{"id":33048,"date":"2021-12-24T23:00:00","date_gmt":"2021-12-24T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2021-12-24T23:00:00","modified_gmt":"2021-12-24T23:00:00","slug":"memorias-de-frica-x","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/memorias-de-frica-x\/","title":{"rendered":"Memorias de \u00c1frica (X)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"33048\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 12<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Estos ind&iacute;genas ten&iacute;an la costumbre de distribuirse en peque&ntilde;os grupos durante la vida cotidiana. Descubr&iacute; d&oacute;nde se met&iacute;an los hombres la mayor&iacute;a del tiempo, unos pescando, otros cazando. Las chicas en el arroyo cogiendo musgo, hojas de plataneras, hierba fresca y agua. Las mujeres mayores en el poblado limpiando, haciendo fuego o cuidando de los ni&ntilde;os y adolescentes. Se distribu&iacute;an por sexos, pero adem&aacute;s dentro de cada grupo de sexos, se separaban luego por edades. Me agrad&oacute; ver el cuidado y casi hasta el mimo con el que los mayores cuidaban de los m&aacute;s peque&ntilde;os. Siempre hab&iacute;a un mayor m&aacute;s gru&ntilde;&oacute;n, pero por lo general eran gente muy afable y paciente. No ten&iacute;an un concepto de padre o madre al estilo nuestro, todos cuidaban de todos. Entre los j&oacute;venes, por llamarlos de alguna manera ya que soy incapaz de adivinar la edad de nadie por sus rasgos, hab&iacute;a como en todo grupo, unos m&aacute;s espabilados que otros. Entre ellos uno con el que ten&iacute;a una especie de relaci&oacute;n de amor y odio. Era aqu&eacute;l que se me acerc&oacute; el primer d&iacute;a cuando me exhibieron, y tuvo la desfachatez de manosearme. No es que tuviera el mando de la pandilla de veintea&ntilde;eros, pero s&iacute; que parec&iacute;a algo as&iacute; como un l&iacute;der, en ciertos aspectos me recordaba a mi Samsung, mi semental. Les vi en alguna ocasi&oacute;n dar &oacute;rdenes y dirigirse a los dem&aacute;s con una especie de autoridad, pero tambi&eacute;n es verdad que vi a muchas adolescentes y a muchas de las chicas, dirigirse a la caba&ntilde;a de Samsung o a la de ese otro jovenzuelo, sacarlos como un caracol de la concha y obligarlos a follar all&iacute; mismo. Ese ni&ntilde;ato era simplemente el miembro m&aacute;s espabilado, m&aacute;s activo de la banda que formaba. Si alguna vez me cruzaba con ellos en el bosque, en el r&iacute;o o en la playa, se formaba una fiesta. Se apoderaban de m&iacute; y me rodeaban, siempre ri&eacute;ndose, hablando en aquella extra&ntilde;a jerga, los ojos vivarachos. Los primeros d&iacute;as pens&eacute; que lo &uacute;nico que buscaban era simplemente jugar conmigo, como si desde su punto de vista o desde su mundo, yo fuera un juguete que les hab&iacute;a dejado un Pap&aacute; Noel aborigen. Yo me esforzaba por caerles en gracia, cantar con ellos, sentarme en sus corros, pero para m&iacute; eran una especie de peque&ntilde;os cretinos. En los primeros d&iacute;as yo todav&iacute;a sol&iacute;a ir con mis shorts y la camiseta, sin ropa interior pero a salvo de las miradas de aquellos desconocidos.<\/p>\n<p>Los primeros d&iacute;as de mi llegada a aqu&eacute;l poblado y despu&eacute;s de ser usada por los hombres, me preguntaba a menudo como es que las mujeres aceptaban aquello. Por muy incivilizados que fueran, pueden ver que los hombres me cogen, me dan placer, tiempo, su esperma y hasta si me apuran, emociones. &iquest;les bastaba con eso? Con el paso de los d&iacute;as comprob&eacute; que las libertades que ellas se tomaban conmigo, azotes, humillaciones y dem&aacute;s, no eran s&oacute;lo patrimonio de Mar&iacute;a Jos&eacute; la extranjera reci&eacute;n llegada, se comportaban as&iacute; tambi&eacute;n con los hombres, y el caso es que a ellos eso les gustaba. Como dije, en el poblado hab&iacute;a dos caba&ntilde;as m&aacute;s grandes de lo normal, una para las mujeres y otra para los hombres, con la diferencia de que en la de los hombres, s&oacute;lo entraban los solteros, mientras que a la de las mujeres iban todas, casadas, solteras, amantes, viejas, v&iacute;rgenes o viudas. Yo supongo que en la caba&ntilde;a de los hombres uno de los temas de conversaci&oacute;n ser&iacute;an las mujeres, pero a pesar de no entender lo que hablaban, casi puedo asegurar que en el &ldquo;local social de las mujeres&rdquo;, hablar de hombres poco. Supongo que los celos s&oacute;lo los pueden sentir los que se sienten inferiores, y ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que aquellas mujeres se ten&iacute;an en muy alta estima. Las mujeres formaban un grupo compacto, como si estuvieran unidas por alg&uacute;n extra&ntilde;o v&iacute;nculo. Los hombres eran simplemente otra raza. A medida que me sent&iacute;a m&aacute;s aceptada por la tribu, empec&eacute; a visitar la caba&ntilde;a de las mujeres m&aacute;s a menudo. Como el resto de mujeres estaban desnudas, yo nada m&aacute;s entrar hac&iacute;a lo mismo. Siempre que iba a la caba&ntilde;a de las mujeres Aifon estaba all&iacute; con su sonrisa y sus brillantes ojos negros. Hab&iacute;a d&iacute;as que se sentaba al borde un enorme camastro que hab&iacute;a dentro y tirando de m&iacute; me sentaba en sus rodillas con mis piernas abiertas, y no dudaba un segundo en ara&ntilde;arme, pellizcarme, o comerme los pezones. O si le apetec&iacute;a me tumbaba boca arriba y ella boca abajo colocando su sexo en mi cara y el m&iacute;o en su boca. Al parecer aquella postura le gustaba mucho. Met&iacute;a su cara entre mis muslos y me chupaba el cl&iacute;toris y los labios de la vagina hasta que en el sentido literal de la palabra me devoraba de placer. El ambiente que se respiraba all&iacute; era de confianza y c&aacute;lido. &Eacute;ramos amantes unas de otras y disfrut&aacute;bamos juntas. Las mujeres eran cari&ntilde;osas con las mujeres, se amaban, nos am&aacute;bamos sin prisas. A veces nos abraz&aacute;bamos y dej&aacute;bamos pasar el tiempo. Para m&iacute; no era nuevo el calor y la suavidad del cuerpo de otra chica, pero mientras en nuestra civilizaci&oacute;n eso todav&iacute;a est&aacute; restringido, aquellas que en ocasiones yo llamaba salvajes, lo hac&iacute;a con total naturalidad. Cuando abrazaba a Lila o a Aifon, sent&iacute;a la dureza de sus pechos contra los m&iacute;os, o la agudeza de sus pezones y los m&iacute;os. Sin prisas nuestros cuerpos se sopesaban y estudiaban, las pelvis avanzaban hacia las pelvis, o las espaldas se arqueaban para que las nalgas tocaran las vulvas. Los pubis se acariciaban como dos mejillas cuando das un beso. Sent&iacute;a la suavidad de los muslos, la redondez de una rodilla, el contacto de unos pies. Mientras apretaba a mi partener por la espalda, otra chica acostada detr&aacute;s de m&iacute; me abrazaba. Sent&iacute;a el calor de su cuerpo. Aplastaba mis pechos contra una de las espaldas y otros pezones se pegaban a mis om&oacute;platos. Un pubis, una vulva abordaba mis nalgas, mientras que mi vientre se acomodaba en el hueco de la espalda que ten&iacute;a a mi frente. Me estremec&iacute;a de placer la sensaci&oacute;n de una vulva rozando mis nalgas. Jade&aacute;bamos, goz&aacute;bamos con ese jueguecito y una vez pasado el primer orgasmo, busc&aacute;bamos otro. Una sobre la otra y al rev&eacute;s, hund&iacute;a la cara en mi amiga y chupaba su sexo. Nos mare&aacute;bamos con nuestro sabores y con nuestros l&iacute;quidos. Creo que las mujeres somos la fuente del mundo. Nos re&iacute;amos de nuestros pelos revueltos, de nuestras mejillas sofocadas o de un ara&ntilde;azo en nuestras nalgas.<\/p>\n<p>Me acuerdo de un d&iacute;a. Ya me hab&iacute;an desnudado, lavado, azotado e incluso follado en aquel banco de madera en mitad del poblacho. As&iacute; con mucha dignidad, como cuando te levantas despu&eacute;s de haberte ca&iacute;do en plena calle a la vista de todos, fui al rio a ba&ntilde;arme y a alejarme un poco del resto de la gente. All&iacute; estaban todos los jovencitos sentados en coro, hablando y riendo. Me sent&eacute; en medio de todos ellos de mala gana todo hay que decirlo, pero intent&eacute; mostrarme amable. Se acomodaron a mi alrededor, sentados, tumbados y como siempre, empezaron a tocarme el pelo, les fascinaba mi pelo rubio. Mi &ldquo;amigo&rdquo; se levant&oacute; de donde estaba, se puso de rodillas a mi lado y empez&oacute; a quitarme los tres botones que cerraban el cuello de mi camiseta. &rdquo;Este ni&ntilde;o es gilipollas&rdquo;, pens&eacute;.<\/p>\n<p>Lo separ&eacute; de m&iacute; con un movimiento suave pero firme de mi brazo, y mientras me volv&iacute;a a abrochar los botones, se qued&oacute; mir&aacute;ndome callado, pero una mirada de sorpresa. Luego con las dos manos cogi&oacute; el cuello de la camiseta y de un tir&oacute;n rompi&oacute; los botones, abriendo el peque&ntilde;o escote. Aquello me cabre&oacute; much&iacute;simo, pero me contuve, no hac&iacute;a mucho que estaba all&iacute; y ya hab&iacute;a aprendido con cada vez que me rebelaba, hab&iacute;a un correctivo en forma de azotes. De su boca sali&oacute; una especie de gru&ntilde;ido como los de Samsung, pero no era tal, fue una orden en toda regla a sus compa&ntilde;eros. Se abalanzaron unos pocos contra m&iacute; y me quitaron la camiseta a trompicones, me empujaron contra el suelo y me pusieron boca abajo. Intent&eacute; revolverme, pero eran m&aacute;s que yo y parec&iacute;an sacar fuerzas de la nada. Cuando me quise dar cuenta, me hab&iacute;an quitado los shorts y s&oacute;lo en ese momento pararon. Los que me estaban sujetando por las mu&ntilde;ecas y los tobillos me soltaron y aprovech&eacute; para ponerme de pie. La idea era vestirme, salir de all&iacute; y dejar a toda aquella jaur&iacute;a a su aire. Pero claro, tonta de m&iacute;, ni camiseta ni shorts&#8230; hab&iacute;an sido m&aacute;s r&aacute;pidos que yo. As&iacute; que all&iacute; estaba yo desnuda, con las nalgas doloridas de la azotaina anterior, y con mi sexo y mis pechos a la vista de aquella pandilla de gamberros. Me qued&eacute; quieta, como paralizada, y uno de ellos aprovech&oacute; para tumbarse en el suelo detr&aacute;s de m&iacute;, me empujaron y ca&iacute; sobre &eacute;l. Pens&eacute; que lo ahogar&iacute;a o que le har&iacute;a da&ntilde;o con el golpe, pero al contario, se rio a carcajadas y dijo algo a los dem&aacute;s. Me qued&eacute; tumbada boca arriba sobre el cuerpo del muchacho y con sus brazos me hizo una presa, dejando mis brazos inmovilizados, mi cabeza junto a la suya y el cuerpo arqueado. Me separaron las piernas dejando a la vista de todo el grupo mi sexo abierto. Mi &ldquo;amigo&rdquo; se arrodill&oacute; entre mis muslos y empez&oacute; a examinar mi vulva. Desliz&oacute; sus dedos hasta las nalgas y el ano, para volver de nuevo a la vulva, y sin mediar palabra la abri&oacute; y empez&oacute; a lamerme. Con su lengua dio a la primera con mi cl&iacute;toris y ayud&aacute;ndose con las dos manos separ&oacute; los labios de mi sexo para estimularlo con uno de sus dedos. Yo estaba contra&iacute;da y tensa como para poder sentir placer, pero con cada leng&uuml;etazo con cada movimiento de sus dedos, mi resistencia fue cayendo hasta terminar por estremecerme. Su compa&ntilde;ero acostado debajo de m&iacute; me sujetaba con fuerza al principio, pero al notar mi relajaci&oacute;n me solt&oacute; y con sus manos me apretaba los pechos y pellizcaba mis pezones, para m&aacute;s tarde llegar hasta mis caderas. En aquel grupito de j&oacute;venes hab&iacute;an unas pocas chicas tambi&eacute;n, que pensaron que de aquella fiesta hab&iacute;a que participar y una de ellas se dedic&oacute; a chuparme los pezones. El muchacho que estaba debajo de mi llev&oacute; su mano hasta mis nalgas, busc&oacute; el agujero y me ensart&oacute; uno de sus dedos, lo que me sobresalt&oacute;, pero no me molest&oacute;. Ten&iacute;a los pezones duros y crecidos, y notaba perfectamente como mi co&ntilde;o se despertaba y se mojaba. Una de las chicas apart&oacute; a mi &ldquo;amigo&rdquo; y se puso ella entre mis piernas, se puso de rodillas y apoy&aacute;ndose en uno de mis muslos empez&oacute; a masturbarme con el dedo y a met&eacute;rmelo en la vagina suavemente. Mi &ldquo;amigo&rdquo; le quit&oacute; el taparrabo a la chica, se quit&oacute; el suyo y de rodillas rozaba su verga entre los muslos de la chica. Como provocando al chico, arque&oacute; levemente la espalda colocando su culo m&aacute;s a la vista. Mi &ldquo;amigo&rdquo; no lo dud&oacute; y ensart&oacute; su polla en las entra&ntilde;as de la chica, que cerrando los ojos gimi&oacute; de placer. Las chicas que no estaban participando de aquel aquelarre, cogieron al resto de chicos y los apartaron, los denudaron y se dedicaron a jugar entre ellos. Mientras, mi &ldquo;amigo&rdquo; bombeaba con una fuerza inusitada para lo que supon&iacute;a un jovenzuelo inexperto. Pod&iacute;a ver el gesto de placer en la cara de aquella chica, sus gemidos, sus pechos bailando a cada embestida, el movimiento de su cuerpo con cada arremetida y sus dedos dentro de mi co&ntilde;o mojado. Dos de los chicos quitaron a la jovencita que estaba entre mis piernas, y flexion&aacute;ndolas me las llevaron hasta el pecho. Mi &ldquo;amiguito&rdquo; se acerc&oacute; y apoyando su vientre contra mi culo me meti&oacute; su verga en mi co&ntilde;o. Resultaba delicioso sentir entrar su glande dentro de m&iacute;, y aqu&eacute;l muchacho me follaba a una velocidad alucinante y su polla iba y ven&iacute;a dentro de m&iacute;. No pude reprimir mi orgasmo y casi al instante el muchacho se puso fren&eacute;tico y expuls&oacute; un chorro de su semen caliente. El chico que estaba debajo de mi segu&iacute;a con su dedo metido en mi culo, pero durante toda esa operaci&oacute;n se hab&iacute;a mantenido quieto. Mi &ldquo;amigo&rdquo; segu&iacute;a empalmado, su verga no se hab&iacute;a venido abajo y quit&oacute; de un manotazo la mano de compa&ntilde;ero de mi culo. Cogi&oacute; con su mano el pene del muchacho que estaba debajo de m&iacute; y lo guio hasta la entrada de mi ano. El chico que estaba debajo de mi introdujo su pene en mi culo con un movimiento bastante h&aacute;bil, mientras sus manos abr&iacute;an mi culo. Una, dos, tres, cuatro&#8230; Ten&iacute;a mi culo ocupado mientras mi &ldquo;amigo&rdquo; se masturbaba vi&eacute;ndonos. Otro manotazo y sac&oacute; el miembro de su compa&ntilde;ero de mi ano. Su polla r&iacute;gida se pase&oacute; por la entrada de mi culo y me la hundi&oacute;. Igual que cuando me estaba follando hac&iacute;a un instante, sent&iacute;a su dureza entrando y saliendo de mi culo. Sus compa&ntilde;eros dejaron de sujetarme las piernas, y fue &eacute;l quien tom&oacute; el mando de todo. Sujetando mis piernas por los tobillos, me las abri&oacute; en forma de V, cerrando levemente mi ano por lo que las sensaciones fueron a&uacute;n m&aacute;s placenteras. Casi en seguida empec&eacute; a gozar con aquello. Sus embestidas mov&iacute;an todo mi cuerpo, ve&iacute;a mis pechos bailar y no s&oacute;lo sent&iacute;a placer en mi culo, sino tambi&eacute;n en mi co&ntilde;o, el vientre se me contra&iacute;a con cada bocanada de aire que tomaba y gritaba sin miedo a que nadie pudiera decirme algo. Estaba furiosa, excitada y el coraz&oacute;n ya iba pasado de revoluciones. La polla de aquel jovencito era exquisita. Hubo un segundo orgasmo por ambas partes y sent&iacute; su semen caliente dentro de mi culo. Cuando sac&oacute; su verga de dentro de m&iacute;, la sensaci&oacute;n fue de vaciarme, como si me quitaran algo. Estaba totalmente fuera de m&iacute;, desatada y gritando le dije:<\/p>\n<p>-M&eacute;tela otra vez joder, f&oacute;llame de nuevo.<\/p>\n<p>Evidentemente no me entendi&oacute;, y mientras jadeaba y de su polla sal&iacute;an las &uacute;ltimas gotas de l&iacute;quido, se rio y se march&oacute;. El chico que estuvo todo el rato debajo de m&iacute;, tambi&eacute;n se levant&oacute; y se fue. Me qued&eacute; tumbada mirando el cielo, estaba jadeando. Los veintea&ntilde;eros de hoy d&iacute;a, al menos los de nuestro mundo tan civilizado y occidental, se preocupan poco de satisfacer a los mayores. Tienen ese ego&iacute;smo, pero sin los modales de los adultos. Aqu&eacute;l d&iacute;a unos veintea&ntilde;eros bribones me hab&iacute;an usado y jodido, chicos y chicas que en otras circunstancias se hubieran ganado como m&iacute;nimo una bofetada, se hab&iacute;an permitido el lujo de desnudarme, lamerme, chuparme, masturbarme y hasta penetrarme por todas partes. Y en ese momento que, sin quererlo de inicio, hab&iacute;a empezado a gozar, a mojarme hasta extremos insospechados, justo en aqu&eacute;l momento que hasta les hubiera suplicado para que siguieran foll&aacute;ndome como una perra hasta caer todos rendidos, se fueron dej&aacute;ndome sola. Los llegu&eacute; a odiar. Mientras me follaban no tuve tiempo de hacerlo, estaba fuera de m&iacute; gozando por completo, pero luego les odi&eacute;. Cuando me refiero a que me abandonaron, me refiero s&oacute;lo al placer, a mi placer. Les hubiera sido f&aacute;cil sustituir a mi &ldquo;amigo&rdquo;, el siguiente pudo haber seguido foll&aacute;ndome, lo hubiera tenido muy f&aacute;cil conmigo. Pero no. En lugar de eso al rato me levantaron sonriendo, como si yo tuviera que estar contenta porque me hab&iacute;an follado, masturbado y enculado tan bien. Las chicas trajeron agua en un cuenco y me lavaron y me llevaron a una parte cubierta por la espesura fuera del descampado que rodeaba aquel tramo del riachuelo. Tras caminar unos pocos pasos llegamos a otro tramo del riachuelo, donde hab&iacute;a una peque&ntilde;a cascada, un poco m&aacute;s alta que una persona, y cuyas aguas llenaban una especie de piscina formada en la roca. All&iacute; hab&iacute;an dos j&oacute;venes m&aacute;s mayores, de la edad de Aifon o Lila. Le cuchichearon algo al o&iacute;do al chico, y despu&eacute;s de intercambiar una serie de gestos y frases, ordenaron a una de las adolescentes que se sentara en un tronco de un &aacute;rbol ca&iacute;do. &iquest;De verdad?, &iquest;en serio?, &iquest;de verdad voy a tener la oportunidad de vengarme y darles su merecido?, pens&eacute;.<\/p>\n<p>Pero no, para mi desgracia iba a ser yo la que recibiera el jodido correctivo. La muy zorra se aplic&oacute; con ganas, y a pesar de su mano peque&ntilde;a, al instante se me pusieron las nalgas rojas y doloridas. Lo m&aacute;s gracioso del asunto, es que el joven que orden&oacute; el castigo se empalm&oacute; con una rigidez y una contundencia asombrosa. La chica que estaba con &eacute;l le quit&oacute; el taparrabo, y sin importarle nuestra presencia, se agach&oacute; y le comi&oacute; la verga hasta que el chico se corri&oacute; entre gemidos y r&aacute;fagas de semen. Al menos mi castigadora tuvo la compasi&oacute;n de dejar de pegarme y me masturb&oacute; de forma h&aacute;bil todo, hay que decirlo, tocando mi cl&iacute;toris, la vulva y metiendo sus dedos en mi co&ntilde;o, lo que me provoc&oacute; un fuerte orgasmo. Cuando las j&oacute;venes se fueron, los adolescentes me permitieron ba&ntilde;arme en el riachuelo. El agua estaba fresca y eso me repuso. Me acompa&ntilde;aron a un claro junto al cauce donde daba el sol con toda intensidad. La hierba estaba caliente y me tumb&eacute; estirada como si estuviera en la playa. Cerr&eacute; los ojos durante unos minutos.<\/p>\n<p>Me hubiera gustado poder dormir un rato, pero fue imposible. En lugar de eso me dediqu&eacute; a observar a mis acompa&ntilde;antes veintea&ntilde;eros. Aunque no me hace gracia reconozco que aquellos ind&iacute;genas adolescentes eran guapos y ellas muy atractivas. De adultos los hombres son musculosos, de espalda ancha y piernas musculosas. En cambio, de j&oacute;venes son algo m&aacute;s ani&ntilde;ados, delgados y estilizados. Tanto a ellas como a ellos cuando les daba el sol en el cuerpo, su piel iba de un color caramelo oscuro a un marr&oacute;n brillante que admito me gustaba. Eran absolutamente libres. Cuando se desnudaban, ellos ayudaban a las chicas a doblar su taparrabo, pero ellos eran m&aacute;s independientes. Me hac&iacute;a gracia c&oacute;mo se estudiaban entre ellos, y las risas y la cara de asombro de las chicas al ver como alguno de los chicos aparec&iacute;a con su verga empalmada. Ellos por su parte, pudiendo estudiar conmigo anatom&iacute;a y hacer anatom&iacute;a comparada, no lo hicieron y se pusieron impacientes a medida que iban quitando los taparrabos de las chicas, y aparec&iacute;an unos redondos y preciosos traseros, o una vulva apretada. Por no hablar de unas tetas perfectamente formadas. Estuve un buen rato mir&aacute;ndoles y tomando el sol. Se estaba verdaderamente bien all&iacute;. Las adolescentes y las j&oacute;venes eran las m&aacute;s inventivas. No se cortaban en unirse dos o tres de ellas para asaltar a alguno de los chicos. Yo ten&iacute;a la sensaci&oacute;n a pesar de mis treinta y seis a&ntilde;os, de ser como una especie de vieja. Por supuesto sin fundamento porque, aunque los llame adolescentes, lo hago para diferenciarlos de los m&aacute;s mayores, que ya rondaban la treintena como yo. Todo esto dicho con la incertidumbre de no saber sus edades exactas, y especular en base a sus rasgos y cuerpos. Para las chicas parec&iacute;a que todo les estaba permitido. Contra m&aacute;s sabe uno, m&aacute;s ciego te vuelves, no hay nada como la inocencia. Una de las chicas, a fuerza de manipular y desflorar a uno de sus compa&ntilde;eros, lleg&oacute; a ponerme en un estado de excitaci&oacute;n claro. Con sus gestos, imitaba lo que ella imaginaba que podr&iacute;a ser un estado de excitaci&oacute;n m&iacute;o. Cog&iacute;a la polla del muchacho, lo masturbaba levemente y pasaba la punta de su lengua por el glande. No pude aguantar la risa viendo con qu&eacute; inter&eacute;s mamaba aquella polla. Una de sus compa&ntilde;eras, viendo y suponi&eacute;ndola satisfecha, la apart&oacute; y se hizo con la erguida verga e imit&oacute; sus gestos. En ocasiones se acostaban cara a cara, pero no se besaban, raramente los vi besarse, salvo a aquellos como Samsung, Aifon o Lila, a los que ense&ntilde;&eacute; lo provocativo, insinuante y lujurioso que puede llegar a ser un beso. Otra cosa que pude comprobar y experimentar, es que la mayor&iacute;a de los hombres, j&oacute;venes y maduros, ten&iacute;an la capacidad de mantenerse empalmados durante cierto tiempo, y eran dif&iacute;ciles de cansar. Alguna de las chicas en medio de aquella improvisada bacanal, se puso junto a m&iacute; recostada de lado y subiendo una de sus piernas dejando su sexo a la vista de sus compa&ntilde;eros&#8230; y m&iacute;a. Coloc&aacute;ndose a su espalda, uno de ellos con la polla en la mano, la guio hasta la entrada de su vagina, y moviendo ella misma las caderas y el cuerpo, introdujo la verga en su sexo. Con ese movimiento constante, consigui&oacute; que el muchacho se corriera, mojando con su semen los muslos de la chiquilla. Me di la vuelta y me puse tambi&eacute;n de lado y atraje a uno de los chicos a mi espalda. Por la sonrisa que puso, entend&iacute; que se sent&iacute;a afortunado, como aquellos tontos clones de la pel&iacute;cula &ldquo;La Isla&rdquo;, que se cre&iacute;an afortunados por ir a un para&iacute;so cuando en realidad los iban a incinerar. Llev&eacute; mi mano hacia atr&aacute;s y cog&iacute; su polla. Le masturb&eacute; por puro placer. Y cuando not&eacute; que la ten&iacute;a dura y r&iacute;gida, levant&eacute; un poco mi pierna, retroced&iacute; la espalda y coloqu&eacute; el glande en la entrada de mi sexo. Tir&eacute; levemente de &eacute;l para que entendiera lo que quer&iacute;a, pero no hizo falta, una vez colocado, tir&oacute; de su cuerpo hacia atr&aacute;s y me penetr&oacute; con fuerza. Estaba mojada y al placer ayudaba yo masaje&aacute;ndome el cl&iacute;toris. Una vez que estaba distendida y bien mojada, saqu&eacute; la verga de mi sexo y la coloqu&eacute; en mi culo. Apret&oacute; contra m&iacute; y me sent&iacute; bien una vez que su verga abri&oacute; mi culo y entr&oacute; con facilidad. Las primeras embestidas se las imped&iacute;. Contraje el culo, baj&eacute; la pierna para cerrar m&aacute;s el ano y ahogu&eacute; su polla dentro de m&iacute; y entre mis nalgas. Result&oacute; delicioso y excitante sentir como abrazaba aqu&eacute;l miembro. Cuando me pon&iacute;an de rodillas y me penetraban por el culo, pod&iacute;a sentir, pero en aquella posici&oacute;n era a&uacute;n m&aacute;s estremecedor notar aquella carne s&oacute;lida y caliente. Empec&eacute; a gozar primero de forma leve, primero pulsaciones, luego con m&aacute;s intensidad. Su mano fue a parar a mi vulva, pero se lo imped&iacute; y cogi&eacute;ndola con fuerza le hice entender que deb&iacute;a dejar su mano y sus dedos fl&aacute;cidos. Yo le guie hasta mi cl&iacute;toris, yo us&eacute; sus dedos para masturbarme, yo llev&eacute; su mano a lo largo de los labios de mi sexo, yo controlaba y mandaba. Empec&eacute; a gemir con m&aacute;s fuerza. Cerr&eacute; los ojos y el placer de aquella verga en mi culo y los largos y fr&aacute;giles dedos en mi co&ntilde;o, desembocaron en un escandaloso orgasmo y en un enorme placer. No dej&eacute; que en esa ocasi&oacute;n el muchacho hiciera lo que quisiera, mantuve a mi amante as&iacute; hasta que yo cre&iacute; conveniente. De mi boca salieron todo tipo de insultos y mi lenguaje se volvi&oacute; soez. El muchacho que me penetraba, que se hab&iacute;a parado un instante mientras yo me corr&iacute;a con sus dedos en mi sexo, aprovech&oacute; para ponerse en marcha de nuevo dentro de mi culo. Avanzaba y retroced&iacute;a muy bien, lo justo para que su glande rozara el agujero y lo distendiera, pero sin llegar a salir. Hac&iacute;a ya rato que yo hab&iacute;a perdido el control. Mantuve la mano del chico en mi sexo mientras me corr&iacute;a y solt&eacute; entre sus dedos todos mis l&iacute;quidos. Me la ensart&oacute; por &uacute;ltima vez con un gran espasmo, y mientras se agitaba de placer, derram&oacute; todo su ardiente semen dentro de m&iacute;. Los dos gritamos al un&iacute;sono. Dorm&iacute; tranquila y feliz durante unos minutos.<\/p>\n<p>La luz del sol, que hasta ese momento me daba un chorro de calor y claridad, se fue velando poco a poco. Ya no ten&iacute;a nada que hacer all&iacute;, Me sent&iacute;a sola, otra vez esa sensaci&oacute;n que en aquellos primeros d&iacute;as no terminaba de dejarme. El atardecer y la consiguiente noche fueron largas y menos agradables. Se celebr&oacute; una especie de fiesta en honor de vete a saber qu&eacute;, el cambio de estaci&oacute;n, una buena pesca, la construcci&oacute;n de una choza. Se comi&oacute; y bebi&oacute; lo que se pudo y m&aacute;s, y se form&oacute; una org&iacute;a en toda regla. Muchos de los hombres pretendieron disponer de m&iacute;, pero aqu&eacute;l d&iacute;a yo hab&iacute;a tenido suficiente, s&oacute;lo quer&iacute;a dormir. Obedec&iacute; a los primeros ind&iacute;genas que vinieron a sacarme de la caba&ntilde;a para follar all&iacute; mismo, o incluso sin llegar a levantarme del camastro, pero mi apat&iacute;a era tal que fueron desistiendo poco a poco.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 12<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Estos ind&iacute;genas ten&iacute;an la costumbre de distribuirse en peque&ntilde;os grupos durante la vida cotidiana. Descubr&iacute; d&oacute;nde se met&iacute;an los hombres la mayor&iacute;a del tiempo, unos pescando, otros cazando. Las chicas en el arroyo cogiendo musgo, hojas de plataneras, hierba fresca y agua. Las mujeres mayores en el poblado limpiando, haciendo fuego o cuidando de los [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":18539,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[],"class_list":{"0":"post-33048","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-grandes-relatos"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/33048","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18539"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=33048"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/33048\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=33048"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=33048"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=33048"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}