{"id":33691,"date":"2022-02-14T23:00:00","date_gmt":"2022-02-14T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-02-14T23:00:00","modified_gmt":"2022-02-14T23:00:00","slug":"en-los-rios-de-la-patagonia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/en-los-rios-de-la-patagonia\/","title":{"rendered":"En los r\u00edos de la Patagonia"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"33691\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Eran mis pausas m&aacute;s ansiadas. Dos o tres d&iacute;as solo, en alg&uacute;n r&iacute;o de mi amada Patagonia fuera del alcance opresivo de la todopoderosa Red, disfrutando de mi pasi&oacute;n por la pesca. Desde que algunos negocios me llevaron a viajar a la zona con cierta frecuencia, agregaba a mi plan estos recreos solitarios. Acampaba &ldquo;al agreste&rdquo;, es decir fuera de sitios de camping organizados, de manera de no encontrar gente, y mi SUV era lo suficientemente espaciosa para desplegar una bolsa de dormir en su parte trasera, y de esta manera no armar una carpa. Por supuesto, nada de campamento pobre. Me acompa&ntilde;aba siempre una buena provisi&oacute;n de vinos de calidad, charcuter&iacute;a, quesos y habanos. Con mas todo el equipamiento necesario para en confort en la vida al aire libre.<\/p>\n<p>Me hab&iacute;a decidido ese noviembre por un lugar en el r&iacute;o Manso, cerca de su embocadura en el lago Steffen. Buen acceso por autom&oacute;vil (todo terreno, enti&eacute;ndase), y el camping organizado estaba a un par de kil&oacute;metros por la orilla del lago. Nadie que moleste. O eso pens&eacute;. Retornaba de pescar por la tarde y vi una carpa pr&oacute;xima a mi SUV. &ldquo;La puta madre&rdquo; &ndash; pens&eacute; &ndash; &ldquo;porque mierda no se pusieron en otro lado&rdquo;. Me sent&eacute; en un banquito y estaba sac&aacute;ndome mis botas y pantalones de vadeo cuando las veo llegar. Eran tres chicas, bastante j&oacute;venes, unos 18 a&ntilde;os, quiz&aacute;s 19. &ldquo;&iexcl;Hola!&rdquo; me saluda que caminaba adelante. Una morochita tetona y bastante gordita. La segu&iacute;a otra morocha, grandota y tambi&eacute;n algo rellena, y una flacucha carilinda de pelo casta&ntilde;o y ojos color miel, m&aacute;s estilizada, pero de tetas chiquititas. Lara, Karina y Soledad se presentaron. Calzaban zapatos de trekking, pero vest&iacute;an remeras y trajes de ba&ntilde;o debajo (o bikinis, no s&eacute;), cosa esperable con el calor anormal que hac&iacute;a y el d&iacute;a espectacular que terminaba. Tra&iacute;an le&ntilde;a, la cual evidentemente hab&iacute;an ido a recolectar con intenciones de hacer una fogata.<\/p>\n<p>&#8211; Hace mucho calor y el indicador de riesgo de incendio est&aacute; en amarillo chicas. &iquest;No trajeron hornalla port&aacute;til para cocinar? &ndash; Les advert&iacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Uhh no. Vinimos de mochileras y a pie. Con lo indispensable&hellip; &ndash; Respondi&oacute; Lara, la que hab&iacute;a saludado primero y parec&iacute;a llevar la voz cantante del grupo.<\/p>\n<p>&#8211; Ac&aacute; es donde tienen que encenderlo. &ndash; Les mostr&eacute; un lugar adecuado en claro que separaba mi auto de su carpa, y les ayud&eacute; a improvisar un fog&oacute;n y encenderlo.<\/p>\n<p>Conversamos un poco. Eran de Rosario. Hab&iacute;an planeado esta experiencia para el verano anterior, pero se les hab&iacute;a postergado por diversos motivos. Lara y Karina eran sociables, pero vocingleras. Hasta ruidosas. Soledad era como su nombre, m&aacute;s retra&iacute;da y callada.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Bueno, ya que encontramos un nuevo amigo con auto, quiz&aacute;s vino aprovisionado de algo de alcohol para compartir en este lugar so&ntilde;ado! &ndash; dice Karina con poca sutileza.<\/p>\n<p>&#8211; El alcohol no es para menores &ndash; contest&eacute; lo primero que se me ocurri&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Ya tenemos 18! &iexcl;La birra por un pete era el a&ntilde;o pasado en Villa Gesell! &ndash; dice algo desaforada Lara. Hab&iacute;a escuchado de eso, pero lo pensaba un mito. En los municipios de la costa se hab&iacute;an puesto muy estrictos con la venta de alcohol, y se dec&iacute;a que en la madrugada, las chicas pasadas de vueltas hac&iacute;an este ofrecimiento a los chicos que por edad ya pod&iacute;an comprar una cerveza sin problemas. Fuera cierto, o fuera solo a la verborragia desenfrenada de Lara (m&aacute;s probablemente esto &uacute;ltimo), ya la situaci&oacute;n me molestaba.<\/p>\n<p>&#8211; Pero esto es vino &ndash; conteste m&aacute;s por enojo que por lascivia.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Epa! &iexcl;Suena buen negocio! &ndash; se envalentona Karina.<\/p>\n<p>&#8211; OK, pero yo elijo. &ndash; Y la miro a Soledad, que se pone colorada como un tomate sin decir palabra.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Dale, amiga! &iexcl;Si habr&aacute;s chupado pija en un auto! Ac&aacute; en el para&iacute;so &iquest;Qu&eacute; problema? &ndash; La guarrada fue de Lara.<\/p>\n<p>En silencio, soledad camin&oacute; hacia m&iacute;, y me tom&oacute; de la mano, como para continuar hasta el bosque.<\/p>\n<p>&#8211; Hay una mesa plegable &ndash; le digo a Lara se&ntilde;alando mi auto &ndash; Copas y vasos en la caja negra. El vino en la heladerita. Abr&iacute; primero el Malbec de la etiqueta naranja y no se lo terminen.<\/p>\n<p>Nos adentramos con Soledad entre los &ntilde;ires. El a&ntilde;o corr&iacute;a hacia el solsticio de verano, y a pesar de la hora el sol, ya escondido tras los Andes al oeste, irradiaba una luminosidad persistente. El bosque nos envolvi&oacute; en su silencio. El aire estaba inm&oacute;vil en el atardecer. Encontr&eacute; un tronco ca&iacute;do para recargarme, y la mir&eacute; a los ojos.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Est&aacute; bien? Si no, no importa.<\/p>\n<p>&#8211; Esta bien. &ndash; reforz&oacute; la afirmaci&oacute;n poni&eacute;ndome la mano en la verga. &ndash; t&iacute;mida puede ser. Santa ni cerca.<\/p>\n<p>Se arrodill&oacute; en el suelo blando, me baj&oacute; la ropa, y comenz&oacute; a chuparme con suavidad. Y bastante destreza. Poco demor&oacute; mi pene en reaccionar a sus cari&ntilde;os. Le acarici&eacute; suavemente el pelo, pero el sentimiento era extra&ntilde;o. La conexi&oacute;n no era con ella. O al menos no solamente con ella. Los &ntilde;ires nos acog&iacute;an en un espacio a la vez infinito e &iacute;ntimo. Solo nos hac&iacute;an llegar atenuado el m&aacute;gico sonido del r&iacute;o pr&oacute;ximo. La sinton&iacute;a entre el entorno y el instinto primitivos fue una caja de resonancia que multiplic&oacute; mi placer a niveles que me eran desconocidos. No s&eacute; cu&aacute;nto tiempo estuvimos, Soledad no hizo pausa alguna en los est&iacute;mulos que me dispensaba. Menos aun cuando percibi&oacute; mi cl&iacute;max aproximarse, el cual me lleg&oacute; punzante y sublime. Se llev&oacute; consigo hasta la &uacute;ltima gota de mi simiente, y volvimos de la mano al claro.<\/p>\n<p>Lara y Karina ya hab&iacute;an dado cuenta de media botella, y tambi&eacute;n hab&iacute;an preparado una picada con salames, quesos y otros embutidos saqueados de mi camioneta. Junto a la mesa hab&iacute;an desplegado mis dos sillas plegables, y el banquito.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, &iexcl;por fin! &ndash; dice Lara &ndash; &iquest;No ten&eacute;s otra silla? Alguno va al piso me parece.<\/p>\n<p>&#8211; Sole puede sentarse en mi falda. &ndash; dije &#8211; Algo de intimidad ya compartimos. &ndash; bromee y re&iacute;mos todos.<\/p>\n<p>La noche se fue cerrando a la luz del fog&oacute;n, mientras com&iacute;amos y beb&iacute;amos. Y beb&iacute;amos m&aacute;s. En particular Lara y Karina, cada vez m&aacute;s locuaces y verborr&aacute;gicas. Ambas ya acusaban cierto grado de ebriedad. Y yo, bueno, resulta que el culito de Soledad solo cubierto por su bikini, apoyado sobre mi falda a su vez solo cubierta por el pantal&oacute;n de tela fina de secado r&aacute;pido, hab&iacute;a hecho que despertara nuevamente el inter&eacute;s de mi alter ego. Cada tanto se incorporaba una poco para alcanzar o alcanzarme cosas de la mesita, y ese vaiv&eacute;n, lo exageraba mucho m&aacute;s de lo necesario, no solo enterada sino tambi&eacute;n interesada, en mi situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Me est&aacute;s matando. &ndash; le susurro al o&iacute;do &ndash; necesito acomodarme un poco.<\/p>\n<p>Se levanto a recargar de vino su copa y yo me desabroch&eacute; el pantal&oacute;n y corr&iacute; un poco para abajo mi calzoncillo. Mi erecci&oacute;n se acomod&oacute; apuntando a mi ombligo. Soledad se volvi&oacute; a sentar sobre m&iacute;, pero ahora con mi verga en contacto con la tela de su bikini. Tibia en esa parte. Nada vieron sus amigas que estaban apenas del otro lado de la mesa. La oscuridad ya lo imped&iacute;a, y la bebida que hab&iacute;an consumido m&aacute;s. Por lo que acto seguido mi mano termin&oacute; sobre la pierna de ella, y pronto acariciaba su parte interna. Llegu&eacute; hasta su conchita mojada, y la acarici&eacute; primero sobre su bikini, para despu&eacute;s correr el el&aacute;stico y buscar su cl&iacute;toris. Su respuesta instant&aacute;nea fue un estremecimiento de placer.<\/p>\n<p>&#8211; Met&eacute;mela &ndash; me susurra.<\/p>\n<p>Soledad se incorpor&oacute; nuevamente sobre la mesa, esta vez para rellenar mi copa. Le corr&iacute; la tanga con mi izquierda, con mi derecha apunt&eacute; mi verga. Buscamos entre ambos su entrada lubricada, y de un movimiento se sent&oacute; sobre ella, sus piernas cruzadas entre las m&iacute;as abiertas. Nos quedamos as&iacute;, conectados, por lo menos por la siguiente hora, mientras segu&iacute;amos conversando y bebiendo alegremente los cuatro. Solo hac&iacute;amos los m&iacute;nimos movimientos para mantener mi erecci&oacute;n. Ocasionalmente un poco m&aacute;s cuando ella volv&iacute;a a servirnos vino el cual sabore&aacute;bamos lentamente, como nuestro coito escondido. No era el caso de Karina y Lara quienes ya estaban lisa y llanamente borrachas. Tambaleantes, se apartaron un poco para ir al ba&ntilde;o, y se arrastraron dentro de la carpa para dormir. Sigui&oacute; con la vista a sus amigas entrar en la carpa, y cuando la &uacute;ltima lo hizo le bes&eacute; la oreja desde atr&aacute;s y le dije &ldquo;mir&aacute; al cielo&rdquo;. En una noche sin luna, a kil&oacute;metros de la contaminaci&oacute;n lum&iacute;nica, la v&iacute;a l&aacute;ctea se nos mostraba como lo hac&iacute;a a los hombres antiguos. La maravilla de la esfera celeste, la embriaguez del alcohol, y la tensi&oacute;n de la carne excitada nos sumieron en un &eacute;xtasis est&aacute;tico por varios minutos m&aacute;s.<\/p>\n<p>&#8211; No quiero cortar el clima. &ndash; me dice &ndash; pero hace rato necesito ir al ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>&#8211; Yo tambi&eacute;n. Vamos al rio, as&iacute; tambi&eacute;n nos limpiamos un poco. Hay una cuenta que tengo que saldar con vos.<\/p>\n<p>Busque una linterna y caminamos hasta el r&iacute;o. Nos aliviamos y nos lavamos con el agua helada. Volvimos semidesnudos hasta el campamento, la hice sentar a Soledad en la silla, y le di un buzo para abrigarse. Esta vez yo me arrodill&eacute; para chuparla. Sub&iacute; lento por sus rodillas hasta su entrepierna, recorriendo su piel erizada por el fr&iacute;o. En su pubis se sent&iacute;a un vello tenue. Sin dudas depilado habitualmente, acusaba ya cierto descuido producto del viaje. Sabore&eacute; su vagina deliciosa, h&uacute;meda todav&iacute;a con el agua fresca del r&iacute;o, pero tambi&eacute;n con sus fluidos c&aacute;lidos. Jadeaba y gem&iacute;a muy suave. En la penumbra vi su cabeza inclinada hacia atr&aacute;s. Miraba al cielo estrellado. Con delicadeza, hasta casi con indiferencia, su cuerpo gravit&oacute; hacia el orgasmo. Este lleg&oacute; en silencio, con sus piernas atrapando mi cabeza, con espasmos en su bajo vientre y su cuerpo arqueado hacia adelante. Me liber&oacute; del abrazo de sus muslos, y me incorpor&eacute;, para abrazarla y besarla por primera vez.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Lindo? -pregunte<\/p>\n<p>&#8211; Siii&hellip; &#8211; tiritaba en mi abrazo, ahora de frio.<\/p>\n<p>&#8211; Vamos al auto.<\/p>\n<p>Entramos a la parte trasera de mi SUV, la cual cerrada conservaba algo del calor de la tarde, y con el de nuestros cuerpos pronto tuvo una temperatura agradable. Encend&iacute; una peque&ntilde;a luz a bater&iacute;a, y sobre la colchoneta que ten&iacute;a extendida, nos quitamos el uno a lo otro lo que nos quedaba de ropa en el confinado espacio. Bes&eacute; sus tetas peque&ntilde;as y sus pezones duros. Se acomodo abajo m&iacute;o, y pronto estaba en su interior nuevamente, en un misionero lento y suave. Delicado, como su cuerpo y como su personalidad. No tuve noci&oacute;n del tiempo, pero en un momento sus piernas que envolv&iacute;an mi cintura, sus brazos que envolv&iacute;an mi espalda, y su bajo vientre que acog&iacute;a el m&iacute;o me contaron de su nuevo cl&iacute;max. Hice una pausa, me sal&iacute; y la puse boca abajo. De rodillas y horcajadas sobre sus muslos, con la zanja de sus piernas de gu&iacute;a y un poco de su ayuda, mi glande pudo ubicar de nuevo su entrada, y me volv&iacute; a sumergir en el calor de su interior. En la tenue luz, sabore&eacute; con mi vista y con mis manos sus formas m&aacute;s hermosas, mientras mi pene aumentaba la frecuencia de los pulsos de placer que me enviaba, hasta que estos se fundieron en uno y me sal&iacute; para dejarle mi eyaculaci&oacute;n en sus nalgas. Nos dormimos, desnudos y abrazados, acunados por canto del r&iacute;o, y el silencio del bosque.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Eran mis pausas m&aacute;s ansiadas. Dos o tres d&iacute;as solo, en alg&uacute;n r&iacute;o de mi amada Patagonia fuera del alcance opresivo de la todopoderosa Red, disfrutando de mi pasi&oacute;n por la pesca. Desde que algunos negocios me llevaron a viajar a la zona con cierta frecuencia, agregaba a mi plan estos recreos solitarios. 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