellos estaban en su ajetreo social, de modo que fue m&aacute;s bien poco el tiempo para interactuar. As&iacute; que, idos ellos, no quedaba m&aacute;s que disfrutar del evento y las entretenciones que se hab&iacute;an dispuesto para los invitados. En otras palabras, ten&iacute;amos la disposici&oacute;n de pasarla bien el resto de la noche.<\/p>\n<p>Una vez la orquesta empez&oacute; a tocar, el ambiente del sal&oacute;n se prendi&oacute; y todo el mundo sali&oacute; a bailar. Al principio, Rafael desapareci&oacute;, por lo cual mi esposa y yo estuvimos bailando varias tandas de m&uacute;sica, dispuestos a disfrutar el ambiente fiestero que hab&iacute;a iniciado. El tipo, un hombre de contextura media, y con un poco menos de estatura que yo, ten&iacute;a buena presencia, una barba cortica, bien cuidada, m&aacute;s bien escaso de cabello en su cabeza, pero de apariencia bastante viril. Y como comprobamos despu&eacute;s, le ca&iacute;a bien a todo el mundo. Era un buen conversador y ten&iacute;a un tono de voz grave, como de locutor de radio. Mientras estuvo ausente hab&iacute;a estado d&aacute;ndose su vuelta de popularidad entre la multitud de asistentes, saludando a los conocidos, amigos y amigas que hab&iacute;a por ah&iacute;, pero, sorprendentemente, pasado el tiempo, volvi&oacute; a hacernos compa&ntilde;&iacute;a.<\/p>\n<p>Al llegar a nuestra mesa y contarnos sus andanzas, yo decid&iacute; seguir su ejemplo, as&iacute; que le dije a &eacute;l que me iba de excursi&oacute;n y, a modo de broma, que se encargara de que mi mujer la pasara bien en mi ausencia. No se preocupe. Aqu&iacute; estamos para las que sea, me respondi&oacute;. As&iacute; que me aventur&eacute; por todo el sal&oacute;n, saludando aqu&iacute; y all&aacute;, conversando con uno y con el otro mientras la m&uacute;sica no paraba de sonar. Y, como despu&eacute;s comprobar&iacute;a, Rafael no perd&iacute;a oportunidad y aprovechaba el tiempo bailando animadamente con mi mujer, quien, encantada y distra&iacute;da, disfrutaba de su presencia. As&iacute; que todo parec&iacute;a fluir sin contratiempos.<\/p>\n<p>Siendo el tal Rafael un tipo tan popular, y viendo que en otras mesas tambi&eacute;n hubo espacios vac&iacute;os, y que en muchas de ellas hab&iacute;a personas muy familiares, me pregunt&eacute; el por qu&eacute; hab&iacute;a vuelto a nuestra mesa, siendo que nosotros reci&eacute;n lo conoc&iacute;amos. En ese instante, aquello me caus&oacute; curiosidad, pero no le di importancia. Al rato volv&iacute; a nuestra mesa. Mi esposa y &eacute;l bailaban, as&iacute; que pas&oacute; un tiempo largo antes que volvieran. Cuando lo hicieron, nos sentamos y reanudamos la conversaci&oacute;n, como si nada, y ya los camareros estaban empezando a servir la comida, as&iacute; que se dio una pausa en el jolgorio. La m&uacute;sica se torn&oacute; m&aacute;s suave y todos, en sus mesas, estuvieron concentrados en degustar la comida que se serv&iacute;a, por lo dem&aacute;s exquisita.<\/p>\n<p>Recogido el plato del postre, la m&uacute;sica bailable empez&oacute; a sonar de nuevo. Rafael, debo decirlo as&iacute;, me dio permiso para bailar con mi mujer, pues para lo que iba corrido de la velada, parec&iacute;a ser &eacute;l su esposo y no yo. Estuvimos entretenidos y, entre baile y baile, aprovechamos tambi&eacute;n para saludarnos y conversar con personas conocidas de ambos. Incluso algunos de ellos nos invitaron a mudarnos de mesa para hacerles compa&ntilde;&iacute;a, y prometimos que lo &iacute;bamos a considerar puesto que ya est&aacute;bamos en compa&ntilde;&iacute;a de otras personas. Y despu&eacute;s de varios minutos de ausencia, regresamos a la mesa, que hallamos vac&iacute;a.<\/p>\n<p>Nos sentamos a descansar un poco, y al rato apareci&oacute; Rafael. Estuvimos charlando un rato, animados, hasta que &eacute;l, viendo que yo nada de baile, invit&oacute; a mi esposa a salir a la pista de baile. Ella, por supuesto, acept&oacute;. As&iacute; que qued&eacute; solo por unos momentos y, para no aburrirme, decid&iacute; irme de correr&iacute;a por el sal&oacute;n, charlando de nuevo con uno y otro conocido. Me invitaron a sentarme en una de las mesas y encontraron motivos para brindar, de manera que el tiempo se fue pasando, casi sin darme cuenta, por lo que emprend&iacute; regreso hacia la mesa, suponiendo que mi mujer estar&iacute;a esper&aacute;ndome con cara de pocos amigos. Pero, para sorpresa m&iacute;a, no estaban en la mesa. Supuse entonces que estar&iacute;an bailando y me sent&eacute; a esperarles.<\/p>\n<p>Tardaron casi una hora en regresar, y, cuando lo hicieron, mi esposa, despu&eacute;s de acicalarse un poco el despeluque en que andaba y retocarse el maquillaje, me pregunt&oacute;, &iquest;nos vamos? Pues s&iacute;, si t&uacute; quieres. &iquest;Ya te aburriste? Esta como tarde, respondi&oacute;. Y ya estoy sintiendo el cansancio. Pues s&iacute;, repliqu&eacute;. Estamos levantados desde temprano y yo tambi&eacute;n siento que se me est&aacute; acabando la energ&iacute;a. Bueno, pues vamos. &iquest;Qu&eacute; se hizo aquel? Pregunt&eacute;. Porque no vi a Rafael por ah&iacute;. Habr&aacute; ido al ba&ntilde;o, respondi&oacute; ella, o quiz&aacute; se fue a darse una vuelta de popularidad. Pero estate tranquilo, yo ya le dije que nosotros arranc&aacute;bamos. Bueno, pues siendo as&iacute;, &iexcl;v&aacute;monos pues! Y emprendimos el regreso a nuestra caba&ntilde;a, llev&aacute;ndome media botella de ron blanco que a&uacute;n estaba por consumir.<\/p>\n<p>Entramos a la sala, que encontramos c&aacute;lida y agradable, y nos sentamos un rato frente a la chimenea. No hab&iacute;a pasado mucho tiempo cuando ella se dirigi&oacute; al ba&ntilde;o y, al poco rato, cuando sali&oacute;, me dijo, &iquest;sabes qu&eacute;? Parece que dej&eacute; mi maquillaje en la mesa. &iquest;Segura? Inquir&iacute;. S&iacute;. No lo encuentro, dijo. Bueno. F&aacute;cil. Pues volvamos all&aacute;. Pues no, respondi&oacute;, no es para tanto. Es solo que el maquillaje no est&aacute; conmigo. Ma&ntilde;ana echamos una mirada y lo buscamos, dije. Y si no aparece, pues lo reemplazamos, Nada de nervios por eso. Y nos quedamos all&iacute;, sentados en la sala, charlando acerca de los sucesos de la noche.<\/p>\n<p>Bueno, pregunt&eacute;, y &iquest;c&oacute;mo te fue con el Rafael? Es un picaflor, respondi&oacute; ella. &iquest;C&oacute;mo as&iacute;? &iquest;Por qu&eacute; lo dices? Pues, porque estuvo coquete&aacute;ndome toda la noche e incluso sac&oacute; excusa para que estuvi&eacute;ramos a solas, y me pidi&oacute; que lo acompa&ntilde;ara a su habitaci&oacute;n con el pretexto de que quer&iacute;a cambiarse porque estaba bastante sudado. Yo le dije que no se preocupara y que lo esper&aacute;bamos, pero insisti&oacute;. Al final, acept&eacute; acompa&ntilde;arlo. Estuve en su habitaci&oacute;n y lo esper&eacute; mientras se ba&ntilde;aba y se cambiaba de ropa. El tipo, a mi parecer, quer&iacute;a exhibirse, porque no mostr&oacute; pudor en semi desnudarse frente a mi y vestirse una vez sali&oacute; del ba&ntilde;o. &iquest;Y? pregunt&eacute;. Nada. Eso fue lo que pas&oacute;.<\/p>\n<p>Ah&hellip; Ahora entiendo, dije burlonamente. Llegaste despelucada porque te hab&iacute;as pegado una revolcadita con &eacute;l &iquest;no es cierto? No, dijo tajantemente. Aquello no pas&oacute; de un beso. &iquest;Y acaso no hubo abracitos, caricias y dem&aacute;s? Ya t&uacute; sabes; lo normal. Y &iquest;no me digas que no te excit&oacute; verlo desnudo y quiz&aacute; hayas pensado que podr&iacute;a pasar algo m&aacute;s? Ciertamente s&iacute;. El tipo no est&aacute; mal, se ve muy varonil, pero me pareci&oacute; hasta inmaduro que exhibirse fuera su manera de insinuarse. Y despu&eacute;s estuvo tratando de seducirme y ciertamente mostr&oacute; sus intenciones de estar conmigo, como m&aacute;s de un hombre lo ha hecho, pero le manifest&eacute; que ese no era el momento.<\/p>\n<p>&iquest;Y acaso no pregunt&oacute; algo m&aacute;s? S&iacute;. Pregunt&oacute; si a ti no te molestaba que &eacute;l me estuviera coqueteando. Le dije que no. Que t&uacute; respetabas mis decisiones y yo las tuyas, siempre y cuando estuvi&eacute;ramos de acuerdo. Supongo, me imagino, que te dijo que ten&iacute;a ganas de estar contigo. S&iacute;, me dijo. Y tambi&eacute;n me imagino que te pregunt&oacute; si a ti te gustar&iacute;a estar con &eacute;l. S&iacute;, dijo sonriendo. Y qu&eacute; le respondiste. Que s&iacute;.<\/p>\n<p>Y, preciso, en ese momento, tocan a la puerta. Ambos nos miramos sorprendidos. Al abrir la puerta, resulta ser Rafael el visitante. Hola, &iquest;qu&eacute; pas&oacute;? No, nada grave, dijo. Al parecer Laura dej&oacute; esto en la mesa y yo lo recog&iacute;. Pens&eacute; en hac&eacute;rselo llegar ma&ntilde;ana, pero decid&iacute; pegarme el viaje hasta aqu&iacute; y entreg&aacute;rselo hoy mismo. No pens&eacute; que estuvieran despiertos a&uacute;n. Bueno, dije, pues estuvo de buenas. Est&aacute;bamos descansando un rato del ajetreo y conversando un poco antes de irnos a dormir. &iexcl;Pase! Ella, est&aacute; aqu&iacute; mismo. Y usted, el pr&iacute;ncipe azul, como a la cenicienta, h&aacute;gale part&iacute;cipe de sus favores. No entiendo, dijo &eacute;l. Pues que le entregue lo que vino a traer. Ah, ya, contest&oacute;, dubitativo, y fue siguiendo&hellip;<\/p>\n<p>Hola, Laura, dijo salud&aacute;ndola y acerc&aacute;ndosele para darle un beso en la mejilla, que termin&oacute; siendo un beso en la boca. Ella no lo rechaz&oacute;. Y ambos se abrazaron, explorando sus cuerpos con sus manos inquietas, como dos novios excitados y ansiosos en su primera vez. Era evidente que ambos ten&iacute;an unas ganas inmensas de disfrutarse mutuamente. A &eacute;l le import&oacute; un comino que yo estuviera presenciando el acto, pues, al no ser rechazado por mi esposa, estaba claro que no hab&iacute;a obst&aacute;culo para dar rienda suelta a sus instintos. As&iacute; que all&iacute; mismo, frente a la chimenea, Rafael no tuvo inconveniente en levantar el vestido de mi dama para tener acceso y calmar su impulso de acariciarle sus nalgas mientras continuaban bes&aacute;ndose apasionadamente.<\/p>\n<p>Fue ella, Laura, quien, tom&aacute;ndolo de la mano, lo llev&oacute; hacia la habitaci&oacute;n. Y ella, quien, sin m&aacute;s pre&aacute;mbulos, se despoj&oacute; del vestido largo, de su body y sus pantis, quedando desnuda frente a &eacute;l. Y el macho, a su vez, excitado ante la desenvoltura y desinhibici&oacute;n de esta hembra, no dud&oacute; en hacer lo mismo, despojando su ropa con una rapidez inusual. Al hacerlo dej&oacute; al descubierto un cuerpo bastante velludo. Ciertamente un tipo de hombre diferente a los que ella hab&iacute;a tenido acceso anteriormente. Y quiz&aacute;, tal vez, ese era el plato prohibido y ansiosamente apetecido. Su miembro viril se agitaba, erecto y curvado hacia arriba. Su glande, en forma de hongo, se ve&iacute;a reluciente por el l&iacute;quido que de &eacute;l emanaba. &iexcl;Estaba excitado!<\/p>\n<p>La cosa empez&oacute; al rev&eacute;s de lo que acostumbro ver con los hombres que se antojan de mi mujer. En esta ocasi&oacute;n, Rafael, ya desnudo, se acerc&oacute; a mi esposa para disfrutar de su cuerpo. Sus manos recorrieron todo el contorno de su cuerpo, y concentr&oacute; su atenci&oacute;n en masajear sus senos. Y ella, en contraprestaci&oacute;n, enfoc&oacute; toda su atenci&oacute;n en palpar y masajear su pene, sus test&iacute;culos y, sorprendentemente para m&iacute;, su otra mano acariciaba con inusitado inter&eacute;s su torso velludo. Su mano parec&iacute;a perderse entre la espesura de ese tupido y negro vello.<\/p>\n<p>Sus miradas permanec&iacute;an fijas el uno en el otro mientras sus manos inquietas deambulaban por aqu&iacute; y por all&aacute;, explorando cada rinc&oacute;n de sus cuerpos. Laura masajeaba y masajeaba el pene de su macho, y Rafael se concentraba en apretar las nalgas de mi caliente esposa, atray&eacute;ndola hacia s&iacute;, procurando que ella sintiera la dureza de su miembro, que se mostraba urgido de encontrar alojamiento dentro de su cuerpo. H&aacute;bilmente dirigi&oacute; sus manos a la entrepierna de mi dama, explorando su vagina para determinar si ella estaba tan dispuesta como &eacute;l ya lo estaba. Y, ciertamente, las caricias de sus dedos en los alrededores de su cl&iacute;toris la hicieron contornearse y agitar sus piernas, signo inequ&iacute;voco que estaba lista. Y ya pudiera ser&hellip;<\/p>\n<p>As&iacute; que, entendiendo que ya todo estaba dado, nuestro simp&aacute;tico acompa&ntilde;ante fue desplazando a mi esposa hacia la cama. Y ella, ansiosa, como estaba, r&aacute;pidamente se acomod&oacute; en la cama, acostada boca arriba, y abri&oacute; con entusiasmo sus piernas para recibir al macho. Y &eacute;l, con las ganas que ten&iacute;a de taladrar a mi mujer, se dispuso a penetrarla. &iexcl;Socio! exclam&eacute;, agitando en mi mano un cond&oacute;n. Mi esposa, al verme, dijo, &iexcl;hay amor! Se me olvidaba. Perd&oacute;n. Me acerqu&eacute; a Rafael, quien tom&eacute; el cond&oacute;n y con rapidez incre&iacute;ble se coloc&oacute; el pl&aacute;stico. Y ahora s&iacute;, listo y dispuesto, se abalanz&oacute; sobre mi esposa.<\/p>\n<p>Me excito much&iacute;simo ver c&oacute;mo este hombre se coloc&oacute; encima de mi mujer y mir&oacute; como su miembro la penetraba, asegur&aacute;ndose de acertar el agujero. Tambi&eacute;n me impresion&oacute; de sobremanera la conducta de este se&ntilde;or, porque pr&aacute;cticamente no la penetr&oacute;, sino que la asalt&oacute; con tal &iacute;mpetu, que parec&iacute;a un le&oacute;n cazando a su presa. Y ella, sumisa, se someti&oacute; con evidente placer a su embestida. Yo esper&eacute; alg&uacute;n gesto de molestia ante tal agresividad, pero, por el contrario, aquella forma de acceder a ella pareci&oacute; gustarle y excitarle a&uacute;n m&aacute;s, porque empez&oacute; a empujar su cadera contra el cuerpo del macho en respuesta a sus embestidas. Sus manos recorr&iacute;an su espalda y nalgas, tambi&eacute;n cubiertas de vello, atray&eacute;ndole con inusitado entusiasmo y excitaci&oacute;n. Su rostro enrojeci&oacute; y mas temprano que tarde empez&oacute; a gemir y a resoplar con cada embate de su macho.<\/p>\n<p>Rafael, unas veces apoyaba sus brazos en la cama, ergu&iacute;a su cuerpo y miraba como su pene entraba y sal&iacute;a del sexo de mi mujer. Por alguna raz&oacute;n, particularmente a m&iacute;, ese gesto me pone a mil. Y otras veces, &eacute;l la abrazaba pareciendo fundir su cuerpo con el de ella. Se les ve&iacute;a muy compenetrados en el acto y muy c&oacute;modos el uno con el otro. Mi esposa, por su gestualidad, estaba disfrutando de lo lindo ese encuentro. Estaba en lo que estaba, ciertamente, y por la intensidad de sus gemidos parec&iacute;a pr&oacute;xima a experimentar el mayor de sus orgasmos, porque de seguro ya hab&iacute;a sentido varios.<\/p>\n<p>As&iacute; que, de repente, Rafael levant&oacute; las piernas de Laura, dobl&aacute;ndolas sobre su pecho, procurando as&iacute; penetraciones m&aacute;s profundas y embestidas m&aacute;s vigorosas. Hasta que, impostergable por m&aacute;s tiempo, ella explot&oacute;. Ayyy&hellip; &iexcl;Qu&eacute; rico! &iexcl;Qu&eacute; rico! &iexcl;Que rico! No pares&hellip; no pares&hellip; no pares&hellip; Aaayyy&hellip; &iexcl;Uff! &iexcl;Uff! &iexcl;Uff! Y acompa&ntilde;&oacute; esas expresiones con una contorsi&oacute;n descontrolada de su cuerpo, aferr&aacute;ndose al cuerpo del macho, queriendo retenerlo dentro de ella. Las cosas se calmaron un rato y, al sacar su pene de la vagina de la hembra, mi esposa, pudo verse la cantidad de semen contenida en su cond&oacute;n. La verdad que ten&iacute;a su reserva bien guardada.<\/p>\n<p>El sigui&oacute; all&iacute;, sobre ella, bes&aacute;ndola y haci&eacute;ndole caricias. Su pene, ya fl&aacute;cido, hab&iacute;a entrado en modo recuperaci&oacute;n. Pero ella, a&uacute;n con su sexo ardiente y agitado, quer&iacute;a que &eacute;l continuase cerca y continuaba recorriendo con sus manos todo su velludo cuerpo. &iexcl;joven! &iquest;Le apetece un trago? Pregunt&eacute;. Preferir&iacute;a un refresco, contest&oacute;. La verdad es que tengo mucha sed, respondi&oacute;. Yo tambi&eacute;n, dijo ella. &iquest;Habr&aacute; algo en la nevera? Pues, voy a ver, dije, dirigi&eacute;ndome a la cocina, encontrando jugo de naranja y bebidas gaseosas.<\/p>\n<p>Al volver, les encontr&eacute;, otra vez, bes&aacute;ndose y abraz&aacute;ndose apasionadamente. Vaya, vaya, pens&eacute;. No m&aacute;s dar la espalda y ya arrancaron de nuevo la faena. Este Rafael result&oacute; ser todo un semental, inagotable. Bueno, dije, esto fue lo que encontr&eacute;. Escojan pues. Jugo de naranja, dijeron ambos, as&iacute; que serv&iacute; dos vasos y se los alcanc&eacute;. Ella se sent&oacute; en la cama, recostada sobre el espaldar y &eacute;l hizo lo mismo coloc&aacute;ndose a su lado. Vea pues, dije, eso no lo han hecho ni los reci&eacute;n casados. &iquest;Qu&eacute;? Dijo &eacute;l. Pues una revolcada como la que usted le ha dado a ella. Y, ni le pregunt&oacute;, porque de seguro lo ha disfrutado. Y &iquest;c&oacute;mo ha sido? Le pregunt&oacute; &eacute;l a ella. Estuvo bien, le contest&oacute;. &iquest;Podr&iacute;a ser mejor, entonces? Me gust&oacute;. Estuvo bien. Lo disfrut&eacute; mucho.<\/p>\n<p>Siguieron all&iacute; un rato. Mi esposa, entonces, se levant&oacute; dirigi&eacute;ndose al ba&ntilde;o. Y, por cosas de ella, no obstante estar vestida &uacute;nicamente con sus medias y zapatos, se retoc&oacute; el maquillaje, se habr&aacute; aseado su sexo y pasado una toalla h&uacute;meda por todo su cuerpo, porque lo cierto es que sali&oacute; de ah&iacute; como si nada hubiera pasado. Rafael, entonces, sigui&oacute; su ejemplo, s&oacute;lo que &eacute;l si prefiri&oacute; darse un duchazo y salir renovado, para tomar de nuevo su puesto junto a mi mujer. &iquest;Est&aacute;s cansada? Le pregunt&oacute;. Un poco, contest&oacute;. &iquest;Y t&uacute;? Tambi&eacute;n un poco, dijo, pero no quiero perder la oportunidad.<\/p>\n<p>&iquest;A qu&eacute; te refieres? Pregunt&oacute; ella. Quisiera tratar de complacerte nuevamente, si me lo permites, contest&oacute;. &iquest;Te gustar&iacute;a? No s&eacute;, respondi&oacute; ella dirigiendo la mirada hacia m&iacute;. Por m&iacute;, no te preocupes, manifest&eacute; de inmediato. La verdad, me gustar&iacute;a, dijo ella, pero &iquest;no te parece que ya est&aacute; un poco tarde? Y qu&eacute; importa, respondi&oacute; &eacute;l. Yo quiero. &iquest;Puedo? S&iacute;, dijo ella. Pero no tan afanado como antes. Bueno, contest&oacute;, estaba excitado y me dio la sensaci&oacute;n de que as&iacute; te gustaba. Pues, s&iacute;, aquello me sorprendi&oacute;, y me gust&oacute;, pero pudiera ser de otra manera. Y c&oacute;mo puede ser, &iquest;entonces? T&uacute; eres el experto seductor, &iquest;c&oacute;mo te imaginas?<\/p>\n<p>No m&aacute;s decir aquello, Rafael pareci&oacute; prenderse de nuevo. Bueno, dijo, d&eacute;jame averiguar. Y, coloc&aacute;ndose en medio de sus piernas, sumergi&oacute; su cabeza entre sus muslos y accedi&oacute; con su boca el sexo de mi candente esposa. La faena, entonces, empez&oacute; de nuevo. Aquel lam&iacute;a con fervor aquella concha y esperaba ver la reacci&oacute;n de la hembra, que no tard&oacute; en evidenciar las placenteras sensaciones que aquella acci&oacute;n le estaba generando. Ella se desliz&oacute; hacia abajo sobre la cama y &eacute;l, quiz&aacute; entendiendo su intenci&oacute;n, gir&oacute; su cuerpo para que ella tuviera acceso a su pene, que, a estas alturas, ya estaba de nuevo duro y erecto. Y as&iacute; fue, ella tom&oacute; aquel pene en su boca y se acoplaron, en consecuencia, en un sensual 69.<\/p>\n<p>Las maniobras de la boca de ella sobre su pene, generaban en &eacute;l unos sonoros mmm&hellip; que indicaban que lo estaba haciendo bien. Tanto, que &eacute;l empez&oacute; a empujar su pene dentro de la boca de mi excitada mujer. Ella, con una de sus manos, presion&oacute; la cabeza de Rafael, insinuando que terminara aquello, as&iacute; que &eacute;l dejo de besar su sexo e, incorpor&aacute;ndose, dijo, yo s&eacute; lo que t&uacute; quieres. &iquest;S&iacute;? &iquest;Qu&eacute;? Exclamo ella. Que te penetre como a una perra. &iexcl;Volt&eacute;ate! Aquello me pareci&oacute; inapropiado y hasta tuve deseos de intervenir para detenerle, pero, ella, obediente, as&iacute; lo hizo, y se coloc&oacute; en posici&oacute;n de perrito. El hombre, entonces, se acomod&oacute; y clav&oacute; su miembro erecto en la vagina de mi mujer.<\/p>\n<p>Esta vez no ca&iacute; en cuenta de alcanzarle un cond&oacute;n, as&iacute; que este, sin m&aacute;s ni m&aacute;s, la penetr&oacute; sin consideraci&oacute;n. Y de seguro aquello propicio una sensaci&oacute;n diferente y m&aacute;s intensa, porque con dos o tres embestidas de mi hombre, ella empez&oacute; a gemir de nuevo. Ay, &iexcl;te siento rico! Exclamo ella. Me gusta as&iacute;, pero hazlo suavecito. &iquest;Puedes? El no respondi&oacute;, pero, siguiendo sus instrucciones, la embest&iacute;a con delicadeza, metiendo y sacando su miembro del cuerpo de mi mujer, con delicadeza. Estaban nuevamente acoplados y a gusto, pero, pasado el tiempo en esa misma din&aacute;mica, fui yo quien me entromet&iacute; y le dije ella. Oye, &iquest;te demoras? No. Ya vamos a acabar, dijo levant&aacute;ndose.<\/p>\n<p>Rafael, algo contrariado, le dijo, Laura, me dejaste a medio camino. No. Ya ver&aacute;s. Ella se fue hac&iacute;a el ba&ntilde;o, y &eacute;l, con su miembro erecto, la sigui&oacute;. Ella se sent&oacute; sobre el mes&oacute;n y abriendo sus piernas, le dijo, termina. El, entonces, la penetr&oacute; y empez&oacute; a empujar vigorosa y r&aacute;pidamente, como al principio. Dale hasta que acabes, le dijo, y no te preocupes, te puedes venir dentro de m&iacute;. Realmente lo deseo. Y para qu&eacute; fue a decir eso, porque aquel se puso como loco a embestir a mi mujer, quien ya gem&iacute;a de lo lindo y, al cabo de un rato, &eacute;l pareci&oacute; eyacular, pues apret&oacute; sus nalgas y empuj&oacute; hasta el fondo de su vagina, qued&aacute;ndose inm&oacute;vil en esa posici&oacute;n. Se besaron de nuevo.<\/p>\n<p>Bueno, picaflor, ya est&aacute;, dijo mi mujer. Has quedado complacido. Ya conseguiste lo que quer&iacute;as, &iquest;verdad? &iquest;Y t&uacute; no? Replic&oacute; &eacute;l. Tambi&eacute;n, contest&oacute; ella. Ambos dimos rienda suelta a nuestros deseos y al final, creo que todo sali&oacute; bien. &iquest;O no? Creo que s&iacute;, dijo Rafael. No estaba muy convencido de querer hacerlo as&iacute;, pero finalmente decid&iacute; correr el riesgo y no me arrepiento. Oportunidades como estas no se dan todos los d&iacute;as.<\/p>\n<p>&iquest;Cu&aacute;l riesgo? &iquest;De qu&eacute; hablas? Pregunt&eacute;. Pues de lo que acaba de suceder. &iquest;Y qu&eacute; de raro hay en lo que pas&oacute;, acaso? Pues yo le manifest&eacute; abiertamente que me gustar&iacute;a tener relaciones sexuales con ella, e incluso lo insinu&eacute; invit&aacute;ndola a mi habitaci&oacute;n, pero ella dej&oacute; muy claro que era una mujer casada y que, si algo pudiera suceder, tendr&iacute;a que ser con el consentimiento de su marido. Y que, si ella acced&iacute;a, ten&iacute;a que ser acompa&ntilde;ada de usted. &iquest;Y? Indagu&eacute; expectante. Pues que no estaba muy convencido de que eso fuera a ser f&aacute;cil de asimilar.<\/p>\n<p>Cuando ustedes se fueron del sal&oacute;n, yo me qued&eacute; dando vueltas un rato y, cuando me percat&eacute; que ella hab&iacute;a dejado su maquillaje sobre la mesa, pens&eacute; que se trataba de una se&ntilde;al, un mensaje que me hab&iacute;an dejado, o algo as&iacute;. De manera que, no voy a negarlo, se me ocurrieron muchas cosas, y, finalmente, tome la decisi&oacute;n de intentarlo. &iquest;Por qu&eacute; no? Y cuando usted me abri&oacute; la puerta, y me dijo algo as&iacute; que, como a la cenicienta, h&aacute;gale part&iacute;cipe de sus favores. Pens&eacute;, de verdad, que me estaban esperando y que las cosas se iban a dar.<\/p>\n<p>&iquest;Acaso t&uacute; dejaste ese maquillaje a prop&oacute;sito? Le pregunt&eacute; a mi esposa. No, dijo ella. Cuando salimos cog&iacute; mi cartera, como siempre, y no repar&eacute; en que hab&iacute;a algo fuera. Nada m&aacute;s. Entonces, &iquest;no lo esperabas? No, respondi&oacute;. Y, &iquest;por qu&eacute; ese encuentro como tan esperado? Me pareci&oacute;, entonces, que ya hab&iacute;an acordado algo previamente. Para nada, dijo ella. No, la verdad, no, confirm&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p>&iquest;Y? &iquest;Entonces? &iquest;Qu&eacute; pas&oacute;? Cuestion&eacute; sorprendido. Pues, dijo Rafael, como yo pens&eacute; que era algo esperado, pues me atrev&iacute; a actuar como lo hab&iacute;a estado imaginando toda la noche, mientras bail&aacute;bamos. Y si ella me correspondi&oacute;, pues a&uacute;n m&aacute;s. Yo estaba seguro de que ustedes ya hab&iacute;an hablado, de que ella lo deseaba, de que usted ya lo sab&iacute;a y por eso, siguiendo las ideas que tra&iacute;a en la cabeza, me dirig&iacute; a ella y trat&eacute; de ignorarlo a usted. Esto ha sido algo nuevo para m&iacute;.<\/p>\n<p>Bueno, dije mirando a mi esposa, &iquest;cu&aacute;l es tu historia? &iquest;Qu&eacute; pas&oacute;? Pues pas&oacute; lo que pas&oacute;, respondi&oacute;. Los dos estuvimos compartiendo la mayor parte del tiempo esta noche y, entre baile y baile, la verdad, Rafael me interes&oacute; como hombre, y sus insinuaciones sexuales me calentaron a&uacute;n m&aacute;s. Me sent&iacute; apreciada, deseada y, no digo mentiras, consider&eacute; que una aventura como esta se podr&iacute;a dar con &eacute;l, pero lejos estaba de saber cu&aacute;ndo, c&oacute;mo, ni d&oacute;nde. Y, cuando apareci&oacute;, realmente me sorprendi&oacute;, de modo que, cuando se acerc&oacute; a m&iacute;, simplemente me entregu&eacute; a lo que pasaba. Y ya.<\/p>\n<p>Eso nos ha sucedido antes, me dijo. &iquest;O no? Pues no as&iacute;, repliqu&eacute;. Que el pr&iacute;ncipe azul llegu&eacute; buscando a su cenicienta para darle verga hasta m&aacute;s no poder, no lo hab&iacute;a vivido antes. Es nuevo. Bueno, siempre habr&aacute; una primera vez. Y tampoco ser&aacute; la &uacute;ltima. Bueno, dije yo, en tono sarc&aacute;stico, mirando a mi esposa, &iquest;ya calmaste fiebre? Ya es tarde, respondi&oacute; ella. Pero eso no fue lo que pregunt&eacute;, exclam&eacute;. Seguramente &eacute;l est&aacute; cansado, respondi&oacute;. &iquest;O sea que quieres m&aacute;s? &iquest;Es lo que me quieres decir? Ella solo sonri&oacute;.<\/p>\n<p>Rafael ya ten&iacute;a su miembro erecto, de nuevo, escuchando esa conversaci&oacute;n, as&iacute; que se acerc&oacute; a ella dici&eacute;ndole, dime qu&eacute; quieres que haga. Algo r&aacute;pido, dijo ella. Es que, la verdad, ver tu miembro as&iacute; me calent&oacute; de nuevo. Y, diciendo y haciendo, ella, all&iacute; mismo donde est&aacute;bamos, apoyo sus manos sobre una silla, inclin&oacute; su cuerpo hacia adelante y expuso sus nalgas para que su semental la penetrara desde atr&aacute;s. Ya la oy&oacute;, le dije a &eacute;l, algo r&aacute;pido, &iexcl;por favor! Este, entonces, se coloc&oacute; a sus espaldas y la penetr&oacute;, empujando nuevamente con mucho vigor. Ella, no m&aacute;s iniciar la faena, empez&oacute; a gemir de placer, as&iacute; que nuestro inagotable hombre la taladr&oacute; sin cesar hasta que, pr&oacute;ximo a venirse, sac&oacute; su miembro de la vagina de mi esposa, haci&eacute;ndola girar para que ella le mamara su sexo.<\/p>\n<p>Estaba claro lo que quer&iacute;a aquel. Ella, as&iacute; lo hizo, y le sigui&oacute; la corriente, de manera que su hombre se vino en su boca. Enseguida, ella se incorpor&oacute; y lo bes&oacute;. Duraron abrazados un rato m&aacute;s y, ya, habiendo expulsado el macho su carga b&aacute;sica, la velada se dio por terminada. Bueno, Rafael, dijo mi mujer, la pas&eacute; muy rico. Espero que nos podamos volver a encontrar en otra ocasi&oacute;n. Eso mismo espero yo, respondi&oacute; &eacute;l. Les agradezco mucho la noche tan especial que he pasado. Y, visti&eacute;ndose r&aacute;pidamente, se despidi&oacute; de nosotros y se fue.<\/p>\n<p>Al quedarnos solos le dije a Laura, bueno, para no haber estado programado, parece que la pasaste muy bien. S&iacute;, respondi&oacute; ella. La verdad, no s&eacute; porque me excit&oacute; tanto estar con &eacute;l, pero ya eso qued&oacute; atr&aacute;s. Dej&eacute;moslo as&iacute; y v&aacute;monos a dormir. Oye, pregunt&eacute;, &iquest;te tragaste su semen? No, lo hizo &eacute;l. Ciertamente llen&oacute; mi boca con su semen, pero yo se lo devolv&iacute; cuando lo bes&eacute;. No me di cuenta de eso, coment&eacute;. Y para mis adentros pens&eacute; en la sorpresa que se debi&oacute; haber llevado el Rafael. Menuda zorra le sali&oacute; su cenicienta.<\/p>\n<p>A la ma&ntilde;ana siguiente fuimos a almorzar al comedor del hotel y nos dimos una vuelta por las instalaciones, antes de irnos, con la intenci&oacute;n de encontrarnos de nuevo con &eacute;l, pero no le vimos, y, dejando atr&aacute;s el recuerdo de la noche pasada, regresamos al calor de nuestro hogar. Quien iba a pensar que aquello iba a pasar en la celebraci&oacute;n de un matrimonio. Pero en esta vida, todo es posible&hellip;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 16<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Muchas de las aventuras sexuales que hemos experimentado en compa&ntilde;&iacute;a de mi esposa, han sido inesperadas, sorpresivas, improvisadas y espont&aacute;neas. 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