{"id":33156,"date":"2022-01-02T18:27:06","date_gmt":"2022-01-02T18:27:06","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-01-02T18:27:06","modified_gmt":"2022-01-02T18:27:06","slug":"autopista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/autopista\/","title":{"rendered":"Autopista"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"33156\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">0<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>&mdash;Y t&uacute;, &iquest;ya tuviste un orgasmo a 130 km\/h?<\/p>\n<p>Lo estaba provocando. Era claro que no.<\/p>\n<p>Est&aacute;bamos en el camino de regreso, avanzando en una autopista del Norte de Francia, despu&eacute;s de un d&iacute;a de visita tur&iacute;stica.<\/p>\n<p>Lo conoc&iacute;a desde mi primer a&ntilde;o de universidad, era uno de estos famosos &ldquo;amigo de amigo&rdquo;. Por casualidad, nos hab&iacute;amos vuelto a encontrar hac&iacute;a un mes, en un voluntariado de arqueolog&iacute;a, y ocupaba desde entonces la mayor&iacute;a de mis pensamientos. Hab&iacute;a alimentado mis fantas&iacute;as durante varios a&ntilde;os y, por fin, se hab&iacute;an vuelto realidad en su carpa, en la m&iacute;a, en el monte, en el r&iacute;o, en los ba&ntilde;os del camping y en las callecitas oscuras de la ciudad medieval al lado de la cual nos aloj&aacute;bamos con el grupo de voluntarios. Cach&aacute;bamos como desesperados, fuerte y violentamente, la mayor&iacute;a del tiempo parados y sin tomar el tiempo de quitarnos la ropa. Lo mord&iacute;a, me ara&ntilde;aba, nos agarr&aacute;bamos con tanta fuerza que se hab&iacute;an marcado moretones en nuestras cinturas y nalgas.<\/p>\n<p>Diego ten&iacute;a una afici&oacute;n desenfrenada por el sexo, como la m&iacute;a. Entonces, cuando me propuso visitarlo, una semana despu&eacute;s del voluntariado, no dud&eacute; un minuto en cruzar la totalidad del territorio franc&eacute;s para encontrarlo.<\/p>\n<p>Hab&iacute;amos pasado dos d&iacute;as sin bajar de su cama. Me hac&iacute;a pensar en este juego al cual jugaba de ni&ntilde;a, cuando te imaginas que el piso es lava y que tienes que saltar de mueble en mueble para desplazarte en la sala, desesperando a tus padres. Despu&eacute;s de esta estad&iacute;a, en lo que Diego llamaba po&eacute;ticamente el Continente de las S&aacute;banas, &eacute;l continuamente metido en mi boca o en mi concha, me hab&iacute;a propuesto salir para hacer un d&iacute;a de visita y disfrutar del sol. Sonaba como un sacrificio asumido, animado por la amable intenci&oacute;n de hacerme conocer su regi&oacute;n un poco m&aacute;s all&aacute; de las paredes anaranjadas de su cuarto y de los lunares de su ingle. Hab&iacute;a manejado hacia el puerto m&aacute;s cercano para pasear con el mar como tel&oacute;n de fondo.<\/p>\n<p>El d&iacute;a hab&iacute;a pasado r&aacute;pido, nos hab&iacute;amos divertido y ahora que est&aacute;bamos en su carro, nos costaba contener las ganas que nos ten&iacute;amos. En parte era mi culpa: apenas sentados, hab&iacute;a puesto mi mano en su pierna. Ni hab&iacute;amos hecho un kil&oacute;metro, y ya estaba amasando su verga a trav&eacute;s de su jean. Era de buen tama&ntilde;o y la encontraba deliciosamente presa de la tela, torturada por una erecci&oacute;n contenida y, lo esperaba, pronto inaguantable.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a pasado mi otra mano en el interior de mi sost&eacute;n y acariciaba la curva c&aacute;lida de mi teta. Diego me dio un vistazo y sonri&oacute;, volviendo a fijar su atenci&oacute;n en la pista.<\/p>\n<p>No era guapo. Ten&iacute;a una nariz prominente, cejas gruesas y labios carnosos de los cuales me burlaba, &ldquo;Tienes labios hechos para chupar pingas&rdquo;, le dec&iacute;a. Era moreno, un poco m&aacute;s alto que yo y muy flaco, como si sus m&uacute;sculos delgados estuvieran constantemente tensos y atormentados por sus nervios.<\/p>\n<p>La noche empezaba a caer en un largo atardecer de septiembre y no hab&iacute;a mucho tr&aacute;fico en la autopista.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Tienes ganas? &mdash;me pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>Dej&eacute; su entrepierna para pasar mi mano debajo de mi falda. Mi calz&oacute;n negro estaba h&uacute;medo. Abr&iacute; las piernas y pas&eacute; mi mano debajo de la tela delgada. Hac&iacute;a tiempo que hab&iacute;a dejado de lado la depilaci&oacute;n integral. Me gustaba que mi sexo est&eacute; apenas escondido y protegido por unos pelitos cortos y color casta&ntilde;o que procuraba cuidar regularmente. Formaban un vellito ligero y delgado, sedoso y discreto en el cual deslic&eacute; mis dedos hasta el interior de mis labios que se hallaban entreabiertos, para recoger un poco de la brillante excitaci&oacute;n que los cubr&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;No s&eacute;, &iquest;a ti qu&eacute; te parece? &mdash;le contest&eacute;, presentando mis dedos mojados a la altura de sus labios.<\/p>\n<p>Los lami&oacute;, fingiendo una profunda reflexi&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que necesito una muestra m&aacute;s representativa, as&iacute; nom&aacute;s no puedo darte una evaluaci&oacute;n realista.<\/p>\n<p>Este inicio de juego me estaba calentando.<\/p>\n<p>Diego era un c&iacute;nico, arrecho y malcriado, amante de la poes&iacute;a rusa y profesor de matem&aacute;ticas. La gente lo consideraba pedante, cre&iacute;do y desprovisto de cualquier forma de empat&iacute;a. Yo lo consideraba como la persona que m&aacute;s me excitaba en el mundo, a qui&eacute;n consegu&iacute;a arrancar gritos de goce y ruegos desesperados de frustraci&oacute;n, como iba a ocurrir pocos minutos despu&eacute;s.<\/p>\n<p>Apoy&eacute; mis pies en el tablero del carro y volv&iacute; a pasar mi mano debajo de mi falda, pero esta vez mis caricias eran m&aacute;s insistentes. Recorr&iacute;an los labios mojados de mi sexo y mi cl&iacute;toris, con un movimiento pausado y regular. Me excitaba mucho tocarme estando a su lado. &Eacute;l todav&iacute;a no pod&iacute;a mirar lo que estaba haciendo, pero era claro que se lo imaginaba sin ninguna dificultad. Solo ve&iacute;a que hab&iacute;a levantado mi blusa y que hab&iacute;a sacado mi seno del sost&eacute;n para jugar sin pudor con mi pez&oacute;n erguido y sensible. La forma de su verga ya se dibujaba n&iacute;tidamente a trav&eacute;s de su jean. Estaba completamente arrecho.<\/p>\n<p>Me met&iacute; lentamente dos dedos y dej&eacute; escapar un suspiro que Diego no se perdi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Ya, est&aacute; bien, se puede probar de nuevo &mdash;dijo, impaciente.<\/p>\n<p>Volv&iacute; a presentar mis dedos delante de sus labios rollizos que los esperaban entreabiertos. Los chup&oacute; con voracidad, su lengua recib&iacute;a las ligeras idas y venidas de mis dedos. Una de sus manos solt&oacute; el volante para desabrochar la bragueta de su pantal&oacute;n que comprim&iacute;a su verga. Escondida en su b&oacute;xer, estaba totalmente vertical y dura, apoyada contra su pubis, apuntando hacia su ombligo.<\/p>\n<p>La visi&oacute;n era encantadora: Diego mirando la pista, imperturbable, dejando mis dedos cacharle lentamente la boca, con sus manos pegadas al volante y su erecci&oacute;n dantesca.<\/p>\n<p>Una gotita que se hab&iacute;a escapado de su punta y dejaba una mancha de arrechura en la tela gris de su ropa interior. Me daba morbo. Mi otra mano solt&oacute; mi pez&oacute;n ligero y deliciosamente adolorido, y la baj&eacute; para tocarme. Mi excitaci&oacute;n era dif&iacute;cilmente aguantable, sent&iacute; que mi cl&iacute;toris se hab&iacute;a hinchado. Mi sexo sufr&iacute;a un vac&iacute;o insoportable. Es una sensaci&oacute;n que me vuelve loca. Cuando desgraciadamente me pasa en un sitio inapropiado, como una reuni&oacute;n de trabajo o un lugar p&uacute;blico &ndash; por las pel&iacute;culas que me hago en la cabeza, imaginando escenas obscenas con desconocidos &ndash;, tengo que hacer todos los esfuerzos posibles para pensar en otra cosa. Pero cuando s&eacute; que me puedo satisfacer, sentir que necesito estar penetrada se convierte en un placer. Y ahora, justamente, lo estaba disfrutando, jugando con dos dedos en la entrada de mi vagina.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;As&iacute; te parece suficiente? &mdash;le pregunt&eacute; a Diego mientras retiraba mis dedos de su boca y le acariciaba los labios.<\/p>\n<p>Me contest&oacute; sonriendo, sin que su mirada dejara el horizonte.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que s&iacute;, tienes ganas&#8230; Tambi&eacute;n creo que sabes a&uacute;n m&aacute;s rico cuando te vienes.<\/p>\n<p>No le respond&iacute; nada, &eacute;l sab&iacute;a que estaba esperando que me pidiera masturbarme a su lado.<\/p>\n<p>A pesar de ser poco propensa al exhibicionismo, me gustaba que mis amantes me miraran al tocarme. Diego lo sab&iacute;a, por haber sido un espectador entusiasta varias veces. Pas&eacute; mi mano por debajo de mi culo para agarrarme la concha por atr&aacute;s, mientras los dedos de la otra pasaban uno tras otro por mi cl&iacute;toris. Estaba jugando, como si tocara un piano empapado y brillante. Hab&iacute;a levantado totalmente mi falda, y a Diego no le hac&iacute;a falta m&aacute;s de una r&aacute;pida ojeada para ver lo que hac&iacute;a. Me animaba:<\/p>\n<p>&mdash;Quiero que te metas los dedos, haz como te gusta, como me lo ense&ntilde;aste. Abre tus piernas lo m&aacute;s que puedas. Que te hagas venir as&iacute; de abierta, como si entregaras tu concha a la pista.<\/p>\n<p>Le obedec&iacute; con gusto, meti&eacute;ndome directamente dos dedos, con los pies apoyados en el tablero. Estaba c&aacute;lida y chorreante. La sensaci&oacute;n de mis dedos era rica y quer&iacute;a sentirme m&aacute;s llena. Me met&iacute; un tercero y pellizqu&eacute; mi cl&iacute;toris con mi otra mano. Un gemido que no consegu&iacute; contener se escap&oacute; de mi boca. La descarga el&eacute;ctrica hab&iacute;a sido instant&aacute;nea y la onda de choque de mi orgasmo recorri&oacute; todo el cuerpo, irradi&aacute;ndose desde mi sexo.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; rico, carajo&hellip; Me encanta cuando te vienes &mdash;se alegr&oacute; Diego.<\/p>\n<p>Lo volv&iacute; a mirar, recuper&aacute;ndome de la violencia del goce. Segu&iacute;a con la mirada fija hacia delante y con la sonrisa que tienen los malos en las pel&iacute;culas, era una mezcla de satisfacci&oacute;n cruel y de excitaci&oacute;n. Parec&iacute;a que Diego ten&iacute;a la capacidad de controlarme, que solo le hac&iacute;a falta ordenarme que me venga, para que hiciese su voluntad tanto en su cama como en su carro. En parte era verdad, y me excitaba satisfacerlo de esta forma. Acerqu&eacute; mis dedos a su boca, me hab&iacute;a venido en ellos y, en el rel&aacute;mpago de los faros de un carro que cruzamos, vi que el chorreo de mi placer hab&iacute;a llegado hasta mi palma. Diego lami&oacute;, lento y concienzudamente.<\/p>\n<p>&mdash;Y t&uacute;, &iquest;ya tuviste un orgasmo a 130 km\/h? &mdash;le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;No, pero creo que me podr&iacute;as ayudar para llenar esta laguna&hellip; y tu boca&hellip; mientras manejo.<\/p>\n<p>Ten&iacute;a esa incre&iacute;ble chispa de lujuria que brillaba en los ojos, estaba totalmente loco y me encantaba. Me agach&eacute; hacia &eacute;l y le bes&eacute; suavemente el cuello. Mi nariz acariciaba el l&oacute;bulo de su oreja. Sent&iacute;a su piel estremecerse bajo mis labios h&uacute;medos. Cuando puse mi mano sobre el bulto tenso que ten&iacute;a en su entrepierna, Diego dej&oacute; escapar un suspiro.<\/p>\n<p>&mdash;Por favor&hellip;<\/p>\n<p>Apret&eacute; su verga a trav&eacute;s de su b&oacute;xer, encerr&aacute;ndola contra mi palma y presionando la punta con mi pulgar. Quer&iacute;a jugar un poco con &eacute;l, era mi turno.<\/p>\n<p>Le gustaba decidir el momento en el cual me viniera, y el d&iacute;a de antes se hab&iacute;a divertido conmigo, dej&aacute;ndome al borde del orgasmo durante largos minutos. Me hab&iacute;a dicho que me pusiera en cuatro y que cerrara los ojos. Solo llevaba mi calz&oacute;n y me lo hab&iacute;a bajado un poco, para desnudar mi culo y que la prenda de encaje fino me impidiera abrir las piernas como me gusta. As&iacute; de constre&ntilde;ida, hab&iacute;a tenido que aguantar las reglas de su juego, que consist&iacute;a en dejarlo hacerme venir usando &uacute;nicamente un dedo de cada mano. Hab&iacute;a pasado m&aacute;s de media hora al colmo de la excitaci&oacute;n, sent&iacute;a el chorreo c&aacute;lido de mi sexo a lo largo de mis muslos. Me hubiera bastado un golpecito en el cl&iacute;toris para mandarme bien lejos, y le suplicaba para que me dejara tocarme. &ldquo;Olv&iacute;dalo, no hay forma de que hagas trampas con tu mano, as&iacute; es el juego&rdquo;, me hab&iacute;a contestado. Despu&eacute;s de un buen rato de esta insoportable espera, hab&iacute;a logrado venirme, sob&aacute;ndome vergonzosamente sobre mi propio pie, con sus dos dedos profundamente metidos en el culo. &ldquo;Qu&eacute; morbosa que eres&hellip;&rdquo; me hab&iacute;a susurrado.<\/p>\n<p>Parec&iacute;a que en este carro los papeles hab&iacute;an sido intercambiados y eso me encantaba. Disfrutaba mucho de verlo as&iacute;, torturado por las ganas de que le pajee y que le haga venirse. Nos paramos unos segundos en un peaje. Fue lo suficiente para que soltara el volante y liberara su verga, con el par de idas y venidas de una paja nerviosa, ansioso por recuperar el tiempo perdido.<\/p>\n<p>&mdash;Prefiero que te quedes enfocado en la pista y que manejes con las dos manos &mdash;le dije, interrumpiendo su masturbaci&oacute;n al agarrarle firmemente la mu&ntilde;eca.<\/p>\n<p>Me obedeci&oacute;, retomando el volante y concentr&aacute;ndose para manejar, con la mirada hacia adelante, pero con los labios entreabiertos, sacudidos por su profunda respiraci&oacute;n. Tom&eacute; su verga dura e hinchada en mi mano y empec&eacute; a masturbarlo muy ligeramente, para frustrarlo, con gestos que fing&iacute;an timidez y que no me atrev&iacute;a a tomarla a mano llena. Diego hubiera vendido a su madre para que mis movimientos fueran hondos y r&aacute;pidos, para que le agarrara la pinga con fuerza y que por fin se viniera. Para vengarme de la frustraci&oacute;n del d&iacute;a anterior, me dedicaba a regalarle una paja insoportablemente blanda y floja, manteni&eacute;ndolo entre dos aguas: demasiado para poder calmarse y no lo suficiente para venirse. En la penumbra del carro pod&iacute;a ver como la punta de su verga brillaba de excitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Te tengo unas ganas&hellip; me quiero venir ya, por favor.<\/p>\n<p>&mdash;No creo que todav&iacute;a sea el momento apropiado &mdash;le contest&eacute;, aumentando apenas un poco m&aacute;s la presi&oacute;n de mi mano.<\/p>\n<p>Se mord&iacute;a el labio, sus ojos brillaban y ve&iacute;a que hac&iacute;a todos los esfuerzos del mundo para no soltar el volante y satisfacerse de una vez.<\/p>\n<p>Un 130 iluminaba el contador del carro.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres que haga?<\/p>\n<p>Sonre&iacute;, por fin era toditito m&iacute;o.<\/p>\n<p>&mdash;Quiero que est&eacute;s tan desesperado como yo lo estuve ayer, cuando te divert&iacute;as mir&aacute;ndome buscar mi tal&oacute;n para sobarme en &eacute;l como si fuera un animal.<\/p>\n<p>No ve&iacute;a mi cara, pero luc&iacute;a mi sonrisa asesina.<\/p>\n<p>&mdash;Es insoportable que me toques as&iacute;, &iexcl;quiero que me la agarres de una vez y que me hagas venir!<\/p>\n<p>Mi mano apret&oacute; su verga, apenas un poquito m&aacute;s. Diego suspir&oacute;, aliviado:<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute;, as&iacute;. Sigue, por favor&hellip;<\/p>\n<p>Con mi otra mano hab&iacute;a vuelto a masturbarme lentamente. Me excitaba sentir su verga a punto de explotar.<\/p>\n<p>&mdash;Mira, si me haces venir ahora, a cambio te prometo que llegando a casa te voy a lamer toditita. Voy a recorrerte con mi lengua de la concha al culo hasta que te vengas y te tocar&aacute;s todo lo que quieras.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a ganado, para la m&aacute;s grande de mis satisfacciones.<\/p>\n<p>&mdash;Dale, me parece un buen trato &mdash;le contest&eacute;, apretando su verga con fuerza.<\/p>\n<p>Nunca la hab&iacute;a sentido tan dura, me hubiera gustado que me la metiera as&iacute; y ten&iacute;a muchas ganas de chuparla. Gemimos los dos cuando empec&eacute; a masturbarlo como lo anhelaba, mientras me met&iacute;a dos dedos e imaginaba esta hermosa verga dentro de mi concha. Aceleraba el movimiento de mi mano. Diego disfrutaba de un placer contenido por la concentraci&oacute;n que pon&iacute;a en manejar, con su mirada clavada en la pista. Me liber&eacute; de la parte alta de mi cintur&oacute;n de seguridad y me agach&eacute; hacia su bragueta. Le lam&iacute; la punta de la verga, degustando su excitaci&oacute;n l&iacute;quida sin dejar de masturbarlo. Respiraba m&aacute;s hondo.<\/p>\n<p>&mdash;Uy, si sigues as&iacute;, te voy a llenar la boca de leche&#8230;<\/p>\n<p>Y segu&iacute;, con una felaci&oacute;n profunda, hundiendo su sexo hasta mi garganta y presion&aacute;ndola con mi lengua. Le amasaba las bolas y mi otra mano se agitaba en mi cl&iacute;toris.<\/p>\n<p>Los que me conocen saben cu&aacute;nto me gusta venirme con una verga en la boca, y era exactamente lo que quer&iacute;a.<\/p>\n<p>Con un vistazo, Diego se dio cuenta de que me estaba masturbando y bast&oacute; una presi&oacute;n m&aacute;s fuerte de mi lengua para sentirlo brotar en mi boca. Sus olas se derramaron en mi lengua y gem&iacute;a, conteniendo sus espasmos para mantener su atenci&oacute;n en la conducci&oacute;n.<\/p>\n<p>Era tan rico sentir su goce as&iacute;&hellip; Mi mano estaba frotando fren&eacute;ticamente mi cl&iacute;toris y sent&iacute; mi propia ola invadirme de nuevo.<\/p>\n<p>Me vine tragando su semen, morbosa y sin verg&uuml;enza, con mi mano apretando mi concha chorreante.<\/p>\n<p>Me levant&eacute; para mirar a Diego. Sonre&iacute;a como yo, los dos aliviados y felices.<\/p>\n<p>El contador del carro segu&iacute;a marcando 130 y nos est&aacute;bamos enamorando.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>0 &mdash;Y t&uacute;, &iquest;ya tuviste un orgasmo a 130 km\/h? Lo estaba provocando. Era claro que no. 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