{"id":32102,"date":"2021-10-21T22:00:00","date_gmt":"2021-10-21T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-10-21T22:00:00","modified_gmt":"2021-10-21T22:00:00","slug":"una-madura-con-ganas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/una-madura-con-ganas\/","title":{"rendered":"Una madura con ganas"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"32102\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 22<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Mucho se ha hablado sobre la p&eacute;rdida del deseo sexual con el paso de los a&ntilde;os. La teor&iacute;a indica que cuando estamos entrados en a&ntilde;os, sexualmente las cosas ya no son como antes; todav&iacute;a existe inter&eacute;s y hasta un poco de pasi&oacute;n, pero la respuesta del cuerpo no es la misma que en otras &eacute;pocas. Sin embargo, pareciera existir excepciones a la regla.<\/p>\n<p>Mi esposa, lejos de disminuir su deseo sexual, con el paso de los a&ntilde;os muestra vivo inter&eacute;s por mantener al m&aacute;ximo actividad y su curiosidad por experimentar los placeres derivados del sexo se han visto incrementados en extremo. Todav&iacute;a tiene inter&eacute;s en explorar el placer que le puedan brindar m&uacute;ltiples posibilidades por descubrir.<\/p>\n<p>Ella encuentra una especial fascinaci&oacute;n por los hombres de color. Le elevan el deseo en exceso. De all&iacute; que cualquier contacto sexual con alguno de ellos le proporcione los m&aacute;s intensos y variados orgasmos. Es evidente que su comportamiento cambia. Hay una expresi&oacute;n corporal manifiesta en respuesta a sus orgasmos, gesticula, grita, respira agitadamente y se comporta de manera inusual. Y eso le gusta, especialmente cuando ellos la buscan y demuestran en sus encuentros dedicaci&oacute;n, vigor e intensidad.<\/p>\n<p>No es secreto que ella anhele tener a uno de esos j&oacute;venes mont&aacute;ndola y empujando vigorosamente su miembro dentro de su vagina. La sola idea le desata una inmensa excitaci&oacute;n, humedece su vagina y la incita a pasar a la acci&oacute;n. Esas calenturas no son de ahora, pero se han vuelto m&aacute;s frecuentes con el paso del tiempo, de manera que la posibilidad de concretar citas para desatar toda la fogosidad sexual contenida vaya en aumento. Ella no pone en discusi&oacute;n sus intenciones, sino que se limita a comunicar la cercan&iacute;a de tales eventos. Yo preferir&iacute;a que el tr&aacute;mite fuera algo diferente, pero en cuesti&oacute;n de gustos no hay disgustos.<\/p>\n<p>Hace poco, un s&aacute;bado en la tarde, me abord&oacute; para contarme que la hab&iacute;a contactado un muchacho que hab&iacute;a despertado su curiosidad y que ten&iacute;a ganas de conocerlo. Y, como siempre, entendiendo en el fondo el deseo detr&aacute;s de sus palabras, quise saber los detalles de c&oacute;mo hab&iacute;a ocurrido aquello. Me cont&oacute; que hab&iacute;a sido algo inesperado. Estuvo visitando un centro comercial y, por casualidad, se detuvo a contemplar la vitrina de una tienda er&oacute;tica. Un hombre se situ&oacute; al lado de ella, aparentemente tambi&eacute;n para curiosear lo que all&iacute; se exhib&iacute;a.<\/p>\n<p>Ella estuvo detallando un conjunto de ropa interior negra que luc&iacute;a un maniqu&iacute;, cuando el hombre le pregunt&oacute; &iquest;estar&iacute;a dispuesta a usar una vestimenta as&iacute;? S&iacute;, &iquest;por qu&eacute; no? Respondi&oacute; ella. Perdone, era s&oacute;lo curiosidad. &iquest;A usted le gusta? Pregunt&oacute; mi mujer. S&iacute;, respondi&oacute; &eacute;l. Podr&iacute;a regal&aacute;rselo a su pareja, dijo ella. Ese es el problema, respondi&oacute; el muchacho. No tengo pareja. Cuanto lo siento, hab&iacute;a dicho ella. No se preocupe, dijo &eacute;l, no es problema. Ese vestido le lucir&iacute;a muy bien. Gracias, respondi&oacute; ella. Excuse si la molesto. Usted me llam&oacute; la atenci&oacute;n y no quise dejar pasar el momento sin expresarle mis impresiones. Tranquilo; pierda cuidado, dijo mi mujer.<\/p>\n<p>Me llamo Carlos Alberto Chavez, soy ingeniero industrial y trabajo para el gobierno, continu&oacute;, mientras le extend&iacute;a una tarjeta de presentaci&oacute;n personal, que ella recibi&oacute;. De verdad, me gustar&iacute;a verla luciendo ese vestido. Y, si existiera tal posibilidad, me gustar&iacute;a que me llamara y me aceptara una invitaci&oacute;n para charlar un rato y conocernos un poco m&aacute;s. Esto es extra&ntilde;o, pero lo pensar&eacute;, le hab&iacute;a dicho ella. Espero no haberla importunado, dijo aquel. Que pase buena tarde. Y se despidi&oacute; alej&aacute;ndose de all&iacute;.<\/p>\n<p>Y eso hace cuanto fue, pregunt&eacute;. Hace exactamente dos semanas. &iquest;Y? Pues, yo lo llam&eacute;, me dijo. &iquest;Y si era quien dice ser? Si, dijo, mostr&aacute;ndome su tarjeta. En ella estaba impreso Gobierno Nacional, Ministerio de Hacienda y Cr&eacute;dito P&uacute;blico. Carlos Alberto Chavez G. Oficina de Planeaci&oacute;n. E-mail, tel&eacute;fono fijo y tel&eacute;fono celular. &iquest;Y qu&eacute; pas&oacute; en esa conversaci&oacute;n? Nada especial. Me invit&oacute; a almorzar cerca de su oficina en el centro. Eso fue el viernes de la semana pasada. Yo acept&eacute; su propuesta y fui&hellip;<\/p>\n<p>Y &iquest;qu&eacute; pas&oacute;? Fue un encuentro muy formal y &eacute;l estuvo muy atento conmigo, me confes&oacute;. &iexcl;Me imagino! dije. Me cont&oacute; acerca de su trabajo, sus antecedentes familiares y que andaba tratando de adquirir m&aacute;s confianza, porque hab&iacute;a pasado muchos contratiempos en el ejercicio de su rol con otras personas, especialmente con las mujeres. Y que, en aquella ocasi&oacute;n, se hab&iacute;a atrevido a dirigirse a m&iacute; para confiarme lo que pasaba por su cabeza, lo cual, aunque no pareciera, le hab&iacute;a costado trabajo, porque generalmente &eacute;l no es as&iacute;. Y le cre&iacute;ste, coment&eacute;. Yo solo te cuento lo que me dijo, respondi&oacute;.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n le pregunt&eacute; si lo de verme lucir el vestido era verdad o solo una excusa para desinhibirse y hablar directo con una mujer. Me dijo que no. Que era lo que pensaba en ese momento y que por eso lo hab&iacute;a comentado. Y, entonces, insist&iacute;, &iquest;qu&eacute; intenciones hab&iacute;a detr&aacute;s de aquellas palabras? Nada indebido, contest&oacute;. Lo que dije fue lo que pens&eacute; en ese momento y a&uacute;n lo pienso. Me llam&oacute; la atenci&oacute;n la mujer que estaba a mi lado y as&iacute; se lo hice saber. Y &iquest;hay algo m&aacute;s? Repliqu&eacute;. Pues me gustar&iacute;a que nos conoci&eacute;ramos un poco m&aacute;s, si no le molesta. &iquest;Eso implica sexo? Pregunt&eacute;. &iquest;Hay algo malo en eso? Contest&oacute;. No, le dije. &iquest;Usando ese vestido? Pregunt&eacute;. S&iacute;, me gustar&iacute;a.<\/p>\n<p>Esto es una aventura tanto para ti como para m&iacute;. Y, como imagino supondr&aacute;s, yo soy una mujer casada. Mi marido est&aacute; incluido en la experiencia, si es que me propongo en seguir adelante con esto. Me pregunt&oacute; qu&eacute; significaba eso. Le dije que t&uacute; me acompa&ntilde;ar&iacute;as en lo que fu&eacute;ramos a hacer y que, si no era de esa forma, no habr&iacute;a futuro para esa fantas&iacute;a. Me dijo que confiaba en m&iacute; y que &eacute;l estar&iacute;a dispuesto a lo que yo le dijera, pero me pidi&oacute; que le explicara c&oacute;mo funcionaba eso. Simple, le dije. El encuentro sexual es entre t&uacute; y yo, pero mi marido est&aacute; presente. No lo hago si es de otra manera. Okey, habr&iacute;a dicho aquel.<\/p>\n<p>Acordamos que nos ver&iacute;amos el d&iacute;a de hoy, as&iacute; que eso te cuento. O sea, cuestion&eacute; yo, &iquest;la decisi&oacute;n de verte con &eacute;l ya es un hecho? S&iacute;, claro. Despu&eacute;s de todo lo que te cont&eacute;, creer&iacute;a que es evidente &iquest;no? Y, en esta ocasi&oacute;n, &iquest;qu&eacute; hace especial ese encuentro? Pues, la forma en que esa persona lleg&oacute; a m&iacute; me pareci&oacute; curiosa. Por algo pas&oacute;. Me tom&oacute; por sorpresa. El tipo f&iacute;sicamente no est&aacute; nada mal, es agradable, tiene formaci&oacute;n y, con esa forma de abordarme, simplemente capt&oacute; mi atenci&oacute;n. El hecho de haberse presentado abiertamente y haberme dado su tarjeta de presentaci&oacute;n hizo que lo tuviera presente en mi cabeza a cada instante. Y &iquest;por qu&eacute; no?<\/p>\n<p>Y, el tema del vestido, &iquest;en que qued&oacute;? Pregunt&eacute;. Pues, dijo ella, tengo la intenci&oacute;n de comprarlo y quer&iacute;a saber si quisieras acompa&ntilde;arme. No habiendo marcha atr&aacute;s, &iexcl;vamos! Dije. Fuimos a buscar el vestido que aquel hombre deseaba que luciera mi mujer. Se trataba de un top o brassier, con cierre en la espalda y ajuste detr&aacute;s del cuello, un diminuto panty, un liguero ajustable y unas medias, todo en color negro. Le incluimos un par de botas negras, un conjunto de chaqueta tipo sastre y falda de color blanco, y los consabidos accesorios, la cartera, los aretes y el collar. De regreso a casa, ella dijo que iba a estar en el sal&oacute;n de belleza y que, cuando tuviera comunicaci&oacute;n con &eacute;l, me daba los detalles.<\/p>\n<p>Me llam&oacute; m&aacute;s tarde para comunicarme que la idea era conversar un rato antes de cualquier cosa, as&iacute; que hab&iacute;an decidido encontrarse en un lugar llamado &ldquo;theatron&rdquo; donde, adem&aacute;s de poder encontrarse en un restaurante, para hablar y romper el hielo, tambi&eacute;n se pod&iacute;a bailar, si as&iacute; lo deseaban, en un piso ubicado m&aacute;s arriba. Ella lleg&oacute; a casa un poco m&aacute;s tarde, confirmando que hab&iacute;a estado en un profundo proceso de transformaci&oacute;n: cabello arreglado, te&ntilde;ido de negro y un excelente maquillaje, que me hizo dudar si de verdad se trataba de mi esposa porque, la verdad, estaba bastante cambiada, pero muy a gusto, al decir de ella, por la idea que se hab&iacute;a hecho en su cabeza con relaci&oacute;n a esta nueva aventura.<\/p>\n<p>Cuando se lleg&oacute; el momento de irnos, ella estuvo al tanto de obtener una memoria USB, con m&uacute;sica que quer&iacute;a utilizar para amenizar el encuentro. Hab&iacute;a grabado en ella una canci&oacute;n de Kylie Minogue, &ldquo;Can&acute;t get you out of my head&rdquo;, que en su letra dice: &ldquo;Simplemente no puedo sacarte de mi cabeza, chico; tu amor es todo en lo que pienso&rdquo;. Tiempo atr&aacute;s, sin saber lo que dec&iacute;a esa canci&oacute;n, y solo por el ritmo y melod&iacute;a de la m&uacute;sica, yo la hab&iacute;a utilizado para que tuviera una de sus primeras aventuras sexuales con parejas fuera del matrimonio, y ella la hab&iacute;a adoptado como su himno de consagraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Ya arreglada y dispuesta, emprendimos el camino al encuentro de su nueva aventura. Cuando llegamos al lugar, Carlos Alberto ya nos estaba esperando. As&iacute; que ellos, reconoci&eacute;ndose, se saludaron de manera muy formal, me present&eacute; con &eacute;l y nos sentamos los tres a conversar un rato. El fr&iacute;o de la noche ameritaba calentar el ambiente, as&iacute; que pedimos algunos pasabocas y unos tragos de tequila. La conversaci&oacute;n del invitado, como era de esperarse, se centr&oacute; en halagar a mi esposa y su arreglo personal, pidiendo disculpas por no haber sido m&aacute;s cuidadoso, porque se sent&iacute;a un tanto fuera de lugar a su lado. No te preocupes, le dijo ella, lo importante es que disfrutemos el momento.<\/p>\n<p>Y para lograrlo, ella ya se hab&iacute;a anotado un punto a su favor, porque sin haber avanzado mucho la velada, aquel hombre ya se le notaba excitado con la presencia de la hembra a la que, d&iacute;as atr&aacute;s, hab&iacute;a retado con la posibilidad de que le luciera prendas &iacute;ntimas bastante er&oacute;ticas. La sensualidad que ella proyectaba hac&iacute;a que no solo &eacute;l posara sus ojos sobre ella sino tambi&eacute;n las personas que pasaban a nuestro lado. Y todo eso aumentaba m&aacute;s la tensi&oacute;n alrededor de la situaci&oacute;n y generaba expectativas sobre lo que podr&iacute;a pasar m&aacute;s adelante.<\/p>\n<p>Mi esposa, en medio de la conversaci&oacute;n, le pregunt&oacute; al macho si le gustar&iacute;a bailar. Le contest&oacute; que no es un buen bailar&iacute;n, pero que si ella quiere &eacute;l no tiene inconveniente en acompa&ntilde;arla. Bueno, dice ella, entonces, bailemos un ratico. &iquest;Te parece? S&iacute;, contest&oacute; &eacute;l, aparentemente sin atreverse a proponer algo diferente. Abandonamos el lugar donde nos encontr&aacute;bamos y subimos las escaleras hacia la discoteca.<\/p>\n<p>El sitio estaba bastante oscuro, iluminado &uacute;nicamente con luces de colores, que se prend&iacute;an y apagaban intermitentemente al ritmo de la m&uacute;sica, que sonaba a todo volumen. A tientas nos acomodamos en una de las mesas disponibles y, ya instalados all&iacute;, mi esposa no perdi&oacute; tiempo y convid&oacute; a su hombre a la pista de baile. El hombre se comportaba bastante formal y bailaba con mi mujer guardando prudente distancia, contrario a lo que ella y la situaci&oacute;n demandar&iacute;a, pues la intenci&oacute;n era que sus cuerpos se fueran reconociendo y ambientando para la c&oacute;pula que probablemente se dar&iacute;a despu&eacute;s.<\/p>\n<p>Apenas hab&iacute;an pasado dos tandas de m&uacute;sica cuando ellos volvieron a la mesa. Pedimos algunas bebidas para continuar animando cuerpo y esp&iacute;ritu y, en medio de la escasa conversaci&oacute;n, mi esposa me dijo, &iquest;ser&aacute; que miras a d&oacute;nde podemos ir para pasar el rato? Pues por aqu&iacute; est&aacute; inundado de sitios, contest&eacute;. Seguramente, dijo ella, pero me gustar&iacute;a que te adelantaras y te aseguraras que no vamos a llegar a cualquier parte, que sea un sitio limpio, bien dispuesto y seguro. &iexcl;Ah, vaina! pens&eacute; para mis adentros. Estos son los gajes del oficio del marido cornudo consentidor. Bueno. Voy, miro, reservo de una vez y vuelvo. &iquest;De acuerdo? S&iacute;, dijo ella, creo que es lo mejor.<\/p>\n<p>Me fui a explorar los sitios donde pudi&eacute;ramos llegar. La noche era joven, as&iacute; que el encargo no tuvo inconvenientes. Hab&iacute;a varios lugares disponibles, pero eleg&iacute; el m&aacute;s cercano a donde est&aacute;bamos, casi que cruzando la calle, de manera que la calentura no fuera a enfriarse debido a la tardanza en un desplazamiento. El lugar seleccionado, llamado Jard&iacute;n Real, contaba con habitaciones amplias, bien decoradas, servicio de televisi&oacute;n por cable, equipo de sonido, alimentos y bebidas a la habitaci&oacute;n. En fin. Lo necesario. All&iacute; prob&eacute; la m&uacute;sica ambiental que mi esposa quer&iacute;a tener como fondo en el desarrollo de su experiencia con su nueva conquista.<\/p>\n<p>Volv&iacute; a la discoteca y no les encontr&eacute; en la mesa. Los busqu&eacute; en la pista, pero no los vi. De modo que me sent&eacute; a esperar. Pude observar, sin embargo, que hab&iacute;a una especie de cortina que independizaba ese sector de otro y resolv&iacute; echar una mirada. Se trataba de una especie de reservados, tal vez ocho en total, compuesto por un espacio peque&ntilde;o, una mesita y una especie de sof&aacute; en forma de media luna. No me atrev&iacute; a explorar dentro de estos lugares, pero me pareci&oacute; ver en uno de ellos a mi esposa, abrazada y bes&aacute;ndose con su macho. As&iacute; que decid&iacute; volver a la mesa y esperarlos.<\/p>\n<p>No pas&oacute; mucho tiempo, cuando ciertamente los vi salir de aquel lugar y regresar a la mesa. Yo pens&eacute; que ya se hab&iacute;an ido, les increp&eacute;. &iquest;Para d&oacute;nde? dijo ella. Est&aacute;bamos d&aacute;ndonos una vuelta por ah&iacute;. Me imagino, dije. Bueno, Se&ntilde;ora Laura, en cumplimiento a sus &oacute;rdenes, dije en tono burl&oacute;n, ya todo est&aacute; arreglado. Puede proceder cuando lo estime conveniente. Cuando quieras podemos ir a otro sitio, le dijo ella a Carlos Alberto, ya todo est&aacute; dispuesto. Yo s&iacute; lo preferir&iacute;a, contest&oacute; &eacute;l, aqu&iacute; hay mucho ruido. Entonces &iexcl;vamos! Dijo ella.<\/p>\n<p>Salimos de all&iacute; dirigi&eacute;ndonos al Jard&iacute;n Real. Me adelant&eacute; para abrir la habitaci&oacute;n y permitirles el ingreso, y as&iacute; lo hicieron, pero Carlos Alberto estaba como t&iacute;mido y no se atrev&iacute;a a iniciar ninguna acci&oacute;n, de manera que les dije que sal&iacute;a a buscar unas bebidas y que volver&iacute;a en un rato, pero le dije a Laura que siguieran con lo suyo y que yo volver&iacute;a sin molestarlos. Que le dijera a &eacute;l que no se preocupara ni se estresara por eso. As&iacute; que los dej&eacute; solos y procur&eacute; demorarme un largo rato para favorecer el que ellos se desinhibieran. Antes de salir dej&eacute; la televisi&oacute;n encendida, sintonizada en un canal porno y coloqu&eacute; la m&uacute;sica que ella hab&iacute;a preparado para el evento.<\/p>\n<p>Volv&iacute; como a la media hora y, la verdad, la situaci&oacute;n no hab&iacute;a prosperado mucho. Cuando entr&eacute;, ella estaba ubicada sobre una peque&ntilde;a tarima, balanceando su cuerpo al ritmo de la m&uacute;sica, habi&eacute;ndose despojado de su abrigo, la chaqueta y su falda y, como &eacute;l quer&iacute;a y deseaba, se estaba exhibiendo en ropa interior er&oacute;tica para &eacute;l. El, sentado frente a ella, solo se limitaba a observarla, manteni&eacute;ndose totalmente vestido.<\/p>\n<p>Una vez llegu&eacute; a la habitaci&oacute;n, la escena pareci&oacute; empezar a fluir. Tal vez ella me estaba esperando para hacerme part&iacute;cipe de lo que ten&iacute;a en mente. Entonces, bajo de la tarima, se situ&oacute; en medio de las piernas de aquel y, abriendo el cierre de sus pantalones, expuso su pene, lo acarici&oacute; por un rato y cuando este se empez&oacute; a endurecer, ella lo llev&oacute; a su boca para mamarlo con mucha delicadeza. A mi hombre, esa caricia pareci&oacute; excitarlo, pues echaba su cabeza hacia atr&aacute;s y profer&iacute;a unos gemidos apenas audibles, por lo cual ella empez&oacute; a succionar su miembro con mayor vigor. Su pene, entonces, creci&oacute; y se endureci&oacute;, lo cual alent&oacute; a mi esposa a despojarse de su peque&ntilde;o panty y sentarse sobre &eacute;l.<\/p>\n<p>La vista de su pene penetrando al interior del cuerpo de mi mujer dispar&oacute; la virilidad de nuestro invitado que, incitado por el accionar de ella, empez&oacute; a empujar y empujar dentro de su concha. Ella respond&iacute;a en reacci&oacute;n a los movimientos masculinos, apoyando sus brazos en los hombros de este. La fricci&oacute;n de los sexos pronto gener&oacute; consecuencias, porque mi esposa empez&oacute; a mover sus caderas en forma circular, procur&aacute;ndose qui&eacute;n sabe qu&eacute; sensaciones placenteras conforme avanzaba el contacto entre sus cuerpos. Pasados unos minutos ella decidi&oacute; cambiar la posici&oacute;n, coloc&aacute;ndose ahora de espaldas a &eacute;l, insertando nuevamente el pene en su vagina.<\/p>\n<p>Y as&iacute;, con las nalgas de ella expuesta a su vista, Carlos Alberto, m&aacute;s animado, la tom&oacute; por sus caderas y empez&oacute; a atraerla y alejarla, determinando la cadencia con la que su pene entraba y sal&iacute;a del cuerpo de la hembra. Sin embargo, el hecho de estar vestido, no lo ten&iacute;a muy c&oacute;modo, de modo que, tal vez sintiendo que la excitaci&oacute;n sub&iacute;a, le dijo &iexcl;espera! Mi esposa pregunt&oacute; &iquest;Qu&eacute; pas&oacute;? Nada, dijo &eacute;l, quiero quitarme esta ropa. La acci&oacute;n se interrumpi&oacute;, y &eacute;l se levant&oacute; de inmediato, desnud&aacute;ndose con inusitada rapidez.<\/p>\n<p>Laura se tumb&oacute; de espaldas sobre la cama, con sus piernas abiertas, esperando recibirle de nuevo. Cuando &eacute;l finalmente se despoj&oacute; de toda su ropa y qued&oacute; completamente desnudo, ah&iacute; si la atac&oacute; a ella con agilidad, subi&eacute;ndose a la cama y mont&aacute;ndola sin tardanza. Insert&oacute; con premura su pene en la vagina de mi esposa y, ahora s&iacute;, sinti&eacute;ndose con m&aacute;s libertad, empez&oacute; a juguetear con ella a entera disposici&oacute;n. En principio empez&oacute; a contorsionar su cuerpo sobre el de ella mientras, r&iacute;tmicamente, met&iacute;a y sacaba su pene. Ella, conforme se incrementaba el ritmo de las embestidas, levant&oacute; sus piernas, agarr&oacute; las nalgas de su hombre y empez&oacute; a presionar su cadera contra el cuerpo de aquel.<\/p>\n<p>El incremento de la excitaci&oacute;n pronto hizo que ella estirara sus brazos hacia atr&aacute;s y se entregara a las sensaciones que experimentaba, mientras Carlos Alberto procuraba hacer su trabajo con esmero y propiciarse su propio orgasmo. De un momento a otro se incorpor&oacute;, coloc&aacute;ndose de rodillas, sin dejar de bombear en la vagina de mi expectante esposa, quien segu&iacute;a reaccionando a los embates del macho. El subi&oacute; la velocidad y se le ve&iacute;a agresivo, insertando el pene dentro de ella, muy profundo, manipulando con sus manos las piernas de mi mujer. Este movimiento pareci&oacute; surtir efecto, porque ella pareci&oacute; sentir algo muy intenso, aunque no lo expres&oacute; como acostumbra hacerlo en otros encuentros.<\/p>\n<p>El macho a&uacute;n no hab&iacute;a llegado a la c&uacute;spide de sus sensaciones, de modo que la hizo poner a ella, boca abajo, y volvi&oacute; a acceder a ella desde atr&aacute;s, permaneciendo ambos tendidos sobre la cama. Ella, tal vez no se sinti&oacute; a gusto en esa posici&oacute;n, por lo cual se coloc&oacute; de rodillas, en posici&oacute;n de perrito, sin que el hombre dejara de bombear vigorosamente dentro de ella. Carlos Alberto increment&oacute; la velocidad de sus embestidas y recorri&oacute; con sus manos todo el cuerpo de mi mujer que, sometida por el caballero, permit&iacute;a que este continuara taladr&aacute;ndola con firmeza. Pasaron pocos segundos para que Carlos sintiera que el momento hab&iacute;a llegado y, sacando su pene de la vagina, desparram&oacute; su contenido sobre las nalgas de m&iacute; mujer.<\/p>\n<p>Ambos, aparentemente cansados del esfuerzo, se quedaron tendidos un rato. Carlos, con ojos cerrados, solo atin&oacute; a abrazarla a ella reteni&eacute;ndola a su alcance. Ella volte&oacute; a mirarlo y, como aquel no abr&iacute;a los ojos, me mir&oacute; a mi como queriendo saber qu&eacute; hacer. &iquest;Est&aacute;s bien? Le pregunto. S&iacute;, dijo &eacute;l, solo necesito un poco de tiempo para recuperarme. Ah, bueno, contest&oacute; ella, perm&iacute;teme levantarme que necesito ir al ba&ntilde;o. Claro, dijo &eacute;l, y permiti&oacute; que ella se moviera con libertad.<\/p>\n<p>Ella fue al ba&ntilde;o y, quien sabe por qu&eacute; raz&oacute;n, se demor&oacute; un rato bastante largo. Al salir de ah&iacute; se le pudo ver compuesta nuevamente, arreglada y maquillada. Volvi&oacute; a la cama y, sin decir una palabra, tom&oacute; el pene de Carlos Alberto entre sus manos y se propuso revivirlo nuevamente. &iquest;Te molesta? Pregunt&oacute;. No, dijo &eacute;l, continua. Al poco rato su miembro volvi&oacute; a crecer y ella, nuevamente, se mostr&oacute; dispuesta a recibirle.<\/p>\n<p>Ella se tumb&oacute; a su lado y &eacute;l, manteniendo la misma posici&oacute;n, se limit&oacute; a levantar las piernas de ella, y, acomodando su pene, la penetr&oacute; lateralmente. Y en esa posici&oacute;n realiz&oacute; toda su faena, bombeando sin cesar dentro de ella. El pene del macho no era muy grande, pero al parecer el hombre sab&iacute;a manejarlo y en la posici&oacute;n escogida parec&iacute;a generar el efecto deseado. Ella empez&oacute; a contorsionar su cuerpo, gesticular y resoplar mientras su macho empujaba. Y, como en la vez anterior, al parecer ella alcanz&oacute; su orgasmo primero que &eacute;l, pero no habiendo pasado mucho tiempo, Carlos volvi&oacute; a sacar su pene, derramando su semen en el vientre de m&iacute; mujer.<\/p>\n<p>Contrario a lo pasado en muchas otras ocasiones, esta vez no hubo gemidos sonoros, o gestualidad excesiva, que manifestara un alta carga er&oacute;tica y sexual en el ambiente. &iquest;Hubo sexo? S&iacute;, ciertamente. El hombre cumpli&oacute; su prop&oacute;sito de acostarse con mi mujer, y ya. Y ella, quiz&aacute; no tan animada como en otras ocasiones, no quiso perder la oportunidad y dejar pasar la experiencia. Al parecer experiment&oacute; sus orgasmos, pero no la vi tan explosiva como en otras ocasiones. No s&eacute; para ella, pero para m&iacute; algo falt&oacute; en el ambiente que hiciera de la aventura algo m&aacute;s excitante.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de aquello, por iniciativa de mi esposa, seguimos reunidos, charlando un rato. Carlos Alberto, entonces, permaneci&oacute; desnudo. Y mi esposa, semidesnuda, como estaba, eso s&iacute;, con sus botas puestas. &iquest;Las cosas no fueron como imaginabas, cierto? Pregunt&oacute; ella. Por qu&eacute; lo dices, respondi&oacute; &eacute;l. Bueno, no s&eacute;, no me pareciste muy animado. &iquest;Ser&aacute; que te excitaste m&aacute;s con la idea que imaginaste que con la realidad? No, contest&oacute; &eacute;l, para nada. Tal vez no soy muy expresivo, pero si lo disfrut&eacute; much&iacute;simo. De verdad&hellip;<\/p>\n<p>O &iquest;ser&aacute; que por estar mi marido presente te reprimiste un poco? Tal vez, contest&oacute;, no lo s&eacute;. Es la primera vez que me atrevo a hacer algo as&iacute; y no sabr&iacute;a decir si reaccion&eacute; o no bien. Casi siempre las aventuras se dan con personas de mi edad, o muy pr&oacute;ximas, y esta es la primera vez que me veo involucrado con una persona como usted. Pero, al final de cuentas, pregunt&oacute; ella, &iquest;te gust&oacute; o no te gust&oacute;? S&iacute;, dijo &eacute;l. Y &iquest;Qu&eacute; te gust&oacute;? Le sigui&oacute; interrogando. Pues, todo. Tal vez me sent&iacute; un poquito menos por aquello de que era usted quien dispon&iacute;a y dirig&iacute;a. Entonces, tal vez me qued&eacute; esperando lo que se ven&iacute;a e iba a pasar a cada instante.<\/p>\n<p>Y si hubieras estado con unas jovencitas &iquest;qu&eacute; hubiera pasado? Pregunt&oacute; mi mujer. Creo que lo mismo. Si se trata del acto en s&iacute;, no habr&iacute;a diferencia. Lo que pasa es que, para m&iacute;, por lo menos, estar con jovencitas me pone en la situaci&oacute;n del var&oacute;n experimentado que ya sabe lo que tiene qu&eacute; hacer. Y hoy, por el contrario, me sent&iacute; en una posici&oacute;n diferente, porque, aunque es lo mismo, no sab&iacute;a a ciencia cierta qu&eacute; hacer. Entiendo, le dijo ella. Bueno, dejemos eso atr&aacute;s y brindemos, dije yo, como para relajar el interrogatorio.<\/p>\n<p>Carlos Alberto, a pedido de mi esposa, nos confes&oacute; varias de sus aventuras y experiencias. Nada anormal. Lo propio de j&oacute;venes con ganas de probarlo todo. Y, para rematar, ella le pregunt&oacute;. Y, en conclusi&oacute;n, qu&eacute; es lo que m&aacute;s te excita al tener sexo con una mujer. Muchas cosas, contest&oacute;. &iquest;Pero? Insisti&oacute; mi mujer. Pero lo que m&aacute;s me estimula es ver c&oacute;mo mi pene entra y sale del cuerpo de la mujer, contest&oacute;. &iquest;Y cual posici&oacute;n te permite hacer eso? Volvi&oacute; a cuestionarle ella. Cuando la mujer est&aacute; de pie y yo accedo a ella desde atr&aacute;s, dijo. Y &iquest;por qu&eacute; no lo hiciste? Ante lo cual se limit&oacute; a encoger sus hombros y torcer la comisura de sus labios hacia abajo. &iexcl;No s&eacute;!<\/p>\n<p>Pero &iquest;te gustar&iacute;a?, increp&oacute; ella. S&iacute;, dijo &eacute;l. Y &iquest;est&aacute;s dispuesto a disfrutarlo? S&iacute;, respondi&oacute;. Entonces, cogi&eacute;ndolo de la mano y levant&aacute;ndolo de la cama, le dijo vamos. H&aacute;bilmente le acarici&oacute; su pene y delicadamente lo beso, de manera que Carlos Alberto se empez&oacute; a encender r&aacute;pidamente. Su miembro no dur&oacute; en crecer y ponerse duro, y ella, para garantizar mejor desempe&ntilde;o, se puso en cuclillas frente a &eacute;l y le mam&oacute; su pene, poniendo &eacute;nfasis en regalarle leng&uuml;etazos r&aacute;pidos y repetidos a su glande. El hombre pareci&oacute; entusiasmarse, y no fren&oacute; para nada las caricias que mi esposa le daba, no solo a su pene sino tambi&eacute;n a sus test&iacute;culos, que parec&iacute;an hinchados de la emoci&oacute;n.<\/p>\n<p>Pasados unos minutos en es labor, ella se levanta, se apoya en el espaldar de una silla, situada frente a un espejo, e inclina su cuerpo para que el macho acceda desde atr&aacute;s, como le hab&iacute;a dicho que quer&iacute;a. El no lo dud&oacute; y, coloc&aacute;ndose detr&aacute;s de ella, apunt&oacute; su pene a la concha de mi mujer y la penetr&oacute;. En el espejo, frente a la silla, se pod&iacute;an ver mutuamente. Ella los gestos de &eacute;l, y &eacute;l la gesticulaci&oacute;n que ella hac&iacute;a en respuesta a sus movimientos. El hombre, empujaba y empujaba, y, preso de la excitaci&oacute;n, hasta se atrevi&oacute; a tomar a mi mujer por los cabellos para halar su cabeza hacia atr&aacute;s mientras empujaba dentro de ella.<\/p>\n<p>La altura que le permit&iacute;a alcanzar ella con sus botas calzadas facilitaba el trabajo de Carlos Alberto, quien, fascinado con la imagen que ve&iacute;a en el espejo, parec&iacute;a motivarse m&aacute;s y m&aacute;s para mantener ensartada a mi mujer, procur&aacute;ndole una experiencia para recordar. M&aacute;s luego, decidi&oacute; tomarla por los brazos, estir&aacute;ndolos hacia atr&aacute;s, lo cual pareci&oacute; acrecentar la profundidad de la penetraci&oacute;n y sensaciones diferentes para ella, que, a esas alturas, parec&iacute;a disfrutar con los movimientos vigorosos y continuos de su amante.<\/p>\n<p>El hombre, en un momento dado, se aferr&oacute; a los muslos de mi esposa y, removiendo su pene dentro de ella, arreci&oacute; el movimiento y, quiz&aacute; estimulado por los resoplidos que ella profer&iacute;a, finalmente lleg&oacute; a su cl&iacute;max. Eyacul&oacute; dentro de ella. No sac&oacute; su pene como lo hizo en otras ocasiones. Sus manos se dirigieron a las nalgas de &eacute;l para retenerlo, pegado a su cuerpo, extendiendo el momento hasta m&aacute;s no poder. All&iacute; permaneci&oacute; &eacute;l, de acuerdo a sus deseos, aprovechando para palpar el cuerpo de ella mientras todo acababa. Finalmente se apart&oacute;, fl&aacute;cido ya su miembro, dando por terminada aquella velada.<\/p>\n<p>&iquest;Estuvo mejor? Pregunto ella. S&iacute;, dijo &eacute;l. Me gust&oacute; mucho m&aacute;s. Bueno, dijo ella, espero no haberte defraudado. &iquest;Por qu&eacute; lo dices? Pregunto &eacute;l. Quiz&aacute; no era la aventura que esperabas y no quise que te fueras con la sensaci&oacute;n de haber perdido la noche. No, dijo &eacute;l. Para nada. Todo estuvo perfecto. &iquest;Y para ti? Inquiri&oacute; &eacute;l. Todo estuvo bien, dijo ella. Cualquier experiencia es bienvenida y, a estas alturas de mi vida, ya no se es tan exigente. El momento se disfruta y se agradece. &iquest;No te parece? S&iacute;, respondi&oacute; &eacute;l un tanto meditativo.<\/p>\n<p>Ella, frente a &eacute;l, termin&oacute; de desnudarse, quit&aacute;ndose el body que mantuvo puesto durante toda la faena. Y ahora, dijo, quisiera regalarte el modelito que tanto te gust&oacute;. Pudieras regal&aacute;rselo a tu pareja, cuando aparezca, o a una de tus amiguitas. Yo ya lo disfrut&eacute;. Ahora es tuyo. Y recogiendo las prendas en una bolsa de pl&aacute;stico que le dieron en el almac&eacute;n, se las entreg&oacute;. Gracias, dijo &eacute;l. Espera, todav&iacute;a faltan las medias. Y, entrando al ba&ntilde;o, con sus cosas a mano, dijo, esp&eacute;renme un ratico que me voy a arreglar. O&iacute;mos sonar la ducha y poco rato despu&eacute;s sali&oacute;, vestida con su abrigo, y le entreg&oacute; a Carlos las med&iacute;as que faltaban para completar el ajuar que le hab&iacute;a regalado. Espero haber estado a la altura de tus amigas m&aacute;s j&oacute;venes y que no te olvides que las maduritas tambi&eacute;n tenemos ganas. S&iacute; se&ntilde;ora, no lo olvidar&eacute;, dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>Carlos entr&oacute; al ba&ntilde;o, se visti&oacute; y, una vez todos reunidos, dimos por terminado aquello y nos despedimos. Y cogimos cada uno por nuestro lado. Ya habr&aacute; otra oportunidad, dijo mi esposa, quien solamente iba vestida con su abrigo y sus botas. &iquest;Estuvo bien? Pregunt&eacute;. Todav&iacute;a tengo calentura, dijo ella, pero no veo con quien calmarla. Si quieres buscamos, le dije. No, dijo ella, dejemos as&iacute;. Tal vez t&uacute; puedas hacer el cierre de la noche. Bueno, dije, &iexcl;vamos pues!<\/p>\n<p>Cruzamos la calle dirigi&eacute;ndonos hacia el parqueadero. La entrada al &ldquo;Theatron&rdquo; estaba atestada de gente, muchas parejas yendo de aqu&iacute; para all&aacute; y de all&aacute; para ac&aacute;, hombres deambulando para encontrarse con sus citas, o curioseando a la caza de alguna aventura, cuando, en nuestro camino, se nos atravieso un mulato, bastante bien parecido. Y, conociendo los gustos de mi mujer, dije, &iquest;que no hab&iacute;a con qui&eacute;n? Ah&iacute; tienes una entretenci&oacute;n, como las que te gustan. Est&aacute; simp&aacute;tico fueron sus palabras, pero pareci&oacute; que no hab&iacute;a inter&eacute;s.<\/p>\n<p>Sin embargo, por alguna raz&oacute;n, el hombre repar&oacute; en mi mujer y las miradas de ambos se encontraron. Fue algo casual. El hombre sigui&oacute; de largo. Sin embargo, ella, impactada por algo y dubitativa, se dio la vuelta y camin&oacute; detr&aacute;s de &eacute;l. Yo me qued&eacute; asombrado de su comportamiento porque, acabando de estar con un hombre joven, &iquest;qu&eacute; estar&iacute;a buscando ahora? As&iacute; que me qued&eacute; observando lo que pasaba. Ella camin&oacute; detr&aacute;s de aquel hombre, alcanz&aacute;ndolo unos metros m&aacute;s adelante, cuando este detuvo su andar. Algo le dijo, pues el hombre la volte&oacute; a mirar y, cuando lo hizo, ella abri&oacute; su abrigo, mostr&aacute;ndosele tal y como estaba, y, dici&eacute;ndole algo, se devolvi&oacute; a donde yo estaba. Y &eacute;l se vino detr&aacute;s.<\/p>\n<p>La vi muy animada, con otro semblante. Y, cuando lleg&oacute; a donde yo me encontraba, su expresi&oacute;n era de entusiasmo. Bueno, me dijo, ya encontr&eacute; con quien. &iquest;C&oacute;mo? Exclame sorprendido. Creo que con este se me calma la calentura, contest&oacute;. El hombre, andando detr&aacute;s de ella, al encontrarnos los tres, pregunt&oacute;, &iquest;Tienes sitio de encuentro? Pues s&iacute;, contest&eacute;, y se&ntilde;al&eacute; el sitio de donde acab&aacute;bamos de salir, el Jard&iacute;n Real. Y ella, sin decir una palabra, le dijo al hombre &iquest;vamos? S&iacute;, dijo &eacute;l. &iexcl;T&uacute; mandas reina! As&iacute; que volvimos al lugar. Pero, cuando llegu&eacute; a la recepci&oacute;n me dijeron que la ocupaci&oacute;n estaba a tope. No hay sitio aqu&iacute;, les manifest&eacute;. Y, por la hora, seguramente todo va a estar igual por aqu&iacute;.<\/p>\n<p>&iquest;Entonces? Exclam&eacute;. Pues, dijo ella mirando a este hombre, &iquest;buscamos por ah&iacute;? S&iacute;, dijo &eacute;l. &iquest;Por qu&eacute; no preguntamos aqu&iacute; si nos recomiendan alg&uacute;n sitio por ac&aacute; cerca? De modo que fui a la recepci&oacute;n para acometer el encargo. &iquest;Ser&aacute; que me pueden recomendar a d&oacute;nde ir y encontrar un cuarto? Se&ntilde;or, me dijeron, si no le molesta, espere una media hora. Bueno, &iquest;pero me lo aseguran? D&eacute;jelo cancelado, denos su n&uacute;mero celular y le llamamos cuanto tengamos el cuarto listo. De acuerdo, manifest&eacute;, pero no nos dejen esperando. Es un asunto de emergencia. Tranquilo, se&ntilde;or. Nosotros lo llamamos. Pierda cuidado.<\/p>\n<p>El cuarto est&aacute; reservado y pago les dije, pero tenemos que esperar un rato. No hay problema, dijo aquel. &iquest;Por qu&eacute; no nos tomamos algo mientras tanto? Sugiri&oacute; mi esposa. Bueno, asent&iacute;. Busquemos algo por ac&aacute;. Y, diciendo y haciendo, caminamos hasta un bar situado en la esquina de la misma calle. Todo est&aacute; cerca por ac&aacute;. Negocio es negocio, brother, dijo el hombre. Nos acomodamos en la barra del lugar y cada quien pidi&oacute; lo que le apeteci&oacute;. Ella, muy conservadora, un caf&eacute;, porque ten&iacute;a frio; Kevin, que as&iacute; se llamaba el hombre, pidi&oacute; un aguardiente, y yo ped&iacute; un vodka con jugo de naranja. Y all&iacute;, instalados, charlamos un rato mientras esper&aacute;bamos turno para disponer de un cuarto.<\/p>\n<p>&iquest;Ustedes se conocen? Pregunt&eacute;. No, dijo ella. Y &eacute;l, movi&oacute; su cabeza de un lado a otro, confirmando que tampoco. Entonces, &iquest;Qu&eacute; pas&oacute;? Indagu&eacute;, mir&aacute;ndole a &eacute;l. No s&eacute;, dijo. Ella me pregunt&oacute; s&iacute; me gustar&iacute;a pasar un rato agradable y me mostr&oacute; que est&aacute; desnuda debajo de ese abrigo. Y, no dud&eacute;. Le dije que s&iacute;. Y &iquest;qu&eacute; te resolvi&oacute;? Insist&iacute;. &iquest;Acaso no esperabas o buscabas a alguien? La verdad, no, respondi&oacute;. Vivo por ac&aacute; cerca y, cuando voy de camino a mi residencia, acostumbro a cruzar por ac&aacute; y curiosear, ver gente y distraerme con el ambiente. Y, hoy es s&aacute;bado, y, la verdad, andaba desprogramado, de modo que la se&ntilde;ora me salv&oacute; la noche. Bien vale la pena la aventura.<\/p>\n<p>&iquest;Y t&uacute;? Pregunt&eacute; mir&aacute;ndola a ella. &iquest;Cu&aacute;l fue el revulsivo? Nada raro. Nos miramos y sent&iacute; algo. No s&eacute;. Algo me dijo que hab&iacute;a algo en &eacute;l y, pues, no quise dejar pasar la oportunidad. Por eso me fui tras de &eacute;l. Pero no hay secreto. Creo que nos podemos entender y la podemos pasar bien. &iquest;Y qu&eacute; piensa usted? Que s&iacute;, dijo. Creo que nos la podemos llevar bien y pasar un rato bien rico. &iquest;Y qu&eacute; es un rato bien rico? Repliqu&eacute;. Bueno, no s&eacute;, entiendo que ella quisiera tener sexo conmigo, y si es as&iacute;, pienso que la podemos pasar bien, me respondi&oacute; mir&aacute;ndola a ella. Y yo, afirm&oacute; ella, generalmente no me equivoco. Creo que la podemos pasar bien. Bueno, conclu&iacute;, entonces esperemos la llamada.<\/p>\n<p>No tard&oacute;. El tel&eacute;fono son&oacute; casi que de inmediato. Ya tenemos cuarto disponible dijo una voz al otro lado de la l&iacute;nea, Gracias, contest&eacute;, ya vamos para all&aacute;. As&iacute; que emprendimos el recorrido. Ella tom&oacute; la iniciativa y camin&oacute; delante de nosotros, quienes la seguimos sin remedio. En ese trayecto Kevin me pregunta: &iquest;Alguna recomendaci&oacute;n? Qu&eacute; puedo decirle, contest&eacute;. Si vas a follarte a mi esposa, mu&eacute;strale respeto, sed&uacute;cela, mu&eacute;strale pasi&oacute;n, valora que est&aacute; deseando una aventura excitante y c&oacute;getela bien. Es todo. Bien, dijo &eacute;l. Ella lleg&oacute; a la recepci&oacute;n, se anunci&oacute; y recibi&oacute; la llave de la habitaci&oacute;n. Cuarto piso, nos dijo. Todav&iacute;a falta camino por recorrer. Y, sigui&eacute;ndola, continuamos escaleras arriba hasta llegar a nuestro ansiado destino. Abri&oacute; la puerta y entr&oacute; sin detenerse. Y nosotros, detr&aacute;s de ella.<\/p>\n<p>El cuarto estaba decorado er&oacute;ticamente, muchos espejos, luces tenues intermitentes, tipo discoteca, y una peque&ntilde;a tarima para pr&aacute;ctica de pole dance. Al fondo, claro est&aacute;, una cama grande, espejo en el techo. Y adem&aacute;s un ba&ntilde;o con jacuzzi. Mejor dicho, la s&uacute;per habitaci&oacute;n. Ella, entonces, se coloc&oacute; sobre la tarima, abri&oacute; su abrigo, descubri&eacute;ndose para los dos, y dijo, bueno, yo ya mostr&eacute; mis cartas. &iquest;Cu&aacute;les son las tuyas? As&iacute; que Kevin se apresur&oacute; a desnudarse, mostrando un cuerpo arm&oacute;nico, de tipo atl&eacute;tico, bien trabajado y, para gusto de mi esposa, un pene bastante bonito y grande. Pon m&uacute;sica, me orden&oacute; ella, de modo que coloqu&eacute; la USB que llev&aacute;bamos y pronto una melod&iacute;a suave empez&oacute; a sonar. &iexcl;Ven! le dijo ella. Y Kevin as&iacute; lo hizo.<\/p>\n<p>Al aproximarse a la tarima, ella, movi&eacute;ndose al ritmo de la m&uacute;sica, le invit&oacute; a que se aproximara y, abriendo su abrigo, lo abraz&oacute; y lo bes&oacute;, gesto que fue correspondido de inmediato por el hombre, quien pas&oacute; sus manos por detr&aacute;s de la espalda de ella, por dentro de su abrigo, para alcanzar sus nalgas y empezar a disfrutar a su antojo de su cuerpo. Poco a poco, al comp&aacute;s de la m&uacute;sica, y en un prolongado beso, la virilidad de aquel empez&oacute; a manifestarse, y bien pronto mi esposa pudo sentir c&oacute;mo crec&iacute;a el miembro de aquel entre sus piernas. Ella estaba fascinada con la sensaci&oacute;n y sus manos se concentraron en masajear el pene que ya estaba endurecido y erecto.<\/p>\n<p>Ella se despoj&oacute; del abrigo, quedando tan solo vestida con sus botas negras. Y, excitada con la sensaci&oacute;n de sentir tan magnifico pene, se puso de cuclillas frente a &eacute;l y us&oacute; su boca para deleitarse con ese apetecible sexo masculino. Ella abr&iacute;a al m&aacute;ximo su boca para engullir aquel inmenso miembro. La verdad, Kevin pose&iacute;a una verga de concurso, larga y gruesa, que quiz&aacute; mi esposa no lleg&oacute; a imaginar, pero que ahora, a la vista, la ten&iacute;a excitad&iacute;sima y dispuesta a lo que fuera para disfrutarla al m&aacute;ximo. Kevin, simplemente ced&iacute;a a todos los movimientos que ella propon&iacute;a, pero, era evidente que el tama&ntilde;o de ese pene exced&iacute;a por mucho las posibilidades que mi esposa trataba de improvisar con su boca. As&iacute; que, vi&eacute;ndose limitada para meterla dentro, lo chupaba, succionaba y lam&iacute;a con entusiasmo.<\/p>\n<p>Sus manos, por otra parte, masajeaban los test&iacute;culos de aquel, que se ve&iacute;an tambi&eacute;n relativamente grandes en comparaci&oacute;n al tama&ntilde;o de su pene. Se levant&oacute;, lo abraz&oacute; y lo bes&oacute; apasionadamente, y &eacute;l, correspondiendo, no perd&iacute;a oportunidad de recorrer con sus manos todo el cuerpo de mi mujer y delinear los contornos de su silueta. En medio de ese abrazo interminable, el pene de aquel se insertaba en medio de las piernas de mi mujer, que ya sent&iacute;a ganas de tener ese miembro dentro de su cuerpo, as&iacute; que se dio media vuelta, apoy&oacute; sus manos en uno de los espejos, inclin&oacute; su torso hacia adelante y expuso sus nalgas. Kevin entendi&oacute; las intenciones de ella y, sin m&aacute;s pre&aacute;mbulos, apunto su barra a la vagina de mi esposa y lentamente la fue penetrando.<\/p>\n<p>La reacci&oacute;n de ella fue inmediata, porque aquel pene la hizo gemir tan pronto entr&oacute; en su interior. As&iacute; que &eacute;l empez&oacute; a meter y sacar delicadamente su miembro. Ella abri&oacute; a&uacute;n m&aacute;s sus piernas para que Kevin la taladrara a placer, sin obst&aacute;culos en sus embestidas, mientras ella contorsionaba su cuerpo. A medida que avanzaba el intercambio sus piernas empezaron a flaquear y sus gemidos eran m&aacute;s intensos. Aquel hombre hab&iacute;a tocado el punto que le proporcionaba m&aacute;s placer, al extremo que ella ya no pod&iacute;a sostener la posici&oacute;n. Entonces, le manifest&oacute; que se detuviera un momento. El as&iacute; lo hizo, retirando su miembro. &iexcl;Ven a la cama! Dijo ella. Quiero estar m&aacute;s c&oacute;moda.<\/p>\n<p>Y all&aacute;, determin&oacute; que Kevin se acostara de espaldas, de manera que ella pudiera cabalgarlo a placer. Su enorme, duro y erecto pene era toda una invitaci&oacute;n. Ella lo cabalg&oacute;, se acomod&oacute; el miembro del hombre a la entrada de su vagina y descarg&oacute; el peso de su cuerpo, permitiendo la penetraci&oacute;n a su gusto, poco a poco, lentamente, acompa&ntilde;ando la maniobra con expresiones de placer. Y, una vez instalada sobre aquel, a sus anchas, empez&oacute; a moverse a voluntad, explorando en cada variaci&oacute;n novedosas y nuevas sensaciones. El hombre, complacido, mientras tanto, recorr&iacute;a con sus manos todo su cuerpo, sus nalgas y sus senos especialmente, caricias que elevaban al m&aacute;ximo las sensaciones de placer.<\/p>\n<p>No s&eacute; si era la actitud del hombre, dispuesto a complacerla, la plenitud que le proporcionaba tener aquel miembro grande dentro de s&iacute;, la adrenalina que le generaba salirse de lo normal y darse esas libertades, o la emoci&oacute;n de sentir que pod&iacute;a disparar su placer cu&aacute;ndo y c&oacute;mo quisiera venciendo todas las limitaciones. &iquest;Qu&eacute; importa acaso si se acuesta con dos, tres o m&aacute;s hombres en una noche? La verdad, pensar&iacute;a ella, la vida resulta corta, y &iquest;por qu&eacute; no aprovechar las oportunidades si se presentan? Tal vez lo que estaba ocurriendo aquella noche pudiera parecer censurable, pero, &iquest;qu&eacute; importa? Lo cierto es que la estaba pasando de lo lindo. Despu&eacute;s de una pareja un tanto ap&aacute;tica, el nuevo hombre era una bomba de placer.<\/p>\n<p>Sus movimientos eran m&aacute;s intensos, al igual que sus gemidos, proferidos sin control no censura alguna. Seguramente m&aacute;s de uno estuvo curioso por saber qu&eacute; estaba pasando en aquella habitaci&oacute;n. Ella se mov&iacute;a, se contorsionaba, gem&iacute;a y, por fin, sus esfuerzos parecieron tener recompensa porque, de un momento a otro, apret&oacute; su cuerpo contra el de &eacute;l, apret&oacute; sus nalgas y dej&oacute; caer su torso sobre el cuerpo del muchacho, bes&aacute;ndolo con mucha pasi&oacute;n hasta que, rendidos por la faena, sus cuerpos quedaron inm&oacute;viles. Ella se qued&oacute; encima de &eacute;l, con su miembro dentro, y &eacute;l, solo dejaba que el tiempo pasara. Al rato, ella, un tanto recuperada, se coloc&oacute; a un costado, manteni&eacute;ndose al lado de &eacute;l.<\/p>\n<p>Oye, dijo &eacute;l, estabas muy caliente. &iexcl;S&uacute;per! Me gusta cuando la mujer toma la iniciativa y se mueve a placer. Yo me siento bien cuando eso pasa y simplemente me dedico a ver c&oacute;mo la pasa la dama. Y, por lo visto, estabas con ganas de recibir un buen mantenimiento. &iquest;Hace cu&aacute;nto que no te dabas estas libertades? Pues, hubo alguien antes que t&uacute;, dije yo. La se&ntilde;ora anda con su deseo sexual disparado y parece que est&aacute; un tanto insaciable. Uuuyyy, replic&oacute; el hombre, pues tiene mucha energ&iacute;a la se&ntilde;ora. Y &iquest;ser&aacute; que ya calm&oacute; su calentura? &iquest;Por qu&eacute; preguntas? Dijo ella. &iquest;Ya est&aacute;s aburrido? Para nada, contest&oacute; &eacute;l. Es solo curiosidad. Y, si est&aacute;s dispuesto, pudi&eacute;ramos compartir otro ratico. Con todo gusto, respondi&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p>Ambos se levantaron con la intenci&oacute;n de visitar el ba&ntilde;o, turn&aacute;ndose el ingreso. Ella primero, por supuesto, y &eacute;l despu&eacute;s. Posteriormente volvieron a la cama, continuando la tertulia. El hombre, intrigado, le pregunt&oacute; a ella &iquest;qu&eacute; le hab&iacute;a atra&iacute;do de &eacute;l? La verdad, cuando te vi, algo capt&oacute; mi atenci&oacute;n, contest&oacute;. Te percib&iacute; muy viril, muy dispuesto, muy sexy, muy hombre. No s&eacute; c&oacute;mo decirlo. Bueno, &iexcl;me gustaste! Y, como el tema era lo sexual, pens&eacute; que ser&iacute;as buena pareja y no me equivoqu&eacute;. Bueno, intervine yo, y &iquest;por qu&eacute; t&uacute; aceptaste su proposici&oacute;n? Y c&oacute;mo negarme, respondi&oacute;, m&aacute;s a&uacute;n cuando se me expuso como Dios la trajo al mundo. Con eso no m&aacute;s, me calent&eacute;. Y, adem&aacute;s, vi que no era una mujer cualquiera. Eso se nota. Por eso me anim&eacute;&hellip;<\/p>\n<p>Bueno, pues an&iacute;mense una vez m&aacute;s, porque ya va siendo madrugada, dije yo. Ella tom&oacute; la iniciativa. R&aacute;pidamente se acomod&oacute; para despertar aquel miembro con su boca, algo que sucedi&oacute; muy pronto. As&iacute; que, cuando aquel miembro se endureci&oacute; y emergi&oacute; en todo su esplendor, ella se recost&oacute; abriendo sus piernas. Ahora te toca a ti, le dijo. Kevin se acomod&oacute; en medio de sus piernas, permitiendo que ella continuara masajeando su pene a voluntad. Y fue ella misma quien acomod&oacute; el miembro del hombre a la entrada de su vagina y coquetamente le dijo, &iexcl;dale!<\/p>\n<p>Esa insinuaci&oacute;n fue m&aacute;s que suficiente para que Kevin empujara su pene dentro de ella y empezara a moverse con gran vigor. &iexcl;Qu&eacute; cuca tan deliciosa! le dec&iacute;a a mi esposa, mientras met&iacute;a y sacaba insistentemente su miembro, y masajeaba sus senos. &Eacute;l estaba extasiado observando c&oacute;mo su pene ingresaba dentro del cuerpo de mi mujer, que encantada, mov&iacute;a sus piernas alrededor del cuerpo del hombre y gesticulaba de placer con cada embestida masculina. El hizo malabares con ella, levantando sus piernas, volte&aacute;ndola hacia un costado y, finalmente, cubri&eacute;ndola con su cuerpo en la t&iacute;pica posici&oacute;n del misionero hasta que ambos explotaron de placer. Te siento rico, dec&iacute;a ella insistentemente. Te siento rico&hellip;<\/p>\n<p>Y sinti&eacute;ndolo rico culmin&oacute; aquella faena. Nunca hab&iacute;amos llegado a elevar el nivel de la aventura hasta esos extremos, pero, dada la situaci&oacute;n, el ambiente y su calentura, bueno, las cosas se dieron. El hombre qued&oacute; satisfecho. Me imagino que ya fue suficiente por hoy, le pregunt&eacute; a ella. S&iacute; amor, contest&oacute;, creo ya estuvo bien. No tengo queja. Todo estuvo s&uacute;per. Gracias. Menos mal, contest&eacute;, porque ya me estaba durmiendo, dije yo. Era solo una broma, porque no puedo negar la fascinaci&oacute;n y el gusto que me causa ver a mi mujer pose&iacute;da por otro macho. Sus facciones, sus reacciones y sus acciones, a veces un tanto inesperadas, simplemente me gustan.<\/p>\n<p>Y me calienta mucho ver c&oacute;mo esos hombres se dedican a disfrutar de ella, m&aacute;s a&uacute;n, sabiendo que yo estoy presente durante todo el acto. Fue una noche inesperada, excitante y libertina. Nunca la hab&iacute;a visto a ella en esa disposici&oacute;n, porque antes se presum&iacute;a que con encontrarse con un hombre bastaba. Pero eso no fue lo que sucedi&oacute; aquella noche. La se&ntilde;ora ten&iacute;a muchas ganas y se dio ma&ntilde;as para calmar sus apetitos. Y &iquest;por qu&eacute; no? Aquella noche ella y yo supimos que la intensidad de las aventuras pod&iacute;a ampliarse, de manera que pudiera haber sorpresas m&aacute;s adelante. Y as&iacute; termin&oacute; aquella noche inesperada&hellip;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 22<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Mucho se ha hablado sobre la p&eacute;rdida del deseo sexual con el paso de los a&ntilde;os. 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