{"id":33777,"date":"2022-02-19T23:00:00","date_gmt":"2022-02-19T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-02-19T23:00:00","modified_gmt":"2022-02-19T23:00:00","slug":"no-que-no-comadre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/no-que-no-comadre\/","title":{"rendered":"\u00bfNo que no comadre?"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"33777\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">2<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 12<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Eulogia no sab&iacute;a si esperar a&uacute;n, o ya de plano irse. Hac&iacute;a mucho que sus dem&aacute;s compa&ntilde;eras se hab&iacute;an marchado y ella todav&iacute;a estaba ah&iacute;, a la salida de la f&aacute;brica, esperando. Ya deber&iacute;a ir en camino a casa, ten&iacute;a mucho que hacer por all&aacute;: preparar comida; lavar; ir por las hijas a la escuela, adem&aacute;s&#8230; &iquest;qu&eacute; necesidad de estar ah&iacute; perdiendo el tiempo? Pero Trinidad era su amiga despu&eacute;s de todo, es m&aacute;s, incluso eran comadres. Se sent&iacute;a responsable de verla salir con bien de all&iacute; pese a que&#8230;<\/p>\n<p>&#8230;en fin, pese a lo que estuviese haciendo. Corr&iacute;a un gran riesgo si su esposo la descubr&iacute;a, &iexcl;qu&eacute; va!, si cualquiera de las compa&ntilde;eras le fuesen con el chisme a Casimiro&#8230; Lo har&iacute;an s&oacute;lo por chingar, ni hablar, as&iacute; son.<\/p>\n<p>No pod&iacute;a creerlo, &iexcl;&iquest;c&oacute;mo se hab&iacute;a atrevido a&#8230;?! Si la propia Trini le hab&iacute;a negado el tener intenciones de hacerlo cuando la misma Eulogia le habl&oacute; del asunto. La comadre se lo hab&iacute;a advertido:<\/p>\n<p>&mdash;Ten cuidado comadre, yo s&eacute; lo que te digo. S&aacute;nchez Medina te trae ganas, se ve a leguas, y si no le pones un alto atente a las consecuencias. Cuando a &eacute;l se le antoja una trabajadora&#8230;, uy comadre, ni te cuento. Muchas han preferido irse nom&aacute;s por evitar el esc&aacute;ndalo. Tienes que ponerle un freno si no quieres que te pase algo. Si supieras c&oacute;mo les ha ido a las que han ca&iacute;do en sus manos. Y si te lo advierto es porque eres casada, si estuvieras soltera, bueno&#8230;, all&aacute; t&uacute;, la cosa podr&iacute;a ser diferente. Es guapo y tiene buen puesto, lo s&eacute;, entiendo que muchas caigan en sus redes, pero ni creas que &eacute;l va en serio. No es un pr&iacute;ncipe azul como muchas creen. &Eacute;l s&oacute;lo busca hembra pa&rsquo; saciarse, ya luego ni las pela. Aqu&eacute;l es un verraco, nada m&aacute;s se las aprovecha y listo. &lsquo;Ora que si a ti se te antoja y quieres darte el gusto pues&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;No, c&oacute;mo crees qu&eacute; se me va a pasar por la cabeza algo as&iacute;. Jam&aacute;s, &iquest;me escuchas?, &iexcl;jam&aacute;s! &mdash;le respondi&oacute; Trinidad muy indignada.<\/p>\n<p>&mdash;Siendo as&iacute; lo mejor que puedes hacer es pedir tu cambio. Deber&iacute;as irte pa&rsquo; la f&aacute;brica de Naucalpan. All&aacute; estar&iacute;as a salvo de ese cabr&oacute;n. Hasta estar&iacute;as m&aacute;s cerca de tu casa &mdash;le aconsej&oacute; Eulogia.<\/p>\n<p>&mdash;Pero es que no es tan f&aacute;cil. Para que me den el cambio hay que meter permuta, y luego ver si hay alguien de all&aacute; que se quiera venir pa&rsquo; c&aacute;. Est&aacute; muy dif&iacute;cil.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Pues haz algo comadre!, antes de que pase alguna cosa grave&#8230; &iexcl;ay Trini, donde se enter&eacute; Casimiro! Donde se entere que aqu&eacute;l te est&aacute; echando los perros se arma la de Dios Padre. Ya sabes c&oacute;mo es tu marido, bien prontito que se encabrona por cualquier pendejada. Y&#8230; no se vaya a comprometer poni&eacute;ndole una madriza a aquel desgraciado. Que la tiene bien merecida el sinverg&uuml;enza, que ni qu&eacute;, pero Casimiro puede perder el trabajo&#8230; o hasta pior, &iquest;qu&eacute; tal si lo meten a la c&aacute;rcel&#8230;? &#8230;nom&aacute;s por defenderte &mdash;concluy&oacute; Eulogia.<\/p>\n<p>Al o&iacute;r las palabras de Eulogia, a Trini le vino a la mente su esposo. Su comadre ten&iacute;a raz&oacute;n, si Casimiro la ve&iacute;a siendo &ldquo;cortejada&rdquo; por el Jefe de personal de la f&aacute;brica poco le importar&iacute;a el cargo de aqu&eacute;l y su propio trabajo. De seguro Casimiro se le ir&iacute;a directamente a los golpes a Alberto. Y, quiz&aacute;s, hasta a ella misma por dejarse.<\/p>\n<p>Pero qu&eacute; pod&iacute;a hacer para que aquel pat&aacute;n la dejara en paz. Tan s&oacute;lo se le ca&iacute;a la cara de verg&uuml;enza al recordar su &uacute;ltimo encuentro con &eacute;l. De hecho ni se lo hab&iacute;a comentado a su comadre, le abochornaba.<\/p>\n<p>El Jefe de personal hab&iacute;a coincidido con ella en el estrecho pasillo que llevaba a los servicios. Ella sal&iacute;a del ba&ntilde;o de damas y &eacute;l se dirig&iacute;a al de hombres.<\/p>\n<p>Como otras ocasiones, al s&oacute;lo verlo, Trinidad se sinti&oacute; acalenturada. Se daba perfecta cuenta de que aqu&eacute;l algo quer&iacute;a con ella, y eso la hac&iacute;a sonrojarse, sin embargo, ya de por s&iacute;, el guapo y alto hombre le estimulaba instintivamente. Su simple presencia le espoleaba las hormonas. Era como si su ser requiriera saciarse de una necesidad que, bien sent&iacute;a, s&oacute;lo &eacute;l podr&iacute;a aplacar.<\/p>\n<p>Por su parte, Alberto S&aacute;nchez Medina, como cada vez que estaba ante una nueva &ldquo;v&iacute;ctima&rdquo;, exhibi&oacute; una particular caballerosidad.<\/p>\n<p>&mdash;Pase usted &mdash;le dijo en el tono m&aacute;s amable, brind&aacute;ndole indiscutiblemente el paso por el angosto pasaje.<\/p>\n<p>Trinidad acept&oacute; la cortes&iacute;a y procedi&oacute; a avanzar, no obstante, y pese a lo dicho, Alberto tambi&eacute;n avanz&oacute; tan r&aacute;pido que fue inevitable que ambos cuerpos colisionaran en terrible encontr&oacute;n. El hombre procur&oacute; colocarse de tal forma que su bulto se resguard&oacute; justo en medio de las nalgas de Trinidad, sacando lo mejor de la situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>El tama&ntilde;o y suavidad de las ancas se le hicieron sentir deliciosamente al hombre, mientras que a la mujer le fue patente la dureza y el grosor de su atacador, quien hasta movi&oacute; la pelvis como copulando, aunque hab&iacute;a ropa de por medio.<\/p>\n<p>La Se&ntilde;ora ni protest&oacute; ni reclam&oacute;, s&oacute;lo puj&oacute; en reacci&oacute;n involuntaria y se desatranc&oacute; como pudo. Se alej&oacute; de ah&iacute; sin decir nada, como si no hubiera pasado. No se lo confi&oacute; a nadie, ni en ese momento ni despu&eacute;s. Y es que hubo otras ocasiones en las que S&aacute;nchez Medina le expres&oacute; f&iacute;sicamente sus deseos de aparearse con ella, pero ese era el problema, Trinidad no pronunciaba queja alguna. Ni conced&iacute;a ni se negaba, simplemente hac&iacute;a como si no pasara nada. Ella nunca se quej&oacute; de las acciones de aqu&eacute;l, ni mucho menos se lo dijo a su esposo. No quer&iacute;a que, por soltarse de la lengua, Casimiro se viera metido en problemas. Pero quiz&aacute;s hab&iacute;a algo m&aacute;s. Era como un placer culposo. Aunque aquello no lo aceptaba ni s&iacute; misma.<\/p>\n<p>&ldquo;No, ese hombre no me gusta. Adem&aacute;s&#8230; &iexcl;soy casada! &iexcl;Por Dios!&rdquo;, le dec&iacute;a a su comadre Eulogia, enga&ntilde;&aacute;ndose con sus propias palabras. En el fondo eso no era del todo cierto.<\/p>\n<p>Trinidad se auto enga&ntilde;aba dici&eacute;ndose que aquel hombre no llegar&iacute;a a m&aacute;s, pese a que era evidente que aqu&eacute;l era uno de esos &ldquo;vergas sueltas&rdquo; que no se detiene si no lo detienen. Alberto S&aacute;nchez Medina se cog&iacute;a toda hembra que se dejara. Aunque en el caso de Trini la cosa era m&aacute;s arriesgada, ya que su esposo laboraba en la misma empresa, eso a aqu&eacute;l no le importaba. Si se la quer&iacute;a coger se la iba a coger, aunque fuera frente a las narices del marido.<\/p>\n<p>Por algo bien se lo hab&iacute;a advertido Eulogia, &ldquo;O te interesa el Jefe de personal, y sacias tu deseo cuid&aacute;ndote de que tu marido no se entere; o le pones un hasta aqu&iacute; y se lo dejas bien claro a ese cabr&oacute;n, para que no tengas problemas&rdquo;. Pero Trinidad no parec&iacute;a ser coherente con su propio sentir; ni se alejaba de las intenciones de S&aacute;nchez Medina ni las aceptaba abiertamente, as&iacute; que todo sigui&oacute; su curso. Trinidad hizo lo que las personas que no quieren cargar con la responsabilidad de vivir hacen: dejan todo a la voluntad de Dios dici&eacute;ndose, &ldquo;Que sea lo que Diosito quiera&rdquo;.<\/p>\n<p>Y as&iacute; fue, en vez de decidir por su propia cuenta.<\/p>\n<p>&mdash;Ah&iacute; va ese pinche barbero de S&aacute;nchez Medina &mdash;expuso Casimiro, expresando los sentimientos que el mentado le produc&iacute;a, justo el d&iacute;a que por fin ocurri&oacute; lo que ten&iacute;a que pasar.<\/p>\n<p>Alberto segu&iacute;a los pasos del Patr&oacute;n hacia su oficina.<\/p>\n<p>Casimiro, por su parte, le estaba revisando la m&aacute;quina de coser a su esposa, pues tal aparato se hab&iacute;a estropeado.<\/p>\n<p>&mdash;Hasta parece que le encanta olerle los pedos al viejo; pinche lambisc&oacute;n, siempre detr&aacute;s del patr&oacute;n &mdash;sigui&oacute; comentando el esposo de Trini mientras continuaba su trabajo.<\/p>\n<p>Ella vio a Alberto sin compartir los sentimientos de su marido.<\/p>\n<p>&mdash;Ay, t&uacute; ni te metas. No te vaya escuchar y te busques un problema &mdash;coment&oacute; Trinidad.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute;&#8230;? &iexcl;&iquest;Crees que le tengo miedo?! &mdash;le respondi&oacute; en tono brusco Casimiro.<\/p>\n<p>Le pareci&oacute; que su mujer defend&iacute;a a aqu&eacute;l, y aquello le molest&oacute;. &laquo;&iquest;Por qu&eacute; defend&iacute;a a ese tipo?&raquo;, pens&oacute;.<\/p>\n<p>Una vez estuvo reparada la m&aacute;quina Casimiro se fue dejando a su esposa Trinidad cumpliendo con su jornada laboral. Como era habitual la mujer se enfoc&oacute; en su labor sin percatarse de lo que suced&iacute;a a su alrededor. Fue por ello que una presencia le sorprendi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tal Trinidad, c&oacute;mo te va? &mdash;dijo la voz masculina sobre el hombro de la trabajadora.<\/p>\n<p>Trini volte&oacute; y, mir&aacute;ndolo cual alto era, vio a Alberto S&aacute;nchez Medina, el Jefe de personal, justo detr&aacute;s de ella.<\/p>\n<p>El hombre estaba all&iacute; plantado y aquella temi&oacute; que los viera su marido. Mir&oacute; a su alrededor en su busca pero no lo hall&oacute;.<\/p>\n<p>S&aacute;nchez Medina continu&oacute; hablando. Su sola presencia produc&iacute;a reacciones qu&iacute;micas en el cuerpo de la mujer quien no lograba comprender aquello. Apenas si cay&oacute; en la cuenta de que su coraz&oacute;n palpitaba m&aacute;s r&aacute;pido.<\/p>\n<p>&mdash;Oye. Ya casi es hora de comer y me gustar&iacute;a invitarte.<\/p>\n<p>&mdash;Ah&#8230; disculpe&#8230; Don Alberto, pero mi esposo y yo comemos juntos y &eacute;l no&#8230; &mdash;inmediatamente objet&oacute; Trinidad.<\/p>\n<p>&mdash;S&eacute; que es as&iacute; pero hoy no estar&aacute; para hacerlo. El patr&oacute;n me dijo que lo necesitaban en Naucalpan y lo envi&eacute;. Al parecer el t&eacute;cnico de all&aacute; se report&oacute; enfermo y seg&uacute;n s&eacute; tu marido estar&aacute; muy atareado. No podr&aacute; comer contigo, as&iacute; que, qu&eacute; te parece si s&oacute;lo por hoy nos acompa&ntilde;amos. Perm&iacute;teme esta vez, s&oacute;lo &eacute;sta.<\/p>\n<p>Trinidad no podr&iacute;a ser tan ingenua como para no darse cuenta lo que aceptar tal invitaci&oacute;n significaba, no obstante, acept&oacute;.<\/p>\n<p>S&aacute;nchez Medina la llev&oacute; a un restaurante bastante agradable. Trini, acostumbrada a comer en el humilde mercado al que iba con su marido, sali&oacute; completamente de lo convencional. El lugar se ve&iacute;a de buen gusto; limp&iacute;simo y hasta ten&iacute;a m&uacute;sica en vivo. Los alimentos a la carta eran de considerable precio pero su acompa&ntilde;ante le recalc&oacute; que &eacute;l pagar&iacute;a la cuenta.<\/p>\n<p>Trinidad se sinti&oacute; extra&ntilde;a all&iacute;. Tuvo la sensaci&oacute;n de estar siendo cortejada por un pretendiente que se esforzaba por complacerla. Su propio marido nunca la hab&iacute;a llevado a un sitio as&iacute;. Claro que no contaba con los recursos como para hacerlo de manera frecuente, pero&#8230;<\/p>\n<p>&ldquo;&#8230;de vez en cuando&#8230; una vez al a&ntilde;o ya de perdis&rdquo;, pens&oacute; para sus adentros Trini.<\/p>\n<p>La mujer degust&oacute; de pescado y mariscos, mientras que &eacute;l comi&oacute; un corte de carne tipo argentino.<\/p>\n<p>S&aacute;nchez Medina tuvo el buen tino de no molestarla a la hora de degustar los alimentos, y la &uacute;nica conversaci&oacute;n que hubo entre plato y plato sirvi&oacute; para que el Jefe de personal conociera mejor a la Se&ntilde;ora, pues discretamente le pregunt&oacute; sobre su vida personal.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; que tienes dos hijas.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, una en la primaria y otra en el k&iacute;nder.<\/p>\n<p>&mdash;Ah, pues me gustar&iacute;a un d&iacute;a conocerlas, deben ser tan bonitas como t&uacute; &mdash;le dijo &eacute;l, halag&aacute;ndola notoriamente.<\/p>\n<p>S&aacute;nchez Medina sonri&oacute; confiado mientras que a Trini se le vino la sangre a las mejillas. Se sinti&oacute; inc&oacute;moda al ser adulada por un hombre que no fuera su esposo, aunque a la vez, Alberto la hac&iacute;a sentir especial con sus palabras. Realmente parec&iacute;a interesado en ella. Despu&eacute;s de toda una vida de casada, Trinidad volv&iacute;a a sentirse una mujer atractiva, deseada, y en su interior eso le agradaba.<\/p>\n<p>Mientras continuaron comiendo y charlando, Trinidad estaba bien consciente que estaba disfrutando de aquello mientras que su esposo estaba trabajando lejos de ah&iacute;.<\/p>\n<p>S&aacute;nchez Medina, despu&eacute;s de todo, no parec&iacute;a tan desagradable como su marido cre&iacute;a, o tan aprovechado como su comadre opinaba. Es decir, m&aacute;s all&aacute; de su evidente atractivo de hombre, Alberto era alguien con quien le era grato estar.<\/p>\n<p>Luego de la comida Trinidad sali&oacute; del restaurante junto con Alberto. Ella se sent&iacute;a tan bien, era como si su cuerpo se aligerara. Parec&iacute;a que caminaba entre las nubes. Se sinti&oacute; tan ligera, tan despreocupada como nunca antes. El hombre le brind&oacute; su brazo y ella se agarr&oacute; sin disimulo. No vio malicia en ello, adem&aacute;s crey&oacute; necesitar de tal sost&eacute;n, pues se sent&iacute;a tan liviana como una pluma. Tem&iacute;a que si no se sujetaba de &eacute;l sus pies perder&iacute;an el piso. Aquella se dej&oacute; llevar a la f&aacute;brica apoyada en ese hombre, quien no era su marido, a pesar de que sus compa&ntilde;eras la vieran as&iacute;. De seguro la criticar&iacute;an, o a&uacute;n peor, bien le pudieran ir con el chisme al marido. Pero no le import&oacute;, se sent&iacute;a completamente desinhibida.<\/p>\n<p>Por su parte el hombre sonri&oacute; para s&iacute;. Su plan surt&iacute;a efecto. Bien sab&iacute;a que aquel mismo d&iacute;a aquella hembra, pese a ser casada y ser madre (cosa que le daba sabor al asunto) lo resguardar&iacute;a en su intimidad. &Eacute;l ya hab&iacute;a hecho su trabajo, la hab&iacute;a &ldquo;cortejado&rdquo; y ahora era tiempo de cosechar.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;A d&oacute;nde vamos? &mdash;le dijo Trini luego de ingresar a la factor&iacute;a, aunque yendo lejos de su zona de trabajo&mdash;. Tengo que checar mi regreso y volver a&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;No te preocupes, yo cubro tu ausencia &mdash;le dijo Alberto mientras la conduc&iacute;a a un &aacute;rea de la f&aacute;brica distinta a la de costura.<\/p>\n<p>Minutos m&aacute;s tarde, Trinidad se sent&iacute;a recostada en las nubes. Nunca se hab&iacute;a sentido m&aacute;s c&oacute;moda y despreocupada. Pr&aacute;cticamente flotaba. En realidad estaba sobre un mont&oacute;n de retazos de tela, pero era lo bastante mullido como para servirle de cama.<\/p>\n<p>Todo era suavidad y confort, sin embargo, lleg&oacute; el momento en el que Trini fue aterrizando en la realidad. Ten&iacute;a a Alberto S&aacute;nchez Medina, el Jefe de personal, encima de ella y completamente desnudo. &iexcl;Por Dios, ella era una mujer casada! &iexcl;&iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a haberse dejado llevar hasta ese punto?!<\/p>\n<p>Adem&aacute;s ella tambi&eacute;n estaba encuerada. Vio hacia abajo y pudo atestiguar c&oacute;mo el hombre, mediante una de sus manos, le paseaba la hinchada punta cabezona de su falo por la hendidura vertical de su&#8230; &iexcl;su sexo estaba depilado!<\/p>\n<p>Ella se hab&iacute;a dejado rasurar por S&aacute;nchez Medina y no lo recordaba. &iexcl;&iquest;C&oacute;mo se dej&oacute; hacer tal cosa?! Trinidad jam&aacute;s se hab&iacute;a afeitado de all&iacute;. &iquest;C&oacute;mo le explicar&iacute;a a su esposo que le hubiese desaparecido su pelambre? &iexcl;&Eacute;l se dar&iacute;a cuenta!<\/p>\n<p>Trinidad ve&iacute;a el asta de carne resbalar l&uacute;bricamente, amenazando con ingresar a su cuerpo. Aquella abertura parec&iacute;a la tierna boca de una ni&ntilde;a chupando con sus finos labios una roja paleta.<\/p>\n<p>Retomando su pudor grit&oacute;:<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No, no, no, por favor! &iexcl;Alberto, soy una mujer casada!<\/p>\n<p>&mdash;Olvidaste la palabra m&aacute;gica. Debiste decir, soy una mujer &ldquo;felizmente&rdquo; casada. Si lo hubieras dicho yo no&#8230;<\/p>\n<p>Y entonces el hombre procedi&oacute;. La mujer sinti&oacute; el ingreso del invasor a su cuerpo. Era notablemente mayor que el de su marido. Su intimidad nunca se hab&iacute;a abierto tanto, a excepci&oacute;n de las veces que pari&oacute;.<\/p>\n<p>Aunque le era un tanto doloroso, en ese momento tuvo plena consciencia de que su cuerpo en verdad lo deseaba, pues se abri&oacute; y adapt&oacute; al tama&ntilde;o y espesor del ocupante.<\/p>\n<p>Desnuda y pelada de ah&iacute; abajo, echada sobre aquel mont&iacute;culo de sobras de tela, Trinidad estaba abri&eacute;ndose a otro hombre. Uno que la deseaba m&aacute;s que su propio marido.<\/p>\n<p>S&aacute;nchez Medina la estaba penetrando con su tiesa y maciza carne, y si &eacute;sta estaba en esa condici&oacute;n era s&oacute;lo porque ella provocaba tal excitaci&oacute;n. Evidentemente Trinidad le pon&iacute;a dura la verga a ese hombre, y al tener eso en consciencia, se sinti&oacute; tambi&eacute;n excitada.<\/p>\n<p>Alberto le puso una mano sobre el vientre y as&iacute; percibi&oacute; la calidez de la hembra que penetraba. Presion&oacute; m&aacute;s su palma contra el cuerpo con intenci&oacute;n de sentir su propio pene a trav&eacute;s del abdomen femenino, y en efecto, lo sinti&oacute;. El miembro era lo bastante largo y grueso para as&iacute; percibirlo.<\/p>\n<p>Trini misma se sorprendi&oacute; y comenz&oacute; a reaccionar al tama&ntilde;o y a los br&iacute;os de la arremetida. Su bajo vientre se mov&iacute;a de forma espasm&oacute;dica, como en respuesta a la ocupaci&oacute;n f&aacute;lica.<\/p>\n<p>&Eacute;l la besaba desde detr&aacute;s de la oreja hasta bajarle por el cuello. Ella gimi&oacute; del gusto que le provocaba.<\/p>\n<p>La hendidura recib&iacute;a y tragaba con gusto el gordo pedazo de carne. S&aacute;nchez Medina se abr&iacute;a paso sinti&eacute;ndola estrecha como se&ntilde;orita, pese a que aquella ya era madre de dos. Trinidad bien sab&iacute;a que Casimiro, su marido, no la hab&iacute;a dilatado tanto nunca; &eacute;l jam&aacute;s podr&iacute;a hacerlo, y el s&oacute;lo pensarlo provocaba que sus fluidos de mujer brotaran sirvi&eacute;ndoles a ambos de lubricante necesario para la faena.<\/p>\n<p>El brillo que pod&iacute;a verse a lo largo del fuste de Alberto, mientras entraba y sal&iacute;a, proven&iacute;a de la propia Trinidad. Percibiendo la temperatura, movimiento y grosor del invasor, el cuerpo de Trini expulsaba aquellos jugos de forma espont&aacute;nea, reaccionando de acuerdo al placer recibido. Su vibrante reacci&oacute;n a cada arremetida era como un estallido de &eacute;xtasis, parec&iacute;a invitar a una fricci&oacute;n m&aacute;s constante y vigorosa. Ella lo tragaba abraz&aacute;ndolo contra las paredes de su t&uacute;nel, que le quedaba tan estrecho al macho que parec&iacute;a guante de carne de menor talla a la requerida.<\/p>\n<p>Trinidad, por propia boca, pidi&oacute; cambio. Fue as&iacute; como ella se puso en cuatro mostrando su inter&eacute;s de ser cogida de a perrito. Segundos m&aacute;s tarde ambos parecieron convertirse en m&aacute;quinas de &ldquo;coger&rdquo;. As&iacute; como, a unos cuantos metros, las m&aacute;quinas de coser no paraban en su traquetear productivo, as&iacute; ellos se mantuvieron cogiendo en un continuo movimiento r&iacute;tmico, acelerado. Tan coordinado que parec&iacute;an pareja de hace tiempo. Cada uno se ocupaba del movimiento que le correspond&iacute;a, uno met&iacute;a y la otra recib&iacute;a; luego soltaba para inmediatamente volver a recibir. La ejecuci&oacute;n se realizaba diestramente; restreg&aacute;ndose uno contra el otro entre suspiros y jadeos; movi&eacute;ndose constantemente; chocando sus vientres y meneando febrilmente sus caderas; siguiendo un comp&aacute;s marcado por su naturaleza humana. Lo &uacute;nico que ambos deseaban en esos momentos era consumirse en el fuego sexual que los abrasaba.<\/p>\n<p>Cuando por fin lleg&oacute; el tan anhelado orgasmo para Trini, la sudorosa mujer se encorv&oacute; y tirit&oacute; de placer. No obstante, su amante, quien la ten&iacute;a bien sujeta de sus caderas, la sigui&oacute; horadando sin detenerse. Para &eacute;l a&uacute;n le faltaba bastante para llegar al cl&iacute;max, por ello no dejaba de bombearla.<\/p>\n<p>&laquo;C&oacute;mo aguanta&raquo;, pens&oacute; ella, teniendo como &uacute;nica referencia a su esposo, con quien comparaba al que en ese momento la penetraba.<\/p>\n<p>Alberto la embest&iacute;a con un frenes&iacute; que nunca le viera a Casimiro. Cada choque del pubis masculino contra su trasero femenino, y el agarre de esas fuertes manos en sus caderas, demostraban para Trini que aquel hombre que ten&iacute;a detr&aacute;s en verdad sent&iacute;a algo por ella. Crey&oacute; que Alberto S&aacute;nchez Medina la amaba con una pasi&oacute;n desbordada, y que as&iacute; se lo estaba demostrando. Sin embargo, lo que para la mujer era amor, para el macho era puro ardor sexual.<\/p>\n<p>La entrada y salida del miembro masculino se volvi&oacute; a&uacute;n m&aacute;s violento y bestial, parecido a un f&eacute;rreo pist&oacute;n entr&oacute; y sali&oacute; en r&aacute;pida fricci&oacute;n que produjo un calor intenso en la vagina a la mujer no acostumbrada a tal trato. Esto lleg&oacute; a serle ardoroso.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Aaayyy&#8230;.! &iexcl;Para, para! &iexcl;Me arde! &iexcl;Me lastimas! &mdash;grit&oacute; ella.<\/p>\n<p>Pero el hombre no ces&oacute;. La c&oacute;pula se hab&iacute;a vuelto terriblemente violenta y, como remate de ello, S&aacute;nchez Medina us&oacute; sus manos para cachetearle varias veces las nalgas a la se&ntilde;ora que empalaba en su asta de carne.<\/p>\n<p>Los terribles manotazos pronto rompieron vasos capilares que le confirieron un tono m&aacute;s oscuro a las morenas nalgas de Trinidad, nunca antes tratadas as&iacute;. Alberto se hizo de Trini con tal velocidad y dominio que ella misma se sorprendi&oacute; al quedar en otra pose sexual en un par de segundos. Hab&iacute;a colocado a la Se&ntilde;ora de lado con una de sus piernas estirada y la otra flexionada. As&iacute; sigui&oacute; penetr&aacute;ndola y amas&aacute;ndole las nalgas, que ya evidenciaban el maltrato.<\/p>\n<p>Sin dar muestras de cansancio, la coloc&oacute; luego encima de &eacute;l para que ella lo cabalgara.<\/p>\n<p>La mujer, a pesar del trato recibido, hizo lo que estaba en su naturaleza, sin necesidad de mayor instrucci&oacute;n mene&oacute; sus caderas instintivamente. Empotrada en el poste de carne, cual suripanta ejerciendo su oficio, bati&oacute; su pelvis como si su vida dependiera de ello, lo mene&oacute; con la mayor de las fuerzas.<\/p>\n<p>Terrible montada brind&oacute; aquella mujer casada a su improvisada yunta sexual.<\/p>\n<p>Alberto la tom&oacute; de las pantorrillas, desliz&oacute; las piernas de Trini hacia el frente haciendo que ella quedara en cuclillas. Con tal cambio hecho la conmin&oacute; a que hiciera sentadillas sobre su vergazo.<\/p>\n<p>S&aacute;nchez Medina le ofreci&oacute; sus manos como apoyo entrelazando sus dedos con los de ella. Esto Trini lo tom&oacute; como otro gesto amoroso que le brindaba seguridad para no caer. No obstante, aqu&eacute;l pronto le retir&oacute; tal sost&eacute;n, pues us&oacute; sus manos para pellizcarle los oscuros pezones. De forma extra&ntilde;a, Trinidad sinti&oacute; un doloroso placer. Sujetando tales remates de las tetas de la Se&ntilde;ora Alberto los mene&oacute; con tal fuerza que las dos mamas temblaron. Sus senos jam&aacute;s hab&iacute;an padecido tal tipo de trato.<\/p>\n<p>Para cuando aqu&eacute;l se le vino dispar&aacute;ndole su semilla dentro (no hab&iacute;an usado cond&oacute;n), la mujer vibraba; su sudor la recorr&iacute;a desde la cabeza hasta deslizarse por el surco de la espalda y llegarle al canalillo del trasero. Trinidad G&oacute;mez Hern&aacute;ndez se sent&iacute;a consumida de placer y consumada como mujer.<\/p>\n<p>Se dej&oacute; caer sobre el hombre que la hab&iacute;a pose&iacute;do y as&iacute; ambos amantes se abrazaron; ella pensando que aqu&eacute;l la amaba, &eacute;l satisfecho de haberse chingado a otra m&aacute;s.<\/p>\n<p>Minutos despu&eacute;s, la antes recatada se&ntilde;ora, le mam&oacute; el miembro al Jefe de personal, lo hizo a pedido de &eacute;l quien no se qued&oacute; pasivo ya que le meti&oacute; dedo en el apretado anillo, un orificio que a la mujer le serv&iacute;a exclusivamente de salida a sus excresencias. Ahora, sin embargo, se convertir&iacute;a en entrada para aquello que ella mamaba; aunque Trinidad a&uacute;n no lo sab&iacute;a.<\/p>\n<p>Conociendo de hembras, el Jefe de personal ejerci&oacute; un especial trato al &aacute;rea clitoral para que ella estuviese susceptible. Con dedicaci&oacute;n y tiempo, logr&oacute; poner en marcha la propia lujuria de la dama a quien estaba dispuesto a empalar por el ano. Trinidad, por propia mano, sigui&oacute; masturb&aacute;ndole.<\/p>\n<p>Sin que ella lo advirtiera, el hombre tom&oacute; posici&oacute;n, coloc&aacute;ndose detr&aacute;s de ella. Trinidad supuso que simplemente le volver&iacute;a a &ldquo;hacer el amor&rdquo; desde detr&aacute;s. Alberto, sin embargo, manipul&oacute; su propio miembro hasta que &eacute;ste estuvo sobre el asterisco bien cerrado de la dama a penetrar. Esto dio aviso a la mujer de que aqu&eacute;l pretend&iacute;a&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No, por ah&iacute; no! &mdash;grit&oacute;.<\/p>\n<p>Trat&oacute; de detener a su invasor empuj&aacute;ndole el pubis con una mano, pero no pudo, fue in&uacute;til. Alberto se abri&oacute; camino por el t&uacute;nel estrecho. El miembro f&aacute;lico expandi&oacute; el oscuro canal cual embutido, aloj&aacute;ndose ah&iacute; por unos segundos.<\/p>\n<p>La mujer chill&oacute; como puerco, pero su atacante no dej&oacute; de asediarla. En cambio dio fuerte cachetada en una de las mejillas traseras. Alberto no la amaba, no le hac&iacute;a el amor, s&oacute;lo quer&iacute;a saciar su apetito sexual, pero ella a&uacute;n no lo entend&iacute;a.<\/p>\n<p>Tras un momento S&aacute;nchez Medina se puso en cuclillas e inici&oacute; el bombeo; parec&iacute;a como si estuviese haciendo sentadillas, con la peculiaridad de estar conectado con la Se&ntilde;ora v&iacute;a f&aacute;lica. Su talega testicular daba constantes chasquidos al pegar incesantemente con la zona genital de la mujer.<\/p>\n<p>S&aacute;nchez Medina la tom&oacute; de ambos brazos para cruzarlos tras su espalda, haciendo que ella cayera directamente sobre su cara mientras la segu&iacute;a penetrando analmente. Pese a intentarlo Trinidad no pod&iacute;a zafarse.<\/p>\n<p>El hombre sigui&oacute; as&iacute; por varios minutos. Las vigorosas sentadillas parec&iacute;an una rutina de ejercicio que &eacute;l ejerc&iacute;a con disciplina. La dama lo continu&oacute; recibiendo con evidente dolor por el ano.<\/p>\n<p>Las otras trabajadoras de la f&aacute;brica, sus compa&ntilde;eras, continuaban con su jornada laboral a unos cuantos metros. Algunas sab&iacute;an lo que le estaba ocurriendo a Trini, no eran tontas. Al no verla en su lugar, y no ver tampoco al Jefe de personal era lo m&aacute;s obvio. Por ello no faltaron los habituales cuchicheos.<\/p>\n<p>Eulogia tambi&eacute;n lo sab&iacute;a y lo lamentaba. Lamentaba que no le hubiese hecho caso Trinidad. Ahora se ven&iacute;a lo peor cuando Casimiro se enterase de que el Jefe de personal se hab&iacute;a chingado a su propia esposa. Con tanto chismorreo eso era pr&aacute;cticamente inevitable.<\/p>\n<p>Cuando lleg&oacute; la hora de la salida, como buena amiga, en vez de irse a su casa, decidi&oacute; esperar a Trinidad afuera de la f&aacute;brica. Rogaba porque Casimiro no llegara.<\/p>\n<p>Pasados unos minutos su comadre por fin sali&oacute;. Se le notaba exhausta, dir&iacute;a que afligida.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;&iquest;Qu&eacute; pas&oacute; comadre?! &mdash;le inquiri&oacute; inmediatamente Eulogia.<\/p>\n<p>Pero Trinidad guard&oacute; silencio, no contest&oacute;.<\/p>\n<p>Sin embargo tal cuestionamiento inici&oacute; una ola de pensamientos en la mente de Trini. Ni ella misma sab&iacute;a c&oacute;mo explicarse lo ocurrido. No podr&iacute;a negar que hubo un momento en que lo disfrut&oacute;, pero luego fue&#8230;<\/p>\n<p>Y en ese momento Alberto, el Jefe de personal, sali&oacute; de la f&aacute;brica por otro lado, por el estacionamiento, en su auto. Trinidad lo volte&oacute; a ver. Eulogia, viendo c&oacute;mo lo ve&iacute;a, crey&oacute; comprender, dando por juzgada la situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Ay comadre, no que no &mdash;le dijo Eulogia.<\/p>\n<p>Trinidad inmediatamente se sinti&oacute; ofendida. Ella amaba a su marido, &iquest;c&oacute;mo pod&iacute;a creer su propia amiga que fuese capaz de&#8230;?<\/p>\n<p>Pero hab&iacute;a pasado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 12<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>2 Eulogia no sab&iacute;a si esperar a&uacute;n, o ya de plano irse. Hac&iacute;a mucho que sus dem&aacute;s compa&ntilde;eras se hab&iacute;an marchado y ella todav&iacute;a estaba ah&iacute;, a la salida de la f&aacute;brica, esperando. 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