{"id":32923,"date":"2021-12-12T23:00:00","date_gmt":"2021-12-12T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-12-12T23:00:00","modified_gmt":"2021-12-12T23:00:00","slug":"memorias-de-africa-ix","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/memorias-de-africa-ix\/","title":{"rendered":"Memorias de \u00c1frica (IX)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"32923\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Los d&iacute;as en los que me apetec&iacute;a estar sola o metida en mis pensamientos, me dedicaba a observar la manera en que se organizaba aquella tribu. La mayor&iacute;a de los d&iacute;as los hombres se ausentaban y no sab&iacute;a d&oacute;nde se met&iacute;an hasta la tarde. Tengo que aclarar que sin reloj y sin ninguno de los artefactos modernos que condicionan nuestra vida, perd&iacute; por completo la noci&oacute;n del tiempo que llevaba entre aquella gente. Aprend&iacute; a interpretar el paso del d&iacute;a fij&aacute;ndome en el sol. Com&iacute;a cuando ten&iacute;a hambre y dorm&iacute;a cuando ten&iacute;a sue&ntilde;o. No ca&iacute; en el detalle de que deb&iacute;amos estar cerca del mar, a pesar de que en mi dieta hab&iacute;a pescado y algo de marisco, hasta que un d&iacute;a estando sentada en la puerta de mi caba&ntilde;a vi regresar a un grupo de hombres con un par de pescados de buen tama&ntilde;o. Me acerqu&eacute; al grupo y con una concha de lo que en Canarias conocemos como lapas y mediante gestos, les pregunt&eacute; a los hombres y a Lila que estaba por all&iacute;, de d&oacute;nde tra&iacute;an esas cosas de comer. Me se&ntilde;alaron con la mano como diciendo &ldquo;por all&iacute;&rdquo;, pero eso y nada fue lo mismo, yo s&oacute;lo ve&iacute;a selva. Cog&iacute; de la mano a Lila y tirando de ella le hice ver que quer&iacute;a que me llevara. Se&ntilde;alando al sol y con gestos entend&iacute; que se acercaba la noche y no era posible, por lo que opt&eacute; por dejarlo para el d&iacute;a siguiente. Estaba ilusionada, ya ten&iacute;a actividad para el d&iacute;a siguiente. Aquella tribu desconoc&iacute;a los metales, sus herramientas eran piedras y maderas, por lo tanto, sus utensilios para comer eran bastante pobres. Ech&eacute; de menos una plancha, un caldero o alguna herramienta donde poder hacer unas comidas m&aacute;s elaboradas, pero con el paso del tiempo me acostumbr&eacute; no s&oacute;lo al tipo de comida, sino a ser menos exigente con sabores y texturas.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente despu&eacute;s de comer algo para desayunar, y preparar algunas provisiones para el camino, sal&iacute; con algunos hombres, Aifon, Lila y algunas chicas m&aacute;s en busca de ese sitio privilegiado donde pescaban. Caminamos bastante rato por la espesura, haciendo un par de paradas para beber o descansar un poco. Hac&iacute;a un calor bochornoso, y ten&iacute;a el cuerpo empapado en sudor. Por un momento me arrepent&iacute; de haber preguntado nada y de meterme en aquella aventura. Cuando nos acerc&aacute;bamos al final de la caminata, pude o&iacute;r el sonido de las olas y la selva se fue haciendo menos densa, hasta llegar a una playa de arena blanca y ante m&iacute; se abri&oacute; el mar. La playa no era muy grande, no creo que de punta a punta hubiera m&aacute;s de ciento cincuenta o doscientos metros, los &aacute;rboles llegaban en alguna parte casi hasta la orilla, ten&iacute;a forma de media luna y en uno de sus extremos un acantilado no muy grande. El agua era clara y las olas muy suaves. La arena blanca como ya dije, pero en uno de los extremos de la playa hab&iacute;a bastante suciedad, botellas de pl&aacute;stico, trozos de lo que en su d&iacute;a pudo ser una red, maderas, hasta una camiseta negra descolorida con el logo de Carolina Herrera. La levant&eacute; en el aire y me la puse encima para prob&aacute;rmela pensando si esa se&ntilde;ora sabr&iacute;a que en este lugar apartado del mundo, hab&iacute;a una prenda suya, o una imitaci&oacute;n, vayan ustedes a saber. Aun as&iacute; la cog&iacute; por si acaso y busqu&eacute; cosas que pudiera aprovechar. Me acord&eacute; de Tom Hanks en la pel&iacute;cula &ldquo;N&aacute;ufrago&rdquo;,<\/p>\n<p>-Hay que joderse, &#8211; dije en voz alta, &#8211; est&aacute; claro que las pelis son una mierda.<\/p>\n<p>Mientras yo me afanaba en mi labor de chatarrera, los hombres se hab&iacute;an metido en el agua con sus palos afilados y unas cestas hechas a mano supongo que para mantener los peces vivos hasta llegar el momento de volver al poblado. Lila, Aifon y el resto de chicas me segu&iacute;an sin perder detalle de lo que hac&iacute;a y ense&ntilde;&aacute;ndome cualquier basura como suponiendo que aquello pudiera tener alg&uacute;n valor para m&iacute;. Dej&eacute; de buscar cuando me convenc&iacute; de que aparte de ser unos verdaderos cerdos por tirar todo tipo de basura al mar, all&iacute; no hab&iacute;a nada que aprovechar. Caminamos hasta llegar casi al centro de esa cala solitaria y me sent&eacute; en la arena con las piernas encogidas, la cabeza apoyada en las rodillas, y pensando de nuevo c&oacute;mo demonios hab&iacute;a podido yo llegar a esa situaci&oacute;n. A medida que me acostumbraba a vivir con aquellos ind&iacute;genas y me sent&iacute;a m&aacute;s acogida y aceptada por ellos, mis amigos, mi familia, mi casa, mi ciudad, todo mi mundo, se hicieron cada vez m&aacute;s borrosos pero eso no quitaba que de vez en cuando pensara en ello. A ratos necesitaba imaginar todo eso para no perderlos de vista, y aqu&eacute;l fue uno de esos momentos. &rdquo;Esto es una mierda joder&rdquo;, dije en voz alta mientras me levantaba y me fui hacia las rocas del acantilado. Me distraje cogiendo lo que yo supon&iacute;a que eran las lapas que hab&iacute;a en Canarias. Us&eacute; la camiseta como un saco y cog&iacute; una buena cantidad. Volv&iacute; a sentarme donde estaba antes; las chicas no se hab&iacute;an movido de all&iacute;. Estaban hablando entre ellas, imagin&eacute; que sobre m&iacute;, que parec&iacute;a triste sin saber los motivos.<\/p>\n<p>-&iquest;Ya me est&aacute;is criticando jod&iacute;as por saco? -les dije sabiendo que me iban a entender.<\/p>\n<p>Dej&eacute; la camiseta enrollada en la arena y me fui hacia el agua. Record&eacute; los d&iacute;as de playa en Maspalomas y en Playa La Arena, las playas nudistas donde sol&iacute;a ir. Me quit&eacute; el taparrabo y me met&iacute; en el agua. Los hombres segu&iacute;an en lo suyo, ten&iacute;an ya cogidos un par de peces medianos que me parecieron viejas, una especie de pescado que hay en Canarias y que es muy sabroso. Las chicas se quedaron en la playa y s&oacute;lo Aifon se meti&oacute; en el agua despu&eacute;s detr&aacute;s de m&iacute;. Aquellos ind&iacute;genas no ten&iacute;an gestos cari&ntilde;osos, en su cultura no entend&iacute;an lo que significaba un abrazo o una caricia. Por eso, cuando me acerqu&eacute; a la espalda de Aifon y la abrac&eacute; por detr&aacute;s pegando mi pecho contra su espalda, gir&oacute; su cabeza y con un gesto extra&ntilde;o me mir&oacute;. Supongo que estar&iacute;a pensando &ldquo;&iquest;pero qu&eacute; haces t&iacute;a?&rdquo;, no obstante no hizo lo m&aacute;s m&iacute;nimo por separarse de m&iacute;, lo que interpret&eacute; como que le gustaba descubrir que los seres humanos que ven&iacute;amos de otras tierras lejanas, tambi&eacute;n sab&iacute;amos c&oacute;mo agradar aunque fuera de otra manera. Apoy&eacute; mi barbilla en su hombro sintiendo el roce de la piel de su espalda en mis pechos. Le acarici&eacute; la piel del cuello con mis labios y eso la hizo estremecer. El que ladeara su cabeza para dejar m&aacute;s parte del su cuello expuesto me hizo re&iacute;r, y al o&iacute;do le dije:<\/p>\n<p>-Cabrona, &iquest;te gusta esto eh?<\/p>\n<p>Su respuesta no la entend&iacute;, pero di por supuesto un &ldquo;si&rdquo;, por lo que el siguiente paso fue mordisquearle la oreja.<\/p>\n<p>-&iquest;Y si adem&aacute;s te hago esto? -le pregunt&eacute; al mismo tiempo que con mi mano llegaba hasta su sexo.<\/p>\n<p>Respuesta ininteligible de nuevo. Llegu&eacute; hasta su cl&iacute;toris y dio un leve sobresalto, y ya sin pedir permiso met&iacute; mi dedo coraz&oacute;n en su co&ntilde;o. El tiempo justo para excitarla, pero sin finalizar, t&uacute; me azotaste y yo te dejo a medias, ese es mi castigo. Y as&iacute; estuvimos jugando al rat&oacute;n y al gato, hasta que los hombres salieron del agua con las cestas llenas. Por la posici&oacute;n del sol deb&iacute;a ser poco m&aacute;s del mediod&iacute;a pero no vi movimientos que me hicieran pensar que volv&iacute;amos al poblado. Hasta que se hizo la hora de volver, dedicamos el tiempo a quitar escamas de pescado con unas piedras afiladas, y quitar los intestinos de la misma manera que hacemos en la parte civilizada del mundo, todo eso combinado con momentos de charla, descanso, y alg&uacute;n ba&ntilde;o en el mar. Regresamos al poblado todav&iacute;a con la luz del sol y mientras los hombres dejaban el pescado y el resto de cosas cerca del fuego que hab&iacute;an hecho las mujeres, yo me fui a mi caba&ntilde;a. Despu&eacute;s de que &ldquo;mis chicas&rdquo; me lavaran y asearan, salimos al centro del poblado y las ayud&eacute; a preparar la suculenta cena.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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