{"id":32674,"date":"2021-11-22T23:00:00","date_gmt":"2021-11-22T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-11-22T23:00:00","modified_gmt":"2021-11-22T23:00:00","slug":"oscura-historia-de-una-escalera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/oscura-historia-de-una-escalera\/","title":{"rendered":"Oscura historia de una escalera"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"32674\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 17<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Aurelio suelta el saco de patatas que ha cargado desde el s&oacute;tano del mercado, frente a un puesto donde se despachan frutas y verduras.<\/p>\n<p>-No se te ve de buen humor los &uacute;ltimos d&iacute;as -le dice el frutero, hombre de constituci&oacute;n robusta y calva incipiente- &iquest;Qu&eacute; te pasa?<\/p>\n<p>-No es nada. El oto&ntilde;o, que me pone de mala hostia. &iquest;Me pagas ya?<\/p>\n<p>-Ten -contesta el frutero entreg&aacute;ndole unas monedas- &iquest;Por qu&eacute; no me esperas y nos tomamos unos vinos? O si prefieres, los tomamos en mi casa. Ya tengo televisor.<\/p>\n<p>Aurelio agacha la mirada y contesta.<\/p>\n<p>-No estar&iacute;a mal. Pero tengo a mi madre enferma y no quiero preocuparla si llego tarde.<\/p>\n<p>-Bueno, pues otro d&iacute;a. Me caes bien, Aurelio.<\/p>\n<p>-S&iacute;, ya veo. T&uacute; tambi&eacute;n a m&iacute;.<\/p>\n<p>Se hace un silencio expectante entre ambos durante el cual, el porteador no aparta la mirada de la del frutero.<\/p>\n<p>-Pero mi madre est&aacute; enferma.<\/p>\n<p>Aurelio se marcha y el frutero queda con semblante decepcionado.<\/p>\n<p>De vuelta a los s&oacute;tanos del mercado, se quita la tela basta con la que cubre la ropa a fin de que no sufra con los portes, y se despide de otro par que tambi&eacute;n ejercen de porteadores.<\/p>\n<p>Sale a la calle cubierta por una densa niebla oto&ntilde;al. Se enciende con un zipo un cigarrillo negro, sin boquilla, extra&iacute;do de un paquete arrugado. Seguido se echa mano al bolsillo donde ha guardado las monedas que le ha entregado el frutero. Vuelve la cabeza hacia atr&aacute;s como si meditara regresar al mercado y aceptar su propuesta. Pero finalmente se sube el cuello de la chaqueta de gastada pana gris&aacute;cea, y emprende el camino de regreso hacia su barrio.<\/p>\n<p>Tras cerca de veinte minutos caminando a buen paso en esa tarde oscura y h&uacute;meda, enfila por una calleja apenas iluminada hasta una casa que conoci&oacute; mejores tiempos. Entra en el portal. Cuelga una l&aacute;mpara fundida del techo del mismo. Una solitaria bombilla, situada en lo m&aacute;s alto de las escaleras, evita que ascenderlas no sea una aventura en una oscura caverna. La d&eacute;bil luz, m&aacute;s que iluminarlas, las llena de recovecos en penumbra que despiertan inquietantes sensaciones.<\/p>\n<p>Pese a que lleva cerca de cuarenta a&ntilde;os entrando en ese mismo portal, siempre que llega a &eacute;l siente una punzada de temor que solo de adulto aprendi&oacute; a controlar. Pero de ni&ntilde;o, el miedo le atenazaba de tal manera que tardaba largos minutos en armarse de valor para afrontar tan t&eacute;trico trayecto.<\/p>\n<p>Aurelio respira hondo y sube el primer tramo con esos recuerdos de ni&ntilde;o asustado pes&aacute;ndole en la memoria. Cuando alcanza el primer piso se abre una puerta de manera inesperada y da un respigo.<\/p>\n<p>-Tranquilo, Aurelio, que soy yo -le dice con sorna el hombre que ha salido al rellano con un cubo a rebosar de desperdicios caseros- Y mira por d&oacute;nde, en ti pensaba. Lo que son las casualidades.<\/p>\n<p>-&iexcl;Eres un cabr&oacute;n! -le recrimina el porteador con voz queda- Te largas y no me dices nada. Desapareces y sin saber una mierda de ti.<\/p>\n<p>El vecino apoya la mano libre en la baranda. Una mano recia, dura, ancha, con vello en el dorso de las falanges, u&ntilde;as s&oacute;lidas y muy cortadas&#8230; Una mano que bien podr&iacute;a tumbar de un golpe a otro hombre.<\/p>\n<p>-&iquest;Desde cu&aacute;ndo tengo que darte cuentas de mi vida? -responde sin alzar la voz- A ver, contesta.<\/p>\n<p>-Ten&iacute;a preocupaci&oacute;n. No s&eacute; por qu&eacute; empec&eacute; a pensar si te hab&iacute;a pasao algo&#8230;<\/p>\n<p>Los dos quedan en silencio.<\/p>\n<p>-No ten&iacute;a ni idea del viaje, Aurelio. Me avisaron sin tiempo y sal&iacute; pitando hacia la costa con el cami&oacute;n cargao de grava. Y despu&eacute;s, con unas reses, tira pal sur.<\/p>\n<p>El hombre, que pese al fr&iacute;o s&oacute;lo viste una camiseta blanca de tirantes, se rasca con la mano libre en un hombro. Una densa mata de vello asoma bajo su axila.<\/p>\n<p>-Mi oficio es as&iacute; de pu&ntilde;etero. Y lo sabes -a&ntilde;ade dando un toque cari&ntilde;oso con el pu&ntilde;o cerrado en la mand&iacute;bula del porteador.<\/p>\n<p>-&iexcl;Me pod&iacute;as haber dicho algo, co&ntilde;o! O haber dejao recao. &iquest;Y d&oacute;nde est&aacute; tu padre? Tampoco se le ha visto en estos d&iacute;as.<\/p>\n<p>-Lo llev&eacute; con mi hermana. Pero en cuanto he vuelto, me lo ha largao otra vez. Nadie lo aguanta. Es un hijo de puta. Lo ha sido toda su vida. Y ahora con ochenta a&ntilde;os, a&uacute;n m&aacute;s.<\/p>\n<p>Se oye una voz de timbre hosco que desde dentro de la vivienda reclama al hombre de la camiseta de tirantes.<\/p>\n<p>-&iexcl;No se morir&aacute; el muy cabr&oacute;n!<\/p>\n<p>Y se queda mirando hacia el interior de la vivienda con ojos cargados de un resentimiento antiguo.<\/p>\n<p>-Te dejo, que andar&aacute;s con mucho l&iacute;o -dice Aurelio al verlo tan contrariado.<\/p>\n<p>-&iquest;Ya te recoges?&iquest;No bajar&aacute;s a la cantina? -pregunta en un repentino cambio de humor mientras se acaricia con la mano libre el vientre para bajarla como descuidado, hasta la entrepierna donde ejecuta un movimiento de recolocaci&oacute;n de su sexo.<\/p>\n<p>Aurelio no ha perdido detalle del gesto.<\/p>\n<p>-Si t&uacute; te animas&#8230;<\/p>\n<p>-Lo de la cantina&#8230; no s&eacute;.<\/p>\n<p>-O lo que sea. Unas cartas&#8230; o echamos una parrafada.<\/p>\n<p>Ahora la mano del vecino, de manera aparentemente distra&iacute;da, acaricia su cuello corto y grueso; y seguido, se rasca el rostro de barba recortada bajo un pelo oscuro rapado al uno.<\/p>\n<p>-No estar&iacute;a mal que me contases como est&aacute; el barrio. Hace diez d&iacute;as que no s&eacute; nada y&#8230; vengo con ganas de que me cuentes.<\/p>\n<p>Vuelve a darle un leve toque en la mand&iacute;bula con el pu&ntilde;o cerrado.<\/p>\n<p>-Yo tambi&eacute;n tengo ganas de contarte.<\/p>\n<p>Sus miradas se cruzan. Son segundos eternos.<\/p>\n<p>-Entonces te espero.<\/p>\n<p>El vecino desciende las escaleras y Aurelio prosigue su ascenso tras el acuerdo.<\/p>\n<p>Pasada una hora, el porteador sale de su vivienda en el cuarto piso, con una bolsa de pl&aacute;stico llena de basura. Baja despacio las escaleras hasta el portal como si no quisiera hacer ruido. Ya en la calle, deposita la bolsa en el cubo comunitario.<\/p>\n<p>La niebla lo cubre todo y no se ve con claridad m&aacute;s all&aacute; de unos escasos metros.<\/p>\n<p>Saca del bolsillo su paquete de tabaco barato medio aplastado, toma uno de los cigarrillos sin filtro, lo estira con los dedos y se lo pone en los labios. Lo prende. El humo que exhala de su boca se pierde en la niebla. Observa distra&iacute;do la trayectoria pero sus ojos advierten que hay luz en la ventana del primer piso, el del vecino camionero. Una silueta se recorta tras los visillos y una mano los aparta ligeramente, la misma mano que le ha dado ese par de leves toques en la mand&iacute;bula.<\/p>\n<p>Unos pasos apresurados por la otra acera le distraen hasta que el sonido de esos mismos pasos se aleja.<\/p>\n<p>Aurelio vuelve a mirar hacia la ventana. A&uacute;n ve la mano.<\/p>\n<p>Da una &uacute;ltima calada al cigarrillo y arroja la pava a las fauces de la noche.<\/p>\n<p>Entra en el portal y cierra las hojas del vetusto port&oacute;n de madera.<\/p>\n<p>Sube hasta el primer piso. Se encuentra la puerta del vecino entreabierta. La luz que sale del interior le ilumina una fracci&oacute;n del rostro.<\/p>\n<p>Escucha el rumor de una radio sintonizada con un programa de variado contenido salpicado de anuncios comerciales:&ldquo;Es el ColaCao desayuno y merienda ideal&#8230;&rdquo;<\/p>\n<p>Aurelio, con extremo cuidado, empuja la puerta y entra en la casa. Hay un estrecho pasillo. Lo recorre hasta una peque&ntilde;a sala de estar. Una l&aacute;mpara de pantalla c&oacute;nica aporta una luz difusa, como de habitaci&oacute;n de enfermo terminal, en el saliente de una alacena. En las paredes cuelgan fotograf&iacute;as, antiguas y recientes, de acontecimientos familiares.<\/p>\n<p>En el suelo y arrinconado, arde un brasero de carb&oacute;n.<\/p>\n<p>La voz de la radio viene de las habitaciones, a su derecha. A la izquierda queda el ba&ntilde;o cuya puerta est&aacute; entreabierta y donde hay luz.<\/p>\n<p>La abre y encuentra all&iacute; a su vecino, sentado en la taza del v&aacute;ter con los pantalones y calzones en los tobillos. Sujeta con sus fuertes manos un diario deportivo que deja caer. Tras el diario aparece su sexo, grueso y nervudo, en erecci&oacute;n.<\/p>\n<p>Aurelio cierra la puerta. Las voces de la radio, que hablan de la reposici&oacute;n del &ldquo;Don Juan&rdquo; con motivo de la fiesta de difuntos, se amortiguan.<\/p>\n<p>El vecino se acaricia la verga de arriba abajo hasta rozar los gruesos test&iacute;culos. De la punta del glande resbala una gota trasparente y pegajosa.<\/p>\n<p>Un cambio repentino en el ritmo de las melod&iacute;as de la radio hace que Aurelio vuelva la cabeza precavido. Han comenzado a emitir una melod&iacute;a de moda que canta Conchita Bautista:&rdquo;Estando contigo&rdquo;<\/p>\n<p>Se pone a cuatro patas, y como si fuera un animal, se aproxima hasta el camionero. Lame sus muslos en direcci&oacute;n a los huevos. Alcanzados estos, los olfatea, les da unos ligeros toques con la lengua y por fin, los chupa con absoluta fruici&oacute;n.<\/p>\n<p>El camionero emite un hondo suspiro de satisfacci&oacute;n.<\/p>\n<p>Aurelio sube con sus besos por el cuerpo recio, venoso y untuoso del miembro. Sus labios se manchan del fluido, su nariz capta el aroma que tanto le emociona desde la primera vez que tuvieron un contacto siendo unos chavales.<\/p>\n<p>Se detiene en el frenillo. Pega a &eacute;l los labios y lo lame tiempo y tiempo. El preseminal se vierte abundante y mancha su rostro. Tambi&eacute;n le entra en la boca transmiti&eacute;ndole el sabor a hombre, a sexo de hombre, a placer de hombre.<\/p>\n<p>-&iexcl;Joder! -suelta el vecino- No puedo vivir sin esto.<\/p>\n<p>Aurelio alza la vista sin apartarse de lo que tan bien le sabe, para encontrarse con el rostro sufriente de placer de su amante, los brazos levantados, la camiseta de tirantes pegada a su velluda piel y las manos cerradas formando unos temibles pu&ntilde;os con los que se podr&iacute;a pensar que lo amenaza si por cualquier motivo interrumpe las atenciones sobre su sexo.<\/p>\n<p>Le gusta verlo as&iacute;, torturado por los juegos de su boca en tan espl&eacute;ndida polla. Y para rematarlo, se traga el terso y viol&aacute;ceo glande muy despacio hasta llevarlo a lo m&aacute;s hondo de su garganta.<\/p>\n<p>La mamada se prolonga por tiempo en un pausado sube y baja.<\/p>\n<p>-Me est&aacute;s matando, cabr&oacute;n -profiere el camionero.<\/p>\n<p>-T&uacute; me ense&ntilde;aste.<\/p>\n<p>El corto di&aacute;logo s&oacute;lo ha sido una min&uacute;scula pausa en el intenso deglutir de sexo a un ritmo ag&oacute;nico.<\/p>\n<p>&iexcl;Y pensar que la primera vez que tuvieron contacto con sus sexos fue casi a la fuerza&#8230;!<\/p>\n<p>A&ntilde;os atr&aacute;s, su vecino, entonces un chavalote de p&eacute;simo car&aacute;cter (dec&iacute;an que a causa del trato violento del padre) y f&iacute;sico de una fortaleza inusual para sus quince a&ntilde;os, actu&oacute; con habilidad. Su familia llevaba apenas un par de a&ntilde;os en el barrio y con el cr&iacute;o flaquillo que viv&iacute;a en el cuarto hab&iacute;a cruzado escasas palabras.<\/p>\n<p>Pero una noche de verano, Aurelio, camino de los doce a&ntilde;os y medio, esperaba la llegada de alg&uacute;n conocido con quien subir las sombr&iacute;as escaleras a las que les ten&iacute;a pavor.<\/p>\n<p>El primero en llegar fue su entonces nuevo vecino que regresaba de jugar un partido de f&uacute;tbol, la camiseta pegada al cuerpo por el sudor y los pantalones cortos a punto de reventar por el volumen de sus muslos ya cubiertos de un oscuro vello.<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; haces aqu&iacute;? -le pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>-Nada -contest&oacute; Aurelio esquivo.<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; pasa, te da miedo la oscuridad?<\/p>\n<p>Agach&oacute; la cabeza por toda respuesta.<\/p>\n<p>-Sube conmigo.<\/p>\n<p>Aurelio, fastidiado porque ese muchacho fuertote le viera d&eacute;bil, lo sigui&oacute;.<\/p>\n<p>Entraron en el portal,aquella noche incluso sin la d&eacute;bil iluminaci&oacute;n de la solitaria bombilla de lo alto de la escalera.<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; piensas que te puede pasar? -le pregunt&oacute; el adolescente deteni&eacute;ndose en plena oscuridad.<\/p>\n<p>-Pienso en monstruos.<\/p>\n<p>-Eso es una bobada. Los monstruos no existen. Pero los hombres guarros, s&iacute; -dijo enigm&aacute;tico- Esos son los peores.<\/p>\n<p>-&iquest;Hombres guarros?<\/p>\n<p>-Los que te esperan para hacerte guarradas.<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; guarradas?<\/p>\n<p>-Te esperan con la picha fuera para que les hagas una paja. O peor.<\/p>\n<p>Aurelio se junt&oacute; al muchacho como si su solo contacto ya lo protegiera.<\/p>\n<p>-&iquest;Y si hay uno?<\/p>\n<p>-No te preocupes. Yo te acompa&ntilde;o hasta tu casa. S&eacute; lo que hay que hacer pa espantarlos.<\/p>\n<p>Los dos subieron con todas las precauciones hasta el cuarto piso.<\/p>\n<p>-Hemos tenido suerte y no nos hemos encontrao a ning&uacute;n monstruo ni a ning&uacute;n hombre guarro.<\/p>\n<p>-Gracias por acompa&ntilde;arme.<\/p>\n<p>-&iquest;Quieres que te ense&ntilde;e lo que tienes que hacer si te encuentras a un hombre guarro?<\/p>\n<p>-Bueno.<\/p>\n<p>-Pues vamos arriba, a las buhardillas, y te ense&ntilde;o.<\/p>\n<p>-Es que&#8230;<\/p>\n<p>-No seas miedica y ven.<\/p>\n<p>Salvaron el corto tramo hasta la &uacute;ltima planta con Aurelio no muy convencido de lo que hac&iacute;an.<\/p>\n<p>Las buhardillas se dispon&iacute;an a ambos lados de un pasillo oscuro como boca de lobo. Los m&aacute;s negros temores se enroscaban en la imaginaci&oacute;n del peque&ntilde;o.<\/p>\n<p>-Me voy a mi casa -dijo cada vez m&aacute;s asustado.<\/p>\n<p>Pero el vecino le tom&oacute; firme de una mano.<\/p>\n<p>-Est&aacute;s conmigo. Nadie te har&aacute; nada. Te lo prometo.<\/p>\n<p>Y condujo a Aurelio hasta el interior de una de las buhardillas con la puerta desvencijada. Ol&iacute;a a enseres viejos enmohecidos. Por un ventanuco sin postigos con tan solo medio cristal en su sitio, penetraba una d&eacute;bil luminiscencia.<\/p>\n<p>-&iquest;Ves? No pasa nada. Y ahora esc&uacute;chame: imagina que yo soy uno de esos hombres que te est&aacute; esperando con la picha fuera para que se la toques.<\/p>\n<p>Despacio, dando tiempo a que el peque&ntilde;o asimilase lo que le propon&iacute;a, se baj&oacute; los pantalones cortos. De ellos escap&oacute; su sexo en completa erecci&oacute;n. Parec&iacute;a un animal con vida propia en la penumbra de la buhardilla, tanto por el tama&ntilde;o como por la firmeza. Aurelio se qued&oacute; sin aliento al verlo.<\/p>\n<p>El adolescente comprob&oacute; que el chaval hab&iacute;a quedado impactado y sigui&oacute; con su estrategia.<\/p>\n<p>-Lo que tienes que hacer ahora es pegarme una patada en mis partes. Vamos, pat&eacute;ame.<\/p>\n<p>Aurelio no pod&iacute;a apartar la vista del primer sexo en erecci&oacute;n que ve&iacute;a en su vida que no fuera el suyo.<\/p>\n<p>-Dame una patada, venga.<\/p>\n<p>Confundido por lo que sent&iacute;a, intent&oacute; el golpe. El vecino le atrap&oacute; la pierna sin dificultad y lo atrajo contra s&iacute;.<\/p>\n<p>-Mira lo que te puede pasar si no le das bien la patada.<\/p>\n<p>Lo empuj&oacute; contra la pared y apret&oacute; su cuerpo desarrollado contra el del zagal.<\/p>\n<p>-No te has defendido bien y lo vas a pagar.<\/p>\n<p>-No d&eacute;jame -trat&oacute; el peque&ntilde;o de oponerse.<\/p>\n<p>Pero el vecino no lo solt&oacute; y ,muy despacio, col&oacute; su mano por el pantal&oacute;n del peque&ntilde;o hasta agarrarle la picha.<\/p>\n<p>-Ya te tengo.<\/p>\n<p>Al contacto, el miembro de Aurelio se llen&oacute; de energ&iacute;a y termin&oacute; tan duro como el del adolescente.<\/p>\n<p>&Eacute;ste le baj&oacute; los pantalones y junt&oacute; ambos sexos.<\/p>\n<p>Aurelio sinti&oacute; una corriente hasta entonces desconocida que le transmit&iacute;a gratas sensaciones. El contacto con el cuerpo de ese muchacho le excitaba sobremanera.<\/p>\n<p>-&iquest;Te haces pajas? -pregunt&oacute; el mayor acarici&aacute;ndole el glande.<\/p>\n<p>Aurelio neg&oacute; con la cabeza.<\/p>\n<p>-&iquest;No sabes? Se hacen as&iacute;.<\/p>\n<p>Sus palabras las acompa&ntilde;&oacute; con lentos movimientos masturbatorios sobre la picha del cr&iacute;o. Al poco lo tuvo experimentando las primeras fases del placer.<\/p>\n<p>-H&aacute;zmelo a m&iacute; tambi&eacute;n.<\/p>\n<p>Aurelio ech&oacute; mano a la sobresaliente polla. Conoci&oacute; el tacto suave y c&aacute;lido del sexo de otro chico. Y conforme el placer le llenaba, m&aacute;s se esmeraba en la manipulaci&oacute;n sin importarle el l&iacute;quido viscoso que impregnaba su mano.<\/p>\n<p>-Espera. Si contin&uacute;as voy a correrme. Deja que baje el gusto y volvemos a empezar. As&iacute; dura m&aacute;s. A m&iacute; me ense&ntilde;&oacute; mi primo. Nos lo pas&aacute;bamos bien los dos en casa de mi abuela. &iquest;Te lo est&aacute;s pasando bien?<\/p>\n<p>Aurelio asinti&oacute;. El muchacho lo ten&iacute;a embelesado.<\/p>\n<p>-Venga, vamos a darle otra vez.<\/p>\n<p>Reanudaron la masturbaci&oacute;n rec&iacute;proca y la interrumpieron por la misma causa dos veces m&aacute;s, hasta que el orgasmo no permiti&oacute; aplazamientos.<\/p>\n<p>De la picha de Aurelio apenas se derramaron unas gotas de un esperma inmaduro. Pero de la polla del vecino salieron hasta tres chorros de un denso esperma que se estrell&oacute; contra el vientre del peque&ntilde;o.<\/p>\n<p>El vecino,complacido, le restreg&oacute; el sexo por la carne h&uacute;meda de lefa y acab&oacute; estrech&aacute;ndolo contra la fortaleza y el calor de su cuerpo.<\/p>\n<p>-&iquest;Te ha gustado? -le susurr&oacute; al o&iacute;do<\/p>\n<p>-S&iacute;, mucho. &iquest;Por qu&eacute; a ti te sale tanto y a m&iacute; nada?<\/p>\n<p>-Ya te llegar&aacute;. Podemos hacerlo m&aacute;s veces hasta que te salga como a m&iacute;.&iquest;Quieres?<\/p>\n<p>-S&iacute;.<\/p>\n<p>-Y que nadie se entere.<\/p>\n<p>-Nadie.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>&ldquo;Me siento feliz, feliz, felizzzz&rdquo; termina la canci&oacute;n Conchita Bautista en la lejana radio.<\/p>\n<p>-Quieto -dice quedo el camionero sujetando la cabeza de Aurelio- Quieto. &iquest;O quieres que me corra ya?<\/p>\n<p>El porteador se separa de la verga a rega&ntilde;adientes. Tiene los labios y las mejillas manchados de preseminal.<\/p>\n<p>En la radio, ahora, se escucha la sinton&iacute;a de las noticias de Radio Nacional:&ldquo;Su Excelencia, el Caudillo, ha inaugurado el pantano de&#8230;&rdquo;<\/p>\n<p>El vecino levanta a Aurelio del suelo.<\/p>\n<p>-Despel&oacute;tate.<\/p>\n<p>-&iquest;Y tu padre?<\/p>\n<p>-A la mierda ese hijo de puta. Estar&aacute; dormido. Desn&uacute;date.<\/p>\n<p>Aurelio se desviste. Su cuerpo duro y fibroso es puro m&uacute;sculo. Nadie dir&iacute;a que bajo su desastrada vestimenta se esconde un cuerpo tan perfilado. Pero los a&ntilde;os de duro trabajo de porteador le han terminado por esculpir. Tiene la polla tiesa. No es espectacular, pero se ve tan dura como el resto de la musculatura.<\/p>\n<p>El vecino lo mira vicioso y lo llama para que se siente sobre sus piernas con las nalgas apretadas contra su cipote. Cuando lo tiene como desea, le toma del pijo y se lo acaricia.<\/p>\n<p>-&iquest;Cu&aacute;ntas pajas te has hecho en estas dos semanas?<\/p>\n<p>-Ninguna.<\/p>\n<p>-&iquest;Por qu&eacute;? &iquest;No piensas en m&iacute;?<\/p>\n<p>-Mucho.<\/p>\n<p>-&iquest;Y no te pone cachondo?<\/p>\n<p>-Mucho. Pero me dijiste que no me la pelase.<\/p>\n<p>-Solo quiero que te corras con mi polla en tu culo.<\/p>\n<p>-Y lo cumplo.<\/p>\n<p>-&iquest;No me enga&ntilde;as?<\/p>\n<p>-Solo no s&eacute; darme gusto.<\/p>\n<p>-Me parece a m&iacute; que no me dices la verdad &iquest;No habr&aacute; en los s&oacute;tanos del mercado alguno que te espere y te coja en una rinconada apartada?<\/p>\n<p>-Ninguno.<\/p>\n<p>-&iquest;Y ese frutero que no hace m&aacute;s que proponerte? &iquest;A&uacute;n sigue busc&aacute;ndote?<\/p>\n<p>-Lo intenta.<\/p>\n<p>-&iquest;Solo lo intenta?<\/p>\n<p>Le vuelve el rostro busc&aacute;ndole la mirada.<\/p>\n<p>-Dime la verdad: &iquest;Te ha metido mano?<\/p>\n<p>Los dedos del vecino no cesan en su jugueteo sobre el frenillo de Aurelio sumi&eacute;ndolo en un suave deleite.<\/p>\n<p>-Hoy me ha invitao a ir a su casa. Se ha comprao un televisor.<\/p>\n<p>Aurelio, casi ido de placer, junta su mejilla con la de su amante.<\/p>\n<p>-&iquest;Y t&uacute; quer&iacute;as ir?<\/p>\n<p>-No.<\/p>\n<p>-&iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Seguro que no le has comido la polla?<\/p>\n<p>-Yo solo me he comido una polla en toda mi vida, la tuya.<\/p>\n<p>-Y que no me entere yo que en tu boca entra otro pijo que no sea el m&iacute;o. Ni que te tragas otra leche que no sea la m&iacute;a.<\/p>\n<p>-No quiero otra. Solo la tuya.<\/p>\n<p>El vecino lo estruja contra su pecho y su cipote casi se encaja en el culo de Aurelio. Con sus gruesos dedos, toma algo del seminal que brota incesante de su verga, y lo extiende por el rugoso ojete. Al poco, empuja con ellos y un par se cuelan dentro.<\/p>\n<p>-Yo s&iacute; que he tenido que pajearme porque no paraba de pensar en este culo.<\/p>\n<p>-No tienes derecho. Tu leche es m&iacute;a.<\/p>\n<p>-No pasa nada. Tengo m&aacute;s, tengo mucha m&aacute;s para ti.<\/p>\n<p>Empuja los dedos con fuerza y le propina una fuerte cachetada en una de las nalgas. De la picha de Aurelio se vierte un untuoso goter&oacute;n de lefa. El vecino lo toma y se lo extiende sobre su propio glande que, seguido, coloca contra el esf&iacute;nter del porteador.<\/p>\n<p>-&iquest;En tu culo solo ha entrao mi polla?<\/p>\n<p>-Solo.<\/p>\n<p>-Y &iexcl;ay de ti como me entere de que ese verdulero del mercao te la mete!.<\/p>\n<p>El pijo del vecino ha comenzado a traspasar el ojete del porteador. No lo fuerza. Es una invasi&oacute;n pausada.<\/p>\n<p>Mediada la penetraci&oacute;n, Aurelio le agarra de los huevos. Se los acaricia despacio porque sabe lo mucho que le excita. Se lo dec&iacute;a siempre en todos los encuentros que tuvieron tras ese primer episodio en las buhardillas. &ldquo;Ag&aacute;rrame los huevos&rdquo;; y &eacute;l cumpl&iacute;a.<\/p>\n<p>-Ag&aacute;rrame los huevos. S&iacute;, eso es. No sabes c&oacute;mo me gusta.<\/p>\n<p>Y all&iacute; estaba la muestra de que no ment&iacute;a, un flujo que manaba de su polla a&uacute;n mayor que de costumbre. Las manos de Aurelio pronto estuvieron completamente impregnadas de &eacute;l.<\/p>\n<p>-&iexcl;Joder, qu&eacute; gusto me da!<\/p>\n<p>Los encuentros entre ellos se hab&iacute;an sucedido regularmente, dos o tres por semana, durante los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os. El peque&ntilde;o ya contaba por entonces con m&aacute;s de catorce y el vecino trabajaba de pe&oacute;n de alba&ntilde;il en una obra junto a un familiar que lo hab&iacute;a enchufado.<\/p>\n<p>-Me gusta ver tu leche. &iquest;A qu&eacute; sabr&aacute;?<\/p>\n<p>Aurelio hizo la pregunta con una de sus manos, manchada de preseminal, frente a su rostro.<\/p>\n<p>-Sabe salao.<\/p>\n<p>-&iquest;Salao?<\/p>\n<p>Pas&oacute; la lengua por la mano degustando el fluido. Y despu&eacute;s se agach&oacute; frente al sexo excitado del pe&oacute;n.<\/p>\n<p>-Quiero hacer una cosa. &iquest;Me dejas?<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; cosa?<\/p>\n<p>Sin m&aacute;s explicaci&oacute;n, comenz&oacute; a lamer el vigoroso miembro. Parti&oacute; de los huevos y subi&oacute; hasta el glande. Repiti&oacute; el juego varias veces y observ&oacute; que, como premio, obten&iacute;a una mayor cantidad de preseminal que se tragaba como si de un dulce jugo se tratara.<\/p>\n<p>Esas atenciones bucales dispararon la excitaci&oacute;n del mayor hasta m&aacute;s all&aacute; de lo que a la saz&oacute;n cre&iacute;a que se pod&iacute;a llegar. Preso de tanta excitaci&oacute;n, abri&oacute; la boca de Aurelio y le meti&oacute; la polla. Al principio solo el glande. Pero fue tanto el placer que no par&oacute; hasta que le introdujo la mitad de la longitud.<\/p>\n<p>El adolescente no se opuso ni protest&oacute;. Se sent&iacute;a invadido pero colmado, como si se estuviese cumpliendo una fantas&iacute;a que quiz&aacute;s rondase por su mente desde hac&iacute;a d&iacute;as.<\/p>\n<p>Trat&oacute; el vecino de sac&aacute;rsela cuando el placer le ven&iacute;a a un ritmo acelerado el otro le agarr&oacute; de los muslos neg&aacute;ndose a interrumpir lo que estaba sucediendo y no pudo evitar correrse en su garganta con una intensidad que le oblig&oacute; a morder uno de sus pu&ntilde;os para no explayarse en un berrido que alertase a todo el mundo sobre las actividades de esos dos en las buhardillas.<\/p>\n<p>Tras eyacular, levant&oacute; al joven de su posici&oacute;n apret&aacute;ndolo contra su cuerpo, vientre contra vientre, sexo contra sexo. Comenz&oacute; movimientos de pelvis con rozamientos h&uacute;medos de lefa sobre la polla del chaval.<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; me has hecho?<\/p>\n<p>-Quer&iacute;a tu leche.<\/p>\n<p>-Y yo quiero la tuya.<\/p>\n<p>Y no ces&oacute; en el l&uacute;brico rozamiento hasta que Aurelio solt&oacute; su esperma, para entonces ya abundante como el de un adulto.<\/p>\n<p>Se miraron en la penumbra. El vecino le pas&oacute; un dedo por los labios. Aurelio se lo atrap&oacute; y lo chup&oacute;.<\/p>\n<p>-Volver&iacute;a a empezar -dijo el vecino.<\/p>\n<p>-Es tarde. Mi madre me espera. Y en tu casa tambi&eacute;n te esperan.<\/p>\n<p>Los muchachos se separaron y, tras limpiarse, cada uno baj&oacute; a su casa.<\/p>\n<p>Aquella noche,Aurelio pudo o&iacute;r por la ventana de la cocina que daba a un patio interior, la monumental bronca que el padre de su amante le mont&oacute;, bronca que no qued&oacute; solo en palabras y que deriv&oacute; en gritos, golpes y la rotura de alg&uacute;n objeto dom&eacute;stico. Pero ya nadie se asombraba, por rutinarias, de esas broncas.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>En la radio contin&uacute;an las noticias: &ldquo;Tiempo de deportes: el &Aacute;guila de Toledo, Federico Mart&iacute;n Bahamontes, ha sido objeto de un merecido homenaje en su pueblo natal, como justo reconocimiento al extraordinario palmar&eacute;s cosechado&#8230;&rdquo;<\/p>\n<p>En el ba&ntilde;o, Aurelio siente el lento discurrir de la venosa y recia verga del camionero dentro de su culo.<\/p>\n<p>-Cl&aacute;vamela entera -suplica.<\/p>\n<p>-Como empiece, ya sabes lo que suceder&aacute;, que no me conformar&eacute; y te la estar&eacute; hincando hasta las tantas.<\/p>\n<p>-&iexcl;Qu&eacute; se le va hacer!<\/p>\n<p>El vecino se incorpora de la taza del v&aacute;ter llevando consigo a su amante; le dobla el cuerpo sobre el lavabo y de inmediato lo penetra con la completa potencia de sus caderas.<\/p>\n<p>Aurelio tiembla a cada embestida. Tiene que sujetarse a la pileta y para no terminar incrustado contra ella.<\/p>\n<p>A trav&eacute;s del espejo puede ver el rostro del vecino transfigurado por la emoci&oacute;n implacable del deseo.<\/p>\n<p>-&iquest;Esto quieres?<\/p>\n<p>-Lo que t&uacute; me des.<\/p>\n<p>El camionero redobla la velocidad de sus enculadas. Castiga las nalgas del fibroso porteador. Le toma del cabello como si fueran las crines de una bestia. Y Aurelio gime con ese trato violento y lascivo.<\/p>\n<p>&iquest;Cu&aacute;ndo sinti&oacute; la necesidad de que su vecino le tomara por el culo? No recuerda ya. Pero s&iacute; recuerda, si accedemos a su memoria consciente, la noche en la que los dos subieron en pelda&ntilde;o m&aacute;s en el deseo que los une.<\/p>\n<p>Fue en un edifico que hab&iacute;an desalojado tras un incendio porque amenazaba ruina, pero que nunca termin&oacute; de caerse, donde sucedi&oacute;. Ya no se trataba de un par de cr&iacute;os jugueteando con sus pililas; los dos se afeitaban, incluso el vecino tonteaba con alguna chica. Pero sus encuentros no cesaban; segu&iacute;an sin que ninguno dijera: dej&eacute;moslo ya.<\/p>\n<p>Era verano. Era de noche y v&iacute;spera de festivo. Se hab&iacute;a jugado al f&uacute;tbol con otros muchachos del barrio de manera gamberra y despiadada, m&aacute;s a meter pelotazos y re&iacute;rse que otra cosa, re&iacute;rse de manera infame y est&uacute;pida. Y cuando el juego se diluy&oacute;, se quedaron solos.<\/p>\n<p>Ambos se hab&iacute;an dado cuenta de que se esperaban. No regresaron a sus casas sino que se refugiaron en el edificio en ruinas. Saltaron la tapia protegidos por la oscuridad. Se metieron por unas peligrosas escaleras con tramos ya en el vac&iacute;o y alcanzaron la azotea.<\/p>\n<p>En el cielo, una luna rojiza luchaba por recuperar su blanquecino esplendor.<\/p>\n<p>Aurelio sac&oacute; tabaco y ofreci&oacute;.<\/p>\n<p>-No s&eacute; c&oacute;mo te gusta eso -dijo el vecino rechazando el ofrecimiento.<\/p>\n<p>-Otro vicio m&aacute;s -respondi&oacute; el m&aacute;s joven- &iquest;Qu&eacute; tal con esa chica con la que vas?<\/p>\n<p>-No s&eacute;. Es una estrecha. No se deja meter mano.<\/p>\n<p>-&iquest;Y qu&eacute; hac&eacute;is entonces?<\/p>\n<p>-Nada. Un d&iacute;a nos besamos y tal y yo intent&eacute; tocarle el co&ntilde;o. Pero me cort&oacute;.<\/p>\n<p>-Es una calienta pollas.<\/p>\n<p>-El caso es que cada vez que pienso en aquello&#8230;<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; pasa?<\/p>\n<p>El vecino se ech&oacute; mano a la entrepierna exhibiendo el contorno de su miembro erecto bajo el pantal&oacute;n.<\/p>\n<p>-Esto pasa.<\/p>\n<p>Aurelio se lo acarici&oacute;.<\/p>\n<p>-&iquest;Te la ha visto?<\/p>\n<p>-No.<\/p>\n<p>-Pues ens&eacute;&ntilde;asela. Seguro que ya no se resiste.<\/p>\n<p>Aurelio no dejaba de sobar la potente erecci&oacute;n del vecino.<\/p>\n<p>-Y si no, que me pregunte a m&iacute;. Aunque hay algo que no le puedo contar porque no lo s&eacute;.<\/p>\n<p>Despacio desaboton&oacute; la bragueta y extrajo la verga lista para el placer.<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; no sabes?<\/p>\n<p>-Qu&eacute; se siente con ella dentro.<\/p>\n<p>Los dos j&oacute;venes se miraron.<\/p>\n<p>El vecino le baj&oacute; los pantalones y el calz&oacute;n. El sexo duro de Aurelio le salud&oacute;.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s atrajo su cuerpo contra el suyo y le musit&oacute; al o&iacute;do:<\/p>\n<p>-&iquest;Quieres sentirlo&#8230; ahora?<\/p>\n<p>Le acarici&oacute; las enjutas nalgas con la clara intenci&oacute;n de meterse hacia su ojete.<\/p>\n<p>-D&iacute;. Quieres que te la meta. Y hablo en serio.<\/p>\n<p>Con los dedos le alcanz&oacute; el ojete. Despu&eacute;s le coloc&oacute; la verga entre las piernas. El glande sal&iacute;a por el otro extremo y goteaba preseminal por los muslos del joven.<\/p>\n<p>-Me da respeto.<\/p>\n<p>-Tendr&eacute; cuidao.<\/p>\n<p>Empez&oacute; a pasarle los dedos sobre el ojete repetidamente. Incluso los unt&oacute; con su seminal para que no le causaran molestia.<\/p>\n<p>-D&eacute;jame. Quiero met&eacute;rtela.<\/p>\n<p>El vecino comenz&oacute; un suave movimiento de sus caderas, como si le follara la entrepierna. Y de pronto le dio media vuelta hasta tener las nalgas de Aurelio a la altura de la verga. Se la puso otra vez entre los muslos y sigui&oacute; desliz&aacute;ndosela.<\/p>\n<p>-No me lo niegues.<\/p>\n<p>-Me da miedo.<\/p>\n<p>-Como cuando te encontr&eacute; en el portal sin atreverte a subir las escaleras. &iquest;Y qu&eacute; pas&oacute;? Que te ense&ntilde;&eacute; todo esto -le dice masturb&aacute;ndole despacio- D&eacute;jame probar. Lo necesito.<\/p>\n<p>Aurelio le tom&oacute; la verga y &eacute;l mismo se la puso con el glande contra su ojete.<\/p>\n<p>-H&iacute;ncamela -es todo lo que dijo.<\/p>\n<p>El vecino, lentamente, fue empujando y rompiendo la barrera del esf&iacute;nter.<\/p>\n<p>Dol&iacute;a. Ya lo creo. Pero Aurelio no ten&iacute;a intenci&oacute;n de solicitar que se la sacara. Mir&oacute; la luna rojiza en el horizonte que lentamente pasaba a tonos anaranjados camino de su familiar blancura. &iquest;Pasar&iacute;a lo mismo con su dolor? &iquest;Se transformar&iacute;a lenta y silenciosamente en un placer so&ntilde;ado y , sin duda, deseado?<\/p>\n<p>La polla se abr&iacute;a paso sin precipitaci&oacute;n hacia sus entra&ntilde;as. La abundante lubricaci&oacute;n que expulsaba, ayudaba.<\/p>\n<p>-Tranquilo. Rel&aacute;jate. No te opongas. Est&aacute; entrando casi sola.<\/p>\n<p>Aurelio sent&iacute;a que se iba a romper en dos de un momento a otro. Pero aguant&oacute;. No quer&iacute;a mirar atr&aacute;s. Hab&iacute;a empezado y seguir&iacute;a hasta el final, costara lo que costase. Porque estaba con &eacute;l, con ese chavalote que no ten&iacute;a miedo a la oscuridad ni a los hombres guarros que habitaban en las sombras.<\/p>\n<p>&#8211; Ya est&aacute;. La tienes dentro y entera.&iexcl;Dios, qu&eacute; ganas de tenerte as&iacute;! -confes&oacute; el vecino.<\/p>\n<p>Cayeron al suelo sucio de la azotea.<\/p>\n<p>El vecino se la tuvo metida sin moverse hasta que el dolor se hizo familiar y soportable.<\/p>\n<p>-Como me mueva, me corro -le dijo.<\/p>\n<p>Tom&oacute; la polla de Aurelio, que hab&iacute;a quedado l&aacute;nguida y adormecida. Se la acarici&oacute; como solo &eacute;l sab&iacute;a y le transmiti&oacute; de nuevo &aacute;nimo. Cuando le devolvi&oacute; la entereza, comenz&oacute; a follarle.<\/p>\n<p>La difusa luz de la luna ca&iacute;a sobre ellos convirti&eacute;ndolos en figuras casi irreales.<\/p>\n<p>Al cabo de unos minutos de entrega a ese primer coito serio entre ellos, estuvieron en un estado nuevo y muy diferente de lo que hasta entonces hab&iacute;an sentido. Sus rostros se juntaban y se rozaban. Sus manos quer&iacute;an la piel entera del otro y no solo el sexo. Y las labios de ambos se unieron por vez primera.<\/p>\n<p>Nada de aquello estuvo previsto. Ni tan siquiera so&ntilde;ado.<\/p>\n<p>Aurelio no necesitaba que su amante le tomase del sexo, tenerlo dentro le era suficiente. Y as&iacute; sucedi&oacute; que cuando la verga de &eacute;ste comenz&oacute; a agitarse escupi&eacute;ndole la lefa en las entra&ntilde;as, le alcanz&oacute; un orgasmo de toques invisibles que lo condujo a una eyaculaci&oacute;n tan viva y rusiente que crey&oacute; que se le escapaba la vida. Pero lo que se le escaparon fueron los restos de la inocencia y las &uacute;ltimas escamas de la pubertad.<\/p>\n<p>Hab&iacute;an entrado ambos en otra dimensi&oacute;n y puede que en una uni&oacute;n secreta y sombr&iacute;a de la que ninguno sabr&iacute;a ya c&oacute;mo salir.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>Ahora, en la penetraci&oacute;n no existe dolor sino un conocimiento certero de c&oacute;mo follar para darse el mayor placer. Por eso, el camionero desliza exclusivamente la punta de su polla en el primer tramo del culo de Aurelio por un largo minuto provoc&aacute;ndole un deleite extremo que se traduce en un lento goteo de semen desde el pijo de &eacute;ste. Despu&eacute;s, se la clava hasta los huevos por otro largo minuto dej&aacute;ndole exhausto.<\/p>\n<p>-&iquest;Esto quieres?<\/p>\n<p>-S&iacute;, s&iacute;. Dame m&aacute;s.<\/p>\n<p>-&iquest;Quieres m&aacute;s?<\/p>\n<p>-Por favor, mach&aacute;came.<\/p>\n<p>-No. Ahora toca suave, lento, as&iacute;&#8230;<\/p>\n<p>El camionero otra vez le trabaja con la sola punta del miembro y Aurelio se muere de placer. Y al cabo, retorna a entrarle la verga entera.<\/p>\n<p>-&iquest;Quieres mi leche?<\/p>\n<p>-&iexcl;Joder, s&iacute;!<\/p>\n<p>Aurelio le coge los huevos, se los estruja, se los estira&#8230; Y el camionero comienza a descargarle cuanta lefa almacena en ellos.<\/p>\n<p>Ido de placer, lo arrastra con &eacute;l hasta la taza del v&aacute;ter y all&iacute; le vuelve el rostro busc&aacute;ndole los labios mientras del pijo de Aurelio no paran de manar grumos blanquecinos en suaves oleadas que parece no van a terminar.<\/p>\n<p>Los dos hombres, perdidos en su delirio carnal, no se percatan de que la puerta del ba&ntilde;o comienza a abrirse despacio, como si alg&uacute;n ente misterioso la empujara.<\/p>\n<p>Pero no es un ente misterioso quien finalmente aparece al otro lado de la puerta; es el padre del vecino en pa&ntilde;os menores y con rostro desencajado al comprender en toda su crudeza el sentido de la escena que contempla con sus ojos de viejo. Ojos que del asombro, viran a la incredulidad para desembocar en una c&oacute;lera viva e incontrolable.<\/p>\n<p>-&iexcl;Maricones! -les insulta.<\/p>\n<p>Los dos cesan de besarse y vuelven las cabezas hasta encontrarse con la estampa del viejo indignado y rojo de ira.<\/p>\n<p>-&iexcl;Maricones! -repite el viejo.<\/p>\n<p>Aurelio y el vecino est&aacute;n como petrificados, presos de una par&aacute;lisis de la que no saben escapar.<\/p>\n<p>En la radio ha comenzado la sinton&iacute;a de un programa sat&iacute;rico que sigue al noticiario: &ldquo;Yo soy el zorro zorrito, para mayores y chiquititos&rdquo;<\/p>\n<p>-&iexcl;Maricones! -repite por tercera vez el anciano a quien el ment&oacute;n y las manos han comenzado a temblarle.<\/p>\n<p>El camionero, recuperado del primer impacto, mira a los ojos del viejo sosteniendo su mirada cargada de odio. Muy despacio, vuelve el rostro de Aurelio hacia el suyo y junta sus labios con los de &eacute;ste bes&aacute;ndole con todo el vicio de que es capaz.<\/p>\n<p>El anciano, presa de un temblor generalizado de su cuerpo, da un paso hacia atr&aacute;s. Y otro. Suelta la puerta del ba&ntilde;o. Trastabilea al intentar un paso m&aacute;s y pierde el equilibrio. Le acoge el fr&iacute;o suelo de baldosas.<\/p>\n<p>Aurelio tiene un conato de acudir en su ayuda pero el vecino se lo impide.<\/p>\n<p>El viejo respira agitado, la mirada perdida y una convulsi&oacute;n en el cuerpo mientras trata de insultarles otra vez. Pero el insulto se le queda en los labios y la agitada respiraci&oacute;n se frena en seco.<\/p>\n<p>Los amantes permanecen quietos sobre la taza del v&aacute;ter.<\/p>\n<p>Solo se escuchan las voces graciosas del programa sat&iacute;rico.<\/p>\n<p>Entonces, el vecino abraza con fuerza a Aurelio y le dice:<\/p>\n<p>-Vamos a darle tiempo al diablo para que se lleve su puta alma al infierno.<\/p>\n<p>Y comienza a besarle con toda la intensidad de que es capaz. Intensidad a la que Aurelio responde por igual.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 17<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Aurelio suelta el saco de patatas que ha cargado desde el s&oacute;tano del mercado, frente a un puesto donde se despachan frutas y verduras. -No se te ve de buen humor los &uacute;ltimos d&iacute;as -le dice el frutero, hombre de constituci&oacute;n robusta y calva incipiente- &iquest;Qu&eacute; te pasa? -No es nada. 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