{"id":32975,"date":"2021-12-16T23:00:00","date_gmt":"2021-12-16T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-12-16T23:00:00","modified_gmt":"2021-12-16T23:00:00","slug":"la-empleada-con-mono","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-empleada-con-mono\/","title":{"rendered":"La empleada con mo\u00f1o"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"32975\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El despacho del se&ntilde;or Luis era tradicional. Una imponente mesa de gruesa madera negra, una silla de escritorio acolchada del mismo color y una estanter&iacute;a con libros.<\/p>\n<p>Raquel, una empleada que se hab&iacute;a incorporado a la compa&ntilde;&iacute;a hace un mes, permanec&iacute;a de pie sujetando una carpeta. Pantalones y chaqueta grises de vestir, zapatos de tac&oacute;n. Frente amplia, ojos verdes, gafas y el pelo recogido en un mo&ntilde;o.<\/p>\n<p>La empleada estaba nerviosa, las mariposas revoloteaban en su tripita y apretaba la carpeta con fuerza contra su generoso pecho. En su cabeza se agolpaban todas esas historias que hab&iacute;a o&iacute;do sobre su jefe. Dec&iacute;an que &quot;se calzaba&quot; a su secretaria con frecuencia y que estaba obsesionado con el culo de ambos sexos. Su compa&ntilde;era Luc&iacute;a, le coment&oacute; haber visto como le daba un azote a Paco.<\/p>\n<p>&#8211; Raquel, Raquel&#8230; veo que no has hecho bien tu trabajo.<\/p>\n<p>La aludida no respondi&oacute;. Estaba all&iacute; para recibir una reprimenda, quiz&aacute;s incluso para ser despedida. Eso &uacute;ltimo no entraba en sus planes. Necesitaba el trabajo, quer&iacute;a el trabajo, el trabajo estaba incluso por encima de su dignidad. Este &uacute;ltimo pensamiento la asustaba y excitaba a un tiempo. Se dijo para si misma que si se llegaba a ese punto, ser&iacute;a ella quien pondr&iacute;a condiciones.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qu&eacute; vamos a hacer contigo? &#8211; continu&oacute; su jefe mir&aacute;ndola directamente a los ojos.<\/p>\n<p>Raquel bajo la mirada un instante y luego levantando la cabeza y tragando saliva tomo la palabra por primera vez.<\/p>\n<p>&#8211; Necesito el trabajo. Puede hacer conmigo lo que quiera.<\/p>\n<p>Luis mir&oacute; a su empleada de arriba a abajo con deseo. &quot;&iquest;Podr&iacute;a tocarle las tetas y sobarle el culo?&quot;. Algo le dec&iacute;a que ella estaba deseando todo aquello. Hab&iacute;a tenido a otras y otros en aquella posici&oacute;n. Algunos hab&iacute;an rehusado la propuesta y &eacute;l lo hab&iacute;a respetado. Es verdad que entre sus fantas&iacute;as se hab&iacute;a colado la idea de forzar a alguien, hacerlo contra su voluntad. Pero su estilo no era aquel, cada cual pod&iacute;a elegir, el solo preguntaba, hac&iacute;a proposiciones. Si alguien las catalogaba de indecentes, ese no era su problema. Por ejemplo, su secretaria. Se lo hab&iacute;a propuesto y ella hab&iacute;a aceptado. Todos los martes lo hac&iacute;an. Ella ven&iacute;a con falda y sin bragas a la cita y se inclinaba sobre el escritorio. &Eacute;l se acercaba, levantaba la falda y contemplaba durante unos segundos el trasero de su subordinada. Luego se bajaba los pantalones, se sacaba el pene erecto y la tomaba por detr&aacute;s. Ambos jadeaban mientras los huevos chocaban contra las nalgas desnudas.<\/p>\n<p>El tema con los hombres era distinto. No deseaba mantener relaciones sexuales con ellos, sin embargo, no renunciaba a verles el culo, a humillarles. Hace dos semanas Jorge hab&iacute;a aceptado y se hab&iacute;a bajado los pantalones en ese mismo despacho dejando a la vista un trasero con algo de vello. Luis se hab&iacute;a quitado el cintur&oacute;n y hab&iacute;a azotado las posaderas de su empleado. Era delicioso ver como se contra&iacute;an justo antes de recibir cada golpe. Jorge ten&iacute;a el rostro tan colorado como el culo al acabar y su pene se levantaba excitado. Luis tambi&eacute;n hab&iacute;a tenido una erecci&oacute;n. La pr&oacute;xima vez, amenaz&oacute; a su empleado, habr&iacute;a testigos. S&iacute;, podr&iacute;a invitar a su secretaria. Por un lado, cuando era una mujer la amonestada, le daba reparo que otra mirase, era como ponerle los cuernos con luz y taqu&iacute;grafos. Sin embargo, en el caso de los varones podr&iacute;a ser excitante, seguro que a su secretaria &quot;la pon&iacute;a&quot; ver como calentaba el culete de un chico.<\/p>\n<p>&quot;Culete&quot; le gustaba esa palabra, le daba un tono juguet&oacute;n. La hab&iacute;a o&iacute;do recientemente cuando hab&iacute;a tenido que hacer unas pruebas m&eacute;dicas. &quot;B&aacute;jate los pantalones justo hasta debajo del culete&quot;. &quot;Vamos a ponerte una inyecci&oacute;n en el culete&quot;. O&iacute;r esas palabras, en boca de una enfermera o doctora joven, de alguna manera, resultaba refrescante. Como si por unos instantes el &quot;culo&quot; dejase de ser algo tab&uacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Quiero verte el culete. &#8211; dijo rompiendo el silencio.<\/p>\n<p>&#8211; Perd&oacute;n.<\/p>\n<p>Luis se levant&oacute; de la butaca y se acerc&oacute; a la mujer, que esperaba tensa.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Vas a darme un beso en la boca o prefieres que te despida?<\/p>\n<p>Raquel, sin pensarlo mucho, bes&oacute; los labios de su jefe abriendo la boca y permitiendo que las lenguas se encontrasen en una danza obscena de saliva. El sexo era algo h&uacute;medo, incluso a veces salvaje y guarro. Raquel se reafirm&oacute; en su idea de llevar la iniciativa. Si iba a ser humillada ser&iacute;a haciendo lo que ella quer&iacute;a, si la iban a follar, quer&iacute;a ser la que se pon&iacute;a encima.<\/p>\n<p>&#8211; No besas mal. &iquest;Me ense&ntilde;as el &quot;pajarito&quot;?<\/p>\n<p>Luis encontr&oacute; la situaci&oacute;n interesante, la chica ten&iacute;a arrojo y control. &iquest;Ser&iacute;a valiente? Pronto lo sabr&iacute;a. Pero de momento la idea de ense&ntilde;arle el pene no le disgustaba. As&iacute; que se desabroch&oacute; los pantalones y el bot&oacute;n, baj&oacute; la cremallera y se qued&oacute; en calzoncillos. Como hab&iacute;a esperado, fue ella la que tir&oacute; de la ropa interior dejando al aire el medio erecto miembro. Luego, sin que nadie se lo mandase, se quit&oacute; sus pantalones de vestir, se baj&oacute; las bragas y se sent&oacute; en la mesa con las piernas abiertas, dejando a la vista una frondosa mata de vello p&uacute;bico.<\/p>\n<p>Luis aprovech&oacute; la ocasi&oacute;n para penetrarla sin muchos miramientos. Raquel gimi&oacute;.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de un par de minutos, excitado, el hombre decidi&oacute; recuperar el control. Raquel tuvo que ponerse de pie, apoyar la palma de las manos contra la pared y ver como su jefe la follaba por detr&aacute;s.<\/p>\n<p>&#8211; Me gusta tu culo. &#8211; dijo d&aacute;ndole un sonoro azote.<\/p>\n<p>Terminada la parte m&aacute;s sexual. Luis decidi&oacute; que su empleada necesitaba ser castigada en consonancia con su falta y extrajo una vara del caj&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Te voy a pegar en las nalgas y quiero que cuentes cada golpe y me des las gracias.<\/p>\n<p>Raquel trag&oacute; saliva, no se esperaba aquello. Quer&iacute;a m&aacute;s sexo, al menos hab&iacute;a estado disfrutando. Pero aquello.<\/p>\n<p>Tomo la palabra en un intento de recuperar la ilusi&oacute;n de control.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Cu&aacute;ntos me vas a dar?<\/p>\n<p>&#8211; 30 &#8211; respondi&oacute; Luis con sequedad.<\/p>\n<p>&#8211; Incl&iacute;nate sobre la mesa y saca el culo. No quiero movimientos raros. Nada de intentar escabullirte. La m&aacute;s m&iacute;nima falta de indisciplina y quedas despedida. &iquest;Est&aacute; claro?<\/p>\n<p>Raquel, temblando, asinti&oacute;.<\/p>\n<p>La contundencia del primer azote no la pill&oacute; por sorpresa. Sab&iacute;a que su jefe iba en serio. Hasta el n&uacute;mero diez, la cosa fue m&aacute;s o menos bien. La vara silbaba e impactaba sobre su trasero que, previamente, hab&iacute;a contra&iacute;do en un vano intento de amortiguar el dolor. Luego, el panorama cambi&oacute;, era dif&iacute;cil presentar las posaderas para un nuevo latigazo. La cabeza ordenaba, pero el cuerpo, sabiendo lo que le esperaba, tardaba en reaccionar. Con el n&uacute;mero 20 llegaron las l&aacute;grimas y al llegar al 25 el pis, para su verg&uuml;enza, se le escap&oacute;.<\/p>\n<p>Luis se detuvo contemplando las desnudas nalgas, escuchando el ahogado sollozo de la empleada.<\/p>\n<p>&#8211; Por favor, implor&oacute;, no me pegues m&aacute;s.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Te despido entonces?<\/p>\n<p>&#8211; No, eso no. Estoy preparada para el siguiente &#8211; respondi&oacute; la mujer.<\/p>\n<p>Luis descarg&oacute; dos nuevos golpes muy seguidos y se detuvo unos segundos para acariciar las nalgas y meter un par de dedos en la vagina de Raquel, que, en aquel momento, confusa, no sab&iacute;a si gemir o llorar. El respiro dur&oacute; poco y el antepen&uacute;ltimo impacto la dej&oacute; sin aliento. Luego cayeron dos m&aacute;s.<\/p>\n<p>La chica lloraba mientras se frotaba las nalgas en busca de alivio. No la importaba estar desnuda, humillada, en ese momento todo lo que quer&iacute;a era aplacar el escozor.<\/p>\n<p>Luis, que tambi&eacute;n era humano, sac&oacute; un bote de cremita del caj&oacute;n y con delicadeza la extendi&oacute; por el colorado culete de su subordinada que ya hab&iacute;a dejado de llorar.<\/p>\n<p>La crema trajo alivio, frescor y una pizca de excitaci&oacute;n. Al fin y al cabo el trasero es una zona er&oacute;gena.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>El despacho del se&ntilde;or Luis era tradicional. Una imponente mesa de gruesa madera negra, una silla de escritorio acolchada del mismo color y una estanter&iacute;a con libros. 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