{"id":31884,"date":"2021-10-13T22:00:00","date_gmt":"2021-10-13T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-10-13T22:00:00","modified_gmt":"2021-10-13T22:00:00","slug":"el-nuevo-amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-nuevo-amor\/","title":{"rendered":"El nuevo amor"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"31884\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Remedios, en pijama, pantal&oacute;n y camisa, avanz&oacute; descalza por el saloncito iluminado brevemente por una lamparita de noche con tulipa color rosa. Vio a Manuel tumbado bocarriba sobre la cama. Dorm&iacute;a, oy&oacute; su respiraci&oacute;n serena; estaba desnudo, vio la polla en reposo sobre uno de sus muslos. Remedios saliv&oacute;: ten&iacute;a hambre. Se acerc&oacute; a los pies de la cama, se subi&oacute; en esta, entre las piernas de Manuel, de rodillas. Se quit&oacute; la camisa dejando sus tetas gr&aacute;vidas al descubierto. Inclin&oacute; el torso hasta tocar con su boca la polla de Manuel que, al instante, se enderez&oacute;. Oy&oacute; a Manuel: &quot;Remedios, &iquest;eres t&uacute;?&quot;. Su voz era ronca. &quot;Soy yo, cari&ntilde;o&quot;, dijo Remedios en un susurro. Remedios acarici&oacute; el velludo torso del hombre que ten&iacute;a debajo. &quot;Manuel, nos conocimos hace dos meses y una semana&quot;, dijo Remedios; &quot;S&iacute;&quot;, carraspe&oacute; Manuel; &quot;&iquest;Ahora, qu&eacute; soy yo para ti?&quot;; &quot;Te recog&iacute; de la calle, &iquest;no te acuerdas?&quot;, musit&oacute; Manuel; &quot;S&iacute;, me acuerdo, s&iacute;, pero &iquest;qu&eacute; soy para ti, Manuel?&quot;; &quot;Te ba&ntilde;&eacute;, te aliment&eacute;, te hice un lado en mi cama&#8230;, Remedios, f&oacute;llame&quot;. Remedios se contorsion&oacute; para deshacerse del pantal&oacute;n del pijama y las bragas; luego, a horcajadas sobre Manuel se meti&oacute; la polla, dura, hinchada, en el chocho. &quot;Oh, Remedios&quot;, suspir&oacute; Manuel. Remedios, rebotando sobre el pubis de Manuel no pod&iacute;a creer lo que le estaba sucediendo, porque, sobrevini&eacute;ndola un orgasmo tras otro, en ese momento, &quot;Ah, Manuel&quot;, se sent&iacute;a la mujer m&aacute;s dichosa del universo.<\/p>\n<p>Remedios y Manuel se conocieron hace dos meses y una semana; no, no le ha fallado la memoria a Remedios: se ve que est&aacute; buena, la memoria. Manuel, paseante empedernido, atravesaba a menudo la popular Plaza de La Merced; fue all&iacute;, estando sentada en un banco, donde vio a Remedios. Se fij&oacute; en ella porque no cesaba de garrapatear libretas, de esas de tama&ntilde;o A-4. Manuel no sab&iacute;a si escrib&iacute;a, dibujaba o las dos cosas y se acerc&oacute;. Remedios desprend&iacute;a olor a sudor rancio; Manuel comprendi&oacute; que viv&iacute;a en la calle. No tendr&iacute;a m&aacute;s de treinta a&ntilde;os Remedios; bajo la melena negra, larga y lisa, se asomaba una cara redonda, mofletuda y tostada por el sol; sus ojos eran peque&ntilde;os. Ten&iacute;a Remedios unos hombros robustos y redondos; las tetas se adivinaban anchas, grandes, bajo la sudadera; la cintura, recta, las caderas, anchas. Iba descalza: los pies eran de mu&ntilde;eca de juguete. &quot;Hola, &iquest;c&oacute;mo est&aacute;s?&quot;, salud&oacute; Manuel.<\/p>\n<p>C&oacute;mo iba a estar Remedios: pobre, desahuciada, desquiciada; medio loca.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Qu&eacute; quieres t&uacute;?&quot;, le solt&oacute; a Manuel de sopet&oacute;n; &quot;No, nada, siento curiosidad&#8230;, &iquest;qu&eacute; tienes en la libreta?&quot;, se interes&oacute; Manuel; &quot;Escribo un diario&quot;; &quot;&iquest;Y esos dibujos?&quot;; &quot;Tambi&eacute;n lo ilustro&quot;. No pod&iacute;a Manuel dejar de hacer esta pregunta: &quot;&iquest;Has comido algo hoy?&quot;; &quot;Un paquete de gusanitos&quot;; &quot;Ven, vente conmigo&#8230;&quot;.<\/p>\n<p>Dijo que la invitaba a comer en su casa. Remedios, rehusando, dijo: &quot;T&uacute; quieres acostarte conmigo&quot;. Cost&oacute; trabajo convencerla a Manuel de que no eran esas sus intenciones, aunque s&iacute; las fueran posteriormente. De camino a su casa conoci&oacute; su nombre, Remedios, descubri&oacute; que era m&aacute;s joven de lo que hab&iacute;a pensado, supo de la triste historia familiar que la hab&iacute;a llevado a vivir en la intemperie. Ya en casa de Manuel, Remedios se duch&oacute;, se puso un pijama limpio de Manuel y se sent&oacute; a comer. Despu&eacute;s, a la hora de la siesta, Manuel le hizo sitio en la &uacute;nica cama que hab&iacute;a en su casa y se quedaron dormidos. Durmieron mucho, tanto que se hizo de noche. Manuel se despert&oacute;. Not&oacute; la presencia de Remedios. Apart&oacute; las s&aacute;banas para destaparla; fue como desenvolver un regalo: su sorpresa se volvi&oacute; ilusi&oacute;n al contemplar aquel cuerpo joven y vigoroso junto a &eacute;l. Las tetas de Remedios desbordaban la abotonadura del pijama, entrevi&eacute;ndose los oscuros pezones. Manuel baj&oacute; un poco los pantalones de Remedios para ver su chocho: era grande, negro, m&aacute;s negro en la semioscuridad del dormitorio, apenas iluminado por una lamparita de noche. Manuel se empalm&oacute;. &quot;No, no&quot;, pens&oacute;, &quot;no pienso violarla, ma&ntilde;ana se ver&aacute;&quot;; y volvi&oacute; a dormirse.<\/p>\n<p>&quot;Tengo hambre&quot;, se oy&oacute; la voz suave de Remedios. Manuel entorn&oacute; los p&aacute;rpados: era de d&iacute;a. &quot;Mucha hambre&quot;, pudo o&iacute;r, esta vez con claridad, Manuel. Lo siguiente que oy&oacute; fueron los chasquidos del chupeteo, el de la saliva en la boca de Remedios, cada vez que met&iacute;a la polla de Manuel en su boca y la sacaba; oy&oacute; los gemidos: &quot;Hum, humm, hummm&quot;. &quot;Remedios, Remedios&quot;, roncaba Manuel mientras la mamada avanzaba hacia su feliz final. El semen sali&oacute; despedido dentro de la boca de Remedios, que, alzando la cabeza, luego mirando al techo, engull&oacute; relami&eacute;ndose.<\/p>\n<p>Pero regresemos al presente, o, mejor, vayamos al futuro. Ahora, Remedios y Manuel est&aacute;n casados. Manuel no deja de admirar a Remedios, Manuel adora el cuerpo de Remedios tambi&eacute;n. Sin embargo, Remedios en la actualidad ocupa el puesto de redactora en un peri&oacute;dico local de prestigio, lo que la hace m&aacute;s inaccesible. Remedios se codea con gente de la cultura y el ocio, de la pol&iacute;tica y la econom&iacute;a, constantemente interesada en que le concedan entrevistas. Manuel vuelve a pasear, la mayor parte de las veces sin rumbo, por las calles de la ciudad. Manuel ha visto en un sem&aacute;foro a una mujer que hace malabares. La mujer viste andrajos, pero en la cara se le adivina su desclasamiento. Tiene un cutis fino, una mirada desafiante. Manuel se acerca y habla con ella. Para este nuevo amor necesita otra casa.<\/p>\n<p>Querida malabarista, no tengo otro sitio al que llevarte que no sea mi imaginaci&oacute;n; as&iacute; que apl&iacute;cate. Qu&iacute;tate los andrajos. Desc&aacute;lzate las sandalias. Abr&aacute;zate fuerte a mi y siente mi polla crecer. Los besos que te doy en los labios tambi&eacute;n te los doy en el co&ntilde;o, y meto dos dedos buscando tu cl&iacute;toris. Y noto que te corres y escucho tu orgasmo. Entonces me chupas la polla para pon&eacute;rmela dura, porque quieres que te folle bien, porque quieres darme placer al mismo tiempo que yo te lo doy. Y tus tetas tiemblan bajo mi torso, y tus gemidos alientan mi eyaculaci&oacute;n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Remedios, en pijama, pantal&oacute;n y camisa, avanz&oacute; descalza por el saloncito iluminado brevemente por una lamparita de noche con tulipa color rosa. Vio a Manuel tumbado bocarriba sobre la cama. Dorm&iacute;a, oy&oacute; su respiraci&oacute;n serena; estaba desnudo, vio la polla en reposo sobre uno de sus muslos. Remedios saliv&oacute;: ten&iacute;a hambre. 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