{"id":32734,"date":"2021-11-28T23:00:00","date_gmt":"2021-11-28T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-11-28T23:00:00","modified_gmt":"2021-11-28T23:00:00","slug":"humillada-por-comportamiento-incivico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/humillada-por-comportamiento-incivico\/","title":{"rendered":"Humillada por comportamiento inc\u00edvico"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"32734\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El relato de ficci&oacute;n que van a poder leer est&aacute; ambientado en un futuro cercano y en un pa&iacute;s de habla hispana. Concretamente en el suburbano.<\/p>\n<p>A simple vista no hay muchas diferencias con la &eacute;poca actual. Quiz&aacute;s el aspecto de los vagones es algo m&aacute;s moderno, m&aacute;s limpio y en general hay m&aacute;s sensores, pero las gentes, las ropas que visten y el ajetreo en hora punta, es el mismo.<\/p>\n<p>Silvia, una empleada de banca de veintis&eacute;is a&ntilde;os se dirig&iacute;a a su trabajo. Su ropa informal, vaqueros que se ajustaban al cuerpo marcando trasero contundente y camiseta blanca de tirantes con generoso escote. Caminaba deprisa y con gesto de pocos amigos. Esa ma&ntilde;ana hab&iacute;a estado en el m&eacute;dico y le hab&iacute;an puesto una inyecci&oacute;n en la nalga derecha. El picotazo y el l&iacute;quido blanco que le hab&iacute;an inoculado escoc&iacute;an y mientras caminaba notaba una molesta y continua sensaci&oacute;n en su gl&uacute;teo, como si alguien le estuviese dando un pellizco eterno.<\/p>\n<p>Cuando lleg&oacute; al and&eacute;n encontr&oacute; mucha gente y lo peor es que el tren que llegaba, con retraso, ven&iacute;a lleno de gente y apenas nadie se ape&oacute; en la estaci&oacute;n. Quiz&aacute;s fueron los nervios, o el maldito d&iacute;a, el maldito retraso o su car&aacute;cter agresivo. El caso es que se le meti&oacute; en la cabeza que ten&iacute;a que meterse en ese vag&oacute;n. Insult&oacute; a un joven, se empe&ntilde;&oacute; en entrar mientras otros sal&iacute;an y desoyendo a un guardia de seguridad, empuj&oacute; y empuj&oacute; hasta que las puertas del vag&oacute;n se cerraron. Aquello era una lata de sardinas, ol&iacute;a a sudor, a colonia y, porque no decirlo, a pedo. Probablemente aquel tipo de la camiseta a cuadros que sudaba, no se hab&iacute;a afeitado en tres d&iacute;as y ese feucho era el causante. En la siguiente estaci&oacute;n se baj&oacute; mucha gente y ella, ignorando a una mujer de pelo cano, se arroj&oacute; en busca de un asiento. Eso de ceder el sitio era para tontos.<\/p>\n<p>Al llegar a su parada, un hombre y una mujer uniformados estaban esper&aacute;ndola.<\/p>\n<p>-Acomp&aacute;&ntilde;enos. -dijo la agente.<\/p>\n<p>-Yo no he hecho nada. -respondi&oacute; la joven con altivez.<\/p>\n<p>-Prefiere caminar con nosotros o necesitamos recurrir a otros m&eacute;todos. -coment&oacute; el guardia haciendo adem&aacute;n de usar la porra.<\/p>\n<p>Aquel gesto le pareci&oacute; excesivo a Silvia, pero prefiri&oacute; obedecer por el momento y acompa&ntilde;arlos.<\/p>\n<p>Tras caminar unos metros se detuvieron frente a una entrada sutilmente camuflada. El var&oacute;n acerc&oacute; una tarjeta y dijo en voz alta &quot;abrir&quot;. Inmediatamente el panel se desliz&oacute; de manera silenciosa y la comitiva entr&oacute; en un laberinto de pasillos y salas numeradas.<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; es todo esto? -pregunt&oacute; Silvia.<\/p>\n<p>-Esto es un centro de re-educaci&oacute;n muy especial -respondi&oacute; la mujer de uniforme.<\/p>\n<p>Unos segundos despu&eacute;s, usando otro comando de voz, entraron en la sala n&uacute;mero 8.<\/p>\n<p>-Si&eacute;ntate en esa silla. -le ordenaron.<\/p>\n<p>La estancia no era muy grande. Aparte de sillas de metal y una mesa, hab&iacute;a una camilla y un armario blanco con muchos cajones. La luz parec&iacute;a salir de las paredes blancas y lo llenaba todo.<\/p>\n<p>Mientras Silvia, sentada en la silla, aguarda visiblemente nerviosa, la otra mujer sac&oacute; de un caj&oacute;n un paquete de guantes de pl&aacute;stico, una botella de agua y una especie de orinal color azul claro.<\/p>\n<p>El hombre mir&oacute; a la muchacha y sonri&oacute; lascivamente. Luego tomo la palabra.<\/p>\n<p>-Silvia, &iquest;verdad? Lo sabemos todo de usted&#8230; pero lo que nos ocupa hoy es su comportamiento. Monitorizamos aleatoriamente distintos lugares p&uacute;blicos en busca de personas poco c&iacute;vicas y en esta ocasi&oacute;n la hemos pescado con las manos en la masa. Usted no se ha negado nunca, seg&uacute;n veo, a que se le aplique la ley de re-educaci&oacute;n del gobierno y por lo tanto, tenemos la potestad de corregir su conducta.<\/p>\n<p>-Lev&aacute;ntese y desn&uacute;dese. -dijo con frialdad la mujer polic&iacute;a mientras se enfundaba los guantes.<\/p>\n<p>La aludida tard&oacute; unos segundos en reaccionar, valor&oacute; la opci&oacute;n de revelarse pero&#8230; hab&iacute;a o&iacute;do historias. La situaci&oacute;n no era buena, pero pod&iacute;a ser mucho peor. Estaba en manos de sus captores &quot;legales&quot; y lo m&aacute;ximo que pod&iacute;a hacer era esperar que no fuesen unos pervertidos de tomo y lomo y la humillaci&oacute;n no durase mucho.<\/p>\n<p>Con nervios, pero tratando de mostrar un aplomo que no ten&iacute;a, se quit&oacute; la ropa qued&aacute;ndose en cueros. Su trasero tembl&oacute;n y sus pechos bien moldeados notaron la caricia del aire que, a pesar de la calidez del lugar, aparec&iacute;a de forma caprichosa.<\/p>\n<p>-Veo que no te afeitas el co&ntilde;o. -observ&oacute; el var&oacute;n.<\/p>\n<p>Su compa&ntilde;era se acerc&oacute; a la v&iacute;ctima y le orden&oacute; que levantase el brazo.<\/p>\n<p>-El sobaco no tiene pelos&#8230; Incl&iacute;nate.<\/p>\n<p>Con las mejillas coloradas por el rubor Silvia se inclin&oacute; hacia delante y un instante despu&eacute;s not&oacute; como el dedo enguantado se colaba por sorpresa en su ano.<\/p>\n<p>-Espero que te hayas lavado el culo esta ma&ntilde;ana. No me gustan las t&iacute;as guarras.<\/p>\n<p>La joven permaneci&oacute; en silencio, esperando que el examen anal terminase cuanto antes.<\/p>\n<p>-Est&aacute; bien, puedes sentarte.<\/p>\n<p>La silla de metal era fr&iacute;a al tacto.<\/p>\n<p>-Bebe. Tienes que beberte esta botella. Tranquila, es solo agua.<\/p>\n<p>La cautiva obedeci&oacute;.<\/p>\n<p>-Bien, ahora esperaremos un rato.<\/p>\n<p>Media hora despu&eacute;s, Silvia solicit&oacute; d&oacute;cilmente.<\/p>\n<p>-Necesito ir al ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>-&iquest;Ves alg&uacute;n ba&ntilde;o? -se burl&oacute; el hombre.<\/p>\n<p>Veinte minutos despu&eacute;s la chica insisti&oacute;.<\/p>\n<p>-Por favor, me estoy meando&#8230; ya no aguanto m&aacute;s. -espet&oacute; cruzando las piernas.<\/p>\n<p>Diez minutos despu&eacute;s, con l&aacute;grimas en los ojos. Suplic&oacute; nuevamente.<\/p>\n<p>-Vaya, vaya. Tenemos una llorona con nosotros&#8230; y eso que no hemos empezado. -asever&oacute; la f&eacute;mina.<\/p>\n<p>-Hoy voy a ser bueno y te dejar&eacute; orinar&#8230; pero como pago me dejar&aacute;s que te folle.<\/p>\n<p>-Por favor, s&iacute;&#8230; vale, har&eacute; lo que sea&#8230; pero d&eacute;jenme ir al ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>-&iquest;Ba&ntilde;o? aqu&iacute; no hay ba&ntilde;o&#8230; pero por suerte tenemos orinal. -dijo ofreci&eacute;ndole el recipiente de pl&aacute;stico.<\/p>\n<p>La chica lo cogi&oacute;, mir&oacute; alrededor buscando intimidad, pero all&iacute; no hab&iacute;a donde esconder las verg&uuml;enzas. As&iacute; que, empujada por la imperiosa necesidad, dej&oacute; el orinal en frente de la silla, se puso de cuclillas y dej&oacute; escapar el pis, que, furioso, se estrell&oacute; con gran estr&eacute;pito contra las paredes de pl&aacute;stico. La meada termin&oacute; con una ventosidad.<\/p>\n<p>La mujer le ofreci&oacute; papel para secarse.<\/p>\n<p>-Bien, ahora t&uacute;mbate en la camilla boca abajo. -Dijo el guardia mientras se quitaba los zapatos, los pantalones y finalmente los calzoncillos.<\/p>\n<p>Silvia observ&oacute; el pene erecto que sobresal&iacute;a entre los pliegues de la camisa.<\/p>\n<p>-No te preocupes, siempre uso cond&oacute;n.<\/p>\n<p>Tras ponerse la goma el guardia se encaramo a la camilla cubriendo el cuerpo de la joven que esperaba la acometida. Los dedos del guardia se abrieron paso en su sexo entrando y saliendo hasta que, a pesar de la situaci&oacute;n, consiguieron excitarla.<\/p>\n<p>-Te gusta el tema&#8230; tu cara de verg&uuml;enza dice que no, pero tus partes h&uacute;medas dicen otra cosa.<\/p>\n<p>Poco despu&eacute;s la chica not&oacute; como el pene la penetraba y no pudo evitar lanzar un gemido. El guardia excitado, comenz&oacute; a meter y sacar el miembro a buen ritmo. El sonido de los huevos chocando contra las nalgas se mezclaba con los gemidos de ambos participantes. El hombre, a punto de explotar, sac&oacute; la verga, se quit&oacute; el cond&oacute;n y reg&oacute; con su semen el culo de Silvia.<\/p>\n<p>-Te lo has pasado bien cari&ntilde;o. -espet&oacute; la compa&ntilde;era del polic&iacute;a.- pues ahora viene lo mejor.<\/p>\n<p>El hombre, ya vestido, sac&oacute; unas tiras de cuero acabadas en hebillas ocultas en la camilla atando los tobillos, la cintura y las manos de la joven mientras que la otra mujer sacaba de un caj&oacute;n una vara.<\/p>\n<p>-Ahora viene el castigo. Te vamos a pegar con esta vara en el culo.<\/p>\n<p>-Me, me han puesto una&#8230;<\/p>\n<p>-S&iacute;, una inyecci&oacute;n. Lo sabemos&#8230; bueno, mala suerte, con los azotes seguro que te olvidas de ella&#8230; por ser la primera vez te daremos veinte.<\/p>\n<p>-Est&aacute; permitido gritar y hasta llorar. -a&ntilde;adi&oacute; con una carcajada.<\/p>\n<p>La encargada de aplicar el castigo agit&oacute; la vara en el aire tres veces haci&eacute;ndola silbar y provocando, de paso, que Silvia contrajese el culete involuntariamente. La cuarta vez que la vara cort&oacute; el aire se estrell&oacute; contra las nalgas desnudas de la joven dejando una marca roja y un ramalazo de escozor. Era delicioso y excitante a un tiempo ver como calentaban el culo con cada golpe. El miembro del guardia, que acababa de descargar, volv&iacute;a a crecer y la ejecutora del castigo no era ajena al espect&aacute;culo. Tambi&eacute;n la protagonista, aguantando como pod&iacute;a la compostura, se sumerg&iacute;a en un c&uacute;mulo de sensaciones, humillaci&oacute;n y dolor peleando a partes iguales por la victoria.<\/p>\n<p>Unos minutos despu&eacute;s, con l&aacute;grimas en el rostro. Liberaron a Silvia devolvi&eacute;ndole la ropa.<\/p>\n<p>La joven se visti&oacute;, frot&oacute; su trasero buscando alivio, y en compa&ntilde;&iacute;a de la mujer que le hab&iacute;a metido el dedo en el culo, abandon&oacute; la sala y el laberinto volviendo a la estaci&oacute;n. All&iacute;, se mezcl&oacute; con la gente camino a su destino.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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