{"id":33719,"date":"2022-02-17T17:29:22","date_gmt":"2022-02-17T17:29:22","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-02-17T17:29:22","modified_gmt":"2022-02-17T17:29:22","slug":"vuelo-nocturno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/vuelo-nocturno\/","title":{"rendered":"Vuelo nocturno"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"33719\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Nunca me han gustado los instantes previos a volar. Esos en los que hay lidiar con u&ntilde;as y dientes ante el asedio de decenas de pasajeros agolpados intentando ocupar un asiento, como si en realidad, alguien fuese a quedarse sin &eacute;l. Es uno de los inconvenientes de viajar en clase turista, que hay que ir buscando huecos donde los haya y donde te dejen. En ese sentido es mejor viajar sola, ya que, maldita gracia que debe dar el viajar en asientos dispersos.<\/p>\n<p>Al cruzar la puerta de embarque la azafata nos va saludando de forma individual. Soy de las &uacute;ltimas en entrar, y como era de esperar, ya no quedan asientos libres, excepto uno al lado de una madre con su hijo de ocho a&ntilde;os, por lo que maldigo mi suerte, maldigo a la madre, pero sobre todo, al hijo, habida cuenta de que, si ya de por s&iacute; aborrezco a los ni&ntilde;os, el hecho de viajar con ellos me provoca ansiedad. De ah&iacute; que, si no quer&iacute;a caldo, ah&iacute; van tres tazas.<\/p>\n<p>Trato de acoplar mi maleta de mano en el compartimento, pero no lo logro por falta de espacio. Al parecer soy la &uacute;nica que queda por hacerlo y percibo que cada una de mis acciones est&aacute; siendo analizada, como si fuese yo la atracci&oacute;n del lugar, despu&eacute;s de superar ese instante de estr&eacute;s en el que cada cual ha batallado por hacerse con su sitio. Seguidamente, le sucede ese otro momento que nos indica que ya podemos respirar tranquilos porque no nos vamos a quedar en el suelo. Es entonces cuando ya podemos echar un vistazo a nuestro alrededor para fijarnos en quienes son nuestros vecinos y qu&eacute; hace cada uno de ellos. Nos cambia la cara y el rictus mortis le entrega el cetro a las risas distendidas.<\/p>\n<p>En cuanto a m&iacute;, sigo pele&aacute;ndome con la maleta de mano sin lograr encastrarla, y viendo mis infructuosos esfuerzos, la azafata acude en mi ayuda, de tal modo que cambia la ubicaci&oacute;n de algunas bolsas de mano para que encaje todo como en un tetris, y despu&eacute;s de agradec&eacute;rselo, ocupo mi lugar junto al pasillo, al lado de la madre de un ni&ntilde;o que parece ahora interesado en mirar por la ventana en espera de que el avi&oacute;n levante el vuelo. Me mira un instante y me sonr&iacute;e con un gesto que a mi me resulta maquiav&eacute;lico, pues me hago una idea del viaje que me espera.<\/p>\n<p>Intentando ver la parte positiva, (si es que existe), mi butaca est&aacute; al lado de su madre. La saludo con un &ldquo;buenas tardes&rdquo; y ella me responde al saludo acompa&ntilde;&aacute;ndolo con una amable sonrisa que a mi me cuesta gran esfuerzo devolverle, dadas las circunstancias.<\/p>\n<p>Por fin estoy en mi poltrona. Ahora es a m&iacute; a quien me toca hacer ese reconocimiento visual. Miro a mi alrededor. Todo el mundo parece dichoso, pendientes de que el avi&oacute;n despegue. La azafata nos informa de los pasos a tener en cuenta en caso de que hubiese alg&uacute;n incidente, aunque, siempre he pensado que, en caso de que el avi&oacute;n se venga abajo, de poco, o de nada nos servir&iacute;an los consejos de la encantadora azafata, pero es el protocolo y todos escuchamos atentamente.<\/p>\n<p>Minutos despu&eacute;s estamos volando y en pocos segundos las ciudades se empeque&ntilde;ecen hasta que poco a poco se convierten en peque&ntilde;os puntos luminosos. Me coloco los cascos para evadirme del revuelo que est&aacute; armando el mocoso, as&iacute; como del bullicio de esos primeros compases, y poco despu&eacute;s, la m&uacute;sica relajante me ayuda a conciliar el sue&ntilde;o, pese al alboroto existente.<\/p>\n<p>Al cabo de una hora abro los ojos y compruebo que ya es noche cerrada y que la calma se ha adue&ntilde;ado del lugar. El ambiente est&aacute; en penumbra, iluminado tan s&oacute;lo por la luz mortecina de los pilotos. Parece que ha dejado de reinar el caos y es el silencio el que toma el relevo, roto &uacute;nicamente por el amortiguado ruido de los motores y determinadas respiraciones de alg&uacute;n que otro pasajero.<\/p>\n<p>Vuelvo la vista a mi derecha y me doy cuenta de que un hombre de unos sesenta a&ntilde;os me mira, asiente y me sonr&iacute;e. Yo le devuelvo el saludo escoltado por una afable sonrisa. Su mujer duerme pl&aacute;cidamente al otro lado con la boca abierta con el consiguiente peligro de que una intr&eacute;pida mosca se aventure al interior. Despu&eacute;s me doy la vuelta, enciendo mi e-book y retomo el cap&iacute;tulo donde lo dej&eacute; la &uacute;ltima vez.<\/p>\n<p>Hago un inciso en la lectura y caigo en la cuenta de que ma&ntilde;ana cumplo cincuenta y con toda seguridad, seguro que en casa ya tengo una fiesta preparada para la ocasi&oacute;n, tanto por parte de mi marido, como por la de mi hija. Con el ajetreo de la feria, no he tenido mucho tiempo de echarlos de menos. Es ahora cuando tengo ganas de abrazarlos, sobre todo a mi esposo y estoy deseando celebrarlo por todo lo alto. Un poco de jazz para amenizar la velada, una copa de vino para enardecer el &aacute;nimo y unas velas para que nos envuelvan en esa atmosfera rom&aacute;ntica que tanto echo de menos. Es lo que pulula por mi cabeza cuando algo me lleva a voltearla y contemplo a mi vecino observ&aacute;ndome con descaro, sin apartar su mirada y sin dejar de sonre&iacute;rme, y eso me causa cierta incomodidad, pero no hago demasiado caso, lo ignoro y retomo la lectura sin acordarme de lo que hab&iacute;a le&iacute;do con anterioridad a causa del acoso visual al que sigue someti&eacute;ndome ese individuo. Me volteo de nuevo, movida por la indignaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n por la curiosidad, y advierto como se est&aacute; sobando la entrepierna a trav&eacute;s del pantal&oacute;n, al mismo tiempo que su observaci&oacute;n ha pasado de indiscreta a ser lasciva, y tengo que apartarle de nuevo la mirada, abrumada por la perturbadora situaci&oacute;n. Decido no montar en c&oacute;lera, ni otorgarle excesiva importancia al suceso, e intento centrarme en lo m&iacute;o, aunque me resulta dif&iacute;cil, pensando que seguramente el degenerado seguir&aacute; con sus tocamientos.<\/p>\n<p>Es un tipo de lo m&aacute;s normal, de pelo canoso y unas pronunciadas entradas con las que pronto tendr&aacute; que hacer malabares para tapar la coronilla. Lleva pantalones de pinzas de lo m&aacute;s cl&aacute;sicos y una camisa en tonos grises. No es ni alto ni bajo, ni guapo ni feo. Es un tipo de aspecto bastante ordinario, dir&iacute;a que con poco gusto y escaso refinamiento. Luce una ligera panza, propia de su edad, y su mujer, ajena a la conducta de su marido, disfruta de un sue&ntilde;o profundo e insondable.<\/p>\n<p>Escucho el ruido de su cintur&oacute;n e intuyo lo que eso significa, y no doy cr&eacute;dito. No quiero darme la vuelta, ni seguirle el juego a ese degenerado. Estoy a punto de llamar a la azafata para advertirle del comportamiento irrespetuoso del pasajero de al lado cuando oigo una especie de siseo llam&aacute;ndome. En un primer momento lo ignoro hasta que lo hace reiteradas veces. Entonces me doy la vuelta y observo como balancea su miembro de un lado a otro, y no s&eacute; si apartar la mirada o recrearme viendo el vaiv&eacute;n de aquel p&eacute;ndulo oscilante. Mi sentido com&uacute;n hace que me decante por lo primero. Pienso que la osad&iacute;a del gach&oacute; no tiene parang&oacute;n. Su conducta la considero pueril, pero de nuevo, mi curiosidad, y por qu&eacute; no decirlo, tambi&eacute;n el morbo, me obliga a darme la vuelta otra vez.<\/p>\n<p>El hombre me observa con mirada imp&uacute;dica. Me saca la lengua en un gesto obsceno sin dejar de masajear su polla. Mi mirada se descuelga hasta ella y advierto lo gorda que es. No es excesivamente larga, pero su di&aacute;metro es el de un ob&uacute;s con una cabeza morada y completamente descapullada. El sujeto se la coge de la base y me la muestra en toda su magnitud. Es una polla adornada de gruesas venas y otros capilares menores que se ramifican a lo largo del tronco. A continuaci&oacute;n, el fulano aprieta la bolsa que le cuelga haciendo gala de unos desmedidos huevazos similares a dos pelotas de pin pon.<\/p>\n<p>No s&eacute; que cara debo de haber puesto, si de sorpresa, de fisgona voyeur, o de zorra hambrienta porque ahora est&aacute; masturb&aacute;ndose para m&iacute; a modo de ofrecimiento, de tal modo que parece que he pasado del repudio al morbo, y del morbo a querer coger ese pedazo de carne que me hace olvidar que soy &ldquo;vegetariana&rdquo;, hablando en t&eacute;rminos conyugales. El sesent&oacute;n aparenta haberse percatado de ello y enfunda su herramienta, se abrocha el cintur&oacute;n y se dirige al lavabo haci&eacute;ndome una se&ntilde;al para que lo siga.<\/p>\n<p>Me quedo un instante indecisa sin saber qu&eacute; hacer, pues nunca me he visto en una tesitura tan surrealista como &eacute;sta. Hace un instante estaba pensando en celebrar mi aniversario con romanticismo, y ahora, la desfachatez de un individuo de lo m&aacute;s ordinario y diez a&ntilde;os mayor que yo me ha puesto cachonda exhibiendo un puntal que bien podr&iacute;a abrirme en canal. Me debato entre mis instintos primarios y la cordura y conduzco mi mano por dentro de la falda hasta alcanzar mi sexo para comprobar que mi dedo patina por la regata y alcanza el bot&oacute;n, y como si al tocarlo hubiese pulsado el mando de arranque, me levanto movida por el deseo, obviando por tanto la sensatez que me manten&iacute;a pegada a mi asiento y soslayando el romanticismo. Cojo mi bolso y enfilo con paso vacilante hasta el lavabo. Miro hacia atr&aacute;s y compruebo que todos duermen, a continuaci&oacute;n echo la cortina y golpeo la puerta con suavidad. Inmediatamente se abre y el extra&ntilde;o me hace pasar al reducido espacio. Despu&eacute;s la cierra, me sienta en el trono y desabrocha su pantal&oacute;n mostr&aacute;ndome de nuevo el garrote. Ahora me da la impresi&oacute;n de que viajo en zona vip y tengo asiento de primera fila con un primer plano de la polla nervuda. El fulano coge mi mano, observa el anillo y una ladina sonrisa se le dibuja en la cara. Imagino lo que piensa, pero no dice nada, en su lugar, la conduce al tronco y yo lo aferro con decisi&oacute;n. La tiene tan dura que puedo apretar sin temor a lastimarle. Mi mano viene justa para aferrar el per&iacute;metro del cilindro y empiezo a menearlo sin dejar de mirar cada vena y cada relieve de la vigorosa polla. Mis fosas nasales se embriagan de su aroma y abro la boca deseosa.<\/p>\n<p>El hombre contempla con cara desencajada como le masturbo, y al mismo tiempo que le miro, paso mi lengua por la cabeza morada para saborearla unos instantes. A continuaci&oacute;n, abrazo el glande con la boca e inicio una mamada, mientras con una mano aferro el tronco desde la base y con la otra aprieto sus huevos hinchados, emprendiendo una felaci&oacute;n digna de la mejor profesional, hasta que en un arrebato es &eacute;l quien quiere tomar las riendas. Me coge por detr&aacute;s de la cabeza y empieza a follarme la boca con vehemencia, como si pretendiera desencajarme la quijada, con lo cual, las babas resbalan de mi boca sin contenci&oacute;n.<\/p>\n<p>Mi co&ntilde;o hace aguas y noto como mis flujos impregnan mis bragas. Abandono la felaci&oacute;n, muy a mi pesar porque debemos actuar con premura antes de levantar sospechas. Me incorporo. S&eacute; que es una locura, pero el paso ya est&aacute; dado y no hay vuelta atr&aacute;s. Ahora lo que deseo es que me penetre, y el sesent&oacute;n parece adivinar mis pensamientos. Me da la vuelta de forma brusca, me levanta la falda y me baja las bragas hasta las rodillas. Yo me las termino de quitar con los tacones. Me apoya contra la pared del reducido espacio, apoyo mi brazo en la puerta y con la otra mano me sujeto la falda e inmediatamente me coloca la polla entre las nalgas mientras tira de mi cabello y me habla al o&iacute;do.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;P&iacute;deme que te folle, zorra! &mdash;me dice.<\/p>\n<p>No me gusta como me habla, pero tampoco quiero renunciar a que me la meta, de modo que ignoro sus insultos y le sigo el juego al degenerado solicit&aacute;ndole que lo haga.<\/p>\n<p>No se hace mucho de rogar. Posa el glande en mi raja e inmediatamente lo noto horad&aacute;ndome y tratando de abrirse paso hacia las profundidades. Yo separo ligeramente las piernas e inclino mi trasero para facilitarle la labor. Apoyo mis manos en la puerta y apalanco mis pies. La abundante lubricaci&oacute;n de mis flujos permite que se adentre por completo, aun as&iacute;, la sensaci&oacute;n es la de que me va a partir por la mitad, pero nada m&aacute;s lejos de eso. Poco a poco, mi co&ntilde;o se adapta al calibre y empiezo a gozar de las embestidas del energ&uacute;meno bufando como un toro en celo. Por mi parte, intento refrenar mis jadeos. Siento la necesidad de jadear, de gritar y dejarme llevar por el placer, sin embargo, no puedo explayarme como me gustar&iacute;a.<\/p>\n<p>Muerdo mi mano para no gritar y el resopla en mi o&iacute;do como un miura embanderillado. Siento la presi&oacute;n de su cuerpo aprision&aacute;ndome contra la puerta, del mismo modo que mi cara est&aacute; completamente perpendicular, de tal manera que el exaltado energ&uacute;meno me muerde y me besa, presa del delirio, en tanto que su polla pistonea de forma despiadada una y otra vez dentro de mi co&ntilde;o, en consecuencia, siento unas ganas de orinar apremiantes combin&aacute;ndose con la gestaci&oacute;n de un orgasmo que empieza a irrumpir en mis bajos, y en pocos segundos invade mis sentidos, de manera que tengo que morderme la mano con sa&ntilde;a para no gritar de gusto, en tanto que mi atacante empieza a soltar lastre entre resuellos y un extenso repertorio de improperios.<\/p>\n<p>Noto su leche golpeando en mi &uacute;tero y mi placer se intensifica, con lo que siento la necesidad de sacarme la polla que me va a reventar las entra&ntilde;as, y en un movimiento brusco me deshago de ella, y por ende, la orina se me escapa de forma incontrolada, al mismo tiempo que el orgasmo se prolonga durante unos segundos m&aacute;s entre temblores de piernas y gritos contenidos que intento atenuar con la mano.<\/p>\n<p>La descarga ha sido salvaje e irracional. No s&eacute; si por haber estado un mes en dique seco, por el morbo impl&iacute;cito o por el garrote que casi me parte en dos mitades. Lo cierto es que no me tengo en pie y me veo obligada a sentarme en el W.C. y con ello vuelvo a tener un primer plano de la polla nervuda a la altura de mi cara, pero esta vez perdiendo su consistencia. Est&aacute; pringosa y reluciente de tantos fluidos y el hombre la restriega por mi boca con el prop&oacute;sito morboso de que se la limpie. Lo hago de modo somero porque el morbo y el entusiasmo ya se han esfumado. Paladeo la mezcla de sabores y se me queda un regustillo acibarado. Ahora quiero abandonar el mugriento lugar y alejarme de ese sujeto.<\/p>\n<p>Limpio el estropicio entre mis piernas con papel y una toallita h&uacute;meda, me pongo las bragas, cojo mi bolso y salgo la primera del servicio sin decir nada. Al regresar constato que, afortunadamente todos siguen durmiendo y nadie ha reparado en la contienda que ha tenido lugar en la popa. Vuelvo a mi asiento y compruebo que la mujer de mi follador sigue respirando fuerte ajena a las actividades indebidas de su esposo.<\/p>\n<p>Un minuto despu&eacute;s regresa ufano el marido. Me mira con complicidad y se sienta al lado de su esposa como si tan s&oacute;lo viniese de orinar y con cara de no haber roto nunca un plato, con lo que, cada cual sigue a lo suyo hasta que la agitaci&oacute;n invade paulatinamente el lugar pronosticando el inminente aterrizaje.<\/p>\n<p>Es mi hija la primera que corre a mi encuentro y me abraza. A continuaci&oacute;n lo hace mi esposo y me estrecha entre sus brazos, d&aacute;ndome un beso caluroso y moderado a la vez. &Eacute;l coge la maleta grande y mi hija la peque&ntilde;a. Tenemos mucho que contarnos y son ellos los que me asaltan con sus historias. En ese instante pasa por mi lado mi follador junto a su esposa. Nuestras miradas se cruzan y me quedo un momento absorta haciendo balance de lo acontecido en el avi&oacute;n, mientras escucho taciturna a mis seres queridos sin prestar atenci&oacute;n a sus palabras, hasta que mi marido me saca de mi abstracci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n era ese? &mdash;me pregunta.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;? &mdash;respondo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; qui&eacute;n era ese? &mdash;repite.<\/p>\n<p>&mdash;Nadie, &mdash;respondo retornando a la realidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Nunca me han gustado los instantes previos a volar. 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