{"id":33545,"date":"2022-02-02T23:00:00","date_gmt":"2022-02-02T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-02-02T23:00:00","modified_gmt":"2022-02-02T23:00:00","slug":"dona-gadea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/dona-gadea\/","title":{"rendered":"Do\u00f1a Gadea"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"33545\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">11<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 86<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Para R. y L. Espero que lo disfrut&eacute;is, sois las protagonistas, sobre todo tu L.<\/p>\n<p>Cap&iacute;tulo 1.<\/p>\n<p>Me hacen gracia esas estad&iacute;sticas que dicen que una persona a los 60 a&ntilde;os se ha pasado 20 durmiendo, uno buscando donde aparcar, ocho viendo la tele&#8230; Yo a ese ranking aportar&iacute;a que me he pasado media vida jugando con mi co&ntilde;o y la otra media con los co&ntilde;os de tres mujeres extraordinarias. Acabo de cumplir cincuenta y cada d&eacute;cada de mi vida ha estado marcada por la presencia de una de ellas, Gadea fue la primera y seguro que la m&aacute;s especial. A su manera me ayud&oacute; a construir un pasado en el que refugiarme, con ella acumul&eacute; ese bagaje de vivencias que rememorar cuando las cosas no van bien, a falta de una infancia o adolescencia feliz, cuando no consigo conciliar el sue&ntilde;o, viajo a esos a&ntilde;os y revivo aquellos momentos. Con ella tambi&eacute;n aprend&iacute; que la bondad y la maldad pueden ser las caras de una misma moneda.<\/p>\n<p>Me llamo Rosa y mi relaci&oacute;n con Gadea fue cualquier cosa menos un rom&aacute;ntico amor de juventud. Nac&iacute; en Galicia, mis primeros veinte a&ntilde;os los viv&iacute; en un lugar perdido en medio de ninguna parte, apenas pas&eacute; un mes al a&ntilde;o con mis padres hasta que cumpl&iacute; los quince, ellos, emigrantes en Suiza, se mataron a trabajar durante veinticinco a&ntilde;os hasta que pudieron regresar para comprar un coche, un tractor y un piso en el pueblo, cualquiera que conozca esta tierra, o cualquier otra zona deprimida de Espa&ntilde;a, sabe que esa es la m&aacute;xima aspiraci&oacute;n de todo emigrante. As&iacute; que yo y mi hermano crecimos con nuestros abuelos que nos educaron lo mejor que pudieron. Si tuviese que definir aquellos a&ntilde;os en la aldea con una palabra, esta ser&iacute;a: aburrimiento. Llegu&eacute; a adorar ir al colegio y luego al instituto porque era la &uacute;nica manera de visitar la civilizaci&oacute;n. El pueblo del que hablo estaba a unos veinte kil&oacute;metros de mi aldea, pueden parecer pocos, pero en aquellos a&ntilde;os eran muchos.<\/p>\n<p>Tuve la suerte de que mi padre se cansase de llevarme y traerme a trabajar todos los d&iacute;as y, teniendo el piso vac&iacute;o, por fin accedi&oacute; a que me quedase en &eacute;l con las obvias condiciones de visitarlos el fin de semana y no llevar chicos a casa.<\/p>\n<p>Una fr&iacute;a ma&ntilde;ana de domingo mi padre y mi hermano me ayudaron a instalarme. El piso ten&iacute;a ya todos los muebles y cocina hac&iacute;a m&aacute;s de un a&ntilde;o, as&iacute; que, en unas horas, era ya una ciudadana m&aacute;s de aquella &quot;gran urbe&quot; de quince mil habitantes. Y para m&iacute; lo era, viniendo de un lugar donde no lleg&aacute;bamos a cincuenta vecinos. Mi padre mostr&oacute; su preocupaci&oacute;n por el hecho de que pr&aacute;cticamente todo el edificio estuviese vac&iacute;o. En invierno s&oacute;lo uno de los dos primeros estaba ocupado por una academia de ingl&eacute;s y los dos m&aacute;s altos, los cuartos, por mi vecina Gadea y el otro por m&iacute;. En total ocho viviendas de las que cinco estaban cerradas casi todo el a&ntilde;o. La verdad, impon&iacute;a un poco aquel silencio, pero es algo habitual en toda la costa gallega donde la gente pasa el verano y en septiembre se vuelve a su residencia habitual.<\/p>\n<p>En cuanto me qued&eacute; sola respir&eacute; profundo y recorr&iacute; las tres habitaciones de mi nueva casa, el ba&ntilde;o, el sal&oacute;n, la cocina. En aquella &eacute;poca, principios de los noventa, los pisos eran rid&iacute;culamente grandes, nada que ver con los de hoy en d&iacute;a. Decid&iacute; que inaugurar&iacute;a mi castillo con un ba&ntilde;o de espuma. Me qued&eacute; unos minutos disfrutando del silencio, solo se o&iacute;a el chisporroteo de la lluvia golpeando la cubierta del patio al que daban la cocina y el ba&ntilde;o. Pude o&iacute;r que alguien sub&iacute;a, solo pod&iacute;a ser mi vecina con su beb&eacute;, meses atr&aacute;s la hab&iacute;amos conocido cuando mi padre y yo sub&iacute;amos para echar un vistazo y ver que todo estaba bien en el piso. Estaba embarazada y ante la falta de ascensor, recuerdo que la ayudamos a subir la compra. Era Gadea, bueno, deber&iacute;a decir Do&ntilde;a Gadea, porque en realidad yo la conoc&iacute;a de haber dado clase en mi instituto mi &uacute;ltimo a&ntilde;o all&iacute;. Aunque no hab&iacute;a sido mi profesora yo me hab&iacute;a fijado muchas veces en ella, a m&iacute; me parec&iacute;a muy guapa, aunque no ten&iacute;a una belleza, digamos &quot;est&aacute;ndar&quot;. Ten&iacute;a solo unos treinta a&ntilde;os y era pelirroja, con muchas pecas, pelo liso, media melena, muy delgada pero no flaca, quiero decir, que su figura era muy proporcionada, ten&iacute;a un muy buen culo, muslos muy marcados, no era lo que se suele decir &quot;un saco de huesos&quot;. Eso s&iacute;, por encima de todo, recordaba el tremendo par de tetas que ten&iacute;a, maldec&iacute;a mi suerte cada vez que me cruzaba con ella en los pasillos, entre clase y clase, por no haber sido su alumna.<\/p>\n<p>Estaba empezando a jugar con mi co&ntilde;o cuando o&iacute; como cerraba la puerta de su casa y la luz de su cocina iluminaba el peque&ntilde;o patio interior. Yo ten&iacute;a la luz del ba&ntilde;o apagada y ella no sab&iacute;a que me hab&iacute;a instalado ese mismo d&iacute;a. Me falt&oacute; tiempo para secarme y ponerme mi albornoz, la persiana del ba&ntilde;o estaba bajada, pero desde mi cocina pod&iacute;a ver la suya, ya era casi de noche y sus cortinas estaban abiertas. Estuve esperando hasta que apareci&oacute; en la cocina, llevaba vaqueros y un jersey, no hab&iacute;a tenido tiempo de cambiarse, pero bajo el jersey vi que aquellos dos melones se hab&iacute;an convertido en sand&iacute;as xxl con la maternidad, aun d&aacute;ndome la espalda las ve&iacute;a sobresalir hacia los lados, llegaban hasta su ombligo, y no parec&iacute;a que las tuviese ca&iacute;das.<\/p>\n<p>Me excit&oacute; much&iacute;simo el observarla agazapada en la oscuridad de mi casa, estuve esperando m&aacute;s de una hora a que se cambiase, me prepar&eacute; un s&aacute;ndwich a oscuras para que no descubriese que ten&iacute;a compa&ntilde;&iacute;a. Me puse tan cachonda que, impaciente porque apareciese de nuevo en la cocina, empec&eacute; a toquetear mi rajita y me corr&iacute; observando su encimera. Por fin, la vi de nuevo y&#8230; bueno apareci&oacute; con un viejo pijama, la goma del pantal&oacute;n hab&iacute;a dado de s&iacute; y cada vez que se agachaba pod&iacute;a ver un culito precioso, se lo sub&iacute;a constantemente pero se ca&iacute;a de nuevo. Aquel sube y baja me puso a tono r&aacute;pidamente y agarre mis tetas como pre&aacute;mbulo de la segunda paja que iba a hacerme. La maldec&iacute;a por no ponerse algo m&aacute;s sexy pero la excitaci&oacute;n de ver sin ser vista obr&oacute; milagros. Mientras ella se preparaba algo de cenar yo, apoyada en la pared de mi cocina, junto a la ventana, con uno de mis pies sobre una silla, respiraba profundamente y dibujaba c&iacute;rculos con mi dedo coraz&oacute;n sobre la entrada de mi co&ntilde;o, era la primera vez que me masturbaba viendo una mujer de verdad y no una fruto de mi imaginaci&oacute;n. Un par de veces sali&oacute; de la cocina, probablemente para echar un vistazo al peque&ntilde;o, y acab&oacute; trayendo uno de esos interfonos para escuchar su llanto.<\/p>\n<p>La segunda vez estaba a punto de correrme y aguant&eacute; hasta que volvi&oacute;. Se puso la tele mientras cenaba y yo me quit&eacute; el albornoz para abrir bien mis piernas y correrme mientras ella se tomaba el postre.<\/p>\n<p>A&uacute;n esper&eacute; a que lavase los platos y volv&iacute; a excitarme con el dichoso pantal&oacute;n del pijama que se ca&iacute;a hacia sus muslos y me dejaba ver a medias su culo. Me qued&eacute; con ganas de ver sus enormes tetas y tuve que imagin&aacute;rmelas. Ya metida en mi cama, segu&iacute;a tan cachonda, que por primera vez en bastante tiempo no pens&eacute; en &Aacute;urea, la chica que me gustaba desde que yo recordaba, estaba tan enamorada, que hasta en mis pajas la respetaba y no pasaba de imaginarme que la besaba o como mucho la recordaba en bikini cuando &iacute;bamos a la playa. Pero aquella noche la &Aacute;urea que se hab&iacute;a instalado en mi cerebro a&ntilde;os atr&aacute;s comenzaba a empaquetar sus cosas y hacer las maletas para dejar sitio a Gadea, que traer&iacute;a consigo un torbellino de morbo y deseo sin los peajes sentimentales de la adolescencia. En mi imaginaci&oacute;n le hice de todo, me com&iacute; su co&ntilde;o, la bes&eacute;, la desnud&eacute; y la vest&iacute;, me corr&iacute; imagin&aacute;ndome mamando de sus pechos y bebi&eacute;ndome su leche.<\/p>\n<p>Cap&iacute;tulo 2.<\/p>\n<p>A la ma&ntilde;ana siguiente me despert&eacute; muerta de sue&ntilde;o, helada con el fr&iacute;o que hac&iacute;a en casa, segu&iacute;a tan sola como lo hab&iacute;a estado toda mi adolescencia, a mis veinte todav&iacute;a no me hab&iacute;a estrenado, el d&iacute;a estaba tan oscuro como el anterior y probablemente como el siguiente, segu&iacute;a lloviendo. Quien no se haya levantado as&iacute; de negativa m&aacute;s de un lunes que levante la mano.<\/p>\n<p>Sali de casa intentando hacer el menor ruido posible. No quer&iacute;a delatar mi presencia todav&iacute;a. Algo que la gente joven de ahora nunca podr&aacute; entender es la excitaci&oacute;n que a las de mi generaci&oacute;n nos produc&iacute;a un simple desnudo, algo que ahora tienes con solo desbloquear tu m&oacute;vil.<\/p>\n<p>Quer&iacute;a probar suerte un d&iacute;a m&aacute;s y esperaba que Do&ntilde;a Gadea me obsequiase con algo mejor que su pijama por la noche.<\/p>\n<p>Llegu&eacute; tarde a trabajar, me disculp&eacute; con mi jefe. Era un buen hombre, algo muy raro en el sector inmobiliario, ten&iacute;a unos sesenta a&ntilde;os. En aquella oficina yo era su &uacute;nica empleada, sol&iacute;a pasar un par de horas conmigo cada ma&ntilde;ana leyendo el peri&oacute;dico y luego se iba. La verdad, en invierno hab&iacute;a muy poco trabajo. La que no me miraba tan bien era su mujer, ten&iacute;a unos cuarenta y cada vez que aparec&iacute;a por la oficina me amargaba el d&iacute;a, creo que estaba celosa o tem&iacute;a que le quitase a su marido o simplemente le intimidaban mis veinte a&ntilde;os. &iexcl;Si supiese que de buen gusto me meter&iacute;a con ella en la cama antes que con su marido! Lo buena que estaba &quot;mi jefa&quot; era lo &uacute;nico que me hac&iacute;a sobrellevar aquella situaci&oacute;n como pod&iacute;a.<\/p>\n<p>En cuanto a m&iacute;, pues s&iacute;, creo que era comprensible que algunas mujeres huyesen despavoridas con sus maridos ante mi presencia. Hac&iacute;a a&ntilde;os que hab&iacute;a descubierto cu&aacute;ntas puertas pod&iacute;a abrirte una bonita minifalda y un bot&oacute;n extra desabrochado en la blusa. Aparte de guapa, la naturaleza me hab&iacute;a obsequiado un cuerpo que de momento solo yo misma hab&iacute;a aprovechado. Mido un metro setenta y cinco y mi carita de &aacute;ngel me permite llevar, si quiero, el pelo muy corto, aunque prefiero algo de melena, tengo dos rotundos pechos que, si a&uacute;n hoy siguen en su sitio, en aquella &eacute;poca ten&iacute;a que esconder de m&iacute; misma. M&aacute;s de una vez solo con v&eacute;rmelos en el espejo he tenido que hacerme una paja para calmarme. Mi trasero era grande para la &eacute;poca, aunque hoy en d&iacute;a creo que ya no llamar&iacute;a tanto la atenci&oacute;n, aun as&iacute;, a m&iacute; me parec&iacute;a lo mejor de m&iacute;, me gustaba acarici&aacute;rmelo cada noche antes de dormirme y m&aacute;s desde que descubr&iacute; que su agujerito pod&iacute;a darme tanto placer. Mi co&ntilde;o era como una magdalena y al vivir sola empec&eacute; a depil&aacute;rmelo del todo, mis pajas eran m&aacute;s reconfortantes sin el obst&aacute;culo del vello y pasaba horas cuid&aacute;ndomelo y arrancando hasta el m&aacute;s insignificante pelillo que me sal&iacute;a, llegu&eacute; a tenerlo tan suave y sedoso que casi me gustaba m&aacute;s tocarlo por fuera que por dentro. Creo que no ten&iacute;a ni un solo pantal&oacute;n, eso s&iacute;, los pantys y las minifaldas se llevaban mi presupuesto para ropa y las miradas de toda la calle cuando me contoneaba por el pueblo. He visto balbucear a m&aacute;s de un hombre delante de m&iacute; al echar un vistazo a una minifalda escocesa que me pon&iacute;a mucho, no solo era muy corta, adem&aacute;s se abr&iacute;a lo suficiente para que se viese casi mi ingle.<\/p>\n<p>Lo del presupuesto en pantys es literal, cog&iacute; el vicio de masturbarme con ellos puestos y claro, necesitaba darles un tijeretazo en la zona de la entrepierna. Acab&eacute; imponi&eacute;ndome el l&iacute;mite de unos por semana. Sol&iacute;a reservarlos para el viernes por la noche.<\/p>\n<p>Pero bueno, en aquel momento de mi vida estaba centrada en todo lo contrario, quer&iacute;a dejar atr&aacute;s el sexo en solitario y conocer otra piel, que no fuese de nylon, pero: &iquest;qu&eacute; sentido ten&iacute;a so&ntilde;ar siquiera con que mi vecina del cuarto fuese a aceptar el honor de ser la primera?<\/p>\n<p>Dos d&iacute;as y dos noches m&aacute;s pase viviendo como un fantasma en mi propia casa. Pasaba horas cada noche en mi puesto de vig&iacute;a, junto a la ventana. Cayeron sus buenas pajas, pero m&aacute;s producto de mi calentura que de otra cosa. Que pod&iacute;a esperar, que una mujer sola en casa, con el cansancio de ocuparse de su peque&ntilde;o todo el d&iacute;a, se pusiese algo sexy o se pasease desnuda por la cocina para mi disfrute. Era absurdo.<\/p>\n<p>As&iacute; que, tras unos d&iacute;as, sal&iacute; del anonimato. Al llegar a casa, a eso de las ocho, encend&iacute; todas las luces y disfrut&eacute; de mi nuevo hogar. Me puse a preparar algo de cenar y enseguida vi que la cocina de Do&ntilde;a Gadea tambi&eacute;n se iluminaba. Hab&iacute;a abierto mis cortinas y vi que ella se interesaba por la novedad. Not&eacute; que me miraba, como esperando mi atenci&oacute;n y me gir&eacute; sonriente, ella me devolvi&oacute; la sonrisa al instante y abri&oacute; un momento la ventana, yo hice lo mismo y nos saludamos. Fue una conversaci&oacute;n breve, a ella le sonaba mi cara, y yo reconoc&iacute; recordarla de mi &uacute;ltimo a&ntilde;o de instituto y le mostr&eacute; mi alegr&iacute;a por saber que no estaba sola en el edificio. Ella dijo sentirse aliviada de tener una vecina porque a esa hora la academia del primero cerraba y se quedaba sola. No me sorprendi&oacute; que me preguntase si era de alguna aldea cercana, ella pertenec&iacute;a a la peque&ntilde;a burgues&iacute;a del pueblo y conoc&iacute;a a todo el mundo, las cosas en Galicia son as&iacute;. Ese aire de superioridad hacia m&iacute; me hac&iacute;a m&aacute;s gracia que otra cosa, no era su caso, pero hay gente en todas partes que lo m&aacute;s importante que hacen a lo largo de su vida es nacer en un lugar concreto.<\/p>\n<p>Me alegr&eacute; de haber hecho la luz en mi casa, por fin mi vecina hab&iacute;a echado a lavar el pijama, mientras yo terminaba de cenar, la vi en su cocina con un pantal&oacute;n de ch&aacute;ndal y nada m&aacute;s y nada menos que una camiseta blanca de algod&oacute;n, con tirantes. Encima le quedaba bastante ajustada y se marcaban much&iacute;simo sus enormes c&aacute;ntaros. En menos de cinco minutos estaba yo fregando mis cacharros y apagando la luz de mi cocina, encend&iacute; la del ba&ntilde;o unos minutos para simular que me iba a la cama y me coloqu&eacute; en mi puesto de observaci&oacute;n. No hab&iacute;a prisa, sab&iacute;a que ella cenaba muy tarde. Yo me hab&iacute;a puesto un jersey de punto que ten&iacute;a, muy calentito, me llegaba hasta la mitad del muslo, sol&iacute;a dejarme un rato puesto el tanga, algo que pocas llev&aacute;bamos en ese tiempo por cierto, me erotizaba esa min&uacute;scula pieza de tela, me gustaba acariciarme los muslos, subir mis manos hacia arriba y encontrarme las tiras del tanga, los destrozaba todos a base de tirar de ellas para que la tela se metiese en medio de mi rajita y se empapase bien de mi jugo. Esa noche los tiempos fueron perfectos, Gadea dej&oacute; su cocina iluminada hasta que estuvo lista para cenar y justo en ese momento yo me quitaba el tanga para pasar a la acci&oacute;n y dejar de jugar. Estaba impresionante con su camiseta, sus tetones contrastaban con sus brazos, que parec&iacute;an delgad&iacute;simos y le daba un aire mucho m&aacute;s joven y pens&eacute; que a lo mejor se la hab&iacute;a puesto para m&iacute;. Al fin y al cabo, cuando hab&iacute;amos charlado antes todav&iacute;a llevaba mi odiado pijama.<\/p>\n<p>Esa fue la &uacute;ltima paja que me hice antes de depilarme completamente. La recuerdo por eso y porque hab&iacute;a tomado unos melocotones en conserva de postre y descubr&iacute; que el alm&iacute;bar que traen te hace una saliva deliciosa, no es que necesitase lubricaci&oacute;n extra, pero me gusta de vez en cuando extender algo de saliva sobre el cl&iacute;toris y sacarlo de su escondite para maltratarlo un poco. Mientras me tocaba mis labios vaginales con una mano me met&iacute;a los dedos de la otra en la boca y me imaginaba que eran sus dedos, me tocaba la parte interna de mis mofletes como si tuviese mis dedos dentro de su co&ntilde;o. Ten&iacute;a limpio y listo un precioso pepino que me hab&iacute;a comprado por la tarde, era mi plan para cuando me acostase, pero no pude esperar, sub&iacute; mi pie izquierdo, con cuidado de no hacer ruido, sobre una silla y empec&eacute; a trabajar la entrada del co&ntilde;o con el extremo de la hortaliza, se me hab&iacute;a ido un poco la mano con el calibre al comprarlo, pero es que eran todos enormes. La postura no ayudaba mucho as&iacute; que sin met&eacute;rmelo continu&eacute; jugando con &eacute;l.<\/p>\n<p>Me pon&iacute;a tan cachonda aquella mujer a solo cuatro o cinco metros de m&iacute;, al otro lado del patio, cenando aburrida con la tele como &uacute;nica compa&ntilde;&iacute;a. Cuando ya me daba por satisfecha ella se levant&oacute; y las dos a la vez nos dimos cuenta de que ten&iacute;a dos manchas de leche en la camiseta, casi a la altura del ombligo, solo dejaban transparentar ligeramente sus areolas, pero en cambio sus pezones parec&iacute;a que iban a agujerear la tela. Me preguntaba c&oacute;mo se pod&iacute;a vivir con esas tetas y no matarse a pajas frente al espejo. Me llev&eacute; el pepino a la boca y lo embadurne bien de saliva, me lo clav&eacute; bien co&ntilde;o arriba y vi como ella se levantaba la camiseta, maldita sea, de espaldas a m&iacute; y se secaba los pezones con una servilleta. Estuve a punto de abrir la ventana y gritar: &iexcl;qu&iacute;tatela por Dios! Me corr&iacute; follada por el pepino viendo su espalda preciosa, llena de pecas y como sus enormes melones aparec&iacute;an a los lados, algo es algo, pero me mor&iacute;a de ganas por ver bien aquellas maravillas. Era raro en m&iacute; no terminar frotando mi cl&iacute;toris, le agradec&iacute; a Do&ntilde;a Gadea descubrir que hab&iacute;a otros modos de llegar al orgasmo. El espect&aacute;culo por aquella noche se acab&oacute; ah&iacute;, lam&iacute; bien el pepino y me fui disparada al ba&ntilde;o, me estaba meando. Me lo llev&eacute; a la cama para relajarme y dormir mejor, estuve acarici&aacute;ndome el trasero y pensando, me pregunt&eacute; si realmente me gustar&iacute;an semejantes pechos, no hab&iacute;a visto muchos en mi vida, solo en la playa, los m&aacute;s grandes que hab&iacute;a visto bien, eran los de la madre de Marga, una de mis amigas que a veces me invitaban a la playa. Sol&iacute;a hacer topless cuando su marido no nos acompa&ntilde;aba y s&iacute;, me gustaban y mucho, ten&iacute;a unos cuarenta y cinco a&ntilde;os y, aunque no llegaban al tama&ntilde;o de Gadea, los ten&iacute;a bastante ca&iacute;dos, m&aacute;s de una vez me hab&iacute;a quedado embobada mir&aacute;ndolos.<\/p>\n<p>En el di&aacute;logo que entablaba conmigo misma mientras me met&iacute;a de nuevo el pepino, mi yo m&aacute;s cachondo le hac&iacute;a ver a mi yo racional que el morbo que Do&ntilde;a Gadea me produc&iacute;a iba ya, tras solo unos d&iacute;as viviendo all&iacute;, m&aacute;s all&aacute; del tama&ntilde;o o lo bien hechas que estuviesen sus tetas, era su cuerpo entero lo que me hac&iacute;a sentirme viva, su espalda, sus brazos, su culito precioso que ya hab&iacute;a visto casi entero, su cara y sus ojos, su belleza irlandesa. Era adem&aacute;s aquel edificio vac&iacute;o, nosotras solas, viviendo all&iacute; arriba, rodeadas de invierno.<\/p>\n<p>Y que bien estaba amortizando mi compra en el supermercado, el pepino me estaba dando mucho placer, estaba bastante maduro y su suave piel y mi lubricaci&oacute;n me dejaba meterlo y sacarlo bastante r&aacute;pido sin hacerme da&ntilde;o. Mi cerebro volaba de la playa y las tetas de la madre de Marga a la cocina de mi vecina y cuando ya estaba a punto de correrme de nuevo le fui infiel a las dos con la chica que me hab&iacute;a atendido en la fruter&iacute;a del supermercado. Era de mi edad, guapa y m&aacute;s bien delgada. La faldita azul del uniforme le sentaba tan bien con unos pantys negros, me miraba curiosa mientras yo escog&iacute;a con mi mirada el pepino, esboz&oacute; una sonrisa cuando yo lo rodee con mis &iacute;ndice y pulgar, haciendo un c&iacute;rculo para medir su calibre. Yo ni siquiera disimul&eacute; comprando alguna fruta m&aacute;s, la observ&eacute; mientras pesaba el pepino y acabamos d&aacute;ndonos mutuamente las gracias con nuestras mejillas enrojecidas.<\/p>\n<p>Al final mientras me sacaba la hortaliza para correrme frotando mi cl&iacute;toris Gadea volvi&oacute; a mi mente y volv&iacute; a mamar y beberme la leche de sus pechos mientras un se&iacute;smo recorr&iacute;a mi cuerpo con epicentro en mi chochito. Dorm&iacute; muy bien.<\/p>\n<p>Cap&iacute;tulo 3<\/p>\n<p>Los d&iacute;as siguientes no hubo grandes novedades, por las ma&ntilde;anas me despertaba pensando que ten&iacute;a que buscar una chica de mi edad, irme a un lugar m&aacute;s grande, Santiago o quiz&aacute;s Coru&ntilde;a. En aquellos tiempos una ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que era la &uacute;nica lesbiana sino del planeta si de aquel pueblo. &iquest;Cu&aacute;ndo iba a poder dar rienda suelta a mi sexualidad all&iacute;?<\/p>\n<p>El fin de semana mis padres y mi hermano vinieron a visitarme, me invent&eacute; una excusa y les hice mover mi cama y todos los muebles a la habitaci&oacute;n que estaba pared con pared con la de Gadea, lo hab&iacute;a comprobado una noche escuchando como se met&iacute;a en cama. Me apetec&iacute;a mucho dormir a su lado, aunque fuese con un tabique en medio. A lo largo de la semana fui enter&aacute;ndome poco a poco de c&oacute;mo era su vida. Es lo bueno de vivir en un sitio as&iacute;, menos yo, all&iacute; todo el mundo parec&iacute;a conocerlo todo de los dem&aacute;s. Se hab&iacute;a casado embarazada hacia poco m&aacute;s de un a&ntilde;o, su marido era marinero, por eso viv&iacute;a sola. Bueno, para ser exacta capit&aacute;n en un barco mercante, daba igual, capit&aacute;n o marinero su familia se hab&iacute;a llevado un disgusto gordo. Su padre era el notario y su abuelo lo hab&iacute;a sido tambi&eacute;n, su hermana la secretaria del ayuntamiento y su madre era funcionaria en el juzgado. Que Gadea quisiese dedicarse a la ense&ntilde;anza fue un contratiempo, pero lo del marino mercante result&oacute;, seg&uacute;n me contaron, en una baja m&eacute;dica de varios meses de su madre. Caray con Do&ntilde;a Gadea.<\/p>\n<p>Tard&eacute; casi dos semanas en conseguir coincidir con ella en el portal, estuve estudiando sus horarios, pero teniendo que trabajar era dif&iacute;cil. Al final tuve suerte y cuando sub&iacute;a a casa para comer al mediod&iacute;a ella llegaba cargada con el peque&ntilde;o y las bolsas de la compra. Por supuesto la ayud&eacute; con las bolsas y subimos juntas. Tuvimos la t&iacute;pica conversaci&oacute;n sobre el tiempo y la ausencia de ascensor. Al llegar arriba me invit&oacute; a entrar en su casa y me pidi&oacute; que esperase unos minutos si me apetec&iacute;a charlar un rato, quer&iacute;a pedirme que hablase con mis padres sobre la posibilidad de instalar un ascensor. Yo acced&iacute; y me qued&eacute; sola en el sal&oacute;n frente a un cuadro enorme de la madre Teresa de Jes&uacute;s, no digo que me diese miedo la decoraci&oacute;n, pero no parec&iacute;a la casa de una joven de treinta a&ntilde;os, todo era, no s&eacute;&#8230; mis padres a sus cincuenta ten&iacute;an m&aacute;s gusto para la decoraci&oacute;n que ella. Estaba claro que era una persona bastante religiosa, pens&eacute; en ese momento que si conociese mi condici&oacute;n sexual me considerar&iacute;a una enferma en el mejor de los casos. El ni&ntilde;o era un bendito, nunca mejor dicho, porque en diez minutos estaba durmiendo la siesta, ella entr&oacute; en el sal&oacute;n disculp&aacute;ndose por no haberme ofrecido nada. Yo me olvid&eacute; de todo cuando la vi bien de cerca, ya sin abrigo, llevaba unos vaqueros que le quedaban muy bien y un jersey de punto que dejaba entrever el enorme sujetador que aguantaba todo aquello como un andamio.<\/p>\n<p>Cuando cruc&eacute; los dos metros de rellano de vuelta a m&iacute; piso, con el tiempo justo para comer y volver al trabajo, lo hice m&aacute;s preocupada que excitada. Me gustaba tanto aquella mujer, no era como &Aacute;urea, mi eterno amor plat&oacute;nico de juventud. Gadea era otra cosa, era una mujer, una madre ya, no era et&eacute;rea como &Aacute;urea, ten&iacute;a defectos, volvi&oacute; a hablarme con un aire de superioridad despreciable y quedaba por comprobar que su cuerpo me gustase tanto como intu&iacute;a que lo har&iacute;a, pero me produc&iacute;a un morbo, unas ganas de odiarla y quererla al mismo tiempo, era eso lo que me preocupaba, que f&aacute;cil ser&iacute;a que simplemente me gustase espiarla, sin m&aacute;s. No fui capaz de comer, me masturb&eacute; dos veces, la primera me corr&iacute; en un par de minutos, me imagin&eacute; orinando sobre ella, empapando su cara y viendo como mi meada acariciaba su piel cuerpo abajo hasta mojar su chocho. Mientras me meaba la obligaba a comerse mi co&ntilde;o, sentada en la ba&ntilde;era. Me corr&iacute; en la taza del v&aacute;ter y me dej&eacute; caer sobre la cisterna. La segunda vez fue m&aacute;s placentera y se me ocurri&oacute; que lo que me imaginaba mientras me masturbaba era algo que f&aacute;cilmente pod&iacute;a llevar a la pr&aacute;ctica.<\/p>\n<p>Y as&iacute; fue, pero antes, por la tarde ocurri&oacute; algo que marcar&iacute;a el devenir mi vida en los pr&oacute;ximos meses. Como no hab&iacute;a comido a mediod&iacute;a, a eso de las cinco, cerr&eacute; un momento la oficina y cruc&eacute; la calle para comprar algo en el supermercado de enfrente. Mi amiga de la fruter&iacute;a me lanz&oacute; una preciosa sonrisa cuando me vio y en menos de tres minutos estaba de vuelta en el trabajo. Un rato despu&eacute;s en cuanto pude me puse a comer la enorme palmera de chocolate que me hab&iacute;a comprado. La mala o la buena suerte hizo que en ese momento entrase la mujer de mi jefe. Me hizo un comentario muy desagradable y yo le contest&eacute; algo as&iacute; como que me ten&iacute;a envidia por poder comerme la palmera cuando ella estaba como una foca. Fue un comentario con la clara intenci&oacute;n de hacer da&ntilde;o, igual que el suyo, adem&aacute;s, ni siquiera estaba gorda, solo rellenita y ya he dicho que incluso su cuerpo me agradaba. Pero la cosa se nos fue de las manos y tuvimos una discusi&oacute;n muy acalorada. Aquella noche me fui a casa asumiendo que lo ocurrido tendr&iacute;a consecuencias y sintiendo de verdad poner a mi jefe en aquella situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>El caso es que me olvid&eacute; del tema y puse en pr&aacute;ctica mi fantas&iacute;a &quot;realizable&quot; del mediod&iacute;a.<\/p>\n<p>Cen&eacute; como siempre a eso de las nueve y fing&iacute; irme a la cama. Me duche r&aacute;pidamente, apenas me seque el pelo, para que estuviese bien h&uacute;medo, me puse uno de mis tangas, si no el m&aacute;s atrevido si el m&aacute;s bonito. Busqu&eacute; la camiseta m&aacute;s corta que ten&iacute;a y result&oacute; ser una de Mickey Mouse, quer&iacute;a que mi culo se viese bien. Conoc&iacute;a todas las rutinas de Gadea a esa hora y cuando terminaba de cenar, sola como siempre, sol&iacute;a lavar los platos. Ese d&iacute;a, debi&oacute; sorprenderla la lampara de mi cocina, encendi&eacute;ndose perezosa pues empezaba a fallar. Yo salte al escenario, irrump&iacute; en la cocina y me prepar&eacute; un s&aacute;ndwich, lo hice justo frente a la ventana para que viese bien mi culo, no me di la vuelta, pero, como en mi fantas&iacute;a, ella apag&oacute; la luz m&aacute;s r&aacute;pido de lo habitual. Daba igual si me estaba mirando o no, en cuanto se apag&oacute; su luz yo me sent&iacute;a observada y eso era bueno, muy bueno. Si mi corta experiencia como voyeur hab&iacute;a sido muy sabrosa, el creerme observada era todav&iacute;a mejor, a pesar del fr&iacute;o sal&iacute; un momento de la cocina, me quit&eacute; la camiseta, esper&eacute; un minuto y volv&iacute; a entrar con solo el tanga. Yo si le iba a dar a ella lo que ella no me hab&iacute;a dado a m&iacute;. Me com&iacute; el s&aacute;ndwich de pie, de vez en cuando me apoyaba en la encimera para variar la postura. Pensaba si al d&iacute;a siguiente me afear&iacute;a la conducta o me advertir&iacute;a de que ni se me ocurriera hacerlo con su marido en casa. Estaba convencida de que me estaba viendo, o mejor a&uacute;n, espiando. Pens&eacute; en ir m&aacute;s all&aacute; y acariciarme, pero no pase de colocarme bien el tanga y asegurarme que intuyese que mi co&ntilde;o estaba perfectamente depilado. Tras unos diez minutos di la funci&oacute;n por terminada. Apagu&eacute; la luz e inconscientemente met&iacute; mi mano bajo el tanga para acariciarme. Su casa estaba completamente a oscuras, no hab&iacute;a luz ni en la cocina ni en el ba&ntilde;o, si la hubiese en el sal&oacute;n o en alguna habitaci&oacute;n me habr&iacute;a dado cuenta. Corr&iacute; a oscuras y me puse de rodillas sobre m&iacute; cama, pegando la oreja a la pared, o&iacute; lo que yo cre&iacute;a era el interruptor de una l&aacute;mpara de mesita, Do&ntilde;a Gadea estaba acost&aacute;ndose, luego mi imaginaci&oacute;n puso lo dem&aacute;s, me met&iacute; bajo las s&aacute;banas y me imagin&eacute; que &eacute;ramos dos las que dormir&iacute;amos relajadas aquella noche. Me corr&iacute; ruidosamente para que pudiese escucharme.<\/p>\n<p>Me dorm&iacute; pensando lo dif&iacute;cil que pod&iacute;a ser el d&iacute;a siguiente en el trabajo, pero tambi&eacute;n en lo emocionante de ver o entrever la reacci&oacute;n de mi vecina a mi exhibici&oacute;n. Que f&aacute;cil se ve todo cuando se tienen veinte a&ntilde;os.<\/p>\n<p>Cap&iacute;tulo 4<\/p>\n<p>Me despert&eacute; como siempre con el tiempo justo pero lo primero que hice fue intentar ver si los platos de mi vecina segu&iacute;an sucios al lado del fregadero. Estaba bastante oscuro, pero pude ver que s&iacute;, con lo met&oacute;dica que ella era, estaba claro que mi desnudo hab&iacute;a perturbado sus rutinas.<\/p>\n<p>Mi jefe entr&oacute; a trabajar suspirando y antes de que dijese nada yo le ped&iacute; disculpas sinceramente. Las acept&oacute;, pero me cont&oacute; aquello de que ten&iacute;a dos noticias, una buena y otra mala. El resumen era que ten&iacute;a que reducirme la jornada a la mitad, pero que ya hab&iacute;a ordenado, sin que su mujer lo supiese, un aumento de sueldo que me compensase en parte y que en un par de meses se compromet&iacute;a a pasarme de nuevo a jornada completa manteniendo mi nuevo salario. Me pidi&oacute; por favor que no dijese nada y que tuviese paciencia con su mujer y yo hice prop&oacute;sito de enmienda. Cuando se fue, a media ma&ntilde;ana, estuve a punto de ponerme a dar saltos, pero me contuve y segu&iacute; a lo m&iacute;o. Las nuevas condiciones eran muy buenas para m&iacute; y adem&aacute;s tendr&iacute;a m&aacute;s tiempo libre. Entonces mir&eacute; un momento hacia la acera delante de la oficina y vi a Gadea que echaba un vistazo a los anuncios de nuestras casas en venta. No pude evitar que me viese, tragu&eacute; saliva temiendo que me mirase como a una fresca o peor, que entrase a reprobar mi espect&aacute;culo de la noche pasada. Definitivamente era mi d&iacute;a, me regal&oacute; una sonrisa angelical que no le conoc&iacute;a, y entr&oacute; con el carrito del ni&ntilde;o a saludarme. Tuvimos esa absurda conversaci&oacute;n en que yo hablaba con el peque&ntilde;o de apenas unos meses y su madre contestaba por &eacute;l. Llevaba minifalda y me atrev&iacute; a decirle que era preciosa y le quedaba muy bien, agradeci&oacute; el cumplido y como era viernes me invit&oacute; a tomar un caf&eacute; por la noche si es que no ten&iacute;a que madrugar el s&aacute;bado. La agencia no abr&iacute;a los s&aacute;bados en invierno, acept&eacute; con mucho gusto.<\/p>\n<p>A &uacute;ltima hora de la ma&ntilde;ana sali&oacute; el sol y antes de ir a casa para comer compr&eacute; un billete de loter&iacute;a. No me toc&oacute;, pero fue lo &uacute;nico que sali&oacute; mal aquel d&iacute;a.<\/p>\n<p>Por la noche a eso de las nueve llegu&eacute; a casa con unos pasteles y la salud&eacute; a trav&eacute;s del patio, estaba tendiendo ropa, abr&iacute; la ventana. Estaba sola como siempre.<\/p>\n<p>Me dirig&iacute; a ella llam&aacute;ndola Do&ntilde;a Gadea.<\/p>\n<p>-Por favor ll&aacute;mame Gadea o yo te llamar&eacute; Do&ntilde;a Rosa.<\/p>\n<p>-Lo intentar&eacute;, pero&#8230;<\/p>\n<p>-Pero que, no soy tan mayor.<\/p>\n<p>-Eres muy joven, pero me imponen mucho los profesores.<\/p>\n<p>Pod&iacute;a ser realmente encantadora si se lo propon&iacute;a. Me estuve fijando en la ropa que tend&iacute;a, los sujetadores eran indescriptibles pero las bragas, a m&iacute; no me gusta decir braguitas, eran preciosas, bastante peque&ntilde;as y con mucha transparencia. Quedamos en que me iba a duchar y llamar&iacute;a suavemente a su puerta en media hora. No sab&iacute;a que ponerme y le pregunt&eacute; directamente.<\/p>\n<p>&#8211; Esperas a alguien por cierto? Quiero decir puedo ponerme ropa de estar por casa.<\/p>\n<p>&#8211; Estamos solas en el faro. Ponte lo que quieras.<\/p>\n<p>&#8211; Que faro?, le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&#8211; No tienes la sensaci&oacute;n cuando subes las escaleras de vivir en un faro?<\/p>\n<p>Era cierto, no era s&oacute;lo la falta de ascensor, las escaleras eran muy empinadas y esa sensaci&oacute;n exist&iacute;a. Su frase: ponte lo que quieras, fue resonando en mi cabeza.<\/p>\n<p>Me sent&iacute; infantil o por lo menos inmadura prepar&aacute;ndome como si de una cita se tratase, me prob&eacute; tantas cosas que acab&eacute; dici&eacute;ndome que estaba sacando aquello de madre. Quer&iacute;a ense&ntilde;arle mis piernas, pero no iba a ir en bragas. Ten&iacute;a un pijama corto, pero no me gustaba. Me decid&iacute; por un vestido blanco de punto que sol&iacute;a llevar a la playa. Era bastante corto, pero no se me ver&iacute;a nada, eso s&iacute;, ten&iacute;a que ponerme sujetador porque ten&iacute;a agujeritos entre punto y punto por donde se me saldr&iacute;an los pezones. Me mir&eacute; al espejo y me vi genial, transparentaba bastante, sobre todo por detr&aacute;s. El tanga azul oscuro resaltaba much&iacute;simo bajo el hilo blanco.<\/p>\n<p>Me daba igual, estaba a cien y respir&eacute; profundamente antes de cerrar mi puerta y llamar a la de Gadea. Me abri&oacute; con el ni&ntilde;o medio dormido en sus brazos y me susurro que pasase y me pusiese c&oacute;moda. Me dej&oacute; sola y entr&eacute; en la cocina que tan bien conoc&iacute;a, no me apetec&iacute;a sentarme en el sal&oacute;n frente a Teresa de Calcuta. Tras unos diez minutos se uni&oacute; a mi exclamando su admiraci&oacute;n por mi vestido que le parec&iacute;a precioso y por los pasteles.<\/p>\n<p>&#8211; Cuantos pasteles! Much&iacute;simas gracias. No ten&iacute;as que haberte molestado. Como sois la gente del campo, cuanto os gusta la abundancia.<\/p>\n<p>&iquest;Era para matarla o no? Pens&eacute; si realmente estaba lo suficientemente buena para aguantarle comentarios as&iacute;&#8230; Y si, lo estaba, llevaba la misma minifalda que a mediod&iacute;a, pero ahora con dos de los botones del cierre frontal desabrochados. Adem&aacute;s, no llevaba pantys, sus piernas estaban perfectamente depiladas. Llevaba sujetador, pero aun as&iacute; su pecho eclipsaba todo lo dem&aacute;s, ten&iacute;a una chaqueta tipo su&eacute;ter sin blusa debajo, y de nuevo un par de botones desabrochados dejaban ver un canalillo que quitaba el hipo y met&iacute;a hambre y sed de abalanzarse sobre &eacute;l.<\/p>\n<p>Me qued&eacute; de piedra cuando tras hervir agua y poner el descafeinado soluble y el az&uacute;car en una bandeja me pidi&oacute; que cogiese los pasteles y la siguiese hasta su habitaci&oacute;n. Recorr&iacute; el pasillo pensando si iba a meterme en su cama el primer d&iacute;a, pero no hubo suerte. La distribuci&oacute;n de su casa no era exactamente igual a la m&iacute;a. Su habitaci&oacute;n era enorme, al fondo ten&iacute;a incluso un sof&aacute; y una peque&ntilde;a mesa. Bueno, al menos me alegr&eacute; de no pasar la noche en el sal&oacute;n y, que caray, aquello ten&iacute;a m&aacute;s morbo. Adem&aacute;s, comprob&eacute; que s&iacute; que dorm&iacute;amos pared con pared.<\/p>\n<p>Otra buena raz&oacute;n para estar all&iacute; era que tanto su habitaci&oacute;n como la del ni&ntilde;o estaban mucho m&aacute;s templadas, est&aacute;bamos a finales de noviembre y fuera hac&iacute;a ya bastante fr&iacute;o.<\/p>\n<p>Nos sentamos en el sof&aacute; y dimos cuenta de los pasteles, las dos ten&iacute;amos hambre. Al rato de estar charlando, inconscientemente, acabamos gir&aacute;ndonos la una hacia la otra y subiendo una de nuestras piernas flexionadas sobre el sof&aacute;. Est&aacute;bamos tan cerca que solo pod&iacute;a mirarla a la cara, de vez en cuando yo bajaba la vista pretendiendo colocarme bien una zapatilla o algo as&iacute; y observaba sus muslos, deliciosos, no tan blancos como esperaba, de un color casi miel, ten&iacute;a unas piernas largas y muy bien proporcionadas, no hab&iacute;a flacidez ni celulitis, al fin y al cabo, aunque yo la viese desde mis veinte a&ntilde;os como a una se&ntilde;ora, solo ten&iacute;a treinta, estaba empezando a vivir, ten&iacute;a sus mejores a&ntilde;os por delante.<\/p>\n<p>Aquel pedacito de tela beige semitransparente que cubr&iacute;a su co&ntilde;o y que, con el transcurrir de la noche, yo empezaba a ver perfectamente, me estaba volviendo loca, por los lados sal&iacute;a algo de vello del mismo color que su pelo, no era nada exagerado, era ligeramente peludo, igual que yo me lo imaginaba en mis pajas. Yo le correspond&iacute;a a ella manteniendo la misma postura, para que pudiese ver mis muslos, pero tem&iacute;a empapar el sof&aacute; con mi co&ntilde;o, me lo notaba mojado y el escueto tanga que llevaba no podr&iacute;a hacer frente a ese caudal de jugo que su presencia iba destilando como un imparable glaciar valle abajo. Perd&oacute;n por la cursilada.<\/p>\n<p>Intentaba distraerme con la conversaci&oacute;n, pero su cara tambi&eacute;n me pon&iacute;a cachonda, la muy condenada no llevaba pendientes ni nada de maquillaje ni siquiera l&aacute;piz de labios, pero me parec&iacute;a guap&iacute;sima, sus ojos azules, su boquita, su oreja derecha tras la que rob&oacute;ticamente se sujetaba ese lado de su melenita una y otra vez&#8230;<\/p>\n<p>Y me di cuenta de que en el fondo deb&iacute;a sentirse sola, muy sola. Hablaba y hablaba sin parar, yo la escuchaba con la atenci&oacute;n que seguro hac&iacute;a tiempo que nadie le prestaba. Ser&iacute;an m&aacute;s de las doce cuando cre&iacute; que era el momento de sugerir que era muy tarde y ella estar&iacute;a muy cansada, su respuesta fue tomarnos otro caf&eacute;, as&iacute; que quedaba claro que las dos est&aacute;bamos a gusto. Mientras ella preparaba agua yo fui al ba&ntilde;o y me sequ&eacute; el co&ntilde;o lo mejor que pude.<\/p>\n<p>En cuanto nos pusimos c&oacute;modas me quej&eacute; un par de veces del sujetador que llevaba, no era ninguna triqui&ntilde;uela, era de esos sin tirantes y me molestaba de verdad. A la segunda Do&ntilde;a Gadea sugiri&oacute; que me lo quitase. No le advert&iacute; que ten&iacute;a que levantarme el vestido, pero era evidente, as&iacute; que me puse de pie y me lo sub&iacute; y sin prisa le mostr&eacute; mis encantos a un palmo de su cara. Se hizo el silencio hasta que puse mi trasero de vuelta en el sof&aacute; y con el vestido todav&iacute;a en mis sobacos le ped&iacute; que desabrochase mi sujetador. Gadea no se sorprendi&oacute; de ver mi tanga, sin duda lo hab&iacute;a visto la noche anterior.<\/p>\n<p>-Son c&oacute;modos los tangas estos? Est&aacute;n muy de moda ahora.<\/p>\n<p>-A m&iacute; me encantan, tengo unos cuantos y son muy c&oacute;modos.<\/p>\n<p>Me levant&eacute; de nuevo y dej&eacute; que mi vestido se deslizase poco a poco hacia abajo, al llegar a mis caderas se detuvo y antes de que me diese cuenta ella tir&oacute; suavemente de &eacute;l, rozando mis muslos con el anverso de sus manos. Continuamos la conversaci&oacute;n y me di cuenta que ella buscaba mis cumplidos, ya le hab&iacute;a dado conversaci&oacute;n y ahora necesitaba que la ayudase a levantar un poco su maltrecha autoestima.<\/p>\n<p>-No s&eacute;&#8230; Quiz&aacute;s es una moda que a m&iacute; me llega un poco tarde.<\/p>\n<p>-Qu&eacute; quieres decir?<\/p>\n<p>-Pues que tengo ya una edad que no s&eacute; yo si&#8230;<\/p>\n<p>-Por favor ni que fueses mi abuela, est&aacute;s empezando a vivir, tienes un cuerpazo, eres guapa y no veo que hay de malo en estar c&oacute;moda.<\/p>\n<p>-Creo que ni me atrever&iacute;a a entrar en una tienda y pedir un tanga.<\/p>\n<p>Eso no era problema, promet&iacute; prestarle uno de los m&iacute;os y ella acept&oacute;.<\/p>\n<p>Era ya muy tarde cuando ella sac&oacute; el tema de sus pechos, no es que se sintiese acomplejada, pero estaba alarmada del tama&ntilde;o al que hab&iacute;an llegado con la lactancia. Volv&iacute; a deshacerme en elogios y a punto estuve de pedirle que me los ense&ntilde;ase.<\/p>\n<p>Casi al final de la noche debi&oacute; sentirse rid&iacute;cula al darse cuenta que hab&iacute;amos hablado solo de ella, empez&oacute; a interrogarme sobre lo t&iacute;pico, novios, trabajo, familia&#8230; Le cont&eacute; lo de mi reducci&oacute;n de jornada y en cuanto a chicos fui bastante clara al decirle que no me interesaban. A punto estuvo de ir m&aacute;s all&aacute; con la pregunta, pero ah&iacute; se qued&oacute; la cosa.<\/p>\n<p>Me gust&oacute; que me despidiese en la puerta de su casa con dos besos. Ser&iacute;an las tres de la madrugada. Me cepill&eacute; los dientes r&aacute;pidamente y me met&iacute; en cama para masturbarme, no necesitaba hacer nada especial para que ella me escuchase a trav&eacute;s del tabique mientras se met&iacute;a en cama, mi somier hacia un ruido terrible y me foll&eacute; con mis dedos moviendo las caderas como una posesa. Me corr&iacute; exagerando un poco mis jadeos, se me hubiese podido escuchar en el primero.<\/p>\n<p>Cap&iacute;tulo 5<\/p>\n<p>Los d&iacute;as siguientes nuestra amistad fue afianz&aacute;ndose. Como ten&iacute;a las tardes libres raro era el d&iacute;a en que ella no se pasaba a tomar un caf&eacute; en mi casa o yo en la suya. Me sorprendi&oacute; con una propuesta que no me esperaba, aunque visto el aire de superioridad con que sol&iacute;a tratarme deber&iacute;a haber esperado algo as&iacute;. Me ofreci&oacute; trabajar en su casa por las tardes, un par de horas, ayud&aacute;ndole con el ni&ntilde;o, la limpieza, la compra etc&#8230; Yo lo rechac&eacute; amablemente y le dije que ser&iacute;a un placer ayudarla siempre que lo necesitase, sobre todo ahora que ten&iacute;a tiempo, pero no quer&iacute;a comprometerme sabiendo que en unos meses volver&iacute;a a trabajar a jornada completa.<\/p>\n<p>La verdad es que unas semanas atr&aacute;s hubiese aceptado sin titubear con tal de estar con ella, pero ahora eso ya lo ten&iacute;a. Adem&aacute;s, algo que ella no sab&iacute;a, era que a pesar de mi edad mi situaci&oacute;n econ&oacute;mica era m&aacute;s que holgada, el a&ntilde;o que estaba finalizando hab&iacute;a vendido unos quince pisos, s&oacute;lo eso, s&iacute;n contar mi sueldo fijo y las comisiones por alquileres, era m&aacute;s que su sueldo de profesora. Quiero decir que, respeto mucho a todas las chicas que se dedican al servicio dom&eacute;stico, mi propia madre lo hizo durante veinte a&ntilde;os en Suiza, pero yo no lo necesitaba.<\/p>\n<p>En cuanto a mi vida sexual, me ocurri&oacute; algo muy agradable al d&iacute;a siguiente de nuestro primer caf&eacute;. Como he dicho promet&iacute; dejarle alguno de mis tangas para que viese si le resultaban c&oacute;modos. A mediod&iacute;a la vi en su cocina desde la m&iacute;a, nuestras ventanas estaban cerradas porque hac&iacute;a fr&iacute;o. Le hice un gesto para que esperase un momento y no se fuese, corr&iacute; a mi habitaci&oacute;n y agarr&eacute; los dos tangas que m&aacute;s me apetec&iacute;a que estuviesen sobre su piel. Se los mostr&eacute; frente a la ventana y ella sonri&oacute; y me pidi&oacute; con la palma de su mano que esperase tambi&eacute;n. Volvi&oacute; en un minuto ense&ntilde;&aacute;ndome mi sujetador, me lo hab&iacute;a dejado en su habitaci&oacute;n. Abrimos nuestras puertas y nos intercambiamos las prendas. De cerca pude ver que el camis&oacute;n que llevaba transparentaba bastante y no llevaba sujetador, era muy bonito, color p&uacute;rpura, ten&iacute;a la espalda completamente desnuda, los tirantes se ataban detr&aacute;s del cuello como un bikini, supongo que le resultaba c&oacute;modo para dar de mamar y no era demasiado largo, sus piernas deb&iacute;an lucir muy bien, era casi como un vestido de verano. Digo deb&iacute;an porque yo no consegu&iacute;a sacar mi vista de aquellos pechos cargados de leche y balance&aacute;ndose hacia los lados a la altura de su ombligo. Se le ve&iacute;an perfectamente las areolas a trav&eacute;s de la tela y pude confirmar que sus pezones sobresal&iacute;an m&aacute;s un cent&iacute;metro sobre ellas. Me prometi&oacute; probarse los tangas y yo me promet&iacute; a m&iacute; misma seguir con la limpieza de mi casa y no correr a masturbarme.<\/p>\n<p>Un par de horas m&aacute;s tarde entr&eacute; en la cocina y Do&ntilde;a Gadea ech&oacute; un buen bid&oacute;n de gasolina sobre el fuego que ard&iacute;a en mi interior desde que viv&iacute;amos &quot;juntas&quot;. Segu&iacute;a con el mismo camis&oacute;n y frente a la ventana me hizo un gesto para llamar mi atenci&oacute;n y se levant&oacute; el camis&oacute;n hasta encima de la cintura, me ense&ntilde;o el tanga por delante y por detr&aacute;s, yo disimul&eacute; como pude mi sorpresa y le pregunt&eacute; qu&eacute; tal con un gesto. Ella hizo el signo de O. K. y un gesto de agradecimiento y le&iacute; en sus labios un: ya hablaremos.<\/p>\n<p>Y esta vez s&iacute; que corr&iacute; al sal&oacute;n y me acomod&eacute; en una butaca que me encantaba, me hund&iacute;a en ella y colocaba mis piernas sobre los apoyabrazos, tan abierta que mi co&ntilde;ito se tragaba de todo en esa postura. Nunca agradecer&eacute; lo bastante a mis abuelos la figurita de Lladr&oacute; que me regalaron para el sal&oacute;n, su cabecita suave y fr&iacute;a de porcelana se calentaba poco a poco rozando los labios de mi co&ntilde;ito y ya hab&iacute;a estado dentro de mi m&aacute;s de una vez, pero aquel d&iacute;a tras la cabeza fue el resto del cuerpo. A pesar de ser tan irregular me encantaba sentirla abri&eacute;ndose paso hacia dentro de m&iacute;, tan suave. La dej&eacute; un rato dentro y luego la saqu&eacute; despacito para que se produzcan esos hilillos de jugo vaginal que parecen queso fundido. La lam&iacute; a conciencia. Era curioso lo mucho que me gustaba cualquier objeto con aspecto f&aacute;lico y el poco inter&eacute;s que en mi despertaban los hombres. A&uacute;n a mis veinte a&ntilde;os, me preguntaba a veces, que pasar&iacute;a conmigo si llegado el momento de comerme mi primer chocho no me gustaba. &iquest;Tendr&iacute;a que ser asexual toda mi vida? Me preocupaba si el olor y el sabor me gustar&iacute;a. Me tranquilizaba que el m&iacute;o me encantaba y que a&ntilde;os atr&aacute;s, en la playa, mientras mi amiga Marga y su madre se ba&ntilde;aban, un d&iacute;a que apenas hab&iacute;a gente, hab&iacute;a cogido discretamente sus bragas de la bolsa y su olor me hab&iacute;a excitado much&iacute;simo.<\/p>\n<p>Cap&iacute;tulo 6<\/p>\n<p>Fue un d&iacute;a a principio de diciembre cuando nuestra relaci&oacute;n tom&oacute; su primera gran curva, yo ten&iacute;a mucho miedo de correr demasiado y que la fuerza centr&iacute;fuga me diese el gran hostiazo contra la cuneta, y debo reconocer que no fue m&eacute;rito m&iacute;o el dar aquel giro, si de mi dependiese todav&iacute;a estar&iacute;amos en la l&iacute;nea de salida.<\/p>\n<p>Sal&iacute; de trabajar y como tantos d&iacute;as en Galicia llov&iacute;a y hacia viento. El coche de la polic&iacute;a local ped&iacute;a con un meg&aacute;fono que todo el mundo asegurase puertas y ventanas. No eran ni las tres y ya parec&iacute;a de noche. Al d&iacute;a siguiente era festivo, me acerqu&eacute; al portal de mi casa y llam&eacute; a Gadea para ver si necesitaba algo del supermercado. Me transmiti&oacute; su preocupaci&oacute;n por el tiempo y me pidi&oacute; algunas cosas. Tambi&eacute;n me avis&oacute; que mis padres no vendr&iacute;an a cenar conmigo. Es que ella ten&iacute;a tel&eacute;fono en casa y yo no, y ella misma, un domingo, le hab&iacute;a dado el n&uacute;mero a mi padre por si necesitaba algo. Una hora m&aacute;s tarde llegaba al cuarto piso tras trepar escaleras arriba con un mont&oacute;n de bolsas, estaba empapada. Gadea me invit&oacute; a comer con ella as&iacute; que fui a mi casa a cambiarme. Me di una ducha caliente y me puse una sudadera gris sin sujetador y mi minifalda m&aacute;s corta con pantys negros muy transparentes y sin nada debajo. Ella ten&iacute;a unas mallas grises muy ajustadas y un jersey de lana con arbolitos de Navidad.<\/p>\n<p>No era una gran cocinera, la verdad, no lo recuerdo, pero supongo que tomar&iacute;amos alguna sopa o lasa&ntilde;a precocinada o algo as&iacute;. Lo que si recuerdo es que bajo sus mallas se marcaba perfectamente uno de mis tangas. No reprim&iacute; mi fascinaci&oacute;n por aquel culito tan bien hecho contone&aacute;ndose por toda la cocina para prepararme un caf&eacute; despu&eacute;s de comer.<\/p>\n<p>-Guau. Te est&aacute;s acostumbrado a usar tanga.<\/p>\n<p>Se dio la vuelta sonri&eacute;ndome y pretendiendo cierto rubor.<\/p>\n<p>-Qu&eacute; verg&uuml;enza, a&uacute;n no te los he devuelto, me encantan. Nunca cre&iacute; que me resultasen tan c&oacute;modos.<\/p>\n<p>-Qu&eacute;datelos, yo tengo muchos. Consid&eacute;ralo un regalo.<\/p>\n<p>-Te lo agradezco, porque yo no me atrevo a pedir esto en una tienda.<\/p>\n<p>-Otra vez est&aacute;s con eso, pero si eres una jovencita, todas llevamos tanga ahora.<\/p>\n<p>-T&uacute; me comprar&iacute;as algunos? tienes muy buen gusto para la ropa.<\/p>\n<p>Debo aclarar, sobre todo para la gente m&aacute;s joven, que la venta de ropa en grandes superficies es algo relativamente reciente, al menos en Galicia. En esa &eacute;poca si quer&iacute;as ropa o lencer&iacute;a ten&iacute;as que ir a una tienda y pedirla.<\/p>\n<p>Acept&eacute; y le ped&iacute; un favor a cambio. La l&aacute;mpara de mi cocina ya no encend&iacute;a, hab&iacute;a comprado una nueva y esperaba que mi padre me la cambiase, pero mis padres no iban a venir y tendr&iacute;a que hacerlo yo. En cuanto ella pudo cruzamos a mi casa con el interfono para escuchar si el peque&ntilde;o lloraba. Do&ntilde;a Gadea deb&iacute;a sujetarme mientras yo, subida a una silla e intentaba cambiar la l&aacute;mpara. A esa hora ya est&aacute;bamos en penumbra, encend&iacute; la luz de la entrada para que iluminase lo mejor posible la cocina. Puse unas velas sobre la mesa y con cuidado me sub&iacute; a la silla. Gadea bromeaba con la falta que nos har&iacute;a un hombre en aquel momento y me rogaba que tuviese cuidado. Me sujetaba por las rodillas, no se atrev&iacute;a a agarrarme m&aacute;s arriba y yo no consegu&iacute;a acertar con la l&aacute;mpara en los enganches. Le dije que o me agarraba bien o lo dej&aacute;bamos y por fin subi&oacute; sus manos un poco m&aacute;s arriba, yo se las agarr&eacute; y las puse sobre lo m&aacute;s alto de mis muslos, casi en las nalgas. Me gust&oacute;, realmente no quer&iacute;a caerme, pero me encant&oacute; sentir sus manos y sus finos dedos apretar el nylon de mis pantys y casi clavarme las u&ntilde;as para que no me cayese. Cuando por fin coloque la L&aacute;mpara en su sitio, esta se encendi&oacute; directamente, me gire para bajar, Gadea vio mi tesoro perfectamente depilado bajo los pantys, se hizo el silencio, vi que se qued&oacute; mir&aacute;ndolo hacia arriba unos segundos, lo ten&iacute;a a dos palmos de su cara pero ninguna dijo nada, yo no sab&iacute;a c&oacute;mo explicar ese silencio, si era de sorpresa, de disgusto, de admiraci&oacute;n, de curiosidad. Se despidi&oacute; de m&iacute;, le di las gracias y se fue a casa.<\/p>\n<p>Yo, fui al ba&ntilde;o r&aacute;pidamente, no a masturbarme, sino a ver como estaba aquello por all&iacute; abajo. Ten&iacute;a los pantys totalmente empapados del jugo de mi vagina. Al estar totalmente depilada enseguida mojaba lo que llevase puesto. Menudo panorama acababa de contemplar Do&ntilde;a Gadea.<\/p>\n<p>Me hab&iacute;a gustado mucho sentir sus manos en mis piernas, pero no me apetec&iacute;a tocarme. Estuve un rato en la ventana de mi habitaci&oacute;n viendo llover sobre los tejados. Record&eacute; cuando Gadea dec&iacute;a que vivir all&iacute; era como vivir en un faro. El edificio era m&aacute;s alto que todos los que lo rodeaban y me gustaba ver aquel mar de tejas a mi alrededor, me calmaba. Estaba preocupada por haber podido ofender a mi vecina. No sab&iacute;a c&oacute;mo interpretar su reacci&oacute;n tras lo que hab&iacute;a visto, quer&iacute;a creer que al d&iacute;a siguiente la normalidad volver&iacute;a, pero no estaba segura. Poco a poco la luz casi &aacute;mbar de las farolas de la calle iba iluminando la cortina de agua que estaba cayendo y el viento iba arreciando m&aacute;s. Me met&iacute; en cama sin cenar d&aacute;ndole vueltas a la cuesti&oacute;n de hacia d&oacute;nde iba mi vida. A lo lejos el meg&aacute;fono de la polic&iacute;a local segu&iacute;a incansable lanzando su mensaje de precauci&oacute;n.<\/p>\n<p>Ser&iacute;an las once de la noche cuando me despert&oacute; el timbre de mi puerta. Salt&eacute; de cama preocupada por si habr&iacute;a ocurrido algo, pero me di cuenta que solo pod&iacute;a ser mi vecina. Y as&iacute; era.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Est&aacute;s bien Gadea, necesitas algo?<\/p>\n<p>-Tranquila, tranquila, no pasa nada. Estoy bien.<\/p>\n<p>-Que susto. Estaba dormida.<\/p>\n<p>-Lo siento Rosa, pero es que estoy muerta de miedo con este viento. Duerme conmigo por favor.<\/p>\n<p>Me lo pidi&oacute; en tono de s&uacute;plica y amanerando su voz como si realmente estuviese muy asustada. Ella ten&iacute;a tres habitaciones, pero una sola cama, la suya, la del ni&ntilde;o solo ten&iacute;a la cuna y la tercera habitaci&oacute;n solo ten&iacute;a trastos. Por lo tanto, cuando dec&iacute;a dormir con ella, era literalmente pasar la noche juntas en la misma cama. Por supuesto acept&eacute; si dudarlo. Yo dorm&iacute;a desnuda y solo me cubr&iacute; con el edred&oacute;n para ir a abrir.<\/p>\n<p>-Tranquil&iacute;zate, dame diez minutos que busque algo para ponerme y voy.<\/p>\n<p>-Es igual, no te preocupes vente por favor.<\/p>\n<p>Cog&iacute; las llaves y cruc&eacute; el descansillo ataviada con mi edred&oacute;n. La ve&iacute;a realmente asustada. Le pregunt&eacute; lo primero si el peque&ntilde;o estaba bien y, el bendito dorm&iacute;a en su cuna hac&iacute;a un rato. Fui al ba&ntilde;o y entr&eacute; en la habitaci&oacute;n, Gadea hab&iacute;a abierto el armario para que yo me pusiese lo que quisiera para dormir. Mientras ella estaba en el ba&ntilde;o me met&iacute; en cama desnuda, si tanto me necesitaba tendr&iacute;a que respetar que a m&iacute; me gustaba dormir as&iacute;.<\/p>\n<p>Le susurr&eacute; que la cama estaba helada, que viniese r&aacute;pido. Una de las l&aacute;mparas de la mesita estaba encendida y cuando se meti&oacute; en cama pudo ver que yo estaba completamente desnuda. No hizo ning&uacute;n comentario, llevaba puesto un camis&oacute;n exactamente igual al p&uacute;rpura que tanto me gustaba, pero &eacute;ste en color blanco. Se tumb&oacute; boca arriba en la cama, apago la luz y respir&oacute; profundamente. Me susurr&oacute; un gracias y se puso a rezar. Yo no sab&iacute;a que hacer ni que decir, ard&iacute;a de deseo, solo el ligero contacto de la piel de nuestros muslos me disparaba el coraz&oacute;n y ya me dec&iacute;a mi co&ntilde;o que no me iba a dejar dormir. Pasaron unos veinte minutos de rezo y yo mientras dudaba si atacar o no. Si atacaba y la cosa sal&iacute;a mal, me imaginaba como ser&iacute;a vivir luego con una vecina con la que has tenido un traspi&eacute;s as&iacute;. Ten&iacute;a claro que no me aguantar&iacute;a sin hacer algo que la ofendiese o violentase. Tendr&iacute;a que encontr&aacute;rmela en la escalera, coincidir&iacute;amos en la calle y lo peor: que fuese contando por el pueblo que yo era lesbiana.<\/p>\n<p>Termin&oacute; el rezo y me dio la espalda. Yo me dije que hab&iacute;a sido ella la que me hab&iacute;a metido en su cama. Me puse tambi&eacute;n de lado y me abrac&eacute; a su espalda. Pas&eacute; mi brazo izquierdo sobre ella y dej&eacute; caer mi mano sobre la zona de su garganta, ella reaccion&oacute; bien, agarr&oacute; mi mano con la suya y apret&oacute; fuerte. No le incomodaba tener mis dos buenas tetas pegadas a su espalda desnuda y mi pierna izquierda cabalgando sobre la suya. Lentamente fui abraz&aacute;ndola cada vez m&aacute;s fuerte, pegu&eacute; mis labios a su hombro y esboc&eacute; una especie de beso. Esperaba un codazo de un momento a otro y tener que salir disparada de su cama, pero mientras tanto yo no paraba. Su piel me encantaba, nunca he vuelto a sentir lo que sent&iacute; aquella noche con Gadea, era la primera mujer que ca&iacute;a en mis brazos. Mientras besaba su espalda y la parte de atr&aacute;s de su cuello ella agarr&oacute; mi mano y la puso sobre su culo. &iexcl;Bingo Do&ntilde;a Gadea! Sorpresas que te da la vida. Acarici&eacute; su trasero como si de una joya se tratase, ten&iacute;a puesto el tanga que le hab&iacute;a regalado. Recorr&iacute; sus gl&uacute;teos con las yemas de mis dedos. Si se me humedec&iacute;an las manos con los nervios lo cubr&iacute;a con el camis&oacute;n y se lo acariciaba con la tela. Un par de veces intent&eacute; pasar mi mano a sus pechos, pero me la agarr&oacute; y la volvi&oacute; a su trasero. La segunda vez se puso boca arriba y tiro del tanga hasta debajo de sus rodillas. Aprovech&oacute; para echar una de las mantas hacia atr&aacute;s porque empezaba a hacer demasiado calor all&iacute;. Yo termin&eacute; de quitarle el tanga y me llev&eacute; a la boca el tri&aacute;ngulo que ven&iacute;a calentito y h&uacute;medo de su co&ntilde;o. Me tranquiliz&oacute; que me resultase agradable su sabor. Ella respir&oacute; muy profundo al verme oler y chupar prenda tan &iacute;ntima y yo abr&iacute; paso con las yemas de mis dedos entre su poblado y pelirrojo co&ntilde;o hasta encontrarme con la fuente de aquel delicioso n&eacute;ctar. Do&ntilde;a Gadea flexion&oacute; una de sus piernas y pude tocar su co&ntilde;o perfectamente, rebosaba jugo y yo empec&eacute; a masturbarla lo mejor que pude, era la primera vez que me ve&iacute;a en una as&iacute;, pero supuse que lo que me gustaba a mi le gustar&iacute;a a ella. Alternativamente masajeaba sus labios y la entrada y tambi&eacute;n met&iacute;a un par de dedos hasta el fondo. Estaba muy excitada y parec&iacute;a que le gustaba m&aacute;s que la penetrase, llegu&eacute; a meter un tercer dedo y entraban con facilidad. Quer&iacute;a dejar el cl&iacute;toris para el final, pero aquello se me fue de las manos. Cuando iba a sacar los dedos para jugar un poco con &eacute;l ella agarr&oacute; mi mu&ntilde;eca y con un grito sordo ped&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s. Ya no pude hacer m&aacute;s que follarla con mis dedos hasta que se corri&oacute;. Era la primera mujer que se corr&iacute;a junto a m&iacute;, intent&eacute; besarla en los labios, pero me rechaz&oacute;, intent&eacute; apartar la tela de su camis&oacute;n y comerme sus pechos, pero tampoco me dej&oacute;. No sab&iacute;a si le hab&iacute;a gustado o no. Yo no me corr&iacute;a como ella, sus gestos, sus suspiros parec&iacute;an m&aacute;s de sufrimiento que de placer.<\/p>\n<p>Yo ten&iacute;a el interior de mis muslos empapados con todo lo que sal&iacute;a de mi co&ntilde;o, pero en ese momento no exist&iacute;a nada ni nadie m&aacute;s en el universo que esa mujer. Tras unos minutos volvi&oacute; a rechazar otro beso y yo me limit&eacute; a besar y lamer su brazo como un perrito, eso parec&iacute;a estarme permitido. Fui bajando hasta su mano y met&iacute; dos de sus dedos en mi boca, eso le gust&oacute; porque empez&oacute; a moverlos, a tocar el interior de mi boca, mi lengua, el interior de mis labios. Saqu&eacute; su mano y se la bes&eacute;, la puse sobre uno de sus pechos para que, ya que yo no pod&iacute;a, al menos ella pudiese toc&aacute;rselos. Me dej&oacute; que deshiciese el nudo que sujetaba el camis&oacute;n tras su cuello y se incorpor&oacute; ligeramente sobre la almohada, se destap&oacute; hasta la cintura y los descubri&oacute;. Al menos era un gesto de generosidad por su parte. Yo me incorpor&eacute; tambi&eacute;n e impresionada de ver aquellos melones tan de cerca me puse a masturbarme. Se ve&iacute;a bien con la luz de la calle y ni se me ocurri&oacute; pedirle que encendiese la l&aacute;mpara. Mientras avanzaba con mi paja volv&iacute; a intentar toc&aacute;rselas. Volv&iacute; a ser rechazada pero esta vez ella empez&oacute; a mare&aacute;rselas, ten&iacute;a las tetas tan grandes que, en esa postura, llegaban hasta su cintura, eran como dos peras enormes, ten&iacute;a que sob&aacute;rselas de una en una porque necesitaba las dos manos para poder agarrar cada una. Aguant&eacute; lo que pude, pero cuando se puso a jugar con uno de los pezones, apret&aacute;ndolo suavemente para que creciese y se pusiese duro, las yemas de sus dedos se llenaron de leche y un hilillo blanco empez&oacute; a correr hacia su pubis y mojar la parte superior de su co&ntilde;o. Fue demasiado para m&iacute;, me dej&eacute; llevar y tuve el mejor orgasmo de mi vida hasta ese momento.<\/p>\n<p>No me di ni un segundo de aliento y prob&eacute; suerte, mientras a&uacute;n mi orgasmo sacud&iacute;a mi vientre baj&eacute; hasta sus rodillas y me puse a besar sus muslos, Do&ntilde;a Gadea parec&iacute;a querer m&aacute;s y flexion&oacute; y abri&oacute; sus piernas y en penumbra puso su co&ntilde;o frente a mi cara. Percib&iacute; el aroma que de &eacute;l me llegaba, no se parec&iacute;a en nada al del m&iacute;o. Sabore&eacute; lo poquito de leche que mojaba el vello de la parte superior, era muy dulce. No dud&eacute; y lo lam&iacute; de abajo a arriba y s&iacute;, me gustaban las mujeres m&aacute;s que nada en el mundo, que cosa tan deliciosa. Gadea se estremec&iacute;a con cada leng&uuml;etazo. Me sent&iacute;a poderosa y frustrada al mismo tiempo. Pero qu&eacute; clase de mujer me niega un beso y sin embargo me abre su co&ntilde;o para que me lo coma. En se&ntilde;al de protesta, y ya que no pod&iacute;a besar su boca, estuve besando su chocho, sus labios eran grandes y los bes&eacute; del modo m&aacute;s parecido posible a como lo har&iacute;a con su boca. En vez de meter mi lengua hasta su garganta la met&iacute;a todo lo que pod&iacute;a en la entrada del co&ntilde;o. Quer&iacute;a que quedase claro que mi boca quer&iacute;a besar la suya, que aquello era una protesta, que si la besaba entre las piernas tambi&eacute;n quer&iacute;a hacerlo en la boca. Cuando me di cuenta ten&iacute;a mis mofletes llenos del jugo de mi vecina del cuarto y sus manos, que hab&iacute;an empezado a acariciar mi pelo, consiguieron mi perd&oacute;n. Me gustaba mucho ese m&iacute;nimo gesto de afecto. Te voy a regalar la corrida de tu vida, pens&eacute;. Me separ&eacute; unos cent&iacute;metros y le lanc&eacute;, literalmente, un sonoro salivazo al cl&iacute;toris, esto la volvi&oacute; loca porque las caricias en mi pelo se hicieron m&aacute;s y m&aacute;s fuertes, casi violentas. Yo aguant&eacute; el tipo y jugu&eacute; con su cl&iacute;toris much&iacute;simo tiempo, cuando ya me suplicaba que acabase, que no pod&iacute;a m&aacute;s, su tama&ntilde;o se hab&iacute;a multiplicado por dos, yo hubiese seguido horas jugando con aquella almendrita, pero no quer&iacute;a que ella se llevase un mal recuerdo de aquella noche, empezaba a preocuparme porque parec&iacute;a a punto de llorar. Hice que se corriese y explot&oacute;, aunque intent&oacute; no hacer ruido era imposible, aquellos sonidos guturales, casi de agon&iacute;a me hac&iacute;an creer que, o lo hab&iacute;a hecho muy bien o muy mal. Est&aacute;bamos empapadas de sudor y las s&aacute;banas tambi&eacute;n. Dormimos el resto de la noche entre dos mantas. Intent&eacute; en vano que ella me devolviese el favor. Nos abrazamos para dormir y le ped&iacute; que me dijese, al menos, si lo hab&iacute;a hecho bien. No me contest&oacute;, pero bes&oacute; mi mano.<\/p>\n<p>Cap&iacute;tulo 7<\/p>\n<p>Me despert&eacute; a eso de las nueve cuando ella se levant&oacute;, se quit&oacute; el camis&oacute;n a los pies de la cama mientras yo la observaba. Pude verla completamente desnuda por primera vez y no era capaz de sacar mis ojos de sus descomunales tetas. Se puso el otro tanga que le hab&iacute;a regalado y al agacharse sus pechos colgaban sujetados solo por sus brazos a los lados. A continuaci&oacute;n, los pantys, pero esta vez se sent&oacute; en el sof&aacute; del fondo y mientras se los pon&iacute;a en los pies los pechos descansaban sobre sus muslos. Me fij&eacute; que la piel de sus pechos apenas ten&iacute;a pecas, eran m&aacute;s blancos que el resto de su cuerpo, las areolas no eran demasiado grandes y los pezones eran rosados y ahora s&iacute;, pude ver que no ten&iacute;a las tetas ca&iacute;das, simplemente eran descomunales en aquel cuerpecito de mu&ntilde;eca. Gadea se dio cuenta que yo me estaba haciendo una paja mientras ella se vest&iacute;a y continu&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s despacio. Se puso una minifalda de tela, como de pana, que tambi&eacute;n se abrochaba por delante y generosamente dej&oacute; varios botones sin abrochar. Con el torso desnudo recogi&oacute; la habitaci&oacute;n y ech&oacute; un vistazo por la ventana, segu&iacute;a lloviendo y soplaba el viento. Quer&iacute;a darme tiempo a que acabase mi paja. Yo segu&iacute;a hipnotizada por aquellos pechos llenos de leche a reventar y comprend&iacute; que ten&iacute;a que darme prisa. En su cara ten&iacute;a una media sonrisa, mezcla de orgullo y placer, estaba disfrutando la situaci&oacute;n. Me hubiese gustado que se acercase y al menos me besase, aunque fuese en la mejilla, pero verla as&iacute;, pase&aacute;ndose por la habitaci&oacute;n me produc&iacute;a mucho morbo. No intercambiamos ni una sola palabra y mientras ella escog&iacute;a algo para ponerse con la falda me corr&iacute; y me dej&eacute; escurrir entre las mantas.<\/p>\n<p>All&iacute; me quede un rato mientras ella cumpl&iacute;a con sus obligaciones de madre. No sab&iacute;a qu&eacute; hacer. me levantaba y me iba a mi casa? No ten&iacute;a nada que ponerme, solo el edred&oacute;n con el que hab&iacute;a llegado la noche anterior. Me tom&eacute; la libertad de coger unas mallas y una sudadera de su armario. La sensaci&oacute;n al ponerme su ropa fue muy agradable, los pezones se me pusieron exageradamente duros.<\/p>\n<p>Ni la mejor actriz del mundo hubiese sido capaz de aparentar absoluta normalidad al d&iacute;a siguiente como Gadea lo hizo. &iquest;Como puede estar alguien tan segura de s&iacute; misma y actuar como si nada? &iquest;Era yo la primera chica que se adentraba entre sus piernas? &iquest;Qu&eacute; iba a ocurrir a partir de ese momento? Esa era la clase de preguntas que iban y ven&iacute;an por mi cabeza. Lo cierto era que casi nada depend&iacute;a de m&iacute;, ella ten&iacute;a una superioridad sobre m&iacute; que me era imposible revertir. Lo digo porque fueron pasando los d&iacute;as y cualquier observador neutral apostar&iacute;a a que yo podr&iacute;a desaparecer de su vida y ella ni se inmutar&iacute;a, en cambio si ella me faltase yo lo pasar&iacute;a muy mal, como as&iacute; fue.<\/p>\n<p>Las siguientes semanas, hasta Navidad, yo, que ten&iacute;a las tardes libres, me pasaba un mont&oacute;n de tiempo en su casa. All&iacute;, en lo alto de aquel edificio, ten&iacute;amos nuestro nido, a salvo del resto del mundo. Yo era feliz, a pesar de que no ten&iacute;a de Gadea todo lo que deseaba. Pas&aacute;bamos muchas noches juntas y le regalaba dos o tres orgasmos cada d&iacute;a, pero, a cambio recib&iacute;a muy poco. Ella a m&iacute;, casi ni me tocaba y yo no pod&iacute;a besarla ni tocar sus pechos, se incomodaba cada vez que yo intentaba hablar de eso y la respuesta siempre era la misma: no puede ser. Y el caso es que yo pod&iacute;a ver en sus ojos el deseo de abalanzarse sobre mis veinte a&ntilde;os y comerse mi cuerpo y beberse mi juventud. Se le ca&iacute;an los ojos mirando mi co&ntilde;ito depilado.<\/p>\n<p>Pero qu&eacute; demonios le imped&iacute;a disfrutar plenamente de lo nuestro, acaso as&iacute; sent&iacute;a no estar enga&ntilde;ando a su marido o le parec&iacute;a que desde un punto de vista religioso era menos pecaminoso.<\/p>\n<p>Me pasaba el d&iacute;a pensando en ella, incluso en el trabajo cre&iacute;a sentir el olor de su co&ntilde;o, me masturbaba en su casa muchas veces, ella me ense&ntilde;aba su cuerpo para excitarme o a veces yo misma me tocaba mientras com&iacute;a su tesoro e intentaba correrme a la vez que ella, pero, aun as&iacute;, a veces cerraba la puerta de la agencia cinco minutos y me hac&iacute;a algo r&aacute;pido en el ba&ntilde;o. Yo estaba caliente a todas horas, hab&iacute;a un sentimiento de amor, un enamoramiento brutal por mi parte, era mi primer gran amor, un amor que barri&oacute; para siempre a &Aacute;urea, mi amor de juventud, pero hab&iacute;a tambi&eacute;n mucho morbo, deseo, ganas de experimentar con mi cuerpo y el suyo y por supuesto una dosis importante de frustraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Recuerdo una conversaci&oacute;n que tuvimos una noche, fue muy breve y muy surrealista tambi&eacute;n. Gadea me sorprendi&oacute; con una pregunta directa.<\/p>\n<p>-Rosa, a ti, &iquest;desde cu&aacute;ndo se te ha dado por esto?<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;A qu&eacute; llamas t&uacute; esto?<\/p>\n<p>-Ya sabes, a lo de que te gusten las mujeres.<\/p>\n<p>-Se llama lesbianismo, no deber&iacute;a darte miedo la palabra.<\/p>\n<p>-Sabes que no me da miedo.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Entonces?<\/p>\n<p>-Es igual, olv&iacute;dalo.<\/p>\n<p>Como digo su superioridad moral sobre m&iacute; era tal, que en vez de enfadarme por preguntarme por mi lesbianismo como si fuese una ocurrencia m&iacute;a o un capricho pasajero, fui yo la que me disculp&eacute; por mi tono y acab&eacute; cont&aacute;ndole mi gran secreto, ese amor que siempre hab&iacute;a sentido por &Aacute;urea y nunca hab&iacute;a llegado a nada. Por supuesto ella conoc&iacute;a a su familia y a &Aacute;urea, eran propietarios de una de las farmacias del pueblo y ella estudiaba ahora farmacia en Santiago. Mostr&oacute; much&iacute;sima curiosidad por mi historia e incluso insisti&oacute; en saber si hab&iacute;a habido algo sexual o no entre nosotras. Yo le espete que ella era la primera y &uacute;nica mujer con la que me hab&iacute;a acostado y eso le provocaba una gran incomodidad. Pero la curiosidad es una de las grandes fuerzas que mueve el mundo y sigui&oacute; pregunt&aacute;ndome cosas, as&iacute; dec&iacute;a ella: cu&eacute;ntame cosas. Yo confiaba en que nadie mejor en el mundo me guardar&iacute;a mis confidencias, por cuenta que le tra&iacute;a. Le confes&eacute; mi gran debilidad, las madres de mis amigas y me hizo repasar una por una todas aquellas que hab&iacute;an despertado mi l&iacute;vido, conoc&iacute;a a la mayor&iacute;a, le habl&eacute; de sus cuerpos, lo que m&aacute;s me gustaba de cada una y escuchaba mi voz en silencio. Est&aacute;bamos en el sof&aacute; de su habitaci&oacute;n, a los pies de la cama, tapadas con una manta, era ya muy tarde. De las madres pas&eacute; a las hijas y eso le gustaba todav&iacute;a m&aacute;s a Do&ntilde;a Gadea, le dimos un buen repaso a las jovencitas m&aacute;s atractivas del pueblo. Por primera vez ella comenz&oacute; a masturbarse, siempre se lo hac&iacute;a yo, pero aquel d&iacute;a descubri&oacute; lo bien que dos chicas pueden pas&aacute;rselo hablando, a poco que se suelten y olviden los prejuicios. Yo apart&eacute; la manta porque me daba mucho morbo ver como una mujer, que no era yo, se hac&iacute;a una paja, a ella no le gust&oacute;, pero si quer&iacute;a que yo siguiese poni&eacute;ndola cachonda ten&iacute;a que aguantarse. Yo empec&eacute; a tocarme tambi&eacute;n. Acab&eacute; descubriendo que a ella le gustaban rellenitas, tanto las madres como las hijas. Pero lo que de verdad la puso en &oacute;rbita fue cuando record&eacute; el a&ntilde;o que hab&iacute;a llegado ella a dar clase a mi instituto, le record&eacute; como vest&iacute;a, como me fijaba en ella cuando la ve&iacute;a en los pasillos, como me gustaban sus pechos y sus minifaldas. Nos pusimos frente a frente en el sof&aacute; y nos corrimos viendo nuestros chochos. Aquella noche descubr&iacute; que mi vecina ten&iacute;a un punto d&eacute;bil, le gustaba la conversaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Fue una peque&ntilde;a victoria para m&iacute; y algo bueno para mi autoestima. A veces sent&iacute;a que cuando pas&aacute;bamos la noche juntas ella me hac&iacute;a un favor, era como una limosna, ella no mostraba ning&uacute;n sentimiento hacia mi m&aacute;s all&aacute; de una buena amistad, pero incluso esa amistad ten&iacute;a un punto que no me gustaba nada, hab&iacute;a demasiada condescendencia por su parte.<\/p>\n<p>Unos d&iacute;as antes de Nochebuena, me parece que era el d&iacute;a de la loter&iacute;a, ocurri&oacute; algo terrible, no a mi sino a ella, pero desde entonces tengo siempre much&iacute;simo cuidado con un determinado tipo de gente. Gadea me pidi&oacute; el d&iacute;a anterior si pod&iacute;a ocuparme del peque&ntilde;o porque quer&iacute;a reunir a sus mejores amigas en casa. Muchas no conoc&iacute;an al peque&ntilde;o a&uacute;n y a otras casi no las hab&iacute;a visto desde que se hab&iacute;a casado.<\/p>\n<p>Ese d&iacute;a cuando volv&iacute; de trabajar a mediod&iacute;a me fui ya para su casa, comimos r&aacute;pido y ordenamos y limpiamos todo. A eso de las cuatro y media yo sal&iacute; a recoger los encargos que ella hab&iacute;a hecho de pasteles y canap&eacute;s. Cuando regres&eacute; su hermana estaba con ella, la conoc&iacute;a de vista, pero no sab&iacute;a que era su hermana. Estaba ca&ntilde;&oacute;n, ahora que las ve&iacute;a juntas s&iacute; que sus caras me resultaban parecidas. La hab&iacute;a visto por la calle, no dejaba indiferente a nadie. No era pelirroja como su hermana, ten&iacute;a el pelo moreno y una larga melena lisa. No estaba tan delgada como Gadea y ten&iacute;a un par de tetas que estaban muy bien, aunque varias tallas menos que su hermana. Me impact&oacute; su aspecto, con botas vaqueras, un vestido bastante corto estampado y con algo de vuelo que parec&iacute;a de verano, pantys transparentes y una chaqueta de tela vaquera que luego se quit&oacute;, parec&iacute;a que volv&iacute;a de un rodeo, pero que buena estaba, era como un rayo de sol en medio del largo invierno.<\/p>\n<p>Trataba a Gadea con la misma medicina que Gadea me trataba a m&iacute;: superioridad. Se quej&oacute; de todo, nada le parec&iacute;a bien, ella todo lo hubiese hecho de otra manera. Pens&eacute; que menuda tarde me esperaba y no me equivocaba.<\/p>\n<p>Estuve a punto de irme a mi casa cuando desde la habitaci&oacute;n del ni&ntilde;o las o&iacute; referirse a mi como &quot;la chica&quot;. &iexcl;La madre que las pari&oacute; a las dos! Eso en Galicia es muy ofensivo. &iquest;Acaso no ten&iacute;a nombre yo? Me llamo Rosa y te estoy regalando noches inolvidables pens&eacute;, de su hermana me lo pod&iacute;a esperar, pero de ella me doli&oacute; much&iacute;simo. Me enga&ntilde;e a m&iacute; misma dici&eacute;ndome que no me iba porque le hab&iacute;a cogido much&iacute;simo cari&ntilde;o al peque&ntilde;o y no quer&iacute;a que estuviese desatendido. Su madre ni siquiera se dio cuenta de mi enfado, estaba demasiado pendiente de recibir a sus amigas, ni siquiera me las present&oacute;, yo pas&eacute; un par de veces frente a la puerta del sal&oacute;n, pero era &ldquo;la chica&rdquo; invisible. Casi mejor. Unas seis amigas acabaron llenando ruidosamente el sal&oacute;n. Hubo un momento en que llor&eacute; de rabia porque volvieron a referirse a mi como &quot;la chica&quot; y al mismo tiempo me re&iacute;a al o&iacute;r los absurdos nombres de cada nueva reci&eacute;n llegada, ninguna se llamaba Mar&iacute;a o Paula o Beatriz. Todas ten&iacute;an un nombre en diminutivo de m&aacute;ximo dos s&iacute;labas y me hac&iacute;a gracia que ya casi era capaz de adivinar el nombre de la siguiente, las combinaciones posibles se agotaban.<\/p>\n<p>Nunca he vuelto a ver gente tan superficial, en cuanto dieron cuenta del &aacute;gape empezaron a alardear de sus maridos, todas cre&iacute;an estar casadas con el hombre m&aacute;s maravilloso del mundo. La que no estaba casada con un concejal lo estaba con un procurador o un abogado o un alto mando de la Benem&eacute;rita. Apenas o&iacute;a a Gadea, su hermana llevaba la voz cantante y fue ella la que empez&oacute; a vacilarla preguntando cuando vendr&iacute;a su marinerito a visitarla. Gadea intent&oacute; aclarar, como hac&iacute;a siempre, que su marido era capit&aacute;n de un mercante y no marinero, pero ya era demasiado tarde, las lobas hab&iacute;an olido sangre y las indirectas empezaron a volar por el sal&oacute;n, ella al principio intentaba encajarlas con buen humor, pero poco a poco dej&eacute; de o&iacute;rla. &iquest;Pero qu&eacute; problema hab&iacute;a en casarse con un marinero? El aquelarre continu&oacute; toda la tarde, cuando se cansaron del tema de su marido empezaron a meterse con como ten&iacute;a la casa, yo misma me daba cuenta que la decoraci&oacute;n, sobre todo del sal&oacute;n, era horrible, pero que clase de gente se dedica a ir a la casa de alguien a quejarse de todo. Despu&eacute;s de comerse los pasteles y canap&eacute;s alguna de ellas pregunt&oacute; d&oacute;nde los hab&iacute;a comprado porque no estaban muy frescos.<\/p>\n<p>La tarde fue interminable, a pesar del disgusto que ten&iacute;a por c&oacute;mo se hab&iacute;a referido a m&iacute; no pude evitar sufrir con ella el vapuleo que recibi&oacute; durante horas. No s&eacute; de d&oacute;nde sac&oacute; la fuerza para ir despidiendo, una a una, a todas las v&iacute;boras con una sonrisa y buenas palabras, pero lo hizo. O&iacute; desde la habitaci&oacute;n del ni&ntilde;o como se hac&iacute;a el silencio. Le di diez minutos y llegu&eacute; al sal&oacute;n intentando disimular, pero no hac&iacute;a falta. Las l&aacute;grimas recorr&iacute;an sus mejillas, eran como dos r&iacute;os caudalosos. Nunca m&aacute;s he visto l&aacute;grimas as&iacute;, tan abundantes ni tampoco a nadie llorar tan desgarradoramente en absoluto silencio. Cosas que la gente de origen humilde nunca dominaremos. La abrac&eacute; tan fuerte como pude y le rob&eacute; un beso en los labios, lo confieso, no me supo a nada, bueno me supo a sal, pero no me gust&oacute; aprovecharme de alguien que estaba viviendo un momento muy bajo. Ella me tuvo abrazada un buen rato hasta que o&iacute;mos a su hijo llorar. Ni entonces quer&iacute;a soltarme. Era comprensible, despu&eacute;s de pasar toda la tarde entre reptiles, le reconfortaba abrazar a alguien de su especie.<\/p>\n<p>Le traje a su hijo de la habitaci&oacute;n y empec&eacute; a recoger el sal&oacute;n, esa era otra, menudas cerdas, como lo hab&iacute;an dejado todo. Poco a poco fui expresando en voz alta todos estos pensamientos y acab&eacute; arranc&aacute;ndole una sonrisa. Me llev&oacute; horas adecentar aquel sal&oacute;n y luego la cocina. Cuando termin&eacute; Gadea me ofreci&oacute; un sobre con dinero que rechac&eacute;. Rompi&oacute; a llorar otra vez. Pas&eacute; la noche con ella, pero simplemente dormimos abrazadas. Al d&iacute;a siguiente yo trabajaba, me fui temprano y le di un inocente beso en los labios, pero ella abri&oacute; los ojos y reprob&oacute; mi acci&oacute;n con la mirada.<\/p>\n<p>Cap&iacute;tulo 8<\/p>\n<p>Esa tarde apenas pude hablar con ella cinco minutos porque ten&iacute;a que ir de compras con mis padres y el d&iacute;a de Nochebuena y Navidad hube de pasarlo en la aldea. Sab&iacute;a que ella estar&iacute;a un d&iacute;a con sus suegros y otro con sus padres. Volv&iacute; a verla el d&iacute;a veinticinco por la noche y enseguida comprend&iacute; que algo ocurr&iacute;a, llam&eacute; a su puerta y ella la abri&oacute; apenas un par de palmos, del modo que abrir&iacute;a a un vendedor de aspiradoras, dejando claro que no quer&iacute;a que entrase. Me dijo que su marido llegaba al d&iacute;a siguiente, su barco estaba averiado en Canarias y eso le permit&iacute;a volar a Santiago y pasar un tiempo en casa.<\/p>\n<p>No se me ocurri&oacute; preguntar cuantos d&iacute;as iba a estar con ella ni nada por el estilo, solo quer&iacute;a volver a mi casa y llorar hasta el d&iacute;a siguiente. Y as&iacute; fue.<\/p>\n<p>Por si no me sent&iacute;a lo bastante mal, al d&iacute;a siguiente mientras desayunaba antes de irme a trabajar, llam&oacute; a mi puerta y me result&oacute; muy violento escuchar de su boca, casi en tono amenazante, que lo mejor era que las dos olvid&aacute;semos todo lo sucedido y nunca habl&aacute;semos de ello con nadie. Yo no abr&iacute; la boca, asent&iacute; intimidada a todo lo que me dec&iacute;a y me fui a la agencia sinti&eacute;ndome la persona m&aacute;s idiota del planeta. Intent&eacute; convencerme a m&iacute; misma de que me lo hab&iacute;a pasado muy bien aquellas semanas y que el mundo estaba lleno de mujeres, pero en el fondo, a pesar de sus continuos desprecios, sab&iacute;a que me iba a costar much&iacute;simo superarlo.<\/p>\n<p>Intent&eacute; por todos los medios quit&aacute;rmela de la cabeza, acab&eacute; quedando con la chica de la fruter&iacute;a, en plan amigas, pero result&oacute; un fiasco, lo que a m&iacute; me pon&iacute;a de verdad era la faldita azul del uniforme y el modo en que me miraba mientras yo manoseaba pepinos y berenjenas. Vestida de calle perd&iacute;a mucho y su tema de conversaci&oacute;n favorito eran las telenovelas, realmente no estaba en mi onda.<\/p>\n<p>Mi actividad sexual se volvi&oacute; espor&aacute;dica, no consegu&iacute;a hacerme una paja sin pensar en Gadea, sobre todo cuando me corr&iacute;a.<\/p>\n<p>La cortina de su cocina estaba siempre echada, tampoco quer&iacute;a verla, yo cerr&eacute; la m&iacute;a tambi&eacute;n. Ten&iacute;a mucho cuidado de no coincidir con ellos en las escaleras, pero un d&iacute;a su marido entr&oacute; en el portal tras de m&iacute; y no tuve m&aacute;s remedio que saludarlo. Era guapo, alto y corpulento. Me doli&oacute; pensar lo que har&iacute;a cada noche con su mujer, que en sus brazos ser&iacute;a una mu&ntilde;equita, y lo dif&iacute;cil que ser&iacute;a competir con la polla que deb&iacute;a tener. Encima era educado, amable y agradable. Sab&iacute;a muy poco de m&iacute;, pero me agradeci&oacute; que le hubiese echado una mano de vez en cuando a Gadea con el ni&ntilde;o. Era todo lo que ella le hab&iacute;a contado. Se despidi&oacute; de m&iacute; diciendo que solo le quedaban un par de d&iacute;as en casa y d&aacute;ndome las gracias de nuevo si no nos ve&iacute;amos.<\/p>\n<p>Yo me alegr&eacute; como una p&aacute;nfila y estuve atontada el resto del d&iacute;a pensando que lo m&iacute;o con su mujer se pod&iacute;a recuperar.<\/p>\n<p>Una ma&ntilde;ana temprano o&iacute; un claxon en la calle, mir&eacute; por la ventana y vi que era un taxi que se llevaba a mi competencia al aeropuerto. Pasaron los d&iacute;as y la cortina de Do&ntilde;a Gadea solo se abr&iacute;a ocasionalmente para tender la ropa. Llegu&eacute; a la conclusi&oacute;n de que era lo mejor, volver a mi casi humillante relaci&oacute;n con ella, en las mismas condiciones no me traer&iacute;a nada bueno. Adem&aacute;s, por fin hab&iacute;a conseguido quit&aacute;rmela de la cabeza, mi amiga y gran amor plat&oacute;nico &Aacute;urea me hab&iacute;a pedido ayuda para comprar un piso en Santiago. Era un regalo de sus padres y como yo conoc&iacute;a el sector pens&oacute; que le ser&iacute;a de gran ayuda. Me present&oacute; a su novio, eso fue lo peor, pero sab&iacute;a desde siempre que no ten&iacute;a nada que hacer con ella.<\/p>\n<p>As&iacute; que cada vez que pod&iacute;amos las dos &iacute;bamos juntas a Santiago para intentar encontrar algo que se ajustase a su presupuesto.<\/p>\n<p>Al final la cortina de Do&ntilde;a Gadea empez&oacute; a abrirse. Poco a poco not&eacute; que empezaba a buscar el acercamiento conmigo. Si coincid&iacute;amos cada una en su cocina, normalmente preparando la cena, notaba su mirada buscando mi saludo. Yo la evitaba, quer&iacute;a imaginarme que no exist&iacute;a, pero al mismo tiempo abr&iacute;a mi cortina, aunque me dec&iacute;a que era para no sentirme tan sola. La muy&#8230; estaba guap&iacute;sima y vest&iacute;a para m&iacute; cada noche, nada vulgar, pero siempre muy sugerente. Se hab&iacute;a comprado ropa nueva y acab&eacute; apagando la luz y masturb&aacute;ndome mientras la miraba, ella intu&iacute;a que la estaba observando, pero no quer&iacute;a darle el gusto de estar segura. Cada noche actuaba para m&iacute;, la mejor fue un s&aacute;bado. Se puso un vestido que me recordaba adem&aacute;s a la buenorra de su hermana. Era muy de verano, con estampados amarillos sobre azul, sin tirantes en los hombros, con el&aacute;sticos para sujetarlo al busto, la cintura muy alta y muy cortito y con vuelo, de esos que no te puedes poner un d&iacute;a de viento. Con semejantes c&aacute;ntaros pod&iacute;a baj&aacute;rselo much&iacute;simo sin que se le viesen los pezones y segu&iacute;a siendo cortito. Se pase&oacute; por la cocina, se lo levant&oacute; varias veces pretendiendo mirarse un granito para que viese que no llevaba nada debajo. Cuando se baj&oacute; la parte de arriba y se sac&oacute; los dos pechos fuera yo ya me hab&iacute;a corrido una vez, los echaba de menos, por muchas veces que los viese nunca dejar&iacute;an de hipnotizarme, su cuerpo era tan proporcionado en todo, que aquellos pechos, fuera de lugar, parec&iacute;an obra de un dibujante de uno de esos c&oacute;mics er&oacute;ticos. Se me sec&oacute; la garganta cuando la vi coger de un armario el chisme de sacarse leche. Habl&eacute; sola en voz alta, dije un taco y algo as&iacute; como: s&iacute; que empieza a estar desesperada mi vecina. Se qued&oacute; de pie frente a la ventana con el culo apoyado en la encimera, se coloc&oacute; la cosa esa en el pecho y empez&oacute; a accionar el artilugio para bombear poco a poco la leche. Yo comenc&eacute; a tocarme de nuevo, quer&iacute;a correrme otra vez y quitarme de la cabeza las ganas de cruzar el rellano y llamar a su puerta o echarla abajo. Lleg&oacute; a llenar la mitad de la botella y se cambi&oacute; el sacaleches al otro pecho. En su cara se esbozaba una ligera sonrisa. El primer pecho continu&oacute; segregando leche por un rato y, sin duda Gadea conoc&iacute;a muy bien mis fantas&iacute;as, se lo agarr&oacute; como pudo, con una sola mano y se lo llev&oacute; a la boca para lamer la leche que se deslizaba areola abajo. Luego le dio una chupada al pez&oacute;n y continu&oacute; con la tarea de llenar el recipiente de leche. Recuerdo esa paja por la morbosa exhibici&oacute;n de aquella mujer intentando recuperar mi cari&ntilde;o, mi compa&ntilde;&iacute;a y los orgasmos que yo le daba y por las terribles ganas de orinar que ten&iacute;a, mientras clavaba mi mirada en aquellos pechos me dej&eacute; llevar y dej&eacute; caer una tremenda meada junto a la ventana que se junt&oacute; con el orgasmo, una nueva experiencia que me encant&oacute;, pero tuve que fregar todo el suelo. Mear y correrme a la vez me tranquiliz&oacute; bastante. En penumbra me puse a limpiar el suelo, Do&ntilde;a Gadea segu&iacute;a en su cocina, su cara ya no sonre&iacute;a, sin duda se hab&iacute;a hecho ilusiones de o&iacute;r mis nudillos golpeando su puerta, pero yo hab&iacute;a resistido. Se acerc&oacute; a la ventana, levant&oacute; sus brazos y peg&oacute; los pechos al cristal, mientras miraba hacia mi ventana, me qued&eacute; mir&aacute;ndola desde la oscuridad, no creo que pudiese verme, luego bes&oacute; el cristal con sus labios sacando la lengua, ese beso era para m&iacute;. Que desinhibida la ve&iacute;a con lo formalita que era ella. No pod&iacute;a negar que al menos hab&iacute;a encontrado una manera original de buscar mi perd&oacute;n. Dej&eacute; la fregona y me fui al ba&ntilde;o a limpiarme y me met&iacute; en cama, si hubiese podido, me habr&iacute;a atado a ella porque la tentaci&oacute;n de acabar llamando a su puerta volv&iacute;a entre paja y paja. Cada vez que pensaba en ella llev&aacute;ndose el pecho a la boca y saboreando su propia leche recordaba tambi&eacute;n el d&iacute;a en que yo la hab&iacute;a saboreado entre el vello de su pubis, casi llegando a su cl&iacute;toris. En la &uacute;ltima pude o&iacute;r adem&aacute;s que al otro lado del tabique ella tambi&eacute;n apagaba su fuego ruidosamente.<\/p>\n<p>Me dorm&iacute; pensando que follando se pasa muy bien pero que rechazar a alguien tambi&eacute;n ten&iacute;a su punto. Mi yo racional me dec&iacute;a que hab&iacute;a hecho lo correcto y no deb&iacute;a volver con ella, mi yo de veintea&ntilde;era salida veinticuatro horas al d&iacute;a, dec&iacute;a que la dejar&iacute;a sufrir unos d&iacute;as m&aacute;s y luego asaltar&iacute;a su casa y me la comer&iacute;a enterita.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente, mientras desayunaba, no pude evitar tener que volverme a la cama. Vi dos manchas de leche en su ventana que hab&iacute;a dejado al aplastar sus tetones contra el cristal y la marca de su lengua y sus labios un poco m&aacute;s arriba. Saqu&eacute; una peque&ntilde;a berenjena y una zanahoria de la nevera y las puse en agua caliente mientras terminaba de desayunar. Descubr&iacute; el placer de volver a cama un domingo por la ma&ntilde;ana, apenas utilic&eacute; la berenjena, la zanahoria me tuvo entretenida una hora entrando y saliendo de mi culo, quer&iacute;a correrme por detr&aacute;s porque ten&iacute;a el co&ntilde;o muy sensible, me promet&iacute; que, si la profesora se me pon&iacute;a a tiro de nuevo tenia que iniciarla, si es que no lo hab&iacute;a hecho su marido, en el sexo anal. Me corr&iacute; recordando la primera vez que me hab&iacute;a metido algo en el culo, un l&aacute;piz, y la sensaci&oacute;n inesperada de placer prohibido, culpa y morbo.<\/p>\n<p>Cap&iacute;tulo 9<\/p>\n<p>La pr&oacute;xima curva cerrada y peligrosa de nuestra relaci&oacute;n lleg&oacute; unos d&iacute;as m&aacute;s tarde, pero esta vez yo llevaba el cintur&oacute;n de seguridad puesto. Quiz&aacute;s lo que ocurri&oacute; hubiese sucedido igualmente unos d&iacute;as o semanas m&aacute;s tarde, o quiz&aacute;s yo hubiese ca&iacute;do antes en sus manos como un pajarito. El caso es que un viernes por la tarde el azar quiso que Gadea nos viese a &Aacute;urea y a m&iacute; y&eacute;ndonos juntas en coche hacia Santiago. Nosotras la vimos tambi&eacute;n y la saludamos con educaci&oacute;n, las dos la conoc&iacute;amos. La raz&oacute;n de nuestro viaje era tan simple e inocente como volver a ver un apartamento por el que mi amiga ya casi se hab&iacute;a decidido, pero al saludarla yo not&eacute; que su sonrisa y saludo eran muy forzados. No le di mayor importancia y me olvid&eacute; del tema.<\/p>\n<p>&Aacute;urea pago la se&ntilde;al y firm&oacute; el precontrato de compra aquella tarde, me invit&oacute; a cenar para agradecerme la ayuda y luego nos fuimos a dar una vuelta por Santiago. Nos lo pasamos muy bien. No ser&iacute;an menos de las dos de la madrugada cuando sub&iacute; hasta lo alto del faro y abr&iacute; mi puerta. O&iacute; un ruido tras de m&iacute; y me llev&eacute; un susto de muerte. Era Gadea con la cara llena de l&aacute;grimas y los ojos rojos de haber estado horas llorando. Se abalanz&oacute; sobre m&iacute; entre sollozos, dud&eacute; por segundos si para agredirme o para abrazarme. Se agarr&oacute; a mi cuello balbuceando y lanz&aacute;ndome preguntas.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Por qu&eacute; me haces esto? &iquest;Por qu&eacute; no me perdonas? &iquest;Quieres que me muera de celos? Vuelve conmigo por favor. Dime que no te has acostado con ella.<\/p>\n<p>Hablaba atropelladamente, no me gustaba verla en ese estado, no me pon&iacute;a nada. Le ped&iacute; que se tranquilizara, encima o&iacute;mos que el ni&ntilde;o estaba llorando y entr&eacute; en su casa para ver que estuviese bien. Consegu&iacute; que se durmiese y volv&iacute; a la cocina donde ella esperaba, al menos hab&iacute;a parado de llorar. No sab&iacute;a qu&eacute; hacer, ninguna dec&iacute;amos nada, me dol&iacute;a verla all&iacute; hecha una piltrafa, con la mirada perdida. Le habl&eacute; para asegurarme que me pod&iacute;a ir y saber que ella estaba en condiciones de ocuparse del ni&ntilde;o.<\/p>\n<p>-Menos mal que no tenemos vecinos porque menuda hemos liado.<\/p>\n<p>-Perd&oacute;name Rosa, menuda he liado yo. &iexcl;Qu&eacute; verg&uuml;enza!<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Verg&uuml;enza? Por lo menos has dejado salir lo que ten&iacute;as dentro.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Te est&aacute;s acostando con ella?<\/p>\n<p>-No es asunto tuyo.<\/p>\n<p>Yo no iba a cometer los mismos errores otra vez, ahora ten&iacute;a la sart&eacute;n por el mango. Fui dulce y cortante a la vez, tuve mano derecha y mano izquierda, le dije que mi amistad la ten&iacute;a asegurada pero que mi amor ten&iacute;a que gan&aacute;rselo de nuevo y que no le ser&iacute;a f&aacute;cil. Por su reacci&oacute;n comprend&iacute; que estaba convencida de que &Aacute;urea y yo est&aacute;bamos liadas y tard&oacute; meses en perder ese miedo. No me importaba.<\/p>\n<p>-Pero como voy a competir con una jovencita preciosa y que adem&aacute;s es el sue&ntilde;o de tu vida?<\/p>\n<p>-Has o&iacute;do alguna vez la expresi&oacute;n: &iquest;la tierra para quien la trabaja?<\/p>\n<p>-Por supuesto.<\/p>\n<p>-Pues ya sabes.<\/p>\n<p>Gadea era de todo menos tonta. Me entendi&oacute; perfectamente, si me quer&iacute;a de vuelta en su cama ten&iacute;a que gan&aacute;rselo.<\/p>\n<p>La verdad es que me doli&oacute; verla humillarse ante m&iacute;, muerta de celos, despertaba un sentimiento nuevo para m&iacute;, desconocido, tener a alguien rendida, suplicando amor y perd&oacute;n, si ya una se siente poderosa e inmortal a esa los veinte&hellip;<\/p>\n<p>Acab&eacute; emborrach&aacute;ndome de ese placer que me daba ver a la altiva Do&ntilde;a Gadea convertida en un cachorrito dispuesto a seguirme a todas partes. En las siguientes semanas mi vida fue un desenfreno.<\/p>\n<p>Cap&iacute;tulo 10<\/p>\n<p>Esa noche me fui a mi casa, le negu&eacute; un beso en los labios y la dej&eacute; d&aacute;ndole uno en la mejilla, le dije que estuviese tranquila y que me diese tiempo. Pero Gadea se puso manos a la obra y la noche siguiente me sorprendi&oacute; de verdad. Yo estaba en mi ba&ntilde;o y con el mango de la escoba golpe&oacute; varias veces mi ventana, simplemente me dijo que en cinco minutos nos ve&iacute;amos. Acud&iacute; a la &quot;cita&quot; y la vi completamente desnuda en su cocina desde la m&iacute;a, su chochito pelirrojo estaba completamente depilado, apunt&oacute; su dedo hacia una esquina de la cocina se&ntilde;al&aacute;ndome el chisme de la cera, desde luego le hab&iacute;a echado bemoles, yo nunca me he atrevido con la cera ah&iacute;. En un momento de debilidad estuve a punto de sonre&iacute;rle y felicitarla, pero fing&iacute; cierta indiferencia. Se hab&iacute;a quedado con mi frase de la tierra para quien la trabaja, porque movi&oacute; un poco la mesa y se subi&oacute; a ella para abrirse de piernas y mostrarme el magn&iacute;fico trabajo depilatorio. Su co&ntilde;o estaba precioso, era el primero que ve&iacute;a as&iacute;, aparte del m&iacute;o. Me mostr&oacute; su vagina rosadita que tanto extra&ntilde;aba yo, brillaba con esa luz que delata una buena lubricaci&oacute;n. Ten&iacute;a las palmas de sus manos apoyadas en la mesa, tras su espalda, y la piernas flexionadas y muy abiertas para que sus tetones destacasen m&aacute;s descansando sobre su vientre. Parec&iacute;a haber un guion porque, ten&iacute;a un huevo cocido enorme preparado, no era de gallina, por el tama&ntilde;o solo pod&iacute;a ser de pato o probablemente de pavo. Lo agarr&oacute;, se lo llev&oacute; a la boca y lo lamio como simulando una felaci&oacute;n. Yo le sonre&iacute; ligeramente. Me pregunt&eacute; si la hija y nieta de notario y miembro de la alta sociedad de mi pueblo se meter&iacute;a el huevo en el co&ntilde;o y la respuesta fue que s&iacute;, pens&eacute; que ten&iacute;a que probarlo yo, porque, la muy calentorra se puso y me puso a m&iacute; a cien. Se lo insert&oacute; facil&iacute;simamente y se baj&oacute; de la mesa para recoger la cocina. Solo era una mujer desnuda pero el cerebro humano funciona as&iacute;, al menos el m&iacute;o, saber que llevaba dentro el huevo me hizo perder la compostura y abrirme el albornoz para hacerme una paja. Ella se acerc&oacute; a la ventana para verme bien, me suplic&oacute; con la mirada y un gesto que me abriese m&aacute;s el albornoz. Fui buena y acced&iacute; para que pudiese verme mejor, no me hab&iacute;a secado bien y ten&iacute;a el pelo mojado, mis pezones parec&iacute;an piedras con el fr&iacute;o, cada vez me gustaba m&aacute;s masturbarme de pie, los orgasmos me parec&iacute;an m&aacute;s intensos, tardaban m&aacute;s en llegar, pero me encantaban. Le hice un gesto a mi vecina para que esperase un minuto, me estaba meando y no quer&iacute;a limpiar el suelo de nuevo, fui al ba&ntilde;o, pero no dej&eacute; de masturbarme mientras orinaba.<\/p>\n<p>Al regresar vi a Gadea de nuevo sobre la mesa, tem&iacute; que se cayese y no poder ni entrar a socorrerla. Me hac&iacute;a gracia porque era evidente, por la postura que iba a poner un huevo. Me miraba fijamente y yo miraba su raja. Sin ayuda alguna de sus manos su rajita fue abri&eacute;ndose poco a poco y de su co&ntilde;o fue saliendo el enorme huevo blanco. La madre que la pari&oacute;, pens&eacute;. &iquest;Como ha hecho eso? Ha puesto el huevo. No hay ser humano en el mundo que no se hubiese corrido como lo hice yo. Ella se baj&oacute; de la mesa y lamia el huevo, que se ve&iacute;a lleno de la baba de su chocho, mientras observaba mi corrida<\/p>\n<p>Cuando me recuper&eacute;, la vi con las palmas de sus manos juntas pidi&eacute;ndome que cruzase el rellano para estar juntas. Le pagu&eacute; con su misma moneda. Ley&oacute; en mis labios un &quot;no puede ser&quot;. Empezaba a enviciarme en el juego aquel de vernos de ventana a ventana y eso que me mor&iacute;a de ganas por comer su boca. Ten&iacute;a veinte a&ntilde;os y en mi vida hab&iacute;a dado un beso con lengua a nadie. Estaba claro que ella no se daba por vencida. Vi como sacaba un vaso del armario y empezaba a orde&ntilde;ar uno de sus pechos sobre &eacute;l. Su leche sal&iacute;a a gran presi&oacute;n y golpeaba el fondo del vaso. Parte se iba fuera y ca&iacute;a sobre la mesa. Con el orde&ntilde;o sus pezones aumentaron mucho de tama&ntilde;o y parec&iacute;an m&aacute;s oscuros. Yo miraba embobada. Pas&oacute; a orde&ntilde;ar el otro pecho y enseguida llen&oacute; un tercio del vaso. La vi salir de la cocina y o&iacute; como abr&iacute;a su puerta y la cerraba en unos segundos. Comprend&iacute; que hab&iacute;a dejado la leche sobre mi felpudo. La recog&iacute;, el vaso estaba templado, no era tan blanca como la leche de vaca. Me pregunt&eacute; qu&eacute; demonios quer&iacute;a que hiciese con ella, a m&iacute; me gustar&iacute;a saborearla de sus pechos, pero no beb&eacute;rmela de un vaso. Cuando regres&eacute; a la cocina vi a Do&ntilde;a Gadea lamiendo con una cara de viciosa que asustaba toda la leche que hab&iacute;a salpicado la mesa mientras se orde&ntilde;aba. No me hab&iacute;a fijado nunca en la sabrosa lengua que ten&iacute;a, pero vista as&iacute;, lamiendo con vicio la mesa parec&iacute;a que no fuese a caber de vuelta en su boca.<\/p>\n<p>Me miraba de reojo y yo la recompense d&aacute;ndole un trajo al vaso. Estaba demasiado dulce. &iquest;Por qu&eacute; me pongo tan cachonda si ni siquiera me gusta demasiado su sabor? Me pregunt&eacute; si ella esperaba que me la bebiese toda, pero en cuanto vi que abr&iacute;a un botell&iacute;n de cerveza, tiraba su contenido y se sub&iacute;a, esta vez a la encimera me olvid&eacute; de todo. Comenz&oacute; a masturbarse con la botella, estaba tan caliente que desde mi cocina pod&iacute;a ver que el vidrio sal&iacute;a totalmente embadurnado del jugo de su vagina. Yo daba sorbitos a la leche y ya me parec&iacute;a un licor delicioso. Ella me hizo un gesto y obedec&iacute; untando mis dedos en su leche y llev&aacute;ndolos h&uacute;medos a mi almejita para que se mezclase con mi jugo. La ve&iacute;a mirando a su alrededor, buscaba algo m&aacute;s contundente para meterse, incluso yo pod&iacute;a ver que el botell&iacute;n le estaba sabiendo a poco a aquel co&ntilde;o hambriento tras a&ntilde;os de escasez. Le hice un gesto para que esperase. Cog&iacute; una enorme berenjena de mi nevera, la lave, sin que ella me viese, en agua bien caliente y la dej&eacute; dentro de una bolsa en su puerta. Ella me escuch&oacute; y o&iacute; como la recog&iacute;a. La hortaliza impon&iacute;a realmente. Vi como la observaba y limpiaba el tallo del lado menos gordo. Creo que al noventa por ciento de las mujeres no es algo que nos excite especialmente el insertarnos grandes objetos, pero reconozco que, en mi caso si me gusta hacerlo para calentar a mi pareja y lo he hecho muchas veces. Me encanta abrirme bien y exhibirme.<\/p>\n<p>Pero es que aquella berenjena, aunque tuviese cierta flexibilidad era un reto para Gadea y lo afront&oacute; usando una silla que ten&iacute;a sin respaldo, y ayud&aacute;ndose de algo de aceite. Separando bien sus piernas coloc&oacute; la silla bajo su co&ntilde;o y en ella apoy&oacute; la hortaliza, sujet&aacute;ndola con una mano mientras con la otra se abr&iacute;a los labios del co&ntilde;o. Fall&oacute; el primer intento, pero embadurno bien sus dedos en aceite y se los meti&oacute; para lubricarse bien. A la segunda fue dejando caer el peso de su cuerpo sobre su co&ntilde;o y este fue absorbiendo poco a poco la berenjena. Sus pechos eran testigos del momento y respiraba tan profundamente que no dejaban de ondear y chocarse entre ellos. Su cara era un poema, estaba sudando y completamente roja, pero tras la dificultad de meterse todo aquello en el co&ntilde;o parec&iacute;a que realmente empezaba a disfrutar. Se puso de pie y vi que la berenjena pr&aacute;cticamente hab&iacute;a desaparecido. El extremo grueso asomaba algo y Do&ntilde;a Gadea, tras comprobar que yo segu&iacute;a anonadada el espect&aacute;culo desde el otro lado del patio, lo empujaba hacia arriba y se follaba con fuerza al punto que consigui&oacute; sac&aacute;rselo hasta la mitad y clav&aacute;rsela de nuevo, lo hac&iacute;a repetidamente, cada vez m&aacute;s f&aacute;cil, puso su pie sobre la silla y empez&oacute; a mirarme. Se follaba con fuerza y su co&ntilde;o empez&oacute; a gotear y no solo aceite, ve&iacute;a una especie de semen blancuzco de la mezcla del lubricante con sus jugos. Yo llegu&eacute; a estar tan a gusto, ve&iacute;a que me ven&iacute;a un orgasmo delicioso que, una de las veces que ella clav&oacute; su mirada en mi le di un &uacute;ltimo trago a su leche y me tir&eacute; el resto por las tetas y por el vientre para que se metiese en mi co&ntilde;o. El sonido de mis dedos entrando y saliendo de &eacute;l cambi&oacute; en cuanto la leche de mi vecina empez&oacute; a mojar mis labios y meterse dentro de m&iacute;. Me corr&iacute; tan bien que ca&iacute; muerta contra el cristal de la ventana. En cuanto Gadea vio que estaba rendida empez&oacute; a ocuparse realmente de su orgasmo, con una mano manejaba la berenjena y con la otra el cl&iacute;toris, luego se la quit&oacute; y se sent&oacute; en la silla para frotarse y frotarse hasta casi llorar y correrse con la cara desencajada. No creo que se lo pasase especialmente bien, creo que quer&iacute;a impresionarme y dejarme claro que estaba dispuesta a ser tan generosa conmigo como fuese necesario.<\/p>\n<p>&iexcl;Vaya por Dios! Otra vez a limpiar el suelo de la cocina. Nos re&iacute;mos cuando nos vimos ambas, fregona en mano, adecentando el suelo a media noche. Yo estaba empapada de leche y todo el interior de mis muslos pegajosos del jugo de mi almejita.<\/p>\n<p>Fue una noche inolvidable en muchos aspectos, pero quiz&aacute;s lo que m&aacute;s recuerdo es que mientras me preparaba un ba&ntilde;o bien calentito Gadea volvi&oacute; a golpear la ventana de mi ba&ntilde;o con la escoba. Abr&iacute; media ventana y no fui capaz de negarle un ratito de conversaci&oacute;n. Hac&iacute;a bastante fr&iacute;o y cada una se meti&oacute; en su ba&ntilde;era. Ni siquiera necesit&aacute;bamos levantar la voz, la ac&uacute;stica del patio y la cercan&iacute;a de los dos ba&ntilde;os nos permit&iacute;a charlar. El edificio estaba completamente vac&iacute;o y en silencio, pero tampoco hablamos de nada que nos comprometiese, los humanos somos gregarios, necesitamos otros humanos a nuestro alrededor y Do&ntilde;a Gadea necesitaba sentirse acompa&ntilde;ada, poco a poco fui descubriendo que, dentro de su familia, ella siempre hab&iacute;a sido el patito feo, su hermana era Do&ntilde;a Perfecci&oacute;n, gran estudiante, gran deportista, hab&iacute;a aportado al capital familiar casarse con un eminente cirujano. En el fondo creo que siempre hab&iacute;a estado muy sola, y encima, tuvo la ocurrencia de casarse con un hombre al que ver&iacute;a, como mucho, tres meses al a&ntilde;o hasta su jubilaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Nuestra conversaci&oacute;n se alarg&oacute; m&aacute;s de una hora, nunca olvidar&eacute; aquella sensaci&oacute;n del agua de la ba&ntilde;era calentita y el tremendo fr&iacute;o que entraba por la ventana, el vapor escapando hacia el patio iluminado por la luz amarillenta que sal&iacute;a desde los dos ba&ntilde;os.<\/p>\n<p>Cuando decidimos que ya estaba bien por aquella noche Gadea me invit&oacute; amablemente a salir el lunes por la tarde, de compras o quiz&aacute;s a Santiago o Coru&ntilde;a. Yo acept&eacute;, pero le pregunt&eacute; qu&eacute; har&iacute;amos con el ni&ntilde;o. Parece que podr&iacute;a quedarse con su madre, o mejor dicho, con una se&ntilde;ora que trabajaba en casa de su madre desde que ella era ni&ntilde;a y en la que confiaba mucho.<\/p>\n<p>Me met&iacute; en cama pensando si esta nueva Gadea era una gemela de la que yo conoc&iacute;a, como hab&iacute;a transmutado de tal manera. Me lo hab&iacute;a pasado muy bien hablando con ella. Pero yo me dec&iacute;a: Rosa no te f&iacute;es.<\/p>\n<p>Cap&iacute;tulo 11<\/p>\n<p>Lleg&oacute; el lunes, pero antes, el domingo, el anticicl&oacute;n de las Azores hab&iacute;a entrado en nuestras vidas arrasando con todo. En apenas veinticuatro horas la lluvia dej&oacute; paso a un cielo azul que ya nadie recordaba y el term&oacute;metro sufr&iacute;a de v&eacute;rtigo subiendo de trece a veinticinco grados, no estaba nada mal para marzo.<\/p>\n<p>No ten&iacute;amos por qu&eacute; ocultarnos, nadie pod&iacute;a sospechar que entre nosotras hab&iacute;a nada m&aacute;s que amistad derivada de nuestra vecindad. Hab&iacute;amos decidido ir a Santiago, a un centro comercial, pero, por casualidad, Gadea coincidi&oacute; con mi jefe cuando vino a decirme que ya hab&iacute;a dejado al peque&ntilde;o en casa de su madre. Se conoc&iacute;an de toda la vida y aunque me faltaban m&aacute;s de dos horas me orden&oacute; acabar temprano para no hacer esperar a Gadea. No s&eacute; sorprendi&oacute; de nuestra amistad, sab&iacute;a que &eacute;ramos vecinas, estuvieron charlando mientras yo recog&iacute;a mis cosas y nos fuimos. Decidimos entonces que, teniendo tiempo, nos &iacute;bamos a Coru&ntilde;a, estaba un poco m&aacute;s lejos pero no nos encontrar&iacute;amos con gente del pueblo. Coincidir con alguna de sus amigas nos arruinar&iacute;a el d&iacute;a.<\/p>\n<p>Gadea se hab&iacute;a puesto muy guapa, llevaba una faldita verde, plisada, no era mini, pero ense&ntilde;aba generosamente sus muslitos y una blusa blanca, imitaci&oacute;n de seda, muy holgada. Hab&iacute;a dado de mamar y se hab&iacute;a quitado leche para no ponerla perdida con sus pezones. El enorme sujetador azul que intentaba contener aquellas dos fuerzas de la naturaleza se transparentaba bajo la falsa seda. Yo llevaba una camiseta de tirantes con un buen escote redondo, muy apretada que me marcaba mucho el pecho, mi sujetador favorito, uno amarillo que la camiseta dejaba ver y minifalda vaquera y unos zapatos sin tac&oacute;n muy a la moda. Las dos est&aacute;bamos muy blancas y ya est&aacute;bamos en su coche cuando Gadea sac&oacute; crema solar del bolso y se la puso en la cara y la zona de los antebrazos que no le cubr&iacute;a la blusa.<\/p>\n<p>A m&iacute; el olor de la crema solar me excita, me trae recuerdos de momentos grabados a fuego en mi memoria, el descubrimiento de los cuerpos de algunas amigas, la gran excitaci&oacute;n de disfrutar de sus madres, a escasos cent&iacute;metros de m&iacute; sobre la arena, sus topless sobre la toalla, sus ingles depiladas y todo rodeado por ese aroma a sal, arena y bronceador.<\/p>\n<p>A veces, en invierno, me untaba un casi nada en mis hombros de ese afrodis&iacute;aco antes de hacerme una paja.<\/p>\n<p>Gadea me entretuvo con su agradable conversaci&oacute;n hasta que entramos al parking en el s&oacute;tano del centro comercial. All&iacute;, todav&iacute;a dentro del coche, le lanc&eacute; lo que ven&iacute;a excit&aacute;ndome todo el viaje.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Do&ntilde;a Gadea, a usted le gustar&iacute;a que durmiese esta noche con usted y me comiese su chochito durante horas y le proporcionase varios orgasmos?<\/p>\n<p>Se puso completamente roja.<\/p>\n<p>-Pero porqu&eacute; me hablas de usted? Pues claro que me gustar&iacute;a.<\/p>\n<p>Agarr&eacute; su brazo y ol&iacute; su piel, deliciosa, llena de bronceador.<\/p>\n<p>-Tengo que pedirte algo a cambio, eso har&aacute; que lo valore usted y no vuelva a despreciarme.<\/p>\n<p>-Rosa, cr&eacute;eme que lo siento de verdad, no s&eacute; qu&eacute; me ocurri&oacute;, yo misma me doy verg&uuml;enza por c&oacute;mo me port&eacute; contigo. P&iacute;deme lo que quieras, yo estoy dispuesta a todo.<\/p>\n<p>-Es muy f&aacute;cil, dame tus bragas.<\/p>\n<p>Mi nulo talento como escritora me aconseja no intentar siquiera describir su cara. Tard&oacute; un rato en reaccionar.<\/p>\n<p>-Pero, es que no tengo otras.<\/p>\n<p>-Claro que no, si las tuvieses tendr&iacute;as que d&aacute;rmelas tambi&eacute;n.<\/p>\n<p>-Pero, qu&eacute; quieres, &iquest;qu&eacute; me pasee por el centro comercial con esta faldita sin bragas? Si ni siquiera me he atrevido a ponerme tanga por si se me levantaba con el viento.<\/p>\n<p>Do&ntilde;a Gadea me mir&oacute; con los ojos vidriosos, seguro que en ese momento se dec&iacute;a que ella era una mujer casada y madre de familia y se preguntaba que hac&iacute;a all&iacute;, en aquel parking con una jovencita llena de vicio que extend&iacute;a la palma de su mano para que ella le entregase su ropa interior.<\/p>\n<p>Por un momento pens&eacute; que mi &oacute;rdago hab&iacute;a ido demasiado lejos, ella a punto de llorar, suplicando clemencia con la mirada y yo inflexible, con mis ojos clavados en sus ojos y con mi mano extendida esperando la prenda.<\/p>\n<p>-Vamos Do&ntilde;a Gadea, a lo mejor descubre usted que la sensaci&oacute;n le gusta.<\/p>\n<p>-Y tu c&oacute;mo lo sabes?<\/p>\n<p>Contest&eacute; a su pregunta desabroch&aacute;ndome los corchetes de mi falda hasta que pudo ver mi juguete blanquito y perfectamente depilado con solo un poquito de pelusa sobre los labios. Yo para abrumarla todav&iacute;a le lanc&eacute; un desaf&iacute;o m&aacute;s.<\/p>\n<p>-Sabe usted, Do&ntilde;a Gadea, que nunca he dado un beso en los labios, un beso de verdad. Me gustar&iacute;a que fuese usted la primera. Solo lamento que no haya sido usted mi profesora, eso lo har&iacute;a mucho m&aacute;s interesante. &iquest;Nunca ha so&ntilde;ado usted con besar a alguna de sus alumnas?<\/p>\n<p>Le excitaba much&iacute;simo que la tratase de usted y tambi&eacute;n ver que yo no llevaba nada debajo de la falda.<\/p>\n<p>Mir&oacute; a todos los lados del parking y me plant&oacute; mi primer beso, era tan bueno como yo me hab&iacute;a imaginado toda mi vida, sentir su lengua sobre mi lengua, sus labios h&uacute;medos y su saliva mezcl&aacute;ndose con la m&iacute;a me desarm&oacute;, era yo la que en ese momento le hubiese dado a ella todo lo que ten&iacute;a por otro como ese.<\/p>\n<p>Puso su mano sobre mis muslos y luego me acarici&oacute; la vulva.<\/p>\n<p>-Supongo que aqu&iacute; tampoco te ha besado nadie nunca.<\/p>\n<p>-Me he estado reservando siempre para alguien como t&uacute;, pero no quiero que sea aqu&iacute;, en un parking.<\/p>\n<p>Do&ntilde;a Gadea trago saliva y como pudo se subi&oacute; la faldita, se quit&oacute; las bragas y me las entreg&oacute;. Yo las ol&iacute; y las dej&eacute; en la guantera.<\/p>\n<p>La expresi&oacute;n de su cara se hab&iacute;a relajado algo, pero solo hasta que apareci&oacute; otro desaf&iacute;o, las escaleras mec&aacute;nicas, nos miramos y se sec&oacute; el sudor de la frente con la mano, pero esbozando una media sonrisa. Esperamos a que nadie subiese tras nosotras y poco a poco fue relaj&aacute;ndose y viendo que no era el fin del mundo pasearse sin bragas por un centro comercial, que adem&aacute;s estaba casi vac&iacute;o. A m&iacute; me encantaba esa sensaci&oacute;n, no es que lo hiciese siempre, pero si a veces, cuando hac&iacute;a calor. Fuimos a tomar algo y Do&ntilde;a Gadea ya era capaz de sentarse y cruzar las piernas con soltura. El resto de la tarde lo pasamos como dos buenas amigas, desapareci&oacute; la tensi&oacute;n que yo hab&iacute;a imprimido a nuestra relaci&oacute;n desde que volv&iacute;amos a hablarnos. Ahora era yo la que estaba por encima de ella, la que llevaba la voz cantante. Me hablaba bajito, aunque no hubiese nadie a nuestro alrededor.<\/p>\n<p>-Nunca cre&iacute; que esto pudiese gustarme tanto. &iexcl;Qu&eacute; boba soy!<\/p>\n<p>-En un d&iacute;a, casi de verano, como hoy est&aacute; muy bien.<\/p>\n<p>-T&uacute; lo haces mucho?<\/p>\n<p>-Alguna vez.<\/p>\n<p>-Rosa, tienes que ense&ntilde;arme m&aacute;s cosas.<\/p>\n<p>-Acabo de ense&ntilde;arte el co&ntilde;o en el coche.<\/p>\n<p>-No me refiero a eso tonta. No s&eacute;, cosas excitantes.<\/p>\n<p>-Empiezo a conocerte muy bien Gadea y creo que t&uacute; eres m&aacute;s viciosa que yo.<\/p>\n<p>Lanz&oacute; una carcajada, la primera que le recuerdo, porque a ella le ense&ntilde;aron que no era de buena educaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Recorrimos varias veces todo el centro comercial, jugamos a elegir a la trabajadora del centro que m&aacute;s cachonda nos pon&iacute;a, y me sirvi&oacute; para comprobar que ella era muy celosa. A m&iacute; me encantaba una chica de unos treinta que promocionaba perfumes, era muy guapa, aunque no vest&iacute;a demasiado sexy, Gadea eligi&oacute; a la charcutera, no s&eacute; si de broma o en serio porque una vez que se solt&oacute; la melena se comport&oacute; toda la tarde como si fuese la primera vez que la dejaban salir sola de casa. La charcutera no estaba nada mal, era una mujer joven de formas rotundas y un culo que dejaba ver muy bien el pantal&oacute;n blanco del uniforme, muy transparente, llevaba unas bragas que apenas consegu&iacute;an cubrirlo.<\/p>\n<p>A eso de las siete tuvimos que regresar, volvimos a besarnos en el parking, pero primero, nada m&aacute;s entrar en el coche, Gadea tuvo que subirse la falda y limpiarse el co&ntilde;o con un kleenex, hab&iacute;amos estado en el ba&ntilde;o hac&iacute;a diez minutos, pero me confes&oacute; que lo que sent&iacute;a conmigo no ten&iacute;a nada que ver con lo que hab&iacute;a experimentado con su marido o un par de novios que hab&iacute;a tenido. Comenzamos una conversaci&oacute;n que dur&oacute; todo el viaje de vuelta y que hizo que se nos acabasen los pa&ntilde;uelos.<\/p>\n<p>Le cont&eacute; mis an&eacute;cdotas con la chica del supermercado y lo mucho que me pon&iacute;a la mujer de mi jefe, aunque era un put&oacute;n, se deleitaba con mi descripci&oacute;n pormenorizada de aquellas mujeres. Me preguntaba si cre&iacute;a que tendr&iacute;an el co&ntilde;o depilado o si tambi&eacute;n andar&iacute;an sin bragas como nosotras.<\/p>\n<p>A mitad de camino yo reclam&eacute; mi momento de gloria. Yo tambi&eacute;n quer&iacute;a saber.<\/p>\n<p>-Y t&uacute; qu&eacute;? No me digas que eras una santa y no mirabas a las mujeres hasta aquella noche de tormenta.<\/p>\n<p>-Me da mucha verg&uuml;enza.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;El qu&eacute;, ser lesbiana?<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;T&uacute; crees que lo soy?<\/p>\n<p>-Ah, pero tienes dudas.<\/p>\n<p>-Rosa, a m&iacute; me gusta mi marido. Pero tambi&eacute;n me muero de ganas de llegar a casa y, si me dejas, probar a saborear tu vagina, creo que me gustar&aacute;. Vamos que lo estoy deseando. A&uacute;n me duele el est&oacute;mago de la sensaci&oacute;n del beso que me diste antes.<\/p>\n<p>Con frases as&iacute; y tardes tan bonitas como la que acababa de pasar mi car&aacute;cter fue abland&aacute;ndose y mi fuerza de voluntad para mantenerla a raya tambi&eacute;n.<\/p>\n<p>-&iquest;Nunca has saboreado ninguna, nunca has besado a otra mujer?<\/p>\n<p>-Por supuesto que no. Pero reconozco que lo he deseado.<\/p>\n<p>-Parece que te cuesta reconocerlo.<\/p>\n<p>-No me cuesta reconoc&eacute;rtelo a ti, me cuesta reconoc&eacute;rmelo a m&iacute; misma.<\/p>\n<p>-Entonces eres bisexual, supongo. &iquest;Lo pasas bien con tu marido en cama?<\/p>\n<p>-No como contigo.<\/p>\n<p>Esta &uacute;ltima frase la acompa&ntilde;&oacute; con una mirada r&aacute;pida, mientras conduc&iacute;a, que me recorri&oacute; de abajo a arriba.<\/p>\n<p>-Siempre que me masturbaba imagin&aacute;ndome a una mujer luego me sent&iacute;a fatal. Supongo que ser&aacute; la educaci&oacute;n que recib&iacute;. Cada vez que lo hac&iacute;a me promet&iacute;a que ser&iacute;a la &uacute;ltima.<\/p>\n<p>-&iquest;Y en qu&eacute; mujeres pensabas?<\/p>\n<p>-Durante a&ntilde;os, en una se&ntilde;ora que ven&iacute;a a limpiar a casa. Cuando yo ten&iacute;a veinte a&ntilde;os ella tendr&iacute;a unos cuarenta. Siempre ven&iacute;a por las ma&ntilde;anas, yo intentaba estar en casa a esa hora.<\/p>\n<p>-&iquest;Es la se&ntilde;ora que est&aacute; cuidando al ni&ntilde;o hoy?<\/p>\n<p>-Si, es ella. Es agradable, quiero decir que siempre se ha portado muy bien conmigo. Es muy guapa, un poco gordita. En verano no pod&iacute;a soportar la tentaci&oacute;n de espiarla, como en casa hac&iacute;a bastante calor y siempre est&aacute;bamos solas, solo se pon&iacute;a una bata naranja de esas cruzadas que se atan delante y que ense&ntilde;an bastante muslo y pecho.<\/p>\n<p>-&iquest;Que te atrae m&aacute;s de ella?<\/p>\n<p>-Sus piernas, tiene las mejores piernas que he visto en mi vida, bueno despu&eacute;s de las tuyas.<\/p>\n<p>-No seas tonta.<\/p>\n<p>-Perdona. Trabaja todo el d&iacute;a y apenas tiene tiempo libre, pero llega el mes de junio y sus piernas est&aacute;n impecables, ya bronceada, siempre bien depiladas. Me hac&iacute;a temblar cuando limpiaba mi habitaci&oacute;n, te lo digo en serio, mientras yo estudiaba, y la ve&iacute;a a un palmo de m&iacute;, con solo aquella tela, tan delgadita cubri&eacute;ndole el culo y las caderas, me entraban unos sudores.<\/p>\n<p>-Y nunca pas&oacute; nada?<\/p>\n<p>-Rosa, estas conversaciones que tenemos, se ir&aacute;n a la tumba con nosotras, &iquest;verdad?<\/p>\n<p>-Por mi parte si Gadea, no soy el tipo de persona que usar&iacute;a algo as&iacute; para atacar a nadie.<\/p>\n<p>-Ya, es que yo me morir&iacute;a.<\/p>\n<p>-Gadea, te juro que, aunque un d&iacute;a las cosas entre nosotras vayan mal, nunca hablar&eacute; de esto con nadie.<\/p>\n<p>-Vale. Yo sol&iacute;a espiarla mientras se cambiaba, usaba una de las habitaciones vac&iacute;as, en verano se quedaba un momento en bragas y sujetador. Un d&iacute;a le saqu&eacute; el tema de mis pechos que crec&iacute;an sin parar, le dije que me horrorizaba que se fuesen cayendo con los a&ntilde;os y los hijos y le ped&iacute; que me ense&ntilde;ase los suyos, ella tiene dos hijos, ya mayores.<\/p>\n<p>-&iquest;Y te los ense&ntilde;o?<\/p>\n<p>-Y tanto, yo me quite la camiseta y el sujetador, pero ella tuvo que quitarse la bata y el sujetador y quedarse solo con las bragas, nos las estuvimos mirando un rato, pero a m&iacute; me interesaba m&aacute;s sus piernas y su vagina.<\/p>\n<p>-&iquest;Te da miedo decir co&ntilde;o?<\/p>\n<p>-Vale, pues su co&ntilde;o. Es que yo me esperaba ver pelo por todas partes, pero aunque la rajita no se la ve&iacute;a, el pubis se lo transparentaba la braga y lo ten&iacute;a depilado.<\/p>\n<p>Gadea hablaba muy despacio y tragaba saliva cada dos por tres, sin duda era la primera vez que compart&iacute;a esto con alguien.<\/p>\n<p>-&iquest;Pero, pas&oacute; de ah&iacute; la cosa o no?<\/p>\n<p>-Ella se dio cuenta de que yo la miraba m&aacute;s de lo normal, adem&aacute;s me puse roja como un tomate. &iquest;Pero qu&eacute; haces, te vas a masturbar en el coche?<\/p>\n<p>Pues claro que iba a masturbarme, no llevaba bragas, apenas hab&iacute;a casas ni tr&aacute;fico en esa parte del trayecto y no necesitaba quitarme la falda, solo desabrochar un par de botones.<\/p>\n<p>-Gadea, tu sigue, solo voy a toquetear un poco, pero ens&eacute;&ntilde;ame algo m&aacute;s tus piernas que me pone mucho verte mientras conduces.<\/p>\n<p>-&iquest;Por d&oacute;nde iba? Ah s&iacute;, pues&#8230;es que en aquel momento yo solo pas&eacute; verg&uuml;enza, verg&uuml;enza y m&aacute;s verg&uuml;enza, pero con el paso del tiempo me fui dando cuenta de que ella, en realidad no se visti&oacute; inmediatamente, estuvo un rato en bragas, e incluso se inclin&oacute; sobre m&iacute; para que yo viese que sus pechos no estaban apenas ca&iacute;dos. Y luego me dio la espalda para que pudiese verla bien por detr&aacute;s. Quiz&aacute;s a ella le gustaba la situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>-Pero cuanto tard&oacute; en vestirse?<\/p>\n<p>-Unos cinco minutos.<\/p>\n<p>-Pero que crees, &iquest;que a ella tambi&eacute;n le gustabas tu?<\/p>\n<p>-No lo s&eacute;, es una mujer casada, tiene dos hijos, si, ya s&eacute; lo que vas a decirme, que yo tambi&eacute;n lo soy. Eso solo ella lo sabe, la verdad es que no trata a nadie de mi familia como a m&iacute;, pero nunca lo sabr&eacute;.<\/p>\n<p>-Cu&eacute;ntame algo excitante que estoy a punto de correrme.<\/p>\n<p>-Vale, pero, no s&eacute;, no s&eacute; me ocurre nada.<\/p>\n<p>Reconozco que yo a mis veinte a&ntilde;os era muy viciosa, bueno, lo sigo siendo. Le pregunt&eacute; a Gadea, mientras me abr&iacute;a un poco m&aacute;s de piernas para frot&aacute;rmela mejor por su hermana, est&aacute;bamos las dos muy calientes por la conversaci&oacute;n y eso me salv&oacute; de que parase el coche y me dejase all&iacute; mismo. El caso es que negociamos y hubo algo de chantaje por mi parte y al final acabamos donde menos nos lo esper&aacute;bamos las dos.<\/p>\n<p>Gadea acab&oacute; confes&aacute;ndome lo inconfesable y jur&aacute;ndome que era algo que nunca crey&oacute; que compartir&iacute;a con nadie. El caso es que en esa misma &eacute;poca hab&iacute;a tenido una experiencia que luego no hab&iacute;a sido capaz de quitarse de la cabeza en mucho tiempo.<\/p>\n<p>-Un verano visitamos a unos t&iacute;os y mi hermana y yo compartimos habitaci&oacute;n y cama. Dorm&iacute;amos con camis&oacute;n y un d&iacute;a por la ma&ntilde;ana, muy temprano, ya entraba mucha luz por la ventana. Yo me despert&eacute;, pero no me apetec&iacute;a levantarme a&uacute;n, me ergu&iacute; un poco sobre las almohadas, hac&iacute;a much&iacute;simo calor, y vi que mi hermana ten&iacute;a el culo al aire y no llevaba bragas. Dorm&iacute;a profundamente y ten&iacute;a su cara mirando hacia el otro lado. No pude evitar mirar, era el culo de mi hermana, pero no era capaz de darme la vuelta y seguir durmiendo. La muy guarra ten&iacute;a el camis&oacute;n todo arrugado en la cintura y, bueno, t&uacute; ya sabes c&oacute;mo es ella ahora, pues hace diez a&ntilde;os tambi&eacute;n ten&iacute;a ese tipazo de mujer maciza, con mucha m&aacute;s cadera que yo.<\/p>\n<p>-Cu&eacute;ntame que pas&oacute; por favor que estoy a punto.<\/p>\n<p>-Vale, pues el caso es que empec&eacute; a acariciarme el pubis, dici&eacute;ndome que eso no era una paja, pero luego empec&eacute; a ponerme el dedo sobre el cl&iacute;toris y pasarme la yema del dedo sobre los labios del co&ntilde;o y a mojarlo en la entrada y no pod&iacute;a parar ni de tocarme ni de comerme su culo con los ojos. Ella estaba en una postura, tumbada sobre su pecho y con una pierna un poco flexionada, que era algo bonito de ver, la verdad su culo estaba precioso, yo ten&iacute;a veinte y ella veintitr&eacute;s, en lo mejor de la vida, era como un cuadro, y me excitaba much&iacute;simo la marca del bikini. Ten&iacute;a las nalgas muy morenas porque usaba un bikini bastante escaso y de repente ver la raja de su culo blanca como la leche, ese contraste creo que fue lo que me hipnotiz&oacute;. Varias veces me di la vuelta e intent&eacute; pensar en otra cosa, pero volv&iacute;a a mirar y estaban tambi&eacute;n los muslos, super bronceados y, bueno, al final me corr&iacute; en silencio mientras ella dorm&iacute;a a mi lado. Me mor&iacute;a de verg&uuml;enza y a los diez minutos repet&iacute;.<\/p>\n<p>-Es que te corriste dos veces?<\/p>\n<p>-Dos veces esa ma&ntilde;ana, pero se me qued&oacute; esa imagen grabada y luego, pues&#8230; tu misma, tarde a&ntilde;os en dejar de pensar&#8230;<\/p>\n<p>Mi vecina me mostraba generosa sus piernas mientras conduc&iacute;a y yo me corr&iacute; sobrepasada por el morbo que aquella mujer me produc&iacute;a, ya no me importaban todos los malos momentos que me hab&iacute;a hecho pasar, estaba dispuesta a que me humillase todo lo que quisiese, a que me llamase &quot;la chica&quot;, a lo que sea con tal de regalarme orgasmos como aquel. Por supuesto que me aclar&oacute; que se sinti&oacute; avergonzada durante a&ntilde;os por aquello y que se morir&iacute;a si yo la traicionase cont&aacute;ndolo, pero yo solo pensaba en lo aburrida que hab&iacute;a sido mi vida hasta aquel momento.<\/p>\n<p>Cap&iacute;tulo 12<\/p>\n<p>Aquella noche fue muy larga, en cuanto Gadea cumpli&oacute; con sus obligaciones de mam&aacute; intentamos mantener una conversaci&oacute;n que ten&iacute;amos pendiente sobre qu&eacute; hab&iacute;a pasado entre nosotras desde aquella noche de tormenta y como afrontar&iacute;amos el futuro e impedir&iacute;amos que volvi&eacute;semos a sufrir las dos cuando su marido regresase.<\/p>\n<p>Pero recuerdo que Gadea estaba en la ba&ntilde;era y me invit&oacute; a entrar y frotarle la espalda. Me sent&eacute; detr&aacute;s de ella y empec&eacute; a besarle la espalda y luego su nuca y sus orejitas y entonces vi que el enorme pez&oacute;n derecho de Gadea estaba junto a su clav&iacute;cula esperando para amamantarme. Recuerdo que la insulte, aunque ella no se ofendi&oacute;, al contrario, estaba tan orgullosa. Pero, es que yo ni siquiera sab&iacute;a que se pod&iacute;a comer un pecho sentada detr&aacute;s de su due&ntilde;a, &iquest;c&oacute;mo demonios lo hac&iacute;as Gadea? El caso es que lo hac&iacute;a, me met&iacute; el chupete en la boca y succion&eacute; con fuerza, por fin tras semanas de fantas&iacute;a Do&ntilde;a Gadea me permit&iacute;a mamar de su pecho y solo para besarla en la nuca abandonaba unos segundos el pez&oacute;n y de paso le susurraba en su oreja alg&uacute;n insulto inocente, como zorrita o algo as&iacute;, me di cuenta que eso la pon&iacute;a m&aacute;s cachonda a&uacute;n. Ella ten&iacute;a los brazos cruzados bajo los pechos y as&iacute; consegu&iacute;a levantarlos a la vez para ofrecerme uno a m&iacute; y vi que ella chupaba el otro. Nos dimos un morreo con nuestras bocas llenas de leche. El agua de la ba&ntilde;era fue enfri&aacute;ndose y todav&iacute;a medio h&uacute;medas nos fuimos a la cama. Gadea pag&oacute; su deuda y con creces, me deb&iacute;a muchos orgasmos, me abri&oacute; las piernas y saboreo su primer co&ntilde;o, vi que levantaba su cara de entre mis piernas y me sonre&iacute;a, para ser la primera vez lo hac&iacute;a muy bien, cuando yo ya empezaba a estar a punto cambiamos de postura y me mat&oacute; de morbo y de gusto poniendo uno de sus pezones al servicio de mi corrida, se las arregl&oacute; para meterlo en la entrada de mi co&ntilde;o, para subirlo y bajarlo por toda mi vagina y de vez en cuando apretaba fuerte y notaba un hilo de su leche calentita que golpeaba fuerte y a presi&oacute;n sobre todo mi co&ntilde;o y llegaba a entrar hacia mi &uacute;tero. Luego ven&iacute;a Do&ntilde;a Gadea con su boquita y lamia todo mi jugo mezclado con su leche y vuelta a empezar, en mi cabeza no hab&iacute;a sitio para tanto, se mezclaba todo lo que hab&iacute;a ocurrido en el centro comercial con la imagen de Gadea paje&aacute;ndose junto al culo de su hermana y la asistenta pechugona y regordita que ni siquiera conoc&iacute;a. Me vino un orgasmo que dur&oacute; minutos. Cerr&eacute; las piernas y Gadea se entretuvo mordisqueando mis pezones mientras yo iba al para&iacute;so y volv&iacute;a, me dio tiempo a que me recuperase y estuve besando su boquita hasta que me hart&eacute;, ahora parec&iacute;a no haber l&iacute;mites a nada que quisiese hacer, todo me estaba permitido, me sent&eacute; a su lado y beb&iacute; y jugu&eacute; con sus tetones hasta que ya no sal&iacute;a leche de ellos, me comi&oacute; el chocho de nuevo pero esta vez le ped&iacute; que me lo hiciese con la mano, quise ver qu&eacute; tal se le dar&iacute;a hacerme una paja y volv&iacute; a correrme, con m&aacute;s placer todav&iacute;a.<\/p>\n<p>Sab&iacute;a que ella estaba ansiosa por un orgasmo, yo llevaba tres aquel d&iacute;a y ella ninguno, pero hice como que era muy tarde y hab&iacute;a que dormir. Me mir&oacute; como un perrito y le dije que se pusiese la faldita plisada que hab&iacute;a llevado todo el d&iacute;a, cuando me di cuenta se hab&iacute;a puesto tambi&eacute;n mi camiseta de tirantes, me la estaba destrozando, pero me daba igual, a ella le quedaba a&uacute;n mejor.<\/p>\n<p>Empec&eacute; a meter mi mano bajo la falda, ella abr&iacute;a las piernas para facilitarme la tarea de llegar a su co&ntilde;o, pero yo no quer&iacute;a ir al grano, prefer&iacute;a acariciarle el culo, y se tumb&oacute; en la cama. O&iacute; un respingo en cuanto not&oacute; que mis dedos, llenos de saliva, no iban hacia su rajita sino a su precioso agujerito del culo. Es usted virgen Do&ntilde;a Gadea, le pregunt&eacute;. No hubo respuesta, solo me pidi&oacute; que tuviera cuidado. Estuve much&iacute;simo rato masaje&aacute;ndolo por fuera, me pon&iacute;a much&iacute;simo ver su falda recogida en su cintura.<\/p>\n<p>Cuando vi que el agujero estaba m&aacute;s que preparado empec&eacute; a contarle a Gadea lo mucho que me hab&iacute;a gustado su hermana el d&iacute;a que la hab&iacute;a conocido. Ante todo, para no darle celos, le dije que no era el tipo de mujer que a mi podr&iacute;a enamorarme, pero que me parec&iacute;a una hembra muy caliente, utilizaba un vocabulario un poco soez porque mis palabras parec&iacute;an tener el efecto de relajar su culito, en cuanto tuve el primer dedo dentro empec&eacute; a sacarlo completamente y met&eacute;rselo despacito de nuevo. Le dije lo mucho que me gustar&iacute;a ver a su hermana desnuda, o al menos en ba&ntilde;ador, y lo puta que me parec&iacute;a. Gadea no dec&iacute;a nada, pero flexionaba su pierna derecha para que su co&ntilde;o se abriese lo m&aacute;ximo posible y yo le prestase atenci&oacute;n. La hice esperar un rato mientras ella continuaba boca abajo sobre la cama y yo le acariciaba el culo pero luego volv&iacute; a meterle el &iacute;ndice por detr&aacute;s y el medio, anular y me&ntilde;ique se los clave por el co&ntilde;o que parec&iacute;a mantequilla, ella empez&oacute; a jadear y a gemir como hac&iacute;a siempre, yo segu&iacute;a habl&aacute;ndole de su hermana, Do&ntilde;a Perfecci&oacute;n, y le hice prometerme que me contar&iacute;a de nuevo su experiencia con ella, tambi&eacute;n me prometi&oacute; que invitar&iacute;a a casa a la asistenta de sus padres para que yo la conociese. Yo met&iacute;a y sacaba mi mano de sus agujeros, pero ella no se corr&iacute;a, ped&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s. Se dio la vuelta y se puso boca arriba, dej&eacute; el culo y met&iacute; toda mi mano, salvo el pulgar, dentro de su vagina, mov&iacute;a mis dedos contra las paredes, la follaba lo mejor que pod&iacute;a, me daba miedo hacerle da&ntilde;o, si me dol&iacute;a a m&iacute; la mano me imaginaba como iba a estar su co&ntilde;o al d&iacute;a siguiente. Si intentaba tocar su cl&iacute;toris ella protestaba, quer&iacute;a todo mi pu&ntilde;o dentro y me lo ped&iacute;a por favor, mis manos son normales, ni grandes ni peque&ntilde;as. Me arm&eacute; de valor, junt&eacute; las cinco yemas de mis dedos y decid&iacute; intentarlo al menos, mi mano entro muy f&aacute;cil hasta llegar a la zona anterior a mi mu&ntilde;eca, ah&iacute; pare y gir&eacute; varias veces mi mano a izquierda y derecha para que su abundante jugo lubricase bien y puse tambi&eacute;n mi saliva. Yo, a pesar del miedo, tambi&eacute;n estaba muy cachonda y no dejaba de mirar como Gadea se estrujaba los pezones con los dedos, respir&eacute; hondo y met&iacute; mi pu&ntilde;o hasta desaparecer todo el dentro de mi vecina, su lubricaci&oacute;n era tan buena que las paredes de su &uacute;tero se amoldaban como un guante a mi mano, recuerdo que vi su boca abierta y sus ojos cerrados y la sorprend&iacute; dejando caer mi saliva dentro. Vi como la saboreaba, pero lo que le gustaba a Do&ntilde;a Gadea no era eso, lo que la volv&iacute;a loca era que se la lanzase en forma de escupitajo a cierta distancia, y si no acertaba en su boca y poco a poco iba embadurnando su cara a base de salivazos mucho mejor. Me relaj&eacute; un poco al ver que estaba a punto de correrse y que su vagina se hab&iacute;a dilatado tanto que iba a poder sacar mi mano sin tener que ir a urgencias. Ese instante en que una mujer est&aacute; a punto de llegar al orgasmo en mis manos es lo que m&aacute;s me gusta, creo que nunca me cansar&iacute;a de ello. Y Do&ntilde;a Gadea daba espect&aacute;culo, desde luego, suerte que no ten&iacute;amos vecinos. El orgasmo fue tan bestial y ruidoso que el peque&ntilde;o se despert&oacute; y empez&oacute; a llorar. Tuve que saltar de cama, asearme r&aacute;pidamente y me llev&oacute; un rato conseguir que se durmiese.<\/p>\n<p>Cuando regres&eacute; a la habitaci&oacute;n de Gadea ella dorm&iacute;a como un tronco, su cara llena de mi saliva, todav&iacute;a roja, la cama hecha un desastre, hab&iacute;a manchas de leche por todas partes, las s&aacute;banas estaban empapadas, le quit&eacute; mi camiseta que hab&iacute;a dado de s&iacute; y solo serv&iacute;a ya para trapos y dormimos como pudimos entre las mantas, total, eran las cuatro y yo me ten&iacute;a que levantar a las ocho y media. Me dorm&iacute; preocupada por lo bestial que hab&iacute;a sido el orgasmo de Gadea, tem&iacute;a que fuese a pedirme que la golpease o algo as&iacute;, y a mi ese rollo no me iba, la verdad. Una cosa era un peque&ntilde;o insulto o un salivazo, que a m&iacute; me gustaba y otra muy distinta el masoquismo, que no me pone nada.<\/p>\n<p>Con lo viciosa que yo me cre&iacute;a y la primera mujer que me ligo se pajea vi&eacute;ndole el culo a su hermana, se enamora de la asistenta, que le saca veinte a&ntilde;os, y se estruja los pezones como si fuesen de hierro sin inmutarse.<\/p>\n<p>Odio ir a trabajar muerta de sue&ntilde;o y aquel d&iacute;a comprob&eacute; que si dejas en cama a alguien durmiendo pl&aacute;cidamente es mucho peor. Gadea me dio un beso y prometi&oacute; que me har&iacute;a una visita a media ma&ntilde;ana. Est&aacute;s t&uacute; buena para salir de casa a media ma&ntilde;ana murmure para mis adentros. A eso de las once sal&iacute; con unos clientes y cuando volv&iacute;, media hora m&aacute;s tarde, vi que Do&ntilde;a Gadea se acercaba sonriente y fresca como una rosa a saludarme. La mir&eacute; con asombro, no s&eacute; ni c&oacute;mo pod&iacute;a andar, pero estaba muy guapa.<\/p>\n<p>Cap&iacute;tulo 13<\/p>\n<p>Fueron pasando las semanas y yo casi no viv&iacute;a ya en mi casa. En la cama segu&iacute;an saltando chispas entre nosotras, la rutina no nos hab&iacute;a atrapado, al contrario, los orgasmos eran mejores cada vez, aunque yo me tem&iacute;a que cualquier noche acab&aacute;semos en urgencias. Nos volvimos adictas al sexo anal las dos. Gadea todav&iacute;a amamantaba a su hijo y yo segu&iacute;a aprovech&aacute;ndome de ello, me hab&iacute;a acostumbrado a que Gadea le pusiese la leche a mi caf&eacute;. Su marido regresaba en unos d&iacute;as y finalmente tuvimos la conversaci&oacute;n que las dos tanto tem&iacute;amos.<\/p>\n<p>Qued&oacute; claro que no &iacute;bamos a hacer una locura, Gadea no iba a romper su matrimonio para vivir conmigo, con un ni&ntilde;o peque&ntilde;o y todo ello en un pueblo donde todo el mundo se conoce, no era una opci&oacute;n, ninguna de las dos nos lo plante&aacute;bamos siquiera. En lo que no est&aacute;bamos de acuerdo era en que yo ten&iacute;a que serle fiel, no es que tuviese ning&uacute;n plan, es que me parec&iacute;a injusto, pero ella se mor&iacute;a de celos solo de pensarlo. Yo en cambio ten&iacute;a que aguantarme veinte largos d&iacute;as en que su marido se pasar&iacute;a el d&iacute;a foll&aacute;ndose a mi mu&ntilde;eca. Yo no pod&iacute;a ni dormir en mi habitaci&oacute;n, dorm&iacute;a en el sof&aacute; del sal&oacute;n para no escucharlos. El d&iacute;a anterior a llegar su marido yo ten&iacute;a un nudo en el est&oacute;mago, me daba cuenta que la necesitaba m&aacute;s de lo que cre&iacute;a, no era ella la &uacute;nica que estaba muy sola en la vida, cuando imaginaba que pod&iacute;a hacer todos esos d&iacute;as sola, solo se me ocurr&iacute;a una cosa, esperar a que aquel hombre se fuese. No hicimos nada esa noche, bueno, cenamos y estuvimos hablando m&aacute;s de tres horas.<\/p>\n<p>Por primera vez Gadea se interes&oacute; de verdad por lo que hab&iacute;a sido mi vida, parec&iacute;a que hab&iacute;a dejado atr&aacute;s su periodo altivo y arrogante y era capaz de escuchar. Yo le confes&eacute; muchas cosas para igualar el marcador y ella me habl&oacute; tambi&eacute;n de su escasa relaci&oacute;n con su familia, especialmente desde que se hab&iacute;a casado. Siempre hab&iacute;a sido el patito feo, nunca hab&iacute;a sentido el cari&ntilde;o de sus padres, cari&ntilde;o que derrochaban con su hermana y racaneaban con ella. Ni siquiera sab&iacute;a lo que sent&iacute;a por la se&ntilde;ora que limpiaba y cocinaba en casa, fue durante m&aacute;s de quince a&ntilde;os su principal fuente de cari&ntilde;o y no sab&iacute;a ni el tipo de atracci&oacute;n que sent&iacute;a por ella. Me reconoci&oacute; que yo hab&iacute;a conseguido liberar la loba que ella llevaba dentro. Eso me gust&oacute;. Su educaci&oacute;n ultracat&oacute;lica hab&iacute;a ahogado su lado m&aacute;s carnal y yo hab&iacute;a sido la chispa que hab&iacute;a hecho saltar por los aires la tapa de prejuicios que la ahogaba. Por eso tuvo tanto miedo en Navidad, cuando con el v&eacute;rtigo del regreso de su marido se hab&iacute;a portado tan mal conmigo. Aquella noche nuestros besos fueron interminables y me fui a casa con l&aacute;grimas en los ojos.<\/p>\n<p>Los primeros d&iacute;as sin Gadea fueron duros, el aburrimiento me llev&oacute; a acercarme por las tardes a la agencia y adelantar papeleos de cara al verano que se acercaba, pronto volver&iacute;a a trabajar por las tardes, era final de abril. Los fines de semana me iba a la aldea y no volv&iacute;a hasta el domingo por la tarde. En fin, fueron veinte largos d&iacute;as, en que apenas vi a Gadea, incluso evitaba la cocina y me pasaba casi todo el tiempo en el sal&oacute;n. Los &uacute;ltimos d&iacute;as no pude evitar o&iacute;rlos discutir varias veces, algo no iba bien entre ellos, pero me dec&iacute;a que no era asunto m&iacute;o. Tardar&iacute;a muy poco en conocer el motivo.<\/p>\n<p>Todo llega y a mitad de mayo lleg&oacute; el verdadero verano galego y se fue aquel hombre. Yo ya trabajaba por la tarde y ese mismo d&iacute;a Gadea vino a buscarme sonriente a &uacute;ltima hora y me invit&oacute; a una cerveza. Tra&iacute;a al peque&ntilde;o, al que tambi&eacute;n le hab&iacute;a cogido mucho cari&ntilde;o. Nos cruzamos con alguna de sus amigas y Gadea me exhib&iacute;a orgullosa, nadie pod&iacute;a imaginar que, en aquella familia, al irse el marido a su barco, era yo la que ocupaba su puesto, pero lo sab&iacute;amos nosotras, que era lo importante y en el fondo, sin que nadie se diese cuenta, lo que hac&iacute;a era presumir de novia joven y guapa. Esa tarde es otro de esos momentos que nunca olvidar&eacute;.<\/p>\n<p>Le ped&iacute; a Gadea que entr&aacute;semos en mi casa a cenar porque no me apetec&iacute;a pisar la suya en unos d&iacute;as, no me pregunt&oacute; por qu&eacute;. Sab&iacute;a que el olor del tabaco de su marido impregnaba toda la casa y tardaba d&iacute;as en salir y me lo recordaba. Se trajo un par de cosas de su casa y estuvimos hasta tarde en la m&iacute;a. Le ayude a depilarse el co&ntilde;o en mi ba&ntilde;o y me dijo que su marido solo se la hab&iacute;a metido con cond&oacute;n, lo hab&iacute;a hecho por m&iacute; y era el motivo de sus discusiones. Le hab&iacute;a dado la disculpa de que no pod&iacute;a tomarse la p&iacute;ldora. Yo se lo agradec&iacute;.<\/p>\n<p>La primera semana nuestras noches eran m&aacute;s rom&aacute;nticas de lo que est&aacute;bamos acostumbradas, realmente nos hab&iacute;amos extra&ntilde;ado la una a la otra. Pero, quiz&aacute;s por el tremendo calor que hizo todo aquel verano, enseguida volvimos a las andadas.<\/p>\n<p>Por fin Gadea invit&oacute; a la asistenta, que se llamaba Rita, y organiz&oacute; un peque&ntilde;o enredo para que yo la conociese tambi&eacute;n. Comprend&iacute; enseguida lo que Gadea hab&iacute;a tratado de explicarme, aquella mujer, a sus cincuenta, aparte de tener un cuerpazo exhalaba sensualidad por todos los poros de su piel. Tuvimos suerte, porque ese d&iacute;a llevaba un vestido de una tela parecida al tul, con un buen escote y lo suficientemente corto para dejar ver sus piernas. Aquella noche Gadea me cont&oacute; m&aacute;s cosas sobre ella y me masturbo muy bien, despacito mientras yo escuchaba atentamente.<\/p>\n<p>Un viernes a mediod&iacute;a, cuando llegaba a casa para comer, me encontr&eacute; a Gadea en bikini, la hab&iacute;a visto desnuda muchas veces, pero no pude evitar pensar como ser&iacute;a pasearse por la playa con aquel cuerpecito y esos dos melones encarcelados en el sujetador del bikini y amenazando con fugarse en cualquier momento. Me habl&oacute; bajito, para no despertar al ni&ntilde;o y no me dej&oacute; entrar en casa. Est&aacute;bamos en el rellano entre nuestras viviendas y Gadea me ense&ntilde;&oacute; unas llaves que abr&iacute;an la puerta que conduc&iacute;a a una peque&ntilde;a azotea, que yo, ni sab&iacute;a que exist&iacute;a. Eran unos tres por tres metros, rodeados por una barandilla de ladrillos y con suelo de tela asf&aacute;ltica a salvo de miradas indiscretas, perfecta para tomar el sol, donde no hab&iacute;a nada m&aacute;s que la antena de televisi&oacute;n. Ya ten&iacute;a preparadas dos colchonetas hinchables, toallas, bebida y un enorme bol con sand&iacute;a helada que sab&iacute;a que me encantaba. Gadea baj&oacute; a buscar el aparato para escuchar a su hijo, si se despertaba de la siesta, y nos pusimos a tomar el sol completamente desnudas. Nos untamos bronceador por todo el cuerpo y Gadea brome&oacute; con que tendr&iacute;a que hacerme algo para que no me fuese a trabajar demasiado cachonda. Todav&iacute;a quedaba un mes largo para que llegasen los primeros turistas y m&aacute;s viviendas estuviesen ocupadas, pero Gadea me dijo que guardaba esas llaves a buen recaudo para que nadie pudiese subir all&iacute;. Eso s&iacute;, pronto tendr&iacute;amos que compartirlo con su hermana, que desde que supo de su existencia, a&ntilde;os atr&aacute;s, se autoinvitaba todos los d&iacute;as que no iba a la playa. A m&iacute; esto me excit&oacute; m&aacute;s de lo que ya estaba, pretend&iacute; no darle importancia e incluso le coment&eacute; a Gadea que clase de hermana no te visita nunca y lo hace para tomar el sol. Ella me pidi&oacute; paciencia y me dijo que, de momento &iacute;bamos a aprovechar nosotras la azotea. Nos re&iacute;mos un rato porque Gadea quer&iacute;a besarme, pero yo ten&iacute;a bronceador por todo el cuerpo, salvo el interior de mi co&ntilde;o, y no se qued&oacute; sin besarme, movi&oacute; las colchonetas y me hizo un trabajito digno de un Oscar, no s&eacute; si ser&iacute;a el aire libre, el sol, el olor a bronceador o el calor que irradiaban los ladrillos y el suelo de la azotea, pero de muchas pajas que me han hecho esa est&aacute; entre las mejores.<\/p>\n<p>En cuanto disfrut&eacute; de mi orgasmo me entraron unas ganas tremendas de mear, mi jefe me hab&iacute;a invitado a una cerveza y me com&iacute; media sandia. Para no bajar al ba&ntilde;o me acerque a la esquina de la azotea, donde hab&iacute;a un desag&uuml;e, Gadea me hizo un gesto y me dijo que aquello ser&iacute;a un desperdicio, me oblig&oacute; a mear de pie y ella se puso a mis pies, con el torso incorporado, apoyada en sus codos y antebrazos y esa cara de viciosa que tanto me asustaba y la boca entreabierta. Yo estuve meando m&aacute;s de medio minuto, la roci&eacute; toda, cara, brazos, pechos&#8230; me produc&iacute;a dolor de est&oacute;mago esa excitaci&oacute;n por tener a aquella mujer sumisa a mis pies, gozando mi cerveza y mi sandia, me daba miedo mirarla a los ojos, aunque ella buscaba los m&iacute;os con el mismo ah&iacute;nco con que yo trataba de alejar el chorro de mi meada de su boca, que lo persegu&iacute;a con vicio. Esa mirada asustaba, porque ven&iacute;a de una dulce mam&aacute; treinta&ntilde;era como tantas que te puedes encontrar en cualquier parque, y sin embargo mi dulce profesora empezaba a estar cada vez m&aacute;s obsesionada con el sexo, cada vez hac&iacute;amos cosas m&aacute;s extra&ntilde;as.<\/p>\n<p>No soy tonta, s&eacute; que una lluvia dorada no es nada que no hayamos hecho todas alguna vez, pero algo me dec&iacute;a que placer y dolor estaban demasiado cerca para ella. Un d&iacute;a, me hab&iacute;a sorprendido mientras cada una tend&iacute;a la ropa desde su lado del patio, se levant&oacute; la camiseta y se puso dos pinzas en los pezones un buen rato, yo la disculpaba dici&eacute;ndome que estaba despertando al sexo despu&eacute;s de a&ntilde;os de reprimirse, pero ya empezaba a tener mis dudas. El caso es que yo no era de piedra ni una santa y viv&iacute;a ese miedo muy a gusto, hab&iacute;a mucho morbo.<\/p>\n<p>Cap&iacute;tulo 14<\/p>\n<p>Fue por aquellos d&iacute;as que hab&iacute;a ca&iacute;do en mis manos un cat&aacute;logo de un sex-shop de Barcelona, todo lo que hab&iacute;a en &eacute;l costaba un ojo de la cara, pero pon&iacute;a en letras bien grandes que los env&iacute;os se hac&iacute;an en un paquete discreto y solo un apartado de correos aparec&iacute;a como remitente. Hab&iacute;a muchas cosas que me gustaban, pero pens&eacute; en sorprender a Gadea con un enorme vibrador azul con forma de pene. Tard&oacute; m&aacute;s de una semana en llegar, como yo nunca estaba en casa le dej&eacute; dinero a Gadea para pagar el reembolso y le dije que en cuanto llegase lo abriera, pero solo si estaba sola.<\/p>\n<p>Una ma&ntilde;ana a eso de las once son&oacute; el tel&eacute;fono en el trabajo y escuch&eacute; un &quot;la virgen&quot; al otro lado del auricular. Nunca le hab&iacute;a o&iacute;do algo as&iacute; a Gadea. Me la imagin&eacute; con la boca abierta. Yo no pod&iacute;a ir a comer y le pregunt&eacute; si ser&iacute;a capaz de aguantarse hasta la noche sin probarlo.<\/p>\n<p>Me prometi&oacute; que s&iacute;, pero me llam&oacute; varias veces para recordarme que comprase pilas. Cuando llegu&eacute; por la noche tambi&eacute;n me impresion&eacute; con su tama&ntilde;o, no s&eacute; me hab&iacute;a ocurrido comprobar las medidas en el cat&aacute;logo, Gadea lo ten&iacute;a sobre la mesa del sal&oacute;n y sus ojos brillaban de deseo. Me comi&oacute; a besos y me agradeci&oacute; el detalle mil veces. A m&iacute;, aun siendo lesbiana, tambi&eacute;n me excitaba el tacto tan suave que ten&iacute;a, adem&aacute;s creo que los vibradores son cada vez peores y aquel result&oacute; ser una maravilla, mejor as&iacute; porque tendr&iacute;a que trabajar realmente duro. Cincuenta veces me repiti&oacute; Gadea que cuando su marido estuviese en casa yo ten&iacute;a que guard&aacute;rselo.<\/p>\n<p>Los siguientes d&iacute;as todo nuestro sexo giraba alrededor del artilugio, hab&iacute;amos abandonado un poco nuestros culitos y lo que se llevaba era llenar nuestras vaginas con aquella porra vibradora. Gadea compraba pilas de manera compulsiva y volv&iacute;a loco al se&ntilde;or de la tienda para que le diese las m&aacute;s potentes.<\/p>\n<p>Su hermana Elena, a la que Gadea me oblig&oacute; a dejar de llamar Do&ntilde;a Perfecci&oacute;n, empez&oacute; a pasarse para disfrutar del sol&aacute;rium de su hermana, ven&iacute;a un par de horas por la tarde, en principio no deb&iacute;amos coincidir salvo s&aacute;bados y domingos. Gadea me dijo que si yo estaba en casa quer&iacute;a que subiese con ellas, yo le hice ver que pod&iacute;a sospechar que hab&iacute;a algo entre nosotras, pero ella contest&oacute; que claro que lo hab&iacute;a, una gran amistad.<\/p>\n<p>Yo me pon&iacute;a cachondisima cada tarde de pensar que estaban las dos all&iacute; arriba desnudas y luego por la noche Gadea me contaba hasta el m&iacute;nimo detalle del cuerpo de su hermana. Ten&iacute;a unos orgasmos brutales.<\/p>\n<p>El primer d&iacute;a que coincidimos las tres, yo me puse de acuerdo con Gadea en que la mantendr&iacute;amos a raya si intentaba menospreciar a alguna de las dos. Me excitaba mucho la idea de pasar la tarde con ellas, pero, me conozco, y no iba a aguantarle ninguna impertinencia a Elena.<\/p>\n<p>El s&aacute;bado, a eso de las cuatro, apareci&oacute;. Nos dimos dos besos y Gadea insisti&oacute; en que le ense&ntilde;ase mi casa mientras su hijo no agarraba el sue&ntilde;o. As&iacute; hice, pero rezaba para que el peque&ntilde;o durmiese la siesta lo antes posible. A solas, Elena no era tan dif&iacute;cil de digerir como rodeada por las lobas que ten&iacute;a por amigas, aun as&iacute; yo no me fiaba. Tras ense&ntilde;arle la casa nos sentamos en mi sal&oacute;n a tomar una Coca-Cola. Tra&iacute;a un sombrero muy bonito y un vestido rosa tipo saco, que no le favorec&iacute;a mucho. En alg&uacute;n lugar se hab&iacute;a puesto morena ya, porque su piel estaba mucho m&aacute;s oscura que la m&iacute;a. El insulso vestido no me dejaba ver si el culo y las caderas que le recordaba segu&iacute;an all&iacute;, pero sus piernas estaban tan bien hechas como las de Gadea, solo que un poco m&aacute;s gruesas. En realidad, se parec&iacute;a much&iacute;simo a su hermana, especialmente de cara, solo que Gadea era pelirroja y con muchas pecas y Elena la versi&oacute;n latina, no estaba gorda, pero si muy maciza.<\/p>\n<p>A m&iacute; me trataba con cierta distancia, pero no superioridad. Creo que le intrigaba que hac&iacute;a su hermana con una amiga como yo, con la que no ten&iacute;a nada que ver.<\/p>\n<p>Al final se nos uni&oacute; Gadea y subimos a tomar el sol, ella misma rompi&oacute; el hielo y se quit&oacute; la primera el bikini. Nos desnudamos Elena y yo tambi&eacute;n y no pudimos evitar observarnos las unas a las otras. A Elena se le ca&iacute;an los ojos viendo nuestros co&ntilde;os depilados, ella no llevaba nada m&aacute;s que unas bragas bajo el vestido y pude ver las rotundas caderas que ten&iacute;a, su famoso culo, que tanto hab&iacute;a calentado a su hermana a&ntilde;os atr&aacute;s, estaba muy bien, la verdad, era grande, no dir&iacute;a que enorme, pero ten&iacute;a un buen melocot&oacute;n. Ten&iacute;a un poquito de barriga, pero le quedaba bien, no ten&iacute;a hijos y enseguida nos hizo saber que le encantaban sus pechos mientras los untaba de crema. Enseguida me di cuenta de que le encantaba hablar de sexo, hac&iacute;a comentarios como que con sus tetas hab&iacute;an conquistado a su marido por ella o que lo &uacute;nico malo de su culo era que necesitaba un espejo para v&eacute;rselo bien. Gadea estaba exultante, las dos hablaban por los codos, yo, tumbada en medio, me limitaba a contestar cuando me preguntaban algo. El momento de ponernos crema me hab&iacute;a subido la tensi&oacute;n. Hab&iacute;a embadurnado la espalda de Elena mientras ella alagaba mi precioso co&ntilde;ito, que ya empezaba a ponerse ligeramente moreno. Gadea hablaba de mi con tal pasi&oacute;n que me preocupaba que se le escapase lo nuestro, todo eran elogios hacia lo buena vendedora que era, lo mucho que le ayudaba con el peque&ntilde;o, lo amables y buenos que eran mis padres. En fin, que, para ponerse a la altura de su hermana, en lo que a comentarios sexuales se refiere, dijo algo as&iacute; como que hoy en d&iacute;a, por quince mil pesetas ten&iacute;amos un marido a pilas disponible veinticuatro horas.<\/p>\n<p>Su hermana caz&oacute; el comentario al vuelo y se irgui&oacute; de la colchoneta pregunt&aacute;ndose si hab&iacute;a entendido bien. Y si, Gadea no lo neg&oacute;, en el fondo estaba deseando contarle a su hermanita mayor, que ella, la modosita, el patito feo, ten&iacute;a a su disposici&oacute;n una polla incansable que la ten&iacute;a feliz los siete d&iacute;as de la semana. La misma mirada de vicio que le conoc&iacute;a a Gadea la vi en los ojos de su hermana mayor. Ya s&oacute;lo esperaba el momento de bajar y poder verla. Yo me atrev&iacute; a meterme en la conversaci&oacute;n y preguntar porque no se compraba una y la respuesta fue que ning&uacute;n marido resistir&iacute;a encontrarse algo as&iacute; en un caj&oacute;n. Ten&iacute;a raz&oacute;n, la verdad. Hoy no tiene mayor importancia, pero hace m&aacute;s de veinticinco a&ntilde;os era otra cosa.<\/p>\n<p>Cuando bajamos Gadea me invit&oacute; a entrar a su casa, segu&iacute;amos completamente desnudas las tres, toda la casa ol&iacute;a a crema solar, se estaba muy bien sin ropa con el calor que hac&iacute;a. Gadea sac&oacute; el vibrador y se lo puso a su hermana en las manos, Elena lo mir&oacute; como si fuese el diamante m&aacute;s grande del mundo. Se hizo el silencio, solo se o&iacute;a la vibraci&oacute;n del enorme falo mientras Gadea le explicaba las distintas velocidades que ten&iacute;a. Me preguntaba si Gadea la animar&iacute;a a probarlo o Elena ser&iacute;a la que lo pidiese. Gadea estaba lanzada y le gui&ntilde;&oacute; un ojo y le dijo que hab&iacute;a jab&oacute;n neutro en el ba&ntilde;o para limpiarlo. Su hermana sali&oacute; disparada y o&iacute;mos como entraba en el ba&ntilde;o. Yo con un gesto le pregunt&eacute; a Gadea si hab&iacute;a sido buena idea. Me agarr&oacute; y me meti&oacute; la lengua hasta la garganta. Yo miraba de reojo al pasillo por si volv&iacute;a la otra, pero tard&oacute; m&aacute;s de media hora, Gadea lo encontraba todo muy divertido. Cuando su hermana regres&oacute; ten&iacute;a una sonrisa de oreja a oreja, yo era la menos relajada de las tres. Elena se fue con la promesa de Gadea de que el chisme estaba a su disposici&oacute;n, siempre que nosotras no lo necesit&aacute;semos. Esa noche Elena estuvo m&aacute;s presente que nunca en nuestro polvo, yo le ped&iacute; a Gadea que se corriese pensando en ella y tuvo un orgasmo tremendo.<\/p>\n<p>El lunes por la noche Gadea me dej&oacute; de piedra cuando me cont&oacute; que su hermana hab&iacute;a hecho una escapada a media ma&ntilde;ana de su trabajo en el ayuntamiento para venir a follarse el vibrador, pero lo mejor fue que a las tres y media, cuando termin&oacute; de trabajar regres&oacute; y como el peque&ntilde;o dorm&iacute;a se qued&oacute; con ella en el sal&oacute;n, se dej&oacute; caer en el sof&aacute;, se meti&oacute; el vibrador bajo el vestido y se corri&oacute; dos veces delante de Gadea. Yo no me lo pod&iacute;a creer.<\/p>\n<p>-Pero, &iquest;seguro que no lo has so&ntilde;ado?<\/p>\n<p>-Rosa, no estoy loca. Tampoco es para tanto, somos hermanas y creo que su marido&#8230; bueno, no s&eacute;, tienen problemas.<\/p>\n<p>-Como no van a tener problemas, si t&uacute; hermana es lo que parece&#8230; pobre hombre.<\/p>\n<p>-Y qu&eacute; parece?<\/p>\n<p>-Uf&#8230; parece insaciable, no te fijas como me mira, bueno, como nos mira.<\/p>\n<p>-No exageres Rosa, te lo he contado porque me gusta cont&aacute;rtelo todo y porque s&eacute; que te da morbo.<\/p>\n<p>Claro que me daba morbo, y as&iacute; se lo reconoc&iacute; a Gadea. Tuvo que cont&aacute;rmelo todo con detalle varias veces y Elena y el vibrador fueron convirti&eacute;ndose en el centro de nuestra vida sexual.<\/p>\n<p>Aquella semana no hizo calor y su hermana acudi&oacute; a su cita todas las tardes. Gadea me contaba una escena parecida todos los d&iacute;as. El jueves trajo la novedad de que estuvieron hablando de mi un buen rato tras la corrida de Elena, quise saber de qu&eacute;, la respuesta fue que de nada en particular. Gadea me dijo que su hermana se lo hab&iacute;a hecho en el ba&ntilde;o ese d&iacute;a.<\/p>\n<p>Cap&iacute;tulo 15<\/p>\n<p>En la tercera y &uacute;ltima gran curva de nuestra relaci&oacute;n &iacute;bamos rectas hacia un muro con el que nos pod&iacute;amos haber golpeado bien fuerte, pero los airbags saltaron a tiempo.<\/p>\n<p>El viernes no pude ir a comer, empezaba a tener mucho trabajo a medida que se acercaba julio. Hac&iacute;a jornadas de m&aacute;s de doce horas para poder tener el fin de semana libre, y a veces ni as&iacute;.<\/p>\n<p>Llegu&eacute; a casa a eso de las diez y mi mujercita me esperaba como cada noche, siempre sin sujetador para que pudiese darle tres besos, uno en la boca y dos en los pezones. Pero ese d&iacute;a, tras los besos, Gadea me solt&oacute; la bomba.<\/p>\n<p>-Lo sabe todo.<\/p>\n<p>-El qu&eacute;, &iquest;qui&eacute;n?<\/p>\n<p>-Elena, lo sabe todo, lo nuestro.<\/p>\n<p>Gadea no estaba alarmada, tampoco hab&iacute;a llorado, simplemente se la ve&iacute;a intranquila, pendiente de mi reacci&oacute;n, esperando a que yo la calmase o la preocupase m&aacute;s.<\/p>\n<p>-&iquest;Pero, se lo has dicho tu?<\/p>\n<p>-Claro que no.<\/p>\n<p>-Entonces?<\/p>\n<p>-Pues ha llegado, como siempre, caliente y hoy tra&iacute;a pantalones, unos vaqueros. Yo estaba viendo la tele, me pregunt&oacute; si me apetec&iacute;a usarlo a mi primero y le dije que no, que me gustaba m&aacute;s por la noche. Al no tener vestido cre&iacute; que se ir&iacute;a al ba&ntilde;o, pero se qued&oacute; en el sof&aacute; de todos los d&iacute;as, le di una toalla, se la puso debajo, se quit&oacute; los vaqueros y las bragas y empez&oacute; a jugar con el chisme.<\/p>\n<p>-Se meti&oacute; el vibrador delante de ti otra vez?<\/p>\n<p>-Bueno, no delante, t&uacute; ya sabes c&oacute;mo est&aacute;n los sof&aacute;s, estaba al otro lado del sal&oacute;n y al hundirse en &eacute;l tampoco ve&iacute;a mucho.<\/p>\n<p>Gadea casi esbozaba una sonrisa p&iacute;cara mientras me iba contando lo ocurrido. Yo me excitaba, pero no le ve&iacute;a la gracia.<\/p>\n<p>-Vale Gadea, pero te lo dijo ella o t&uacute; crees que sospecha.<\/p>\n<p>-Es que estuvimos charlando mientras ella jugaba con el vibrador&#8230;<\/p>\n<p>-Pero Gadea, &iquest;jugaba? Con ese chisme no se juega, en cuanto te lo metes, aunque sea un poquito, vas directa hacia el orgasmo.<\/p>\n<p>-Yo que s&eacute;, Rosa, ser&aacute; que lo usa tanto que va aguantando m&aacute;s.<\/p>\n<p>-&iquest;Y t&uacute;, eres capaz de mantener una conversaci&oacute;n con tu hermana mientras se masturba?<\/p>\n<p>Reconozco que levant&eacute; un poco la voz, empezaba a comportarme como el hombre de la casa. Me daba mucho miedo que Elena pudiese ir contando lo nuestro por el pueblo, miedo por m&iacute; y sobre todo por Gadea, a la que pod&iacute;a destrozarle la vida. Me disculp&eacute; y dej&eacute; que mi amor siguiese cont&aacute;ndome.<\/p>\n<p>-Pues no, no me costaba charlar porque yo me estaba tocando tambi&eacute;n en mi sof&aacute;, llevaba el vestido beige y ya sabes que si desabrochas un par de botones&#8230; Me estaba tocando por encima del tanga. &iquest;Te parece mal? &iquest;Estas enfadada?<\/p>\n<p>-Ya hablaremos, pero sigo sin entender porque dices que lo sabe.<\/p>\n<p>-Es muy f&aacute;cil, cuando ya iba a correrse, creo que estaba pensando en ti, vi que su cara cambiaba de expresi&oacute;n y me lo dijo, empez&oacute; a repetir: &iexcl;vosotras est&aacute;is liadas! &iexcl;vosotras est&aacute;is liadas!<\/p>\n<p>-&iquest;Y t&uacute;? &iquest;No lo negaste?<\/p>\n<p>-Estaba tan caliente que no dije nada.<\/p>\n<p>-&iquest;Pero ya est&aacute;? &iquest;No hablasteis nada m&aacute;s? &iquest;Se fue?<\/p>\n<p>-Yo no dije gran cosa y ella pues&#8230; me hablaba y miraba con admiraci&oacute;n, dec&iacute;a: mira Gadeita, parec&iacute;a tonta y se ha ligado a un bomb&oacute;n de veinte. Bueno&#8230; y cosas as&iacute;.<\/p>\n<p>-Y no ser&aacute; que no negaste nada porque en el fondo est&aacute;s encantada de que lo sepa.<\/p>\n<p>-&iquest;Bueno y si es as&iacute; que? Me gustas y te quiero, me mor&iacute; de celos cuando te vi con la hija de la farmac&eacute;utica, la hubiese&#8230;<\/p>\n<p>Gadea se sent&iacute;a traicionada por m&iacute;, me hab&iacute;a contado infinidad de intimidades, y para ella est&aacute; era una m&aacute;s, y a cambio solo recib&iacute;a mi enfado.<\/p>\n<p>-Gadea, sabes que yo te quiero mucho y por eso me da miedo que esa mujer pueda contarle lo nuestro a alguien. T&uacute; sabes como es este pueblo, yo tendr&iacute;a que irme y t&uacute;, &iquest;qu&eacute; har&iacute;as tu? en cuanto t&uacute; marido, tus suegros y tus padres se enterasen.<\/p>\n<p>-&iquest;Pero, t&uacute; crees que mi hermana ser&iacute;a capaz de hacer algo as&iacute;?<\/p>\n<p>-Gadea, quiz&aacute;s no conscientemente, pero con que se lo cuente a una sola persona de su confianza, esa persona se lo contar&aacute; a otra en la que tambi&eacute;n conf&iacute;a y en una semana lo sabr&aacute; todo el pueblo.<\/p>\n<p>Cenamos en silencio, yo pens&eacute; que nos estaba bien empleado por el jueguecito que nos tra&iacute;amos con Elena. Al terminar Gadea propuso que, al d&iacute;a siguiente, intentar&iacute;a que el tema surgiese de nuevo con su hermana y, sin darle importancia, lo negar&iacute;a todo.<\/p>\n<p>Yo me qued&eacute; en mi casa el s&aacute;bado, estaba bastante enfadada. A eso de las seis de la tarde habl&eacute; con Gadea a trav&eacute;s del patio, pensando que ya no vendr&iacute;a, y me dijo que llegar&iacute;a en un rato. Yo intentaba disimular mi enfadado y aburrimiento. Encima se puso a llover y se chafaron los planes que ten&iacute;amos para ir con el ni&ntilde;o a la playa al d&iacute;a siguiente.<\/p>\n<p>Por fin la o&iacute; llamar a la puerta de Gadea, mir&eacute; por la mirilla y vi que entraba. Intent&eacute; escuchar a trav&eacute;s del tabique del sal&oacute;n, pero no se o&iacute;a nada.<\/p>\n<p>En apenas veinte minutos se fue y en cuanto o&iacute;mos cerrar el portal del edificio cruc&eacute; el descansillo y busqu&eacute; en la cara de Gadea una expresi&oacute;n que me dijese que todo hab&iacute;a ido bien. No hab&iacute;a expresi&oacute;n alguna.<\/p>\n<p>&#8211; Qu&eacute; tal?<\/p>\n<p>-Quiere acostarse contigo.<\/p>\n<p>-C&oacute;mo?<\/p>\n<p>-Bueno, ni siquiera ha dicho acostarse, ha dicho echarte un buen polvo y quitarse las ganas de hembra que tiene. &iexcl;Que vulgar!<\/p>\n<p>-Pero no ibas a decirle que todo era producto de un mal entendido y de lo cachonda que estabas?<\/p>\n<p>-Rosa, que quieres, debo llevar escrito en la cara que estoy loca por ti, no he podido.<\/p>\n<p>-Y qu&eacute; le has dicho?<\/p>\n<p>-Va a decirle a su marido que quiere cenar conmigo, que hace mucho tiempo que no hablamos y que se quedar&aacute; a dormir aqu&iacute;.<\/p>\n<p>-Pero t&uacute; no eras la que se mor&iacute;a de celos solo de imaginarme con otra mujer?<\/p>\n<p>-No es lo mismo, es mi hermana.<\/p>\n<p>-Y si no acepto? &iquest;Crees que tomar&aacute; represalias?<\/p>\n<p>-Rosa, pero si lo est&aacute;s deseando. Se te caen los ojos mir&aacute;ndole el culo.<\/p>\n<p>Ah&iacute; me hab&iacute;a golpeado fuerte, yo me hab&iacute;a puesto demasiado digna. El blanco p&aacute;lido de su cara lleg&oacute; a ser rojo y al final de la conversaci&oacute;n recuperaba su color habitual. Yo no sab&iacute;a qu&eacute; hacer, estaba excitad&iacute;sima y preocupada a la vez.<\/p>\n<p>-Rosa, el mejor modo de asegurarnos su discreci&oacute;n es acost&aacute;ndote con ella.<\/p>\n<p>-Y d&oacute;nde? Me la llevo a mi casa o&#8230;<\/p>\n<p>-Por supuesto que no. Esper&aacute;is a que el ni&ntilde;o se duerma y yo pueda asegurarme que no te corres mejor con ella que conmigo.<\/p>\n<p>Me era dif&iacute;cil reconocer en aquella zorrita pelirroja a Do&ntilde;a Gadea, la profesora de Instituto, la mam&aacute; reci&eacute;n casada que hab&iacute;a conocido apenas seis meses antes, la se&ntilde;ora que me excitaba cenando sola en su cocina, rezaba cada noche antes de dormir y nunca faltaba a misa los domingos. Pero era la misma que acababa de planificar una noche de sexo semi incestuoso con su hermana y la misma que en medio a&ntilde;o hab&iacute;a acelerado mi vida sexual de cero a cien.<\/p>\n<p>Me fui a mi casa a ponerme guapa, porque eso era parte del trato. Ten&iacute;a un camis&oacute;n oscuro y transparente que apenas me tapaba el culo, con un tanga debajo ser&iacute;a m&aacute;s que suficiente.<\/p>\n<p>Desde mi casa o&iacute; que Elena llamaba suavemente con los nudillos a la puerta de Gadea. Dej&eacute; pasar unos cinco minutos y llam&eacute; tambi&eacute;n a la puerta con el coraz&oacute;n sali&eacute;ndoseme del pecho. Me abri&oacute; Elena, con una sonrisa. No era yo la &uacute;nica que estaba nerviosa, ella estaba completamente roja y tragaba saliva.<\/p>\n<p>Me bes&oacute; en las mejillas.<\/p>\n<p>-Y Gadea?<\/p>\n<p>-Est&aacute; durmiendo al ni&ntilde;o. &iquest;Nos sentamos en el sal&oacute;n?<\/p>\n<p>La tarde hab&iacute;a refrescado con la lluvia, pero ella tra&iacute;a un vestido muy bonito, rojo peligro, por encima de la rodilla que cerraba por delante con botones de arriba a abajo. Llevaba varios abiertos, para ense&ntilde;ar canalillo, pero de sus piernas solo se ve&iacute;an las rodillas. Me lanz&oacute; un piropo, nerviosa, no parec&iacute;a la mujer decidida y lanzada que yo conoc&iacute;a, m&aacute;s bien alguien muerto de miedo.<\/p>\n<p>-Te queda muy bien ese camis&oacute;n.<\/p>\n<p>-Gracias, tu s&iacute; que est&aacute;s guapa.<\/p>\n<p>-Pensar&aacute;s que estoy loca.<\/p>\n<p>-Por qu&eacute;?<\/p>\n<p>-No s&eacute;, a mis a&ntilde;os y casada probar algo as&iacute;.<\/p>\n<p>A medida que hablaba con Elena me entraban ganas de estrangular a Gadea, fue ella la que incit&oacute; a Elena al adulterio y no Elena la que casi amenaz&oacute; con contar lo nuestro si yo no acced&iacute;a a acostarme con ella.<\/p>\n<p>-Tengo treinta y tres a&ntilde;os y&#8230; en fin, siempre tuve curiosidad por estar con otra mujer y un par de veces estuve a punto, pero ninguna como t&uacute;, con un cuerpazo as&iacute; y en lo mejor de la vida. Arriba en la azotea no pod&iacute;a dejar de mirarte, y te comparaba conmigo, con mis celulitis y mis michelines. Cumplir a&ntilde;os es&#8230;<\/p>\n<p>-Elena, no seas tonta, eres una mujer muy apetitosa, yo tambi&eacute;n te mir&eacute; y te juro que todo lo que vi me gust&oacute;.<\/p>\n<p>-Gracias, eres un amor, no me extra&ntilde;a que mi hermana te quiera tanto, ella s&iacute; que sabe&#8230; no s&eacute; si eres la primera novia que tiene, pero est&aacute; en la luna contigo, en mi vida la he visto tan feliz y tan, no s&eacute;&hellip;<\/p>\n<p>Cap&iacute;tulo 16<\/p>\n<p>Por fin apareci&oacute; Gadea. Enseguida se dio cuenta de que yo sab&iacute;a que hab&iacute;a sido ella la que hab&iacute;a tramado todo. Elena y yo est&aacute;bamos cada una a un extremo del sof&aacute; grande de tres plazas, as&iacute; no ten&iacute;amos que mirarnos mucho a los ojos, y Gadea, que estaba tranquil&iacute;sima se sent&oacute; enfrente. Ella tambi&eacute;n hab&iacute;a descubierto la compra por cat&aacute;logo, llevaba un camis&oacute;n nuevo y aunque no transparentaba era tan ce&ntilde;ido y la tela tan fina que se le marcaban hasta los poros de su piel. Intent&eacute; ponerla nerviosa para divertirnos, pero ese d&iacute;a iba a por todas.<\/p>\n<p>-Gadea, Elena y yo nos est&aacute;bamos preguntando si soy la primera mujer en tu vida.<\/p>\n<p>-La primera y la &uacute;ltima.<\/p>\n<p>-Seguro?<\/p>\n<p>-Por supuesto.<\/p>\n<p>Ret&eacute; a Gadea a que nos contase si alguna vez se hab&iacute;a masturbado viendo un culo y no se cort&oacute; un pelo. Empez&oacute; a contarnos la experiencia que vivi&oacute; con su hermana sin decir que se trataba de ella. Se lo estaba pasando tan bien que daba todo tipo de detalles. Yo no pod&iacute;a m&aacute;s y me acerqu&eacute; a Elena, que se estaba excitando con la historia. Le dije a Gadea que mejor que su descripci&oacute;n ser&iacute;a ver el culo en cuesti&oacute;n. Empuj&eacute; suavemente a Elena hacia un lado, desabroch&eacute; algunos botones del vestido y se lo levant&eacute; hasta la cintura. Se sorprendi&oacute; much&iacute;simo, mir&oacute; a su hermana por un momento, a punto estuvo de decir algo pero estaba ya muy caliente y no hab&iacute;a tiempo para explicaciones, se puso de rodillas, con el culo hacia m&iacute;, y le baj&eacute; las bragas hasta las rodillas. El relato de Gadea se volvi&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s expl&iacute;cito cuando me apart&eacute; para que pudiese ver bien aquel pedazo de culo. Mientras ella segu&iacute;a cont&aacute;ndonos yo acariciaba las nalgas y las besaba, Elena se estremeci&oacute; de gusto. Miraba de reojo a su hermana y abr&iacute;a las piernas para que yo le quitase del todo las bragas. Gadea segu&iacute;a con su historia, y se acariciaba los pechos con el raso del camis&oacute;n mientras no quitaba ojo del culo de Elena.<\/p>\n<p>Yo estaba ya tan lanzada que le quit&eacute; el vestido y el sujetador a Elena y me fui al grano. Est&aacute;bamos las dos de rodillas sobre el sof&aacute; y la empuj&eacute; para que se tumbarse y comerme su co&ntilde;o. Era el segundo que me com&iacute;a, estaba bastante bien depilado por los lados, pero peludo sobre los labios, aquella mujer llevaba un buen rato muy bien lubricada, la parte interna de su vello estaba blanca, llena de jugo ya seco. La almeja estaba deliciosa, ten&iacute;a un sabor m&aacute;s fuerte que el de Gadea, pero me gustaba. De vez en cuando miraba a nuestra anfitriona que se hab&iacute;a callado y escond&iacute;a su mano entre las piernas. A veces levantaba la mirada y ve&iacute;a a Elena observando a su hermana, yo me lo estaba pasando en grande. No quer&iacute;a que mi nueva amiga se corriese ya, me sent&eacute; a su lado y la bes&eacute; para que disfrutarse el aroma de su co&ntilde;o en mi cara. Me meti&oacute; la lengua hasta la garganta. Empec&eacute; a masturbarla con mis dedos y a decirle lo buena que estaba, lo que me gustaba su culo y sus caderas, le hice prometer que se pasear&iacute;a desnuda por todo el sal&oacute;n para que yo me corriese vi&eacute;ndola. Le promet&iacute; que le depilar&iacute;a el co&ntilde;o yo misma al d&iacute;a siguiente. Quer&iacute;a que Gadea se pusiese celosa. Le propuse algo.<\/p>\n<p>-Cari&ntilde;o, nadie conoce tu cuerpo mejor que tu misma. Yo voy a parar de masturbarte y vas a acabar t&uacute; de hacerlo, vas a tener el orgasmo de tu vida y yo voy a estar aqu&iacute; a tu lado.<\/p>\n<p>Asinti&oacute; y la dej&eacute; un segundo, me fui a Gadea que estaba enfrente y le ped&iacute; que se quitase el camis&oacute;n, se desnud&oacute; del todo y me met&iacute; uno de sus pezones en la boca. Succion&eacute; leche hasta llenarme la boca y volv&iacute; r&aacute;pido con su hermana que estaba a punto de correrse, sobre todo al verme a mi mamando. Llegu&eacute; a tiempo de pasarle mi leche desde mi boca a la suya y se corri&oacute; mientras yo besaba su cuello y sus pechos. El orgasmo fue fuerte, no s&eacute; si el mejor de su vida, pero cerr&oacute; fuerte sus piernas y se acurruco en el sof&aacute;, estuvo unos minutos as&iacute;, mir&aacute;ndonos de reojo. Yo me sent&eacute; a su lado y vi que Gadea estaba a punto de correrse tambi&eacute;n en su sof&aacute;. Me puse yo tambi&eacute;n a la tarea con mi chochito, pero Elena me sorprendi&oacute; con su generosidad, como pudo se tir&oacute; al suelo y se puso de rodillas con su cara entre mis piernas para probar su primera almeja. Nadie dir&iacute;a que no ten&iacute;a experiencia, ten&iacute;a la lengua muy caliente y juguetona, me hac&iacute;a cerrar los ojos del placer que me daba, Gadea nos miraba con vicio y no se corr&iacute;a todav&iacute;a, se deleitaba viendo el culo de Elena, de rodillas sobre la alfombra.<\/p>\n<p>Elena me estaba matando de placer y una de esas veces que cerraba los ojos y me recostaba hacia atr&aacute;s para que su lengua entrase mejor en mi vagina o&iacute; un golpetazo tremendo seguido de un grito, Gadea acababa de marcarle el culo a su hermana con uno de esos soportes de madera para quemar incienso, tras el primero, la vi levantar la mano otra vez y se oy&oacute; otro latigazo en la otra nalga, Elena se sorprendi&oacute; con el primero y ni se inmut&oacute; con el segundo, al contrario solt&oacute; un gritito de placer y se com&iacute;a con m&aacute;s ganas, si cabe, mi chochito. Yo le ped&iacute; por favor a Gadea que siguiese con su paja, que ya estaba bien, pero Elena ped&iacute;a m&aacute;s balbuceando entre mis piernas, &iexcl;la madre que os pari&oacute; a las dos! grit&eacute;, pero, &iquest;qu&eacute; pod&iacute;a hacer? Acab&eacute; por correrme porque Elena empezaba a darme mordiscos en el co&ntilde;o a cada golpe que recib&iacute;a, Gadea se volvi&oacute; a su sof&aacute; y se corri&oacute; ruidosamente con los ojos clavados en el culo, rojo como un tomate, de Elena.<\/p>\n<p>Cuando me recuper&eacute; vi c&oacute;mo se miraban con vicio las dos, les puse las cosas bien claras.<\/p>\n<p>-Chicas a esto yo no juego, no me pone nada, si os quer&eacute;is pegar adelante, pero yo me largo, no cont&eacute;is conmigo.<\/p>\n<p>Las dos me pidieron que no al un&iacute;sono. Elena me pidi&oacute; disculpas, pero Gadea ten&iacute;a la noche rebelde.<\/p>\n<p>-Pero si es un juego inocente del todo. Acaso no es peor llevarte mi leche para d&aacute;rsela a mi hermana.<\/p>\n<p>-Gadea, si a las dos os gusta, os acost&aacute;is, que lo est&aacute;is deseando, y os golpe&aacute;is todo lo que os d&eacute; la gana.<\/p>\n<p>Cog&iacute; el camis&oacute;n y me fui. Entr&eacute; en mi casa, pregunt&aacute;ndome si hab&iacute;a hecho bien. Hab&iacute;a tardado diez segundos en medio arrepentirme. Me qued&eacute; al lado de mi puerta a oscuras. Me apetec&iacute;a dormir con ellas en la cama de Gadea, y no sola y enfadada en la m&iacute;a. Vi la luz de la cocina de Gadea iluminar el patio y entr&eacute; en mi cocina. Era demasiado para m&iacute;, lo que vi en ese momento es seguramente lo m&aacute;s excitante que he visto en mi vida, supongo que es una cuesti&oacute;n cultural, pero no es lo mismo ver a dos mujeres cualquiera besarse que a dos que sabes que son hermanas. Sab&iacute;an que yo estar&iacute;a mirando y se pusieron justo al lado de la ventana, se com&iacute;an sus bocas como si compitiesen para ver cual alcanzaba antes la garganta de la otra. Gadea jugaba con la melena de su hermana e hizo algo que me calent&oacute; tanto que acab&oacute; por vencer mi voluntad. Se apart&oacute; hacia los lados sus enormes c&aacute;ntaros para que Elena pudiese colocar los suyos entre ellos y estar m&aacute;s cerca la una de la otra. Elena, ten&iacute;a una de sus piernas entre las de su hermana y apretaba el co&ntilde;o de Gadea con su muslo hasta casi levantarla del suelo.<\/p>\n<p>Volv&iacute; derrotada tras mi &oacute;rdago y vi que ni siquiera hab&iacute;an cerrado con llave. Me recibieron con besos y algo de vacile, prometi&eacute;ndose entre ellas que no habr&iacute;a m&aacute;s cari&ntilde;ito, as&iacute; le llamaban a azotarse el culo con una tablilla de madera.<\/p>\n<p>La cama de Gadea se convirti&oacute; en nuestro campo de batalla aquella noche y sus morbosos tetones llenos de leche en los grandes protagonistas, pero antes decidimos entregarnos al voyerismo, empezamos yo y Gadea follando para que Elena viese el espect&aacute;culo desde una butaca que arrastramos hasta un lado de la cama. Yo pensaba m&aacute;s en mi turno viendo liarse a las dos hermanas que en lo que hac&iacute;a con Gadea, pero ella s&iacute; que estaba dispuesta a dar espect&aacute;culo, puso en pr&aacute;ctica todo lo que hab&iacute;amos aprendido con el sexo anal y me calent&oacute; y calent&oacute; hasta conseguir meterme el vibrador por el culo, ni yo misma me lo cre&iacute;a, nunca he vuelto a meterme algo tan gordo en mi agujerito, la vibraci&oacute;n llegaba tan bien a mi vagina que hasta yo dudaba si lo ten&iacute;a insertado en el co&ntilde;o o en el culo. La que no haya tenido uno de esos orgasmos no sabe lo que se pierde, me corr&iacute; agarrada a un pecho de Gadea y hasta creo que sin querer le regal&eacute; un momento de los que a ella le gustaban, porque estruje su pez&oacute;n con mis dedos como si fuese una gominola. Ella no se quej&oacute;.<\/p>\n<p>Hubo un momento de tensi&oacute;n, en cuanto yo me corr&iacute;, me fui al sof&aacute; y le dije a Gadea que llamase a su pr&oacute;xima v&iacute;ctima. Hab&iacute;a cierta indecisi&oacute;n, yo no me lo pod&iacute;a creer.<\/p>\n<p>-Pero bueno, ahora os vais a cortar, despu&eacute;s de comeros la boca en la cocina. Si lo est&aacute;is deseando las dos.<\/p>\n<p>La duda y la aparici&oacute;n de cierta timidez le dio todav&iacute;a m&aacute;s morbo al espect&aacute;culo, yo las animaba y consegu&iacute;a ponerlas todav&iacute;a m&aacute;s cachondas, a Elena tambi&eacute;n le pon&iacute;a el lenguaje soez. Les llam&eacute; de todo y tras un rato morre&aacute;ndose fueron pasando a mayores, Gadea le ofreci&oacute; sus pechos a Elena y esta mamo con vicio de ambos, Elena fue bajando, como con miedo hacia su co&ntilde;o y Gadea se lo abri&oacute; sin dudar para que cenase a gusto. Estuvo m&aacute;s de media hora trabajando en el, yo me puse celosa porque ve&iacute;a en la cara de Gadea un placer loco que yo no le daba, a mitad de todo esto ya me hab&iacute;a corrido otra vez, es que era inaguantable ver como aquella lengua trabajaba arriba y abajo los labios del chocho de Gadea, como masticaba aquellas alas de mariposa, aquellos preciosos pliegues rosaditos que guardaban la entrada a su jard&iacute;n, el cl&iacute;toris asomaba pidiendo ser el protagonista de la traca final. Gadea empez&oacute; a gemir y a quejarse como hac&iacute;a siempre y se corri&oacute; con la lengua de su hermana dentro de ella, mis celos fueron a m&aacute;s porque su hermana simplemente le dio una peque&ntilde;a tregua, beso sus ingles, Gadea levant&oacute; sus rodillas y las junt&oacute; y sujet&oacute; pasando sus dos brazos por detr&aacute;s de ellas y continuaron a por el siguiente. Gadea le pidi&oacute; que le comiese un momento el ojete para recuperarse y a m&iacute; me pidi&oacute; por favor que me ocupase del culo de su hermanita. Obedec&iacute; sin rechistar, llevaba un rato viendo el culo en pompa de Elena y no me parec&iacute;a mala idea, pero es que se estaba tan bien en la butaca, en primera fila, cuando adem&aacute;s al otro lado de la cama hab&iacute;a un enorme espejo en la puerta del armario. El melocot&oacute;n aquel ya no estaba tan rojo y el agujerito apuntaba hacia el cielo, dej&eacute; caer sobre &eacute;l un chorro de saliva y record&eacute; algo. Me baj&eacute; hasta acercar mi boca a la oreja de Elena y susurr&eacute; en su o&iacute;do.<\/p>\n<p>-Me voy a encargar de tu agujerito, pero antes vamos a darle una sorpresa a la guarra de tu hermana, &iquest;sabes lo que la excita?<\/p>\n<p>Le cont&eacute; mi plan y Elena asinti&oacute; con la cabeza. Gadea irgui&oacute; su torso interes&aacute;ndose por nuestro cuchicheo y recibi&oacute; dos escupitajos en toda la cara. Nos llam&oacute; putas y nos dijo que la &iacute;bamos a matar de placer, mientras nosotras descarg&aacute;bamos en su cara hasta la &uacute;ltima gota de saliva que ten&iacute;amos, algunos salivazos entraron directamente en su boca, otros cegaron sus ojos, toda nuestra saliva corr&iacute;a hacia abajo por su cara.<\/p>\n<p>Gadea perdi&oacute; el control y empez&oacute; a suplicarnos que le di&eacute;semos cari&ntilde;ito, se fue al sal&oacute;n y volvi&oacute; con la madera con la que tanto placer le hab&iacute;a dado a su hermana. Yo no sab&iacute;a qu&eacute; hacer, ni falta que hac&iacute;a, porque su hermana agarr&oacute; la tablilla para el incienso y empez&oacute; a golpearla en los muslos, lo hac&iacute;a con una fuerza razonable porque sab&iacute;a que sino yo me asustar&iacute;a. Elena me dijo que me sentase y me relajase. Yo empezaba a ver aquello como normal y hasta consegu&iacute; que me excitase. Definitivamente Elena sab&iacute;a lo que hac&iacute;a, coloc&oacute; a Gadea boca arriba sobre la cama, con las piernas estiradas y las rodillas ligeramente abiertas. Empez&oacute; a golpear la vulva de Gadea con la parte plana de la madera, primero muy suave y poco a poco m&aacute;s y m&aacute;s fuerte, Gadea se retorc&iacute;a de placer, el sonido seco de la madera empez&oacute; a sonarme cada vez mejor y cuando Elena sent&oacute; su co&ntilde;o sobre la cara de Gadea y est&aacute; empez&oacute; a chuparlo me corr&iacute; de nuevo mientras ve&iacute;a como la vulva depiladas de mi novia iba poni&eacute;ndose cada vez m&aacute;s roja.<\/p>\n<p>Elena, de rodillas sobre la cama, estuvo unos minutos moviendo sus caderas con la cabecita de Gadea debajo, casi sentada sobre su cara, aquello ya no era una mamadita de co&ntilde;o porque Elena lo restregaba por toda la cara de su hermana y dej&oacute; de golpearla en el pubis para agarrarse los pezones y zarandear sus tetas. Gadea prefer&iacute;a la madera a su mano, pero a falta de cari&ntilde;ito se hizo una paja mientras su hermana segu&iacute;a embadurnando toda su cara del jugo de su co&ntilde;o. La traca final vino cuando con Elena a punto de correrse su hermana, sin dejar de frotarse, le descarg&oacute; encima toda la Coca-Cola que se hab&iacute;a tomado. Gadea se bebi&oacute; toda la que pudo, yo ya me conformaba con que no se ahogase con la meada. Se corri&oacute; casi inmediatamente, en cambio su hermana vino junto a m&iacute; y me pidi&oacute; por favor que la rematase. Tardo apenas un minuto en correrse, su chocho era como mantequilla.<\/p>\n<p>Cap&iacute;tulo 17<\/p>\n<p>No s&eacute; c&oacute;mo conseguimos meternos las tres en la ba&ntilde;era, pero lo hicimos, tampoco s&eacute; c&oacute;mo pudimos adecentar la cama, pero conseguimos darle la vuelta al colch&oacute;n y comprobamos que la meada no hab&iacute;a llegado al otro lado. Antes de meternos en cama para dormir las tres juntas, Gadea nos dijo que ten&iacute;a que quitarse leche, su cara de vicio lo dec&iacute;a todo. La abeja reina se acost&oacute; en medio y Elena y yo a los lados. Cada una agarramos a dos manos una de aquellas maravillas de la naturaleza y nos metimos la gominola en la boca. Aquella leche, que al principio me excitaba, pero no me gustaba demasiado, se hab&iacute;a convertido en un vicio para m&iacute;, ese sabor dulz&oacute;n me emborrachaba. Ve&iacute;a a Elena chupar su pez&oacute;n y pensaba que nunca conseguir&iacute;a dormirme aquella noche sin dejarme el chocho en carne viva a pajas. Ver a aquella mujer a sus treinta y tres iniciarse en el lesbianismo y el incesto la misma noche y verla enganchada al pecho de su hermana mamando su leche es algo que nunca se ir&aacute; de mi cerebro y que necesitaba gritar an&oacute;nimamente con este relato.<\/p>\n<p>Me gustar&iacute;a poder gritar bien alto, para que todo el mundo me escuche los verdaderos nombres de mi profe y su hermana, el nombre del pueblo gallego donde todo esto ocurri&oacute; e incluso la direcci&oacute;n de aquel edificio semivac&iacute;o donde dimos rienda suelta a nuestros vicios y caprichos durante diez maravillosos a&ntilde;os.<\/p>\n<p>Aquella misma noche, mientras charl&aacute;bamos ya m&aacute;s tranquilas y nos masturb&aacute;bamos sin parar, Gadea sent&oacute; las bases de lo que ser&iacute;a nuestra relaci&oacute;n en los a&ntilde;os por venir. Ella estaba enamorada de m&iacute;, me quer&iacute;a con locura, as&iacute; que Elena solo ser&iacute;a bienvenida una vez a la semana, preferiblemente los s&aacute;bados. Eso s&iacute;, esa noche ella ser&iacute;a la protagonista y nosotras sus esclavas. Si lo hac&iacute;amos bien, se pasar&iacute;a la semana con el co&ntilde;o mojadito esperando que llegase el fin de semana.<\/p>\n<p>Nosotras nos re&iacute;amos con sus ocurrencias, pero lo verdad es que los diez a&ntilde;os siguientes se parecieron mucho a lo que Gadea esboz&oacute; aquella noche. El problema de mi soledad, cuando su marido ven&iacute;a a casa, lo zanj&oacute; asign&aacute;ndole a Elena la tarea de venir a mi casa al menos tres veces por semana a echarme, literalmente, un buen polvo. Se que Gadea, a su manera, me quer&iacute;a de verdad, acab&eacute; entendiendo que mis relaciones con su hermana eran una parte m&aacute;s de lo m&iacute;o con ella, llegu&eacute; a apreciar mucho a Elena, despu&eacute;s de nuestro mal comienzo, pero lo que sent&iacute;a por Gadea era otra cosa.<\/p>\n<p>Lo m&aacute;s incre&iacute;ble es que nos dijo que tendr&iacute;a otro hijo y luego se reducir&iacute;a los pechos y tal que as&iacute; ocurri&oacute;. La verdad es que Gadea sab&iacute;a muy bien lo que dec&iacute;a, tras tener su segundo hijo, aquello sobrepasaba ya todo lo imaginable, gan&oacute; una talla m&aacute;s de sujetador y sus pechos, aunque segu&iacute;an siendo la cosa m&aacute;s morbosa del mundo, le imped&iacute;an hacer una vida normal. En la playa la gente no pod&iacute;a evitar mirar aquello y no los culpo. Aunque engord&oacute; tres o cuatro kilos aquel cuerpecito no se correspond&iacute;a con las dos sand&iacute;as que colgaban de &eacute;l.<\/p>\n<p>Tras la operaci&oacute;n qued&oacute; incre&iacute;ble, segu&iacute;a teniendo un par de pechos de un tama&ntilde;o m&aacute;s que generoso, incluso un poco m&aacute;s que su hermana, pero que desafiaban la gravedad y parec&iacute;an caerse hacia arriba en vez de hacia abajo. Su canalillo mareaba solo de acercarse a &eacute;l.<\/p>\n<p>El tema de los cari&ntilde;itos fui llev&aacute;ndolo lo mejor que pude, Elena y Gadea siempre me negaron haberse acostado juntas antes de nuestra primera noche, pero cuatro o cinco a&ntilde;os despu&eacute;s de conocernos reconocieron haber jugado de j&oacute;venes muchas veces a juegos del tipo apretarse los pezones o ponerse pinzas en los labios del co&ntilde;o. De todos modos, su relaci&oacute;n ha sido incre&iacute;ble desde que yo aparec&iacute; en sus vidas, se quieren como no se hab&iacute;an querido antes y han sido de gran ayuda, la una para la otra, a lo largo del resto de sus vida. Rara vez hablamos de c&oacute;mo se sent&iacute;an con aquella situaci&oacute;n incestuosa, alguna vez Elena coment&oacute; que, al principio, cada vez que ven&iacute;a a casa, sub&iacute;a las escaleras jur&aacute;ndose que era la &uacute;ltima vez que lo hac&iacute;a pero que ser&iacute;a la mejor noche de su vida. Luego se pasaba la semana esperando a echar el &uacute;ltimo otra vez. Gadea, que continu&oacute; siendo el v&eacute;rtice de aquel embrollo, la autorizo a follar con nosotras dos veces por semana cuando se separ&oacute; de su marido a los tres a&ntilde;os. La animamos a buscar nueva pareja, pero ya era tarde, estaba demasiado enganchada a nosotras para perder el tiempo buscando lo que ya le d&aacute;bamos. Gadea nunca perdi&oacute; la obsesi&oacute;n que ten&iacute;a por su trasero y durante a&ntilde;os la anim&oacute; ego&iacute;stamente a coger algo m&aacute;s de peso para que estuviese m&aacute;s a su gusto y, la verdad, las dos disfrutamos horas y horas magreando aquellas nalgas que poco a poco excitaban m&aacute;s nuestro vicio insaciable. Hicimos locuras. Recuerdo noches de verano en que subimos a follar a la azotea bajo las estrellas, todav&iacute;a el olor del ladrillo caliente al sol me transporta a aquellos d&iacute;as.<\/p>\n<p>Por supuesto que hubo malos momentos, sobre todo cuando su marido se quedaba en casa m&aacute;s de lo que a nosotras nos gustar&iacute;a, pero bueno, este no es el lugar ni el momento para recordarlo. Lo siento Gadea, pero nunca entend&iacute; la relaci&oacute;n con el padre de tus dos hijos, siempre fuiste una madre extraordinaria, educaste a tus hijos muy bien, los dos me quieren mucho y todav&iacute;a me llaman t&iacute;a Rosa cuando los visit&oacute;, sobre todo el mayor.<\/p>\n<p>Nunca nadie tuvo idea alguna de nuestra relaci&oacute;n, la verdad ten&iacute;amos much&iacute;simo cuidado.<\/p>\n<p>La rutina es el veneno de cualquier relaci&oacute;n, por muy extra&ntilde;a que esta sea. Con el paso de los a&ntilde;os la segunda maternidad de Gadea, todo fue siendo cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil. Mi trabajo iba bien en pleno boom inmobiliario, pero al acercarme a los treinta y con mis padres empezando a hacer demasiadas preguntas me di cuenta que aquello ten&iacute;a que ir llegando a su fin. Mi hermano les hab&iacute;a dado ya dos nietos y a m&iacute; ni siquiera me conoc&iacute;an novio alguno.<\/p>\n<p>Por desgracia, incluso hoy, un pueblo no es lugar para una chica como yo. Me fui a Coru&ntilde;a y me di cuenta de que una peque&ntilde;a ciudad me lo iba a poner muy dif&iacute;cil tambi&eacute;n. All&iacute; conoc&iacute; una belleza que me tendr&iacute;a entretenida otros diez a&ntilde;os, pero, fuimos valientes y nos fuimos a Barcelona, para m&iacute; la mejor ciudad del mundo.<\/p>\n<p>Confieso que varias veces, en esos a&ntilde;os, la enga&ntilde;&eacute; e hice una escapada para visitar a la familia y pasar una noche con mis dos amigas del alma.<\/p>\n<p>P.D Gadea y Elena, s&eacute; que yo fui el detonante para que ese deseo oculto que ten&iacute;ais la una por la otra se desencadenara. Se que todav&iacute;a os acost&aacute;is en mi piso cada vez que vais a regar las plantas. Quiero deciros que vuestro amor me parece tan limpio y tan verdadero como el que m&aacute;s. Nunca os dej&eacute;is. Para m&iacute; sois la pareja m&aacute;s bonita que he conocido en mi vida.<\/p>\n<p>Espero que os haya gustado el relato, lo he contado como lo recuerdo y como lo sent&iacute;. Lo termino imagin&aacute;ndome que lo leer&eacute;is juntas y me dedicareis el orgasmo. Lo prometido es deuda.<\/p>\n<p>PD. Nunca llegu&eacute; a entenderte L., nunca supe lo que verdaderamente sent&iacute;as por mi ni por tu marido ni por tu hermana. Aunque eso a veces lleg&oacute; a sacarme de quicio ahora s&eacute; que es eso precisamente lo que te hace &uacute;nica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 86<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>11 Para R. y L. 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