{"id":33849,"date":"2022-02-23T23:00:00","date_gmt":"2022-02-23T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-02-23T23:00:00","modified_gmt":"2022-02-23T23:00:00","slug":"el-jarron-amorios-y-castigos-de-otro-siglo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-jarron-amorios-y-castigos-de-otro-siglo\/","title":{"rendered":"El jarr\u00f3n. Amor\u00edos y castigos de otro siglo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"33849\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El sol acababa de asomar por el horizonte y durante un minuto logr&oacute; colar alg&uacute;n rayo entre las nubes justo antes de que estas ocupasen todo y empezase a llover. Una lluvia fina preludio de un d&iacute;a fr&iacute;o y desapacible. En un claro en el bosque, en medio de un jard&iacute;n, al lado de las cuadras, la silueta de una mansi&oacute;n del siglo XIX se alzaba imponente.<\/p>\n<p>Dentro se encontraba el amplio sal&oacute;n, la extensa cocina y las habitaciones, estancias para los due&ntilde;os y cuartos para el servicio dom&eacute;stico.<\/p>\n<p>Maite, una cocinera regordeta de veinte a&ntilde;os, fue la primera sirvienta en llegar al sal&oacute;n y descubrir el jarr&oacute;n hecho a&ntilde;icos. No hab&iacute;a nadie e intent&oacute; huir, pero al salir se cruz&oacute; con Margarita, joven delgada de piel p&aacute;lida y cabello rubio.<\/p>\n<p>&#8211; Hola, acabo de encontrar el jarr&oacute;n roto e iba a por una escoba para barrer los trozos. &#8211; dijo atropelladamente la fugitiva con visibles signos de nerviosismo.<\/p>\n<p>Margarita lleg&oacute; al sal&oacute;n y se pronunci&oacute; con preocupaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Esto traer&aacute; problemas.<\/p>\n<p>Julia, pelo corto negro y rizado y mediana estatura y Ana, pelirroja de rostro agradable y cabello casta&ntilde;o llegaron despu&eacute;s.<\/p>\n<p>Las cuatro sirvientas hablaban en un susurro, sabedoras de que aquel incidente no pasar&iacute;a desapercibido. Ana, osadamente, propuso deshacerse de la evidencia, mientras Maite estrujaba su cerebro buscando salidas.<\/p>\n<p>Todas callaron cuando entr&oacute; Federica, de cincuenta a&ntilde;os, esposa del due&ntilde;o.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qui&eacute;n ha roto el jarr&oacute;n? &#8211; pregunt&oacute; con tono autoritario.<\/p>\n<p>Nadie dijo nada.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Julia?<\/p>\n<p>&#8211; No s&eacute; nada Do&ntilde;a Federica, cuando llegu&eacute; ya estaban todas aqu&iacute;.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qui&eacute;n lleg&oacute; primero?<\/p>\n<p>&#8211; Yo&#8230; yo entr&eacute; y vi el jarr&oacute;n y fui a buscar una escoba. &#8211; intervino Maite con cierta ansiedad.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Y t&uacute; que dices Ana? &iquest;Cu&eacute;ntame en qu&eacute; consiste eso de deshacerse de los restos?<\/p>\n<p>Ana se hizo la loca.<\/p>\n<p>&#8211; Se equivoca se&ntilde;ora, yo no&#8230;<\/p>\n<p>La esposa del due&ntilde;o abofete&oacute; a la pelirroja cortando en seco la conversaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Crees que soy est&uacute;pida! &iexcl;Julia, ve en busca del chico del establo y del jardinero! Quiero que todo el servicio este presente y se aclare este incidente.<\/p>\n<p>Jaime fue el primero en llegar, ten&iacute;a puestas las botas de montar y dirigi&oacute; una mirada a Margarita.<\/p>\n<p>Las p&aacute;lidas mejillas de Margarita se ruborizaron al recordar lo que hab&iacute;a sucedido entre ambos la tarde anterior.<\/p>\n<p>Julia lleg&oacute; con Oscar, un chico joven y bien parecido, de delicadas manos, que desempe&ntilde;aba el oficio de jardinero.<\/p>\n<p>&#8211; Bien, esta es la primera y &uacute;ltima oportunidad, o sale ahora el culpable, que naturalmente recibir&aacute; un castigo ejemplar o pagar&aacute;n justos por pecadores.<\/p>\n<p>Ana, con la mejilla colorada, se atrevi&oacute; a hablar de nuevo.<\/p>\n<p>&#8211; Do&ntilde;a Federica, creo que deber&iacute;amos disponer de tiempo para investigar. No es f&aacute;cil que el responsable de la cara, sobre todo sabiendo que ser&aacute; castigado.<\/p>\n<p>&#8211; Esta bien, ten&eacute;is hasta ma&ntilde;ana a las 5. Si para entonces no hay respuesta todo el servicio probar&aacute; la vara&#8230; y ese ser&aacute; solo el principio de la humillaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Los sirvientes volvieron a sus quehaceres y el d&iacute;a trascurri&oacute; sin novedad.<\/p>\n<p>****************<\/p>\n<p>A las siete lleg&oacute; Don Carlos, el marido de Do&ntilde;a Federica. Tras cenar, Federica le cont&oacute; lo que hab&iacute;a ocurrido con el jarr&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qui&eacute;n ha sido?<\/p>\n<p>&#8211; Todav&iacute;a no lo sabemos, ma&ntilde;ana&#8230;<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Ma&ntilde;ana? Se puede saber qu&eacute; clase de disciplina es esta&#8230; se rompe un jarr&oacute;n, una pieza &uacute;nica y todo lo que ocurre es nada.<\/p>\n<p>&#8211; Lo siento. &#8211; respondi&oacute; Do&ntilde;a Federica mirando las manos de su marido.<\/p>\n<p>&#8211; Eso no es suficiente, quiz&aacute;s cierta dama necesita un recordatorio.<\/p>\n<p>&#8211; Carlos, yo&#8230;<\/p>\n<p>&#8211; Incl&iacute;nate sobre la cama y mu&eacute;strame el culo. &#8211; orden&oacute; el var&oacute;n mientras se arremangaba la camisa dejando a la vista sus velludos brazos.<\/p>\n<p>La mujer trag&oacute; saliva, se dio la vuelta, levant&oacute; las faldas del vestido y desnud&oacute; su trasero.<\/p>\n<p>Carlos contempl&oacute; las p&aacute;lidas nalgas de su mujer. Hab&iacute;an perdido algo de firmeza con los a&ntilde;os, pero junto a la jugosa raja, todav&iacute;a conservaban el suficiente atractivo como para causarle una erecci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Mereces la vara. &#8211; continu&oacute; el caballero cogiendo en su mano el instrumento de castigo y agit&aacute;ndolo en el aire.<\/p>\n<p>La mujer contrajo las nalgas anticipando lo que vendr&iacute;a despu&eacute;s.<\/p>\n<p>Antes de los golpes, su marido le sob&oacute; el pompis e introdujo dos dedos en la vagina haciendo que el cuerpo maduro de la v&iacute;ctima se estremeciese.<\/p>\n<p>Las atenciones er&oacute;ticas duraron poco y la vara mordi&oacute; las posaderas de la mujer. Despu&eacute;s de siete azotes, el culo, decorado con l&iacute;neas rojas, escoc&iacute;a.<\/p>\n<p>Carlos observ&oacute; las marcas y sinti&oacute; el deseo de poseerla. Despu&eacute;s de todo amaba a su mujer, a su compa&ntilde;era.<\/p>\n<p>Dej&oacute; la vara, se acerc&oacute; a ella y poni&eacute;ndola en pie la bes&oacute; en el cuello.<\/p>\n<p>Luego, cara a cara, le mir&oacute; a los ojos y busc&oacute; sus labios.<\/p>\n<p>Do&ntilde;a Federica devolvi&oacute; el beso con pasi&oacute;n.<\/p>\n<p>Carlos la llev&oacute; hacia la cama tumb&aacute;ndola boca arriba y se baj&oacute; los pantalones dejando su pene al aire. La penetr&oacute; en posici&oacute;n de misionero.<\/p>\n<p>Sus bocas se volvieron a encontrar durante las embestidas y el sonido de los jadeos se mezcl&oacute; con el de la saliva.<\/p>\n<p>***************<\/p>\n<p>Ana, se hab&iacute;a fijado en el intercambio de miradas y sospechaba, no, era m&aacute;s que una sospecha, era casi una certeza. Ana sab&iacute;a que hab&iacute;a algo entre esos dos.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n sab&iacute;a que ese algo no ten&iacute;a que ver con el jarr&oacute;n, pero no importaba. Ten&iacute;a que encontrar un culpable, una distracci&oacute;n. Si calentaban el trasero a esos dos, a lo mejor, se libraba.<\/p>\n<p>Hasta el momento su plan iba bien, despu&eacute;s de todo ella hab&iacute;a propuesto investigar.<\/p>\n<p>La verdad no saldr&iacute;a a la luz. Nadie sabr&iacute;a jam&aacute;s que ella hab&iacute;a roto el jarr&oacute;n.<\/p>\n<p>****************<\/p>\n<p>Mientras tanto, corriendo un riesgo innecesario, Margarita visit&oacute; a Jaime en las cuadras. Estaba nerviosa, si hab&iacute;a una investigaci&oacute;n quiz&aacute;s averiguasen lo de ellos. No es que de por s&iacute; hubiese nada malo en hacer el amor, pero la envidia, a menudo, llevaba a la denuncia. El encargado de los caballos abraz&oacute; a su chica y luego se besaron con ansia.<\/p>\n<p>Al menos, durante esos instantes, sus miedos desaparecieron.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Alguna vez te han pegado en el culo? &#8211; pregunt&oacute; Margarita con el rostro lleno de rubor.<\/p>\n<p>Jaime le acarici&oacute; la mejilla.<\/p>\n<p>S&iacute;, hace varios a&ntilde;os, trabajando para otros se&ntilde;ores, le hab&iacute;an castigado. En aquella ocasi&oacute;n fue un l&aacute;tigo cayendo sobre su espalda. Era sospechoso de haber robado, algo que nunca se prob&oacute;. Protest&oacute;, pero la protesta solo sirvi&oacute; para aumentar el n&uacute;mero de azotes. Estuvo varios d&iacute;as con la espalda dolorida y tuvieron que pasar meses para que su piel se recuperase por completo. Aunque no tuvo que exponer sus nalgas, el dolor, la rabia y las l&aacute;grimas convirtieron la situaci&oacute;n en algo humillante.<\/p>\n<p>&#8211; No. &#8211; respondi&oacute; abandonando sus pensamientos.<\/p>\n<p>La chica le mir&oacute; comprendiendo que ocultaba algo pero no insisti&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; No te preocupes. Te proteger&eacute;&#8230; si llega el caso no ser&aacute;n tus bonitas nalgas de doncella las que tengan que sufrir.<\/p>\n<p>Margarita comenz&oacute; a protestar pero Jaime ahog&oacute; sus palabras con un nuevo beso.<\/p>\n<p>******************<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente, al mediod&iacute;a, la cocinera decidi&oacute; ir a hablar con Do&ntilde;a Federica. Quer&iacute;a convencerla de que ella no ten&iacute;a nada que ver con el asunto del jarr&oacute;n y que sospechaba de Ana.<\/p>\n<p>Llam&oacute; a la puerta y para su sorpresa fue Don Carlos el que abri&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; T&uacute; eres la cocinera &iquest;verdad? &#8211; dijo mir&aacute;ndole los pechos sin disimulo.<\/p>\n<p>&#8211; Yo&#8230; s&iacute; se&ntilde;or. &#8211; respondi&oacute; entrecortadamente.<\/p>\n<p>Do&ntilde;a Federica se uni&oacute; a la conversaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qu&eacute; quieres? &#8211; espet&oacute;.<\/p>\n<p>Maite baj&oacute; la mirada y guard&oacute; silencio.<\/p>\n<p>&#8211; Habla muchacha&#8230; que no tenemos todo el d&iacute;a. &#8211; intervino el var&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Yo&#8230; yo no fui&#8230; fue, digo, creo que fue Ana&#8230; yo<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Por qu&eacute; crees que fue Ana? &iquest;Tienes pruebas?<\/p>\n<p>&#8211; No, yo&#8230;<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Basta!, creo que est&aacute;s intentando sobornarnos&#8230; &iquest;crees que somos tontos? &#8211; intervino Don Carlos.<\/p>\n<p>&#8211; Creo que esta doncella merece un castigo. &#8211; continu&oacute; el hombre notando como su pene crec&iacute;a bajo los pantalones.<\/p>\n<p>Do&ntilde;a Federica mir&oacute; a Maite con deseo. El castigo corporal la encend&iacute;a. S&iacute;, zurrar&iacute;an a esa gordita, pero antes la humillar&iacute;an.<\/p>\n<p>Mir&oacute; a su marido, &eacute;l tambi&eacute;n estaba excitado y la excitaci&oacute;n era algo contagioso.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Desn&uacute;date! &#8211; orden&oacute; Do&ntilde;a Federica.<\/p>\n<p>Maite qued&oacute; paralizada, su cerebro incapaz de traducir lo que o&iacute;a.<\/p>\n<p>&#8211; Vamos, &iquest;no has o&iacute;do a tu se&ntilde;ora? Si no te quitas la ropa ahora le contamos a todos tu confesi&oacute;n y les invitamos a que participen de esta funci&oacute;n&#8230; &iquest;Quieres eso?<\/p>\n<p>La doncella dud&oacute; un instante, se ruboriz&oacute; violentamente y luego, no viendo forma alguna de salvar la situaci&oacute;n, se desprendi&oacute; de la ropa hasta quedarse en cueros.<\/p>\n<p>Don Carlos observ&oacute; el cuerpo desnudo. Por detr&aacute;s, el culo generoso ca&iacute;a hasta unirse con los muslos arrugados por la celulitis. Nalgas p&aacute;lidas divididas por una fina raja a medio definir. Por delante, las tetas eran las protagonistas, coronadas con oscuros pezones y m&aacute;s firmes de lo que uno podr&iacute;a aventurar. M&aacute;s abajo el vello p&uacute;bico, abundante y desordenado.<\/p>\n<p>Do&ntilde;a Federica pos&oacute; una mano en el trasero de la cocinera y la acarici&oacute;. Maite se mordi&oacute; el labio al notar el contacto. De alguna manera, esos ojos que se posaban en sus expuestas carnes la estaban calentando.<\/p>\n<p>Don Carlos invit&oacute; a la sirvienta a que se inclinase sobre el sill&oacute;n, apoyando la cabeza en el regazo de su mujer. Luego, sujet&aacute;ndola por detr&aacute;s, comenz&oacute; a masajearle los pechos. Do&ntilde;a Federica se uni&oacute; al juego pellizcando suavemente los pezones de la cocinera.<\/p>\n<p>Maite comenz&oacute; a gemir.<\/p>\n<p>El se&ntilde;or de la casa se puso de cuclillas y enterr&oacute; el rostro en el pandero de la joven chup&aacute;ndole el ano con la lengua.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Vamos a zurrarla! &#8211; dijo la se&ntilde;ora temblando con anticipaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Maite se tumb&oacute; boca abajo sobre el sill&oacute;n. Sobre ella, sentada a horcajadas, Federica.<\/p>\n<p>Carlos tomo la vara y con un golpe certero, cruzo de lado a lado el voluminoso culete.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Cu&aacute;ntos golpes me va a dar el se&ntilde;or? &#8211; dijo la castigada recuperando la respiraci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Muchos y alguno m&aacute;s por impertinente.<\/p>\n<p>&#8211; Gracias se&ntilde;or.<\/p>\n<p>Terminado el correctivo Don Carlos se baj&oacute; los pantalones y sac&oacute; su miembro.<\/p>\n<p>Maite comenz&oacute; a chup&aacute;rselo.<\/p>\n<p>Terminada la felaci&oacute;n, se tumb&oacute; sobre el respaldo del sill&oacute;n ofreciendo su vagina y su otro agujerito.<\/p>\n<p>********<\/p>\n<p>A las 5 de la tarde, ante una audiencia expectante, Ana se adelant&oacute; y tomo la palabra.<\/p>\n<p>&#8211; Margarita y Jaime se acuestan juntos. Antes de ayer estuvieron haciendo de las suyas y no me extra&ntilde;ar&iacute;a que uno de los dos empujase el jarr&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Margarita no tiene nada que ver. &#8211; intervino el responsable de los establos con vehemencia.<\/p>\n<p>&#8211; Jaime, no es necesario todo esto, eres inocente, no hay pruebas &#8211; se quej&oacute; implorando la aludida<\/p>\n<p>&#8211; Ya basta. Jaime ha confesado y recibir&aacute; treinta azotes con la vara en el culo. &iexcl;Desn&uacute;date! Esta afrenta merece la mayor de las humillaciones. No hay espacio para la dignidad.<\/p>\n<p>&#8211; Pero&#8230; no se sabe si es culpable. &#8211; adujo Julia rasc&aacute;ndose el pelo rizado.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;T&uacute; tambi&eacute;n quieres probar la vara? &#8211; la cort&oacute; Do&ntilde;a Federica.<\/p>\n<p>&#8211; Jaime&#8230; es inocente&#8230; &#8211; intervino Margarita de nuevo viendo con angustia que aquello segu&iacute;a adelante.<\/p>\n<p>Jaime, temiendo que su chica pagase el atrevimiento intervino.<\/p>\n<p>&#8211; Gracias Margarita&#8230; y gracias a ti tambi&eacute;n Julia. Sois muy valientes&#8230; pero este tema no tiene salida&#8230; lo &uacute;nico que conseguiremos ser&aacute; m&aacute;s castigos.<\/p>\n<p>Luego dirigiendo la mirada hacia Ana a&ntilde;adi&oacute; con frialdad.<\/p>\n<p>&#8211; Ya habr&aacute; tiempo de esclarecer todo esto.<\/p>\n<p>El cuidador de caballos se desnud&oacute; por completo y siguiendo las indicaciones de Do&ntilde;a Federica, separ&oacute; las piernas y se inclin&oacute; ligeramente sacando su culo peludo. El pene, a medio crecer, colgaba inclinado ligeramente hacia la derecha.<\/p>\n<p>La se&ntilde;ora, armada con una vara, se coloc&oacute; detr&aacute;s del infortunado var&oacute;n, cogi&oacute; carrerilla y descarg&oacute; el primer golpe de manera contundente dejando una marca roja.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Escuece, verdad? pues esto solo es el principio. &#8211; dijo mientras la vara impactaba por segunda vez contra las indefensas nalgas haci&eacute;ndolas temblar.<\/p>\n<p>Jaime aguantaba con entereza. Do&ntilde;a Federica se estaba empleando a fondo e intercalaba comentarios humillantes entre azote y azote. Su marido la hab&iacute;a azotado por ser blanda y eso no volver&iacute;a a pasar. Aquel hombre, inocente o culpable, ten&iacute;a que pagar.<\/p>\n<p>Probablemente Ana ocultaba algo y por ese &uacute;ltimo comentario, esa amenaza, pronto recibir&iacute;a su merecido. Una vez, de joven, hab&iacute;a participado en algo as&iacute;, no hay nada m&aacute;s impactante que cuando un grupo de gente se pone de acuerdo para castigar a un traidor. Ana era mala hierba y se lo merec&iacute;a, o al menos ese ser&iacute;a el pensamiento de la joven Federica. Entonces la justicia ten&iacute;a sentido. Ahora, a&ntilde;os despu&eacute;s, todo lo que importaba era disfrutar y no estar en el lado equivocado. El mundo no es justo, nunca lo hab&iacute;a sido. Quiz&aacute;s Jaime no merec&iacute;a estar ah&iacute;, pero estaba y a buen seguro, en su fuero interno, incluso las doncellas que contemplaban con temor el castigo, no eran inmunes al espect&aacute;culo sexual. Esa noche seguro que m&aacute;s de una se correr&iacute;a pensando en Jaime mientras frotaban sin descanso su sexo, arqueaban sus espaldas y gem&iacute;an y jadeaban como animales salvajes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>El sol acababa de asomar por el horizonte y durante un minuto logr&oacute; colar alg&uacute;n rayo entre las nubes justo antes de que estas ocupasen todo y empezase a llover. Una lluvia fina preludio de un d&iacute;a fr&iacute;o y desapacible. 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