{"id":33164,"date":"2022-01-03T23:00:00","date_gmt":"2022-01-03T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-01-03T23:00:00","modified_gmt":"2022-01-03T23:00:00","slug":"carnaval-caliente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/carnaval-caliente\/","title":{"rendered":"Carnaval caliente"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"33164\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>La mujer ya hab&iacute;a recorrido su camino. Estaba sola, nunca llegu&eacute; a saber si era viuda, divorciada o qu&eacute; pero, pese a sus sesenta y tantos, ol&iacute;a a hembra en celo.<\/p>\n<p>Por tradici&oacute;n de pensionistas anteriores, todos la llam&aacute;bamos &quot;la patrona&quot;.<\/p>\n<p>Era p&iacute;cara la veterana. Ten&iacute;a unos pechos que reventaban en corpi&ntilde;os siempre dos n&uacute;meros mas chicos del que les era necesario. Forma de pera ten&iacute;an. Esos que son mas angostos arriba y cuando caen parecen bellotas maduras.<\/p>\n<p>Y el traste? Dios m&iacute;o, que culo!!! Eran dos melones que se sacud&iacute;an cuando caminaba, con una redondez y turgencia incre&iacute;ble para los a&ntilde;os que mostraba su rostro, ajado con una sombra de bigote enmarcando sus labios. Sus piernas luc&iacute;an tan peludas como sus sobacos, pero muy bien torneadas y de piel tersa, no como su rostro. Se le enterraba una tanguita entre las dos nalgas, visible debido a la &quot;mini&quot; de nylon que vest&iacute;a con naturalidad.<\/p>\n<p>Yo imaginaba su sexo, bien colorado y anhelante, rodeado por una mata de vello de rizos entrelazados, tan tupido como para peinarlo y extenderlo hasta su agujero negro.<\/p>\n<p>Los pensionistas &eacute;ramos estudiantes, varones en la veintena y, para que negarlo, todos fantase&aacute;bamos. Se imaginan con que.<\/p>\n<p>Lo peor del caso es que no nos daba ni la hora, excepto para saludarnos con cortes&iacute;a y cocinarnos un men&uacute; que ella eleg&iacute;a cada d&iacute;a. Cuando nos serv&iacute;a la comida, la patrona sab&iacute;a como hacer descansar sus enormes tetas sobre nuestros hombros y refregarlas en ellos, lo que a m&iacute; me excitaba a morir, cosa que trat&eacute; de hacerle notar en m&aacute;s de un almuerzo corriendo mi silla para atr&aacute;s, dej&aacute;ndole entrever la carpa que formaba mi picha erguida contra mi bragueta..<\/p>\n<p>Los s&aacute;bados, despu&eacute;s del mediod&iacute;a, se iba y no volv&iacute;a hasta la madrugada del lunes. Yo sab&iacute;a, por chimentos de otros pensionistas, que los fines de semana se ocupaba de una sobrina que viv&iacute;a en un internado de la ciudad y a la que dejaban salir esos d&iacute;as bajo su guarda. Chimentaban que la hab&iacute;an dejado all&iacute; su hermana viuda, dado que se le hab&iacute;a insinuado a su actual esposo y no la quer&iacute;a cerca de &eacute;l y de sus peque&ntilde;os hermanastros.<\/p>\n<p>Sin darnos cuenta, ten&iacute;amos el Carnaval encima. Ese fin de semana yo, chinchudo, era el &uacute;nico que hab&iacute;a quedado en la pensi&oacute;n. Todos los inquilinos ya se hab&iacute;an ido para sus casas o, los m&aacute;s, a Montevideo a ver la Justa de Murgas y, para terminar la juerga, a los prost&iacute;bulos que, a pesar de ser febrero, en esos d&iacute;as hac&iacute;an su agosto.<\/p>\n<p>El domingo me acababa de despertar cuando son&oacute; el tel&eacute;fono. Era la patrona.<\/p>\n<p>-Hola, Walter, buen d&iacute;a, te despert&eacute;?<\/p>\n<p>-No, patrona, ya estaba ceb&aacute;ndome un mate. Pasa algo?<\/p>\n<p>-Mir&aacute;, ibamos a ir con mi sobrina hasta Carrasco, pero ella est&aacute;&#8230; bueno vos sab&eacute;s, y se le meti&oacute; que hace mucho calor. No quiere caminar. Bueno, en realidad no quiere nada. Quiere que la lleve a casa, &iquest;te molesta?<\/p>\n<p>-Pero, patrona, la casa es suya. &iquest;Que pregunta me hace? Yo igual pensaba ir a la ciudad vieja, para conversar con los turistas que hay estos d&iacute;as. Colonia est&aacute; desierta, y es lindo recorrerla.<\/p>\n<p>-Bueno, Walter, en realidad yo te iba a pedir que te quedaras para hacernos compa&ntilde;&iacute;a, y despues, si la Amalia se pone bien, ir juntos, &iquest;te va? Yo preparar&eacute; ayer antes de venirme unos capelettis y un lindo tuco. Llevo un tinto para los tres, los cocino y almorzamos. Que dec&iacute;s?<\/p>\n<p>La verdad era que yo no pensaba ir a Colonia un carajo. Es mas aburrida que chupar un clavo, y el solo imaginarme con la patrona a solas me hizo sentir cosquillas en la entrepierna, as&iacute; que no dud&eacute;, aunque se la hice dif&iacute;cil.<\/p>\n<p>-Bueno, patrona, si usted me lo pide&#8230;pero su sobrina &iquest;no tendr&aacute; problemas conmigo en la casa?<\/p>\n<p>-Pero no, Walter, ya le dije y est&aacute; con ganas de conocer alguien nuevo. Siempre encerrada con los mismos, la pobre. Vamos para all&aacute;, entonces. Nos vemos. Chau.<\/p>\n<p>-Chau.<\/p>\n<p>Al rato escuch&eacute; la puerta y me acerqu&eacute; a recibirlas.<\/p>\n<p>-Esta es Amalia, mi sobrina &#8211; me dijo la patrona.<\/p>\n<p>Tendr&iacute;a unos veinte a&ntilde;os y era muy corpulenta. Era m&aacute;s alta que yo, que mido casi un metro ochenta. Vest&iacute;a un top sin mangas y bermudas, y sus brazos y piernas, muy bien torneados, luc&iacute;an un vello tan tupido como el de su t&iacute;a.<\/p>\n<p>Fui detr&aacute;s de ellas hasta la sala. Amalia ten&iacute;a una cola turgente y unas caderas rotundas coronadas por una cintura fina que se continuaba en una espalda cuadrada, casi masculina.<\/p>\n<p>-Me llamo Walter- le dije cuando nos sentamos a la mesa, frente a frente. Me mir&oacute;, pero no contest&oacute;.<\/p>\n<p>Mientras su t&iacute;a fue a buscar algo para tomar, la observ&eacute; con detenimiento. Not&eacute; que no usaba sost&eacute;n y su top revelaba unos pezones erectos como si fuesen dos botones en relieve, aunque los pechos se ve&iacute;an peque&ntilde;os para una mujer tan grandota. Su rostro era vulgar, enmarcado por un pelo negro cortado casi al rape, ojos color pardo oscuro y una boca grande con labios muy gruesos en forma de coraz&oacute;n sombreados por un vello oscuro bajo una nariz ganchuda. Fea sin remedio.<\/p>\n<p>La patrona volvi&oacute; con unos vasos y una jarra de limonada, cuando Amalia habl&oacute; por primera vez.<\/p>\n<p>-Walter, que lindo sos-dijo con una voz ronca y grave.<\/p>\n<p>La patrona puso las cosas sobre la mesa, la mir&oacute; fijo y la ret&oacute; a voz en cuello.<\/p>\n<p>-&iexcl;Que te dije de como hablar con la gente, atrevida! &iexcl;siempre dando la nota! &iexcl;te ganaste la paliza del d&iacute;a!<\/p>\n<p>Quise intervenir para aplacarla y defender a la chica, pero vi que la cara de Amalia se transformaba con una mueca extra&ntilde;a mientras sacaba una lengua muy larga y se relam&iacute;a con ella sus labios gruesos, como si hubiese estado esperando con placer la amenaza.<\/p>\n<p>-Quiero que me castigues ahora y que Walter se quede para que vea como me cuid&aacute;s.-. Escuch&eacute; asombrado la iron&iacute;a de Amalia.<\/p>\n<p>-No, yo&#8230;me parece que no tengo nada que ver- atin&eacute; a decir casi balbuceando. La patrona se enoj&oacute; a&uacute;n m&aacute;s.<\/p>\n<p>-As&iacute; que eso quer&eacute;s, atorranta- le grit&oacute;, &#8211; y lo vas a tener. Voy a buscar la palmeta y te voy a dejar el culo como un florero. Vas a aprender.- y me mir&oacute;, gui&ntilde;andome un ojo buscando mi aprobaci&oacute;n. -Vos Walter te qued&aacute;s, y la vas a poner boca abajo sobre tus piernas para que no se me escape, me pongo c&oacute;moda y vuelvo.<\/p>\n<p>Qued&eacute; estupefacto. Vi a la patrona ir hacia la escalera, mientras que Amalia se par&oacute;, me dio la espalda y comenz&oacute; a bajarse el bermuda. No ten&iacute;a nada debajo y sus cachetes, carnosos y redondos, me estallaron en la cara.<\/p>\n<p>Solo imaginar que tendr&iacute;a ese culo en pompa a upa hizo que me empalmara, pero cuando vi a la patrona bajar la escalera supe que tendr&iacute;amos fandango. Hab&iacute;a dicho ponerse c&oacute;moda. &iexcl;Que mierda, estaba en tanga y corpi&ntilde;o!<\/p>\n<p>Eran rojos, de encaje, y mostraban lo que yo, en mis m&aacute;s febriles pajas, nunca hab&iacute;a llegado a imaginarme. Llevaba en la mano una palmeta de mango redondo, corto y grueso, que remataba en un aro peque&ntilde;o de madera con encordado de raqueta de tenis. Del aro de madera sal&iacute;an plumas chiquitas muy blancas.<\/p>\n<p>Tom&oacute; a Amalia de la mano y la arrastr&oacute; hasta mi, obligandola a subirse culo para arriba sobre mis rodillas. Claro, yo ya ten&iacute;a la picha en completa erecci&oacute;n y su cachucha qued&oacute; encima de ella. La sinti&oacute; y comenz&oacute; a refregarse contra ella como si tuviera el mal de sanvito, mientras la patrona comenz&oacute; a atizarle las nalgas con la palmeta.<\/p>\n<p>Clav&eacute; la mirada en las tetas de la patrona que se bamboleaban con cada raquetazo.<\/p>\n<p>No me aguant&eacute; y le arranqu&eacute; el soutien de un tir&oacute;n. Se agach&oacute; hacia mi y me meti&oacute; la lengua en la boca. Comenc&eacute; a lam&eacute;rsela y sobarle los pezones que pronto se endurecieron como avellanas. Amalia extendi&oacute; su mano y la meti&oacute; debajo de la tanguita de su t&iacute;a. Se la baj&oacute; y vi como empez&oacute; a sobarle la ya h&uacute;meda cajeta. Habr&aacute; pasado un minuto, no m&aacute;s, cuando la patrona tir&oacute; la palmeta al piso, retir&oacute; su boca de la m&iacute;a, cay&oacute; arrodillada y peg&oacute; un alarido gutural. -&iexcl;Amalia, dame tu bot&oacute;n!- grit&oacute;, mientras los espasmos de un orgasmo recorr&iacute;an todo su cuerpo.<\/p>\n<p>Amalia salt&oacute; de mi regazo. Entonces fue cuando la vi de frente y not&eacute; su tremendo cl&iacute;toris que, como una pir&aacute;mide obscena, sobresal&iacute;a de su concha roja bordeada con pendejos enmara&ntilde;ados desde su ombligo hasta el coxis Los palmetazos y el frotarse contra mi miembro al palo la hab&iacute;an encendido y el bot&oacute;n del placer estaba como erecto y a la altura de la boca de la patrona, que no dud&oacute; en rodearlo con sus labios ajados y comenzar a chuparlo.<\/p>\n<p>Los jadeos de ambas hablaban de su tremenda calentura. Mi picha estaba al rojo fuego, el glande hinchado.<\/p>\n<p>Supe que ten&iacute;a que ponerla o pajearme ya. Cuando logr&eacute; pararme y desprenderme de mi ropa, busqu&eacute; donde enterrarla, El ojo negro de Amalia me hac&iacute;a gui&ntilde;o, as&iacute; que la ensaliv&eacute; para lubricarla y all&iacute; la ensart&eacute;, sin avisarle.<\/p>\n<p>-&iexcl;Hijo de puta!-grit&oacute;-&iexcl;Por el culo nooo. Nunca me dej&eacute;. Me mat&aacute;s! Cuando logr&eacute; meter la cabeza, quiso detenerme apretando su esfinter. Venc&iacute; la valla y se la enterr&eacute; hasta las pelotas.<\/p>\n<p>Ment&iacute;a. La turrita ya hab&iacute;a recibido antes visitas en su upite, que se me abri&oacute; anhelante de verga. Yo entraba y sal&iacute;a de ese culo con un vaiven que se hizo fren&eacute;tico. Aprovech&eacute; para amasar sus peque&ntilde;as tetas por arriba de su top que, debido a su transpiraci&oacute;n, se hab&iacute;a convertido en un trapo. No v&eacute;&iacute;a a la patrona, pero o&iacute;a a su boca chupeteando ese cl&iacute;toris desmesurado.<\/p>\n<p>Amalia balbuceaba. &iexcl;No me de&#8230; jen, no pa&#8230; ren. Que pla&#8230; cer, Ahh!<\/p>\n<p>Yo sent&iacute; que mi cl&iacute;max llegaba. Amalia se agach&oacute; hacia adelante y apret&oacute; la cabeza de su t&iacute;a contra su concha. Empez&oacute; a tartamudear. &ndash;&iexcl;Me corro, carajo, me co&#8230; rro! &iexcl;y me voy a ca&#8230; gar! ! &iexcl;Que sen&#8230; sa&hellip; ci&oacute;n!<\/p>\n<p>Amalia temblaba. Lleg&oacute; al orgasmo y no pudo sostenerse en pie. Cay&oacute; de rodillas. Su concha se convirti&oacute; en un surtidor. Los chorros del squirt que largaba ba&ntilde;aron la cara de la patrona, que cerr&oacute; los ojos mientras el l&iacute;quido se corr&iacute;a hasta sus tetas.<\/p>\n<p>Al descolgarme de su orto, sent&iacute; a la guasca subir por mi pija y eyacul&eacute;. El primer chorro sali&oacute; tan fuerte que se elev&oacute; y pudo alcanzar los labios de la patrona, que empez&oacute; a lamerlo. La leche de los siguientes ba&ntilde;aron la espalda y el pelo de Amalia.<\/p>\n<p>Mis cojones se aliviaron y, cuando mi picha comenzaba a encogerse, la patrona se par&oacute; y vino hacia mi.<\/p>\n<p>-Walter, ni se te ocurra -me dijo- ahora me toca a m&iacute;.<\/p>\n<p>Me agarr&oacute; los huevos con una mano y empez&oacute; a pajearme con la otra, mientras que sus pezones, mojados por el squirt de la sobrina y duros como piedras, comenzaron a frotarse contra mis tetillas. En segundos mi poronga se irgui&oacute; como un m&aacute;stil. La patrona hab&iacute;a sido la due&ntilde;a de mis deseos libidinosos desde hac&iacute;a meses, y ahora me iba a dejar entrar en su vulva. &iexcl;Que morbo! lo evocado cuando me masturbaba al imaginarme cogiendo su concha carnosa se har&iacute;a realidad.<\/p>\n<p>Fue en ese momento que Amalia, a&uacute;n en el piso, comenz&oacute; con un pedorreo cuyo sonido y hedor inund&oacute; la sala. Se irgui&oacute;, levant&oacute; la palmeta e introdujo el mango en su cajeta de un saque. Acec&aacute;ndose a la patrona por la espalda, y mientras se pajeaba entrando y sacando el mango, empez&oacute; a acariciarle a su t&iacute;a las nalgas y el ojete con las plumitas.<\/p>\n<p>El olor a mierda nos rodeaba, pero no nos import&oacute;. Al contrario, nos encendi&oacute; a&uacute;n m&aacute;s a los tres.<\/p>\n<p>Aprovech&eacute; para tenderme boca arriba en el piso. La patrona se puso a horcajadas e introdujo mi carajo en su cachucha que me recibi&oacute; caliente como el infierno. Era c&oacute;moda y aterciopelada. Sin dejar que me moviera, baj&oacute; sus tetas para que se las chupara. Me prend&iacute; a ellas, una por vez, como un beb&eacute; hambriento, mientras ella, como un mu&ntilde;eco a cuerda, sub&iacute;a, bajaba y contoneaba sus caderas. Era una profesora del coito. Las arrugas de su rostro parec&iacute;an haberse alisado y desde atr&aacute;s Amalia le susurraba &ldquo;cogelo, t&iacute;a, cogelo al Walter&ldquo;.<\/p>\n<p>Esa tarde de domingo de Carnaval goc&eacute; como nunca.<\/p>\n<p>No. No le acab&eacute; adentro a la patrona.<\/p>\n<p>Me da un poco de verg&uuml;enza contarlo, pero terminaron chup&aacute;ndome las dos juntas la pija y los huevos. Me corr&iacute; como loco cuando Amalia me lamete&oacute; las pelotas, haciendo que levantara la cola. Vio su venganza y empez&oacute; a penetrar mi culo con el mango de la palmeta. No todo, solo un poquito. &iexcl;Que placer tan tremendo! Sent&iacute; cuando mi leche dejaba mis pelotas y sub&iacute;a como lava hirviendo por el tronco erguido de mi picha para terminar saltando hacia sus bocas, que la recibieron d&aacute;ndose un beso de lengua interminable para luego trag&aacute;rsela.<\/p>\n<p>Nos ba&ntilde;amos los tres juntos y jugamos otro rato. Todo termin&oacute; al anochecer cuando la patrona sali&oacute; con Amalia para regresarla al internado.<\/p>\n<p>El lunes me despert&eacute; tarde. Entr&eacute; en la sala y all&iacute; estaba un hombre bajito, pelado y con bigotes. Me dijo que &eacute;l era Aurelio, el nuevo due&ntilde;o de la pensi&oacute;n. Me inform&oacute; que la hab&iacute;a comprado el jueves antes de Carnaval y el d&iacute;a de ayer a la ma&ntilde;ana la se&ntilde;ora le hab&iacute;a dado la posesi&oacute;n, pero ella le hab&iacute;a solicitado que le permitiera el domingo por la tarde para dejarle ordenado el lugar. Le pregunt&eacute; por la patrona. Le dije que ni siquiera se hab&iacute;a despedido.<\/p>\n<p>&iexcl;Soy un mentiroso! &iexcl;Vaya si hubo despedida! Nunca la volv&iacute; a encontrar, ni a Amalia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>La mujer ya hab&iacute;a recorrido su camino. Estaba sola, nunca llegu&eacute; a saber si era viuda, divorciada o qu&eacute; pero, pese a sus sesenta y tantos, ol&iacute;a a hembra en celo. Por tradici&oacute;n de pensionistas anteriores, todos la llam&aacute;bamos &quot;la patrona&quot;. Era p&iacute;cara la veterana. 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