{"id":33628,"date":"2022-02-08T23:00:00","date_gmt":"2022-02-08T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-02-08T23:00:00","modified_gmt":"2022-02-08T23:00:00","slug":"recuperando-el-tiempo-perdido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/recuperando-el-tiempo-perdido\/","title":{"rendered":"Recuperando el tiempo perdido"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"33628\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El m&oacute;vil vibr&oacute; sobre la mesita. Reme lo ignor&oacute; y sigui&oacute; intentando alojar los veinti&uacute;n cent&iacute;metros de carne en sus fauces, de tal modo que su boca iba segregando babas sistem&aacute;ticamente al querer acaparar la magnitud del chaval. Una cosa era pretenderlo, y la otra lograrlo, y estaba claro que, por mucho empe&ntilde;o que pusiera, era una proeza impracticable, con lo cual, tras el infructuoso esfuerzo decidi&oacute; relajar sus mand&iacute;bulas y seguir leng&uuml;eteando la cabeza morada. Minutos despu&eacute;s, un potente y sonoro chorro de leche explosion&oacute; en sus labios. Reme abri&oacute; la boca y le aplic&oacute; en&eacute;rgicos meneos al cipote hasta que el joven vaci&oacute; sus reservas, despu&eacute;s lo mir&oacute; a los ojos, cerr&oacute; la boca y se trag&oacute; su esencia. El muchacho, con la cara descompuesta por el placer articul&oacute; una gozosa sonrisa.<\/p>\n<p>&mdash;Menuda mamada, Reme, &mdash;manifest&oacute;, mientras recuperaba el resuello.<\/p>\n<p>Ella lo tom&oacute; como un cumplido, pues el hecho de complacer al yogur&iacute;n le congratulaba, sin mencionar el placer que el joven le dispensaba cada lunes, despu&eacute;s de dejar a sus dos nietos en el colegio. Era una rutina que ven&iacute;a ya cumpliendo rigurosamente durante dos meses y no se la saltaba aunque lloviera, nevara o cayeran chuzos de punta. Con sesenta a&ntilde;os era el mejor sexo del que hab&iacute;a disfrutado jam&aacute;s. Ni siquiera el de sus a&ntilde;os mozos pod&iacute;a compar&aacute;rsele. Una adolescencia marcada por convicciones de unos padres demasiado conservadores, un noviazgo reducido a poco m&aacute;s que besos y alguna que otra caricia m&aacute;s all&aacute; de lo permitido, y por &uacute;ltimo, un marido moralista y sobradamente convencional, fueron excesivas trabas para poder explayarse en el disfrute durante a&ntilde;os.<\/p>\n<p>Diego era uno de los dos inquilinos del piso de abajo. Lo compart&iacute;a con otro compa&ntilde;ero de facultad para que el alquiler resultase m&aacute;s asequible a los padres. Paralelamente, ejerc&iacute;a de vivienda, lugar de estudio, punto de encuentro y picadero, de tal modo que cada lunes se saltaba unas clases que no le interesaban y atend&iacute;a a la casera que le exprim&iacute;a la leche como ninguna ni&ntilde;ata con las que follaba. Su morfolog&iacute;a distaba mucho de la de una top model, ahora bien, sus abundantes carnes todav&iacute;a conservaban las sugerentes curvas como para que Diego se deleitara con su culazo y dos joyas dignas de una corona.<\/p>\n<p>El compa&ntilde;ero de Diego estaba en la facultad a esas horas, y el marido de Reme sal&iacute;a de buena ma&ntilde;ana con el cami&oacute;n de reparto para regresar por la tarde, en tanto que ella acompa&ntilde;aba a los nietos al colegio, disponiendo del resto de la ma&ntilde;ana para deleitarse con el joven que la encumbraba a las m&aacute;s altas cimas del deleite, y despu&eacute;s de m&aacute;s de dos horas del mejor sexo, sub&iacute;a a su piso, cog&iacute;a sus cosas y regresaba con la sonrisa puesta a recoger a los ni&ntilde;os, esperando anhelante la siguiente semana.<\/p>\n<p>Reme se incorpor&oacute;, cruz&oacute; la pierna por encima de Diego y lo mont&oacute;, a continuaci&oacute;n se apoder&oacute; del miembro morcill&oacute;n, le dio unos meneos para endurecerlo y se lo introdujo con cierta dificultad, dada su flacidez. Sin soltarlo de la base inici&oacute; una lenta cabalgada notando como ganaba firmeza en su interior hasta sentirlo completamente r&iacute;gido, luego aceler&oacute; el ritmo progresivamente con movimientos p&eacute;lvicos que se intensificaban por momentos.<\/p>\n<p>El muchacho se apoder&oacute; de las tetas de la madura apret&aacute;ndolas con firmeza, &mdash;como si quisiera orde&ntilde;arlas&mdash;, seguidamente introdujo la cabeza en el canal, quien sabe si para perderse en &eacute;l o para no dejar ning&uacute;n recoveco por lamer. Luego pas&oacute; a sorber y mordisquear los pezones, mientras ella saltaba alegremente sobre una polla impregnada de sus caldos.<\/p>\n<p>Los gemidos de Reme se acentuaron en cantidad, intensidad y volumen en busca del segundo orgasmo de la ma&ntilde;ana, pero el tel&eacute;fono volvi&oacute; a vibrar y le hizo perder la concentraci&oacute;n, y con ello, el cl&iacute;max se escabull&oacute; como una sombra entre la niebla. Despotric&oacute; por lo bajo y reemprendi&oacute; la cabalgada en busca de su placer sin que el m&oacute;vil dejase de importunar.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quieres contestar? &mdash;le pregunt&oacute; Diego.<\/p>\n<p>&mdash;No, &mdash;respondi&oacute; tajante.<\/p>\n<p>&mdash;Puede que sea tu marido, &mdash;a&ntilde;adi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Que le den&hellip; &iexcl;F&oacute;llame! &mdash;le exigi&oacute; d&aacute;ndose la vuelta y coloc&aacute;ndose a cuatro patas.<\/p>\n<p>El muchacho admir&oacute; boquiabierto las insinuantes posaderas completamente a su merced. Se acerc&oacute; con la verga en la mano y la desliz&oacute; en la gelatinosa raja hasta que su pelvis top&oacute; con sus nalgas. Aun gimiendo de gusto, la madura le reclam&oacute; m&aacute;s contundencia con acompasados movimientos de caderas. El joven se dio por aludido y aument&oacute; el ritmo de la c&oacute;pula, con lo que un sonoro chapoteo acompa&ntilde;&oacute; a los jadeos de los dos amantes. El tel&eacute;fono vibr&oacute; de nuevo y se uni&oacute; a la sinfon&iacute;a, a&ntilde;adiendo un nuevo acorde discordante que Reme trat&oacute; de ignorar hasta que las vibraciones provocaron que el aparato se precipitara al suelo. Finalmente dej&oacute; de sonar cuando el impacto hizo saltar la tapa y la bater&iacute;a. Ni siquiera entonces le prest&oacute; atenci&oacute;n, lo &uacute;nico que le interesaba en ese momento era la verga que amartillaba su co&ntilde;o con persistencia y se le clavaba hasta el tu&eacute;tano.<\/p>\n<p>Diego extrajo el miembro y se oy&oacute; un sonoro pedo, a continuaci&oacute;n lo aloj&oacute; entre las nalgas, despu&eacute;s cogi&oacute; cada una de ellas y lo aprision&oacute; desliz&aacute;ndolo repetidas veces por la regata.<\/p>\n<p>&mdash;No me tortures y m&eacute;temela, cabr&oacute;n, &mdash;le recrimin&oacute;.<\/p>\n<p>El muchacho sonri&oacute; sabedor del placer que le daba a su casera, y no puso ninguna objeci&oacute;n para acatar su orden, ahora bien, no lo hizo al pie de la letra. Pos&oacute; el glande en el ano y presion&oacute; ligeramente. Reme se quej&oacute; y emiti&oacute; un leve grito. Era la primera vez que el peque&ntilde;o orificio recib&iacute;a la visita de un invitado. Nunca antes hab&iacute;a considerado practicar el sexo anal, y menos con un hu&eacute;sped de semejante calibre. Sinti&oacute; una punzada de dolor cuando presion&oacute;, y con cada cent&iacute;metro que se adentraba en su interior el tormento se incrementaba.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Para!&#8230; que me haces da&ntilde;o, &mdash;se quej&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Me estabas pidiendo polla, Reme. No me vengas ahora con remilgos, &mdash;le reproch&oacute; obviando sus quejas.<\/p>\n<p>&mdash;Pero no por ah&iacute;, &mdash;grit&oacute; sabedora de que no iba a detenerse y por esta raz&oacute;n apret&oacute; los dientes y aguant&oacute; estoicamente a la tuneladora que pretend&iacute;a abrirse camino en sus esf&iacute;nteres. Cogi&oacute; la almohada y la mordi&oacute; con sa&ntilde;a, hundiendo la cabeza en ella durante un breve periodo de tiempo hasta que un liviano placer asom&oacute; dispuesto a mitigar el suplicio. El joven sac&oacute; la verga del ano y la madura experiment&oacute; cierto alivio, pero s&oacute;lo por un instante. A continuaci&oacute;n, su empotrador escupi&oacute; reiteradas veces en el miembro y se esparci&oacute; la saliva para lubricarlo. Sinti&oacute; el impacto de otro escupitajo en el ano y se la volvi&oacute; a ensartar de forma lenta, pero sin pausas. Reme grit&oacute; de nuevo, a su vez, &mdash;cuando Diego empez&oacute; a percutir&mdash;, un singular placer se asoci&oacute; con el tormento, en espera de que &eacute;ste &uacute;ltimo fuese remitiendo, por lo que asom&oacute; un indicio de goce con la enculada que el ni&ntilde;ato le estaba dando, de tal manera que pronto sus quejas transmutaron en gemidos placenteros.<\/p>\n<p>&mdash;No me digas que no te gusta, Reme, &mdash;articul&oacute; resoplando como un toro.<\/p>\n<p>&mdash;Me has roto el culo, cabr&oacute;n, &mdash;se defendi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Si quieres te la saco&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Ahora ya me has abierto en canal. &iexcl;No pares!<\/p>\n<p>El sonido de unas fuertes nalgadas reson&oacute; en la habitaci&oacute;n y Reme cule&oacute; a ambos lados disfrutando de la sodom&iacute;a. Las nalgadas resonaron con m&aacute;s fuerza y el placer se intensific&oacute;. Diego la cogi&oacute; del pelo a modo de riendas mientras la cabalgaba, y con la otra mano sigui&oacute; atiz&aacute;ndole hasta dejarle la nalga en carne viva. La mujer desliz&oacute; sus dedos por debajo para alcanzar su cl&iacute;toris a fin de incrementar el goce, entonces, el esquivo orgasmo regres&oacute; con renovadas fuerzas haci&eacute;ndola gemir de gusto en una mezcla de placeres de distinta &iacute;ndole. El joven semental la acompa&ntilde;&oacute; en su orgasmo finalizando ambos al un&iacute;sono, y en unos &uacute;ltimos golpes de ri&ntilde;&oacute;n deposit&oacute; los rezagados restos de su simiente en los esf&iacute;nteres de Reme. Despu&eacute;s quit&oacute; el tap&oacute;n y se dej&oacute; caer a un lado sudado y extenuado.<\/p>\n<p>Reme se qued&oacute; tendida boca abajo completamente satisfecha, aunque un poco dolorida.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; me dices? &mdash;pregunt&oacute; &eacute;l, orgulloso de su papel como semental.<\/p>\n<p>No pod&iacute;a negar que lo hab&iacute;a disfrutado, pese al suplicio inicial.<\/p>\n<p>&mdash;Casi me rompes el culo.<\/p>\n<p>&mdash;Pero ha merecido la pena, &iquest;no?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, &mdash;le respondi&oacute; acompa&ntilde;ando su respuesta con un beso afectuoso.<\/p>\n<p>&mdash;No me digas que no merezco un descuento en el alquiler.<\/p>\n<p>&mdash;En verdad te lo mereces, cari&ntilde;o, pero mi marido se dar&iacute;a cuenta, sin mencionar el hecho de que eso significar&iacute;a que estar&iacute;a pag&aacute;ndote por este momento, &mdash;le hizo saber al mismo tiempo que le pellizcaba la mejilla.<\/p>\n<p>&mdash;Pero a ti te encanta, Reme.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Acaso a ti no? &mdash;a&ntilde;adi&oacute; ella.<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto, &mdash;tuvo que admitir. Para &eacute;l tambi&eacute;n era un sexo de diez.<\/p>\n<p>Ella le sonri&oacute; y se levant&oacute; para lavarse. Cuando se sent&oacute; en el bidet unas punzadas en su esf&iacute;nter le recordaron los excesos.<\/p>\n<p>Al regresar vio al joven tumbado en la cama y dispuesto de nuevo haciendo gala de una erecci&oacute;n desproporcionada, mientras su mano sub&iacute;a y bajaba del cimbrel. Reme lo contempl&oacute; y se relami&oacute; el labio superior admirando al efebo que ten&iacute;a a su disposici&oacute;n cuantas veces quisiera, no obstante, ella precisaba de una tregua antes de reanudar la batalla.<\/p>\n<p>Al acercarse a la cama pis&oacute; la tapa del m&oacute;vil que hab&iacute;a ignorado hasta el momento y confi&oacute; en que no se hubiese roto. Puso la bater&iacute;a, despu&eacute;s la tapa y lo encendi&oacute;, introdujo su contrase&ntilde;a y saltaron cuatro mensajes de texto notificando las cuatro llamadas perdidas de su marido y pens&oacute; que deb&iacute;a llamarle por si hab&iacute;a habido alg&uacute;n contratiempo en el viaje, pero antes se sent&oacute; en la cama y respir&oacute; profundamente hasta serenarse.<\/p>\n<p>Diego le cogi&oacute; la mano y la pos&oacute; en su polla erecta al mismo tiempo que sonre&iacute;a ante una situaci&oacute;n que para &eacute;l era hasta graciosa, si bien, a&ntilde;ad&iacute;a el acicate del morbo, ya de por s&iacute; manifiesto. Reme le devolvi&oacute; la sonrisa sin soltar la polla. Puls&oacute; el icono de llamada y a los pocos segundos escuch&oacute; la voz de su marido.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Pasa algo? &mdash;le pregunt&oacute; sin dejar de masturbar al joven.<\/p>\n<p>&mdash;Nada. &iquest;d&oacute;nde est&aacute;s? &mdash;pregunt&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;En casa, &mdash;minti&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Como no cog&iacute;as el tel&eacute;fono&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Estaba sec&aacute;ndome el pelo. No lo habr&eacute; o&iacute;do, cari&ntilde;o, &mdash;se justific&oacute; gui&ntilde;&aacute;ndole un ojo a Diego sin dejar de mecer el falo.<\/p>\n<p>&mdash;Las &uacute;ltimas llamadas me advert&iacute;an de que estabas fuera de cobertura o con el tel&eacute;fono no operativo.<\/p>\n<p>&mdash;Pues no lo s&eacute;. Habr&aacute; un problema de se&ntilde;al. &iquest;Qu&eacute; quieres que te diga? &mdash;a&ntilde;adi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Puedes hacerme un favor?<\/p>\n<p>&mdash;Claro, dime, &mdash;respondi&oacute; con naturalidad.<\/p>\n<p>&mdash;En el escritorio hay una factura que me urge para hacer una entrega. Necesito que me digas el n&uacute;mero.<\/p>\n<p>Reme solt&oacute; el miembro erecto y se incorpor&oacute; r&aacute;pidamente para vestirse. &Eacute;l muchacho sigui&oacute; masturb&aacute;ndose mientras contemplaba su nerviosismo, intuyendo que tendr&iacute;a que terminar la fiesta solo.<\/p>\n<p>&mdash;Dame unos minutos y enseguida te lo digo.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; bien. Espero.<\/p>\n<p>&mdash; Cuelga. Yo te llamo en unos minutos.<\/p>\n<p>&mdash;No. Te espero que voy conduciendo.<\/p>\n<p>&mdash;Ok. Te pongo en manos libres.<\/p>\n<p>Reme ech&oacute; un fugaz e infructuoso vistazo en busca de sus bragas y prescindi&oacute; de ellas. A continuaci&oacute;n se puso la falda, el sujetador, el su&eacute;ter, y por &uacute;ltimo se calz&oacute; los zapatos para despedirse en un silencioso gesto con el cual le comunicaba a Diego que regresaba en breve. Sali&oacute; por la puerta y subi&oacute; por las escaleras para ir m&aacute;s r&aacute;pido.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Vas a decirme el n&uacute;mero o qu&eacute;? &mdash;pregunt&oacute; impaciente.<\/p>\n<p>&mdash;Ya voy, ya voy. No seas impaciente, protest&oacute; al tiempo que abr&iacute;a la puerta. Despu&eacute;s se apresur&oacute; por el largo pasillo en direcci&oacute;n al escritorio.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde est&aacute;? &mdash;pregunt&oacute; antes de entrar en el estudio y escuch&aacute;ndose ella misma a trav&eacute;s del m&oacute;vil, lo cual le ocasion&oacute; cierta perplejidad que se resolvi&oacute; cuando entr&oacute; en la estancia. Su esposo la esperaba sentado, con sonrisa ladina y tel&eacute;fono en mano.<\/p>\n<p>&mdash;En el primer caj&oacute;n de la mesa, &mdash;contest&oacute; se&ntilde;al&aacute;ndoselo, mientras ella quedaba petrificada.<\/p>\n<p>Reme enmudeci&oacute; y, aunque, aparentemente a&uacute;n no sab&iacute;a nada de su adulterio, resultaba evidente que hab&iacute;a mentido de forma desvergonzada.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; haces aqu&iacute;? &mdash;pregunt&oacute; como si fuese &eacute;l el infractor &mdash;por estar all&iacute;&mdash;, y no ella.<\/p>\n<p>&mdash;Estoy en mi casa, &mdash;respondi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y a qu&eacute; ha venido todo ese cuento de la factura?<\/p>\n<p>&mdash;Perm&iacute;teme hacer un poco de teatro, aunque no logre, ni de lejos, acercarme a tu maestr&iacute;a, pero no te preocupes, no voy a escandalizarme, ni a embarcarme en una gresca. Ha sido tu elecci&oacute;n y la respeto.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; est&aacute;s diciendo? &mdash;pregunt&oacute; haci&eacute;ndose la ingenua.<\/p>\n<p>&mdash;No hace falta que disimules. S&eacute; que te follas a nuestro inquilino. Este es el tercer lunes que llevo observ&aacute;ndote, pero quer&iacute;a estar completamente seguro antes de tomar una decisi&oacute;n. Hoy ya te he visto entrar de forma descarada despu&eacute;s de dejar a los ni&ntilde;os, incluso desde aqu&iacute; se escuchaban tus lujuriosos gritos.<\/p>\n<p>Reme qued&oacute; traspuesta. Cualquier excusa que intentara resultar&iacute;a est&eacute;ril e infundada.<\/p>\n<p>&mdash;S&oacute;lo dime una cosa. &iquest;Por qu&eacute;?<\/p>\n<p>Reme proces&oacute; la pregunta e intent&oacute; meditar la respuesta. En el fondo sab&iacute;a que sus motivos justificaban sus actos, pero se decant&oacute; por el silencio.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Responde! Creo que merezco al menos eso, &mdash;le exigi&oacute;, y al ver que continuaba con su mutismo cambi&oacute; de tercio.<\/p>\n<p>&mdash;Encima con un joven que bien podr&iacute;a ser tu hijo, &mdash;dijo con desd&eacute;n. &mdash;&iquest;Por qu&eacute;? &mdash;volvi&oacute; a insistir.<\/p>\n<p>&mdash;No quieras saberlo, &mdash;replic&oacute; por fin.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 El m&oacute;vil vibr&oacute; sobre la mesita. Reme lo ignor&oacute; y sigui&oacute; intentando alojar los veinti&uacute;n cent&iacute;metros de carne en sus fauces, de tal modo que su boca iba segregando babas sistem&aacute;ticamente al querer acaparar la magnitud del chaval. 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