{"id":32354,"date":"2021-11-06T23:00:00","date_gmt":"2021-11-06T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-11-06T23:00:00","modified_gmt":"2021-11-06T23:00:00","slug":"memorias-de-frica-iv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/memorias-de-frica-iv\/","title":{"rendered":"Memorias de \u00c1frica (IV)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"32354\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Al d&iacute;a siguiente cuando me despert&eacute;, no pod&iacute;a moverme. Me dol&iacute;a la espalda, me escoc&iacute;an las nalgas, ten&iacute;a el sexo pringoso a pesar de las lavativas de las muchachas. Me qued&eacute; pensando en qu&eacute; tipo de tortura me ver&iacute;a hoy. No quise salir de mi refugio, y a intervalos ven&iacute;an algunas mujeres a verme.<\/p>\n<p>Me tra&iacute;an comida, agua, y me hac&iacute;an orinar apret&aacute;ndome el vientre como hizo la vieja aquella el primer d&iacute;a. Me vest&iacute;an al amanecer y me desnudaban por la tarde. Creo que estuve dos d&iacute;as sin salir de mi refugio. Uno de los d&iacute;as, mientras Aifon y otras chicas me lavaban, apareci&oacute; uno de los hombres. A &eacute;ste no le conoc&iacute;a y se qued&oacute; en la puerta mirando. Era alto, musculoso, ten&iacute;a un cuerpo muy bien definido, una cara redonda y una nariz chata. Por un momento se me pareci&oacute; a ese Dios de &eacute;bano que todas las mujeres hemos imaginado en nuestros sue&ntilde;os er&oacute;ticos. Llevaba el mismo tipo de taparrabos que el resto, y una especie de cuerda a modo de bandolera cruz&aacute;ndole el cuerpo. No dijo nada, simplemente se limit&oacute; a mirarme y a observarme mientras me lavaban.<\/p>\n<p>-&iquest;Y a ti c&oacute;mo te llamo hijo? Te llamar&eacute; Samsung. Eres grande, fuerte y joven, como los &uacute;ltimos modelos de ese fabricante de tel&eacute;fonos -le dije mientras le miraba-. Joder Mar&iacute;a, todav&iacute;a te quedan ganas de hacer chistes.<\/p>\n<p>Una tarde ya me cans&eacute; de estar recluida. Me puse los shorts y la camiseta y sal&iacute; de la caba&ntilde;a. Pude ver con la luz del d&iacute;a esa especie de plaza que hac&iacute;a unas noches vi a la luz de una hoguera. La plaza donde me hab&iacute;an azotado y follado. La plaza donde me hab&iacute;a corrido delante de un grupo de salvajes desconocidos con una desinhibici&oacute;n total. El bosque que nos rodeaba era frondoso, de un verde intenso. En un claro pude ver unas monta&ntilde;as, pero no reconoc&iacute; el sitio. &iquest;D&oacute;nde demonios estaba?, &iquest;qui&eacute;nes eran aquellos salvajes?, &iquest;qu&eacute; quer&iacute;an de m&iacute;?, &iquest;me estar&iacute;an buscando?&#8230; Hac&iacute;a calor, un calor h&uacute;medo, pero que no era desagradable. Ninguno de la tribu me dijo nada, nadie me impidi&oacute; moverme a mis anchas por el poblado. Me miraban pero no me prestaban atenci&oacute;n. Cada uno a lo suyo, unos preparando la hoguera para la noche, los ni&ntilde;os jugando, los j&oacute;venes entre ellos hablando&hellip; A lo lejos reconoc&iacute; a Aifon y al chico joven de la otra noche. Estaban desnudos y parec&iacute;an venir de alg&uacute;n sitio de la selva. Tra&iacute;an hojas de plataneras y helechos. &rdquo;Cabr&oacute;n, el otro d&iacute;a me follaste y hoy ni me miras&rdquo; me dije.<\/p>\n<p>Si tengo que ser sincera, la visi&oacute;n de los cuerpos desnudos de Aifon, el muchacho que la acompa&ntilde;aba y de otros, me excit&oacute;. No me dio verg&uuml;enza ninguna. Miraba sus culos, el sexo de las chicas y las pollas de los chicos, sus cuerpos definidos y atl&eacute;ticos&hellip;<\/p>\n<p>Algunos me miraban y luego volv&iacute;an a sus quehaceres. Caminando llegu&eacute; hasta el borde de la aldea y empezaba la espesura de la selva. Nadie me sigui&oacute; ni nadie me impidi&oacute; que siguiera avanzando. No s&eacute; qu&eacute; es peor, que te maltraten o que no te hagan ni caso y te ignoren. Volv&iacute; a la choza y me tumb&eacute; en el camastro. Me despertaron al entrar y mi reacci&oacute;n fue taparme con las manos los pechos y el sexo sin darme cuenta que estaba vestida.<\/p>\n<p>Entre las mujeres reconoc&iacute; a Aifon que se acerc&oacute; a m&iacute;, y me levant&oacute; cogi&eacute;ndome de las manos. Esta vez los movimientos eran pausados y acompa&ntilde;ados de una sonrisa. Me desnudaron, pero esta vez no sent&iacute; verg&uuml;enza. Me sacaron de la caba&ntilde;a y me llevaron hasta donde estaba el jodido potro. Me resist&iacute;, pero Aifon tir&oacute; de m&iacute; con esa sonrisa, que no sab&iacute;a si era de amistad y confianza o de s&aacute;tira. Estaba temblando y Aifon discuti&oacute; con algunas mujeres y algunos hombres.<\/p>\n<p>Me cogi&oacute; nuevamente de la mano y me llev&oacute; a otra parte del poblado, junto a la caba&ntilde;a m&aacute;s grande que vi el primer d&iacute;a que sal&iacute;. Hab&iacute;a un extra&ntilde;o aparato hecho con ramas y hojas. Era como una cama de hospital, alta, pero con el respaldo m&aacute;s corto que las camas normales. La tapizaron con helechos y musgo como el que usaban para lavarme. No supe de qu&eacute; iba aquello, pero como un corderito y sumisa, me tumb&eacute; boca abajo en esa cama como lo hice d&iacute;as atr&aacute;s en el potro. Al ver que ya actuaba motu propio, todos se echaron a re&iacute;r y me ayudaron a ponerme boca arriba. Me di cuenta de que en esa posici&oacute;n la cabeza y el t&oacute;rax quedan m&aacute;s bajos que las caderas, dejando la vagina y la entrada del culo en una posici&oacute;n m&aacute;s elevada.<\/p>\n<p>En esa postura pod&iacute;a ver mejor a mi alrededor, pero me costaba ver mi cuerpo, sobre todo el vientre, ya que para poder verlo, deb&iacute;a subir la cabeza y eso me forzaba los m&uacute;sculos del cuello. Me abrieron los brazos y me los ataron a las esquinas superiores del camastro, pero Aifon dijo algo en su lengua. Como si estuviera segura de que mis intenciones no eran las de escaparme, me desat&oacute;, llam&oacute; a otras tres chicas j&oacute;venes del grupo y sent&aacute;ndose en el borde la cama, me sujetaron suavemente por los tobillos y las mu&ntilde;ecas.<\/p>\n<p>Cuando estuve bien sujeta, se fue y al rato volvi&oacute; con una calabaza llena de agua, musgo y no s&eacute; qu&eacute; ung&uuml;entos que ol&iacute;an a hierba. Se subi&oacute; a la cama y se arrodill&oacute; entre mis piernas. Pude ver su cara, sus hombros y sus pechos, que a la luz del d&iacute;a tengo que reconocer que estaban estupendos. Gir&oacute; su cabeza y me pareci&oacute; que les ech&oacute; una bronca a los hombres que no dejaban de mirar, y &eacute;stos se alejaron, quedando all&iacute; las cuatro chicas que estaban en la cama, las cuales me hab&iacute;an soltado, Aifon de rodillas entre mis piernas, algunas mujeres m&aacute;s y yo. Con los dedos me pellizc&oacute; sumamente el cl&iacute;toris y me masaje&oacute; la vagina mientras con un objeto que al principio no adivin&eacute; lo que era, pero que d&iacute;as m&aacute;s tarde pude comprobar que era la concha de un marisco, lo pas&oacute; por los labios de mi sexo.<\/p>\n<p>Me asust&eacute; y por instinto me contraje y me puse muy tensa, pero las chicas que me rodeaban me volvieron a sujetar por los tobillos y las mu&ntilde;ecas. No entend&iacute;a que demonios quer&iacute;a hacerme, una vez que consiguieron mantenerme quieta, me volvi&oacute; a masajear la vagina y a pellizcarme el cl&iacute;toris. Otra vez el frio de esa especie de cuchilla en los labios de mi sexo y en las ingles. Comprend&iacute; que lo que Aifon estaba haci&eacute;ndome era simplemente depil&aacute;ndome el poco vello que me hab&iacute;a crecido desde la &uacute;ltima vez que pas&eacute; por el centro de belleza. Pelo a pelo, me depil&oacute; todo el pubis, los labios de la vagina, y ahora se dedicaba a inspeccionar y rematar su obra. Las dos chicas que estaban a mis pies me levantaron las piernas, doblaron las rodillas y me las pegaron al pecho. Aifon ya iba a por nota y no lo dej&oacute; hasta estar segura de que cualquier vello hab&iacute;a sido extirpado. Esa sensaci&oacute;n de abandono, de ser una simple mu&ntilde;eca a la vista de cualquiera, me volvi&oacute; a inundar. No llor&eacute;, pero casi. Aifon inspeccion&oacute; las axilas, pero ah&iacute; el l&aacute;ser ya se le hab&iacute;a adelantado, as&iacute; que no ten&iacute;a donde rascar.<\/p>\n<p>Me soltaron y Aifon se qued&oacute; sentada de rodillas entre mis piernas, sin dejar de mirarme y sonre&iacute;r. Una de las chicas me masaje&oacute; el sexo y el culo con una especie de b&aacute;lsamo que hab&iacute;a tra&iacute;do Aifon junto con el agua y aqu&eacute;l horrible instrumento depilatorio. Sent&iacute; un cierto frescor y alivio, ya que me escoc&iacute;a mucho toda aquella zona. Las mujeres m&aacute;s viejas asent&iacute;an con la cabeza una vez que vieron el resultado de la operaci&oacute;n, los hombres murmuraban entre ellos, pero Aifon me cogi&oacute; de la mano, hizo un aspaviento con la mano libre para alejar a los hombres, y me llev&oacute; hasta mi choza.<\/p>\n<p>Durante buena parte de la noche o&iacute; grupos de hombres venir hasta mi choza, pero Aifon y una de sus compa&ntilde;eras, los espantaban de all&iacute; con voz suave. De puro cansancio me qued&eacute; dormida. Antes de quedarme dormida ca&iacute; en la cuenta de que hab&iacute;a perdido la noci&oacute;n del tiempo, no sab&iacute;a ya cu&aacute;ntos d&iacute;as llevaba all&iacute;, me sobresalt&oacute; pensar en mis amigos, en mi familia, en la gente de la oficina de Acra. Hab&iacute;a tenido mi cabeza tan ocupada con las cosas que me pasaban, que yo me hab&iacute;a olvidado de ellos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Al d&iacute;a siguiente cuando me despert&eacute;, no pod&iacute;a moverme. Me dol&iacute;a la espalda, me escoc&iacute;an las nalgas, ten&iacute;a el sexo pringoso a pesar de las lavativas de las muchachas. Me qued&eacute; pensando en qu&eacute; tipo de tortura me ver&iacute;a hoy. No quise salir de mi refugio, y a intervalos ven&iacute;an algunas mujeres a verme. 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