{"id":31654,"date":"2021-09-28T22:00:00","date_gmt":"2021-09-28T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-09-28T22:00:00","modified_gmt":"2021-09-28T22:00:00","slug":"cronica-de-una-primera-vez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/cronica-de-una-primera-vez\/","title":{"rendered":"Cr\u00f3nica de una primera vez"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"31654\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Volv&iacute;amos de comprar algo que ten&iacute;a poca utilidad, era una forma de saltarnos la lectura de un libro entero. En realidad era otra excusa para estar juntos como casi todos los d&iacute;as. El d&iacute;a era el t&iacute;pico de una ciudad a una altitud considerable: sol fuerte, que se siente inmediatamente cuando te toca pero fr&iacute;o cuando no lo hace. Dos polos que te mantienen en constante movimiento.<\/p>\n<p>Camin&aacute;bamos por la avenida principal, callados, siguiendo el andar de nuestros propios pasos. Pensaba dejarla en la puerta de su casa y volver a la m&iacute;a. Ella me invit&oacute; a pasar: &ldquo;Ven a verla conmigo&rdquo;, dijo, &ldquo;as&iacute; ya nos liberamos de esto&rdquo; &ndash;&lsquo;adem&aacute;s, si me da miedo me puede abrazar&rsquo;, pens&oacute;-.<\/p>\n<p>Entramos, no pod&iacute;a negarme a esa invitaci&oacute;n. Ahora pienso que le&iacute; su mente desde que el contraste de temperaturas me despistaba de camino a su casa.<\/p>\n<p>Subimos a la habitaci&oacute;n de sus padres. &ldquo;Este televisor es m&aacute;s grande y se ver&aacute; mejor&rdquo;, dijo, &ldquo;Acu&eacute;state que no vendr&aacute;n hasta m&aacute;s tarde&rdquo;. Mi mente giraba en torno a s&iacute;, no ten&iacute;a nada claro. &lsquo;Si acab&aacute;bamos de alejarnos hace unos d&iacute;as, ya no nos junt&aacute;bamos para besarnos con la excusa de tareas&rsquo;, pens&eacute;.<\/p>\n<p>Lo que me hac&iacute;a sentir ella iba m&aacute;s all&aacute; de cualquier experiencia er&oacute;tica previa, de cualquier excitaci&oacute;n sin sentido que antes se hab&iacute;a despertado en mi cuerpo. Sus pechos eran mi para&iacute;so, ese calor que me transmit&iacute;a, la forma perfecta de los mismos, las sensaciones que percib&iacute;a de ella mientras la acariciaba. Nuestra relaci&oacute;n, sin ser nada, estaba realizada en base a excusas. Hacer tarea juntos, esas tareas que nunca se llegaban a realizar. La excusa de la amistad profunda que en realidad era deseo que encontraba su fin en los besos robados, en las cosquillas excitantes, en los roces de manos que un&iacute;an nuestras almas.<\/p>\n<p>Pusimos la pel&iacute;cula. No se ella, pero yo no ten&iacute;a la mente en nada m&aacute;s que en ella. Mor&iacute;a por volver a besarla, est&aacute;bamos solos y me encantaba besarla sin miedo a ser descubiertos. Me ten&iacute;a en vela por muchos d&iacute;as, no recuerdo por qu&eacute; nos hab&iacute;amos molestado esa vez.<\/p>\n<p>Cuerpos desnudos en la pantalla, un loco que segu&iacute;a con pasi&oacute;n sus sensaciones, la consecuci&oacute;n de un acto inmoral a toda costa. Y ella ah&iacute;, a cent&iacute;metros de mi. Una vez m&aacute;s nuestro rito m&aacute;s sagrado volv&iacute;a a empezar. Sus manos se acercaban a las m&iacute;as, sus dedo rozaban los m&iacute;os, su palma ligeramente sudada -de nervios tal vez- se encontraba con la m&iacute;a. Caricias al comienzo, apretones apasionados despu&eacute;s. Levant&eacute; mi cabeza que reposaba sobre sus piernas, mi mano dej&oacute; de acariciar disimuladamente sus piernas.<\/p>\n<p>Me alc&eacute; hacia ella. Nuestras respiraciones empezaron agitarse m&aacute;s y m&aacute;s. Un beso en la mejilla y el punto alto del rito empezaba a arribar. Esas mejillas tan tibias, esos cortos y transparentes vellos entre su nariz y sus labios. La sensaci&oacute;n de besarlos como quien tienta una pizca del sabor de lo m&aacute;s deseado. Y, antes de la explosi&oacute;n final, un fuerte abrazo que confirmaba que esa sensaci&oacute;n externa ten&iacute;a como causa el cari&ntilde;o de dos j&oacute;venes que empezaban a descubrir nuevas sensaciones con una persona espec&iacute;fica.<\/p>\n<p>Y as&iacute; se dio el primer beso, como esa bocanada agonizante del nadador al final de una profunda zambullida. Un beso intenso que desencaden&oacute; en incontables m&aacute;s. El sonido de fondo no superaba el de nuestras palpitaciones, lo h&uacute;medo de nuestros labios, y luego de nuestros sexos, hab&iacute;a tenido como antesala la sudoraci&oacute;n de esa palma que empez&oacute; todo.<\/p>\n<p>&ldquo;&iquest;Puedo?&rdquo; pregunt&eacute; mientras mis manos se filtraban por debajo de su camiseta. Y otra vez esa sensaci&oacute;n tibia que mis manos adoraban. Las caricias al borde del sujetador cara vez fueron dejando a este de lado. De un momento para otro mis palmas, que antes hab&iacute;an agradecido estar junto a las suyas, ahora se realizaban completamente cubriendo completamente sus pechos. Esos pechos est&aacute;ticos, suaves, sensibles. Sent&iacute; un peque&ntilde;o gemido cuando mis manos fr&iacute;as todav&iacute;a tocaron sus delicados pezones. Ella estaba acostada completamente sobre mi, con el pecho levantado para seguir sintiendo el placer enfocado en lo m&aacute;s sensible de sus pechos.<\/p>\n<p>Y entonces, decid&iacute; empezar a bajar. Un dedo curioso fue directamente hacia el bot&oacute;n de sus pantalones. Una torsi&oacute;n suya me indic&oacute; que la &uacute;ltima decisi&oacute;n fue la correcta y me dej&oacute; desabrochar aquello a lo que hasta hoy no hab&iacute;a tenido acceso.<\/p>\n<p>Baj&eacute; sus pantalones, y las bragas desprend&iacute;an un olor a pureza, a entrega plena y cari&ntilde;o. Cuando la primera inseguridad surgi&oacute; de mis labios: &ldquo;&iquest;Est&aacute;s seguro que quieres hacerlo?&rdquo;. Ella solo me mir&oacute; a los ojos. &lsquo;B&eacute;same&rsquo;, pude leer en ellos. El pudor se adue&ntilde;&oacute; de nosotros y nos metimos bajo una manta que ten&iacute;amos desplegada para no enfriarnos.<\/p>\n<p>Met&iacute; la mano bajo las bragas, ese vello espeso y grueso me excit&oacute; mucho m&aacute;s. Esa salt&oacute; un poquito, tem&iacute; haber ido demasiado r&aacute;pido, saqu&eacute; la mano, pero ella la tom&oacute; y me invit&oacute; a empezar a tocarla. Ese sexo h&uacute;medo y caliente me ped&iacute;a a gritos hacerlo m&iacute;o. Nos quitamos lo que sobraba de ropa, nada de lo de arriba que la verg&uuml;enza no se hab&iacute;a esfumado del todo.<\/p>\n<p>Se acost&oacute; debajo de m&iacute;, me toc&oacute; el pene, lo sinti&oacute; tieso y h&uacute;medo, tanto o m&aacute;s que su propio sexo. Me mir&oacute; como invit&aacute;ndome a penetrarla. &lsquo;&iquest;Est&aacute;s segura?&rsquo;, pens&eacute; para m&iacute;. Otra vez esos ojos volvieron a responder sin palabras. Eran deseo, entrega, anhelo puro.<\/p>\n<p>Sent&iacute; su humedad sobre mi glande, &lsquo;Entra&rsquo;, imper&oacute;. La sensaci&oacute;n que me generaban esos vellos largos y h&uacute;medos me parec&iacute;a de otro mundo. La vi a los ojos y arremet&iacute;. Ella s&oacute;lo hizo cara de dolor. Par&eacute;, retroced&iacute;, su dolor no podr&iacute;a permitirme seguir. Ella me pidi&oacute; que siguiera. La abrac&eacute;, la bes&eacute;, empuj&eacute;. Y de nuevo esa expresi&oacute;n de dolor que me hizo retroceder una vez m&aacute;s.<\/p>\n<p>Me pidi&oacute; que yo fuera abajo. Se puso sobre m&iacute;. Pude ver en primer plano lo que hasta ese momento solo el tacto me hab&iacute;a permitido percibir. Agarr&oacute; mi erecto pene, lo puso en la entrada de su sexo. Otra vez esa sensaci&oacute;n de satisfacci&oacute;n en la puerta del placer h&uacute;medo, caliente. Se sent&oacute; sobre m&iacute;, primero poco a poco, luego profundamente. Mi mente se concentr&oacute; en su rostro adolorido, pero de actitud vehemente. Hab&iacute;a determinado ese momento para entregarnos mutuamente y lo iba a conseguir a toda costa.<\/p>\n<p>Finalmente estaba dentro de ella. Todo era nuevo, sensaciones placenteras nunca antes percibidas. Dos sexos que quemaban haciendo el fuego m&aacute;s grande de sus vidas. Empezamos a entrar y a salir, muy lento porque no toleraba el dolor que le generaba. Ella muy valiente y entregada se mov&iacute;a nuevamente con vehemencia.<\/p>\n<p>La puse de nuevo sobre la cama, abr&iacute; sus piernas, y la penetr&eacute;. Ahora con menor dolor, una y otra vez. La besaba mientras lo hac&iacute;a, y cuando paraba de besarla la miraba fijamente a los ojos. Quer&iacute;a conectarla con la mirada tanto como con mi duro e inexperto pene.<\/p>\n<p>Poco a poco fuimos incrementando las sensaciones, a medida que el ritmo se hac&iacute;a m&aacute;s acompasado. Hab&iacute;amos olvidado por completo esa clase de biolog&iacute;a que nos hizo cruzar tantas miradas sonrojadas. Los m&eacute;todos anticonceptivos los manej&aacute;bamos solo en teor&iacute;a. La locura del amor hab&iacute;a ganado la batalla contra el cuidado de nuestra sexualidad.<\/p>\n<p>Finalmente llegaron las ganas de correrme y fui sensato por un instante, mientras sacaba mi miembro de su sexo arremetido, excitado, sangrante. Me corr&iacute; sin hacer mayor ruido, cre&iacute; que no era oportuno decirlo lo que me hab&iacute;a hecho sentir, ense&ntilde;arle el resultado de este desbaratado y alocado amor. Cuando mis &oacute;rganos terminaron de empujar todo lo que se hab&iacute;a producido dentro de m&iacute;, la bes&eacute; y abrac&eacute;. Le agradec&iacute; por lo que hab&iacute;amos hecho.<\/p>\n<p>La sensaci&oacute;n inmediata fue miedo, inseguridad sobre lo que hab&iacute;amos hecho. Quer&iacute;a escapar de ese lugar. Esa sensaci&oacute;n se increment&oacute; cuando vi mi camiseta manchada con unas cuantas gotas de sangre. &lsquo;&iquest;C&oacute;mo explicar&iacute;a esas manchas en casa?&rsquo; pens&eacute;. Ella not&oacute; una mancha de sangre sobre la cama de sus padres. Nos pusimos nerviosos. Nos volvimos a ocultar el uno al otro. No nos vimos como nos hab&iacute;amos visto unos minutos atr&aacute;s.<\/p>\n<p>Sal&iacute; casi huyendo, la sensaci&oacute;n tan rara me confundi&oacute;. Solo recuerdo volver en s&iacute; cuando, al dirigirme hacia la puerta, ella me bes&oacute; por &uacute;ltima vez. En ese momento supe que lo que hab&iacute;amos hecho fue una de las cosas m&aacute;s bonitas que hab&iacute;amos sentido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Volv&iacute;amos de comprar algo que ten&iacute;a poca utilidad, era una forma de saltarnos la lectura de un libro entero. En realidad era otra excusa para estar juntos como casi todos los d&iacute;as. 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