{"id":32835,"date":"2021-12-06T23:00:00","date_gmt":"2021-12-06T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-12-06T23:00:00","modified_gmt":"2021-12-06T23:00:00","slug":"siracusa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/siracusa\/","title":{"rendered":"Siracusa"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"32835\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 22<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Hab&iacute;a sido un largo e intenso d&iacute;a. Insomnio, avi&oacute;n, reencuentro, besos, drogas, sexo, alcohol y amistad. &iquest;Qu&eacute; otro hubiera podido esperar de un fin de semana con el barbudo?<\/p>\n<p>Vamos por partes. Al cuarto de hora despu&eacute;s de encontrarlo en su hotel, ya est&aacute;bamos tirando, morbosos y sonrientes. Todo lo que hab&iacute;a pasado en nuestras respectivas vidas durante este a&ntilde;o no nos hab&iacute;a quitado ni un gramo de la arrechura que compart&iacute;amos.<\/p>\n<p>Me preocupaba el rubio que le acompa&ntilde;aba para el viaje, aunque ten&iacute;a la esperanza de que saltara la chispa entre los tres. El barbudo, que no hubiera tra&iacute;do a una persona cualquiera, me coment&oacute; que le hab&iacute;a contado todo y supon&iacute;a que no le molestar&iacute;a entrar en nuestra fiesta.<\/p>\n<p>Apenas calmados y tranquilos en la peque&ntilde;a cama, todav&iacute;a sudados por el reencuentro, el rubio toc&oacute; a la puerta. Alto, mirada adormecida, lentes negras, gran sonrisa, rizos dorados y desordenados.<\/p>\n<p>Este s&iacute; o s&iacute;.<\/p>\n<p>A algunos les podr&aacute; costar entender que unos segundos bastan para tener la certeza de lo que va a ocurrir con una persona. Pero les puedo jurar que cuando una conexi&oacute;n tiene que establecerse, se hace al toque y sin palabras. As&iacute; pas&oacute; con el rubio, pero empezamos con el juego del di&aacute;logo cort&eacute;s circunstancial, cumpliendo con el primer paso normal entre dos personas que no se conocen. Mientras me explicaba a qu&eacute; se dedicaba en el balc&oacute;n del hotel, yo ten&iacute;a im&aacute;genes obscenas de c&oacute;mo &iacute;bamos a cachar los tres juntos.<\/p>\n<p>Nos fuimos al departamento que hab&iacute;an reservado para los dos d&iacute;as siguientes. Abandonamos las maletas y las mochilas en la sala para salir un rato a comer y pasear, bromeando sobre el hecho de que &eacute;sta iba probablemente a ser nuestra &uacute;nica salida de visita tur&iacute;stica del fin de semana que empezaba. Ya se notaba en el ambiente que algo iba a pasar entre los tres y me dejaba en un estado de excitaci&oacute;n constante, al acecho.<\/p>\n<p>Iglesias, ruinas, vida, mercado, gritos, cl&aacute;xones, quesos, sudor, telas africanas, pescados, basura, maravillas de arquitecturas, perros, ropa secando en balcones sucios, 32&deg;, fritura, cerveza, cigarros, calles pavimentadas y pulpo.<\/p>\n<p>Regresamos al departamento para echar una siesta antes de seguir con la marat&oacute;n de drogas y alcohol que los chicos hab&iacute;an empezado. El barbudo me alcanz&oacute; inmediatamente en mi cama, abraz&aacute;ndome y regal&aacute;ndome besos en el cuello con un &ldquo;Quietitos, quietitos, hay que dormir un ratito&rdquo;. Pero not&eacute; su erecci&oacute;n contra mis nalgas que dec&iacute;a todo lo contrario.<\/p>\n<p>Lo bes&eacute;, qu&eacute; ricos eran sus labios. No s&oacute;lo eran suaves y se entreabr&iacute;an para dejar su lengua acariciar la m&iacute;a, sino que eran una invitaci&oacute;n a hundirse deliciosamente en esta boca. Se rio, cuando le dije: &ldquo;As&iacute; va a ser imposible dormir, mejor nos calmemos r&aacute;pidamente y ya despu&eacute;s descansamos&rdquo;. Me sub&iacute; encima de &eacute;l, nos seguimos besando y nos quitamos lo poco de ropa que nos quedaba. Baj&eacute; lentamente, pasando mis labios y mi lengua por su pecho, su barriga, me hab&iacute;a olvidado la textura delicada de su piel. Contrastaba con su mirada rabiosa y la dureza de su verga, que empec&eacute; a lamer. Pase&eacute; mi lengua de las bolas a la punta durante unos largos minutos y dej&oacute; escapar un gemido cuando la hice entrar lentamente en mi boca. &ldquo;Te la comes todita&rdquo;, observ&oacute;, entre dos suspiros mientras me agarraba las tetas con fuerza.<\/p>\n<p>Empec&eacute; a masturbarme suavemente, disfrutando de mis dedos que deslizaban en mi cl&iacute;toris h&uacute;medo. No demor&eacute; mucho en llegar al orgasmo, sofocando, la barbilla y las mejillas llenas de saliva. Hasta ahora, no encontr&eacute; cosa m&aacute;s rica que venirme con una verga en la boca. Quiz&aacute;s teniendo otra en la concha mientras tanto. No baj&oacute; mi excitaci&oacute;n para nada, acostumbrada a venirme varias veces, y le ped&iacute; que me la metiera un ratito, &ldquo;Para darme otro, por favor&rdquo;. Sent&iacute; otra ola deliciosa al recibirlo dentro de m&iacute;, le sonre&iacute; y nos besamos de nuevo. Me encantaba sentir sus manos que me apretaban el culo. No escuchaba bien lo que me dec&iacute;a, pero ya, &ldquo;Mamacita&rdquo;. Unas idas y vueltas profundas bastaron para que me viniera de nuevo. Santa dedicaci&oacute;n al orgasmo tuve siempre.<\/p>\n<p>Me tom&eacute; unos segundos de descanso bajo su mirada que oscilaba entre satisfacci&oacute;n y lujuria. Retom&eacute; su sexo en mi boca, probando mi propio sabor, lim&oacute;n suave y tibio. Le invit&eacute; a correrse contra mis labios y mi lengua. Baj&eacute; un poquito m&aacute;s para lamerle las bolas con insistencia y lengua firme. El efecto fue inmediato, sent&iacute; su mano agarrarme el cabello mientras la otra aceleraba las idas y venidas en su verga llena de saliva. Est&aacute;bamos llegando al mejor momento de la partida, el que m&aacute;s me satisface. Abandon&eacute; sus bolas justo para sentir c&oacute;mo brotaba el esperma en mi boca y se derramaba en mi lengua.<\/p>\n<p>Cu&aacute;nto te amo, mierda&hellip;<\/p>\n<p>Me levant&eacute; para volver a besarlo, sab&iacute;a que le gustaba probar su propio sabor en mi boca. La calma se instal&oacute;, propicia para dejarse llevar tranquilamente por el sue&ntilde;o. Conversamos un rato y, mientras le acariciaba la barriga, me pregunt&oacute; qu&eacute; me gustaba de &eacute;l o, m&aacute;s bien, por qu&eacute; cachaba y me arrechaba con &eacute;l, &ldquo;Gordo, calvo y morboso&rdquo;, seg&uacute;n sus dichos. Demor&eacute; unos segundos antes de contestarle, repentinamente t&iacute;mida.<\/p>\n<p>Pucha, nunca lo vas a entender.<\/p>\n<p>Trat&eacute; de dormir un poco mientras me abrazaba, pero mi cerebro no me dejaba en paz, quer&iacute;a disfrutar cada segundo de este fin de semana. Estaba ansiosa por vivirlo todo. Me di la vuelta y lo abrac&eacute; yo, como lo suelo hacer con los que amo, con un cari&ntilde;o maternal, experimentando un profundo y encantador momento de paz. Envolv&iacute;a su espalda con mi brazo, manteni&eacute;ndolo con mi mano y con la otra sujetaba su cabeza, mov&iacute;a apenas los dedos, entre caricia y rascadita. Ten&iacute;a su cara contra mi pecho y lo escuchaba hundirse en el sue&ntilde;o a medida que sus respiros ralentizaban.<\/p>\n<p>Dormit&eacute; unos minutos, pero mi siesta se acort&oacute; al sentir las gotitas de sudor que se resbalaban en mi espalda. Hac&iacute;a mucho calor en el departamento. A pesar de los esfuerzos constantes del ventilador, este abrazo de siesta desnudos hab&iacute;a vuelto a despertar nuestro talento compartido de convertirnos en charquitos.<\/p>\n<p>El barbudo se despert&oacute; bes&aacute;ndome suavemente. Como siempre, regresaron las im&aacute;genes y las sensaciones, volv&iacute; a pensar en lo poco de vida compartida que hab&iacute;amos tenido. No me pod&iacute;a quitar de la cabeza de lo que hubiera sido estar juntos pero no me atrev&iacute;a a decirle que no compart&iacute;a su certeza de que &ldquo;no puede haber dos locos en una pareja&rdquo;.<\/p>\n<p>Y tu piel sigue oliendo a casa, maldito.<\/p>\n<p>Casi eran las 6 de la tarde. Afuera, la luz empezaba a disminuir, llevando con ella el calor sofocante de este agosto siciliano. Me dirig&iacute; hacia el ba&ntilde;o y pas&eacute; delante del cuarto del rubio. Hab&iacute;a dejado la puerta abierta y era obvio que nos hab&iacute;a escuchado tirar. Fuera del aire acondicionado, el departamento tambi&eacute;n carec&iacute;a de cualquier posibilidad de intimidad ac&uacute;stica. Me par&eacute; un rato para mirarlo. Estaba echado boca arriba, se hab&iacute;a quitado el polo y las lentes. Tuve que resistir a la espontaneidad de ir a abrazarlo y darle besos para despertarlo con cari&ntilde;o. Sent&iacute; un ligero escalofr&iacute;o en la espalda, en realidad, ten&iacute;a unas ganas irreprimibles de tocarlo y pegarme contra su pecho.<\/p>\n<p>Ducha, fr&iacute;a. Calz&oacute;n, negro. Vestido, negro. Sin sost&eacute;n. No sirve, fuera de esconder los pezones siempre erguidos que reinan sobre mis peque&ntilde;as tetas &ndash; &ldquo;Que caben perfectamente en la palma de la mano&rdquo;, dicen.<\/p>\n<p>Salimos buscando d&oacute;nde tomar algo y comer en las callecitas del centro hist&oacute;rico. Caminaba detr&aacute;s, mirando al barbudo y al rubio avanzar en la muchedumbre y las luces, ya quer&iacute;a que fueran m&iacute;os juntos. Trataba de contener mi necesidad de contacto f&iacute;sico, tem&iacute;a que no fuera apropiado.<\/p>\n<p>Somos amigos, claro.<\/p>\n<p>El plan que hab&iacute;a expuesto el barb&oacute;n era: salir, festejar, conversar, divertirnos, emborracharnos, disfrutar de la noche, el resto es &ldquo;extra&rdquo;. Ya.<\/p>\n<p>Encontramos un bar donde sentarnos y nos alegramos con la generosidad de las copas de vino. Me hubiera gustado poner mi mano en el muslo del barbudo mientras est&aacute;bamos sentados, pero s&oacute;lo me atrev&iacute; a poner mi pierna contra la suya, con una presi&oacute;n suave. Me gustaba sentirlo cerca, hubiera querido que nos congel&aacute;ramos as&iacute; para siempre.<\/p>\n<p>Si supieras cu&aacute;nto te extra&ntilde;o.<\/p>\n<p>Conversamos bastante y nos re&iacute;mos mucho, son amores estos dos chicos. A cada minuto me gustaba m&aacute;s y m&aacute;s el rubio, quer&iacute;a tomarle la mano o tocarlo, darle una se&ntilde;al para que sepa que a &eacute;l tambi&eacute;n le ten&iacute;a ganas, pero no me atrev&iacute; tampoco. Ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que se estaba estableciendo un equilibrio entre los tres. Era una intimidad compartida y ef&iacute;mera, s&oacute;lo para este par de d&iacute;as, pero me daba miedo ir demasiado r&aacute;pido y que el uno o el otro saliera de este tri&aacute;ngulo naciente. Qu&eacute; pena hubiera sido, ahora que imaginaba los mejores escenarios para el final de la noche.<\/p>\n<p>De copas de vino pasamos a cocteles en un bar con m&uacute;sica electr&oacute;nica. Encontramos a un par de alemanas amables y que estaban muy borrachas, una flaca y una m&aacute;s gordita, se ve&iacute;an m&aacute;s j&oacute;venes que nosotros, unos 25, por ah&iacute;. Eran sonrientes y bullosas, me cayeron bien, aunque no entend&iacute;a lo que les estaban contando el rubio y el barbudo, cuya mirada viva acompa&ntilde;aba el flujo continuo y entusiasta de su voz ronca. Me pregunt&eacute; si &eacute;l tambi&eacute;n se las estaba imaginando a cuatro patas con sus falditas de verano levantadas por la cintura en el sof&aacute; del departamento, porque a m&iacute; no me cost&oacute; mucha imaginaci&oacute;n tener esa imagen n&iacute;tida de estos dos culos blanquitos ofreci&eacute;ndose a qui&eacute;n fuera que los quisiera cuidar. Es otro rasgo que compartimos, el gran talento de imaginar a cualquier persona desconocida en la posici&oacute;n m&aacute;s obscena que sea &ndash; imag&iacute;nense el infierno cotidiano: que sea un viaje en metro o una reuni&oacute;n de trabajo aburrida, es un esfuerzo de cada instante para no terminar en el ba&ntilde;o masturb&aacute;ndose cada dos horas.<\/p>\n<p>Estas dos chicas me hubieran cambiado un poco los planes, pero no me iba a hacer la celosa, ten&iacute;amos suficiente morbo para contagiar a dos m&aacute;s, sin problema. Las tetas de la m&aacute;s carnosa daban saltitos cuando se re&iacute;a, como si hubieran querido escaparse del encaje que las apretaba y se dejaba adivinar. Tomando un sorbo de gin, me imaginaba sac&aacute;ndolas de sus nidos respectivos y dej&aacute;ndolas expuestas a las luces de la noche, para que el rubio y el barbudo las agarrasen y las mamasen. Sonre&iacute;, me qued&eacute; educada y amable, tratando de comunicar con ella con algunas palabras de ingl&eacute;s.<\/p>\n<p>Si vieras las im&aacute;genes que tengo en la mente, tontita&hellip;<\/p>\n<p>Mientras me perd&iacute;a en mis fantas&iacute;as, no me di cuenta de que hab&iacute;an decidido cambiar de sitio y alcanzar un callej&oacute;n que hab&iacute;an conocido el d&iacute;a anterior, famoso para sus bares y repleto de gente. Terminamos los tragos y nos fuimos, seguidos por las alemanas y sus risitas. Trataron de conversar conmigo, buscando mi aprobaci&oacute;n acerca de la belleza de los italianos con un castellano aproximativo. Cuando cruzamos un grupo de cuatro chicos morenos y con acento a pasta con pesto, obviamente se dieron la vuelta y les siguieron. &ldquo;Ciao tetas&rdquo;, pensamos los tres.<\/p>\n<p>Nos sentamos en unas gradas del callej&oacute;n en medio de la gente, el rubio y el barbudo estaban en lo que llamaban su &ldquo;viajecito&rdquo; suave de drogas, a penas para estar despiertos y sentir las cosas como si todo fuera muestras de nubes. Pedimos otros tragos antes de que cerrase el bar m&aacute;s cercano, prendimos un peque&ntilde;o que ten&iacute;an e impuse una cumbia villera que llevaba hace d&iacute;as en la cabeza. El rubio, sentado a mi lado, se ilumin&oacute;: &ldquo;Es exactamente lo que necesitaba&rdquo;. Not&eacute; que me miraba con m&aacute;s intensidad y que me hablaba m&aacute;s cerca, ya se estaba despejando un poco su timidez. Su pierna estaba claramente contra la m&iacute;a mientras conversamos. Creo que el barbudo se dio cuenta y se qued&oacute; quieto a mi otro lado &ldquo;disfrutando del viaje&rdquo;. Se desprend&iacute;a del rubio un equilibrio perfecto entre deseo ligero y ternura, lo quer&iacute;a besar. Sus rizos ondulaban en las luces del callej&oacute;n cuando se re&iacute;a con mis bromas. Era guapo, era tierno y sent&iacute;a que mis ganas eran compartidas. Ya era tiempo de regresar al horno de departamento que alquil&aacute;bamos.<\/p>\n<p>Son las 5 de la ma&ntilde;ana y siento todav&iacute;a el chorreo amargo de la coca en mi garganta.<\/p>\n<p>Hac&iacute;a un calor infernal en la sala. Los chicos se quitaron los polos y prendieron los ventiladores. Me dej&eacute; caer en el piso de may&oacute;lica buscando algo de frescura mientras el barbudo empezaba a prepararse un porro, sentado en un sill&oacute;n. Miradas c&oacute;mplices entre nosotros dos, compart&iacute;amos las mismas expectativas. El rubio regres&oacute; a la sala con una botella de agua y se sent&oacute; a mi lado, mientras le ped&iacute;a al barbudo que me haga un cigarro. &ldquo;Te hago un cigarro si le das un beso al rubio&rdquo;, me contest&oacute;.<\/p>\n<p>Ay, t&uacute;&hellip;<\/p>\n<p>&ldquo;No hace falta que me hagas un cigarro para que le bese&rdquo;, le dije, d&aacute;ndome la vuelta para encontrar los labios sonrientes del rubio.<\/p>\n<p>All&iacute; estamos.<\/p>\n<p>Fue un beso compartido, esperado, rico y ardiente. Yo llevaba mucho tiempo sin besar a alguien por primera vez. Sonre&iacute;mos, disfrutando de c&oacute;mo desaparec&iacute;a la verg&uuml;enza y la timidez. El barbudo hab&iacute;a abierto el sof&aacute; negro en L y estaba cubriendo el cuero sint&eacute;tico met&oacute;dicamente con una s&aacute;bana blanca que hab&iacute;a robado en la habitaci&oacute;n m&aacute;s cercana. &ldquo;Para estar m&aacute;s comoditos&rdquo;, dijo, al darse cuenta de que le est&aacute;bamos mirando con curiosidad. La escena parec&iacute;a irreal, entre la s&aacute;bana que contrastaba con todo el resto, con su color blanco limpio y puro y su olor a florcitas de detergente, y la dedicaci&oacute;n del barbudo, porro en la boca, para armar esta cama gigante.<\/p>\n<p>El rubio permaneci&oacute; sentado en el piso, mientras el barbudo retom&oacute; su sill&oacute;n. Me instal&eacute; en el sof&aacute; cama, sentada con las piernas extendidas, los brazos abiertos y apoyados en respaldo, regia. Me sent&iacute;a como una santa en su altar o alguna cosa sagrada parecida. &ldquo;&iquest;No tienes calor, Bellota? &iquest;Por qu&eacute; no te quitas el vestido?&rdquo;, me pregunt&oacute; el barbudo, buscando un encendedor en la mesa baja como si no pasara nada. De repente me agarr&oacute; el pudor por la presencia del rubio, aunque le ten&iacute;a ganas, no sab&iacute;a hasta donde hubiera aceptado llegar. Ten&iacute;a calor obviamente, era demasiado excitada y a la vez ten&iacute;a miedo de que todo se cayera a pedazos con un solo gesto m&iacute;o. Sonaba una cumbia electr&oacute;nica, lenta y mareante, mir&eacute; al barbudo en los ojos. Abr&iacute; el cierre que estaba en el costado de mi vestido, dejando adivinar la curva ligera de mi teta. Me dej&eacute; caer m&aacute;s en el sof&aacute; y sub&iacute; mi vestido corto por mis piernas, se ve&iacute;a todo mi calz&oacute;n. El barbudo ya se mordi&oacute; el labio inferior al mirarlo mientras el rubio estaba disfrutando de sus &uacute;ltimos segundos de duda acerca de lo que iba a suceder, tratando de enfocarse en lo que estaba fumando antes que lo interrumpiese.<\/p>\n<p>&ldquo;Rubio, s&uacute;bete en esta nave gigante, por favor, quiero abracito&hellip;&rdquo;<\/p>\n<p>Me agach&eacute; hacia &eacute;l para recogerlo y atraerlo con un beso. Se subi&oacute; a bordo con mi lengua buscando la suya. Nos abrazamos con fuerza sin que parara el largo beso, sent&iacute;a sus manos que recorr&iacute;an mi espalda, apenas se atrev&iacute;a a tocarme las nalgas. Pero desde la ma&ntilde;ana le ten&iacute;a unas ganas que le iban a mandar a volar bien lejos y quise pasar a una velocidad superior. Lo empuj&eacute; y me sent&eacute; a horcajadas sobre &eacute;l. Se quit&oacute; los lentes y la sonrisita, m&aacute;s rico a&uacute;n. Me encant&oacute; ver c&oacute;mo se transformaba su expresi&oacute;n a medida que aumentaba el tama&ntilde;o del bulto entre sus piernas, en el cual estaba sentada. Era una mirada hambrienta, con una chispa de rabia que anunciaba que el pudor y la buena educaci&oacute;n se estaban alejando. Me quit&eacute; el vestido, mientras el rubio se deshizo de su short con un movimiento apurado. Levant&eacute; la mirada y vi que el barbudo hab&iacute;a tomado su posici&oacute;n favorita de voyerista, sentado en el sill&oacute;n a nuestro lado. Su mano estaba tocando suavemente su sexo a trav&eacute;s de su b&oacute;xer, estaba aguantando. Yo sab&iacute;a que se mor&iacute;a por empezar a corr&eacute;rsela mir&aacute;ndonos. El efecto de tenerlo tan cerca fue inmediato. Empec&eacute; a respirar hondo y a sentir este inaguantable vac&iacute;o entre mis piernas abiertas, mientras mi calz&oacute;n mojado torturaba deliciosamente mi cl&iacute;toris y se pegaba a los labios. Quise esperar todav&iacute;a un poco y darme el gusto de probar al rubio, ansiosa por lamer y chupar este sexo que mi mano acababa de encontrar duro e impaciente. Baj&eacute; lentamente desnud&aacute;ndolo y acercando mi cabeza a su pubis beso tras beso. Parec&iacute;a que lo poco de pudor que le hubiera quedado se hab&iacute;a evaporado con la excitaci&oacute;n, no le importaba la mirada del barbudo ni su mano que ya se estaba agitando en una masturbaci&oacute;n franca. Ol&iacute;a rico el rubio, me gustaba su piel, ten&iacute;a algo que me dio escalofr&iacute;os de felicidad en la espalda. Su verga era perfectamente contundente, parecida al tama&ntilde;o de la del barbudo.<\/p>\n<p>Podr&iacute;a pasar de una a otra sin darme cuenta.<\/p>\n<p>La lam&iacute;a, lentamente, tal como lo hab&iacute;a hecho en la tarde con la del barbudo, con todo lo ancho de mi lengua c&aacute;lida. Escuchaba sus suspiros y sent&iacute;a los espasmos de sus piernas que revelaban su excitaci&oacute;n cuando mi lengua recorr&iacute;a sus bolas y las dejaba mojadas para que mi mano se deslizara sobre ellas con una caricia suave. Sub&iacute; hasta la punta de su verga para recoger la gotita que se hab&iacute;a formado all&iacute;, delicioso detalle. Gimi&oacute; de alivio en el momento de entrar en mi boca, acompa&ntilde;ado por mi lengua que se apoderaba de su sexo, jugaba con &eacute;l y lo invitaba a entrar m&aacute;s profundo, sin que mi mano soltara sus bolas. Ten&iacute;a la otra mano en mi calz&oacute;n, me tocaba como me gusta, con la palma que apretaba mi pubis y dos dedos acomodados en mi sexo que se consum&iacute;a por un fuego h&uacute;medo. Me estaba acercando al colmo de la excitaci&oacute;n con su verga que me ocupaba toda la boca. Sent&iacute;a que me pod&iacute;a venir en cualquier momento y solt&eacute; un poco la presi&oacute;n de mi palma para contenerme un rato m&aacute;s. Parec&iacute;a que al rubio tambi&eacute;n le estaban costando estos preliminares y me levant&oacute; por debajo de los brazos para que mi boca regresara a la altura de la suya. Se volvieron a encontrar nuestras lenguas y me quit&oacute; mi calz&oacute;n. Agarr&oacute; su verga y me la meti&oacute; de una vez, entrando sin pena en mi concha que chorreaba. Una onda de choque me recorri&oacute; todo el cuerpo.<\/p>\n<p>Qu&eacute; rico me llena&hellip;<\/p>\n<p>Nos estamos sonriendo vorazmente. &ldquo;Te tuve ganas todo el puto d&iacute;a&rdquo;, le dije. El barbudo se hab&iacute;a levantado y se estaba masturbando a nuestro lado. Su verga estaba a la altura de mi cabeza y levant&eacute; los ojos para dirigirle la mirada de aprobaci&oacute;n que anhelaba, arrecho e inquieto. Mi boca volvi&oacute; a encontrar esta hermosa pinga que hab&iacute;a dejado en la tarde, y yo me encontraba en una posici&oacute;n obscena teni&eacute;ndolos a ambos. Me llenaban por ambos lados y no iba a poder aguantar mucho el orgasmo que sent&iacute;a subir en esta deliciosa sincron&iacute;a de idas y vueltas. Mir&eacute; al barbudo que me hab&iacute;a agarrado la cabeza y me manten&iacute;a su verga profundamente en la garganta, mi saliva se resbalaba en mi barbilla.<\/p>\n<p>As&iacute; es como m&aacute;s te gusto &iquest;verdad?<\/p>\n<p>No hizo falta nada m&aacute;s que este intercambio de miradas para que me viniera, con la delicia de tener la boca llena y sintiendo c&oacute;mo mi concha apretaba la verga del rubio con espasmos fren&eacute;ticos.<\/p>\n<p>Me dej&eacute; caer de costadito, con una sonrisa beata. El rubio, que segu&iacute;a muy excitado, no me dej&oacute; tiempo para recuperarme de la rica tormenta mojada que acababa de pasar entre mis piernas y se subi&oacute; encima de m&iacute;. Me abri&oacute; las piernas y me volvi&oacute; a penetrar de golpe, llen&aacute;ndome de nuevo con su verga, m&aacute;s dura que nunca, con movimientos de cadera en&eacute;rgicos y r&aacute;pidos. Su frente estaba pegada a la m&iacute;a, mi lengua jugaba con la suya, lami&eacute;ndose con besos l&iacute;quidos, apenas escondidos por la cortina ligera de sus rizos dorados. El barbudo hab&iacute;a retomado su asiento, emperador del voyerismo sentado en su trono, y se pajeaba mordi&eacute;ndose el labio inferior con los ojos fijados en la verga del rubio que entraba y sal&iacute;a de mi concha. Hac&iacute;a tiempo que yo sab&iacute;a que le encantaba que le contara como me cachaban mis novios y amantes, pero nunca le hab&iacute;a visto tan excitado e hipnotizado al ver c&oacute;mo mi sexo mojado se tragaba una verga.<\/p>\n<p>Ay, mi vida, qu&eacute; rico verte as&iacute;.<\/p>\n<p>Mientras los golpes del rubio se aceleraban, quise regalarle al barbudo otra perspectiva. Me gustaba que me mirara. El rubio entendi&oacute; al toque lo que yo quer&iacute;a y se ech&oacute; d&oacute;cilmente, esperando que le chupara de nuevo. Si yo ten&iacute;a una sonrisa beata hac&iacute;a unos minutos, parec&iacute;a que &eacute;l estaba probando unos instantes de la m&aacute;s divina gloria, santificado por mi lengua en su sexo. Lo com&iacute;a todito, dedicada y arrecha, le amasaba las bolas y le escuchaba gemir con satisfacci&oacute;n. Sent&iacute;a la mirada del barbudo y, para provocarlo, empec&eacute; a masturbarme en esta posici&oacute;n, en cuatro patas, mir&aacute;ndolo, con la verga de su amigo metida hasta la garganta y dos dedos en mi concha. Se estaba pajeando r&aacute;pidamente, con una mirada nublada por el morbo y la violencia de un deseo irreprimible.<\/p>\n<p>Cerr&eacute; los ojos un segundo para enfocarme en la sensaci&oacute;n que me procuraban mis dedos. En vez de hacerlos entrar y salir de mi sexo, hac&iacute;a lo que m&aacute;s me gusta, los dejaba bien metidos y los mov&iacute;a lentamente adentro, alternando presiones y c&iacute;rculos en esta partecita sensible que algunos llaman el punto G. Sent&iacute; una nueva ola de placer a punto de derramarse entre mis piernas y abr&iacute; los ojos para aguantarme un rato m&aacute;s, sin soltar la verga del rubio que me ocupaba toda la boca.<\/p>\n<p>Vi que el barbudo ya no estaba en el sill&oacute;n y, en este momento, sent&iacute; su lengua recorrer mi culo. Saqu&eacute; mis dedos para dejarlo lamerme, sent&iacute;a su barba contra mis nalgas. Sus gemidos de animal voraz que acaba de probar una carne fresca se mezclaron con los del rubio. &Eacute;l me agarraba las tetas para mantenerme el busto hacia abajo y su verga en la boca, con el culo expuesto a la lengua y a las voluntades del barbudo. Casi me ca&iacute; al sentir tres de sus dedos penetrarme, satisfaciendo mis ganas de sentirme llenada de nuevo. Estaba totalmente a su merced, me arqueaba y avanzaba mi culo hacia &eacute;l para que sus dedos me follaran m&aacute;s fuerte. Me imagino que no pod&iacute;a aguantar mucho m&aacute;s lo que estaba viendo, yo en cuatro, esclava de una pinga que me llenaba la boca y de sus dedos, que ya no eran suficientes. Fueron r&aacute;pidamente reemplazados por su verga dura e hinchada por la deliciosa frustraci&oacute;n que le hab&iacute;a provocado este largo momento de voyerismo. Una de sus manos guiaba mi cadera con fuerza para obligarme a sentarme en su pinga. La otra me agarraba la nalga con el pulgar metido en mi ano en el cual hab&iacute;a procurado escupir copiosamente. Solt&eacute; la verga del rubio para que me la pase en los labios y en la cara, la lam&iacute;a como nunca, llena de saliva y con los ojos cerrados. El barbudo me estaba cachando rico y fuerte, con estos golpes de cadera que le hacen vibrar a uno todo el cuerpo y anuncian la apoteosis. Sent&iacute; el terremoto subir de mis piernas a mi pecho, apret&aacute;ndome el coraz&oacute;n y liber&aacute;ndose en una exquisita explosi&oacute;n entre mis piernas, acompa&ntilde;ada por un gemido ronco y ara&ntilde;ando la s&aacute;bana blanca. Me vine por tercera vez de la noche, entre sus dos vergas, morbosa bajo sus miradas.<\/p>\n<p>No hizo falta ning&uacute;n gesto m&iacute;o para que se retiren, ve&iacute;an que estaba a punto de desmayarme por la violencia del orgasmo que acababa de tener. Les abrac&eacute; sucesivamente, con el cari&ntilde;o apacible y agradecido parecido al que tienen los ni&ntilde;os antes de dormirse. Entend&iacute; que tambi&eacute;n estaban cansados y que no se quedaban frustrados por no haberse venido, estaban plenamente satisfechos con lo que acababa de pasar entre nosotros. Me sonrieron mientras sub&iacute;a las escaleras como una somn&aacute;mbula, jalada por un hilo invisible hacia su cama. Los escuch&eacute; hablar un rato y no pude resistir al sue&ntilde;o, de mala gana, era un desperdicio de las pocas horas que ten&iacute;amos la suerte de compartir.<\/p>\n<p>En un momento de optimismo organizacional, hab&iacute;amos decidido despertarnos a una hora respetable para poder ir a disfrutar de un d&iacute;a en la playa. As&iacute; que son&oacute; el despertador de mi celular a las 10, despu&eacute;s de una noche suficientemente corta para que me parezca que no se hab&iacute;a interrumpido del d&iacute;a anterior. Volvieron a mi mente las im&aacute;genes de lo que hab&iacute;a vivido hac&iacute;a unas escasas horas: la s&aacute;bana blanca, la sonrisa inmensa del rubio, la lengua del barbudo, sus vergas, el deseo, el sudor, mi goce imp&uacute;dico e implacable.<\/p>\n<p>Me sent&iacute;a febril, habitada por una energ&iacute;a extra&ntilde;a pero suficiente vivir todo lo que me ofrec&iacute;a este segundo d&iacute;a, ya quer&iacute;a estar contra sus cuerpos. El barbudo me hab&iacute;a mandado un mensaje antes de dormir: &ldquo;No te acompa&ntilde;&eacute; para que descanses bien, porque no pudiste dormir por m&iacute; antes. Estoy en el cuarto de abajo por si quieres venir&rdquo;. Me emocion&oacute; la invitaci&oacute;n y menos de un minuto despu&eacute;s, le hab&iacute;a alcanzado en la peque&ntilde;a cama que ocupaba. Nos quedamos abrazados un momento, disfrutaba de sentirme acogida de nuevo por su barba suave y el olor de su piel.<\/p>\n<p>Entre excusas y confesi&oacute;n, le dije que iba a ser un d&iacute;a en el cual yo buscar&iacute;a contacto y que de antemano le ped&iacute;a perd&oacute;n por si le pareciera inapropiado.<\/p>\n<p>Lo que me pasaba era m&aacute;s all&aacute; de lo que pod&iacute;a controlar, la energ&iacute;a que sent&iacute;a era como un instinto de supervivencia que me obligada a estar en contacto f&iacute;sico con ellos. Ten&iacute;a la misma sensaci&oacute;n que cuando siento subir una tremenda c&oacute;lera o cuando siento que me estoy enamorando: como si tuviera un &aacute;rbol que creciera en la espalda, desplegando sus ramas hasta mis hombros. Era una sensaci&oacute;n agradable por ser terriblemente fr&aacute;gil, a punto de desaparecer en cualquier instante. Cada caricia del barbudo era una nueva rama que crec&iacute;a. Cuando se par&oacute; para ir a ducharse, el &aacute;rbol y sus ramas desaparecieron, dejando una sombra que me atravesaba el cuerpo.<\/p>\n<p>Mi horror al vac&iacute;o&#8230;<\/p>\n<p>Con m&aacute;s precauciones, me fui a despertar al rubio en la habitaci&oacute;n vecina Me hab&iacute;a puesto un polo y me ech&eacute; p&uacute;dicamente a su lado, regal&aacute;ndole besos suaves en las mejillas y en la frente. Estaba muy feliz de volver a rozar sus rizos y de encontrar de nuevo su sonrisa y su mirada adormecida. El &aacute;rbol empezaba de nuevo a crecer. &ldquo;Lo lamento, pero es altamente probable que sea muy cari&ntilde;osa hoy, contigo y con el barbudo. Si te molesta, no dudes en mandarme a la mierda, s&eacute; que puedo ser pesada cuando necesito contacto&rdquo;. Se rio y me dijo que no le molestaba el cari&ntilde;o, al contrario. Nos besamos sonriendo y tranquilizados, el d&iacute;a se anunciaba hermoso y, como le dije al presionar mi pierna sobre su b&oacute;xer, ten&iacute;amos algo pendiente.<\/p>\n<p>Luchando contra una resaca que no hab&iacute;an atenuado ni el caf&eacute; espeso preparado por el barbudo ni los dulces que hab&iacute;a comprado para desayunar, tomamos un bus para ir a la playa m&aacute;s cerca. Despu&eacute;s de una media hora de ruta, saltamos en el paradero huyendo del calor sofocante del bus lleno. El agua turquesa nos esperaba y, a pesar de la falta de espacio que hab&iacute;a en una rid&iacute;cula lengua de playa p&uacute;blica, conseguimos un sitio para instalar nuestras toallas. Compramos una sombrilla roja de calidad mediocre para evitar que el rubio y yo tom&aacute;ramos un lindo color a cangrejo en menos de media hora bajo el sol siciliano.<\/p>\n<p>El d&iacute;a pas&oacute; r&aacute;pido, entre las cervezas de los vendedores ambulantes y las idas al agua para refrescarnos. Nos re&iacute;mos mucho, fumamos y tomamos. Al final de la tarde, el barbudo se ech&oacute; en su toalla para dormir un rato. Quer&iacute;a recuperar algo de energ&iacute;a para la noche. Yo estaba echada entre los dos, y me mor&iacute;a por estar abrazada por ambos. Acariciaba suavemente el cr&aacute;neo del barbudo y con la otra mano buscaba la del rubio. Hab&iacute;a rozado concienzudamente a los dos todo el d&iacute;a, con mucho pudor y discreci&oacute;n, pero sin miedo y disfrutando sencillamente de poder tocarlos. El barbudo nos dio la espalda con un gemido dormido y feliz, lo abrac&eacute; un rato as&iacute; y me di la vuelta hacia el rubio, dejando una de mis piernas enredada con las de barbudo. &ldquo;Creo que te has quemado horrible a pesar de la sombrilla&rdquo;, le dije al rubio, viendo su pecho enrojecido, y lo bes&eacute; delicadamente con los labios entreabiertos. Nos acercamos un poco m&aacute;s para que se toquen nuestros cuerpos, nos segu&iacute;amos besando con ternura, ten&iacute;a mi pecho contra el suyo. Me imaginaba que la gente que paseaba en la playa se preguntara qu&eacute; mierda &eacute;ramos los tres, empanizados de arena en medio de lo que seguramente parec&iacute;a un cementerio de cervezas. Yo, echada a mitad sobre el pecho del rubio que me abrazaba, bes&aacute;ndolo, mientras mi otro brazo abrazaba al barbudo y le acariciaba. Sent&iacute;a su mano discretamente puesta sobre mi culo y mi pierna entre las suyas. Un nudo humano desordenado y exageradamente feliz, eso &eacute;ramos.<\/p>\n<p>No hace falta decir que, con el rubio, no conseguimos dormir ni un minuto. Al besarnos, hab&iacute;amos vuelto a abrir la cajita de Pandora y las ganas rec&iacute;procas se pusieron r&aacute;pidamente insoportables, cuando recordamos lo que quedaba pendiente entre nosotros. Felizmente, no se notaba con mi ba&ntilde;ador negro, pero me estaba mojando a medida que su verga se endurec&iacute;a contra mi barriga, sent&iacute;a mi pulso cardiaco latir en mi cl&iacute;toris. La situaci&oacute;n me excitaba mucho, nos est&aacute;bamos calentando mutuamente casi sin movimiento, tratando de mantener contundencia y discreci&oacute;n en esta playa frecuentada. S&oacute;lo se trataba de presiones en las zonas m&aacute;s sensibles, de respiros un poco m&aacute;s hondos, de una lengua que se pon&iacute;a m&aacute;s atrevida y lamia la otra en un beso h&uacute;medo. El barbudo, que seguramente tiene un sexto sentido para percibir la arrechura a kil&oacute;metros de distancia, se hab&iacute;a puesto boca arriba e hizo pasar mi mano en su entrepierna. Sent&iacute; su verga dura con delicia. Los tres est&aacute;bamos de nuevo conectados y morbosos, probablemente con las mismas ideas. Ten&iacute;a ganas de besarlos juntos, de escupir sobre sus vergas y masturbarlos, all&iacute; mismo, frente al mar.<\/p>\n<p>Respiraba hondo, mi mano era inm&oacute;vil en la ingle del barbudo, rozando su verga a trav&eacute;s de su short, la otra apretaba la mano del rubio. Quer&iacute;a que me cacharan por turnos, que me dejaran siempre con una pinga metida en la concha o en la boca, quer&iacute;a lamerlos de nuevo, mojarme sin verg&uuml;enza y que vieran como chorreaba por ellos hasta la mitad de mis muslos. Cerr&eacute; los ojos, ten&iacute;a la mejilla pegada a la del rubio, &ldquo;No puedo m&aacute;s, tengo demasiadas ganas&rdquo;, le dije, y suspir&oacute; un &ldquo;Yo tambi&eacute;n&rdquo; que sonaba como una s&uacute;plica. Era verdad que &eacute;l no se hab&iacute;a venido el d&iacute;a de antes. Lo sent&iacute;a tan tenso que estaba segura de que un par de lenguazos hubieran bastado para que me llene la boca de semen. Estaba tan arrecha que me sent&iacute;a dispuesta a franquear el &uacute;ltimo paso que nos faltaba para llegar al colmo. Ya le hab&iacute;a dicho al barbudo que a veces hab&iacute;a tenido ganas que me la meta por el culo.<\/p>\n<p>En este momento, la excitaci&oacute;n era tan fuerte que quer&iacute;a sentirlo all&iacute; mientras el rubio me cachara. Me imaginaba esta sensaci&oacute;n de estar totalmente llenada, con dos vergas movi&eacute;ndose suavemente dentro de m&iacute;. Creo que no aguantar&iacute;a medio minuto antes de venirme, por lo rico de sentir mi culo abrirse a medida que le sexo del barbudo avanzar&iacute;a en &eacute;l, con el rubio clavado en mi concha. Temblaba de ganas, literalmente, torturada por mi entrepierna y las im&aacute;genes obscenas que ten&iacute;a, escuchando los respiros r&aacute;pidos del rubio. El barbudo, aparentemente m&aacute;s resistente a la frustraci&oacute;n que nosotros, se sent&oacute; en su toalla, bostezando y estirando los brazos, jugando al que acababa de despertarse. Yo quer&iacute;a regresar al departamento en seguida o encontrar un ba&ntilde;o p&uacute;blico o cualquier sitio para masturbarme y relajar algo la tensi&oacute;n sexual que sent&iacute;a. Pero ten&iacute;a que aguantarme un poquito todav&iacute;a.<\/p>\n<p>Encontr&eacute; un poco de calma quitando la arena de mi toalla y buscando mi ropa para vestirme. Como era todav&iacute;a temprano, decidimos quedarnos para seguir disfrutando del ambiente playero y caminamos en el paseo que bordaba el mar. En una placita, nos sentamos en la terraza improvisada de la tienda de vinos, quesos y fiambres, donde atend&iacute;a una pareja de ancianos. Pedimos piqueos y vino, eso era exactamente lo que quer&iacute;amos para empezar la noche.<\/p>\n<p>Regresamos al centro de la ciudad en taxi, cantando y riendo. Todo era perfecto. La fatiga no se sent&iacute;a tanto, hab&iacute;a sido reemplazada por la excitaci&oacute;n de la noche que empezaba, sin&oacute;nimo de fiesta, de tragos y de sexo para los tres.<\/p>\n<p>Apenas llegados al departamento, me fui a ducharme. Dej&eacute; la puerta del ba&ntilde;o entreabierta, para indicar claramente que estaba dispuesta a compartir el agua, el jab&oacute;n y mi culo con el que no hubiera podido esperar que yo terminara para ba&ntilde;arse.<\/p>\n<p>Siempre me encantaron las duchas despu&eacute;s de la playa, cuando siento el agua caer en mi piel c&aacute;lida, llena de sol y de sal, y que paso mis manos en mis brazos, en mi pecho y en mis piernas para quitarme la arena. Mi mano se deslizaba en mi piel dejando una estela de min&uacute;sculas burbujas de jab&oacute;n, pasaba mis dedos entre los labios de mi vagina y entre mis nalgas. Empec&eacute; a jugar con mi cl&iacute;toris, me excitaba que el rubio y el barbudo estuvieran justo al lado y que los hubiera bastado mirar por la abertura de la puerta para ver que me estaba tocando. Como no quer&iacute;a venirme solita, o por lo menos sin espectadores, termin&eacute; mi ducha con agua fr&iacute;a para calmarme. Me sequ&eacute; y puse un calz&oacute;n limpio que en seguida se peg&oacute; a mi sexo, ajust&aacute;ndose a mis labios. No dejaba de mojarme a pesar de los escalofr&iacute;os que me hab&iacute;an provocado el agua helada. Sal&iacute; del ba&ntilde;o enrollada en una toalla, dejando el sitio al rubio que parec&iacute;a apurado. Me qued&eacute; sentada en el sof&aacute; un rato mientras el barbudo armaba un porro.<\/p>\n<p>&ldquo;Tengo que arregl&aacute;rmelas antes de salir, estoy demasiado arrecha, no me puedo quedar as&iacute;&rdquo;, le dije. No escuch&eacute; lo que me contest&oacute;, el rubio acababa de cortar el agua de la ducha. Corr&iacute; hasta el ba&ntilde;o, toqu&eacute; la puerta. &ldquo;Pasa, pasa&rdquo;, me dijo en medio de una neblina olor a jab&oacute;n. Estaba todav&iacute;a mojado y s&oacute;lo llevaba su toalla en la cintura. Me acerqu&eacute; y lo abrac&eacute;, amasando su espalda con fuerza. Levant&eacute; la cara para encontrar sus labios y nos empezamos a besar, con ternura, al inicio, y r&aacute;pidamente como dos muertos de hambre que se quisieran devorar. &ldquo;Tenemos algo pendiente&rdquo;, susurr&eacute;. &ldquo;Es cierto&rdquo;, me contest&oacute; mientras se ca&iacute;a su toalla en el piso. Me puse de rodillas para chuparlo, agarr&aacute;ndole las nalgas. Su verga estaba a&uacute;n m&aacute;s dura e hinchada que el d&iacute;a anterior. El final de la tarde en la playa nos hab&iacute;a dejado con una frustraci&oacute;n sexual intensa a la cual est&aacute;bamos a punto de remediar. Me tragaba su sexo con gula y satisfacci&oacute;n, por fin me volv&iacute;a a llenar la boca. No tuve mucho tiempo para disfrutarlo as&iacute; porque me levant&oacute; r&aacute;pidamente y me volte&oacute;. Apoyada contra la pared, al lado de la puerta que no hab&iacute;amos cerrado, me puse de puntillas para estar a la altura de sus caderas y abr&iacute; las piernas, present&aacute;ndole mi culo para que me cache. Sent&iacute; su cabeza en mi hombro, y me penetr&oacute; de una vez, avanzando inexorablemente en mi concha c&aacute;lida y h&uacute;meda. Contuvo un gemido fuerte y me abraz&oacute;, agarrando mis tetas. Sus idas y venidas lentas me procuraban un placer intenso, no iba a poder aguantar mucho tiempo. Ech&oacute; su busto un poco atr&aacute;s, como para tomar impulso. Sus manos bajaron hacia mis caderas y las alejaron de las suyas. Sent&iacute; su verga que se retiraba, d&aacute;ndome una intensa e inaguantable sensaci&oacute;n de vac&iacute;o y de frustraci&oacute;n.<\/p>\n<p>T&uacute; tambi&eacute;n s&iacute; sabes&hellip;<\/p>\n<p>No quedaba nada del rubio t&iacute;mido que parec&iacute;a la primera vez que lo hab&iacute;a visto. Ya empezaba a jugar tambi&eacute;n conmigo. Se qued&oacute; unos segundos justo en la entrada de mi vagina, con la punta apenas metida. &ldquo;Por favor&rdquo;, gem&iacute;. Le estaba rogando para que me llene de nuevo. Como si esperara que se le pida, me la meti&oacute; de golpe. Empez&oacute; a cacharme con fuerza, sus caderas chocaban contra mi culo con un chasquido que seguramente arrechaba al barbudo que estaba a unos metros. Yo apretaba la palma de mi mano en mi cl&iacute;toris y me agarraba todita as&iacute;, dejando la verga del rubio pasar entre dos de mis dedos. Con la presi&oacute;n de mi mano e imaginando al barbudo masturbarse al escucharnos, me bast&oacute; un golpe de cadera m&aacute;s fuerte del rubio para que me viniera, mordi&eacute;ndome el labio para contener un grito. Hab&iacute;a esperado eso todo el d&iacute;a.<\/p>\n<p>Me fallaron las piernas y el rubio me abraz&oacute;. Me di la vuelta para mirarlo y besarlo. &ldquo;Qu&eacute; rico, carajo&hellip;&rdquo;, le dije, contestando a la inmensa sonrisa que iluminaba su cara.<\/p>\n<p>Lo quer&iacute;a hacer venir, me obsesionaba y me excitaba demasiado la idea de verlo en este momento. Hasta hubiera dejado de lado mi afici&oacute;n para la felaci&oacute;n y las ganas que me la meta para corr&eacute;rsela, enfocarme en &eacute;l y disfrutar plenamente de su placer que hubiera brotado en mi mano y que me hubiera apurado lamer, encantada.<\/p>\n<p>Con dos dedos, le empec&eacute; a acariciar ligeramente la verga. Su sonrisa desapareci&oacute; y cerr&oacute; los ojos. Segu&iacute;a perfectamente dura y parada, la agarr&eacute; con m&aacute;s firmeza para masturbarlo. Me hab&iacute;a mojado tanto al venirme que su sexo estaba todav&iacute;a bien lubricado y lo hac&iacute;a correr en mi mano m&aacute;s y m&aacute;s r&aacute;pidamente. Este sonido h&uacute;medo de masturbaci&oacute;n y la dureza de su verga me volvieron a calentar. &ldquo;Mejor vamos a tu cuarto, &iquest;no?&rdquo;, le pregunt&eacute;, y cruzamos en seguida el pasillo para entrar en la peque&ntilde;a habitaci&oacute;n que estaba al frente.<\/p>\n<p>Nos tiramos en la cama que estaba de frente a la puerta, que hab&iacute;amos dejado completamente abierta. Yo esperaba que el barbudo se uniera a nosotros. Sab&iacute;a que no se perd&iacute;a nada de lo que estaba pasando y que probablemente la ten&iacute;a tan parada como el rubio. Me sub&iacute; encima de &eacute;l, dando la espalda a la puerta y el rubio no me dej&oacute; el tiempo de chuparlo, agarr&oacute; su verga y la present&oacute; en la entrada de mi vagina. Sent&iacute; con delicia como me volv&iacute;a a penetrar lentamente. Una rica descarga el&eacute;ctrica me recorri&oacute; la espalda y baj&eacute; poco a poco mis caderas para sentarme completamente en &eacute;l y que entre totalmente. Empec&eacute; a moverme lentamente, con las piernas lo m&aacute;s abierto que pueda, para tenerlo lo m&aacute;s profundo posible. Me miraba a los ojos, ya estaba empezando a not&aacute;rselo el vicio y me encantaba.<\/p>\n<p>Como no me hab&iacute;a dejado usar mi lengua y quedaba con ganas de tener algo en la boca, tom&eacute; dos de sus dedos para lamerlos y chuparlos. Sosten&iacute;a su mirada mientras jugaba con sus dedos como si hubiera sido su verga. Sent&iacute; que se arrechaba m&aacute;s a&uacute;n al verme as&iacute; y empez&oacute; a moverse m&aacute;s, levantaba sus caderas y ya era &eacute;l que daba el ritmo. Sus dedos entraban y sal&iacute;an de mi boca, como si me la estuviera cachando. Jugaba con mi lengua, recog&iacute;a la saliva que chorreaba en mi barbilla con su pulgar y me la esparc&iacute;a en los labios, morboso. Este juego me excitaba, sab&iacute;a que se me ve&iacute;a muy zorra as&iacute; y me gustaba compartir esta lujuria con el rubio. Me estaba mojando hasta el ano y me sobaba sin pudor en su pubis. Me quito sus dedos de la boca para agarrarme las caderas y moverse m&aacute;s r&aacute;pido. Me ten&iacute;a tan pegada a &eacute;l que la fricci&oacute;n h&uacute;meda contra mi cl&iacute;toris se volvi&oacute; r&aacute;pidamente inaguantable. Todo su cuerpo se tensaba, sus idas y venidas fuertes y constantes se pon&iacute;an m&aacute;s y m&aacute;s r&aacute;pidas. &ldquo;Voy a venirme de nuevo&rdquo;, le dije, ya no conten&iacute;a mis gemidos. &ldquo;Yo tambi&eacute;n&hellip;&rdquo;, me contest&oacute; entre dos respiros hondos y entrecortados. Di un profundo y fuerte movimiento de caderas para sentirlo m&aacute;s fuerte al momento de llegar al orgasmo. Acompa&ntilde;ada por un delicioso terremoto en todo mi cuerpo, mi vagina apret&oacute; su verga que sent&iacute; contraerse mientras gem&iacute;a con los ojos cerrados y que me llenaba de leche. Qu&eacute; guapo era al venirse este huev&oacute;n. El goce le iba de maravilla, le daba a su cara esta incre&iacute;ble expresi&oacute;n que algunos tienen al momento de venirse y que es casi imposible distinguir de un gesto de dolor.<\/p>\n<p>A nuestros gemidos de goce se a&ntilde;adi&oacute; un &ldquo;Ah&hellip;&rdquo; satisfecho que ven&iacute;a de la puerta. El rubio se rio mirando detr&aacute;s de m&iacute;. Me di la vuelta y descubr&iacute; al barbudo que hab&iacute;a instalado el sill&oacute;n en la entrada del cuarto para mirarnos y corr&eacute;rsela. &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; rico, se vinieron juntos!&rdquo;, nos dijo con una mirada p&iacute;cara, dejando un segundo su hermosa costumbre de morderse el labio.<\/p>\n<p>&hellip; me entrego a ti y prometo serte fiel en lo pr&oacute;spero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, y as&iacute; amarte y respetarte&hellip;<\/p>\n<p>&ldquo;No quise interrumpirlos y para estar m&aacute;s comodito, me traje el sill&oacute;n ac&aacute;&rdquo;, nos dijo el barbudo, guardando tranquilamente su sexo en su b&oacute;xer. Nos re&iacute;mos los tres, en este preciso momento, la vida era sencilla y perfecta.<\/p>\n<p>Nos vestimos y salimos para encontrarnos con una chica que hab&iacute;an conocido un par de d&iacute;as antes en un bar. La noche fue linda, la chica nos present&oacute; a sus amigos, acogedores y chistosos. Tomamos felices y con momentos de cari&ntilde;o ligero, una mano en la cintura, un abrazo largo, todos experimentamos un bienestar calmo y continuo a pesar de los tragos y del ambiente de fiesta. Mientras la chica nos hab&iacute;a invitado a seguirla a una fiesta en el departamento de uno de sus amigos, me di cuenta que apenas me quedaban unas horas antes de volver al aeropuerto. No sab&iacute;a cu&aacute;ndo iba a volver a ver al barbudo y esta vez, necesitaba estar segura que entendiera. Le di un beso en la mejilla al rubio que me abrazada en el sof&aacute; de la inmensa sala del departamento burgu&eacute;s en el cual est&aacute;bamos terminando la noche y me fui a sentar al lado del barbudo, dedicado a preparar un porro. Desde el d&iacute;a anterior, estaba pensando en lo que me hab&iacute;a dicho acerca de mi atracci&oacute;n para &eacute;l. A pesar de que hab&iacute;amos compartido la m&aacute;s grande intimidad f&iacute;sica, tem&iacute;a todav&iacute;a hablarle de sentimientos. Me atrev&iacute;, por fin. &ldquo;Tengo que decirte algo. Cuando ayer me dijiste que no entend&iacute;as c&oacute;mo pod&iacute;a ser que me arrechara contigo, supuestamente gordo, calvo y morboso, pues ahora que termina el fin de semana y que ya no tengo miedo de c&oacute;mo va a pasar, te voy a contestar.&rdquo; Tom&eacute; un momento para inspirar, me lat&iacute;a el coraz&oacute;n tanto como para un primer amor de colegio. &ldquo;Barbudo, estoy profundamente enamorada de ti, eso no cambi&oacute; desde hace a&ntilde;os. No s&eacute; por qu&eacute; te amo, es as&iacute;, nada m&aacute;s. No te pido nada, s&oacute;lo que no lo olvidas. Es incondicional y no va a cambiar a pesar de que sigamos nuestras respectivas vidas o que no nos veamos durante a&ntilde;os.&rdquo;<\/p>\n<p>&ldquo;Lo s&eacute;, Bellota, lo s&eacute;&rdquo;, y me abraz&oacute;, agradecido.<\/p>\n<p>Pas&eacute; las &uacute;ltimas horas antes de que llegara mi taxi durmiendo, abrazada por los dos en el sof&aacute; cama que hab&iacute;a acogido nuestras fantas&iacute;as. Seguramente las paredes centenarias de este departamento antiguo nunca hab&iacute;an visto a tres personas quererse tanto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 22<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Hab&iacute;a sido un largo e intenso d&iacute;a. 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