{"id":33282,"date":"2022-01-10T08:26:57","date_gmt":"2022-01-10T08:26:57","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-01-10T08:26:57","modified_gmt":"2022-01-10T08:26:57","slug":"el-diario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-diario\/","title":{"rendered":"El diario"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"33282\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 16<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Roc&iacute;o termin&oacute; de limpiar el sal&oacute;n. La habitaci&oacute;n de Carlos ya eran palabras mayores. Entrar all&iacute; era como hacerlo en una leonera, pero era su trabajo y para eso le pagaban.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a conseguido el empleo por mediaci&oacute;n de una amistad, y aunque asistenta del hogar no era el trabajo de sus sue&ntilde;os, ayudaba a cubrir algunas necesidades que la pensi&oacute;n de su marido no alcanzaba, sin embargo, dadas las circunstancias, el hecho de que fuese un trabajo a media jornada le permit&iacute;a atender tambi&eacute;n su casa, a su esposo y a sus dos hijos.<\/p>\n<p>Todas las tareas del hogar le concern&iacute;an a ella, por lo que, cuando el matrimonio regresaba a las tres de la tarde, la ropa estaba lavada, planchada, la casa impoluta y la comida servida en la mesa. Despu&eacute;s de eso, Roc&iacute;o se marchaba a su casa para seguir haciendo un poco m&aacute;s de lo mismo, con el agravante de tener que atender a un hijo crecidito que no encontraba trabajo, ni tampoco su lugar en el mundo; a otro que era ajeno a cualquier circunstancia que no estuviese vinculada a sus videojuegos; y por &uacute;ltimo, a un marido decr&eacute;pito, achacoso y depresivo al que hac&iacute;a ya dos a&ntilde;os que le hab&iacute;an concedido la invalidez absoluta tras un accidente laboral, de ah&iacute; que Roc&iacute;o llevase una vida monacal. A sus cincuenta a&ntilde;os su cuerpo estaba en su plenitud, por el contrario, ten&iacute;a que reprimir unos deseos que con frecuencia aguijoneaban sus carnes.<\/p>\n<p>Sea como fuere, el trabajo le ayudaba a evadirse de una situaci&oacute;n abrumadora en la que su &uacute;nico cometido parec&iacute;a ser el de ser una decente ama de casa dedicada en cuerpo y alma a ocuparse de un marido lisiado, y a sostener los cimientos de una situaci&oacute;n familiar que no le aportaba ninguna satisfacci&oacute;n, por consiguiente, el hecho de desaparecer por las ma&ntilde;anas era como una v&aacute;lvula de escape, aunque fuese llevando las riendas de otro hogar.<\/p>\n<p>Roc&iacute;o era diligente en sus tareas, y con tres meses en el puesto, la familia estaba m&aacute;s que complacida de su competencia, y por ello le subieron el sueldo, pese a que tan s&oacute;lo se tratase de un aumento simb&oacute;lico.<\/p>\n<p>Ese lunes, despu&eacute;s de arreglar el sal&oacute;n, abri&oacute; la puerta de la habitaci&oacute;n de Carlos y percibi&oacute; un ligero tufillo a humanidad. Hab&iacute;a calcetines sucios tirados por el suelo, la ropa del d&iacute;a anterior hecha un ovillo sobre la silla y en la mesa de estudio, un plato con restos de comida. Empez&oacute; a recoger, primero los calcetines, despu&eacute;s dobl&oacute; la ropa limpia, y la que necesitaba un lavado la meti&oacute; en la lavadora. Hizo la cama, barri&oacute; el suelo e intent&oacute; poner en orden el desaguisado de una mesa repleta de apuntes, notas y fotocopias. Carlos le hab&iacute;a dicho en reiteradas ocasiones que no le tocara sus papeles porque los ten&iacute;a ordenados y conoc&iacute;a la ubicaci&oacute;n de cada cosa, y por lo tanto, si los mov&iacute;a le trastocaba el sistema. Por eso, procur&oacute; no mezclarlos y s&oacute;lo los apil&oacute; un poco mejor para que no pareciese que hab&iacute;a pasado por all&iacute; un vendaval. Cogi&oacute; la papelera para vaciarla y advirti&oacute; una considerable cantidad de cl&iacute;nex usados. &iquest;Estaba resfriado? Supuso que no. Cogi&oacute; uno y comprob&oacute; que estaba h&uacute;medo y de un tono amarillento, lo oli&oacute; y adivin&oacute; su origen. Se sonri&oacute; considerando que era algo normal.<\/p>\n<p>Sobre la mesa hab&iacute;a una repisa con videojuegos y libros. Era lo &uacute;nico de la habitaci&oacute;n que aparentaba un poco m&aacute;s de orden. Empuj&oacute; un bloc de notas poni&eacute;ndolo a la altura de los otros libros. Le llam&oacute; la atenci&oacute;n el se&ntilde;ala p&aacute;ginas con sus iniciales escritas en la parte superior, sac&oacute; el bloc y lo abri&oacute; por el punto de libro. Era consciente de que no ten&iacute;a ning&uacute;n derecho a husmear en las cosas de Carlos, pero la curiosidad, y saber que no hab&iacute;a nadie en casa, la condujo a hacerlo, aunque quiz&aacute;s era m&aacute;s el hecho de llevar una vida rutinaria, aburrida y carente de est&iacute;mulos lo que la incit&oacute; a meter las narices en asuntos que no le concern&iacute;an. Al ver que era un diario quiso adentrarse en las intimidades del chaval. Abri&oacute; la p&aacute;gina por el principio y empez&oacute; a leer.<\/p>\n<p>&quot;Hoy estaba arrebatadora. Su cabello reci&eacute;n lavado luc&iacute;a sedoso y brillante, y a&uacute;n se apreciaba el olor del champ&uacute;. Portaba una bata suelta, aun as&iacute;, resaltaba ese divino culo que tiene y no pude dejar de imaginarme recorriendo sus amplias nalgas con mis manos. Tampoco pude evitar que la polla se me pusiese como el granito contemplando su trasero&quot;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n ser&aacute; esa chica? &mdash; se pregunt&oacute;?<\/p>\n<p>&ldquo;Sin que se diera cuenta me sob&eacute; la polla sobre el pantal&oacute;n, y mientras lo hac&iacute;a, fantaseaba con la idea de acercarme a ella, pegarme a su espalda y restregarle el pedernal por el culo. Ella me miraba y me sonre&iacute;a. Yo le besaba el cuello y ella me lo ofrec&iacute;a cerrando los ojos. Mis manos se dirig&iacute;an hacia sus tetas. Se las agarraba, se las acariciaba y notaba sus erectos pezones entre mis dedos&rdquo;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Vaya con el ni&ntilde;o, y parec&iacute;a tonto! &mdash;exclam&oacute; Roc&iacute;o.<\/p>\n<p>&ldquo;Le levant&eacute; la bata, ella se baj&oacute; las bragas y se apoy&oacute; encima de la mesa ofreci&eacute;ndomelo todo. Me baj&eacute; la bragueta, liber&eacute; mi polla y se le clav&eacute;. Su co&ntilde;o estaba tan mojado que la polla resbal&oacute; hasta el fondo y un intenso suspiro me espole&oacute; a follarla con vehemencia.<\/p>\n<p>Todo eso me lo imaginaba mientras ella segu&iacute;a d&aacute;ndome la espalda y yo me tocaba la verga por encima del pantal&oacute;n. Si se hubiera volteado me habr&iacute;a pillado, y yo me hubiese muerto de verg&uuml;enza. Por eso di media vuelta y me fui&rdquo;.<\/p>\n<p>Roc&iacute;o pas&oacute; unas cuantas p&aacute;ginas que le parecieron irrelevantes hasta que se detuvo en otro p&aacute;rrafo que le result&oacute; m&aacute;s sugestivo.<\/p>\n<p>&ldquo;Esta ma&ntilde;ana me he levantado palote. Estaba muy caliente. Creo que so&ntilde;&eacute; con ella. La ten&iacute;a tan dura que tuve que masturbarme. Cerr&eacute; los ojos y mi mente se llen&oacute; con su imagen. Aunque no ganar&iacute;a un concurso de belleza, esa mujer destila morbo por todos sus poros. Sus labios no son carnosos, m&aacute;s bien todo lo contrario, son delgados y poco sensuales, pero los imagino abrazando mi polla y haci&eacute;ndome una mamada hasta que reviento dentro de su boca y la leche le sale por las orejas de tanta que se me acumula en su honor.<\/p>\n<p>Vislumbro en esos ojos marrones un indicio de pesadumbre y aflicci&oacute;n, aunque no me aventuro a asegurarlo. Sea como fuere, su mirada me parece hechizante. Su cabello es de un tono casta&ntilde;o, entre ocre y rojizo, pero estoy seguro que es el color del tinte que lleva. Sus cejas son oscuras y enmarcan esa mirada que me pierde.<\/p>\n<p>Sus piernas son regordetas. Las pude ver cierta vez cuando se levant&oacute; ligeramente la bata para rascarse. Tambi&eacute;n en otra ocasi&oacute;n al sentarse mientras se tomaba un caf&eacute;.<\/p>\n<p>Pero lo que m&aacute;s me pone es ese culo redondo y tentador. Podr&iacute;a hasta dibujarlo de las veces que lo he visualizado mientras me pajeo.<\/p>\n<p>&iquest;Y qu&eacute; decir de esas generosas tetas que son objeto de mis pajas? El d&iacute;a anterior llevaba un bot&oacute;n desabrochado y me qued&eacute; obnubilado contemplando el canalillo de su escote y deseando meter mi polla en &eacute;l. Con esos pezones que se le marcan a veces en la tela. Mi mente no dejaba de so&ntilde;ar despierto. Imagin&eacute; qu&eacute; sentir&iacute;a si ella me dejase meter la polla entre aquellos dos tesoros. Fantaseo con la idea de foll&aacute;rselas hasta que me corro a borbotones entre ellas. Cuando me vengo pensando en ella siempre lo hago con fuerza, con intensidad. Imagino mi leche golpeando en su cuello y en su cara, y en esas fantas&iacute;as tengo conversaciones con ella. Una vez me he corrido, la miro y ella, haciendo aspavientos con las manos me dice:<\/p>\n<p>&mdash;Mira como me has dejado la cara.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute;s preciosa as&iacute;, Roc&iacute;o&rdquo; &mdash;le respondo&rdquo;.<\/p>\n<p>La libreta se le cay&oacute; de las manos. &iquest;Hablaba de ella? &iquest;La chica de quien Carlos hablaba era ella? Desde luego hab&iacute;a elementos y situaciones en alguna de aquellas frases que la descolocaron, pero descart&oacute; esa primera interpretaci&oacute;n de inmediato. En cambio, ahora todo parec&iacute;a m&aacute;s esclarecedor, aunque quer&iacute;a seguir pensando que se trataba de un error. Con el coraz&oacute;n acelerado recogi&oacute; el cuaderno del suelo y sigui&oacute; leyendo.<\/p>\n<p>&ldquo;S&eacute; que est&aacute; mal lo que pienso. S&eacute; que est&aacute; mal lo que deseo, pero no puedo evitarlo. No hay mujer que me atraiga como ella. Aunque trabaje para mis padres, mi cuerpo la desea. Tambi&eacute;n s&eacute; que est&aacute; casada y tiene dos hijos, pero eso no me importa&rdquo;.<\/p>\n<p>Las piernas de Roc&iacute;o flaquearon. Se sent&oacute; en la cama sin soltar el cuaderno. Le qued&oacute; claro que era la protagonista, no s&oacute;lo del diario, sino de sus pajas. Baj&oacute; la mirada y continu&oacute; con la lectura.<\/p>\n<p>&ldquo;He intentado no pensar en ella. Pero la veo casi a diario y es imposible no hacerlo. Mis ojos la siguen all&aacute; donde va. Mi cuerpo reacciona. Llevo todo el tiempo que est&aacute; en casa dese&aacute;ndola en silencio. Por eso he decidido escribir este diario, porque me he dado cuenta de que a pesar de saber que est&aacute; mal, tambi&eacute;n me gusta sentirlo. Cuando la miro y fantaseo con ella me siento bien, y aunque despu&eacute;s me diga a m&iacute; mismo que soy un pervertido, en esos momentos soy feliz. Ella tiene cincuenta a&ntilde;os, lo s&eacute; porque se lo he o&iacute;do decir a mis padres. Pero es que rebosa sensualidad por todos sus poros. Yo tengo diecinueve y eso representa una diferencia m&aacute;s que sustancial para hacernos parecer unos degenerados, considerando que podr&iacute;a ser mi madre, de modo que si plasmo aqu&iacute; todos mis deseos, todas mis fantas&iacute;as queden encerradas en estas p&aacute;ginas y mantenidas a raya&rdquo;.<\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo era posible aquello? &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a Carlos desearla as&iacute;? Si era un cr&iacute;o. No sab&iacute;a qu&eacute; pensar. C&oacute;mo sentirse, aun as&iacute; sigui&oacute; pasando hojas.<\/p>\n<p>&ldquo;Ya se acabaron las clases y los ex&aacute;menes. Ahora estoy casi todo el d&iacute;a en casa, y aprovecho para verla furtivamente mientras hace sus tareas. Hoy, cuando me levant&eacute; fui a la cocina a prepararme el desayuno. A los pocos minutos, apareci&oacute; ella para fregar los platos y cuando la vi qued&eacute; maravillado. Me pregunt&oacute; por mis notas. Intent&eacute; responder con naturalidad, pero creo que titube&eacute; un poco. Estoy seguro que piensa que soy un imberbe, y seguramente me ve demasiado joven como para fijarse en m&iacute; de otra forma que no sea fraternal.<\/p>\n<p>Vest&iacute;a su habitual guardapolvo en tonos rosa delimitando el contorno de su silueta. &iquest;C&oacute;mo no voy a desearla si era la viva imagen de la lujuria? Llevaba el pelo un poco enmara&ntilde;ado, quiz&aacute;s del ajetreo de la limpieza, pero esa imagen s&oacute;lo me hac&iacute;a pensar en ella revolc&aacute;ndose en la cama. Mientras se apoyaba en la pila para fregar los platos, se le marcaba la costura de las bragas a trav&eacute;s de la tela de la bata y si se hubiese volteado me habr&iacute;a pescado boquiabierto y contemplando su culazo. La polla se me puso dura en el acto, y menos mal que estaba sentado, porque el pijama me habr&iacute;a delatado. Sin duda, es uno de los culos m&aacute;s sensuales y morbosos que he visto, y no como el de las ni&ntilde;atas que hay en clase y que parecen esp&aacute;rragos trigueros. Es un culo redondo y rotundo, de esos capaces de detener el tr&aacute;fico, digo m&aacute;s, de levant&aacute;rsela a un muerto. Hubiese deseado alargar una mano y acariciarlo, apretarlo y recorrer toda su superficie, pero lo que hice fue sobar mi polla por encima del pijama sin apartar los ojos de aquella m&aacute;quina de morcillas artesanal&quot;.<\/p>\n<p>Roc&iacute;o sonri&oacute; sin dejar de latirle el coraz&oacute;n con fuerza.<\/p>\n<p>Extra&ntilde;amente, le gust&oacute; la definici&oacute;n que utiliz&oacute; de su trasero. Record&oacute; cuando su marido le hac&iacute;a saber que ten&iacute;a el culo m&aacute;s sexi del mundo, y as&iacute; lo pensaban tambi&eacute;n muchos otros hombres que la piropeaban. Le gustaba cuando se lo acariciaba con mimo, cuando lo besaba, cuando lo lam&iacute;a, incluso cuando la enculaba hasta que se lo llenaba de leche. Pero todo aquello formaba parte de la memoria, de tal modo que aquellas palabras las sinti&oacute; como un requiebro. Uno de esos que te hacen sonre&iacute;r, y al mismo tiempo te hacen sentir deseada. Se sinti&oacute; halagada. Se sinti&oacute; deseada, incluso not&oacute; como las mariposas revoloteaban por su vientre, pero sigui&oacute; leyendo.<\/p>\n<p>&ldquo;Su risa me encandila y, aunque advierto ese des&aacute;nimo, se le ilumina la cara cuando sonr&iacute;e, pese a su pesadumbre interior&rdquo;.<\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo era capaz Carlos de intuir su estado emocional? &iquest;Tanto se le notaba?<\/p>\n<p>&ldquo;Cuando termin&oacute; de fregar los platos se dio la vuelta, y aunque no me estaba tocando la polla, mi mirada se detuvo en sus tetas. No s&eacute; si se dio cuenta de mi indiscreci&oacute;n. Yo lo hice segundos despu&eacute;s, quiz&aacute;s un poco tarde, aunque no advert&iacute; que le diese la mayor importancia. Lo que dar&iacute;a por poder v&eacute;rselas. Deben de ser preciosas.<\/p>\n<p>Al salir de la cocina, mis ojos la siguieron, y de nuevo se clavaron en el contoneo de sus caderas y en el suave temblor de sus nalgas.<\/p>\n<p>Se dirigi&oacute; al ba&ntilde;o para limpiarlo, abri&oacute; la mampara, accion&oacute; el grifo y dej&oacute; caer el agua en la ba&ntilde;era, despu&eacute;s se arrodill&oacute; para fregarla con un un estropajo impregnado de viakal. Los ojos se me abrieron como platos contemplando aquellas posaderas en pompa pidi&eacute;ndome a gritos que me acercara y me la follara. Le hubiese levantado la bata, le hubiese bajado las bragas con sa&ntilde;a y se la hubiera metido hasta hacer que se corriera de gusto, en cambio, lo que hice fue sacarme la polla y hacerme una paja admirando el balanceo de sus nalgas acompasando los movimientos en&eacute;rgicos de sus manos al sacarle brillo a la ba&ntilde;era. El ritmo de mi mano se intensific&oacute; y tem&iacute; que me sorprendiera. No pod&iacute;a parar de mene&aacute;rmela, y mientras o&iacute;a el agua correr, la ve&iacute;a a ella ofreci&eacute;ndome su trasero e imagin&aacute;ndola desnuda. Pod&iacute;a visualizar sus nalgas perfectas, su co&ntilde;o en forma de hucha asomando por debajo, y su ano incit&aacute;ndome a clav&aacute;rsela. Estuve a punto de correrme encima de ella, pero en el &uacute;ltimo instante el sentido com&uacute;n fren&oacute; mi &iacute;mpetu y desaparec&iacute; presuroso hacia mi habitaci&oacute;n. No pude contenerme m&aacute;s, ni siquiera tuve tiempo de coger los pa&ntilde;uelos. Fue entrar en la habitaci&oacute;n y la leche escap&oacute; de mi polla esparciendo latigazos a diestro y siniestro por el embaldosado. Nunca mi polla hab&iacute;a echado tanta leche. Era como un puto geiser saliendo de mi verga sin cesar. Fue un orgasmo tan intenso que me hizo cerrar los ojos y apretar los dientes, y mientras tanto, yo segu&iacute;a imaginando que la sodomizaba, corri&eacute;ndome dentro de ella&rdquo;.<\/p>\n<p>Roc&iacute;o casi jadeaba. El coraz&oacute;n no hab&iacute;a dejado de latirle con fuerza mientras le&iacute;a. Y otra cosa. Algo que le choc&oacute;. Estaba excitada. Ten&iacute;a los pezones duros, marcados en la tela. Notaba el co&ntilde;o mojado. &iquest;C&oacute;mo era posible? &iquest;Era por lo que hab&iacute;a le&iacute;do? Sin duda eran palabras llenas de erotismo, de sexo y de morbo. &iquest;Quiz&aacute;s por saberse deseada? Toda mujer se siente bien cuando sabe que los hombres la desean. &iquest;O era porque se trataba de Carlos? &iquest;Estaba tan excitada por saber que a Carlos le gustaba como mujer? &iquest;Por saber que ten&iacute;a fantas&iacute;as con ella? Quiz&aacute;s era un poco de todo. Se dijo que aquello estaba mal. Qu&eacute; &eacute;l no deb&iacute;a tener aquellos pensamientos sobre ella. Que ella no deb&iacute;a sentirse bien por saberlo porque reconoci&oacute; que ten&iacute;a edad suficiente para ser su madre.<\/p>\n<p>Estar&iacute;a mal, pero el co&ntilde;o le palpitaba. Junt&oacute; las piernas, apret&oacute; las ingles y sinti&oacute; placer.<\/p>\n<p>Hac&iacute;a mucho tiempo que Roc&iacute;o no estaba tan excitada, tan caliente, tan cachonda.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; m&aacute;s dir&iacute;a Carlos sobre ella? &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s fantas&iacute;as tendr&iacute;a? Pas&oacute; la hoja, dispuesta a averiguarlo, pero ya no hab&iacute;a nada m&aacute;s escrito, y en cierto modo se sinti&oacute; un poco decepcionada, pero tremendamente excitada. Respir&oacute; hondo con &aacute;nimo de retomar sus tareas, en cambio, lo reconsider&oacute;, abri&oacute;, su bata y desliz&oacute; la mano por su pierna hasta alcanzar su sexo. Ten&iacute;a las bragas h&uacute;medas. Apret&oacute; su raja en busca de placer y lo encontr&oacute;, pero deseaba m&aacute;s. Su mano se introdujo por dentro de la prenda y un dedo se perdi&oacute; en las profundidades, mientras otro friccionaba el peque&ntilde;o n&oacute;dulo. Abri&oacute; la boca, cerr&oacute; los ojos y el orgasmo golpe&oacute; su co&ntilde;o oblig&aacute;ndola a exhalar un gemido ahogado, acompa&ntilde;ado de temblores y convulsiones mientras cerraba las piernas.<\/p>\n<p>Al llegar a casa salud&oacute; a su marido y a sus hijos, fue a cambiarse de ropa, despu&eacute;s abri&oacute; la nevera, calent&oacute; la comida y se sentaron los cuatro a la mesa en un silencio que resultar&iacute;a inc&oacute;modo para un observador, pero era un silencio al que ya estaban acostumbrados, pues cada cual batallaba en su conflicto interno. Su marido intentaba pasar p&aacute;gina y seguir adelante, aunque era una lucha carente de alicientes con una salud mermada y sin posibilidad de hacer progresos. Los problemas de su hijo menor pasaban por dilucidar como sortear el siguiente nivel de su videojuego, y su hijo mayor intentaba encontrar su lugar en la vida, ya que, en una casa donde la alegr&iacute;a y la felicidad hac&iacute;a m&aacute;s de dos a&ntilde;os que hab&iacute;an desaparecido, era imposible hallarlo. Ella, en cambio, se hac&iacute;a todos los d&iacute;as la misma pregunta. &iquest;Merece la pena el esfuerzo? Dejar a su esposo era tanto como traicionarlo, pero no hacerlo significaba vivir el resto de sus d&iacute;as amargada, y de ese modo, nunca llegaba a ninguna conclusi&oacute;n.<\/p>\n<p>Mir&oacute; a su hijo mayor taciturno y pens&oacute; en Carlos. Apenas hac&iacute;a unas horas que se hab&iacute;a masturbado fantaseando con &eacute;l. Un muchacho de la misma edad que su hijo y por eso no sab&iacute;a muy bien como encajar esa mezcla de sentimientos encontrados.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de comer Roc&iacute;o se tumb&oacute; un rato en la cama para descansar, pero tambi&eacute;n para reflexionar. Estaba ausente. Pensaba en Carlos y en su diario. Una extra&ntilde;a sensaci&oacute;n en el cuerpo la oprim&iacute;a. La evocaci&oacute;n de cuando deseaba fuertemente a un hombre. Antes de que todo se fuese al garete, era en su marido en quien pensaba. Cuando pensar en &eacute;l la excitaba. Cuando s&oacute;lo deseaba estar con &eacute;l, besarlo, ser besada, ser acariciada, ser follada.<\/p>\n<p>Esa pasi&oacute;n, esa mezcla de amor, deseo y lujuria con su esposo ya no exist&iacute;a. Exist&iacute;an las palabras que se suced&iacute;an encadenando frases incoherentes, pero tremendamente morbosas. Su mente la empujaba al cuarto de Carlos. Al diario.<\/p>\n<p>No pod&iacute;a dormir. Necesitaba desahogo. Necesitaba placer. Pens&oacute; en darse la vuelta, pegarse a su marido. Acariciarle. Antes bastaba con eso para que &eacute;l se diera la vuelta y le clavara la polla bien hondo hasta hacerla correr.<\/p>\n<p>Estaba excitada de nuevo. Se peg&oacute; a &eacute;l, llev&oacute; su mano hacia su miembro y se lo empez&oacute; a sobar sabiendo que el esfuerzo era en vano. &Eacute;l le apart&oacute; la mano resentido y Roc&iacute;o se levant&oacute; buscando otras cosas que hacer.<\/p>\n<p>Por la noche, cuando su marido se acost&oacute; prepar&oacute; la comida para el d&iacute;a siguiente y dej&oacute; la cocina limpia, a continuaci&oacute;n se desvisti&oacute; y se meti&oacute; en la cama.<\/p>\n<p>Su esposo respiraba profundamente y la mente de Roc&iacute;o se perdi&oacute; por los intrincados vericuetos del morbo que le causaba el hecho de pensar que aquel yogur&iacute;n la deseaba fervientemente.<\/p>\n<p>La mano derecha busc&oacute; su pez&oacute;n y lo acarici&oacute; por encima de la tela hasta que le plant&oacute; cara. Jug&oacute; con &eacute;l unos instantes como si estuviese sintonizando una emisora de radio. A continuaci&oacute;n baj&oacute; por su cuerpo y se arriesg&oacute; por dentro del pijama. Gir&oacute; la cabeza contra la almohada para ahogar sus gemidos. Recorri&oacute; la raja con las yemas de sus dedos, se frot&oacute; con suavidad el inflamado cl&iacute;toris. El placer la inund&oacute;. Necesitaba un orgasmo que liberara la tensi&oacute;n acumulada en su cuerpo. Deseaba correrse sin tener a Carlos en su mente. Luch&oacute; con todas sus fuerzas por pensar en otras cosas, en otros hombres, pero su mente volv&iacute;a una y otra vez hacia &eacute;l. Dej&oacute; de tocarse. No quer&iacute;a correrse pensando en &eacute;l. No pod&iacute;a.<\/p>\n<p>Su coraz&oacute;n dio un latido. Lo sinti&oacute; en la sien. Lo sinti&oacute; entre las piernas. Estaba tan caliente, tan excitada, que casi sent&iacute;a dolor. Y se rindi&oacute;. Perdi&oacute; la batalla. No pod&iacute;a luchar contra el deseo.<\/p>\n<p>Su mano volvi&oacute; hasta su co&ntilde;o. Se frot&oacute; con intensidad hasta que se corri&oacute; con cada fibra de su cuerpo en tensi&oacute;n entre fuertes convulsiones y mordi&oacute; la almohada para no gritar. Los intensos espasmos hicieron mover la cama a pesar de sus esfuerzos para que su marido no se despertara. Eso s&iacute;, se corri&oacute; con una imagen en su cabeza. Carlos la miraba a los ojos. Su polla clavada hasta lo m&aacute;s profundo de su co&ntilde;o. Y el calor de su leche llen&aacute;ndola por dentro.<\/p>\n<p>Se qued&oacute; varios minutos jadeando, con el cuerpo perlado de sudor.<\/p>\n<p>Se acababa de correr pensando en el ni&ntilde;ato.<\/p>\n<p>Se despert&oacute; agitada. No hab&iacute;a conseguido descansar. El sue&ntilde;o hab&iacute;a sido superficial y se hab&iacute;a despertado varias veces durante la noche.<\/p>\n<p>Se levant&oacute; y fue al ba&ntilde;o a orinar, y al terminar se mir&oacute; al espejo pregunt&aacute;ndose qu&eacute; era lo que ve&iacute;a un adolescente de diecinueve a&ntilde;os en una mujer madura de cincuenta. No cab&iacute;a duda de que todo era producto de un exceso de testosterona. En esos momentos, no ve&iacute;a que el espejo fuese demasiado ben&eacute;volo con ella. Estaba despeinada, con unas ojeras como resultado de no haber dormido bien y no cre&iacute;a que pudiese gustar ni atraer a nadie con esas pintas. Se limpi&oacute; la cara con agua fr&iacute;a, se lav&oacute; los dientes, se meti&oacute; en la ducha, se sec&oacute; el pelo y despu&eacute;s se visti&oacute;, a continuaci&oacute;n desayun&oacute; con su marido, orden&oacute; la cocina y por &uacute;ltimo decidi&oacute; maquillarse, cuando era algo nunca hab&iacute;a hecho antes para ir a trabajar.<\/p>\n<p>Fue Carlos quien le abri&oacute; la puerta. Sus padres ya se hab&iacute;an marchado a sus respectivos trabajos. Carlos la mir&oacute; atra&iacute;do por el nuevo look. Algo hab&iacute;a cambiado en ella y en ese primer instante no acert&oacute; a saber qu&eacute; era. Fue a los pocos segundos cuando cay&oacute; en la cuenta de que se hab&iacute;a maquillado. Era la primera vez que la ve&iacute;a as&iacute;. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a cambiar tanto el aspecto de una mujer tan s&oacute;lo aplicando una buena base de maquillaje? Si antes ya se le antojaba atractiva, acicalada a&uacute;n se lo parec&iacute;a m&aacute;s.<\/p>\n<p>Sus miradas se encontraron. Roc&iacute;o le dio los buenos d&iacute;as y Carlos titube&oacute;. A continuaci&oacute;n fue a la habitaci&oacute;n de invitados y se cambi&oacute; de ropa. Se puso el guardapolvo en tonos rosa, se lo aboton&oacute; desde abajo y al llegar a su escote decidi&oacute; no abrocharlo y obviar el recato al que estaba acostumbrada. Se abri&oacute; un poco la prenda intencionadamente mostrando parte de sus piernas, y al mismo tiempo pens&oacute; que aquello no estaba bien, por lo que la volvi&oacute; a cerrar para que no resultasen demasiado evidentes sus intenciones. Le apetec&iacute;a jugar, aun sabiendo que aquello pod&iacute;a llegar ser un juego peligroso. &iquest;Qu&eacute; pensar&iacute;an sus amistades si adivinaran sus retorcidas maquinaciones? Posiblemente la tildar&iacute;an de calzonazos y la convertir&iacute;an en objeto de burlas, pero &iquest;por qu&eacute; a un hombre se le consideraba un &ldquo;zorro plateado&rdquo; por el hecho de salir o coquetear con una mujer joven y a la inversa se la consideraba a ella una &ldquo;asaltacunas&rdquo;? Sea como fuere, tampoco entraba dentro de sus planes que se enterase nadie de su artificioso plan. S&oacute;lo le apetec&iacute;a recrearse, divertirse y entretenerse sin ir m&aacute;s all&aacute;. A&ntilde;adir un poco de acicate a su vida, habituada demasiado tiempo al desconsuelo y a la melancol&iacute;a.<\/p>\n<p>Empez&oacute; por la cocina intentando reconstruir una de las escenas del diario. Se coloc&oacute; de cara a la pila como cab&iacute;a esperar, Carlos se sent&oacute; a desayunar, siendo ella consciente de que estaba siendo observada por &eacute;l. Mientras fregaba los platos mene&oacute; su trasero con movimientos sutiles, apenas perceptibles, pero intencionados e indiscutiblemente sensuales. Quiso pensar que Carlos estar&iacute;a en ese momento toc&aacute;ndose, pero era algo que no pod&iacute;a saber si no se daba la vuelta. No se volte&oacute; y prefiri&oacute; alimentar esa incertidumbre. Al terminar se sec&oacute; las manos y de forma natural se dirigi&oacute; al ba&ntilde;o, no sin antes lanzarle una mirada furtiva en la que no apreci&oacute; nada fuera de lo normal, excepto un muchacho sonrojado.<\/p>\n<p>Volvi&oacute; a reconstruir el siguiente escenario en el cuarto de ba&ntilde;o y dio por sentado que de alg&uacute;n modo &eacute;l estar&iacute;a observ&aacute;ndola, de manera que, mientras le sacaba brillo a la ba&ntilde;era, mov&iacute;a sus nalgas de forma intencionada, pero con delicadeza y sofisticaci&oacute;n, y cuando contempl&oacute; que era hora de poner fin a su retorcido juego se dio la vuelta para comprobar que Carlos no estaba. Sali&oacute; del ba&ntilde;o y se percat&oacute; de que la puerta de su habitaci&oacute;n estaba cerrada. En su fuero interno sab&iacute;a que sus h&aacute;biles maquinaciones hab&iacute;an surtido efecto e intu&iacute;a a un Carlos masturb&aacute;ndose a su salud.<\/p>\n<p>Al llegar a casa, calent&oacute; la comida, comi&oacute; con su familia y despu&eacute;s se tom&oacute; un descanso, intentando estar sola para hacer balance de la ma&ntilde;ana y masturbarse fantaseando con el joven adolescente.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente se dispuso a reanudar el mismo juego. Carlos le abri&oacute; la puerta y ambos se saludaron. Roc&iacute;o le sostuvo la mirada un instante y &eacute;l la baj&oacute; un poco turbado, a continuaci&oacute;n cogi&oacute; sus cosas para salir de casa y se despidi&oacute; avis&aacute;ndola de que tardar&iacute;a un rato. Roc&iacute;o se cambi&oacute; de ropa con premura y corri&oacute; a la habitaci&oacute;n de Carlos para comprobar si hab&iacute;a escrito algo m&aacute;s en el diario.<\/p>\n<p>Cogi&oacute; el cuaderno de la estanter&iacute;a, lo abri&oacute; por el punto de libro y retrocedi&oacute; hasta la &uacute;ltima escena que hab&iacute;a le&iacute;do. Pas&oacute; la p&aacute;gina, se sent&oacute; en la cama y retom&oacute; la lectura.<\/p>\n<p>&ldquo;Hoy me he quedado de una pieza cuando la he visto entrar por la puerta. Estaba maquillada y he de decir que guap&iacute;sima, y es algo que me inquieta porque nunca antes se hab&iacute;a maquillado para venir a trabajar. Pens&eacute; que tendr&iacute;a que irse a alg&uacute;n sitio pero no, estuvo todo el rato en casa haciendo sus tareas.<\/p>\n<p>Empez&oacute; por la cocina como suele ser habitual y yo aprovech&eacute; ese momento para desayunar, como hago habitualmente. Mi vista se perdi&oacute; en su trasero y mi polla se puso tiesa al instante viendo la tiritera de sus nalgas mientras fregaba. Advert&iacute; que hab&iacute;a cambiado las bragas por un tanga negro y eso me puso muy cabr&oacute;n. Pod&iacute;a adivinar el color a trav&eacute;s de la tela rosa del babero y mi erecci&oacute;n se torn&oacute; dolorosa. No pude resistirme, me la saqu&eacute; un instante y le di unos meneos pensando en que se la restregaba por encima de la tela y ella mov&iacute;a el culo encaj&aacute;ndosela en la regata. Despu&eacute;s lo agit&oacute; con sensuales meneos a un lado y a otro hasta que mi polla dijo &ldquo;basta&rdquo;. La inclin&eacute; en la pila, le sub&iacute; la bata, le hice el tanga al lado y se la met&iacute; de un estacazo. Su co&ntilde;o la engull&oacute; sin tocar paredes. Not&eacute; la calidez de su sexo envolvi&eacute;ndome y un elocuente gemido me indic&oacute; que le gustaba. A continuaci&oacute;n apoy&oacute; sus codos en la pila y agit&oacute; su trasero acopl&aacute;ndose y pidi&eacute;ndome que la follara hasta la extenuaci&oacute;n.<\/p>\n<p>En tanto esas im&aacute;genes se materializaban en mi cabeza, toda la sangre de mi cuerpo se concentraba en mi entrepierna. Pensaba que reventaba y segu&iacute; aplic&aacute;ndome lentos meneos para no delatarme, hasta que ella termin&oacute; de fregar y cogi&oacute; el seca manos. Inmediatamente detuve mi paja y enfund&eacute; la polla dentro del pijama. Acto seguido se dio la vuelta y rogu&eacute; para no tener que ponerme de pie en ese momento, ya que hubiese sido una situaci&oacute;n tremendamente embarazosa, habida cuenta de que mi verga estaba en su plenitud y saludaba con descaro a Roc&iacute;o por debajo de la mesa. Por fortuna, ella no se dio cuenta de nada y sali&oacute; de la cocina para dirigirse al ba&ntilde;o y continuar con su trabajo. A los pocos minutos me asom&eacute; al ba&ntilde;o y mi mand&iacute;bula inferior salud&oacute; al suelo. Me dio la impresi&oacute;n de que me me estaba ofreciendo su culo con movimientos oscilantes y provocadores, o al menos, eso es lo que me pareci&oacute;. Quer&iacute;a foll&aacute;rmela. Estuve a punto de levantarle la bata, agarrarme a sus caderas y met&eacute;rsela, pero de nuevo, el buen criterio fren&oacute; mis impulsos y una vez m&aacute;s sal&iacute; disparado, temiendo no llegar a tiempo a mi habitaci&oacute;n. Cuando entr&eacute;, un trallazo de leche escap&oacute; a presi&oacute;n y despu&eacute;s de describir una par&aacute;bola, se estrell&oacute; en el suelo. Continu&eacute; mene&aacute;ndomela. No quer&iacute;a cortar mi orgasmo y aceler&eacute; el movimiento de mi mano mientras la leche sal&iacute;a de mi polla a modo de surtidor hasta dejar un suelo reluciente.<\/p>\n<p>Un penetrante calor ascendi&oacute; por su cuerpo e invadi&oacute; sus mejillas. A continuaci&oacute;n descendi&oacute; en forma de escalofr&iacute;o por sus pechos hasta endurecer sus pezones. Seguidamente fluy&oacute; a trav&eacute;s de sus terminaciones nerviosas para sacudir su entrepierna en un golpe de calor que dej&oacute; paso a un co&aacute;gulo de flujo.<\/p>\n<p>Roc&iacute;o desabroch&oacute; dos botones de la bata, meti&oacute; su mano por dentro del tanga y sus dedos resbalaron por la babosa raja. Despu&eacute;s se los llev&oacute; a la boca y sabore&oacute; su sal, imaginando que relam&iacute;a la polla de Carlos impregnada de su leche. Se recost&oacute; en la cama para estar m&aacute;s c&oacute;moda y desaboton&oacute; la bata por completo. La mano, todav&iacute;a ba&ntilde;ada de saliva y flujos tom&oacute; el camino de vuelta hasta su co&ntilde;o con intenciones placenteras, mientras con la otra acariciaba sus pechos con el mismo prop&oacute;sito. Desliz&oacute; su dedo coraz&oacute;n por la raja con un movimiento r&iacute;tmico de menos a m&aacute;s, y no contenta, busc&oacute; el cl&iacute;toris friccion&aacute;ndolo y aplic&aacute;ndole presi&oacute;n, al mismo tiempo que trazaba movimientos en forma de espiral.<\/p>\n<p>Cerr&oacute; los ojos y se abandon&oacute; a la masturbaci&oacute;n sin que existiera en ese momento nada m&aacute;s en el mundo, excepto el placer. Su dedo se convirti&oacute; en una polla, pero no en cualquier polla, sino en la de Carlos foll&aacute;ndola sin cuartel. El ritmo de sus dedos se aceler&oacute; ante la proximidad del cl&iacute;max y poco despu&eacute;s exhal&oacute; un gemido al que sigui&oacute; un leve grito con el que liber&oacute; toda su exaltaci&oacute;n, y mientras vibraba del deleite algo la impuls&oacute; a abrir los ojos. Cuando lo hizo vio a Carlos masturb&aacute;ndose frente a ella.<\/p>\n<p>Ante la comprometedora situaci&oacute;n se levant&oacute; de un sobresalto y un trallazo de leche impact&oacute; en su cuerpo, un segundo cruz&oacute; por su cara como un misil fallido, en compensaci&oacute;n, el siguiente no fall&oacute; y se estrell&oacute; con contundencia en su rostro. Los sucesivos dejaron su impronta en sus tetas, al tiempo que los m&aacute;s rezagados iban perdiendo su vigor d&aacute;ndole lustro al embaldosado. Despu&eacute;s, el muchacho permaneci&oacute; jadeante con la polla en la mano y contemplando en cueros y cubierta de su esencia a la mujer de sus sue&ntilde;os.<\/p>\n<p>El desconcierto se adue&ntilde;&oacute; de ambos. Roc&iacute;o hubiese querido desvanecerse sin dejar rastro, pero no quedaba otra que desaparecer de all&iacute; a la mayor celeridad, en cambio, su cerebro parec&iacute;a haberse bloqueado y sus m&uacute;sculos se paralizaron. Por su parte, despu&eacute;s de la descarga, Carlos tampoco sab&iacute;a muy bien qu&eacute; hacer y se mantuvo vacilante a la espera de una reacci&oacute;n, positiva o negativa, pero una respuesta.<\/p>\n<p>Para Roc&iacute;o, aquellas provocaciones hacia el joven adolescente las hab&iacute;a considerado como un juego, un poco retorcido, pero un juego al fin y al cabo, sin m&aacute;s pretensi&oacute;n que alimentar su morbo y masturbarse con el incentivo de sus fantas&iacute;as. Lo que no contempl&oacute; fue que con esa coqueter&iacute;a manifiesta avivaba un volc&aacute;n que ya estaba activo y que necesitaba de pocos est&iacute;mulos para desbordarse. Con la tormenta hormonal y la testosterona de un adolescente por las nubes, la situaci&oacute;n no pod&iacute;a terminar de otro modo que en una explosi&oacute;n en la que iba a verse salpicada, tanto en sentido literal, como figurado.<\/p>\n<p>Tras unos eternos segundos en los que el silencio por parte de ambos fue atronador, Roc&iacute;o recobr&oacute; la raz&oacute;n e hizo balance de lo ocurrido intentando valorar la situaci&oacute;n con positividad. Carlos la hab&iacute;a pillado infraganti en su papel de fisgona, se hab&iacute;a puesto cachonda leyendo su diario y como colof&oacute;n disfrut&oacute; de un placentero orgasmo a su salud. No hab&iacute;a vuelta atr&aacute;s, por tanto, hab&iacute;a que mirar hacia delante. Ella era objeto de sus fantas&iacute;as, del mismo modo que &eacute;l se hab&iacute;a convertido en objeto de las suyas, &iquest;d&oacute;nde radicaba el problema? &iquest;En la diferencia de edad? &iquest;En desatender por un momento el trabajo? &iquest;En ponerle los cuernos a un marido que ya no pod&iacute;a complacerla? De ah&iacute; que, despu&eacute;s de considerarlo, lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que la realidad no era tan grave. El dilema siempre estribaba en ver el vaso medio vac&iacute;o o medio lleno, y finalmente decidi&oacute; verlo medio lleno. Se levant&oacute;, le mir&oacute; fijamente y lo bes&oacute;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 16<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Roc&iacute;o termin&oacute; de limpiar el sal&oacute;n. 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