{"id":32605,"date":"2021-11-20T23:00:00","date_gmt":"2021-11-20T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-11-20T23:00:00","modified_gmt":"2021-11-20T23:00:00","slug":"el-intercambio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-intercambio\/","title":{"rendered":"El intercambio"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"32605\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Clara y Carola caminaban juntas. Iban con sus brazos enlazados disfrutando de un alegre paseo por calle Larios. Se paraban a mirar los escaparates, bromeaban, se re&iacute;an. Ambas eran de la misma edad, veintid&oacute;s a&ntilde;os; amigas desde la ni&ntilde;ez, no se guardaban ning&uacute;n secreto. Ten&iacute;an el aspecto de ni&ntilde;as bien, por supuesto lo eran: vest&iacute;an jerseys anchos sobre sus camisas y pantalones vaqueros y zapatillas deportivas de marca. Clara ten&iacute;a el cabello casta&ntilde;o claro; Carola se te&ntilde;&iacute;a de rubio. Clara era la m&aacute;s corpulenta, es decir, era la m&aacute;s alta; tambi&eacute;n ten&iacute;a las caderas m&aacute;s anchas y las tetas m&aacute;s grandes. Carlota ten&iacute;a una figura fina, como de bailarina de esas de ballet cl&aacute;sico; su cuerpo era, digamos, perfecto. Las dos ten&iacute;an novios:<\/p>\n<p>&quot;Carola, &iquest;qu&eacute; tal sigues con Armando?, llev&aacute;is&#8230;, &iquest;cu&aacute;nto, tres a&ntilde;os?, &iquest;hab&eacute;is ya pensado en casaros?&quot;; &quot;Armando es un buen muchacho, de momento no hemos pensado en el matrimonio, ya sabes, nuestros trabajos son inestables&quot;; &quot;Est&aacute; bueno Armando&quot;; &quot;&iquest;Te gusta?, pues Adolfo tampoco est&aacute; nada mal&quot;, Adolfo es el novio de Clara, &quot;tan musculoso&#8230;, apuesto a que cuando foll&aacute;is te maneja como a un peluche&quot;; &quot;Eso es lo que har&iacute;a contigo, Carola, que eres m&aacute;s canija que yo&quot;. Rieron. Y Carola se imagin&oacute; en brazos de Adolfo, manejada por Adolfo. &quot;Pues a Armando se le ve que tiene un paquete que para qu&eacute;&quot;; &quot;S&iacute; que lo tiene, Clara, tiene una polla que&#8230;, vamos, te rellena entera&quot;. Y Clara se imagin&oacute; partida en dos, con su chocho colmado de carne. &quot;Oye, Carola&quot;; &quot;Dime, Clara&quot;; &quot;&iquest;Nos los intercambiamos?&quot;.<\/p>\n<p>Intercambiarse los novios. &iexcl;Vaya idea! Dir&iacute;amos que es una original idea, o, al menos, inusual, fuera de lo com&uacute;n. No es irrealizable; de hecho, puede resultar f&aacute;cil entre amigos, donde hay confianza y la barrera que supone que pueda haber alg&uacute;n conflicto ya se ha roto. No vamos a robarnos nuestras respectivas parejas, simplemente las vamos a compartir como buenos camaradas. Es eso. Un sencillo intercambio sin consecuencias.<\/p>\n<p>Adolfo y Armando as&iacute; lo ve&iacute;an, as&iacute; lo pensaban desde que eran adolescentes: &quot;Cuando tengamos los dos novias, las compartiremos&quot;.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Y c&oacute;mo lo planeamos, c&oacute;mo lo haremos, se lo planteamos directamente a nuestros novios o lo hacemos astutamente?&quot;, preguntaba Clara; &quot;Tiene m&aacute;s gracia si una seduce al novio de la otra, &iquest;no lo crees as&iacute;, Clara?&quot;; &quot;S&iacute; y no&#8230;, s&iacute; tiene su gracia, pero no resultar&aacute; f&aacute;cil&quot;; &quot;T&uacute; vives sola, Clara, llamas a Armando, que sabes que es un manitas, le dices que se te ha averiado algo en casa y te lo follas&quot;, dijo Carola; &quot;T&uacute; vives con tu abuela, que enferma muy a menudo, le dices a Adolfo que te pase a recoger con su taxi para llevar a tu abuela al hospital, te subes t&uacute; sola y te lo follas&quot;; &quot;&iquest;En el taxi?&quot;; &quot;&iquest;D&oacute;nde si no?&quot;.<\/p>\n<p>Todo planeado.<\/p>\n<p>Clara recibi&oacute; a Armando en camis&oacute;n. Un camis&oacute;n escotado y corto de color blanco. &quot;Perdona que no est&eacute; vestida Armando, pero es que no te esperaba tan pronto&quot;; &quot;He venido lo antes que he podido, lo siento si te pillado haciendo algo&quot;, dijo Armando sin dejar de mirar la carne: los hombros desnudos de Clara bajo la tira del camis&oacute;n, el nacimiento de las tetas, los muslos exuberantes. &quot;Bien, &iquest;cu&aacute;l es la aver&iacute;a?&quot;, pregunt&oacute; Armando; &quot;Ven, s&iacute;gueme&quot;. Clara hab&iacute;a advertido que la cosa le resultar&iacute;a sencilla nada m&aacute;s ver como el paquete de Armando se expand&iacute;a bajo el tiro del pantal&oacute;n ante su presencia. En la cama no se andaron con rodeos: despu&eacute;s de un breve precalentamiento en el que Clara chup&oacute; el gran cipot&oacute;n de Armando para que estuviese muy duro y Armando acarici&oacute; los labios del co&ntilde;o de Clara para que se humedeciese, follaron. &quot;Despacio, Armando, me gusta despacio&quot;, daba instrucciones Clara. &quot;hu, hi, aahh&quot;, gem&iacute;a y suspiraba Clara. Armando flipaba con la novia de Adolfo: tan femenina, tan mujer, tan hembra, tan&#8230; animal. Subido sobre Clara, su cuello, sus hombros, su rostro. Follaba bien Clara: apenas sin moverse, recib&iacute;a sus embistes sin inmutarse, como si un coche que tuviese una buena amortiguaci&oacute;n no acusase los baches de un camino de tierra. Le estaba gustando a Armando, y mucho: ah&iacute;, acostado sobre un tibio cuerpo, sintiendo en la punta de su capullo m&aacute;s placer y m&aacute;s y m&aacute;s. &quot;Uff, Clara, creo que voy a correrme&quot;; &quot;Oh, s&iacute;, c&oacute;rrete, Armando-oh, c&oacute;-rre-te&quot;. Y Armando, apoyando las palmas de las manos en el colch&oacute;n, se impuls&oacute; hacia arriba, tuvo una visi&oacute;n cenital del acto: vio las tetas de Clara vibrando, mir&oacute; debajo el misterio de su enorme polla entrado y saliendo del pubis de Clara y no aguant&oacute; m&aacute;s: la ten&iacute;a que partir en dos. Y empuj&oacute;, sin delicadezas, empuj&oacute;, fuertemente empuj&oacute;. &quot;Aahh, Armando, uhu, uhu, me viene, sigue, si-gue-aahh&quot;. &quot;Oohh, uff, Clara&quot;, solt&oacute; con el rostro contorsionado en el momento en que se derram&oacute; en Clara.<\/p>\n<p>Carola se subi&oacute; en el taxi de Adolfo, en los asientos de atr&aacute;s. &quot;&iquest;Y tu abuela?&quot;; &iquest;Mi abuela, qu&eacute; mi abuela?&quot;; &quot;&iquest;No la llev&aacute;bamos al hospital?&quot;; &quot;Me llevar&aacute;s a m&iacute;, tengo calentura&quot;. Adolfo mir&oacute; a trav&eacute;s del retrovisor a Carola, pero no la vio, entonces gir&oacute; su cabeza y s&iacute; la vio, completamente desnuda, extendido su fino cuerpo de un costado al otro del coche, toc&aacute;ndose, con una mano entre sus muslos. Se pregunt&oacute; Adolfo c&oacute;mo se hab&iacute;a desnudado tan pronto. Obtuvo la respuesta cuando vio en el asiento del copiloto un mono de color rojo con cremallera. Adolfo detuvo el coche en una curva de la Carretera de los Montes, march&oacute; unos metros m&aacute;s para estar detr&aacute;s de un pino. Carola traspas&oacute; el asiento del conductor a trav&eacute;s del hueco de la palanca de cambios. Adolfo se admir&oacute; de la plasticidad del cuerpo de la novia de Armando y de sus arm&oacute;nicas proporciones: no le faltaba de nada y lo que ve&iacute;a era bello. Carola se subi&oacute; sobre Adolfo, su culo prieto en los muslos anchos de Adolfo; luego le desaboton&oacute; la camisa y pos&oacute; los labios en los fuertes pectorales, en los pezoncillos, que besaba y besaba: &quot;Chuic, Chuic&quot;. Llev&oacute; las manos hacia abajo y desabroch&oacute; el pantal&oacute;n de Adolfo: le sac&oacute; la polla venosa. Apoy&oacute; bien las plantas de sus piececitos y se elev&oacute;, para luego caer ensartada. &quot;Aayy, Adolfo, aayy&quot;, grit&oacute; Carola. Adolfo la sujet&oacute; por la cinturita y la sub&iacute;a y bajaba a su antojo: &quot;Hu, hu, ho, ho&quot;, rug&iacute;a. &quot;Ay, ay, ah-Adolfo-oh, m&aacute;s, m&aacute;s&quot;, gritaba Carola. Los cristales de las ventanillas se iban empa&ntilde;ando conforme aumentaba la fuerza con la que Adolfo atra&iacute;a a Carola sobre s&iacute;, conforme el co&ntilde;o de Carola era penetrado m&aacute;s insistentemente, con m&aacute;s frecuencia, por la polla de Adolfo. Hasta que por fin el semen de Adolfo sali&oacute; impulsado acompa&ntilde;ado de una fuerte exhalaci&oacute;n al interior de Carola, que, tras convulsionarse, qued&oacute; exhausta colgada del poderoso cuello de Adolfo por sus brazos.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;C&oacute;mo fue la experiencia?&quot;; &quot;Bien, muy bien, dir&iacute;a que excelente, Clara&quot;; &quot;S&iacute;, estuvo bien, ahora ser&aacute; a&uacute;n mejor, Carola&quot;; &quot;Sin duda, bastante mejor, Clara&quot;. Esto hablaban sentadas c&oacute;modamente, bebi&eacute;ndose unas cervecitas, en la terraza de un restaurante de calle Granada mientras esperaban a sus respectivos. &quot;&iexcl;Carola, ya estoy aqu&iacute;!&quot;, dijo Adolfo alborozado; &quot;&iexcl;Clara, ya he llegado!&quot;, dijo Armando muy contento. Y esto que ha pasado, algunos lo entender&aacute;n y otros no lo entender&aacute;n, no obstante siempre pasen las cosas y siempre pasen cosas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Clara y Carola caminaban juntas. Iban con sus brazos enlazados disfrutando de un alegre paseo por calle Larios. Se paraban a mirar los escaparates, bromeaban, se re&iacute;an. 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