{"id":33776,"date":"2022-02-19T23:00:00","date_gmt":"2022-02-19T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-02-19T23:00:00","modified_gmt":"2022-02-19T23:00:00","slug":"una-noche-extraordinaria-con-un-amigo-de-confianza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/una-noche-extraordinaria-con-un-amigo-de-confianza\/","title":{"rendered":"Una noche extraordinaria con un amigo de confianza"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"33776\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 19<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Alfredo era un hombre de piel blanca, cejas pobladas, ojos verdes, ojeras marcadas, cabello azabache, corto y ondulado, barbilla prolija, patillas recortadas, orejas perforadas con aritos, nariz bulbosa, frente desprotegida, mejillas regordetas, labios finos, ment&oacute;n redondeado, cuello corto, hombros anchos, pecho voluminoso, barriga un poco abultada, nalgas fl&aacute;cidas y piernas cortas. Ten&iacute;a treinta a&ntilde;os de edad y med&iacute;a un metro sesenta y cinco. Ten&iacute;a mucho vello en los antebrazos y en las piernas, pero poco en el resto del cuerpo. Ten&iacute;a una voz medio chillona, casi como la de un enano.<\/p>\n<p>La cuarta semana del &uacute;ltimo mes del a&ntilde;o finalmente hab&iacute;a llegado, los trabajadores estaban baldados luego de haber trabajo duramente los &uacute;ltimos once meses, quer&iacute;an tomarse un descanso e irse de vacaciones. Gente de diferentes sectores y diferente posici&oacute;n econ&oacute;mica estaba harta de la misma rutina mon&oacute;tona y aburrida, era tiempo de disfrutar un poco la vida.<\/p>\n<p>Fue durante una tarde del d&iacute;a veintid&oacute;s que Alfredo decidi&oacute; hacer un viaje rel&aacute;mpago antes del feriado del veinticinco. Su primo M&aacute;ximo hab&iacute;a ido a la casa de sus padres (los t&iacute;os de Alfredo), para pasar Nochebuena en familia. &Eacute;l, en cambio, prefiri&oacute; salir a divertirse un poco antes de la desde&ntilde;osa reuni&oacute;n de fin de a&ntilde;o, en la que todos se trataban amablemente (n&oacute;tese la iron&iacute;a impl&iacute;cita) y hablaban entre s&iacute; como si conformasen una familia unida.<\/p>\n<p>Los padres de Alfredo y su medio hermano Rogelio, eran personas pesimistas, retr&oacute;gradas, displicentes y antip&aacute;ticas. Lo &uacute;nico que sab&iacute;an hacer era criticar, desplumar, decir tacos y resaltar defectos ajenos, algo que, por obvias razones, al hijo pr&oacute;digo de la familia no le agradaba. La &uacute;nica raz&oacute;n por la que se reun&iacute;a con sus padres todos los a&ntilde;os era por respeto a su querid&iacute;sima abuela que estaba pisando los noventa a&ntilde;os, persona a la que le ten&iacute;a un especial aprecio.<\/p>\n<p>Alfredo, como todo hombre de su edad, ten&iacute;a pocos amigos de confianza, la mayor&iacute;a de ellos se hab&iacute;a apartado por cuestiones personales. Casi todos sus amigos eran casados y ten&iacute;an hijos, lo cual imposibilitaba que se juntaran como cuando eran adolescentes. La diversi&oacute;n entre amigos era cosa del pasado para ellos, no para &eacute;l que todav&iacute;a se manten&iacute;a soltero y con ganas de salir a divertirse al estilo juvenil.<\/p>\n<p>Dentro de la reducida lista de amigos disponibles, estaban tres personas que quer&iacute;a mucho: Gonzalo, un fan&aacute;tico de la f&oacute;rmula 1 y el motociclismo que viv&iacute;a en el quinto pino; Rom&aacute;n, un repositor que trabajaba de lunes a s&aacute;bado en un mercado ubicado en el centro de la ciudad; Tom&aacute;s, un peluquero y estilista con un gran futuro en la industria de la moda. Ellos tres eran un a&ntilde;o menor que &eacute;l y ten&iacute;an vidas tranquilas, o al menos eso parec&iacute;a.<\/p>\n<p>Rom&aacute;n era un hombre extrovertido, confiable y puntual. Su piel porosa tiraba a moreno, sus ojos eran color caf&eacute;, su extenso cabello rizado de color bruno parec&iacute;a un conjunto de resortes, sus cejas gruesas le cubr&iacute;an la parte alta del rostro, sus orejas grandes y su nariz ancha eran llamativas, no as&iacute; su boca que no ten&iacute;a nada de raro. Ten&iacute;a extremidades gruesas y vientre medianamente inflado, con rollitos de grasa debajo del pecho. Los m&uacute;sculos de la espalda y los hombros los ten&iacute;a bien desarrollados. Ten&iacute;a un metro ochenta y uno y su voz era grave.<\/p>\n<p>Tom&aacute;s era un hombre atractivo, de buena fama y voz de seductor. Ten&iacute;a piel blanca, ojos celestes, cabello rubio recortado en la parte de atr&aacute;s y con flequillos ca&iacute;dos en la parte frontal, cejas finas, nariz peque&ntilde;a, orejas diminutas, labios p&aacute;lidos, una comisura bien marcada, mejillas rojizas, barbilla rectangular y sin vellos, una nuez de Ad&aacute;n apenas visible, cuello enjuto, pectorales firmes, abdomen definido, cintura angosta, brazos de tenista, gl&uacute;teos carnosos, muslos r&iacute;gidos, pantorrillas delgadas y manos huesudas con u&ntilde;as limadas. Su cuerpo estilizado estaba depilado e impecable. Ten&iacute;a un metro sesenta y siete.<\/p>\n<p>Alfredo se hab&iacute;a contactado con Rom&aacute;n para pedirle que lo llevara hasta el casino de Concordia, que quedaba a nueve kil&oacute;metros del barrio en donde viv&iacute;a. Rom&aacute;n no tuvo ning&uacute;n inconveniente en decirle que s&iacute;, acept&oacute; la petici&oacute;n sin problema. A eso de las ocho menos cuarto, sac&oacute; el viejo carro de la cochera: un Peugeot 306 de color azul, de finales del siglo XX. A pesar de tener varios a&ntilde;os de uso, el autom&oacute;vil parec&iacute;a nuevo por lo bien cuidado que estaba.<\/p>\n<p>Alfredo se puso la mejor ropa para aparentar que ten&iacute;a algo de dignidad. Un pantal&oacute;n vaquero de color negro, una camisa gris a rayas, calcetines blancos y zapatillas de color azul marino fue lo que se puso, sin contar el perfume de mediana calidad que se ech&oacute; en el cuello y en las axilas para disimular el olor a traspiraci&oacute;n. Se mir&oacute; en el espejo decenas de veces para cerciorarse de que luc&iacute;a elegante, pod&iacute;a darse la oportunidad de toparse con una bella damisela que le invitase un trago.<\/p>\n<p>La casa que compart&iacute;a con M&aacute;ximo era peque&ntilde;a, con ventanas enrejadas de un metro por un metro, puertas met&aacute;licas, paredes manchadas, techo con goteras y pisos de cer&aacute;mico rugoso. Hab&iacute;a un ba&ntilde;o, una cocina, un living, dos habitaciones, un lavadero y un s&oacute;tano en el interior; hab&iacute;a un patiecito con sendero asfaltado que iba desde la entrada hasta la maltratada vereda, que estaba pegada a una pedregosa calle en p&eacute;simo estado. Era la vig&eacute;sima tercera casa dentro de un barrio residencial en el que todas las viviendas eran parecidas.<\/p>\n<p>Sali&oacute; a estirar las piernas cinco minutos antes, tom&oacute; el celular, ingres&oacute; a internet, cheque&oacute; la distancia a recorrer y los atajos en el mapa de Google. Se apercibi&oacute; de que la mejor forma de llegar al casino era tomando la avenida Sorvieri, la m&aacute;s extensa y estropeada de la ciudad, y luego doblar por una calle en pendiente hasta meterse en el &aacute;rea baja del distrito comercial, atiborrado de lujosos locales que vend&iacute;an productos de excelente calidad. Dado que no hab&iacute;a d&oacute;nde estacionar, ten&iacute;a pensado bajarse a tres cuadras del casino.<\/p>\n<p>Conoc&iacute;a la avenida Sorvieri, m&aacute;s que nada por lo inmunda que era y porque parec&iacute;a una ruta. &Eacute;sta atravesaba algunos barrios poco habitados y zonas boscosas que parec&iacute;an formar parte de un parque nacional. Sabiendo que no servir&iacute;a de nada ponerse a buscar caminos alternativos, lo mejor era tomar esa avenida como fuese. De todas maneras, &eacute;l sab&iacute;a que el coche de Rom&aacute;n aguantaba los caminos m&aacute;s duros, viajes anteriores lo hab&iacute;an demostrado.<\/p>\n<p>Cuando el reloj marc&oacute; las ocho en punto, el veh&iacute;culo apareci&oacute; desde la izquierda, estacion&oacute; a pocos metros de la esquina y baj&oacute; las ventanillas. Alfredo se apresur&oacute; por subirse, tras hacerlo se llev&oacute; una gran sorpresa; un invitado extra se hab&iacute;a sumado al viaje sin previo aviso. Cruzado de piernas y con el cintur&oacute;n de seguridad puesto, Tom&aacute;s se encontraba sentado al otro lado del asiento trasero. Fue extra&ntilde;o volver a verlo luego de tanto tiempo.<\/p>\n<p>Rom&aacute;n ten&iacute;a una chomba azul, pantal&oacute;n vaquero del mismo color y zapatillas deportivas. Tom&aacute;s ten&iacute;a una camisa amarilla ajustada al cuerpo, pantal&oacute;n vaquero de color blanco y un par de mocasines marrones. Se notaba a la legua que el primero no ten&iacute;a planes de salir mientras que el segundo s&iacute;. Ambos ol&iacute;an muy bien y se ve&iacute;an contentos.<\/p>\n<p>Alfredo los salud&oacute; con cortes&iacute;a como siempre, se acomod&oacute; en el asiento, cerr&oacute; la puerta, se coloc&oacute; el cintur&oacute;n de seguridad y se puso a hablar con el pasajero que ten&iacute;a al lado. Despu&eacute;s de casi medio a&ntilde;o de no ver a Tom&aacute;s, se sent&iacute;a muy feliz de tenerlo cerca de vuelta. &Eacute;l le inspiraba confianza y siempre lo hac&iacute;a re&iacute;r. Pese a la clara diferencia de gustos que hab&iacute;a entre los dos, el lazo de amistad se manten&iacute;a intacto.<\/p>\n<p>Tom&aacute;s hab&iacute;a salido del cl&oacute;set hac&iacute;a varios a&ntilde;os, fue durante su vig&eacute;simo primer cumplea&ntilde;os que se llev&oacute; a cabo en el departamento de su expareja. Les confes&oacute; a todos sus amigos que le gustaban los hombres y que no ten&iacute;a ning&uacute;n deseo de ser menospreciado por ello. Para los dem&aacute;s la noticia hab&iacute;a resultado inesperada, aunque no inquiet&oacute; a nadie. Consideraban que siempre y cuando &eacute;l fuese feliz, pod&iacute;a hacer lo que quisiera con su vida.<\/p>\n<p>Alfredo aprovech&oacute; esa oportunidad para hacerle varias preguntas en privado, sin &aacute;nimos de ofenderlo. Tom&aacute;s no ten&iacute;a ning&uacute;n problema en decirle lo que sent&iacute;a por su mejor amigo (expareja) ni por lo que sent&iacute;a por los dem&aacute;s hombres que formaba parte de su c&iacute;rculo de confianza. A sabiendas que de nada serv&iacute;a ocultar la verdad, le cont&oacute; todos sus secretos esa misma noche. &Eacute;l era pasivo, delicado y cari&ntilde;oso. Le atra&iacute;an los osos y los tipos fortachones. Su sue&ntilde;o era convertirse en un estilista de renombre.<\/p>\n<p>Alfredo se lo tom&oacute; con calma, admir&oacute; la osad&iacute;a de Tom&aacute;s al decirle la verdad. No le importaba en lo m&aacute;s m&iacute;nimo que &eacute;l se excitase con otros hombres o que se calentase meti&eacute;ndose objetos f&aacute;licos por el ano, eso era lo de menos, lo importante era que aquel hombre era un buen amigo y merec&iacute;a todo el respeto del mundo.<\/p>\n<p>La parte bochornosa fue cuando Alfredo le confes&oacute; sobre un extra&ntilde;o sue&ntilde;o h&uacute;medo que hab&iacute;a tenido con &eacute;l, d&iacute;as antes de la fecha del cumplea&ntilde;os. Al enterarse de eso, Tom&aacute;s se ech&oacute; a re&iacute;r y le dijo que no se preocupara, que eso era normal, que no pondr&iacute;a en peligro su fr&aacute;gil masculinidad ni que cambiar&iacute;a su orientaci&oacute;n sexual por una somera fantas&iacute;a. A &eacute;l le hab&iacute;a pasado algo similar con el secretario (un hombre transg&eacute;nero) de su primer jefe.<\/p>\n<p>Alfredo se sinti&oacute; m&aacute;s relajado luego de confesarle aquella fantas&iacute;a abstrusa que hab&iacute;a tenido durante una noche confusa, pero que por alguna raz&oacute;n no le pareci&oacute; una escena desagradable. No era la primera vez que so&ntilde;aba que ten&iacute;a sexo con uno de sus conocidos m&aacute;s cercanos, ni tampoco ser&iacute;a la &uacute;ltima. Lo distintivo de aquel sue&ntilde;o fue que se excit&oacute; con otro hombre, algo que no ten&iacute;a sentido siendo que &eacute;l era (supuestamente) heterosexual.<\/p>\n<p>Durante el largo viaje, Tom&aacute;s y Alfredo hablaron como si no se hubieran visto en un lustro, intercambiaron todo tipo de an&eacute;cdotas y chascarrillos. Rom&aacute;n no hablaba, s&oacute;lo escuchaba lo que ellos dec&iacute;an. La enorme paciencia del conductor se mantuvo hasta que un problema en un neum&aacute;tico trasero hizo que el veh&iacute;culo se bamboleara y casi se saliera del carril. Vir&oacute; a la derecha y fren&oacute; como pudo. Estacion&oacute; el auto al costado del camino, en la interminable avenida llena de roturas y cr&aacute;teres.<\/p>\n<p>Al descender del auto, vio que se hab&iacute;a pinchado la goma izquierda de atr&aacute;s, la que hab&iacute;a cambiado poco tiempo atr&aacute;s. Se puso furioso por un momento y maldijo sin timidez. Se agarr&oacute; la cabeza y suspir&oacute; enarbolado. Sac&oacute; del ba&uacute;l una caja de herramientas para poder retirar el neum&aacute;tico de la llanta. No era la primera vez que le pasaba eso, ya sab&iacute;a c&oacute;mo arregl&aacute;rselas.<\/p>\n<p>&mdash;Era de esperar que esto sucediera &mdash;coment&oacute; Tom&aacute;s con tono mordaz y ech&oacute; un vistazo a su tel&eacute;fono.<\/p>\n<p>&mdash;No entiendo por qu&eacute; nunca arreglan esta avenida. &iexcl;Es un desastre! &mdash;se quej&oacute; Rom&aacute;n y se acuclill&oacute; para meter mano en el neum&aacute;tico pinchado.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Espera! &mdash;Alfredo baj&oacute; del auto y se dirigi&oacute; a &eacute;l&mdash;. No te apresures en arreglarlo. Mejor llamemos a Gonzalo para que nos d&eacute; una mano. &Eacute;l est&aacute; libre los s&aacute;bados a la noche.<\/p>\n<p>&mdash;Conozco un sujeto que tiene la gomer&iacute;a a dos kil&oacute;metros. Ir&eacute; a pedirle que me cambie la goma.<\/p>\n<p>&mdash;A esta hora no creo que trabaje &mdash;musit&oacute; con el ce&ntilde;o fruncido, mostrando incredulidad.<\/p>\n<p>&mdash;Es que el tipo me debe un favor. No ser&aacute; problema para m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;En serio no quieres que llame a alguien?<\/p>\n<p>&mdash;Promet&iacute; que te llevar&iacute;a y eso har&eacute;. &mdash;Le dirigi&oacute; una mirada seria e intimidante, como queriendo decirle que no lo fastidiara con m&aacute;s estulticias. Se negaba a romper sus promesas, y con m&aacute;s raz&oacute;n trat&aacute;ndose de amigos de confianza.<\/p>\n<p>Rom&aacute;n estuvo unos cuantos minutos para sacar el neum&aacute;tico de la llanta, lo acomod&oacute; sobre su hombro derecho y les avis&oacute; que volver&iacute;a por ellos cuan pronto pudiese. Les pidi&oacute; que no se desesperaran y que lo esperasen dentro del auto. Alfredo y Tom&aacute;s confiaban en que volver&iacute;a en alg&uacute;n momento, no les molestaba esperarlo un rato. Al fin y al cabo, eso era lo &uacute;nico que pod&iacute;an hacer.<\/p>\n<p>Alfredo se sent&iacute;a culpable por haber escogido el peor camino, Tom&aacute;s le convenci&oacute; de que no serv&iacute;a de nada echarse la culpa por esa tonter&iacute;a. Tarde o temprano, alguno de los neum&aacute;ticos se pinchar&iacute;a. Y aunque fuese el veh&iacute;culo de otra persona, la posibilidad de que ocurriera eso era grande.<\/p>\n<p>&mdash;Nos quedamos varados en medio de la nada &mdash;mencion&oacute; Alfredo, tratando de ver entre tanta frondosidad&mdash;. Ni un poste de luz hay aqu&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;En esta regi&oacute;n no vive nadie y ya veo por qu&eacute; &mdash;habl&oacute; Tom&aacute;s y bebi&oacute; un poco de agua de su botella transparente de medio litro.<\/p>\n<p>&mdash;Hay una luz en la parte del fondo &mdash;dijo y se&ntilde;al&oacute; con la mano derecha hacia el costado del camino&mdash;. Debe ser de alg&uacute;n terreno con due&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;Al menos es algo &mdash;farfull&oacute; Tom&aacute;s y sali&oacute; del auto&mdash;. Esto es una boca de lobo los d&iacute;as sin luna.<\/p>\n<p>&mdash;Vayamos a echar un vistazo. Hace mucho calor dentro del auto.<\/p>\n<p>Dejaron el veh&iacute;culo atr&aacute;s, caminaron por la oscura avenida a trancas y barrancas, tratando de no pisar ning&uacute;n bache. Circularon como cualquier transe&uacute;nte por el averiado asfalto hasta que pisaron el pastoso sendero, rodeado de sauces llorones, que conduc&iacute;a hacia un poste con una l&aacute;mpara incandescente en la parte alta. Un muro de concreto y un tejido firme separaban la parte tupida del terreno, de uno de los lugare&ntilde;os que moraba en qui&eacute;n sabe d&oacute;nde.<\/p>\n<p>&mdash;Debe ser una parcela que alguien compr&oacute;. Es muy peque&ntilde;a para ser una finca completa &mdash;murmur&oacute; Alfredo y se cruz&oacute; de brazos frente a un viejo &aacute;rbol carcomido por insectos xil&oacute;fagos. La copa del mismo cubr&iacute;a el cielo en su totalidad&mdash;. Es la primera vez que vengo aqu&iacute;. Nunca me fijo en el entorno.<\/p>\n<p>&mdash;No pasa nada &mdash;le dijo y manose&oacute; los bolsillos del pantal&oacute;n buscando su tel&eacute;fono. Al no encontrarlo, retorn&oacute; al auto de inmediato, dejando solo a su compa&ntilde;ero de viaje.<\/p>\n<p>Desde ese lugar, apenas se ve&iacute;a la parte trasera del auto. Como no viv&iacute;a nadie en los alrededores, era muy dif&iacute;cil que alguien apareciera para robarse el veh&iacute;culo o alguna de sus partes como suced&iacute;a en los barrios bajos. La casa m&aacute;s cercana estaba a doscientos metros de all&iacute;. El silencio y la paz eran abrumadores, casi insoportables. Para un noct&iacute;vago como &eacute;l, esa noche era ideal para salir.<\/p>\n<p>Apoy&oacute; la espalda sobre el muro, manote&oacute; el tel&eacute;fono y vio que no hab&iacute;an pasado ni cinco minutos desde que Rom&aacute;n se hab&iacute;a ido. Sinti&oacute; la vejiga hinchada y se aproxim&oacute; al &aacute;rbol de al lado para vaciarla. Se baj&oacute; la bragueta, saco su verga fl&aacute;cida y orin&oacute; sobre el oscuro pastizal que rodeaba las ra&iacute;ces de ese &aacute;rbol de &aacute;spera corteza. Se le cruz&oacute; por la mente un recuerdo morboso del pasado y volvi&oacute; a mirar el tel&eacute;fono. Explor&oacute; la galer&iacute;a y seleccion&oacute; fotograf&iacute;as de actrices porno que lo enloquec&iacute;an.<\/p>\n<p>Las mujeres rubias, de cadera ancha, pechos abultados y nalgas gordas, eran sus favoritas. So&ntilde;aba con cogerse alguna culona con dotes angelicales, anhelaba tener de celestina a una de esas mujeres hermosas, o al menos conocerlas en persona. Para un pobre diablo como &eacute;l, eso ser&iacute;a imposible teniendo en cuenta que apenas le alcanzaba el dinero para comer.<\/p>\n<p>Al cortar el chorro de orina, sinti&oacute; un leve cosquilleo en la ingle y decidi&oacute; hacerse una paja r&aacute;pida, de esas que dan poco placer. Guard&oacute; el tel&eacute;fono en el bolsillo, sujet&oacute; la verga con la mano derecha y la sacudi&oacute; hasta hacerla crecer. En menos de un minuto, su oscura longaniza se puso tiesa y alcanz&oacute; los diecinueve cent&iacute;metros de longitud. Apoy&oacute; la mano izquierda en el &aacute;rbol y se paje&oacute; como quien no quiere la cosa. El grueso pedazo de carne se iba poniendo m&aacute;s tenso a medida que se la jalaba.<\/p>\n<p>Cerr&oacute; los ojos por un instante y se imagin&oacute; una escena de sexo entre dos lesbianas cachondas para que la excitaci&oacute;n fuese mayor. La temperatura corporal aument&oacute; y los deseos de eyacular tambi&eacute;n. Estaba cerca de conseguir lo que quer&iacute;a, s&oacute;lo ten&iacute;a que seguir haciendo lo mismo con toda la tranquilidad del mundo. Cuando sinti&oacute; que se iba a venir, escuch&oacute; un ruido y gir&oacute; la cabeza para ver. Tom&aacute;s estaba a pocos metros de distancia, viendo c&oacute;mo se la jalaba.<\/p>\n<p>Aun sabiendo que estaba haciendo algo indebido en un lugar p&uacute;blico, le importaba un comino que alguien apareciese para dec&iacute;rselo. En ese caso, la persona que hab&iacute;a aparecido era alguien de confianza que jam&aacute;s lo mandar&iacute;a al frente por masturbarse en la v&iacute;a p&uacute;blica. Alfredo no sab&iacute;a que a Tom&aacute;s no le molestaba en lo m&aacute;s m&iacute;nimo ver a otros hombres autoestimul&aacute;ndose, ni mucho menos hombres que conoc&iacute;a personalmente.<\/p>\n<p>La mirada sical&iacute;ptica de Tom&aacute;s hablaba por s&iacute; sola. Ver a su amigo masturb&aacute;ndose como si nada no s&oacute;lo le intrigaba, sino que tambi&eacute;n le produc&iacute;a cierto encanto. Desde aquella noche del cumplea&ntilde;os en la que le hab&iacute;a hablado sobre ese sue&ntilde;o h&uacute;medo con &eacute;l, supuso que muy dentro de su corrompida mente masculina, Alfredo quer&iacute;a hacer realidad esa fantas&iacute;a homoer&oacute;tica en alg&uacute;n momento. Esa noche era perfecta para concretar dicho deseo.<\/p>\n<p>&mdash;No pod&iacute;a esperar menos de ti &mdash;le dijo de forma tajante&mdash;. Aprovechas la circunstancia para pajearte.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te molesta? &mdash;le pregunt&oacute; y se detuvo.<\/p>\n<p>&mdash;Todo lo contrario &mdash;le respondi&oacute; y se acerc&oacute; a &eacute;l&mdash;. Me excita.<\/p>\n<p>&mdash;Hombre, no seas c&iacute;nico. Dime que no te gusta y ya.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;En verdad crees que a un gay le disguste ver lo que est&aacute;s haciendo? &mdash;le pregunt&oacute; y se rio.<\/p>\n<p>&mdash;T&uacute; eres una vainilla. No te comportas como los machirulos que conozco.<\/p>\n<p>&mdash;Yo tambi&eacute;n soy un hombre sucio &mdash;asever&oacute; y puso la mano derecha sobre la verga dura&mdash;. Masturbar a otros es algo que me gusta hacer.<\/p>\n<p>Alfredo se dej&oacute; llevar por la vigorosa lascivia y le dio el visto bueno para que le masturbara. Las manos de Tom&aacute;s eran suaves como las manos de una mujer; &eacute;l sab&iacute;a muy bien c&oacute;mo masturbar a otro hombre. Le demostr&oacute; que otro macho pod&iacute;a brindarle el mismo placer que una mujer libidinosa, o incluso m&aacute;s placer.<\/p>\n<p>&mdash;Admito que tienes talento &mdash;se lo dijo a modo de broma&mdash;. Se nota que tienes pr&aacute;ctica en esto.<\/p>\n<p>&mdash;Y espera a ver lo que sigue &mdash;le respondi&oacute; al instante, lanz&aacute;ndole una mirada misteriosa que guardaba un oscuro secreto. Alfredo sospechaba que algo raro estaba tramando aquel hombrezuelo de rasgos atrayentes.<\/p>\n<p>&mdash;Oye, no esperar&aacute;s que yo te haga lo mismo &iquest;cierto?<\/p>\n<p>&mdash;Eso ser&iacute;a mucho pedir &mdash;le dijo. No quer&iacute;a que pensara que lo estaba extorsionando para que luego le hiciera lo mismo&mdash;. Aunque pens&aacute;ndolo bien, me vendr&iacute;a bien una buena cogida. Hace una semana que no me masturbo con ninguno de mis juguetes. Mi novio todav&iacute;a no ha vuelto de su &uacute;ltimo viaje. Estoy m&aacute;s caliente que nunca.<\/p>\n<p>&mdash;Se nota.<\/p>\n<p>Dada la excitaci&oacute;n constante y la acuciante vehemencia, Tom&aacute;s se puso en cuclillas, le desabroch&oacute; el cintur&oacute;n, le baj&oacute; el pantal&oacute;n y el calz&oacute;n, y coloc&oacute; la verga en su boca. La sabore&oacute; para ver qu&eacute; tan sabrosa era. Hacerle garganta profunda puso a cincuenta grados a Alfredo, quien no ten&iacute;a palabras para expresar lo que sent&iacute;a. Uno de sus mejores amigos estaba d&aacute;ndole algo que siempre hab&iacute;a querido sentir, s&oacute;lo que &eacute;l quer&iacute;a que fuera de parte de una mujer.<\/p>\n<p>Tom&aacute;s le chupaba la pija a su novio todos los fines de semana, sin excepci&oacute;n alguna. Como se hab&iacute;a quedado solo por una cuesti&oacute;n de viajes de negocios, omiti&oacute; la escena er&oacute;tica que tanto disfrutaba con &eacute;l. Tragarse el semen de su pareja era algo normal para &eacute;l, pero no lo hac&iacute;a con extra&ntilde;os, de modo que no permit&iacute;a que otro hombre hiciese lo mismo. Deb&iacute;a haber mucha confianza de por medio para que &eacute;l hiciese eso.<\/p>\n<p>Alfredo sent&iacute;a que el momento m&aacute;s cr&iacute;tico llegar&iacute;a en cualquier momento, present&iacute;a que la corrida ser&iacute;a exquisita como lo hab&iacute;a so&ntilde;ado desde joven. La forma en la que Tom&aacute;s se la chupaba no se comparaba con nada que hab&iacute;a sentido antes, ni las vaginas artificiales ni los anillos vibradores le generaban tanta delectaci&oacute;n carnal como esa riqu&iacute;sima felaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Antes de que saliese la leche, Tom&aacute;s se hizo a un lado, se puso de pie, tom&oacute; un cond&oacute;n de su pantal&oacute;n y una botellita de lubricante que llevaba en el bolsillo izquierdo a fin de pasar a la siguiente etapa. Con rapidez y sin dar vueltas, quit&oacute; el envoltorio pl&aacute;stico, puso el cond&oacute;n sobre la verga ensalivada, le unt&oacute; el fluido transparente encima y alrededor, se desabroch&oacute; el cintur&oacute;n, se baj&oacute; el pantal&oacute;n y el calz&oacute;n hasta los tobillos, puso las manos sobre el &aacute;rbol e inclin&oacute; el tren superior hacia adelante, levantando la cadera.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s seguro de que quieres hacer esto? &mdash;Alfredo le pregunt&oacute;, viendo que &eacute;l no dar&iacute;a brazo a torcer por m&aacute;s que le pidiese que desistiera.<\/p>\n<p>&mdash;Te recuerdo que t&uacute; fuiste el que me provoc&oacute;, ahora haz lo que tu mente te pida.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Piensas cont&aacute;rselo a alguien?<\/p>\n<p>&mdash;No. Nadie lo creer&aacute; de todas formas.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No te preocupa serle infiel a tu novio?<\/p>\n<p>&mdash;Somos hombres, la infidelidad es parte de nosotros. Adem&aacute;s, &eacute;l ni siquiera es celoso.<\/p>\n<p>&mdash;Ten en cuenta que yo no tengo experiencia en esto.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Descuida! Es mucho m&aacute;s f&aacute;cil de lo que crees &mdash;le dijo para calmarlo&mdash;. Hazlo con cari&ntilde;o, no te apresures &mdash;le aconsej&oacute;&mdash;. Mientras m&aacute;s r&aacute;pido empujes, m&aacute;s pronto acabar&aacute;s. Tenemos tiempo de sobra as&iacute; que no desaprovechemos la noche.<\/p>\n<p>&mdash;Hablas como si hubieras planeado todo esto.<\/p>\n<p>&mdash;Ah, qu&eacute; perspicaz eres &mdash;dijo y se rio&mdash;. Ya te diste cuenta.<\/p>\n<p>&mdash;Eres un maldito desgraciado &mdash;fingi&oacute; estar enfadado&mdash;, pero como eres mi amigo no te defraudar&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Venga esa vergota que estoy ansioso.<\/p>\n<p>Al no tener otra opci&oacute;n, Alfredo se la meti&oacute; por detr&aacute;s como lo hab&iacute;a pedido. Lo hizo despacio, explorando el interior de ese apretado orificio anal que parec&iacute;a estrangularle la verga con vasta presi&oacute;n. La intemperancia no era deseable dada la poca resistencia del hombre de antebrazos velludos, s&iacute; la b&uacute;squeda de la fruici&oacute;n. Con las manos en la cintura del joto, desplaz&oacute; la cadera hacia atr&aacute;s y hacia adelante, lo cual era exigido por la penetraci&oacute;n anal.<\/p>\n<p>Met&eacute;rsela en el culo a otro hombre no era muy distinto de met&eacute;rsela a una mujer en la concha, la &uacute;nica diferencia era la escasez de lubrificaci&oacute;n, el resto era pr&aacute;cticamente igual. El est&iacute;mulo anal era muy intenso gracias a la presi&oacute;n que ejerc&iacute;a el miembro cada vez que rosaba la gl&aacute;ndula prost&aacute;tica durante el ingreso por la puerta trasera. Ning&uacute;n hombre, sin importar su orientaci&oacute;n sexual, pod&iacute;a resistirse a la estimulaci&oacute;n anal.<\/p>\n<p>Como Tom&aacute;s ya estaba acostumbrado a introducirse (o a que le introdujeran) objetos por el recto, no sent&iacute;a m&aacute;s que un somero masaje interno que lo pon&iacute;a tenso y ansioso. Obtuvo una erecci&oacute;n con el est&iacute;mulo de atr&aacute;s y manote&oacute; su corta verga de diez cent&iacute;metros para jal&aacute;rsela. Se rehusaba a emplearla para sodomizar a otros, prefer&iacute;a mil veces que otros lo sodomizaran a &eacute;l. Era una pasiva asaz orgullosa de su sexualidad.<\/p>\n<p>Los leves resuellos, inevitables durante el coito anal, se iban volviendo m&aacute;s intensos a medida que la penetraci&oacute;n se aceleraba. Con un socotroco como el que ten&iacute;a Alfredo entre las piernas, pod&iacute;a darle a su presa un placer supremo. Como a un animal acorralado, le dio con fuerza a ver cu&aacute;nto resist&iacute;a. Tom&aacute;s ten&iacute;a el culo de acero, aguantaba hasta las cogidas m&aacute;s despiadadas y no se quejaba, s&oacute;lo gozaba.<\/p>\n<p>&mdash;Estoy en el l&iacute;mite&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Agarra mi verga y sac&uacute;demela &mdash;le pidi&oacute;&mdash;. Quiero que nos corramos juntos.<\/p>\n<p>Alfredo hizo lo que le pidi&oacute;, estir&oacute; el brazo derecho, agarr&oacute; una corta manguera con prepucio a la vista y la sacudi&oacute; como se lo hab&iacute;a solicitado. Era la primera vez que tocaba los genitales de otro hombre, y, a decir verdad, no le pareci&oacute; tan desagradable como hab&iacute;a imaginado. Le hizo la paja que se merec&iacute;a por haberle dado la oportunidad de cog&eacute;rselo.<\/p>\n<p>En cosa de nada, la tensi&oacute;n muscular se apoder&oacute; de las piernas del penetrador, el intenso placer se concentr&oacute; en la entrepierna, el blancuzco fluido sali&oacute; de los test&iacute;culos, cruz&oacute; los conductos deferentes, ingres&oacute; a la pr&oacute;stata y fue expulsado con fuerza hacia la punta del cond&oacute;n que proteg&iacute;a el miembro viril. Tom&aacute;s se vino justo despu&eacute;s que &eacute;l, lo disfrut&oacute; de la misma manera, s&oacute;lo que con m&aacute;s intensidad ya que sus dos extremos estaban siendo estimulados al mismo tiempo.<\/p>\n<p>&mdash;Nada mal, eh &mdash;musit&oacute; Tom&aacute;s y lanz&oacute; una sonrisa picarona.<\/p>\n<p>&mdash;Menos mal que me pusiste el cond&oacute;n a tiempo. Si no lo tuviese puesto, te habr&iacute;a inundado el culo.<\/p>\n<p>&mdash;La primera corrida siempre es brusca.<\/p>\n<p>Trat&aacute;ndose de un hombre virgen, la primera corrida siempre era la m&aacute;s esperada y la que m&aacute;s duraba. Las dem&aacute;s corridas produc&iacute;an el mismo placer que la primera, con la diferencia de que eran menos duraderas. No obstante, la &uacute;ltima corrida era la m&aacute;s &eacute;pica de todas, la que dejaba deslumbrado al eyaculador. El problema era que no todos los hombres ten&iacute;an el mismo aguante durante el sexo, algunos apenas aguantaban cinco rondas como mucho.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quieres m&aacute;s?<\/p>\n<p>&mdash;Eso no hace falta preguntar.<\/p>\n<p>Como la ansi&oacute;gena escena de amor hab&iacute;a resultado tan relajante, prosiguieron al mismo ritmo que al principio. Alfredo estaba encantado con el resultado, hab&iacute;a hecho bien en decirle que s&iacute; a su amigo de confianza, que era m&aacute;s fresco que una lechuga y m&aacute;s lujurioso que un bonobo. El sexo gay no era m&aacute;s que otra forma de expresar amor entre hombres.<\/p>\n<p>Alfredo sent&iacute;a el cuerpo m&aacute;s caliente y h&uacute;medo que antes, el sudor y la alta presi&oacute;n arterial eran partes inevitables del sexo. Las contracciones musculares y la vasodilataci&oacute;n hac&iacute;an que su cuerpo fuese una m&aacute;quina de transpirar. Sent&iacute;a que ten&iacute;a las piernas de plomo y un cacho de cemento en la entrepierna, y eso le generaba seguridad. Todo indicaba que estaba haciendo bien su trabajo, al menos lo estuvo haciendo bien hasta ese momento.<\/p>\n<p>Tom&aacute;s, atrapado entre la espada y la pared, no pod&iacute;a hacer otra cosa m&aacute;s que gozar. Despu&eacute;s de haber estado tanto tiempo sin estimularse la zona anal, cualquier pija le ve&iacute;a bien. Lo bueno era que hab&iacute;a encontrado una que se adaptase bien al incontrolable deseo que ten&iacute;a. Y no era poca cosa la que hab&iacute;a hallado. La rigidez produc&iacute;a m&aacute;s dolor, pero generaba m&aacute;s deleite. A mayor tama&ntilde;o, m&aacute;s dolorosa resultaba la penetraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Alfredo toc&oacute; con sus tibias manos, temblorosas como las manos de un anciano, el bello cuerpo del atractivo hombrezuelo aprisionado. Los dedos recorrieron parte del abdomen y el pecho, le rozaron los pezones y el ombligo. Ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que estaba abrazando a una damisela, cuando en realidad estaba abrazando a una pasiva bien cuidada. Aquellas temblonas manos pronto bajaron a la zona m&aacute;s interesante y exploraron de aqu&iacute; para all&aacute;. Tom&aacute;s le susurr&oacute; algo que &eacute;l no alcanz&oacute; a o&iacute;r por estar distra&iacute;do.<\/p>\n<p>La verga segu&iacute;a haciendo estragos en ese culito apretado que hab&iacute;a pasado muchos d&iacute;as sin divertirse. Al entrar y salir, el movimiento provocaba los espasmos m&aacute;s agradables del mundo, tanto as&iacute; que parec&iacute;an calambres en potencia. Alfredo no se detuvo en ning&uacute;n instante, lo hizo cuando lleg&oacute; al punto de no retorno. En ese momento tan confuso e intrincado, las sensaciones percibidas eran una mezcolanza de emociones que emerg&iacute;an en lo m&aacute;s hondo del cerebro.<\/p>\n<p>Al hacer erupci&oacute;n por segunda vez, masturb&oacute; a Tom&aacute;s para que se viniera con &eacute;l. No se tuvo que esforzar mucho para que &eacute;l se corriera de nuevo. El r&iacute;gido miembro con piel de sobra largaba un viscoso fluido de aroma penetrante. La expulsi&oacute;n de semen era inevitable con la al&iacute;gera jalada y la persistente estimulaci&oacute;n anal. Los cuerpos de los dos segregaban sudor y emit&iacute;an gemidos desde la boca. Las manos de Alfredo quedaron pegadas a los laterales de la cadera de Tom&aacute;s, sin moverse.<\/p>\n<p>&mdash;Lo has hecho fet&eacute;n &mdash;le dijo y lo tom&oacute; de las manos&mdash;. Qu&eacute; bien coges, compa&ntilde;ero.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Es normal que quiera seguir haci&eacute;ndolo?<\/p>\n<p>&mdash;Cuando uno es virgen, lo &uacute;nico que busca es acabar lo m&aacute;s pronto posible &mdash;le asegur&oacute;. Eso lo sab&iacute;a por experiencia propia&mdash;. Por m&iacute; est&aacute; bien que prosigas. La estoy pasando bomba.<\/p>\n<p>&mdash;Yo tambi&eacute;n.<\/p>\n<p>La humedecida nariz del activo rozaba la cerviz del pasivo, el c&aacute;lido aliento acariciaba los romboides y los deltoides, los labios saboreaban la tierna carne de la espalda, los ojos entrecerrados estudiaban la anatom&iacute;a externa y la inquieta lengua anhelaba lamer ese fr&iacute;gido cuello. Las manos subieron por debajo de la ropa, palparon los pectorales y los abdominales de un momento a otro, u&ntilde;aron con delicadeza los oblicuos y rasparon la piel de las axilas.<\/p>\n<p>Tom&aacute;s mencion&oacute; que le estaba haciendo cosquillas con tanto manoseo innecesario. Si bien no le disgustaba lo que el hombre de atr&aacute;s estaba haciendo, tampoco le excitaba mucho que digamos. Prefer&iacute;a que usara las manos para frotar la zona baja, desde la ingle hasta el perin&eacute;. Le gui&oacute; tom&aacute;ndole de las manos para que le tocara el paquete, para que sintiese la carne masculina que estaba estimulando al met&eacute;rsela por detr&aacute;s.<\/p>\n<p>Alfredo ya le estaba tomando el gustito, imaginaba que esa escena era con una mujer y se comportaba como si &eacute;l fuera el amante dominante. Al cerrar los ojos y olfatear la vol&aacute;til lib&iacute;dine del corderito arrinconado, se imaginaba a s&iacute; mismo como un lobo feroz dispuesto a devorar a la presa a dos carrillos. Unidos por la carne, la concupiscencia era ineluctable. El deseo por alcanzar el pico m&aacute;s alto del vicio, empujaba a los dos a tocarse como si fueran pareja.<\/p>\n<p>La insistente sodom&iacute;a trajo aparejado un sinf&iacute;n de reconfortantes contracciones musculares e ineludibles exhalaciones que pusieron en manifiesto la poca resistencia que les quedaba. Alcanzaron el orgasmo casi al mismo tiempo; se dejaron llevar por el entusiasmo y la ansiedad. Estaban agitados y necesitaban tomar un poco de aire antes de seguir adelante.<\/p>\n<p>&mdash;Me preocupa lo excitado que estoy &mdash;murmur&oacute; Alfredo con la verga tiesa de Tom&aacute;s entre las manos&mdash;. No deber&iacute;a excitarme tanto con un hombre.<\/p>\n<p>&mdash;Has descubierto la p&oacute;lvora, compa&ntilde;ero &mdash;balbuce&oacute; y se rio&mdash;. &iquest;Acaso pensabas que s&oacute;lo era rico hacerlo con mujeres?<\/p>\n<p>&mdash;No te lo puedo confirmar al no tener experiencia en eso.<\/p>\n<p>&mdash;Ya es tiempo de que te vayas despidiendo de esa recalcitrante virginidad que te ha esclavizado durante tantos a&ntilde;os. Es hora de mandar todo al demonio y disfrutar el momento juntos.<\/p>\n<p>&mdash;Tengo unas ganas terribles de chuparte la boca.<\/p>\n<p>&mdash;Eso tiene arreglo &mdash;le dijo, dobl&oacute; el cuerpo, apoy&oacute; el antebrazo derecho en la corteza del &aacute;rbol, subi&oacute; la pierna izquierda, gir&oacute; la cabeza y le apunt&oacute; con los labios hacia adelante&mdash;. Ac&eacute;rcate m&aacute;s que no llego.<\/p>\n<p>Intercambiaron una extensa serie de besos apasionados, leng&uuml;etazos frontales y mordisquitos inofensivos. Alfredo manten&iacute;a los ojos cerrados, imaginaba que estaba besando a una mujer cachonda y no a un marica. Tambi&eacute;n intercambiaron sensaciones y emociones propias del sexo consensuado, lo cual los llev&oacute; a la lubricidad. No eran m&aacute;s que dos amigos pajeros haciendo algo que les gustaba hacer, en el sitio menos esperado.<\/p>\n<p>Tom&aacute;s se reacomod&oacute;: extendi&oacute; las piernas hacia los costados, levant&oacute; la cadera, dobl&oacute; la espalda para quedar en una posici&oacute;n de cuarenta y cinco grados, se aferr&oacute; al &aacute;rbol y suplic&oacute; por m&aacute;s sexo. Lo que Alfredo le hab&iacute;a dado hasta ese momento hab&iacute;a sido s&oacute;lo una pizca de lo que acostumbraba hacer con su novio en privado. Si el culo no le quedaba ardiendo, no era una buena culeada. Hab&iacute;a que seguir s&iacute; o s&iacute;.<\/p>\n<p>Al adentrarse en el mundo de los placeres carnales, la concupiscencia los llamaba desde el m&aacute;s all&aacute;, desde lo m&aacute;s hondo del libertinaje. Quer&iacute;an que el placer durase una eternidad, no unos pocos minutitos. Anhelaban experimentar el confort que compart&iacute;a una pareja durante la accesi&oacute;n, como si sus cuerpos se unieran y formaran uno. La erecci&oacute;n de Alfredo se manten&iacute;a intacta aun luego de haberse corrido con fugacidad en las rondas anteriores. La corrida que se ven&iacute;a ten&iacute;a la misma intensidad pero menos cantidad de fluido esperm&aacute;tico.<\/p>\n<p>Superada la barrera de tensi&oacute;n carnal, volvieron a eyacular con emisiones sincronizadas y resuellos fuertes. Las c&aacute;lidas manos de Alfredo descansaban sobre los dorsales de Tom&aacute;s, cuyo tren inferior se manten&iacute;a enhiesto como un poste de cemento. Se hab&iacute;a masturbado a s&iacute; mismo para venirse, lo hab&iacute;a logrado sin ning&uacute;n problema.<\/p>\n<p>Intercambiaron palabras que describ&iacute;an c&oacute;mo se sent&iacute;an en ese momento y cu&aacute;n ansiosos estaban por acabar. Pese a la nula experiencia sexual de Alfredo, demostr&oacute; que pod&iacute;a ofrecerle una buena azotaina de pijazos a su amigo. Obviamente, un hombre como Tom&aacute;s no iba a exigirle que actuara como una estrella del cine porno, sabiendo que ni su orientaci&oacute;n sexual ni sus experiencias personales ayudaban en lo m&aacute;s m&iacute;nimo.<\/p>\n<p>Alfredo retom&oacute; la acci&oacute;n de socavar el orificio trasero, la enterr&oacute; en lo m&aacute;s hondo sin miedo y busc&oacute; la mejor forma de hacer que los fluidos volviese a salir. En el caso de Tom&aacute;s, lo que lo llenaba de placer era el movimiento constante. Sab&iacute;a muy bien que una verga quieta, aun estando en lo m&aacute;s profundo del culo, no generaba satisfacci&oacute;n en absoluto. Al entrar y salir, provocada una sensaci&oacute;n inenarrable que s&oacute;lo pod&iacute;an describirla aquellos que lo hab&iacute;an experimentado en carne propia.<\/p>\n<p>La sodom&iacute;a continu&oacute; unos minutos m&aacute;s hasta que sus &oacute;rganos sexuales dijeron basta. Se vinieron por quinta vez, disfrutaron la sensaci&oacute;n estando quietos, pegados el uno con el otro. Present&iacute;an que ya no les quedaba mucha gasolina en el tanque, por lo que s&oacute;lo hab&iacute;a una sola oportunidad para terminar el juego. Quer&iacute;an que la &uacute;ltima ronda fuese la m&aacute;s brutal, la que los condujese al cl&iacute;max en un santiam&eacute;n, la que los dejase extenuados.<\/p>\n<p>Alfredo agarr&oacute; a Tom&aacute;s con los brazos, lo acerc&oacute; al &aacute;rbol y le dijo que le dar&iacute;a con todo para ver cu&aacute;nto pod&iacute;a resistir. Estaba dispuesto a partirle el culo con tal de experimentar una corrida monumental como las de las pel&iacute;culas que tanto le gustaba mirar. Al tener un poco de experiencia penetrando un agujero apretado, supon&iacute;a que no ten&iacute;a que esforzarse mucho para venirse de vuelta.<\/p>\n<p>Dicho y hecho, se la meti&oacute; como si su vida dependiera de ello. Tom&aacute;s not&oacute; la rudeza de la penetraci&oacute;n y goz&oacute; m&aacute;s que nunca. La temperatura corporal iba en aumento y tambi&eacute;n el sudor que les mojaba la ropa. Entre resuellos y gemidos, se iban aproximando poco a poco al final. No quer&iacute;an que la &uacute;ltima parte fuese algo tenue, quer&iacute;an algo que fuese memorable.<\/p>\n<p>La resistencia de Alfredo no aguant&oacute; ni dos minutos y se vino. Se la jal&oacute; a Tom&aacute;s para que tambi&eacute;n se viniera. Ambos quedaron muy satisfechos con el resultado final, no les hab&iacute;a costado casi nada alcanzar el &uacute;ltimo orgasmo. Las vergas perdieron rigidez y se debilitaron, quedando fl&aacute;cidas. Alfredo se la sac&oacute; del culo, retir&oacute; y el cond&oacute;n lleno de semen y lo arroj&oacute; al pastizal. De todas formas, nadie iba a descubrir lo que &eacute;l hab&iacute;a hecho all&iacute; a menos que se lo contara a alguien.<\/p>\n<p>Tom&aacute;s hab&iacute;a largado el semen sobre las ra&iacute;ces del &aacute;rbol, dej&aacute;ndolo a merced de su incontinencia sexual. Poco le importaba ensuciar un &aacute;rbol que quedaba en medio de la nada y que a nadie le afectaba. Lo que s&iacute; cuidaba era su salud sexual, no ten&iacute;a deseos de contraer enfermedades de transmisi&oacute;n sexual ni fastidiosas infecciones, por eso utilizaba m&eacute;todos higi&eacute;nicos para protegerse. El &uacute;nico momento en el que no usaba cond&oacute;n era cuando se la chupaba a su novio.<\/p>\n<p>Se subieron la ropa interior y los pantalones, guardaron sus genitales, se cerraron la bragueta, agitaron sus camisas empolvadas, exhalaron por &uacute;ltima vez y retornaron al veh&iacute;culo como si no hubiera sucedido nada. Caminaron juntos y se sentaron en sus respectivos asientos. Lo que hab&iacute;an acabado de hacer no pod&iacute;a ser ignorado, ten&iacute;an que hablar sobre ello.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tal estuve? S&eacute; sincero conmigo &mdash;Alfredo le pregunt&oacute;, clav&aacute;ndole la mirada m&aacute;s inocente.<\/p>\n<p>&mdash;Estuviste muy bien &mdash;le dijo con la mano en el coraz&oacute;n&mdash;. Ni parec&iacute;a que lo estaba haciendo con un tipo virgen. Me has dejado satisfecho.<\/p>\n<p>&mdash;No sab&iacute;a que pod&iacute;a sentir eso contigo, quiero decir&hellip; con otro hombre. T&uacute; sabes como soy.<\/p>\n<p>Algo en su interior no dejaba de producirle reticencias. Cre&iacute;a que aquella experiencia &iacute;ntima con Tom&aacute;s lo volver&iacute;a un marica de un d&iacute;a para otro, cuando en realidad eso no era posible. En prisi&oacute;n, hombres de toda clase cog&iacute;an entre ellos y eso no afectaba su orientaci&oacute;n sexual ni sus gustos. Lo que hab&iacute;a acaecido debajo de ese &aacute;rbol fue s&oacute;lo un experimento para lidiar con la calentura contenida durante tanto tiempo.<\/p>\n<p>&mdash;Ah, no pasa nada. No te volver&aacute;s gay por coger con un hombre.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Crees que podr&iacute;amos volver a hacerlo en alg&uacute;n momento?<\/p>\n<p>&mdash;Claro que s&iacute; &mdash;asinti&oacute; con una dulce sonrisa&mdash;. Me gustar&iacute;a volver a sentir lo mismo que sent&iacute; hace un rato.<\/p>\n<p>&mdash;Pens&eacute; que ibas a terminar odi&aacute;ndome por esto.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; iba a odiarte? Yo fui el que te convenci&oacute; de hacerlo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; lo hiciste? &iquest;Para qu&eacute; planificaste todo esto?<\/p>\n<p>&mdash;Es que no quer&iacute;a que siguieras siendo virgen, cari&ntilde;o. Merec&iacute;as saber c&oacute;mo se siente el sexo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Planificaste todo esto s&oacute;lo para que dejara de ser virgen?<\/p>\n<p>&mdash;Para eso son los amigos &iquest;no? &mdash;le dijo y le dio un beso en la mejilla.<\/p>\n<p>&mdash;Mereces que te rompa el culo un mill&oacute;n de veces m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Cuando quieras. Sabes que siempre estoy disponible para juegos sucios.<\/p>\n<p>Rom&aacute;n regres&oacute; a los pocos minutos con un neum&aacute;tico nuevo. Se dirigi&oacute; a la parte trasera del veh&iacute;culo, cambi&oacute; el neum&aacute;tico en cuesti&oacute;n de minutos, guard&oacute; las herramientas en el ba&uacute;l, se acomod&oacute; en el asiento del conductor y se puso el cintur&oacute;n de seguridad. Arranc&oacute; el motor, prendi&oacute; el est&eacute;reo, puso m&uacute;sica retro, sac&oacute; el freno de mano, pis&oacute; el embrague para meter el cambio, aceler&oacute; y sigui&oacute; el viaje.<\/p>\n<p>&Eacute;l ya sab&iacute;a lo que hab&iacute;a pasado entre los pasajeros que llevaba, pero hac&iacute;a como que no estaba al tanto de ello. No le importaba en lo m&aacute;s m&iacute;nimo lo que sus amigos hicieran con sus genitales ni tampoco lo que sintiesen el uno por el otro. &Eacute;l s&oacute;lo se encargaba de llevarlos al otro lado de la ciudad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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