{"id":32655,"date":"2021-11-22T23:00:00","date_gmt":"2021-11-22T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-11-22T23:00:00","modified_gmt":"2021-11-22T23:00:00","slug":"anulacion-matrimonial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/anulacion-matrimonial\/","title":{"rendered":"Anulaci\u00f3n matrimonial"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"32655\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>&quot;Ay, s&iacute;, s&iacute;, cari&ntilde;o, as&iacute;&quot;, suspiraba Gema bajo el cuerpo de Dami&aacute;n, penetrada por la polla de este. &quot;Mmm, s&iacute;-s&iacute;, sigue, sigue&quot;, murmuraba Gema con voz suplicante porque su orgasmo iba a llegar de un momento a otro y deb&iacute;a apremiar a Dami&aacute;n, que ya se hab&iacute;a corrido, para que continuara foll&aacute;ndola. &quot;Oh, no, no te pares, cari&ntilde;o&quot;, dijo con decepci&oacute;n Gema todav&iacute;a con la polla de Dami&aacute;n en el co&ntilde;o; &quot;Lo siento, amor, no puedo m&aacute;s&quot;, dijo Dami&aacute;n mientras sal&iacute;a del cuerpo de Gema; despu&eacute;s cay&oacute; derrengado bocarriba sobre el colch&oacute;n junto a Gema. Ambos se quedaron en silencio, respirando agitadamente, durante varios minutos. Luego habl&oacute; Dami&aacute;n: &quot;No te ha gustado&quot;; &quot;A ver, s&iacute;, cari&ntilde;o, pero no me he corrido&quot;; &quot;No siempre puedes&#8230;&quot;; &quot;&iquest;Y t&uacute; s&iacute;, t&uacute; siempre puedes?&quot;; &quot;Es que, amor, lo de los hombres es distinto&quot;; &quot;Distinto, distinto&quot;, repiti&oacute; Gema despectivamente, &quot;voy a tener que pedir la anulaci&oacute;n de nuestro matrimonio si esto sigo as&iacute;&quot;, dijo Gema; &quot;Supongo que bromeas&quot;, dijo Dami&aacute;n, desconfiado; &quot;S&iacute;, cari&ntilde;o, bromeo&quot;, r&iacute;o Gema, &quot;sabes que te quiero un mont&oacute;n&quot;; &quot;Y yo a ti&quot;.<\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo no iba a querer Dami&aacute;n a Gema?: una mujer tal que Gema es poco com&uacute;n. Ten&iacute;a Gema un cuerpo carnoso y sonrosado con unas medidas excepcionales. Tener cerca a Gema era igual a tener una erecci&oacute;n. Los pies peque&ntilde;os, las piernas bien torneadas culminadas por muslos confortables, las caderas anchas, el pubis oscurecido, la cintura fina, las tetas grandes, los pezones desafiantes, el cuello delgado y suave, los hombros muy femeninos, el rostro ovalado y bello, el cabello azabache, todo, todo en su fisonom&iacute;a era deseable. &iquest;C&oacute;mo no iba Dami&aacute;n a temer el d&iacute;a que se quedase sin tama&ntilde;o entretenimiento? Dami&aacute;n volv&iacute;a siempre a casa con la ilusi&oacute;n por encontrar a Gema desnuda dormitando en la cama por la ma&ntilde;ana temprano; &eacute;l, entonces, se quitaba el uniforme de guarda que ol&iacute;a a noche y a detritus, destapada a Gema y, apenas hab&iacute;a acariciado su co&ntilde;o unos instantes, se sub&iacute;a sobre ella, le abr&iacute;a los muslos y la follaba: &quot;Ay, s&iacute;, s&iacute;, cari&ntilde;o, as&iacute;&quot;.<\/p>\n<p>Sin embargo, aunque &eacute;l nunca lo admitir&iacute;a, ni ahora ni en un futuro, Gema era demasiada mujer para Dami&aacute;n. S&iacute;, Dami&aacute;n era un hombre alto, fornido, corpulento, muy macho, de bonitos ojos azules y cara bien dibujada, pero&#8230; le faltaba algo importante para sujetar a una mujer a su lado: la ternura. Dami&aacute;n era impulsivo, iba a lo suyo y cre&iacute;a que eso era lo correcto y que eso era lo que una mujer necesitaba. No. Dami&aacute;n, no. &iexcl;O s&iacute;!, pero &iquest;cu&aacute;nto tiempo iba a estar una mujer soportando a un hombre que no le proporcionaba orgasmos, procur&aacute;ndoselos ella misma en la &iacute;ntima soledad de su salita de estar cuando ve&iacute;a pelis porno mientras su marido trabajaba, como era el caso de Gema? &iquest;Cu&aacute;nto tiempo, Dami&aacute;n?<\/p>\n<p>&quot;Se&ntilde;ora, le estoy ofreciendo un descuento en la factura de la luz nunca visto, perm&iacute;tame entrar y se lo explico con detalle&quot;, dijo el comercial a Gema frente a la puerta semiabierta de su domicilio. Gema, a esa hora se la tarde; sola en casa, pues Dami&aacute;n hab&iacute;a sido reclamado para un servicio especial en el Palacio de Congresos. Las seis de la tarde. El sol alumbrando su sal&oacute;n d&eacute;bilmente y Gema, cubierta &uacute;nicamente por una batita de andar por casa atendiendo sol&iacute;cita a un comercial que ol&iacute;a a plaza y a s&uacute;per. Tan cerca uno del otro junto a la mesa camilla; a tan pocos cent&iacute;metros de distancia sus rostros: el cabello largo de &eacute;l roz&aacute;ndose con el de ella, los dientes blanqu&iacute;simos de &eacute;l fotografiados por los ojos de ella, y el beso l&aacute;nguido el primero, apasionados los siguientes, y el paquete que crece y que ella libera, y la batita que cae y se pliega en los finos tobillos&#8230; Efusiva esta carnalidad de dos cuerpos que se entremezclan hasta que se forma el &aacute;ngulo recto cuya base es ella tumbada de espaldas sobre la mesa camilla con las piernas flexionadas mostrando el ahuecado centro que &eacute;l se ocupa de taponar, emotiva su sensualidad. &quot;Ay, s&iacute;, s&iacute;, cari&ntilde;o, as&iacute;&quot;. Y no es a Dami&aacute;n a quien Gema anima, es a un joven que ya se ha preocupado de que la amante de la que est&aacute; a punto de disfrutar tambi&eacute;n disfrutar&aacute;, y para ello, antes de que ella se abriera de piernas, &eacute;l ha estado arrodillado, con su boca pegada al co&ntilde;o de ella, sorbiendo los jugos manjares, libando con su lengua el dulce n&eacute;ctar que mana de las entra&ntilde;as de Gema que ahora grita exultante: &quot;S&iacute;, s&iacute;, siiii&iacute;&quot;, cuando se corre. &quot;Oh, oh, uff, t&iacute;a, t&iacute;a, qu&eacute; buena est&aacute;s, t&iacute;a, uff, uff, oohh&quot;. Se ha corrido despu&eacute;s el comercial, alucinado por la suerte que ha tenido, y hubo m&aacute;s: no s&oacute;lo de pan vive el hombre.<\/p>\n<p>Cuando Dami&aacute;n lleg&oacute; a su casa, se encontr&oacute; a Gema desnuda y despatarrada en el sof&aacute; de la salita de estar, iluminada por una lamparita de noche situada en una c&oacute;moda cercana. Era la una de la madrugada. El servicio especial de Dami&aacute;n le hab&iacute;a permitido volver a su hogar, no con los primeros rayos de sol, como habitualmente, sino con la luna llena brillando a trav&eacute;s de los cristales, con una noche entera por delante. &quot;Gema, est&aacute;s despierta&quot;, dijo Dami&aacute;n; &quot;Mmmm, s&iacute;, cari&ntilde;o&quot;, dijo Gema con los ojos cerrados, excitando sus genitales con dos dedos. El sof&aacute; colmado de voluptuosidad, de curvas y pliegues, de cuero joven y caliente. &quot;&iquest;Qu&eacute; haces, Gema?&quot;, pregunt&oacute; desconcertado Dami&aacute;n; &quot;T&uacute; qu&eacute; crees, cari&ntilde;o, me masturbo&quot;, dijo Gema distantemente; &quot;&iquest;No prefieres que te folle, no tienes bastante conmigo?&quot;; &quot;C&oacute;meme el co&ntilde;o, cari&ntilde;o, por favor&quot;, pidi&oacute; Gema. Dami&aacute;n se acerc&oacute; hasta el sof&aacute;, se sent&oacute; a los pies de Gema, e inclinando el torso meti&oacute; la cabeza entre los muslos. Gema rio. Dami&aacute;n, perplejo, chup&oacute; un poco el chocho de Gema, luego se irgui&oacute; y, de rodillas sobre un coj&iacute;n, se desabroch&oacute; el pantal&oacute;n y se sac&oacute; la polla muy empalmada. &quot;Espera, cari&ntilde;o&quot;, dijo Gema, &quot;espera, voy a abrir la cristalera de la terraza, huele a tabaco&quot;; &quot;Es verdad, y ni t&uacute; ni yo fumamos&quot;; &quot;Cierto, quiero&#8230;, no s&eacute;, llevarme un recuerdo&#8230;, no s&eacute;, ven, Dami&aacute;n, ven conmigo, saldremos a la terraza, ven&#8230;, si, aqu&iacute;, junto a la barandilla, asom&eacute;monos, qu&eacute; bonita est&aacute; la luna, ay, venga, date la vuelta, ponte frente a m&iacute;, mmmm, todav&iacute;a est&aacute;s empalmado, voy abajo y te la chupo, chuc, chup, chuc, ay, cari&ntilde;o, qu&eacute; bien sabes, chuc, chup, chuc&quot;. El relente de la noche enfriaba los hombros de Gema sobre los que Dami&aacute;n apoyaba las manos. A cada vaiv&eacute;n de la cabeza de Gema, Dami&aacute;n se sent&iacute;a mejor, m&aacute;s plet&oacute;rico y la polla estaba a punto de estallarle a Gema en la boca. &quot;Joder, qu&eacute; gustazo&quot;, pensaba Dami&aacute;n, &quot;qu&eacute; mamada, nadie tiene una mujer como la m&iacute;a&quot;. &quot;Uff, amor, oh, me voy a correr ya mismo&quot;, avis&oacute; Dami&aacute;n; &quot;S&iacute;, c&oacute;rrete, cari&ntilde;o, hazlo&quot;, dijo Gema escupiendo unos segundos la polla de Dami&aacute;n de la boca, y sigui&oacute;, &quot;chuc, chuc, humm&quot;. Dami&aacute;n fue a tocarle las tetazas a Gema para as&iacute; obtener m&aacute;s placer; entonces, sinti&oacute; algo pegajoso en la palma de la mano: era como pegamento seco, entre las tetas de Gema, en el canalillo, era&#8230;, era&#8230;, era semen viejo. Se iba a correr, s&iacute;, pero no lo a gusto que hubiera deseado, pues el descubrimiento que hab&iacute;a hecho lo conturb&oacute;; eso y el olor a tabaco: de seguro, Gema hab&iacute;a estado con otro hombre. Esperar&iacute;a a que Gema terminara lo que estaba haciendo, esperar&iacute;a a &quot;oohh, Gema-aahh&quot;. Espasmos el&eacute;ctricos recorrieron la ruda fisonom&iacute;a de Dami&aacute;n, despu&eacute;s se vio sujetado por las rodillas, se vio elevado, su culo sobre la barandilla y luego el cielo azul oscuro moteado de estrellas y las ventanas del edificio desfilando de arriba a abajo, y el golpetazo. Gema oy&oacute; el pringoso estallar de huesos sobre la acera y pens&oacute; que s&iacute;, que su matrimonio hab&iacute;a sido anulado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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