{"id":32935,"date":"2021-12-14T23:00:00","date_gmt":"2021-12-14T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-12-14T23:00:00","modified_gmt":"2021-12-14T23:00:00","slug":"mariluz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/mariluz\/","title":{"rendered":"Mariluz"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"32935\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Regresamos con mi esposa a la ciudad que por muchos a&ntilde;os nos alberg&oacute;, principalmente para visitar viejas amistades y reconocer lo que una vez fue nuestro hogar. Volver all&iacute;, sin embargo, supuso revivir experiencias, aventuras y complicidades que marcaron nuestras vidas. Nuestra curiosidad por dar rienda suelta a nuestra sexualidad empez&oacute; en ese lugar y cada lugar recorrido trajo a nuestras mentes esas excitantes vivencias.<\/p>\n<p>Est&aacute;bamos caminando por el centro de la ciudad y, de pronto, en medio de la multitud que caminaba por la otra acera, la vi: Mariluz. Ella estaba distra&iacute;da y no repar&oacute; en nosotros. Hemos cambiado bastante desde la &uacute;ltima vez, as&iacute; que era comprensible que no nos hubi&eacute;semos reconocido f&aacute;cilmente en medio del gent&iacute;o. Verla a ella, entonces, fue recordar nuestra historia en com&uacute;n.<\/p>\n<p>Trabaj&aacute;bamos con Mariluz en el mismo lugar. Ella era secretaria y depart&iacute;a no solo conmigo sino con muchas otras personas, hombres principalmente. Y trat&aacute;ndose de una muchacha joven y bastante atractiva, ten&iacute;a muchos admiradores y pretendientes. Lo que capturaba nuestra atenci&oacute;n eran sus enormes senos, unas caderas proporcionadas y unas esbeltas piernas. Su cabello era negro azabache y dispon&iacute;a de una sonrisa permanente en su rostro y una conversaci&oacute;n muy agradable. Era muy f&aacute;cil entablar relaci&oacute;n con ella.<\/p>\n<p>En muchas ocasiones brome&aacute;bamos con ella, expresando frases de doble sentido detr&aacute;s de las cuales hac&iacute;amos evidente nuestras intenciones de tener alg&uacute;n tipo de v&iacute;nculo m&aacute;s all&aacute; de lo laboral. Para acabar de completar, ella se arreglaba muy coqueta y su actuar era sensualmente insinuante, as&iacute; que m&aacute;s de uno, no lo dudo, quiz&aacute; le propuso pasar de las palabras y las insinuaciones a la acci&oacute;n. Ella se sorprend&iacute;a con nuestras manifestaciones, las rechazaba, pero parec&iacute;a gustarle y disfrutar con esas situaciones.<\/p>\n<p>Con el paso del tiempo decidi&oacute; conformar una familia y se cas&oacute;. En su nueva condici&oacute;n, claro, manten&iacute;amos la distancia para no generar situaciones inc&oacute;modas o llegar a molestarla. Pero, en mi caso, conversando con ella de temas personales, pronto me di cuenta que su compromiso se dio de manera forzada y como una forma de salir de su casa y evadir situaciones que le resultaban inaguantables. En fin, parec&iacute;a no disfrutar su matrimonio. No obstante, con su esposo, tuvo dos hijas.<\/p>\n<p>Con el paso del tiempo y la convivencia propia en lo laboral, ella tuvo la oportunidad de verme instruyendo a personal subalterno sobre la naturaleza de las relaciones humanas y se interes&oacute; porque yo le hablar&aacute; m&aacute;s sobre esos temas y le aclarar&aacute; m&uacute;ltiples preguntas. Esa proximidad propici&oacute; una relaci&oacute;n mucho m&aacute;s cercana y de confianza, as&iacute; que, m&aacute;s temprano que tarde, nuestra compa&ntilde;&iacute;a se hizo un h&aacute;bito. Todos los d&iacute;as nos encontr&aacute;bamos y todos los d&iacute;as hab&iacute;a una curiosidad para satisfacer. Y, de tanta proximidad, poco a poco nos hicimos imprescindibles el uno para el otro. Ella, sin embargo, manten&iacute;a la distancia y el respeto propio de subalterno a jefe.<\/p>\n<p>Fui yo quien, con el paso del tiempo, sent&iacute; la necesidad de expresarle mi admiraci&oacute;n y reconocimiento por su dedicaci&oacute;n al trabajo. Pero en alg&uacute;n momento le escrib&iacute; una carta donde le manifestaba abiertamente los sentimientos que ella me despertaba y mi gusto por permanecer junto a ella el mayor tiempo posible. Y esa declaraci&oacute;n, en definitiva, cambi&oacute; totalmente el sentido de la relaci&oacute;n. A partir de ese momento su actitud hacia mi fue diferente. El compartir lo laboral y lo personal llev&oacute; a compenetrarnos muy &iacute;ntimamente y creo que, la verdad, la amistad fue m&aacute;s all&aacute; y de alguna manera nos enamoramos.<\/p>\n<p>Y, en esa nueva t&oacute;nica, continu&oacute; nuestra relaci&oacute;n. Nuestra comunicaci&oacute;n se volvi&oacute; m&aacute;s espont&aacute;nea, abandonando la rigidez de las formas entre jefe y subalterna. Ella empez&oacute; a ejercer su feminidad abiertamente y ejercer su rol como mujer de manera evidente; se preocupaba por recordar mi agenda, por excusarme de antemano cuando era necesario, por atenderme con un caf&eacute; en los descansos, tal vez buscando la oportunidad de estar juntos con mayor frecuencia. En esos instantes nos olvid&aacute;bamos del trabajo y convers&aacute;bamos.<\/p>\n<p>Yo puse mi atenci&oacute;n en ella y mi inter&eacute;s estuvo orientado a procurar que ella progresara en lo personal, en lo social, en lo profesional y hasta en lo espiritual. Como resultado, ella promov&iacute;a frecuentes espacios de conversaci&oacute;n, que nos llevaron a pasar largas horas de conversaci&oacute;n, principalmente dirigidas a que ella manejara de mejor manera su vida. Y, claro, esa intimidad llev&oacute; a que se despertara la curiosidad por explorar de todo. Hab&iacute;a confianza, s&iacute;, pero se sab&iacute;a que hab&iacute;a limitaciones que imped&iacute;an que los alcances de la relaci&oacute;n se desbordaran para satisfacer las necesidades de uno y otro.<\/p>\n<p>Ella despertaba en m&iacute; el deseo de aproximarme, acariciarla, besarla y poseerla, pero la relaci&oacute;n laboral parec&iacute;a interponer distancia para no incurrir en conductas inapropiadas y, menos a&uacute;n, exponernos a ser vistos y ser materia de rumores y chismes, aunque, para aquel momento, yo creer&iacute;a que ya muchos sospechaban que algo hab&iacute;a entre los dos as&iacute; no hubiese existido ning&uacute;n tipo de contacto. Ese proceso, tal vez lento, propici&oacute; que el deseo de compartirnos f&iacute;sicamente fuera m&aacute;s intenso y que la oportunidad se diera en cualquier momento.<\/p>\n<p>Parte de su trabajo inclu&iacute;a el manejo del inventario de un almac&eacute;n de componentes aeron&aacute;uticos, de modo que todas las ma&ntilde;anas se encerraba all&iacute; para actualizar las existencias de acuerdo a las entradas y salidas que se hab&iacute;an producido el d&iacute;a anterior. Yo pasaba a saludarla y preguntarle si requer&iacute;a alg&uacute;n tipo de apoyo y siempre surg&iacute;a all&iacute; alguna pregunta o alg&uacute;n comentario que hac&iacute;a necesario que nos reuni&eacute;ramos a comentar sobre el particular, lo cual hac&iacute;amos en las horas de la tarde, ya muy pr&oacute;ximos a la hora de salida.<\/p>\n<p>Y fue all&iacute;, en ese almac&eacute;n, donde, en alguna ocasi&oacute;n, ella se atrevi&oacute; a aproximarse a m&iacute; y darme un beso en la boca. Y fue un beso raro, porque ella apret&oacute; sus labios contra los m&iacute;os, pero su boca permaneci&oacute; cerrada y nunca nuestras lenguas se tocaron. Yo no forc&eacute; nada y permit&iacute; que ella me abordara a su manera. Me dio la impresi&oacute;n de que nunca antes hab&iacute;a besado a alguien como yo lo conoc&iacute;a. Y qued&eacute; con la duda. &iquest;Ser&iacute;a que su aproximaci&oacute;n fue muy t&iacute;mida y no quiso que yo pensara mal de ella? O, de verdad, &iquest;Ser&iacute;a que ella no hab&iacute;a experimentado un beso de verdad? Me caus&oacute; curiosidad aquello porque siendo una mujer casada, y con dos hijas, pens&eacute; que ella sab&iacute;a c&oacute;mo comportarse con un macho.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de aquello los saludos en aquel almac&eacute;n, a solas y distantes de cualquier mirada curiosa, se volvieron frecuentes. El beso, ese beso, se volvi&oacute; un h&aacute;bito, y jam&aacute;s me atrev&iacute; a mostrar sorpresa. Por el contrario, le hac&iacute;a ver mi profundo agrado y satisfacci&oacute;n por aquella caricia, y nunca mostr&eacute; desagrado o rechazo. Y trat&eacute; de ser considerado y respetuoso en nuestros encuentros, evitando mostrar las ganas de aprovechar la situaci&oacute;n e ir m&aacute;s all&aacute; en nuestras caricias. Realmente lo quer&iacute;a hacer, pero, por alguna raz&oacute;n, me absten&iacute;a.<\/p>\n<p>Pero, en alg&uacute;n momento, le ped&iacute; que me dejara instruirla. Ella acept&oacute;. Y, en consecuencia, le indiqu&eacute; que se dejara llevar paso a paso y que, para no entrar en p&aacute;nico, cerr&aacute;ramos los ojos y simplemente nos dej&aacute;ramos llevar por el momento. Y as&iacute; lo hicimos. Nos abrazamos, pusimos nuestros rostros en contacto y aproximando mi boca a la suya, le ped&iacute;a que abriera un poquito sus labios. Ella as&iacute; lo hizo y yo, con mucha delicadeza, roce sus labios con mi lengua, muy despacio, mientras con mis brazos apretaba su cuerpo contra el m&iacute;o, y proced&iacute; a explorar su boca para encontrarme con la suya. Eso pas&oacute; muy r&aacute;pido y ahora s&iacute; aquello fue un beso diferente.<\/p>\n<p>A ambos nos corri&oacute; electricidad, porque nuestros cuerpos quisieron fundirse en uno solo all&iacute; mismo. Ella bes&oacute; como quiz&aacute;s nunca antes lo hab&iacute;a hecho y su gesto me enterneci&oacute; y me excit&oacute;. Ella se dio cuenta. As&iacute; que aquel beso se extendi&oacute; por muchos minutos. Mis manos acariciaron su cuerpo, sus muslos, sus caderas, sus nalgas y sus deseados senos. Cada contacto aumentaba la intensidad de su beso y daba la impresi&oacute;n de nunca querer acabar aquello. Ella, por el contrario, aparte de besarme, solo se limitaba a dejarse llevar por el momento y sus circunstancias. Fui yo quien interrumpi&oacute; el momento. Ella no abri&oacute; los ojos en ning&uacute;n momento, as&iacute; que, al darme cuenta, suavemente separ&eacute; mi boca de la suya y suavemente le dije: Mariluz, ya puedes abrir los ojos.<\/p>\n<p>Ella as&iacute; lo hizo y su rostro expresaba una inmensa alegr&iacute;a y emoci&oacute;n. &iquest;Te gust&oacute;? Le pregunt&eacute;. Y, sin decir palabras, asinti&oacute; afirmativamente con su cabeza. Unas l&aacute;grimas corrieron por sus mejillas, as&iacute; que la abrac&eacute; y me qued&eacute; all&iacute;, junto a ella, sin hacer nada m&aacute;s diferente a hacerle compa&ntilde;&iacute;a y compartir con ella sus emociones y m&aacute;s internos sentimientos. Al rato, debido a que notamos proximidad de personas a aquel almac&eacute;n, aquel instante eterno termin&oacute;. M&aacute;s tarde hablamos, dije, y me desped&iacute;.<\/p>\n<p>Ese m&aacute;s tarde no lleg&oacute; aquel d&iacute;a, ni al d&iacute;a siguiente, ni al otro d&iacute;a. Se vino el fin de semana y solo pudimos volver a vernos hasta el lunes siguiente. Y, cuando la vi de nuevo, la trat&eacute; con cari&ntilde;o, pero para nada suger&iacute; proximidades impetuosas y situaciones como la vivida la semana anterior. Ella, volviendo a la rutina de siempre, me pregunt&oacute; algo de su vida privada y quiso que la aconsejara al respecto. La curiosidad surgi&oacute; porque su marido le hab&iacute;a hecho un comentario y ella no supo c&oacute;mo reaccionar. En consecuencia, quer&iacute;a consejo sobre c&oacute;mo proceder.<\/p>\n<p>Su marido le hab&iacute;a preguntado si ella estaba saliendo con alguien. Me parece normal, le dije, porque si ella estuvo tan contenta toda la semana, como aquel d&iacute;a en que nos besamos, era apenas l&oacute;gico que su marido notara ese comportamiento y que, ante la incertidumbre, le preguntara. Lo raro, opinaba yo, era que el motivo de su felicidad fuera otra persona y no otra situaci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; le contestaste? Solo le dije que eran cosas de mujeres y que simplemente se sent&iacute;a contenta. Y c&oacute;mo reaccion&oacute;, pregunt&eacute;. No qued&oacute; muy convencido, pero, ni modo. &Eacute;l es &eacute;l y yo soy yo. &iquest;Y acaso no han estado juntos esta semana? No, dijo ella. Yo en lo m&iacute;o y &eacute;l en lo suyo. No pregunt&eacute; m&aacute;s&hellip;<\/p>\n<p>El beso aquel se volvi&oacute; el saludo de bienvenida cada vez que entraba a saludarla en aquel almac&eacute;n. Y no pas&oacute; mucho tiempo para que sus conversaciones tocaran temas m&aacute;s profundos y comprometedores. &iquest;Es posible que uno est&eacute; con un hombre y no sienta nada? S&iacute;, le hab&iacute;a respondido, puede ser posible. &iquest;Por qu&eacute; lo preguntas? Porque t&uacute; y yo no hemos estado juntos, pero lo que sent&iacute; cuando nos besamos jam&aacute;s lo he sentido con mi marido. Bueno, me ruboric&eacute;, me alegro por ti, pero no me parece normal escuchar eso, m&aacute;s a&uacute;n cuando llevas a&ntilde;os casada y tienes hijos con &eacute;l. Si, respondi&oacute; ella, pero esa es la verdad. Entiendo. &iquest;Y qu&eacute; quieres hacer ahora? Quiero estar contigo.<\/p>\n<p>El momento, postergado por muchas razones, finalmente lleg&oacute;. Ten&iacute;amos limitaciones, sin embargo. Ninguno de los dos podr&iacute;a llegar a su casa despu&eacute;s de las 7:00 pm sin despertar sospechas, as&iacute; que aprovechamos un viernes, en la jornada de pr&aacute;ctica deportiva propia de la rutina donde trabaj&aacute;bamos, para literalmente perdernos. Quedamos de dejarnos ver en traje de deportes e ir hacia los campos deportivos, separ&aacute;ndonos convenientemente y alejarnos de all&iacute; para vernos en el centro de la ciudad. El plan funcion&oacute; y al poco rato yo la estaba recogiendo. Bueno, dije, &iquest;a d&oacute;nde vamos? T&uacute; sabr&aacute;s, respondi&oacute;. Bueno, coment&eacute;, los sitios que me han referido quedan cerca de donde t&uacute; vives. &iexcl;Perfecto! Coment&oacute;. Vamos para all&aacute;, entonces.<\/p>\n<p>Al poco tiempo est&aacute;bamos entrando a un lugar llamado &ldquo;El rinc&oacute;n del deseo&rdquo;. Yo me sent&iacute;a un poco raro entrando ambos a aquel sitio en pantaloneta y tenis. Pero eso no fue impedimento para que nos ubic&aacute;ramos en una habitaci&oacute;n bellamente decorada y con una gran cama rodeada de espejos. Instalados all&iacute;, uno frente al otro, en principio, no sab&iacute;amos c&oacute;mo proceder. Me atrev&iacute;, entonces, a aproximarme a ella y besarla con mucha ternura, como lo hab&iacute;a hecho d&iacute;as atr&aacute;s. Y aquello fue el detonante. Nos quedamos bes&aacute;ndonos con mucha pasi&oacute;n, permaneciendo de pie, a un costado de la cama. La intensidad del momento llev&oacute; a que yo introdujera mis manos dentro de su pantaloneta para poder acariciar sus tan deseadas nalgas y, un poco despu&eacute;s, mis manos inquietas se movilizaran por su silueta y llegaran a sus ansiados senos.<\/p>\n<p>La aventura ya estaba en marcha. Ella segu&iacute;a all&iacute;, sin hacer otra cosa que disfrutar de ese profundo beso y esperar a ver qu&eacute; hac&iacute;a yo. As&iacute; que, sin dejar de besarnos, poco a poco empec&eacute; a desliza su pantaloneta hacia el suelo, seguida prontamente por sus pantis. El contacto de mis manos con su piel me excit&oacute; sobremanera y pude sentir c&oacute;mo su piel se eriz&oacute; cuando empec&eacute; a desnudarla. Ella segu&iacute;a bes&aacute;ndome, aferrados sus brazos a mi cuello. La pantaloneta y sus pantis, cayeron al suelo sin dificultad una vez se alejaron de sus caderas. Cayeron por su propio peso. Y, despu&eacute;s de aquello, me concentr&eacute; en soltar su sost&eacute;n y acariciar sus senos. &iexcl;Qu&eacute; delicia!<\/p>\n<p>Se&ntilde;ora Mariluz, dije, me das permiso de quitarte la camiseta. S&iacute;, dijo ella. As&iacute; que nos separamos unos instantes. Ella levant&oacute; sus brazos y yo, con mucha habilidad y rapidez, levante su camiseta por encima de su cabeza, quedando desnuda frente a m&iacute;, tal como muchas veces lo hab&iacute;a imaginado, vestida tan solo con sus tenis. Era muy c&oacute;mica la imagen que de nosotros se proyectaba en los espejos. Volvimos a abrazarnos y besarnos, pero ahora su cuerpo estaba a mi disposici&oacute;n para acariciarla con toda libertad. C&oacute;mo estaba disfrutando de aquel momento. Era un sue&ntilde;o hecho realidad.<\/p>\n<p>Hice el amagu&eacute; de quitarme mi camiseta, pues consideraba que deb&iacute;amos estar ambos desnudos, pero ella lo impidi&oacute;. As&iacute; que segu&iacute; bes&aacute;ndola y acarici&aacute;ndola con entera libertad. Sin embargo, dije, Se&ntilde;ora Mariluz, acariciarte me tiene a mil revoluciones por minuto, y quisiera que mi cuerpo estuviera en contacto con el tuyo, porque a esta hora me estoy sintiendo un poco inc&oacute;modo as&iacute; vestido. Ella, entonces, sonri&eacute;ndose, me dijo, acu&eacute;state. Y as&iacute; lo hice. No hagas nada, coment&oacute;. D&eacute;jame a m&iacute; sola. Okey, respond&iacute;.<\/p>\n<p>Ella, entonces, se coloc&oacute; encima de m&iacute;, apoyados sus brazos en la cama. &iexcl;Qu&iacute;tate la camiseta! Me instruy&oacute;. Como ordene mi se&ntilde;ora, le respond&iacute;, y r&aacute;pidamente me despoje de la prenda. Ella, entonces, dej&oacute; caer su cuerpo sobre el m&iacute;o y volvimos a besarnos. Quise volver a acariciar su cuerpo, pero reaccion&oacute; de inmediato dici&eacute;ndome, te dije que no hicieras nada. D&eacute;jame a mi sola. Okey, respond&iacute;. Dime qu&eacute; hago, entonces. Tu tranquilo, respondi&oacute;. Y sigui&oacute; encima de m&iacute;, bes&aacute;ndome, juntando sus manos con las m&iacute;as, llevando mis brazos a los costados. Su cadera empez&oacute; a moverse adelante y atr&aacute;s sobre m&iacute;, y, al parecer, estaba masturb&aacute;ndose con mi cuerpo. No soltaba ning&uacute;n sonido, solo me besaba al ritmo de sus movimientos y apretaba mis manos.<\/p>\n<p>Poco despu&eacute;s empez&oacute; a deslizar su cuerpo hacia abajo hasta que su rostro qued&oacute; a la altura de mi sexo. Y, estando all&iacute;, baj&oacute; mi pantaloneta y pantaloncillos para liberar mi pene que estaba recto y endurecido. Pareci&oacute; maravillarse al verlo as&iacute; y, tom&aacute;ndolo en sus manos, casi de inmediato lo llev&oacute; a su boca y empez&oacute; a chuparlo con mucha delicadeza, sin dejar de mirarme y dejar de sonre&iacute;r, como si estuviera logrando algo inalcanzable en su vida. Su forma de hacerlo, sin embargo, me daba chispazos de excitaci&oacute;n, lejos de hacerme llegar al tope, pero era una delicia verla ensimismada en lo que estaba haciendo, lo cual perpetu&oacute; por largo tiempo.<\/p>\n<p>Yo, inm&oacute;vil como estaba, tan solo atinaba a observarla. &iquest;As&iacute; era como lo hab&iacute;as imaginado? Le preguntaba. S&iacute;, contestaba ella, mientras segu&iacute;a concentrada en chupar y chupar mi pene como un bomb&oacute;n. &iquest;Y qu&eacute; segu&iacute;a en tu pel&iacute;cula? Ya falta poco, me dijo. Tu tranquilo. Al rato, entonces, se incorpor&oacute;, termin&oacute; de retirar mi pantaloneta y volvi&oacute; a colocarse encima de m&iacute;. &iquest;Ya puedo hacer algo? No, qu&eacute;date tranquilo. Y, entonces, tom&oacute; mi pene en sus manos y lo acomod&oacute; a la entrada de su vagina, descolgando su cuerpo sobre &eacute;l. Lo hizo con cuidado, muy lentamente. Sent&iacute; su sexo bastante h&uacute;medo y la penetraci&oacute;n fue f&aacute;cil, sin dificultad.<\/p>\n<p>Y as&iacute;, cabalg&aacute;ndome, ella empez&oacute; a agitar su cuerpo, moviendo sus caderas al comp&aacute;s de las sensaciones que experimentaba, a veces adelante y atr&aacute;s, a veces a los lados, a veces echaba su cuerpo hacia atr&aacute;s y a veces se ven&iacute;a hacia adelante. Al final volvi&oacute; a juntar sus manos con las m&iacute;as, colocando mis brazos estirados por encima de mi cabeza, inclin&aacute;ndose para besarme sin dejar de mover sus caderas. Su respiraci&oacute;n era entrecortada. Y ese beso, al parecer, fue el disparador de su orgasmo, porque apret&oacute; sus piernas contra mi cuerpo y se qued&oacute; inm&oacute;vil sobre m&iacute;, sin dejar de besarme, para relajarse poco a poco, qued&aacute;ndose un tanto adormecida por un rato.<\/p>\n<p>Pasados unos minutos, ella, por su propia iniciativa, se situ&oacute; a un lado de m&iacute;, boca arriba. Yo me volte&eacute; hacia ella, abraz&aacute;ndola por su torso. Bueno, Se&ntilde;ora Mariluz, ya pudiste calmar fiebre. &iquest;Te gust&oacute;? S&iacute;, respondi&oacute;. Espero que lo que has hecho haya respondido a tus expectativas. S&iacute;, me gust&oacute;. As&iacute; lo quer&iacute;a. Bueno, dije, pero a m&iacute; no me has dejado hacer lo que yo quer&iacute;a. Ambos nos re&iacute;mos. Pues, dale, dijo. Yo disfruto estando cerca de ti, respond&iacute; mientras la abrazaba, y solo imaginaba estar abraz&aacute;ndote como lo estoy haciendo ahora, pero me gustar&iacute;a devolverte el goce que t&uacute; me has proporcionado. Y, diciendo y haciendo, me coloqu&eacute; sobre ella y empec&eacute; a besar su cuello, sus hombros, sus senos, su ombligo y sus caderas para finalmente llegar a su sexo.<\/p>\n<p>Se&ntilde;ora Mariluz, &iquest;me puedes hacer un favor? S&iacute;, dijo ella. &iexcl;Abre tus piernas! Y lo hizo de inmediato. Y as&iacute;, teniendo su sexo a mi alcance, me dediqu&eacute; a lamer sus labios vaginales y su cl&iacute;toris, introduciendo mis dedos para estimular el interior de su vagina y procurarle excitarla al m&aacute;ximo. Le miraba de reojo a su rostro para ver sus reacciones, pero la profusi&oacute;n de flujos en su vagina bien pronto me hizo percibir que estaba en la c&uacute;spide del placer. Yo pr&aacute;cticamente estaba sorbiendo sus flujos, as&iacute; que decid&iacute; terminar lo empezado y seguir trabajando all&iacute;. Empez&oacute; a gemir t&iacute;midamente y a presionar sus caderas contra mi cara y, casi al instante sent&iacute; que sus manos se aferraron a mi cabeza, llev&aacute;ndome a profundizar mi trabajo en su h&uacute;medo sexo.<\/p>\n<p>Segu&iacute; insertando mis dedos en su vagina, presionando hacia arriba r&iacute;tmicamente, sin dejar de lamer, una y otra vez su cl&iacute;toris. Y despu&eacute;s de tanta perseverancia en la maniobra, aquel esfuerzo pareci&oacute; dar sus frutos. Sus piernas se abrieron, sus caderas empujaron hacia arriba y contorsionando su cuerpo, emiti&oacute; un sonoro uuuichhh&hellip; ya, ya, ya&hellip; muchachito, dijo&hellip; ya est&aacute; bien. Me incorpor&eacute; para besarla apasionadamente, d&aacute;ndole a probar el sabor de sus fluidos. &iexcl;Est&aacute;s muy excitada Se&ntilde;ora Mariluz! Y, mir&aacute;ndome con una expresi&oacute;n de alegr&iacute;a en su rostro, asinti&oacute; afirmativamente. Quiero sentirte dentro de m&iacute;, dijo ahora.<\/p>\n<p>De modo que apunt&eacute; mi arma a su vagina y le penetr&eacute;. Mi pene entr&oacute; sin dificultad. Su vagina estaba tan lubricada y h&uacute;meda, que me pareci&oacute; que mi pene era peque&ntilde;o para aquel excitado y c&aacute;lido recipiente. Se&ntilde;ora Mariluz, por favor, dime que disfrutas este momento. S&iacute;, respond&iacute;a ella. De manera que yo segu&iacute;a embistiendo su sexo con gran intensidad, empujando con ritmo fren&eacute;tico mi cuerpo contra el suyo. Poco despu&eacute;s me arrodille, levantado sus piernas, para que mi penetraci&oacute;n fuera m&aacute;s profunda. Y segu&iacute;a empujando. Ella empez&oacute; a gemir de nuevo, as&iacute; que aceler&eacute; mis embestidas hasta que ya no pude aguantar m&aacute;s y, previendo lo inevitable, le dije.<\/p>\n<p>Oye, me vengo, me vengo, anunci&eacute;, mientras aceleraba m&aacute;s y m&aacute;s mis movimientos. Aayyy, dijo ella, en el momento mismo en que sent&iacute; que eyaculaba sin control. Y sacando mi miembro de su vagina, el chorro de semen cay&oacute; sobre su vientre. Me dej&eacute; caer sobre su cuerpo, arrop&aacute;ndola con el m&iacute;o. Qu&eacute; feliz me has hecho, dije. Esto lo debimos haber hecho hace tiempo, pero vali&oacute; la pena esperar. S&iacute;, mi muchachito, dijo ella, lo hiciste bien. Estoy muy contenta. Me siento agotada, pero muy feliz. Y as&iacute; nos quedamos un buen rato, dormitando el uno sobre el otro, recuper&aacute;ndonos del esfuerzo.<\/p>\n<p>Pas&oacute; un buen rato antes de despertarnos. Me coloqu&eacute; a su lado, la abrac&eacute; y la bes&eacute; de nuevo. Ella respondi&oacute; gustosamente, as&iacute; que seguimos all&iacute;, tendidos en la cama, lado a lado, bes&aacute;ndonos y acarici&aacute;ndonos como al principio, pero sin agite, sin premuras, sin apuros. El tiempo hab&iacute;a pasado y la hora de partir era inminente, porque ten&iacute;amos que llegar pronto a nuestras casas para no despertar incertidumbres sobre nuestro paradero. &iquest;Mary, nos ba&ntilde;amos juntos? Dale muchachito, dijo. Y diciendo y haciendo nos dirigimos al ba&ntilde;o, abrimos la ducha y nos metimos bajo el agua mientras segu&iacute;amos en la t&oacute;nica de besarnos y acariciarnos, como no queriendo que aquello terminara.<\/p>\n<p>Al salir del ba&ntilde;o alcance su ropa para vestirnos de nuevo y, ya listos, solo quedaba dejar aquel sitio y volver de donde ven&iacute;amos. La llev&eacute; hasta muy cerca de su casa, porque ella prefiri&oacute; llegar caminando como de costumbre. Y no quer&iacute;a correr el riesgo de encontrarse con su marido y que constatara que realmente estaba vi&eacute;ndose con otro hombre. As&iacute; que la dej&eacute; donde me indic&oacute; y, esta vez, ya no hubo besos en la despedida; solo un c&aacute;lido hasta luego Mariluz, la pas&eacute; muy rico. Yo tambi&eacute;n, dijo ella, nos vemos el lunes. Okey, dije, trae de nuevo tu pinta deportiva. Ambos sonre&iacute;mos y finalmente dimos por terminada nuestra cita.<\/p>\n<p>Ha pasado mucho tiempo desde aquella vez y Mariluz, al otro lado de la calle, camina entre la gente, concentrada en lo suyo, sin percatarse que su amante en otra &eacute;poca est&aacute; muy cerca. Las cosas son diferentes ahora, pero los recuerdos de mis amores con ella revivieron en instantes y toda la pel&iacute;cula de nuestra aventura pas&oacute; por mi cabeza. Me desped&iacute; mentalmente de ella mientras la ve&iacute;a alejarse. Tan cerca, pero tan lejos. &iexcl;Adi&oacute;s! Mariluz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Regresamos con mi esposa a la ciudad que por muchos a&ntilde;os nos alberg&oacute;, principalmente para visitar viejas amistades y reconocer lo que una vez fue nuestro hogar. Volver all&iacute;, sin embargo, supuso revivir experiencias, aventuras y complicidades que marcaron nuestras vidas. Nuestra curiosidad por dar rienda suelta a nuestra sexualidad empez&oacute; en ese lugar y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":7114,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":{"0":"post-32935","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-fantasias-eroticas"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32935","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/7114"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=32935"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32935\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=32935"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=32935"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=32935"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}