{"id":32610,"date":"2021-11-20T23:00:00","date_gmt":"2021-11-20T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-11-20T23:00:00","modified_gmt":"2021-11-20T23:00:00","slug":"eres-un-cerdo-gedeon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/eres-un-cerdo-gedeon\/","title":{"rendered":"Eres un cerdo, Gede\u00f3n"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"32610\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Gede&oacute;n y Raquel se conocieron en el colegio, cuando cursaban primer curso de bachiller. Era un colegio concertado, de los que te piden pagar trescientos euros al mes de manera &ldquo;voluntaria&rdquo; por tener a tus hijos separados de la chusma que pulula en la ense&ntilde;anza p&uacute;blica.<\/p>\n<p>Gede&oacute;n, con sus guedejas pelirrojas y su metro ochenta de estatura disput&oacute; desde el principio el &uacute;ltimo puesto de la clase con Raquel, que era una chica morena, metro sesenta y cinco y ojos verdes que gustaban a los chicos al primer golpe de vista.<\/p>\n<p>Se estableci&oacute; una rivalidad entre ellos por ser los peores de la clase y no era por falta de inteligencia natural, m&aacute;s bien por el esp&iacute;ritu de rebeld&iacute;a propio de los hijos de pap&aacute; que siempre lo tuvieron todo. Solo la enorme capacidad del colegio para conseguir que los peores alumnos aprobasen el curso si estaban al d&iacute;a en sus pagos voluntarios, los libr&oacute; de un fracaso escolar temprano.<\/p>\n<p>Un s&aacute;bado, en un botell&oacute;n organizado en el jard&iacute;n del chalet de uno de sus compa&ntilde;eros de curso, entre cerveza y canuto, firmaron la paz y sellaron con un beso h&uacute;medo la historia de amor que iban a protagonizar en lo sucesivo.<\/p>\n<p>Raquel era heredera de una cadena de droguer&iacute;as y se sent&iacute;a feliz por ello, ya que le encantaban los perfumes y no despreciaba las drogas. Gede&oacute;n era heredero de una cadena de zapater&iacute;as y no necesitaba ninguna licenciatura para que sus empleados siguieran vendiendo zapatos, as&iacute; que cuando acabaron el bachiller hicieron ambos un m&oacute;dulo de administrativo y empezaron a trabajar en los negocios de sus padres, eso s&iacute;, empezaron desde arriba. Aprendieron los trucos para ganar dinero pero nunca dominaron el oficio.<\/p>\n<p>No era este futuro halag&uuml;e&ntilde;o lo &uacute;nico que los un&iacute;a. Las ganas de disfrutar y exprimir todos los placeres que la vida les ofrec&iacute;a era algo que tambi&eacute;n ten&iacute;an en com&uacute;n y lo aprovechaban en todas las oportunidades. Los padres, que no ignoraban que tipo de hijos hab&iacute;an concebido, se hab&iacute;an preocupado de contratar buenos gerentes para sus negocios porque sab&iacute;an que los hijos iban a preocuparse m&aacute;s de exprimir los beneficios de los mismos que de planificar su supervivencia.<\/p>\n<p>Pero si algo los identificaba era su pasi&oacute;n por el sexo. Desde aquel primero beso h&uacute;medo en un botell&oacute;n de dise&ntilde;o, no hab&iacute;a dejado de practicar, mejorar, explorar y exprimir todas sus posibilidades.<\/p>\n<p>El &uacute;nico libro que Gede&oacute;n reconoc&iacute;a haber le&iacute;do completo era el Kama Sutra. Lo le&iacute;a, lo repasaba y completaba lo escrito con varios videos que reproduc&iacute;an las posturas que el libro ilustraba. Y por supuesto, investigaba en el internet profundo cualquier noticia que le ofreciese novedades sobre tan noble actividad.<\/p>\n<p>Cuando cumpli&oacute; dieciocho a&ntilde;os, los padres le regalaron un apartamento de 50 metros cuadrados en un edificio rehabilitado en el centro de la ciudad. Lo hicieron m&aacute;s por perder de vista sus excesos que por m&eacute;ritos de aquel hijo que estaban seguros les hab&iacute;a adjudicado el diablo.<\/p>\n<p>Y en este nido de amor, se reun&iacute;an un d&iacute;a con otro y experimentaban todas las t&eacute;cnicas y los placeres conocidos y algunos quiz&aacute;s por inventar.<\/p>\n<p>Gede&oacute;n era imaginativo para el sexo y Raquel aceptaba con evidente placer lo que &eacute;l le propon&iacute;a. Cuando la hac&iacute;a experimentar nuevos placeres, ella simulando un enfado, le dec&iacute;a:<\/p>\n<p>&#8211; Eres un cerdo, Gede&oacute;n &ndash; y se re&iacute;a de buena gana mientras acced&iacute;a a lo que le ped&iacute;a.<\/p>\n<p>La frase &ldquo;eres un cerdo, Gede&oacute;n&rdquo; se acab&oacute; convirtiendo en un mantra en sus relaciones y si Raquel no se lo dec&iacute;a, Gede&oacute;n se quedaba con la sensaci&oacute;n de que no la hab&iacute;a satisfecho adecuadamente.<\/p>\n<p>No ten&iacute;an intenci&oacute;n de casarse, estaban bien as&iacute;, pero cuando acabaron sus escasos estudios los padres les impusieron un matrimonio con rigurosa separaci&oacute;n de bienes. Se hab&iacute;an puesto de acuerdo ambas familias y a cambio de unos jugosos ingresos mensuales, tuvieron que pasar por la vicar&iacute;a. Tampoco les import&oacute; demasiado y hasta les hizo gracia, porque el d&iacute;a de la boda, simulando una indisposici&oacute;n de Raquel, se encerraron en la sacrist&iacute;a y consumaron el matrimonio antes de que el cura les diese el visto bueno.<\/p>\n<p>El viaje de novios lo hicieron a una de esas islas de moda en el Pac&iacute;fico y all&iacute; conocieron algunas habilidades que hasta entonces no hab&iacute;an experimentado.<\/p>\n<p>Al cabo de seis meses de su vuelta, una tarde, despu&eacute;s de una tormentosa sesi&oacute;n sexual, Raquel le anunci&oacute;:<\/p>\n<p>&#8211; Estoy embarazada, Gede&oacute;n.<\/p>\n<p>&Eacute;l, en plan de broma, le contest&oacute;:<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;De qui&eacute;n?<\/p>\n<p>&#8211; Creo que de ti, cerdo.<\/p>\n<p>Y retomaron otra vez sus retozos.<\/p>\n<p>Raquel estaba embarazada de un ni&ntilde;o y no tuvo ning&uacute;n s&iacute;ntoma que le hiciese cambiar de vida. Ni arcadas, ni v&oacute;mitos, ni p&eacute;rdidas. Siguieron comiendo, bebiendo, fumando y copulando como si el embarazo no fuese algo que les afectase personalmente.<\/p>\n<p>Cuando lleg&oacute; el momento pari&oacute; sin aspavientos y el ni&ntilde;o pes&oacute; cuatro kilogramos en canal. Cuando Gede&oacute;n entr&oacute; en la habitaci&oacute;n, Raquel le estaba dando de mamar y orgullosa se lo ense&ntilde;&oacute;. Era un ni&ntilde;o robusto y sano, pero Gede&oacute;n se qued&oacute; extra&ntilde;ado al verle:<\/p>\n<p>&#8211; Tiene cabeza de cerdo &ndash; dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, no puedes negar que es tuyo &ndash; y se rio con ganas.<\/p>\n<p>&Eacute;l se qued&oacute; pensando un rato, como si algo no le encajase. Por fin le pregunt&oacute;:<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Y qu&eacute; nombre le ponemos a alguien con cabeza de cerdo?<\/p>\n<p>Raquel tampoco lo sab&iacute;a y se quedaron en silencio hasta que la criatura empez&oacute; a llorar.<\/p>\n<p>Igual pensaban en el nombre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Gede&oacute;n y Raquel se conocieron en el colegio, cuando cursaban primer curso de bachiller. Era un colegio concertado, de los que te piden pagar trescientos euros al mes de manera &ldquo;voluntaria&rdquo; por tener a tus hijos separados de la chusma que pulula en la ense&ntilde;anza p&uacute;blica. Gede&oacute;n, con sus guedejas pelirrojas y su metro ochenta [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":19960,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[22],"tags":[],"class_list":{"0":"post-32610","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-parodias"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32610","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/19960"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=32610"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32610\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=32610"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=32610"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=32610"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}