{"id":32553,"date":"2021-11-15T23:00:00","date_gmt":"2021-11-15T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-11-15T23:00:00","modified_gmt":"2021-11-15T23:00:00","slug":"esquivo-amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/esquivo-amor\/","title":{"rendered":"Esquivo amor"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"32553\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>La ve&iacute;a pasar cada d&iacute;a. Siempre caminaba ligera, como si alguien o algo la estuviese esperando.&nbsp; Iba muy tapada; quiero decir, iba vestida casi sin ense&ntilde;ar partes de su cuerpo, m&aacute;s all&aacute; de las manos y la cara, que incluso ocultaba en parte debido a que llevaba mascarilla: un pa&ntilde;uelo sobre su cabello, jersey negro de manga larga, falda larga plisada se color morado; calzaba manoletinas. De su f&iacute;sico yo pod&iacute;a adivinar, quiz&aacute;, unas tetas peque&ntilde;as y redonditas y un co&ntilde;o grande y acogedor: esto &uacute;ltimo, aunque de dif&iacute;cil percepci&oacute;n, era evidente cuando su falda a cada paso se le ajustaba a los muslos: intuici&oacute;n masculina. Lo poco que pod&iacute;a ver de su cara era unas cejas bien depiladas, unos ojos almendrados de color negro y una nariz recta. Yo s&oacute;lo pensaba en abordarla, pero era una tarea dif&iacute;cil que adem&aacute;s seguramente despertar&iacute;a recelos en ella, y lo que yo menos quer&iacute;a era espantarla, que nunca m&aacute;s pasar&aacute; por la acera, frente a mi portal. La ocasi&oacute;n no llegar&iacute;a por s&iacute; sola, o s&iacute;, qui&eacute;n podr&iacute;a saberlo, que en esto del amor concurren a menudo circunstancias imprevistas. Como la que propici&oacute; que al fin pudiese hablar con ella: el diluvio y consiguiente inundaci&oacute;n acaecidos en mi ciudad.<\/p>\n<p>Era una ma&ntilde;ana gris&aacute;cea. Durante toda la noche y primeras horas de la ma&ntilde;ana hab&iacute;a estado cayendo una lluvia persistente, a ratos torrencial, sobre la ciudad. Cuando sal&iacute; de mi portal, a la hora que acostumbro, la calle presentaba un aspecto lamentable, con multitud de charcos considerablemente grandes, barro y restos vegetales, como troncos o ramas, esparcidos por doquier. La vi, por supuesto, e iba esquivando obst&aacute;culos con bastante dificultad; tras dar un salto para evitar un charco, cay&oacute; al suelo. Yo me precipit&eacute; en su ayuda. &quot;&iquest;Est&aacute;s bien, te has hecho da&ntilde;o?&quot;, le dije; &quot;No nada, estoy bien, gracias&quot;, dijo ella mientras intentaba levantarse. Le alargu&eacute; una mano, que ella tom&oacute;, y se irgui&oacute; junto a m&iacute;. Mi coraz&oacute;n se desboc&oacute; y sus latidos me impulsaron a decir lo que dije: &quot;Me gustas, dame tu tel&eacute;fono&quot;. Ella, tras sonrojarse, contraatac&oacute;: &quot;Intentas ligar conmigo&#8230;, soy una mujer comprometida&quot;; &quot;Bueno, dije lo que dije, pero ello no significa que haya algo m&aacute;s que una simple petici&oacute;n&quot;; &quot;Ya, vale, debo seguir caminando, tengo que hacer, ya te ver&eacute; ma&ntilde;ana, me caes bien&quot;.<\/p>\n<p>Yo ten&iacute;a la idea de que ella tambi&eacute;n me hab&iacute;a estado vigilando durante d&iacute;as, cuando pasaba frente a mi casa. Era una vaga impresi&oacute;n, no s&eacute;, una sospecha quiz&aacute; de que yo le hab&iacute;a parecido interesante f&iacute;sicamente. Respecto a lo de su compromiso, albergaba mis dudas. Un d&iacute;a soleado la acompa&ntilde;&eacute; un largo tramo por la acera. Supe que por ese camino volv&iacute;a a casa. Supe que se llamaba Antonia, aunque su gente cercana la llamase Toni; supe tambi&eacute;n que ten&iacute;a treinta y dos a&ntilde;os y que el compromiso que la ataba a un hombre no era una cosa muy declarada que digamos. &quot;Yo supongo que &eacute;l me querr&aacute; y yo tambi&eacute;n le querr&eacute;&quot;, me explic&oacute;; &quot;Pero &iquest;qui&eacute;n es ese ser misterioso?&quot;, inquir&iacute;; &quot;Puede que a&uacute;n no est&eacute; muy decidido&quot;; &quot;&iquest;El qu&eacute;?&quot;; &quot;Pues &eacute;l, qu&eacute; va a ser&quot;.<\/p>\n<p>Su n&uacute;mero de m&oacute;vil no me lo daba, a pesar de mi insistencia. Muchas noches, ya acostado, a punto de coger el sue&ntilde;o, me hac&iacute;a pajas pensando en ella: me imaginaba que entraba en mi casa, que se acomodaba junto a m&iacute; en el sof&aacute; y nos bes&aacute;bamos; que despu&eacute;s de besarnos, ella, excitada, me desabrochaba el pantal&oacute;n y me chupaba la polla hasta que esta crec&iacute;a lo bastante para que ella se la metiera en el co&ntilde;o a horcajadas sobre m&iacute;, m&aacute;gicamente desnuda; que la besaba las tetas peque&ntilde;as, me las met&iacute;a en la boca y las degustaba a placer mientras ella gem&iacute;a de gusto; y que, finalmente me derramaba en su co&ntilde;o, derrame real que ca&iacute;a sobre el dorso de mi mano y entre mis dedos.<\/p>\n<p>Desesperaba. O, m&aacute;s bien, esperaba que hubiese un momento, un solo momento, largo o corto me daba igual, para estar &iacute;ntimamente reunido con Toni. Y ese momento lleg&oacute;.<\/p>\n<p>&quot;Hola, Norberto&quot;, me dijo un d&iacute;a, &quot;acomp&aacute;&ntilde;ame a mi casa, tenemos que hablar&quot;. Por supuesto que s&iacute;, la acompa&ntilde;&eacute;. Su casa estaba en un bloque de viviendas bastante lujoso. &quot;Guau, aqu&iacute; vives&quot;, me sorprend&iacute;; &quot;S&iacute;, es una buena casa, &iquest;verdad?&quot;; &quot;Desde luego, Toni, debes tener un buen trabajo&quot;; &quot;Soy comisionista, &iquest;y t&uacute;?&quot;; &quot;Creativo&quot;, dije, y se rio. Entramos en su piso, muy amplio aunque decorado con sencillez. Por primera vez, pude ver su rostro completo, tras quitarse la mascarilla: la boca la ten&iacute;a peque&ntilde;a; los labios gruesos, como un redondel carnoso, como una flor a medio abrir; los dientes, peque&ntilde;os, y se le formaban dos bonitos hoyuelos junto a la comisura de los labios cuando sonre&iacute;a; y su cabello, ya sin el pa&ntilde;uelo: una media melena ondulada color avellana. Yo me dije: &quot;Esos morros son el forro perfecto para mi polla&quot;, e imagin&eacute; la escena. &quot;&iquest;En qu&eacute; piensas?&quot;, interrumpi&oacute; Toni mi pervertido hilo mental; &quot;Oh, no, en nada&quot;, disimul&eacute;. Trajo, entonces, dos latas de Coca-Cola. Nos sentamos frente a una mesa camilla, en un saloncito austero. &quot;Oye, Norberto, me voy a casar pronto, &iquest;sabes?, y&#8230; he pensado que t&uacute; y yo, en fin, antes de que yo&#8230;, he pensado que podr&iacute;amos tener algo, no s&eacute;, sexo, follar y todo eso&#8230;, yo, en fin, soy virgen, y quiero llegar virgen al matrimonio, sin embargo&#8230;&quot;; &quot;Sin embargo, &iquest;qu&eacute;?, &iquest;qu&eacute; me har&aacute;s una mamada, insin&uacute;as?&quot;, interrump&iacute; algo fastidiado; &quot;Eso, de seguro, que te lo har&eacute;, pero, aparte, quiero que me des por el culo&quot;, termin&oacute;. Me qued&eacute; petrificado.<\/p>\n<p>Fuimos a su dormitorio. Toni se desnud&oacute; de espaldas a mi, iluminada por la claridad que se filtraba a trav&eacute;s de las persianas. &quot;No quiero que me veas las tetas, me las ver&aacute; y saborear&aacute; el hombre que se va a casar conmigo&quot;, explic&oacute; Toni con timidez mientras se iba acercando a la cama con los brazos cruzados sobre su torso. Las piernas las ten&iacute;a finas y bellamente moldeadas; conforme se iba acercando m&aacute;s a m&iacute;, que la esperaba junto a la cama, observ&eacute; que el color de su piel ten&iacute;a un tono bronceado, muy ex&oacute;tico. Yo tambi&eacute;n me desnud&eacute;. Ella se arrodill&oacute; frente a m&iacute;, acerc&oacute; la cabeza a mi pubis y me fue mamando la polla de poco a poco, sin emplear las manos: primero, a&uacute;n blanda, la atac&oacute; desde abajo; luego, horizontalmente; finalmente, me la chupaba en un &aacute;ngulo agudo, desde arriba, con devoci&oacute;n. Cuando comprob&oacute; la dureza del miembro con la lengua, se subi&oacute; a la cama, despacio: se acost&oacute; bocabajo. La espalda y la nuca ofrecidas. No quise negarme a hacer lo que me ped&iacute;a que hiciese: follarla por el culo para evitar que su virginidad se viera comprometida; aunque hubiese preferido amarla de otra manera m&aacute;s delicada. Era lo que se me ofrec&iacute;a y punto: no deb&iacute;a desaprovechar la ocasi&oacute;n de echar un buen polvo. Toni se puso a gatas sobre el colch&oacute;n, apoy&aacute;ndose en los antebrazos, con las rodillas adelantadas y el culo alzado. Me sit&uacute;e de rodillas, por detr&aacute;s. Le separ&eacute; las nalgas para atisbar el tierno agujero oscuro por donde deb&iacute;a entrar la hinchada polla que un poco antes, para que estuviese dura como piedra, ella mam&oacute;, y la penetr&eacute;. &quot;Uff, Norberto&quot;, solt&oacute; ella arqueando la columna hacia abajo; &quot;No ha entrado toda, espera, empujar&eacute; un poco m&aacute;s, a-aho-oh-ra&quot;, dije; &quot;Uff, s&iacute;, ahora, Norberto, la siento-oh, siento tu polla dentro de m&iacute;, me gus-ta&quot;, dijo. &quot;Oh, oh, oh&quot;, follaba yo ; &quot;Hu, hu, ah, uff&quot;, y ella. Me agarr&eacute; con fuerza a su cintura para no perder la profundidad que hab&iacute;a alcanzado con la polla en su agujero y segu&iacute; d&aacute;ndole. &quot;Guay, qu&eacute; placer me das, Norberto, uff, sigue m&aacute;s, m&aacute;s, si-gue, estoy a punto-oh de tener un orgasmo, hu, hu, uff&quot;, me animaba ella, no obstante no me hiciese falta, pues la calentura de la punta de mi capullo iba en aumento embestida tras embestida, hasta que expuls&eacute; el semen con bestial fiereza; me derram&eacute; dentro de ella, como en mis ensue&ntilde;os: &quot;&iexcl;Qu&eacute; bieenn, oohhh!&quot;.<\/p>\n<p>El d&iacute;a siguiente, yo estaba completamente enamorado. &quot;Bah, un creativo como yo, que dispongo de mujeres a espuertas, bah, &iquest;yo, enamorado, de esa, de una mujer comprometida, y virgen?, bah&quot;, me dec&iacute;a. Pero sal&iacute;a cada d&iacute;a a la hora en que Toni pasaba; sin embargo, hab&iacute;a un inconveniente: Toni, ya no pasaba. No la ve&iacute;a, y eso me volv&iacute;a loco. Mi habitual calma se hab&iacute;a visto alterada por culpa de una mujer, de Toni. Busqu&eacute; consuelo en las muchachas que trabajaban conmigo en el gabinete: gordas, flacas, tetonas, escurridas, jamonas, escu&aacute;lidas; mas nada: no pod&iacute;a olvidarme de Toni: segu&iacute;a, pues, enamorado de un esquivo amor.<\/p>\n<p>Comenc&eacute; a enviarla caros ramos de flores a su domicilio, el cual hab&iacute;a memorizado, con notas, amorosas a veces, apasionadas otras veces, no obteniendo respuesta ninguna.<\/p>\n<p>Una ma&ntilde;ana temprano, son&oacute; el timbre del tefefonillo: &quot;&iquest;Qui&eacute;n es?&quot;; &quot;Toni&quot;. Puls&eacute; de inmediato el bot&oacute;n de apertura. Los pocos minutos que esper&eacute; a que sonara el timbre de la puerta se me hicieron eternos. Me preguntaba: &quot;&iquest;Qu&eacute; querr&aacute;?, &iquest;c&oacute;mo habr&aacute; conseguido mi direcci&oacute;n?, &iquest;seguir&aacute; igual de atractiva?&quot;. Son&oacute; el timbrazo como un disparo y abr&iacute; de sopet&oacute;n. &quot;Hola, Norberto, voy a pasar&quot;, diciendo esto empuj&oacute; la puerta, me apart&oacute; a m&iacute; y pas&oacute;. Algo era distinto en Toni: los ojos le chispeaban, el vestido palabra de honor rojo que esplendorosamente luc&iacute;a hacia que pareciese una princesa de cuentos. &quot;&iquest;C&oacute;-c&oacute;mo has conseguido mi direcci&oacute;n?&quot;, tartamude&eacute;; &quot;Vaya, Norberto, &iquest;acaso me crees est&uacute;pida?, recuerda que soy comisionista, &iexcl;y de las mejores!&#8230;, he venido a anunciarte mi compromiso, me caso&#8230;, he estado este tiempo arreglando papeles y dem&aacute;s&#8230;, tambi&eacute;n los tuyos&quot;; &quot;&iexcl;Los m&iacute;os, qu&eacute;, qu&eacute;&#8230;! &quot;, tartamude&eacute; otra vez; &quot;Nos casamos, t&uacute; y yo, hoy&quot;.<\/p>\n<p>Re&iacute;a alborozado durante el convite de la boda. Saludaba y hablaba con todo el mundo sin dejar de mirar con el rabillo del ojo a Toni, guap&iacute;sima, que se mov&iacute;a por el sal&oacute;n de celebraciones como pez en el agua, teniendo detalles con todo aquel a quien se acercaba. Yo me hab&iacute;a tenido que vestir con rapidez, con la ayuda de Toni: cepillamos un traje que ten&iacute;a en el armario, dimos lustre a mis zapatos. Ella me anud&oacute; la corbata, d&aacute;ndome besos en los labios y sonriendo; era un goce ver sus picantones hoyuelos despu&eacute;s de tanto tiempo sin&#8230; &quot;Oye, Norberto, qu&eacute; callado te lo ten&iacute;as, si ayer mismo t&uacute; y yo&#8230;&quot;, me dec&iacute;a una jovencita de mi gabinete&quot;; &quot;Sshh&quot;, cortaba yo.<\/p>\n<p>Y lleg&oacute; la noche de bodas. Fuimos a un c&eacute;ntrico hotel de la ciudad. Una vez en nuestra habitaci&oacute;n, nos desnudamos el uno al otro, o el uno a la otra o la una al otro y nos acostamos en la espaciosa y c&oacute;moda cama de matrimonio. Nos besamos y acariciamos. Quise hacer real mi ensue&ntilde;o, y me met&iacute; las tetas, derecha e izquierda, muchas veces y por turnos, de Toni en la boca: como imagin&eacute;, me cab&iacute;an enteras, y ella suspiraba de placer. Me adentr&eacute; en su co&ntilde;o tambi&eacute;n con la boca, alargando la lengua todo lo que pod&iacute;a para pulsar su cl&iacute;toris; Toni gem&iacute;a, gem&iacute;a y daba cortos grititos &quot;ahh, aahh, ahh&quot;, a punto ya se correrse; un inconfundible sabor dulz&oacute;n inund&oacute; mi boca y me intern&eacute; con m&aacute;s ritmo: &quot;Ay, aahh, aaahh&quot;. Era para m&iacute; delicioso hacer que se corriera Toni, como al fin lo hizo: &quot;Huuu, ohh, ah&quot;. Entonces, me acord&eacute;. &quot;Toni, t&uacute;&#8230; t&uacute; no eres virgen&quot;. Ella se irgui&oacute; apoy&aacute;ndose en los codos. &quot;Pues claro que no, guapo&quot;, dijo; &quot;Y&#8230; en tu casa, lo que dijiste, lo que pas&oacute; en tu casa&#8230;&quot;; &quot;Bueno, ver&aacute;s, me gusta mucho que me den por el culo, de alguna manera ten&iacute;a que convencerte de que lo hicieras, no todos los hombres quieren hacerlo as&iacute;, porque se necesita una polla de cierto tama&ntilde;o y bien dura, como la que yo supuse que t&uacute; ten&iacute;as, pura intuici&oacute;n femenina, y a ti te gust&oacute;, &iquest;eh?&quot;; &quot; S&iacute;, Toni, mucho&quot;; &quot;Venga, pues no se hable m&aacute;s, me pongo en pompa&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Ah, ay, uff, ah, Nor-berto, me gusta-ah, me gus-ta&quot;. Y me vert&iacute; en su agujero tan feliz como nunca lo hab&iacute;a sido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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