{"id":32532,"date":"2021-11-14T23:00:00","date_gmt":"2021-11-14T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-11-14T23:00:00","modified_gmt":"2021-11-14T23:00:00","slug":"amalia-mi-primera-vez-con-una-mujer-madura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/amalia-mi-primera-vez-con-una-mujer-madura\/","title":{"rendered":"Amalia: mi primera vez con una mujer madura"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"32532\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Hac&iacute;a fr&iacute;o. De hecho fue el &uacute;nico d&iacute;a realmente fresco de todo el invierno ac&aacute; en Corrientes, porque Corrientes es as&iacute;, de inviernos c&aacute;lidos. Pero esta vez, por fortuna, fue distinto: de verdad que el viento sure&ntilde;o hac&iacute;a crujir esos 5 grados de temperatura &ndash;que por estas latitudes, es cosa de congelarse hasta el suspiro. Aun as&iacute;, decid&iacute; salir a caminar: fue mi manera de disfrutar el &uacute;nico d&iacute;a fresco de esta ciudad tan calurosa, tan h&uacute;meda. Porque cuando hace calor, y hablo de MUCHO calor, todo lo que anhelamos los correntinos es aunque sea una brisa ef&iacute;mera que nos refresque el alma toda; entonces no me quedaba otra que gozar del aire fresco. Remera, anorak, jeans, y no m&aacute;s: realmente estaba decidido a sentir el fr&iacute;o, vivirlo.<\/p>\n<p>Cuando ac&aacute; hace calor, la gente va a la costa, a las playas, porque la vista majestuosa del Paran&aacute; te hace sufrir menos los rayos del sol que atraviesan la piel sin piedad. De igual modo, cuando desciende la temperatura tambi&eacute;n vamos a la costa, aunque el fr&iacute;o, el viento y el r&iacute;o nos hagan tronar los huesos. Entonces hacia all&iacute; fui, viendo que las calles estaban casi vac&iacute;as, desiertas. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a ser? Era el &uacute;nico d&iacute;a fresco, quiz&aacute;s de todo el a&ntilde;o, y la gente decid&iacute;a quedarse en su casa: seguro tomando un caf&eacute; caliente, mirando alguna pel&iacute;cula bajo una manta. &iquest;Locos ellos o loco yo? Y bast&oacute; con llegar a destino para comprobar que el loco era yo, y otros pocos que andaban tambi&eacute;n por ah&iacute;.<\/p>\n<p>Era jueves, aburrido, nublado. El r&iacute;o, el viento, el fr&iacute;o. En su conjunto era un buen momento para pensar de cuanta cosa vana tuviera ganas. Y fue as&iacute; que caminando lento, pausado, embobado, de repente advert&iacute; una voz, femenina, dulce aunque un poco m&aacute;s chillona de lo que me gustar&iacute;a. Se me hab&iacute;an ca&iacute;do las llaves del departamento y esta mujer se acerc&oacute; para alcanz&aacute;rmelas. Le agradec&iacute; y solo sonri&oacute;, entonces le devolv&iacute; la sonrisa. Que cu&aacute;l era mi nombre. &quot;Milo&quot;, le contest&eacute;. El suyo era Amalia, me cont&oacute; sin pregunt&aacute;rselo. Tal vez ten&iacute;a unos treinta a&ntilde;os, ojos verdes y el cabello ondulado y casta&ntilde;o; iba vestida con ropa deportiva, dejando al descubierto su buen cuerpo. Enseguida me pregunt&oacute; si quer&iacute;a que camin&aacute;ramos juntos y yo acept&eacute; sin m&aacute;s.<\/p>\n<p>Inmediatamente despu&eacute;s Amalia estaba ri&eacute;ndose de las estupideces que digo siempre, porque si hay algo en lo que soy bueno es en decir bober&iacute;as. Sarc&aacute;stico, ir&oacute;nico, a veces est&uacute;pido, pero para ser sincero disfruto que las personas se r&iacute;an con cada tonter&iacute;a que sale de mi boca. Una hora m&aacute;s tarde, tal vez dos, mi boca estaba en los labios de Amalia, tom&aacute;ndola de la cintura, arrodillados en su cama. Su casa, su cuarto, su cama. &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a pasado en el medio? No fueron mis chistes tontos ni mis intentos por sacarle temas de conversaci&oacute;n que devinieran en sonrisas; s&oacute;lo bast&oacute; con caerle simp&aacute;tico. Lo que hab&iacute;a pasado en el medio fueron m&aacute;s de diez a&ntilde;os de diferencia, cientos de historias vividas, una mujer decidida a obtener lo que quer&iacute;a.<\/p>\n<p>Mi boca fue recorriendo inquieta hasta encontrarme con sus senos, donde me detuve un momento a devorar dos pezones que ped&iacute;an a gritos ser humedecidos. Pero Amalia no quer&iacute;a que mi lengua reposara s&oacute;lo en su pecho, por eso con sus manos fue empuj&aacute;ndome cada vez m&aacute;s hacia abajo, hacia el centro de su cuerpo, hacia su m&aacute;s profundo sexo. Y ah&iacute; estaba yo, y mi boca nuevamente inquieta explorando otros huecos. Mi lengua esta vez estaba deleit&aacute;ndose de su zona h&uacute;meda, ardiente, deliciosa, suave. Ella se mov&iacute;a lentamente, se retorc&iacute;a, su respiraci&oacute;n era pesada, me hund&iacute;a cada vez m&aacute;s la cara contra sus caderas mientras me envolv&iacute;a con sus piernas. Para entonces sus gemidos ya hab&iacute;an hecho crecer mi tremenda timidez y Amalia se apoder&oacute; de ella no bien lo not&oacute;. Ahora era su boca la que jugaba con mi sexo.<\/p>\n<p>La manera en que envolv&iacute;a mi miembro con sus labios yo jam&aacute;s la hab&iacute;a experimentado, simplemente disfrutaba extasiado de uno de los mejores momentos de mi vida. Pero ah&iacute; de vuelta apareci&oacute; la mujer decidida a obtener lo que quer&iacute;a: gir&oacute;, y mientras segu&iacute;a jugando con mi pene en su boca, pos&oacute; su sexo sobre mi cara y otra vez, mi lengua volvi&oacute; a recorrer su cl&iacute;toris, sus labios. Esta vez era yo el que empujaba su cuerpo para poder saborear mejor la humedad que emanaba, para ser testigo fiel de semejante obra de arte. Ahora era yo el que estaba decidido a poseer esa figura y hacerla solo m&iacute;a, aunque sea por un instante. Ese instante en que nuestros cuerpos danzaban en su cama, al comp&aacute;s de la dulce melod&iacute;a que me significaban sus gemidos, su respiraci&oacute;n entrecortada, su voz aguda que murmuraba pidi&eacute;ndome que no parara. Hasta que mi lengua acelerada hizo que se viniera; lo mismo hice yo, al verla sonriente y satisfecha.<\/p>\n<p>Tres cuartos de hora despu&eacute;s est&aacute;bamos ah&iacute; abrazados, enredados en las s&aacute;banas, a&uacute;n humedecidas por nuestra entrega, nuestro sudor. Amalia me hab&iacute;a ofrecido un cigarrillo, y ante mi negativa creo que reprimi&oacute; sus propias ganas de fumar. Volvi&oacute; a abrazarme, apoyando su cabeza en mi pecho&#8230; su cabello ol&iacute;a tan bien.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Amalia ten&iacute;a 36 a&ntilde;os aunque aparentaba menos, estaba separada en proceso de divorcio luego de un fallido matrimonio de doce a&ntilde;os, cuyo resultado hab&iacute;an sido dos hermosos mellizos de ocho. Obviamente no estaban en la casa en ese momento porque su padre se los hab&iacute;a llevado de viaje por unos d&iacute;as. Ella los extra&ntilde;aba. Sus ojos se llenaban de l&aacute;grimas al recordarlos, sin duda eran su vida. Una vida que hab&iacute;a sido bastante apedreada por los prejuicios de los dem&aacute;s, incluso de sus padres, de sus amigos m&aacute;s &iacute;ntimos. A pesar de haberse casado y formado una familia, nunca pudo dejar de lado ese &aacute;ngel rebelde de ni&ntilde;a adolescente, liberal, sexual. Todo esto me lo cont&oacute; mientras camin&aacute;bamos en la costa, antes de terminar yo en su cuarto; ya me hab&iacute;a abierto las puertas de su casa mucho antes. Porque a Amalia no se la llevaba nadie a ninguna cama, era ella la que decid&iacute;a con quien acostarse.<\/p>\n<p>Hoy la culpa ya no la mata por dentro, pero a&ntilde;os atr&aacute;s s&iacute;. La primera vez que enga&ntilde;&oacute; a su marido fue despu&eacute;s de un a&ntilde;o de casados. En un bar del centro, mientras beb&iacute;a unos tragos con sus amigas, vio entrar a un tipo que le pareci&oacute; sumamente atractivo, con una sonrisa amplia y cuerpo esbelto. Fueron una, dos, tres miradas. Una hora y media m&aacute;s tarde estaban teniendo un sexo furioso en el departamento de &eacute;l; cuando el minutero dio cinco vueltas, el hombre atractivo, esbelto y de sonrisa amplia, hab&iacute;a acabado. Ella no. Descontenta, insatisfecha, agarr&oacute; sus cosas y sali&oacute; de all&iacute;. Despu&eacute;s de eso se sent&iacute;a sucia, culpable, impotente. Pero lo que m&aacute;s le molestaba no era haber enga&ntilde;ado a su reciente esposo, sino haberlo hecho con un gal&aacute;n que termin&oacute; siendo un fracaso. Sin embargo, Amalia sigui&oacute; haci&eacute;ndolo y para su suerte se encontr&oacute; con experiencias incre&iacute;bles aunque prefiri&oacute; no darme detalles.<\/p>\n<p>Luego vinieron Ian y Maya, sus peque&ntilde;os, sus &quot;beb&eacute;s&quot;, como le gustaba llamarles. Cuando ambos llegaron a su vida, Amalia decidi&oacute; que deb&iacute;a parar y tratar de llevar una vida m&aacute;s normal. Pero sencillamente no era lo que quer&iacute;a. De todos modos aguant&oacute; m&aacute;s de diez a&ntilde;os, hasta que junt&oacute; el valor necesario para separarse. &quot;&Eacute;l es un buen tipo, pero serio y aburrido, estructurado&quot;. Claramente se refer&iacute;a a su ex marido. Sobre si &quot;&eacute;l&quot; no la satisfac&iacute;a lo suficiente sexualmente, no me quiso responder. Entonces seguimos caminando, ya en direcci&oacute;n hacia su casa, que quedaba a unas veinte cuadras. En el camino yo pensaba en qu&eacute; har&iacute;a, c&oacute;mo lo har&iacute;a, nunca antes hab&iacute;a fantaseado con una mujer m&aacute;s grande. Me preguntaba a m&iacute; mismo si iba a poder encarar la situaci&oacute;n ante una mujer as&iacute;. Pero ah&iacute; fui.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Me acuerdo que llegamos: al abrir el port&oacute;n, un caminito que atravesaba todo el patio nos condujo hasta la casa. Era bastante grande, aunque adentro no hab&iacute;a muchos muebles, pues me dijo que hac&iacute;a poco se hab&iacute;a instalado all&iacute;. Estaba todo limpio, perfumado, de hecho el aroma a sahumerio era abrumador. Ten&iacute;a un amplio living con grandes sillones, una mesa ratona bastante fina y una alfombra, seg&uacute;n me dijo, de Marruecos. Sobre el hogar se erig&iacute;a un gran cuadro con un retrato de ella y sus hijos; sin dudas hab&iacute;an heredado su belleza. Mucho m&aacute;s que eso, no hab&iacute;a, todav&iacute;a ten&iacute;a que acomodar algunas cosas. Luego me pregunt&oacute; si quer&iacute;a tomar algo caliente y le dije que s&iacute;. Fui detr&aacute;s de ella y cuando estaba por calentar un poco de agua, la tom&eacute; por la cintura y le bes&eacute; en el cuello. S&oacute;lo atin&oacute; a encogerse de hombros, pero no se resisti&oacute;, todo lo contrario. Se dio vuelta y comenzamos a besarnos con sugerente intensidad, cuando me dijo que fu&eacute;ramos a su habitaci&oacute;n. Una vez all&iacute;, nos tiramos en su cama y seguimos bes&aacute;ndonos mientras lentamente nos despoj&aacute;bamos de nuestras ropas. Inmediatamente despu&eacute;s baj&eacute; hasta sus pies para cumplir con mi sano ritual fetichista y, aunque ella ten&iacute;a demasiadas cosquillas, pude saborear sus dedos con sus u&ntilde;as pintadas de negro.<\/p>\n<p>Sonri&oacute;, se recost&oacute; por el respaldo de la cama y me llam&oacute; meneando el dedo &iacute;ndice. Fui directo hasta su boca y otra vez nos besamos, porque ya era hora de compartir mucho m&aacute;s que palabras. Y &iexcl;dios!, no miento si digo que besarla fue como acariciar el cielo, como si al juntar nuestros labios cada uno dejara un poquito de nuestras almas. Desde el inicio, desde es el primer beso, la entrega a la lujuria fue total. Sin titubear demasiado, la uni&oacute;n de los cuerpos fue inevitable, la atracci&oacute;n hab&iacute;a sido irresistible. Me sent&eacute;, y as&iacute;, en esa postura, comenc&eacute; a penetrarla sin prisa pero sin pausa, la intensidad era un vaiv&eacute;n. La manera en que mov&iacute;a sus caderas solo aumentaban mis ansias de entregarme con m&aacute;s fuerza, su respiraci&oacute;n invadi&eacute;ndome el cuello y sus u&ntilde;as haciendo presi&oacute;n en mi espalda hac&iacute;an crecer m&aacute;s la calentura. &iexcl;Qu&eacute; mujer! Si con s&oacute;lo volver a pensar en ese momento, y recordar c&oacute;mo se aferraba a m&iacute; mientras ten&iacute;amos un sexo intenso, hace que se me erice el cuerpo entero y revivir ese fuego.<\/p>\n<p>Y otra vez los besos, sus susurros pidi&eacute;ndome que no me detuviera, celebrando con gemidos mis movimientos. Fuimos de a poco explorando distintas posiciones, entreg&aacute;ndonos por completo, hasta que al fin mi cuerpo pidi&oacute; liberar toda esa felicidad que llevaba dentro y todo cedi&oacute;. Segundos de tensi&oacute;n: sab&iacute;a que ella lo hab&iacute;a disfrutado, que lo hab&iacute;a sentido, mucho m&aacute;s porque mis r&iacute;os de blanca espesura yac&iacute;an en su interior. Pero me volvi&oacute; el alma al cuerpo cuando Amalia sonri&oacute;, solo entonces supe que los dos est&aacute;bamos felices, acabados pero felices. Aunque todav&iacute;a hab&iacute;a un poco m&aacute;s&#8230; Fue all&iacute; que arrodillados en la cama, bes&aacute;ndonos, acarici&aacute;ndonos, aquello que estaba en reposo volvi&oacute; a crecer y ella se apoder&oacute; de &eacute;l. A la vez yo llev&eacute; su sexo a mi boca y as&iacute;, los dos volvimos a ser felices dejando salir al alegre placer. Despu&eacute;s quedamos abrazados, en silencio, con su cabeza en mi pecho, y su cabello ol&iacute;a tan bien&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Hac&iacute;a fr&iacute;o. De hecho fue el &uacute;nico d&iacute;a realmente fresco de todo el invierno ac&aacute; en Corrientes, porque Corrientes es as&iacute;, de inviernos c&aacute;lidos. 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