{"id":33845,"date":"2022-02-23T23:00:00","date_gmt":"2022-02-23T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-02-23T23:00:00","modified_gmt":"2022-02-23T23:00:00","slug":"una-fuente-incomparable-de-fruicion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/una-fuente-incomparable-de-fruicion\/","title":{"rendered":"Una fuente incomparable de fruici\u00f3n"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"33845\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 23<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Ernesto era un hombre de piel blanca amarillenta, cabello rubio y lacio que le llegaba hasta los hombros, cejas peludas, ojos celestes, pesta&ntilde;as invisibles, patillas salientes, mejillas rojizas, tabique hundido, nariz grande con aletas amplias, labios bien rosados, ment&oacute;n normal, cuello forrado con manchitas blancas, hombros bien desarrollados, pectorales marcados, abdomen definido, cintura delgada, extremidades fibrosas, manos huesudas, u&ntilde;as transparentes con cut&iacute;culas oscuras. Ten&iacute;a veintis&eacute;is a&ntilde;os de edad y med&iacute;a un metro setenta y ocho. Era lampi&ntilde;o, casi pelado. Ten&iacute;a voz de locutor, se le entend&iacute;a a la perfecci&oacute;n cuando hablaba.<\/p>\n<p>La poderosa tempestad hab&iacute;a estado presente desde hac&iacute;a m&aacute;s de una semana, todo el entorno estaba h&uacute;medo, las calles y avenidas estaban encharcadas, los terrenos bald&iacute;os parec&iacute;an piscinas, los lagos y arroyos estaban desbordados, la erosi&oacute;n h&iacute;drica hab&iacute;a echado a perder huertas y jardines, las terrazas y los techos estaban empapados, las viviendas estaban mojadas y la temperatura se manten&iacute;a por debajo de los veinte grados cent&iacute;grados.<\/p>\n<p>Ernesto se hab&iacute;a tomado unos d&iacute;as libres del trabajo y, debido al horrendo clima, tuvo que quedarse encerrado en su casa como si estuviera cumpliendo prisi&oacute;n domiciliaria. Viv&iacute;a en una peque&ntilde;a morada gris&aacute;cea, con techo en mal estado, puertas macizas, ventanas con celos&iacute;as, pisos monocrom&aacute;ticos y paredes da&ntilde;adas. Ten&iacute;a una cocina-comedor, una sala, el ba&ntilde;o y un patio que compart&iacute;a con varios vecinos. Afuera siempre hab&iacute;a ropa colgada en el tendedero y ni&ntilde;os ruidosos que hac&iacute;an esc&aacute;ndalo.<\/p>\n<p>La vecindad en la que se encontraba no ten&iacute;a nada de malo, a excepci&oacute;n de la puerta de entrada que se estaba cayendo a pedazos. Todos los que all&iacute; resid&iacute;an eran personas de clase media, personas que viv&iacute;an con lo justo y quiz&aacute;s un poquito m&aacute;s. La relaci&oacute;n de Ernesto con los dem&aacute;s miembros de la vecindad era regular, ni buena ni mala. Ah&iacute; ninguno pod&iacute;a lucirse de sus riquezas ni pavonearse de sus trabajos. Todos sab&iacute;an muy bien lo dif&iacute;cil que era ganarse el pan de cada d&iacute;a.<\/p>\n<p>Ernesto ya llevaba cinco a&ntilde;os trabajando en obras de construcci&oacute;n con varios compa&ntilde;eros. Algo que compart&iacute;an todos ellos era la solter&iacute;a, ninguno consegu&iacute;a una pareja estable o una persona fiel con la que pudiese expresarse libremente. Durante los ratos libres, se juntaban entre los alba&ntilde;iles y conversaban sobre experiencias personales. Hab&iacute;a un ingeniero simp&aacute;tico y de buen hablar que siempre hac&iacute;a re&iacute;r al grupo con sus ocurrencias. Se trataba de Javier, el m&aacute;s afable de todos. Le gustaba contarles a los dem&aacute;s lo que hac&iacute;a los fines de semana.<\/p>\n<p>Javier era un hombre fornido de piel morocha, cabello bien corto de color negro, cejas finas, ojos caf&eacute;s, nariz ancha con aletas amplias, labios grandes y morados, dientes blancos como perlas, ment&oacute;n circular, protuberante nuez de Ad&aacute;n, hombros definidos, pectorales bien trabajados, abdomen marcado, cintura ancha, extremidades fibrosas y manos grandes. Ten&iacute;a treinta y siete a&ntilde;os de edad y med&iacute;a un metro noventa y uno. Era bien lampi&ntilde;o, no ten&iacute;a pelos ni en la entrepierna. Ten&iacute;a una voz gruesa que resultaba llamativa, a veces era dif&iacute;cil entender lo que dec&iacute;a por el marcado acento colombiano.<\/p>\n<p>Fue durante un d&iacute;a normal que Ernesto se cruz&oacute; con el ingeniero y le cont&oacute; que hab&iacute;a tenido una cita, pero que las cosas no le salieron bien y ech&oacute; todo a perder en el mejor momento. Ante aquella desdichada oportunidad de ligar con alguien, Javier le coment&oacute; que conoc&iacute;a a una mujer promiscua que ten&iacute;a muchos deseos de experimentar cosas nuevas con hombres j&oacute;venes. Se trataba de una solterona de treinta y nueve a&ntilde;os que hab&iacute;a quedado en bancarrota luego de que su primer novio la cambiara por otra.<\/p>\n<p>Seg&uacute;n lo que se comentaba, la mujer hab&iacute;a quedado tan enfadada con lo que le hab&iacute;a hecho su primer amante que comenz&oacute; a acostarse con todo hombre que se le cruzase. Cobraba una peque&ntilde;a suma de dinero por cada sesi&oacute;n de amor que brindaba desde su casa, tal y como lo har&iacute;a una prostituta, y as&iacute; fue recuperando el dinero que hab&iacute;a perdido por culpa del exnovio. &Eacute;l le hab&iacute;a robado casi todos sus ahorros para mudarse del pa&iacute;s e irse a vivir a Espa&ntilde;a con una jovenzuela bien zonza.<\/p>\n<p>El nombre de la mujer era Estela (hija de inmigrantes), una persona amorosa y de buen vestir. Pese a no tener una fortuna, viv&iacute;a en una morada digna. Ten&iacute;a dos gatos siameses y un loro que cuidaba la casa cuando ella no estaba. Trabajaba como profesora de danza y daba clases de m&uacute;sica los s&aacute;bados por la tarde en una escuela para adultos. Era com&uacute;n que los transe&uacute;ntes le tiraran piropos y le susurrasen cosas a espaldas. Se manten&iacute;a muy bien a pesar de la edad.<\/p>\n<p>Estela era un mu&ntilde;eca de piel blanca, cabello rojizo y lacio que le llegaba hasta la mitad de la espalda, oreja chicas, cejas finas, ojos verdes, p&oacute;mulos marcados con manchitas, nariz peque&ntilde;a, labios rosados, ment&oacute;n triangular, cerviz salpicada con lunarcitos, pechos grandes, abdomen chato, cintura angosta, cadera ancha, brazos delgados, nalgas abultadas, piernas carnosas, manos peque&ntilde;as y u&ntilde;as cortas pintadas de color lila. Med&iacute;a un metro setenta y siete y ten&iacute;a el cuerpo totalmente depilado. Cabe mencionar que no ten&iacute;a ni celulitis ni problemas de peso corporal.<\/p>\n<p>Javier le hab&iacute;a contado que ten&iacute;a pensado ir a visitar a Estela durante el fin de semana, pero no estaba seguro en qu&eacute; momento lo har&iacute;a. Le propuso que lo acompa&ntilde;ara para que la conociera en persona ya que era una mujer encantadora que enamoraba a cualquiera con su bella sonrisa. Ernesto le pidi&oacute; que le diera el n&uacute;mero de tel&eacute;fono de aquella mujer para llamarla. &Eacute;l quer&iacute;a hablar con ella antes de ir a visitarla.<\/p>\n<p>Intento tras intento, ponerse en contacto con Estela fue imposible para Ernesto. Pens&oacute; que a lo mejor ella lo llamar&iacute;a en alg&uacute;n momento para saber qui&eacute;n hab&iacute;a estado llam&aacute;ndola tantas veces. Lo que Ernesto quer&iacute;a era cerciorarse de que esa mujer fuese lo que Javier hab&iacute;a descripto y no una persona com&uacute;n y corriente como la que hab&iacute;a conocido en la &uacute;ltima cita. La espera se hab&iacute;a hecho tan extensa que finalmente se dio por vencido.<\/p>\n<p>Eran casi las nueve de la noche cuando el celular son&oacute;, Ernesto estaba lo m&aacute;s tranquilo viendo una pel&iacute;cula de acci&oacute;n en la televisi&oacute;n y apenas se dio cuenta. Se levant&oacute; del maltratado sill&oacute;n y agarr&oacute; el celular para contestar. Se llev&oacute; una gran sorpresa al escuchar la voz m&aacute;s dulce del mundo a trav&eacute;s del parlante. El milagro se hab&iacute;a cumplido: Estela por fin lo llam&oacute;. Los nervios se apoderaron de &eacute;l y qued&oacute; tartamudo por un rato, como si no supiera c&oacute;mo responder.<\/p>\n<p>Estela lo llam&oacute; para contarle que ten&iacute;a la noche libre y que enviar&iacute;a a Javier a recogerlo para que no tuviera que caminar o viajar en autob&uacute;s. Ella viv&iacute;a a m&aacute;s de quince kil&oacute;metros e ir hasta su casa bajo la lluvia era un verdadero fastidio. Le confes&oacute; que estaba muy ansiosa por conocerlo en persona, le dijo que quer&iacute;a probar carne joven y suculenta. Adem&aacute;s, le avis&oacute; que Javier tambi&eacute;n participar&iacute;a de la escena, por lo que no estar&iacute;a solo con ella.<\/p>\n<p>Al escucharla decir eso, pens&oacute; que har&iacute;an un tr&iacute;o como los de las pel&iacute;culas: un hombre por delante y otro hombre por detr&aacute;s. En realidad, lo que Estela pretend&iacute;a era otra cosa m&aacute;s, pero &eacute;l no se lo imaginaba. Javier era abiertamente bisexual y le gustaba met&eacute;rsela a hombres y a mujeres por igual, con ambos sexos disfrutaba. El atractivo ingeniero hab&iacute;a tenido muchas experiencias sexuales con personas de todas las edades, excepto con menores de edad. Se autoconsideraba un semental porque estaba bien dotado.<\/p>\n<p>Ernesto le dijo que quer&iacute;a verla con ropa provocativa antes de cog&eacute;rsela, que no quer&iacute;a apresurarse porque siempre met&iacute;a la pata cuando el tiempo le jugaba en contra. Su mayor deseo era tener contacto f&iacute;sico con ella antes de penetrarla, y de ser posible, intercambiar caricias como lo hac&iacute;an las parejas antes de hacer el amor. No le importaba en lo m&aacute;s m&iacute;nimo que ella fuese mayor que &eacute;l o que tuviese m&aacute;s experiencia en la cama, lo &uacute;nico que quer&iacute;a era pasarla bien un rato.<\/p>\n<p>Tras finalizar la llamada, se contact&oacute; con Javier para decirle cu&aacute;l era su direcci&oacute;n exacta a fin de que pudiese ir a buscarlo. Se puso la mejor ropa que ten&iacute;a: una camisa blanca con botones negros, un pantal&oacute;n de vestir de color marr&oacute;n oscuro, calcetines grises, zapatos negros de suela alta y perfume por todo el cuerpo. Le temblaban las manos y no pod&iacute;a dejar las piernas quietas. Sent&iacute;a mariposas en el est&oacute;mago al saber que esa misma noche tendr&iacute;a un encuentro amoroso con una treintona.<\/p>\n<p>Se sent&oacute; en el mismo sill&oacute;n descolorido de antes, apag&oacute; la televisi&oacute;n y se qued&oacute; pensando en c&oacute;mo ser&iacute;a la escena de sexo. Ten&iacute;a tan poca experiencia tratando con mujeres que ni siquiera sab&iacute;a c&oacute;mo hacer para conquistarlas, era un verdadero desastre para el ligue. Supon&iacute;a que Estela no ser&iacute;a tan exigente con &eacute;l considerando la diferencia de edad y las experiencias previas. Lo que ella buscaba era contacto carnal, no una cita amorosa que durase una eternidad ni un lir&oacute;foro que le dijese con pulcritud lo que sent&iacute;a por ella.<\/p>\n<p>La espera se hac&iacute;a interminable y los deseos por coger no desist&iacute;an. Ernesto tuvo que moverse un poco por la sala para hacer tiempo, estirar los m&uacute;sculos para que no se le acalambraran durante el viaje y hablar consigo mismo frente al espejo del ba&ntilde;o para sentirse m&aacute;s relajado. Por la forma en la que estaba vestido, Estela jam&aacute;s sospechar&iacute;a que &eacute;l era un hombre de bajos ingresos que viv&iacute;a con lo justo. De todas formas, ella no discriminaba a ricos y pobres.<\/p>\n<p>Antes de las diez de la noche, Javier se contact&oacute; con Ernesto y le dijo que estaba por llegar. El obrero guard&oacute; el celular en el bolsillo del pantal&oacute;n, agarr&oacute; un paraguas, apag&oacute; las luces, tom&oacute; la llave, sali&oacute; de la casa, cerr&oacute; la puerta y se march&oacute; sin decir nada. Trot&oacute; cu&aacute;n r&aacute;pido pudo hasta la puerta de entrada, ah&iacute; se qued&oacute; esperando hasta que Javier apareciera.<\/p>\n<p>No pas&oacute; ni medio minuto hasta que el ingeniero lleg&oacute; en su auto de alta gama. Ten&iacute;a un BMW serie 8 coup&eacute; de color azul marino que hab&iacute;a comprado hac&iacute;a dos a&ntilde;os y luc&iacute;a como si todav&iacute;a estuviese nuevo. Al abrir la puerta y sentarse en el asiento del copiloto, Ernesto se sent&iacute;a como si estuviera dentro de una nave espacial. Lo amplio y moderno del dise&ntilde;o le parec&iacute;a magn&iacute;fico. Nunca antes hab&iacute;a estado dentro de un veh&iacute;culo tan lujoso.<\/p>\n<p>Javier llevaba puesto un traje negro con corbata roja, camisa blanca, pantal&oacute;n de vestir, calcetines blancos, zapatos marrones y un Rolex en la mu&ntilde;eca izquierda. Se hab&iacute;a puesto un perfume fuert&iacute;simo que se ol&iacute;a a kil&oacute;metros de distancia. A simple vista, parec&iacute;a un multimillonario con anhelos de lucirse frente a los dem&aacute;s. En realidad, era un hombre com&uacute;n que le gustaba vestirse con elegancia y juntarse con la chusma.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Vendes droga o qu&eacute;? &mdash;Ernesto le pregunt&oacute; en broma y se puso el cintur&oacute;n de seguridad. En ning&uacute;n momento quiso sonar grosero&mdash;. &iquest;C&oacute;mo hiciste para comprar esta m&aacute;quina?<\/p>\n<p>&mdash;No estuve ocho a&ntilde;os en la facultad de ingenier&iacute;a por gusto &mdash;le respondi&oacute; y pis&oacute; el acelerador&mdash;. Este carro lo compr&eacute; con mis ahorros y un pr&eacute;stamo del banco.<\/p>\n<p>&mdash;Con un cochazo como este ninguna mujer te dir&iacute;a que no.<\/p>\n<p>Durante el viaje por las calles inundadas, se la pasaron hablando de autos de alta gama y de los precios que hab&iacute;a en el mercado. Ernesto so&ntilde;aba con comprarse un buen auto que tuviese un motor grande y potente, pero que no costase una millonada. Javier le recomend&oacute; algunos modelos a precios razonables, no tan potentes pero s&iacute; muy vistosos. Para poder acceder a uno de esos autos, Ernesto ten&iacute;a que ganar un muy buen sueldo (como el de un diputado).<\/p>\n<p>Al llegar al destino, Javier se detuvo a pocos metros de la casa, apag&oacute; el motor, retir&oacute; la llave y le dijo al copiloto que ya estaban en el sitio de encuentro. Ernesto estaba alterado porque no sab&iacute;a c&oacute;mo comportarse para seducir a una dama, no quer&iacute;a volver a cometer los mismos errores de antes. Ten&iacute;a miedo de hacer el rid&iacute;culo frente al ingeniero que se hab&iacute;a tomado la molestia de llevarlo hasta all&iacute; sin cobrarle ni un centavo.<\/p>\n<p>&mdash;No te preocupes por nada, parcero. Estela y yo ya lo hablamos. No haremos nada de otro mundo. Tendremos una cena normal y luego nos divertiremos un poco.<\/p>\n<p>&mdash;Hay algo de lo que no te habl&eacute;. Me daba verg&uuml;enza dec&iacute;rtelo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute; se trata? &mdash;insisti&oacute; en saber.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, digamos que no resisto mucho cuando me excito &mdash;le cont&oacute; y trag&oacute; saliva antes de continuar&mdash;. Yo s&eacute; que a las mujeres les gusta el sexo duradero. Me temo que yo no soy el indicado para eso. Me vengo enseguida.<\/p>\n<p>&mdash;Eso tiene arreglo &mdash;le contest&oacute; para calmarlo&mdash;. Tengo un gel especial con efecto anest&eacute;sico. Te servir&aacute; para aguantar m&aacute;s tiempo sin venirte. Siempre lo uso porque tengo el mismo problema que t&uacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Ah, pens&eacute; que era algo grave.<\/p>\n<p>&mdash;No pasa nada &mdash;le asegur&oacute;&mdash;. Ven, vayamos que Estela nos est&aacute; esperando.<\/p>\n<p>Bajaron del veh&iacute;culo, caminaron por la acera bajo el paraguas que Ernesto hab&iacute;a llevado, se metieron por una entrada cubierta por un techo met&aacute;lico, se quedaron de pie frente al port&oacute;n negro y tocaron el timbre. En cuesti&oacute;n de nada, el port&oacute;n de entrada se movi&oacute; hacia un costado, atravesaron un prolijo jard&iacute;n con arbustos podados y flores coloridas, cruzaron por un sendero pedregoso que los llev&oacute; hasta la escalinata de la vivienda. Como era de noche y hab&iacute;a poca luz, no se ve&iacute;a con claridad. La casa de Estela era grande y lujosa.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; jartera esta lluvia! Parece un diluvio.<\/p>\n<p>&mdash;A m&iacute; tambi&eacute;n me tiene harto.<\/p>\n<p>La detallada puerta principal, la cual era de roble y poes&iacute;a una aldaba arg&eacute;ntea, se abri&oacute; para dejar entrar a los invitados. Una preciosa mujer de aspecto atractivo, vestida con pantal&oacute;n vaquero de color verde, una blusa rosada y calcetines amarillos, apareci&oacute; frente a ellos. Les dio la bienvenida y les pidi&oacute; disculpas porque a&uacute;n no se hab&iacute;a calzado. Le dio un poquito de verg&uuml;enza salir as&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;No hay de qu&eacute; disculparse, mi reina &mdash;Javier le habl&oacute;&mdash;. Lo importante es que estamos aqu&iacute; como acordamos.<\/p>\n<p>&mdash;Veo que me trajiste a este jovencito encantador. &mdash;Le clav&oacute; la mirada m&aacute;s intensa de todas y estudi&oacute; su cuerpo de arriba abajo&mdash;. Ans&iacute;o conocerlo.<\/p>\n<p>&mdash;Ya habr&aacute; tiempo para conocerlo. Por lo pronto, necesitamos descansar un poco.<\/p>\n<p>&mdash;Pasen.<\/p>\n<p>Al ingresar a la casa, Ernesto qued&oacute; boquiabierto al ver tanta belleza y prolijidad. Si bien la vivienda no era una mansi&oacute;n, por dentro luc&iacute;a incre&iacute;ble. Las paredes eran blancas como la nieve, hab&iacute;a cuadros con pinturas de paisajes en cada muro, los pisos estaban protegidos con cer&aacute;micos plateados, los muebles eran de algarrobo y brillaban como si fuesen nuevos, la grifer&iacute;a y los picaportes parec&iacute;an estar hechos de oro, el techo enyesado ten&iacute;a l&aacute;mparas colgantes que iluminaban con gran intensidad.<\/p>\n<p>La sala era el sitio m&aacute;s amplio, con un sof&aacute; y dos sillones de cuero, una mesita con revistas encima, una televisi&oacute;n pantalla plana, un reproductor de DVD, veladores sobre las mesitas de los costados, una gigantesca alfombra con figuras abstractas y complejos bordados, una estufa pegada a la parte baja de la pared, una ventana que daba hacia la parte externa y varios llamadores de &aacute;ngeles que colgaban del techo.<\/p>\n<p>A la derecha, estaban la cocina y el comedor; a la izquierda, estaba el ba&ntilde;o y el cuarto de lavado; en la parte del fondo, hab&iacute;a una habitaci&oacute;n donde dorm&iacute;a la due&ntilde;a de la casa y otra que estaba reservada para los visitantes que necesitaban hospedarse temporalmente. La parte de atr&aacute;s ten&iacute;a un galp&oacute;n donde se guardaban las herramientas y las cosas que no se usaban con frecuencia.<\/p>\n<p>Ernesto se sent&iacute;a como si estuviera en un palacio. Javier no estaba sorprendido de nada, ya hab&iacute;a estado ah&iacute; en reiteradas ocasiones, hasta se encarg&oacute; de barnizar uno de los muebles de la sala. Estela se sent&iacute;a c&oacute;moda en esa casa, por m&aacute;s que todav&iacute;a no hab&iacute;a terminado de pagar la hipoteca. De no ser por la ayuda que le hab&iacute;a brindado Javier, no habr&iacute;a podido seguir viviendo ah&iacute;. &Eacute;l le pagaba muy bien por cada sesi&oacute;n de amor que le ofrec&iacute;a.<\/p>\n<p>Ernesto y Javier se sentaron en el sof&aacute;, aflojaron los cinturones, se quitaron los zapatos y estiraron las piernas. Estela les ofreci&oacute; un poco de jugo de pi&ntilde;a y les dijo que pronto estar&iacute;a lista la cena. Ella no acostumbraba ofrecer bebidas alcoh&oacute;licas ni comidas extravagantes, le gustaba lo sencillo. Tampoco ten&iacute;a dinero para despilfarrar como su novio que ganaba fortunas vendiendo esculturas y estatuillas. &Eacute;l era un excelente escultor y un gran amante del arte hiperrealista, por eso su relaci&oacute;n con Estela no dur&oacute; mucho.<\/p>\n<p>Mientras esperaban a que estuviera lista la comida, los hombres intercambiaron miradas, inquietudes, palabras y sugerencias. Quer&iacute;an que todo pareciese normal hasta que llegase el momento indicado para entrar en acci&oacute;n. Para no excitarse con demasiada antelaci&oacute;n, ten&iacute;an que fingir que no sab&iacute;an lo que iba a pasar a medianoche. De esa manera, no se distraer&iacute;an pensando en sexo ni en cochinadas.<\/p>\n<p>Cuando la cena por fin estuvo lista, Estela los invit&oacute; a que se acomodaran en el lujoso comedor y que tomaran una silla para sentarse. La mesa era redonda y estaba emperejilada con un mantel p&uacute;rpura de mediana calidad. Las sillas eran macizas y pesaba una tonelada cada una. Ella les sirvi&oacute; un sabroso men&uacute; de espagueti con salsa blanca y una exquisita lasa&ntilde;a. Dem&aacute;s est&aacute; decir que su especialidad era la comida italiana.<\/p>\n<p>Disfrutaron la cena en silencio, comieron despacio y bebieron jugo de fruta. Com&iacute;an como si fuese una reuni&oacute;n familiar, sin pleitos ni discusiones. La paz y la tranquilidad se hab&iacute;an apoderado del comedor y los visitantes no hicieron m&aacute;s que degustar la sabrosa comida que la anfitriona hab&iacute;a preparado especialmente para ellos. Los platillos eran un manjar, uno de los mejores que hab&iacute;an tenido el gusto de probar.<\/p>\n<p>En la sobremesa, luego de que todos terminaran de comer, se pusieron a hablar sobre cuestiones personales. Javier mencion&oacute; que ten&iacute;a ganas de mudarse a otra parte porque no aguantaba a sus molestosos vecinos que pon&iacute;an m&uacute;sica a todo volumen los fines de semana. Estela les cont&oacute; que necesitaba dinero para comprarse un nuevo lavarropas porque el que ten&iacute;a estaba deteriorado. Ernesto s&oacute;lo se limit&oacute; a hablar de su trabajo y lo dificultosa que era la econom&iacute;a de un obrero con un salario regular.<\/p>\n<p>Cuando Estela le pregunt&oacute; a Ernesto sobre su vida sexual, se le hizo un nudo en la garganta y qued&oacute; callado por un momento. Le daba verg&uuml;enza contarle las cosas que hab&iacute;a hecho de joven, lo malo que era como seductor y la poca experiencia que ten&iacute;a en el sexo. Javier, en cambio, era un genuino rompecorazones. No s&oacute;lo era un profesional que ganaba muy bien, tambi&eacute;n era un experto para ganarse el cari&ntilde;o de las damas.<\/p>\n<p>Contrario a la creencia popular, Javier no conquistaba mujeres por el tama&ntilde;o de su tranca o por el cuerpo nervudo que ten&iacute;a, sab&iacute;a c&oacute;mo tratar a las mujeres y c&oacute;mo hacer para que se sintieran a gusto con &eacute;l. El sexo lo dejaba para &uacute;ltima instancia, una vez pasada la etapa de enamoramiento. Lo primero que hac&iacute;a era coquetear con palabras y luego recurr&iacute;a a los halagos. Demostraba que le importaba los sentimientos de sus compa&ntilde;eras, y eso lo convert&iacute;a en un hombre querible (seg&uacute;n las opiniones de las mujeres que hab&iacute;an estado con &eacute;l).<\/p>\n<p>Para que la incomodidad no persistiese, Estela se puso a hablar de las cosas que hac&iacute;a en su tiempo libre, lo mucho que disfrutaba la compa&ntilde;&iacute;a de sus mascotas y lo bien que dorm&iacute;a sabiendo que so&ntilde;ar&iacute;a con alguno de sus galanes. Frecuentaba el mundo de las fantas&iacute;as sexuales con los hombres m&aacute;s gallardos. Le fascinaba so&ntilde;ar con ellos e imaginarse las escenas de sexo con plenitud de detalles.<\/p>\n<p>Sin embargo, hab&iacute;a algo m&aacute;s que ella siempre hab&iacute;a querido ver en persona y era, precisamente, una escena pasional entre hombres. Anhelaba ver a dos hombres tocarse frente a ella y darse cari&ntilde;o como una pareja de gays. Se le humedec&iacute;a la concha con tan s&oacute;lo imagin&aacute;rselo. Despu&eacute;s de haber tenido espor&aacute;dicas experiencias con otras mujeres de su edad, descubri&oacute; que el placer no discriminaba sexos ni orientaci&oacute;n sexual. Supon&iacute;a que, si dos mujeres pod&iacute;an excitarse toc&aacute;ndose, tambi&eacute;n pod&iacute;an hacerlo dos hombres.<\/p>\n<p>Ernesto no era homof&oacute;bico y tampoco ten&iacute;a v&eacute;rtigo en la cola, por lo que aquellas experiencias deseadas poco le preocupaban. Lo que todav&iacute;a no sab&iacute;a era que el ingeniero que hab&iacute;a trabajado tanto tiempo con &eacute;l, ten&iacute;a unas ganas terribles de cog&eacute;rselo. A Javier le gustaban los hombres j&oacute;venes, de rasgos masculinos y culos sin estrenar. Debido al tama&ntilde;o elefanti&aacute;sico de su miembro, ten&iacute;a que ser gentil con sus parejas de juego. Era considerado descort&eacute;s sodomizar salvajemente a alguien que desconoc&iacute;a la estimulaci&oacute;n anal.<\/p>\n<p>Para ir calentando motores, Javier hizo comentarios ir&oacute;nicos en los que mencion&oacute; agujeros apretados y objetos grandes, refiri&eacute;ndose a su aparato reproductor y al ano del acompa&ntilde;ante de la cena. Ernesto, sin captar el significado de aquellos comentarios con mensajes subliminales, se sent&iacute;a como el perico de los palotes. No sab&iacute;a qu&eacute; palabras escupir ni qu&eacute; sugerencias hacer. Se manten&iacute;a con la boca sellada, tal y como acostumbraba hacer cuando no se le ven&iacute;a nada a la mente.<\/p>\n<p>Estela sab&iacute;a que ser&iacute;a dif&iacute;cil para Ernesto aceptar ser sodomizado por un compa&ntilde;ero de trabajo al que le ten&iacute;a mucho respeto, pero no lo consideraba una imposibilidad. Para que el joven aceptase el reto, ten&iacute;a que buscar la forma de persuadirlo (extorsionarlo) con el fin de que diera su consentimiento. Decir que no ser&iacute;a inadecuado despu&eacute;s del favor que le hab&iacute;a hecho Javier al llevarlo en su auto y al invitarlo a cenar en la morada de la mujer.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Alguno de ustedes desea hacer uso del ba&ntilde;o? &mdash;les pregunt&oacute; Estela y los mir&oacute; a los ojos antes de levantarse de la mesa&mdash;. Yo necesito vaciar la vejiga.<\/p>\n<p>&mdash;Es mejor que lo hagas despu&eacute;s de acabar &mdash;le respondi&oacute; Javier con una mirada picarona.<\/p>\n<p>&mdash;No puedo esperar tanto. Yo no puedo retener la orina como ustedes &mdash;le dijo y se rio.<\/p>\n<p>&mdash;Ve al ba&ntilde;o. Nosotros te esperaremos en el cuarto.<\/p>\n<p>&mdash;No se les ocurra fugarse, eh &mdash;les advirti&oacute; y se fue al ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>Javier movi&oacute; la silla de lugar, se puso de pie y le hizo un adem&aacute;n a Ernesto para que lo siguiera por detr&aacute;s. El joven camin&oacute; en pos del ingeniero, no tuvo que esforzarse mucho para adivinar lo que vendr&iacute;a a continuaci&oacute;n. Al ingresar a la c&oacute;moda habitaci&oacute;n con una amplia cama matrimonial y muebles limpios, se pararon frente a la puerta y la recostaron un poco. Fue en ese momento desconcertante que el diab&oacute;lico plan de Javier sali&oacute; a la luz.<\/p>\n<p>&mdash;Antes que nada, me disculpo por no hab&eacute;rtelo dicho antes &mdash;le dijo Javier y le puso las manos en los hombros&mdash;. No quer&iacute;a hacerlo de esta manera. Estela fue la que me pidi&oacute; que guardara silencio. Si fuera por m&iacute;, te lo habr&iacute;a dicho desde el principio.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute; est&aacute;s hablando? No comprendo.<\/p>\n<p>&mdash;Me gustan los hombres y las mujeres &mdash;le confes&oacute; de coraz&oacute;n&mdash;. Como Estela insiste en presenciar una escena de sexo entre hombres, me ofrec&iacute; para traerle un esp&eacute;cimen masculino. Por eso te traje a ti. Esta noche la planificamos para darte una sorpresa &mdash;le explic&oacute; en qu&eacute; consist&iacute;a el plan y le quit&oacute; las manos de encima&mdash;. Pero no desesperes. No te obligar&eacute; a hacer algo que no quieras.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Acaso pretendes cogerme para que ella vea? Esa no era la idea.<\/p>\n<p>&mdash;S&oacute;lo ser&aacute; una escena de calentamiento. Te aseguro que ella no dejar&aacute; que la penetres si no dejas que yo te penetre primero.<\/p>\n<p>Ernesto se tom&oacute; todo el tiempo del mundo para pensarlo con detenimiento. Lo que &eacute;l quer&iacute;a era cogerse a esa hermosa pelirroja, no que otro hombre le diera por atr&aacute;s. Pero si la &uacute;nica forma de acceder a ella era dej&aacute;ndose penetrar por otro hombre, no le quedaba otra alternativa. Ten&iacute;a que dejar de lado el temor y sacrificar el orgullo masculino. No pod&iacute;a decir que no ni tampoco irse como si nada. No quer&iacute;a parecer un maleducado ni un ingrato.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Duele mucho? &mdash;arroj&oacute; la pregunta a bocajarro.<\/p>\n<p>&mdash;Usando el lubricante apropiado, no sentir&aacute;s dolor. O en caso de sentirlo, ser&aacute; apenas notable.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;T&uacute; ya probaste?<\/p>\n<p>&mdash;Obvio que prob&eacute;. &iquest;Por qu&eacute; otra raz&oacute;n crees que quiero met&eacute;rtela? Est&aacute; claro que ya s&eacute; c&oacute;mo se siente.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quieres que sufra?<\/p>\n<p>&mdash;Quiero que goces como yo goc&eacute;. Eres un buen hombre y mereces sentir el m&aacute;ximo placer.<\/p>\n<p>&mdash;Vaci&eacute; la tuber&iacute;a esta ma&ntilde;ana &mdash;mencion&oacute;, haciendo referencia a sus intestinos&mdash;. &iquest;No hay problema con eso?<\/p>\n<p>&mdash;Mejor para m&iacute;. Tendr&eacute; m&aacute;s espacio para explorar.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Piensas hacerme una colonoscopia o algo por estilo?<\/p>\n<p>&mdash;No llegar&eacute; tan adentro.<\/p>\n<p>Estela apareci&oacute; en ropa interior, un sost&eacute;n negro le tapaba los pechos y una tanga roja le cubr&iacute;a los genitales. Se hab&iacute;a quitado los calcetines y se coloc&oacute; un perfume que atra&iacute;a a los hombres como el olor de una perra en celo a los canes. Estaba ansiosa por empezar, al igual que ellos lo estaban por verla en cueros. El cuerpo de esa s&iacute;lfide era bell&iacute;simo desde donde sea que se mirara.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No piensan desvestirse? &mdash;les pregunt&oacute;, con una mirada sical&iacute;ptica que denotaba lo que quer&iacute;a ver.<\/p>\n<p>&mdash;Ser&aacute; m&aacute;s divertido si nos das una mano &mdash;le sugiri&oacute; Javier&mdash;. Echa un vistazo antes de comenzar.<\/p>\n<p>&mdash;Como gusten.<\/p>\n<p>La mujer se aproxim&oacute; a ellos meneando la cadera como una bailarina nocturna, toc&oacute; con sus suaves manos los rostros de ambos, les acarici&oacute; el cuello, palp&oacute; los canes&uacute;es de las camisas, explor&oacute; la parte alta del pecho, luego restreg&oacute; el resto del t&oacute;rax. Hurg&oacute; en los botones, en los laterales de las caderas y, desde luego, en las aproximaciones de los cinturones. Roz&oacute; las braguetas de los pantalones con las u&ntilde;as, rasp&oacute; la tela de los pantalones, fisgone&oacute; en la parte central del pubis y cosquille&oacute; los paquetes.<\/p>\n<p>Se acomod&oacute; entre los dos, se movi&oacute; de un lado a otro, tante&oacute; los m&uacute;sculos de la espalda, les toc&oacute; la nuca y luego se desplaz&oacute; para que la acorralaran contra el borde de la cama. En la punta apoy&oacute; las posaderas, desde all&iacute; manipul&oacute; los cinturones y los desabroch&oacute;. Les baj&oacute; la bragueta y les pidi&oacute; que se quedaran quietos mientras ella examinaba los bultos en el interior de los calzones.<\/p>\n<p>La mano izquierda palp&oacute; el paquete de Javier y la mano derecha palp&oacute; el paquete de Ernesto. Los dos se sent&iacute;an ansiosos por iniciar la memorable escena de sexo, mas ella ten&iacute;a ganas de disfrutar el cortejo con cuentagotas. Aquellas traviesas manos estudiaban la carne blanda que yac&iacute;a oculta tras la tela de la ropa interior. Al manosearlos de esa manera, hizo que se excitaran. Las caricias que les daba los iban poniendo tensos a los dos, hasta llegar a un punto en el que ya no pod&iacute;an disimularlo.<\/p>\n<p>Los calzones de ambos tomaron forma de carpa, algo protuberante hac&iacute;a que la tela se estirara. Ella sab&iacute;a muy bien que estaba haciendo un buen trabajo de precalentamiento. Al verlos excitarse con tanta rapidez, supon&iacute;a que ser&iacute;a pan comido lo que vendr&iacute;a luego. Javier y Ernesto intercambiaban miradas ligeras sin susurrar ni una sola palabra. La estaban pasando muy bien ah&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;El masaje er&oacute;tico est&aacute; bacano. Sirve para entrar en calor &mdash;musit&oacute; Javier y pispi&oacute; el bulto de su compa&ntilde;ero sin que &eacute;l se diera cuenta.<\/p>\n<p>Los invitados se desprendieron la camisa, expusieron sus troncos, ofrecieron todo el arsenal que ten&iacute;an para que ella tanteara. Ver hombres semidesnudos siempre le daba p&aacute;bulo a su arrechura. Sigui&oacute; explorando la entrepierna y descendi&oacute; despacito por los muslos, rozando los cu&aacute;driceps y los femorales de cada uno. Las piernas fibrosas de hombres le resultaban atractivas.<\/p>\n<p>Las manos siguieron explorando la regi&oacute;n central, palparon la zona testicular, toquetearon la parte baja y apretujaron con cari&ntilde;o los arpones semirr&iacute;gidos que ya hab&iacute;an empezado a humedecerse. Dada la incontenible ansiedad, meti&oacute; la mano por encima del el&aacute;stico y toc&oacute; los miembros directamente. Hacer eso la puso a&uacute;n m&aacute;s cachonda. Sab&iacute;a que esa noche gozar&iacute;a como nunca.<\/p>\n<p>Ellos siguieron adelante con el juego, se bajaron los calzones, se quitaron las camisas y los calcetines, y se quedaron quietos frente a la curiosa f&eacute;mina. Ella retom&oacute; los masajes para hacer que esos chorizos crecieran y se pusieran firmes. Una vez alcanzada la etapa final de la erecci&oacute;n, ofreci&oacute; besitos h&uacute;medos en el b&aacute;lano de cada uno, acompa&ntilde;ando con cosquillitas en las bolas. Los dos estaban circuncidados y ten&iacute;an vergas venosas y oscuras.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;Javier! &mdash;Ernesto no ten&iacute;a palabras para describir lo asombrado que estaba de ver al ingeniero en pelotas. Ese tremendo pedazo de carne entre sus piernas lo intranquilizaba&mdash;. Qu&eacute; herramienta la tuya.<\/p>\n<p>&mdash;Los colombianos la tienen grande &mdash;susurr&oacute; Estela y sonri&oacute;.<\/p>\n<p>La verga de Javier ten&iacute;a cuatro cent&iacute;metros de grosor y veinticinco cent&iacute;metros de largo. La de Ernesto no llegaba a tres en grosor y apenas alcanzaba veinte en erecci&oacute;n. Ambos estaban bien dotados; Estela estaba fascinada de verlos. Tocar genitales de hombres era su especialidad, y m&aacute;s cuando eran de tama&ntilde;o considerable.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Piensas meterme esa cosa en el culo? &mdash;Ernesto le pregunt&oacute;, mir&aacute;ndolo con desconfianza&mdash;. Me partir&aacute;s por la mitad.<\/p>\n<p>&mdash;No es para tanto. Hay hombres que la tienen m&aacute;s grande que yo &mdash;le respondi&oacute;&mdash;. Adem&aacute;s, yo lo hago despacito y con calma. No te pasar&aacute; nada.<\/p>\n<p>&mdash;Me raspar&aacute; las almorranas.<\/p>\n<p>&mdash;Con el lubricante que traje, gozar&aacute;s como no tienes idea.<\/p>\n<p>Estela sabore&oacute; las dos vergas tiesas que ten&iacute;a al alcance de la mano, las ensaliv&oacute;, las besuque&oacute;, las mordisque&oacute;, las lami&oacute; y las refreg&oacute; contra sus mejillas. Les sob&oacute; las bolas y les rasc&oacute; el perineo. Quer&iacute;a sentir la carne masculina lo m&aacute;s cerca posible. Se relam&iacute;a pensando en la escena que har&iacute;an los dos frente a ella. Fue tragando los miembros despacio, con la finalidad de degustar el n&eacute;ctar transparente que sal&iacute;a de la uretra. Les sorbi&oacute; el fluido preseminal y les chup&oacute; el meato urinario junto con el frenillo.<\/p>\n<p>Lo siguiente en hacer fue quitarse el sost&eacute;n y frotar los glandes contra esos enrojecidos pezones que parec&iacute;an flores primaverales. Aceit&oacute; las tetas con los fluidos que los hombres segregaban. Esos grasientos pomelos femeninos fueron sometidos a los vergazos m&aacute;s brutales. Sosten&iacute;a con fuerza las mangueras para que no perdieran rigidez. Estaba poniendo a prueba la dureza de cada una.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que ya es tiempo de pasar a la segunda parte &mdash;dijo Estela y se detuvo&mdash;. Javier, es todo tuyo.<\/p>\n<p>Javier se agach&oacute;, sac&oacute; del bolsillo de su pantal&oacute;n una botellita de color blanco con una etiqueta amarilla. Se la ense&ntilde;&oacute; a Ernesto para que la viese de cerca. Ese era el famoso lubricante anal que neutralizaba el dolor de la sodom&iacute;a. Paso siguiente, tom&oacute; otra botellita pl&aacute;stica que parec&iacute;a tener crema para peinar en el interior. Le explic&oacute; que ese era el ingrediente secreto para alongar las erecciones y as&iacute; evitar eyaculaciones precoces.<\/p>\n<p>Al ver que Javier ya ten&iacute;a todas las cosas listas, no hab&iacute;a marcha atr&aacute;s, ten&iacute;a que arriesgarse y dejarse culear por &eacute;l. Estaba desnudo y excitado, frente a una mujer hermosa que lo hab&iacute;a estado manoseando sin timidez alguna. El guapo ingeniero colombiano que ten&iacute;a a todas las mujeres a sus pies, ahora quer&iacute;a probar un culo de hombre. Los dos miembros fueron embadurnados con la crema potenciadora con efecto retardante.<\/p>\n<p>Estela se sent&oacute; con las piernas abiertas en el medio de la cama, a Ernesto lo acomodaron de rodillas en el borde, con la cadera un tanto levantada para que fuera m&aacute;s f&aacute;cil ingresar a sus entra&ntilde;as. Javier estaba encantado de ver un culo neto. Pocos hombres ten&iacute;an un culo tan bien cuidado como ese. Se notaba a la legua que Ernesto era un sujeto que cuidaba mucho su higiene personal.<\/p>\n<p>&mdash;Estoy un poco nervioso &mdash;titube&oacute; Ernesto antes de que le tocaran el culo. Sent&iacute;a un hormigueo en el vientre y ten&iacute;a muchas dudas al respecto. No sab&iacute;a qu&eacute; esperar de su compa&ntilde;ero de trabajo.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que lo mejor ser&aacute; iniciar con dilatadores anales &mdash;mascull&oacute; Javier al ver lo apretado que estaba aquel orificio que pretend&iacute;a agrandar&mdash;. Estela, p&aacute;same algunos de tus consolares. Los usar&eacute; para dilatar este culito.<\/p>\n<p>Ella se levant&oacute; de la cama, busc&oacute; en la parte interior del ingente ropero, sac&oacute; una bolsa negra con un mont&oacute;n de objetos f&aacute;licos, tom&oacute; seis consoladores de distintos tama&ntilde;os y se los entreg&oacute;. &Eacute;l coloc&oacute; lubricante anal en cada uno de ellos y los us&oacute; para iniciar el viaje de exploraci&oacute;n. Hizo el papel de ur&oacute;logo, introdujo un dedo en el ano y luego prosigui&oacute; con los consoladores m&aacute;s peque&ntilde;os.<\/p>\n<p>Ernesto sent&iacute;a lo que le estaban metiendo por detr&aacute;s, pero no sent&iacute;a dolor en absoluto. S&oacute;lo percib&iacute;a una ligera sensaci&oacute;n de obstrucci&oacute;n en la parte final del intestino grueso, nada m&aacute;s. Esper&oacute; a que Estela se reacomodara frente a &eacute;l para decirle que estaba sinti&eacute;ndose raro. No se sent&iacute;a ni bien ni mal, se sent&iacute;a fuera de s&iacute;. El temor a sentir dolor generaba una sensaci&oacute;n de incomodidad poco com&uacute;n. Ella le asegur&oacute; que todo iba a estar bien. Lo mejor que pod&iacute;a hacer era relajarse.<\/p>\n<p>Una vez que Javier acab&oacute; de dilatar el ano con los juguetes, reintrodujo m&aacute;s lubricante en el interior del orificio, se acomod&oacute; detr&aacute;s de su compa&ntilde;ero, le pellizc&oacute; las nalgas y comenz&oacute; a meter la enorme verga en ese agujerito. Lo que hab&iacute;a imaginado Ernesto no era ni la sombra de lo que estaba iniciando. Su cuerpo comenzaba a precipitarse a toda m&aacute;quina. El sometimiento era absoluto y el miedo imped&iacute;a que se apaciguara. El tiempo que a Javier le tom&oacute; met&eacute;rsela pareci&oacute; una eternidad, cuando en realidad fue s&oacute;lo un instante.<\/p>\n<p>Las penetraciones que siguieron fueron muy suaves, apenas perceptibles. Ernesto resollaba y jadeaba como si estuviera bajo presi&oacute;n. Esa vergota de color oscuro le estaba provocando algo que nunca antes en su vida hab&iacute;a sentido. El placer inicial fue m&iacute;nimo, luego se increment&oacute;, luego volvi&oacute; a incrementar, y sigui&oacute; as&iacute;. La temperatura corporal aumentaba al ritmo de las penetraciones. Mientras m&aacute;s aceleraba, mayor era el deleite.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo te sientes, parcero? &mdash;Javier le pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Lo estoy disfrutando &mdash;le respondi&oacute; con voz profunda.<\/p>\n<p>&mdash;Sab&iacute;a que te gustar&iacute;a &mdash;Estela murmur&oacute; y le acarici&oacute; el rostro con ambas manos&mdash;. Deja que Javier siga un rato m&aacute;s. A m&iacute; me calienta much&iacute;simo ver esto.<\/p>\n<p>A petici&oacute;n de la anfitriona, Ernesto se dispuso a aguantar todo lo que pod&iacute;a durante los pr&oacute;ximos minutos. Javier le dio por atr&aacute;s con toda la serenidad del mundo. En ning&uacute;n momento recurri&oacute; a movimientos bruscos, hac&iacute;a todo lo posible para que fuese un somero masaje anal. Cent&iacute;metro tras cent&iacute;metro, se la met&iacute;a y se la sacaba como si estuviese probando la rigidez de su verga. El pasivo estaba en el l&iacute;mite de la resistencia, ya hab&iacute;a largado medio litro de fluido preseminal.<\/p>\n<p>Estela se tocaba las tetas, d&aacute;ndose masajes circulares con las dos manos. Los delgados dedos recorr&iacute;an de una punta a la otra del torso, desde el cuello hasta el ombligo. Se quit&oacute; la tanguita y se puso a trabajar en la parte inferior. Se masturb&oacute; introduci&eacute;ndose los ensalivados dedos en la humedecida concha, masaje&oacute; el cl&iacute;toris hasta hacer que se pusiera duro, estimul&oacute; los labios vaginales y los dej&oacute; enrojecidos. De sus genitales sal&iacute;a un olor intenso que avivaba las pasiones de los machos.<\/p>\n<p>Lleg&oacute; un momento en el que Javier se detuvo para tomarse un respiro, retir&oacute; la verga del hoyo, tom&oacute; la botellita y le unt&oacute; m&aacute;s lubricante para poder seguir adelante. Ernesto sent&iacute;a que ten&iacute;a el culo hecho un t&uacute;nel, aunque no le molestaba en lo m&aacute;s m&iacute;nimo. Hab&iacute;a acabado de descubrir los placeres del sexo anal y no se sent&iacute;a traumado por ello. Confiaba en que su compa&ntilde;ero de trabajo no lo lastimar&iacute;a bajo ninguna circunstancia.<\/p>\n<p>&mdash;Antes de pasar a la escena definitiva, quiero que me den una buena chupada entre los dos &mdash;les pidi&oacute; Estela, con las piernas bien abiertas.<\/p>\n<p>&mdash;El se&ntilde;orito Qui&ntilde;ones y yo estaremos encantados de hacerte el favor &mdash;dijo Javier y se acomod&oacute; al lado del hombre sodomizado.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; se supone que tenemos que hacer? &mdash;pregunt&oacute; Ernesto.<\/p>\n<p>&mdash;Comerme el co&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;Dos bocas siempre son mejores que una &mdash;a&ntilde;adi&oacute; Javier y le mostr&oacute; a su compa&ntilde;ero c&oacute;mo ten&iacute;a que chup&aacute;rsela.<\/p>\n<p>Entre los dos, le dieron lo que a toda mujer le encantar&iacute;a sentir: una chupada suprema. El cunnilingus inici&oacute; despacio, desde los labios externos hasta la parte superior de la vulva. Lamieron el cl&iacute;toris con entusiasmo y le llenaron la vagina de saliva. Las dos lenguas se tocaban durante la chupada, ofrec&iacute;an delectaci&oacute;n en todo momento y en todo lugar. Los besos y los mordisquitos causaban electrizantes espasmos en las piernas de Estela. Le estaban devolviendo el favor por la felaci&oacute;n que les hab&iacute;a dado antes.<\/p>\n<p>Hicieron que la mujer gimiera y se alborozara como una desquiciada. Disfrut&oacute; cada momento del juego exploratorio, desde la primera lamida hasta la &uacute;ltima. Los dos le daban lo que se merec&iacute;a por haberles preparado una deliciosa cena. La dejaron embriagada de placer y con las hormonas por las nubes.<\/p>\n<p>&mdash;Es tiempo de que pasemos a la siguiente escena &mdash;dijo Estela&mdash;. Ahora s&iacute; gozaremos a lo grande.<\/p>\n<p>Los hombres se reacomodaron para dar lugar a la mejor escena de la noche: el tr&iacute;o prometido. Estela se qued&oacute; con las piernas abiertas en el borde de la cama, Ernesto le coloc&oacute; la verga en la concha, Javier se la meti&oacute; de vuelta por atr&aacute;s. Lo que vendr&iacute;a a continuaci&oacute;n era el plato principal, todo lo anterior hab&iacute;a sido pura calistenia. Hab&iacute;a llegado el momento de coger en serio.<\/p>\n<p>Ernesto penetr&oacute; a Estela cari&ntilde;osamente mientras Javier lo ten&iacute;a arrinconado contra la cama, con la enorme pija puesta en su culo. Debido a la irresistible lujuria, fueron aumentando la velocidad de las penetraciones poco a poco, sin perder la calma. El placer se acrecentaba cada segundo y los resuellos eran cada vez m&aacute;s notables. Los tres jadeaban al mismo tiempo, intercambiando sensaciones fascinantes que los incitaba a seguir adelante.<\/p>\n<p>Cuando ya no pudieron resistirse a la tentaci&oacute;n, los hombres largaron sus fluidos precipitadamente: Ernesto le llen&oacute; la concha a Estela y Javier le inund&oacute; el culo a &eacute;l. Ambos hab&iacute;an eyaculado con una presi&oacute;n bestial. Se vinieron como una par de caballos. El intercambio de fluidos fue sensacional, estupendo, portentoso.<\/p>\n<p>Continuaron d&aacute;ndose cari&ntilde;o como al principio, s&oacute;lo que ahora lo hicieron a un ritmo un poco m&aacute;s raudo. Las tremendas cogidas que daba Javier no eran broma, Ernesto se percat&oacute; de que el colombiano era una verdadera m&aacute;quina de follar, la met&iacute;a y la sacaba como si nada, y su erecci&oacute;n se manten&iacute;a intacta.<\/p>\n<p>Los movimientos constantes de entrada y salida eran sencillos, f&aacute;ciles de contener, lo que costaba era mantener la entereza durante el coito. Estela sab&iacute;a que muy pocos hombres pod&iacute;an hacer que se viniera como una zorra, por suerte esa noche lo estaba haciendo con dos ejemplares bien preparados. Ni Ernesto ni Javier mostraban languidez a la hora de coger, sab&iacute;an bien lo que ten&iacute;an que hacer.<\/p>\n<p>La segunda ronda no dur&oacute; tanto como la primera, se vinieron a los pocos minutos y gimieron al un&iacute;sono. El talente los hab&iacute;a obligado a rendirse ante los placeres carnales m&aacute;s intensos. Aun as&iacute;, se corrieron con profusi&oacute;n de semen. Tanto la concha de Estela como el culo de Ernesto apestaban a emulsi&oacute;n masculina. No hace falta recalcar que los cuerpos desnudos ya atufaban a sudor.<\/p>\n<p>Pasaron por alto los nimios calambres en las piernas; prosiguieron con la m&aacute;s suculenta escena de sexo. La posici&oacute;n inc&oacute;moda en la que hab&iacute;an estado durante tanto tiempo les crispaba, haciendo que los m&uacute;sculos m&aacute;s grandes sufrieran contracciones involuntarias, algo que se pod&iacute;a obviar sin drama.<\/p>\n<p>Estela gozaba la dur&iacute;sima verga de Ernesto y &eacute;ste lidiaba con la recia verga de Javier. El hecho de tener una poronga en el culo pon&iacute;a m&aacute;s tenso al participante del medio, lo ayudaba a venirse con mayor rapidez y le generaba mayor regodeo. Con una bomba hidr&aacute;ulica atr&aacute;s y un orificio empapado adelante, Ernesto estaba en el para&iacute;so. La fuente de fruici&oacute;n en la que se encontraba sumergido era incomparable.<\/p>\n<p>El semen volvi&oacute; a salir una vez m&aacute;s para aliviar la tensi&oacute;n genital de los penetradores. Les costaba respirar y concentrarse, tanto esfuerzo los estaba dejando sin energ&iacute;a. El objetivo era alcanzar la complacencia en su estado m&aacute;s puro. Ten&iacute;an que dar lo mejor que ten&iacute;an si quer&iacute;an dejar satisfecha a Estela, quien apenas pod&iacute;a hablar por lo agitada que estaba.<\/p>\n<p>Dado que todav&iacute;a les quedaban fuerzas para seguir, retomaron el ejercicio de cadera y respiraron como si tuviesen disnea. Las exhalaciones casi sonaban como estertores, pero eso no era posible puesto que los dos ten&iacute;an los pulmones sanos. Ernesto se apoder&oacute; de los labios de Estela y le meti&oacute; la lengua en la boca. Javier apenas alcanzaba a olisquear el perfume (mezclado con sudor) de su compa&ntilde;ero.<\/p>\n<p>Volvieron a correrse antes de lo pensado, se detuvieron un instante para tomar un poco de aire. Javier sent&iacute;a c&oacute;mo el esf&iacute;nter de Ernesto se contra&iacute;a cada vez que alcanzaba el orgasmo. Le parec&iacute;a excitante sentir aquellas contracciones mientras manten&iacute;a la verga fija en el culo, sin moverla para nada.<\/p>\n<p>Quisieron experimentar un orgasmo m&aacute;s intenso, con que optaron por aumentar la velocidad de las penetraciones. Fue en ese momento que Ernesto descubri&oacute; que pod&iacute;a sentir incluso m&aacute;s fruici&oacute;n de lo que ven&iacute;a sintiendo. Una cogida brutal era su pase al otro mundo. Javier le acompa&ntilde;&oacute; desde atr&aacute;s, con violentos empellones que hac&iacute;an que empujara a Estela contra el colch&oacute;n.<\/p>\n<p>De haber sabido que pod&iacute;a sentir un placer como ese, Ernesto ya habr&iacute;a debutado antes con otro hombre. El goce que Javier le estaba haciendo sentir estaba m&aacute;s all&aacute; de lo que pod&iacute;a llegar a imaginar. El tute era a&uacute;n mayor y la calentura era todav&iacute;a m&aacute;s intensa. Estela se dio cuenta al instante de que al hacerlo de esa manera, ninguno de los durar&iacute;a m&aacute;s de cinco minutos.<\/p>\n<p>Tal y como lo hab&iacute;a pensado, las contracciones prost&aacute;ticas hicieron que Javier y Ernesto eyacularan por quinta vez. Aunque la cantidad de semen era menor, el placer que sent&iacute;an al eyacular era el mismo de siempre. Estela se sent&iacute;a feliz de haber invitado a esos galanes a su casa. Le hab&iacute;an demostrado que pod&iacute;an alegrarle el d&iacute;a con un poco de sexo.<\/p>\n<p>Para ir cerrando con el tr&iacute;o, se pusieron de acuerdo en intentarlo una vez m&aacute;s a ver qu&eacute; pasaba. Las pingas todav&iacute;a estaban en condiciones de excretar fluidos. Para Javier y Ernesto hacer eso implicaba utilizar m&aacute;s br&iacute;o; en cambio, para Estela s&oacute;lo implicaba deleitarse con toda libertad. El ser mujer resultaba m&aacute;s conveniente a la hora de fornicar.<\/p>\n<p>Mientras la inminente corrida estaba en camino, Ernesto sinti&oacute; que se abatir&iacute;a despu&eacute;s de terminar. Lo que no sab&iacute;a era que Estela ten&iacute;a pensado quedarse un rato m&aacute;s con ellos. Como era fin de semana, ten&iacute;an toda la noche para divertirse entre los tres. A ninguno le afectar&iacute;a quedarse hasta la madrugada o hasta la ma&ntilde;ana del d&iacute;a siguiente inclusive.<\/p>\n<p>Finalmente, los hombres cayeron rendidos ante la consunci&oacute;n del coito. Javier la sac&oacute; del culo de Ernesto y &eacute;ste se despeg&oacute; de Estela. Estaban tan cansados que apenas ten&iacute;an ganas de levantarse. Se reacomodaron en la cama y compartieron mimos y caricias. La due&ntilde;a de la casa estaba content&iacute;sima con lo que hab&iacute;a vivido. No pod&iacute;a estar m&aacute;s agradecida. De hecho, cre&iacute;a que todav&iacute;a hab&iacute;a una oportunidad m&aacute;s para darles el gustito final.<\/p>\n<p>Los masturb&oacute; a los dos, una verga en cada mano. Se las jal&oacute; con premura para que se vinieran lo antes posible. Las erecciones ya no ten&iacute;an la misma dureza de antes, lo cual no significaba que no pudieran eyacular una vez m&aacute;s. Ella estaba convencida de que pod&iacute;a sacarles todo el jugo. Dejarlos secos era su objetivo. No le importaba cu&aacute;nto tiempo le tomase.<\/p>\n<p>Lo bueno fue que ninguno de los dos aguant&oacute; m&aacute;s de nueve minutos de jalada, se vinieron por &uacute;ltima vez, largando las &uacute;ltimas gotas de semen. Despu&eacute;s de eso, se sintieron totalmente satisfechos. Le agradecieron a Estela por haberles dado tanto placer y por haberles preparado la cena. La besuquearon entre los dos y le tocaron el cuerpo.<\/p>\n<p>Recostados en la cama, se tocaron unos a otros e intercambiaron besos y lamidas. Las seis manos iban y ven&iacute;an de un lado a otro, rozando zonas er&oacute;genas y magreando partes sensibles. Dejaron atr&aacute;s los genitales para centrarse en otras partes del cuerpo. A Estela la manosearon con todo el cari&ntilde;o del mundo y le dieron besitos en las mejillas. Estaban muy felices de haber compartido la noche con ella.<\/p>\n<p>Finalizada la sesi&oacute;n de amor que con tantas ansias hab&iacute;an esperado, fueron al ba&ntilde;o, se lavaron con agua y jab&oacute;n, se pusieron la ropa y el calzado, salieron de la habitaci&oacute;n y se dirigieron a la sala. Ante la puerta se pusieron de pie y hablaron de lo bien que hab&iacute;an pasado la velada. Javier y Ernesto ten&iacute;an sue&ntilde;o y quer&iacute;an irse a dormir. Ella segu&iacute;a acelerada y ten&iacute;a energ&iacute;a de sobra.<\/p>\n<p>&mdash;Para m&iacute; fue asombroso lo que hicieron &mdash;reconoci&oacute; Estela&mdash;. Hac&iacute;a tiempo que no me corr&iacute;a as&iacute;. Me han dejado contenta.<\/p>\n<p>&mdash;No, t&uacute; nos dejaste contentos a nosotros &mdash;Javier le respondi&oacute;&mdash;. S&iacute; que la pasamos bien entre los tres.<\/p>\n<p>&mdash;Vali&oacute; la pena la espera.<\/p>\n<p>Se despidieron de ella a eso de las tres de la ma&ntilde;ana, salieron de la casa, desanduvieron el mismo sendero de la entrada, atravesaron el port&oacute;n y retornaron a la acera. Lo &uacute;nico bueno era que ya hab&iacute;a parado de llover y no ten&iacute;an que usar paraguas. Se metieron en el auto y suspiraron calmados. Se quedaron pensando un momento antes de entablar conversaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; te pareci&oacute; el tr&iacute;o? &mdash;Javier le pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Estuvo muy bien. Qued&eacute; exhausto despu&eacute;s de la &uacute;ltima corrida que me pegu&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;S&eacute; que t&uacute; no eres de esos que sale a gallinacear por ah&iacute; los fines de semana, por eso te invit&eacute;. Quer&iacute;a probar c&oacute;mo se sent&iacute;a hacer el amor contigo.<\/p>\n<p>&mdash;Ahora que lo mencionas, tengo el culo adormecido de tanto que me diste.<\/p>\n<p>&mdash;Gracias por aceptar la invitaci&oacute;n. Te puedo asegurar que Estela y yo lo disfrutamos tanto como t&uacute;.<\/p>\n<p>&mdash;De eso estoy seguro.<\/p>\n<p>Sin m&aacute;s palabras para intercambiar, Javier encendi&oacute; el auto, puso el cambio, pis&oacute; el acelerador y llev&oacute; a Ernesto de regreso a casa. A esas altas horas de la noche, no hab&iacute;a un alma por la v&iacute;a p&uacute;blica. Todo estaba en absoluto silencio. Todo el mundo dorm&iacute;a pl&aacute;cidamente. A Ernesto no le quedaba otra opci&oacute;n m&aacute;s que irse a dormir. Pod&iacute;a so&ntilde;ar con Estela y experimentar un orgasmo inconsciente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 23<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Ernesto era un hombre de piel blanca amarillenta, cabello rubio y lacio que le llegaba hasta los hombros, cejas peludas, ojos celestes, pesta&ntilde;as invisibles, patillas salientes, mejillas rojizas, tabique hundido, nariz grande con aletas amplias, labios bien rosados, ment&oacute;n normal, cuello forrado con manchitas blancas, hombros bien desarrollados, pectorales marcados, abdomen definido, cintura delgada, extremidades [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":20285,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":{"0":"post-33845","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-bisexuales"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/33845","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/20285"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=33845"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/33845\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=33845"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=33845"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=33845"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}